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Bernat Soria tampoco es inmortal

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Bernat Soria tampoco es inmortal
Bernat Soria tampoco es inmortal
Bartolomé
BELTRÁN
.
Cuando en junio fue nombrado ministro de Sanidad, Bernat Soria ya tenía claro
cuál era su plan estratégico para afrontar las elecciones generales de Marzo.
Su vecindad emocional y laboral con el presidente del Partido Socialista,
Manuel Chaves (Centro Andaluz de Biología Molecular), le ha conducido a identificarse con el Presidente del Gobierno;
es decir, poner la medicina, la investigación, la docencia y la asistencia al servicio de las minorías. Zapatero es un
experto en minorías
.
Bernat Soria aspira, como Zapatero, botiquín en mano, a llegar a la inmortalidad política que pueda apuntar en el
futuro a la Comunidad Valenciana. Pero eso es porvenir. Bernat Soria y Manuel Toharia acaban de publicar «El Mito de
la Inmortalidad» y el propio ministro dice que «jamás compraría un libro que se titulase “El Mito de la Inmortalidad”». La
respuesta de Toharia es demoledora: «Yo sí, para ver qué tonterías dice». Bromas aparte, he comprobado que a su
Ministerio podemos situarlo en cinco fases. La primera es su puesta en escena: un científico, un investigador al frente
de la Sanidad. Los expertos de esa área discuten en silencio y sin dar dos cuartos al pregonero sobre su hoja de
servicios. Es discutida y discutible su dimensión investigadora. En la Sanidad, en la global, cuando saludó al sector
paseándose por los distintos ámbitos se puso la piel de cordero. Una especie de «vengo en son de paz, soy de los
vuestros» y «un hombre tolerante carta cabal». Y así fue. Entre Elena Salgado y él se produjo un cambio copernicano
por la aparente vía del diálogo seductor. La tercera fase, héteme aquí, fue el último Consejo Interterritorial. Para que
me entiendan, esa cumbre periódica, anteriormente rota con Salgado, de todos los consejeros de Sanidad. Aquí, ha
puesto en marcha una de sus reflexiones en el libro firmado con el solvente Toharia, donde dice: «Poseemos una
capacidad de generar pensamiento predictivo, que en los primates ya se empieza a ver: los primates pueden llegar a
mentir». «La mentira, si uno la analiza en función de las habilidades cerebrales, significa que uno es capaz de analizar
la realidad, pensar cómo esa realidad le puede beneficiar, y llegar a transmitir a los demás un mensaje que es el
contrario al verdadero, haciendo la predicción de que la conducta de los demás entonces, me va a beneficiar». Bueno,
está claro que Bernat Soria no es un primate pero también estoy convencido de que planifica su estrategia en el
horizonte
electoral
de
marzo
.
Y así reconoció el otro día ante los consejeros de Sanidad que Solbes le había desinflado sus dos proyectos estrella.
Dijo que «no hay ni un euro para la vacuna del papiloma humano». El plan buco-dental infantil habrá que realizarlo en
cinco años, despacio, pues sólo hay 12 millones de euros, unos tres euros por niño. Tampoco quiso saber nada de la
financiación del sistema, ni de plantarle cara, por supuesto, al Ministerio de Economía. Cuestión que demuestra que el
soporte que dan en la Comunidad de Madrid, Baleares y Canarias a los inmigrantes para atenderles sin financiación
específica en ayuda sanitaria corre a cargo de estas comunidades solidarias. Soria, pasó del idealismo, o mejor aún de
vendedor de ilusiones, al pragmatismo realista de la acción de gobierno. Un Gobierno que nos permite adentrarnos en
dos elementos que definen la estrategia de Zapatero asumida por Soria. Se demuestra también en dos asuntos que
marcan las últimas etapas al frente de su Ministerio: demagogia y solidaridad con las minorías. La demagogia la publicó
el periódico «El País» cuando titulaba: «Sanidad promoverá el parto natural por creer injustificado el alto número de
cesáreas». Soria llegó a afirmar que «si hay que instalar bañeras para la dilatación, se hará». La otra, la de la atención
a las minorías, viene dada por un asunto en el que todos somos solidarios, pero que olvida la esencia de la acción
pública de la Sanidad, que no es otra que la atención asistencial a la mayoría. Porque la iniciativa del Plan de Terapias
Avanzadas es un asunto muy emocional para ese conjunto de seres humanos a los que todos queremos ayudar para
que salgan de su túnel maléfico de la patología y, por otra parte, esa segunda iniciativa aprobada por el Ejecutivo para
la transmisión acelerada de avances científicos a los pacientes con cáncer, una acción transversal que contará con una
dotación de 90,7 millones de euros aportados por Sanidad y las CC AA
.
Aplausos emocionales provoca esta actitud del doctor Soria, que actúa en su dispensación como si fuera el padre
Damián en la isla de Malacay. Ésa es acción indiscutible, yo tampoco lo voy a hacer, que se dedique a las partes en
vez de a tratar el principal. Me explico, si el Estado es un organismo, el ministro ha decidido adecuar su terapéutica al
sufrimiento de las minorías en lugar de potenciar la curación de todo el cuerpo sanitario español. Es cierto, eso está
más cerca de atajar la inmortalidad que de curar al corto, medio y largo plazo la salud de los españoles en su conjunto.
¿Y por qué no las dos cosas, señor ministro? Es usted zapateril incluso a la hora de cuidar las sensibilidades. A usted
la España enferma le da igual, lo que quiere es curar los nacionalismos patológicos de nombres y apellidos. Pero a mí
no me engaña, y no acabo de entender cómo el conjunto de los ginecólogos de este país no se le han tirado al
degüello para recordarle que parto natural, con bañera o con cesárea, son parte de lo que se ha dado en llamar la
indicación médica. Es decir, que cada especialista sabe muy bien cuándo debe ser cesárea o parto vaginal en
dependencia, siempre, claro está, de si hay sufrimiento fetal o bien problemas en el canal del parto. Sólo faltaría que
hubiera que llamar a su Ministerio para preguntar cómo se debe acabar en un paritorio el curso de la historia más
natural de todos nosotros, el parto. En fin, las cosas ocurren por causalidad y muy pocas veces por casualidad. Usted,
en el último libro sobre la inmortalidad dice en una respuesta: «Las liturgias forman parte del evento y lo refuerzan. Por
eso si el mensaje viene acompañado por una cierta liturgia tiene muchas más posibilidades de ser aceptado». Es decir,
que usted, que se presenta como el máximo exponente del humanismo sanitario oficial, ha puesto, por lo que veo, la
ciencia al servicio de la política. La bata es liturgia y Zapatero le ha entronizado con el Ministerio. ¿O no?
*Asesor médico de Antena 3 y Onda Cero
La Razón
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