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El dolor en el hospital: de los estándares de prevalencia a
(Rev. Esp. Anestesiol. Reanim. 2005; 52: 131-140)
ORIGINAL
El dolor en el hospital: de los estándares de prevalencia
a los de calidad
I. Bolíbar1, E. Català2, R. Cadena3
Servicio de Epidemiología Clínica y Salud Pública. 2Clínica del Dolor, Servicio de Anestesiología. 3Dirección de Enfermería. Hospital de la Santa Creu i Sant
Pau. Universidad Autónoma de Barcelona. Barcelona.
1
Resumen
OBJETIVOS: El dolor compromete la calidad de vida de
los pacientes y su elevada prevalencia pone en entredicho
la calidad asistencial. Este trabajo analiza la prevalencia
del dolor en un hospital, en función de los bloques de servicios y del abordaje terapéutico realizado.
PACIENTES Y MÉTODOS: Estudio transversal en una
muestra representativa de 309 pacientes ingresados en
un hospital de tercer nivel. Mediante entrevista con el
paciente y revisión de su historia clínica se recogió información de su filiación, situación clínica, dolor, características del mismo y tratamiento antiálgico.
RESULTADOS: La prevalencia global del dolor fue del
54,7%; del 43,5% considerando sólo el dolor candidato a
tratamiento (intensidad >2 en la escala visual analógica)
y del 34,7% considerando el dolor moderado-intenso
(>3). Un 18,7% de los pacientes tributarios de analgesia
no tenían prescripción y la efectividad analgésica se consiguió en el 47,3%. La mayoría de pautas fueron a
demanda (63,2%), principalmente con AINE, paracetamol, opioides y técnicas especiales, administrándose de
forma combinada en la mitad de los pacientes. Los bloques hospitalarios mostraron variaciones en la prevalencia e intensidad del dolor y en los patrones de prescripción. En el 67,1% de los pacientes el tratamiento
analgésico fue adecuado.
CONCLUSIONES: Los resultados sugieren una prevalencia elevada de dolor en el hospital y la posibilidad de
mejorar la calidad de su abordaje clínico, en concordancia con los estudios publicados desde los años 80. La persistencia de este problema en los centros asistenciales
exigiría una mayor actuación de todos los niveles del sistema sanitario.
Pain in the hospital: from prevalence to
quality standards
Summary
O BJETIVES : Pain diminishes the quality of life of
patients and a high prevalence of pain calls into question
the quality of health care being delivered. The present
study analyzes the prevalence of pain in one hospital, by
departments and by therapeutic approach used.
PATIENTS AND METHODS: This cross-sectional study was
carried out in a representative sample of 309 patients
admitted to a tertiary care hospital. Information was
gathered by patient interviews and by reviewing hospital
records for personal characteristics, clinical situation,
pain characteristics and analgesic treatment.
RESULTS: The prevalence of pain was 54.7%overall.
The prevalence of pain eligible for treatment (intensity
>2 on a visual analog scale) was 43.5%. The prevalence
of pain that was moderate to intense (>3) was 34.7%. No
analgesia was prescribed for 18.7% of the patients eligible, and analgesia was effective for 47.3%. Analgesia was
provided on demand (63.2%) in most clinic protocols,
usually with nonsteroidal antiinflammatory drugs, acetaminophen, opioids and special techniques, administered
in combination to half the patients. The prevalence and
intensity of pain and the prescription protocols varied
from one hospital department to another. Analgesic treatment was adequate for 67.1% of the patients.
CONCLUSIONS: The results suggest that the prevalence
of pain in the hospital is high and that it is possible to
improve quality of clinical approach, in agreement with
studies that have been appearing since the 1980s. The
persistence of the problem of pain in health care centers
requires action on all levels of the health care system.
Palabras clave:
Dolor. Prevalencia. Terapéutica. Gestión de la asistencia al
paciente.
Key words:
Pain. Prevalence. Therapy. Patient care management.
Correspondencia:
Dr. Ignasi Bolíbar Ribas
Servei d’Epidemiologia Clínica i Salut Pública.
Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Casa de la Convalescència).
St. Antoni Maria Claret 171
08041 Barcelona.
E-mail: [email protected]
Introducción
Aceptado para su publicación en enero de 2005.
11
Hoy en día el dolor, ya sea agudo o crónico, tiene
una gran importancia en el ámbito sanitario y socioeconómico 1-3. Citado como el quinto signo vital, el
dolor es uno de los trastornos que más afecta y preocupa a las personas, y es el síntoma acompañante que
131
Rev. Esp. Anestesiol. Reanim. Vol. 52, Núm. 3, 2005
con mayor frecuencia motiva una consulta médica2, 4-6.
Su presencia es además fuente de numerosos problemas, como efectos adversos fisiopatológicos y psicoemocionales, aumento de la morbilidad y alargamiento de las estancias hospitalarias7, 8.
La persona o el paciente que padece dolor lo manifiesta como algo desagradable, a veces como un
sufrimiento enorme con el que es difícil convivir, y
no siempre estando relacionado con una lesión o
enfermedad 9. Esta subjetividad puede dificultar el
manejo del dolor y el alcance de la analgesia. No
obstante, se acepta la presencia de dolor como un
sufrimiento innecesario e inútil, ya que en general
puede controlarse eficazmente mediante los fármacos
y las técnicas disponibles actualmente. En consecuencia, el adecuado tratamiento del dolor ha sido
considerado como un indicador relevante de buena
práctica clínica y calidad asistencial8, 10.
Una de las primeras medidas de mejora asistencial
para reducir el dolor en un centro sanitario consiste
en conocer la prevalencia de este síntoma y analizar
el abordaje terapéutico realizado11,12. Estos estudios
en nuestro medio hospitalario son escasos y a menudo están basados en subgrupos de pacientes, enfermedades específicas o en determinados fármacos13,14.
Los autores son unánimes a la hora de señalar prevalencias elevadas de dolor y necesidades de mejora en
su manejo clínico. El objetivo del presente trabajo es
conocer la prevalencia del dolor en el conjunto de un
centro hospitalario, las características referidas, y su
variación en función de los distintos bloques de servicios y del abordaje terapéutico realizado. Con ello
se pretende analizar la calidad de la asistencia que se
realiza al tratamiento del dolor y exponer las propuestas de mejora en los diferentes niveles del sistema sanitario.
Material y métodos
Se realizó un estudio de diseño transversal sobre la
presencia de dolor en los pacientes ingresados en
cualquier Servicio del Hospital de la Santa Creu y
Sant Pau de la ciudad de Barcelona en un día del mes
de octubre del 2001. Se trata de un hospital universitario de tercer nivel perteneciente a la red hospitalaria de utilización pública del Servicio Catalán de la
Salud, con 630 camas de 34 especialidades, 71 camas
de hospital de día y 18 quirófanos.
El universo del estudio se basó en el fichero de
camas convencionales utilizadas con criterios de hospitalización, pertenecientes a los bloques médico,
quirúrgico, críticos-semicríticos y pediátrico. También se incluyeron las camas de la Unidad de Cuida132
dos Paliativos como camas convencionales del bloque médico. Las camas de pacientes en régimen
ambulatorio, incluyendo la cirugía mayor ambulatoria, y de hospital de día quedaron excluidas por no
ser de hospitalización.
Dada la dificultad metodológica para determinar el
dolor, se excluyeron las siguientes 77 camas: Urgencias (n=12), Unidad de Neonatología de Críticos y
Semicríticos (15), Urgencias de Psiquiatría (2), Servicio de Psiquiatría (32), Urgencias de Ginecología y
Obstetricia (4), y Servicio de Toxicomanías (12).
También se excluyeron 24 camas que estaban inhabilitadas por obras en sus habitaciones. Del total de 529
camas disponibles se seleccionó de forma aleatoria
simple una muestra estratificada por los cuatro bloques hospitalarios del estudio. El tamaño de cada
estrato debía permitir la estimación de una prevalencia del 40%±5% con un error α=5%, y resultó en un
total de 358 pacientes con una fracción de muestreo
global de 1,5 (el 67,7% de la población). Se estableció a priori que las camas desocupadas (índice de
ocupación hospitalaria del 94,9% en el año anterior)
o los enfermos con imposibilidad de realización del
estudio (negativa a participar, problemas de comunicación, traslado temporal, etc.) fueran substituidos
tomando el enfermo de la cama más próxima.
La información del estudio fue recogida por un
equipo de 15 profesionales de enfermería en dos turnos, de 8 h a 15 h y de 14 h a 21 h, y se obtuvo sistemáticamente por entrevista personal con el paciente y por revisión de la historia clínica. Previamente
este equipo realizó dos sesiones de formación y llevó
a cabo una prueba piloto para valorar la factibilidad
de las fuentes de información. Ninguna enfermera
realizó la recogida de información en las salas de
hospitalización donde trabajaba habitualmente. Para
cada enfermo seleccionado se recogió información
relativa a su filiación, servicio de ingreso, datos clínicos, existencia de dolor y características del mismo, abordaje analgésico (pauta fija y/o a demanda,
vía de administración, dosis) y técnicas especiales
(de analgesia regional o endovenosa con sistema de
ACP - analgesia controlada por el propio paciente).
La prevalencia del dolor se valoró con la pregunta
"¿Usted ha tenido dolor en las últimas 24 horas?" y
su intensidad se midió principalmente con la escala
visual analógica (EVA, 77,9%). No obstante, para los
pacientes con dificultades para la comprensión de la
EVA se utilizó la escala de valoración numérica
(11,0%), la descriptiva simple o de valoración verbal
(enfermos de bajo nivel cultural, 8,0%) y la de expresión facial de Wong-Baker (enfermos pediátricos,
3,1%). Para cada escala se reconvirtieron los valores
en categorías de 0 (sin dolor) al 10 (máximo dolor),
12
I. BOLÍBAR ET AL– El dolor en el hospital: de los estándares de prevalencia a los de calidad
y se agruparon en dolor leve (de 1-3 puntos), moderado (de 4-6 puntos) e intenso (de 7-10 puntos).
El grado de control del dolor se valoró a partir de la
intensidad del dolor manifestada y se comparó con la
pauta analgésica administrada. Se definió que una intensidad mayor de 2 se consideraba dolor candidato a tratamiento8,15. Se calculó el grado de instauración de analgesia, como el porcentaje de pacientes con prescripción
analgésica del total de pacientes con dolor de intensidad
mayor de 2 y/o con prescripción analgésica. Asimismo,
se definió la efectividad analgésica como el porcentaje
de enfermos sin dolor candidato a tratamiento del total
de enfermos con algún tratamiento analgésico. Finalmente, se valoró la adecuación del tratamiento antiálgico, definida por el porcentaje de pacientes con tratamiento antiálgico adecuado del total de pacientes con
dolor candidato a tratamiento y/o con prescripción analgésica. Para ello una especialista de la Clínica del Dolor
(EC) revisó todos los casos con dolor y valoró la adecuación del tratamiento según las características del
paciente (edad, sexo, diagnóstico), la intensidad del
dolor manifestada, el tipo de pauta antiálgica y los fármacos prescritos (principio activo, dosis y periodicidad). Se consideró que un tratamiento era inadecuado
cuando: 1) el paciente refería dolor candidato a tratamiento (intensidad >2) y no recibía ningún analgésico,
2) la prescripción analgésica fue errónea, 3) la prescripción analgésica fue insuficiente a la intensidad del
dolor, a la patología o a las características del enfermo,
o 4) cuando la prescripción fue correcta y suficiente
pero no se administró correctamente (tratamiento pautado incorrectamente a demanda, dosis sin incrementar o
no adición de otros fármacos).
Análisis estadístico
Se realizó un análisis descriptivo de la prevalencia
según el bloque hospitalario, las características del
paciente, el tipo de dolor referido y el abordaje terapéutico realizado. Se utilizaron pruebas estadísticas
básicas de tipo paramétrico (prueba T de Student,
Chi-cuadrado, prueba exacta de Fisher y test de tendencia lineal) y no paramétrico (prueba U de
Mann–Whitney).
Resultados
De las 358 camas originalmente seleccionadas, 92
se excluyeron del estudio y generaron 43 substituciones. Así, del total de 401 camas contactadas se logró
incluir en el estudio a 309 (77,1%) enfermos. Los
motivos que impidieron realizar el estudio fueron:
alteración de la consciencia, del comportamiento o
edad extrema (48 casos); camas desocupadas (31
casos); ausencia temporal del enfermo debido a la
realización de procedimientos (5 casos); aislamiento
(2 pacientes); negativa a participar del enfermo (1
paciente); y otras causas (5 casos). Proporcionalmente estas camas excluidas afectaron más al bloque
pediátrico (47,4% de sus enfermos contactados) y de
críticos-semicríticos (41,8%) que al bloque médico
(19,6%) y quirúrgico (15,1%). Las características de
los pacientes estudiados se presentan en la Tabla I.
Prevalencia general del dolor
Refirieron dolor en las últimas 24 horas 169
pacientes, lo que representó una prevalencia del
54,7% (intervalo de confianza al 95% de 49,260,3%). No se detectaron diferencias estadísticamente significativas en cuanto a la prevalencia del dolor
según género, edad o días de estancia, pero sí por
bloques hospitalarios (p=0,05, Tabla II). La mediana
TABLA I
Características de la muestra del estudio según bloque del hospital
Bloque hospitalario
Población del hospital (n%)
Número de exclusiones
Muestra estudiada (n, %)
-Sexo y edad:
Hombres (%)
Edad en años (media±DE)
Mujeres (%)
Edad en años (media±DE)
- Días de estancia (media±DE)
Médico
Quirúrgico
Crítricos+Semicr.
Pediatría
Total
219 41,4%
32
131 42,4%
212 40,1%
23
129 41,7%
79 14,9%
28
39 12,6%
19 3,6%
9
10 3,2%
529 100%
92
309 100%
55,0%
62,9 ± 14,7
45,0%
62,2 ± 17,1
12,0 ± 29,0
41,2%
62,2 ± 16,2
58,8%
59,2 ± 23,1
16,5 ± 88,6
59,0%
58,5 ± 17,1
41,0%
58,1 ± 22,0
7,6 ± 10,8
60,0%
9,6 ± 5,1
40,0%
8,2 ± 6,9
12,1 ± 13,0
50,2%
59,8 ± 18,5
49,8%
58,9 ± 22,1
13,3 ± 60,4
DE=desviación estándar.
13
133
Rev. Esp. Anestesiol. Reanim. Vol. 52, Núm. 3, 2005
TABLA II
Distribución de prevalencia del dolor según categorías de intensidad y características del paciente
% Con dolor
Sexo
Grupos de edad
Bloque hospitalario
Hombre
Mujer
0-49 años
50-69 años
70+ años
Médico
Quirúrgico
Críticos-Semicrít.
Pediatría
% Sin dolor
Cualquier intensidad
Leve
Moderado
Intenso
49,0
44,2
35,7
52,3
46,2
52,7
36,4
46,2
66,7
51,0
55,8
64,3
47,7
53,8
47,3
63,6
53,8
33,3
22,8
18,4
28,6
17,8
15,4
20,6
20,2
15,4
22,2
18,1
24,5
15,5
22,4
25,6
19,8
25,6
20,5
0,0
10,1
12,9
20,2
7,5
12,8
6,9
17,8
17,9
11,1
Categorias de intensidad del dolor de “sin dolor” (0 puntos) a dolor leve de (de 1-3 puntos), moderado (de 4-6 puntos) e intenso (de 7-10 puntos).
(rango) de duración del dolor fue de 0,2 (0,0-96,0)
meses, de modo que la prevalencia de dolor agudo
(menor de 3 meses) fue de 44,1% y la de dolor crónico de 9%.
El dolor leve (de 1-3 puntos) presentó una prevalencia de 19,8%, el dolor moderado (de 4-6 puntos)
fue de 21,8% y el dolor intenso (de 7-10 puntos) de
13,0% (Tabla II). Considerando el dolor candidato a
tratamiento (intensidad mayor de 2) la prevalencia en
el hospital fue de 43,5%. Considerando el dolor de
intensidad moderada o intensa (mayor de 3) la prevalencia en el hospital fue de 34,7%. La mediana (rango) de intensidad que manifestaron los pacientes con
dolor fue de 4 (1-10 puntos). No se observaron diferencias en la intensidad del dolor entre hombres y
mujeres, pero sí en relación con la edad, aumentando
el dolor moderado con ésta (p=0,02). Según el bloque
hospitalario, también se observaron diferencias en la
intensidad del dolor (p=0,09).
Un 42,0% de los enfermos con dolor, en general de
intensidad leve o moderada, lo relacionaron con
algún procedimiento realizado previamente en el hospital. Los principales fueron: intervenciones quirúrgicas (24,3%), procedimientos mínimamente invasivos
(8,9%), vías invasivas o pinchazos (7,7%) y curas
(2,4%).
Prevalencia del dolor y tratamiento analgésico
De los 309 pacientes estudiados 207 (67,0%) tenían prescrito algún tratamiento específico para el
dolor en el momento de la entrevista (Figura 1). De
los pacientes tributarios de tratamiento antiálgico
(intensidad de dolor mayor de 2), 109 pacientes
(81,3%) tenían algún tipo de prescripción, mientras
que 25 (18,7%) pacientes no tenían ninguna prescripción. Como resultado el grado de instauración de
134
analgesia fue del 89,2% y la efectividad analgésica
del 47,3%. En la Figura 2 se muestran estos resultados por bloque hospitalario y según la prevalencia
observada de dolor en los pacientes con tratamiento
antiálgico. Destaca el elevado grado de instauración
de analgesia en los bloques pediátrico y quirúrgico,
pero sin asociarse a una mayor efectividad analgésica o a una menor prevalencia del dolor.
Casi dos terceras partes de las pautas analgésicas
prescritas fueron a demanda, mientras que el resto
fueron fijas (Tabla III). El predominio de las pautas a
demanda tendió a diferir entre los bloques del hospital pero sin alcanzar la significación estadística. También se observó un mayor porcentaje de pacientes
con pauta a demanda a mayor intensidad del dolor.
Esta tendencia no pareció observarse en las pautas
fijas. No obstante, la prevalencia del dolor en los
pacientes con pauta a demanda no difirió estadísticamente de los pacientes con pauta fija (p=0,4), y la
TABLA III
Tipo de pauta analgésica prescrita según bloque
hospitalario e intensidad del dolor,
y resultados obtenidos
Pauta analgésica
Distribución
según el lugar
de la
prescripción
Todo el hospital
Bloque médico
Bloque quirúrgico
Bloque de críticossemicríticos
Bloque pediátrico
Distribución
Sin dolor
según intenLeve
sidad del dolor
Moderado
Intenso
Prevalencia del dolor
Efectividad analgésica
% A demanda
% Fija
63,2
57,4
62,9
78,9
36,8
42,6
37,1
21,1
80,0
33,6
42,6
47,8
52,5
63,0
47,2
20,0
15,7
32,8
29,9
30,0
70,3
47,3
14
15
0,0
0,0
0,0
17,9
40,0
4,2
9,3
7,1
11,0
14,3
5,2
7,6
0,0
0,0
0,0
10,3
13,3
8,3
5,4
5,4
5,5
5,7
9,4
8,4
0,0
0,0
33,3
33,3
0,0
0,0
0,0
0,0
100,0
0,0
0,0
0,0
37,5
25,0
0,0
17,9
2,6
38,5
23,1
0,0
20,0
0,0
46,7
20,0
0,0
16,7
4,2
33,3
25,0
0,0
24,0
5,4
80,6
34,9
4,7
26,8
10,7
78,6
48,2
5,4
21,9
1,4
82,2
24,7
4,1
9,9
5,3
27,5
19,8
0,0
11,4
5,7
40,0
25,7
0,0
9,4
5,2
22,9
17,7
0,0
Opioides mayores
Opioides menores
AINE
Paracetamol
Técnicas especiales
Otros fármacos
antiálgicos
Medidas no
farmacológicas
Pediatría
%Sin dolor %Moderado
+Dolor leve
+intenso
%Total
%Moderado
+intenso
Críticos-semicríticos
%Sin dolor
+ Dolor leve
%Total
%Moderado
+intenso
TABLA IV
Bloque hospitalario
Quirúrgico
%Sin dolor
+Dolor leve
% Sin dolor %Moderado %Total
+Dolor leve
+intenso
Finalmente se valoró la prevalencia de dolor en
función de la adecuación del abordaje terapéutico
realizado a las características del paciente y del dolor
(Figura 1). De los 232 pacientes candidatos a tratamiento (intensidad >2) y/o con prescripción analgésica, el abordaje terapéutico fue adecuado en el 67,1%
y, por el contrario, fue inadecuado en el 32,9%. La
adecuación alcanzó el 80% en el bloque pediátrico, el
73,9% en el bloque quirúrgico, el 59,5% en el bloque
médico y el 56,0% en el bloque de críticos-semicríticos (p=0,09).
Cuando la analgesia era adecuada la prevalencia
de dolor en las últimas 24 horas fue del 53,6%; en su
mayoría se trataba de dolor leve y sólo un 7,2% fue
intenso. Cuando la analgesia era inadecuada la pre-
Médico
Prevalencia del dolor y adecuación del tratamiento
analgésico
Tratamientos antiálgicos prescritos según bloque hospitalario e intensidad del dolor
efectividad analgésica (dolor de intensidad ≤ 2) fue
la misma.
Entre los pacientes con prescripción analgésica,
los fármacos más usados fueron los AINE (76,8%,
mayoritariamente metamizol), seguido de paracetamol (40,6%, más de la mitad en forma endovenosa),
los opioides (24,6% mayores, 7,2% menores) y técnicas especiales (2,9%); un 10,6% utilizó otro tipo de
fármacos antiálgicos y a un 11,1% se le habían aplicado medidas analgésicas no farmacológicas en las
últimas 24 horas. La mitad de los pacientes tratados
(50,2%) recibió tratamientos analgésicos combinados; de esta forma, por orden de frecuencia, las pautas más utilizadas fueron: AINE solo (30,4%),
AINE+paracetamol (17,9%), paracetamol solo
(13,0%), opioides mayores+AINE (12,6%) y opioides mayores+otros fármacos antiálgicos (8,2%).
En la Tabla IV se presentan las pautas analgésicas
prescritas según bloque hospitalario e intensidad del
dolor. Comparando los totales de cada bloque se
observó que la prescripción de algunos tratamientos
en el hospital no se distribuyó de forma similar
(p=0,01 para los opioides mayores, p<0,0001 para los
AINE, p=0,03 para el paracetamol), y las técnicas
especiales se realizaron sólo en el bloque quirúrgico.
El uso de tratamientos combinados varió de 17,6% en
el bloque médico a 51,2% en el bloque quirúrgico
(p<0,0001). Comparando las pautas analgésicas prescritas entre bloques hospitalarios según la intensidad
del dolor también se observaron variaciones significativas. Por ejemplo, en los pacientes con dolor
moderado o intenso para la prescripción de AINE
(p<0,0001), paracetamol (p=0,03) o medidas no farmacológicas (p=0,06).
%Total
I. BOLÍBAR ET AL– El dolor en el hospital: de los estándares de prevalencia a los de calidad
135
Rev. Esp. Anestesiol. Reanim. Vol. 52, Núm. 3, 2005
TOTAL DE ENFERMOS ESTUDIADOS: 309 (100%)
INTENSIDAD DEL DOLOR >2: 134 (43%)
(requiere tratamiento)
CON TRATAMIENTO
109 (81%)
SIN TRATAMIENTO
25 (19%)
INTENSIDAD DEL DOLOR 2: 175 (57%)
CON TRATAMIENTO
98 (56%)
SIN TRATAMIENTO
77 (44%)
ADECUACIÓN DEL TRATAMIENTO(1)
Pauta correcta
55
Pauta incorrecta
50
(1) se excluyen 4 casos con historia clínica no localizada
Fig. 1. Abordaje terapéutico del dolor y adecuación de los tratamientos administrados.
valencia de dolor fue del 100%; en su mayoría de
intensidad moderada y hasta un 37,3% fue intenso
(p<0,0001). Estos resultados no variaron según el
bloque hospitalario.
La adecuación del tratamiento analgésico fue parecida tanto cuando se pautaba a demanda (76,4%)
como de manera fija (73,0%, p=0,9), y fue significativamente mayor cuando el tratamiento antiálgico
consistía en fármacos combinados (81,2%) en vez de
fármacos individuales (69,6%, p=0,04). Las pautas
analgésicas con mayor inadecuación fueron, por
orden: opioides menores solos (50,0%), paracetamol
solo (40,7%), opioides menores+otros fármacos
(40,0%) y opioides mayores solos (33,3%).
Discusión
El presente trabajo sitúa la prevalencia global del
dolor en el 54,7% de los enfermos ingresados en un
centro hospitalario de tercer nivel y describe los factores asistenciales que la determinan. En concreto se
observa que la prescripción de fármacos para el control del dolor no siempre alcanza la totalidad de
pacientes que lo necesitan, que la efectividad analgésica no se corresponde a la de su eficacia potencial y
136
que algunas pautas analgésicas podrían adecuarse
mejor a la situación clínica del enfermo.
Uno de cada dos enfermos presentó dolor en las
últimas 24 horas y mayoritariamente de suficiente
intensidad como para interferir su calidad de vida y
requerir tratamiento. La prevalencia del dolor en un
centro hospitalario está relacionada con numerosos
factores de naturaleza distinta16. Entre otros el tipo de
paciente, el tipo de patología que presenta, los procedimientos que se practican, la atención al dolor que
realiza el centro y la práctica clínica de sus profesionales. Por ello existen dificultades para valorar la
prevalencia obtenida y compararla con la de otros
hospitales. Asumiendo que el dolor cero es posible
pero no factible en la realidad de un hospital ¿la prevalencia observada es mayor o menor a la que debería existir?8. Nuestra prevalencia observada corresponde a la de una institución cuyo nivel terciario
comporta una complejidad y una gravedad importantes de los enfermos atendidos. Otros hospitales de
características parecidas encuentran valores similares, entre el 50% y el 67%13-14,17-19. No obstante, como
todos los autores concluyen, creemos que se trata de
una prevalencia elevada y susceptible de mejora.
A la hora de comparar la prevalencia del dolor
entre bloques de un mismo hospital también encon16
I. BOLÍBAR ET AL– El dolor en el hospital: de los estándares de prevalencia a los de calidad
100
80
MŽdico
60
Quirœrgico
40
Cr’ticos-Semicr’ticos
Pedi‡trico
20
0
p<0,0001
p<0,5
Grado
instauraci—n
analgesia
Efectividad
analgesia
p<0,7
Prevalencia del
dolor (1)
(1) En pacientes con tratamiento analgésico prescrito (n=207)
Fig. 2. Grado de instauración analgésica, efectividad analgésica resultante y prevalencia del dolor obtenida, según bloque hospitalario.
tramos una diversidad de servicios asistenciales, con
pacientes de gran heterogeneidad en cuanto a patologías y procedimientos. Esta variabilidad se traduce en
diferencias significativas entre bloques hospitalarios
en la prevalencia del dolor y sus características 20.
También destaca la variabilidad de las áreas hospitalarias en la conducta terapéutica del dolor. Así nuestro grado de instauración terapéutica, el tipo de pautas y la prescripción farmacológica variaron
significativamente entre los bloques hospitalarios,
incluso en pacientes con la misma intensidad de
dolor. Ello pone en evidencia las necesidades específicas de cada bloque hospitalario a la hora de gestionar la atención clínica del dolor y de planificar las
acciones de mejora de la calidad asistencial.
El dolor en los enfermos quirúrgicos y de críticossemicríticos tuvo una prevalencia y una intensidad
superior que en los enfermos médicos y pediátricos.
En parte por la mayor frecuencia de procedimientos
relacionados con el dolor (cirugía, curas y procedimientos mínimamente invasivos). Paradójicamente el
bloque quirúrgico presentó un elevado grado de instauración y de adecuación analgésica mientras que el
de críticos-semicríticos presentó el más bajo. Por otro
lado, la prevalencia de dolor en el área médica no se
distanció mucho de la de críticos-semicríticos, si bien
la intensidad tendió a ser más moderada. Los resultados de nuestros enfermos pediátricos deben considerarse con cautela por el bajo número de casos incluidos en el estudio. Aún y así tanto la prevalencia
general del dolor, como la frecuencia de prescripción
y la efectividad analgésica se situaron entre las más
favorables del hospital y de los estudios publicados14,15,19,21. Ello se atribuiría quizás a la mayor exi17
gencia de los profesionales ante las repercusiones del
dolor especialmente importantes en el bienestar fisiológico, psicológico y emocional de los niños14,15.
A pesar de la variabilidad de la conducta terapéutica del dolor en las áreas hospitalarias destaca la
similitud de la efectividad analgésica resultante. Así,
comparando los bloques hospitalarios más grandes, el
médico y el quirúrgico, observamos resultados paradójicos: Mientras que el bloque médico tenía unos
niveles bajos de instauración y adecuación analgésica y el bloque quirúrgico unos niveles elevados, la
efectividad analgésica y la prevalencia del dolor final
fueron parecidas. Diversos autores han observado
resultados similares que se explican por las limitaciones del diseño transversal del estudio14,18,21,22. Éste
no permite establecer asociaciones entre la conducta
terapéutica adoptada y la analgesia resultante. Es
decir, no distingue si la prevalencia del dolor es causa o consecuencia de la práctica clínica que el médico ha realizado. Hipotéticamente los factores mencionados que determinan la prevalencia de dolor
serían al inicio más frecuentes en los pacientes quirúrgicos. A la vez, ante la presencia de una justificación obvia de dolor, como la cirugía, se incrementarían su tratamiento y su adecuación. No obstante en
los estudios transversales sólo se apreciaría la similitud en la efectividad y la prevalencia del dolor entre
los pacientes tratados.
El presente trabajo también objetiva algunos aspectos sobre la calidad de la asistencia que se realiza al
controlar el dolor. Un 18,7% de los enfermos candidatos a tratamiento analgésico no tenían ninguna prescripción por parte del médico. Estos porcentajes en la
literatura se sitúan entre el 20%-46%14,17-19,21. La efecti137
Rev. Esp. Anestesiol. Reanim. Vol. 52, Núm. 3, 2005
vidad analgésica observada en general sólo alcanzó el
47,3%. Es decir, más de la mitad de los pacientes tratados por dolor continuaban presentándolo con una
intensidad de 3 o más puntos. Este resultado también
se acerca al de los estudios publicados14,17,21,23. De igual
forma es generalizado el predominio de las pautas a
demanda 13,24,25 y, en nuestro estudio, especialmente
cuando el dolor era intenso. El patrón de prescripción
observado tampoco se alejó mucho del descrito por
otros autores15,16,18,20,22-26: básicamente AINE o paracetamol, solos o en combinación; los opioides mayores se
administraron al 24,6% de los enfermos con tratamiento analgésico. Algunas prácticas terapéuticas
parecieron exclusivas de un bloque hospitalario, como
las técnicas especiales en el bloque quirúrgico (posiblemente por el mayor control del servicio de Anestesiología-Clínica del Dolor) y las medidas no farmacológicas en críticos-semicríticos (por el control más
exhaustivo por parte de enfermería). Por último, se
observó que el 24,6% de los pacientes tratados lo fueron inadecuadamente.
Nuestros resultados, por consiguiente, concuerdan
con la totalidad de estudios realizados en la necesidad
de mejorar el abordaje del dolor en el hospital13-29. Las
intervenciones propuestas son unánimes y ya han
estado claramente definidas desde hace años en los
sistemas sanitarios occidentales8,11,16,30. Los primeros
estudios denunciando las carencias del tratamiento del
dolor en los hospitales se publicaron en Estados Unidos en 1977 y en España en 198914,16,23. La primera
guía oficial para el manejo del dolor postoperatorio se
publicó en Australia en 19884. Desde entonces la persistencia de la magnitud del dolor en los hospitales y
de la inadecuación de su tratamiento exige una solución por parte de todos los protagonistas del sector
sanitario.
La administración sanitaria ha emprendido iniciativas fundamentales para reforzar nuestro sistema asistencial en el control del dolor. Así, en Cataluña, ya se
incluyó el control del dolor como un objetivo del
Plan de Salud desde el año 199631. Sin embargo, no
se han concretado las intervenciones realizadas ni el
logro de los objetivos operacionales que se establecieron, y el dolor ha dejado de constar como objetivo
en el Plan de Salud 2002-200532. Los distintos modelos sanitarios de atención al dolor han estado ampliamente debatidos con la finalidad de encontrar la
mejor relación coste-beneficio 4,8,11,15,28-30. El modelo
basado en clínicas o unidades de dolor y en la
implantación de programas específicos de gestión del
dolor a nivel de todo el hospital de forma institucionalizada parece ser el más adecuado en el medio
europeo. El éxito de estos programas para reducir los
niveles de dolor se basa en la multidisciplinariedad,
138
la simplicidad y el bajo coste de sus acciones11,22,30.
Con ello, la Dirección de cada hospital debería definir una política clara y firme sobre la atención del
dolor, aprobar los planes necesarios que aseguren su
correcta gestión clínica en todos los servicios y dedicarle los recursos que los hagan viables.
Los profesionales sanitarios requerirían, según la
mayoría de autores, una mayor concienciación sobre la
importancia del dolor8,16,29,33: tener siempre presente este
síntoma en la atención al enfermo, disponer de una
valoración y un seguimiento rigurosos del dolor como
parte de la rutina general de evaluación clínica, y mantener una buena comunicación con el paciente y entre
todos los profesionales que lo atienden16,22-23,25-26,34-35. Las
sociedades profesionales y grupos de carácter científico o académico han dirigido grandes esfuerzos contra
el dolor36-39. Destaca el impulso de la nueva generación
de guías de práctica clínica sobre el manejo del dolor,
caracterizadas por su accesibilidad en la Web, por
explicitar la evidencia científica y ser específicas del
sitio anatómico de la cirugía4,40-41.También destaca la
instauración de estándares e indicadores de calidad, y
la realización de estudios periódicos que determinen el
grado en que son alcanzados10,12,37. Asimismo destacan
los programas multianuales, como el "Europe Against
Pain" de la Federación Europea de las Sociedades
Nacionales de la IASP (International Association for
the Study of Pain), de la que es miembro la Sociedad
Española del Dolor, o el "2001-2010 Decade of Pain
Control and Research" de los EEUU. Finalmente,
sobresalen iniciativas como la "Pain Care Coalition"
para influenciar la política sanitaria federal del Congreso de los Estados Unidos a través de enmiendas legislativas y reguladoras que den soporte a la atención
sanitaria del dolor42,43.
Por último, y no por ello menos importante, para
reducir el dolor se debe contar con los propios enfermos que lo padecen, los familiares y la sociedad en
general. La participación de los pacientes en las decisiones sobre su atención sanitaria, incluido el control
efectivo del dolor, es ya un hecho reconocido, así
como el papel de las asociaciones, grupos de ayuda
mutua y líneas telefónicas de ayuda e información a
pacientes y cuidadores10.
En conclusión, la existencia de dolor en el medio
hospitalario, el relativo grado de instauración de analgesia y su baja efectividad junto a una cierta inadecuación sugieren la posibilidad de mejora de la calidad
de la atención al dolor en los distintos bloques asistenciales. Teniendo en cuenta el tiempo que los estudios
publicados llevan constatando esta situación, las soluciones se encontrarían más allá del medio hospitalario
e involucrarían a todos los niveles del sistema sanitario.
18
I. BOLÍBAR ET AL– El dolor en el hospital: de los estándares de prevalencia a los de calidad
Agradecimientos
Los autores agradecemos a las enfermeras Montserrat Calpena, Mariona Castellà, Olga Esquerdo, Laura Fatjó, Isabel Magallanes, Carmen Martínez, Mª
Jesús Mateu, Adelina Quintàs, Joanna Ramón, Susana Rodríguez, Encarna Sáez, Alícia Sanchez, Isabel
Serrano y Carme Valls por su dedicación en la realización del trabajo de campo. También agradecemos a
la Comisión de Evaluación de Resultados del Programa de Promoción y Evaluación de la Calidad Asistencial del Hospital (ProAQuA) por sus aportaciones
en la discusión del estudio. Este trabajo también ha
sido posible gracias a la incorporación del dolor en
los objetivos vinculados a la contratación de los hospitales de la red de utilización pública del Servicio
Catalán de la Salud.
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