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La “Loca razón” de Raquel Olea

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La “Loca razón” de Raquel Olea
La “Loca razón” de Raquel Olea
Como traje de fiesta. Loca Razón en la poesía de Gabriela Mistral.
Raquel Olea. Santiago de Chile: Editorial Usach, 2009.
Soledad Fariña1
Presentar Como
traje de fiesta. Loca
Razón en la poesía de
Gabriela Mistral significa un hito importante para quienes hemos estado,
desde hace por lo
menos dos décadas, realizando estudios, seminarios,
congresos, pensando, escribiendo y
editando libros en
torno a la obra de Mistral.
Por esta razón y a modo de
introducción, tomaré las palabras de la misma Raquel Olea
desde el prólogo a un libro
escrito hace más veinte años,
Gabriela Mistral es un caso
particular en la poesía chilena, el interés en su biografía permanece abierto,
mientras su poesía permanece cerrada en significaciones estáticas […] ni las
renovaciones de la crítica ni
los nuevos conocimientos y
datos de su vida han tenido
poder para remover o modificar el ícono oficial…
198
Estas palabras
parecen ser el punto de partida del
libro que nos convoca, y en el que
la autora nos propone una reflexión
muy pertinente a la
luz de las controversias provocadas
desde que en 2007
Doris
Atkinson,
albacea de Doris
Dana, decidiera entregar a Chile los documentos
literarios y biográficos que habían permanecido guardados
por tantos años por su celadora, y que poco a poco han
ido develándose en artículos,
comentarios y finalmente
en la publicación del epistolario entre Mistral y Dana.
Secreto a voces para algunos, perplejidad para otros,
al conocer el contenido de las
cartas hoy volvemos a preguntarnos ¿qué incidencia puede
tener la biografía, o algunos
aspectos de la biografía, en la
obra de una autora que llegó
a ser un personaje público, es
más, un ícono?
Varios años antes de que salieran a la luz estos documentos, en 1989, al cumplirse cien
años del nacimiento de Mistral, organizamos en Santiago
un seminario internacional
cuyo objetivo principal era releer y analizar, desde diversas
miradas, la inmensa, compleja y profunda obra de Mistral.
Algunas de las ponencias fueron posteriormente reunidas
en el libro Una palabra cómplice2, el que se constituyó en
punto de partida para nuevas
y diversas investigaciones.
Ha transcurrido tiempo desde esa propuesta de lectura y
me atrevo a decir que lo que
Raquel Olea nos brinda en este
libro es una reflexión profunda, ampliada y enriquecida de
la mirada crítica que iniciamos
en 1989. Es por eso que el énfasis de la autora sigue siendo,
como entonces, “renovar las
preguntas destinadas a revertir la institucionalidad del símbolo en que se ha rigidizado a
Mistral y la posibilidad de movilizar nuevos sentidos de su
construcción pública”.
Habría que destacar varios
aspectos en este libro. Uno de
ellos es el histórico. La autora
inicia su mirada con un recorrido por la lectura crítica que
ha tenido, a través de los años,
la obra de Mistral. La primera
lectura buscó analogías entre
vida y poesía, determinando
así una visión totalizante de su
obra. Fue ése el momento de
definir a la poeta y su obra bajo
el estigma del dolor y la maternidad. Un segundo momento
es el que destaca una mirada
social, americanista, democrática, pero aún totalizante. Bajo
la dictadura, la crítica se obliga a revisar las formas de leer
las producciones literarias, y
aparecen aquí miradas tan interesantes como la de Jorge
Guzmán y Patricio Marchant;
quien, desde la filosofía, propone también una mirada crítica
hacia las mitologías locales.
En su ensayo Raquel Olea
aborda la poesía de Mistral
desde las diversas voces (o hablantes, o subjetividades) que
se desplazan de una a otra: la
escritora; la madre universal
que a su vez es maestra para
devenir en una “madre rara”,
que escondida en su secreto
(en la certeza de poseer un secreto) vuelve a aparecer en el
lenguaje del desvarío. En esta
cadena de voces, se destaca la
lucidez del análisis de la alteridad que propone Olea en
el juego (no dialéctico) de “la
una” y “la otra”. Ya a fines de
los ochenta habíamos conocido
su magnífico ensayo “Otra lectura de ‘La Otra’”, lectura que
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significaría el trastorno de la relación interpretativa, pues para
la autora “La oposición inicial y
la distancia que la jerarquizaba
se ha anulado. La lectura nos
ha demostrado que la una y la
otra se contienen y se funden
en una que es otra y una y otra
y una y otra...”.
Pero, volviendo al libro que
hoy nos convoca, especialmente propositivo es el capítulo destinado a la identidad
e identificaciones femeninas.
La complejidad de la madre
en la significación de Mistral
radica, bajo el prisma de Olea,
en la importancia de la relación madre-hija, diferente a
la relación madre-hijo tomada
como universal en los autores
anteriores, como sucede en la
mirada de Patricio Marchant.
En cambio, dice Olea,
Múltiples son los poemas
donde Mistral construye
una sujeto en pérdida que
en referencia a lo individual,
lo cultural, lo arcaico se pregunta por la madre perdida.
La escritura hace emerger en
esta construcción discursiva la sujeto hija, entre otras
formaciones de subjetividad
femenina aún no ingresadas
al código. Son poemas que
apelan a una lectura exigente, ejercida desde otro lugar
que el de la universalidad de
la (in)diferencia a sus proposiciones de constitución de
alteridad femenina (86).
200
Hay en este capítulo un
análisis de ciertos poemas
de Mistral –“La gruta”, “La
fuga”, “Electra en la niebla”–
que desentrañan la complejidad de la constitución del
sujeto femenino desde la sabiduría encerrada en su poesía. Las preguntas sobre este
tema, que en los años setenta y
ochenta plantearon escritoras y
psicoanalistas francesas como
Luce Irigaray, Julia Kristeva y
Helene Cixous, ya habían sido
planteadas –o a lo menos sugeridas– por Mistral especialmente en estos poemas.
Otro aspecto importante
que ilumina este ensayo es el
énfasis en el aspecto lúdico de
la escritura de Mistral. Las famosas y despreciadas rondas,
canciones de cuna, el juego,
las jugarretas, son aquí analizadas como parte importante
de su obra en la operación de
producir desplazamientos de
sentido
El juego, en su forma estética, se ofrece en Mistral
como rito de desocultamiento, como facultad y acto de
hacer comparecer. Enunciado como un anhelo, como
un lugar en el que se devela
un excedente de sentido, (la
ilusión guardada en el texto
poético aún después de muchas lecturas, la promesa de
un pensamiento, de un discurso de otra razón) el juego
está asociado al doblez que
el texto poético guarda en
su escritura, que permanece
–y quizá permanecerá siempre– como el misterio de la
poesía (111).
dice la autora aludiendo a
la particular situación comunicativa que el juego produce
con el lector.
Sin embargo, es la “loca razón” la que nos abre a dimensiones raramente abordadas
en Mistral. La poeta utiliza
en su poesía la palabra loca o
loco en distintas ocasiones en
sentido metafórico lúdico o
real, en una proliferación de
sentidos que hace preguntarse a Olea “¿Qué lugar tiene
la locura en la poesía de Mistral? ¿De qué locura habla
su poesía? ¿Quién es la loca
en su escritura?”. Tomando
como referencia la vinculación de la locura y lo femenino en una relación particular
con la sexualidad reproductiva de la mujer y su órgano,
el útero.
La importante conclusión
de Olea es que la escritura
mistraliana “…hace audible
la posibilidad que se ha negado a la razón de la sinrazón
atribuible a lo femenino y que
ella estratégicamente nombra
como la loca razón”.
Y aquí habría que detenerse
un momento en el título del
libro, en la “loca razón” de Raquel Olea de nombrarlo Como
traje de fiesta. ¿Por qué traje?
¿Por qué como? ¿Por qué fiesta? Nos preguntamos.
El fragmento aludido pertenece al poema “La abandonada” de Lagar, en su sección
llamada justamente “Locas
Mujeres”, y dice:
Por qué trajiste tesoros
si el olvido no acarrearías?
Todo me sobra y yo me
sobro
como traje de fiesta para
fiesta no habida;
¡tanto, Dios mío, que me
sobra
mi vida desde el primer
día!
El título –y el fragmento–
constituyen una nueva provocación o una nueva invitación
para seguir planteándonos
preguntas y profundizando las
señas que nos dejó Mistral. Habría que discurrir en próximos
ensayos cuál es esa “fiesta no
habida” de que habla el verso y
que como huella o hilo nos deja
tendido este ensayo de Raquel.
Notas
1 Poeta y ensayista.
2 Olea, Raquel y Fariña, Soledad.
Una palabra cómplice. Encuentro con
Gabriela Mistral. Santiago: Cuarto
Propio/Isis Internacional, 1997.
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