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Revoltosa – zine_complet_d4 - la Revoltosa

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Revoltosa – zine_complet_d4 - la Revoltosa
índice
- p.2 Índice
- p.3 Decidir las reglas del juego.
- p.6 ¿ Qué es la Facilitación? ¿Cómo funciona?
- p.9 Repartir roles, compartir responsabilidades.
- p.10 Unas herramientas útiles.
- p.12 Jefxs: ¿como quitarselxs de encima?
- p.14 Estructurar una asamblea?
- p.15 El camino hacia el consenso.
- p.16 ¿Cómo entender la falta de coordinación?
- p.23 ¿Por que el consenso?
- p.24 Presentación.
Decidir juntxs las reglas
del juego?
La tiranía de la falta de estructuras.
En los años 70, la feminista americana Jo Freeman
escribía una crítica a la desorganización en los movimientos
políticos; tal vez la que más circuló en los entornos radicales a
través del mundo.
Mirando los grupos mas o menos leninistas de aquellos
tiempos (y ahora se podría hacer la misma análisis con
partidos
izquierdistas,
plataformas
unitarias
antiglobalización....),
muchos
militantes
concluían
precipitadamente que todo tipo de estructuras colectivas
formales eran fatalmente autoritarias. Preferían agruparse y
actuar de un modo muy “libre”, espontáneo.
Pero Freeman contestaba que en cada grupo se forma
obligatoriamente una estructura, consciente o no. Pretender
no tener ninguna equivale sencillamente a negar la cuestión del
funcionamiento interno, a no pensarla. A través de colectivos
informales y espontáneos, pensaban evacuar las relaciones
contaminadas del poder, pero obviaban solamente la discusión
sobre ellas. Rechazando el debate sobre las estructuras, se
impide ver las que existen ya, identificarlas e intentar
cambiarlas si hace falta. En realidad, esa fe en la
espontaneidad, da pie a la reproducción de relaciones de
dominación que nos han inculcado vía la familia, los massmedias, la escuela... El colectivo “sin estructuras” se puede
convertir en un terreno propicio a las relaciones autoritarias,
pero éstas son mucho mas invisibles y por lo tanto más difíciles
de transformar. Es lo que Freeman llama “la tiranía de la falta
de estructuras”.
Se quiere evitar trazar un marco y que haya reglas, pero
nadie niega la presencia de normas informales en los entornos
anti-autoritarios. Lo que se puede decir y hacer y lo que no, la
peña “guay” y a lxs que se ignoran. Las reglas de
comportamientos se establecen como si fuese algo mágico,
siempre implícito como que en cualquier familia. Y el ambiente
acaba siendo igual, o más, uniforme que en las organizaciones
políticas clásicas que tanto se critican...
Unos ejemplos.
Un ejemplo muy sencillo de este tipo de normas es el tema
del humo en las asambleas (o en cualquier espacio cerrado y
compartido). En general, el tema no se habla. Se considera
implícitamente que si una persona no esta cómoda, puede
expresar su malestar. En la realidad, en la gran mayoría de los
casos, los no-fumadores tienen que tragarse el humo de los
fumadores. Y si unx se queja de esa situación se puede sentir
mal, le toca el papel de represor “limitando la libertad” de los
demás. Que quede claro, que a veces me gusta fumar en las
asambleas y no estoy diciendo que se tiene que prohibir el
tabaco. Pero es un tema que requiere una mínima atención
colectiva. Si se toma en serio, hablándolo 2 minutos al
principio de una reunión, puede permitir que todxs estén a
gusto. Parece obvio pero es un ejemplo concreto de las normas
implícitas de grupos y de la falta de un planteamiento colectivo
para gestionarlo.
Un segundo ejemplo, un poco mas complejo es el papel del/
de la moderador/a en un debate, cuando se quiere tomar una
decisión, llegar a un consenso. En general, esta tarea no esta
decidida formalmente. En teoría (otra vez de forma implícita)
cada una tiene que pensar en la cuestión inicial, en los
objetivos y auto-moderarse para llegar a un punto común. En
la practica el debate suele desarrollarse de manera un poco
caótica, saltando de un tema al otro. Las personas que tienen
confianza en si mismx, que hablan fuerte, orientan el debate. El
primer problema de esta forma es que estas personas pueden
manipular la asamblea e imponer de forma sutil sus
planteamientos. Pero también, al dejar invisibles estos
mecanismos, las personas menos acostumbradas a los procesos
del consenso pueden quedarse como simples espectadores. Si se
elige conscientemente una persona, cada vez una diferente,
para que haga este papel, todxs podemos tratar con cuidado
las dinámicas de poder. Puede ser una herramienta para
aprender juntxs del proceso hasta que todos se sienten
cómodxs auto-moderándose.
Un trabajo colectivo y personal.
Varias veces tras proponer turnos de palabra o algún tipo
de organización un poco más formal en asambleas se escuchan
comentarios como “no me mola, es como frenarse, no deja
espacio a la espontaneidad...”.
No se quiere aquí negar la fuerza de lo espontáneo, de la
pasión. Pero, esta claro que nuestra cultura condiciona
nuestras personalidades, nuestra percepción del mundo. Cada
unx, de manera distinta según su educación, nos hemos
construido en entornos impregnados de valores capitalistas,
racistas,
sexistas,
heteronormativas/homofóbicas,
competitivas... porque en general, la sociedad (a través de
nuestras familias, amigas, de los mass-medias, de las
instituciones) es así. Por qué tendría que ser distinto con la
espontaneidad, con las emociones o los deseos que nos influyen
en lo más profundo? Son aspectos muy íntimos de nuestra
personalidad y por eso aún más complicados de identificar,
criticar y modificar si hace falta.
Estos lastres de la construcción social y personal se
oponen al objetivo de un colectivo de tomar las decisiones de
forma horizontal. El capitalismo por ejemplo no es solamente
un modelo económico sino también un sistema de relaciones
sociales, una forma de relacionarse.
Para luchar contra una opresión/dominación, el primer
paso es identificarlo. Por lo tanto es interesante cuestionar-se
los roles, los mecanismos que estructuran un colectivo y las
personas que lo constituyen. ¿Cómo superar las dinámicas de
concurrencias personales cutres en los debates? ¿Como
construir a nivel personal, una autoestima que permita
reconocer tus fallos, tus limites? ¿Qué estrategias colectivas
podemos construir para superar estos condicionamientos
indeseables?
La toma de consciencia es el primer paso para superar
nuestra educación e intentar liberarnos de aspectos de nuestras
personalidades que reproducen las lógicas del poder. Es algo
muy personal y muy difícil, mucho más que ponerse una chapa
antifascista o antisexista por ejemplo y creerse de [email protected] [email protected]
Y por eso, el apoyo mutuo es necesario para cambiar en
profundidad.
¿qué es la Facilitación y
cómo funciona?
¿Qué es la facilitación?
La facilitación es la moderación de una asamblea por parte de
facilitadoras y co-facilitadoras que tienen experiencia o
entrenamiento anterior. Las facilitadoras son miembros del
colectivo que moderan la asamblea: ayudan a planear la agenda
y a estructurar la asamblea. Facilitadoras o moderadoras
pueden ayudar a la asamblea a ser más productiva:
organizando el proceso de la asamblea; marcando y
priorizando objetivos o puntos; ayudando al grupo a llegar a
un consenso y asegurando que cada persona pueda participar
en la asamblea.
¿Porqué usamos la facilitación en las asambleas?
Muchos grupos la usan para mejorar su eficiencia y llamar
la atención sobre comportamientos dominantes que pueden
darse dentro de los colectivos. Se usa también para evitar
hablar y hablar sin ninguna dirección, que suele pasar ya que
en una sociedad no estamos entrenadxs para tomar y realizar
nuestras propias decisiones.
La tarea de facilitación debe ser rotativo, pero es
importante tener algo de experiencia o entrenamiento antes de
tomar este rol. Su tarea es ayudar la asamblea a estructurarse,
enfocarse, dinamizarse, y tomar decisiones. Lxs faciltadorxs no
toman las decisiones por la asamblea, han de mantener la
neutralidad y usar su opinión sin presión. Es importante
recordar que es la responsabilidad de toda la asamblea el tomar
decisiones con respeto, responsabilidad y en una manera
colectiva y asamblearia. La facilitadora modera ordenando
turnos de palabras, y señalando cuando alguien está: hablando
sin turno, repitiendo la mismo idea, comportándose de forma
agresiva y dominante, cambiando de tema, entrando en detalles
antes de decidir los objetivos...
Otras tareas del/la facilitador-a son enfocar y clarificar
puntos clave, marcando propuestas ya hechas, resolviendo
conflictos asegurando que se puede llegar a un consenso. En
general pretenden que la asamblea pueda funcionar y llegar a
decisiones con participación de todo aquél que quiera y sin
dinámicas opresivas.
El objetivo de
tener
una
facilitadora no es
dominar
la
asamblea,
sino
visibilizar
y
compartir
este
rol hasta que
todxs lo puedan
asumir y que tal
vez
no
sea
necesaria
una
facilitadora.
Todos estos roles
son más útiles en
asambleas
grandes.
Repartir roles, compartir
responsabilidades...
Hay varias otras tareas que las personas de la asamblea
pueden adoptar para ayudar a que todo funcione
eficientemente.
- co-facilitador-a. La persona que ayuda a la facilitadora. Esta
persona puede tomar los turnos de palabra, ayudar con la
moderación y relevarla, darle apoyo en general, especialmente
en situaciones conflictivas. Si una facilitadora se siente muy
involucrada emocionalmente con un tema, se le puede
preguntar al/a la co-facilitador-a para que facilite la asamblea,
así ella puede tomar un descanso.
- reloj. La persona que mira el tiempo y se encarga de
informar a la asamblea sobre cuánto tiempo han empleado en
hablar de un tema.
- apuntador-a. Una persona toma actas con todas las
decisiones, actividades, compromisos, fechas y otros datos
importantes. El acta puede ser revisada por el colectivo antes
de la próxima asamblea. Es aconsejable tener una libreta para
escribir el acta en cada asamblea, un calendario para ayudar a
organizar las asambleas y apuntar las fechas.
- observador-a de ondas. La persona que está atenta a los
sentimientos de la gente durante la asamblea y ayuda a resolver
conflictos y relajar el ambiente usando herramientas concretas.
Los sentimientos forman una parte importantísima en la
autogestión y la creación de relaciones horizontales y
solidarias.
unas Herramientas útiles
La facilitadora u otra persona puede proponer utilizar una de
estas herramientas en ciertas situaciones difíciles que surgen
durante una asamblea.
- Orden del día: Permite organizar la asamblea: fijando el
objetivo de la misma, sus prioridades, los puntos y propuestas
a tratar y el tiempo que emplearemos en cada uno. Es
importante tener espacios y métodos para tomar decisiones y
coordinar el grupo. Resolver la siguiente pregunta es
imprescindible en cada punto: ¿Quiénes son las responsables de
llevar a cabo las decisiones del grupo?
- Ronda: Cada persona sucesivamente, opina sobre un tema.
Esta herramienta es útil en situaciones de desigualdad de
participación (por ejemplo cuando solo 2 o 3 personas están
hablando), o para generar ideas para propuestas concretas. Es
contraproducente en situaciones de tensión o división en el
grupo, por que puede facilitar una separación en bandos.
- Lluvia de ideas: Todo el mundo, de manera espontánea y
caótica, puede lanzar ideas o desarrollar las ideas de los demás.
Mejor si una persona está escribiendo todas las ideas. Esta
herramienta es útil en situaciones de poca energía, o si una
propuesta ya ha fracasado y hay que empezar de nuevo.
- Separación en parejas: El grupo se divide en parejas, y cada
pareja habla del tema, intentando entender la perspectiva de la
otra y llegar a un acuerdo. Mejor si las parejas consisten en
personas de opiniones distintas. Esta herramienta es útil en
situaciones de exceso de energías (cuando todo el mundo está
hablando y nadie está escuchando), o de tensión o división
dentro del grupo, desigualdad de participación, o cuando no se
ve como llegar a un acuerdo entre posiciones y necesidades
distintas en el grupo. No es útil si hay poca energía.
- Ejercicio físico o masajes: alguien propone un pequeño
juego o ejercicio que pueda dinamizar al grupo puede hacer de
pie. Se pueden realizan masajes o alguna actividad relajante.
Estas herramientas son útiles en situaciones de tensión, poca
energía, o demasiada energía.
- Votación indicativa: si hay dos o tres propuestas distintas y
no se puede decidir cual es la mejor, se puede hacer una
votación indicativa para ver cual propuesta tiene más apoyo.
Esta herramienta no sirve para tomar la decisión definitiva,
sino para ver las opiniones de todo el grupo. Es útil en
situaciones de desigualdad de participación o cuando hay
demasiadas ideas. Puede ser contraproducente en situaciones de
tensión o división. También, para valorar cuanta energía los
miembros del grupo pueden dedicar a cada propuesta, se puede
hacer un sondeo. Cada persona tiene diez votos, les puede
dividir entre las propuestas, según cuanto apoyo y compromiso
podría dar a cada una.
- Lucha libre de ideas: dos o tres personas bien informadas en
un tema entran al centro del grupo para debatirlo a fondo,
mientras los demás escuchan. Este debate puede servir para
explorar el tema y desarrollar las ideas de manera más
profunda.
- Ronda de sentimientos: es una ronda, pero en vez de opinar
sobre un tema, cada persona dice como se siente en la vida en
general, o en la asamblea. Es muy útil en situaciones de tensión
o conflicto, desigualdad de participación, y para currar la
afinidad y confianza dentro del grupo.
Estructura de la asamblea
Aquí algunas ideas sobre cómo y porqué estructurar una
asamblea. Estas sugerencias no son necesarias para cada
asamblea, pero pueden ser útiles para asambleas grandes.
1/ Introducción dinámica Se puede empezar con una
actividad divertida, como un juego.
2/ Presentaciones. Si hay personas nuevas puede ayudar a
que sientan comodxs.
3/ Repaso rápido de las decisiones de la última asamblea
¿Que qué se ha hablado y decidido antes? ¿Cuales son las
responsabilidades de cada unx y que se ha hecho?.
4/ Cuales son los objetivos de la asamblea. ¿Qué se quiere
conseguir y cómo? ¿Qué temas se necesitan tratar? Se pueden
definir los puntos en base a ellos orientar la asamblea.
5/ Debate. Un espacio donde la gente puede comentar sus
opiniones en relación de los diferentes temas y hablar sobre
ellos.
6/ Tomar decisiones: ¿Cómo se van a tomar las decisiones en
cada punto? Se puede llegar a un consenso, se puede llegar a un
acuerdo o se puede dejar el punto un tiempo y retomarlo en la
próxima asamblea con más información. Cuando se ha tomado
una decisión colectivamente, hay que decidir cómo repartir
responsabilidades y cuándo se va a llevar a cabo.
7/ Valorar y reflexionar. ¿Cómo ha ido la asamblea? ¿Qué ha
funcionado? ¿Qué no? ¿Quién es responsable de qué?, y
¿Cuándo informará al grupo sobre su tarea? ¿Hay algunas
fechas o actividades importantes para recordar antes de la
próxima asamblea?
8/ Planificación de la próxima asamblea. ¿Qué hay en el
orden del día para la próxima asamblea? ¿Cuándo y dónde es la
próxima asamblea? ¿Quién la prepara si hace falta?
¿Cómo Entender la Falta
de organización?
El Problema.
Dentro de los círculos autónomos y anarquistas existen
bastantes críticas contra las formas de organización
federativas, representativas, centralizadas y permanentes.
Pero, evidentemente, hay una necesidad de una mayor
coordinación y una falta de formas de organización
desarrolladas que sean compatibles con nuestra práctica
libertaria. La crisis en la okupación en Barcelona en el 2007 es
un ejemplo. Después de una ola de desalojos y provocaciones,
muchas personas sintieron la necesidad de coordinarse en una
respuesta colectiva y efectiva. Se reunieron en la Assemblea
d'Okupes de Barcelona (AOB), al principio con mucha
participación e ilusión. Pero, poco a poco, la participación
disminuyó, la respuesta fue débil y mal organizada (a pesar de
la energía puesta por algunas personas, cosa que valoramos y
respetamos). La AOB desapareció después de la típica fase de
auto-reflexión, crisis interna, crisis de auto-definición, y sin
acciones ni presencia externa. Mientras tanto, la AOB se
organizó bajo las formas típicas de un grupo de afinidad
cuando no lo era: consenso informal, suposición de que todxs
tenían el mismo compromiso y papel dentro del grupo,
suposición de que el objetivo debería ser hacer acciones juntxs,
poder en el grupo basado en la participación personal en las
asambleas, etc... En muchas otras luchas y situaciones se dio la
misma dinámica: participación general o ampliada con mucha
energía pero con poca definición, cayendo en una
participación especializada, que a su vez se pierde en
conflictos personales o ideológicos, debido a la falta de bases
comunes, acabando con un grupito de personas más cercanas
que dejan el tema (ahora es un tema, no una lucha) quemadas
y desilusionadas, o bien se convierten en un grupo de afinidad
para organizar acciones efectivas, aunque a nivel mucho más
pequeño.
El Grupo de Afinidad.
En general, en vez de federaciones o asociaciones formales,
preferimos los grupos de afinidad. Pero la mayoría de dichos
grupos son informales y pasivos. Es decir, en la práctica
confundimos los grupos de afinidad con los grupos de amigxs.
El segundo está definido por su inercia, sus normas y rituales
propios, su incapacidad de crear redes con otros grupos
políticos. El crear un grupo de afinidad es una iniciativa
intencional que lleva mucho curro: construir la afinidad
(porque la afinidad necesaria para salir de fiesta es mucho
menor que la necesaria para luchar contra el Estado),
organizar acciones y valorarlas después. Un grupo de afinidad
es ideal para desarrollar la teoría y la práctica, para resistir a
la represión y a la infiltración, para realizar intervenciones
estratégicas y acciones peligrosas, para responder y actuar
dentro de situaciones posiblemente revolucionarias en la
sociedad; para auto-gestionar un proyecto que no necesite
crecer mucho ni incluir a un público más amplio. Pero un
grupo de afinidad tiene una limitación estricta de fuerza.
Tiene pocos recursos y en él no pueden participar muchas
personas (en general menos de 20). Para lograr una fuerza
mayor, un grupo de afinidad se podría coordinar con otros
grupos, pero para eso necesitaría crear un nivel de
organización más amplio. Hasta que no haya una multitud de
grupos de afinidad activos, no podremos hablar de
coordinación entre ellos. ¿Pero cómo se coordinarían dichos
grupos?
Consejo de Rueda.
Un consejo de rueda es una asamblea temporal entre
muchos grupos de afinidad o racimos de afinidad (una
agrupación de grupos de afinidad que tiene conexiones previas
y una cierta afinidad ya currada). El consejo tiene la forma de
una rueda de bici. En el círculo más pequeño, en el centro, se
coloca una persona de cada grupo o racimo de afinidad. Estas
personas hablan y toman decisiones sobre una acción en
concreto. En el círculo más grande, alrededor, están todas las
otras personas de los grupos. Ellas pueden comunicarse con su
portavoz y escuchar la asamblea, pero no participan
directamente.
Esta forma se utiliza para limitar la
participación individual y hacer práctica la asamblea. Se
asume que en esta asamblea participan de unas cien hasta
miles de personas y no pueden hablar todas; por lo tanto, el
número ideal de portavoces, de personas que hablan, será de
entre diez y cincuenta. Se asume también que todos los grupos
ya se han currado un trabajo de crear afinidad y debatir entre
ellxs las propuestas. Por lo tanto, se supone que lxs portavoces
no se convierten en representantes o líderes porque hablan por
asociaciones voluntarias de afinidad que ya han debatido los
temas y lxs otrxs miembrxs de los grupos están presentes,
escuchan, y pueden comunicarse con su portavoz. Esta forma
de organización se ha usado con bastante éxito en algunas
grandes movilizaciones (Seattle, Quebec City, Miami,
Heiligindamm), en las que miles de personas de manera
descentralizada coordinaron acciones sobre ciudades enteras:
bloqueando cumbres, realizando disturbios, y respondiendo y
moviéndose con más fluidez y rapidez que la policía.
Encuentro.
Un encuentro supone que todxs lxs participantes estén
involucradas en luchas sociales, aunque no necesiten una
afinidad ideológica ni la misma forma organizativa. Más bien,
un encuentro es un espacio para compartir experiencias,
construir redes y conocer a lxs demás. No es una organización
en si misma ni una asamblea para realizar una acción o
campaña, aunque se espera que muchas de las personas que se
conocen aquí realizarán acciones juntas más adelante. Los
grupos que lo quieran podrían hacer presentaciones sobre su
trabajo o traer distris. También habrían muchos eventos y
espacios informales para que la gente pueda conocer a lxs
demás y construir redes. El encuentro se nutre de mucha
diversidad. Se confía en que cada una de las personas que
están ahí luchan por buenas razones, aunque no sean las
mismas. No se intenta desarrollar la afinidad sino superar el
aislamiento, aprender de las diferencias y reforzar la
solidaridad. Lxs Zapatistas han usado el encuentro con éxito,
fortaleciendo un movimiento contra el neoliberalismo y sus
redes internacionales.
Jornadas.
El objetivo de las jornadas es juntar a muchas personas
diversas para profundizar un tema en particular. Puede ser un
proyecto pedagógico de un grupo de afinidad que ya se ha
currado este tema o puede ser un foro abierto donde cada unx
comparte su experiencia y perspectiva. El objetivo de los
debates puede ser llegar a algunas bases comunes, o puede ser
simplemente debatir, aprender y generar ideas. En el primer
caso, se necesita una mayor afinidad y en el segundo se nutre
de la diversidad de lxs participantes.
Asamblea Formal.
En algunas situaciones se ve que hay una necesidad de
coordinación a largo plazo entre la peña que no tiene afinidad
pero lucha junta. Por ejemplo, lxs vecinxs antiespeculativxs de
un barrio, lxs anarquistas u okupas de Barcelona, lxs
anticarcelarixs de Catalunya, etc. En estos casos, proponemos
que es necesaria una asamblea formalmente organizada. En
espacios informales, todavía existen reglas y normas, pero sin
poder hablar de éstas, no se las puede cambiar. Estas normas
casi siempre vienen de las personas que formaron el grupo en
el principio, o las personas con más experiencia y autoridad
dentro del grupo. Las personas que no comparten estas
normas o preferirían otras no se sienten cómodas en el grupo;
queda señalado que no es su grupo, sino un grupo en el que
están de visita. Las personas que se sienten cómodxs con estas
normas quedan en el grupo, lxs que no, salen.
En una asamblea formal se establecen las reglas y las
normas, no para no poder cambiarlas sino al contrario, para
que todxs las sepan y puedan cambiarlas. Formalizar las
normas significa decidir colectivamente cómo se toman las
decisiones, cuáles son los roles y cómo se cambian y
comparten, qué significa ser miembro del grupo y qué tipo de
compromiso se espera de cada unx para ser realmente parte
del grupo y no una persona en la periferia. Lo difícil es
reconocer que muchas personas no están acostumbradas a
pensar en dinámicas o manejarlas. Un trabajo dirigido desproporcionadamente hacia adentro, interno, quema a un
grupo. Es decir, que un grupo más diverso no puede trabajar
tanto las formas y las normas en el principio sin perder mucha
participación (la obsesión libertaria sobre las jerarquías
internas, aunque necesaria, es otra norma nuestra que no
comparte todo el mundo). Entonces, hay que usar normas más
“normales” para la mayoría, aunque sean normas
políticamente incorrectas. Por ejemplo, una asamblea vecinal
contra la especulación no pertenecería a todxs si utilizara el
consenso cuando la mayoría nunca lo ha usado. En esta
situación, se puede por ejemplo proponer tomar decisiones con
votación, pero se decide con un 75% en vez de 51%, para poder
acercarse a un consenso y crear la posibilidad de adoptarlo
luego, sin crear una dinámica de elites dentro del grupo.
También, con el tiempo, cuando el grupo tiene mayor
experiencia o intimidad, y cuando hay acciones externas que se
pueden equilibrar con reflexión interna, se pueden plantear
jornadas de consenso y un debate para decidir si todxs
prefieren utilizar el consenso.
Con asambleas formales pierdes algo de las formas ideales
y tienes que aguantar una estructura mayor, pero eso crea la
posibilidad de coordinarse entre personas que no tienen
afinidad. Los grupos de afinidad tienen un papel muy
importante, y en ellos funciona el consenso informal, pero no
sirven para todas las situaciones. Aunque el capitalismo
desapareciera no existiría una afinidad universal, y desde luego
no existiría dentro de nuestras luchas.
¿Por qué usar el
consenso?
Existen muchas formas de tomar decisiones para un grupo,
ninguna es perfecta. Puede ser contraproducente usar el
consenso en procesos creativos, en decisiones sobre gustos o
preferencias, o en situaciones de alto riesgo y emergencia. Pero
para la autogestión de un colectivo, el consenso es ideal, a
pesar de sus debilidades. Es una herramienta política para
explorar otras formas de organizarse, relacionarse. para
cualquier grupo que tiene ganas de cambiar radicalmente la
sociedad.
Cada miembro del grupo es imprescindible para tomar
una decisión. Tomar en cuenta los distintos puntos de vista,
escuchar y responder a todxs lxs participantes son
preocupaciones del grupo entero... El colectivo no es solo más
igualitario
sino
también
más
satisfactorio.
Las
responsabilidades están mejor compartidas. Vía el apoyo
mutuo y la colaboración, el grupo puede profundizar sus
relaciones, su habilidad de entender y colaborar con el Otro y
el respeto a la autonomía de cada individuo.
Por todo esto, intentamos organizarnos vía el consenso.
Si te interesa el tema y quieres consultar otros textos, vamos a
poner una bibliografía y una dirección de contacto en
http://revoltosa.squat.net.
Todxs hemos vivido la desgracia de gastar tres horas o más en
una asamblea dando vueltas a los temas que al final acaban sin
decisión ninguna, o con una decisión que todo el mundo entiende de
manera distinta. Muchas acciones han fracasado sin llegar a
realizarse, a causa de una falta de organización previa o por el caos
que genera el cuestionar y repasar todas las decisiones anteriores en el
momento de actuar. Creemos que hay una necesidad para coordinar
luchas a nivel más amplio pero no funcionan las asambleas más
grandes o con menos afinidad. Muchxs valoramos la idea del
consenso sobre formas de gestión mayoritaria, pero pocxs lo hemos
visto funcionar bien. Queremos destruir las jerarquías explotadoras y
opresivas en nuestra sociedad, pero a menudo las reproducimos
dentro de nuestros colectivos.
Nosotrxs creemos que las habilidades y conocimientos sociales
son como músculos: si no los usas, los pierdes, y para recuperarlos,
necesitas entrenarte. Dentro de la civilización occidental, estamos
entrenadxs en las jerarquías, el obedecer o dar ordenes, el debatir
ideas abstractas sin poder realizarlas... Vemos que en otros sitios, las
personas en las luchas horizontales y libertarias han entrenado
mucho estos músculos sociales y lo queremos hacer también.
Con este taller pretendemos entender el consenso falso,
proporcionar herramientas concretas para un consenso real, pensar
en estructuras de coordinación, examinar dinámicas de poder
internas y cuestionar las divisiones de caos/estructura y
espontaneidad/formalidad.
Porque también hemos vivido la ilusión de montar proyectos
decididos y asumidos colectivamente superando las diferencias y
construyendo la fuerza para auto-gestionar nuestras vidas.
-- colectivo Alianza rebelde -- Febrero 2009 --
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