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Siempre se vuelve al primer amor

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Siempre se vuelve al primer amor
7,6%
Fue lo que creció el Producto Interno
Bruto (PIB) en julio frente al mismo
mes de 2010. En siete meses, la economía acumuló una expansión del 9,3%.
cultura emprendedora. Federico Seineldin, director de Globant Argentina, recorre la historia de su proyecto (Openware), cómo fue comprado
por la desarrolladora de software y
qué debe tener en cuenta un
emprendedor para crecer.
3
El inversor ya no es el mismo, el “sojero” dejó de comprar departamentos por cantidad en
Nueva Córdoba. La ciudad se queda sin grandes terrenos y hay nuevas zonas
2
“calientes” para el negocio del ladrillo. Los precios crecen 10% en dólares.
Miguel Mariel
(Grupo Esmar),
Martín Dahan
(Meade Inmobiliaria), Ramiro Veiga
(Alvear), Ricardo
Hansen (Hansen
Barrientos), Sergio
Bellomo (Bellomo
Inmobiliaria) y
Tomás Juárez
Beltrán (Juárez
Beltrán). De arriba
abajo, Joaquín
Malbrán (Eduardo
Malbrán), Fernando
Testa (JB Srur) y
Sergio Villella.
al margen
Roxana Acotto
[email protected]
Siempre se
vuelve al
primer amor
D
icen que decía Einstein que era más fácil desintegrar un átomo (cuando la fusión atómica
estaba en pañales) que un prejuicio. De manera similar, parece más fácil creer en la decadencia del imperio americano que dejar la (¿sana,
mala?) costumbre de comprar dólares.
Y no vaya a creer que es cosa de argentinos, no señor: en Chile el verde cruzó alegremente la barrera
de los 500 pesos por unidad, luego de haber oscilado por los 450, y en Brasil las huestes de la autoridad monetaria tienen que tirar artillería pesada
para evitar que el súper real sufra un ataque de
criptonita y vuelvan a precisarse dos unidades
brasileñas para poder meterse en el bolsillo la vieja y conocida cara de George Washington.
En Argentina, la cosa es –como siempre– más pintoresca: no optamos por el libre albedrío del mercado chileno ni por la ortodoxia de cambio administrado de los brasileños. No señor: acá el Banco
Ramiro Pereyra
Central le ofrece una buena cantidad de dólares al
mercado (que los toma sonriente), les vendemos a
futuro a un precio tentador a los operadores (¿harán un gran negocio?) y –sin dejar de hacer lo anterior– mandamos a la Afip a indagar a quienes están
comprando dólares de a 20, de a 100 y de a 1.000.
Los arbolitos y las cuevas, de parabienes: cuando
más señales de control de cambios muestre el
Estado, más gente asustada irá a buscar el dólar
aunque tenga que pagarlo a valor “azul”, la nueva
categoría que florece en la city.
Mientras Brasil, Chile y casi todos los países de la
región buscan (o son llevados) una nueva ronda
de devaluaciones competitivas, algunos se preguntan si esta vez la Argentina va a volver a cometer el error de 1995, cuando la devaluación del
real puso la bomba que acabó derrumbando la
convertibilidad con la que Menem y Cavallo habían logrado estabilizar la economía del país.
¿Vender dólares a fines de octubre a 4,19 pesos –
en el retorno de las operaciones a futuro del
BCRA– es una medida inteligente? ¿Vamos a
“fortalecer” el peso evitando su devaluación aunque eso sea otra vuelta del torniquete cambiario
que empieza a incomodar a muchos sectores industriales y reduzca los ingresos fiscales que se
obtienen por retenciones? Pensando en el mercado interno y los más desprotegidos, contener al
dólar suena razonable. Pero, ¿no será una decisión incorrecta frente a lo que sucede en la región? Nadie lo sabe...
Es que suena paradójico y para muchos lo es: Estados Unidos está en jaque y sus déficits gemelos
hacen dudar del futuro de su moneda. Pero es tan
malo el panorama en los mercados centrales que
muchos vuelven a refugiarse en el dólar. Ya lo
cantó Gardel: aunque no quise el regreso, siempre
se vuelve al primer amor.
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