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JOHN HENRY NEwMAN Y LA IDEA DE LA UNIVERSIDAD Carlos

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JOHN HENRY NEwMAN Y LA IDEA DE LA UNIVERSIDAD Carlos
©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.
John Henry Newman y la
idea de la universidad
Carlos Gutiérrez Lozano*
Resumen: El artículo expone los rasgos generales
de la idea de la universidad según el cardenal John
Henry Newman, acentuando su concepto de educa­
ción liberal como término medio entre la educación
confesional y la educación meramente pragmática.
La educación liberal es libre y entraña la formación
del intelecto, para que busque en todo momento
la verdad y la realice. El artículo concluye señalan­
do algunas semejanzas entre el pen­samiento de
Newman y el Departamento de Estudios Generales
del itam.
Abstract: In this article, we will explore the main
characteristics of Cardinal John Henry Newman’s
idea of a university, emphasizing his notion of
liberal education as in between a moral and a
pragmatic education. Liberal education is free and
trains a person’s intellect to constantly pursue the
truth. Finally, this article showcases the similarities
between his thought and that of itam’s General
Studies Department.
Palabras clave: John Henry Newman, universidad, educación liberal, estudios generales.
Keywords: John Henry Newman, university, liberal
education, General Studies.
Recepción: 24 de enero de 2013.
Aceptación: 04 de junio de 2013.
* Departamento Académico de Estudios Generales del ITAM
Estudios 106, vol. xi, otoño 2013.
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©ITAM Derechos Reservados.
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NOTAS
John Henry Newman y la
idea de la universidad
Introducción
L
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a serie de conferencias reunidas
bajo el titulo de “Idea de la Univer­
sidad”1 tiene una historia bastante
peculiar. Fueron pronunciadas en
1852 durante el proceso de fundación
de la universidad católica de Irlanda.
1
Newman consideró esta obra como una de
sus principales. Según él, a lo largo de su vida sólo
escribió cinco obras “constructivas”: el oficio profé­
tico, el ensayo sobre la justificación, el ensayo sobre
la doc­trina del desarrollo, el ensayo en ayuda de una
gra­mática del asentimiento y la idea de la universidad. Cfr. Ian Ker, John Henry Newman, una bio­
grafía, 2010, Madrid, Palabra, p. 642. En cuanto al
estilo y contenido, “Newman consideraba en lo que
habría de ser la primera mitad de su clásico Idea of
a University, que era uno de ‘mis dos trabajos mejor
acabados, desde el punto de vista artístico’, pero
también el que lo había metido en ‘mayores’ aprietos,
en comparación con las demás publicaciones. Present
Position of Catholics in England había sido el más
fácil de escribir”, ibid., p. 395.
Estudios 106, vol. xi, otoño 2013.
Pero el orador no era irlandés, sino
inglés y tenía ¡apenas! unos cuantos
años de ser católico, pues recién en
1845 se había convertido al catolicis­
mo, después de años de fecunda labor
en el seno de la Iglesia anglicana. El
orador era un sacerdote pertene­
cien­te al Oratorio de san Felipe Neri,
el cual después llegaría a ser Car­
denal y, recientemente, el 19 de
septiembre de 2010, ha sido inscrito
en el libro de los beatos de la Iglesia
Católica. La impor­tancia de estas
observaciones radica en el hecho de
que las conferencias pronunciadas,
lejos de encerrarse en el marco de
la situación política entre ingleses e
irlandeses o entre anglicanos y cató-
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NOTAS
licos, ofrece una visión de la educación universitaria que podríamos llamar perenne y siempre actual, como
tendremos ocasión de ver.
A Newman no le era desconocido el ambiente universitario: formado en el Trinity College de Oxford,
llegó a ser Fellow y posteriormente
Tutor del Oriel College, el más famoso entre los Colleges de Oxford en
su tiempo y santuario intelectual de
la religión anglicana. Precisamente en
Oriel, Newman experimenta la fuerte
presión que ejerce el credo anglicano
en la educación superior, no sólo por
el hecho de que cualquiera que deseara estudiar allí tenía que firmar
los 39 artículos de la profesión de fe
anglicana, sino porque también deter­
minaba el contenido y la orientación
de las clases y de la investigación.
Por el otro lado, al volverse cató­
lico, Newman vio la profunda necesidad de educación superior de los
católicos2 y el callejón sin salida en
que se encontraban, pues los jóvenes
católicos sólo tenían dos opciones:
2
Newman escribe en 1863: “Pues bien, como
del principio al fin, mis intereses se han dirigido a
la educación”. Y explica lo que entiende por ello:
“tratar de mejorar la condición, el ambiente de los
católicos, mediante un examen de los fundamen­
tos que sirven de base a sus argumentos y a su posi­
ción con respecto a la filosofía y a la situación del
mundo actual, mediante la presentación de una visión
más justa y mediante la ampliación y refinamiento
de sus mentes, en una palabra, educándolos”, John
Henry Newman, Escritos autobiográficos, 1962,
Madrid, Taurus, p. 220.
ir a las universidades anglicanas (al
momento ya podían hacerlo) o ir a
las universidades civiles, con marcado acento ateo (como la recién fundada universidad de Londres o el
Queens College de Irlanda).3 Esta
situación podría hacer pensar que
Newman o cualquier otro pensador,
al inaugurar una universidad católica,
imprimiría un fuerte tinte confesional, casi apologético, para afianzarse
en su identidad. Pero Newman no
consideró que fuera ese el camino
correcto. Cuando fue invitado a participar en la fundación de la universidad, el Papa y los obispos irlandeses
tenían en mente seguir el ejemplo
de la famosa universidad de Lovaina,
la cual fue determinante en el aggiornamento de la filosofía escolástica
a finales del siglo xix. En este contexto, Newman pronuncia la serie de
discursos que conocemos como “Idea
de la universidad”, en los cuales expo­
ne su concepto de educación liberal.
Pero antes de explicar este concep­
to, es muy necesario que refiramos qué
entiende Newman por Univer­sidad.
3
En 1845, el primer ministro Robert Peel es­
tableció la no confesional Queen’s University de
Irlanda como alternativa al anglicano Trinity College
de Dublín. Este esquema recibió el nombre de “edu­
cación mixta” y contó con la aprobación de pocos
obispos irlandeses, al tiempo que Roma prohibió
en reiteradas ocasiones a la iglesia irlandesa acu­
dir a esa universidad. Cfr. Ian Ker, “Editor´s Introduction”, en John Henry Newman, The Idea of a
University, 1976, Oxford, Clarendon Press, p. xiii.
Estudios 106, vol. xi, otoño 2013.
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NOTAS
¿Qué es una universidad?
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Sin cuestionarse otros posibles oríge­
nes del término universidad (entre los
cuales estaría el famoso Studium
Generale, bastante significativo para
nuestro departamento aquí en el
itam),4 Newman hace derivar la pa­
labra universidad de la totalidad del
saber: “la Universidad es un lugar que
enseña saber universal”.5 Newman
enfatiza las palabras saber y enseñar,
que modo que, en su comprensión,
la misión primera (no exclusiva) de la
universidad es intelectual, no moral,
ni religiosa, pero tampoco utilitaria
profesional, al tiempo que su labor
primera (no exclusiva) es difundir y
extender el saber, no hacerlo progresar mediante la investigación, pues
esa labor pertenece a las Academias,
Sociedades o Asociaciones de investigación de un saber determinado.
La argumentación de Newman
es la siguiente: “la verdad es el obje­
4
Al respecto, Jorge Rodríguez señala que “este
concepto [Estudios Generales], además, nos vincu­
la históricamente con el momento fundacional de la
institución universitaria en Europa y con el ideal
humanista que se fue afirmando en esas universidades… se designaba Studium Generale a una ins­
titución de educación superior cuando alcanzaba
reconocimiento internacional y combinaba las artes
liberales con alguna especialidad (que eran teología,
derecho y medicina). Jorge Rodríguez Beruff, “El
papel de los estudios generales”, en Estudios itam
97 (2011), p. 22.
5
John Henry Newman, Discursos sobre el fin
y la naturaleza de la educación universitaria, 1996,
Pamplona, traducción, introducción y notas de José
Morales, eunsa, p. 27.
Estudios 106, vol. xi, otoño 2013.
to propio de cualquier tipo de cono­
cimiento”,6 pues la verdad se refiere
a los hechos y sus relaciones y el co­
nocimiento es la aprehensión de esos
hechos y esas relaciones. Pero el
conjunto de estos hechos y relaciones
es tan vasto que la mente humana no
puede abarcarlo con una simple mirada y apropiarse de él definitivamente. En lugar de ello, “por grados
y por aproximaciones circulares se
eleva la mente para hacerse con un
cierto conocimiento de ese universo
en el que ha nacido”.7 Las resultantes
vistas parciales o formalizaciones del
intelecto respecto del objeto constituyen las ciencias, las cuales abarcan
mayores o menores parcelas de la rea­
lidad. Así, “en la medida en que las
ciencias son formas de conocimiento,
capacitan al intelecto para dominarlo e incrementarlo; y en la medida
en que son instrumentos, le permiten
comunicarlo fácilmente a otros”.8 De
ahí para Newman sea claro que las
ciencias procedan a partir del principio, operativo no real, de la división
del trabajo. Esto hace que las ciencias
difieran en importancia, al tiempo
que necesiten de apoyo externo por
su carácter provisional e incompleto.
Vistas en conjunto, “las ciencias se
aproximan a (ser) una representación
o reflexión subjetiva de la verdad
objetiva”.9
Ibid., p. 76.
Ibid., p. 77.
8
Ibid., p. 78.
9
Ibid., p. 78.
6
7
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NOTAS
La universidad es el lugar don­
de todos los saberes tiene su lugar
(Newman es sumamente explícito en
la defensa de todas y cada una de las
áreas del saber). De manera obvia, se­
ñala la necesidad de la teología dentro
de la universidad, pero lo mismo hace
con la física, la economía o la sociología; una universidad que no per­
mita todos los saberes se descalifi­
ca automáticamente como tal. Ahora
bien, la universidad no sólo es el lugar
físico donde se reúnen los cultivadores de las diferentes ciencias, a manera de una posada donde todo peregrino puede llegar a guarecerse con
seguridad. La universidad es tal por­
que es el lugar donde las diferentes
ciencias entran en relación unas con
otras, se vislumbra su jerarquía, se
cuidan sus campos de acción, se de­
fienden sus respectivos métodos,
pero también se señalan sus límites, de
modo que ninguna ciencia rebase
el campo que le corresponde y se en­
trometa en otro, o que alguna extienda
su método a las demás, asegurando
que es el único posible. La universidad es el lugar donde las ciencias con­
viven en orden y armonía unas con
otras, teniendo como árbitro y juez la
verdad. Newman utiliza una imagen
sugerente y precisa sobre la función de
la universidad cuando escribe:
Lo que representa un imperio en
la historia política es lo que represen-
ta una Universidad en el campo de
la filosofía y de la investigación […]
actúa como árbitro entre una verdad
y otra […] no mantiene una sola y
exclusiva línea de pensamiento […]
es impar­cial hacia todas y promueve cada una en el lugar que le corres­
ponde en el cumplimiento de su pro­pio objetivo.10
Detrás de esta idea de universidad subyace un presupuesto fundamental del pensamiento de John
Henry Newman: la idea de que el
mundo (entendido como la totalidad
del saber) es admirablemente amplio
en cuanto a los objetos por conocer
y no puede ser abarcado completamente. De ahí que cada ciencia repre­
sente sólo una perspectiva de esa
totalidad, que necesariamente está
orientada a complementarse con las
que ofrecen las demás ciencias. A
su vez, la idea de que el hombre
tiene la maravillosa capacidad de
conocer, escudriñar, ordenar, jerarquizar el mundo, pero al mismo
tiempo la fragilidad y limitación de
esta capacidad de conocer. Es decir,
el hombre puede co­nocerlo todo,
pero nunca en su totalidad y de mane­
ra definitiva. Por ello, las diferentes
ciencias, en cuanto cons­trucciones del
sujeto humano, representan los di­
ferentes ángulos con los cuales el
hombre intenta abarcar la totalidad
10
John Henry Newman, Cristianismo y ciencias
en la Universidad, 2011, Pamplona, Eunsa, pp. 41-2.
Estudios 106, vol. xi, otoño 2013.
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NOTAS
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del mundo. La universidad, en tanto
conjunto ordenado y jerarquizado de
todos los saberes, es un reflejo directo y subjetivo del mundo objetivo
conocido por el hombre. Por ello, si
no están incluidas todas las ciencias,
no podemos decir que hemos conocido el mundo en su totalidad y, por
ello, también resulta claro que si
alguna ciencia intenta abarcarlo
todo, sin tener en cuenta a las demás,
es porque ingenua o soberbiamente
quiere ir más allá de los límites que por
el lado de la cosa y por el lado del
sujeto cognoscente se le imponen. A
partir de lo anterior, se entiende la ne­
cesidad del diálogo y la confrontación como algo propio y natural del
ambiente universitario, pues, como
afirma Roman Siebenrock “es claro
que el portador de esta idea [de la
totalidad del saber] no es un individuo, sino una comunidad de comunicación, que en la idea de la universidad encuentra su adecuado campo
de acción”.11 Newman, pues, entiende
la universidad como el lugar del inter­
cambio vivo y actual de los cientí­
ficos entre sí y con la comunidad
universitaria (los estudiantes),12 de
11
Roman Siebenrock, Wahrheit, Gewissen
und Geschichte. Eine systematisch-theologische
Rekonstruktion des Wirkens John Henry Kardinal
Newmans, 1996, Sigmaringendorf, Regio Verlag
Glock und Lutz, p. 444.
12
Sobre la importancia del diálogo en las materias de estudios generales, cfr. el artículo de Carlos
de la Isla, “Reflexiones sobre el método dialógico”,
Estudios, vol. II, núm. 70, otoño 2004, pp. 7-19.
Estudios 106, vol. xi, otoño 2013.
modo que se dé el avance de cada una
de las ciencias en diálogo y confron­
ta­ción con las demás, y buscando
siempre nuevamente la mejor integración entre ellas, de manera que se al­
cance siempre provisionalmente la
totalidad del saber, pues aunque el es­
píritu hu­mano es finito, tiende de suyo
al saber universal y a la verdad uni­
versal. Nue­vamente en palabras de
Siebenrock:
La verdad total es posible única­
mente a través del intercambio, el
diálogo, la controversia y la rivalidad
en la “science community”. Por ello
la verdad universal no es po­sesión
inmediata de un individuo o de una
disciplina, sino que se expresa cada
vez nuevamente en la comunidad de
comunicación como resultado y condición de la universidad.13
Ahon­dando un poco más en esta
cues­tión, otro gran conocedor alemán
de Newman, Günter Biemer, señala que
para Newman este intercambio inter­
personal y vivo es mucho más impor­
tan­te y efectivo que los libros, y cita
un consejo de Newman al respecto
“cuando queremos ser formados de
manera completa y exacta en un ámbito del saber, el cual es complicado y
diferenciado, debemos preguntar a los
hombres vivos y escuchar su voz
viviente”.14
Siebenrock, op. cit., p. 445.
Günter Biemer, Die Wahrheit wird stärker
sein. Das Leben Kardinal Newmans, 2002, Frankfurt
a.M., Peter Lang Verlag, pp. 266-7.
13
14
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NOTAS
Lo anterior nos ha mostrado la
universidad como un lugar con un
ambiente muy específico, el cual, por
cierto, no es nada fácil de lograr: diá­
logo, confrontación, comunicación,
relación interpersonal. La capacidad
para realizar estas acciones es fruto
de la meta de la universidad, a saber: de la educación liberal.
Educación liberal15
En primer lugar, se da una concepción negativa, es decir, se define por
sus opuestos. Y es que Newman, fuer­
temente influenciado por Aristó­
teles,16 concibe la educación liberal
como el medio virtuoso entre dos
extremos viciosos: la educación libe­
ral no es una educación confesional
(pues la teología debe tener su lugar
en la universidad, pero no puede en­
15
Es muy importante distinguir claramente
en Newman su concepto de educación liberal del
liberalismo, contra el cual luchó prácticamente toda
su vida. En su discurso de recepción del cardenalato, Newman escribe lo siguiente: “me alegra decir
que desde el principio me he opuesto a un gran
mal. Por espacio de 30, 40, 50 años he resistido con
mis mejores energías el espíritu del liberalismo
en religión […] El liberalismo en religión es la doc­
tri­na según la cual no existe una verdad positiva
en el ámbito religioso sino que cualquier credo
es tan bueno como otro cualquiera”, “Biglietto
Speech”, en John Henry Newman, Cartas y diarios,
1996, Madrid, Rialp, pp. 161-2.
16
Siebenrock sostiene que los discursos sobre
la universidad pueden ser interpretados como el
programa que el Estagirita establecía con su filoso­
fía primera. Cfr. Siebenrock, op. cit., pp. 446-50.
trometerse legítimamente en los asuntos de las otras ciencias),17 pero tampoco es una educación meramente
pragmática, encargada de formar
profesionales de las respectivas ciencias y nada más. En cuanto que no
está atada ni a la religión ni a los inte­
reses inmediatos de la profesión,
Newman llama a esta educación, como
ya lo hiciera Aristóteles respecto de
la filosofía primera, libre, liberal.18
Según Aristóteles, lo liberal se opone a lo servil (trabajo físico) por lo
que la educación liberal o actividades
liberales son ejercicios de la mente,
de la razón y de la reflexión.19 Además,
siempre siguiendo a Aristóteles, las
posesiones liberales se oponen a
las útiles en que son disfrutables, es
decir, no se percibe ninguna ganancia, sino que se disfruta el solo uso
en sí mismo.
En cuanto al contenido de la edu­
cación liberal, Newman precisa:
Su misión [de la universidad]
consiste en la formación del intelecto.
No necesita dar más a sus estudiantes.
17
Esta afirmación habría de ser matizada para
evitar malos entendidos.
18
Que Newman tenía una altísima estima por
el Estagirita lo demuestran las siguientes palabras:
“Mientras seamos hombres no podremos evitar
ser, en gran medida, aristotélicos, porque el gran
Maestro no hace sino analizar las ideas, sentimientos,
percepciones y opiniones de la humanidad […]
En muchos asuntos, pensar correctamente es
pensar como Aristóteles, y somos sus discípulos
lo queramos o no, aunque no lo sepamos”, Newman, Discursos, op. cit., p. 132.
19
Ibid., p. 125.
Estudios 106, vol. xi, otoño 2013.
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NOTAS
Ha cumplido su obra, cuando ha hecho
esto. La universidad educa el intelec­
to para que razone bien en todos los
temas, para que tienda hacia la verdad
y la asimile.20
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La educación liberal es aquella
que forma el intelecto. Para entender
esto, tengamos en cuenta lo que
Newman ha mencio­nado sobre la
formación de las ciencias. Dado que
las ciencias son forma­lizaciones del
saber sobre un campo determinado,
y se relacionan unas con otras, es
necesario ver y reconocer el valor de
cada una y la jerarquía que guardan
unas sobre otras. Pero esto no puede
ser labor de una ciencia junto con
otras tareas. Aristóteles asigna­ba a
las ciencias superiores el nombre de
arquitectónicas y de entre ellas se­ña­
ló una como la primera en absoluto:
la filosofía primera. Por tener un
punto de vista superior, el del ente
en cuanto ente, podía erigirse como
fundamento de todas las demás.
Newman comparte el punto de vista
del Estagirita pero lo aplica de una
manera original: en lugar de reservarle a una ciencia en específico la
labor de discer­nimiento entre los di­
ferentes campos del saber, Newman
considera que la universidad debe
formar en todos sus integrantes un
hábito mental, que pre­cisamente por
sus pretensiones llama “filosófico”,
el cual no es posesión exclusiva de
20
Ibid., p. 144.
Estudios 106, vol. xi, otoño 2013.
los cultivadores de una ciencia, sino
una posible adquisición de todo ser
humano. En sus palabras:
La comprehensión del influjo de
una ciencia sobre otra, y el uso que
cada una hace de las demás, así como
la situación, la limitación, el ajuste
y la debida apreciación del conjunto
pertenece, a mi juicio, a un tipo de
ciencia diferente de todas las demás,
una especie de ciencia de las ciencias,
que es mi idea de la filosofía en el
verdadero sentido de la palabra, y
pertenece también a un hábito filosófico de la mente, que en estos discursos denominaré con ese nombre.21
Digamos que Newman demo­
cratiza la más bien aristocrática
ciencia primera de Aristóteles. Pero
veamos con más detenimiento en qué
consiste ese hábito mental llamado
filosófico, que es lo propio de la edu­
cación liberal.
La formación o enseñanza universitaria no va encaminada solamente a un saber puntual y específico
de cada ciencia, sino a un “crecimien­
to y ejercitación en ciertos hábitos
morales e intelectuales”.22 La educación liberal no está orientada principalmente a los contenidos, sino a
la “educación del intelecto”,23 que
Ibid., 81.
Ibid., p. 29.
23
Ibid., p. 33.
21
22
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NOTAS
Newman describe de la siguiente
manera:
Aquí buscamos la fuerza, la so­
lidez, el estilo abarcante y la versatilidad del intelecto, el dominio sobre
nuestras potencias anímicas, la justa
estimación instintiva de las cosas que
desfilan ante nosotros, que a veces es
un don natural, pero que generalmen­
te no se logra sin esfuerzo y el ejer­
cicio de los años.24
Newman es consciente que la ma­
yoría de los jóvenes no poseen esta
capacidad para captar las consecuencias de las ideas y de las acciones,
sino que más bien son deslumbrados
por las apariencias. Por ello considera fundamental como “primer paso”
“inculcar en la mente de un joven las
ideas de ciencia, método, orden, prin­
cipio y sistema, así como el de regla
y excepción, de riqueza y armonía”.25
Tales principios deben ser ejercitados una y otra vez, con esfuerzo,
dedicación y paciencia, siguiendo
la idea clásica de que un hábito es la
repetición constante de actos. En pa­
labras de Newman:
se forma con ella [la educación
liberal] un hábito de la mente que dura
toda la vida, y cuyas características
son la libertad, el sentido de justicia,
serenidad, moderación y sabiduría. Es
en suma, lo que en un discurso ante­
24
25
Ibidem.
Ibid., p. 35.
rior me he atrevido a denominar hábito filosófico. Esto es lo que con­
sidero el fruto singular de la educación suministrada en una universidad… Este es el fin principal de una
universidad en el trato con sus estudiantes.26
La universidad es, pues, el lugar
del saber universal y de su comunicación interpersonal. Pero esto no
significa que el alumno tenga que
saber todo de todas las ciencias. Sin
embargo, la universidad le da la
ventaja de ver a aquellos que si practican esas ciencias y así el alumno
aprende a respetar, a tener en cuenta a
las otras ciencias y a ayudarse unos
a otros. El que estudia en una universidad se beneficia de la tradición inte­
lectual, al entender las grandes líneas
del saber, los principios en que descansa, las relaciones que guardan unas
con otras y sus mutuas limitaciones.
“Se trata de la acción de un poder
formativo que produce orden y da
sentido a la materia de nuestras
adquisiciones intelectuales”27. Hoy
diríamos simplemente que se trata de
formación, más que de mera información. O bien de formar en los
estudiantes el pensamiento reflexivo
y crítico.28 Se trata de criterios de jui­
Ibid., 125.
Ibid., p. 151.
28
Al respecto, la siguiente afirmación: “una
educación que promueva en los sujetos la reflexividad propia de la educación general conlleva el
germen de la libertad, al permitirles adueñarse de
26
27
Estudios 106, vol. xi, otoño 2013.
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NOTAS
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cio y acción aplicables a cualquier
situación y contenido. Para Newman,
un hombre que lee el periódico es un
hombre bien informado, pero nunca
un hombre de cultura intelectual.
Ahora bien, esta formación del
intelecto es buena por sí misma,
puesto que es la perfección del intelecto y toda perfección es un bien.
Pero no es un bien instrumental, en
el sentido de que sirva para otra cosa,
sino que puede descansar en sí mismo. “La educación liberal, considerada en sí misma, es sencillamente
el cultivo del intelecto como tal, y que
su objeto es, ni más ni menos, la exce­
lencia intelectual”.29 Pero al mismo
tiempo, siguiendo la terminología
clásica, Newman sostiene que el bien
es difusivo de suyo y el bien se comunica naturalmente; por ello, el bien
puede ser útil, mientras que lo útil no
tiene que ser necesariamente bueno.
Así, bien entendido, el saber en sí
mismo puede ser útil:
No digo útil en sentido vulgar,
mecánico y mercantil, sino como un
bien que se difunde, o una bendición,
o un don, un poder o un tesoro, prisu historia y de las consecuencias de sus acciones,
de lo que es de vital importancia para una cultura
comprometida con la justicia”. Me parece que Ana
Margarita Haché explica en palabras actuales lo
que Newman entiende por educación liberal, cfr.
“El papel de la educación general en los estudios
universitarios contemporáneos”, en Estudios, vol.
IX, núm. 97, verano 2011, p. 11.
29
Newman, Discursos…, op. cit., p. 141.
Estudios 106, vol. xi, otoño 2013.
mero para quien lo posee, y a través
de él para el mundo entero. Si una
educación li­beral es buena, debe necesariamente ser también útil.30
Una vez formado el intelecto,
puede darse luego su ampliación por
el saber (hechos), siguiendo el adagio
latino quidquid recipitur ad modum
recipientis recipitur.* Es decir, si se
tiene el hábito filosófico de la mente,
los conocimien­tos que se adquieran
tendrán siempre su lugar, orden y valor,
de modo que la educación no sea sólo
acumulación de conocimientos, sino
verdadera asimilación de los mismos.
La transmisión de conocimientos es
medio, no fin de la educación liberal.
No se trata del saber de cosas aisla­
das, sino la mutua relación entre ellas.
“Educación es una palabra mayor, es
la preparación para el saber, y la ense­
ñanza de conocimientos en orden a
esa preparación”.31 Y en otro lugar:
“educación es una palabra más elevada. Implica una acción que afecta
a nuestra naturaleza intelectual y a la
formación del carácter. Es algo individual y permanente”.32
Newman fue siempre muy afecto
a buscar imágenes concretas de aquello que quería decir. La encarnación
* “Aquello recibido, se recibe según el modo del
receptor”. Más que adagio, parece un prinicio tomista (cfr. Summa Th. 1a, q. 75 a.5; 3a, q.5) [N. del E.].
30
Ibid., p. 176.
31
Ibid., p. 159.
32
Ibid., p. 135.
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NOTAS
del intelecto formado, la imagen concreta de aquel que ha adquirido el
hábito filosófico que pretende la educación liberal es el Gentleman.33 Su
definición-descripción es bien cono­
cida en sus rasgos generales:
El caballero es aquel que nunca
inflige dolor, evita lo que pueda causar estridencia o sobresalto en la
mente de los demás, evita todo en­
frentamiento de opiniones, se preo­
cupa por que todos se hallen a gusto,
es afectuoso con todos, sabe con
quién y de qué habla, interpreta todo
favorablemente, no es mezquino en
sus discusiones, es prudente y tiene
buen sentido, nunca es injusto, es
sencillo y sólido, breve y eficaz. Respeta la piedad y la devoción, es amigo
de la tolerancia […] estos son algunos de los rasgos del carácter ético
formado por un intelecto cultivado, al
margen de principios re­ligiosos.34
Con todo, Newman es coherente
al precisar que la educación podría
ser una buena preparación para el
nivel religioso de la fe, pero no lo
incluye. La educación es un bien na­
tural, mientras que la fe es un bien
sobrenatural. La frase de Newman
es contundente: “la educación liberal
no hace al cristiano, ni al católico, sino
al caballero”.35
33
Rosario Athié Lambarri prefiere hablar de
gentleperson para incluir ambos sexos.
34
Cfr. Newman, Discursos…, pp. 210-212.
35
Ibid., p. 140.
Newman y los estudios generales
Quiero presentar una concreción del
pensamiento de Newman, que puede
resultar muy interesante. En un discurso titulado “Cristianismo y literatura”, Newman sostiene que “las
materias de la escuela de filosofía y
letras constituyen los estudios centrales en la universidad”. Conside­ro
que los cursos de estudios generales
cubren lo que Newman atribuye a la
facultad de filosofía y letras. Carlos
de la Isla, en su artículo “Reflexiones
sobre el método dialéctico” recoge
las palabras del entonces rector del
itam, licenciado Javier Beristáin:
“creo que las ventajas y real aceptación de nuestros egresados se deben
principalmente a los es­tudios gene­
rales”.36 ¿En que consiste esta va­
loración?
Para Newman, un hombre debe
leer en el original a los autores griegos
y latinos: “los clásicos […] en la ma­
yoría de los casos, siempre han sido
los instrumentos de educación, adopta­
dos por la civilización occidental”.37
(Recuérdese que no se supone ninguna recepción pasiva, sino el vivo
intercambio con el autor por medio del
estudioso respectivo que dialoga y
se confronta con los estudiantes). Al
Carlos de la Isla, op. cit., p. 7.
Newman, The Idea of a University, 1976,
Oxford, Clarendon Press, p. 216.
36
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NOTAS
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pre­guntar Newman por aquello que
pueda “fortalecer, refinar y enriquecer mejor las capacidades intelectuales” responde con lo que muchos siglos
de experiencia en Occidente han mos­
trado: “la concienzuda lectura de los
poetas, historiadores y filósofos de
Grecia y Roma lograrán este propósito, como lo ha demostrado la
experiencia”.38 La literatura es, para
Newman, uno de los estudios más
provechosos para la educación liberal. En su conferencia “Cristianismo
y literatura” afirma que la civilización occidental tiene “sus principios
comunes, visiones, enseñanza y
especialmente sus libros”, a los cuales llama simplemente “clásicos”,
pues éstos nos colocan en aquella
vieja tradición, cuando “proseguimos aquellos augustos métodos para
ensanchar la mente, cultivar el intelecto y refinar los sentimientos, en los
cuales ha consistido siempre el proceso de civilización”.39 Menciona con
especial acento a Homero, pero recuerda que también “otros poetas
fueron asociados con Homero en
la tarea de la educación, tales como
Hesíodo y los trágicos”.40 Con el
arribo de la retórica cobró importancia el estudio de la historia, “y enton­
ces las páginas de Tucidides llegaron
a ser uno de los estudios espe­ciales por
los cuales Demóstenes llegó a ser el
primer orador de Grecia”.41 Newman agrega expresamente a Aristóteles, no podía faltar, y concluye
declarando a los maestros de Occidente: “el mundo debía tener ciertos
maestros intelectuales y no otros;
Homero y Aristóteles, con los poetas
y filósofos que los rodearon, hubieron de ser los maestros de todas las
generaciones”.42 Y hace una comparación ciertamente discutible: “incluso en nuestros tiempos Shakespeare
y Milton no son estudiados en nuestro curso de educación; pero los
poemas de Virgilio y Horacio, como
aquellos de Homero y los autores grie­
gos antiguos, estuvieron en la mochi­
la de los alumnos no mucho más de
cien años después de haber sido es­
critos”.43
Conclusión
Para concluir estas reflexiones, quiero subrayar la relevancia social de la
universidad en el pensamiento del
cardenal Newman. Y es que la universidad no puede quedarse replega Ibid., p. 218.
Ibid., p. 219.
43
Ibidem. Con todo, Newman termina incluyendo como núcleos centrales de Occidente a Jerusalén, Atenas y Roma, cfr. ibid., p. 223.
41
Ibid., p. 220.
39
Ibid., p. 216.
40
Ibid., p. 218. Por trágicos entiende, obviamente a Esquilo, Sófocles y Eurípides.
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NOTAS
da sobre sí misma, ya que por esencia
es un lugar de comunicación del saber
universal. Tal comunicación del saber debe tener su concreta aplicación
en los diferentes campos de la vida
social. Newman escribe:
Cuando el intelecto ha sido de­
bidamente entrenado y formado para
lograr una visión coherente de las
cosas, desplegará sus energías con
mayor o menor eficacia, según su
capacidad en el individuo. En el caso
de la mayoría de los hombres, se
suele manifestar en el buen sentido,
la sobriedad de pensamiento, el tono
razonable, la sencillez, el autodomi­
nio y la firmeza de concepciones que
lo caracterizan […] En todos será un
don para entrar con relativa facilidad
en cualquier tema de pensamiento
y abordar con éxito cualquier ciencia o profesión.44
La universidad prepara para vivir y para vivir bien; precisamente
por eso, su meta es la formación del
intelecto y no solo la transmisión
de conocimientos, de modo que los
estudiantes puedan “cumplir mejor
sus tareas en la vida, y hacer de ellos
miembros más inteligentes, capaces
y activos de la sociedad”.45 Newman
no teme caer en contradicción cuando afirma: “si debe asegurarse un fin
práctico a los cursos universitarios,
afirmo que es el formar buenos miem­
bros de la sociedad. Su arte es el arte
de la vida social, y su objetivo es la
preparación para el mundo”.46
Los conceptos compartidos en
la idea de la universidad de Newman
han sido criticados muchas veces como
irrealizables. Pero Newman entendía
la utopía como un ideal regulativo
de las acciones humanas: su realización siempre se quedará atrás, pero
considero que las reflexiones newma­
nianas siguen siendo una fuente de
inspiración al nacer de una profun­
da introspección de la naturaleza
humana. Muchas de sus intuiciones
no pudieron ser realizadas como las
concibió, pero son susceptibles de
otras materializaciones. Estoy seguro de que más de unos de los conceptos de Newman están presentes y
operativos en el caminar de algunas
universidades.
Ibidem.
Ibid., 185.
45
44
Ibid., p. 34.
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