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UN DÍA LOCO EN LA VIDA DEL PROFESOR KANT PROPUESTA

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UN DÍA LOCO EN LA VIDA DEL PROFESOR KANT PROPUESTA
UN DÍA LOCO EN LA VIDA DEL PROFESOR KANT
PROPUESTA DE LECTURA
Por Serafín Portillo
COLECCIÓN LOS PEQUEÑOS PLATONES
ÍNDICE
Introducción
...............
3
Esquema de contenidos
...............
5
Parte I: La mañana
...............
7
Primera transición
...............
9
Parte II: Crítica de la razón pura
...............
10
Parte III: Crítica de la razón práctica
...............
14
Segunda transición
...............
16
Parte IV: El imperativo categórico y la sobremesa
...............
17
Parte V: Fin del día loco
...............
20
Actividades
...............
22
En el ámbito familiar
...............
23
En el ámbito escolar
...............
26
Parte I
...............
26
Transición
...............
27
Parte II
...............
30
Parte III
...............
32
Parte IV
...............
33
En el ámbito de las instituciones de fomento de la lectura
...............
36
Pasatiempos kantianos
...............
37
Solución a los pasatiempos
...............
43
Enlaces de interés
...............
45
INTRODUCCIÓN
¿Qué ventajas presentan los libros de esta colección?
Los libros de la colección Los Pequeños Platones, destinados a suscitar la reflexión en los jóvenes y a
familiarizarlos con los textos expositivos que han jalonado la historia del pensamiento humano, organizan
su contenido a través de una estructura narrativa. De este modo, los principios, sentencias y máximas de
los distintos filósofos y pensadores se articulan dentro de un relato comprensible. Éste no es otro que el
de la propia vida del filósofo, ya sea total o parcialmente considerada. Mediante tan sencillo mecanismo
se acerca a los jóvenes a la filosofía desde tres perspectivas necesarias:
• Concreción
Por un lado, el rango más o menos abstracto que puedan tener muchos de los contenidos se concreta en una anécdota desde la que comprenderlos y pensarlos.
• Contextualización
En segundo lugar, la exposición de la vida o parte de la vida del pensador sirve de primera aproximación y familiarización con la biografía del mismo y con una cierta noción de la historia del pensamiento.
• Correlato crítico
Por último, esta familiaridad permite la correlación con la biografía y las anécdotas personales de
nuestros pequeños lectores y lectoras, propiciando una más fácil asimilación crítica con la propia
vida y el propio pensamiento.
¿A quiénes van dirigidos estos libros?
Aunque la colección ha sido concebida como un instrumento ameno para cualquier edad, es cierto que
su principal interés pasa por ser un tipo de exposición destinada a lectoras y lectores a partir de los nueve
años, y muy especialmente entre los nueve y los trece o catorce. La colección apuesta tanto por la palabra
como por la imagen, buscando una presentación atractiva y un objeto a la vez reflexivo y lúdico.
En tal sentido puede ser un instrumento valioso para madres y padres interesados en esta decisiva
cuestión educativa, para profesores de filosofía o aquellos a quienes convengan en algún momento tales
textos, y, finalmente, y no en menor medida, para personal bibliotecario y gestores culturales (dinamizadores, monitores de clubes de lectura, monitores de ocio y tiempo libre, etc.).
¿Qué pretende aportar esta guía?
Esta guía en modo alguno intenta ser una especie de manual de uso de los textos. Cada lector, cada educador, podrá obtener el mejor aprovechamiento de los mismos desde su personal iniciativa. Incluso sin
necesidad de ayuda alguna las pequeñas y pequeños que se acerquen libremente a estas historias podrán
disfrutar de ellas como de cualquier otra narración.
La guía es sólo un conjunto de sugerencias de uso, de ideas de partida, de posibilidades que se abren
ante el lector-educador con el fin de prestarle un primer umbral desde el que afrontar los textos y aprovechar algunas de sus múltiples posibilidades. De este modo, nos proponemos no tanto una guía de uso,
cuanto una propuesta que cada lector-educador podrá complementar y ampliar después con su mejor
criterio.
3
¿Y qué más?
Para situar a los autores en su circunstancia social e histórica y facilitar una serie de informaciones complementarias, al final de este cuaderno se facilita una serie de enlaces de interés, mediante los que la consulta en Internet les resultará rápida y fácil.
¿Qué estructura sigue este cuaderno?
Una guía de contenidos
En primer lugar, se realiza un amplio esquema de ideas, según el desarrollo de contenidos del relato. Lo
que pretendemos es señalar la estructura organizativa de los contenidos filosóficos integrados en la narración. Su finalidad es que el adulto que maneje la misma pueda tener a mano una suerte de mapa interior
del desarrollo de los principales conceptos puestos en juego por la narración. En buena medida esta propuesta puede ser un tanto redundante, una glosa innecesaria, pero, en todo caso, servirá para orientar a
quienes no estén demasiado familiarizados con los asuntos que aquí se tratan. Facilitará también el poder
mantener siempre a la vista la organización de los contenidos. Ello puede ser útil a la hora, por ejemplo,
de programar actividades en un centro de enseñanza o en una biblioteca o club de lectura.
Un conjunto de actividades posibles
En segundo lugar, la guía, siguiendo más o menos la estructura planteada en el esquema de ideas, desarrolla una serie de propuestas válidas según tres ámbitos: 1) familiar; 2) escolar o académico; y 3) de
instituciones culturales relacionadas con el fomento de la lectura (principalmente: bibliotecas, clubes de
lectura, asociaciones infantiles y juveniles de tiempo libre, etc.).
Ahora bien, es importante señalar que estos tres ámbitos no son cajones estancos. Al contrario, convendrá al docente tener en cuenta la propuesta de lectura que se dirige a las familias, pues tal esquema
puede ser aplicado en el aula. Y las madres y padres podrán aprovechar muy bien las actividades de aula
que se proponen en el ámbito académico. Del mismo modo, las instituciones relacionadas con el fomento
de la lectura podrán valerse, a la vez, tanto de las propuestas para la familia como de las propuestas para
el aula, a fin de integrar en sus programaciones nuestros textos.
Breve sección de pasatiempos
Se añaden al final unos breves pasatiempos en relación con la lectura y compresión de la obra. No pretenden ser un catálogo exhaustivo de ejercicios lúdicos, pero sí facilitar unos recursos sencillos con que
poder abrir el apetito de nuestras lectoras y lectores o, pues ambas posibilidades son plausibles, brindar un
entretenido postre a todo el conjunto de actividades.
Los enlaces de interés
Como ya hemos comentado más arriba, se añaden una serie de elementos de consulta en Internet con el
fin de facilitar fuentes de rápida y asequible información desde cualquier ámbito.
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ESQUEMA DE CONTENIDOS
Un día loco en la vida del profesor Kant
¿Cómo está organizado Un día loco en la vida del profesor Kant?
La peripecia biográfica de Immanuel Kant en este texto abarca el espacio de un día, pero dividido en dos
jornadas o tramos, el de la mañana y el de la tarde.
PARTE I: LA MAÑANA
• Contexto
• El compromiso social de los ilustrados. La lucha contra la superstición
• El astrolabio: «He aquí la ciencia»
PRIMERA TRANSICIÓN
• La condesa Keyserling y los puentes de Königsberg
• El problema de los puentes de Königsberg
• El amigo Rousseau
PARTE II: CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
• En la universidad
• Crítica de la razón pura: límites y posibilidades del conocimiento
• Racionalistas
• Empiristas
• La revolución copernicana de Immanuel Kant
• Las preguntas de la filosofía
• La filosofía como crítica
• Juicios analíticos y sintéticos, a priori y a posteriori
PARTE III: CRÍTICA DE LA RAZÓN PRÁCTICA
• El acto libre
• Metafísica de las costumbres
SEGUNDA TRANSICIÓN
• Carta de María Charlotta J.
• Circunnavegación enciclopédica del mundo
PARTE IV: EL IMPERATIVO CATEGÓRICO Y LA SOBREMESA
• ¡A comer!
• La ética formal kantiana
• El imperativo categórico
• Noticias desde París
• La paz perpetua
PARTE V: FIN DEL DÍA LOCO
• María Charlotta y el orden tranquilizador e ideal de la belleza frente al pavor cósmico de la tormenta
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INTRODUCCIÓN
El crepúsculo en Königsberg
Marco urbano en que se va a desarrollar nuestra historia y la vida toda de Immanuel Kant, la ciudad de
Königsberg. Hay pinceladas sucintas sobre la melancolía crepuscular de las llanuras polacas. Algo en razón de ese aspecto de ciudad provinciana en los extremos de Prusia. Un paseante regresa con las luces de
la tarde, el propio filósofo. Hay una mención a su capacidad intelectual en esa propuesta imaginaria de ser
adversario de Dios en el tablero de ajedrez. Pues, en efecto, una de las funciones de la filosofía kantiana
consistió en hacer una crítica de los fundamentos del conocimiento humano, es decir, del conocimiento
racional, diferenciando el verdadero conocer de la mera creencia (por respetable que sea) o de la superchería.
PARTE I: LA MAÑANA
Contexto (págs. 4 a 7)
La acción se inicia en una radiante mañana de verano. Es una especie de «hágase la luz» con la que el día
ilumina el mundo, tal como los ilustrados pretendieron hacer con el mundo social de su época. Obsérvese
que esta mañana radiante (las Luces) termina, al anochecer, con una tempestad que «hacía temblar las
pilas de libros» en la casa del filósofo (pág. 60).
Su criado, Lampe, soldado prusiano con un estricto sentido del deber, despierta a Kant a la hora exacta
a que todos los días debe hacerlo. Esta breve anécdota, más allá de su indiscutible aire de comedia, nos
sitúa ante el tema del deber y del método, del rigor formal que se deriva de la aplicación de la razón a la
vida práctica, de los imperativos kantianos, de que ya hablaremos.
El deber es una formalidad que se constituye como tal, independientemente de nuestros deseos o estado de ánimo –como podría ser la pereza en este caso– . Además, se nos presenta a un hombre rutinario,
de costumbres fijas. Sus hábitos son inquebrantables: levantarse, ser afeitado, empolvar su peluca, vestirse
y pasar al gabinete donde lo primero era atender a la correspondencia.
El compromiso social de los ilustrados. La lucha contra la superstición (págs. 8 a 12)
Kant, que apenas salió de su natal Königsberg, estuvo siempre en medio del mundo, podríamos decir.
Vemos al filósofo enfrascado en responder «a las tonterías que estaban de moda» (pág. 7). Se trata sin
duda de una de las misiones que se impusieron los ilustrados: combatir la superstición y la superchería, las
falsas creencias no fundadas en la razón ni respaldadas por la experiencia. En esta ocasión, le toca rebatir
a un «estrafalario sueco» (pág. 7) llamado Swedenborg1.
Comunicarse con los muertos o con cualquier otra cosa más allá de este mundo era inadmisible para
Kant. Lo que está más allá de este mundo físico, su fundamento último ha sido el objeto de estudio de
la metafísica2. Pero para Kant la metafísica no podía constituir un conocimiento científico. Más adelante
Emanuel Swedenborg (1688-1772), tocayo suyo, por cierto, no fue precisamente un ignorante ni un zote supersticioso, sino un destacado
científico y un singular teólogo. Hasta los 56 años, su vida estuvo dedicada exclusivamente a la investigación científica en diversos campos.
Viajó por buena parte de Europa y fue un precursor de la ingeniería submarina y aeronáutica, con alguno de los primeros diseños de avión y
submarino. Pero, a partir de los 56 años, abandonó estas investigaciones para dedicarse a la teología y la psicología. En la Wikipedia: http://
es.wikipedia.org/wiki/Emanuel_Swedenborg
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La metafísica se ocupa del estudio de las causas primordiales o fundamentos de la realidad, pero no de la realidad misma, que es consecuencia de aquellas. El nombre proviene del griego meta (ta) physica «después de los -libros- físicos», con el que Andrónico de Rodas clasificó
las obras de Aristóteles que trataban de lo que éste llamaba filosofía primera, por dedicarse al estudio de esas causas primeras o conceptos
universales que fundamentaban la realidad. Véase los correspondientes enlaces.
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veremos por qué, cuando el pensador exponga su teoría del conocimiento ante los estudiantes reunidos
en el aula de la universidad.
La disputa no sólo venía del rechazo de las supercherías, sino de cuestiones más serias acerca de los
límites del conocimiento y, en última instancia, del conocimiento de Dios.
Las supersticiones irritaban a Kant, pero no dejaban de ser fáciles de rebatir, al fin y al cabo eran irracionales e infundadas.
¡Cómo iba Swedenborg a hablar con los muertos si el alma no es más que una idea trascendental, un
molde en el que unificamos todas las percepciones del yo y del mundo psíquico! A Kant no le daban
ningún miedo los cementerios (pág. 10).
Estas ideas las expresó de hecho en un famoso opúsculo, Sueños de un visionario, comentados por los sueños de
la metafísica, que escribió por petición de unos amigos, preocupados por la fama que la obra visionaria de
Swedenborg estaba adquiriendo. El autor sueco había ganado gran prestigio como científico e ingeniero,
no era un fantoche cualquiera, así que las afirmaciones que exponía en su obra, Arcana coelestia (17471758), inquietaban a los amigos de Kant, que querían saber la opinión del filósofo. En ella, Swedenborg
mantenía haber hablado con los ángeles y haber tenido experiencias de visiones del mundo angélico y del
lugar donde estaban los demonios, junto a otra serie de revelaciones y experiencias ultramundanas.
Kant, que no había escrito por entonces su primera y fundamental obra, Crítica de la razón pura (1781),
debía de tener ya en mente buena parte de los postulados de la misma. Desde luego, en el citado opúsculo trató a Swedenborg de personaje «delirante» y «desequilibrado» y a sus visiones de «figuras bárbaras e
indeciblemente estúpidas».
La figura de Swedenborg debía, en efecto, de irritar mucho al maestro de la racionalidad crítica. Él
estaba interesado en la magna obra de su siglo, levantar sin desaliento el gran edificio de la Razón. De ahí
la «malicia» (pág. 10) ante el extraordinario don atribuido a Swedenborg: ¡adivinar el futuro! A Kant le
interesa el profeta que pueda «construirlo», no adivinarlo.
El astrolabio: «He aquí la ciencia» (págs. 13 a 15)
Así pues el único conocimiento posible es el conocimiento racional, el que proviene de los esquemas de
la lógica y de los datos de la realidad. Su forma más depurada, la ciencia, es el modo adecuado de conocer
las cosas. Por eso la ciencia explica. Y sus explicaciones resultan factibles, se pueden comprobar y someter
a experimentos. Esto implica que permiten enunciar leyes y principios. Así sucedió con el descubrimiento
heliocéntrico de Copérnico, que explicaba por qué el movimiento de los astros se producía del modo
como se producía. Los modelos anteriores, geocéntricos, suponían múltiples problemas para alcanzar un
modo de representación que coincidiese con la realidad.
Con la ciencia se hace posible construir un modelo matemático y su correspondiente instrumento.
Este es el caso del astrolabio3, que nos permite no sólo saber dónde están los cuerpos celestes ahora mismo y por qué, sino dónde estarán mañana. Con el astrolabio los navegantes podían calcular su latitud en
medio de los inmensos océanos o, caso de conocer ésta, averiguar la hora. «¡He ahí la ciencia!», exclama
nuestro filósofo.
Era el siglo XVIII y la navegación terrestre estaba en su mayor auge, se había hecho necesario desde
el descubrimiento de América y la posterior circunnavegación de los españoles, alcanzar todos los puntos
del planeta y llevar la conquista allí donde el comercio o la riqueza mineral lo aconsejaran. Los grandes
viajes a través de los océanos, sin posibilidad de cabotaje, exigían una tecnología de orientación enormemente precisa. El astrolabio, la brújula y el sextante, mejorados por los modernos avances científicos,
fueron sus instrumentos más preciados.
Astrolabio (del griego άστρολαβιον: astrolábion): instrumento de forma circular que supone una proyección estereográfica de la esfera
celeste, con mecanismos móviles para calcular respecto de la posición del sol la de los astros, la latitud y la hora, aunque esto depende de la
finalidad, pues hay distintos tipos de astrolabios (marinero, islámico, etc.). Más información en nuestra sección de enlaces.
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Pero hay otra clave para interpretar las palabras y el entusiasmo de nuestro filósofo. Kant creyó encontrar en su método de crítica un giro copernicano en la historia de la filosofía, una revolución equiparable
a la que en la ciencia astronómica había supuesto el modelo heliocéntrico. Ello afecta a ideas que veremos
más adelante, al referirnos a su Crítica de la razón pura (1781). Principalmente, la concepción kantiana de
que el sujeto sensible es un sujeto activo, no pasivo, que configura y determina lo percibido.
PRIMERA TRANSICIÓN
La condesa Keyserling y los puentes de Königsberg (págs. 16 a 21)
Kant recibe carta de la condesa de Keyserling. Tras unas dudas y vacilaciones, se mira en el espejo. Esa
reflexión de su imagen en el cristal le lleva a plantearse el tema de la percepción: lo que veo, según mi
modo de ver, y lo que realmente sea eso que veo. Por ejemplo: nunca me veo como me ven los otros, sino
en una imagen invertida. «¡Nadie puede ver el mundo tal y como es en sí mismo!», la frase nos devuelve
en parte a lo dicho en el epígrafe anterior. Nadie alcanza a percibir ni a conocer el mundo en cuanto tal,
en sus noúmenos, sino en cuanto la imagen que me llega de él, en sus fenómenos.
Pero el estricto sentido del deber de Kant no permite que las pasiones sentimentales le hagan olvidar
la obligación de dirigirse a su clase en la universidad.
El problema de los puentes de Königsberg (págs. 20 y 21)
Y allá fue «pasando una sola vez por cada uno de los siete puentes de la ciudad». Kant posiblemente no
creyera en milagros, pero parece que los hiciera él mismo. Desde luego no es de extrañar que nadie haya
conseguido saber cómo se las ingeniaba nuestro chino de Königsberg. Y suponemos que a Euler4 y a toda
la tradición matemática posterior no debió de hacerle mucha gracia que Kant se llevara este secreto a la
tumba.
En fin, todo ello es una pequeña broma de un texto dedicado al placer del conocimiento.
Porque lo cierto es que los siete puentes de Königsberg –que sortean el río Pregolya y que guardan exactamente una distribución y relación con el terreno como la que se representa en la ilustración de la págs.
20 y 21– dieron mucho que hablar en la época.
El condado de Königsberg acogió por entonces a relevantes figuras del mundo intelectual y científico, además de nuestro autor. Entre otros, filólogos como Johann Georg Hamann o matemáticos como
Christian Goldbach. Y el mencionado Euler, uno de los genios matemáticos más decisivos de todos los
tiempos. Se puso de moda, entre ellos y entre los ciudadanos cultos de la ciudad, el siguiente desafío matemático: ¿era posible cruzar todos los puentes de la ciudad pasando por ellos sólo una vez?
Y no es posible. Pero lo importante de esta imposibilidad es que Euler lo demostró matemáticamente,
y no, como otros lo habían intentado, por el expedito método de agotar todas las alternativas posibles.
La solución de Euler no sólo permitía determinar el asunto de los siete puentes sobre el Pregolya, sino
hacerlo extensivo a todo un conjunto de fenómenos relacionados con la representación espacial. De ahí
nació la actual topología. El mapa del metro con sus curiosas formas de representar las líneas y los puntos
de transbordo es un resultado de la teoría de Euler sobre los puentes de Königsberg. Los genios tienen
esas condiciones a veces, que hasta jugando son capaces de crear algo verdaderamente grande.
Leonhard Paul Euler (Basilea, Suiza, 15 de abril de 1707 - San Petersburgo, Rusia, 18 de septiembre de 1783). Se trata del principal
matemático del siglo XVIII y uno de los más grandes y prolíficos de todos los tiempos. Vivió en Rusia y Alemania. Realizó importantes descubrimientos en áreas tan diversas como el cálculo o la teoría de grafos. También introdujo gran parte de la moderna terminología y notación
matemática; a él se debe, por ejemplo, la noción de función matemática. Como físico, destacan sus trabajos de mecánica, óptica y astronomía.
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El amigo Rousseau (págs. 22 y 23)
A continuación, Kant se encuentra con Rousseau, sin duda una licencia histórica del texto. Pero, si no
se vieron en Königsberg, es oportuna aquí la figura de Rousseau porque buena parte de su pensamiento
moral y político influyó enormemente en la «razón práctica», es decir, en la noción moral de la teoría kantiana. Kant toma de Rousseau, como muy bien indica el texto, la consideración de la naturaleza igualitaria
del ser humano en cuanto a su dignidad.
La frase que le grita a Rousseau no es caprichosa. Kant, desde el punto de vista de la razón pura, tenía
como modelo más excelso los Principia5 de Newton; pero, desde el de la razón práctica quien pesaba era
Rousseau. De ahí la comparación: «Saludos, Jean-Jacques, Newton de la moral».
La dedicación de Rousseau a la botánica es, en efecto, tardía, y ocupó la última etapa de su vida.
Tan decisiva fue la influencia de Rousseau en la consideración de Kant que, según es popular, el sabio de
Königsberg sólo varió su horario en dos ocasiones: el día que llegó la noticia de la Revolución Francesa y
el día que recibió el ejemplar de Emilio o De la educación (1762), de Rousseau.
PARTE II: CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
En la universidad (págs. 24 a 32)
Kant expone en el aula universitaria su crítica acerca del modo como se da el conocimiento en nosotros.
También afronta el núcleo de su pensamiento moral: cómo se debe estructurar la razón práctica, es decir,
la razón aplicada a la conducta, a las decisiones acerca de qué he de hacer con mi vida.
La imagen del herrero hace referencia a la férrea manera de pensar kantiana, siguiendo estrictamente
los esquemas lógicos de las inferencias de la razón. Por ello, comprender sus reflexiones exige un gran
rigor analítico y cierta familiaridad con la jerga filosófica de la época.
El lector podrá encontrar en nuestra sección de enlaces, si lo desea, información más amplia y precisa
sobre el asunto. Aquí sólo daremos una explicación lo más sencilla posible, aun a riesgo de perder rigor,
necesariamente. Unas breves notas para intentar hacer comprender a un lector no familiarizado con este
tipo de problemas el meollo de la cuestión que estaba en liza en aquel entonces.
Crítica de la razón pura: límites y posibilidades del conocimiento (págs. 24 a 27)
Kant estaba enfrascado en la elaboración de una de sus obras mayores, la citada Crítica de la razón pura. La
obra que debía superar el callejón sin salida a que había llegado la filosofía de su tiempo en el marco de
la teoría del conocimiento. Un debate que había comenzado en la última mitad del XVII y se prolongó
y amplió durante buena parte del XVIII.
¿Es nuestra percepción del mundo algo fiable?, ¿cuál es el método de conocimiento que garantiza la
verdad?, ¿puede alcanzarse ésta?, ¿puedo estar seguro de lo que percibo respecto del mundo y de mí?,
¿y de lo que conjeturo, aun en pura lógica?
Los pensadores de la época –filósofos, científicos, matemáticos– habían observado que se daban en
nosotros dos tipos de conocimiento relativamente distintos: aquellos datos que proceden de la realidad,
de las percepciones; y aquellos otros que proceden del propio razonamiento y cuya verdad está en relación con su coherencia o con su evidencia racional exclusivamente.
Kant lo expone a sus alumnos en la pág. 24: «El gusto peculiar de la sopa de anguila» y «las ecuaciones
matemáticas».
Filosofiae Naturalis Principia Mathematica (1687) La obra que recoge los resultados de la investigación newtoniana en cálculo y mecánica,
quizás la publicación científica más importante de todos los tiempos.
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En efecto, no puedo saber cómo es el gusto de la sopa de anguila (aun si me lo explicara alguien) si no
la pruebo personalmente, si no tengo de él una intuición, una experiencia. Las percepciones formarán en
nosotros juicios de conocimiento a posteriori, pues no cuentan para el sujeto sino después de haber experimentado la realidad. Por el contrario, la verdad de una ecuación es una verdad lógica que se demuestra
en sí misma. No necesita de la realidades. Es evidente que si 20 X = 50 + 10, entonces X = 3.
Estos juicios lo son a priori, pues pertenecen a nuestra estructura lógica, innata, y no dependen de la
experiencia.
Como es sabido, esta correlación de la naturaleza del conocimiento dividió a la filosofía de la época en
dos corrientes.
Una era casi exclusivamente británica, representada por nombres como John Locke y David Hume, el
empirismo. Se trataba de una reacción frente al racionalismo continental, cuyos máximos exponentes serían
René Descartes, Gottfried W. Leibniz y Christian F. von Wolff, a quien Kant siguió especialmente de
cerca en su crítica de la metafísica.
Kant, en principio, era racionalista, pero hubo de afrontar el análisis de las posibilidades de la razón
pura cuando la lectura de Hume le sacó de «sueños dogmáticos», como él mismo declaró.
Racionalistas
Para los racionalistas, el universo era una maquinaria regida por leyes racionales, y nuestra posibilidad de
conocimiento procede del hecho de poseer una mente racional. Los principios que rigen el mundo son
universales y necesarios. Es decir, se demuestran en sí mismos. Ejemplo: El todo es mayor que cualquiera de
sus partes. Y de ellos se deriva lógicamente todo el resto de leyes, cuya condición de verdad se funda en los
principios universales e innegables: los axiomas de las matemáticas o de la lógica.
Esos juicios no fundan su verdad en la realidad, son a priori, independientes de ella. Y son además
analíticos6, pues de ellos derivan el resto de juicios y conceptos hasta alcanzar las percepciones del mundo
físico, que no pertenecen a la razón, pero es la razón quien las verifica.
Los racionalistas tenían como modelo las matemáticas. Matemáticos fueron Descartes y Leibniz muy
destacadamente. Había, sin embargo, una última precisión importante: para justificar esos juicios innegables en sí mismos, para justificar que no fueran a su vez una estafa, se exigía la existencia de Dios:
un Dios racional, y, por tal, bueno necesariamente, que no podría incurrir en la maldad de inducirnos a error. La pregunta es evidente: ¿esa exigencia necesaria es justificación suficiente de la existencia
de Dios?
Empiristas
La reacción de los pensadores y científicos ingleses dio la vuelta al edificio de la lógica, poniendo sus bases
en la percepción, en la empeiría (del griego έμπειρία «experiencia»), de ahí la denominación de empirismo. Las
ideas provienen de la realidad que las crea en nosotros mediante las percepciones. Son juicios a posteriori,
creados en nuestra mente después del hecho percibido. Desde ellos, nuestra mente sintetiza los fenómenos
estableciendo comparaciones de rasgos comunes, es decir, creando categorías cada vez más universales y
abstractas. Son, por ello, juicios a posteriori y sintéticos7.
El problema que expuso Hume es que las estructuras con que establecíamos relaciones entre los hechos percibidos no pertenecían ya a la realidad, al fenómeno, sino que eran inferencias nuestras y, por
tanto, podrían ser sólo eso: estructuras de la mente del sujeto que no se dieran realmente entre los objetos. Esto afectaba a una relación fundamental para toda la tradición filosófica, la relación de causa-efecto.
Análisis (del griego άναλυσις: análysis; compuesto de ana: arriba, y lysis: soltar): alude siempre al acto de descomponer una unidad en sus
partes o funciones a fin de comprender su sentido.
7
Síntesis (del griego σύνθεσις: synthesis, compuesto por syn, con, a la vez, y thesis, posición, conclusión; se refiere al proceso de componer la
unidad o generalización máxima a partir de sus elementos concretos o individuales).
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La cual es, además, fundamento de la ciencia toda. Sin poder constatar la verdad de esa relación, el conocimiento científico y su edificio de principios y leyes se venía abajo por completo.
Como vemos, ambas hipótesis dejaban al conocimiento humano en una tesitura complicada. Una exigía
que Dios existiera (sin poderlo comprobar) y la otra no podía garantizar que la relación lógica que establecemos en nuestros juicios a partir de la experiencia sea una relación verdadera.
Y esto es lo que irritaba verdaderamente a Kant. De ahí su exclamación: «¡Como si el mundo sólo
fuese un delirio fantasmal!» (pág. 9).
Kant necesita superar las chácharas supersticiosas, pero también las limitaciones del racionalismo y el
empirismo.
La revolución copernicana de Immanuel Kant
Su investigación dio como resultado una de las obras más importantes de la Historia de la Filosofía: Crítica
de la razón pura (1781).
Lo que captamos son fenómenos, es decir, las manifestaciones como la realidad es percibida por los
sentidos e interpretada por nuestra mente (intuiciones, experiencias). Es el modo como nuestra mente
capta el objeto (fenómeno), pero no el objeto en sí mismo, al que Kant llamará noúmeno. Y la razón por
la que captamos fenómenos y no cosas en sí es que nuestra propia mente determina lo captado según su
propia estructura a priori. En este gran detalle radica la revolución del análisis kantiano. El sujeto ya no
es un mero perceptor pasivo de estímulos, como en el empirismo, sino que estos estímulos llegan a él a
través de las estructuras que le son propias: sentidos, pensamiento, etc. Y, por tanto, llegan ya determinados por el sujeto mismo, que los moldea, por así decir, a la manera como sus sentidos y su mente están
configurados. Esas percepciones y conceptos son después sintetizados en busca de ideas cada vez más generales. Para ello, en lo más alto de la pirámide del pensamiento tenemos categorías que, a priori, establecen
modos de relación y unificación lógica, dentro de los cuales ordenamos y generalizamos las intuiciones
de la experiencia. Son conceptos puros de la razón o ideas trascendentales, que guían el uso del entendimiento en
la experiencia en cuanto conjunto, para hacerla inteligible y que no quede dispersa en un maremágnum de
percepciones y sensaciones sin sentido.
Ahora bien, esas ideas –que Kant llama trascendentales y que identifica con el mundo, el alma y Dios– no
poseen contenido respecto del conocimiento. Son moldes, estructuras ideales para organizar las percepciones sintetizadas conforme a las categorías de nuestro entendimiento; pero no poseen intuición de sí, no
podemos percibir a Dios o al alma empíricamente, por lo mismo que podemos tener percepciones particulares del mundo, pero no de la idea trascendental de mundo, es decir, del mundo en cuanto totalidad.
Del mundo en cuanto totalidad no tenemos sino una idea que nos sirve para unificar bajo su concepción
todos los fenómenos de la experiencia.
Por tanto, podemos pensar el ámbito metafísico, pero no conocerlo. Pues nuestra mente no tiene acceso al conocimiento metafísico, a aquello que estaría en la fundamentación de todo, lo que Kant llama
lo nouménico –por oposición a lo fenoménico, que sí percibimos–. Así, la causa inmotivada, la causa última de
todo, Dios, carece de contenido empírico, no puede ser conocido, sí pensado.
Las preguntas de la filosofía (pág. 24)
Si de parte de la matemática se postulan axiomas necesarios y universales, la filosofía, que también debe
seguir el curso de la razón, está orientada a la búsqueda de definiciones, es decir, a responder preguntas.
Las tres preguntas de la filosofía, que Kant enuncia en su CRP, son:
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• ¿Qué puedo conocer?
• ¿Qué debo hacer?
• ¿Qué me cabe esperar?
Como vemos, la primera nos exige una crítica de los límites y posibilidades del conocimiento. Es aquella a la que Kant intentó responder con su Crítica de la razón pura. La segunda afecta a la conducta, al modo
como debo conducirme en el mundo, es una consideración moral, que atañe a la razón práctica, aquella
que me señala lo que debo o no debo hacer. Y la tercera está enfocada hacia la trascendencia: qué puedo
esperar más allá de este mundo, de sus límites y determinaciones. Estas dos últimas preguntas son las
que Kant afronta en sus Fundamentos de la metafísica de las costumbres (1785), Crítica de la razón práctica (1788),
y Metafísica de las costumbres (1797).
De todo ello se concluye que la filosofía es la ciencia de los fines últimos. Pues estas tres preguntas
para Kant no eran sino variantes de una única y misma cuestión: ¿qué es el hombre?8
La filosofía como crítica (pág. 26)
La filosofía de Kant es una reflexión crítica, se encamina a discernir los límites y posibilidades de la razón
en sus aspectos teórico, práctico y trascendente. Sólo cuando el hombre se atreva a esta crítica, a pensar
por sí mismo, habrá alcanzado su mayoría de edad. El hombre ha de pasar el «tribunal» de la razón crítica.
En uno de los saltos más fascinantes de la historia del pensamiento, como ya hemos visto, Kant
concluía que el sujeto racionalizador no era un sujeto pasivo. Y ésta era, según dijimos, una revolución
copernicana para la filosofía. Y, en efecto, fue un concepto decisivo para la teoría del conocimiento.
Por eso la evocación de Copérnico en la página 10 no es sólo un ejemplo más. Kant se sentía un revolucionario copernicano del pensamiento.
Pero entremos en algún detalle.
Kant superaba, por un lado, las limitaciones del racionalismo: no eran las ideas a priori las que se acomodaban a la experiencia. Y, por otro, el escepticismo empírico de Hume: pues tampoco la experiencia
se limitaba a percepciones sin conexión demostrada posible con los juicios de relación que elaboraba
nuestra mente.
El gran paso de Kant consiste en diferenciar la realidad en cuanto tal, en sí misma, a la que denomina
noúmeno, de la realidad en cuanto que la percibimos, a la que denomina fenómeno.
El sujeto de experiencia es un sujeto activo, que, para percibir el mundo, configura la cosa en sí, el
noúmeno –imperceptible, en tanto que tal–, en fenómeno, en aquello que es percibido en consonancia con las
formas a priori de la intuición, como ocurre con las ideas de tiempo y espacio. A priori porque son universales
y necesarias: formas que afectan a todos los fenómenos y están exigidas por nuestro modo de conocer.
Todo fenómeno por el hecho de ser percibido lo es en un espacio y tiempo determinados. Por esto mismo, podemos pensar en Dios, pero no podemos conocerlo, percibirlo, ya que Dios no está determinado
en el tiempo ni en el espacio.
Ello no implicaba que sólo fueran válidos aquellos juicios elaborados a partir de la intuición, de la
experiencia. Kant no era empirista. El objeto percibido no es la cosa en sí, sino su manifestación en tanto
nuestro modo de configurarla a través de nuestras ideas a priori. Ahora bien, y aquí se constituye otra de
las innovaciones geniales de la crítica kantiana, los juicios determinados por estos fenómenos sometidos
a ideas a priori son sintéticos, es decir, añaden conocimiento. Son juicios cuyos predicados aportan contenido al sujeto. Esto es complejo, veámoslo más despacio.
Juicios analíticos y sintéticos, a priori y a posteriori
Precisamente las cuatro cuestiones de las que parte el famoso estudio de Martin Heidegger, Kant y el problema de la Metafísica (1929), tan
brillante como polémico.
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Un juicio es analítico cuando el predicado está contenido en el sujeto. Recordemos nuestro ejemplo de
antes: «El todo es mayor que sus partes». Al ser de este modo, es a priori, pues es independiente de la
experiencia, y es universal y necesario.
Por el contrario, resulta sintético cuando el predicado añade al sujeto algo que no está necesariamente
contenido en él, es decir, aporta una información que, de no existir el predicado, no sabríamos. Son, por
tanto, los juicios sintéticos los que amplían el conocimiento. Pero son juicios a posteriori, necesitan ser
conocidos, no se pueden deducir: como sucedía con el sabor de la sopa de anguila, que hay que haberla
probado; o como sucede en los predicados de proposiciones como éstas: «Fuera se anunciaba una limpia
mañana de verano» (pág. 6); «Jean-Jacques se pasaba la mayor parte de su tiempo cuidando de su herbario» (pág. 23). Estos juicios a posteriori son contingentes, carecen de necesidad y de universalidad: estas
cosas pueden suceder o no.
Pero Kant se dio cuenta de que hay juicios sintéticos que son a priori, juicios que aportan un predicado
no contenido en el sujeto y que, sin embargo, son universales y necesarios. Por ejemplo: «La recta es la
distancia más corta entre dos puntos». En este enunciado, el predicado «es la distancia más corta entre
dos puntos» no está contenido en el sujeto «la recta». Es, por tanto, sintético. Me aporta una información
que, de otro modo, yo no podría deducir por mí mismo. Pero es universal y necesario, a priori, pues se
cumple para todos los casos del universo fenoménico, que es un universo determinado por la intuición
pura a priori del espacio, de un espacio geométrico.
Estos juicios sintéticos a priori serían para Kant los juicios de la ciencia, los juicios que nos permiten
un conocimiento intuitivo a la vez que fundamentado racionalmente.
PARTE III: CRÍTICA DE LA RAZÓN PRÁCTICA
El acto libre
El texto alcanza uno de los problemas más arduos del pensamiento kantiano y, en general, de toda la
filosofía occidental. ¿Existe la libertad realmente o es una ilusión de nuestra percepción psíquica?
En efecto, si pertenecemos al mundo de los fenómenos, como de hecho pertenecemos en cuanto a lo
que de nosotros mismos percibimos, estaremos sometidos a las condiciones del mismo tal como lo están
todas las cosas del universo. Por tanto, nuestras decisiones habrán de estar condicionadas por las intuiciones puras a priori de tiempo y espacio y, finalmente, ordenadas dentro de la categoría de causa-efecto, que
es el sentido con que ordenamos todo cuanto en el mundo fenoménico sucede.
Así pues, cuando tomo una decisión estoy haciéndolo como parte de algo que pertenece a esa cadena
de causa-efecto. ¿Soy libre o simplemente creo ser libre? ¿No será que sigo sin más las condiciones de la
realidad que me inclinan a obrar –y decidir obrar– dentro de una determinación concreta?
«Tomemos el ejemplo de un mentiroso», dice Kant. «Si quisiéramos explicar su acto diríamos que se
ve obligado a mentir, que está influido por malas compañías o determinado desde su más tierna infancia
a cometer el mal, que sólo sigue su destino... ¿Dónde está ahí la libertad?» (pág. 27).
O dicho de otra forma: si el acto libre existe, sólo puede hacerlo desde fuera de esa cadena de causaefecto de las demás cosas. Se necesitaría por tanto que nuestra alma, en términos kantianos, tomase esas
decisiones desde lo nouménico, es decir, desde más allá del mundo físico, fenoménico, del mundo que
percibimos y en el cual la causa condiciona estrictamente al efecto. Descartes había conjeturado que en
nosotros y en el universo se daban dos ámbitos, de los que el ser racional, humano, sería un punto de intersección, por así decirlo. Descartes pensaba que pertenecíamos, como cuerpo, al mundo material, espacial, extenso. Pero en cuanto pensamiento, nuestra alma no pertenecía a lo extenso, sino que permanecía
en el mundo no extenso, no material, el ámbito de lo racional e ideal.
Kant, sin embargo, creía que todas las condiciones de nuestro pensamiento estaban dentro de la estructura fenoménica, y que el alma no era sino una idea. El resultado categórico de la unificación de todos
los fenómenos percibidos como aquello que es propio de mí mismo, como todo aquello que percibo de
mí mismo y a lo que llamo yo. El alma, por tanto, es una categoría trascendental en la que unificamos
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todos esos fenómenos del yo, pero no tenemos conocimiento de ella, es una idea trascendental, no un
fenómeno cognoscible.
Ahora bien, sólo ella sería el garante de que actuamos desde la libertad. Ya que la libertad no es posible
sino desde lo incondicionado, desde lo incausado. Tengo que tener la posibilidad de actuar desde fuera de
la cadena de causas, para que mi libertad lo sea realmente. Por ello necesito un alma, es decir, una entidad
de conciencia que actúe desde más allá de lo fenoménico. Desde lo trascendental.
Pero ya vimos que no podemos tener acceso al conocimiento trascendental, ya que las ideas trascendentales (el mundo como totalidad, el alma y Dios) no son sino ideas universales a priori con que nuestra
mente unifica las percepciones y juicios elaborados a partir de los fenómenos percibidos. Fenómenos que
lo son conforme a tres conjuntos:
Los fenómenos externos, que se unifican en mundo como totalidad.
Los de mi psique interna, a los que llamamos alma.
La idea última de que todo ello proviene de una causa anterior a todas las causas e incausada ella misma, Dios.
Y estas ideas trascendentales nos sirven para pensar y ordenar el mundo, pero no para conocerlas a
ellas mismas en cuanto verdades, pues no existen como fenómenos.
Así se comprende la desolación que el discurso kantiano produce en sus alumnos. No menor que el
que produjo en la sociedad de su tiempo, al menos mientras se considera sólo la Crítica de la razón pura,
que nos dejaba sin posibilidad de tener acceso al conocimiento de lo metafísico: «[...] había masacrado a
la guarnición sobrenatural, ahogado a Dios en su propia sangre, destripado la libertad y dejado al alma
inmortal agonizante» (pág. 28).
Pero la Crítica de la razón pura no era más que el primer peldaño del gran edificio kantiano. En otras
tres obras publicadas a continuación, Kant afronta el tema de la libertad. Lo hace en su crítica de la ética,
es decir, la razón práctica y su relación con la necesidad de lo trascendental: necesidad de alma y Dios. Nos
referimos a Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), Crítica de la razón práctica (1788) y Metafísica
de las costumbres (1797).
Metafísica de las costumbres
«Tranquilizaos», dice Kant a sus atribulados alumnos. «No podemos demostrar la libertad, la existencia de
Dios o la inmortalidad del alma». Tales cuestiones sobrepasan los límites de nuestro conocimiento. Pero
las cuestiones que no encuentran posibilidad en la ciencia pueden «verse resueltas desde el punto de vista
de la moral», dirá Kant (pág. 30).
En efecto, si en cuanto a la pura razón no podemos demostrar que el mentiroso ha obrado libremente,
sí estamos obligados desde el punto de vista práctico, es decir, moral, a considerarlo libre. Pues de no ser
libre, de haber actuado por condiciones determinantes, su mentira no sería imputable como delito o acto
inmoral, ya que no le habría quedado más remedio.
Además de un alma inmortal, esta consideración nos obliga también a exigir un más allá de este
mundo y este tiempo, donde la conducta práctica, ética, sea juzgada y se alcance una última condición
de justicia absoluta. En los límites de la vida humana, mortal y finita, no hay posibilidad de una justicia
absoluta, sino precaria. Con la exigencia de inmortalidad del alma, sobreviene la de Dios mismo, ya que
de otro modo no habría un sujeto que pudiera juzgar e imponer esa justicia.
Si éticamente no exigimos esta tríada necesaria –alma responsable de su libertad, inmortalidad de la
misma y presencia de un Dios justo– daría lo mismo que nuestros actos fueran malos o buenos, estaríamos autorizados a obrar de cualquier forma, ya que nuestra vida carecería de sentido, de horizonte ético.
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SEGUNDA TRANSICIÓN
Carta de María Charlotta J.
El texto nos deja en este fragmento de transición algunas de las opiniones de Kant acerca de las mujeres,
tomando como excusa la carta de María Charlotta J.
Parte de estas opiniones se encuentran recogidas en los escritos estéticos de Kant, acerca de su diferencia entre lo bello y lo sublime. Entendía que las mujeres no eran menos inteligentes que los hombres,
pero pertenecían a modos de razonamiento distintos, por cuanto lo bello es fácil y natural, mientras lo
sublime exige esfuerzo y perseverancia; lo bello es agradable, lo sublime profundo. Lo bello es propio de
la mujer; lo sublime, del hombre.
En las Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime (1764), no sólo se afronta el hecho de que el
«bello sexo» –calificativo que a Kant le parecía extraordinariamente acertado– resulte siempre «más fino
que el del varón», es que además el carácter mismo del sexo femenino «permite reconocerlo mediante
el signo de la belleza». Por el contrario, el masculino ¿a qué rasgo más definitorio podría aspirar? Para
Kant, sin duda, la denominación adecuada sería la de sexo noble. El atributo de la belleza no es tan sólo
un atributo físico, afecta a todas las cualidades del sexo femenino. La inteligencia, en una mujer, debe ser
una inteligencia bella, más que profunda, y «la virtud de una mujer es una virtud bella», mientras que la
masculina resultaría ser una virtud noble. Las mujeres, evitarán el mal, no por injusto, sino por feo; y para
ellas son virtuosas las acciones que son moralmente bellas.
Circunnavegación enciclopédica del mundo
A continuación vemos a Kant, en el puerto, contemplando los barcos, pues no de otra naturaleza fueron
sus viajes. En una época de grandes pensadores que fueron casi sin excepción hombres enormemente
inquietos y viajeros, Kant es el único gran filósofo de su tiempo que no se movió prácticamente de su Königsberg natal. Y ocasión y ofertas no le faltaron, al menos desde las más importantes cátedras europeas.
Pero el viaje de Kant era otro de los viajes que un hombre puede hacer: el enciclopédico. Esa herramienta
del conocimiento universal que inauguraron los pensadores ilustrados, con la que el descubrimiento del
mundo quedaba al alcance de todos. Un globo terráqueo que por fin se iba volviendo comprensible. La
prodigiosa memoria de Kant le permitía hablar de realidades lejanas con todo detalle, a partir de su conocimiento libresco de las mismas.
Estamos en la época de mayor esplendor de las exploraciones marítimas, del desarrollo de las más
innovadoras técnicas de orientación y navegación, como hemos visto con el caso del astrolabio. Al que
siguieron la invención, a mitad de siglo XVIII, del sextante, que sustituía al cuadrante de Davis, el desarrollo de la tecnología del cronómetro a partir de los estudios del péndulo de Newton, la investigación
de cálculos de posición respecto de la longitud terrestre y toda una serie de mejoras en el diseño de los
buques y las técnicas de navegación. El ámbito humano se ensanchaba a lo largo de un mundo que iba
encogiendo y haciéndose más familiar y habitable, al tiempo que ofrecía una promesa de aventura y riquezas antes no soñada. Y, a la vez, también el cielo había descendido de su pedestal. Las observaciones
de Galileo, gracias a la invención del telescopio (que a su vez era resultado de los avances en óptica) ya
mostraron que no se trataba de aquel concepto eterno y perfecto del mundo supralunar de los antiguos,
sino de planetas parecidos al nuestro, que, como él, giraban en torno al Sol y poseían satélites como nuestra luna, ¡y manchas e imperfecciones! ¿No cabía entonces la posibilidad de que estuvieran habitados? El
espacio no suponía ya una línea divisoria entre lo perfecto y divino, allá en el cielo estrellado, y lo sublunar,
imperfecto y humano. Todo al fin era un vasto dominio regido por leyes de la misma naturaleza que las
que gobernaban los fenómenos terrestres, como la Ley de Gravitación Universal9 había demostrado.
Newton enunció el principio de gravitación universal de la materia. Y estableció sus condiciones matemáticas en la famosa ecuación según
la cual la fuerza de atracción de dos cuerpos es proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de su distancia, multiplicado por G, constante de gravitación universal. Por tanto: F = G (m1 . m2) / r²
9
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Kant podía contemplar el inmenso cielo estrellado sobre él. ¡Y se llenaba de admiración y respeto!
PARTE IV: EL IMPERATIVO CATEGÓRICO Y LA SOBREMESA
¡A comer!
De nuevo Lampe, fiel a la rutina, anuncia a Kant la hora del almuerzo.
Es la reiteración de lo cotidiano, del deber. Pero también del placer bien entendido. Nada quedaba al
albur en la vida del filósofo: hasta tenía calculado el número más adecuado de comensales en la mesa, de
modo que la conversación fuera posible entre todos ellos y en número suficiente para que no languideciera. No menos de tres, como las Gracias, ni más de nueve, como las Musas.
Hoy Kant come «como las gracias», con dos contertulios más: un joven filósofo francés y el comerciante británico Joseph Green, amigo de nuestro protagonista.
Kant, a pesar de cierta imagen tópica que ha quedado de él, en cuanto al extremo rigor de sus costumbres, fue hombre afable y amigo de las relaciones sociales. De hecho, es posible que parte de su fama, con
respecto a la estricta puntualidad, se deba más, según parece, a su amigo, el comerciante inglés Green,
que al propio Kant. Pues en efecto Joseph Green era enormemente puntual, como buen inglés, y parece
ser que si quedaba a una hora con el filósofo para salir a pasear, y éste se retrasaba, Green partía con o
sin él. Green fue uno de los dos más íntimos amigos de Kant. El otro fue Daniel Funk, un muy popular
profesor de Derecho en la universidad de Königsberg.
La charla empieza animadamente con Kant contando chistes y pasa luego a analizar algunos temas
menores, pero de notable importancia para un racionalista empedernido que no quería dejar nada para
almuerzo de la casualidad. Es cierto que nuestro filósofo, de salud y físico muy débiles, se cuidó bastante
a lo largo de su vida, y quizás debido a ese cuidado fue tan larga.
La ética formal kantiana
En la conversación de las págs. 48 y ss. encontramos planteado uno de los problemas morales que Kant
afrontó en sus obras sobre la razón práctica.
La concepción formal de la ética kantiana nos ayudará a comprender mejor la obstinación de nuestro
filósofo para mantenerse en la verdad a toda costa, sin tener en cuenta el riesgo que, en ocasiones como
las planteadas en el ejemplo de la página 49, pudiera acarrear.
Observemos en principio lo siguiente: para el chino de Königsberg, el conocimiento moral no se ocupa del ser de las conductas en cuanto tales, empíricamente consideradas; sino de cómo deberían ser las
mismas. El conocimiento moral se ocupa del deber ser, no del ser. No se pregunta por lo que sea el bien
–contenido o materia del bien–, sino por cómo se alcanza, forma. De ahí que la ética kantiana es considerada una ética formal, frente a las precedentes, que se ocupaban del bien en cuanto a concepto, a contenido,
y se consideran, por ello, éticas materiales.
Así, Kant les propone a sus contertulios la pregunta por lo «absolutamente bueno o moral». Y estos
responden con conceptos: la salud, la inteligencia, etc. Vemos que atribuyen al bien un sentido material,
conceptual: salud, inteligencia.
Pero Kant les demuestra que si se pretende una ética universal y necesaria, es decir, racional, no se
puede proponer el bien en cuanto contenido, en cuanto concepto de lo bueno. Lo único de lo que podamos
afirmar sin contradicción que es absolutamente bueno es «la voluntad de hacer el bien» (pág. 51). Como
se ve esta «voluntad» es formal, es una disposición libre al bien, pero no está determinada a posteriori por
ningún tipo de experiencia acerca de qué sea el bien. Esa voluntad es anterior a cualquier experiencia, es
un a prori, y es universal y necesaria.
En las éticas materiales, el sujeto está determinado, no es libre, porque estas éticas poseen un carácter
hipotético, condicional: «Si quieres conseguir tal bien, obra de esta o aquella manera». Y siendo diversos
17
los objetos elegidos por cada una de las éticas posibles, tal objeto, el bien perseguido, no tenía carácter
necesario y universal, sino accidental y contingente: para cada una podría el bien ser una cosa distinta e
incluso opuesta. Por ello, se necesita una ética de lo universal y necesario, es decir, que valga para todos
los hombres y situaciones, que sea independiente, a priori.
Por último, los sistemas éticos anteriores a Kant son heterónomos: condicionan al sujeto desde fuera,
desde algo ajeno a él mismo. Por tanto, no se trata de una opción libre, sino impuesta, lo que entra en
contradicción con la necesaria libertad de todo sujeto ético.
Se concluye entonces que no debo obrar por esto o por aquello, sino por deber, porque sea así como
debo obrar, independientemente de que tal obrar tenga buenas o malas consecuencias sobre mí o sobre
otros.
El imperativo categórico
De este modo, el obrar sólo está condicionado por la ley moral, que es a priori, y que nace de mi condición racional, de mi sujeción no a un determinado bien, sino al deber en sí mismo. Esta manera ética es
una forma libre del obrar. A esta ley moral la llama Kant imperativo categórico, para distinguirla del imperativo
hipotético del «si quieres esto, obra así». De manera que no existe un modo bueno de obrar, sino que en
cada caso será elegido aquel que se adapte al imperativo categórico.
Este imperativo lo enuncia Kant mediante tres proposiciones (ver intervención del protagonista en
pág. 51):
• Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal.
• Obra como si la máxima de acción hubiera de convertirse por tu voluntad en ley universal de la naturaleza.
• Obra de tal manera que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como
un fin y nunca como un medio.
Como vemos, Kant tenía serias razones para empeñarse en decir la verdad ante sus dos amigos. En la
pág. 48 lo explica extraordinariamente bien. La mentira es una contradicción. Y nada más irracional que
la contradicción. Un sistema racional es aquel en el que todo es coherente y no cabe la contradicción. Por
tanto, no podríamos hacer valer la mentira dentro de las tres proposiciones del imperativo categórico. No
puedes desear que la mentira se torne en ley universal, que todos mientan, como tú estarías mintiendo.
Y al mentir, no utilizas al otro como fin en sí mismo, sino como objeto, como instrumento de tu astucia
para alcanzar un fin. El imperativo categórico kantiano no tiene presente que el obrar ético tenga una
consecuencia mejor o peor para mí, o que me sea ese obrar más o menos placentero, sino que se adapte
o no a sus exigencias racionales, para que, a través de su configuración a priori, sea un obrar libre y de
carácter universal y necesario.
También percibimos el hábil sentido de la ironía que presidían las conversaciones entre Kant y sus
amigos. No todo iban a ser cosas serias. De ahí la cita de Aristóteles al final de la pág. 49, con la que responde al joven filósofo francés.
«– Amigo mío, no existen los amigos –dijo Kant, citando a Aristóteles.»
En realidad, la frase, referida por Diógenes Laercio10, es ligeramente distinta: «Oh, amigos, no hay amigo». Se atribuye a Aristóteles, en efecto, pero es dudoso. De hecho puede ser una mala interpretación de
otra versión (donde el «oh» no sería interjección sino dativo pronominal), en cuyo caso el sentido correcto sería: «El que tiene muchos amigos no tiene un amigo».
Sea como fuere, la mención a Aristóteles no es sólo una broma de Kant. Nuestro filósofo tenía
sus deudas. Lo peligroso de esta broma es que puede inducir a error y dar a entender que Aristóteles
no creía en la amistad. Muy al contrario, la valoraba como una de las virtudes más apreciables del ser
humano. Como una imperiosa necesidad, sin la que la prosperidad misma carecía de sentido. En su
10
Diógenes Laercio, Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres (Libro Quinto).
18
Ética a Nicómaco11, estima que la amistad es una virtud o está en relación a la virtud, y que es lo más necesario para la vida.
Además, existe en la concepción aristotélica un precedente de ciertas ideas kantianas, respecto a la
ética, que conviene considerar aprovechando esta broma de nuestro héroe. Pues Aristóteles distingue
tres tipos de amistad: por interés, por placer y por la persona en sí misma. Aristóteles valora esta última
como la forma más virtuosa de amistad, pues las dos anteriores se valen de la amistad para otros fines, es
decir, hacen un uso instrumental. En la amistad por interés no debemos ver ningún tipo de inmoralidad.
Aristóteles la refiere no en el sentido del engaño, sino aquella que honestamente se da entre dos personas,
pero con vistas a un bien, y no a la persona por sí misma. Empero, la más excelsa es la que establece como
finalidad a la persona en sí misma. Es decir, que hace de la persona un fin y no un medio.
Como cualquiera pensará de inmediato, esta finalidad humana recuerda mucho a la tercera formulación del imperativo categórico: «Obra de tal manera que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la
persona de cualquier otro, siempre como un fin y nunca como un medio».
Lo que Aristóteles restringía a la amistad, Kant lo convierte en universal humano. Bien entendido que
se trata de una forma universal a priori, por tanto, sin contenido moral: es la forma del imperativo. Ello
implica que en ningún momento nos invita a hacer el bien a ciegas a cualquiera, sino a tratarlo como un
fin en sí mismo, y nunca como un medio. Pero tratarlo como fin en sí mismo es tratarlo, dirá Kant, como
sujeto (no como objeto). Y tratarlo como sujeto exige responsabilizarlo de sus actos, pues son actos libres, decididos por el sujeto.
Noticias desde París
Aunque las decapitaciones no fueron tan repentinas ni tampoco tuvieron lugar en la sala del jeu de paume
(juego de pelota), es cierto que la noticia de la Revolución supuso para Kant, como para la mayoría de
los pensadores ilustrados, el toque de aviso que anunciaba que la hora de la ilustración política se había
consumado y un nuevo orden estaba a punto de sustituir al Antiguo Régimen. Lógicamente, Kant es
partidario de un cambio ordenado, como buen racionalista, y teme el caos y la violencia. Es famoso que
los dos días en que no paseó por Königsberg a su hora acostumbrada fueron, como ya dijimos, aquel en
que recibió El Emilio, de Rousseau, y éste en que llegó la noticia de la revuelta iniciada en Versalles el 5
de mayo de 1789, con la reunión de los Estados Generales. Reunión que más tarde fue seguida por los
acontecimientos del 20 de junio en que el Tercer Estado (o de los comunes) se reúne en la sala del juego
de pelota y jura solemnemente no disolverse hasta haber aprobado una Constitución para el país. Toda
esta revuelta culmina el 14 de julio con la toma de la Bastilla, fecha en que actualmente se celebra la Fiesta
Nacional en Francia.
La paz perpetua
En la reflexión en torno a cuestiones políticas, recogidas en parte en su obra ética, como sucede en Metafísica de las costumbres, y en las llamadas obras menores –así, en La paz perpetua–, Immanuel Kant muestra
hasta qué punto estaba de acuerdo con los ideales políticos desarrollados por la Ilustración y su labor
emancipadora.
Si el individuo como sujeto moral debía ser autónomo y actuar desde su libertad, es fácil suponer que,
proyectado sobre el bien público, ha de obrar mediante conductas y con respecto a instituciones en donde
su libre decisión sea la piedra angular del edificio social.
Aristóteles dedica los libros VIII y IX de la Ética a Nicómaco al estudio de la amistad (philia). Este término no admite sólo la relación que
habitualmente entendemos por amistad en castellano, sino más bien todo tipo de afecto hacia otra persona (filial, amoroso, etc.), pero
nosotros nos referiremos a lo que el estagirita trata en cuanto a la variedad de philia que más o menos se corresponde con nuestro sentido
de la amistad.
11
19
Del mismo modo en que el imperativo moral ha de ser a priori de un modo universal y necesario, así
también debía ser el marco del derecho, en el que el ciudadano establece no ya una convivencia de naturaleza normativa, sino el espacio y los límites de su libertad frente a la sociedad. Como la ley moral, el
derecho ha de ser universal y necesario, ha de ser a priori, es decir, no se trata de un derecho normativo
sino formal.
La ley jurídica ha de ceñirse a la racionalidad, respetando el derecho emanado de dicha racionalidad,
en la que el ciudadano es siempre un fin en sí mismo, para el Estado y para los demás, y, como sujeto de
derecho, igual a los demás sujetos.
Una gran diferencia entre la ley moral y el derecho es que la ley es autoimpuesta, se la da el propio
sujeto a sí mismo, mientras que el derecho se le impone mediante la coacción del Estado en pos del bien
común. No obstante, ello no implica alienación, ya que el individuo, en cuanto sujeto racional, coincidirá
con un derecho que es también racional. Un sujeto racional no puede negar el imperativo categórico,
puede desobedecerlo, pero no invalidarlo desde la razón. Del mismo modo, el ciudadano en cuanto
ciudadano dotado y regido por la razón puede conculcar las leyes, pero no puede negar su condición de
leyes racionales. Para Kant el contrato social no es sólo un acuerdo por el interés común, como lo era en
Rousseau, sino el marco garante de su libertad. La coacción del Estado mediante la ley es la que protege
la posibilidad de lo que era para Kant nuestro derecho natural, desde el punto de vista racional, es decir,
la libertad. De ella derivan todos los demás derechos de la Humanidad.
En su tratado La paz perpetua, Kant dicta una serie de artículos según los cuales se deberían regir los
Estados. El fin que se persigue es el de configurar una suerte de confederación por la cual todos ellos se
atuvieran a una serie de principios que garantizarían la paz. Del mismo modo que la legalidad interna del
Estado garantiza la paz y la justicia, una normativa que todos se comprometieran a seguir garantizaría la
paz exterior.
PARTE V: FIN DEL DÍA LOCO
María Charlotta y el orden tranquilizador e ideal de la belleza frente al pavor cósmico de la tormenta
El tramo final del texto utiliza unas refrescantes bromas acerca de lo que anduvo realmente haciendo
Kant el día en que no compareció a su hora habitual frente a sus conciudadanos, paseando por los lugares
de costumbre.
El asunto de su amor por María Charlotta, su admiración por la belleza de ésta, y el posterior sentimiento de terror y exaltación ante la tormenta, muestran una de las dicotomías kantianas que más juego
han dado en lo que se refiere a su teoría estética: la diferencia entre lo bello y lo sublime, que ya tratamos
más arriba.
En su obra Lo bello y lo sublime, el lector tendrá oportunidad de considerar cada uno de los matices y
diferencias que Kant enuncia acerca del tema. Citemos para terminar un breve fragmento del comienzo
de la misma:
«Este delicado sentimiento que ahora vamos a considerar es principalmente de dos clases: el sentimiento de
lo sublime y el de lo bello. La emoción es en ambos agradable, pero de muy diferente modo. La vista de una
montaña cuyas nevadas cimas se alzan sobre las nubes, la descripción de una tempestad furiosa o la pintura
del infierno por Milton, producen agrado, pero unido a terror; en cambio, la contemplación de campiñas floridas, valles con arroyos serpenteantes, cubiertos de rebaños pastando; la descripción del Elíseo o la pintura
del cinturón de Venus en Homero, proporcionan también una sensación agradable, pero alegre y sonriente.
Para que aquella impresión ocurra en nosotros con fuerza apropiada, debemos tener un sentimiento de lo
sublime; para disfrutar bien la segunda, es preciso el sentimiento de lo bello».
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Kant retoma este tema de manera más crítica y detallada en su otra obra fundamental, La crítica del juicio.
En ella establece un concepto de lo sublime y del genio creador que sin duda está en la base de posteriores
desarrollos estéticos durante la época romántica.
La tormenta impresionante que se desata después de la serena contemplación del amor hacia la belleza
de María Charlotta supone el contraste entre lo bello y lo sublime.
El sentido de desbordamiento de todo límite racional en la tempestad desatada sobre Königsberg deja
a nuestros filósofo imbuido del sentido de lo sublime, de la expansión de la Naturaleza en su grandiosa
infinitud.
Nada hay para Kant tan elevado y digno de admiración y respeto: la inmensa realidad y la no menos
inmensa condición moral del alma.
Así lo había declarado en su Crítica de la razón pura, y así cierra el texto nuestro filósofo, casi al modo
de un poeta: «Dos cosas llenan mi alma de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes: el cielo
estrellado sobre mí y la ley moral en mí» (pág. 62).
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ACTIVIDADES
En la universidad, Kant se situó delante de su escritorio como
frente a un yunque y pronunció su curso de igual manera
que un herrero golpearía el hierro.
«El conocimiento humano —martilleó a sus estudiantes, que se
amontonaban a su alrededor e incluso en el pasillo— puede ser
de dos tipos: por un lado, está lo que aprendemos mediante la
experiencia, como el gusto peculiar de la sopa de anguila; por
el otro, está lo que es universal y necesario, lo que aprendemos
mediante el ejercicio de la razón, en las matemáticas o la
filosofía. En las matemáticas, por ejemplo, parto de definiciones
indiscutibles, como las ecuaciones.
Mediante la filosofía, por el contrario, busco producir definiciones.
Por eso los filósofos se plantean tantas preguntas… ¿Qué puedo
conocer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me está permitido esperar?
¿Cuándo comemos?
En el fondo, lo que la filosofía intenta definir es cómo debo
utilizar mi propia razón, al servicio de qué finalidad. La filosofía
es la ciencia de los fines últimos, del objetivo último de la razón
humana, es decir, es la idea de una sabiduría perfecta. Es muy
concreto, como veréis: no se aprende filosofía. Se aprende
a filosofar».
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Propuestas de trabajo
En el presente apartado se ofrecen diversas propuestas de trabajo enfocadas a tres ámbitos posibles: el
familiar, el escolar y el de instituciones culturales relacionadas con el fomento de la lectura (bibliotecas,
clubes de lectura, etc.).
ADVERTENCIA: las actividades de los tres ámbitos se complementan y solapan, por lo que aconsejamos a familias, docentes y gestores culturales que tomen en cuenta las actividades de un ámbito y otro.
¿Por qué entonces dividirlas así? Sencillamente por considerar que unas son más propias de un ámbito
que otras. Es decir, es evidente que en el ámbito familiar no son muy factibles las fichas de preguntas
comprensivas o los debates en grupo, etc., que sí son actividades propias del aula. Pero la lectura de esas
preguntas podrá seguramente orientar mejor a madres y padres interesados en sacar todo el jugo posible
a la lectura y el posterior comentario con sus pequeños. Del mismo modo, situamos ciertos recursos
lúdico-educativos (puesta en escena del texto, por ejemplo) en el ámbito de bibliotecas y clubes, pero ello
no obsta para que cualquier docente pueda también aprovechar con su grupo-clase dichas actividades
o dentro de un posible club de lectura de la biblioteca escolar.
En el ámbito familiar
1. Lectura de acompañamiento
Designamos como tal a la lectura compartida por la persona adulta y la joven. No se trata tanto de servir
de intérprete a esta última, de darle resuelta la interpretación del texto, como de «estar a su lado» durante
la lectura del libro. Es decir, compartir la propia lectura, incluso en voz alta si fuera conveniente. Lógicamente, no será igual la ayuda que necesite una niña o un niño a los nueve años que a los trece. Al tiempo,
debemos compartir opiniones y posibilidades interpretativas, ayudar a resolver dudas y alentar curiosidades. De este modo, la lectura se integra como un elemento más de la vida social de la familia, de su
modo de disfrutar el ocio y desarrollar la curiosidad cultural. Con ello, los temas propios del pensamiento
humano, como el ser de las cosas y el deber ser, la posibilidad del conocimiento, lo que podemos esperar
de la vida, etc., se convierten en un motivo más de conversación y vivencias.
Ante todo, tengamos siempre muy presente que la lectura de acompañamiento no impone interpretaciones ni da lecciones de nada. Comparte el texto y su interpretación, y respeta y consiente distintas opiniones. Ahora bien, cada opinión es sometida a la que, desde distintos puntos de vista, se pone en común
en el diálogo. No se cierra sobre sí misma, de forma egocéntrica y enajenada, sino que trata de alcanzar,
cuando no un consenso o acuerdo, la comprensión al menos de la interpretación o la opinión del otro.
Procedimiento
La lectura de acompañamiento puede realizarse de manera muy diversa. Depende en cierta medida de
factores circunstanciales como la edad del joven, el nivel social y cultural de la familia, los códigos y costumbres de relación entre sus miembros, etc. Podrá por ello variar según los múltiples modelos familiares
que existen.
No obstante hay una serie de requisitos que deben ser tenidos en cuenta.
Lectura adecuada
A veces el acompañamiento lector exige la lectura en voz alta. El hecho mismo de leerle a la niña o el
niño. Una de las razones que más puede obstaculizar la correcta comprensión de un texto comienza por
algo a lo que no siempre se le da la importancia que tiene: la adecuada entonación y fluidez en la lectura.
Así que puede comenzar por ser primero una lectura individual que luego ponemos en común o ser una
lectura en voz alta compartida por dos o más miembros del ámbito familiar.
Lectura de contacto y lectura comprensivo-reflexiva
Si bien concebidos mediante un discurso narrativo que busca la amenidad, nos enfrentamos a textos que, en última instancia, están destinados a mover a la reflexión y motivar el pensamiento. A tal fin,
conviene no pretender afrontar de golpe toda la enjundia que potencialmente encierran. Por tanto, se
impone distinguir dos formas distintas y complementarias de leerlos: la lectura de contacto y la lectura
comprensivo-reflexiva.
• De contacto: en un primer momento se debe realizar una lectura seguida, sin demasiadas detenciones, buscando simplemente saber de qué va esto. Es una lectura que permite a los pequeños un
contacto intuitivo y distendido con el texto. Solamente vamos a leer un cuento relativo a la vida
de un individuo peculiar. Con ello sólo buscaremos la comprensión narrativa y su disfrute. El acto
debe convertirse principalmente en un acto lúdico, aprovechando las múltiples posibilidades que
las chocantes situaciones del anecdotario ponen a nuestra disposición.
• Comprensivo-reflexiva: ésta no necesita de continuidad, sino de reflexión detenida, intentando,
en principio, comprender lo leído, para valorar después críticamente los elementos puestos en jue-
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go por las situaciones que viven los personajes. En un primer momento, aclararemos dudas acerca
de términos, conceptos, etc. Simplemente para que el texto, sus frases y palabras, se haga comprensible a los pequeños. Y sólo entonces convendrá entrar en una fase propiamente reflexiva. Es decir,
ayudar –acompañando, no imponiendo– a pensar los problemas y conceptos correspondientes.
2. La reflexión dialógica
El método dialógico es el basado en el diálogo, frente al pensamiento ensimismado –personal– y frente
a la transmisión de conocimientos por autoridad. Se establece desde condiciones de igualdad entre los
participantes, es decir, aprendiendo a opinar conforme a criterios de valor de los argumentos y no conforme a criterios de poder o jerarquía. En la dinámica dialógica el intercambio de pareceres está situado
en un plano horizontal, sin principios de autoridad, en el que el único precepto válido es la mayor o menor propiedad de los argumentos. El procedimiento dialógico pretende pensar dialogando, contrastando
opiniones, convenciendo. Método, sin duda, heredero de la cultura democrática griega y la mayéutica
socrática. Pero que, modernamente, ha sido desarrollado por autores como Freire, Koschmann o Wells
(en nuestra sección final de enlaces de interés encontrará el lector información acerca de estos y otros
autores). En este sentido, el adulto debe ser especialmente hábil y cuidadoso para suscitar la mayor cantidad de curiosidades en el menor, alentar su reflexión personal, sacar a la luz contradicciones e incoherencias, y conectar el texto con la propia realidad cercana y personal del niño. El adulto actuará como
un contertulio más, pero sirviendo ante todo de estímulo, proporcionando informaciones que abran un
abanico lo más amplio posible de interpretaciones y pensamientos. El objetivo no es crear un magma
confuso de ideas variopintas, sino ponerlas en cuestión tratando de razonar lo que hay en ellas de verdad
o hasta qué punto son aceptables.
Procedimiento y actividades
La guía de contenidos que figura al principio de este cuaderno podrá dar una pauta de desarrollo de
los distintos aspectos que pueden afrontarse a partir del texto y que tendrá mayor o menor cabida, mayor
o menor amplitud y alcance, según esas circunstancias antes mencionadas (edad del menor, preparación,
interés, etc.).
La anécdota bajo la luz del rigor y la racionalidad crítica
• Lo más apropiado es centrarse en la anécdota narrativa, mostrando el procedimiento crítico que
sigue siempre Kant para poner de relieve las contradicciones o sinsentidos que encierran ciertas
creencias o prejuicios.
• Además del aspecto lúdico de las situaciones, motivaremos la reflexión a partir de su comparación
con las situaciones personales del menor, de sus propias anécdotas, de la propia vida. Es fácil, desde
el ámbito familiar, del que aún son muy dependientes los jóvenes de entre nueve y trece años, a
quienes especialmente va destinada esta colección, proponer situaciones y anécdotas que sirvan de
correlato reflexivo a las vividas por los personajes. ¿Cuál de nuestras hijas o hijos no ha fundado,
por ejemplo, su conducta en la consecución de un determinado capricho que le habíamos prometido si se «portaba bien»? En vez de obrar por el bien en sí mismo, sin esperar recompensa. Ésta
es una anécdota que nos será muy útil a la hora de analizar la diferencia entre el imperativo categórico kantiano y los imperativos hipotéticos, que Kant denunciaba en su crítica de las costumbres.
De este modo, y en un primer momento, evitamos las dificultades abstractas y conectamos vida
y pensamiento.
• Una manera que puede ser interesante para enriquecer la reflexión y alcanzar niveles todo lo complejos que creamos conveniente es proponer situaciones hipotéticas que planteen el tema desde nuevos
puntos de vista y no sólo desde los del texto o los derivados de la propia experiencia.
Compromiso y valoración
Ante estos correlatos, se les puede proponer que elijan determinadas alternativas, que opten por determinadas actitudes o, al menos, que valoren ventajas e inconvenientes, verdad o falsedad de éste o aquel
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concepto, ésta o aquella situación. Es conveniente comprometerles con el texto, invitarles –no imponerles– a
tomar partido, a elegir, a señalar preferencias, etc. O, en su caso, a ser conscientes de sus dudas e indeterminaciones.
Reflexionar sobre nuestra propia reflexión
Finalmente conviene educar a nuestras lectoras y lectores en la costumbre de reflexionar sobre el
propio pensamiento, de caer en la cuenta de cómo es la manera en que pensamos nosotros mismos. Un
mecanismo fácil y asequible para cualquier lector, por bisoño que sea en estas lides, es invitarle a buscar
elementos en que se haya mantenido más o menos constante en sus opiniones. Por qué actitudes ha optado más frecuentemente, qué soluciones u opciones le parecen más ciertas o adecuadas. Por ejemplo,
¿ha sido más frecuentemente racional en su meditación acerca de las situaciones planteadas o más bien
pragmático?, ¿racionalista o empirista? Frente a la libertad, ¿ha optado por darse máximas a sí mismo
desde lo racional y universal o por buscar sólo el interés personal?
En fin, como vemos, todas estas reflexiones funcionan sobre un considerable nivel de abstracción y
generalización. Por ello, no deben afrontarse sino después de haber explotado convenientemente el nivel
práctico y concreto de las anécdotas y situaciones vitales antes expuestas.
Pero este nivel de conciencia sobre el propio pensar podrá servir a nuestras hijas e hijos para tener en
cuenta su propia coherencia ante situaciones venideras. Lo que los propios adultos podrán recordarles
en su momento, contribuyendo así a que la reflexión se integre en la vida y forme parte de sus hábitos
intelectuales. La finalidad de esta colección no es explicar filosofía a los jóvenes, sino provocar en ellos la
filosofía en su sentido etimológico y más recto, la afición por el pensar, por la reflexión y el conocimiento.
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En el ámbito escolar
Como aportación complementaria de las distintas áreas curriculares en que puedan interesar los títulos de
la presente colección, estos libros pueden llegar a resultar una estrategia didáctica de primer orden, y aun
un material de enorme eficacia educativa.
Aconsejamos como primera aproximación al texto una fase de lectura de contacto y comprensivoreflexiva pareja a la explicada en el apartado anterior. El docente no tendrá dificultad alguna en poder
adaptar los términos de esa explicación a la circunstancia escolar en sus determinados contextos. Por ello,
eludimos nuevas explicaciones sobre estas estrategias que no harían sino repetir conceptos ya presentes
en párrafos anteriores. Remitimos, por tanto, a las sección anterior.
A continuación proponemos, como actividades de aplicación en el ámbito académico, una serie de
ejercicios y estrategias de aula tanto colectivas como individuales.
Las mismas sigue la guía de contenidos que figura al principio de este cuaderno.
PARTE I: LA MAÑANA
1. El compromiso social de los ilustrados. La lucha contra la superstición (págs. 8 a 12)
El pensamiento ilustrado, al que Kant pertenecía, intentaba extender el uso de la razón a todos los ámbitos de la vida social, a fin de promover el abandono de las supersticiones, prejuicios y tradiciones irracionales que resultaban tan perjudiciales para la convivencia. Con ello, creían conducir a la sociedad hacia
una organización regida por leyes y normas racionales y eficaces, que potenciasen el progreso, la paz y el
bienestar de los ciudadanos.
En un texto titulado ¿Qué es Ilustración?, Kant expuso su idea de la misma. Un proceso que llevaba a la
sociedad de la minoría de edad (dejar que los demás piensen por mí y me digan lo que debo hacer y pensar) a una mayoría de edad (pensar por mí mismo, guiado por la razón y puesta mi opinión en contraste
con la de los otros).
Lee algunas de las opiniones que Kant vertía en aquel texto a propósito del concepto de ilustración:
«La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad. Él mismo es culpable de ella. La minoría
de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro [...].
La mayoría de los hombres, a pesar de que la naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de conducción ajena, permanecen con gusto bajo ella a lo largo de la vida, debido a la pereza y la cobardía. Por
eso les es muy fácil a los otros erigirse en tutores. ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un
libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca
de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré del propio esfuerzo. Con sólo poder pagar, no tengo
necesidad de pensar: otro tomará mi puesto en tan fastidiosa tarea [...].
Pero, en cambio, es posible que el público se ilustre a sí mismo, siempre que se le deje en libertad;
incluso, casi es inevitable. En efecto, siempre se encontrarán algunos hombres que piensen por sí
mismos, hasta entre los tutores instituidos por la confusa masa. Ellos, después de haber rechazado el
yugo de la minoría de edad, ensancharán el espíritu de una estimación racional del propio valor y de
la vocación que todo hombre tiene: la de pensar por sí mismo».
1.1 Responde:
1.1.1 ¿En qué consiste para Kant el proceso de ilustración?
1.1.2 ¿Por qué cree el autor que los hombres dejan que otros piensen por ellos?
1.1.3 ¿Cree Kant que es posible que el público se ilustre a sí mismo?, ¿qué condición indispensable se
necesitaría para que tal cosa se produjera?
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1.1.4 ¿Estás de acuerdo con esta idea kantiana, crees que es mejor tomar las decisiones desde nuestro
propio pensamiento, razonadamente?
1.1.5 No obstante, ¿Kant supone que la costumbre de pensar por sí mismos vendrá de unos pocos
hombres que influirán en los demás o vendrá de todo el mundo a la vez?
1.1.6 ¿Quiénes crees que serían esos promotores de la razón?
1.1.7 ¿Sería posible una sociedad que pensase por sí misma sin tener libertad?
1.1.8 Recuerda el día loco del profesor Kant, ¿en qué momentos del texto dirías que Kant se comporta
como un hombre ilustrado tratando de promover el sentido de la razón entre sus conciudadanos?
1.2 Reflexiona:
1.2.1. En las págs. 8 y 9, Kant escribe contra las creencias de un «estrafalario sueco», Swedenborg, que
afirmaba ser capaz de «adivinar el futuro y hablar con los muertos». En relación con esto, Kant
exclama:
«Tanto esfuerzo para alcanzar la ciencia, para rechazar los prejuicios y las supersticiones, para expandir las luces de la razón, tanto rigor, tanto sacrificio... ¡Y tener que seguir leyendo charlatanerías!».
1.2.1.1 ¿Qué significan los siguientes conceptos: «prejuicio», «superstición», «rigor», «charlatanería»?
1.2.1.2 ¿Por qué Kant está tan enfadado?
1.2.1.3 ¿Qué tiene que ver la ciencia con todo esto? ¿Crees que se puede adivinar el futuro?
1.2.1.4 ¿Y hablar con los muertos? Presenta razones o pruebas de tu opinión, sea a favor o en contra.
2. El astrolabio: «He aquí la ciencia» (págs. 13 a 15)
2.1 A Kant le encanta el astrolabio, porque ve en ese instrumento una representación del valor de la
ciencia y de los efectos de la razón ¿Sabes para qué servía el astrolabio? Busca en una enciclopedia
o en Internet las características y funciones de este instrumento.
2.2 Investiga también los principales aspectos de su importancia histórica. Y redacta con esos datos
una pequeña nota con la que informarías a uno de tus compañeros que no supiera lo que es un
astrolabio.
2.3 A Kant le parecía un gran avance lo que se ha llamado la «revolución copernicana», es decir, el paso
del modelo geocéntrico al heliocéntrico, propuesto por el astrónomo polaco Nicolás Copérnico.
Consulta este enlace de Internet y dibuja un gráfico de ambos sistemas. http://www.natureduca.
com/cosmos_teorias1.php
2.4 Te proponemos esta página web de la Asociación Valenciana de Astronomía en la que podrás
construirte tu propio astrolabio: http://www.astroava.org/index.php/content-layouts/55-astrolabio.html
2.5 También puedes saber más acerca del Sistema Solar y los modelos de astronomía en esta página del
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, a través de su ite (Instituto de Tecnologías Educativas). http://ntic.educacion.es/v5/web/pamc/pamc_2003/2003_modelos_astronomia/
TRANSICIÓN
3. La condesa Keyserling y los puentes de Königsberg (págs. 16 a 21)
3.1 En la pág. 21 tienes un mapa de Königsberg en el que se reproduce, aproximadamente, la distribución de su territorio y el modo en que lo sortean las distintas corrientes del río Pregolya. En la época de Kant se puso de moda entre los científicos y hombres de ciencias de Königsberg una apuesta
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que consistía en ver quién era capaz de encontrar un modo de hacer lo que dice nuestro texto que
hacía Kant: ¡pasar por todos los puentes tan sólo una vez! ¿Crees que es posible?
3.2 Valiéndote del mapa que te brinda la ilustración del libro intenta imaginar un itinerario que cumpliera esa condición. Desde luego, un modo de ver si existe tal posibilidad es probar todas las alternativas, todos los itinerarios. Pero ése es, sin duda, un método muy poco matemático. Porque la
matemática intenta hallar ideas universales, soluciones sencillas que sirvan para cualquier alternativa
concreta.
3.3 Para hallar una solución de esta naturaleza, el gran matemático Leonhard Paul Euler ideó un modo
de representación gráfica que sirvió después para solucionar un conjunto de problemas diversos
y dio lugar a la aparición de una nueva disciplina: la topología. Euler redujo los espacios a los que
llegaban los puentes a puntos en un plano; y esos puentes, a líneas que comunican dichos puntos.
De ese modo, era más sencillo hacerse idea de las posibilidades. Compruébalo tú mismo observando la ilustración de la página siguiente. Compara el plano de los puentes, tal y como figura en la
realidad, con el grafo que aparece debajo, en que se reducen las parcelas de terreno a puntos y los
puentes a líneas.
Estas reflexiones no le hicieron olvidar al profesor
la hora de la clase que tenía que dar. Introdujo la carta,
todavía sellada, en su bolsillo, agarró su tricornio,
su pequeña espada, y se dirigió a la Universidad
de Königsberg, pasando una sola vez por cada uno de
los siete puentes de la ciudad, según un itinerario
cuyo secreto nadie ha sido capaz de desentrañar
desde entonces.
20
21
28
¿Podrías identificar las parcelas de terreno de Königsberg con los puntos A, B, C y D del grafo?
Mediante este grafo, Euler demostró
que no se podía cruzar una sola vez
por cada puente y volver uno a casa
tan pancho. El razonamiento es sencillo: para entrar por un puente (una
línea) y salir por otro distinto se necesita que dos líneas lleguen a él (una
de entrada y otra de salida). Y, en caso
de más de dos, se necesita siempre un
número par de ellas (entrada y salida
cada vez). Tú mismo puedes ver cuántas líneas llegan a los puntos de nuestro grafo. Señálalo.
Si quieres saber más, consulta esta pág. web: http://es.wikipedia.org/wiki/Problema_de_los_puentes_
de_Königsberg
4. El amigo Rousseau (págs. 22 y 23)
4.1 Grupos de debate Phillips 66
Rousseau y su libro Emilio o De la Educación tuvieron una gran influencia en Kant. He aquí los primeros párrafos de aquella obra. Reflexiona con el resto de miembros del grupo sobre el sentido de
estas palabras y expresa tu propia opinión.
«Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre.
Obliga a una tierra a que dé lo que debe producir otra, a que un árbol dé un fruto distinto; mezcla y
confunde los climas, los elementos y las estaciones, mutila su perro, su caballo y su esclavo; lo turba
y desfigura todo; ama la deformidad, lo monstruoso; no quiere nada tal como ha salido de la naturaleza, ni al mismo hombre, a quien doma a su capricho, como a los árboles de su huerto.
De otra forma, todo sería peor, ya que nuestra especie no quiere ser formada a medias. En el estado
en que están las cosas, un hombre abandonado desde su nacimiento a sí mismo sería el más desfigurado de los mortales; las preocupaciones, la autoridad, la necesidad, el ejemplo, todas las instituciones
sociales, en las que estamos sumergidos, apagarían en él su natural modo de ser y no pondrían nada en
su lugar que lo sustituyese. Sería como un arbolillo que el azar ha hecho nacer en medio de su camino
y que los transeúntes, sacudiéndolo en todas direcciones, lo matan. [...]
Nacemos débiles, necesitamos ser fuertes, y al nacer carecemos de todo y se nos debe proteger; nacemos torpes y nos es esencial conseguir la inteligencia. Todo esto de que carecemos al nacer, tan
imprescindible en la adolescencia, se nos ha dado por medio de la educación».
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PARTE II: CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
5. En la universidad (págs. 24 a 32)
5.2 Crítica de la razón pura: límites y posibilidades del conocimiento (págs. 24 a 27)
Una de las disputas de la época en que vivió Kant, el siglo XVIII, venía por la falta de acuerdo entre
dos corrientes de pensamiento: racionalistas y empiristas.
5.2.1 Los juicios a priori de los racionalistas
Los racionalistas creían que nuestro entendimiento venía verificado por la coherencia de los pensamientos conforme a la razón, que se daba en nosotros de forma innata por ser seres racionales.
Ello implicaba que existían juicios a priori, es decir, ideas que no necesitan demostración o contacto
previo con la realidad porque son coherentes en sí mismas. Éstas eran del todo fiables, puesto que,
por el contrario, la realidad podría inducirnos a error, como a menudo lo hace.
5.2.2 Los juicios a posteriori de los empiristas
Por el contrario, los empiristas creían que nuestras ideas se formaban a partir de las percepciones
que comenzaba a recibir nuestro intelecto desde el momento de nacer. Eran juicios a posteriori, que
nacían de las intuiciones, de las percepciones de la realidad.
Ejercicio 1. Indica cuál de estos juicios te parece que es a posteriori y cuál a priori.
1.1
1.2
1.3
1.4
1.5
1.6
El todo es mayor que cualquiera de sus partes.
Kant nació en Königsberg.
Un triángulo consta de tres ángulos.
Uno y uno son dos.
Rousseau escribió El contrato social.
El volumen cúbico posee tres dimensiones.
5.2.3. Juicios analíticos y sintéticos
Otra distinción interesante es la que se da entre juicios analíticos y sintéticos.
a) Son analíticos si lo que expresa el predicado está contenido implícitamente en el sujeto. Por
ejemplo, en la afirmación «El cuadrado tiene cuatro lados iguales», en el sujeto «El cuadrado»
está contenida la propiedad de tener cuatro lado iguales; por tanto, este predicado está contenido en el sujeto. El rasgo de estos predicados es que explican algo sobre el sujeto, pero no
aportan información nueva sobre él.
b) Y sintéticos son los juicios con predicados no contenidos en el sujeto, que sí aportan información nueva, pues sus datos no están implícitos en dicho sujeto. Observa: «Este cuadrado posee
cuatro lados de 5 cm».
Ejercicio 2. Di cuáles de estos juicios te parecen analíticos y cuáles sintéticos.
2.1 Un animal racional es aquel que está dotado de razón.
2.2 El diámetro de una circunferencia es el doble de su radio.
2.3 El perro de mi vecino es un pastor alemán.
2.4 Los osos polares son de color blanco.
2.5 Todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso del volumen
de fluido desalojado.
2.6 Joseph Green fue uno de los mejores amigos de Kant.
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5.2.4 Los juicios universales y necesarios
Otro de los rasgos interesantes de los juicios es que, aquellos que son analíticos, son necesarios
y universales. Ello quiere decir lo siguiente:
a) Necesarios: un predicado resulta necesario cuando lo que expresa es algo que «necesariamente»
se ha de dar en el sujeto para que sea tal sujeto. Por ejemplo, necesariamente un diámetro ha de
medir el doble que el radio. Pero no necesariamente Joseph Green ha de ser amigo de Kant.
b) Universales: un predicado es universal cuando afecta a todos los casos que se puedan dar de ese
sujeto. Por ejemplo: el diámetro es el doble del radio siempre, en todos los casos de diámetros
imaginables. Se trata de un rasgo universal, es decir, que afecta a todos los diámetros posibles.
Pero no así en el caso del perro de mi vecino y de los pastores alemanes, no todos los perros de
mis vecinos han de ser pastores alemanes.
Ejercicio 3. Según esto, señala qué juicios crees que poseen predicados necesarios y universales de
entre los recogidos en los dos anteriores ejercicios.
5.2.5 Los juicios sintéticos a priori, los juicios que descubrió Kant
Pero demos ahora un salto más en nuestro análisis de los juicios. Hasta que Kant publicó su Crítica de la razón pura, se había pensado que todos los juicios sintéticos eran a posteriori, del mismo
modo que todos los analíticos eran a priori.
Sin embargo, Kant descubrió que existían juicios sintéticos a priori.
Fíjate, cuando decimos: «La recta es la distancia más corta entre dos puntos»; el predicado «ser
la distancia más corta entre dos puntos» no está implícito en el sujeto «la recta», ya que la recta
está definida por ser una «sucesión infinita de puntos en una sola dirección». Por tanto, el predicado «ser la distancia más corta entre dos puntos» aporta una información que no está implícita en ese sujeto, y es, por consiguiente, sintético. Pero no es a posteriori pues su formulación
es coherente en sí misma, es decir, es universal y necesaria. O lo que es lo mismo: en todos los
casos de rectas (universalidad) se confirma que es la distancia más corta y no puede ser de otro
modo (necesidad). Al aportar información al sujeto es sintético, pero al tener carácter universal y
necesario, es a priori. Según Kant estos son los juicios de la ciencia, por un lado nos descubren
cosas nuevas, que no conocíamos, pero, a la vez, son universales y necesarios, y por ello postulan
leyes científicas.
Ejercicio 4. Ordena dentro del cuadro los juicios que te proponemos.
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
La hipotenusa al cuadrado es igual a la suma de los cuadrados de los dos catetos.
Euler demostró que no se podían cruzar los puentes de Königsberg pasando sólo una vez por cada uno de ellos.
Todo número natural al sumar una unidad da como resultado un número mayor.
La multiplicación es la suma de varios sumandos del mismo valor.
Kant anduvo tonteando algún tiempo con María Charlotta.
El área de un triángulo equivale siempre a la mitad del producto de su base por su altura.
A Kant le maravillaba la perfección del astrolabio.
Es homo sapiens es un homínido.
El ascenso de nivel de CO² en la atmósfera eleva la temperatura terrestre.
Lampe despertaba todos los días a Kant a las cinco menos cinco de la mañana.
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JUICIOS
Analíticos/ a priori
Sintéticos/ a posteriori
Sintéticos/ a priori
PARTE III: CRÍTICA DE LA RAZÓN PRÁCTICA
6. El acto libre
6.1 Uno de los temas más apasionantes del pensamiento humano es el tema de la libertad. Veremos
enseguida lo grave de este asunto si lo pensamos unido al de la fatalidad o predestinación. Así sucedió durante siglos, sobre todo en el ámbito religioso. Observa la siguiente pregunta:
6.1.1. ¿Están los hombres y todas las cosas del mundo predestinados de antemano o yo puedo
cambiar el curso de las cosas según opte libremente por una posibilidad u otra?
6.2 Más allá de las cuestiones teológicas, veámoslo como lo vería un racionalista al estilo de Kant. Si el
mundo está gobernado por leyes inmutables (universales y necesarias), todo lo que ocurre sucede
porque sigue esas leyes, por eso no puedo adivinar el futuro, pero sí prever dónde estará Júpiter
dentro de dos meses, e incluso calcular la órbita, velocidad y trayectoria de una nave espacial para
que se encuentre con el planeta Júpiter en determinado lugar del Sistema Solar y en determinadas
fechas. Eso lo puedo hacer porque conozco las leyes que rigen el movimiento de los cuerpos en el
espacio y la atracción que ejercen según su distancia y su masa. Es decir, porque conozco la Ley de
Gravitación Universal de Newton, que en época de Kant llevaba ya muchos años enunciada.
6.3 Por tanto, suponiendo una mente tan inteligente que conociera hasta la más mínima ley del universo, esa mente podría calcular todo lo que va a ocurrir en dicho universo. Podría calcular incluso
la conducta de cada animal y aun de cada persona, pues las decisiones de dichas criaturas no serían
sino el resultado de esas leyes físicas, ya que no sólo sus cuerpos están sometidos a tales leyes, sino
sus mentes también, es decir, sus cerebros: sistemas nerviosos que se rigen por esas mismas leyes.
6.4 ¿También los seres humanos?, preguntaría alguien extrañado. Nosotros no sólo obedecemos al instinto. Muchas veces obramos contra el instinto natural. ¿Cuando elegimos, somos libres o estamos
igualmente sometidos a las leyes de la naturaleza aunque creamos ser libres?
6.5 Porque si estamos obrando según leyes universales y necesarias, entonces creemos ser libres, pero
no lo somos. Y una mente supremamente inteligente podría decirnos cuáles van a ser todas nuestras decisiones desde el momento mismo de nacer.
6.6 Esa mente suprema sabría, por ejemplo, qué va a hacer Kant en cada momento, incluidos aquellos
en que haría algo distinto a lo habitual, como cuando recibió la noticia de la Revolución Francesa
y varió sus rutinas.
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Ejercicio 5. Phillips 66
Debate con tus compañeras y compañeros sobre las cuestiones planteadas en la anterior reflexión.
Puedes ayudarte debatiendo estas dos consideraciones:
1. ¿Somos realmente libres? Entonces no estamos dentro de las leyes naturales, ¿desde dónde actúa
nuestra mente, si actúa fuera de ellas?
2. ¿No somos libres? Entonces, ¿debemos suprimir las sanciones y penas legales, ya que los delitos y
faltas no son culpa de la persona sino de las leyes que la rigen?
PARTE IV: EL IMPERATIVO CATEGÓRICO Y LA SOBREMESA
7. La ética formal kantiana
Ejercicio 6. Phillips 66
Observa el concepto de «bien», o corrección moral, en los siguientes sistemas de pensamiento.
• Para Aristóteles es el conocimiento.
• Para Platón es la coincidencia con lo racional, bello y verdadero.
• Para el cristianismo consiste en soportar los sacrificios de esta vida, privándonos del placer mundano, para alcanzar la otra vida, la vida eterna más allá de la muerte.
• Para el Islam en ser obedientes a Dios, que ha dado sus leyes en el Corán; y esperar su recompensa.
• Para Buda en comprender el misterio de la existencia y librarse de todo deseo hasta conseguir evitar
el más fuerte de todos, el deseo de perdurar.
Debate en grupo y pon en común las conclusiones:
1. ¿Crees que es posible que la Humanidad coincida en un mismo concepto acerca de lo que es el
«bien»?
2. ¿Cuál de todos los anteriores te parece el verdadero «bien»?
3. De existir el «bien», ¿ha de ser distinto para cada sociedad o, incluso, cada persona?
Lee y reflexiona
Una vez que hayáis puesto en común vuestras reflexiones, escuchad lo que decía Kant al respecto. Se lo
dice a sus amigos durante la comida. Les plantea qué es lo que es bueno en absoluto. Es decir, algo que,
como los juicios analíticos, sea un bien racional, universal y necesario, de manera que sirva para toda la
Humanidad: cristianos, budistas, islamistas...
1. ¿Qué cree Kant que es absolutamente bueno? (pág. 51).
2. Explica, según tu criterio, si el concepto kantiano del «bien» resulta en efecto universal y necesario.
Ejercicio 7. Phillips 66
Ahora observa:
• El bien cristiano es amar al prójimo como a uno mismo y a Dios sobre todas las cosas.
• Si cumples este precepto, irás al Cielo.
• El bien de Aristóteles es el conocimiento.
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•
•
•
•
•
Si cumples este precepto, serás feliz y alcanzarás la plenitud de tu vida y personalidad.
El bien islamista es el precepto de Dios en el Corán.
Si cumples esto, irás al Paraíso.
El bien budista es el desprendimiento del deseo.
Si cumples esto, te alejarás del sufrimiento y, al morir, no volverás a reencarnarte.
Presta atención a las críticas que Kant establece a los sistemas morales anteriores a su filosofía:
• Son materiales, es decir, el bien consiste en un determinado contenido o concepto.
• Al ser materiales, no pueden ser universales, pues unos tomarán un concepto y otros otros, e incluso conceptos antagónicos y contradictorios.
• Además son condicionales, establecen el «bien» no con respecto a sí mismo, sino para conseguir
algo mejor, lo prometido: «Obra así y alcanzarás esto o aquello: el Cielo, el Paraíso, el Nirvana...».
• Por todo lo anterior, no se trata de conceptos que el ser humano se dé a sí mismo, como ser libre,
sino que le vienen impuestos desde fuera. Son mandatos y promesas. Por consiguiente, no pertenecen a una ética de la libertad, son contradictorios con la idea del hombre como ser libre y racional.
Compara estas afirmaciones kantianas con los preceptos de arriba y di en qué medida crees que nuestro
filósofo tenía o no razón.
8. El imperativo categórico
8.1 Reflexiona (págs. 48 y ss.):
8.1.1 El imperativo categórico kantiano es un método que busca darnos una regla que podamos
seguir sin posibilidad de duda (lo que quiere decir que sea «necesaria») en cualquier circunstancia de la vida, y no sólo de la nuestra, sino de cualquier otra vida (lo que quiere decir que sea
«universal»).
8.1.2 Por ello Kant intenta primero preguntarse por algo que sea bueno en absoluto, bueno sin que
quepa duda posible o alternativa de mal alguno.
8.1.3 Como verás, por las respuestas de sus amigos en las páginas 50 y 51 (la «salud», la «inteligencia») no podemos considerar bueno a algo concreto, a un concepto con determinado contenido.
Y esto es así porque cualquier contenido será bueno o no lo será según determinadas circunstancias. «Si dotamos de salud, inteligencia o valentía a un tunante...», dice Kant, ¿cuál será la
bondad de ello?
8.1.4 En efecto, hasta los contenidos más prestigiosos de la moral, como es el caso del «amor», se
derrumban ante determinadas circunstancias: el amor al malvado.
8.1.5 Por eso Kant encuentra que sólo es posible el bien absoluto en la voluntad misma de hacer
el bien. Pues ella no es un concepto, sino una intención pura, la de hacer el bien. No cabe ahí
circunstancia de mal.
8.1.6 A continuación Kant formula esa voluntad según un imperativo categórico, es decir, una formulación racional: necesaria y universal.
8.2 Fíjate, con ello conseguimos:
8.2.1 Actuar en cualquier circunstancia bajo el mismo principio, todas las circunstancias caben en él.
8.2.2 Un modo de actuar que vale para cualquier ser humano, todos los seres humanos pueden compartirlo.
8.2.3 Un modo de actuar que siempre trata al ser humano como sujeto, contiene siempre la condición moral del ser humano, sin alienación o discriminación posible.
8.2.4 Un modo de actuar que no se impone desde fuera sino desde el propio sujeto, pues es acorde a
lo racional, se puede no seguir este método pero no se puede racionalmente negar su verdad, pues
es una verdad lógica, innegable.
34
Ejercicio 8. Phillips 66.
Comenta y concluye:
1. El problema que te planteamos es el siguiente.
En la conversación con sus dos contertulios, Kant defiende la máxima según la cual debemos decir
siempre la verdad. Incluso en los hipotéticos casos de que esa verdad pudiera causar algún daño a un
tercero. Esto es así porque la mentira es una contradicción, es incoherente, irracional.
2. Veamos ahora lo que dicen del mismo asunto dos normas muy distintas:
a) Uno de los preceptos de las Tablas de la Ley que Yaveh dio a Moisés en el monte Sinaí, recogido en el
Antiguo Testamento, en su libro del Éxodo, 20:16: «No hablarás falso testimonio contra tu prójimo».
b) En nuestro código penal, en su título XX, capítulo VI el artículo 458 dice lo siguiente sobre la men-
tira (que, en el Derecho, recibe el nombre de falso testimonio):
1. El testigo que faltare a la verdad en su testimonio en causa judicial, será castigado con las penas de
prisión de seis meses a dos años y multa de tres a seis meses.
3. ¿Es comparable el imperativo categórico que sigue Kant para defender el deber de decir la verdad
con estas dos leyes: Moisés y Código Penal español? ¿Cuáles serían las principales diferencias y
cuáles las semejanzas entre las tres normas?
35
En el ámbito de instituciones de fomento de la lectura
Actividades de lectura
En el ámbito de bibliotecas, clubes de lectura y, en general, instituciones relacionadas con el libro y el
fomento de la lectura proponemos muchas de las actividades referidas en los ámbitos anteriores, familiar
y escolar. En concreto, convendrá empezar por una lectura de acompañamiento y continuar después con
actividades de debate en grupo.
Actividades de debate en grupo
Aconsejamos consultar las que aparecen en el ámbito escolar bajo la denominación metodológica del
grupo-clase o el Phillips 66. De este modo, el monitor o coordinador podrá plantear todo tipo de
debates tras la fase de lectura.
Actividades colectivas
Otra importante oportunidad de este texto en lo que hace a grupos es la de preparar una dramatización
del texto.
• Lectura dramatizada: puede tratarse de una simple lectura en la que a cada participante se le
asigna un personaje de la obra.
• Puesta en escena: también puede intentarse una puesta en escena de la misma. Para ello puede
ser interesante que el grupo «adapte» la obra de teatro que se desea representar, decidiendo qué
diálogos en concreto se utilizarán, de entre los que presenta el texto, y escribiendo las acotaciones.
Posteriormente se ensaya la obra sobre la base de ese texto teatral elaborado y escrito por el grupo.
• Creación de un hecho mediático: una actividad interesante y que puede motivar mucho al grupo
es elaborar determinados eventos propios de los medios de comunicación que pueden contribuir
a interiorizar mejor los contenidos del texto. Así, por ejemplo, se puede invitar al grupo a elaborar
entrevistas de radio o prensa con Kant o Swedenborg o con otros personajes del libro, donde los
participantes tengan que imaginar qué preguntas le haría y qué respuestas daría ese personaje.
• Ampliación del arco temático de los debates: puede resultar interesante buscar noticias recientes que tengan que ver con los asuntos tratados por el texto y pedir a los participantes que imaginen
qué respuestas daría Kant a estos hechos, cómo los afrontaría.
Actividades de expresión plástica
Es interesante intentar sacar todo el jugo posible a este atractivo formato de libro ilustrado. Como se verá,
las ilustraciones de Moreau que lo acompañan tienen aspecto de recortes en muchos casos. Se pueden
realizar trabajos de expresión plástica con recortes en cartulinas de colores de los distintos personajes, así
como ilustraciones de los mismos en distintas técnicas: lapiceros, óleo, témpera...
A tal fin, puede ser muy útil todo tipo de recurso informático, como presentaciones, programas de
dibujo, etc.
Estos elementos pueden decorar durante un tiempo la sala de lecturas del club o servir incluso de
escenografía para las actividades anteriormente descritas.
36
PASATIEMPOS KANTIANOS
Königsberg era, a finales del siglo xviii, una pequeña y tranquila
ciudad de Prusia Oriental. Dominada por las torres de su célebre
castillo, residencia de numerosas lechuzas y de algunos prisioneros
aburridos en el fondo de sus mazmorras, la antigua ciudad
construida por los caballeros teutones había conocido
tiempos mejores.
No habríamos evocado la nostalgia de sus
crepúsculos, que atenaza al paseante en su regreso
a casa mientras le vuelve la espalda a la extensa
y monótona planicie polaca, si este paseante
no hubiese sido el profesor Kant.
Parece que Dios había traído al mundo a Immanuel
Kant un día en el que echaba de menos un compañero
con el que jugar al ajedrez.
Pero Kant no tenía, a decir verdad, un temperamento
muy juguetón. Así que se hizo profesor de Filosofía
en Königsberg. Martin Heidegger, uno de sus
futuros colegas, igualmente sensible a los encantos
de la planicie polaca, resumió su existencia de
esta manera: «Kant nació, trabajó y murió».
En Königsberg, podríamos añadir.
4
5
Cada oveja con su pareja
Aquí tienes un mapa mudo de Europa. Vamos a buscar poblaciones representativas por distintos motivos del pensamiento europeo moderno, siguiendo a los protagonistas de esa revolución racionalista y
empirista que fue el siglo XVIII. Las relaciones son variadas: unas veces por haber nacido en ellas, otras
por desarrollar allí lo más importante de su obra, o haber estudiado o impartido clases en su universidad,
etc. Ten en cuenta que hay capitales que acogieron durante alguna etapa de su vida a la mayoría de estos
pensadores, como ocurre con París. Une a cada personaje con su ciudad de referencia y busca su ubicación en el mapa.
Isaac Newton
Oxford
René Descartes
Hanover
John Locke
Halle
David Hume
París
Diderot
Königsberg
D’Alambert
Países Bajos
Jean-Jacques Rousseau
Langres
Gottfried Wilhelm Leibniz
Edimburgo
Christian Wolff
Cambridge
Immanuel Kant
Ginebra
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Sopa de letras ilustradas
Racionalismo Empirismo e Ilustración
D’Alambert
David Hume
Diderot
Immanuel Kant
Isaac Newton
John Locke
Leibniz
René Descartes
Rousseau
Voltaire
Ya sabes, en una sopa de letras encontrarás las palabras en todas direcciones y sentidos posibles. Esta
sopa es muy sustanciosa, contiene los principales manjares del pensamiento ilustrado de la Edad Moderna. Mete cuchara y a ver qué sacas.
39
Crucigrama Kanteado
En el presente crucigrama te proponemos averiguar algunos de los principales conceptos de la
teoría kantiana.
1. Dícese del uso de la razón considerada en sí misma y no con respecto a aplicación práctica alguna. Una razón
muy virtuosa y sin mancha podríamos decir.
2. Juicio en el que el predicado está contenido en el significado del sujeto. No aporta nada al significado del sujeto
pero lo aclara y explica. El todo es siempre mayor que sus partes, diría Kant.
3. Lo que hacemos los vecinos con la vida de los otros. Pero también lo que hace el crítico de cine con el último
estreno. Y, en filosofía, se dice de la reflexión por la que se descubren los límites, errores y contradicciones de
alguna creencia, idea o pensamiento.
4. Adjetivo a lo grande, como el universo mismo. Aquello que no es concreto o puntual, sino de todos y de todo,
en todo momento y lugar.
5. Ideas o conceptos que poseemos independientemente de la realidad, antes de ella, antes de cualquier percepción. Lo que se explica en sí mismo, que va de suyo, que es de cajón. Que sale de su propia lógica, que cae por
su propio peso, como las manzanas.
6. Coloquialmente: tajante, riguroso, estricto. Pero, en filosofía, lo que hace a las categorías, es decir, a las generalizaciones que unifican los casos concretos por sus parecidos, por los rasgos que comparten.
7. No superfluo ni accidental. Que se precisa. Que no queda otra.
8. Los libros de Aristóteles que, en la estantería, Andrónico de Rodas colocó después de los de la física. Después
de la meta, más allá. Donde el Estagirita estudiaba las cosas en cuanto a su ser mismo.
9. Al contrario que el punto dos. Estos juicios provienen de la realidad, ella nos los inculca a través de las percepciones. Su predicado no está contenido en el sujeto, al que aportan información. ¡Hummm, qué buena la sopa de
anguila!, diría Kant.
10. Que manda o impone, pero no por la razón de la fuerza, sino por la fuerza de la razón.
11. Hábitos, pero no de monje. Lo que acostumbramos a hacer, lo que se supone que la gente hace o debería
hacer. A esto decían los latinos mor, moris. Y no es muerte.
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Nombres ilustres en un día loco
He aquí diez nombres de personajes del libro, tanto los que participan en el argumento como
aquellos que son citados por diversas razones.
(¡Ojo!, en caso de citarse por nombre y apellido, habrá un cuadro blanco al medio)
1. Este caballero, que descendía no obstante de clase humilde, descubrió el atractivo de los cuerpos; en concreto,
el de los más celestes. ¡Tan alto volaba su inteligencia!, ¡una verdadera gravitación universal!
2. Famoso cura polaco amigo de tomar el Sol por centro y no por bronceado.
3. El jardinero; pero también un firme defensor de la dignidad humana, el valor de la educación y la necesidad de
establecer un pacto de convivencia entre los ciudadanos. Con trato social, pero pocos amigos.
4. Estricto seguidor del orden y la puntualidad, fiel como un soldado al toque de diana: ¡para qué quieres, Immanuel, relojes, teniendo a éste!
5. ¡Ah!, esta dama le despeina al gran chino su peluca tan bien puesta. Lo sublime del pensamiento a los pies de
la belleza.
6. Personaje estrafalario que le revuelve el estómago a nuestro filósofo más que el café que toma a escondidas.
Decía Borges en un famoso poema que este sueco hablaba con los ángeles en las calles de Londres. ¡Qué cosas!
7. Insigne alumno de Platón, pero no de Diógenes, que gustaba de pensar paseando alrededor de su escuela. Le
dio muchas vueltas a la cabeza. Muchas.
8. Hijo de pietistas de Prusia Oriental, poco viajero pero enterado de cuanto pasaba en el mundo, crítico y categórico, la peluca más ilustrada de la filosofía.
9. Citado en este libro por haber citado él mismo a nuestro enKantador filósofo en su famoso tratado Kant y el
problema de la metafísica.
10. Este gentleman está algo verde, la verdad. La verdad le gustaba, por eso fue uno de los mejores amigos de Kant,
otro que tal baila.
41
Rompecabezas
¿Qué es un rompecabezas?
Hay muchas maneras de contestar a esta pregunta. Un rompecabezas podría ser, por ejemplo, la filosofía;
pero nosotros te proponemos una respuesta algo peculiar. Fíjate, al proceso mediante el cual dividimos
una unidad en sus partes para estudiar cada una de éstas, lo llamamos análisis. Por el contrario, cuando
recopilamos datos particulares o concretos y los unificamos en un conjunto mayor, lo llamamos síntesis.
Un rompecabezas suele entregarse en partes: pedacitos que debes reunir en una unidad superior. Es decir,
que el método de armar rompecabezas es un método sintético. Nosotros te proponemos el reto contrario: descomponer la unidad en partes, es decir, hacer el rompecabezas siguiendo un método analítico, en
vez de sintético. Aunque luego puedes volver a sintetizarlo.
42
SOLUCIÓN A LOS PASATIEMPOS
Cada oveja con su pareja
Isaac Newton
Oxford
René Descartes
Hanover
John Locke
Halle
David Hume
París
Diderot
Königsberg
D’Alambert
Países Bajos
Jean-Jacques Rousseau
Langres
Gottfried Wilhelm Leibniz
Edimburgo
Christian Wolff
Cambridge
Immanuel Kant
Ginebra
Sopa de letras ilustradas
Racionalismo Empirismo e Ilustración
43
Crucigrama Kanteado
Nombres ilustres en un día loco
44
ENLACES DE INTERÉS
Swedenborg
Metafísica
Crítica de la
razón pura
La filosofía de
Kant
http://www.swedenborg.es/borges/borges.htm
Ensayo de Jorge Luis Borges sobre
Swedenbog.
http://cibernous.com/autores/aristoteles/teoria/
Del proyecto de filosofía en la red
metafisica/metaf.html
Cibernous, premiado por el CNICE.
Aquí enlazamos con la entrada a la
metafísica de Aristóteles.
http://www.webdianoia.com/moderna/Kant/Kant_fil_ Del portal La filosofía en el Bachillerato,
metaf.htm
unas notas sobre la crítica a la
metafísica, de Kant.
http://es.wikipedia.org/wiki/Crítica_de_la_razón_pura Entrada de la Wikipedia
Resumen de la obra filosófica
kantiana en el portal La Filosofía en el
Bachillerato.
http://cibernous.com/autores/hume/index.html
De Cibernous sobre este pensador. A
Hume
la vez completa y concisa, para un
repaso rápido de lo principal de su
pensamiento y su vida.
Locke
http://www.webdianoia.com/moderna/locke/locke.htm De la conocida página La Filosofía en
Bachillerato.
http://cibernous.com/autores/descartes/index.html
De nuevo, página de Cibernous.
Descartes
http://cibernous.com/autores/leibniz/index.html
De nuevo, página de Cibernous.
Leibniz
http://es.wikipedia.org/wiki/Christian_Wolff
Entrada de la Wikipedia.
Wolff
http://cibernous.com/autores/rousseau/index.html
De nuevo, página de Cibernous.
Rouseau
http://www.youtube.com/watch?v=Bu52Q2HAVHs
Excelente y didáctico vídeo de TVE
Euler
acerca de este gran matemático.
Segunda parte del vídeo anterior.
Los puentes de http://www.youtube.com/watch?v=Bu52Q2HAVHs
Königsberg
http://www.youtube.com/watch?v=gGEUQtc9zHc
Vídeo en que Fernando Savater
Imperativo
explica, en el programa La aventura
Categórico
del pensamiento, este concepto ético
kantiano.
Phillips 66
http://es.WikipediA.org/wiki/Phillips_66
Brevísima entrada en la Wikipedia que
nos dará idea de esta sencilla dinámica
de trabajo en grupo.
El método
dialógico
http://www.webdianoia.com/moderna/Kant/Kant_fil.
htm
http://recursos.cepindalo.es/mod/resource/view.php?id=6148 Explica sucintamente, en tres págs., lo
que es el concepto y su metodología.
http://www.slideshare.net/srivero/aprendizaje-dialogico
Escueta presentación en Slideshare
con los principios elementales de esta
metodología.
http://www.utopiayeducacion.com/2006/06/aprendizajeLargo artículo en que se valoran y
dialgico.html
comentan algunos de los aspectos más
destacables o problemáticos en torno a
la dialogía.
http://www.comunidadesdeaprendizaje.net/pdf/flecha_
Artículo en pdf de dos de los autores
puigvert_02.pdf
más relevantes de nuestro país respecto
a este tema: Ramón Flecha y Lidia
Puigver.
45
LOS PEQUEÑOS PLATONES
Colección de filosofía para niños
La colección Los Pequeños Platones es un proyecto formidable e innovador, que por fin se
traduce al castellano tras ser publicado con gran éxito en más de una veintena de países. Su
objetivo es iniciar a los niños en la filosofía a través de una serie de libros fantásticamente
ilustrados, divertidos e inteligentes.
TÍTULOS DE LA COLECCIÓN:
Errata naturae editores
Río Uruguay 7, bajo C
28018 Madrid
914773673
[email protected]
www.erratanaturae.com
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