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Entonces Vino Jesús y Llamó - Believers International Inc.

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Entonces Vino Jesús y Llamó - Believers International Inc.
Entonces Vino Jesús y Llamó
¡Esté seguro! No esté conforme con una posibilidad a medias.
Si existe alguna duda en su mente, no corra ese riesgo. Venga ahora.
Ahora es el tiempo, ahora mismo mientras la Fuente está abierta y el
Espíritu Santo está presente.
El Maestro ha venido. Esa pequeña duda es lo que Él está
queriendo decirte: “Estás dudando”. Entrégalo. Ven ahora. El
Maestro ha venido y te está llamando. Correcto, sigan viniendo,
sigan viniendo.
Le alabaré, le alabaré, (¿No vendrán para alabarle?)
Oh, al Cordero alabaremos;
Todos juntos denle gloria,
Con Su Sangre toda mancha lavó.
Ahora, mientras los pecadores están llegando, para afirmarse
con Él, que el pueblo lo adore a Él, mientras seguimos cantando.
Levanten las manos, canten, adórenle, todos juntos.
Le alabaré, le alabaré,
Oh, al Cordero alabaremos;
Todos juntos denle gloria,
Con Su Sangre toda mancha lavó.
¡Alábenle! Todos Uds. parados aquí, oren, pidan que les
perdone. Él lo hará. El Maestro ha venido y los está llamando. Dios
les bendiga.
Este Mensaje ha sido traducido y revisado por el Hno. Jorge Smith.
Para mayores informes de las
Obras de William Branham, rogamos nos escriba:
Believers International
PO Box 1000
Elizabethton, TN 37644-1000 U.S.A
www.solocreed.com
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Entonces Vino Jesús y Llamó
Las Obras de
WILLIAM BRANHAM
Entonces Vino Jesús y Llamó
13de febrero de 1964
Tulare, California
Deseo leer de San Juan el capítulo once, comenzando con el
versículo 18.
Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios.
Y muchos de los judíos habían venido a Marta y María, para
consolarlas por su hermano.
Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a
encontrarle; pero María se quedó en casa.
Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi
hermano no habría muerto.
Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo
dará.
Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.
Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día
postrero.
Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en
mí, aunque esté muerto, vivirá.
Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.
¿Crees esto?
Le dijo: Sí, señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de
Dios, que has venido al mundo. [Vigilen bien eso.]
Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana,
diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama.
[San Juan 11:18-28]
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Entonces Vino Jesús y Llamó
Oremos. Padre Celestial, confirma esas palabras a nuestros
corazones en esta noche mientras esperamos ahora en ti. Tu
Palabra, Tu siervo, y el texto, todo queda encomendado a ti en el
Nombre de Jesucristo. Amén. Pueden tomar su asiento.
Mi propósito en estar aquí es de intentar ayudar al pueblo de
Dios; no tanto en orar e imponer las manos sobre los enfermos,
pero más bien que ellos puedan reconocer a Jesucristo en medio
nuestro, el Hijo de Dios en medio nuestro.
Estamos hablando en esta noche sobre el tema: Entonces Vino
Jesús y Llamó.
Ahora, en cuanto a esta ocasión de que estamos hablando, fue
un tiempo muy triste. Al leer la historia en la vida de nuestro Señor,
hallamos que Él fue un gran amigo de este joven, Lázaro.
Después de la partida de José, Él se había venido a vivir con
Marta, María y Lázaro; y ellos eran grandes amigos. Para ellos Él
era como un pastor, un verdadero amigo. Y ellos le preparaban Sus
vestiduras, creo fue una túnica, según dicen, y estaba hecha sin
ninguna costura. Y ellos habían hecho distintas cosas para Él por
cuanto creían en Él. Es que ellos habían creído y habían visto todo
aquello. Se habían apartado de la iglesia y demás cosas para seguirlo
a Él. Y eso fue algo tremendo en aquel día, que aun podía resultar en
pena de muerte, al apartarse uno así.
Pero Jesús, esta Persona que según reclamaban algunos que
andaba haciendo pedazos de las iglesias, y diciendo cosas muy feas
respecto a sus sacerdotes y demás cosas, y que según pensaban les
había hecho mucho daño. Y el solo hecho de confesarlo era
suficiente para que lo botaran a uno de la sinagoga. Y al estar afuera
de la iglesia, ellos pensaban que uno ya no tenía ninguna oportunidad
para redención. Si uno no pertenecía a una de sus sectas, como por
ejemplo fariseo, saduceo, o algo semejante, no existía redención
para uno si se encontraba fuera de esas cosas. Y ellos tenían el
derecho y las llaves, y lo podían botar a uno si así deseaban hacerlo.
Ese era el propio pensamiento de ellos mismos. Con razón Jesús
dijo, “Vosotros, por medio de vuestras tradiciones, habéis invalidado
la Palabra de Dios”.
Y ahora eso mismo se ha repetido por cuanto sabemos que
toda la historia se repite de vez en cuando. Y es muy triste tener que
decirlo, pero ha sido profetizado que se repetiría, y así ha ocurrido.
Y descubrimos que no pensaban muy bien de Jesús.
En muchos casos, las personas desean juzgar al hombre que
no concuerda con ellos. No debemos hacer eso. Podemos estar en
desacuerdo el uno con el otro, y aún ser amigos. Si yo no pudiera
2
Entonces Vino Jesús y Llamó
Con Su Sangre toda mancha lavó.
Oh, así es señora, venga ahora mismo. ¿Quién más vendrá, en
la Presencia de Cristo? Vengan aquí mismo, hermana, párese aquí.
¿Alguien más que lo desea como su Salvador, ahora mismo, que no
tiene vergüenza? Él dijo, “Si os avergoncéis de Mí ante los hombres,
yo me avergonzaré de vosotros ante Mi Padre y los santos
Ángeles”.
Si Ud. no se avergüenza de Él ahora, y lo desea como su
Salvador, mientras está presente; Ud. lo ha visto. Es tan perfecto, la
Palabra misma dándose a conocer. Vengan ahora mientas los santos
le están adorando. ¿Vendrán?
Dios le bendiga, señor. Aquí viene una ancianita, viniendo a
esta edad. ¿No vendrá Ud. ahora?
Correcto, jóvenes, vengan por aquí.
Dios le bendiga, señora, así es como debe ser. Dios les
bendiga, jóvenes.
Le alabaré, le alabaré,
Oh, al Cordero alabaremos;
Todos juntos denle gloria,
Con Su Sangre toda mancha lavó.
.Mientras los ministros hablan con estas personas, ¿habrá
alguien más que quiera venir? Persona recaída, ¿no vendrá Ud. para
decir, “Tengo vergüenza de mi vida”? Él está aquí. ¿Creen que soy
siervo de Dios? Levanten sus manos. Pues Jesucristo está entre
nosotros. ¿No vendrán? Denle gloria.
Marta, ¿vienes, o te vas a quedar en la casa con María? ¿Te
vas a quedar en alguna organización y decir, “Oh, mi iglesia no lo
cree de esa manera” cuando Cristo se ha manifestado? ¿Te vas a
quedar sentada, diciendo semejantes cosas, o vas a salir? “Pues, les
digo, cuando yo…” No. Hoy mismo es la hora. La muerte está
próxima, como con la hija de Jairo.
¡Vengan ahora mismo! Persona recaída, ven ahora. Pecador,
ven ahora. Esta es la hora. El Maestro ha venido y te está llamando,
te está llamando. Ud. dirá: “¿Cómo lo he de saber?” Él está usando
mi voz. Si Él emplea mi voz para decir enfermedades, aflicciones y
otras cosas, ¿no se dan cuenta que también está llamando para el
pecado? ¡Salgan ahora mismo! Vengan ahora, esta pueda ser la
última oportunidad que jamás tengan.
Una vez más. Amigos, aquí hay otros que deben venir. Yo no
deseo avergonzarlos, al llamarlos de esta manera. Eso no es lo
correcto. Aquellos fariseos creían que eran salvos, pero no eran. Y
Ud. está pensando lo mismo. Venga ahora.
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Entonces Vino Jesús y Llamó
soy pecador, perdóname. Yo soy un recaído, recíbeme Señor. Yo
necesito el Espíritu Santo, lléname. Yo estoy enfermo, sáname.
Estoy lisiado, sáname. El Maestro ha venido y los está llamando.
Levanten sus manos ahora mismo y alábenle. Amén.
Dénos la tonada de “Yo le alabaré, yo le alabaré”. Ud. lo sabe,
“Yo le alabaré”. ¿Cree Ud. que lo sabe?
Le alabaré, le alabaré,
Oh, al Cordero alabaremos;
Todos juntos denle gloria,
Con Su Sangre toda mancha lavó.
¿Le aman? ¿No les encanta adorarle mientras está presente? Él
es un Espíritu moviéndose por todo el edificio. Él conoce su
corazón y todo respecto a Ud. Cantémosle de todo corazón.
Le alabaré, (levanten las manos a la vez), Le... (Ahora,
alábenle)... alabaré,
Oh, al Cordero alabaremos;
Todos juntos denle gloria,
Con Su Sangre toda mancha lavó.
Oh, Ud. señora, en la silla de ruedas, si Ud. creyera un poco
más, allí mismo. Cantemos una vez más. Estoy esperando por algo.
Le alabaré, le alabaré,
Oh, al Cordero alabaremos;
Todos juntos denle gloria,
Con Su Sangre toda mancha lavó.
Ahora, mientras lo entonamos una vez más, dense la vuelta y
tome la mano de alguien, mientras cantamos, “Yo le alabaré”. Todos
juntos:
Le alabaré, le alabaré,
Oh, al Cordero alabaremos;
Todos juntos denle gloria,
Con Su Sangre toda mancha lavó.
Oh amigo pecador, ¿no podrá Ud. pasar acá ahora mismo?
Pasen acá y alábenle todos juntos. Todos Uds. que desean
confesarlo como Salvador, en Su Presencia, mientras los santos
están adorando en el Espíritu, ¿no podrán pasar acá? Digan: “Deseo
testificar esta noche. Deseo darle alabanza. Deseo pasar; no me
avergüenzo de Él. Deseo que el mundo sepa que lo acepto a Él
como mi Salvador, ahora mismo mientras Él está presente”. Vengan
ahora mientras cantamos,
Le alabaré, le alabaré,
Oh, al Cordero alabaremos;
Todos juntos denle gloria,
26
Entonces Vino Jesús y Llamó
estar en desacuerdo con algún hombre, y aún poder amarlo y orar
por él –y estar en desacuerdo a base de las Escrituras, y para mejor
aclaración– entonces no le diría nada. Siempre deseo poder estar en
desacuerdo amigablemente, porque yo le amo, y ciertamente no
quiero que se pierda. Y él debe sentir igual para conmigo; no
deseamos estar perdidos. Y debemos basar nuestros pensamientos
en lo que dice la Palabra. Que la Palabra sea la Verdad, y no nuestros
credos ni nuestros pensamientos, pero mas bien lo que Él dice; sin
ninguna interpretación privada, solamente lo que dice la Palabra.
Hace poco yo hice algo y casi parecía ser sacrílego; creo que
fue en un desayuno ministerial. Yo puse a Jesús a juicio. Y dije: “Así
como hicieron allá, hacen lo mismo hoy”. Quizá sería de beneficio si
lo repitiéramos por unos momentos, si disponemos del tiempo.
Dije que hoy en día hallamos que en la reforma de Lutero, él
dijo en aquel tiempo, “El justo en su fe vivirá”.
Y decían, “Todo aquel que cree, él sí lo tiene”. Pero
descubrimos que muchos decían que creían, pero no tenían nada.
En los días de Juan Wesley, si obtenían la segunda bendición –
lo cual llamaban la santificación o sea santificado cabalmente– ellos
se ponían muy alegres y gritaban. Decían, “Todo aquel que grita lo
tiene”. Pero descubrieron que no lo tenían; muchos gritaban y no
tenían nada.
En los días de Pentecostés, dijeron, “Nos ha llegado la
restauración de los dones, el bautismo del Espíritu. Todo aquel que
habla en lenguas ya lo tiene”. Pero descubrimos que muchos
hablaban en lenguas y no tenían nada.
Luego otros dicen, “Bien, el fruto del Espíritu, eso es”. Oh no,
no es el fruto del Espíritu. La Ciencia Cristiana tiene eso donde dicen
que el amor es el fruto del Espíritu. Y ellos tienen más amor que
cualquier otro, y a la vez niegan la deidad de Jesucristo; le llaman de
profeta, un hombre cualquiera. Entonces eso tampoco cuadra.
Permítanme cuestionar eso por un momento. Pongamos a
Jesús en juicio. Y que Dios me perdone por esto que voy a decir,
desde la plataforma, pero me voy a poner en Su contra por unos
momentos, sólo para aclarar esto para todos Uds.
“Ahora bien, los tengo a todos Uds. aquí en esta noche, y les
estoy hablando. Yo estuve presente en un día muy allá en el pasado
cuando Jesús de Nazaret estuvo en la Tierra. Vengo ahora para
razonar en contra de esta Persona, Jesús de Nazaret. Todos
sabemos que Dios es amor; así nos dice la Biblia, muy bien. Y el
fruto del Espíritu es longanimidad, ternura, paciencia,
3
Entonces Vino Jesús y Llamó
mansedumbre, y demás cosas, y amor. Pero ahora les quiero hacer
una pregunta. Examinemos lo que sabemos que es un Cristiano.
“Miren a su sacerdote de tantos años. Su tatara-tataratatarabuelo también era sacerdote. Él tuvo que nacer de ese linaje de
levitas para ser sacerdote. Y hallamos que él no tuvo la vida de joven
como todos Uds. tuvieron. ¿Qué hace? Se sacrifica. Él se apartó
para estudiar la Palabra de Dios. Se dedica a eso día y noche, día y
noche, porque tiene que conocer cada sigla de todo eso, cada
palabrita en los pergaminos. Se lo tiene que saber de memoria; lo
tiene que conocer todo a la perfección.
“Y además, cuando celebraron el matrimonio de tus padres,
¿quién les pronunció la bendición de esposa y marido? Tu benévolo
sacerdote. ¿Quién fue el que socorrió a tu padre cuando estaba en
aprietos y debía dinero y el banco le iba a quitar la granja? ¿Quién se
paró a su lado? Tu benévolo sacerdote. ¿Quién estuvo parado al lado
de tu madre cuando estaba dando a luz y tú estabas naciendo? Tu
benévolo sacerdote. ¿Quién viene a visitarte cuando estás enfermo y
necesitado? Tu benévolo sacerdote. ¿Quién fue que te dedicó a Dios,
y te circuncidó al octavo día? Tu benévolo sacerdote. Cuando tus
padres estaban a punto del divorcio, ¿quién logró reunirlos y
mantenerlos? Tu benévolo sacerdote. Cuando surgen problemas en
el barrio, ¿quién arregla esos problemas? Tu benévolo sacerdote.
Ciertamente.
“Ahora, este benévolo sacerdote sabe que la Biblia dice que
Dios requiere un cordero para el sacrificio. Y muchos de Uds. son
negociantes, y no crían corderos, sin embargo Dios requiere un
cordero. Instalaron unos corrales allá, y allí vendían los corderos
para que así los negociantes pudieran comprarlos y ofrecer el
sacrificio para su alma, conforme el requerimiento de Dios.
“Y ahora se presenta este joven llamado Jesús. ¿De dónde
apareció?
“Dicen que nació de una virgen. ¿Quién ha oído de semejante
tontería? Todos sabemos que su madre lo tuvo, o sea que Él nació
antes que ella y José se casaron. Y hallamos que para comenzar Él
ya tenía un nombre sucio.
“Y ¿qué tarjeta de membrecía tiene? Si acaso fuera un hombre
piadoso, ¿con cuál grupo se juntó? Y cuando tu sacerdote ha
estudiado, y estudiado, y estudiado para conocer la Palabra; luego
éste llega haciendo pedazos lo que él ha edificado. ¿Llamarías Dios a
eso? De ninguna manera.
“Ahora, el otro día cuando tu sacerdote había construido aquel
lugar donde podían llegar a comprar el sacrificio, ¿qué hizo este
4
Entonces Vino Jesús y Llamó
Ud. no es de aquí, Ud. no vive aquí. Ud. viene de un lugar llamado
Porterville, California. Correcto. ¿Cree Ud. que Dios me puede decir
quién es Ud.? Él lo sabe. Su nombre es Sra. Wintham. Correcto.
Ahora crea Ud. y el cáncer la dejará. ¡Si podéis creer! Es todo lo
que Dios demanda de Ud. ¡Si podéis creer! ¿Lo creen de todo
corazón?
Alguien en esta parte acá, ¿puede creer?
El Maestro ha llegado y los está llamando. Los está llamando
de muerte a Vida, de enfermedad a estar sano.
Aquí está un varón sentado aquí atrás, con la cabeza inclinada,
orando. En verdad no está orando por sí mismo, él está orando por
otra persona. Es una niña. Es su hija. Señor, ¿cree Ud.? Ud. mismo
tiene problemas con las piernas; también tiene problemas con la
rodilla. Correcto. No hay porqué llorar, ese es Él que está allí a su
lado. Su hija está en el hospital, ¿no es así? Es un caso de tuberculosis. Crea Ud. ¿Lo cree? El Maestro ha venido y la está llamando.
¿Cree Ud. que la va encontrar totalmente sana? ¿Es así? Que Él la
viste a ella esta noche, y a Ud. también. Que esto quede concluido.
Aquí está un joven, un niño de tez morena. Él sufre de una
enfermedad de la piel, y también asma, un niño mexicano, un niño
mexicano sentado allí. Él no es de aquí. Él es de San José. Hijo,
¿crees? Otra cosa, tu padre está aquí contigo; él es un ministro.
Correcto. ¿Crees que Dios me puede decir cuál es tu nombre? ¿Te
haría creer aún más fuertemente? Tu nombre es Rubén. Ahora cree.
Muy bien.
El Maestro ha venido y te está llamando. Oh pecador, oh
persona enferma, ¿no puedes ver al Maestro manifestado en seres
humanos, entre creyentes? Él ha venido para llamar a Sus hijos
creyentes a sanidad. Él ha venido para llamar el pecador al
arrepentimiento. Persona recaída, miembro de iglesia, el Maestro ha
venido y te está llamando.
¿Lo cree Ud.? ¿Lo cree para su necesidad en particular ahora
mismo? Si así es, levante la mano y diga: “Yo creo para mi
necesidad”. Luego póngase de pie y acéptelo. El Maestro ha venido
y lo está llamando. Y quien sea Ud., y cuál sea su necesidad, el
Maestro ha venido y lo está llamando a Ud. Él es el mismo ayer, y
hoy, y por todos los siglos.
Aquella mujer se fue a la ciudad y dijo: “Vengan y vean a un
Hombre que me dijo cuál era el problema.” Ud. no entró a la ciudad.
Ud. vino para verlo por sí mismo, por lo tanto el Maestro ha venido
y lo está llamando a Ud.
Todos levanten las manos y alábenle, y digan: “Señor Jesús, yo
25
Entonces Vino Jesús y Llamó
fue. Él siempre será un cojo. Y es que hubiera sanado en el
momento si tan sólo…Pero simplemente, yo no sé el porqué. Me
supongo que simplemente le puso atención al enemigo. Pero si Ud.
pudiera observar esas sombras y ver esas cosas en sus formas, así
como son, y ver cómo obran. Sería algo…
Ahora, yo no puedo sanar. El hombre que le diga que él le
puede sanar, él está errado. Ud. ya está sano. Pero es cuestión de
poder reconocer la Presencia de Jesucristo. Ahora, si Marta sabía
que si ella lo volviera a ver ella obtendría su deseo, por cuanto Él era
la Palabra manifestada, ¿no podemos nosotros creer tanto así en esta
noche? Seguro, debiéramos. Él ha venido. Él ha venido. Él ha
venido en la forma del Espíritu Santo. Ese es Él. Uds. oren.
Vean, si tuviera alguien parado aquí a mi lado, orando; pero
viendo tantos orando, es por todo el edificio. Uno tiene que fijarse
bien.
Uno no puede decir. Ud. diría, “Hermano Branham…” No
señor, yo no podría; así como Ud. no me podría soñar un sueño.
¿Ve Ud.? Ud. quizás podría…Dios le podría dar a Ud. un sueño de
mí, y Ud. lo creería, pero Ud. no lo puede hacer por sí mismo. Ud.
no puede decir, “Hermano Branham, voy a soñarlo a Ud. ahora
mismo”. No, Ud. no puede hacer eso. Ni tampoco puedo yo ver así
una visión. El mismo que le da el sueño a Ud., ese es el que tiene
que hacerlo. Es igual con la visión.
Estoy mirando a un varón sentado aquí al final de la fila, con
artritis. Si él puede creer de todo corazón, Dios lo sanará de la
artritis. Señor, ¿cree Ud. que Él lo hará? Ud. sentado allí, el hombre
mexicano, sentado allí al final de la fila, ¿puede creer? Muy bien,
señor.
La dama sentada a su lado, ella también tiene artritis. Señora,
¿cree Ud. que Dios la sanará? ¿Lo cree? Muy bien.
¿Qué de la otra dama mexicana, sentada al lado de ella? Ella
está sufriendo del estómago. Señora, ¿cree Ud. que Dios le sanará el
estómago?
Ella sí lo obtuvo. Cuando veo que la Luz baja, eso indica que sí
ocurrió. Sí. Así es. La impactó; allí estaba, girando, y ya queda
concluido. ¡Cuando Él puede hallar fe! Muchas cosas Él no pudo
hacer debido a la incredulidad del pueblo.
Aquí mismo está sentada una señora, orando. Ella tiene temor,
y así debe ser. Ella tiene una condición cancerosa, muy grave. Yo no
la conozco, pero Dios sí la conoce. ¿Cree Ud. que Dios me puede
decir algo de este cáncer o algo al respecto? Míreme. Son tantos los
que están orando, por eso le digo así. Mire hacia acá. Muy bien, sí,
24
Entonces Vino Jesús y Llamó
joven? ¿Bondad? Entrelazó algunas cuerdas, y así a golpes, y
mirando sobre la gente con enojo, revolcó las mesas, y los corrió. Y
¿puedes llamar a eso “frutos del Espíritu”, mirándolos así con enojo?
Y fíjate bien, ¡privando a la gente de su oportunidad de adorar a
Jehová! El negociante desea adorarle; él no tiene criadero de
corderos, por eso fue allá para comprarlo. Pero éste los revolcó y
los echó a patadas y los corrió”.
¿Quién pues tiene el fruto del Espíritu? Allí lo tienen, ¿pueden
ver? No es cuestión de fruto del Espíritu, ni el hablar en lenguas, ni
la gritería.
Ud. diría, “Entonces Hermano Branham ¿Cuál es la evidencia?
¿Cuál es la evidencia?” La vindicación de la Palabra de la hora.
Ellos allá tenían la Biblia. Y Él era exactamente lo que Jehová
dijo que ocurriría. No se requería interpretación; se interpretó por sí
mismo. Allí estaban los sacerdotes con todo lo que tenían, y todo
estaba tan bien ordenado en la rutina. ¡Pero fallaron en reconocer la
Palabra! Y Él hizo que viviera esa Palabra para aquella edad. Esa fue
la evidencia de esa edad.
Lutero tuvo la evidencia en su edad; y Wesley en su edad, y
los pentecostales en su edad. Pero ahora estamos en otra edad. Esas
cosas tuvieron su mérito. Pero así como la criaturita cuando tiene
dedo, ojos, y nariz; pero después de un tiempo tiene que llegar a ser
un ser humano. Tiene que llegar a ser un niño bien formado y
maduro, después de nacer, y tener alma, cuerpo y espíritu, y poder
moverse.
Ahora, hallamos en todo esto que Jesús se declaró a sólo unos
pocos. Solamente le reconocieron aquellos quienes Él había
ordenado a Vida. No eran las grandes multitudes; su grupo jamás
podía ser como el grupo de Caifás. Pues Caifás pudiera haber
reunido al país entero. Jesús sólo reunió a unos pocos. Muy pocos
le conocieron. Había miles y miles de personas cuando Él estuvo en
la Tierra, y jamás supieron que Él estuvo presente.
Y así será nuevamente. Él llegará a los que son llamados a
Vida. Él conoce quienes son los que son llamados a Vida, y es Su
negocio cuidar de eso.
Vemos que ellos se salieron de la iglesia, y le creyeron. Todo
cuanto la Palabra había dicho de Él, pues Él allí estaba. Y un día Él
se había ido de su casa. Yo deseo hablar de tres cosas: Jesús se
había ido; la muerte había llegado; y no había nada de esperanza.
Deseo hablar sobre esas tres cosas por unos momentos.
Jesús se había ido. Y cuando Él se fue, entonces comenzaron
los problemas. Y cuando Él se ausenta de Ud. o de la casa donde
5
Entonces Vino Jesús y Llamó
Ud. vive, los problemas están por llegar. Satanás tiene una puerta
abierta cuando Jesús se aleja.
Él se había ido, y en cuanto se fue entonces entró la muerte. Y
cuando Jesús se va, allí entra la muerte. Al estar separado de Él es
muerte; así que la muerte entró cuando Jesús salió.
Y la muerte había demorado con Lázaro. Y Aquel a quien ellos
habían creído y habían amado, mandaron a buscarlo para que
viniera a orar por Lázaro porque lo habían visto y sabían que Él
conocía a Dios, y Marta lo expresó, “Lo que le pidieres a Dios, Él lo
hará”. Ella reconoció que Él y Dios eran uno. Él era la Palabra de la
hora, y ella reconocía eso. Y ella sabía que si tan sólo pudiera hacer
contacto con Él, pero Él estaba ausente y no podían lograr ese
contacto. Mandaron a buscarlo, pero en vez de venir, Él se fue más
allá. Y enviaron una vez más, y nuevamente en vez de venir Él se fue
aún más allá.
En veces nos preguntamos por qué suceden esas cosas, pero
¿no nos dice la Escritura: “A los que aman a Dios todas las cosas les
ayudan a bien?” Él bien sabe lo que hace. Si se demora, está bien. Él
sabe lo que hace. Había un propósito.
Hallamos que Él dijo en San Juan 5:19: “De cierto, de cierto os
digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve
hacer al Padre”.
El Padre le dijo que se ausentara, y que se mantuviera lejos por
varios días. Después que se cumplieron los días, entonces fue
cuando dijo: “Nuestro amigo Lázaro, duerme”.
Y dijeron, “Pues si duerme, está bien”.
Les dijo, “Está muerto; y me alegro por vosotros, de no haber
estado allí”. Porque ellos habían hecho todo lo posible para que
fuera allá para sanarlo y demandar cuánta cosa debiera ser hecho.
Pero Él sabía lo que debiera ser hecho; así que Él hizo exactamente
lo que fue ordenado a hacer: quedarse lejos. Lo notamos junto al
sepulcro cuando regresó. Él lo expresó todo cuando volvió y
encontró este hogar.
No había nada de esperanza. Lázaro había muerto. A cada
momento estaban pensando, “Quizás llegará a la escena. Quizás
llegará a la escena. Quizás volverá”. Por fin murió, se le fue el
aliento.
Fueron y lo embalsamaron, sacando la sangre del cuerpo; y lo
envolvieron en el lienzo con las especies, y habiéndolo preparado lo
colocaron en el sepulcro. Colocaron una piedra sobre el sepulcro, la
cual era la costumbre en aquellos días. Era un hueco en la tierra o
quizás en la piedra, y luego ponían otra piedra encima, era su
6
Entonces Vino Jesús y Llamó
creeremos, Señor. Hay muchos aquí en esta noche que quizás nunca
han tenido esta oportunidad. Rogamos que se los concedas
nuevamente en esta noche. Porque lo pedimos para la gloria de Dios,
en el Nombre de Jesús. Amén.
Así es hermana, siga tocando eso mismo. Muy bien, siga con
eso. Y todos Uds., muy quietecitos.
¿Creen Uds. que Él ha venido? Así es. ¿Todavía llama cuando
llega? Ahora si tan sólo pueden creer. Si tan sólo creen la Palabra de
Dios, Dios se los concederá.
Ahora miren, el tiempo no nos permite llamar la línea de
oración por acá. Dios mediante los voy a llamar allá mismo en esta
noche. El Maestro ha llegado. Él ha llegado para cumplir Su Palabra
en este último día. Y lo que Él fue allá, Él es hoy. Lo que fue Su
manifestación o Su identificación allá, es igual hoy, por cuanto Él
aún es la Palabra de Dios. ¿Lo creen así? Y la Palabra de Dios
discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y así como
Él obró allá, es como siempre ha obrado. Él aún es el mismo. Si Él
hiciera eso ahora mismo, ¿le creerían Uds.? ¿Eso haría que le
creyeran?
Todos Uds., permítanme mirar primero para ver si hubiera
alguien que yo conozco, sentado en alguna parte, alguien que
conozco.
Todos los que están por este lado que no me conocen,
levanten la mano; los que saben que yo no sé nada de Uds., y están
enfermos, levanten la mano. Me supongo que son todos. Muy bien,
Uds. crean. Simplemente crean de todo corazón. No duden. Tengan
fe. Crean en Dios.
Les voy a pedir que guarden mucho silencio, manténganse
sentados. No se estén moviendo, por favor no lo hagan. Ud. es
alma, cuerpo y espíritu. Y su espíritu, es que el Espíritu Santo es
muy tímido.
¿Cuántos recuerdan, hace muchos años, que el Espíritu Santo,
cuando vine aquí y les dije que cuando tomaba a la persona de la
mano, Él me dijo que este discernimiento vendría y así seguiría?
¿Recuerdan eso? Pero Él dijo, “Si logras que la gente te crea a ti”.
¿Recuerdan Uds. esos días, hacen muchos años? Uds. tienen que
creer.
Vi a un hombre, creo que fue en la otra reunión, y estaba
sentado allí; y el Espíritu Santo…Lo estuve observando mientras
predicaba. Era un hombre cojo, tenía muletas. Y en el momento
cuando yo lo iba a llamar, Satanás llegó con él, una sombra negra. Y
yo observé a ese hombre con mis propios ojos. Él se levantó y se
23
Entonces Vino Jesús y Llamó
Y Uds., los pentecostales, de todas maneras lo están
reconociendo. Han comenzado a sentirlo. Sus iglesias, muchas de
las organizaciones de los pentecostales –y no es preciso que
mencione los nombres– pero Uds. bien saben que están entrando en
eso. Ellos mismos han dado testimonio que así es. Pero cuando
hacen eso, ¿qué es lo que tendrán que hacer? Tendrán que ceder sus
enseñanzas evangélicas respecto al bautismo del Espíritu Santo.
Tendrán que ceder sus doctrinas Bíblicas. Y a la vez, los miembros
se van a oponer a eso.
Los genuinos Cristianos, verdaderamente nacidos de nuevo,
antes escogerán la muerte. Han sido avisados por la Palabra, ellos
saben que esta cosa está en camino. Sí señor.
Y ¿no es algo raro? En la hora más oscura, entonces es cuando
aparece Jesús, y nos llama y dice: “No se espanten, soy Yo. Aún
estoy con Uds. Estoy aquí para manifestar Mi Palabra”. Así como Él
fue allá, Él es igual hoy. Él dijo que haría eso. ¡Oh qué cosa! El
Maestro ha venido y nos ha llamado.
No hay duda que aquí hay mucha gente enferma; están
sentados aquí, y el médico les ha dicho que ya no existe ninguna
esperanza. Ud. quizás esté en la hora más oscura, pero recuerde, el
Maestro ha venido y le está llamando.
Y algún día, algún día el Maestro vendrá para llamar todos los
nombres que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero. Si el
suyo no aparece allí, asegurase hoy de que sí está, porque Él vendrá
y llamará. Aún aquellos que están en los sepulcros oirán Su Voz y
saldrán a Vida. El Maestro vendrá y lo llamará a Ud. Y mientras Él
está llamando hoy, Ud. responda y haga sus preparativos para aquel
día. Ese es mi consejo para Ud.
La promesa de esta edad: Él prometió que Él estaría presente;
las cosas que Él hizo, los haría nuevamente; y ahora el Maestro ha
venido y lo está llamando a Ud.
Inclinemos nuestros rostros. Tengo otras seis páginas, pero
por hoy no puedo extenderme tanto. Inclinemos nuestros rostros.
Les prometí terminar temprano, y ya estamos a un cuarto pasado de
la hora.
Padre Celestial, oh Señor, permite que suceda nuevamente.
Todas estas cosas que yo he dicho: “Jesús ha venido y te está
llamando”. ¿Qué hace Él cuando llega? Él llama. Y Señor, permite
que ocurra de nuevo. Permite que venga Tu Espíritu Santo entre la
gente esta noche, el Señor Jesús en forma del Espíritu. Permite que
venga y que se revele, y luego que se manifieste igual como con
aquellas personas y así como ellos creyeron, nosotros también
22
Entonces Vino Jesús y Llamó
costumbre.
Pasó el primer día, pasó el segundo día, pasó el tercer día,
pasó el cuarto día, y el hombre estaba pudriendo en el sepulcro.
Quizás ya se le había hundido la nariz. Creo que eso es lo primero
que se hunde, la nariz. Y ya se estaba pudriendo. Su carne estaba
volviendo al polvo, estaba regresando. Su alma estaba a cuatro días
de viaje, en alguna parte.
Ya no había ninguna esperanza de verlo de nuevo en esta vida.
Y entonces cuando había desaparecido toda esperanza; ellos habían
esperado, “Quizás si Él vuelve al primer día o al segundo día”.
Nada. Entonces murió, y Él no había venido. Entonces entraron en
desesperación.
Al poco tiempo quizás alguien le habrá dicho: “El Maestro está
allá afuera”. Y Marta salió corriendo. Jesús vino en esa hora tan
oscura cuando parecía que no había ninguna esperanza.
Normalmente entonces es cuando Él viene. Él llega en la hora más
oscura, y entonces es cuando Jesús aparece en la escena.
Ahora, noten bien. Él llegó y llamó a Marta. Su Presencia
produjo nuevas esperanzas. No importaba que el joven estuviera
muerto, Su Presencia produjo nuevas esperanzas.
Ud. amigo, quizás esté sentado aquí en esta noche, siendo un
caso que los médicos han desahuciado con cáncer o problemas del
corazón. Quizás esté en una silla de ruedas, tullido, y toda la ciencia
ha dicho que para Ud. no existe ninguna esperanza; el depósito de
calcio le ha afectado los huesos tremendamente y ya no le
funcionan. O, puede ser que su corazón esté en tal condición que el
médico dice que Ud. puede partir a cualquier momento. Oh, hay
tanta gente con cáncer y tuberculosis, y este puede ser su última
oportunidad, y pareciera que el médico lo ha desahuciado. Sin
embargo, estando en la Presencia y reconociendo la Presencia de
Jesucristo le trae esperanzas nuevamente.
Alguien se lo puede nombrar. Quizás Ud. jamás ha escuchado
de esto, pero deje que alguien le diga, “Yo sé donde existe una iglesia
y ellos creen en Dios y allí oran por los enfermos”. Y rápidamente
(estando listo para morir) aparecen nuevas esperanzas. Siempre
sucede. En esa hora oscura, entonces es cuando normalmente
alguien le dice algo al respecto, le dicen algo respecto a Jesús. Su
Presencia produjo nuevas esperanzas.
Esperamos que lo mismo ocurra en esta noche, igual como
anoche, cuando vimos la Palabra vindicada sin lugar a duda, la cual
ha sido manifestada y probada; y es que aquel Jesús que vivió hace
más de mil novecientos años, el cual murió en el Calvario, se levantó
7
Entonces Vino Jesús y Llamó
al tercer día, y apareció a los discípulos y les abrió los ojos, e hizo
esta promesa del día, ese mismo está aquí mismo en nuestra
presencia ahora mismo. Sin duda traerá esperanzas al pueblo.
Aparecen nuevas esperanzas.
Quizás alguien dice: “La iglesia ha estado muy seca por mucho
tiempo. Hace meses que no hemos tenido agua refrescante. No
hemos tenido avivamiento. Parece que todos están estancados, o
algo por el estilo. Vamos a la iglesia y entonamos un himno, y
escuchamos algunos mensajes y volvemos”. Pero de repente,
entonces cuando comenzamos a secarnos, entonces llega Jesús a la
escena, nos refresca, nos trae algo nuevo. Él siempre está presto
para hacer eso. Llegan nuevas esperanzas cuando entra Jesús. Su
Presencia nos trae nueva esperanza.
Ella sabía que Él era la Palabra de Dios manifestada. Ella había
visto esa edad. De otra manera ella todavía hubiera sido ortodoxa;
todavía hubiera sido miembro de la iglesia. Pero ella había visto esa
Palabra prometida. Ella había visto la Palabra prometida manifestada
a través de Él, y ella sabía que Él era la Palabra viviente. Y cuando
ella supo de eso, a ella no le importaba cuántos la criticaban ni
cualquier otra cosa; ella salió en busca de Él tan rápido como pudo.
Ella sabía que Él era esa Palabra manifestada.
Indudablemente ella había leído la historia de Elías allá en su
día. Y él fue la Palabra de Dios manifestada en aquel día. Él era un
profeta y la Palabra de Dios viene al profeta. Y allá había una mujer
con un niño que le había sido dado por bendición del profeta.
Un cierto día como a las once del día, seguramente se dañó
con el sol. Estaba en el campo con su padre, la Biblia no nos dice
que se dañó con el sol, pero comenzó a clamar, “¡Mi cabeza, mi
cabeza!” y eso como a las once del día. Y el padre mandó a un
siervo que se lo llevara a la casa. Y la madre lo tuvo abrazado hasta
el mediodía y se puso más y más enfermo, y por fin murió.
Y ahora, en vez de entrar de desespero, porque todos los
vecinos habían venido y estaban gritando y haciendo de todo. Pero
esa madre estaba firme, su bebe estaba muerto, y ella lo llevó a la
habitación que ella le había provisto al profeta, y allí lo acostó en la
cama, de esa manera. Y le dijo entonces al siervo: “Prepara el asna, y
vete directo, y no te detengas a menos que yo te diga”. ¡Oh, qué
cosa!
¡Así es! No tenemos tiempo para debates y peleas. Ese día ya
pasó. Prosigamos; tenemos que llegar. Tenemos una necesidad.
Así que le dijo, “Sigue recto, y no disminuyas en nada a menos
que yo te lo mande”. Y así se fueron hasta encontrar a Elías.
8
Entonces Vino Jesús y Llamó
cuando el Mesías venga, Él hará estas cosas”.
Entonces Él la llamó. Entonces Él la llamó. “Yo soy el que
habla contigo”. Ella lo reconoció por medio de la Palabra de Dios. Él
la llamó a ella de sus pecados, a una Vida. Y su nombre está aquí en
la Biblia, y hoy ella tiene Vida inmortal.
Él lo puede llamar a Ud. de igual manera, por cuanto Él es el
mismo ayer, y hoy, y por todos los siglos.
Cierto, en lo moral estaba en cero, pero ella aún sabía que Él
tenía ese discernimiento. Ella sabía que ese tenía que ser el Mesías.
Entonces cuando Jesús dijo, “Yo soy, Yo soy”, ella sabía que así era.
En cierta ocasión los discípulos estaban allá en el barco, sin
ninguna esperanza. Se habían ido sin Jesús, y la tormenta era
semejante a como había sido en la casa de Lázaro. No había nada de
esperanza. El barco se estaba llenando de agua. Y ellos estaban
llorando y clamando, y quizás orando, y de todo; y los relámpagos
estaban destellando, el barco llenándose de agua, el mástil se había
quebrado, los remos en pedazos, y ellos estaban agarrados uno del
otro, llorando.
Y en aquella hora más oscura fue cuando Jesús apareció,
caminando. Pero para ellos parecía una sombra. Parecía como algo
espantoso, como un espíritu, y ellos clamaron con temor.
Ese es el problema hoy día. Jesús llega en la hora más oscura
y Ud. le tiene miedo; Ud. no sabe lo que es. Ellos allá no sabían lo
que Él era. Dijeron: “¡Oh, es un espíritu!” Y estaban gritando.
Luego Él los llamó y dijo, “No temáis, Yo soy”. En la hora más
oscura Jesús llegó para ayudarles. Así es como Él siempre hace, Él
llega en la hora más oscura. Entonces vino Jesús y se manifestó, y
llegó con ellos.
Pedro dijo, “Si eres Tú, invítame a caminar sobre el agua”.
Jesús dijo, “Ven pues”.
Amigos, ¿saben qué? Él pronto vendrá por aquellos en estos
últimos días. Ahora, ¿no es algo extraño que la iglesia nuevamente
haya llegado a esta hora tan oscura?
Aquí voy a decir algo. No es doctrina; simplemente estoy
profetizando. ¿Saben lo que ha ocurrido? Pronto llegará a ser el caso
(subrayen mis palabras) cuando todas las denominaciones tendrán
que unirse al Concilio Ecuménico. Si no lo hacen, no tendrán el
respaldo del Concilio. Por lo tanto, habrá un boicot, y nadie podrá
asistir a estas iglesias o a ninguna iglesia si no tiene una marca de su
propia iglesia, y Ud. no podrá ni comprar ni vender. Vean, es igual a
como era, y así será nuevamente: una marca de la bestia. Y la iglesia
se está dando cuenta de eso, o sea gente espiritual.
21
Entonces Vino Jesús y Llamó
segregación, lo correcto y lo errado no se mezclaban. Lo que era
inmoral se mantenía en su lugar, por lo tanto ella no podía venir con
las demás. Y ellas no la permitían venir. Así que cuando todas ellas
habían venido para llevarse su agua, y se habían ido, ella entonces
llegó por algo mucho mejor.
Y ella llegó allí con la jarra en la cabeza, sin duda venía
pensando, “Ahora este varón que conseguí anoche, tengo algunas
dudas. Es varón pero se porta muy raro. No sé qué pensar de él. Y
no tengo remedio. He sido botada por la sociedad. Y no puedo asistir
a las iglesias. Mira como están. No sé qué hacer. Estoy angustiada.
Y he estado leyendo la Biblia. Seguramente, algún día ese Profeta
aparecerá en la escena. Ahora, yo sé que muchos reclaman que no
existe tal cosa, y dicen, “Quizás eso será de aquí a cien años, o
hasta mil años. Lo hemos estado esperando por miles de años y aún
no ha ocurrido, así que no lo estamos esperando ahora. Todo está
bien. Y tenemos nuestras iglesias y cosas. No necesitamos nada
como eso por ahora”. Entonces así era que ella iba pensando.
Uds. saben, cuando uno piensa en Él, entonces es que cuando
Él aparece. Como vimos anoche con los caminantes a Emaús. Y
cuando ella pensó en estas cosas, ella escuchó a un hombre decir,
“Dame de beber”.
¿Qué de eso? En su hora más oscura, cuando moralmente
estaba en cero; quizás era una dama hermosa que había sido echada
a la calle para vivir esa clase de vida. Algunas veces no es culpa de
la joven, sino de los padres que la permitieron salir de esa manera. Y
allí estaba, quizás con las rizas colgando; se encontraba agotada,
caminando por allí muy cansada, y nadie le prestaba nada de
atención, una joven, y quizás una historia larga detrás de todo eso.
De todas maneras, yo sé una cosa, ella había leído la Biblia, y
ella creía la Biblia. Y profundo en su corazón había una pequeña
simiente que decía, “Si eso llegara a ocurrir, yo lo sabré”. Es que
estaba predestinada a eso.
Fíjense en Judas, parado allí, actuando a su manera. En lo
profundo de su corazón era negro. La Luz estaba brillando acá
arriba, en sus hechos, pero en su corazón él no lo creía; es que la
Luz no podía llegar a eso. Y acá estaba ella, creyendo; ella lo creía,
pero su vida estaba tiznada de negro. Pero cuando le pegó la Luz, a
ella le quitó lo negro. Pero cuando la Luz pegó acá, lo hizo
totalmente negro. Esa es la diferencia.
Vean, ella nació para ese propósito. Cuando Él le dijo cuántos
esposos tenía, ¿qué pasó? De repente se emocionó. Entró en
angustia y dijo, “Señor, me parece que eres profeta. Yo sé que
20
Entonces Vino Jesús y Llamó
Ahora, Elías, siendo un hombre de Dios, no como Cristo;
Cristo conocía todas las cosas porque Él era Dios. Elías era una
porción de Dios; era Cristo en Elías. Y aquello era el Mensaje de la
hora, por cuanto la Palabra del Señor para esa hora estaba con ese
profeta.
Jesús era la plenitud de todos aquellos profetas; mientras cada
uno de ellos solamente lo manifestaba a Él. Eso es todo. Desde José,
allá con las treinta piezas de plata, y todo aquello, él representó a
Cristo. ¡Así también Moisés!
David, sentado allá sobre la colina como un rey rechazado,
llorando porque había sido rechazado. Ocho cientos años después,
el Hijo de David estaba sentado sobre la colina. Aquello era el
Espíritu de Cristo en David. Y Él era Raíz y Linaje de David. Y Él
estaba sentado sobre la colina, llorando, como un Rey rechazado,
“Jerusalén, Jerusalén, ¿cuántas veces te hubiera juntado como la
gallina a sus polluelos?” ¿Qué era? Era Cristo.
Era Cristo clamando cuando David escribió el himno: “Dios
mío, ¿por qué me has desamparado? Todos mis huesos, ellos me
miran. Horadaron mis manos y mis pies. Repartieron entre sí mis
vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes”. Era Cristo hablando en
David. Correcto. Él era la manifestación de la Palabra. Cristo vino
para cumplir las cosas que los profetas habían dicho, por cuanto la
Palabra estaba con los profetas.
Él nos dijo eso en la lección de anoche, que Él vino para
cumplir todo lo que los profetas habían dicho respecto a Él, por
cuanto ellos tenían la Palabra. Y Elías era profeta de Dios, la Palabra
para ese día.
Entonces la mujer sunamita se mantuvo al lado del profeta
hasta que él vino y manifestó el poder de Dios, y se postró sobre el
niño, y el niño regresó a vida.
Ahora bien, Marta debió haber reconocido esto, aunque ella
había estado muy ocupada con los quehaceres de la casa, lavando
los platos, y demás cosas. Pero allí fue cuando ella mostró sus
colores. Ella mostró verdaderamente lo que tenía por dentro. Ella
salió a buscarlo inmediatamente. Si Dios estaba en Elías, Dios tenía
que estar en Cristo, porque Él había probado ser esa Persona.
Amén. Me gusta eso, esa determinación.
Ella fue a donde Él estaba; tenía que llegar ante Él. Y
recuerden, ella sabía que Él jamás cambiaba, que Dios nunca cambia
Su programa. Si Él estaba en Elías y podía levantar a los muertos,
Él estaba en Cristo y podía levantar a los muertos, aunque no lo
había hecho, por cuanto era el mismo Dios.
9
Entonces Vino Jesús y Llamó
¡Ni tampoco ha cambiado aún! Es igual de Dios esta noche
como siempre ha sido. Él es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.
Él no cambia.
Y Él sabía que ella sabía que Él era. Vean como a los pocos
momentos eso fue comprobado, cuando ella le dijo algo respecto a
su hermano, cuando dijo, “Señor, yo creo que Tú eres”.
Y Él dijo, “Yo soy la resurrección y la Vida. Aunque esté
muerto, vivirá. Y todo aquel que viviere y creyere en Mí jamás
morirá. Yo soy”. Ese era el Yo soy que estaba en la zarza ardiente,
allá con Moisés. “Yo soy la resurrección, Yo soy la Vida. Yo soy
aquel y todavía existo. Yo soy la resurrección y la Vida, el que en Mí
creyere, aunque esté muerto, vivirá. El que viviere y creyere en Mí
jamás morirá”.
Después de esta gran certeza que ella tenía, que Él era la
Palabra prometida, cuando dijo, siendo profeta, y no podía mentir;
entonces cuando dijo, “Yo soy. Yo soy la resurrección y la Vida”.
Ella dijo, “Yo creo que Tú eres Aquel, el Hijo de Dios que
habría de venir al mundo. Y aunque mi hermano está muerto, y está
allá en el sepulcro, y su cuerpo se está deteriorando; pero aún ahora,
lo que Tú digas, así será”. Correcto.
¡Lo único que ella deseaba era escucharlo a Él decirlo! Oh,
Marta, ¿a dónde estamos en esta noche? “Simplemente di la palabra
y mi siervo vivirá”. Solamente escúchale decirlo. Ellos quizás
vinieron para decirle a ella que Él lo había dicho, ¡pero aquí estaba
Él mismo! ¡Oh Dios, abre los ojos cegados, para que puedan ver!
Cuando Él, en Su Presencia, habla la Palabra, siempre se manifiesta.
Ella dijo, “Lo que Tú le pidieres a Dios, Dios te lo dará.
¡Permíteme escucharlo!” Ella deseaba escucharlo a Él decir la
Palabra. Es todo lo que ella deseaba escuchar. Simplemente obtener
la Palabra, eso es todo cuando ella necesitaba, eso era escucharlo a
Él decir que lo haría.
Y Él lo hubiera hecho allí mismo, pero vean, por medio de la
visión que el Padre le había mostrado, Él tenía que estar parado
junto al sepulcro. ¡Oh, qué cosa! ¡Mantengan su fe! Dios está
obrando todo en orden. Todo estará bien. Ella tuvo que esperar hasta
llegar al sepulcro.
Noten, si ella solamente pudiera lograr que Él lo dijese, aún
cuando no había nada de esperanza. Ya estaba muerto, pudriendo en
el sepulcro; pero solamente oírlo a Él decirlo era todo cuando ella
deseaba.
Entonces cuando Él dijo, “Yo soy la resurrección y la Vida”,
ella lo creyó. ¡Ella lo creyó! Y noten, ella ahora tuvo que creer para
10
Entonces Vino Jesús y Llamó
muerte a Vida. “El Maestro ha venido y te está llamando”. Y cuando
lo llamó le devolvió la vista.
La mujer con el flujo de sangre, en aquella ocasión, allá al lado
del cerro; había gastado todo su dinero con los médicos. Sin duda
ya habían vendido las bestias. Quizás habían vendido la granja, o
cuando menos la tenían hipotecada. Habían gastado todo lo posible
con los médicos, y ninguno le había ayudado. Constantemente iba
empeorando; la sangre no paraba. Constantemente, eso seguía y
seguía, y ella más y más endeudada.
Y un cierto día, tejiendo, sentada allá al lado del cerro donde
vivía, ella miró hacia el valle allá abajo y vio que llegó un barco.
Todos comenzaron a correr, diciendo: “¡Hosanna al Profeta!”
Ella había oído de Él; y fe viene por el oír. Y dijo, “Yo iré para
verlo”.
Y cuando caminó hasta allá, y por primera vez pudo
contemplar la Palabra de Dios manifestada en carne, hubo algo
respecto a Su hablar y Su apariencia que la hizo saber que ese era
Él. Sí señor. Pensó, “Oh, si tan sólo pudiera yo atraer Su atención
de alguna manera; si tan sólo pudiera yo tocarle de alguna manera”.
Y sigilosamente ella se metió entre la gente y tocó Su vestidura.
Ahora recuerden, no fue el dedo de ella lo que Él sintió. No
señor, porque las vestimentas palestinas son ropa suelta. Entonces
Pedro dijo, “Todos te están tocando”.
Él dijo, “Pero este fue un toque muy distinto; siento que me he
debilitado”.
Jesús había llegado. El dinero que ella tenía se le había
acabado, todo se le había agotado; pero en esa hora tan oscura
cuando la sangre no cesaba, y los médicos no la podían detener,
entonces llegó Jesús. Y ¿qué hizo Él? La llamó. Buscó hasta que la
descubrió, y dijo, “Tenías un flujo de sangre, pero eso ya cesó”.
Él es el mismo ayer, y hoy, y por todos los siglos. El Maestro
ha venido y te está llamando. Él vino y llamó; la llamó a ella
nuevamente a buena salud.
La mujer junto al pozo, de la cual hablamos anoche, no tenía
ninguna esperanza. Quizás su quinto esposo la había abandonado, y
esa misma noche había tomado el sexto, y ella tenía alguna duda
tocante a él. Moralmente, ella estaba en cero. Ella deseaba ser una
dama genuina; y sin duda ella había estado leyendo la Biblia.
Y ella iba por allí, llegando como a las once del día. Ella no
podía venir de madrugada cuando venían las mujeres justas. Y ellas
cargaban el agua sobre la cabeza, en esas jarras, y así caminaban. Y
ella no podía venir y mezclarse con ellas. En aquel tiempo tenían
19
Entonces Vino Jesús y Llamó
para obrar estas cosas igual como antes, como leímos y hablamos
anoche. Aquí lo está haciendo. ¿Por qué tienen temor?
Recuerden, cuando Él vino la llamó a ella de los muertos. Él
llegó a la escena y la llamó a ella de entre los muertos.
Aquel anciano Bartimeo, un día llegó a su hora más oscura.
Jesús andaba por allá organizando un desayuno para los Hombres de
Negocio del Evangelio Completo, allá en Jericó, y estaba con
Zaqueo, quien había encontrado en un árbol allí por la calle. Pues,
estoy seguro que no andaría organizando ninguna otra cosa. ¿Ven?
Entonces cuando llegó allí, Zaqueo andaba con Él.
El anciano Bartimeo había sido ciego desde niño. Y pensaba
que Jesús posiblemente saldría por esa puerta, y lo estaba
esperando. Después de un tiempo él oyó mucho ruido, y mucha
gente que pasaba.
Y él oyó al sacerdote decir: “¡Óyeme! ¡Óyeme, tú que vas
subiendo la colina! Oímos que levantaste a un muerto. Acá tenemos
a un panteón lleno de muertos. Si tú eres el Mesías, si tú eres el
Mesías, ven acá y levanta a estos muertos”.
Uds. saben, ese mismo diablo aún vive, en la forma de religión,
de igual manera.
“Si tú eres el Mesías, si tú levantas los muertos; acá tenemos
un panteón lleno. Ven acá”. Y había tanta gente gritando. Uno decía,
“¡Hosanna al Profeta!” Otros gritando toda clase de cosas; había
mucha confusión.
Y este cieguito pensó, “Oh, se me ha escapado. Él salió por
allá, mientras yo pensaba que iba salir por aquí. Me han colocado
mal”. Y comenzó a gritar. Él pensó, “Si Él es la Palabra, Él es Dios;
tiene que ser”. Entonces: “¡Oh Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” En esa hora de angustia, él comenzó a gritar.
Ahora, Jesús, estando en Jericó, si lo llegaran a medir, donde
dicen que él estaba sentado, él estaba a ciento cincuenta metros de
donde estaba Jesús. Con miles de personas moviendo y hablando, Él
no hubiera podido escuchar el clamor de aquel varón. No, pero lo
sintió; y se detuvo.
Alguna noche deseo predicar sobre: “Y Jesús se detuvo”. ¡Qué
cosa! “Y Jesús se agachó”.
Pero cuando Jesús se detuvo, ¿qué ocurrió? Lo llamó. Los
discípulos dijeron, “El Maestro ha llegado. No temas, te está
llamando. Te está llamando”. Y lo llamó de entre ese gentío.
Y Él hace lo mismo hoy. ¿Lo están captando?
“El Maestro ha llegado y te ha llamado”. Y está llamando de
ceguera a la luz, de tinieblas a la luz. Y lo llamó y éste pasó de
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Entonces Vino Jesús y Llamó
lo imposible cuando le escuchó decir, “Yo soy la resurrección y la
Vida. Aunque estuviese muerto, vivirá, y todo aquel que vive y creen
Mí, jamás morirá. ¿Crees tú esto?”
Y ella dijo, “Sí, Señor, yo creo. Yo creo que Tú eres el Hijo de
Dios que habría de venir al mundo”. Me gusta eso. Me gusta eso.
He relatado esto anteriormente, pero sería bueno repetirlo
ahora. No hace mucho yo estaba hablando con una mujer, la cual
pertenecía a cierta iglesia que mencioné hace rato, en donde no
creen que Él era Dios, Su Deidad; para ellos era solamente un
profeta, un hombre cualquiera.
Él verdaderamente era eso. Él era eso, además de ser Dios.
Vean, Él era la manifestación. Jesús es el cuerpo, el joven, el
hombre. Dios fue lo que habitaba por dentro. Dios estaba en Él. Él
era el hombre-Dios. Él era hombre, sin embargo era Dios
manifestado en carne. Cuando vemos a Jesús, vemos a Dios. Eso es
lo que Él mismo dijo, “Cuando me viereis a Mí veis al Padre”. Por
cuanto Él era la reflexión, Él era la Palabra (amén), que fue en el
principio. Amén.
Él mismo llamó “Dios” a los profetas. ¿Sabían Uds. eso? Él
dijo, “Llaméis dios a aquellos a quienes vino la palabra de Dios,
¿cómo podéis condenarme a Mí cuando digo que soy el Hijo de
Dios?” Y es que la misma Palabra dijo que Él aparecería, y allí estaba
la Palabra manifiesta nuevamente. Y aún así ellos no podían creer.
Esta mujer me dijo: “Yo le puedo probar esto a Ud. A mí me
gusta escucharlo a Ud. predicar. Pero hay una sola cosa donde Ud.
le pone demasiado énfasis”.
Dije, “Bien, y ¿qué es eso?”
Dijo, “Ud. hace demasiado alarde de Jesús”.
Dije yo, “Ojala que cuando Él venga eso sea todo lo que tiene
en contra mía. Ojalá sea esa la única falla que Él pueda ver en mí. Si
yo tuviera diez mil lenguas no pudiera decir todo lo que Él es”.
Ella dijo, “Pero es que Ud. lo hace que sea Dios”.
Dije, “Es que sí era. De otra manera Él sería el engañador más
grande que el mundo jamás ha conocido”.
Ella dijo, “Él era un profeta”.
Yo dije, “Él era un profeta, correcto, un profeta-Dios, la
plenitud de la Palabra. Al profeta le llegaba la Palabra, en eso era
profeta. Pero Él era la plenitud de esa Palabra”.
Y ella dijo, “Yo le puedo probar a Ud., pero es que Ud. lo hace
Divino”.
Dije, “Él era Divino”.
Y ella dijo, “No puede ser Divino”.
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Entonces Vino Jesús y Llamó
Dije, “Pero lo era”.
Ella dijo, “¿Ud. dice que cree la Biblia?”
Dije, “Así es”.
Ella dijo, “Yo le probaré por medio de su propia Biblia que Él
no era Divino”.
Le dije, “Hágalo. Si así lo dice la Biblia, entonces yo lo creeré,
porque yo creo que la Palabra es lo correcto”.
Ella dijo, “Allá en el camino hacia el sepulcro de Lázaro,
¿recuerda Ud. eso en San Juan 11?”
Dije, “Ciertamente señora”.
Dijo ella, “Pues, en el camino, Él lloró. La Biblia dice que Él
lloró”.
Dije, “Ciertamente, la Biblia dice que Él lloró”.
Dijo ella, “¿Cómo es que pudo ser Divino y llorar?”
Dije, “Él era humano”.
“¿Humano y a la vez Divino?”
Dije, “Sí señora; es que Ud. falla en ver. Él era un hombre,
caminando por allí, llorando con los que lloraban (correcto), triste
con los tristes. Él era un hombre. Pero cuando enderezó Su cuerpo
débil, y dijo, “¡Lázaro, ven fuera!”, y en eso se puso de pie un
hombre que tenía cuatro días de muerto; ese era más que un
hombre, ese era Dios en el hombre. ¿Quién puede levantar a los
muertos fuera de Dios? ¡Él es la resurrección y la Vida! Correcto.”
Aquella noche allá sobre el mar, cuando Él estaba allí, muy
cansado, descansando en la parte trasera del barco, cuando diez mil
demonios juraron que lo ahogarían esa noche; y la lanchita estaba
rebotando como un corcho en el mar tempestuoso. Aquellos
demonios pensaron: “Ahora sí lo tenemos. Está allí dormido. Los
hundiremos a todos”. Oh, Él era un hombre, cansado, pero cuando
lo despertaron y Él colocó un pie sobre la barandilla del barco, y
miró y dijo, “Sea la paz”, y el viento y las olas le obedecieron, ese
fue más que un hombre.
Él era hombre cuando tuvo hambre. Venía bajando del cerro,
buscando algún pedazo de pan o algo de comer, o un higo de la
higuera. Pero cuando tomó cinco panecitos y dos pescaditos y con
eso alimentó a cinco mil, ese era Dios en aquel hombre. Correcto.
Oh, todo hombre que alguna vez halla valido algo ha creído
eso; todos los poetas creían eso. Con razón uno de ellos escribió:
Viviendo, me amó; muriendo me salvó.
Sepultado, mis pecados lejos llevó.
Al levantarse, libremente para siempre me justificó.
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Entonces Vino Jesús y Llamó
como hizo Nicodemo, para tener una entrevista personal. Era tiempo
para actuar; el tiempo había llegado para actuar, y él tenía que actuar
ya de una vez.
Y yo pienso hermano y hermana que lo mismo existe hoy. El
tiempo ha llegado para actuar. El tiempo ha llegado para creer o no
creer. Esa línea de separación viene a todo hombre y a toda mujer; y
viene a todo niño. Algunas veces cuando Ud. pasa esa línea entonces
le queda una sola cosa: el juicio, cuando Ud. pasa entre la misericordia y el juicio, cuando Ud. se pasa de esa línea.
Recuerden, él entró en angustia. Él no sabía ni qué hacer. Allí
estaban parados sus sacerdotes, todos los rabinos a su alrededor.
Todo el compañerismo estaba allí con él, presenciando la muerte de
su niña. El médico estaba parado afuera, con las manos cruzadas,
“Le he administrado todas las medicinas que tengo, y aún así”.
Vean, era Jesús obrando en todo eso. Jesús estaba haciendo
todo esto con un propósito, para mostrar los colores de este
hombre. Después de un rato, puedo ver que va y se pone su sombrero negro, y se pone su saco de sacerdote.
“¿A dónde vas?”
“Supe que Él está allá junto al río. Lo voy a ir a buscar.” Y se
fue.
En esa hora de angustia él tuvo que tomar una decisión: o
permitir que muriera su hija, o reconocer que Aquel era la
manifestación de la Palabra. Él era sacerdote, y había leído la
Palabra, y él sabía que Aquello era la manifestación de Dios. Dios
estaba en Cristo, reconciliando el mundo a Sí mismo. Él sabía eso, y
fue presionado a encarar la situación. Y él tenía que cometer un
error: permitir que muriera su hija, o confesar abiertamente.
Cuando llegó a tal angustia entonces fue cuando llegó Jesús. Él
fue a encontrarlo. Él dijo, “Estaré de acuerdo con todo lo que Tú
digas”. Y entonces apareció un mensajero que venía corriendo en
esa hora oscura. Él había confesado que sí le creía. En eso ya se
había excomulgado por sí mismo, y se había puesto ante el público
que era creyente en Jesús.
Y llegó el mensajero y dijo, “No molestes a nadie, tu hija ya
murió. Murió ayer. Ya está muerta. Ya no pienses en esto”. Oh, en
eso casi le falló el corazón.
Pero miró y vio esos ojos de Jesús quien le dijo, “¿No te dije
que no temieras si deseas ver la gloria de Dios? ¿Por qué temes? Ya
te dije que iría contigo.”
Él ya dijo que vendría. Él ya dijo que haría esto, y aquí está
haciéndolo. Amén. Él dijo que llegaría a la escena en los últimos días
17
Entonces Vino Jesús y Llamó
“Pero nuestros padres comieron del maná en el desierto”.
Él dijo: “Y todos ellos están muertos. Pero YO SOY EL QUE
SOY”. Con Moisés allá en la zarza ardiente, ese era el YO SOY. Él
aún es el YO SOY, no el yo era, sino YO SOY, tiempo presente, todo
el tiempo.
Descubrimos aquí que Moisés estaba como arrinconado, y
luego Cristo llegó. Y la Biblia dice que Moisés tuvo “por mayores
riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios”. ¡El
vituperio de Cristo! Cristo era la unción, el Logos que salió de Dios,
el Ángel. Cualquier lector de la Biblia sabe que aquel Ángel era
Cristo. Y allá estaba en el desierto, y Él llegó a la escena, en la forma
en que debía ser manifestado. ¡Gloria a Dios! Y Él viene hoy día en
la forma, el mismo Cristo, en la forma en que de ser manifestado.
Él les dijo allá que los sacaría; y lo estaba haciendo. Él vino allí
para pararse al lado de Su Palabra, para vindicarla. Y después de
haber llegado, como ocurrió con Marta, luego llamó. Dijo: “Moisés,
¿por qué me estás clamando a Mí? Habla al pueblo, para que
avancen”. En aquella hora tan oscura se abrió el Mar Rojo y ellos
cruzaron, en su jornada para cumplir la Palabra de Dios. Sí, en la
hora más oscura para Moisés, entonces fue cuando llegó Jesús. Y
así fue como llamó a Moisés. Aún nos queda tiempo.
Quiero llamarles la atención a otro varón. Su nombre era Jairo.
Existen tantos en el mundo hoy día. Él era un creyente secreto. Él
amaba a Jesús; había oído de Él, y le creía. Pero vean, él ya se
había unido a una organización. Sí, es que él no podía confesar esto
abiertamente. Él le creía pero no lo pudo confesar, por lo tanto ya se
había unido con los incrédulos. Pero en realidad le creía.
Saben Uds., cuando un hombre llega a estar en esa condición,
algunas veces Dios lo lleva a un reto. Es en la angustia cuando en
realidad mostramos los colores, lo que en verdad somos.
Entonces allí estaba él, ya unido con los incrédulos, y ya había
firmado el registro, y demás cosas. Y él era un sacerdote, y por eso
le era muy difícil hacer esa confesión, porque aquello era su fuente
de ingresos. Pero aún así él amaba a Jesús.
Cierto día se le enfermó la hija. ¡Oh, qué cosa! Sin duda, un
hombre tal como él hubiera llamado al médico. Llegó el médico y
atendió a la niña. Pero la fiebre siguió de mal en peor. Al poco
tiempo ella se puso tan caliente y por fin llegó al punto de la muerte.
Él estaba angustiado; tuvo que hacer algo, pero él no supo qué
hacer.
Luego pensó: “Si solamente pudiera yo encontrarlo, a
dondequiera que estuviese”. Ahora, él no esperó hasta la noche,
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Entonces Vino Jesús y Llamó
Algún día volverá, ¡oh qué día más glorioso!
En cierta ocasión casi no había venta de los himnos de Eddie
Perronet. Pero un día, tambaleando bajo el impacto del Espíritu
Santo, él tomó la pluma y escribió el himno de inauguración cuando
escribió:
Loores dad a Cristo el Rey, suprema potestad;
De Su divino amor la ley, postrados aceptad.
¡Aleluya! Ciertamente, eso es lo que creemos que Él fue. Sí
señor.
Ahora bien, ella tenía que creer para lo imposible, según el
pensamiento moderno de aquel día. Igualmente, Ud. ahora tiene que
creer para lo imposible, para ver vida nueva, para ver que algo
suceda. Pero si ella reconocía que Él era la Palabra, entonces lo
imposible podía ocurrir, por cuanto Él es el Creador y cumplirá todo
cuanto haya dicho.
¡Todo es posible para aquellos que pueden creer! Esa es Su
Palabra. Y lo imposible se manifiesta cuando se toma a Dios en Su
Palabra. Sí señor. Cuando se toma a Dios en Su Palabra, lo
imposible se manifiesta. Cuando Dios dice que cierta cosa será, Ud.
entonces tome esa palabra y vigile bien, lo imposible ocurrirá.
Cierto.
Pero noten bien, que aún con todo eso, ella dijo: “Señor, mas
también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará”. Ella
sabía que si tan sólo pudiera lograr que esa Palabra saliera de Él. Eso
es todo lo que necesitaba, obtener esa Palabra. Sí, era su hora más
oscura, y Jesús llegó y llamó. ¡Oh, qué cosa vieron ellos, una
resurrección! Veamos otros que pasaron por horas oscuras.
En una ocasión hubo un varón llamado Job, uno de los
profetas más ancianos de la Biblia. Él era un gran hombre. Él había
amado a Jehová, y había hecho cuanto sabía hacer. Pero Satanás
deseaba sacudirlo, y cierto día Dios le dijo, “Satanás, ¿dónde has
estado?”
Dijo, “Oh, caminando de arriba para abajo, por toda la Tierra”.
Le dijo, “¿Has considerado a mi siervo Job? No hay otro como
él en toda la Tierra. Él es un varón perfecto”.
Y él dijo, “Oh, seguro. Le has dado de todo y haces todo para
su bien. Ciertamente, él es un gran hombre. Pero déjamelo a mí, yo
le cambiaré la tonada. Yo haré que te blasfeme en Tu propia cara”.
Dios dijo, “No lo puedes lograr”. Esa es la confianza que Él
tiene en un creyente. ¿Por qué? Él es Infinito. Él es Eterno; Él
conoce el fin desde el principio; y Él sabía que Satanás no podía
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Entonces Vino Jesús y Llamó
lograr nada. Él es la Palabra, y Él sabía lo ocurriría con Job.
Ahora recuerden, a Job lo atacó con sarna maligna; le mató
todos los hijos; le quitó todo cuanto tenía; estaba quebrantado de
salud. Luego llegaron sus consoladores, los cuales no podían hacer
más que acusarlo de ser un pecador secreto. Y Job llegó a tal grado
que entró en angustia.
Y Ud. tiene que primero entrar en angustia. Ud. tiene que llegar
al final del camino.
Job llegó al final del camino cuando dijo, “Maldito sea el día en
que nací. Que no brille el sol, y que la luna no dé su luz de noche, y
que jamás se oiga el nombre”. Y en aquella angustia fue cuando llegó
Jesús.
Él miró y dijo, “Veo al hombre. Veo que muere una flor, y se
levanta de nuevo en la primavera. Si se cae un árbol, se renueve con
el olor del agua”. Él vio que toda la vida botánica renacía, pero dijo,
“El hombre cae, entrega el espíritu, y ¿qué pasa?” Él sabía que ya
era anciano. Dijo, “Sus hijos llegan y lo velan, y él no lo percibe. Oh,
que me pudieses esconder en el sepulcro y mantenerme en el lugar
secreto hasta que haya pasado Tu ira. Cítame un tiempo”. Y así
siguió hablando. Él estaba al final, en angustia: “¿Qué pasará? “Las
hojas viven, vuelven en el árbol; las flores regresan y todo lo demás
vuelve, pero el hombre se acuesta y entrega el espíritu”.
Él estaba en angustia. Él no sabía qué pasaría con él, y él así
de anciano. Y siendo así el caso, entonces llegó Jesús. Dios le
enfocó la atención hacia los cielos, y él vio a Jesús llegando en los
últimos días. Fue en la hora más oscura cuando su esposa dijo, “Ya
maldice a Dios y muere”.
Pero él respondió, “Mujer, me hablas como una necia. Jehová
dio, y Jehová quitó, bendito sea el Nombre de Jehová”. Hasta su
propia esposa lo rechazó. Su iglesia lo rechazó. Todo mundo lo
rechazó.
En la hora más oscura, cuando él no sabía ni para donde iba,
entonces llegó Jesús. Entonces él exclamó: “Yo sé que mi Redentor
vive, y al fin se levantará sobre el polvo. Y después de deshecha esta
mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual yo veré por mí
mismo”. En su hora más oscura fue cuando llegó Jesús. Sí señor.
Para Moisés, la hora más oscura llegó allá en Israel. Él estaba
justamente en la línea del deber. Encontró a Dios allá en la zarza
cuando le dijo: “YO SOY EL QUE SOY”. Él entonces fue y
combatió con toda clase de personificaciones, como Janes y
Jambres que trataban de personificar su trabajo. A través de todo
esto él se mantuvo fiel a Dios. Y por fin consiguió que Israel
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Entonces Vino Jesús y Llamó
creyera. Y allí venía, saliendo de Egipto, caminando hacia la tierra
prometida, donde Dios le dijo: “Me adorarás en esta montaña”. Esa
era la Palabra de Dios. Moisés sabía que tenía que llegar hasta esa
montaña. Amén. Porque así dijo Dios. Ningún Faraón lo podía
matar. Ningún Diablo lo podía matar. Nada podía matarlo. Él estaba
en camino a esa montaña. ¡Amén! ¡Aleluya! Me siento religioso. Él
estaba en camino a esa montaña.
¡Y nosotros estamos camino a la Gloria! Nada nos puede
detener. No señor. Dios va a vindicar Su Palabra. No importa lo que
ocurra, Él la va poner por obra de todas maneras. Sí señor.
Él estaba de viaje, en todo el camino del deber. Allí estaba,
acorralado entre las montañas. Él pone atención y escucha detrás de
él un gran ruido. ¿Qué será? Las carrozas de Faraón que venían de
por miles, bien armados y con sus lanzas y cosas, para demolerlos
y acabar con ellos. Allí estaba el Mar Rojo que le tenía cortado el
camino. ¿Qué hizo? Entró en angustia. Todo el pueblo estaba
clamando, “Ahora sí que no hay salida. Faraón nos va matar, sus
espadas nos traspasarán. Nuestros niños morirán aquí en el
desierto”.
Moisés exclamó: “¡Oh, Dios!” Y entonces Jesús llegó a la
escena. Él era la Columna de Fuego. Correcto.
Él bajó y se mantuvo entre él y el peligro. Amén. Él es nuestro
intermediario. Él es el que se para en medio, amén, un mediador. Allí
se paró firme; oscuridad para los egipcios – aquellos que venían
para pelear. Pero era Luz para éstos, con la cual podían caminar.
Luego en la mañana cuando el viento comenzó a soplar muy recio, y
por la noche, ¿qué hizo Él? Es que había venido en la forma de la
Columna de Fuego.
Recuerden, Él aún es esa Columna de Fuego. Sí, señor.
Cuando estuvo aquí en la tierra, Él dijo, “Yo vengo de Dios, y
regreso a Dios”. Después de Su muerte, entierro, resurrección, y
ascensión, San Pablo iba camino a Damasco cuando fue tirado a la
tierra por la Columna de Fuego. Recuerden, él era un hebreo. Él no
hubiera dicho esto. Dijo: “Señor, ¿Quién eres?” Señor con
mayúscula, Elohim. “¿Quién eres que estoy persiguiendo?”
Él dijo, “Soy Jesús”. ¡Amén! ¡Aleluya!
Él es el Primero y el Último, Él es todo. “Un poco y el mundo
no me verá más pero vosotros me veréis. Yo estaré con vosotros y
aun en vosotros” – la misma Columna de Fuego, el mismo Dios
haciendo las mismas cosas, y con la misma promesa (amén),
manifestando Su Palabra. “Yo soy la resurrección y la Vida. Yo soy
el que era, el que es, y el que ha de venir”. Sí señor. Sí.
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