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Se dice que a las mujeres no hay que entenderlas, sino quererlas

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Se dice que a las mujeres no hay que entenderlas, sino quererlas
El y ella
¿Viva la diferencia?
Publicado originalmente en Agosto de 2008
“¡Todos los hombres son iguales?” “¡A las mujeres ni las mujeres las entienden!” ¿Suena conocido?
Desde que la primer pareja –hombre y mujer, claro- de humanos apareció en la tierra, las controversias y las
rivalidades han estado presentes. Que si somos iguales, que si se discrimina, que si ellas son inferiores –la iglesia
inclusive las consideraban seres inferiores y por tanto, sin alma-, que si ellos son menos inteligentes, que ellas son
más resistentes pero ellos más fuertes, que el machismo, que el feminismo, el caso es que se cuestiona inclusive que
tan válido es el término pareja en estos tiempos cuando se confronta con el de la independencia. La verdad es que
en ocasiones todas estas comparaciones, diferencias, contrastes, son más fáciles de solucionar de lo que parece,
aunque lo difícil es dar el primer paso y en eso se resume todo: comunicación.
En esta ocasión presentamos dos visiones, cada una acerca del otro sexo, que quizás nos den un panorama más
amplio y nos permitan por un momento ponernos en los zapatos del otro, en tener su visión y que esto nos permita
entendernos un poco más, a fin de cuentas, la vida es muy aburrida si la pareja no existiera.
-------------------------------------------------------------El
por Francisco Aguilar
Se dice que a las mujeres no hay que entenderlas, sino quererlas, ¡y créanme que lo hago! Pero la verdad es que no
entiendo por que las mujeres son tan complicadas, de hecho estoy convencido que inclusive ni ellas mismas se
entienden. Díganme si no:
Preguntan cosas de las cuales no quieren escuchar la respuesta: ¿Te parece que estoy gorda? Y si uno contesta
honestamente, ¡se enojan con uno!
En lugar de que pidan que nosotros les auxiliemos en algo, prefieren tirar indirectas: -“¡Qué montón de trastes hay
para lavar!”, “Hace falta mover el bote de la ropa”- a las cuales debemos responder o se molestan; pero si uno
escucha esas quejas y pregunta “¿Te ayudo?”, dicen que no, porque… eso lo deberíamos hacer sin que lo pidan.
¡Adivinos tenemos que ser!
Les encanta interpretar mensajes ocultos donde no los hay. Si decimos que nos gustó la cena de la fiesta a la que
asistimos, no significa que no nos gusta lo que se prepara en casa; si decimos que a nuestra pareja le salio una cana,
no estamos diciéndole que es una anciana; si decimos que una compañera de trabajo lucía bien, no quiere decir que
nos estemos queriendo involucrar con ella. Decimos las cosas tal cual, sin doble intención.
Disfrutan ir de compras a sabiendas de que tardarán horas, que eso no es divertido para nosotros, pero si nos
molestamos por el tiempo que pasan en un centro comercial o no las queremos acompañar, disgusto seguro.
Siempre nos preguntan que se ponen para salir o asistir a alguna reunión, escuchan nuestra respuesta, se justifican y
deciden ponerse otra cosa diferente a lo que les dijimos.
¡El corte de cabello! ¡Por Dios! Pagan un dineral por un corte que generalmente no las satisface –sobre todo cuando
involucra un cambio de imagen- y terminan volviendo a la semana, a para de nuevo un dineral, para que las dejen
prácticamente como habían llegado la primera vez, si acaso despuntadas.
Usualmente no contestan las preguntas que hacemos de manera concreta, al contrario, divagan en perspectivas y
razones sin darnos la respuesta que esperamos, que usualmente se pede concretar a un “si!” o “no”.
Tratan de buscar empatía más que soluciones a sus dolencias –una jaqueca ligera- o problemas tales como la rotura
de una uña, cuando para nosotros la definición de “problema” es algo mucho más serio. Como no las entendemos en
ese aspecto como sus amigas, también se molestan.
Te piden que les pases la bolsa color fucsia –¿o fiushia? ¡Ni idea siquiera como se escribe!- y se sorprenden de que
no la distinguimos entre la roja y la durazno -¿el durazno no era una fruta la última vez?-. ¡Y es que para nosotros
solo existen 16 colores! Los demás son ganas de complicar.
¿Y que tal cuando encontramos a nuestra pareja enojada, triste, angustiada o en un estado anímico inusual?
Preguntamos si ocurre algo malo, si le tiene algún problema o quiere hablar, responde que no… ¡y al rato nos pega
de gritos por ser insensibles y no apoyarla cuando la vimos enojada, triste o angustiada, porque aunque nos dijo que
no, era obvio que si tenían algo atorado!
Sería bueno que entendieran estás situaciones. La verdad sea dicha, la principal diferencia entre hombres y mujeres
es que mientras nosotros somos instintivos, ellas son emocionales; el encanto en nuestra relación no radica en la
similitud, sino en la diferencia, diferencias que complementan a ambas partes y conforman una unidad mucho más
fuerte, con todo y las diferencias que aunque tan grandes, no impiden que sigamos reconociendo que son lo mejor de
la creación… y que son adorables. ¿De acuerdo?
--------------------------------------------------------------------Ella
por Susana Espinosa
Si, somos impredecibles, inestables, truculentas y hasta un poco paranoicas. Es verdad que tampoco nos
entendemos y que nos gusta que prácticamente nos adivinen el pensamiento, pero, ¿dónde esta la dificultad?
Veamos. Ahora sabemos que los hombres no nos entienden, que dicen que nosotras somos de Venus y ellos de
Marte, que les cuesta entender nuestros cambios de ánimo, pero si ya la mayoría de los hombres descubrieron ese
pequeño detalle, ¿por qué no se esfuerzan en hacernos la vida un poco más fácil y nos dicen lo que queremos oír?
Porque todos, pero absolutamente todos saben que no hay que entendernos, solo “querernos”, entonces ¿por qué se
quejan tanto?
La verdad sea dicha no somos tan difíciles. ¡De verdad! ¿Qué les cuesta decir cosas como “la cena que hizo tu
amiga estuvo deliciosa, pero definitivamente la tuya es superior”? “Si, claro, me gusta ese vestido para la fiesta,
pero con lo que te pongas lucirás espléndida”. “No, no tienes kilos de más, para mí esas perfecta”. ¡Ah! Y cuando
nos preguntan, “¿A donde quieres ir?! y nosotras decimos, “No sé, escoge tu”, definitivamente es “escoge tu,
¡sorpréndeme!” y no entrar a esa tonta dinámica de: “Elije tú”, “No amorcito, mejor tú”, “A donde tu quieras, a mi me
gustará donde tu elijas”. ¡Qué horror! Y todo para terminar en un lugar que no le gusta a ninguno de los dos.
Es verdad que no podemos vivir sin los varones, pero nos las arreglamos bastante bien; ¡Somos multi-todo! Y es que
atenernos a que hagan cosas tan simples como sacar la basura, echar la ropa sucia al cesto destinado a ello,
levantar sus cosas del fut, nos resulta verdaderamente inaudito, porque hay que repetir hasta el cansancio lo mismo.
¡Y no le diga que haga dos o tres cosas a la vez, porque verdaderamente se les complica la vida! Imposible que
conteste el teléfono cuando esta tomando café y menos que le diga a los niños que se preparen para ir a la escuela.
Paso por paso, actividad por actividad, la cosa es calmaaaaada, como decía un cómico de antaño. ¡Ah, pero eso si!
Tienen una seguridad para hacernos sentir inútiles cuando el auto se nos descompone, que dan ganas de mandarlos
a buscar a un familiar al otro lado del mundo. “¿Se te descompuso el auto? A mí nunca me pasa.” “¿Cómo que te
pegaron? Seguramente tú tuviste la culpa. ¿Pues en que andas pensando?”. “¿Todavía no esta lista la cena? ¿Que
haces en todo el día?” ¡Claro! Como ellos no hacen todo lo que uno hace, ¿verdad? Seguramente enloquecerían
sin lugar a dudas.
Ahora bien, también deben entender que compartir no necesariamente significa que nos encante lo mismo que a
ellos, porque claro que podemos sacrificar un desayuno con las amigas para ir al futbol o a verlos correr o a lo que
sea que les apasione hacer, y claro que podemos ir a echarles porras para que metan el gol que nos prometieron,
animarlos a grito pelado para terminen ese maratón cuando les vemos la cara de “¡ya no puedo más!” Y uno piensa
angustiada, “Este se me va a infartar. ¿Habrá pagado el seguro?” De verdad que todo esto lo hacemos con mucho
gusto, es verdaderamente agradable y nos hacen sentir muy orgullosas, pero que quieran que sea el pan nuestro de
cada fin de semana, ¡pues no! Tal vez disfrutemos una vez cada dos o tres meses sentadas junto a ustedes viendo
la lucha libre o el box, pero sentarnos a ver dos horas de costalazos y trancazos o chutarnos la repetición del gol o de
la mejor jugada infinidad de veces, definitivamente no.
Los amamos, los adoramos y no podemos vivir sin ustedes, son nuestro complemento y nuestro apoyo, están ahí
justo cuando los necesitamos -aunque gruñan por todo-, así que empecemos por ser equitativos y vamos a darnos
nuestro espacio. Compartir de esta forma es lo ideal; que la pareja acepte que hoy no se me pegó la gana ir a ver a
su mamá y a su familia no es un gran problema y eso no quiere decir que no los quiera, simplemente hoy no estoy de
vena para ir. De la misma manera deberemos entender cuando nos diga: “¿A casa de tus papás este fin de
semana? ¡No! Hoy es el clásico y van a venir todos mis cuates” no hay por qué desgarrarse las vestiduras, al
contrario, hay que disfrutar y hacer planes para un domingo perfecto, le preparamos la botanas, ponemos las chelas
en el refri y nos vamos a donde nosotras queramos para darle su espacio; eso si, que recojan su tiradero, porque de
lo contrario nos oirán quejarnos durante toda una semana y eso no lo aguanta nadie. Pero aún así son nuestro
complemento. ¿Verdad?
---------------------------------------------------------Hombre y mujer. ¿Mejor, peor, igual?
Nadie duda de las diferencias fisiológicas -fuerza, altura, etc.- entre los hombres y las mujeres, pero las diferencias
psicológicas son más controvertidas, aunque ser diferentes psicológicamente no establece ninguna desigualdad.
En algunos de los aspectos, la mujer se encuentra naturalmente dotada, en otros es el hombre quien tiene una ligera
ventaja, pero estos pequeños aspectos no suponen ninguna brecha que impida la ejecución de cualquier tarea o
cumplir un rol que tradicionalmente esté asociado al sexo contrario.
Necrológicamente, los cerebros del hombre y mujer presentan dimorfismos sexuales, por ejemplo:
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La estructura que interconecta los dos hemisferios del cerebro tiene una mayor densidad de interconexión en
las mujeres.
Existe más flujo sanguíneo cerebral en las mujeres que los hombres.
El cerebro de los hombres está funcionalmente organizado de una manera asimétrica, evidente en las
regiones frontales izquierdas, mientras que el cerebro de las mujeres se evidencia una función bilateral.
El cerebro femenino envejece más despacio
Por lo anterior, el funcionamiento cerebral es diferente –no mejor ni peor-, lo que da por consecuencia ciertas
características en ellos y ellas:
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La mujer puede realizar más tareas intelectuales simultáneamente que el hombre.
El cerebro masculino está más capacitado para la concentración -menos tareas simultáneas-, por ejemplo, al
leer el periódico disminuye la agudeza auditiva.
El cerebro femenino puede identificar emociones ajenas con más precisión.
El hombre tiene mejor capacidad espacial y de orientación.
La mujer tiene mejor capacidad para el lenguaje.
La mujer tiene mejor retentiva de memoria.
La mujer resuelve los problemas centrada en el proceso.
El hombre resuelve los problemas centrado en la meta.
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