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No hay Prueba tan grande para Dios

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No hay Prueba tan grande para Dios
No hay Prueba tan grande para Dios
Romanos 5:1-11
Por: Srta. Tania Hernández de los Santos, Pres. Organización Estudiantil Religiosa Yashab,
Estudiante Depto. Bellas Artes - Música
Ciertamente muchas veces en nuestro diario vivir afrontamos ciertas situaciones que muchas veces
nos ponen en un estado de ansiedad, tristeza, ira, pena, dolor, desánimo y hasta vergüenza. Nos
encontramos muchas veces en situaciones que pueden causarnos hasta cambios en nuestra
personalidad. En la vida hay pruebas pequeñas y pruebas grandes, por ejemplo: el levantarse
temprano por la mañana para cumplir con un compromiso grande, después de haberse acostado
muy tarde la noche anterior; que no se tenga casi comida para comer en la alacena o que se le haya
dañado el auto camino a un compromiso muy importante o una prueba aún más grande que a todo
ser humano le afecta, la pérdida de un ser muy amado. Estas pruebas tanto grandes como pequeñas
sirven muchas veces para formar nuestro carácter como personas y a su vez sirven para que
podamos madurar cada día y podamos comprender que todo en esta vida pasa por alguna razón.
Algunas personas toman las pruebas a mal o simplemente no les importa. Otras las ven como un
medio en el cual Dios castiga a la persona por haber hecho algo malo, pero aún otras, toman las
pruebas como lo que se suponen que sean, para edificación y desarrollo de su carácter.
Cierta vez se encontraba una joven universitaria en su hospedaje. Ésta no tenía nada para comer en
su alacena, y estaba sola. Todas sus compañeras de cuarto estaban en sus respectivos pueblos, y
también ninguna de ellas tenía comida como para compartirla con la joven. La joven comenzó a orar
al Dios del cielo para que le pudiera proveer del alimento que tanto ella necesitaba. Luego de un
largo rato, se le ocurrió llamar a un amigo el cual estaba un tanto ocupado, pero de todas maneras lo
llamó: -“Hola, ¿estás bien?” dijo la joven.
“-Si todo bien gracias a Dios, te noto preocupada, ¿te pasa algo?” dijo el amigo.
“-Si, bueno es que estoy un poco avergonzada por lo que te voy a pedir-“ dijo la joven.
“-Bueno dígame usted, en que le puedo ayudar” dijo el amigo.
“-Es que estoy sola en mi hospedaje, tengo mucha hambre y no tengo dinero para comprarme algo
de comer” dijo la joven.
“-Bueno, estoy aquí compartiendo con los hermanos de mi iglesia y tenemos almuerzo aquí, si
quieres yo te busco para que almuerces con nosotros, ¿te parece bien?” dijo el amigo.
“-¡Bien!, ¿En serio? ¡Me parece excelente! ¡Muchas gracias, te debo una!’ dijo la joven.
“-No me debes nada, es más, si no tienes nada que hacer hoy por la noche, mi iglesia tendrá un
compartir en la casa de un hermano y también va a haber comida, para que vayas y compartas con
nosotros”-dijo el amigo.
“-En serio? pues muy bien, iré” dijo la joven muy emocionada.
Dios siempre tiene cuidado de sus hijos y sus hijas. No importa la situación que se esté pasando,
sea una prueba pequeña o tan grande como se mencionó antes, la pérdida de un ser amado, Dios
siempre está al cuidado de uno y él conoce cada una de nuestras necesidades como seres
humanos, sean grandes o pequeñas. Él nunca nos deja desamparados, ni desprotegidos. Él siempre
tiene la respuesta a nuestras más grandes pruebas, y no hay prueba, ni situación tan grande que
Dios no pueda resolver.
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