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Y vos… ¿qué hiciste con los libros de facultad?

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Y vos… ¿qué hiciste con los libros de facultad?
Y vos… ¿qué hiciste con los libros de facultad?
Cuando egresamos de la Facultad de Ciencias Sociales (FCS), luego de un proceso de
aprendizaje de cuatro años más la monografía de grado, tenemos bastante claro cuál fue el
origen del Trabajo Social (T.S).; a qué mecanismos socio-históricos responde; y cómo debemos
abordar el objeto de intervención: realizando un “rodeo” que nos permita trascender lo que se
observa a simple vista, develar las mediaciones e intervenciones que lo atraviesan, vincular “la
parte” con “el todo” y comprender que el sujeto es el “punto de llegada de una larga trayectoria de
aprendizajes”, de un contexto, de construcciones, de un modelo. Sabemos también, que las
relaciones sociales que se manifiestan en la cuestión social, responden a diversos estadios del
capitalismo, del patrón socio-económico imperante. Entendemos muy bien que el T.S. es una
disciplina que no nació simplemente para “hacer” (a pesar que sus orígenes se desprenden de este
legado) sino que el intenso movimiento de Reconceptualización (década del 60´ y principios del 70´
a nivel latinoamericano) y el nuevo replanteo dentro del servicio social respecto al objeto de
conocimiento que se produce en los 90´, nos permiten comprender el lugar importantísimo que
cumple la investigación en la generación de conocimiento para la intervención en T.S.; resolviendo
de este modo la falsa dicotomía entre teoría y práctica.
Pero ¿qué nos sucede luego? ¿Qué efecto nos produce el hecho de que semana tras semana
tengamos que ir a trabajar como profesionales en lugares donde nos cuesta visualizar
aquello que una vez aprendimos en la FCS?
¿Qué nos pasa cuando aplicamos esta metodología de “rodeo” y luego las maneras de
implementación de las políticas sociales no permitan observar cambios en los sujetos
de derechos individuales y/o colectivos?
¿Qué nos pasa cuando “despertamos” nuestra conciencia analizando y buscando las múltiples
determinaciones y mediaciones que atraviesan el diseño e implementación de las políticas
sociales; y luego… no encontramos alternativas de intervención ?
¿Qué efecto “paralizante” o “alienante” produce en el colectivo?
Como colectivo nos queremos alejar de una actitud pasiva , contemplativa, moralizante
y disciplinante. Nos queremos alejar de ser una disciplina de “segunda categoría”, burocrática,
tecnocrática… Queremos salir de lo repetitivo, lo lineal, lo tradicional… queremos ser
creativos. Queremos que nuestra práctica tenga fundamentos, queremos conocer para
transformar, queremos tener solidez teórica: saber argumentar y conceptualizar. Queremos,
asimismo, tener claros nuestros límites, nuestras competencias, nuestras posibilidades, nuestras
habilidades… Queremos articular las dimensiones: asistencial, pedagógica, investigativa y ética,
que nos definen como profesionales. Queremos tener bien claro cuál es nuestra
especificidad qué nos diferencia de los psicólogos, antropólogos, sociólogos, educadores
sociales y otras ciencias o disciplinas vinculadas a los social y lo humanístico. Queremos gritar que
tenemos un lugar en este mundo y que nuestro lugar es necesario. Queremos poder explicarlo…
queremos que se entienda…
¿Acaso cuestionarse desde qué dispositivo intervenimos para atender a las personas en situación
de calle, a las personas con problemas de violencia doméstica, a los niños maltratados, a las
personas que no pueden acceder a la vivienda… es una pérdida de tiempo? ¿Cómo lograr,
entonces, no caer en “la quijotada”?
Acaso nos preguntamos: ¿por qué si lo tengo que hacer? Y… ¿por qué no?
Acaso luego de responder esta pregunta… nos preguntamos: ¿cómo sí lo tengo que hacer? Y…
¿cómo no?
¿Será que en T.S. no tiene sentido hacerse estas preguntas?… ¿Será que tenemos tan clara la
importancia de tener una actitud crítica, investigativa, des-naturalizante, problematizante… de por
qué investigar… que nos olvidamos de preguntarnos: ¿para qué y qué investigar?
¿Será que estamos tan enfocados en problematizar en las causas que nos olvidamos de encontrar
las alternativas que orienten nuestra intervención? ¿Acaso no hay respuestas? ¿Dónde
encontramos esas respuestas?
¿Será que la superación del T.S. está simplemente en cuestionarse… o también es necesario
intentar solucionar alguna demanda en el marco de cierto problema social? ¿Será que podemos
intentarlo? ¿Será que sólo depende de nosotros?
¿Cómo conseguir medir nuestros logros como profesionales ?
Como profesionales tenemos el compromiso de intervenir en la realidad de manera seria y
responsable, con fundamentos ético-políticos, conceptuales y metodológicos. Tenemos la
responsabilidad de investigar. Tenemos la responsabilidad de preguntarnos. Pero
también, deberíamos tener la responsabilidad de compartir nuestras preguntas y pensar
en colectivo las posibles respuestas. La responsabilidad de un colectivo, que camina en conjunto
para la búsqueda de respuestas. La solidaridad de respetarnos entre nosotros y crecer
acompañados.
Aún existe esa falsa dicotomía entre “teoría y práctica” en T.S. Luchemos todos los días para que
desaparezca. Luchemos para que tampoco exista esa dicotomía entre academia y “campo”; entre
intelectuales expertos y novatos; entre la Universidad y el gremio; entre los profesionales y los
estudiantes; entre Montevideo e interior; entre Uruguay y la región… Pues en un punto todos/as
estamos embarcados/as en el mismo viaje…
Socialicemos el conocimiento producido. Animémonos a producir uno nuevo. Animémonos a
expresarnos. Animémonos a auto-criticarnos, a apelar a la experiencia de otros, y ¿por qué no? a
reírnos de nosotros mismos.
Suministremos oportunidades a nuestros compañeros/as. Apoyemos iniciativas.
Animémonos al debate sin el temor de que otro compañero/a nos juzgue. Agrupémonos para
producir y trabajar.
Hagamos el plan de trabajo y registro necesario de nuestras prácticas, para luego poder
objetivarlas y volver luego, hacia la práctica.
Hagamos que el conocimiento sea útil. Que sea útil para nuestras prácticas, que le
encontremos el necesario sentido que tiene que tener para mejorar nuestra intervención.
Hagamos denuncias de injusticias, de situaciones que no se acompasan con los principios
fundamentales de nuestro Código de Ética… ¿O qué significa la dimensión ético-política de
nuestra profesión? Construir en conjunto y no depositando en otros las soluciones. Formar parte
de ese proceso... decidir… posicionarse…
Hagamos preguntas pero también seamos capaces de formular posibles respuestas ,
que no sean rígidas ni acabadas, que no sean recetas generalizadas, pero que, al final y al cabo, se
constituyan en respuestas. Respuestas que orienten nuestra práctica, que se traduzcan en
alternativas, que permitan mejorar nuestros “mecanismos” con el otro.
Respuestas que permitan reflexionar sobre dónde interviene el T.S. y qué metodologías utiliza…
Respuestas que también brinden herramientas: un arsenal de estrategias para mejorar la escucha
activa, la comunicación, la lectura de los roles, de lo latente; para fomentar que el otro también
pueda cuestionarse acerca de su realidad. Pongamos acento en lo que decimos , en el
contenido y tono de nuestras palabras.
Respuestas con fundamento que sirvan de insumo para autoridades y políticos…
De lo contrario… el riesgo será una práctica vacía… sin contenido… sin energía… sin optimismo… sin
convicción… sin unión…
Todos/as necesitamos respuestas… Todos/as estamos intentando aportar lo mejor para la
sociedad… para una sociedad más justa y equitativa… para esa sociedad que la teoría enseña… y
que en la práctica queremos aportar nuestro “granito de arena” para que sea posible…
Comisión Directiva, junio 2014.-
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