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La opinión de que nuestros genes nos condicionan por encima de

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La opinión de que nuestros genes nos condicionan por encima de
Título: EL GENOMA HUMANO
Contenido:
•
Resumen de la
Declaración Universal
sobre el Genoma
Humano y los Derechos
Humanos de la Unesco
•
extracto del artículo de
Alan Woods Ciencia y
marxismo ¿Qué significa
el genoma humano para
los socialistas? publicado
en el 2001
Autor: Caum
1ª Edición diciembre 2004
Imprime y edita:
(Club de Amigos de la
Unesco de Madrid)
Pza. de Tirso de Molina 8, 1º
28012 Madrid
tel.: 91 369 08 42
http://www.nodo50.org/caum
Correo-e [email protected]
La opinión de que nuestros genes
nos condicionan por encima de
muchas otras cosas está
ampliamente extendida en nuestra
sociedad. Se fomenta la idea de
que las enfermedades o la salud,
el carácter, la inteligencia, etc.
vienen determinadas en su mayor
parte por los genes. La ciencia
está demostrando sobradamente
que la realidad es bien distinta.
Por poner un ejemplo, sólo entre
el 1 y el 2% de las enfermedades
humanas tiene un origen
exclusivamente genético. El otro
98% obedece a un conjunto de
factores genéticos y ambientales
que se mezclan e interrelacionan,
incluyéndose en ese porcentaje la
mayoría de las enfermedades
consideradas generalmente como
“hereditarias”, por ejemplo el
cáncer, la diabetes o el Alzheimer.
1
INTRODUCCIÓN
"La verdadera sapiencia no consiste en aprender muchas
cosas, sino en descubir aquélla sola que las regula en todas las
ocasiones".
(Heráclito 530-470)
En el Caum pretendemos no sólo propagar cuanta información nos permita acercarnos a dar
una explicación fundada del origen de la desigualdad y la injusticia con el fin de proscribir sus
causas, sino que hoy con mayor motivo si cabe que ayer, continúa en el afán por educar y educarnos
para transformar nuestra sociedad de manera tal que el ser humano pueda alcanzar la plenitud de su
desarrollo intelectual, técnico, social, económico, cultural, civil y político… En definitiva restituir los
valores de la dignidad y la personalidad humanas y contribuir a implantar verdaderos principios
democráticos de igualdad.
Pero los "principios democráticos de la igualdad", lejos de verse plasmados en una realidad
materialmente constatable, lejos formar parte del patrimonio cultural de la persona y la sociedad, los
vemos continuamente denostados, ninguneados, cuando no perseguidos, tergiversados y finalmente
transformados en todo su contrario. Por esta razón seguimos también poniendo de manifiesto que los
intereses de los pueblos se hacen incompatibles con los intereses de los grupos que detentan el
poder económico, político y cultural cuando estos últimos se apropian ilegítimamente del bien común
fruto del trabajo de todos y todas.
Y afirmamos esta incompatibilidad desde una base científica sólida. Ya no caben dudas para
comprender la unidad fundamental del género humano. Y si caben dudas son partidariamente
interesadas. Así cuando se pregunta:
¿por qué los individuos son como son? ¿Por qué hacen lo que hacen? 1
se nos responde, desde el discurso oficial disfrazado de "objetividad científica" hasta el último
pseudoperiodista de investigación a través de cualquier medio de comunicación de masas, de la
siguiente manera:
el comportamiento humano y la sociedad están regidos por una cadena de determinantes que van del
gen al indiviuo y de éste, a la suma de los comportamientos de todos los individuos.
Y se quedan tan tranquilos y libres de toda responsabilidad dejando "al resto de los mortales"
como los únicos responsables de la inmodificable realidad, como únicos y solitarios seres sujetos a
los inevitables designios de nuestra biología, reducidos a una simple suma molecular determinada
por nuestros componentes genéticos.
Si algo le queda al Caum del pensamiento originario de la Unesco no es otra cosa que su
esencia: "La libre investigación de la verdad objetiva, el desarrollo de la cultura, la ciencia, la
educación y la información". Mucho ha llovido desde entonces. Ni la Unesco, ni la ONU, ni ninguno de
los organismos internacionales creados con el propósito de librarnos de las guerras y los genocidios
han producido los resultados previstos. Muy al contrario las grandes diferencias se ahondan y
agravan cada día más. Estas estructuras manifiestan muy a las claras su impotencia para crear
alternativas al estado de degradación al que nos ha conducido el actual sistema productivo. Para
solucionar los problemas que asolan a la humanidad, ¿Basta con cambiar su rumbo? ¿es acaso
suficiente la aprobación de Resoluciones que sabemos no conducen en absoluto para acabar con los
conflictos bélicos, las guerras, el paro, el analfabetismo…? ¿será o no casualidad que el alimento
preferido de la barbarie sea el determinismo biológico y social? ¿O será su causa?
Nosotros seguimos manteniendo que "la libre investigación de la verdad objetiva" nos
permite, precisamente, establecer, crear y sustentar el conocimiento desde explicaciones dialécticas,
sostenemos que no existe nada fatal ni inmutable y situamos al pensamiento determinista en el lugar
2
que le corresponde, es decir, como el resultado histórico de una línea de pensamiento filosófico
basado en una visión de la naturaleza humana y de la naturaleza misma acorde con los intereses de
las clases dominantes, en donde el hombre sea un lobo para el hombre y nuestra existencia tenga
sentido en medio de una guerra permanente de todos contra todos.
Pues bien, las investigaciones genéticas han demostrado sin ningún género de duda que "El
genoma humano es la base de la unidad fundamental de todos los miembros de la familia
humana y del reconocimiento de su dignidad intrínseca y su diversidad. (…) el genoma
humano es el patrimonio de la humanidad".
Esta rotunda afirmación no procede en este caso de ninguno de los Talleres de pensamiento
crítico del Caum, aunque de mil y una maneras hayamos llegado a esta misma conclusión en multitud
de ocasiones. El principio enunciado en el párrafo anterior está recogido de la Declaración Universal
sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos de la Unesco, aprobada en la Conferencia
General del 11 de noviembre de 1997.
La publicación del mapa genético humano fue motivo en su momento de una serie de actos
de divulgación y debate por parte del Caum. Fue tenido presente en los Talleres de Pensamiento que
realizamos en los años 2002/03. Seguimos considerando que las consecuencias económicas,
políticas y culturales de este revolucionario descubrimiento científico no deben pasar desapercibidas.
Sobre todo porque ya no es posible comprender a un ser humano distinto de otro. El racismo, la
discriminación sexual, la discriminación intelectual, el delincuente, los parados, los inmigrantes, los
vagos y los laboriosos, los locos, los niños, las mujeres, los mendigos, los listos y los tontos; los
buenos y los malos; los ricos y los pobres, los sanos y los enfermos… son categorías que no se
corresponden con esta verdad objetiva:
El genoma humano es la base de la unidad fundamental de todos los miembros de la
familia humana y del reconocimiento de su dignidad intrínseca y su diversidad.
Por tanto, tendremos necesariamente que replantearnos nuestra existencia desde otros
planteamientos y nuestro futuro desde otras perspectivas. No nos queda otra salida. Salvo seguir
permaneciendo en la ignorancia, en la injusticia, en la injustificable desigualdad, en resumen, seguir
pensando que vinimos a este mundo predeterminados por fuerzas ajenas a nosotros mismos y que
no tenemos manera de cambiar el devenir de los acontecimientos …o si es posible, ¿cómo?
Este cuaderno pretende ser un modesto inicio en esa posiblilidad. Hemos resumido los
aspectos más esenciales de la Declaración Universal sobre el Genoma y los Derechos Humanos
porque este documento supone un referente cultural significativo frente a tanta literatura y tanta
investigación conducente a justificar diferencias humanas injustificables, usos y abusos denigrantes
de nuestro cuerpo y concepciones del hombre o la mujer discriminatorios. Lo complementamos con
un extracto del artículo de Alan Woods Ciencia y marxismo ¿Qué significa el genoma humano para
los socialistas? publicado en el 2001, porque en él hemos encontrado suficientemente explicitados
por un lado los intereses económicos que se abren con el Proyecto sobre el Genoma Humano, y por
otro las ilimitadas posiblidades que aporta para el desarrollo de nuestras capacidades físicas e
intelectuales. Esperamos que su lectura facilite una mejor comprensión de lo que somos y de lo que
hacemos.
3
Resumen de la
DECLARACIÓN UNIVERSAL SOBRE EL GENOMA HUMANO Y LOS DERECHOS HUMANOS 2
Recordando que en el Preámbulo de la Constitución de la UNESCO se invocan «los
principios democráticos de la dignidad, la igualdad y el respeto mutuo de los hombres» y se impugna
«el dogma de la desigualdad de los hombres y de las razas», se indica «que la amplia difusión de la
cultura y la educación de la humanidad para la justicia, la libertad y la paz son indispensables a la
dignidad del hombre(…) se proclama que «esa paz debe basarse en la solidaridad intelectual y moral
de la humanidad» (…)
Recordando solemnemente su adhesión a los principios universales de los derechos
humanos afirmados, en particular, en la Declaración Universal de Derechos Humanos del 10 de
diciembre de 1948 y los dos Pactos Internacionales de las Naciones Unidas de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales y de Derechos Civiles y Políticos del 16 de diciembre de 1966,
Teniendo presente también el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad
Biológica del 5 de junio de 1992 y destacando a este respecto que el reconocimiento de la diversidad
genética de la humanidad no debe dar lugar a ninguna interpretación de tipo social o político que
cuestione «la dignidad intrínseca y (...) los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de
la familia humana», de conformidad con el Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos
Humanos.
Reconociendo que las investigaciones sobre el genoma humano y sus aplicaciones abren
inmensas perspectivas de mejoramiento de la salud de los individuos y de toda la humanidad, pero
destacando que deben al mismo tiempo respetar plenamente la dignidad, la libertad y los derechos de
la persona humana, así como la prohibición de toda forma de discriminación fundada en las
características genéticas.
Proclama los principios siguientes y aprueba la presente Declaración:
A. LA DIGNIDAD HUMANA Y EL GENOMA HUMANO
•
El genoma humano es la base de la unidad fundamental de todos los miembros de la familia
humana y del reconocimiento de su dignidad intrínseca y su diversidad. En sentido simbólico,
el genoma humano es el patrimonio de la humanidad.
•
Cada individuo tiene derecho al respeto de su dignidad y derechos, cualesquiera que sean
sus características. Esta dignidad impone que no se reduzca a los individuos a sus
características genéticas y que se respete el carácter único de cada uno y su diversidad.
•
El genoma humano, por naturaleza evolutivo, está sometido a mutaciones. Entraña
posibilidades que se expresan de distintos modos en función del entorno natural y social de
cada persona, que comprende su estado de salud individual, sus condiciones de vida, su
alimentación y su educación.
•
El genoma humano en su estado natural no puede dar lugar a beneficios pecuniarios.
B. DERECHOS DE LAS PERSONAS INTERESADAS
•
Una investigación, un tratamiento o un diagnóstico en relación con el genoma de un individuo,
sólo podrá efectuarse previa evaluación rigurosa de los riesgos y las ventajas que entrañe
(…) En todos los casos, se recabará el consentimiento previo, libre e informado de la persona
interesada.
•
En el caso de la investigación, los protocolos de investigaciones deberán someterse, además,
a una evaluación previa (…)
4
•
Nadie podrá ser objeto de discriminaciones fundadas en sus características genéticas, cuyo
objeto o efecto sería atentar contra sus derechos humanos y libertades fundamentales y el
reconocimiento de su dignidad.
C. INVESTIGACIONES SOBRE EL GENOMA HUMANO
•
Ninguna investigación relativa al genoma humano ni ninguna de sus aplicaciones, en
particular en las esferas de la biología, la genética y la medicina, podrá prevalecer sobre el
respeto de los derechos humanos, de las libertades fundamentales y de la dignidad humana
de los individuos o, si procede, de grupos de individuos.
•
No deben permitirse las prácticas que sean contrarias a la dignidad humana, como la
clonación con fines de reproducción de seres humanos. Se invita a los Estados y a las
organizaciones internacionales competentes a que cooperen para identificar estas prácticas y
a que adopten en el plano nacional o internacional las medidas que correspondan, para
asegurarse de que se respetan los principios enunciados en la presente Declaración.
•
Toda persona debe tener acceso a los progresos de la biología, la genética y la medicina en
materia de genoma humano, respetándose su dignidad y derechos.
•
La libertad de investigación, que es necesaria para el progreso del saber, procede de la
libertad de pensamiento. Las aplicaciones de la investigación sobre el genoma humano,
sobre todo en el campo de la biología, la genética y la medicina, deben orientarse a aliviar el
sufrimiento y mejorar la salud del individuo y de toda la humanidad.
D. CONDICIONES DE EJERCICIO DE LA ACTIVIDAD CIENTÍFICA
•
Las consecuencias éticas y sociales de las investigaciones sobre el genoma humano
imponen a los investigadores responsabilidades especiales de rigor, prudencia, probidad
intelectual e integridad, tanto en la realización de sus investigaciones como en la
presentación y utilización de los resultados de estas. Los responsables de la formulación de
políticas científicas públicas y privadas tienen también responsabilidades especiales al
respecto.
•
Los Estados tomarán las medidas apropiadas para favorecer las condiciones intelectuales y
materiales propicias para el libre ejercicio de las actividades de investigación sobre el genoma
humano y para tener en cuenta las consecuencias éticas, legales, sociales y económicas de
dicha investigación, basándose en los principios establecidos en la presente Declaración.
E. SOLIDARIDAD YCOOPERACIÓN INTERNACIONAL
•
Los Estados deberán respetar y promover la práctica de la solidaridad para con los
individuos, familias o poblaciones particularmente expuestos a las enfermedades o
discapacidades de índole genética o afectados por estas. Deberían fomentar, entre otras
cosas, las investigaciones encaminadas a identificar, prevenir y tratar las enfermedades
genéticas o aquellas en las que interviene la genética, sobre todo las enfermedades raras y
las enfermedades endémicas que afectan a una parte considerable de la población mundial.
F. FOMENTO DE LOS PRINCIPIOS DE LA DECLARACIÓN
•
Los Estados tomarán las medidas adecuadas para fomentar otras formas de investigación,
formación y difusión de la información que permitan a la sociedad y a cada uno de sus
miembros cobrar mayor conciencia de sus responsabilidades ante las cuestiones
fundamentales relacionadas con la defensa de la dignidad humana que puedan plantear la
investigación en biología, genética y medicina y las correspondientes aplicaciones. Se
5
deberían comprometer, además, a favorecer al respecto un debate abierto en el plano
internacional que garantice la libre expresión de las distintas corrientes de pensamiento
socioculturales, religiosas y filosóficas.
•
Los Estados tomarán las medidas adecuadas para fomentar mediante la educación, la
formación y la información, el respeto de los principios antes enunciados y favorecer su
reconocimiento y su aplicación efectiva (…)
•
Ninguna disposición de la presente Declaración podrá interpretarse como si confiriera a un
Estado, un grupo o un individuo, un derecho cualquiera a ejercer una actividad o a realizar un
acto que vaya en contra de los derechos humanos y las libertades fundamentales, y en
particular los principios establecidos en la presente Declaración.
EN RESUMEN
• Respeto a la dignidad del individuo
cualesquiera que sean sus características
genéticas.
• Rechazo al determinismo genético.
• El genoma no es patentable.
6
¿QUÉ SIGNIFICA EL GENOMA HUMANO PARA LOS SOCIALISTAS?
Alan Woods
Ciencia y marxismo ¿Qué significa el genoma humano para los socialistas?
¿Qué significa el genoma humano para los socialistas?
Aproximadamente una vez en cada siglo se hacen grandes avances científicos que
despiertan la imaginación de todos. Con la publicación de los resultados del proyecto genoma
humano, estamos en el umbral de uno de estos avances. A partir de ahora la ciencia se dispone a
comprender las fuerzas motrices de la evolución, terminará con los mitos raciales, cambiará la forma
de diagnosticar enfermedades e intentará prolongar la vida de las personas. Esta nueva forma de
abordar la cuestión, estudiar sistemas de genes y no genes individuales, transformará la visión que
hasta ahora tenían los biólogos del cuerpo humano. Es el equivalente a la tabla periódica de
Mendeleyev en química o la hazaña de Watson y Crick hace 48 años, cuando por primera vez
describieron la doble hélice de ADN. Como dice James Pierce, profesor de genética de la Universidad
de Ciencias de Filadelfia, "antes teníamos que mirar a través del ojo de la cerradura, ahora la puerta
está abierta".
Las posibilidades son inmensas. En la secuenciación han participado aproximadamente dos
mil científicos de todo el mundo. La investigación ha estado a cargo de dos grupos diferentes: uno
financiado por el gobierno estadounidense y el segundo, con base en Gran Bretaña, a cargo de
Sanger Centre. Ambos grupos han llegado a la misma e inesperada conclusión: el número de genes
que conforman el genoma humano es una cuarta parte inferior al resultado esperado. Uno de los
equipos, dirigido por Craig Venter de la empresa Celera Genomics, encontró la existencia de 26.383
genes codificadores de proteínas y otros 12.731 genes hipotéticos. El otro equipo dijo que existen
aproximadamente 35.000 genes, aunque posiblemente la cifra podía acercarse a 40.000. El equipo
de Celera publicó sus resultados en la revista Science, el consorcio internacional lo público en la
revista Nature. Según Venter “es bueno que las dos partes hayan llegado a un acuerdo preliminar (...)
Es evidente que el número de genes es bastante inferior a lo que imaginábamos”. Los investigadores
han dicho también que cada gen humano puede codificar dos proteínas o más, lo que altera el
concepto muy extendido de que un gen sólo codifica una proteína.
Estos descubrimientos tienen una gran importancia para la investigación médica y
farmacéutica. Nos sugieren que los genes juegan un papel menor en el origen de las enfermedades y
otros muchos rasgos de lo que creían los investigadores. Pero no sólo nos permitirá conocer los
genes y su funcionamiento, sino también cómo interactúan. A corto plazo las implicaciones prácticas
son inmensas. A partir de ahora la ciencia médica podrá avanzar en la identificación de los genes
responsables de enfermedades no hereditarias y los científicos, con el tiempo, aprenderán a predecir
la probabilidad de que una persona pueda desarrollar un desorden genético. La medicina podrá crear
medicinas a la medida para cada paciente y en las próximas décadas aumentarán gradualmente los
tratamientos de las enfermedades genéticas. Dentro de cinco o siete años podremos ver sus frutos en
áreas como la diabetes, enfermedades cardiacas y desórdenes mentales. Por ahora los avances más
importantes se realizado en el estudio de la esquizofrenia.
Los descubrimientos conseguidos por el Proyecto Genoma Humano (PGH) han confirmado lo
que explicamos los marxistas hace seis años en Razón y Revolución. Durante décadas muchos
genetistas han defendido que todo, desde la inteligencia a la homosexualidad o la criminalidad,
estaba determinado por nuestros genes. A partir de esta idea, han extraído las conclusiones más
reaccionarias, por ejemplo que los negros y las mujeres están condicionados genéticamente a ser
menos inteligentes que los blancos o los hombres; que la violación o el asesinato de alguna manera
son algo natural porque está determinado genéticamente; por lo tanto, no merece la pena gastar
dinero en escuelas y viviendas para los pobres porque su pobreza está arraigada en la genética y no
se puede solucionar. Y lo más importante: la existencia de la desigualdad es algo natural e inevitable
y cualquier intento de abolir la sociedad clasista resulta inútil porque es algo natural y está arraigado
en nuestros genes. Estas ideas eran un buen ejemplo de cómo la ciencia no puede estar separada de
la política y los intereses de clase, y cómo los científicos más eminentes pueden consciente o
insconcientemente estar al servicio de la reacción. Pero dejando un lado, por un momento, las
7
implicaciones políticas y sociales, en términos puramente científicos estamos ante un momento
decisivo de la historia.
El rompecabezas de los genes desaparecidos
A pesar de la grandeza del descubrimiento, los biólogos que anunciaron su primer análisis de
la secuencia decodificada quedaron perplejos ante su descubrimiento. El principal rompecabezas era
el pequeño e inesperado número de genes humanos. Según Venter, primero investigaron las familias
de genes en las que probablemente había nuevos miembros de interés para las empresas
farmacéuticas y “casi sintieron pánico porque los genes no estaban allí”. El problema es que durante
mucho tiempo en los libros de texto se calculaba que el número de genes humanos sería mucho
mayor. La secuencia del código biológico presente en los humanos era tan larga, aproximadamente
tres mil millones de unidades, que los científicos esperaban que contuviese las instrucciones
necesarias para crear cincuenta mil o ciento cincuenta mil genes.
Esta suposición se basaba en la comparación con organismos más simples, por ejemplo la
mosca de la fruta. Decían que si la humilde mosca de la fruta tenía trece mil genes, un ser humano un entidad más grande y compleja- debía tener muchos más. Después de descifrar los primeros dos
genomas de animales calculaban que setecientos cincuenta mil genes era un número razonable para
el ser humano. En diciembre de 1998 se secuenció el genoma de la lombriz intestinal: tenía 19.098
genes. En el mes de marzo del año pasado (año 200) se decodificó el genoma de la mosca de la fruta
y tenía 13.601 genes. El doctor Randy Scott, director científico de Incyte Genomics, pronosticó en
septiembre de 1999 la existencia de 142.634 genes humanos pero una vez completado el genoma
humano, resulta que nuestro patrimonio genético está más cerca de estos dos minúsculos
invertebrados de lo que nadie esperaba. En su lugar, han descubierto que las grandes secuencias del
código crean muy pocos genes. Venter señala que "tenemos aproximadamente el doble de genes
que una mosca y el mismo número que el maíz, piensen en esto la próxima vez que coman maíz". La
semana pasada el doctor Scott dijo que aceptaba la existencia de aproximadamente cuarenta mil
genes.
El rival de Celera, el consorcio de centros académicos financiados con dinero público, ha
llegado a una conclusión similar. En el artículo que han publicado en la revista Nature, se señala que
el número probable de genes humanos está en torno a treinta mil o cuarenta mil. Debido a que los
métodos actuales de búsqueda de genes tienden a sobrevalorar su número, cada uno prefiere la cifra
más baja y la sitúan en treinta mil genes. Los dos equipos encontraron también otras contradicciones.
La mayoría de las secuencias repetidas de ADN en el 75% del genoma es esencialmente "basura"
que dejó de acumularse hace millones de años y sólo unas pocas secuencias permanecen aún
activas. Los propios cromosomas tienen una rica arqueología. En general parece que los bloques de
genes se han copiado extensamente de un cromosoma humano a otro, hecho que animará a los
arqueólogos genéticos a intentar resolver cómo se produce la copia y, de esta forma, reconstruir la
historia del genoma animal.
El pequeño número de genes humanos crea un dilema para los científicos: con un número tan
modesto de genes humanos parece evidente que los biólogos de ambos equipos tienen que pensar
cómo explicar la enorme complejidad de las personas, puesto que al parecer sólo tienen un cincuenta
por ciento más de genes que una lombriz intestinal. Si el ser humano sólo tiene trece mil genes más
que el caenorhabditis elegans (lombriz intestinal) o seis mil más que el arabidpsis thaliana (un alga),
¿en comparación qué hace a las personas tan avanzadas? La lombriz intestinal es una pequeña
criatura tubular formada por 959 células, de las cuales 302 son neuronas cerebrales. Los humanos
tienen cien billones de células en su cuerpo, incluidas cien mil millones de células cerebrales. A pesar
de la tendencia actual de negar la existencia del progreso en la evolución, sería bastante razonable
suponer que hay algo más en el Homo Sapiens que en una lombriz intestinal como el caenorhabditis
elegans.
En la revista Christian Science Monitor se planteaba la cuestión de la siguiente forma: “Si un
hombre es tan avanzado, ¿ por qué la suma de sus genes no es diferente a la de un alga o un
gusano?”. Y si, como sospechamos, el genoma del chimpancé al final es muy similar al genoma
humano, entonces los científicos tendrán que explicar por qué una especie ha conseguido dominar el
mundo en los últimos cincuenta a ciento cincuenta mil años mientras que los otros todavía están
colgados de los árboles. Sin embargo esta pregunta no se puede responder simplemente en función
8
de la genética. La gran ventaja de los recientes descubrimientos es que se alejan de la idea de que
todo se puede explicar sencillamente en función de los genes individuales. Ahora el genoma humano
se puede abordar como una totalidad compleja. Hay que comprender los genes no como una
colección de entidades, sino como un proceso de interacciones muy complejas. La investigación de
estas interacciones, su historia y el resultado de la "arqueología" genética nos permitirá
comprendernos verdaderamente a nosotros mismos y nuestro lugar en la naturaleza de las cosas.
El determinismo biológico al descubierto
Los marxistas nunca hemos ignorado el papel de la genética en la determinación del
comportamiento humano pero sin llegar a decir que los genes son los que juegan el papel más
importante. Hasta cierto punto, ponen la materia prima a partir de la cual se desarrollan los individuos.
Pero es sólo la cara de una cuestión muy compleja. El problema surge cuando determinadas
personas intentan presentar los genes como el único agente condicionador del desarrollo humano y
su comportamiento. En realidad, los genes ("nature") y los factores medioambientales ("nurture"),
interactúan mutuamente y, en este proceso, el papel del medio ambiente, que ha sido negado o
infravalorado sistemáticamente por los deterministas biológicos, es absolutamente decisivo.
Las últimas revelaciones del genoma humano han resuelto decididamente la vieja
controversia entre “nature” y “nurture”. El relativamente pequeño número de genes descarta cualquier
posibilidad de que los genes individuales controlen y conformen patrones de comportamiento como el
de la criminalidad o las preferencias sexuales y acaba totalmente con las ideas de personas como
Dean Hammer, quien mantenía que un gen aislado en el cromosoma X humano era supuestamente
el que disponía a una persona a ser homosexual. Se han escuchado ideas similares en relación a
todos los recursos humanos incluso el gusto artístico o las tendencias políticas. El comportamiento
humano es muy complejo y no se puede reducir a la genética. Los últimos descubrimientos
contradicen todas las tonterías que se han planteado durante estos años.
Los deterministas biológicos insistían en que de alguna forma los genes son responsables de
la homosexualidad o la criminalidad. Intentaban reducir todos los problemas sociales a la genética. En
febrero de 1995 se celebró en Londres una conferencia sobre Genética del criminal y
Comportamiento antisocial. Diez de los trece oradores procedentes de Estados Unidos, donde en
1992 se había celebrado una conferencia similar, hicieron discursos claramente racistas. El
presidente, Sir Michael Rutter del Instituto de Psiquiatría de Londres, llegó a afirmar: "no existe lo que
se llama gen del crimen". Otros participantes como el doctor Gregory Carey, del Instituto de
Comportamiento Genético de la Universidad de Colorado, defendían que eran los factores genéticos
en su conjunto los responsables de entre un cuarenta y un cincuenta por ciento de la violencia
criminal, aunque éste también explicó que sería poco práctico "tratar" la criminalidad con la ingeniería
genética. Otros sostenían que existían buenas perspectivas para el desarrollo de medicinas para el
control de la agresividad, una vez que se encontraran los genes responsables. También sugirió que
habría que considerar el aborto cuando las pruebas prenatales indicaran que un niño era portador de
genes que le predisponían a la agresión o a un comportamiento antisocial, opinión compartida por el
doctor David Goldman del Laboratorio de Neurogenética del Instituto Nacional de Salud de Estados
Unidos: "Las familias tendrían que tener la información y permitirles decidir en privado como
utilizarla".(The Independent, 14/2/95).
Hay muchos otros ejemplos. La famosa Curva de Bell de Charles Murray, que resucitó la vieja
idea de que la genética explicaba el abismo entre el coeficiente intelectual medio de blancos y negros
en Estados Unidos. C. R. Jeffery escribía lo siguiente: "La ciencia nos debe decir qué individuos se
convertirán o no en criminales, qué individuos serán o no víctimas y qué estrategias deberemos
aplicar en este tema". Yudofsky suscribe el entusiasmo de Jeffery con la siguiente afirmación: "ahora
estamos a las puertas de una revolución en la medicina genética. En el futuro la genética
comprenderá los desórdenes agresivos e identificará aquellas tendencias que se convierten en
violentas".
Cuando nosotros criticamos estas teorías en Razón y Revolución, no teníamos forma de
saber que en pocos años quedaría en evidencia el carácter poco científico de estas teorías. Ahora la
revelación de que el número de genes en los humanos no supera los cuarenta mil y que posiblemente
sean treinta mil o menos, ha terminado con el determinismo biológico y genético. El doctor Craig
Venter, genetista de la empresa Celera (uno de los principales grupos responsables del proyecto de
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secuenciación), plantea la cuestión de forma sencilla: “Simplemente no tenemos genes suficientes
para esta idea del determinismo biológico. La maravillosa diversidad de la especie humana no está
relacionada con nuestro código genético. Nuestro medio ambiente es crítico.” (The Observer. 11/2/01)
El artículo continúa:
“Sólo cuando los científicos puedan comprobar la forma en que estos genes se activan y desactivan y
cómo fabrican proteínas, podrán ver una diferencia significativa entre las distintas especies de
mamíferos. La diferencia clave está en la forma en que los genes humanos se regulan en respuesta a
un estímulo medioambiental con otros animales”.
El entorno (el estímulo externo tanto del mundo físico como de las condiciones en las que
vivimos) es lo que condiciona de forma decisiva la evolución. El papel de los genes es importante
pero la relación entre los genes y el entorno no es simple ni mecánico como sostenían los teóricos del
determinismo biológico, sino complejo y dialéctico, como defendía el marxismo. Tomemos el ejemplo
de la interacción dialéctica entre los genes y el medio ambiente: el tono perfecto. Kevin Davies en su
nuevo libro, The Sequence, describe la búsqueda del genoma humano:
“Se ha realizado recientemente un estudio sobre el tono perfecto: la capacidad de conocer el tono
absoluto de una nota musical; en él se asegura que esta capacidad se adquiere a través de la
herencia de un solo gen. Esto podría parecer un caso claro de determinismo biológico. Sin embargo
hay un corolario crucial: para que esta capacidad se materialice necesitas estar expuesto desde el
principio a la educación musical. Es decir: incluso en habilidades heredadas aparentemente simples,
el nurture juega un papel un importante”
Hay una interacción compleja entre la composición genética del organismo y las condiciones
físicas que le rodean. En el idioma hegeliano, los genes representan el potencial pero este potencial
sólo se puede activar con el estímulo externo. Los genes son “activados” por el entorno produciendo
pequeños cambios. Algunos de ellos son útiles desde el punto de vista evolutivo aunque, en realidad,
la mayoría de las mutaciones son perjudiciales o no producen ningún beneficio. Durante todo un
período las mutaciones beneficiosas dan lugar a cambios cualitativos en el organismo produciendo el
proceso que llamamos la selección natural.
El editorial de The Observer llega a la siguiente conclusión:
“Políticamente, ofrece consuelo a la izquierda y su creencia en el potencial de todos pero condena a
la derecha con su gusto por las clases dominantes y el pecado original”.
“Para la ciencia la raza carece de significado”
Los resultados de estas investigaciones son muy significativos desde otro punto de vista. El
genoma revela la existencia de la unidad en la diversidad humana. Destruye por completo el mito de
la superioridad racial. La esencia biológica de las poblaciones humanas es la misma. La ausencia de
un gen de la raza se ha confirmado de dos formas distintas. Celera utilizó ADN de hombres y mujeres
que se describían como chino asiático, afroamericano, caucásico e hispano mexicano. Los científicos
no distinguieron étnicamente uno de otro. Ningún gen, por sí mismo o junto con otros, podía decir de
qué raza procedían.
La nueva investigación sugiere que todos los individuos son un 99,99% idénticos. Estos
descubrimientos acaban con toda esas nociones que establecen las diferencias basándose en el
color de piel. Un investigador alemán, Svante Paabo, públicó un ensayo en la revista Science en el
que decía lo siguiente:
"A menudo dos personas que descienden de la misma zona del mundo y que parecen
superficialmente iguales, están menos relacionados entre sí que con personas de otras partes del
mundo que parecen muy diferentes".
El doctor Eric Lander del Instituto Withehead para la Investigación del Genoma -del consorcio
internacional- destacó el hecho de que dos personas aunque fuesen un 99,99% genéticamente
idénticos, dejaba aún la puerta abierta para considerables variaciones genéticas. Un 0,1% de los
genes humanos son los que explican las diferencias hereditarias. Básicamente todos los seres
humanos son iguales. La investigación del genoma humano ha demostrado más allá de cualquier
duda que mientras por fuera podremos ser diferentes, genéticamente somos casi idénticos. Sólo
10
aproximadamente tres millones de los tres mil millones de productos químicos presentes en el
genoma difieren de una persona a otra y esto convierte las distinciones de raza en un sinsentido
desde un punto de vista científico. Las diferencias culturales y étnicas entre los diferentes grupos de
seres humanos sin duda existen pero estas diferencias son insignificantes a nivel genético. El odio
racial, por lo tanto, no está justificado ni racionalizado por diferencias genéticas.
En editorial del 13 de febrero en The Seattle Times podemos leer:
“Los resultados del proyecto genoma humano acaban con los intolerantes que durante mucho tiempo
se han esforzado por camuflar su viejo odio con un disfraz científico de superioridad genética. La
secuenciación del ADN humano nos lleva a una conclusión: En la ciencia, la raza carece de
significado."
Por supuesto el racismo, que está enraizado en las contradicciones del capitalismo en su
época de declive, no acabará aquí pero al menos, a los defensores del racismo, se les ha caído la
hoja de parra pseudocientífica y, en el futuro, cualquier intento de los racistas de apelar a la ciencia
para justificar sus ideas será mirado con el desprecio que se merece.
Como dice el doctor Paabo: "Estos estudios tendrán el efecto contrario porque el prejuicio, la opresión
y el racismo proceden de la ignorancia". También dice que el conocimiento del genoma fomentará la
compasión: "Por consiguiente, la estigmatización de un grupo particular de individuos basada en la
diferencia étnica o por la presencia de determinados genes será absurda".
El final del creacionismo
La revelación de la larga y compleja historia del genoma, durante tanto tiempo oculta, ha
favorecido las discusiones sobre la naturaleza del hombre y el proceso de la creación. Resulta
increíble que en el inicio del siglo XXI las ideas de Darwin todavía se tengan que enfrentar al
movimiento creacionista en Estados Unidos, que pretende que en las escuelas se enseñe que Dios
creó el mundo en seis días; que creó el primer hombre a partir del polvo y a la primera mujer de la
costilla de Adán; y encima parece que todavía le sobró un día al Todopoderoso.
El movimiento creacionista no es un chiste: afecta a millones de personas e increíblemente
está encabezado por científicos, entre ellos algunos genetistas. Es una expresión gráfica de las
consecuencias intelectuales de la decadencia del capitalismo y un ejemplo de la contradicción
dialéctica y el retraso de la conciencia humana. En el país tecnológicamente más avanzado del
mundo, las mentes de millones de hombres y mujeres se hunden en el barbarismo. Su nivel de
conciencia no es mucho mayor que cuando se ofrecían los prisioneros de guerra en sacrificio a los
dioses, se postraban ante la tumba de ídolos o se quemaba a las brujas en la hoguera. Si este
movimiento triunfase, como recientemente dijo un científico, regresaríamos a la edad de las tinieblas.
Los últimos descubrimientos por fin han demostrado lo absurdo que es el creacionismo y han
acabado con la idea de que las especies se crearon por separado y que el hombre -con un alma
eterna- fue creado especialmente para cantar las alabanzas del Señor. Ahora es evidente que los
humanos no son las únicas creaciones. Los resultados del genoma humano demuestran de forma
concluyente que compartimos los genes con otras especies. -Esos genes antiguos nos ayudaron a
ser lo que somos- Una pequeña parte de ésta herencia genética común hay que remontarla a
organismos primitivos como la bacteria. En palabras de Eric Lander, del Instituto Whitehead de
Investigación del Genoma (Cambridge): "La evolución no ha tenido tiempo para fabricar nuevos
genes, así que debemos fabricar nuevos genes a partir de los viejos". Los dos equipos se quedaron
asombrados del grado de conservación genética de los últimos seiscientos millones de años de
evolución sobre la tierra: "En muchos casos nos hemos encontrado con que los humanos tienen
exactamente los mismo genes que las ratas, los ratones, los gatos, los perros e incluso las moscas
de la fruta” y continúa Venter: "Tomemos por ejemplo el gen PAX-6. Hemos descubierto que si está
dañado no se formarán los ojos. Podemos tomar un gen humano e insertarlo en la mosca de la fruta y
conseguiremos restaurar la visión de su descendencia".
Los científicos han encontrado que los humanos compartimos aproximadamente con la
bacteria doscientos genes. Este descubrimiento sorprendió a James Watson, descubridor del ADN y,
posiblemente, el genetista más renombrado del mundo: "Sabíamos que los genes saltaban entre las
11
bacterias pero no que saltaran entre la bacteria y el hombre". Estamos ante la prueba final de la
evolución. Estos "fósiles" genéticos han ayudado durante miles de millones de años de evolución a
convertirnos en lo que somos. Como señala Paabo en su artículo: "Sin lugar a dudas, la visión
genética de nuestro lugar en naturaleza será tanto una fuente de humildad como un golpe a la idea
de la unicidad humana (...) Comprender que uno o varios accidentes genéticos han hecho posible la
historia humana nos proporcionará nuevos retos filosóficos en los que pensar". Para los marxistas el
genoma humano también tiene enormes implicaciones filosóficas.
La ciencia y la dialéctica
Cuando se presentó en Londres el código genético Sir John Sulston, ex-director de Sanger
Center, describió el mapa genético humano como "un extraordinario acontecimiento en la era de la
biología molecular":
"Resulta extraordinario que un organismo vivo tan inteligente haya creado máquinas inteligentes
capaces de pensar cómo hacer algo, capaces de leer en voz alta el código, las instrucciones y actuar
por sí mismas. Es ese tipo de acontecimientos los que hacen desaparecer a los filósofos y que éstos
lleguen a pensar lo duro que es su trabajo. En realidad es una paradoja superficial... pero es una
realidad. Ahora empezamos a comprender como trabajar".
La marcha espectacular de la ciencia en nuestra época hace palidecer todas las
especulaciones filosóficas, que ahora parecen menos interesantes. Las hazañas de la humanidad
han dejado muy por detrás la conciencia, que permanece atascada en un pasado bárbaro. Los
nuevos descubrimientos dotan a la raza humana de inspiración, expiración y confianza en sí misma.
Nos proporcionan una visión de nosotros mismos, de lo que somos realmente y hacia dónde vamos.
Sin embargo, a pesar de los comentarios despectivos de Sir John Sulston acerca de la
filosofía, todavía hay unas cuantas áreas donde sería sin duda beneficioso para los científicos
conocer la verdadera filosofía. ¡Hay filosofías y filosofías! La filosofía que se enseña en las
universidades no es útil ni para los científicos, ni para nadie pero hay una excepción honrosa que
espera aún el reconocimiento que merece: el materialismo dialéctico. Aunque muchos de los
principios básicos del materialismo dialéctico han resurgido en los últimos años incorporados a la
teoría del caos, la complejidad y, más recientemente, la ubicuidad, nunca se le ha reconocido esta
deuda. La dialéctica en ciencia, por parafrasear a Oscar Wilde, es la filosofía que desafía a no decir
su nombre. El conocimiento del método dialéctico ha servido para evitar varios de los peligros en los
que se pierde la ciencia y que de vez en cuando conducen a suposiciones incorrectas. El genoma
humano es uno de esos casos.
Por supuesto, la ciencia no debe estar dictada por cualquier filosofía. Los resultados de la
ciencia deben venir determinados por sus propios métodos de investigación, observación y
experimentación pero sería un error pensar que los científicos hacen su tarea sin tener ninguna idea
filosófica: detrás de cada hipótesis hay muchas suposiciones y no todas ellas derivan de la propia
ciencia. El papel de la lógica formal, por ejemplo, se da por sentado. Juega un papel importante pero
tiene limitaciones muy concretas. Trotsky explicó que la relación entre la lógica formal y la dialéctica
es similar a la que existe entre la matemática elemental y el cálculo. La gran ventaja de la dialéctica
frente a la lógica formal es que la primera aborda las cosas en movimiento y progreso y demuestra
además que todo progreso se produce mediante contradicciones. Marx pronosticó que la línea de
evolución no sigue una línea recta, sino una línea en la que largos períodos de lento (“stasis” en la
terminología moderna) se ven interrumpidos por saltos bruscos y repentinos que rompen la
continuidad e impulsan el proceso en una nueva dirección.
Pongamos un ejemplo: el método dialéctico explica que los pequeños cambios pueden, en un
momento crítico, producir grandes transformaciones. Es la famosa ley de la transformación de
cantidad en calidad, que fue elaborada en primer lugar por los antiguos filósofos griegos, desarrollada
completamente por Hegel y a la que Marx y Engels dotaron de bases científicas (materialistas). La
ciencia ha reconocido hace poco la importancia de esta ley en la teoría del caos. La última versión
("ubicuidad") ha demostrado que esta ley tiene carácter universal y que es de vital importancia en
muchos de los procesos básicos de la naturaleza.
12
¿Por qué los genetistas creían que los humanos tenían más genes? En filosofía se conoce
como reduccionismo y procede de creer que la naturaleza sólo conoce relaciones puramente
cuantitativas. Esto es lo que está detrás del determinismo biológico que considera a los humanos
como una colección de genes y no como un organismo complejo producto de la interrelación
dialéctica entre los genes y el entorno. Su forma de razonamiento es la lógica formal y no la dialéctica
y, desde un punto de vista filosófico, sus conclusiones son bastante inconsistentes. Lógicas pero
equivocadas. Afirman que los humanos son más grandes y complejos que los gusanos, por lo tanto
debemos tener muchos más genes. No obstante la naturaleza conoce muchos ejemplos de cambios
cuantitativos que generan cambios cualitativos. Hay muchos ejemplos de modificaciones muy
pequeñas que pueden producir cambios gigantescos. La aparente contradicción entre el tamaño y
complejidad de los humanos, con su relativamente pequeño número de genes, sólo se puede explicar
con esta ley.
En Razón y Revolución ya tratamos extensamente este método. En concreto nos ocupamos del
método utilizado por Richard Dawkins en El gen egoísta:
“Los métodos de Dawkins le llevan a hundirse en el pantano del idealismo cuando intenta argumentar
que la cultura humana se puede reducir a unidades que él llama mimes, que aparentemente, al igual
que los genes, su autor reproduce y compiten por la supervivencia. Esto es claramente incorrecto. La
cultura humana se transmite de generación en generación no a través de mimes, sino a través de la
educación en su sentido más amplio. No se hereda biológicamente, sino que se tiene que
reemprender cuidadosamente y desarrollar en cada generación. La diversidad cultural no está
vinculada a los genes, sino a la historia social. El punto de vista de Dawkins es esencialmente
reduccionista". (A. Woods y T. Grant. Razón y Revolución. Fundación Federico Engels. Madrid. 1995.
p. 351).
En un artículo aparecido en la revista Science el doctor Jean-Michel Claverie, del Centro
Nacional de Investigación Francés en Marsella, señala que con un esquema combinatorio sencillo, un
organismo con treinta mil genes como el ser humano puede en principio ser casi infinitamente más
complicado. Es un ejemplo perfecto de la transformación de cantidad en calidad. El doctor Claverie
sospecha que los humanos no están mucho más elaborados que algunas de sus creaciones: "Con
treinta mil genes, cada uno interactuando directamente con otros cuatro o cinco por término medio, el
genoma humano no es mucho más complejo que un moderno avión a reacción, que contiene más de
doscientas mil piezas únicas y cada una de ellas interactúa con otras tres o cuatro por término
medio."
La exploración inicial del genoma sugiere que existen dos formas específicas para que los
humanos sean más complejos que los gusanos. Una procede del análisis de lo que se llama dominio
protéico. Las proteínas, las partes trabajadoras de la célula, con frecuencia son herramientas con
múltiples usos y cada papel puede ser desempeñado por una sección diferente o dominio proteico.
Muchos de los dominios proteicos son muy antiguos. En comparación con los dominios de las
proteínas de una lombriz intestinal, de la mosca de la fruta o de las personas, el consorcio señala que
sólo el siete por ciento de los dominios proteicos encontrados en los humanos no aparecen en la
lombriz o la mosca, lo que da a entender que "en el linaje de los vertebrados se han creado pocos
dominios proteicos nuevos."
La más importante es comprender que pequeñas mutaciones genéticas pueden producir
grandes diferencias. Por ejemplo, la diferencia genética entre los humanos y los chimpancés es
aproximadamente del dos ciento. Las investigaciones han demostrado que tenemos más en común
con los animales de lo que les gustaría admitir. La mayoría del material genético presente en los
humanos modernos es muy antiguo y es idéntico a los genes que se han encontrado incluso en la
mosca de la fruta. La naturaleza es inherentemente conservadora y ahorra energía. La materia
orgánica ha evolucionado a partir de la materia inorgánica y las formas de vida superiores han
evolucionado de las inferiores. Nosotros compartimos la mayoría de nuestros genes no sólo con los
monos y los perros, sino también con los peces y las moscas de la fruta pero decir esto no es
suficiente: también hay que explicar el proceso dialéctico mediante el cual una especie se transforma
en otra. Recientemente se ha puesto de moda intentar empañar la diferencia entre los humanos y
otros animales, lo que obviamente es una sobrerreacción frente a la vieja idea de que el hombre es
una creación especial obra del Todopoderoso.
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También está de moda negar la existencia de cualquier progreso en interés de una
"democracia" evolutiva mal entendida. La diferencia genética entre los humanos y los chimpancés es
inferior al dos por ciento pero ¡qué diferencia! Es el salto dialéctico que transforma la cantidad en
calidad pero, desgraciadamente, la dialéctica sufre de una conspiración de silencio en las
universidades y por lo tanto es una completa desconocida para la mayoría de los científicos. La
explicación más probable de la gran complejidad sin añadir más genes es la complejidad
combinatoria, es decir: con unas cuantas proteínas más se pueden realizar muchas más
combinaciones entre ellas y generar un cambio cualitativo. La cuestión no se ha estudiado todavía
completamente y es necesaria más investigación pero no cabe duda de que la solución final se
encontrará en este camino.
El genoma humano y las grandes empresas
Los científicos del PGH han descrito el mapa del código genético humano como "un regalo
para el mundo" que podrá mejorar la capacidad de detección de enfermedades y fomentará el
desarrollo de nuevas medicinas. Sin duda esto puede ser así pero dentro de la economía de mercado
estos regalos tendrán un precio mayor.
El mapa del genoma humano es un acontecimiento histórico pero la tarea de clarificar el
proceso dialéctico y complejo mediante el cual los genes interactúan con los factores
medioambientales sólo acaba de empezar. La ciencia ha descubierto el papel de los genes en
enfermedades complejas. Las posibilidades son ilimitadas pero este inmenso potencial de progreso
humano entrará inmediatamente en conflicto con los estrechos límites del sistema capitalista, donde
todo está subordinado al beneficio privado. Las grandes multinacionales monopolizarán la nueva
tecnología y la explotarán en su propio beneficio y el interés general de la humanidad quedará en
segundo lugar. Cuestiones como la privacidad, los impactos sociales y legales o la regulación de la
investigación ética han generado una acalorada controversia.
El PGH ha despertado la atención de las grandes empresas ante la perspectiva de suculentos
beneficios, sin embargo el resultado de la investigación ha provocado gran consternación en los
consejos de dirección de algunas de las grandes empresas farmacéuticas que veían la posibilidad de
hacer dinero con los nuevos tratamientos médicos, sobre todo porque creían que el número de genes
estaba en torno a los 120.000 y 150.000. Las empresas farmacéuticas habían hecho inversiones de
acuerdo con estas cifras. Cuando Craig Venter y su equipo publicaron el informe preliminar, en el que
señalaban que el número de genes sería "solamente" de unos 80.000, recibió una acalorada llamada
telefónica del presidente de la compañía biotecnológica:
"Comenzó a maldecir y a decir todo tipo de exabruptos acerca de mi empresa y de mí. Has anunciado
que sólo hay ochenta mil genes humanos. Ya hemos llegado a un acuerdo con SmithK-line
Beechman. Hemos firmado la venta de cien mil genes. ¿De dónde se supone que debo sacar el
resto? Eres un bastardo".
Este pequeño incidente demuestra la relación que existe entre las grandes empresas y la
investigación científica: a los científicos -al menos a los buenos- les interesa la búsqueda de
conocimiento para abrir nuevos horizontes en la ciencia; a las grandes empresas sólo les interesa
conseguir dinero y estaban dispuestas a invertir porque veían perspectivas de conseguir jugosos
beneficios. La industria biotecnológica está interesada en el aislamiento de genes para crear nuevas
medicinas y venderlas a buen precio.
El Consorcio Internacional es una multinacional financiada con dinero público y sus resultados
están a disposición de todos pero Celera Genomics es una empresa privada que espera hacer
inmensamente ricos a sus inversores. Con su mapa del genoma humano en el bolsillo, el grupo
Celera Genomics espera conseguir mucho dinero vendiendo la información genética a otras
empresas dedicadas al desarrollo de nuevas medicinas y curas. Aunque el PGH ofrece el mapa de
forma gratuita, empresas de investigación como Immunex ya utilizan la base de datos del genoma y
han pagado quince millones de dólares a Celera Genomics. Los analistas dicen que la empresa, que
cuenta con una capitalización en el mercado de aproximadamente tres mil millones de dólares, se
convertirá en una librería genética. El 13 de febrero las acciones de Celera Genomics en Wall Street
pasaron de 10 centavos a 47,85 dólares cada una y el día anterior ya habían subido un 115%.
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Las empresas normalmente quieren asegurarse los derechos de propiedad de los genes
antes de invertir millones de dólares en el desarrollo de nuevas medicinas, por lo que ahora surgen
dudas sobre los derechos de patente y sus efectos. Algunos investigadores han advertido que puede
darse el caso de que dos científicos o dos empresas que investiguen proteínas distintas implicadas
en enfermedades diferentes patenten porciones del mismo gen. El resultado sería la lucha por las
patentes, lo que bloquearía la investigación de una o ambas empresas e incluso frenaría la
producción de una medicina o el desarrollo de las pruebas genéticas para una enfermedad.
Según Arthur Caplan, profesor de bioética de la Universidad de Pensilvania y asesor Celera:
"Creo que esto puede convertirse en un freno para la investigación (...) Las empresas se tendrán que
enfrentar a la siguiente cuestión: ¿qué responsabilidad empresarial será necesaria para acceder a la
información? Tendrán que tener responsabilidad administrativa porque ellas trabajan con la salud.
Esto no es como patentar la Coca-cola". Lee Hood, biólogo molecular de la Universidad de
Whasington, señala que si la guerra de patentes "no ha estallado hasta ahora, ocurrirá pronto (...)
Creo que habrá genes con diez o cincuenta formas diferentes [proteínas]... habrá patentes para cada
empalme y cómo acabará esto sólo Dios lo sabe".
La oficina de patentes calcula que se podrán patentar aproximadamente mil genes humanos
de tamaño normal para decenas de miles de sus aplicaciones. Los buitres ya están dando vueltas. La
perspectiva es caos y juicios interminables, todo ello en detrimento de la ciencia y, en última
instancia, de los miles de personas que necesitan desesperadamente los nuevos tratamientos
médicos y que son posibles con el proyecto genoma. Incluso con dos patentes válidas, una podría
bloquear judicialmente a la otra para que no se ponga a la cabeza de la investigación.
Existen otros problemas relacionados con el uso de esta tecnología bajo el capitalismo.
Podríamos entrar en una nueva era de discriminación genética. Por ejemplo, si los científicos crean
pruebas de diagnóstico que puedan determinar la predisposición de un individuo a padecer
determinadas enfermedades, ¿quién impedirá que las compañías de seguros o los empresarios los
utilicen? En palabras de dos senadores de EEUU -James Jeffords y Tom Daschle- publicadas en la
revista Science: "Sin las garantías adecuadas, la revolución genética podría suponer un paso
adelante para la ciencia y dos atrás para los derechos civiles (...) el mal uso de la información
genética creará una nueva subclase: los menos afortunados genéticamente". Los doctores Venter y
Collins, pioneros en este campo, han denunciado los intentos de las empresas de realizar tests en
secreto a los trabajadores para discriminarles según sus perfiles genéticos. Hace poco, por primera
vez, la Comisión por la Igualdad de Oportunidades en el Empleo condenó a un empresario por
discriminar a un trabajador basándose en la genética. En la revista Science apareció que la
Asociación Empresarial de EEUU publicó recientemente una encuesta que realizó el año pasado a
2.133 empresarios: siete afirmaron que en la actualidad realizan pruebas genéticas a sus empleados.
Como ocurre con la comida modificada genéticamente o con cualquier otro descubrimiento
tecnológico, el genoma humano en manos de capitalistas irresponsables puede convertirse en un
castigo para la humanidad. Los últimos descubrimientos de la genética, conseguidos gracias a la
colaboración de hombres y mujeres de cada continente y nacionalidad, intentan ir al fondo de una
profunda cuestión: quiénes somos. Esto no puede ser monopolizado por un puñado de capitalistas. El
movimiento obrero debe exigir la nacionalización de las grandes empresas biotecnológicas y
farmacéuticas como un primer paso para nacionalización de los grandes bancos y monopolios que
dominan nuestra vida y que someten cada uno de los aspectos de nuestra existencia a la dictadura
del Capital. Sólo en una economía socialista planificada racionalmente estos nuevos descubrimientos
podrán desarrollar todo su potencial y se pondrán al servicio de la humanidad.
Posibilidades ilimitadas
El mapa del genoma humano nos acerca un poco más al objetivo de desarrollar nuestras
capacidades físicas e intelectuales. Este proceso todavía está en su infancia. El próximo gran reto es
comprender cómo se regulan los genes y la forma en que éstos se activan y desactivan. La
comprensión de este proceso será crítica para el desarrollo de nuevas medicinas. Esto sólo es el
principio pero promete transformar la medicina. Como dice Lander: "en el siglo XX tratamos los
síntomas, las enfermedades; en el siglo XXI trataremos las causas".
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Ante nuestros ojos se abre la asombrosa perspectiva de un mundo libre de enfermedades, del
cáncer y el SIDA -equivalentes modernos de la peste negra-, la erradicación de la malaria y otras
enfermedades que acompañan a la miseria y el sufrimiento y que son la causa de la muerte de
millones de personas pobres en todo el planeta. Existe la posibilidad real de curar las enfermedades
mentales y ayudar a las víctimas de desórdenes genéticos. Todo esto ahora son esperanzas que se
pueden materializar en unos cuantos años o décadas pero que parecen insignificantes ante las
perspectivas que a largo plazo se abren ante nosotros. No es descartable que en un futuro los seres
humanos puedan conseguir dominar las fuerzas ciegas de la selección natural. En manos de
capitalistas privados que ponen su interés personal por encima de cualquier otra consideración, la
ingeniería genética es una amenaza mortal para el futuro de la vida sobre el planeta pero en una
sociedad ordenada racionalmente, la nueva tecnología puede preparar el camino para las conquistas
más importantes nunca vistas. En las páginas de la Biblia el ciego veía, el sordo oía, el cojo caminaba
y el muerto resucitaba. Ahora todos estos milagros los puede conseguir la ciencia sin recurrir a lo
sobrenatural.
Los hombres y las mujeres nunca conseguirán la inmortalidad a través de la religión. Sin
embargo nosotros no deseamos vivir para siempre sino vivir plenamente esta vida, la única de la que
disponemos. La vida para la aplastante mayoría de nuestro planeta en la primera década del siglo
XXI, en las célebres palabras de Hobbes, es fea, brutal y corta pero no hay razón para que sea así. El
potencial de la industria moderna, la agricultura, la ciencia y la técnica es más que suficiente para
resolver las necesidades apremiantes de la humanidad y crear un paraíso para hombres y mujeres,
no en el reino del más allá, sino aquí y ahora: un paraíso en este mundo.
Haciendo uso de los beneficios otorgados por la ciencia y la tecnología, la vida humana
normal se puede prolongar más allá de sus actuales “límites naturales”. Es completamente posible
prever un mundo en el que se pueda llevar una vida normal y sana más allá de los cien años. Esta
perspectiva sólo la consideran una “utopía” los intelectuales de segunda fila y aquellas personas
desmoralizadas y deshumanizadas por la decadencia del capitalismo y que han perdido toda
esperanza y todo sentido de la dignidad humana.
Estas maravillosas conquistas de la ciencia nos revelan el potencial ilimitado de la raza
humana pero también nos debería hacer conscientes del peligro que encierra la economía de
mercado. Hasta ahora los defensores del actual sistema se han escondido tras el argumento
pseudocientífico para defender que la desigualdad social que condena a la mayoría de las personas
está arraigada en nuestros genes, de la misma forma que en el pasado se decía que “estaba escrito
en las estrellas”.
En el transcurso de la historia humana han aparecido muchos genios. Es evidente que Albert
Einstein tenía el potencial (genético) para convertirse en unos de los científicos más famosos del
mundo pero es igualmente evidente que el mismo Albert Einstein, si hubiera nacido en una chabola
en Glasgow o en Etiopía, nunca habría conseguido ser lo que fue. El potencial existiría pero la
oportunidad se habría perdido. De la misma forma el destino de muchos Einstein, Darwin y
Beethoven en potencia es desperdiciado por este infame sistema capitalista. Trotsky planteó esta
idea cuando se preguntaba: “¿Cuántos Aristóteles están cuidando cerdos y cuántos porqueros están
sentados en tronos?”.
Hombres y mujeres con frecuencia se han cuestionado la injusticia de la sociedad de clases y
sus voces siempre han sido ahogadas por las voces de los defensores del estatus quo, que tienen
intereses creados para demostrar que éste es el orden natural de las cosas. Antiguamente afirmaban
que todo era voluntad de los dioses; después dijeron que los esclavos carecían de alma inmortal. Más
tarde defendían que la monarquía absoluta era el producto inevitable de un Orden inevitable e
inspirado divinamente y en la actualidad recurren a los argumentos pseudocientíficos derivados de la
genética. Ahora todo esto se ha hecho añicos. La distinción entre el rico y el pobre, en términos de su
potencial humano, es insignificante. La diferencia no reside en los genes, sino que uno ha nacido en
el mundo de los ricos y sus privilegios, lo cual le permitirá desarrollar su potencial, mientas que el otro
ha nacido en la pobreza y nunca lo conseguirá.
Según el equipo de Celera, de los dos o tres mil millones de letras de ADN que conforman
nuestros genes, sólo diez mil suponen alguna diferencia entre dos individuos. Venter señala:
“Realmente somos dos gemelos idénticos pero como todos los gemelos, hermanos y hermanas, lo
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que nos hace realmente diferentes es la forma en que respondemos ante el entorno”. Las
implicaciones son evidentes: al cambiar las condiciones materiales de existencia podemos crear un
entorno favorable en el que cada individuo pueda desarrollar su potencial plenamente. Esto
significaría un nuevo Renacimiento, un renacimiento literal de la humanidad, que no es otra cosa que
el socialismo. En Razón y Revolución escribimos lo siguiente:
“El potencial del cerebro humano no tiene límites. La tarea de la sociedad es que el ser humano
pueda realizar este potencial. Los factores del entorno pueden restringir o realzar este potencial. Un
niño que crezca en un entorno social desfavorable estará en desventaja en relación a uno que tenga
todas las necesidades satisfechas. El origen social es extremadamente importante. Si cambias el
entorno, cambias al niño. A pesar de las afirmaciones de los deterministas biológicos, la inteligencia
no está predeterminada genéticamente”. (Ibíd. P. 338).
Marx explicó hace tiempo que “el ser social determina la conciencia”. La llamada naturaleza
humana no es fija e inmutable. La realidad es que ha cambiado muchas veces en el curso de millones
de años de evolución humana. La idea de que la evolución ha llegado a su fin, que hombres y
mujeres ya han alcanzado su cumbre de desarrollo físico y mental no puede ser aceptada por una
persona mínimamente culta con un poco de conocimiento de cómo nuestras especies han luchado
para alcanzar el nivel actual de desarrollo. Lejos de acabar -como ha sugerido Francis Fukuyama-, la
historia humana todavía no ha comenzado. No comenzará hasta que hombres y mujeres tomen su
destino con sus propias manos.
La antigua mitología griega nos ha hecho llegar la historia de Tántalo, el gigante condenado
por Zeus a sufrir los tormentos del hambre y la sed, mientras ante sus ojos y fuera de su alcance
había comida y bebida en abundancia. En este mito encontramos la analogía directa con la sociedad
capitalista en su período de decadencia. Todos los medios materiales para conseguir el socialismo
existen. -Una sociedad sin clases en la que los humanos controlen su vida en lugar de ser objetos
ciegos de fuerzas invisibles más allá de nuestro control o comprensión- El próximo paso de la
evolución humana requiere poner fin al apartheid social que significa la sociedad clasista, poner fin al
equivalente moderno de la esclavitud y sustituir la anarquía capitalista y la ley de la jungla por
relaciones verdaderamente humanas. Una vez hayamos creado las condiciones necesarias para el
desarrollo humano, liberaremos el potencial que existe en la industria, en la agricultura, en la ciencia,
en la tecnología y, sobre todo, el potencial infinito para hacer realidad los sueños de todo ser humano
y el límite será el cielo.
16 de febrero de 2001
1
R. Lewontin y otros. No está en los genes.
Documento aprobado en al Reunión del Comité de Expertos Gubernamentales de la Unesco, el 25 de julio de 1997 en París.
La aprobación final fue dada en la 29ª Asamblea General de la Unesco el 11 de noviembre de 1997.
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