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recuerda de dónde el señor te sacó

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recuerda de dónde el señor te sacó
RECUERDA DE DÓNDE EL SEÑOR TE SACÓ
Orville Swindoll
¿Recuerdas tu frustración y tu desesperación antes de conocer a Cristo?
¿Recuerdas cómo te sentiste cuando el Señor sacó tus pies del fango y liberó tu
corazón de la carga de tus pecados?
¿Tienes presentes las ocasiones en las cuales Dios te ha mostrado su
misericordia y te ha proporcionado grandes favores y respuestas a tus oraciones?
Nuestra tendencia de olvidar las bondades del Señor para con nosotros día y
noche puede ofuscarnos justo en el momento cuando nos encontramos en pruebas
y necesitamos fundamentar la fe en el carácter de Dios y en su gran amor que nos
ha mostrado en muchas ocasiones a lo largo de nuestra vida. A Dios le importa
mucho que registremos y recordemos sus beneficios, su perdón y su liberación,
para poder enfrentar nuevas situaciones con fe y buen ánimo.
Escuchemos al salmista David que exhorta a su propia alma a tener presente las
evidencias de la bondad de Dios para con él:
Alaba, alma mía, al SEÑOR, y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias;
él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión;
él colma de bienes tu vida y te rejuvenece como a las águilas.
Salmo 103:2–5
Desde la antigüedad Dios ha querido que su pueblo recordara las muchas
evidencias de su cuidado constante y fiel. Al terminar Israel de pasar cuarenta años
de peregrinación en el desierto Dios quiso refrescar su memoria por medio de unas
exhortaciones que encontramos en Deuteronomio 8:1–9:
1
Cumple fielmente todos los mandamientos que hoy te mando, para que
vivas, te multipliques y tomes posesión de la tierra que el SEÑOR juró a tus
antepasados. 2Recuerda que durante cuarenta años el SEÑOR tu Dios te
llevó por todo el camino del desierto, y te humilló y te puso a prueba para
conocer lo que había en tu corazón y ver si cumplirías o no sus
mandamientos. 3Te humilló y te hizo pasar hambre, pero luego te alimentó
con maná, comida que ni tú ni tus antepasados habían conocido, con lo que
te enseñó que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la
boca del SEÑOR. 4Durante esos cuarenta años no se te gastó la ropa que
llevabas puesta, ni se te hincharon los pies. 5Reconoce en tu corazón que,
así como un padre disciplina a su hijo, también el SEÑOR tu Dios te
disciplina a ti. 6Cumple los mandamientos del SEÑOR tu Dios; témelo y sigue
sus caminos. 7Porque el SEÑOR tu Dios te conduce a una tierra buena: tierra
de arroyos y de fuentes de agua, con manantiales que fluyen en los valles y
en las colinas; 8tierra de trigo y de cebada; de viñas, higueras y granados;
de miel y de olivares; 9tierra donde no escaseará el pan y donde nada te
faltará; tierra donde las rocas son de hierro y de cuyas colinas sacarás
cobre.
Nos conviene aprender las lecciones que en este pasaje de las Escrituras Dios
quiere hacer recordar a Israel. Primero les presenta las razones de las pruebas y
dificultades que habían experimentado: Era necesario conducirlos por experiencias
que sirvieran para humillarlos, para que descubrieran lo que había en su corazón.
Si la vida no sirve para ayudarnos a conocernos a nosotros mismos, ¿para qué
sirve? Precisamos descubrir nuestras propias debilidades y vulnerabilidades, para
que tengamos conciencia de nuestra gran necesidad de la gracia de Dios. El apóstol
Pablo llegó a dar gracias a Dios por el aguijón que le causó tanta molestia … una
vez que entendió que era por medio de esa espina que Dios le pudo suministrar la
gracia tan esencial para su vida.
Pregunto, hermanos: ¿Estamos aprendiendo lecciones importantes de las
pruebas que nos toca vivir? ¿Estamos conscientes de nuestra necesidad de
humillarnos en la presencia de Dios, a fin de recibir su gracia y las expresiones de
su bondad y amor para con nosotros?
Luego Moisés les llama a Israel a recordar la maravillosa provisión del Señor.
Durante cuarenta años en el desierto no les faltó nada: ni comida, ni ropa ni
protección de los males climáticos ni de los que quisieran hacerles mal. ¡Ni se les
gastó la ropa ni los calzados durante cuarenta años! ¡Qué evidencia de la fidelidad
del Señor!
Si quieres alegrarte en cualquier momento, comienza a pensar en las ocasiones
cuando el Señor haya intervenido en tu vida y en la familia para proveer sus
necesidades y encaminarlos en la senda de su gracia y su bondad. Tal como dijo el
salmista David: «No olvides ninguno de sus beneficios».
Y finalmente, Dios pone delante de su pueblo grandes promesas para el
futuro. Afirma que los va a introducir en una tierra rica que tiene todo en
abundancia. Por supuesto, tendrán que trabajar la tierra, cavar los pozos. Pero el
mismo trabajo alegra el corazón cuando se ven buenos resultados.
Y podemos tomar ánimo también de la firme disposición del Señor de guiarnos
por sendas prometedoras si nos dejamos llevar por su buena mano, tal como afirma
el texto de Proverbios 4:18:
«La senda de los justos se asemeja a los primeros albores de la aurora:
su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud.»
Activemos entonces, hermanos, nuestras memorias de las bondades del Señor,
para que nos animemos con su gran fidelidad. ¡Lo mejor está por delante!
¡Aleluya!
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