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1 LLAMÓ DIOS AL FIRMAMENTO CIELO La acción de “poner

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1 LLAMÓ DIOS AL FIRMAMENTO CIELO La acción de “poner
DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS Y DOCUMENTACIÓN
LLAMÓ DIOS AL FIRMAMENTO CIELO
La acción de “poner nombre” al firmamento indica la soberanía de Dios sobre
el universo. Al entregarlo al hombre como “casa” y “heredad”, el ser humano
tiene responsabilidad, respecto al Creador y dueño, de administrarlo sin
perjudicarlo, y transmitirlo a las generaciones futuras.

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 300
«Dios es infinitamente más grande que todas sus obras (cf. Si 43,28): "Su majestad
es más alta que los cielos" (Sal 8,2), "su grandeza no tiene medida" (Sal 145,3).
Pero porque es el Creador soberano y libre, causa primera de todo lo que existe,
está presente en lo más íntimo de sus criaturas: "En él vivimos, nos movemos y
existimos" (Hch 17,28). Según las palabras de san Agustín, Dios es superior summo
meo et interior intimo meo ("Dios está por encima de lo más alto que hay en mí y
está en lo más hondo de mi intimidad") (Confessiones, 3,6,11) ».

S. JUAN PABLO II, Mensaje para la XIII Jornada mundial de la paz, 1 de enero
de 1990, n.6.
«Algunos elementos de la presente crisis ecológica revelan de modo evidente su
carácter moral. Entre ellos hay que incluir, en primer lugar, la aplicación
indiscriminada de los adelantos científicos y tecnológicos. Muchos descubrimientos
recientes han producido innegables beneficios a la humanidad; es más, ellos
manifiestan cuán noble es la vocación del hombre a participar responsablemente en
la acción creadora de Dios en el mundo. Sin embargo, se ha constatado que la
aplicación de algunos descubrimientos en el campo industrial y agrícola produce, a
largo plazo, efectos negativos. Todo esto ha demostrado crudamente cómo toda
intervención en una área del ecosistema debe considerar sus consecuencias en
otras áreas y, en general, en el bienestar de las generaciones futuras.
La disminución gradual de la capa de ozono y el consecuente «efecto invernadero»
han alcanzado ya dimensiones críticas debido a la creciente difusión de las
industrias, de las grandes concentraciones urbanas y del consumo energético. Los
residuos industriales, los gases producidos por la combustión de carburantes fósiles,
la deforestación incontrolada, el uso de algunos tipos de herbicidas, de refrigerantes
y propulsores; todo esto, como es bien sabido, deteriora la atmósfera y el medio
ambiente. De ello se han seguido múltiples cambios meteorológicos y atmosféricos
cuyos efectos van desde los daños a la salud hasta el posible sumergimiento futuro
de las tierras bajas.
Mientras en algunos casos el daño es ya quizás irreversible, en otros muchos aún
puede detenerse. Por consiguiente, es un deber que toda la comunidad humana —
individuos, Estados y Organizaciones internacionales— asuma seriamente sus
responsabilidades».
1
DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS Y DOCUMENTACIÓN

JUAN PABLO II, Discurso a los participantes en un Congreso Internacional
sobre «Ambiente y salud» (24 978 de marzo de 1997), 5 en: L'Osservatore
Romano, edición española, 11 de abril de 1997, p. 7.
«La humanidad de hoy, si logra conjugar las nuevas capacidades científicas con una
fuerte dimensión ética, ciertamente será capaz de promover el ambiente como casa
y como recurso, en favor del hombre y de todos los hombres; de eliminar los factores
de contaminación; y de asegurar condiciones de adecuada higiene y salud tanto
para pequeños grupos como para grandes asentamientos humanos. La tecnología
que contamina, también puede descontaminar; la producción que acumula, también
puede distribuir equitativamente, a condición de que prevalezca la ética del respeto a
la vida, a la dignidad del hombre y a los derechos de las generaciones humanas
presentes y futuras».
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