...

FINALIDAD DEL DISCIPULADO Jesús llamó a sus discípulos con

by user

on
Category: Documents
0

views

Report

Comments

Transcript

FINALIDAD DEL DISCIPULADO Jesús llamó a sus discípulos con
FINALIDAD DEL DISCIPULADO
Jesús llamó a sus discípulos con una intencionalidad concreta.
Según la expresión de Marcos, "para que estuvieran con Él y para
enviarlos a predicar". Esta doble finalidad es característica de la
llamada de Jesús. En ninguno de los grupos religiosos de la época
encontramos una exigencia de adhesión personal como la que
encontramos en Jesús. El imperativo "Sígueme" constituye el núcleo
de su llamada.
Seguir a Jesús, ir detrás de él, será clave en el estilo de vida de
sus discípulos. Jesús los llamó para que establecieran una nueva
relación con él, que implica: aprendizaje de su doctrina, imitación de
su estilo de vida e identificación con su destino. Esta identificación
con Jesús es, además, la condición previa para que los discípulos
puedan ser enviados a anunciar y hacer presente el reinado de Dios.
Estas dos finalidades de la llamada de Jesús (seguirle y ser
enviado) nos revelan, de algún modo, su conciencia filial y su
comprensión del proyecto de Dios. Él es el mediador del reinado de
Dios que ha comenzado a llegar, y la difusión de este anuncio es
urgente, y por ello se rodea de un grupo de discípulos que le ayuden
en la tarea. Y como para esa tarea no vale cualquiera, él escogió
cuidadosamente a algunos y dedicó mucho tiempo a instruirlos con su
palabra y con su vida.
Los cuatro evangelios atestiguan que la relación de Jesús con
sus discípulos comenzó por un encuentro inicial en el que él les invitó
a seguirle, término que utilizan las cuatro narraciones evangélicas.
Ser discípulo de Jesús significa ante todo seguirle (Lc 9,60; Mc
1,18; 10,28), ir detrás de él (Mc 1,17.20). Esta expresión tienen
triple sentido en las tradiciones sobre el discipulado: seguimiento
físico, e implican ir físicamente detrás de Jesús para aprender de Él,
no sólo de sus palabras sino también de su forma de actuar; actitud
vital que consiste en compartir su estilo de vida; y estar dispuesto a
compartir su destino.
El seguimiento supone, pues, acompañar a Jesús para escuchar
sus enseñanzas y ver sus signos, vivir como él vivía y compartir su
suerte.
Este aspecto del seguimiento aparece con frecuencia en los
relatos de los evangelios. Los discípulos acompañan a Jesús en todo
momento. El discipulado de Jesús, a diferencia de otras formas de
discipulado de la época, implicaba convivencia continuada; los
discípulos no sólo tenían que aprender unas enseñanzas, sino que
debían ser testigos de las acciones en que se realizaba lo anunciado
por Jesús.
Para conocer a Jesús de Nazaret
María Victoria Cantos Villanueva
1
Esta primera dimensión del discipulado aparece también en la
tradición de los dichos, sobre todo en
una de las bienaventuranzas de Q: "Dichosos vuestros ojos que ven
lo que estáis viendo, porque os digo que muchos profetas y reyes
desearon ver lo que vosotros estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que
oís y no lo oyeron" (Lc 10,23 par.). Ver y oír fue la primera tarea de
los discípulos.
Sobra decir que esta dimensión del seguimiento tuvo una
importancia excepcional en el nacimiento de la tradición evangélica,
pues los discípulos que acompañaron a Jesús fueron quienes
transmitieron a las siguientes generaciones de cristianos los
recuerdos de lo que habían visto y oído; y de esta tradición surgieron
los evangelios (Lc 1,1-4). El estilo del discipulado de Jesús fue
determinante para dicha tradición en varios aspectos, pues, por
ejemplo, el hecho de convivir largo tiempo con Jesús les haría a los
discípulos escuchar repetidas veces sus dichos o sus parábolas.
También es importante que los discípulos, además de escuchar
estas enseñanzas, fueran testigos de las acciones de Jesús, porque
Jesús anunció el reino no sólo con palabras, sino también con obras,
y ambas cosas son necesarias para entender adecuadamente su
mensaje.
Esta condición de testigos de lo que Jesús había hecho y dicho
confirió a los primeros discípulos de Jesús una autoridad que fue
decisiva en las dos primeras generaciones cristianas.
La segunda dimensión del seguimiento tiene mucho que ver
con el estilo de vida de los discípulos y con las exigencias del
discipulado. La clave para entender ambas cosas es que el
seguimiento de Jesús implica compartir su estilo de vida.
Los evangelios han conservado algunos rasgos del este estilo de
vida, que provocaban el escándalo y el rechazo de sus
contemporáneos:
-el conflicto con su propia familia (Mc 3,20-21.31-35);
-su estilo de vida itinerante, sin domicilio fijo (Lc 9,58 par.),
-sus comidas con los publicanos y pecadores (Mc 2,15-17),
-su actitud irrespetuosa hacia algunas normas y prácticas
religiosas, como la observancia del ayuno (Mc 2,18-20), del
descanso sabático (Mc 2,23-28), o de ciertas normas de pureza
ritual (Mc 7,1-15).
Este estilo de vida, que Marcos ha recogido en forma narrativa,
aparece también en la tradición de los dichos, en la que encontramos
algunos de los insultos que sus adversarios dirigían a Jesús a
propósito de estos comportamientos (Mt 10,25: Beelzebul; Lc
7,34:comilón, borracho; Mt 19,12: eunuco). La actuación de Jesús y
las reacciones que su estilo de vida suscitaba nos permiten hacernos
Para conocer a Jesús de Nazaret
María Victoria Cantos Villanueva
2
una idea de lo que implicaba ser discípulo suyo: itinerancia tras él,
comer con publicanos, transgredir normas rituales…
En ese contexto de seguimiento se comprenden bien las
palabras de Jesús acerca del estilo de vida de los discípulos. Las
bienaventuranzas se dirigen a este grupo que lo ha dejado todo por
seguirle. Las palabras acerca de la confianza en el Padre cuadran
perfectamente en un grupo que ha roto con todos los vínculos
sociales, lo mismo que las instrucciones sobre el peligro de las
riquezas.
Hay un común denominador en las palabras de Jesús que
hablan de las exigencias del seguimiento y del estilo de vida de los
discípulos: la ruptura con las estructuras de este mundo, como son
familia o grupo religioso, para inaugurar un nuevo estilo de vida más
acorde con la inminente llegada del Reinado de Dios. El grupo de los
discípulos se convierte así en germen y anticipo del Reinado de Dios
que Jesús anuncia.
Es tal la novedad de este Reinado que no es posible vivir según
sus criterios sin romper con las estructuras de este mundo, pues
"nadie puede servir a dos señores" (Lc 16,13). La ruptura con la casa
y los demás rasgos del comportamiento contracultural de Jesús y sus
discípulos estaban al servicio de este objetivo: encarnar
proféticamente la novedad del Reinado de Dios. .
La tercera dimensión del discipulado, aprender compartiendo el
destino de Jesús, es una consecuencia de la anterior, pues el hecho
de vivir como Jesús vivía hizo que los discípulos tuvieran que
experimentar el rechazo social, al mismo tiempo que les introducía en
una nueva relación con Dios. El destino de Jesús tuvo estas dos
dimensiones: por un lado, el rechazo y la muerte; por otro, la gloria y
la resurrección. Ambos aspectos aparecen en las palabras que dirigió
a sus discípulos.
Compartir el destino de Jesús implica entrar en el ámbito de las
bienaventuranzas, que hace a los discípulos objeto de la solicitud y de
la promesa de Dios.
Tanto los dichos de Jesús que hablan de la solicitud del Padre y
de la confianza en él, como la actitud confiada que supone el
Padrenuestro, se refieren a éste estado de bienaventuranza del que el
discípulo ya participa.
Los discípulos han empezado a gozar ya de este don, aunque
saben que el Reinado de Dios aún no ha llegado totalmente, y por eso
deben orar diciendo: "venga tu Reino". Saben que cuando el reino
llegue plenamente su recompensa será grande por haber
permanecido fieles a Jesús. Es aquí donde encajan las palabras de
Jesús sobre la recompensa de los discípulos:
Para conocer a Jesús de Nazaret
María Victoria Cantos Villanueva
3
Pedro: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos
seguido; ¿qué recibiremos, pues?’
Jesús: ‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en
la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su
gloria, os sentaréis vosotros en doce tronos para juzgar a las
doce tribus de Israel. Y todo aquél que haya dejado casas,
hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi
nombre, recibirá el ciento por unos y heredará la vida eterna’
(Mt 19,27-30 par.).
Ahora bien, compartir el destino de Jesús implica también
compartir su rechazo y su muerte. Ya hemos dicho que los discípulos
experimentaron el mismo rechazo que Jesús al vivir como él vivía.
Este estilo de vida le llevó a Jesús a la cruz, y era previsible que a los
discípulos les sucediera lo mismo.
En este aspecto son especialmente relevantes los dichos de
Jesús que Marcos ha colocado a continuación de los tres anuncios de
la pasión (Mc 8,34-38; 9,35-37; 10,41-45). En ellos, junto a la
exhortación de hacerse servidor y esclavo de los demás, se habla de
perder la propia vida y de tomar la cruz. El último de estos dichos
relaciona explícitamente ambas cosas, explicando que el mayor
servicio consiste en entregar la propia vida por los demás: "pues el
Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a entregar
su propia vida como rescate por todos" (Mc 10,45).
Resulta difícil saber si todas estas palabras proceden de Jesús,
pero es evidente que en ellas resuena el eco de una invitación a
compartir su actitud de servicio entregando la vida por los demás.
Para conocer a Jesús de Nazaret
María Victoria Cantos Villanueva
4
Fly UP