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miedo y desplazamiento.indd - Grupo de Acción Comunitaria
MIEDO
Y
DESPLAZAMIENTO
EXPERIENCIAS Y PERCEPCIONES
Ana María Jaramillo A.
Marta Inés Villa M.
Luz Amparo Sánchez M.
Medellín, septiembre del 2004
Edita
Corporación Región
Calle 55 Nº 41-10 Teléfono: (57-4) 2166822
Fax: (57-4) 2395544
Apartado Aéreo 67146 Medellín, Colombia
[email protected]
www.region.org.co
ISBN: 958-8134-24-2
Coordinación Editorial
Sergio Valencia R.
Asesora investigativa
Pilar Riaño A.
Auxiliares de investigación
Adriana Metaute
Heidi Cristina Gómez
Imagen carátula, diseño e impresión
Pregón Ltda.
La Corporación Región recibe el apoyo de Colciencias para la investigación;
y para la publicación de Agro Acción Alemana.
Impreso en papel ecológico fabricado con fibra de caña de azúcar.
Contenido
PRESENTACIÓN ................................................................................
7
INTRODUCCIÓN ...............................................................................
CAPÍTULO I
REGIÓN, CIUDAD Y DESPLAZAMIENTO ...............................
1.1 Urabá y el Oriente, senderos cruzados .................................
1.2 La ciudad ..............................................................................
11
23
25
30
CAPÍTULO 2
EL PROCESO DEL DESPLAZAMIENTO:
Entre El Miedo, El Terror y La
Resistencia a La Guerra..................................................................
2.1 El miedo a la muerte .............................................................
2.2 El miedo al Otro....................................................................
2.3 El desplazamiento como estrategia de resistencia
a la guerra .............................................................................
2.4 El momento del desplazamiento ...........................................
43
45
57
CAPÍTULO 3
CIUDAD: TRAYECTOS, ESTRATEGIAS DE
SOBREVIVENCIA Y MIEDOS ....................................................
3.1 Los trayectos en la ciudad.....................................................
3.2 Estrategias de sobrevivencia .................................................
3.3 El miedo, un sentimiento que persiste y se
actualiza ................................................................................
85
87
100
67
73
114
CAPÍTULO 4
FUTURO: ENTRE PÉRDIDAS Y GANANCIAS .........................
4.1 Entre la espada y la pared .....................................................
4.2 Un futuro de certezas guiado por Dios .................................
4.3 La ciudad como un futuro deseable ......................................
123
124
129
133
CAPÍTULO 5
LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL DESPLAZADO:
UN JUEGO DE PERCEPCIONES DESDE LA
SOCIEDAD RECEPTORA............................................................
5.1 El desplazado una figura social para “pensarnos” ................
5.2 “El nosotros” y “los otros” ...................................................
5.3 Víctima o desterrado .............................................................
5.4 El desplazado problema ........................................................
5.5 Entonces ¿qué es lo que se teme? .........................................
145
146
148
151
154
173
CAPÍTULO 6
¿CÓMO PERCIBEN LOS FUNCIONARIOS PÚBLICOS
A LAS PERSONAS QUE HAN SIDO DESPLAZADAS? ...........
6.1 El lugar de la pregunta: las percepciones..............................
6.2 Las imágenes: ¿Quién es el desplazado para los
funcionarios públicos? ..........................................................
6.3 ¿Cómo inciden estas percepciones en la interpretación
de las políticas? .....................................................................
181
181
187
207
REFLEXIÓN FINAL: MIEDOS Y DESPLAZAMIENTO .................
Sobre la experiencia del desplazamiento .......................................
Sobre el proceso de inserción a la ciudad ......................................
Sobre las políticas públicas ............................................................
227
227
229
235
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ................................................
239
Agradecimientos
Nuestro reconocimiento a todas las personas desplazadas
que de manera generosa se mostraron dispuestas a depositar su confianza y compartir sus dolores y sueños, en un
otro representado en cada una de nosotras como investigadoras. Esperamos con esta reflexión poder contribuir,
con un granito de arena, a su reconocimiento social.
PRESENTACIÓN
Durante largo tiempo, fue ignorado el problema de los desplazamientos forzados. Ahora no puede continuar así, no solamente por su dimensión, sino porque se ha convertido en uno de los
mayores aspectos relacionados con el conflicto armado. Bastaría solamente evocar las cifras alarmantes del 2001 y 2002
para convencerse. En el caso colombiano no se trata de “purificación étnica” sino primordialmente de purificación “política”
en el marco de las tentativas de diversos actores para expandir
su territorio. El resultado no es muy diferente: Colombia se ha
convertido en uno de los países del mundo con mayor número
de desplazados.
Sin embargo, son pocos los trabajos de investigación en torno
a este tema. Es verdad que se cuenta con estimaciones cuantitativas que son aproximativas en razón de las dificultades inherentes a este trabajo estadístico. También hay trabajos que
describen la catástrofe humanitaria que representa este éxodo
forzado y hay estudios económicos que subrayan la pérdida del
capital humano allí implicado. Todo esto es a la vez mucho y
poco. No solamente expresan la falta de una mayor fineza en los
censos demográficos y en la verificación estadística, sino que es
raro ver en estos estudios la descripción del mundo social de las
personas desplazadas.
De ahí la importancia de este texto dedicado a las personas desplazadas de Medellín. Aquí se ofrece un importante material
sobre el recorrido desde sus lugares de expulsión hasta su instalación en la ciudad.
El desplazamiento no es solamente el desprendimiento forzado
de la “trama social” del sitio de partida. A menudo esta trama
fue resquebrajada profundamente mucho antes de la salida: las
amenazas, el miedo, la muerte han obligado a la desconfianza
y al silencio. Entre los que decidieron permanecer en el lugar,
muchos de ellos viven de hecho allí en condición de desplazados. Pero el desplazamiento es también la dificultad de insertarse en una nueva urdimbre social en el punto de llegada. Esta
obra describe la experiencia del traslado y del trayecto, pero su
importancia tiene que ver también por el lugar que da, en su
análisis, al asentamiento en la llegada.
En la época de La Violencia, las grandes ciudades se convirtieron en refugios. La novedad de la situación actual es que esto
sucede mucho menos de esta manera. Los protagonistas armados ilegales hacen sentir también su presencia y los desplazados
se encuentran con frecuencia enfrentados de nuevo a amenazas,
8
miedo y muerte en las ciudades donde llegan. Además, no son
raros los desplazamientos intra-urbanos que muestran una forma
de escapar a esta reciente situación y presión en las ciudades.
Los desplazados se encuentran, al mismo tiempo, tratados como
sospechosos ante los ojos de la población en la ciudad, como si
ya estuvieran contaminados por el sólo hecho de haber vivido
en regiones controladas por los actores armados ilegales. Esto
explica la razón para que muchos de ellos no quieran registrarse
como desplazados e intenten fundirse entre los demás habitantes de la ciudad.
El resto de la población padece a menudo un nivel bastante parecido de miseria y las autoras muestran que los desplazados
son sometidos a una exclusión que no es solamente por ausencia de recursos: ella es resultado de la estigmatización que los
golpea, de su relegación en las zonas periféricas difícilmente
urbanizables, de la carencia de la ayuda pública. Esta exclusión
viene sobre todo del hecho de no disponer más que de una memoria en pedazos, la que no deja que los relatos fragmentados
individuales se transformen en relatos colectivos debido a que
su futuro está dominado por una radical incertidumbre.
Con un justo título, las autoras insisten en el tema del “reconocimiento”. Se trata de un aspecto esencial. Es necesario abordarlo
para que los desplazados no sigan siendo percibidos como sospechosos, ni destinados como víctimas, para que puedan poco
a poco constituirse en ciudadanos que reclaman lo que les es
debido en nombre de su ciudadanía. O simplemente para que
ellos puedan actuar más colectivamente.
9
Esta bella obra tiene muchos méritos. Lo más importante es quizás el hecho de ser una contribución a esta problemática del
reconocimiento.
Daniel Pécaut
Escuela de Altos Estudios
en Ciencias Sociales, París.
10
INTRODUCCIÓN
En la perspectiva de lo que conecta el mundo encontramos, al
lado de las operaciones financieras, la telemática, la unificación de mercados y los modos de consumo, un personaje: el
migrante; una situación: la guerra; y un sentimiento: el miedo. En torno a ellos se construyen discursos que circulan globalmente, prácticas y políticas que parecen estar advirtiendo
sobre la configuración de nuevos órdenes mundiales —colocando al centro categorías que se creyeron caducas como las
de nativos/extranjeros, amigos/enemigos, buenos/malos— y
nuevos mapas de los incluidos y los excluidos.
Ya sea por razones económicas, por los conflictos que acechan
al mundo o por las exigencias de la competitividad, se constata la existencia del migrante como ser emblemático del mundo
contemporáneo; un ser itinerante que, al atravesar fronteras territoriales, sociales y culturales adquiere la cualidad de estar
siempre en tránsito, de dejar de ser lo que era sin llegar a adqui-
rir otra identidad desde la cual hacerse a un lugar en el mundo.
A pesar de que se escuchan voces que reivindican la necesidad
de valorar el aporte de los movimientos migratorios en la construcción de sociedades y culturas más plurales, diversas e incluyentes, es notoria la fuerza que toman en el mundo expresiones
xenófobas, políticas de control de la inmigración y movimientos nacionalistas que construyen una representación peligrosista
del inmigrante como generador de miedo en tanto portador de
amenazas que ocasionan inseguridad, pobreza o desestructuración moral y cultural.
Pero el miedo va mucho más allá del producido, desde ciertas
matrices sociales y culturales, por el migrante. Después del 11S
queda claro que las narrativas sobre el miedo se han globalizado
y que hoy ya es casi imposible sustraerse de esa comunidad de
amenazados que, como dice Ulrich Beck (1998), teje lazos de
solidaridad, parámetros de comportamiento, usos del espacio
y políticas públicas en torno al sentido compartido del miedo.
Y también que todo esto es alimentado, entre otras cosas, por
potentes industrias armamentistas que basan su oferta de seguridad justamente en la perpetuación del miedo.
Esto se corresponde con un ambiente mundial de proliferación
de más y nuevas modalidades de guerras que, contrario a lo previsto, no cesaron con el fin de la guerra fría. Tan sólo en la década del noventa se calcula que hubo 61 conflictos —de los cuales
sólo tres fueron entre estados y el resto, guerras internas por
razones religiosas, étnicas o nacionalistas— que cobraron alrededor de 5 millones de vidas (Koffee, 1999). Este dato, ya de
12
Miedo y desplazamiento
por sí escabroso, es muchísimo más grave si se considera otro
de los efectos de la guerra: el desplazamiento forzado. Según
Naciones Unidas, alrededor de 25 millones de personas en el
mundo viven bajo esta condición: personas que huyen y abandonan su lugar “como resultado o para evitar los efectos de un
conflicto armado” (Deng, 1998). Por esto, para este organismo
el desplazamiento significa “uno de los fenómenos más trágicos
de nuestro tiempo”: desarraigo, pérdida de lazos sociales, negación del acceso a necesidades vitales como la vivienda, la alimentación o la medicina, persecución, exclusión y estigmatización; ciudadanías en vilo, territorios excluidos, estados frágiles
ante el deber de proteger y velar por una vida digna para todos
sus asociados, son otros de los signos a través de los cuales se
conecta y globaliza el mundo.
En América Latina, las guerras vividas en países como El Salvador y Guatemala dejaron, entre muchas de sus huellas, la de
cientos de miles de desplazados internos y refugiados que abandonaron sus lugares, muchos de ellos para siempre, huyendo
del terror de la guerra. En Guatemala se calcula que entre 1981
y 1983 hubo alrededor de un millón de desplazados. Colombia
por su parte, aporta a esta cifra mundial la nada honrosa cifra
de 3 millones de personas que, como producto de la guerra que
enfrenta nuestro país, han tenido que abandonar su lugar en los
últimos 20 años.
El miedo juega un papel central en el fenómeno del desplazamiento a nivel mundial. Se trata de un sentimiento que se genera
ante la percepción de un peligro real, supuesto o anticipado y
13
que motiva respuestas diferentes, ya sea de aquietamiento, acción o huida (Delumeau, 1989; Mannoni, 1984). Entendido así,
podemos decir, en principio, que el desplazamiento se inscribe
en las respuestas de huida: es una forma de evitar un peligro real
o latente1. En este sentido, la Corte Constitucional ha propuesto
entender por personas desplazadas no sólo a quienes han huido
por una acción específica sino “en razón del riesgo que observan para su vida e integridad personal, peligro que se deriva de
las amenazas directas que le son formuladas o de la percepción
que desarrollan por los múltiples actos de violencia que tienen
lugar en sus sitios de residencia” (Corte Constitucional, Sentencia SU 1150). No obstante, sabemos que en muchos casos esta
percepción del peligro se transforma en verdaderas experiencias
de terror ante la vivencia de hechos cada vez más crueles y desestructurantes del entorno social.
Pero el miedo no desaparece después de ese primer momento.
El temor a que se repitan las historias de muerte y persecución
que los acompañan, genera diversas estrategias de visibilización
o invisibilización; temor a ser identificado por quienes los hicieron partir, pero también a no ser reconocidos como ciudadanos.
Todas estas situaciones crean un gran campo de incertidumbre
que media de manera clara en el proceso de inserción y activa
una amplia gama de respuestas e iniciativas de protección y acción.
1.
Según datos de la Consultoría para el Desplazamiento y los Derechos Humanos -Codhes-,
las amenazas constituyen el 64% de las motivaciones para el desplazamiento, seguidas por
asesinatos (14%), torturas (1%) y “otros” (15%), entre los que se incluye “el miedo”, la
“persecución”, “intento de secuestro” y el “boleteo” (Codhes, 2002).
14
Miedo y desplazamiento
Desde el punto de vista de la población receptora, el desplazamiento también activa miedos que inciden de manera directa en
la comprensión del fenómeno y, sobre todo, en las posibilidades reales de lo que en las leyes internacionales y nacionales se
ha denominado “restablecimiento de la población desplazada”.
Hoy es sabido que la gran mayoría de la población que ha vivido el desplazamiento y llega a la ciudad, no quiere volver a su
lugar de origen, ya sea por que no están garantizadas las condiciones de retorno o porque encuentra en la ciudad posibilidades
que allí le son negadas2. A pesar de que se ha desarrollado una
importante labor de asistencia social por parte de diferentes instituciones, se constata una gran resistencia a aceptarlos como
ciudadanos con plenos derechos, tanto de parte de la población
directamente receptora, como de las instituciones públicas y la
ciudadanía en general.
Desde el punto de vista de las políticas públicas, Naciones Unidas señala entre los principios rectores para la atención de los
desplazamientos internos, relativos al reasentamiento y reintegración, que “no serán objeto de discriminación alguna basada
en su desplazamiento. Tendrán derecho a participar de manera
plena e igualitaria en asuntos públicos a todos los niveles y a
disponer de acceso en condiciones de igualdad a los servicios
públicos” (Naciones Unidas, 1999). No obstante, uno de los
principales obstáculos para la implementación de políticas en2.
Los desplazados en su mayoría (68%) prefieren permanecer en el lugar donde se encuentran
“porque la violencia se mantiene” en los lugares de origen, el 18% insiste en opciones de
ubicación en otras zonas del país, especialmente en el campo, y el 14% manifiesta su deseo
de retornar para “reunificar la familia” o “recuperar los bienes abandonados”. (Naciones
Unidas, 1999).
15
caminadas a la integración social y política de esta población es
justamente la estigmatización de que es objeto, tanto por parte
de la sociedad como de las mismas entidades públicas.
En nuestro criterio, las posibilidades de avanzar efectivamente en
el proceso de reasentamiento y reintegración de esta población
supone reconocer, en primer lugar, que son un actor ineludible
de las dinámicas urbanas sociales y políticas; visibilizarlos como
sujetos que se juegan, al igual que miles de personas, el derecho
a la ciudad y a reconstruir su proyecto de vida en condiciones
de dignidad y desde allí aportan a la construcción de la ciudad y
a su diversidad social y cultural; y en segundo lugar desactivar
las múltiples formas de discriminación basadas en estigmas que
se han construido a través del tiempo desde diversos lugares de
la sociedad. Los resultados de la investigación que presentamos
a continuación pretende aportar en este sentido.
El lugar de la pregunta
El punto de partida es: El miedo no sólo es uno de los factores
explicativos del desplazamiento, es un sentimiento que acompaña
a la población en situación de desplazamiento en todo el trayecto
de búsqueda de un nuevo lugar físico, social y simbólico; que
se exacerba en la población receptora con su llegada, activando
viejos temores sociales, y que incide de manera directa en los
imaginarios y en las prácticas sociales y políticas que favorecen
o limitan procesos de inclusión social.
Tanto el miedo como el desplazado son construcciones sociales: El miedo se experimenta individualmente, se construye so16
Miedo y desplazamiento
cialmente y se interpreta desde contextos culturales específicos,
esto es, más allá de una respuesta biológica el miedo habla de
una percepción social sobre lo que es amenazante y sobre las
maneras de responder desde anclajes sociales y culturales específicos a esa amenaza. Social y culturalmente aprendemos a
qué temer y cómo responder a esos temores (Villa, Sánchez y
Jaramillo, 2003). El desplazado, por su parte, nos habla más
que de una identidad, de una condición mediada, entre otros
factores, por las visiones que desde la sociedad receptora y el
Estado se construyen frente al fenómeno del desplazamiento y
a las personas desplazadas, y por las autopercepciones que las
mismas personas desplazadas tienen sobre sí mismas, acorde
son sus trayectos de vida y visiones del mundo. Por tanto, desde
la exploración de un factor de índole subjetiva, como son los
miedos experimentados por sujetos sociales y las respuestas que
se construyen para enfrentarlos, pretendemos dar cuenta de la
existencia o no de condiciones que puedan favorecer su inserción social, cultural o política.
Esta perspectiva implicó una opción metodológica que pusiera
al centro las percepciones y visiones producidas en tres ámbitos sociales: la población desplazada, la población receptora y
el Estado. En el primero, indagamos por las vivencias de las
personas que han sufrido el desplazamiento, por los sentidos
explicativos que han construido sobre esta experiencia, por sus
miedos y las respuestas que construyen para enfrentarlos. En
el segundo, nos acercamos a aquella población que desde más
lejos o más cerca, cognitiva y espacialmente, ha visto aparecer
ante sus ojos a estos pobladores y ha construido también inter17
pretaciones y estrategias diversas ya sea para evitarlos o reconocerlos como nuevos vecinos. En el tercero, el ámbito del Estado,
también indagamos por las percepciones que se han construido
frente a la población desplazada y su impacto en las políticas
públicas.
Coherente con los objetivos y el enfoque teórico y metodológico
se emplearon diversos instrumentos metodológicos: talleres de
memoria con población desplazada, entrevistas a profundidad
con los diferentes grupos poblacionales, revisión de políticas y
documentos gubernamentales referidas al desplazamiento y a
los desplazados, grupos de discusión con población receptora y
funcionarios públicos para explorar y contrastar percepciones y
relaciones con población desplazada. También se realizó trabajo
de campo en dos asentamientos ubicados en la zona centroriental
de Medellín, Altos de La Torre y El Pacífico, donde la Corporación
Región desarrolla una labor de educación y acompañamiento a
población desplazada.
Para la selección de las personas con quienes se desarrollaron los
talleres y entrevistas, se tuvo en cuenta su procedencia (Urabá y
el Oriente antioqueños), el tiempo de permanencia en la ciudad
y el género, con la intención de establecer diferencias o similitudes entre mujeres y hombres sobre las percepciones que se
construyen frente al miedo, las maneras de afrontar la experiencia
de desplazamiento y su inserción en la ciudad. En cuanto a los
funcionarios públicos se tuvo en cuenta la pertenencia a instituciones encargadas de la atención a la población en condición de
desplazamiento.
18
Miedo y desplazamiento
La elaboración de los resultados investigativos se hizo teniendo en
cuenta la observación de confidencialidad tanto en lo que respecta
a sus identidades como al manejo de la información.
Los capítulos
Los resultados de La investigación la incidencia del miedo en las
formas de inclusión y exclusión de la población en condición de
desplazamiento en Medellín se exponen en 6 capítulos:
El primer capítulo se refiere a los contextos de desplazamiento
en las regiones del Urabá y el Oriente antioqueños con énfasis en
las similitudes y diferencias en los procesos de desplazamiento
y acerca de las condiciones que presenta Medellín como ciudad
receptora.
El segundo capítulo está dedicado a las experiencias de miedo
y terror vividas con el desplazamiento. El acento está puesto en
las miradas que se construyen frente al conflicto, las estrategias
de terror puestas en práctica por los actores armados, las estrategias de resistencia de la población y los motivos que finalmente
conducen a la huida.
El tercer capítulo se centra en la experiencia en la ciudad teniendo
en cuenta las diversas trayectorias hasta el establecimiento en
asentamientos, las estrategias de sobrevivencia, los miedos vividos en la ciudad y las dificultades a las cuales se ven enfrentados
para la reconstrucción de sus proyectos de vida.
El cuarto capítulo se refiere a la percepción de futuro que, desde
los trayectos personales, la experiencia del desplazamiento y su
experiencia en la ciudad, construye esta población. Desde allí
19
se pregunta por las posibilidades o no de reconstrucción de los
proyectos de vida.
El quinto capítulo se dedica al examen de las diversas visiones que desde lo social y en relación con la distancia espacial,
cognitiva o en razón de la pertenencia a un determinado estrato
o nivel educativo, se comportan frente a la población en condición de desplazamiento.
El sexto capítulo hace una aproximación a las diversas percepciones que tienen los funcionarios encargados de la ejecución
de políticas de atención a la población desplazada, frente a ella
y a sus posibilidades de inclusión en la ciudad.
La realización de esta investigación ha sido posible gracias a la
persistencia de la Corporación en el reconocimiento de la investigación como un componente de su perfil institucional y de
su quehacer cotidiano, así como al apoyo de Colciencias con la
aprobación del proyecto puesto a su consideración.
20
Para la investigación La incidencia del miedo en las formas de inclusión y exclusión de la población en condición de desplazamiento en Medellín, la Corporación
Región tuvo como referentes a personas en situación de desplazamiento forzado
que viven en los asentamientos Altos de la Torre y el Pacífico ubicados en la comuna
8, zona centroriental de Medellín, en la periferia de los barrios Llanaditas e Isaac
Gaviria. Estos asentamientos se encuentran por fuera del perímetro urbano.
Las fotografías que aparecen en la separación de los capítulos, son el resultado de
los talleres de memoria realizados con hombres y mujeres de los asentamientos
Altos de la Torre y El Pacífico.
En estos talleres se preguntó por los hitos que han marcado sus vidas y las respuestas se plasman en dibujos hechos por cada asistente, para lueo armar la colcha
de retazos a partir de la cual se reflexiona sobre lo común que tienen con la
experiencia del desplazamiento y la vida en la ciudad.
Dibujo realizado por una participante del taller de memoria con mujeres del
asentamiento Pacífico.
La imagen remite a la experiencia en la ciudad destancando simultáneamente al
Urabá como lugar de procedencia.
CAPÍTULO I
REGIÓN, CIUDAD
Y DESPLAZAMIENTO
En concepto de Kamel Morjane, delegado de la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Refugiados —Acnur—, “Colombia presenta una de las situaciones
más graves del mundo en materia de desplazamiento, la tercera
en magnitud y número de población desplazada, y la primera o
segunda por la complejidad, que es bastante parecida a la de Sri
Lanka”1. Ciertamente este pronunciamiento reitera lo ya dicho
por destacados funcionarios de diversas entidades internacionales,
y nacionales y por estudiosos del fenómeno del desplazamiento.
Lo paradójico es que los avances que se han producido en el
conocimiento y análisis de esta problemática, no logran tener
mayor repercusión en el reconocimiento por parte de la sociedad
y del Estado del desplazamiento como un tema prioritario, siendo
esto más grave en aquellas regiones severamente afectadas por
el desplazamiento, como pasa en Antioquia.
1,
“No me imaginaba que la situación fuera tan seria”. Periódico El Colombiano (en línea),
disponible en www.elcolombiano.com Consulta:1 de mayo del 2004.
23
Región, ciudad y desplazamiento
Para 1998, un estudio de la Conferencia Episcopal acerca del
desplazamiento en Antioquia llamaba la atención sobre la ocurrencia de procesos de desplazamiento en todas las regiones del
departamento2 (Conferencia Episcopal, 2001). Seis años después,
Antioquia es una las regiones más críticas. Según el balance
de la Red de Solidaridad, actualizado a 15 de marzo del 2004,
Antioquia presenta las cifras más altas de todo el país en lo
que concierne a población expulsada con 238.844 y con 53.551
hogares desplazados. También se destaca como receptor de población desplazada: 205.414 personas y 45.560 hogares (Red de
Solidaridad, 2004).
Más allá de las cifras, es importante comprender la complejidad
que reviste este fenómeno y sus múltiples impactos, especialmente entre la población que lo ha sufrido. Como lo señala el
estudio de la Conferencia Episcopal, el desplazamiento es un
fenómeno heterogéneo, es decir, presenta características diversas de acuerdo a cada región y localidad, a las temporalidades
y a las dinámicas bélicas del conflicto armado, a las estrategias
de terror ejercidas por los actores armados para tener control
sobre territorios y poblaciones, y a las modalidades del desplazamiento.
De acuerdo con este enfoque, consideramos pertinente introducir
algunos elementos de contextualización referidos a las condiciones que presentan las regiones de procedencia de la población
2.
De acuerdo con la división político administrativa Antioquia está conformada por 9 subregiones: Urabá, Occidente, Norte, Suroeste, Oriente, Nordeste, Bajo Cauca, Magdalena Medio y Valle de Aburrá.
24
Miedo y desplazamiento
con la cual hemos desarrollado la presente investigación, Urabá
y el Oriente antioqueños, y acerca de Medellín como lugar de
recepción.
1.1 Urabá y el Oriente, senderos cruzados
Urabá es una región de poblamiento reciente (hace 50 años tenía
sólo 15.000 habitantes, hoy se estiman en 435.000) en la que
prima su condición de zona de frontera y una dinámica territorial
que presiona por la articulación física y social de su territorio y
la transformación de su situación de exclusión histórica a la de
una región reconocida y con presencia del Estado (García, 2003).
También Urabá se ha caracterizado por la pervivencia histórica de
conflictos ligados a la colonización, la explotación de sus recursos,
la concentración de la propiedad territorial y a su configuración
como zona de refugio de rebeldes y perseguidos por las guerras
civiles del siglo XIX y por la violencia política bipartidista del
siglo XX (Uribe, 1992). Con la instalación de la agroindustria
bananera y la presencia de actores armados ilegales en disputa
por el control de este importante territorio, Urabá se transforma
en un escenario de guerra y epicentro del desplazamiento, particularmente en las décadas de 1980 y 1990.
El Oriente, por el contrario, es una región consolidada que jugó
papel importante en la configuración histórica de Antioquia, que
mantiene lazos estrechos con el Área Metropolitana de Medellín,
que cuenta con fuerte presencia de las instituciones y con actores
organizados que participan en la orientación de los destinos de su
colectividad. Sin embargo, estos niveles de cohesión son relativos,
25
Región, ciudad y desplazamiento
dada la existencia de una zona de frontera correspondiente a lo
que hoy conocemos como el Oriente Lejano3, con características similares a las de Urabá como la pervivencia de conflictos
asociados a la colonización, concentración de la propiedad territorial, y su importancia como lugar de refugio de campesinos
e indígenas expulsados de sus territorios y perseguidos por la
violencia bipartidista (Uribe, 1989:51-76).
No obstante las diferencias en el proceso de configuración de
estas dos regiones, es posible establecer similitudes en razón de
la importancia estratégica que adquieren en el contexto nacional y
regional desde mediados del siglo XX. Mientras que en Urabá se
da una época de auge de la agroindustria del banano y de la aún
más próspera economía ilegal del contrabando y el narcotráfico,
el Oriente se convierte en un centro estratégico con la construcción del aeropuerto internacional de Rionegro, de una zona de
embalses que genera el 30% de la energía eléctrica nacional y
de la autopista Medellín-Bogotá.
Estas transformaciones, en un contexto de intensificación del
conflicto armado, van a tener importantes repercusiones en la
conflictividad reciente y en las dimensiones que adquiere el fenómeno del desplazamiento.
A partir de la década de 1980, las Farc, en consonancia con una
estrategia de expansión de sus frentes, intensifican su presencia
en Urabá con el propósito de ejercer un dominio pleno sobre la
3.
Del Oriente Lejano forman parte municipios más afectados por el desplazamiento como San
Luis, San Carlos, San Rafael, San Francisco y Cocorná hacia la zona de vertiente, y Nariño
y Argelia hacia el sur.
26
Miedo y desplazamiento
región, lo que conlleva la intensificación de su disputa con el
Ejército Popular de Liberación (EPL), con presencia en la región
e influencia sobre la organizaciones y el movimiento sindical de
los trabajadores del eje bananero. La contrapartida a esta ofensiva
fue una creciente militarización de la región y el surgimiento, en
1987, de fuerzas paramilitares por influjo de narcotraficantes y
militares. Todo ello acarreó un notable incremento de los asesinatos de líderes sindicales y sociales, de las masacres y del flujo
de población forzada a abandonar sus veredas y refugiarse en los
municipios del eje bananero, Chigorodó, Turbo y Apartadó4.
La década de 1990, sin embargo, comienza con un hecho de paz:
la desmovilización del EPL, resultante del proceso de negociación
iniciado en el gobierno del presidente Belisario Betancur. Pero
este acontecimiento no logra la pacificación, pues la ofensiva de
las Farc, sumada al accionar del ejército y los paramilitares, empeñadas en una reconquista de la región y en copar el territorio,
lleva al exterminio de los reinsertados (García, 1996). Entre 1995
y 1997 la población de Urabá, principalmente la del eje bananero y de las zonas de influencia de las Farc, se convierte en blanco de las atrocidades cometidas por los actores armados, lo que
acarrea grandes desplazamientos, tanto desde las veredas hacia
las cabeceras municipales como hacia otras regiones de Antioquia
(Bajo Cauca, Chocó, Occidente, Nordeste) y hacia Medellín5.
4.
5.
De acuerdo a las cifras de la Red de Solidaridad al municipio de Chigorodó, entre 1995 y
el 2004 han llegado 2.798 personas desplazadas y han salido 3.469; a Apartadó han llegado
6.700 personas y han salido 10.376 (Red de Solidaridad, 2004).
Para 1996 el Departamento de Prevención, Atención y Recuperación de Desastres de Antioquia reportaba que el número total de desplazados ascendía a unas 50.000 personas, de
las cuales aproximadamente 15.000 provenían de Urabá (Conferencia Episcopal, 2001).
27
Región, ciudad y desplazamiento
En el Oriente, los años 80 marcan un momento de auge de los
movimientos sociales, con la emergencia de un movimiento cívico articulado por las demandas de la población afectada por la
construcción de varias represas, de la autopista Medellín-Bogotá y por las alzas en los servicios públicos. En la casi totalidad
de los municipios del Oriente se llevaron a cabo marchas, paros
cívicos y asambleas populares que sirvieron para la formación
de una generación de líderes, varios de los cuales fueron elegidos alcaldes derrotando a exponentes de la clase política tradicional. Pero esta experiencia de movilización y organización
social fue vista como amenaza por parte de grupos de poder que,
apoyados en la conformación de grupos de “limpieza” y “escuadrones de la muerte”, llevaron a cabo una sistemática labor de
exterminio de los líderes, amedrentando a la población, especialmente en aquellas localidades consideradas como la base de
apoyo de los movimientos cívicos y los núcleos de guerrilla de
las Farc (García, 1985). Desde ese momento se hicieron más
frecuentes los desplazamientos de población hacia las cabeceras
municipales.
En la década de 1990 el eje del conflicto, al igual que en Urabá,
se centra en lo militar, dada la expansión de las guerrillas de las
Farc y el ELN, especialmente en veredas y municipios aledaños
a la zona de embalses y de vertiente, y a raíz de acciones de gran
impacto como los bloqueos a la autopista Medellín-Bogotá, el
derribamiento de torres de energía, las tomas de pueblos, secuestros de alcaldes y funcionarios, y el incendio a fincas de recreo
en El Peñol y Guatapé.
28
Miedo y desplazamiento
Para este momento, el gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe,
promovió la conformación de una red de cooperativas de vigilancia (Convivir) y una estrategia contrainsurgente por parte del
ejército. Así mismo en Urabá, las Autodefensas de Córdoba y
Urabá —ACU— emprendieron una campaña de “limpieza” en
territorios con presencia de la guerrilla y en contra de la población
señalada como auxiliadora de la subversión.
La transformación del Oriente en una zona disputada por guerrilla, paramilitares y ejército convierte a la población civil en
blanco de sus acciones y agrava el flujo de población desplazada
hacia las cabeceras de los municipios de San Luis, San Carlos,
San Francisco, Cocorná, Argelia, Sonsón y Nariño. Según los
datos aproximativos de la Red de Solidaridad, estos municipios
ocupan un lugar destacado en el panorama nacional como lugares
expulsores y receptores de población desplazada6.
A diferencia de Urabá, en el Oriente se logra generar una capacidad
de respuesta de la sociedad local, liderada por la Iglesia Católica
(Diócesis de Sonsón-Rionegro), por diversas instituciones, autoridades municipales y organizaciones sociales para el diseño y
gestión de alternativas tendientes a la humanización del conflicto
y ayuda a la población desplazada. Pero su capacidad de atención
se ve rebasada por la intensidad del desplazamiento.
6.
Desde 1995 y hasta el 15 de marzo del 2004 las cifras de personas que han llegado desplazadas y las que han salido son respectivamente: 3.695 personas y 14.222 en San Carlos;
3.037 y 8.429 en San Francisco; 8.623 y 10.796 en San Luis; 2.699 y 7.792 en Cocorná; 550
y 2.205 en Sonsón; 553 y 9.883 en Argelia; y 352 y 1.712 en Nariño. Por su parte Rionegro
ha recibido a 3.217 desplazados y 665 hogares (Red de Solidaridad, 2004).
29
Región, ciudad y desplazamiento
1.2 La ciudad
Desde hace dos décadas Medellín se convirtió en destino de
gentes provenientes de otras regiones del departamento y de
otros lugares del país. Las cifras de la Red de Solidaridad reportan la llegada de 72.283 personas y 17.091 hogares a Medellín
y los demás municipios que conforman el Valle de Aburrá7 entre 1995 y hasta el 15 de marzo del 2004 (Red de Solidaridad,
2004). Pero es claro que esta cifra podría ser mucho mayor porque la Red sólo consigna la información correspondiente a la
población registrada.
La experiencia de esta generación de desplazados presenta importantes similitudes con la historia vivida por aquellas gentes
que, desde mediados de siglo XX, también se vieron forzadas a
abandonar sus lugares de vivienda por motivos relacionados con
la violencia política.
En el transcurso de la década de 1950 se produjo la llegada de los
considerados en ese entonces “refugiados de la violencia”. Buena
parte de ellos provenía de aquellas regiones que fueron epicentro
de la violencia: Occidente, Suroeste, Nordeste y el Magdalena
Medio8. En los comienzos de esa década se localizaron en “núcleos piratas” en sectores aledaños a los barrios Manrique, La
América, Robledo, Belén, La Toma, Guayabal y a la Autopista
7.
8.
Envigado, Itagüí, Sabaneta, Bello, Girardota, Barbosa, La Estrella.
La violencia política en Antioquia empezó simultáneamente en los municipios del Valle de
Aburrá y el Suroeste. Luego pasó a Urrao y al eje formado por las localidades de la carretera al mar. Se dirigió después al Nordeste, luego al Bajo Cauca y más tarde a Puerto Berrío
y el Magdalena Medio (Mesa, 2000).
30
Miedo y desplazamiento
Norte. Un informe elaborado por la Oficina de Planeación en
1958 revelaba la existencia de una amplia zona de tugurios en el
centro de la ciudad, La Alpujarra, San Benito y los alrededores
de la Estación Villa, el Cementerio Universal y La Iguaná.
Aunque la presencia de esta población fue considerada por los
sectores más tradicionales como “focos de desorden” por la falta
de higiene, el hacinamiento, la promiscuidad en la que vivían,
“con riesgo para la fidelidad y la castidad de los jóvenes” (Jaramillo, 2001:10), la administración local y algunas entidades de
beneficencia desarrollaron algunas iniciativas para mejorar su
situación. Así fue como en 1962 se inició un plan de erradicación
de las zonas de tugurios ofreciendo soluciones de vivienda. Pero
este momento coincidió con la llegada de nuevos migrantes provenientes de aquellas zonas en donde se llevaba a cabo una labor
de exterminio de los últimos focos de resistencia bandolera: Bajo
Cauca, Magdalena Medio y el Occidente antioqueño.
La llegada de esta población, en los comienzos del Frente Nacional, se tradujo en la conformación de los denominados “barrios
de invasión”, en las laderas de la ciudad, zonas nororiental y
noroccidental. De esta época datan los barrios Santo Domingo,
Popular, Granizal, Moscú y Santa Cruz en la zona nororiental,
y Santander, Pedregal, La Esperanza, Florencia y Tejelo en la
noroccidental.
La construcción de estos barrios generó grandes resistencias,
ante problemas de orden público a raíz de los frecuentes enfrentamientos de pobladores y policía y la presencia de sacerdotes
31
Región, ciudad y desplazamiento
partidarios de la nueva corriente de la Teología de la Liberación,
que hacia los años sesenta irrumpió en el país con un discurso de
renovación de una Iglesia Católica comprometida con los pobres
y con la justicia social.
Con razón Alonso Salazar (1996:128) se refiere a los migrantes
de los cincuenta y sesenta como los artífices de una “segunda
fundación de Medellín”; de esa nueva ciudad que fue apareciendo
en las laderas y que no sólo requería una adecuada atención en
el préstamo de servicios públicos, la pavimentación de las vías o
la inclusión en el perímetro urbano, sino, ante todo, la inclusión
cultural y política de sus habitantes. Sin embargo, la postura
predominante entre los sectores más influyentes de la sociedad
local fue la de la exclusión al ser considerados como una amenaza para el orden público, para la proyección de Medellín como
epicentro de progreso y para la preservación de la moral y las
buenas costumbres.
En un intento por impedir la aparición de nuevos barrios de invasión, un fenómeno generalizado en las principales ciudades
del país en la década de 1960, el gobierno de Guillermo León
Valencia expidió la ley 66 de 1968, prohibiendo explícitamente
a los gobiernos locales dotar de infraestructura a los “asentamientos piratas” y a las “invasiones” ubicadas por fuera del perímetro urbano. Pero esta disposición no logró disuadir a gentes
que continuaron llegando a la ciudad huyendo de la pobreza y
de los fenómenos de violencia que durante los años 70 y 80 se
intensificaron en las áreas rurales. Aunque este flujo migratorio
no tuvo la magnitud del anterior, implicó la aparición de los que
32
Miedo y desplazamiento
se denominaron “barrios subnormales”, localizados en sectores
aledaños a los otrora barrios de invasión y en zonas de alto riesgo, con mayor probabilidad de desastres naturales y dificultad
para instalación de redes de acueducto y energía, así como para
la construcción de vías de acceso.
La llegada a la ciudad de esta nueva generación de migrantes
coincidió con uno de los momentos más difíciles en la historia
de la ciudad debido al auge del narcotráfico, el sicariato, el incremento en las muertes violentas que hizo de Medellín una de las
ciudades más violentas del mundo. Esta situación acrecentó los
temores y prevenciones frente a las “comunas”, criterio empleado por Planeación Municipal para la sectorización de la ciudad,
pero que a partir de este momento y de manera peyorativa fue
empleado para referirse a los barrios de la periferia asociados
ya no sólo con el desorden moral y social sino también con el
crimen y la violencia, particularmente en aquellos lugares donde
se hizo más visible la existencia de bandas sicariales al servicio
de Pablo Escobar, jefe del “cartel de Medellín”.
En la década de 1980 se registra la aparición de nuevos “barrios
de invasión” que abarcan la zona nororiental y centroriental: La
Avanzada, María Cano, Carpinelo, La Cruz, Llanaditas, 13 de
Noviembre, Villa Turbay, Villa Liliam, La Sierra, Las Esmeraldas
y Santa Lucía. En concordancia con la política de incorporación
de la periferia a la trama urbana, las autoridades de Planeación,
mediante el acuerdo 009 de 1992, autorizaron la incorporación
al perímetro de un número aproximado de 70 “asentamientos
subnormales”. Con ello se esperaba poner fin al incontrolado
33
Región, ciudad y desplazamiento
proceso de ampliación de las fronteras de una ciudad que se
consideraba ya había llegado al límite de su crecimiento y que,
además, presentaba preocupantes niveles de hacinamiento y escasez de espacios públicos, sobre todo, en aquellos barrios ubicados
en las zonas de más alto riesgo.
Pero estas medidas tampoco lograron contener el fenómeno migratorio. En la década de 1990 se inicia un nuevo ciclo de expansión de la periferia con la presencia de otra generación de
migrantes, los desplazados por la violencia. Según el estudio de
la Conferencia Episcopal, en lo referente al desplazamiento hacia
Medellín, entre 1992 y 1995 se empezó a producir la llegada de
población procedente de Urabá y Chocó. A partir de 1996 se
diversificó la procedencia con la presencia de gentes desplazadas
del Norte: Yarumal, Briceño, Sabanalarga; Bajo Cauca: Puerto
Valdivia, Caucasia; Occidente: Dabeiba, Ituango; Nordeste: Cisneros. Desde fines de esta década hasta el momento actual ha
sido predominante la llegada de gentes provenientes del Oriente
antioqueño.
Para el año 2000, la oficina de Planeación Municipal detectó la
presencia de unos 52 asentamientos diseminados por la periferia
de la ciudad y habitados por una mezcla de desplazados y destechados. Esta presencia se ha extendido hacia los corregimientos
de Medellín y hacia Bello e Itagüí9, los dos municipios más importantes del Área Metropolitana, que, además, cuentan con una
importante tradición como lugares de recepción de población
9.
Hasta marzo del 2004 Bello ha recibido a 4.732 personas y 1.000 hogares, e Itagüí a 1.009
personas y 481 hogares (Red de Solidaridad:2004).
34
Miedo y desplazamiento
migrante debido al funcionamiento de las fábricas textiles de
Coltejer y Fabricato.
Entre estos nuevos asentamientos se encuentran El Pacífico y Altos de La Torre, ubicados en la periferia de la zona centroriental.
El primero de ellos está conformado por unas 120 familias desplazadas provenientes de diversas regiones del departamento,
entre las cuales se cuenta el Oriente, el Occidente y la región de
Urabá. Altos de la Torre está habitado por 320 familias. A esta
población se suma la presencia de personas y familias en situación de extrema pobreza. Ambos asentamientos se encuentran
localizados en zonas de alto riesgo, aledañas a barrios de muy
reciente configuración e inclusión en el perímetro urbano. La
cercanía no sólo geográfica sino también social y cultural con
las personas que habitan los barrios vecinos favorece el establecimiento de formas de cooperación pero también de tensiones.
Otro factor al que es necesario hacer alusión es la pertenencia
de estos asentamientos y barrios de periferia a la zona centroriental, que se ha caracterizado históricamente por la presencia
de la Iglesia Católica y de los partidos tradicionales y por ser un
lugar menos protagónico en los fenómenos de violencia, particularmente en la década de 1980, cuando las miradas se dirigieron hacia la zona nororiental (Naranjo, 1992).
Al igual que las generaciones que los antecedieron en la colonización de las laderas, estos nuevos desplazados por la violencia
han recurrido a la “invasión” o al “loteo pirata” para levantar sus
ranchos. Pero el sueño de hacerse a una vivienda más estable y
en un barrio normalizado pareciera ser más difícil de realizar
35
Región, ciudad y desplazamiento
por ser terrenos irrecuperables ubicados en estas zonas de alto
riesgo y por el recorte en programas de vivienda por parte del
Estado. Según los estimativos de la alcaldía de Medellín, en la
actualidad existen unas 25.000 viviendas en zonas de riesgo no
recuperables, que corresponden a uno 32.500 hogares. A ello
habría que agregar un déficit cuantitativo de vivienda (48.843
hogares en la ciudad no poseen vivienda) y un déficit cualitativo que se estima en unas 34.000 viviendas sin algún servicio
básico, 50.000 con deficiencias en infraestructura y 38.539 en
hacinamiento crítico y sin la posibilidad de disponer de espacios
para el encuentro ciudadano y la realización de actividades que
favorezcan la convivencia y la construcción de una noción de lo
público (Plan de Desarrollo de Medellín, 2004).
La situación de alta vulnerabilidad de esta población de desplazados se evidencia con los incendios que han arrasado varios
asentamientos. Es lo que ocurrió con Esfuerzos de Paz, localizado
en la zona noroccidental de la ciudad, a consecuencia de una
acción de retaliación de una banda delincuencial (el “combo de
Frank”) contra sus habitantes señalados como colaboradores de
sus enemigos, y con el asentamiento Mano de Dios, en la zona
centroriental. Este último evento ha tenido importantes repercusiones en la construcción de diferentes miradas sobre el problema
del desplazamiento en la ciudad, sobre la población en situación
de desplazamiento y sus posibilidades de inclusión.
Al riesgo de catástrofes producidas por la acción de la naturaleza o por manos criminales se suma la que proviene de los
atropellos cometidos por actores armados ilegales que han he36
Miedo y desplazamiento
cho de la periferia un escenario de confrontación con gran
peligro para la preservación de la vida, especialmente de niños
y jóvenes, como aconteció en la comuna 13 en el marco de la
confrontación entre las Farc, los paramilitares, el ELN, los
Comandos Armados del Pueblo —CAP—, la policía y el ejército por el control de este territorio.
A diferencia de los desplazados de la violencia bipartidista, esta
nueva generación se encuentra con una ciudad que no cumple la
función de lugar de refugio que les permita tomar distancia frente
a los horrores vividos y ponerse a salvo de sus perseguidores.
Pero esta no es una situación exclusiva de esta población. La
emergencia del “desplazamiento intraurbano”, es decir, de un
barrio a otro, demuestra el impacto que la disputa por el control
de territorios en la misma ciudad, y entre los actores armados
ilegales, ha tenido entre sectores de población que, al igual que
los desplazados provenientes del campo, se han visto forzados a
abandonar sus viviendas y sus pertenencias como única opción
de salvar sus vidas.
Además, la presencia de actores armados ilegales en la periferia no es un hecho reciente. Se ha convertido en una constante
desde los años 70, con la aparición de bandas delincuenciales
puestas al servicio del narcotráfico, de la criminalidad organizada, de milicias, de la guerrilla y, de manera más reciente, de los
grupos de autodefensa que ejercen un control sobre estos territorios. Según diagnóstico de la administración de Sergio Fajardo, en la actualidad existen 164 grupos armados al margen de la
ley, un 90% de las muertes son ocasionadas con armas de fuego
37
Región, ciudad y desplazamiento
y persiste una alta vulnerabilidad de las poblaciones infantil y
juvenil, pues el 53% de las muertes corresponde a jóvenes entre
15 y 25 años (Plan de Desarrollo de Medellín, 2004:16).
Los desplazados de hoy habitan una ciudad en donde la industrialización no es un eje de la economía, como lo fue hasta mediados
del siglo XX. El proceso de desindustrialización ha redundado
en un aumento del desempleo (14%, una de las cifras más altas
del país), en un creciente deterioro en la calidad de vida de la
población, en la inestabilidad en los puestos de trabajo, en el
crecimientto de la informalidad y en la búsqueda de alternativas
de sobrevivencia en actividades ilegales.
A juicio de la actual administración, Medellín presenta una realidad social alarmante que no sólo se circunscribe a la población de los estratos 1 y 2 sino que también abarca a grupos
de pobreza extrema que han hecho su aparición en la ciudad y
entre los que se cuentan las personas que se han visto forzadas
a desplazarse.
El 18.9% de las familias de la ciudad devenga menos de un salario mínimo, el 35.9% hasta dos y el 23.9% de dos a tres; 16 de
cada 100 personas tienen sus necesidades básicas insatisfechas,
lo que las pone por debajo de la línea de pobreza; de ellas, un
3.5% vive en la miseria; el 41.85% de los menores ubicados en
los niveles 1 y 2 padecen desnutrición global y 38.74% de desnutrición crónica; de 381.067 estudiantes de establecimientos
oficiales, el 35.3% tiene desnutrición global, el 48.4% crónica y
un escandaloso 7.8% padece desnutrición aguda (Plan de Desarrollo de Medellín, 2004:17).
38
Miedo y desplazamiento
A pesar de la precariedad de la situación socioeconómica en
la que se insertan, esta nueva generación de desplazados viene
dando muestra de una capacidad de sobrevivencia y adaptación
que, de muy diversas formas, se ha nutrido de la experiencia de
anteriores generaciones de desplazados por la violencia. Sólo
que la continuidad de la guerra y el deterioro de las condiciones
de vida en la ciudad pareciera tornar más inciertas las posibilidades de inclusión.
39
Dibujo realizado por una participante del taller de memoria con mujeres del
asentamiento Altos de la Torre.
Los talleres de memoria revelaron como en este caso, que la muerte, ya sea asociada
al desplazamiento forzado pero también a la pobreza y falta de atención adecuada
en salud, constituye un hito fundamental en sus vidas.
CAPÍTULO II
EL PROCESO DEL DESPLAZAMIENTO:
ENTRE EL MIEDO, EL TERROR
Y LA RESISTENCIA A LA GUERRA
El miedo es, por definición, miedo de alguien a algo. Se teme
por que se percibe que hay una amenaza real o imaginaria; es
una reacción psíquica ante un peligro conocido (o que es factible
conocer) y que se cree puede generar un mal (Rietzler, 1966). Se
teme entonces a algo que es nombrable, identificable y que está
por venir. Y es esta facultad de concreción lo que permite que,
ante su inminencia, las amenazas puedan enfrentarse; todo miedo va acompañado de respuestas, ya sean de aquietamiento, acción o huida (Delumeau, 1989). El desplazamiento es entonces
una respuesta al miedo: se huye para salvar la vida.
El terror hace parte del campo de los miedos. Se trata de un estado en el que se cae cuando se corre peligro sin estar preparado:
destaca el factor sorpresa y tiene, en principio, un carácter intenso, súbito y de corta duración (Berezin, 1989:33). Sin embargo
a esta definición clásica tendríamos que agregar que, en un ambiente perdurable de miedos y de miedos asociados a una con43
El proceso del desplazamiento
frontación armada como la descrita, la experiencia del terror
comporta otros elementos: se trata del uso intencionado —e institucionalizado— del miedo que provoca una alerta generalizada
y duradera en la que se es posible diferenciar factores psicosociales y fácticos: “Las situaciones de terror entran en una dimensión que sitúa el miedo como elemento consistente, general y
duradero en el tiempo, que tiene su génesis en la voluntad del
otro (enemigo) que quiere hacer daño bajo la fórmula inicial de
un terror psicosocial —que se teje tocando y anudando al individuo y al colectivo— o, en el daño real, definido como terror
fáctico” (Acevedo, s.f:6).
En el caso del desplazamiento hablamos entonces de una población sometida por varios años a una serie de prácticas que
bien pueden entenderse como estrategias de terror psicológico: una alarma permanente e intencionalmente dirigida hacia la
población civil con efectos generalizados de estrés, angustia y
miedo (Acevedo, s.f:6). Lo que ocurre con la disputa de actores
armados es una exacerbación de esta situación a partir del uso
de estrategias de terror fáctico: persecución y asesinatos selectivos de personas acusadas de pertenecer a la guerrilla o a los
paramilitares; copamiento de espacios estratégicos por la vía
del destierro de sus moradores; tomas armadas de los pueblos;
retenes de control del acceso a las veredas. Como lo ha hecho
notar Castillejo, para comprender lo que el desplazamiento significa para la gente es imprescindible ponerlo en relación con
la configuración de ambientes de terror caracterizados por las
amenazas consecutivas y una lenta acumulación de miedos e
incertidumbres, asesinatos y torturas (Castillejo, 2002:122).
44
Miedo y desplazamiento
¿Cómo se ha sentido este entrecruzamiento entre miedo y terror
por las personas que han vivido el desplazamiento? ¿Cómo se
recuerda hoy este momento? ¿Cómo se da sentido a esta experiencia desde sus concepciones del mundo y de la vida? Estas
son algunas de las preguntas que nos hicimos y sobre las que
queremos dar cuenta en este capítulo. Más que explicar el desplazamiento, pretendemos dar cuenta de la manera cómo sujetos
concretos interpretan a la luz de su experiencia la pregunta ¿Qué
motivó el desplazamiento?
2.1 El miedo a la muerte
El desplazamiento se encuentra atado de manera directa a un
miedo histórico: el miedo a la muerte. Como dice Jean Delumeau (2002), este puede ser consagrado como el gran miedo de
la cultura occidental. Lo que ha cambiado a través de la historia
es lo que se considera fuente de este peligro. Mientras para unos
provienen de la naturaleza, para otros, por el contrario, se sitúa
en los efectos de lo que la humanidad ha hecho con la naturaleza
y contra la humanidad misma; es lo que algunos han llamado
riesgos manufacturados, los producidos por los propios hombres
(Giddens, 2000; Beck, et al, 1996). La guerra y el armamentismo
se ubican en el campo de estos riesgos manufacturados.
La muerte ¡tan próxima a la vida!
Al decir de Elías Canetti el hacer visible los muertos para que ellos
sean vistos es uno de los recursos más utilizados en las guerras
para la creación de un sentimiento de amenaza generalizado, no
importando si se trata de alguien sin ninguna influencia especial, a
45
El proceso del desplazamiento
veces hasta es un desconocido. “Lo que importa es su muerte y no
otra cosa, hay que creer que el enemigo carga la responsabilidad
por ella. Se ocultan todas las razones que podrían haber llevado
a matarlo menos una: ha perecido como miembro del grupo al
que uno mismo pertenece” (Canetti, 1995:134).
En los relatos que las personas consultadas construyen frente a
los motivos del desplazamiento, el miedo a la muerte se destaca
como un referente común asociado a diverso tipo de situaciones
de riesgo. Es aquí donde el miedo cobra relevancia como causa
explicativa del desplazamiento al activar la búsqueda de salidas
que hagan posible la preservación de la vida y la defensa de su
autonomía.
Entre las mujeres de Urabá, por ejemplo, es persistente el recuerdo
de los muertos tirados en las carreteras, o apenas a medio enterrar,
devorados por los animales domésticos o despedazados y colgados como racimos de banano; o el haber tenido que presenciar
el asesinato de personas conocidas que son bajadas de los buses
por parte de encapuchados sin mediar palabra alguna.
Nury llegó a Medellín hace 6 años. A pesar del tiempo transcurrido,
algo que no ha podido olvidar es el ambiente que antecedió su
decisión de venirse de Urabá y, particularmente, el asesinato de
compañeros de trabajo que fueron bajados por encapuchados del
bus que se dirigía a la finca bananera en la cual laboraban.
Y me tocó ver que contaban, o sea, en el bus en que yo iba,
íbamos por ahí veintiocho personas a abonar, y llegando
al batallón Voltígeros pararon el bus y subieron por ahí
46
Miedo y desplazamiento
tres tipos con una agenda en la mano, y ellos señalaban,
en la agenda llamaban por nombre; mi impresión era que
yo me bajaba del carro, en el asiento me agachaba cuando
empezaban a llamar por lista, me parecía que me iban a
decir ¡usted también! y muchos hacían lo mismo. De ahí
nos bajaron cinco compañeros, y le dijeron al chofer:
¡arranque! Nosotros nos fuimos con el chofer, llegamos a
la finca, entonces el chofer dijo: ¿ustedes se quedan o se
van? Entonces todos dijimos: no, nosotros nos vamos con
usted, o sea la impresión de ver lo que hicieron allá, nos
dio como temor quedarnos en el trabajo, no cumplimos la
hora del trabajo sino que nos regresamos en el mismo bus.
(Entrevista a Nury. Corporación Región, 2003).
La imagen de los “llamados a lista” de personas que luego son
asesinadas, deja en esta mujer, como en muchas otras, la sensación de ser sobreviviente, de que a pesar de haber escapado por
cualquier designio de la vida a este riesgo inminente, la sombra
de la muerte la acompaña como algo pegadito a la vida.
Esta sensación se acentúa entre las personas que viven de cerca
el asesinato de un ser querido y encuentran, en el simple acto de
la sepultura, una nueva fuente de riesgos, pues de alguna manera
se enfrentan a las amenazas de los actores armados interesados
en que los cadáveres sean vistos el mayor tiempo posible por
el resto de la población. Rosa, campesina de la vereda Piedras
Blancas en Urabá, recuerda cuando recibió la noticia del asesinato
de su marido, a quien sujetos armados hicieron bajar del carro
en el que iba para su casa y le dieron seis disparos en la cabeza.
Aunque la policía se niega a acompañarla “porque ya era muy
47
El proceso del desplazamiento
tarde”, su decisión de recuperar el cuerpo, con la ayuda de una
linterna y la compañía de sus hijas pequeñas, logra conmover a
los choferes del vehículo de la funeraria del lugar.
Cuando los de la funeraria fueron a ayudarme a recoger a
mi esposo, la mera noche, me dijeron: “nosotros sí vamos,
pero si usted va”, y yo les dije: no desconfíen en Dios,
Dios nos cuida. Entonces prendieron el carrito y dijeron:
“señora, ¿usted es capaz de irse aquí adelante?”, y yo:
Donde sea y si me toca irme atrás me voy, porque yo ando
con Dios, voy firme que él me va cuidar, tanto a ustedes
como a mí. Cuando me subí al carro invoqué el nombre de
Dios para todos: bueno, señor, en tus manos estamos, tanto
estos señores que van conmigo, tanto mi alma que también
va contigo; y salimos por esa oscuridad, cuando llegamos
hacia allá me dijo uno de ellos: “señora, ¿está muy lejos
todavía?”; entonces le dije: no aquí a la vueltecita, ahí está;
cuando voltió la curva, que apuntó el rayo de luz, ahí estaba
tirado en ese pantanero con ese ojo reventado. Entonces
lo recogieron, lo subieron y yo me vine atrás con él, ellos
se fueron adelante, y yo me vine atrás con él, al oscuro,
y no me daba miedo, es que a mí no me da miedo doña
señora, yo no sé por qué. (Entrevista a Rosa. Corporación
Región, 2003).
En la invocación a la divinidad, Rosa encuentra un eficaz antídoto
contra el miedo, así como un apoyo moral para afrontar la muerte de su esposo, que como tantos otros asesinatos ocurridos en
Urabá permanece en la impunidad. La prolongación de un estado
de confusión por la dificultad para establecer quiénes fueron los
responsables y los motivos por los cuales fueron asesinados sus
48
Miedo y desplazamiento
seres queridos, prolonga el sufrimiento y hace que los muertos
no acaben de morir.
Si bien es a las mujeres a quienes por lo general les ha correspondido la tarea de búsqueda de los desaparecidos y asesinados,
los hombres también se enfrentan a una encrucijada con su permanencia en estos lugares de muerte, sabiendo que son ellos los
que en la mayor parte de los casos corren el riesgo de convertirse
en blanco de las atrocidades cometidas por los armados: “Casi
siempre al que le tiran es al hombre. ‘ah, fulano es paraco, fulano
es guerrillero’, en cambio la mujer, como está es en la casa…
por lo regular al que capturan es al hombre, no van a matar a la
esposa, van es por fulano”.
La puesta en común de estas experiencias en los talleres de memoria realizados con hombres y mujeres, activó el recuerdo de
muchas otras muertes de personas cercanas (padres, hermanos,
hijos) en el transcurso de sus vidas, debido a enfermedades que
no pudieron ser tratadas a tiempo, a la miseria, y por “la misma
violencia que no ha dejado de sembrar muerte”. Así, una muerte
evoca otra y todas ellas resignifican el sentido de ser ¡apenas
sobrevivientes!
Masacres: una estrategia comunicativa de terror
Crear un espacio de la muerte donde esta sea sentida y presentida
no sólo como hecho fisiológico sino como hecho social, es una
de las principales estrategias de una cultura del terror (Taussing,
2002). En el contexto de esta guerra, los grupos armados han
hecho de la muerte, además de la mejor vía de confrontación
49
El proceso del desplazamiento
del enemigo, una estrategia comunicativa del terror. Lo que se
transmite con un asesinato a los demás, a los que están alrededor,
a los familiares y vecinos, a los que miran a través de las puertas
y ventanas o de la pantalla del televisor, es su proximidad. Lo que
le podría pasar también a ellos. Este es el sentido y el propósito
de las masacres realizadas por parte de guerrillas y autodefensas:
generar “un terror paralizante duradero” que garantice el sometimiento de las poblaciones (Lair, 1999:71).
Con las masacres, los referentes espacio temporales se ven abruptamente alterados, al igual que las fronteras entre vida y muerte.
Los relatos de dos mujeres desplazadas que lograron sobrevivir
a masacres en el Oriente y en Urabá proporcionan algunas claves
para aproximarnos al entendimiento de los múltiples impactos
que ha tenido entre la población esta puesta en escena de la
crueldad.
Leonor es sobreviviente de la masacre cometida por las Farc,
el 11 de diciembre de 1999, contra los habitantes de la vereda
El Prodigio en el municipio San Luis (Oriente antioqueño), en
retaliación a la supuesta ayuda que brindaban los pobladores a
los paramilitares. Esta acción se produjo después de una primera
incursión que provocó la huida de la población en dirección a
Puerto Nare. Según los testimonios, en el camino fueron sorprendidos por los paramilitares y obligados a retornar con la promesa
de que el ejército llegaría para protegerlos. En efecto, unos 200
soldados estuvieron en el pueblo durante unos pocos días, pero
después de marcharse empezaron a llegar “como mil hombres
de la guerrilla”.
50
Miedo y desplazamiento
Cuando se empezó a escuchar la balacera lo primero que hizo
Leonor fue buscar un lugar donde esconderse junto con su madre.
El miedo que sentía era muy grande porque presentía que la iban
a buscar por todas partes “dizque por haberle lavado una ropa
a los paracos”. Desde su improvisado refugio Leonor escuchó
todo lo que pasaba afuera y los comentarios de otras personas
que llegaron en busca de refugio.
Bueno, humillaron a todo mundo, ahí no se quedó nadie
que no lo humillaran, a unos los cogían, los cabrestiaban
de la nuca con una pita; a otros les amarraban las manos,
les arrojaban galletas a las malas a la boca, “coman hijueputas, coman paracos hijueputas” y los asesinaban.
A una señora le mataron al esposo y al hijo mayor. Le
cogieron el esposo y lo hicieron arrodillar en el piso y
entonces la señora se fue a tirar a abrazalo, entonces una
guerrillera la tumbó pa allá y le dijo “váyase hijueputa
no se meta, no sea metida hijueputa que no es con usted”
y ahí mismo llegaron y ¡tan, tan! al marido, ¡tan, tan! al
hijo mayor y estaban buscando a otros dos hermanos y,
decían: “¿dónde están los otros hijueputas que los necesitamos?”. “Ah, ¿que no están? A nosotros, nos tenían a
cuarenta en lista y en esos cuarenta estaba yo, menos mal
que no nos pasó nada, gracias a Dios. Y esa señora “¡Ay!
no me maten mi marido, no me maten a mi hijito”. “No
sea hijueputa, no se meta que pa usted también hay”, la
tumbaban, le daban con el fusil y la rumbaban y ella cuando
los mataron soltó el llanto y ellos le decían “hijueputa y
si usted llora, también la matamos”, le dijo la guerrillera.
(Entrevista a Leonor. Corporación Región, 2003).
51
El proceso del desplazamiento
Aunque han transcurrido casi cuatro años después de haber sobrevivido a esta masacre, para Leonor es como si el tiempo se
hubiera detenido. La emoción que experimenta al narrar este
acontecimiento, su capacidad para recordar las palabras utilizadas por los guerrilleros para producir terror, la deshumanización
de las víctimas tratadas como animales, su sed de venganza, su
indiferencia ante las súplicas de las esposas e hijos pequeños, las
personas humilladas y asesinadas sin contemplación y la sensación
de impotencia de quienes como a ella les tocó ser testigos de esta
barbarie, es revelador de los horrores vividos por la población.
A pesar de “haberse visto casi muerta”, Leonor logró salvar su
vida gracias a la solidaridad de algunos vecinos. “No, nosotros
no sabemos nada de ella, no sabemos dónde estará —decía la
gente— y no me encontraron y yo estaba en un piso tirada ahí,
en un cancel, en unas tablas podridas y me escapé, ahí nos escapamos nosotros”.
Nury es sobreviviente de la masacre de la finca La Chinita1 en
Apartadó. Esta acción fue cometida por las Farc en retaliación
contra Esperanza, Paz y Libertad, del EPL, y en medio de la
disputa por el control del eje bananero, el corazón del Urabá.
A diferencia de la impunidad de otras masacres, la Fiscalía General de la Nación adelantó una investigación que arrojó como
resultado la condena de varios integrantes de la Unión Patriótica,
incluyendo al alcalde de Apartadó, quien no pudo terminar su
mandato (Romero, 2003:178-79).
1.
La Chinita fue una invasión promovida por el EPL en Apartadó a comienzos de la década
de 1990, en un momento de auge de movimientos de recuperadores de tierra y pobladores
en Apartadó, Chigorodó y Turbo (Romero, 2003:174).
52
Miedo y desplazamiento
Para Nury, la tragedia en La Chinita había comenzado mucho
antes de que ocurriera la masacre con la ocurrencia de numerosas
muertes, “amanecían tres o cuatro muertos, no sabía uno el por
qué pero amanecían; otras veces usted iba en el bus, iba para el
barrio y del bus bajaban dos o tres, o por la noche amanecían
dos o tres”. Aunque reconoce que vivía “llena de miedo”, el ser
propietaria de un rancho para vivir con sus hijos y su madre y las
facilidades para conseguir alguna ocupación o rebuscarse la vida
con algún negocito, la induce a actuar con indiferencia frente a
lo que ocurre a su alrededor, “caras ve corazones no, yo vivía
en el barrio pero yo qué voy a saber quién es fulano, yo sabía
que yo salía de mi casa a las cinco de la mañana a mi trabajo,
regresaba a las seis de la tarde, yo qué voy a saber quién era la
vecina ¿sí ve?”.
Así transcurría el día a día, hasta aquel fin de semana en que
se programó la realización de una verbena. Era un día de fiesta
“donde nadie iba a pensar que algo malo pudiera ocurrir”. No
hacía mucho que había empezado el baile cuando a la tienda de su
propiedad “fueron llegando ocho hombres muy raros, de poncho
y pidieron ocho cervezas y luego arrancaron por la misma cuadra
derecho”. Al rato empezó a escuchar una “plomera”.
Eso era como la hora llegada, eso hacía, ¡pra-pra, prapraparaprá! y descansaba, y al momentico otra vez, ¡tran
tran tran tran! y descansaban, cuando a las dos garrafadas
vi que empezó a pasar gente que eso parecía alma que
llevaba el diablo, nadie le decía a uno qué pasaba sino que
corrían desbocados. (Entrevista a Nury. Corporación Región, 2003).
53
El proceso del desplazamiento
Después de terminada la balacera, volvieron a pasar por su tienda
los hombres de poncho y pidieron unas cervezas. Le preguntaron que si había escuchado algo, pero ella se limitó a decirles que “no ha habido nada particular”. Pero apenas se marcharon, ella salió corriendo al lugar del baile para ver qué había
pasado.
Yo llegué y eso no se veía sino sangre por toda parte, yo
nunca en los años que tengo había visto una multitud de
muertos así, yo me metía por acá por este callejoncito
y aquí habían por ahí siete, en una sola banca había
dos así de pa atrás, vea, ¡despedazados! y les pegaban
en el pecho, eso era como un hueco, horrible, horrible,
horrible, pero no me daba temor de nada sino de estar
como viendo. Mire que a las 8 de la mañana empezó el
levantamiento y eran las cuatro de la tarde y no habían
acabado, como sería la cantidad de gente, eso había
mejor dicho ley de toda parte, y yo me vine de allá, y los
pelaítos: mamá, mamá, vámonos de por aquí. (Entrevista
a Nury. Corporación Región, 2003).
En la necesidad que Nury experimenta de ver a muertos con
los cuales antes se divertía, se pone de manifiesto lo que Pilar Riaño ha definido como un ver estratégico que opera desde
abajo, desde la rendija, por parte de las víctimas, para tratar de
explicarse lo que sucede y construir una memoria de lo vivido
(Riaño, 2004:5-8).
La configuración de situaciones límite también se asocia con
los operativos realizados por el ejército, particularmente con los
bombardeos, los interrogatorios y los recorridos de los soldados
54
Miedo y desplazamiento
en compañía de personas encapuchadas señalando a los que consideran colaboradores de la guerrilla.
Para Luis y su esposa, el desplazamiento hacia Segovia fue visto
como una oportunidad de dejar atrás los días de zozobra vividos
en Urabá. Pero también allí se encontraron con un ambiente no
menos aterrorizante.
En Segovia vivimos un tiempo muy bien, no sufríamos,
como pobres teníamos lo que necesitábamos hasta que
empezó ya nuevamente la violencia, y ya teníamos que
correr, se estaba llegando, y decíamos qué miedo, mirábamos allá por los filos a ver cuándo veíamos asomar
una tropa, nos decían viene el ejército, viene cogiendo la
gente, matando la gente; allá el susto era con el ejército,
porque con el ejército andaban los paramilitares, que nos
iban a matar, entonces cada rato teníamos que echar las
cobijas en un costal y arrancar a escondernos en el monte,
allá sufrimos hasta que vimos que las amenazas eran muchas, y ahí fue donde nos vinimos para acá para Medellín.
(Entrevista a Lucy. Corporación Región, 2003).
De nuevo la violencia se erige como una sombra que no deja de
perseguirlos, sólo que en esta ocasión ya no se trata de la guerrilla de las Farc sino también del ejército, apreciado como una
fuerza invasora, a la que se le teme hasta el punto de optar por
un recurso de sobrevivencia, con una importante tradición entre
el campesinado: el refugio en el monte.
Pero no siempre es posible huir de los operativos realizados por el
ejército, sobre todo cuando de manera intempestiva se está atrapado entre el fuego cruzado. En estas circunstancias, las personas
55
El proceso del desplazamiento
que habitan en el lugar se convierten en los primeros sospechosos
de colaborar con la guerrilla. Después de haber pasado una noche
escondida en el potrero de su pequeña finca “monte adentro”,
en la vereda Piedras Blancas (Urabá), tratando de protegerse de
los bombardeos del ejército, Rosa se decide a salir para buscar
algo de comer.
Cuando ya estaba pa prender el fogón me dice la niña:
“mami, mami, mirá donde están ese viaje de señores que
hay ahí mirándote”; entonces, yo miré así y estaba esa
cocina, la casa llena de ejército, y entonces ¿sabe qué hice
yo? Yo dije. ¡qué se va a hacer, esta será la hora mía, pues
hace quince días enterré a mi marido, pues ahora me iré
yo también, y no hice sino coger mis dos niñitas! “Buenos
días señora”, buenos días caballeros, ¿cómo están?, “bien
y ¿usted con quién convive aquí?” Yo vivo con estas dos
niñitas, “¿y su marido?”, el marido mío hace ocho días
lo mataron, “¿y a usted quién le da la comida?” y le dije:
Dios, que es el único que le da la comidita a uno, el pan
de cada día, “¿cuántas armas tiene usted aquí guardadas?”,
yo no tengo nada, si quiere se las muestro, vea el arma mía
y saqué la Biblia y le dije: vea, el arma mía es esta y si
quieren reblujen toda la casa, ¡ah! y mi machete, porque
yo trabajo en el monte; “vos tenés cara de guerrillera”,
entonces yo les dije: yo no, a mí no me gusta meteme ni
pa allá, ni pa acá, cada cual hallará cómo vive su vida.
(Entrevista a Rosa. Corporación Región, 2003).
La apelación a la divinidad y a la Biblia como su “arma” le sirve
de escudo protector para enfrentar a los soldados que desconfían
de ella y que sabe no pararán de interrogarla y de requisar hasta
56
Miedo y desplazamiento
el último rincón en búsqueda de evidencia de su culpabilidad.
Sin embargo, los recursos que utiliza para demostrar su inocencia
logran que el ejército se marche2. No obstante, Rosa siente que
no puede soportar más vivir en estas condiciones y empieza a
hacer preparativos para abandonar su vivienda, sin tener idea de
para donde ir.
En unos casos la muerte expande su efecto más allá de su órbita
física y se convierte en una medida eficaz para lograr el desplazamiento de los que quedan —vivos pero aterrorizados—. En
otros, la percepción de la cercanía de la muerte se convierte en
factor de inclusión a una comunidad cada vez mayor: la de los
amenazados.
2.2 El miedo al Otro
El enemigo es la gran justificación del terror.
(Todorov, 1998:39).
El miedo al Otro, también milenario, adquiere potencia en este
contexto. No hay guerra sin enemigos —reales o imaginarios—
por lo que es necesario, si no existen, crearlos. Y una vez definidos
alrededor de la amenaza que representan y concretados en personas
o grupos enteros, la promesa de su eliminación es alimentada y
se constituye en elemento central de todas aquellas prácticas que
hacen del miedo al Otro su condición de perpetuación.
2.
Esta forma de accionar del ejército en zonas de presencia guerrillera ha generado un sentimiento de rechazo por parte de la población. Se trata de operativos en donde lo que interesa
son los resultados obtenidos en la lucha contra la guerrilla que el establecimiento de relaciones más cercanas y permanentes con la población. (Pecaut, 2001:207).
57
El proceso del desplazamiento
Como se ha dicho, uno de los factores de ininteligibilidad de
esta guerra es justamente la movilidad de las líneas divisorias
entre amigos y enemigos. La incorporación de antiguos combatientes de la guerrilla a las autodefensas o alianzas del ejército
con autodefensas para eliminación de la guerrilla, entre otras,
son algunos de los ejemplos indicativos de que, antes que una
estricta separación amigos-enemigos entre los combatientes de
los distintos grupos armados, lo que hay es un desdibujamiento
de las fronteras y una ampliación del campo de quiénes son, para
unos y otros, los enemigos. En este ambiente, cualquiera puede
adquirir el rostro de enemigo y lo que prevalece es una mirada de
todo OTRO como amenazante, peligroso y portador del mal.
En estas condiciones, el terror se alimenta de una suma de temores: el temor a perder el poder de quienes lo detentan (por la
competencia de otros poderes o por la sublevación de los subyugados) y el de quienes padecen su ejercicio. En medio de esto,
las imágenes del Otro amenazante tienden a propagarse hasta
los espacio más cercanos: “Un grupo o poder amenazado, o que
se cree amenazado, y que entonces tiene miedo, tiene tendencia
a ver enemigos por todos los lados: afuera y, aún más, adentro
del espacio que quiere controlar” (Delumeau, 2002:17). Por lo
general las amenazas tienen que ver con identidades imputadas
por parte de los actores armados a personas o poblaciones enteras,
al ser calificadas de simpatizantes o colaboradoras del enemigo.
La sistemática apelación a este recurso ha afectado a diversos
sectores de la población y ha generado un clima de zozobra, ante
la probabilidad de ser asesinado o forzado a desplazarse por tal
58
Miedo y desplazamiento
motivo, especialmente en aquellos momentos de intensificación
de la disputa por el control de territorio.
Las amenazas
Un ejemplo representativo de esta situación es la experiencia
vivida por Rafael, un desplazado proveniente de Urabá, extorsionado por las Farc. Aunque él consideró “el pago de vacuna”
como un procedimiento arbitrario y humillante, creyó que no
tenía más opción que “acomodarse” a ello, ante la necesidad de
garantizar la subsistencia de su familia. Sin embargo, la llegada
de los paramilitares, que cuentan entre sus filas con exguerrilleros
a quienes se les asigna la misión de señalar a los colaboradores
de la guerrilla, lo sitúa en una sinsalida.
Llegaron los paramilitares allá, muy bien, andan con dos
o tres personas con la cara tapada, son personas que han
sido guerrilleros y se pasan para los paramilitares; entonces
conocen a la gente, bueno, no nos dijeron nada, estuvieron todo el día en el pueblo; pero al jueves siguiente, yo
salía para Turbo todos los jueves a surtir, cuando íbamos
a coger la panga, llegaron ellos y nos cogieron a todos
los que íbamos en la escalera, entonces nos sacaron a mi
persona y a otras dos, también negociantes. Bien, nos
señalaron “estos son los colaboradores de la guerrilla...
y allí don Rafael lleva mercado cada tres meses y allí de
la farmacia del Señor Gallego llevan la droga, de la hacienda Canagua, les dan vacas, les dan marranos, pa que
ellos coman”; entonces yo dije: no, pues ya con esto, nos
van es a matar; sabiendo lo que le había pasado a esas
22 personas que descuartizaron con motosierra, vivos,
59
El proceso del desplazamiento
amarrados de los pies para arriba, en la hacienda Canela, que esa fosa ya la encontraron; bueno, nos tuvieron
detenidos como una hora más o menos, a la hora nos
dijeron: “bueno, váyanse pues”. Pero al otro día llegaron
a decirme: “caballero, usted le colabora a la guerrilla, a
usted le toca irse del pueblo, ese muchacho que lo señaló
esta mañana era un guerrillero, a él mismo le tocó venir
por provisión aquí; entonces mañana que no esté aquí;
entonces al otro día me tocó salir, con familia y todo.
(Entrevista a Rafael. Corporación Región, 2003).
Es de tener en cuenta que este señalamiento como colaborador
de la guerrilla implica, además, una situación paradójica para
Rafael, pues es sobreviviente de un atentado perpetrado por la
guerrilla de las Farc en represalia por su negativa a colaborar con
la campaña electoral de la Unión Patriótica.
La sindicación de auxiliador de la guerrilla recae sobre otras
personas que, en consonancia con la tradición de hospitalidad,
de “dar de comer y beber al que pase o que llegue sin detenerse
a averiguar quién es”, o por el simple hecho de prestarle algún
servicio de lavado de ropa o alimentación, han sido catalogados
como objetivo militar.
Como afirma Rosa, desplazada de Piedras Blancas, una vereda
de Urabá con presencia de la guerrilla de las Farc:
Es que uno por allá en el campo vive tan sano señorita, que
es que uno se mantiene es pegado de su destino; llega a la
casita y se va pal monte, que a desyerbar la yuca, el plátano,
el maíz, que ya la gallina chilló y que el marrano hay que
60
Miedo y desplazamiento
irlo a soltar, y bueno, en eso se le va el día y ya; uno no le
presta atención a nada, pasó lo que pasó y uno no le prestó
atención a nada. Si de pronto entró una persona y le pidió
agua, uno no le pone cuidado quién es, sino que ahí hay
un tanque y le dice: vea una tacita pa que bogue, porque
por allá abundan mucho las canecas y unas mangueras
largas; entonces esas canecas se mantienen así, afuera en
el patio y uno mantiene una tasa ahí, porque como ese
es el camino real y es en el campo… entonces allá uno
no puede saber quién es el bueno, ni quién es el malo.
(Entrevista a Rosa. Corporación Región, 2003).
Las palabras de Rosa demuestran la conciencia adquirida sobre los riesgos que, en el contexto de la disputa entre diversos
actores armados ilegales, conlleva el actuar de la manera acostumbrada. Sin embargo, los intentos por evitar el contacto con
“los armados” tampoco les ha servido de protección contra las
amenazas, ni de las acciones de represalia, como nos lo cuenta
Abelardo, un campesino desplazado de Dabeiba, en el occidente antioqueño.
Pero ir a buscar una persona que porque un guerrillero
pasó por su casa y le dieron agua o porque hizo una
reunión en su casa, cuando el campesino lo que está
allí es como quien dice atemorizado; llegue el que llegue, no le importa el que llegue, desde que lo vio con
un arma está a la orden porque ya tengo miedo que me
van a matar, y entonces les dice: “hagan lo que quieran,
cómanse lo que quieran con tal de que no me maten”; no
les preguntan ni siquiera ¿y ustedes de qué grupo son?
(Entrevista a Abelardo. Corporación Región, 2003).
61
El proceso del desplazamiento
La experiencia de un maestro desplazado de Ituango también
nos ilustra acerca de la forma cómo la acusación de colaborador
de la guerrilla ha recaído sobre líderes comunitarios, cuya labor
ha sido valorada por los actores armados como un impedimento
para el logro de sus objetivos. Con la intención de animar a los
habitantes de la vereda El Aro, objeto de una ofensiva paramilitar,
Lucho se empeña en la tarea de reconstrucción de la escuela. Sin
embargo, la culminación de esta labor coincide con una nueva
incursión paramilitar que “en cuestión de minutos acaba con
lo que se había construido en ocho meses”. Por reconstruir la
escuela fue señalado como objetivo militar. Lucho emprende la
huida por el monte y luego se dirige hacia Medellín.
La “marca” de guerrillero o paramilitar, por la circunstancia
de estar viviendo en una determinada localidad, es reconocida
como un factor que ha hecho más difícil la vida cotidiana, ante
el temor de ser objeto de acciones de represalia y una limitación
a las posibilidades de libre circulación y de comunicación con
personas que habitan en lugares cercanos.
Cuando un pueblo es muy guerrillero tiene mucho temor de los paramilitares, cuando un pueblo es muy
paramilitar, toda la gente, la familia, los amigos,
los que visitan, tienen miedo del grupo guerrillero.
(Taller de memoria con hombres. Corporación Región,
2003).
Aunque en algunas ocasiones los habitantes de estas zonas se
han ingeniado sus propias estrategias para atenuar el miedo, al
disponer la conformación de redes de vigilancia para dar aviso
oportuno sobre la llegada de los armados, los rumores sobre
62
Miedo y desplazamiento
masacres ocurridas en otros sitios conducen a adoptar la decisión de marcharse de manera apresurada, “no queda más que
hacer sino marcharse para no perder la vida”.
La delación
Otro factor que ha incidido en la generalización del miedo al
Otro, y por tanto en la construcción de un ambiente generalizado
de desconfianza, es la apelación a la delación como un recurso
puesto a disposición no sólo por los actores armados sino por la
población civil: ante cualquier conflicto personal, basta informarlos ante guerrilleros, paramilitares o ejército para deshacerse
de ellos.
Fabiola cuenta cómo su esposo fue amenazado por un joven con
quien había tenido un disgusto en labores propias de la arriería.
La vinculación a los paramilitares es aprovechada por este joven
para cobrar venganza. “Ahora sí vas a tener que dejar las mulas a
las buenas o a las malas, porque yo te voy a hacer matar, te voy
a informar como guerrillero y te voy a hacer matar”3.
Sin embargo, el oficio de delator (“sapo”) no pareciera contar con
mucha aceptación, ante el riesgo de que ello se pueda convertir en
motivo de nuevas amenazas debido a los frecuentes cambios de
bando de los integrantes de los grupos armados, como ha venido
aconteciendo con la conversión de guerrilleros en paramilitares.
3.
Como en la violencia de los años cincuenta se produce un entrecruzamiento entre venganza
ligada a motivos personales con la violencia política. Sólo que en el momento presente, el
signo distintivo de los bandos enfrentados no es el liberal o conservador sino el de paramilitar o guerrillero.
63
El proceso del desplazamiento
La tendencia es hacia un mayor retraímiento y desconfianza frente
a las personas cercanas.
Para sentirse amenazado no es condición necesaria el señalamiento directo. Este también se puede producir por efecto de
los temores que suscitan los comentarios que pueden llegar a
oídos de los armados, o porque los señalamientos de que han
sido objeto familiares o vecinos puedan recaer sobre ellos, o por
la sospecha que pueda suscitar algún gesto o conducta. De este
modo se expande la semilla de la desconfianza y la tendencia a
ver enemigos por todas partes, “uno no puede conciliar el sueño
pensando: ¡llegaron por mí!”. Tal como afirma Todorov, la eficacia del terror se revela en la creencia generalizada en que la
calidad del enemigo es una especie de enfermedad o maldición
que se transmite de generación en generación, entre los amigos,
la esposa o el marido de los enemigos (Todorov, 1998:39).
¿Quién es quién?
Como hemos dicho, el miedo tiene un objeto determinado al que
se le puede hacer frente. Cuando esta posibilidad de identificar
la fuente de las amenazas se difumina, aparece la angustia, “un
peligro tanto más temible cuanto que no está claramente identificado: es un sentimiento global de inseguridad. Por eso es más
difícil de soportar que el miedo” (Delumeau, 1989:31). Es este
sentimiento el que parece dibujarse cuando las personas que han
sido desplazadas por la fuerza intentan construir una narrativa
que explique, finalmente, de dónde provinieron las amenazas que
produjeron su huida. Dada la misma dinámica de la guerra, la
64
Miedo y desplazamiento
similitud en los discursos y las prácticas de los grupos armados,
el paso frecuente de sus militantes de uno a otro grupo y la simultaneidad de su presencia en territorios específicos, la mayoría de
las veces no es posible identificar la autoría ni de las amenazas,
ni del asesinato de sus parientes y amigos.
Ah, no, pero es que hay un problema: que la guerrilla
en el pueblo la he visto de clase de la ley, ellos están
uniformaos, pero otros andan vestidos de verde como
los policías, ellos no tienen un uniforme fijo, el uniforme que uno medio les conoce, que si es de ellos, es un
uniforme café oscuro, pero desde que salgan chaponiaos
es muy difícil distinguir a una persona de otra, yo los vi
así vestidos de verde y bueno cuando mi esposo llegó
con la leche me dijo que por ahí estaba la guerrilla.
(Entrevista a Rosa. Corporación Región, 2003).
Aunque el conflicto armado era algo que siempre “había estado
ahí”, no se llegó a pensar que se pudiera convertir en una situación tan cotidiana ni que se propagara con tanta rapidez, tanto
en las veredas como en el casco urbano.
Había problemas, sí, pero eran los conflictos internos que
se vivían en toda parte, que se metió la guerrilla, que se
robaron el banco, que la Caja Agraria, que vea; entonces
eso era normal, o sea, uno ya veía eso y a uno ya no
le parecía... los primeros conflictos sí le daban temor a
uno, le tocaba de pronto un enfrentamiento ahí, en el
pueblo; pero ya después el problema fue que esto se convirtió en una cosa diaria y que uno no sabía quiénes eran.
(Entrevista a Lucho. Corporación Región, 2003).
65
El proceso del desplazamiento
A nuestro modo de ver, estas apreciaciones son indicativas, de
un cambio en la percepción del conflicto armado, pues es claro
que se produce un extrañamiento frente a nuevas dinámicas que
implican, de un lado mayor intensidad y de otro la llegada de
otros actores que se disputan igualmente el control. Pero también pone de presente las dificultades que esta ininteligibilidad
de la guerra genera para la construcción de una narrativa que
explique y dé sentido a la experiencia del desplazamiento como
parte de la historia social y política del país. Una explicación,
que además de ser creíble para sí, descargue a los sujetos de
la culpa en la medida que las preguntas de ¿qué hice mal? o
¿por qué a mí? puedan ser respondidas desde estos contextos
sociales.
El efecto más evidente de este miedo centrado en el Otro es la
desconfianza y, más temprano que tarde, la desestructuración
del tejido social y el aislamiento. Y como dice Anna Harendt
en su reflexión sobre los totalitarismos: “El aislamiento puede
ser el comienzo del terror; es ciertamente su más fértil terreno;
y siempre su resultado. Este aislamiento es pretotalitario” (Harendt, 1974:575). El arrinconamiento no es únicamente efecto
sino propósito del ejercicio del terror. Y basta conversar un par
de minutos con personas que han vivido el desplazamiento para
entender cómo esta guerra ha tocado las subjetividades y la vida
colectiva: voces bajas, frases inconclusas, nerviosismo ante la
mirada de cualquier conocido o desconocido, llantos de muerte
reprimidos, desconfianza como continuidad de aquello de que
“las paredes oyen”, “los árboles escuchan” o de que “ver, oír y
callar” es la única forma de garantizar, al menos, la sobreviven66
Miedo y desplazamiento
cia. El Miedo a expresar lo que se siente, lo que se oye, lo que
se ve, lo que se piensa, es una de las implicaciones subjetivas
y sociales más profundas y la que de mejor manera expresa la
existencia de un ambiente de miedo que encuentra en el acto de
comunicar y comunicarse con otros una amenaza directa contra la existencia. El silencio, a la vez que es un mecanismo de
defensa y conservación, se convierte en el principal mecanismo
de propagación de la cultura del miedo (Taussing, 2002:30). El
terror produce individuos aislados entre sí o sólo unidos por la
fuerza de las pasiones que, como el miedo, los aíslan, dificultando toda confianza y solidaridad (Bodei, 1995:356).
2.3 El desplazamiento como estrategia
de resistencia a la guerra
En Colombia la degradación del conflicto armado ha dado pie
al surgimiento de expresiones de resistencia civil por parte de la
población en diversos lugares, en rechazo a las atrocidades cometidas por los actores armados y en demanda de la protección
por parte del Estado y de la búsqueda de soluciones negociadas al
conflicto armado (Hernández, 2003). Aunque el énfasis de estos
movimientos se ha puesto en los métodos de acción colectiva
como la realización de marchas, cabildos o asambleas comunitarias, es necesario considerar otras formas de resistencia que de
manera más individual se han puesto en práctica por parte de las
personas en situación de desplazamiento.
Nos referimos a aquellas formas indirectas de resistencia que,
como anota María Teresa Uribe, pueden implicar variadas estra67
El proceso del desplazamiento
tegias: el acomodamiento o aceptación pasiva y no participativa
en el orden dominante o en los órdenes en competencia; silencios hostiles y rechazos pasivos; la invisibilización o retirada
estratégica del mundo público para preservar su identidad, su
autonomía y su libertad frente a poderes establecidos con pretensiones hegemónicas y soberanas que intentan civilizar, disciplinar, controlar, dominar, explotar o inscribir a los pobladores
en un orden político que se rechaza, pero contra el cual no es
posible enfrentarse de manera directa; o el despliegue de una
acción bifronte que se refiere a una aceptación parcial y selectiva
de los diversos órdenes en competencia que gravitan sobre los
pobladores situados en áreas de conflicto sin que ello signifique
una enfrentamiento directo o un rechazo público hacia alguno
de los órdenes en disputa (Uribe, 1999).
En efecto, en el sentido que las personas que han vivido el desplazamiento han construido sobre su experiencia, aparece, al
lado del miedo a la muerte y al Otro, una respuesta activa de
resistencia a la guerra.
Nosotros nos desplazamos del campo a la ciudad porque
no amamos la guerra, si amáramos la guerra habíamos
podido lanzarnos a un grupo de esos, pero porque no
amamos la guerra nos desplazamos. El que huye de la
guerra no quiere coger un arma, aunque se la pusieran
en sus manos. Entonces ahí viene el enemigo y vea, agarre, y entonces uno no quiere coger el arma y los otros
también dicen: ¡ah! es que este está es a favor de los
otros. Ellos obligan a estar ahí, a ellos les interesa que el
conflicto se crezca para que aumente el temor o alargarlo;
68
Miedo y desplazamiento
entonces muchos tenemos que dejar todo; esto demuestra
que no tenemos amor a la guerra, que odiamos la guerra.
(Taller de recuperación de memoria con hombres. Corporación Región, 2003).
De este modo tan contundente, un campesino procedente de Dabeiba, una de las zonas más azotadas por las acciones de paramilitares y guerrilla, da cuenta de las presiones ejercidas sobre la
población civil para que formen parte de sus filas, pero también
de la manera cómo su desafecto por la guerra se convierte en una
razón de peso para desplazarse.
Del igual modo, la decisión de desplazarse como alternativa para
evitar que los hijos se vuelvan guerrilleros o paramilitares ocupa
un lugar destacado en los testimonios de las mujeres, en especial
del Oriente. A más del rechazo que suscita un conflicto que les
resulta confuso y que ha causado muchas muertes, están presentes
el anhelo de preservar la ftamilia, el cumplimiento con el sagrado
deber de guiar a sus hijos por el buen camino, el temor a que se
convierten en verdugos de sus propios amigos y la posibilidad
de que en un futuro los hijos les ayuden a sobrevivir.
Aunque María aclara “que a ella nunca le dijeron que se tenía que
ir”, el temor por la suerte que puedan correr sus hijos se convierte
en motivo suficiente para abandonar su vereda.
Tengo seis hijos varones, y a mí me decía un comandante:
Seis hijos varones ¡uf! Buena gallada, tres para la guerra
y tres para que la mantengan a usted. Yo decía: yo para la
guerra no tuve ni uno, todos los tengo es para el bien, no
para el mal, y gracias a mi Dios, y yo doy gracias a Dios
69
El proceso del desplazamiento
todos los días, porque en ningún momento esos hijos han
dicho “mamá me voy con la guerrilla, mamá yo me voy a
ir como a coger un arma”, no. Son buenos hijos, en ese sentido. (Entrevista a María. Corporación Región, 2003).
La actitud de María no es una excepción. El conocimiento de
experiencias similares de otras mujeres en diversas regiones del
país revela la incidencia en la construcción del movimiento social
de mujeres en contra de la guerra, en pro de la resolución política
del conflicto armado y el cese a toda violación a los derechos
humanos4. Como lo demuestran los resultados de investigaciones
realizadas con mujeres excombatientes, la preocupación por la
suerte corrida por sus hijos tiene mucho que ver con su desvinculación de las filas guerrilleras (Blair, 2003:111).
No ha sido sólo la resistencia de las mujeres lo que ha impedido
que los jóvenes se transformen en guerreros. En los talleres de
memoria se ha hecho sentir el rechazo de los jóvenes a ser reclutados. Esa es la experiencia de William, un joven de 23 años.
Nosotros vivíamos bien allá, en nuestra finca en Angostura, pero llegaron los armaos y comenzaron a invitarnos
a todos los pelaos de allá, entonces unos no quisimos ir ni
nada, pero dijeron: “ah, después venimos por ustedes” y
4.
El papel de la organizaciones feministas y del movimiento de mujeres como forjadoras de
paz tomó forma en 1984, cuando se comprometieron con el movimiento de paz que impulsó el gobierno belisarista. Poco tiempo después de la toma del Palacio de Justicia por el
M19, las mujeres marcharon por el “día de la no violencia contra la mujer”, para exigir el
respeto a la vida e impedir el predominio de las acciones de fuerza y el control militar de
las decisiones del poder civil. Desde entonces, año tras año, las mujeres se han venido
manifestando contra las masacres, las desapariciones, los secuestros y la impunidad (Archila, 2000:224).
70
Miedo y desplazamiento
los otros que sí se fueron con ellos, a los dos meses, a uno
le tocó venirse de por allá volao, a otro le tocó venise en
pelota, y como nosotros sabíamos que estaban buscando
pelaos, llevándoselos a las malas o pintándoles pajaritos
de oro, nosotros de una nos abrimos a trabajar en un circo.
(Taller de memoria con hombres. Corporación Región,
2003).
A pesar del ambiente de intimidación y miedo, éste no logra
silenciar del todo a una población que, en los momentos más
angustiosos, ha dado muestras de un arrojo para salir en defensa
de vecinos y parientes. Así describe Leonor su negativa a señalar
vecinos como auxiliadores de los paramilitares ante un guerrillero
de las Farc:
Me dijeron a mí: Oiga Leonor ¿ese man es un guerrillero
o es un paraco? Yo les dije: señor, es el hijo de un carnicero, fíjese que el papá vende carne con él. Entonces me
dijeron: ¿y este otro, y este otro mono, este es un paraco,
cierto? Y yo: no, este no es un paraco, este es un trabajador
simplemente, trabaja con una motosierra y consigue el
sustento pa la mujer y los hijos. Y me dijeron: Hijueputa,
usted no va a colaborar, sino colabora hijueputa, con el
trabuco le colaboramos. Y yo le contesté: Señor, si a mí
por eso me van a matar, aquí estoy, mátenme, pero yo no
le voy a levantar ni un chisme a un amigo pa salvarme
yo, pues si me van a matar, mátenme, aquí estoy. Yo les
dije así, pero... yo no les mostré miedo de nada, claro
que yo estaba por dentro... ¿cierto?, pero yo no les mostré miedo, yo aquí estoy, si me van a matar, mátenme.
(Entrevista a Leonor. Corporación Región, 2003).
71
El proceso del desplazamiento
Leonor pone en riesgo su vida para evitar la muerte de un inocente, apelando a la utilización de una forma de resistencia; el
aparentar no tener miedo, para ponerlos a la defensiva y hacer
que desistan de sus propósitos.
Según Todorov, la virtud mejor recompensada en las sociedades
totalitarias es la docilidad, y el principio menos tolerado, la insumisión (Todorov, 1998:48). La opinión expresada por varias
personas desplazadas acerca de lo insoportable que les resultó
el “tener que vivir dependiendo de otros y más de los armados”
y el no querer verse involucrados en sus disputas, abona a esta
lectura de la resistencia a la guerra:
Por ahí diez años trabajé yo allá (en Urabá) y la verdad
es que por allá es muy bueno, pero ya por la violencia a
uno le tocó salirse, porque yo soy una persona que no me
gusta tener conflictos en ninguna parte, ni a un lado ni a
otro, porque en una parte donde haya mucha violencia
uno tiene que acogerse a cualquier parte, a un grupo o al
otro, llega el uno “vea que usted esto” y a mí nunca me
ha gustado esto porque siempre me ha gustado ser una
persona libre, que yo pueda depender de mí mismo, que
pueda decir “me voy para tal parte”, sin tener que pedir
permiso a nadie, y en las partes donde he estado siempre
he sido así: me han brindado muchas oportunidades para
que trabaje con ellos, pero no me gusta por la sencilla razón
de que uno tiene que vivir siempre pegado a lo que el otro
le diga a uno, a que tiene que hacer tal cosa, tiene que hacerlo; no, a mí siempre me gusta es trabajar independiente.
(Entrevista a Luis. Corporación Región, 2003).
72
Miedo y desplazamiento
El anhelo de continuar trabajando de manera independiente, trasladándose de un lugar a otro y sin tener que pedirle permiso a nadie
es, en muchos casos, una razón de peso para decidir desplazarse,
como una forma de preservar, no sólo la vida, sino la libertad.
Desde perspectivas afincadas en la defensa de la autonomía,
cambios en los estilos de vida, creencias religiosas, sentidos de
pertenencia, se han venido poniendo en práctica formas de resistencia a los poderes armados. Aunque ciertamente se trata de
acciones individuales, forman parte de un sentido de la rebeldía
que aún no ha podido ser doblegado y de un rechazo a formar
parte de un conflicto que sienten más ajeno a sus intereses y a
sus expectativas de vida.
2.4 El momento del desplazamiento
“Si se movilizan son agentes de la guerra y si se quedan también”,
así sintetiza Castillejo (2000:162) el estado de paradoja al cual
se enfrenta la población. A costa de los riesgos que conlleva, el
desplazamiento se ha convertido en una alternativa para la preservación de la vida y para escapar a los intentos de control por
parte de los actores armados.
La salida es una solución de emergencia que puede involucrar
a poblaciones enteras o a personas objeto de una amenaza con
riesgo inminente para la preservación de la vida. La única experiencia de huida colectiva que conocimos en esta investigación
corresponde a los sobrevivientes de la masacre de la vereda El
Prodigio.
73
El proceso del desplazamiento
De acuerdo con el relato de Leonor, habitante de esta vereda, una
vez que las Farc abandonaron el lugar después de la masacre,
los sobrevivientes, presos del pánico, salieron corriendo hacia
la carretera en busca de algún medio de transporte para alejarse
lo más rápido posible.
Entonces ahí mismo llegaron los carros y nosotros nos
guindamos así, los unos pegados, otros arriba, nos tocó
irnos con cinco muertos de los mismos amigos ahí, que
nos mataron, entonces me dijo un muchacho “¿Leonor se
va a ir aquí?”, y yo le dije: Ahí no, yo no me voy ahí, yo
con esos muertos no me voy a ir, me da mucho miedo;
y entonces me eché parriba, pal capacete del carro y me
fui en el capacete. Y llegamos a Puerto Nare como a las
nueve de la noche. Muy bien nos atendieron; nos trajeron
pollo, caldo de pollo, mecato, gaseosa, pero a mí no me
servía ninguna cosa sino el cigarrillo, a mí la comida no
me servía pa ningún lao, “que Leonor, que coma” y yo no,
preocupada porque la familia mía estaba toda por aquí y yo
no sabía nada de ella. (Entrevista a Leonor. Corporación
Región, 2003).
El recuerdo de la escapada está ligado a la compañía de los muertos que también viajan sin rumbo fijo. Al llegar a Puerto Nare,
la alcaldía les brinda una ayuda de emergencia consistente en
alimentación y alojamiento en el coliseo. Pese al hacinamiento y
al sentirse tratados como animales, hay un sentimiento de alivio
por disponer de un lugar de refugio.
Eso era un viaje de gente regada, juntos todos como marranos, todos, todos, como cuando sale una pollada, así
74
Miedo y desplazamiento
nos hacíamos nosotros, todos nos acostábamos ahí, los que
estábamos ahí, como por ejemplo la cucha y yo, nos acostábamos en la misma colchonetica, juntas y de ahí pa allá
seguía otra familia y de ahí seguía otra, eso se veía hasta
bonito, todo ese gentío ahí regao, todo eso estuvo bueno
hasta ahí, fue bueno el apoyito que nos dieron porque nosotros qué íbamos a hacer por allá, nosotros en el caserío
no íbamos a dormir. (Entrevista a Leonor. Corporación
Región, 2003).
La estadía en esta especie de “no lugar” que alberga a quienes no
pueden estar en El Prodigio, pero que tampoco saben a dónde ir,
acrecienta una sensación de nostalgia por lo que se ha perdido.
A riesgo de ser objeto de represalias, varias de las personas que
comparten la suerte de Leonor se deciden a correr el riesgo de
regresar a la vereda, “para ver cómo quedaron las casas quemadas
y las cosas que pudieron haber quedado”.
La huida también se afronta de manera individual por aquellas
personas que alcanzan a ser avisadas que “vienen por él” o a
quienes les llega una orden terminante de desalojo.
Entonces yo tampoco estaba muy seguro pues de a
dónde iba a salir; toda esa tarde me fui subiendo, pero
yo no me acordaba que el terreno era muy quebrado,
entonces conforme podía estar subiendo, podía estar
bajando, ¿cierto? Ya me cogió la noche, entonces me
tocó encaramarme en un arbolito y acostarme a dormir;
pero esa noche el hambre me atosigó, porque lo único
que yo cargaba eran cigarrillos, yo fumaba mucho. Esa
noche no dormí, porque me daban los nervios que ya
75
El proceso del desplazamiento
me iban a agarrar y me despertaba, y así como hasta
las cinco y media de la mañana; cuando ya estaba más
o menos clarito, ya me bajé del árbol y ya empecé otra
vez la trocha. Ya me levanté más desubicado, o sea, ya
no sabía ni por dónde había entrado, entonces seguí subiendo y ya después vi un trayecto, por ahí comía frutas,
gracias a Dios las frutas son del monte, y pronto vi por
ahí casitas que ya estaban abandonadas, llegué al cabo
de tres días, más o menos comiendo frutas, comiendo
ñame, a veces me tocaba comémelo crudo por miedo de
hacer una fogata, que me pillaban, que me alcanzaban.
(Entrevista a Lucho. Corporación Región, 2003).
Estar perdido, desorientado, es la sensación que resume lo que
sucede después de la huida. La experiencia de Lucho, perdido
varios días en la selva y en estado de zozobra por el temor a ser
alcanzado por sus perseguidores, es reveladora de la experiencia
límite que han tenido que afrontar personas forzadas a huir como
única alternativa para salvar la vida.
La mayor parte de las expertiencias que conocimos corresponde a aquellos desplazamientos individuales y silenciosos que,
como hemos visto, están antecedidos por períodos prolongados
de convivencia con ambientes de miedo y terror. Sin embargo,
para que se llegue a la convicción de que es necesario marcharse
se requiere de la vivencia de una situación frente a la cual no
cabe más que una acción inmediata.
Una vez tomada esta decisión empieza a correr un tiempo en el
que se hace gala de la recursividad, en especial la de las mujeres,
para explorar la venta de propiedades o pertenencias, se buscan
76
Miedo y desplazamiento
las posibilidades de un alojamiento de emergencia, se establecen
contactos con la familia extensa, paisanos o amigos. Cuando no
existen lazos con el lugar de destino se realiza el máximo esfuerzo
para llegar procurando no caer en el vacío, sobre todo cuando se
tiene la responsabilidad de una familia5.
En ningún momento las personas con las cuales establecemos
relación se refieren a la búsqueda de ayuda por parte de las autoridades. Solamente un desplazado de Urabá manifiesta su rabia
y desencanto frente a un Estado que considera no hizo nada para
enfrentar decididamente a todos los actores armados ilegales y
para cumplir con su deber de proteger a la gente.
Si el Estado sabe que en tal parte hay una violencia
tremenda, el Estado debe de aparecer por allá, sean pobres, sean ricos, me imagino que en toda parte debe
haber revueltos pobres y ricos, proteger a la gente por
igual pobres y ricos, que usted tiene una finquita, no
tiene sino tres vaquitas, hay que protegerlo, que aquel
no tiene sino una rula, pa ir a remplazar potreros, listo,
hay que protegerlo, que el otro no tiene sino la bomba
pa fumigar los potreros, bueno, hay que protegerlo; se
está ganando un salario mínimo, pero no es el de menos.
(Entrevista a Rafael. Corporación Región, 2003).
En muchos casos, la falta de protección por parte del Estado es
compensada por la creencia en un Dios infinitamente generoso
5.
De acuerdo con las estadísticas del Codhes, el 74% de los predios abandonados corresponde a inmuebles rurales. El 69% contenían casa y parcela, el 5% sólo los terrenos y el 76%
de los hogares eran propietarios de predios. Antioquia se cuenta entre los departamentos con
mayor número de hogares de predios abandonados (Codhes, 2004).
77
El proceso del desplazamiento
y bienhechor que ha hecho posible que sobrevivieran y les brinda la fuerza interior para reponerse de las humillaciones, de las
pérdidas sufridas, y da esperanza en un futuro donde las penas
serán recompensadas.
Dios desde que lo tenga a uno con vida en cualquier
parte lo ubica y le da lo que uno necesite, si es que le
va a dar, porque él es el dueño del oro y la plata, él es
el que nos da la vida, nos da el amanecer y nos da todo;
si a mí me está yendo mal aquí no le echemos la culpa
a nadie, yo converso con mi familia, a mí me está yendo
muy mal, miremos que en tal parte nos podemos ubicar.
(Entrevista a Luis. Corporación Región, 2003).
El momento de la partida es uno de los más difíciles por la entremezcla de sentimientos de alivio y de angustia por la pérdida
no solamente de bienes materiales, sino también de afectos y
arraigos al terruño construidos a lo largo del tiempo. Pero como
se verá más adelante, será la experiencia vivida en la ciudad la
que en mayor medida incidirá en una elaboración de esta primera
fase, en los anhelos de retorno o de distanciamiento de ese pasado
vivido antes del desplazamiento.
De todos modos, las pérdidas no revisten la misma significación
entre la población desplazada. En ello incide el tiempo de permanencia en el lugar, los vínculos sociales construidos, el apego a la
tierra y a las labores del campo o trayectorias de vida en donde
lo característico es un continuo trasegar por diversos lugares del
país, como ocurre con los desplazados de Urabá acostumbrados
a emigrar de un lugar a otro y al desempeño de los más variados
oficios.
78
Miedo y desplazamiento
Para la definición del lugar de llegada es decisiva la información
previa sobre la ciudad y la disposición de familiares o amistades
para brindarles una acogida y ponerlos en contacto con personas
que les pueden ofrecer algún empleo. Pero esto no es así en todos
los casos, ya que hay circunstancias en las cuales ello depende
del azar, del destino que tenga el primer carro que pase.
Por lo general, la constatación de que las cosas en el lugar elegido están iguales o peores impulsa a cambiar de destino.
Me fui para Cáceres. Pero cuando llegué mi pueblo estaba
peor, porque estaba recién pasando de una violencia horrible, hasta la cárcel la habían volado, o sea, ahí ya no había
ninguna movención, no podía haber empleo, tampoco porque el municipio estaba rodeado de paracos que estaban
recién entrados allá, y la gente se escondía a lo que pasaban
esas motos, ruusshhh, arriadas, la gente no salía en la noche
porque estaban los paracos y ya fueron dueños de los montes de pa dentro, eran dueños de las fincas de todo eso, el
que tenía parcela por allá ya se había dizque ido y le había
dejado eso a ellos. Ahí viví una situación super horrible.
(Entrevista a Nury. Corporación Región, 2003).
Esta experiencia es similar a la que narran otras personas que se
desplazaron de Urabá hacia zonas aledañas (Urabá chocoano,
Occidente, Nordeste y Bajo Cauca). Los desplazados del Oriente
emigran de las veredas hacia las cabeceras municipales y luego
a la ciudad. Para unos y otros el desplazamiento hacia Medellín
se avizora como una nueva posibilidad de refugio y de progreso.
Sólo que para ello será necesario volver a correr el riesgo de ser
señalados por encapuchados ubicados estratégicamente en la ca79
El proceso del desplazamiento
rretera, que se suben a los buses, lista en mano, pidiendo cédulas
e indagando “de dónde vienen y para dónde van”. El trayecto que
los aleja de sus lugares de origen conlleva una rememoración de
experiencias de miedo y terror vividas. La llegada a la terminal
de transporte representa la posibilidad de poner fin a desventuras
e iniciar la construcción de una nueva vida.
Aunque al iniciar la investigación partimos de la consideración
de que el lugar de procedencia podría marcar diferencias significativas en estos procesos, encontramos que predominan las
semejanzas en las experiencias de miedo y terror vividas. Un
factor que incide en ello es la configuración de contextos de
guerra similares en el Urabá de los años 90 y en el Oriente desde
fines de esta misma década hasta el presente, especialmente en
la conversión de la población civil en blanco de las acciones de
los actores armados. Sin embargo, en los desplazados de Urabá
es más perceptible el establecimiento de relaciones entre su experiencia particular con el conflicto que afecta a la región y al
conjunto de la población.
Si bien es cierto que las narrativas de mujeres y hombres corroboran las apreciaciones que han sido formuladas por investigadoras como Donny Meertes con respecto a las múltiples
pérdidas sufridas por las mujeres con la desintegración de la
familia, la muerte o desaparición de esposos e hijos, y el desarraigo de su entorno doméstico, el haber podido escuchar los
relatos de hombres jóvenes y adultos proporciona pistas para
aproximarnos a un reconocimiento del drama que ellos han vivido al constituirse en el blanco preferido de sus acciones, los
riesgos que corren con el reclutamiento forzado por parte de los
80
Miedo y desplazamiento
actores armados ilegales y el peso de visiones estereotipadas
que de manera indefectible asocian al hombre con la condición
de victimario.
En las narrativas de la población desplazada, como ha sido analizado por varios autores (Abello, 2001; Pecaut, 1999; Meertens, 2000), está presente la fragmentación, la confusión, la desorientación, pero también es preciso llamar la atención sobre los
intentos de búsqueda de sentido, en donde la expresión de los
sentimientos y emociones adquiere una importancia crucial, al
igual que la apelación a lo religioso, que opera como fuente de
consuelo, protección y esperanza en un futuro.
81
Dibujo realizado por una participante del taller de memoria con mujeres del
asentamiento el Pacífico.
La imagen remite al igual que en la representación de otras asistentes, el trayecto
entre el lugar de procedencia y la ciudad.
CAPÍTULO III
CIUDAD: TRAYECTOS, ESTRATEGIAS
DE SOBREVIVENCIA Y MIEDOS
Los talleres de memoria y las entrevistas a profundidad con
hombres y mujeres de los asentamientos Altos de la Torre y El
Pacífico1 sobre su experiencia en la ciudad de Medellín, permiten afirmar que el tránsito forzado iniciado por ellos y ellas no
culmina con su arribo a la ciudad. En sus relatos describen lo
que aquí hemos denominado trayectos y estaciones, imágenes
apropiadas para referirse a ese tránsito que se emprende en la
ciudad con el propósito de encontrar un lugar que les permita
vivir.
En esta perspectiva, cada estación en la ciudad (terminal de
transporte, casa de parientes o amigos y el asentamiento) remite
a un conjunto de dificultades, amenazas, pero también a estrategias de sobrevivencia y en algunos casos a la reconfiguración de
1.
Decir asentamientos es decir localización periférica, precarias condiciones habitacionales,
carencia de servicios básicos.
85
Ciudad: Trayectos, estrategias
proyectos de vida, de tal forma que con cada estación se habla
de algo más que de un trasegar en el espacio físico de la ciudad:
remite a la experiencia antropológica del rito y a su teoría.
Se trata de los ritos de tránsito según Mircea Eliade2 (1992:155)
o ritos de paso según Arnold Van Gennep (Gennep, citado en
Delgado, 1999:105), en los cuales se hace referencia a un tránsito entre apartados de la estructura social, lo que de forma ritual
se da en tres movimientos. Primero una separación, luego una
situación liminal o de umbral y después una reincorporación
a su nueva ubicación en la organización social. Es pertinente
detenerse en lo liminal, ya que en nuestro caso parece prolongarse indefinidamente en la población desplazada. En la situación liminal el estado del sujeto del rito o pasajero es ambiguo,
“Ya no es lo que era, pero todavía no es lo que será” (Delgado,
1999:106). Este estado que en el ritual es transitorio en tanto
se prevé la incorporación del sujeto a otro estatuto social, en el
caso del desplazamiento forzado no cesa.
Aquellos que son separados forzadamente del lugar de origen y
así de sus referentes simbólicos, de sus lazos sociales y de sus
bienes, parecen condenados a una liminalidad que al arribar a
la ciudad no llega a su final. Una vez en la sociedad receptora
se encuentran con una serie de dificultades que evidencian una
negativa a reconocerlos como parte de “nosotros” y en consecuencia se obstaculiza su incorporación digna a la ciudad.
2.
Eliade se refiere al paso de una clase de edad a otra, pero también hay un rito de tránsito al
nacimiento, al matrimonio, a la muerte; en todos los casos interviene un cambio de régimen
ontológico y de estatuto social.
86
Miedo y desplazamiento
En una de las entrevistas, una mujer que ha vivido varios desplazamientos antes de llegar a Medellín y que una vez en el
asentamiento percibe amenazas que le hacen prever que tendrá
que partir otra vez, expresa que su mejor deseo es encontrar un
lugar donde por fin la dejen descansar tranquila. Ella encarna esa
pasajera que no encuentra fin, que no ha encontrado un reconocimiento pleno de sus derechos como ciudadana y que tampoco
puede disponerse a la realización de sus proyectos de vida al estar
bajo la incertidumbre, entendida ésta como la discontinuidad
entre el presente y el futuro inmediato.
Se trata a continuación de transitar por esas estaciones que las
personas han referido de forma recurrente y leer, en su experiencia
transcurrida en la ciudad, las estrategias de sobrevivencia y el
peso de los miedos que los acompañan como resultado del desplazamiento forzado, los que aparecen al contacto con el nuevo
entorno, los que se actualizan por efecto de éstos y también los
que se superan con el paso del tiempo y la familiarización con
la ciudad.
3.1 Los trayectos en la ciudad
Primera estación: El arribo a la terminal
de transporte
Al impacto de la experiencia cercana al desplazamiento y el
trayecto hacia Medellín, preámbulo angustioso porque aún se
siente muy próximo el riesgo de perder la vida, se suma la inquietud por no saber lo que seguirá a continuación de la llegada
87
Ciudad: Trayectos, estrategias
a la terminal de transporte3, un auténtico lugar de tránsito, pues
ya no se está en el lugar de origen pero tampoco se sabe cual
será el de destino. Se llega en medio de la tristeza, la aburrición
y la incertidumbre.
Los relatos hablan de una sensación de desorientación que caracteriza su llegada a Medellín, mostrando que el arribo físico
y temporal no coincide con la capacidad para orientarse inmediatamente.
Cuando llegué a la terminal estaba totalmente desubicado, por una parte los nervios, porque de pronto en
la carretera me cogían o me bajaban, la tensión, yo no
dormí esa noche, llegué totalmente desubicado, yo no
me acordaba ni de la dirección de mi abuela, pues mi
abuela vive aquí, y me estuve en la terminal casi seis
horas, por ahí dando vueltas, hasta que me tranquilicé y
dije: no, pues me voy para dónde la abuela, me acordaba
más o menos dónde era que cogía los buses. (Entrevista
a Lucho. Corporación Región, 2003).
La llegada a la ciudad se recuerda como un momento de confusión dada la ausencia de referencias, la falta de información, el
desconocimiento de la ciudad, de las personas y de sus prácticas
sociales y culturales. Se vive el impacto de la violencia sufrida
mientras que sin hacerse a nuevos referentes tampoco se ha elaborado la pérdida de lo conocido y habitual. Se añade a lo anterior
la insuficiente o inexistente atención por parte del Estado.
3.
Las terminales de transporte son los lugares de entrada y salida de los pasajeros que se
desplazan vía terrestre desde algún municipio o ciudad del país hacia Medellín.
88
Miedo y desplazamiento
En el taller de memoria, las mujeres plasmaron en un dibujo sus
cuerpos y la frase “estoy perdida” para representar la sensación
experimentada al llegar a la ciudad. El desconocimiento de ésta
es causa de miedo y así fue sentido por hombres y mujeres,
aún por quienes ya habían venido a la ciudad pero no para enfrentarla como lugar de permanencia y de vida. En este caso la
situación es completamente diferente y especialmente incierta
para quienes llegan sin saber dónde y cómo vivir.
Algunos factores marcan la diferencia en la experiencia de la
llegada a la ciudad, haciendo aún más difícil ese momento si se
trata de una mujer sola con sus hijos, si no se cuenta con una red
de familiares o allegados y si no se tiene algún grado de escolaridad. No obstante, en todos los casos se resalta el sentimiento
de miedo frente a la ciudad desconocida y el futuro incierto.
Segunda estación: La llegada a casa de una familia de
parientes, amigos o paisanos
El primer refugio de la persona o familia que llega está dado
por los parientes, generalmente pobres y habitantes de un barrio
popular. Cuando se llega donde un familiar, lo cual casi siempre ocurre, o después de amanecer en la calle la primera o más
noches, viene lo que han llamado “estar de arrimao”. Es una experiencia en la cual se reconoce el apoyo de los familiares como
el más recurrente y seguro, pero también caracterizado por ser
limitado en el tiempo y saturado de tensiones.
Se exponen diferentes motivos por los cuales es imposible que
perdure la vida compartida bajo un mismo techo, se hace insos89
Ciudad: Trayectos, estrategias
tenible una convivencia forzada dada la escasez de recursos, el
hacinamiento, el maltrato físico hacia los niños, la disputa por
los roles de autoridad.
La humillación y la tristeza son palabras clave que caracterizan
los sentimientos que acompañan esta experiencia de la familia
que llega, pero que también tiene un impacto significativo en
la familia de recepción, que de forma sorpresiva se encuentra
respondiendo con los mismos recursos a las necesidades de un
mayor número de personas y sin un proceso de ajuste adecuado
a la dinámica de socialización de los miembros propios del grupo familiar y de los recién llegados, en un ambiente de incertidumbre que tampoco permite saber hasta cuándo será el apoyo
de emergencia.
Durante este primer período es común la decisión de repartir a
los hijos entre familiares o allegados, al no contar con un lugar
propicio para permanecer o al carecer de alimentación suficiente para todos. Durante esta separación transitoria se privilegia la
permanencia de la madre con los más pequeños y a los mayores
se les envía donde familiares que viven en otros barrios o municipios.
Se presenta así un proceso de fragmentación del núcleo familiar
en algunos casos ya vivido como una decisión obligada por la
estrategia de invisibilización con la que se pretendía facilitar
la huida o como un recurso para la preparación de condiciones
para la llegada a la ciudad. El desplazamiento entonces mueve
del lugar, del tiempo, de los sueños y de la cercanía afectual.
90
Miedo y desplazamiento
Betty, una joven madre procedente de Apartadó, cuenta:
Yo mandé lo que fue la niña grande y el niño pa onde mi
mamá, pa Puerto Boyacá, y únicamente me quedé con
la chiquita que aguantó muchas necesidades; la mamita
de Nelsy, una vecina del asentamiento, era la que me
daba la comida, el desayuno, porque nosotros no teníamos nada. (Taller de memoria con mujeres, Corporación
Región, 2003).
En los talleres de memoria, las mujeres dejaron plasmada en sus
dibujos y con su palabra la evocación de un tiempo de unidad
familiar, estampa de una familia campesina numerosa reunida
durante su infancia. Luego, esta nostalgia se reedita como deseo
y motivo, como objetivo a futuro, dada la ruptura que afrontan
a partir del desplazamiento. Para algunas personas el sueño se
objetiva en un relato que nombra el deseo de un ranchito o casa
mejorada que recoja nuevamente a la familia o un retorno al
campo donde los hijos puedan trabajar con su padre y allegados.
La última alternativa, además, es vista como camino de salida al
desempleo de los hijos en la ciudad.
En muchos casos los recién llegados relatan lo sorpresivo que es
para ellos el momento de encuentro con el lugar de acogida en
Medellín al constatar las condiciones de vida de sus parientes en
la ciudad: evidente pobreza, precariedad de la vivienda, hacinamiento, infraestructura barrial casi inexistente o insuficiente.
Lucho, un maestro de escuela ahora desplazado y desempleado,
examina su experiencia y dice:
91
Ciudad: Trayectos, estrategias
Yo contaba con que aquí tenía familia, que me podía
apoyar en ella, pero hay que ver también que cometí otro
error: me equivoqué, al llegar fui una carga más, porque
aquí las cosas también estaban muy duras. De pronto
no me iban a aguantar todo el tiempo que yo pudiera
demorarme para conseguir un empleo. Iba a ajustar casi
los dos meses y el que mandaba en la casa, que era el tío,
me dijo que no, que es que no puedo mantenerlo a usted
aquí sentado, y yo, tranquilo que yo me voy. (Entrevista
a Lucho. Corporación Región, 2003).
Lo característico de este primer período es que las riendas de
su vida no están en las propias manos. Se conjugan la desorientación, el miedo a lo desconocido, unas precarias condiciones
de vida y el esfuerzo propio de los desplazados, quienes con
el apoyo de parientes o de Dios afrontan la realidad ante la ausencia, ya histórica, de la institucionalidad del Estado. No hay
referencia a éste ni siquiera en el caso de quienes son remitidos
por instituciones de ayuda humanitaria, predominando entonces
la solidaridad espontánea de quien se conmueve ante el rostro
que revela las huellas del impacto reciente del desplazamiento
forzado.
Los recién llegados comúnmente formulan preguntas a las personas más cercanas respecto a qué hacer para sobrevivir en las
nuevas condiciones; la respuesta de sus familiares o allegados
consiste en informar, aconsejar y transmitir el conocimiento
adquirido sobre las pautas culturales para ubicarlos en la vida
cotidiana de la ciudad y en la lógica institucional de las entidades destinadas a la atención de las personas en condición de
desplazamiento.
92
Miedo y desplazamiento
Igualmente, es durante este período de tránsito que a través de
las redes de familiares, allegados o vecinos, se enteran de los
lugares de la ciudad donde “se puede conseguir un lote” y de los
personajes con los que es posible lograrlo, preparándose nuevamente para partir con la esperanza de que por fin se tendrán un
lugar propio y estable.
La tercera y no siempre última estación: Un rancho en
el asentamiento
La vivienda se concibe como un componente de los procesos
de estabilización socioeconómica; disponer de ella es una manera digna de realizar los proyectos de vida4. No obstante, los
desplazados alcanzan la vivienda como un sueño al final de un
camino que se transita entre las ofertas de un mercado ilegal de
tierras, de condicionamientos de grupos armados y de beneficio
personal de líderes corruptos.
Lucho narra la manera de adquirir un lote cuyo precio se regía
por las pretensiones de un líder local que quería sacarle el mayor partido posible a un terreno en el asentamiento, reconocido
como de “desplazados”.
Me dijeron: “les vendo un lotecito” y del lotecito salía
una casa muy grande; entonces dije: “no, pues está bueno”. Me dijo que valía 200 mil pesos y le di 70 mil pesos
4.
Según la ONU, el derecho a la vivienda significa: 1. Que se garantice la seguridad jurídica
de la tenencia de la vivienda; 2. Que ésta cuente con servicios indispensables para la salud,
la seguridad y la nutrición de sus ocupantes; 3. Que los gastos que genere sean soportables,
es decir, que no impidan la satisfacción de otras necesidades básicas; 4. Que se adecúe a las
necesidades culturales; 5. Y que permita el acceso a otros servicios como la atención en
salud (Sentencia T-958/01 citada en T-602103 del 2003:21).
93
Ciudad: Trayectos, estrategias
y a los ocho días me cambió el terreno, me dijo “no, es
que ese lote viene el dueño por él”. Era que ya había hecho negocio por un monto más grande; entonces me dio
este lotecito donde tengo la casa ahora. Ya después nos
dimos cuenta de que ahí no había ninguna reubicación ni
nada, entonces ya vimos que era pura cháchara del señor.
(Entrevista a Lucho. Corporación Región, 2003).
Tener un rancho les permite hablar de un hito en sus vidas, diferenciar claramente un antes y un después experimentado como
mejoría respecto al momento de llegada, y esto lo constatan cada
vez que se encuentran ante quienes recién llegan. Así dicen:
Salimos adelante y viéndolo bien no tenemos nada,
pero a comparación de otros tenemos mucho, porque
ya por lo menos sabemos dónde vamos a vivir, sabemos dónde vivimos con lo poco o nada que tenemos.
(Taller de memoria con mujeres. Corporación Región,
2003).
Tener un lugar, construir un referente significa una nueva página
en la historia de las personas que a partir de la consecución de un
lote o de un rancho, superarán la condición de “arrimaos” vivida
hasta entonces con su familia.
El afán por conseguir un sitio para vivir es comprensible, pues la
morada es respuesta básica ante la necesidad de comodidad y protección, es condición necesaria para el ejercicio autónomo y libre
del grupo familiar, sin embargo, esta se ve aplazada o suspendida
por el desplazamiento forzado, las condiciones de hacinamiento
y las relaciones conflictivas en los lugares de llegada.
94
Miedo y desplazamiento
La consecución de una vivienda en los asentamientos en algunos
casos pasa también por formas de solidaridad tan particulares
como el intercambio y el préstamo de vivienda. Rosa, por ejemplo,
recibió de su sobrina un terreno para construir una “piecita”, a
cambio de su colaboración en la construcción del ranchito que ella
levantó; María vive en un rancho prestado aunque se encuentra
en muy mal estado y Fabiola vivió con su familia en casa de un
conocido que después se la cedió en arriendo.
En los talleres realizados con mujeres, ellas destacan lo común
a las historias contadas por cada una aludiendo a su experiencia
de desplazamiento y a los momentos significativos de sus vidas,
de cara al futuro: “Todas llegamos como al mismo punto y todas
tenemos como la misma meta; todas hablamos de una casita
digna, del ranchito, que queremos una casa mejor que la que
tenemos”. Para estas mujeres mejorar significa, lo mismo que
para cualquier otra persona que resida en vivienda insuficiente
o que no tenga un hogar, acceder a una casa donde se proteja
del entorno, donde no le humillen o una casa que los libere del
pago de arriendo. Una vez conseguido el rancho se constituye
en propósito primordial su mejoramiento.
Aunque los hombres, a diferencia de las mujeres, no ponen el
sueño de tener un rancho como la prioridad, es evidente que este
sueño aparece después de obtener un empleo.
El carácter generalizado de la lucha por el rancho y la significación subjetiva de su logro como una victoria, a la vez que
las implicaciones objetivas y subjetivas derivadas de su alcance,
de su carencia o del uso de una vivienda no adecuada, llevan a
95
Ciudad: Trayectos, estrategias
preguntarse por el significado de ésta. Al respecto y desde una
perspectiva de los derechos económicos, sociales y culturales
se afirma que “la indivisibilidad e interdependencia de todos los
derechos humanos se refleja claramente en el derecho a la vivienda” (Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas
para los Derechos Humanos, 2003:7).
La vivienda en tanto está provista para protegerse del entorno
se espera que sea adecuada, entendiendo por esto una vivienda
habitable, que “debe ofrecer espacio adecuado a sus ocupantes
y protegerlos del frío, la humedad, el calor, la lluvia, el viento
u otros peligros para la salud, riesgos estructurales y vectores
de enfermedad. Debe garantizar también la seguridad física de
los ocupantes” (Oficina del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Derechos Humanos, 2003:13).
Decir vivienda habitable es decir seguridad y seguridad es lo
contrario al miedo, de ahí que no tener vivienda es estar sometido
a una experiencia de múltiples miedos, en los que se conjugan
aquellos provenientes de la naturaleza y aquellos provenientes de
los hombres, dos fuentes que concentran el conjunto de temores
y peligros.
Un indicador de pobreza y exclusión como la vivienda evidencia
que los miedos derivados de su inexistencia o de las precarias
condiciones de habitabilidad afectan igualmente a la población
en condición de pobreza que vive en el asentamiento y a la población desplazada asentada allí. Así lo evidencian apreciaciones de
los recién llegados respecto a la vivienda de los pobres urbanos:
“viven como en una cajita de fósforos”, “dormíamos en el suelo,
96
Miedo y desplazamiento
unos encima de otros”, “estamos en peligro, el rancho está muy
malo”. Sólo que en el caso de la población desplazada, estos
miedos se suman a los específicos por el desplazamiento: miedo
al estigma social, a la persecución, miedo a la ciudad desconocida
o miedo a un redesplazamiento forzado.
Además del conjunto de miedos en torno a la precariedad de la
vivienda y de su localización en terrenos de “alto riesgo”, se manifiesta un miedo por la amenaza de incendio dada la composición
de los materiales de sus viviendas y la ocurrencia de incendios en
otros asentamientos de la ciudad. En sentido contrario, se agudizan los miedos por el tiempo de lluvias cuando las emergencias
constituyen una experiencia cíclica de inseguridad.
En torno a la carencia o precariedad de la vivienda se anudan
temores cotidianos por el riesgo respecto a la integridad física
y también por riesgos vinculados a la insatisfacción de necesidades derivadas: la unidad familiar, la privacidad, la autonomía.
Adicionalmente, no tener vivienda es no tener pertenencia a un
lugar y desde aquí la lucha por el rancho debe entenderse como
una lucha por la inclusión social. A diferencia de lo que significa
para alguien adquirir una vivienda, para la población desplazada
implica reducir ese estado de liminalidad del desplazado, ese
sin lugar, “ni de aquí, ni de allí”, que los deja suspendidos al no
recuperar una pertenencia segura.
¿Por qué el asentamiento no es la última estación?
Tener un rancho y no pagar arriendo se experimenta como un
logro real respecto a la situación anterior y muestra que las personas aspiran a algo más que la sobrevivencia del día a día. El
97
Ciudad: Trayectos, estrategias
futuro y la familia constituyen un horizonte deseable respecto al
cual conspiran diferentes amenazas pero que igualmente pone en
peligro la estabilidad en el lugar y, con ello, el proyecto de vida
que requiere de una base material.
Las amenazas principales tienen que ver con la declaratoria como
zona de alto riesgo de los asentamientos donde viven, con la destinación a otros usos del suelo definidos por planeación municipal
y con el control de los grupos armados. La primera es la más
generalizada y se experimenta como un manto de incertidumbre
que empaña el futuro pero también impide la decisión para intervenir en el presente. El control de los grupos armados parece
producir un efecto de incertidumbre menos generalizado, pero
es un sentimiento de miedo que reedita el ya experimentado en
el lugar de origen.
En cualquier caso queda abierta la posibilidad de un nuevo desplazamiento forzado, en virtud de lo cual se vive una esperanza
limitada. Algunas expresiones revelan el peso anticipado de estos
riesgos, como dice doña Fabiola:
Si el terreno fuera fijo, trabajaba con ilusiones, y diría:
Voy a hacer mi casita de material, buena, pero pa qué si a
diario son mandando a decir que estamos en zona de alto
riesgo, que nos van a sacar, que nos vayan a reubicar, que
nos van a mandar pa otra parte, con qué ilusión se le mete
plata a eso allá si después se puede perder. (Entrevista a
Fabiola. Corporación Región, 2003).
Aunque se logre contar con el terreno persiste la inquietud por
vivir en un lugar que no se considera definitivo y en consecuen98
Miedo y desplazamiento
cia los materiales de la vivienda permanecerán como materiales
transitorios. A lo anterior se suma el miedo a ser desconectados
del servicio domiciliario de energía por el no pago de fraude5.
La extrema pobreza de los habitantes impide el pago oportuno
del fraude por el servicio de energía. La consecuencia inmediata
del no pago de esta obligación es la desconexión de este servicio
domiciliario, pero muchos lo asocian con un eventual desalojo,
motivo por el que perciben al Estado como otro expulsor del
territorio.
El saberse en una sociedad que les niega el derecho a llegar
y al estar plenamente entre “nosotros”, hace creíble para ellos
todo tipo de amenazas que atentan contra su permanencia en el
asentamiento.
Además del riesgo geológico que amenaza la permanencia en
el asentamiento, también hay motivos de inestabilidad por la
ocupación ilegal de tierras y por la movilidad de los actores
armados que controlan el territorio y condicionan la vida de los
pobladores. Así dice Nury:
Sí, sí tengo miedo porque a pesar de que tengo esa empresita y estoy bien, siempre vivo pensando en que la violencia todavía está y que no se ha ido del lado de nosotros.
Nada más ayer le dije a una amiga que vive en Barbosa
5.
El fraude es una figura con la que las Empresas Públicas de Medellín dota y cobra servicios
públicos en zonas que no son reconocidos dentro del perímetro urbano. La situación de
irregularidad en el caso de los asentamientos por localizarse en zona de alto riesgo, se cubre
entonces con el fraude, el cual, de no ser pagado, puede implicar la desconexión del servicio
domiciliario e indirectamente favorecer una acción de desalojo.
99
Ciudad: Trayectos, estrategias
que no me olvidara, que me tuviera una piecita por allá,
porque yo no sabía en qué país estábamos y que puede
pasar algo. Yo no me siento segura todavía, porque mire
que el país está en guerra. (Entrevista a Nury. Corporación
Región, 2003).
La experiencia reiterada del desplazamiento parece generar una
actitud previsiva frente a una próxima huida, o como lo da a
entender Nury, huir es siempre una posibilidad mientras no termine la guerra.
Hoy en las ciudades y en el campo se presentan redes paraestatales
y contraestatales que imponen órdenes y sanciones, obligan a la
población desplazada a adaptarse en cada momento a formas de
coacción, obediencia o expulsión. A esto se suma la inestabilidad
que supone vivir sin garantías de propiedad sobre la tierra y en
viviendas no adecuadas, así entonces aunque el asentamiento se
desea como un lugar definitivo para detener la marcha forzada
que inició con el desplazamiento, realmente se vive como una
experiencia que nuevamente puede ser pasajera.
3.2 Estrategias de sobrevivencia
El desplazamiento forzado es un evento inesperado que trastoca
la vida cotidiana y exige disponer todas las potencialidades para
afrontar la situación. En este esfuerzo aparece un despliegue de
iniciativas por el uso de recursos propios y externos, en virtud
de los cuales las familias en situación de desplazamiento forzado sobreviven en un medio que en principio les es ajeno, como
la ciudad.
100
Miedo y desplazamiento
Entre las estrategias utilizadas pueden distinguirse las internas y
externas (López, 2004:17). Las internas referidas a la aplicación
de los recursos existentes en la propia familia y las externas
como las orientadas a obtener recursos de otras fuentes, en las
que se recurre al apoyo social de la familia extensa, vecinos y
amigos. En la segunda se localiza centralmente la estrategia de
los “recorridos” y también la búsqueda de empleos dependientes
o independientes y de acompañamiento institucional.
En el día a día en torno a la sobrevivencia y el sentimiento de
miedo que acompaña a la población desplazada se viven y evitan
también múltiples interacciones que interpelan e incluso, redefinen
su identidad, pues esta surge de la relación con otros, motivo por
el que se puede hablar de “identidad de un momento” (Agier,
2000:14), la cual cambia ante la prevalencia de otros contextos
y otras relaciones.
Los recorridos: Una práctica colectiva de sobrevivencia
urbana
La estrategia del recorrido es una respuesta de las personas desplazadas a la necesidad vital de la alimentación, tratando con
ello de compensar la ausencia del Estado en cuanto proporcionarles condiciones mínimas de sobrevivencia.
El recorrido es un tránsito urbano realizado periódicamente (2
ó 3 veces a la semana) por un grupo de personas que sale del
asentamiento y se dirige por lo que podría llamarse una ruta de la
solidaridad que incluye graneros, locales comerciales y personas
que les ofrecen alimentos o dinero. Concluye con el retorno al
asentamiento en las horas de la tarde.
101
Ciudad: Trayectos, estrategias
María, una mujer adulta participante de los recorridos, describe:
Usted se va con un grupo de mujeres y llega, digamos,
a una carnicería y hace una fila, no hay que pedir nada,
en una carnicería le echan a usted un hueso y así, así ese
es el recorrido. De pronto, a veces, sí le dan a uno moneditas, le dan por ahí tres o cuatro mil pesos, se gastan
ochocientos en el pasaje para subir, porque desde arriba
nos toca venirnos a pie y ya subir en un carro, porque
uno de recorrer ya está muy cansado. (Entrevista a María.
Corporación Región, 2003).
El recorrido es una estrategia colectiva que se transmite y se
practica sobre todo por las mujeres. Cuando llega una nueva mujer al asentamiento se le informa sobre esta alternativa extrema
ante la falta de empleo y cualquiera otra forma de ingresos, le
exponen la mecánica del recorrido y luego salen juntas llevando
cada una la mochila o el costal para ir recolectando lo que a su
paso les dan.
La denominación como recorrido y su ejercicio colectivo comunica a los propietarios de negocios y transeúntes que requieren
de una colaboración, sin que cada una tenga que solicitarla, eso
le da un sello de dignidad, resaltado por quien hace la inducción
con el ánimo de mitigar el impacto producido en la mujer recién
llegada que asocia efectivamente esta práctica con la mendicidad: “¿Yo qué voy a hacer mañana, Martha, por Dios? ¿Qué
hago mañana, oíste, aquí en qué trabaja uno, o cómo es la vuelta
aquí?” Preguntas que nacen del desconocimiento de las reglas
y prácticas culturales que rigen ese nuevo mundo en el que es
102
Miedo y desplazamiento
urgente saber de qué vivir. Las respuestas, a su vez, se enmarcan en la lógica de los recorridos, la estrategia de sobrevivencia
disponible. Me decían:
— No, mana, aquí las mujeres que no tienen marido ni
nada de eso se van a pedir.
— ¡A pedir! Ni más me faltaba mi hermana, ¿a pedir?
— Sí, boba, pero eso va la cantidad de gente, y vos te
hacés en la fila y ahí te regalan, en una parte te dan papa,
en otra te dan arroz.
En un diálogo interior de reafirmación y reconocimiento de la
nueva realidad dice Nury:
Eso sí me dio lágrimas a mí; pedir, Dios mío, como soy
de verraca para trabajar, pero el problema es como ella
decía: vos sos muy verraca para trabajar pero aquí no
hay dónde y, nadie te conoce ¿cómo te van a dar trabajo?
(Entrevista a Nury. Corporación Región, 2003).
La respuesta de esta mujer se mueve entre un examen interior de
reconocimiento de una historia de la que se siente orgullosa y la
aceptación obligada de una realidad que ahora la pone en otra
orilla: En la mendicidad que no creyó nunca que llegaría a practicar. Se aclaró ella misma, como lo han hecho muchas mujeres,
que esta decisión es por sus hijos, pero agrega que “necesito ir
a pedir e ir a conocer el mundo, porque tengo que enfrentarme
allá”. Con esta decisión terminó la primera noche de esta mujer
recién llegada que aún no se hacía a una idea del lugar, porque
como ella lo anotaba, “me trajeron a lo oscuro”.
103
Ciudad: Trayectos, estrategias
El nuevo día inicia con la invitación al recorrido:
Coja un morralito y camine que yo le enseño. La muchacha arranca también, por ese Enciso para bajo de la
Mano de Dios. Ella se conocía su rebuscado, a mí me
daba pena decir: “me da una limosnita”, cuando ella se
hacía en una parte, ahí me hacía yo, pero yo no decía
nada de limosnitas, agachaba la cabeza y ponía la bolsa
mía también ¡Qué vergüenza!
Las mujeres manifiestan frecuentemente ese sentimiento de vergüenza frente a la mendicidad, no obstante para muchas personas es fácil generalizar la afirmación según la cual el pedir es un
vicio. Por lo mismo, los hombres tienen menores opciones en la
estrategia de los recorridos pues a ellos socialmente se les exige
trabajar y lo contrario es visto como vagancia, pereza, comodidad; de ahí la obligación de recurrir a la informalidad, donde se
destacan oficios como vender agua o bolsas plásticas.
Aunque para los hombres estos oficios son una forma de trabajo,
son vistos y, algunas veces, experimentados como mendicidad y,
para el caso hay que decirlo, son otras formas de recorrido. Dice
Lucho, a propósito de sus primeros días en Medellín:
Yo empecé vendiendo bolsas de basura. Una vez me
tocó casi venirme a pie de Bello, caminé casi cinco o
seis horas, y caminaba muy lentamente porque ofrecía
las bolsas por ahí, de pronto a ver quién dejaba, en las
casitas que quedaban a bordo de carretera y llegué hasta
casi a la terminal. Ya ahí me le colgué a un bus de estos
de Castilla y entonces me bajaron y me tiré para arriba pa
104
Miedo y desplazamiento
la casa, ya los choferes de arriba me conocían, entonces
muchas veces llegaba y me decían: “súbase hermano”
y no me cobraban el pasaje. Así duré casi tres meses
vendiendo bolsas, era muy duro, porque vender bolsas
es casi como pedir limosna. (Entrevista a Lucho. Corporación Región, 2003).
Lucho también hacía un recorrido urbano pero a diferencia de
ellas iba solo, aunque en igual medida dependía de la solidaridad de los conductores de transporte público y de las personas
que le compraban su producto.
Hay una diferencia entre los géneros para los recorridos, asumiendo que también es una modalidad de recorrido el que practican los hombres para la venta callejera. En uno y otro caso,
además de constituirse en estrategias extremas para garantizar
la supervivencia, hay una lectura adicional que descubre en estas prácticas una herramienta pedagógica para conocer la ciudad (Gómez, Vélez y Fernández, 2003:117). Los recorridos en
tanto posibilidad de conocimiento de la ciudad, contribuyen a
la disminución del miedo a ésta y facilitan un uso más diverso
y autónomo.
No obstante las bondades de los recorridos, se trata de una estrategia que confirma la marginalidad social y económica de la
gran mayoría de personas en situación de desplazamiento forzado. Para las personas que viven del recorrido y para quienes
contribuyen a su paso, podría estarse alimentando la idea de
que la pobreza es un asunto de caridad y no de garantías para el
ejercicio real de los derechos ciudadanos.
105
Ciudad: Trayectos, estrategias
Otros aprendizajes: La carta de desplazado, el derecho
de petición
Las estrategias de sobrevivencia externa también incluyen aquellas dirigidas al reclamo de atención por parte del Estado. Es más
generalizada la estrategia de buscar el acompañamiento institucional a través de los procedimientos indicados para la atención
a la población desplazada y aunque menos, también se presenta
el ejercicio de exigir los derechos como ciudadano. Se constata
que igualmente operan los vínculos de parentesco, paisanaje y
amistad, pues siempre se trata de alguien cercano que informa
sobre la Red de Solidaridad y el proceso para su inclusión en el
Sistema Único de Registro de Población Desplazada.
La persona que hace la inducción a partir de su propia experiencia motiva y acompaña a los recién llegados, llevándolos hasta
las oficinas y funcionarios: “La misma señora donde yo llegué
me dijo: vea Rosalba, vaya arréglese yo la llevo a esa parte, que
allá le dan la carta de desplazado, pa que tenga siquiera una ayuda aquí”(Entrevista a Rosa. Corporación Región, 2003).
La carta de desplazado6 es la manera como recurrentemente las
personas nombran el documento que hasta el año 2001 se les
entregaba una vez ingresaban al Sistema Único de Registro de
Población Desplazada, después de la declaración de los hechos.
6.
Las personas dicen carta de desplazado para referirse a la resolución que con un documento escrito se reconoce la condición de desplazado del portador y lo hace beneficiario de la
ayuda humanitaria. Posterior a la declaración y la constatación de la información, en algunos
casos no se reconocía inmediatamente su condición, caso en el cual había que presentar un
derecho de reposición. Hasta el 2001 se entregó la carta de desplazado, ahora el Sistema
Único de Registro se hace incluyendo en el sistema el dato del número de cédula, obviando
el soporte físico.
106
Miedo y desplazamiento
Una vez que se disponía de esta carta se hacía un manejo instrumental de la misma según las condiciones y las personas o
instituciones con las que se entraba en relación; en ocasiones
era mejor ocultarse y entonces negar que se tenía la carta de desplazado, pero en otras y, sobre todo, para efectos de recibir “una
ayuda”, se mostraba como una prueba que por sí sola reclama
atención para sus necesidades.
Este registro se hace al inicio de la llegada a la ciudad y las personas, cuando se refieren a su cumplimiento, lo señalan como
algo importante por constituir una de las primeras estrategias
llevadas a cabo. En el relato se pasa de una actitud pasiva respecto al “venga, vamos, yo lo llevo” de la persona que quiere
insertarlo en la Red, a una voz activa: “Yo hice la declaración
allá”, como un acto que demuestra una intervención en el nuevo
entorno y en relación con una institución.
Nury, vos que sos tan avispada, ¿por qué no vas a sacar la
carta de desplazado? Y yo: ¿cómo así desplazada?, pues
desplazada es lo que vos sos, venís de Urabá, cuando
te viniste perdiste tu casa, eso es un desplazado, y eso
lo cubren del 97 para acá, y me dio la explicación. Fui
a La Alpujarra, allá en una oficina de esas en el piso 11
di mi versión, así como le estoy contando aquí, por qué
me vine, qué me pasó; me sacaron una carta como esta,
me la mandaron a una parte y me dijeron que fuera a la
Cruz Roja, y llevé todos los registros de los hijos, allá
me investigaron como tres mujeres, me preguntaron la
misma historia que había en el papel, yo se las contaba y
me gané los mercados. (Entrevista a Nury. Corporación
Región, 2003).
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Ciudad: Trayectos, estrategias
Asumirse como desplazado o desplazada es también un aprendizaje que tiene que ver con que otros lo nombren, en este caso
resultado de las nuevas interacciones en la ciudad que afectan los
referentes de pertenencia iniciales, hasta entonces se reconocía
como trabajadora del campo pero no desplazada. En la nueva
condición se pierde todo derecho al anonimato y es obligatorio
exponer, “ser investigados”, demostrar a los funcionarios su nueva
condición y “ganarse” el reconocimiento, lo cual quiere decir que
no basta la experiencia vivida.
A manera de balance, los desplazados se muestran decepcionados
con la ayuda institucional, encuentran que la atención de sobrevivencia alimentaria es incompleta e inoportuna al reducirse a una
“ayudita” equivalente a “tres mercaditos”. No obstante persiste
la esperanza de que en la Red de Solidaridad7 se pueda encontrar
algún apoyo. Así entonces, además de ir al registro la primera vez
y recibir los “tres mercaditos”, regresan ante situaciones extremas,
como la muerte de sus familiares, caso en el que buscan apoyo
para los gastos funerarios, pero también en ocasiones como estas
concluyen que allí o en otras instancias gubernamentales no hay
respuesta favorable a sus demandas.
La palabra “ayuda”, tan común cuando se habla con las personas
desplazadas sobre la relación con las instituciones, es bastante
generalizada y connota una relación asimétrica, de minusvalía y
no de igualdad como sujetos de derechos.
7.
La Red de Solidaridad, aunque es la coordinadora del Sistema Nacional de Atención Integral
a la Población Desplazada, se convirtió en la única visible a pesar de la existencia del Sistema Nacional de Atención a la Población Desplazada en el que se incluyen el Concejo
Nacional para la Política de Atención a la Población Desplazada, ministerios, entidades
territoriales y entidades descentralizadas.
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Miedo y desplazamiento
Contrasta con lo anterior, la postura de quienes consideran que
se impone la exigibilidad de los derechos y por ello, más que
una “ayudita”, se trata de una obligación del Estado. Lucho en
respuesta a la lentitud del sistema interpone un derecho de petición:
Llamar a la Red y no ir es la misma pendejada, nunca
respondían el teléfono; entonces tenía uno que estar
allá, pendiente; hasta que un día me dio por mandar un
derecho de petición y ya. (Entrevista a Lucho. Corporación Región, 2003).
A esta respuesta corresponde una explicación de la experiencia
del desplazamiento forzado que pone al Estado como causa de
la situación: “si el Estado tuviera presencia en todas partes del
país, no hubiera desplazamientos”. Así mismo se considera obligación del Estado restituir a la población desplazada los bienes
materiales perdidos a causa del desplazamiento.
Desde hace tiempo estamos desplazados. El gobierno no
nos ubica... Yo del 97 y todavía no tengo nada que me
haya dado el gobierno. No me ha cumplido con casa,
empleo, seguro para los hijos; el médico a veces funciona y a veces no, prometieron un subsidio y nada. Yo
fui allá, me dieron 3 mercados y hasta el sol de hoy, no
me han preguntado si yo tengo casa, cómo vivo, nada.
(Entrevista a Nury. Corporación Región, 2003).
Desde el reclamo de los bienes materiales y la vivencia de una
existencia digna, como requisitos para dejar de ser desplazados,
hay una aproximación a lo que se entiende desde el concepto de
restablecimiento con un enfoque integral, como cesación de la
109
Ciudad: Trayectos, estrategias
situación de desplazamiento. Según el derecho al restablecimiento
(Sentencia T602/03:15):
El acceso efectivo de los desplazados a bienes y servicios básicos,
así como la garantía de sus derechos y libertades fundamentales
se traducen en el restablecimiento y, por tanto, en la cesación de
desplazamiento forzado interno. Por lo mismo resulta evidente
que el retorno o la reubicación no equivalen, por sí mismos, al
restablecimiento de la población desplazada.
Lo que muestran los relatos anteriores es que efectivamente no
se ha dado el restablecimiento, las personas a pesar del paso del
tiempo, aún viven en condiciones precarias, no tienen garantizada su permanencia en la ciudad, ni disponen de sus libertades
fundamentales.
No obstante la distancia crítica con las instituciones gubernamentales, algunas personas consideran inaceptable la eventual
eliminación del registro que se ha hecho hasta ahora de la población desplazada8, al señalar que aún se está lejos de recuperar la condición que se tenía antes del desplazamiento forzado.
Borrarlos sería como lanzarlos definitivamente al olvido, sería
condenarlos a la invisibilización y a asumir su sufrimiento como
asunto individual.
En síntesis, hay dos motivaciones para buscar el reconocimiento institucional. Una que deposita allí la esperanza de alguna
ayuda y otra, más en el orden simbólico, de no aceptar el olvido
8.
Las alusiones a la posible eliminación del registro de la población desplazada se han visto
activadas por un rumor en el sentido de que “a los desplazados antiguos los están borrando
de la Red”.
110
Miedo y desplazamiento
de su situación por parte de la sociedad y del Estado, es una expresión que resiste a la condición de liminalidad, a esa especie
de condena a continuar siendo desplazado a través del tiempo,
al no darse el retorno o un tránsito hacia la incorporación económica y social que se traduzca en una vida digna.
Ocultarse, una estrategia de supervivencia
Los desplazados colombianos son los “sin derechos” que ha
planteado Daniel Pecaut (1999:17), entre otras razones porque
son vistos como sospechosos en virtud de su procedencia, de tal
manera que venir de una determinada zona los expone al estigma
y a ser catalogados como pertenecientes a uno u otro bando. Ellos
lo saben y en algunos casos tratan de mezclarse y no reclamar
sus derechos, por el temor a visibilizarse, pues la ciudad tampoco
les representa un refugio seguro.
Aunque lo más generalizado por parte de los familiares y allegados es compartir la información, inducir y acompañar para
que se incluyan en el Sistema Único de Registro, también se
presentan advertencias sobre el peligro que puede significar la
declaración si se entrega información acerca de los motivos y
lugar de procedencia, por las implicaciones de ésta en la identificación con algunos de los grupos armados lo que los convertiría en potenciales víctimas aún después de llegar a la ciudad.
Dice Fabiola que:
Cuando sacábamos las tales cartas de desplazados, la
gente nos metía miedo, porque esas cartas se las entregaban a los paramilitares y los paramilitares los buscaban
111
Ciudad: Trayectos, estrategias
y los sacaban de donde estuvieran. No vayan a mentar
que son desplazados, que cogen toda esa información,
entonces la gente lo busca a uno por medio de la cédula
y todo eso. (Entrevista a Fabiola. Corporación Región,
2003).
La prohibición “no vaya a sacar esa carta de desplazado” pretende
proteger por la amenaza que se percibe en la divulgación de su
origen. Se teme por la vida y se teme a los actores armados que,
según doña Fabiola, tienen acceso o alguna forma de relación con
instancias gubernamentales, vía por la cual pueden acceder a la
información. Frente a este miedo se responde con una estrategia
de mimetización que supone el silencio, ante todo no declarar su
situación y desconfiar de las entidades oficiales.
Las estrategias de supervivencia y las respuestas al miedo en el
entorno urbano, como se ha visto hasta ahora, han dado lugar
por lo menos a tres construcciones del Sí Mismo, a tres formas
de autopercepción que están modeladas en parte por ese saberse
que se es “el otro de alguien”, principio de identidad que siempre
define el sí mismo en relación con los otros.
Una es la autopercepción como víctima y desde allí se construye un relato que revela las experiencias de dolor y pérdida, incluyendo el lugar de procedencia y los actores que intervinieron
en el desenlace de la situación. En ocasiones el relato pretende
conmover la solidaridad y “ser desplazado” se asume como el
principal rasgo de su identidad.
Otra postura, por el contrario, es omitir completamente del relato autobiográfico la experiencia del desplazamiento, porque se
112
Miedo y desplazamiento
teme al estigma social e incluso se teme a la actitud de sospecha que se puede derivar del conocimiento de su procedencia y
motivo de llegada a la ciudad. El ocultamiento en este caso es
funcional a una necesidad de seguridad y revela la persistencia
del miedo. El desplazamiento es un pasaje de la vida que se
quiere ocultar.
Otra manera es autopercibirse como sujetos de derechos y desde allí reclamar la asistencia humanitaria de emergencia, pero
sobre todo, y aún después de años de haber llegado a la ciudad, reclamar un restablecimiento socioeconómico, condición
necesaria para dejar de ser desplazados y llevar una vida digna.
El desplazamiento es en estos casos, ciertamente, una tragedia,
pero también una oportunidad para reconocerse y hacerse reconocer como ciudadano con plenos derechos.
Estas autopercepciones, que se dan a partir de una situación
concreta, el desplazamiento forzado, y que se construyen en el
proceso de relación con otros, interpelan las miradas esencializadas; pues hacerse visible como víctima para conseguir una
ayuda, o recurrir a la estrategia de invisibilización, o situarse
como sujeto de derechos es un asunto de identidad. Cada posición depende de una representación de los otros y una forma
de localizarse ante ellos y ante el mundo, configurando así unas
identidades del momento.
Vista así, se toma distancia de la noción según la cual habría
una correspondencia entre territorio e identidad, asunto por lo
demás insostenible para una realidad como el desplazamiento
forzado, respecto a la que no hay un pasado ni un territorio co113
Ciudad: Trayectos, estrategias
mún. Más que hablar de una identidad única y permanente en
el tiempo, es apropiado reconocer que las personas en situación
de desplazamiento al contacto con lo urbano ya no serán los
mismos porque su identidad se redefine como el resultado de
la relación con otros, a veces socialmente próximos y a veces
socialmente lejanos.
El miedo se actualiza en la ciudad ante la presencia de actores armados opuestos que agudizan tensiones y dificultan la emergencia
de lazos que den cohesión a los desplazados. En este sentido la
situación no es muy diferente a la que tenían cuando partieron,
prevalece nuevamente la desconfianza, circulan los rumores, es
posible la incursión de cualquiera de los grupos, persiste la sensación de ser espiados por los agentes de uno u otro grupo.
Además de los miedos que se traen y los miedos que se actualizan,
aparecen otros propios de la dinámica urbana y de su desconocimiento hacia el nuevo entorno.
3.3 El miedo, un sentimiento
que persiste y se actualiza
El temor a que se repitan historias de muerte y persecución acompaña a las personas que han vivido el desplazamiento forzado.
Según Daniel Pecaut (1999:27), hoy esto es aún más cierto en
las ciudades colombianas, a diferencia de la violencia de los años
50 en que sí constituían refugio más o menos seguro. Ya no hay
espacios libres de la influencia de las redes informales o ilegales
de poder en Colombia. Además, al contacto con la ciudad se
114
Miedo y desplazamiento
experimentan otros miedos, algunos de los cuales desaparecen
con el tiempo.
El miedo tiene un carácter ambiguo, es un reflejo que permite al
organismo escapar provisionalmente a la muerte, pero también
puede generar bloqueos y tener efectos directos en la disolución
de los lazos sociales; es en esta ambigüedad y en la experiencia
de miedos y respuestas que limitan o facilitan su inserción en la
ciudad, que se hace esta reflexión.
En el caso particular de las personas en situación de desplazamiento en Medellín se constata la persistencia del miedo en la
ciudad y muy particularmente el temor a los paisanos. Al preguntar por los miedos se dice:
Al ser uno desplazado tiene temor a los que vienen, porque quizás vienen a averiguar de qué manera está uno
viviendo en el barrio. Uno que está aquí, en la ciudad,
entonces debe tener temor de los conocidos que vienen
de pronto. (Taller de memoria con hombres, Corporación
Región, 2003).
Esta situación aparece como una fisura a la seguridad que les
representa la ciudad en relación con el anonimato que es imposible en el pueblo o localidad de origen. No obstante se dispara
una alarma de protección en cada uno cuando preguntan por
alguien en el asentamiento, lo que se traduce en su negación
inmediata.
El miedo tiene efectos sobre la inserción urbana de los desplazados; los obliga a cambios de residencia o a dejar sus empleos.
115
Ciudad: Trayectos, estrategias
En otros casos impide que una persona se establezca en el asentamiento al serle negada la información sobre alguien allí conocido y que podría facilitar el acceso a la vivienda.
Un efecto del miedo es la desconfianza y con ella la separación,
la erosión de los lazos sociales. La confianza tiene que ver con
la expectativa de que el otro actuará de acuerdo a lo que de él
se conoce (Luhmann, 1996:66), la desconfianza por el contrario
se construye sobre la base de la incertidumbre con respecto al
comportamiento del otro.
En principio la relación entre el mundo desconocido y el miedo
es mucho más aceptada y generalizada que la asociación entre
lo próximo conocido y el miedo. No obstante recae la desconfianza sobre los paisanos y conocidos porque hay un aprendizaje
social en la guerra que muestra que las barreras entre los bandos
opuestos son porosas o que por dinero o presión se puede obligar a la entrega de información. Se habla también de infiltrados
y ante la sospecha de su existencia se hace recomendable la
desconfianza.
Una cooperación calculada, la preocupación por leer cualquier
señal que corrobore o disuada sospechas, guardar silencio, evitar información, esconderse, inhibirse de la comunicación con
la familia en el lugar de partida o en un barrio de Medellín,
privarse de aprendizajes asociados al conocimiento de la ciudad
y abstenerse de visitar barrios desconocidos o calientes, constituyen una especie de manual de protección que modela la vida
cotidiana.
116
Miedo y desplazamiento
Los miedos y sus efectos no se agotan aquí. Al examinar los miedos es claro que algunos no son exclusivos de la población que
ha sido desplazada.
El miedo a la ciudad, entorno desconocido
El miedo a la ciudad, entorno desconocido, se nombra como un
miedo superable y en algunos casos ya se presenta entre los temores del pasado. Es un miedo propio del primer período de llegada
a la ciudad, que afecta igualmente a hombres y a mujeres.
Cuando se supera el desconocimiento gracias al tiempo que favorece el reconocimiento del entorno o por el desempeño de
oficios o la participación en los “recorridos”, aunque disminuye el
miedo a la ciudad se tiene muy presente un temor a los territorios
donde acceder sin un acompañante del lugar puede equivaler a
la muerte. Este miedo parece estar más presente en los hombres
que en las mujeres, ellos se sienten más vulnerables, pues como
alguno afirma “las mujeres le caen mal a menos gente”.
En la ciudad, un miedo se concreta en la delincuencia como una
fuente segura de amenazas. Las mujeres perciben más la amenaza
de “los ladrones” y “viciosos”, mientras que los hombres dicen
que no hay que temer al robo porque nada tienen. Su temor más
presente es a ser confundidos con un enemigo en un lugar en el
que son desconjcocidos. “Miedo a que por desconocido lo maten
las bandas”, “yo tengo conocidos pero por allá no voy, así uno
lleve mucho tiempo aquí; y no es sólo problema para el desplazado, para todos da miedo ir de un Popular a otro”.
117
Ciudad: Trayectos, estrategias
Las personas desplazadas siguen informadas de lo que pasa en
su tierra de origen a través de los medios de comunicación o por
sus familiares con quienes mantienen contacto, y esto les permite ratificar que es imposible retornar, situación que contrasta
con la relativa seguridad brindada por el anonimato que ofrece
la ciudad.
Miedo a la violación de las hijas
Hombres y mujeres han manifestado temor a la violación de sus
hijas. Este es un temor compartido por padres y madres que genera debates intensos cuando algunos explican dicha amenaza
como un riesgo propio de la ciudad, percibida como lugar de
la perdición para los jóvenes, opuesta al campo asociado a “sanidad”, ambiente favorable para la buena crianza de los hijos.
En el primer caso, el anonimato en la ciudad opera como un
obstáculo para el control de los jóvenes, motivo de debate entre
madres adultas y madres jóvenes.
Miedo a dejar los niños solos en la casa
“Como somos madres solas, tenemos miedo a dejar los niños
por el peligro de enfrentamientos, porque incendien las casas.
Están quitando los niños porque es prohibido llevarlos a pedir
y por maltrato”. Este miedo es explicable por la precariedad de
los materiales con los cuales están hechos sus ranchos y sobre
todo por la historia de incendios en los asentamientos. Los miedos a la violación y a los incendios convocan debates acerca de
la necesidad de la colaboración entre vecinos compartiendo la
responsabilidad de atención especial a niñas y niños.
118
Miedo y desplazamiento
Miedo a que los hijos
sean reclutados para la guerra
Este miedo acompañó la huida de la familia o de las mujeres con
sus hijos de la región donde vivían, pero en la ciudad igualmente,
en los barrios donde se han establecido inicialmente, han identificado el riesgo que tienen los jóvenes de ser reclutados por los
grupos armados. En el asentamiento, considerado un lugar seguro,
no dejan de advertir señales que anuncian la reaparición de esta
amenaza para sus hijos. También es un miedo para los jóvenes
directamente implicados: “Le toca a uno arrancar en bombas (a
gran velocidad). Se lo quieren llevar. Lo están chequeando a uno,
uno sin querer hablar con ellos”.
Realmente aparece una constelación de miedos; miedos que se actualizan, miedos que se superan y miedos que se superponen.
Los relatos de hombres y mujeres están signados por miedos y
también por las respuestas a éstos que en la mayoría de los casos
no se corresponden con la parálisis como una forma de respuesta; por el contrario, es la acción e incluso la preparatoria para la
huida, la vivencia de cambios y adaptaciones con el fin de dar
continuidad a sus vidas en medio y en diálogo con los miedos.
La capacidad de las mujeres para enfrentar el miedo a lo desconocido en una ciudad nunca vista, la responsabilidad de proteger
a los niños y portar algunas pertenencias del hogar, hace pensar en la lucha que se libra entre el miedo y la esperanza, pues
“la esperanza exige la remoción del miedo; demanda acción”
(Riezler,1966:22), en este caso, el miedo disminuido por el deseo
de salvar a los hijos. Es reiterativa la expresión de las mujeres
119
Ciudad: Trayectos, estrategias
según la cual a pesar de la nostalgia y la tristeza, sus hijos constituyen el motor de sus vidas.
En síntesis, de forma especial el futuro va a estar fuertemente
incidido por el miedo que se trae, en el sentido de impedir actuar con libertad, espontaneidad y confianza ante el temor a la
persecución. De hecho puede plantearse que el miedo trae como
consecuencia una erosión de los lazos sociales en la ciudad de
llegada, aunque también se presenta una ingeniosa búsqueda de
recuperación y sostenimiento de los lazos sociales y afectivos
que han quedado en el lugar de origen.
Al actualizarse el miedo, sobre todo, ante la percepción real o
imaginaria de persecución se genera la disposición nuevamente a
la huida o a una sensación de intranquilidad que gobierna la vida
cotidiana. En dichas condiciones se busca desesperadamente el
retorno o se vive en la incertidumbre e incluso se vive en cierta
parálisis, que se roba toda iniciativa que podría dirigirse a la
transformación del entorno.
Los miedos en y a la ciudad llevan a las personas a considerar la
idea de un retorno inmediato, pero tan pronto como se detienen
a considerar las condiciones del posible lugar de llegada miran
angustiados que puede ser tan riesgoso permanecer como huir
nuevamente.
El desplazamiento forzado tiene un impacto directo en la reconfiguración de las redes sociales al determinar un juego permanente
entre la confianza y la desconfianza como formas de relación.
120
Dibujo realizado por una participante del taller de memoria con mujeres del
asentamiento de Altos de la Torre.
La imagen remite a un antes de tristeza y a un presente de felicidad asociado a
ciuadad.
CAPÍTULO IV
FUTURO:
ENTRE PÉRDIDAS Y GANANCIAS
Las personas desplazadas describen trayectos en muchas ocasiones ajenos a sus iniciativas y deseos, pero también hay sueños
y previsiones para mañana. ¿De qué están hechos sus sueños?
¿Cuáles son las posibilidades de construir o reconstruir proyectos de vida?1. Las respuestas están determinadas por la dinámica
de relación entre la reconstrucción del pasado, la apropiación
del presente y la utopía, dando lugar a diferentes representaciones sobre el futuro.
“Tanto en la vida individual como en la social, el pasado delimita el futuro” (Lechner, 1999:78). Esta que es una verdad
en general tiene especial sentido cuando se trata de un pasado
marcado por eventos no resultantes de una libre decisión. No se
decidió sobre la partida, el momento de su ocurrencia y el lugar
1.
Los proyectos de vida, más allá de las estrategias de supervivencia material, suponen una
intención, una voluntad de superación, alguna planificación y cierta capacidad de controlar
el curso de la vida cotidiana. Ver Nora Segura (1998:10).
123
Futuro: Entre pérdidas y ganancias
de llegada. Además, el carácter forzado y muchas veces violento de la huida, deja huellas que delimitan el futuro y afectan la
memoria atravesada por dicha experiencia.
Lo que se desea a futuro no está separado de las experiencias
de vida en un sentido amplio, es decir, de la propia biografía, y
en el caso particular de la población desplazada, del significado
que en su vida ha tenido el desplazamiento, que a decir de Marta
Nubia Bello (2001:35) puede estar incorporado en la historia de
cada uno como un evento más en sus vidas o como condición
que acompañará su existencia.
Quiere decir entonces que no hay una única manera de dotar de
sentido las experiencias pasadas y de incorporarlas a la vida. El
futuro por su parte se relaciona con el presente y con el pasado y
en dicha relación se anuda y perfila desde una experiencia social
de identidad, entendida como un proceso complejo que articula
“la memoria (reconstrucción del pasado) con la práctica social
(apropiación del presente), con la utopía (apropiación del futuro) y con la representación que el sujeto tiene de ese proceso
gracias a su conciencia” (Guerra, citado en Bello, 2001:35).
En el juego de relaciones determinado por los factores anteriores se han identificado a través de casos típicos, tres procesos
que serán descritos a continuación.
4.1 Entre la espada y la pared
Entre la espada y la pared es la imagen que recoge ese estar atrapados por el miedo y la búsqueda de la sobrevivencia, viviendo
124
Miedo y desplazamiento
el día a día e inventando qué sigue para mañana, con la inconformidad por la situación que le ha correspondido en la ciudad
y el riesgo que implicaría un retorno.
La situación apremiante que vive Leonor tipifica esta imagen.
Se trata de una mujer de 40 años que carece de cualquier grado de escolaridad y actualmente vive en un rancho sin servicio
de agua ni energía. Es representativa de otras mujeres que al
volver la mirada a su lugar de origen, representado como de la
abundancia en el pasado y ahora ocupado por grupos armados
que obligaron su salida, concluyen que es imposible el retorno,
y al mirar su situación en la ciudad advierten que el futuro es
incierto. Ni el retorno a su origen ni la permanencia en la ciudad
perfilan un futuro deseable. El miedo que experimenta ante la
percepción de amenazas reales, como en su caso, genera ese
sentimiento de “estar atrapados”. “Me dijeron que la casa mía
está llena de paracos, por allá no puedo volver a vivir”, cuenta
Leonor. Al preguntarle por las oportunidades que puede encontrar en Medellín, responde:
Yo no veo, me mantengo por aquí aburridísima, no me
he ido de por aquí a rodar el mundo porque no tengo el
pasaje y hasta me da miedo salir, de pronto por ahí en
esas autopistas lo reconocen a uno. (Entrevista a Leonor.
Corporación Región, 2003).
Además del riesgo que representa para su vida el que llegara a
ser reconocida, siente la presión por la falta de empleo y la conciencia que le da el saberse limitada para emprender la vida en
la ciudad, dada su edad y condición de analfabeta.
125
Futuro: Entre pérdidas y ganancias
En el caso de Leonor, el desplazamiento no es un evento, es una
condición que la define y se prolonga por la sensación de persecución y la ausencia de autonomía al no contar con su propia
morada.
María es también una mujer para quien el factor que impide el
retorno es igualmente la guerra, la que siente como una amenaza que se posa directamente sobre sus hijos. La presión contraria está en que la ciudad no representa para ella un futuro
prometedor y su vida actual es de extrema pobreza: Un rancho
prestado, falta de empleo y trastornos mentales a causa de múltiples experiencias de su vida en las cuales la pérdida y el desafecto son constantes, situación especialmente agravada con el
desplazamiento forzado.
Yo les cuento la situación, que estamos en las mismas,
desesperados, sin saber qué hacer, a veces nos dan deseos
de volvernos, así nos maten y, digo yo: no siento sino mis
hijos y pienso que de pronto por haberme venido y haberme traído estos hijos me hagan algo a mí. (Entrevista a
María. Corporación Región, 2003).
El dilema de María está entre regresar a Argelia, su municipio,
acompañada de sus hijos después de salir convencida de “no entregar hijos a la guerra” o permanecer amenazada por la pobreza.
La posibilidad de construir un proyecto de vida es obstaculizado
por el miedo y la incertidumbre que le impiden apropiarse del
presente.
Para María el desplazamiento forzado es un evento, entre otros
ocurridos en su vida, que la ha obligado a huir, pero posible126
Miedo y desplazamiento
mente los de mayor impacto son el asesinato de una amiga por
parte de la guerrilla y los combates entre guerrillas y paramilitares; ella se declara “traumatizada”, la asaltan pensamientos
de suicidio y asesinato de su familia y luego la culpa. Aunque
dice que ha superado estos sentimientos, ante la angustia que
le produce vivir en la precariedad con su familia en la ciudad,
revive sentimientos y sensaciones similares, que inciden de manera directa en sus escasas posibilidades de reconstrucción de
un proyecto de vida.
La ciudad le sabe a pobreza y a ausencia de apoyo. Recuerda que
en su pueblo, al ser conocida, sabía dónde y a quién acudir para
resolver la sobrevivencia, en cambio en la ciudad nadie conoce
su capacidad de trabajo. Para María y para otras personas desplazadas la pérdida no se mide sólo por los muchos o pocos bienes
que poseían, también y de forma significativa por el deterioro
del tejido social construido en el tiempo y que en la situación de
crisis valoran por lo que significó como soporte y seguridad, ante
las situaciones difíciles presentadas a lo largo de su vida.
En este caso es muy evidente que la condición de desplazamiento no termina, y su futuro permanece en vilo porque está hecho
de la incertidumbre que la acompaña al no depender de ella el
retorno o la permanencia, sino y sobre todo, de circunstancias
que no puede gobernar. Ahora vive en el rancho pero teme que
su vivienda se derrumbe por la mala calidad de los materiales, la
estructura y por los suelos en donde está localizado.
También se encuentra entre la espada y la pared Fabiola, quien
presa del miedo por las amenazas y porque no logra encontrar
127
Futuro: Entre pérdidas y ganancias
“su lugar” en la ciudad, opta por el retorno a Urabá, aún con la
certeza del peligro que ello implica. Aduce que por lo menos
allí encuentra a su familia que garantizará trabajo para sus hijos,
además, y tal vez más decisivo que lo anterior, es que Fabiola
desea y ve posible un futuro a la medida de su pasado.
El relato de su ciclo vital transcurre en medio de un trabajo intenso en las fincas de Urabá y luego en cada una de las regiones
a las cuales llegó desplazada o buscando a su madre, quien la
abandonó. Cuando se refiere a sus sueños dice:
Vea, en mi futuro pienso así, y hasta sueño, viviendo en
Urabá, en una casita con mis cinco muchachitos, con mi
esposo, que tenga hartos animales, que tenga marranos,
gallinas, que tenga dónde sembrar, como allá le dan a
uno hasta tierra pa sembrar, una yuquera; como que
nosotros podamos vivir tranquilos, que los muchachos
si quieren estudiar, tengan dónde estudiar y si no quieren
estudiar, pues que estén trabajando con el papá. !Ay! Yo
me sueño con estar otra vez en Urabá.
Para esta mujer que ha localizado su sueño en Urabá, la ciudad
tiene una calificación negativa, como lugar de no futuro para
sus hijos; especialmente teme a los barrios pobres donde los
hijos pueden, según ella, desviarse hacia la drogadicción y a la
delincuencia. A estos motivos se suma la desesperanza por vivir
en un barrio que es zona de alto riesgo y por tal motivo “se vive
como sin una ilusión de nada”.
El futuro y el proyecto de vida planteado por Fabiola están representados en el desempeño de la familia, como unidad eco128
Miedo y desplazamiento
nómica alrededor de las actividades agrícolas en el campo. No
obstante, cuando toma conciencia de que no puede salir inmediatamente se detiene a pensar que tendrán que matarla allí mismo en el asentamiento:
Si nos van a matar, nos tienen que matar ahí, porque yo no
puedo irme a pagar arriendo, por una parte, y por otra lo
que veo es que nosotros nunca hemos tenido estabilidad
en ninguna parte y por eso no hemos podido conseguir
nada, porque a donde quiera que llegamos tenemos que
botar lo poquito que tengamos.
Por encima de prefigurar la ocupación de los miembros de su
familia, desea algo que no está bajo su control, esto es que por
fin la dejen quieta, revelando así el agotamiento por el continuo
reinicio de la vida. En este caso, más que proyecto de vida, su
deseo es la posibilidad de estar, de permanecer, de descansar.
Hasta aquí aparece el dominio de la incertidumbre, en unos casos
por la pobreza y en el otro porque el nuevo entorno se percibe
amenazante, imposible de generar pertenencia; de todas maneras
el retorno es una opción que se sigue contemplando y siempre
resulta imposible o por lo menos es muy arriesgado intentarlo.
Cuando aún no se ha definido si quedarse en la ciudad o partir,
es poco probable el inicio o la marcha de un proyecto de vida.
4.2 Un futuro de certezas guiado por Dios
El futuro se concibe también desde el mundo de creencias. Si
bien en la mayoría de las personas predominan el miedo y la
incertidumbre, también existen quienes ante las dificultades re129
Futuro: Entre pérdidas y ganancias
afirman certezas y tienen motivos de esperanza como creyentes
en un salvador supremo.
Kurt Riezler (1996:38), refiriéndose al Dios cristiano, ya sea
el Dios de Abraham y Jacob o Cristo, en relación con el miedo
dice que éste “es un Dios personal, un Dios de amor, cuidado y
esperanza, el padre a cuyos pies el tembloroso rebaño de sus hijos acude en la desgracia más fuerte que cualquier miedo, definido o indefinido para aquellos que confían, resisten y rezan”.
Los relatos han dado cuenta, como señala el autor, del papel del
Dios cristiano en los momentos de desespero y soledad de católicos y creyentes cristianos que finalmente destacan la fidelidad
de su Dios, que no los ha abandonado y siempre los acompaña
al momento de tomar decisiones en las situaciones límite que
han vivido.
Las creencias religiosas constituyen un marco interpretativo del
presente, del futuro y del lugar del cristiano en cada tiempo.
Para los cristianos es desde la biblia, el libro sagrado de autoridad, palabra escrita de Dios desde donde puede entenderse el
mundo y orientarse en él.
Con respecto a la incertidumbre, por ejemplo, y desde su visión
apocalíptica de futuro, los cristianos no encuentran discontinuidad entre el futuro venidero y el presente manifiesto en cada
catástrofe, conflicto social o guerra; por el contrario encuentran
una constatación de la verdad anunciada por Dios.
A veces me pongo a ver noticias y dicen que este gobierno sí va a acabar la guerra, que sí va a haber paz,
130
Miedo y desplazamiento
a las buenas o a las malas; pero a veces me pongo yo
a pensar si este gobierno nos va a dar la paz, entonces
Dios es mentiroso, porque es que Dios dice que paz no
hay, que cuando haya paz es porque él dio esa orden de
paz, y eso falta todavía mucho para que esa paz exista porque tienen que suceder muchas cosas, porque la
biblia dice que habrá guerras, hambres, los padres se
comerán a sus hijos, los hijos se lanzarán contra sus
padres, todo eso lo estamos viendo por noticias; eso
tiene que suceder así porque eso está escrito, estamos
viviendo los últimos tiempos, porque estamos viviendo
lo que Dios dejó escrito. (Entrevista a Luis. Corporación
Región, 2003).
A propósito del desplazamiento forzado desde una lectura de la
historia bíblica, un hombre habitante del asentamiento plantea
que éste es un evento más que ya estaba advertido como un castigo por los pecados cometidos, “ya estábamos advertidos por el
mismo evangelio, que todo esto podía darse a causa del pecado,
a causa de lo que nosotros mismos habíamos sembrado”.
Desde estos referentes religiosos, ante la pregunta por los hitos
que han marcado sus vidas, los creyentes cristianos no ven en el
desplazamiento claramente el evento más importante que marca
un antes y un después en su vida y en la de su familia; por el contrario, lo más importante para ellos es el descubrimiento reflexivo
y espiritual que los llevó a cambiar sus vidas pecaminosas.
Las penas y las pérdidas son asumidas como pruebas y el desplazamiento forzado se vive como la señal de un padre amoroso.
Según un joven asistente al taller de memoria:
131
Futuro: Entre pérdidas y ganancias
Somos muchos los que estamos viviendo mal en esta
vida, cuando empieza a leer sobre Jesucristo, ya cuando
le pasan estas cosas, uno ya no lo coge como mal para
uno sino como una prueba; nosotros tenemos un propósito aquí en esta tierra y es algo que sólo Dios nos lo
puede decir; entonces no cojamos esto como mal, cojámoslo como pruebas que nos está poniendo a nosotros
la vida, para saber cómo estamos nosotros. Dios quiere
que nosotros lo tengamos en cuenta a él, porque es un
Dios que nos quiere y que nos está poniendo todas estas
pruebas para darnos algo a nosotros. (Taller de Memoria,
con hombres del asentamiento El Pacífico, Corporación
Región, 2003).
Desde Rietzler, que señala que el Dios de los cristianos es un
Dios personal, de amor y esperanza, puede entenderse que aún
el sufrimiento se asuma por los creyentes como un mensaje que
pretende reorientar la vida en la tierra, para asegurar la salvación eterna.
Las personas entrevistadas, pertenecientes a la Iglesia Cristiana,
interpretan las pérdidas materiales desde su horizonte de creencias, de tal manera que les facilita su desprendimiento a la vez
que ejercen una crítica radical a quienes evocan el tiempo de
abundancia anhelando su retorno y se quejan por la precariedad
en la cual viven en la ciudad. Para ellos, más que las cosas materiales, lo importante es la confianza en Dios, con el supuesto
de que es Dios quien todo lo concede.
Puede decirse que la noción de futuro y también de pasado están
modeladas por las creencias, en el caso concreto de los creyen132
Miedo y desplazamiento
tes en Cristo, el futuro deseable es el de la salvación y el paso
por la tierra es un tránsito que debe estar en función de la voluntad divina que se manifiesta en toda experiencia; un acontecimiento es una señal para el bien de cada uno. Desde aquí hay
una mayor disposición a vivir las dificultades y en particular la
situación del desplazamiento, el cual definitivamente no es el
evento que marca sus vidas.
En un plano, las metas y los medios no corresponden a las contingencias, éstos están definidos por el deber ser del cristiano y su
proyecto de vida se confunde con su proyecto de salvación eterna.
En otro plano participan de proyectos colectivos, que en el ámbito
local del asentamiento implica que varios de los dirigentes de la
organización comunitaria pertenecen a la Iglesia Cristiana.
En definitiva, su futuro es de confianza en un proyecto divino
y en un salvador que reafirma su verdad. Caminar a su lado les
define un plan y estilo de vida en el que la incertidumbre no
tiene lugar, todo está supeditado a su voluntad.
4.3 La ciudad como un futuro deseable
Constituyen una minoría, entre el número de personas entrevistadas y asistentes a los talleres de memoria, quienes se encuentran en
una situación caracterizada por una cierta estabilidad al superar la
duda entre permanecer y retornar, y han optado por quedarse con
una actitud que supera en mucho la resignación. Estas personas
han nombrado sus metas, los medios para lograrlo y la voluntad
de luchar en esa dirección. Coinciden con apelar a metáforas que
aluden a vida, crecimiento, cambio; “asenté raíces y eché ramas”,
133
Futuro: Entre pérdidas y ganancias
“espero crecer rápido”. Se trata de cambios deseables y no forzados. Lucho y Nury esperan crecer, no obstante no desaparece
en ellos el peso de la atmósfera de incertidumbre, al identificar
diferentes motivos que pueden obligarlos a salir nuevamente.
Quienes aspiran a crecer encuentran en la ciudad una opción,
han probado su capacidad de gestión en el nuevo entorno y ha
sido definitivo en su proceso de afirmación el acompañamiento
institucional.
Nury plantea que en el reciclaje ya empezaba a fatigarse, eran
jornadas muy duras recorriendo la ciudad. Para ella esta situación contrasta con la producción de obleas en su casa a partir
del apoyo de la Cámara de Comercio de Medellín, “por eso no
me quisiera ya mover en este momento de ahí, tendría que ser
un caso de gravedad que nos tuviéramos que mover, pero hasta
el momento sí quiero estar ahí” (Entrevista a Nury. Corporación
Región, 2003).
Nury ha construido un relato de vida que muestra la coexistencia de las dificultades y la superación de las mismas gracias a
su capacidad de trabajo e inteligencia: “He sido una verraca. Yo
nada lo veo imposible”. Su capacidad y arrojo, sin embargo, se
doblegan ante la “plomería”, es decir, el enfrentamiento armado,
la guerra.
Ella se ha probado muchas veces a su paso por diferentes localidades del departamento, pero Medellín constituye la prueba
principal y desde ahí su incursión en la ciudad constituye reafirmación de su autopercepción, a la vez que le plantea nuevos
retos y esperanzas.
134
Miedo y desplazamiento
En las corridas que he pegado de Urabá a Cáceres, lo más
que tengo que agradecer es a Medellín, porque aquí fui
capaz de enfrentarme a la ciudad, no me sentí como atada
de las manos, me sentí como libre, los primeros días me
perdía por ahí una que otra vez, pero fue rápido que se me
metió en la inteligencia que salía adelante, y lo que tengo
se lo agradezco a Medellín.
Para Nury “En la ciudad no se muere nadie de hambre, después
de que usted sepa buscar”, la ciudad le significa posibilidades;
mientras que para María es un mundo de limitaciones. Para la
primera, pedir o buscar ayudas tiene un campo mayor en la ciudad, para la segunda en cambio, es casi imposible porque la ciudad no es abundancia sino ausencia del tejido social hecho por
ella en la convivencia cotidiana en su pueblo durante el transcurrir de su vida.
Entre pérdidas y ganancias, el balance de las dos mujeres da resultados opuestos. Para Nury se perdieron los bienes materiales
pero es de inmenso valor el reconocimiento que recibe de otros
que la tratan como igual a partir de su proyecto productivo.
No tengo todo lo que tenía allí, que tenía mi situación
económica muy buena, televisión, nevera; aquí no lo
tengo, pero tengo más alegrías, me da esa felicidad como cuando me tocó ir a esos encuentros de Cámara de
Comercio, y allí nos atendieron de mil maneras, muy
bien; allá nos ofrecen tinto, agua, lo que quiera, nunca
nos dicen que no, y en el estudio que hacemos tampoco.
Nos ha tocado con gente que tienen empresas hace 20
años y están haciendo capacitaciones, nos ofrecen sus
cosas y nos dan los teléfonos de sus empresas.
135
Futuro: Entre pérdidas y ganancias
Para María, por el contrario, la seguridad y el reconocimiento
quedaron en el pueblo entre los conocidos que dejó y ahora añora; aún no tiene pertenencia a una nueva construcción social.
El relato de Rafael como el de Nury habla de sus pérdidas materiales, pero ante todo hace saber de sus posturas críticas, de la
reafirmación de criterios y metas de vida, en parte, ello está determinado por su pasado de participación política. Puede apreciarse que no hubo una ruptura total en el ejercicio de su rol
como activista; en Urabá como militante de un partido oficial y
ahora en el asentamiento como líder comunitario.
El cambio drástico está en la tenencia de propiedades, como
él dice vivió siempre de los campesinos como propietario de
tiendas para el expendio de alimentos y licores. No obstante la
diferencia, él trata de mantenerse ahora como vendedor ambulante en una calle de Medellín y propietario de una tienda en el
asentamiento.
Hace un balance, mira hacia atrás y reconoce que lo ha perdido
todo, pero que la idea es “tratar de superarme aquí”. Para lograrlo ya ha vencido un obstáculo, “Ya no me da miedo en Medellín”
y plantea claramente su aspiración: “Algún día conseguiremos
una casa digna y también podré tener mi propio negocio como
siempre lo he tenido”.
Una condición para abrirse camino en la ciudad es perderle el
miedo, cuando esto sucede se considera una prueba superada
que da la confianza necesaria para emprender otras pruebas en
el entorno urbano.
136
Miedo y desplazamiento
Cuestiona la política de retorno, porque sólo se ofrece tierra y
no todos son agricultores, y los agricultores que han retornado tampoco tienen un apoyo significativo por parte del Estado. Para él como comerciante no tiene sentido dicha política,
además, considera que a nadie se le debe obligar a retornar. En
Rafael la noción de “nosotros” se da por oposición a un Estado
que sistemáticamente los desconoce y les incumple.
Lucho, como don Rafael, tampoco estuvo ligado a la tierra por
el oficio que desempeñara antes del desplazamiento forzado.
Lucho era maestro de escuela y como tal tiene cierto grado de
escolaridad que lo pone en mejor condición para afrontar las
nuevas exigencias al contacto con lo urbano.
En su balance, el desplazamiento interrumpió una acumulación
favorable desde el punto de vista laboral como maestro, pero
igualmente examina el futuro y descubre que está interviniendo
el entorno manteniendo así una continuidad con su papel de líder comunitario y aún más cualificado.
Puede verse que es muy importante para todos el tejido social,
siempre aparece nombrado y resaltado, bien porque se gana y
en tal caso es más estimado que las pérdidas materiales, o porque se pierde y en tal caso hasta se quiere arriesgar la vida por
estar cerca de familiares y allegados, en muchas ocasiones la
única protección segura ante la ausencia del Estado.
Hay cosas que se pierden y hay cosas que se ganan,
porque yo, por ejemplo, ahora he aprendido mucho en
derechos humanos, en trabajos comunitarios, entonces
137
Futuro: Entre pérdidas y ganancias
yo digo: “pues se perdió una licenciatura, pero se pudo haber ganado una vida social mucho más grande;
no sabía manejar un computador, aquí aprendí, aunque
sea a prenderlo y a apagarlo; no sabía de reclamar algo
delante de una entidad, aquí aprendí; no sabía peliar
por los derechos de las demás personas, aquí aprendí,
porque yo allá, en la vereda, peliaba por los derechos de
esa comunidad, pero nunca con vías legales; y aprendí
a crecer como líder; aquí aprendí a administrar una organización comunitaria, y ahora estoy aprendiendo en
derechos humanos, aprendí a peliar por la educación.
(Entrevista a Lucho. Corporación Región, 2003).
Lucho asume que ha crecido y que tiene mucho más por aprender.
Permanentemente hace referencia a las dificultades pero también
a los logros, dotándose de la confianza necesaria para el tiempo
venidero; sabe que puede intervenir el entorno a su favor y a
favor de una comunidad.
En su balance hay pérdidas y ganancias, el pasado no lo aplasta
porque encuentra frutos del presente o del tiempo posterior al
desplazamiento, pero precisa el peso específico de sus pérdidas,
además de no lograr convertirse en licenciado en educación señala la pérdida de un tejido social ampliamente valorado por él,
y sobre todo, lamenta:
No he ganado tranquilidad, como la de dormir tranquilo
con este cuento que están desalojando; entonces uno es
pensando que van a tumbar las casas, que lo que ha levantado a punta de sudor se va a caer en un minuto, o lo van
a tumbar; entonces de pronto no he ganado tranquilidad,
pero sí he crecido como persona; entonces yo digo: y
138
Miedo y desplazamiento
si me llegan a tumbar la casa, que la tumben ¿será que
algún día no se podrá levantar otra? (Entrevista a Lucho.
Corporación Región, 2003).
Los acercamientos a las experiencias de vida de la población
desplazada muestran que tienen mayor posibilidad de reconstruir o construir sus proyectos de vida en la ciudad quienes traen
alguna formación académica, quienes han sido líderes sociales
y quienes son jóvenes. Con respecto a lo que encuentran en la
sociedad receptora tienen mayores posibilidades quienes reciben apoyo de su red de parentesco, quienes encuentran una red
social de acogimiento y participación, quienes pueden dar continuidad a su rol de líder comunitario o social y en todos los casos es una condición muy determinante el que se haya superado
el miedo a la ciudad.
No obstante los logros a nivel individual y la valoración positiva
que se hace de las pruebas superadas, cuando se aborda la situación del desplazado a futuro, entendiendo el desplazado en un
sentido general y no relacionado con su situación particular, se
refieren al gobierno y expresan desesperanza porque lo relacionan con la historia de desatención que ya han vivido.
En una misma persona se encuentran dos relatos, uno de orden
más autobiográfico en el que se afirma por los aprendizajes y
logros en la ciudad, y otro que responde por un “nosotros desplazados”, en una situación de olvido, donde es cuestionado el
Estado por su incapacidad de protección y atención, y donde el
panorama de la guerra los lleva a la incertidumbre por la posibilidad inclusive de un redesplazamiento forzado.
139
Futuro: Entre pérdidas y ganancias
Otra gran preocupación, sobre todo expresada por los hombres,
está ligada al desempleo, de ahí la afirmación de que “el desplazamiento se sabe qué es sin empleo”. El empleo es concebido
como condición necesaria para alcanzar los sueños pero también
para satisfacer las necesidades básicas. La vivienda es una necesidad que al ser satisfecha asegura la supervivencia como seres
biológicos y simultáneamente asegura unas necesidades derivadas
como la autonomía, la unidad familiar y la dignidad, pero esto
será posible si se accede a un empleo “si uno tuviera un empleíto, pues a lo menos compone la casita, le pone los servicitos”.
Algunos hombres se han referido también al empleo y a partir de
éste a la posibilidad de dar continuidad a su rol de proveedores y
responder así a la expectativa social depositada en ellos.
La inestabilidad laboral es también la inestabilidad vivencial y
emocional. Esto que es cierto para cualquier persona es presentado por las personas en situación de desplazamiento como
un asunto que permite o limita enfrentarse a la ciudad. Para las
personas campesinas que han vivido ligadas a la tierra y sus
saberes se circunscriben a dicha relación, que adicionalmente
son analfabetas y adultas, con dificultades de salud y hombres,
es casi imposible encontrar alternativas de empleo. La falta de
empleo en la ciudad para los hombres repercute en su identidad
de género.
La seguridad, en un sentido amplio, incluye la alimentación,
vivienda, vestido, seguridad individual y colectiva. Esto lleva
a plantearse una mirada sobre la situación de la población desplazada como problema de derechos humanos y de desarrollo,
140
Miedo y desplazamiento
pero también de una dimensión subjetiva que permita entender
los cambios, potencialidades y limitaciones del ser y del hacer
de las personas desplazadas en el proceso de reconstrucción de
sus proyectos de vida2.
Lo contrario de la seguridad es el miedo y desde aquí puede
suponerse la simultaneidad de miedos ante la carencia de los mínimos vitales, no obstante y con la incertidumbre que representa
la sobrevivencia económica, las personas muestran alguna forma
de continuidad basada en la solidaridad de la familia, en la caridad, en el rebusque, lo que contrasta con la impotencia frente a la
guerra; “yo vivía bien, pero esa gente armada me derrotó”, “Los
que no amamos la guerra, nos desplazamos dejándolo todo”.
En todos los casos las personas dicen que no han ganado tranquilidad total, perciben amenazada su estabilidad en el territorio, sienten el peligro de ser desplazados nuevamente por la
guerra o de ser desalojados; en uno y en otro caso persiste de
alguna forma la posibilidad de una reedición de la huida. A pesar de que avancen en los proyectos de vida respectivos.
Mirado desde la experiencia individual y familiar se confía en la
capacidad de salir adelante y en los nexos construidos para continuar creciendo, pero cuando se levanta la mirada y el balance
involucra la situación del país y allí las perspectivas para las
2.
Donny Meertens señala, retomando a Amartya Sen, la importancia de la doble dimensión
de agencia, cómo hacer y cómo ser. Una experiencia a propósito en Medellín muestra cómo
los fabricantes de colchones en Mano de Dios, a pesar de no significarles esta empresa ingresos importantes, nunca dejaron de confeccionarlos, por la posibilidad de interacción
social y autorreconocimiento que encontraban en dicha acción.
141
Futuro: Entre pérdidas y ganancias
personas en situación de desplazamiento, el lenguaje se vuelve
duro y no hay dudas en señalar el panorama como “horrible”.
La situación en este país está muy dura, no es por lo que
haya interiormente, sino que es por los gobiernos, porque
donde aquí existiera la igualdad, ahí sí llegaríamos a una
democracia más justa; pero aquí la democracia es para
los de corbata, los de cuello blanco; aquí la democracia
sólo existe en el congreso y en la presidencia de la república, de ahí para abajo son puras injusticias; yo digo
que el país en ese sentido se ve horrible. (Entrevista a
Lucho. Corporación Región, 2003).
El desplazamiento y la pobreza se anudan y parece perpetuarse
en una transitoriedad bajo la cual un proyecto de vida es difícilmente alcanzable; no hay meta clara, no puede planearse, no se
cuenta con medios previstos para lograr lo que sigue siendo un
deseo, retornar a su tierra o quedarse en condiciones dignas. El
futuro está atrapado en el presente de incertidumbre y en ocasiones de desesperación. Es este caso en el que el desplazado no
tiene asidero y tampoco futuro. El miedo y la pobreza ponen en
entredicho el porvenir mientras se vive un presente de tránsito,
que ya ha dejado huellas de agotamiento y cansancio en una
parte de la población.
142
Taller de memoria. Colcha de retazos. Representación de los hitos más significativos en sus vidas.
CAPÍTULO V
LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL
DEL DESPLAZADO:
UN JUEGO DE PERCEPCIONES
DESDE LA SOCIEDAD RECEPTORA
El presente capítulo tiene dos centros de interés. El desplazado
como ser del umbral, provocador de inquietud y de redefiniciones con respecto al “nosotros” y al “otro”, y las percepciones
socialmente construidas en torno a la figura social del desplazado. En el segundo caso el desplazado permite saber de la construcción de la alteridad entendida como una realidad relativa
y no sustantiva, como el efecto de la relación social entre dos
heterogeneidades y no como una cualidad de determinados sujetos, tal como lo ha señalado Enrique Santamaría (2000:7).
El desplazamiento interesa aquí como potencialidad reveladora
que permite leer a la sociedad en su conjunto respecto a la construcción que hace de la alteridad, a sus miedos y a las posibilidades de inclusión social o no de “lo otro”. En particular serán
leídas las imágenes, representaciones o estereotipos a través de
las cuales se vuelve aprehensible lo “otro”, en tanto revelación
de lo desconocido.
145
La construcción social del desplazado
La aproximación a estas representaciones toma en cuenta la incidencia que tienen en su construcción, mediaciones como los
estratos socioeconómicos, los medios de comunicación, la distancia física y el lugar desde el cual se explican el mundo y los
fenómenos sociales.
En virtud de la importancia de dichas mediaciones, recurrimos
al análisis de una encuesta1 que indagó entre diferentes estratos
socioeconómicos sobre las percepciones acerca del “desplazado” en Medellín, al desarrollo de grupos de discusión con
población también diferenciada por estratos socioeconómicos
y formación académica, y a la realización de entrevistas a profundidad con líderes comunitarios e instituciones del entorno
inmediato a los asentamientos de desplazados en la zona centroriental de Medellín.
5.1 El desplazado, una figura social para “pensarnos”
El desplazado como figura del umbral, de la liminalidad, tiene
una función cognitiva en tanto es buena para pensar el orden y
el desorden sociales. Su eficacia para provocar el pensamiento
sobre la propia sociedad reside en que son figuras que al mismo
tiempo están dentro y fuera del sistema social; siempre están
allí para evocar el carácter de vulnerabilidad, los equívocos, la
posibilidad latente de ser nada.
1.
Encuesta realizada en el marco de la investigación Mitologías urbanas. La construcción
social del miedo, en el año 2002. A través de este instrumento se exploran las percepciones
que los habitantes de los seis estratos socioeconómicos de Medellín tenían sobre 21 figuras
sociales relacionadas con el miedo, ya sea en su función amenazante o protectora. Una de
las figuras por las que se indagó fue por la del desplazado.
146
Miedo y desplazamiento
La figura del desplazado pone de presente que la ciudad no
culmina su proceso de integración, el cual se creyó alcanzado
con los migrantes que llegaron en los años 80, que el mito del
“progreso” no se consolida y que por el contrario persisten unas
condiciones de vida material en la ciudad que se creían propias
de la premodernidad.
El desplazado provoca cierta recordación sobre esa oposición
que se ha establecido entre el “montañero” y el “citadino”. Su
presencia hace pensar que el sueño de la ciudad como “la tacita
de plata”2 no acaba por realizarse e igualmente hace pensar y
sentir que la guerra no está afuera y que con ellos penetra al
corazón de la ciudad.
Con respecto a la imagen socialmente construida del desplazado
no hay consenso, más bien se presenta la coexistencia de construcciones duras y consolidadas a través de tiempo, procesos
reflexivos y autocríticos motivados por su presencia e impactos
diferenciales de acuerdo a los anclajes sociales y electivos de la
población receptora.
Se le percibe como una víctima o desterrado, víctima de la injusticia social o como un problema. ¿Para quiénes es una víctima
o es un problema? ¿Para quiénes es parte de un nosotros y para
quiénes y en qué circunstancias es un “otro”?3.
2.
3.
Hace referencia a uno de los imaginarios sociales mas perdurables en Medellín, que asocia
a la ciudad con la limpieza.
Según la encuesta aplicada en noviembre del 2002, el desplazado es calificado como bueno
por el 66%; indiferente por el 20%; y malo por el 12.5%. Los atributos fueron los de desterrado, 49.5%; y víctima 48%. Lo importante es que en la encuesta no aparece como una
figura problema, tal como si se encontrará en otros datos obtenidos a través de instrumentos
de indagación.
147
La construcción social del desplazado
5.2 “El nosotros” y “los otros”
Desde una perspectiva relacional interesa leer ese juego por el
cual decir del otro es, sobre todo, decir de sí mismos. Al construir
al “otro” desplazado se construye a veces un nosotros inclusivo
y a veces un nosotros exclusivo, pero en todo caso, a partir de su
presencia se resignifica el nosotros.
En esta dinámica relacional cobra sentido la diferencia entre el
“nosotros personas en situación de pobreza” o el “nosotros pertenecientes a estratos altos de la ciudad” de cara a la población
en situación de desplazamiento forzado.
Los pobres de la ciudad se autodefinen como iguales y como
diferentes al desplazado.
Somos pobres, el desplazado cuando viene pasa a ser
un pobre igual a otro, a los que estamos aquí, en ese
sentido, pero en otro sentido son como las caras opuestas de una moneda, el desplazado viene a formar parte
del que ya está aquí, pero a la misma vez no tiene las
mismas oportunidades que nosotros ya cogimos aquí,
ellos vienen a formar parte de la sociedad que ya tenemos
en la ciudad, entonces mire que son dos cosas. (Grupo
de discusión con personas estratos 1 y 2. Corporación
Región, 2003).
Una metáfora vegetal dice de la diferencia que favorece a los
pobres que “ya cogieron raíces”, lo cual habla del tiempo de
permanencia y del futuro en la ciudad. Los desplazados recientes apenas vienen a “plantarse” y es allí donde se localiza una
diferencia fundamental. Desde los estratos bajos se define a los
148
Miedo y desplazamiento
desplazados como pobres con desventajas, porque aún no se han
hecho a un lugar en la ciudad.
La identificación está dada por la condición de pobreza y se
asimila desplazado a desventaja y a precariedad. Así se dice que
“desplazados somos todos”, construcción inclusiva que se sustenta en el empeoramiento de las condiciones de vida y particularmente en la pérdida.
Desplazados somos todos, porque si aún no tiene trabajo
y no ha pagado, a los tres meses van y le cortan los servicios y si uno de pronto se pega de un cable le ponen
fraudes y lo ponen a uno allá, le tienen ahí su deuda para
cuando usted quiera volver a poner sus servicios al día.
(Hombre estrato 2, grupo de discusión. Corporación
Región, 2003).
Con los desplazados llega la conciencia de que las cosas andan
mal para todos, así se dice “estamos muy mal, los que estamos
en la ciudad y los que vienen, andamos mal todos”.
Desde la pobreza, al definir una diferencia con los desplazados
se dice que ésta no es significativa, consiste simplemente en
“tener un techo y tener por lo menos un miembro de la familia
que trabaje, aunque sea esporádicamente”. La otra distinción
está dada por el desigual conocimiento que se tiene de la ciudad, pues conocerla les representa mayores oportunidades. Una
leve diferencia se hace desde la desigualdad y la otra desde una
diferenciación cultural que se vuelve significativa entre “un nosotros aquí” y un “ellos venidos del campo”. Se enfatiza en que
el desplazado es un campesino, se dedica a cultivar la tierra y
149
La construcción social del desplazado
no es funcional en la ciudad, además de percibirse como un
“contrapeso” porque amenaza la posibilidad de empleo. Son las
personas en situación de pobreza quienes encuentran en los desplazados la competencia, justamente porque son iguales, respecto a sus niveles de escolaridad y su lugar en el orden social
y económico.
Desde los estratos socioeconómicos 4 y 5, es decir desde una posición de bienestar económico y formación académica con respecto a los desplazados, se hace un reconocimiento inmediato
de la diferencia y se reafirma un “nosotros que lo tenemos todo”,
que “nos es difícil ponernos en su lugar”, “somos ignorantes de
su situación”. Interpelados por lo que ha significado la presencia
del desplazado en la ciudad afirman que “no estábamos preparados para dicha situación”.
Sin embargo, se teje una construcción inclusiva, si bien no en el
sentido de “un nosotros desplazados”, sí en el sentido de llegar a
admitir el pensarse en una posición similar, ante la eventualidad
de verse obligados a emigrar a otro país donde les dirán “pobrecitos colombianos”4 pero también en sentido amplio, ante la
incertidumbre actual que no les asegura como profesionales una
continuidad de bienestar y estatus.
En el conjunto de las construcciones sociales sobre la población
desplazada y la definición de un “nosotros”, tienen incidencia
los referentes de lugar, de tiempo y de construcciones previas.
Así entonces desde la proximidad física y la lejanía cognitiva,
4.
Muchas personas han salido del país presionadas por el desempleo y la inseguridad y desde
ahí se asume que potencialmente podría llevarse ese rol de extranjería.
150
Miedo y desplazamiento
se construye un nosotros primeros habitantes y un otros recién
llegados, pobres, habitantes del asentamiento, percibido éste
como universo de caos y foco de contaminación.
La homogeneidad inicial de un “nosotros que lo tenemos todo a
diferencia de los desplazados”, se disuelve cuando las personas
de estratos 4 y 5 se dividen por las diferentes percepciones que
comportan respecto al desplazado; para unos el desplazado es
un problema y para otros es una víctima de la injusticia social.
Un detonante de diversas posturas es la respuesta a la pregunta por
la conveniencia del retorno o la permanencia de los desplazados
en la ciudad. Aparecen entonces las posiciones que reconocen el
derecho del desplazado a la ciudad, la posibilidad de que permanezca en la ciudad tras un aprendizaje de las normas y asimilación
a los patrones culturales dominantes, y la idea de un retorno en
tanto se le considera incompetente cultural, un problema social
o un peligro que amenaza el orden establecido.
5.3 Víctima o desterrado
Un acercamiento a la problemática del desplazado centra la mirada en la sociedad y allí localiza al desplazado como una víctima, en este caso el desplazado no es percibido como el generador de problemas a la sociedad, por el contrario, es la sociedad o
determinados actores los que generan un problema social como
el desplazamiento forzado.
Son portadoras de esta postura personas informadas, con formación académica y, sobre todo, partícipes de una matriz cultural
151
La construcción social del desplazado
que explica los problemas sociales desde la iniquidad y las relaciones de discriminación.
Apelan a una explicación situada históricamente y por múltiples causas: Se atribuye el desplazamiento forzado a los megaproyectos, la disputa por las tierras, el conflicto armado, la
pobreza; pero señalando que hoy además está ligado al modelo
neoliberal, bajo el cual el Estado no tiene como prioridad las
necesidades de la población. Así dice un asistente al grupo de
discusión con personas de estrato 4: “Eso de las partidas para
los desplazados, eso es si de pronto sobra plata, en las políticas
del Estado los desplazados no existen”.
Al confrontar el estigma que pesa sobre el desplazado, agregan:
Aquí es un problema ser desplazado, en Colombia es ser confundido con el sicario, con el matón, con el perezoso, el bandido
(Hombre, estrato 4, grupo de discusión. Corporación Región,
2003).
La encuesta realizada en Medellín arrojó que para las personas
que perciben al desplazado como bueno, existe una asociación
recurrente con la pérdida de “lo poco que tenía”, “pérdida de la
esperanza”, “pérdida de la tierra”, “sin tierra, sin corazón, sin
historia”, dice una mujer. Es reconocido en una situación de
desazón por el suspenso en tanto no hay nada de qué agarrarse.
A propósito dice Manuel Delgado (999:114) que:
“Su naturaleza es como la del forastero, la de lo que
estando aquí no pertenece aquí, sino a algún allí. Están
entre nosotros físicamente, es cierto, pero en realidad
se les percibe como permaneciendo de algún modo en
152
Miedo y desplazamiento
otro sitio. O mejor se diría que no están de hecho en
ningún lugar concreto, sino como atrapados en el puro
trayecto”.
Ese estado de “no lugar”, cuando se hace referencia a la víctima,
se asume que es forzado y así lo señalan algunos encuestados:
“Le tocó volarse para que no lo mataran”, “tuvo que dejar su
tierra para salvar la vida”. El presente del desplazado entonces
se percibe como el resultado de una situación límite planteada
en términos de tierra o vida, de ahí la representación del desplazado ante todo como el desterrado.
Entre quienes se representan al desplazado como víctima se nombra la situación que genera el desplazamiento: conflicto, guerra,
violencia. Así se dice: “una víctima del conflicto”, “les toca estar
por ahí por la violencia”, “víctima del fuego cruzado de la guerra”. Podría decirse que la figura del desplazado es la ausencia de
asertivos, que su presencia es la de la ambigüedad y que la certeza
nombrada es la del contexto del conflicto que los expulsa.
Según la encuesta, se pueden hacer delimitaciones significativas
por estrato económico. Es mayor el calificativo que los estratos
1 y 2 adjudican al desplazado como desterrado, en tanto responde casi al doble de la misma calificación dada por los estratos
altos, donde la mayoritaria asociación se establece con el calificativo de víctima.
La denominación de víctimas, dada principalmente por los estratos altos, parece indicar una distancia respecto a la experiencia del desplazamiento forzado en sí, al resaltarse la situación de
contexto y los agentes provocadores de su condición, explicable
153
La construcción social del desplazado
por la vivencia menos cercana al drama de los desplazados en
tanto no son sus familiares o paisanos quienes llegan en medio
del despojo. Tal como ha sido corroborado por las personas de
estratos bajos, la percepción del desplazado como desterrado
obedece a una situación que ellos viven muy de cerca por tratarse de sus allegados o de sus nuevos vecinos.
La representación como desterrado parece aludir implícitamente al campesino por su relación de dependencia con respecto
a la tierra y, por lo mismo, al drama que puede representar su
pérdida. Se encuentra también al lado de la percepción como
desterrado la asociación con un sentimiento de tristeza, lo cual
afirma la cercanía de los estratos bajos con la experiencia del
desplazamiento forzado.
5.4 El desplazado problema
Otra mirada pone en el centro de la reflexión al desplazado como
un “intruso”, alguien que no ha sido invitado y que no obstante
llega de forma masiva y con bastante frecuencia. En este caso
se enfatiza en las cifras amplificando la magnitud de su presencia para explicar la agudización de la pobreza, el desempleo, el
déficit de vivienda, la precariedad de los servicios básicos de
amplios sectores de la sociedad receptora.
Centrada la mirada en la población en situación de desplazamiento
como problema tanto por “lo que trae” al proceder del caos, como
por lo que agudiza, deja implícito que “el problema son ellos”
mientras que nosotros, sociedad receptora estábamos bien, o por
lo menos habíamos logrado el equilibrio hasta su llegada.
154
Miedo y desplazamiento
También se le percibe como problema en tanto es procedente
del campo, lo que es visto como territorio del atraso; el desplazado, se dice, viene con su cultura y su ignorancia asimilable
al “inferior civilizatorio”, quien viene a alterar las normas y el
progreso de la ciudad. Pobres que compiten por los recursos
escasos y en tanto su situación de pobreza se les considera proclives a la delincuencia, al vicio, a la prostitución.
Un conjunto de representaciones van construyendo el miedo al
extraño, en tanto se depositan en él las amenazas con las cuales
se identifican los males que vive la sociedad.
La percepción como problema está puesta en relación con la
construcción de unos estereotipos. La percepción del desplazado como “el vivo”, “el mentiroso”, “el parásito”, lo segrega por
deshonesto. Con los calificativos de “vago” y “perezoso” se le
margina por la pereza. El “negro” es equivalente a la segregación
racial. El “ignorante” o “manipulable” alude a la segregación
por la incapacidad de criterio racional de ese “otro cultural”.
“La prostituta”, “el vicioso”, “el delincuente” lo discriminan por
percibirlos proclives a la promiscuidad y la desviación.
La deshonestidad: el vivo, el mentiroso, el parásito
La deshonestidad como blanco de segregación concentra el
mayor número de estereotipos alimentados por los medios de
comunicación, la experiencia cotidiana y el sentido común. El
desplazado es percibido como un sospechoso en tanto no se conocen los motivos precisos de su presencia en la ciudad, el vacío semántico es cubierto por la duda acerca de la pureza de la
155
La construcción social del desplazado
víctima. Se considera que la víctima verdadera es aquella que
“abandona sus tierras forzadamente”. Del otro lado se levanta
una tipología de víctimas que “no son reales”: “El que salió es
porque algo debía”, el que decidió libremente desplazarse buscando mejores condiciones de vida, caso en el cual se está ante
el llamado “oportunista”, y aquel que en principio puede ser una
víctima pero que una vez instalado se “amaña”, se aprovecha
de la solidaridad y se queda. Se tiende así un manto de desconfianza ante la posibilidad de que se oculten las verdaderas
intenciones.
La tipología de quienes “no son los verdaderos desplazados” es
respaldada por argumentos elaborados desde el sentido común
y la experiencia directa. Así dice una mujer habitante de un barrio popular:
No todos los desplazados son desplazados, porque yo
entiendo y me ha tocado ver en el barrio que hacen ir
a una persona, y a veces yo digo hasta con justa razón,
o matan a una persona, o sea, ahí no estuvo mal hecho,
porque todo el tiempo hubo faltas.
Una vez más el supuesto de fondo es que el desplazado proviene de una situación caótica de violencia en la cual pudo ser el
protagonista del mal, pudo convertirse en víctima porque antes
posiblemente fue un victimario. En consecuencia, se interpreta,
a priori, que se puede estar ante alguien que ha recibido el castigo merecido.
Se supone el uso de algún recurso de ocultamiento. Se alude a
las máscaras utilizadas según la ocasión y se las presenta como
156
Miedo y desplazamiento
un recurso disponible para todos pero hay alerta frente a su uso
por los desplazados porque el verdadero rostro queda oculto
ante un “nosotros” que deviene entonces, engañados. Dice un
obrero jubilado:
Si se van los desplazados hay la seguridad de que no van
a emplear sus máscaras, las máscaras que todos tenemos
de acuerdo a las circunstancias, nos acomodamos una
y otra. Pienso que será mejor si regresan a sus tierras, a
sus posesiones y nos dejan tranquilos a nosotros.
La voz de autoridad que se concede a máximas del sentido común consolidadas a través del tiempo, torna incuestionable la
sospecha de que el desplazado puede no ser un desplazado, “caras se ven pero corazones no”.
Una mujer desde su situación de pobreza se debatió entre su
disposición a la solidaridad y la desconfianza construida hacia
el desconocido y de origen incierto; por el peso concedido al
sentimiento de desconfianza, piensa ella que la mejor manera
para garantizar su “seguridad” es practicar la solidaridad calculando la ayuda.
Le he dicho a mi esposo: si nos sale un niño, una niña, llevémoslo para la casa mientras esta gente se acomoda, pero que más de una sola persona no me siento
capaz, ni tengo la posibilidad de meterlo en mi casa
y si es una familia entera sí es para pensarlo, no sólo por lo económico, sino por la carga que trae atrás.
(Empleada doméstica, participante grupo de discusión.
Corporación Región, 2003).
157
La construcción social del desplazado
Los niños, imagen de inocencia, pueden ser elegidos para ayudar
a quienes así lo necesiten restando riesgos que pueden derivar
según su percepción de “la carga que trae atrás”. En el contexto
conversacional en el cual se presenta esta afirmación, aunque
no se explícita de qué es portador el desplazado tampoco se reclama una demostración; sin más, se comparte la desconfianza
hacia quien se presume carga con el peligro, y en virtud de ello
hay que tomar distancia.
En la tipología de las “no víctimas”, un rechazo total es provocado por la sospecha de que alguien llega en busca de una mejor vida aprovechando la solidaridad que pueda ser desplegada
hacia los desplazados:
Si yo veo que este desplazado se fue y consiguió una
piececita, por allá, invadió en un barrio que se consiguió, entonces voy: Cómo le parece que vea, me vine
por desplazado fui y puse el denuncio, aquí en Medellín
son muy solidarios, tengo un televisor, vea comadre yo
como voy; entonces ya este dice: no pues yo también soy
desplazado, venga vamos y camine mijo, coja los niños
y vámonos y decimos y nos paramos en un pie de que
somos desplazados, entonces mire que hay muchas maneras. (Obrero jubilado. Corporación Región, 2003).
El supuesto, entonces, es que hay desplazados que no son desplazados; pero ello es posible porque existen los reales que vienen
tras éstos. De alguna manera se le atribuye a las víctimas la responsabilidad por la existencia de quienes engañan asumiendo su
condición. Acá el desplazado es problema por lo que genera.
158
Miedo y desplazamiento
“Víctima de la sociedad, pero puede trabajar si quiere”5 es una
afirmación representativa de la percepción según la cual “una
víctima real” puede devenir “parásito”, atributo negativo recogido también en la expresión “quien prueba, se ceba”; metáforas que disminuyen el carácter de humanidad para mutarlos
en animales, seres respecto a los cuales se recomienda evitar
la proximidad porque pueden aprovecharse y convertir a los
cercanos en sus víctimas. Se traen relatos que presentan como
fuente de verdad la experiencia y los medios de comunicación,
los cuales amplifican sospechas y condicionan respuestas ante
las personas en situación de desplazamiento forzado.
Una mujer de estrato 4 dice:
Es que uno les ayuda y se ceban, pues a mí personalmente
me pasó; por mi casa pasa un señor y siempre: vea, que
yo vengo de yo no sé dónde, que una librita, bueno, le
da uno la papa, le da uno la panela, lo que sea, pero a los
tres días la misma voz pidiendo lo mismo, que yo por
qué, o sea es que uno se crea ahí como la obligación de
tener que darles y tampoco. (Docente jubilada, estrato
4. Corporación Región, 2003).
En general, en la mujer y en el niño se representa a la población
más vulnerable, no obstante una de las afirmaciones es “ya no
nos creemos el cuento de las señoras que están con el niño en el
semáforo”. Cesa el engaño, según un joven universitario gracias
5.
Esta expresión aparece en la encuesta que pide una frase para describir la figura social del
desplazado y corresponde a una secretaria de 39 años.
159
La construcción social del desplazado
a un programa de televisión que reveló un caso en el que esta
escena no respondía a la necesidad que intentaba mostrar.
Se le concede voz de autoridad a los medios de comunicación.
En el grupo de discusión con personas de estratos altos y medios e informadas se puede comprobar que la primera alusión
a las noticias de televisión atrajo una serie siempre referidas
a presentaciones donde el desplazado es el insumiso, el vivo
y el oportunista. Se citaron las noticias sobre los incendios de
los asentamientos Mano de Dios y Vallejuelos6 de la ciudad de
Medellín en los cuales se dijo que los incendios fueron intencionales para lograr los beneficios derivados de la catástrofe.
Los desplazados, como los marginados, se vuelven visibles solamente a través de los medios de comunicación, a partir de la
tragedia o la peligrosidad. Con las anteriores alusiones se está
ante un conjunto de representaciones que construyen el miedo al
desplazado y suscitan un sentimiento de desconfianza desde donde
se agregan atributos negativos y se restringe la solidaridad.
En el proceso de construcción social de la alteridad y en este
caso del desplazado, los medios de comunicación juegan un papel importante: operan como actores de peso completo en la
gestión de las creencias y de la política, no sólo al instaurar
un régimen de verosimilitud, sino al operar como verdaderos
6.
Una atmósfera de tragedia y sospecha circuló por los medios de comunicación, así puede
leerse en la prensa escrita local: “Vallejuelos, Moravia, La Mano de Dios en Medellín son
dolorosos ejemplos de cómo incendios, unos provocados por confrontaciones entre grupos
armados, como el Esfuerzo, y los demás por circunstancias fortuitas, dejaron en la pobreza
a la miseria”. El Colombiano, Medellín, marzo 9 del 2003. Pág. 6A.
160
Miedo y desplazamiento
dispositivos de representación social para los ciudadanos. (Reguillo, s.f.:2). Los medios de comunicación se alimentan del
acontecer a la vez que proponen claves de lectura de la realidad
que afianzan o debilitan los significados socialmente construidos en la interacción cara a cara y en la experiencia directa en el
marco de adscripciones identitarias. Si la verosimilitud estaba
dada por el testigo, es decir, alguien presente en el lugar de los
hechos que a partir de allí da cuenta de un evento, hoy se le ha
dado el mismo poder a quien estuvo ante la pantalla: “yo vi en
la televisión”.
Vago y perezoso. “El otro cultural”
Muy próximo al “vivo”, al oportunista, al parásito, está el vago;
de ahí la alusión al “perezoso que vive de las moneditas del
semáforo”. Esta calificación se hace extensiva al desplazado
percibido como mendigo. Se sospecha que la mendicidad no
corresponde a una necesidad obligada.
En el caso particular de los desplazados, constituye un matiz la
percepción de los vecinos de los asentamientos respecto a los
recorridos. Los vecinos interpretan que la presencia mayoritaria
de las mujeres que marchan en el recorrido y la ausencia casi total de los hombres se debe a su holgazanería. “Muchos hombres
de estos asentamientos son todas las semanas sentados en sus
casas y las esposas con sus niños por ahí pidiendo”.
Se construye un “nosotros aquí” y un “ellos allá asentamiento”,
universo diferente y de prácticas problemáticas. Se parte de un
nosotros homogéneo donde la mujeres de los barrios vecinos
161
La construcción social del desplazado
no recurren a la mendicidad, asunto que no se corresponde con
la real composición de los recorridos en los cuales sí participan
mujeres pobres no desplazadas. El efecto de esta percepción
es igualmente la restricción de la solidaridad bajo el supuesto de no colaborar con la holgazanería atribuida a los hombres
desplazados. Estos, por su parte, conocedores de ese prejuicio
y de la sanción social correspondiente con dichos parámetros,
deciden no asistir para que participen del recorrido principalmente las mujeres y los niños, imágenes que sí conmueven a la
solidaridad.
Una lectura desde el entorno informa sobre el impacto que tuvo
en la población de vecinos la invasión que dio lugar al asentamiento Mano de Dios7, no sólo por tratarse de una presencia
masiva sobre el territorio sino por la llegada de “los negros”,
de “otra cultura” que se percibe como diferente e indeseable al
asociarla con la bulla y el caos. Si en general los asentamientos
son percibidos como mundos “no civilizados”, Mano de Dios lo
es en sentido superlativo para la zona centroriental y el aspecto
racial ingresa como componente adicional de la segregación.
Una funcionaria de una organización no gubernamental, ubicada en la zona centroriental, describe a los habitantes del asentamiento Mano de Dios como “pesimistas, inconformes, vagos,
7.
El asentamiento Mano de Dios está muy presente en los habitantes de Medellín al ser noticia en varias ocasiones por los incendios, el más reciente en marzo del 2003. Es presentado
como uno de los asentamientos más grandes y pobres de la ciudad, ejemplo de invasión
masiva: “Se fundó hace 5 años, no dejó de crecer y nadie sabe cuántos son”. “650 viviendas
destruidas y un estimativo de 3.500 afectados, de ellos 1.800 niños”. El Colombiano, marzo
7 del 2003. Pág. 10A.
162
Miedo y desplazamiento
creen que hay obligación de ayudarlos, esperan a que todo se los
den, negros, perezosos”.
Hay aquí una verdadera constelación de atributos negativos adjudicados al asentamiento o barrio de desplazados que, como
señala Enrique Santamaría, son percibidos como “reservas salvajes”. Interesa aquí la asociación negros-perezosos en tanto actualización de la oposición consolidada históricamente: paisas:
blancos, trabajadores, opuestos a costeños y chocoanos: negros,
perezosos, festivos.
La biografía compartida con otros, con los íntimos, permite
nombrar a cada uno por su particularidad. La ausencia de conocimiento, por el contrario, no renuncia a nombrar al otro, pero
lo hace desde lo visible y aparente, nombra y generaliza a partir
de la superficie, de lo que informa su fenotipo o de sus características “típicas” en el sentido de estigmas. “Negros” por ejemplo, obedece a un encuentro limitado a la proximidad física que
ignora su procedencia y particularidad sociocultural.
Como se ha señalado antes, desde una supuesta correspondencia
racial entre negro y perezoso se construye un nosotros que encuentra en aquellos un problema. Los vecinos encuentran al otro
“racial y cultural” en el asentamiento conformado, en parte, por
personas procedentes de Urabá8, subregión del departamento de
Antioquia asociada principalmente con la población negra.
8.
Es de notar que esta mirada del otro cultural también alude a los emergentes, que como los
desplazados, llegan de afuera y se instalan en el territorio con intención de quedarse y se
caracterizan por prácticas culturales como el sancocho en la calle y las reuniones festivas,
que son vistas como demostración de incultura.
163
La construcción social del desplazado
La promiscuidad:
Prostitutas, viciosos, delincuentes
Los atributos negativos que corresponden a la promiscuidad informan de las implicaciones de la proximidad física y la distancia cognitiva en la construcción del imaginario respecto a los
extraños. No pueden temer a la contaminación y al contagio
sino aquellos que se encuentran cercanos a lo que suponen es
el foco.
Las posibilidades de contacto exacerban unos miedos que no
han sido nombrados por quienes se relacionan con la población
en situación de desplazamiento forzado a través de los medios
de comunicación o por encuentros esporádicos en la calle, la
esquina, la terminal de transporte.
Lo anterior es observable en las entrevistas con pobladores, funcionarios y miembros de instituciones y organizaciones comunitarias presentes en la zona centroriental.
El miedo a ser contagiado es nombrado en la cadena que vincula pobreza, prostitución y enfermedad, pero que no se separa
de la asociación pobreza-delincuencia. Para una universitaria
de 41 años, con los desplazados “aumenta la pobreza y la delincuencia”. Un líder comunitario al analizar la pobreza y las
precarias condiciones que le impiden a los desplazados de los
asentamientos adecuados hábitos de higiene y comodidad, define al desplazado como “lo más cercano a ser delincuente”.
Al caracterizar la situación de los asentamientos dice: “Hay
problemas de acueducto, desempleo y pobreza, las personas allá
164
Miedo y desplazamiento
realizan trabajos informales de “rebusque” y las jóvenes allí se
prostituyen más fácil”.
Se admite entonces que la prostitución está ampliamente extendida pero se presenta más agravada en el asentamiento. Un líder
comunitario de un barrio vecino se refiere al riesgo de transmisión de enfermedades de la población desplazada a la población
preexistente en el sector. Según él aumenta la pobreza y al aumentar la pobreza crece la prostitución y llegan más enfermedades al barrio.
Persiste en la manera de establecer la relación con los asentamientos un énfasis en la distancia, al reconocerse en la misma
problemática pero con la idea de que allí es más grave. También
hay otra forma de manifestar la distancia al ponerla en relación
con una lejanía espacial. Un líder barrial dice: “Aquí en Los
Mangos, directamente, si miramos el radio de acción nosotros
casi no sufrimos del problema del desplazamiento, a nosotros
nos toca darle es a los vecinos del 13 de Noviembre”, de los
cuales afirma que no son desplazados si no “invasores”.
Es manifiesta una preocupación por delimitar claramente hasta
dónde y a quiénes incluyen en sus responsabilidades; aunque
los asentamientos se encuentren a la vista, no tienen que “darles”, “atenderlos”, “no los sufre”, es decir, no son su problema.
Lo anterior es equivalente al esfuerzo por demostrar que el asentamiento no le pertenece a su jurisdicción o simplemente a no
actuar respondiendo a necesidades procedentes de la población
en situación de desplazamiento ubicada allí. Se puede leer en un
165
La construcción social del desplazado
texto de historia local que el asentamiento El Pacífico, ubicado
en los límites con el barrio 13 de Noviembre y Llanaditas, “es
de conflicto fronterizo entre los dos barrios, porque sus necesidades no son atendidas por ninguna de las Juntas de Acción
Comunal que hacen presencia en estos” 9.
La cercanía física y la distancia cognitiva generan inquietud y
producen un impacto diferencial, trátese de representantes institucionales o comunitarios que tienen funciones administrativas
sobre territorios o recursos o trátese de pobladores en general;
todos a su vez están mediados por el contexto y las condiciones
preexistentes en el territorio. Dichas condiciones prefiguran, en
cierta forma, el imaginario alrededor de la figura social del desplazado.
Desde la proximidad espacial se construyen percepciones que
llevan a caracterizar a los desplazados, visibles en el asentamiento,
como vecinos no deseables. Se focaliza en el asentamiento un
riesgo de contaminación y se agrega a su problemática presencia la percepción de que constituyen una competencia por los
recursos escasos, afectando entonces a la población previamente
establecida. Desde allí se construye, con elementos adicionales,
la figura de la alteridad radical; en este caso al desplazado, como
un intruso, es decir, alguien que no ha sido invitado y que con su
9.
La Personería de Medellín y la Secretaría de Educación Municipal realizaron durante los
años 2001-2002 un diplomado en historia local, comunicación interbarrial y proyectos comunicacionales, al cual asistieron personas de los barrios de las zonas centroriental y nororiental de Medellín. Resultado de este proceso queda una fuente de información utilizada
como apoyo en esta investigación.
166
Miedo y desplazamiento
presencia trae un problema social adicional, se le percibe como
un exceso, de ahí la referencia al desplazado como “la plaga
moderna”, metáfora que lo asimila a depredador.
Un obstáculo para el desarrollo
En la zona centroriental, antes de la conformación de los asentamientos de desplazados, se había presentado un proceso de
invasiones, loteos y autogestión, por los cuales los pobladores
dieron su propio rostro a un territorio en principio desprovisto
de las condiciones de habitabilidad.
Cuando se establecen las personas que darán lugar al asentamiento Mano de Dios, los habitantes de algunos sectores vecinos, como el barrio 13 de Noviempre, habían ya logrado un nivel
de mejoramiento barrial y de sus viviendas tal que se ocupaban
principalmente de un proyecto ecológico y cultural denominado
“El sueño de las escalinatas”.
La llegada masiva de los desplazados, a los ojos de estos pobladores, antes invasores y que ahora vuelven a ver los ranchos,
los caminos intransitables de barro amarillo en invierno, la precariedad de los servicios básicos, dice una pobladora del sector, les actualiza un pasado que ya consideraban superado y les
reactiva el miedo a la pobreza.
Sin embargo, si se revisa la manera como se ha intentado resolver
desde décadas atrás algunos problemas, como el del acueducto,
es evidente que el problema no llega con los desplazados. Un
ejemplo de ello es lo que acontece en el barrio Isaac Gaviria.
167
La construcción social del desplazado
En la historia de este barrio se puede leer que desde su fundación, en 1985, se conformó la Corporación de Acueducto con
el fin de administrar la planta de tratamiento, el mantenimiento
y los desarenadores. Para el año 2002 llevaba el agua a 530
viviendas del barrio 13 de Noviembre, pero según un líder comunitario “ya no alcanza a prestar el servicio a los nuevos asentamientos, pues su capacidad de cobertura de usuarios está casi
en sus límites” (Castaño, citado en Historias del barrio Isaac
Gaviria-13 de Noviembre, 2002:19). Aunque el problema no se
origina en la presencia de los desplazados, a priori se interpreta
que ellos, en tanto recién llegados y no pertenecientes a “nosotros”, son los causantes de los males.
La llegada de los nuevos pobladores produce un impacto previsible, en tanto genera conciencia sobre los límites y sobreviene la pregunta respecto a quién define, como dice Castillejo, el
mapeado sobre el lugar. Esta definición corresponde a quienes
han permanecido allí, pero sobre todo, a quienes han asumido
el liderazgo, por su labor como gestores y administradores de
recursos para la comunidad.
Así dice un dirigente comunitario del sector, refiriéndose a la
posible llegada de más familias desplazadas: “Aquí en Llanaditas se tomó la decisión de que si construían una casa más, no
sabíamos quién le iba a colocar el agua”. Ante la preocupación
de los líderes locales por la instalación de más personas en los
asentamientos, han decidido establecer controles.
Siempre ha llegado gente desplazada y nos damos cuenta
porque vienen a pedir que les conectemos el agua de la
168
Miedo y desplazamiento
vereda o porque sentimos que el agua empieza a verse más poquita, pero en las partes de invasión hay un
control de nuestra parte y del gobierno, debido a que
son terrenos de alto riesgo y no necesitamos más gente,
además, el agua es muy escasa y para el gobierno el
Pan de Azúcar va a ser un parque ecológico, entonces
no hay terreno para más ranchitos. (Gómez, citado en
Mesa, 2002:46).
En este caso, de forma literal, aparece lo que Castillejo ha denominado la administración de la alteridad. Se trata aquí de evitar que lleguen, si llegan no dejarlos asentar y respecto a los
que finalmente se han asentado, condicionarles la ayuda y el
mejoramiento para evitar convertirse en atractivo de la llegada
de otros. Aquí es muy importante saber de los acontecimientos
previos a la llegada de los desplazados, pues en parte esto prefigura el imaginario que allí se construye y las posibilidades de la
inclusión de los nuevos vecinos.
La tirantez entre los recientes y los antiguos genera una serie de
afirmaciones que llevan a concluir que “invasores” y desplazados
son vecinos indeseables. Un líder comunitario señala que un impacto de la invasión que dio lugar al barrio 13 de Noviembre sobre
el barrio Los Mangos fue el deterioro de su imagen. Planteando la
oposición entre un barrio anterior, habitado por conocidos donde
predomina la calma, y una invasión y como tal personas pobres
proclives a la violencia, cualquier evento violento producido allí
se volvía noticia, con la desventaja, según él, de que los medios
de comunicación no distinguen las fronteras, dejando la idea que
el desorden puede ser en el barrio vecino.
169
La construcción social del desplazado
Si bien se observa una tendencia general hacia la separación
respecto al extraño tratando de negar su proximidad, no se puede
afirmar que esta respuesta es de los vecinos en general. Lo que
se ha indagado revela reiteradas conductas de interacción que
tienden a evadir o a evitar el compromiso y la responsabilidad
por parte de quienes administran un recurso escaso, como el
agua en este caso.
Falta de juicio, ignorante, manipulable
El a priori según el cual el desplazado es ignorante, falto de juicio
y manipulable tiene unas implicaciones diferentes si se trata de
la experiencia conjunta en espacios de participación, deliberación y decisión. Al observar la percepción que se tiene de las
personas en situación de desplazamiento a partir de su proceso
de participación a nivel barrial, se encuentra que las diferentes
posiciones y la inclinación hacia unas decisiones, en desacuerdo
con otras, no se interpretan como diversidad de criterios sino
como el resultado de la manipulación de otros que se aprovechan
de su ignorancia.
La manipulación se entiende como una práctica común en las
redes clientelares de la política tradicional en el campo y se reedita
en la ciudad a escala barrial. Para quienes no se expresan desde
la proximidad física se tiene la imagen del campesino ignorante
manipulado por el político corrupto o por el actor armado. En el
grupo de discusión con participantes de estratos altos se dice:
Culturalmente siempre se han aprovechado de ellos,
en los pueblos los meten en un camión, en una volqueta del municipio, les hacen un baile, les matan ma170
Miedo y desplazamiento
rrano. Se comen el sancocho y se ponen la camiseta.
(Hombre estrato 4. Grupo de discusión. Corporación
Región, 2003).
Se sospecha que detrás del desplazado siempre hay otro que lo
manipula y lo aprovecha para sus intereses: “Los campesinos
son muy humildes y tímidos, no falta quien a nombre de ellos
ejerza el protagonismo”, “ellos en medio de su ingenuidad y por
el desconocimiento que tienen de la ciudad, avalan”. Desde esta
interpretación surgen sentimientos de conmiseración y desconfianza, pues finalmente se piensa a quién son funcionales y no
en sus demandas y necesidades.
Independiente de los estratos económicos, desde la proximidad
o la distancia física, se califica al desplazado como alguien sin
criterio. Otra postura, sin embargo, determinada por la pertenencia a una matriz cultural que reconoce las expresiones diversas
de participación social, visibiliza sus formas de organización
y estrategias de sobrevivencia en la ciudad, resaltando así sus
procesos organizativos.
Bandido
Además de los miedos causados por peligros concretos, existen
“los miedos culturales” y es desde aquí que puede explicarse el
miedo al desplazado, quien es percibido por algunos como bandido. Históricamente se ha demostrado el miedo al otro como
un miedo cultural, el cual, según Jean Delumeau se presenta de
la siguiente manera:
Este miedo se muestra en el temor suscitado por la gente
desconocida o mal conocida, que llega de otra parte, no
171
La construcción social del desplazado
nos parece y, sobre todo, no vive del mismo modo, habla
otro idioma y tiene códigos distintos que no entendemos,
tiene costumbres, comportamientos, prácticas culturales
diferentes a las nuestras, se viste distinto, come distinto,
tiene otra religión, ceremonias y rituales cuya significación no la entendemos. Por todos esos motivos nos da
miedo y llega la tentación de tratarle como bicho expiatorio en caso de peligro. Si llega una desgracia colectiva,
es culpa del extranjero. (Delumeau, 2002:16).
A las personas en situación de desplazamiento, según algunos
testimonios, se las imagina como el resultado de un proceso de
socialización que los conduce al resentimiento y la venganza: “Los
hijos de los mayordomos crecieron oyendo decir a sus papás de
las ganas de matar a esos ricos, refiriéndose al patrón. Esos son
hoy los jefes guerrilleros”.
Esta construcción surge en un proceso de separación de la idea
de “campesino bobo”, por el contrario afirma que es “un vivo” y
que no hay que imaginarlo allá sólo ocupado con las gallinas.
La sospecha por el origen incierto del desplazado, quien viene de
afuera como dice Jean Delumeau, pero también porque lo único
que se sabe es que viene del conflicto, lo convierte para algunos
en fuente de peligro por la eventualidad de su compromiso con
los grupos armados ilegales. En este caso, de manera anticipada
hay un rechazo al percibirlo como una amenaza. Refiriéndose al
desplazado dice un hombre de estrato 2:
Nunca expone las razones de por qué se vino, entonces
uno no sabe, si uno supiera... yo entiendo que si usted
ayuda a la guerrilla o los paramilitares a usted lo hacen
172
Miedo y desplazamiento
ir, entonces yo creo que sería capaz de ayudar a una
persona así, pero yo no sé por qué el desplazado llegó
a la ciudad.
Entre la sospecha y la certeza se crea el campo simbólico para
imbricar guerrillero o paramilitar y desplazado, que puede recogerse en la noción de desplazado peligro y de esta manera queda
condenado a una situación liminal en tanto se le ha colocado por
sus acciones al margen de la ley. Se trata de una identidad imputada que lleva a que se le perciba como el enemigo público,
el que tras de sí trae problemas, el que trastoca desde la insurgencia el orden establecido. En este caso, entonces, se teme por
la disolución social.
Como alguien que se considera que “no es de los nuestros” bajo
ciertas circunstancias, el desplazado puede ser visto como un
agente del enemigo infiltrado y disolvente de la propia comunidad, pero también se le hace responsable de los problemas de
la misma.
5.5 Entonces ¿qué es lo que se teme?
Al final podría preguntarse entonces ¿quién es un desplazado?
Según lo visto hasta ahora, lo que hace a alguien un desplazado
en tanto construcción social, es un atributo aplicado desde afuera a manera de estigma, mediado por las imágenes preexistentes
disponibles para hacer aprehensible lo desconocido.
Para Enrique Santamaría, en la construcción de la extranjería
hay algo más que marcar las diferencias pertinentes entre un
173
La construcción social del desplazado
nosotros y un otros, pues allí hay una carga de pasión que reconoce la diferencia y coloca al otro en un lugar subordinado, en
las afueras de la sociedad. Dice algo de la unicidad del grupo de
pertenencia pero además lo exalta y opone al otro. Así entonces
se encuentra, a lo largo de las referencias al desplazado en todos
los estratos, la construcción de una comunidad imaginada, lugar
de afirmación y respecto a la cual se teme que sea alterada. Se
trata de la ciudad y de la condición de superioridad que ésta
da, superioridad civilizatoria respecto a los campesinos pobres,
“montañeros”, atrasados culturales.
¿Qué es lo que se teme de los desplazados? ¿Cuáles son las
amenazas que se fijan en su presencia?
Los temores que se fijan en los desplazados son los temores que
se tienen o que se actualizan ante amenazas que a partir de su
presencia son nombradas. Al desplazado se le ve como vehículo
de la guerra y con ello se revela el lugar que ocupa este temor
en la atmósfera del país y de la ciudad.
También se fija en las personas en situación de desplazamiento
el temor a la inseguridad económica, a la pérdida del empleo,
a la escasez de los servicios básicos, a desastres naturales por
deslizamientos donde se localizan los asentamientos, al retorno
de las condiciones fundadoras de precariedad y miseria, a la
pérdida de imagen, al estancamiento y a la disolución cultural
y social.
Prejuicios y estereotipos, como los asociados al campesino pobre, ignorante y al negro, percibidos como un “ellos”, que tras
174
Miedo y desplazamiento
la metáfora de la ocupación masiva podrían llegar a ocupar un
territorio considerado de privilegio, tensionan respuestas de exclusión o de asimilación. En el extremo, visto como un “otro
radical”, se controla, se impide la llegada o se espera su expulsión; en el otro extremo se reconoce su derecho a la ciudad; y en
el intermedio está la preocupación por asimilarlos como vecinos condicionados a una convivencia regida desde los patrones
preestablecidos.
Se exponen las ventajas del retorno al campo y en ello coinciden quienes perciben la presencia de los desplazados como
una competencia por los escasos recursos, con aquellos que ven
en el desplazado una identidad definitoria que se corresponde
casi de forma “natural” con el territorio; de ahí el énfasis en la
evocación de un campesino asociado a la madre tierra, con un
estilo de vida simple, sin las superfluas necesidades producto
de la invención de un mundo del consumo que tiene su reino
en la ciudad, entorno que por oposición al campo es indeseable
contaminación.
Así se pretende demostrar las desventajas de la ciudad para el
campesino, se amplifican los problemas de la ciudad y la pobreza reinante por oposición al campo, reino de la abundancia
y la generosidad. Con ello se concluye que lo mejor es que el
campesino regrese a su “natural” entorno.
En los estratos medio y alto se plantean dos opciones: que retornen y que se queden en la ciudad. En el último caso su presencia
estaría sujeta a un proceso de educación y acogimiento a los
patrones culturales de los habitantes de la ciudad, los cuales se
175
La construcción social del desplazado
consideran superiores a los de la cultura de aquel percibido como
un “inferior civilizatorio”.
Desde sectores localizados en la informalidad y que viven en
precarias condiciones, de forma casi unánime se construye
como única alternativa la conveniencia de que los desplazados
se alejen:
Yo creo que si regresan a cultivar la tierra, nos traerían
productos aquí a la ciudad, lo que ellos cultivan, comen
ellos y nos ayudan a comer a nosotros, a ellos se les
mejora la vida allá porque tienen que comer, barriga
llena, corazón contento. (Obrero jubilado, participante
grupo de discusión, Corporación Región, 2003).
Como puede verse, cuando se trata de validar su partida se ignora que en el campo se impone la guerra imposibilitando una
tranquila vocación agrícola, aunque paradójicamente, cuando se
dibujan las circunstancias de las cuales emerge el desplazado y la
sospecha de su compromiso con uno u otro bando, se reconoce
el caos producido por la guerra y los actores armados.
Si la familiaridad es proporcional al volumen de conocimiento
que se tiene del otro, la distancia cognitiva favorece la sospecha
permanente frente al extraño, en tanto no se sabe cómo reaccionará, pero también sobre dicho desconocimiento se puede fijar
la peligrosidad y percibir al vecino como presencia indeseable.
Puede localizarse en su ambigüedad el lugar del caos y temer
por la disolución de la cual puede ser su agente.
Aunque el centro de atención ha estado en el desplazado problema, es muy importante observar la función cognitiva del des176
Miedo y desplazamiento
plazado, que lleva a algunos sectores de la sociedad a cuestionar
las certezas de cada uno y también a cuestionar la sociedad que
hemos construido ante la revelación de los desfases entre el tener y no tener, entre los propios y los extraños, entre “nosotros”
y los “negros”, fronteras que se hacen murallas.
El desplazado estimula el “pensarnos”, revela el acercamiento
crítico que provoca hasta ahora en una parte de la población
que dirige su mirada a la sociedad que produce desplazamiento
forzado y también segregación y desigualdad.
Se trata de un sector de la población que mira más al ciudadano
y sus derechos que al desplazado, a priori determinado por los
sentimientos de desconfianza, miedo o conmiseración.
Ante la ausencia del Estado, es la solidaridad la que ha constituido
un recurtso vital para la supervivencia de la población desplazada,
pero la solidaridad se presenta si se sobrepasan las barreras de la
proximidad física y la distancia cognitiva o si se aleja del estigma,
es decir, cuando se disuelve una u otra barrera.
En los barrios populares por ejemplo, y en el mismo asentamiento, la solidaridad, como se mostró en las estrategias de supervivencia externa, es real porque se trata de la familia, del paisano, del otro íntimo con quien se ha compartido la biografía, a
quien se le conoce y quien ahora como desplazado también se
encuentra próximo espacialmente.
Por otro lado, los estratos altos, que no encuentran en los desplazados competencia por los recursos básicos y que los tienen lejos de su vista y de su territorio, plantean posturas más
177
La construcción social del desplazado
incluyentes que los pobres que comparten el territorio con la
población desplazada, lo cual es entendible porque precisamente están alejados espacialmente. Como dice Ulrich Beck: “La
caridad aumenta en proporción geométrica con la distancia”
(2000:136). No obstante, también se encuentra en los estratos
altos el señalamiento a las personas en situación de desplazamiento como peligrosas, como vehículos de la guerra, lo cual
hace pensar que por esta razón los perciben como una amenaza
a sus intereses y, en consecuencia, la distancia espacial ya no es
una barrera que ponga a distancia el supuesto peligro.
Más allá de los estigmas sociales, más allá de las identidades
imputadas y más allá de la solidaridad con el pariente o con
el lejano, las personas en situación de desplazamiento forzado
revelan la necesidad de trabajar por un compromiso real del Estado y la solidaridad de la sociedad toda.
178
Taller de memoria. Colcha de retazos. Representación de los hitos más significativos en sus vidas.
CAPÍTULO VI
¿CÓMO PERCIBEN LOS FUNCIONARIOS
PÚBLICOS A LAS PERSONAS
QUE HAN SIDO DESPLAZADAS?
6.1 El lugar de la pregunta: las percepciones
Del fenómeno del desplazamiento comienza a saberse en Colombia desde mediados de los años 90, asociado de manera directa con la confrontación bélica y en cierto sentido como complemento de estrategias de persecución selectiva empleadas por
los actores armados desde mediados de los 80 (Osorio:2001).
A pesar de que en 1995 se calculaba que existían alrededor de
111.754 personas desplazadas, no había hasta ese momento una
política que permitiera atender el problema como un asunto de
gobierno y mucho menos de Estado. La escasa atención que recibieron unas cuantas personas provino del Sistema de Prevención de Desastres, lo que da buena cuenta de la manera como
el problema era entendido. Sólo hasta 1995, en el marco de una
política de protección y promoción de derechos humanos, se
elaboró el primer documento gubernamental sobre el tema (Do181
¿Cómo perciben los funcionarios...
cumento Conpes 2.804:1995) en el que se reconoció claramente
el desplazamiento como una violación a los derechos humanos
y al derecho internacional humanitario y se definieron las bases
para la creación del Programa Nacional de Atención a la Población Desplazada (Correa y Gil:2002).
Fue en 1997 cuando se aprobó por primera vez una ley (Ley 387
de 1997) con la que se pretendía asumir el problema del desplazamiento como un asunto de Estado a través de la creación
y puesta en marcha de un sistema integral que abocara la prevención, la atención y la estabilización de la población que ha
vivido el desplazamiento forzado. ¿Y cuál era esta población?
Según la citada ley se trataba de:
Toda persona que se ha visto forzada a migrar dentro
del territorio nacional abandonando su localidad de residencia o actividades económicas habituales, porque su
vida, su integridad física, su seguridad o libertad personales han sido vulneradas o se encuentran directamente
amenazadas, con ocasión de cualquiera de las siguientes
situaciones: Conflicto armado interno, disturbios y tensiones interiores, violencia generalizada, violaciones
masivas de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario u otras circunstancias
emanadas de las situaciones anteriores que pueden alterar o alteran drásticamente el orden público. (Colombia,
Congreso de la República:1997).
En los años posteriores, esta definición ha sido punto de referencia
para el desarrollo de políticas y objeto de múltiples debates en
torno a la manera como debe ser interpretada en el contexto de
182
Miedo y desplazamiento
situaciones específicas1. Más que un mero ejercicio gramatical,
cada una de estas interpretaciones pone en juego cómo, en este
acto de nombrar, se construye al Otro y se le hace objeto de
determinadas representaciones y disposiciones administrativas
que, en últimas, nos hablan de la manera como en instancias de
poder se administra la alteridad (Castillejo, 2000:21).
Esta ley y sus posteriores desarrollos normativos2, que bien pueden ser entendidos como orientadores de la política pública frente
al desplazamiento, son el resultado de una evidencia: la magnitud
del problema del desplazamiento en Colombia y la necesidad
perentoria de asumirlo como un problema de Estado. En efecto,
siete años después, la mayoría de balances coinciden en señalar
como uno de los principales logros el de visibilizar el problema
del desplazamiento ya no como un desastre natural sino como
una tragedia humanitaria que compromete de manera directa
al Estado y a la sociedad en su conjunto (Acnur:2003). Aparte
de reconocer esta evidencia objetiva, estas disposiciones son el
resultado de la presión de organizaciones sociales y políticas
nacionales e internacionales, de la producción académica sobre
1.
2.
Cabe resaltar, de manera especial, el papel que ha jugado la Corte Constitucional en la interpretación no sólo de la definición del desplazado sino del conjunto de la ley en aras a
garantizar la protección de las personas en situación de desplazamiento: La sentencia SU115,
por ejemplo, hace énfasis en que el desplazamiento es producto no sólo de situaciones
fácticas sino, de manera superlativa, del miedo y el terror; y la T268/03, a propósito del
desplazamiento intraurbano, interpreta que la “localidad alude al lugar de residencia, ya sea
en la misma ciudad o fuera de ella, con lo que se reconoce una nueva modalidad de desplazamiento: el desplazamiento intraurbano. Una aproximación a esta jurisprudencia se encuentra en: Oacnudh, Acnur y Codhes:2001.
Nos referimos, para citar algunos ejemplos, al decreto 173 de 1998 que adopta el Plan Nacional de Atención a la Población Desplazada; el 2569 de 1999 que reglamenta la ley; el 951
del 2001 que regula el acceso a la vivienda; el 2007 referido al acceso a la tierra de la población rural; el 2562 que habla de la política educativa. Correa y Gil:2002; Oacnudh, Acnur,
Codhes:2001.
183
¿Cómo perciben los funcionarios...
el tema3 y de las mismas personas que han vivido el desplazamiento para que se reconozca la obligación del Estado y de la
sociedad en esta situación, tanto en la prevención del conflicto
que genera la huida como en la atención a la población que se
ha desplazado. Esta, como otras políticas, es siempre resultado
de una interacción.
Además, las políticas también están mediadas por las percepciones que diferentes sectores de la sociedad tienen sobre las personas
que han vivido el desplazamiento forzado y, de manera particular,
las que sobre ellos se construyen los servidores públicos. Tal y
como lo sugiere Lelio Mármora (2002:55), “la específica y determinada percepción que el Estado tenga de las migraciones será el
fundamento para la elaboración de esas políticas y su consecuente
plan de acción”. En otras palabras, las políticas se sustentan en la
definición de una situación problemática, en este caso el problema
del desplazamiento forzado, en la interacción y presión social,
y en las percepciones, imaginarios e interpretaciones que sobre
él se construyen. Y muchas veces estas piezas no coinciden. Por
ejemplo, algunas de las posturas sobre el impacto negativo de estos
nuevos pobladores sobre las sociedades receptoras corresponden
más a prejuicios instalados en los imaginarios colectivos como
verdades incuestionables que a análisis empíricos pormenorizados
que sustenten dicha afirmación. Es aquí donde tiene lugar lo que
el mismo autor ha llamado “distancia perceptiva”, la distancia
entre el hecho objetivo y el imaginario colectivo que sobre él se
construye (Mármora, 2002:55).
3.
Un balance de la investigación realizada en este campo puede consultarse en: Secretariado
Nacional de Pastoral Social, 2001; Ramírez, 2004; Osorio, 2001.
184
Miedo y desplazamiento
En este aparte buscamos precisamente una aproximación a estas
percepciones, no tanto en el texto de la política sino en el subtexto que se dibuja en las interpretaciones que los funcionarios
públicos relacionados con el tema del desplazamiento hacen de la
política misma, de la situación del desplazamiento y, de manera
importante, de quienes viven el desplazamiento.
A nuestro modo de ver, esta pregunta por las percepciones, imágenes y argumentos que comportan los servidores públicos sobre el desplazamiento forzado nos permite aproximarnos teórica y políticamente a una reflexión central en la perspectiva de la
inclusión social: la del reconocimiento, esto es, la manera como
incide la percepción que los otros tienen sobre un sujeto en la
mirada que él mismo construye sobre sí (su identidad) y en las
prácticas sociales y culturales frente al Otro (la inclusión o la
exclusión). En términos de Taylor, “la tesis es que nuestra identidad se moldea en parte por el reconocimiento o por la falta de
éste; a menudo, también, por el falso reconocimiento de otros, y
así, un individuo o un grupo de personas puede sufrir un verdadero daño, una auténtica deformación si la gente o la sociedad
que lo rodea le muestra, como reflejo, un cuadro limitativo, o
degradante o despreciable de sí mismo. El falso reconocimiento
o la falta de reconocimiento puede causar daño, puede ser una
forma de opresión que aprisione a alguien en un modo de ser
falso, deformado y reducido” (Taylor, 1993:44).
Hablamos del reconocimiento como un asunto dialógico en el sentido que afirmamos que la mirada del Otro se vuelve constitutiva
de la identidad, es decir, que la autopercepción que las personas
185
¿Cómo perciben los funcionarios...
desplazadas tienen está alimentada por las representaciones que
la sociedad construye sobre ellos; y también, de su dimensión
social y política en la medida que indagamos por la manera como
este reconocimiento (o falso reconocimiento como dice Taylor)
incide en orientaciones políticas.
“La no discriminación basada en la condición del desplazamiento”, por ejemplo, es uno de los Principios Rectores del Desplazamiento Interno (Naciones Unidas:1999), aquí se explicita la
condición de vulnerabilidad de esta población no sólo por el
desplazamiento mismo sino por el trato discriminatorio que recibe
de la población receptora basado en representaciones excluyentes.
También en el plano nacional, aunque de manera muy tímida, se
han hecho algunas consideraciones sobre los retos que plantean la
inclusión y la integración social en términos de la percepción que
la población receptora tenga sobre las personas que han vivido el
desplazamiento y las dificultades culturales y de reconocimiento
que estos enfrentan para su integración en la ciudad4.
Decantar las representaciones que sobre el Otro se construyen
nos permite, más que un conocimiento sobre la población que
ha vivido el desplazamiento, una aproximación a quienes las
4.
Según la Red de Solidaridad Social, la reubicación urbana y rural son dos opciones que
representan un tipo de reasentamiento alternativo al retorno. “En ambos casos, las personas
afectadas por el desplazamiento optan por establecer vínculos con comunidades y territorios
generalmente desconocidos, lo cual implica un desafío en términos de posibilidades de
aceptabilidad y de integración, tanto para quienes se restablecen como para la población
receptora. De otro lado, la reubicación urbana pasa por un proceso de redefinición de conductas sociales y de normas personales, familiares y comunitarias. Este proceso constituye
un reto para la población y debe ser considerado por la institucionalidad, con el fin de generar condiciones que faciliten la inclusión de nuevos pobladores” (Red de Solidaridad:
2001:6).
186
Miedo y desplazamiento
producen, en este caso al Estado, lugar por excelencia de administración de la alteridad (Castillejos, 2002). Obviamente,
cuando hacemos referencia al Estado, no pensamos de modo
alguno en un ente monolítico y homogéneo. Allí, como en el
conjunto de la sociedad, es posible encontrar multiplicidad de
posturas, matices, contradicciones. Por eso, el acercamiento que
hacemos a las percepciones que sobre las personas que han vivido
el desplazamiento construyen los funcionarios involucrados en
la implementación de la política pública comporta la misma característica: habla de tendencias que coexisten con otras a veces
totalmente opuestas; son sólo un punto en el péndulo de estos
juegos perceptivos. Por tanto, no agotamos todas las miradas ni
todos los matices; hacemos énfasis en aquellos que consideramos
reiterativos y con efectos más problemáticos en el diseño e implementación de una política pública sobre el desplazamiento.
Intentaremos entonces responder, desde las percepciones de los
funcionarios públicos, a dos preguntas: ¿Quiénes son los desplazados? y ¿cómo se interpretan, desde estas percepciones, las
políticas públicas?
6.2 Las imágenes: ¿Quién es el desplazado
para los funcionarios públicos?
A través de entrevistas, grupos de discusión y pronunciamientos
públicos en los medios masivos de comunicación, nos acercamos a las imágenes construidas sobre los migrantes por los funcionarios públicos que hicieron parte de la administración del
187
¿Cómo perciben los funcionarios...
alcalde Luis Pérez en el período 2000-20035. Como veremos,
muchas de ellas circulan por otros ámbitos de la sociedad y es
quizá esta correspondencia la que les da preponderancia en el
sentido de que, más allá de voces aisladas, hacen parte de construcciones e imaginarios colectivos que trascienden el aparato
burocrático.
Según nuestro análisis son seis las imágenes sobre las que gravitan estas percepciones: Campesino, parásito, bárbaro, depredador, problema y sujeto resistente a la guerra.
Campesino: de la ignorancia a la inocencia
A pesar de que muchos funcionarios constatan y se afirman en
la percepción de heterogeneidad de las personas que han vivido el desplazamiento, las imágenes del desplazado campesino
abundan en sus discursos, ya sea como inocencia-pureza o como
ignorancia-estupidez, pero en todo caso como inferioridad.
“Atraso físico”, “atraso emocional” y “atraso educativo” son,
por ejemplo, las características que una funcionaria de la Secretaría de Solidaridad de Medellín otorga a esta población.
Los desplazados sí son analfabetos en su mayoría, los
niveles educativos son muy bajos, los conocimientos
son muy rudimentarios y entran en un choque de ciu5.
Se realizaron entrevistas y participaron en los grupos de discusión personas relacionadas
con la implementación de las políticas públicas de las siguientes dependencias: Secretaría
de Solidaridad, Oficina para la Atención y Prevención de Desastres, Red de Solidaridad,
Unidad de Atención y Orientación a la Población Desplazada –UAO–, Red de Solidaridad
Social, Seccional de Salud del Departamento de Antioquia, Oficina de Planeación Municipal
(dependencia de asentamientos subnormales) y Defensoría del Pueblo.
188
Miedo y desplazamiento
dad... no saben ni hablar, son campesinos del pueblo,
hay gente que en su vida había pisado una ciudad capital... (ellos traen) el atraso físico con la desnutrición,
el atraso emocional por el desarrollo y el atraso educativo... yo creo que a Medellín le va a costar mucho.
(Entrevista a funcionaria Secretaría de Solidaridad Social. Corporación Región, 2003).
En este sentido las personas desplazadas están claramente definidas por las carencias ligadas a su lugar de procedencia: el
campo. Igual que en las migraciones internacionales, migrante
no es todo el que llega. Es aquel a quien se otorgan características de inferioridad social y cultural: para el caso europeo esto
es propio de aquellos provenientes de los países del llamado
Tercer Mundo (Delgado, 2002:20); en nuestro caso, los pobres
que provienen del campo.
Mientras algunos funcionarios hablan de la necesidad de entender por desplazado a quienes han vivido un desarraigo forzado, independientemente de las características socioeconómicas
que comporten, para otros la homologación del desplazado con
campesino-ignorante-pobre cumple una función clasificatoria
en el intento de fijar una línea divisoria entre los “verdaderos”
y “falsos” desplazados. Según esto, quienes no posean estas características resultan ser sospechosos de estar usando la categoría de desplazado para usufructuarse de ella. El ex director de
la oficina de atención de desastres cuenta por ejemplo cómo en
sus múltiples correrías por las zonas de alto riesgo, lugares generalmente habitados por personas desplazadas, se encontraba
personas que se reivindicaban como tales y, sin embargo, tenían
189
¿Cómo perciben los funcionarios...
un nivel alto de formación e incluso propiedades en su lugar de
origen, por lo que se concluye que, más que desplazados, eran
personas que “han escogido esa forma de vivir”. Sin embargo, si bien es cierto que los campesinos pobres constituyen el
principal grupo poblacional que ha sufrido el desplazamiento
forzado, cada vez se constata que no es un fenómeno exclusivo
de esta población y que, por el contrario, también comerciantes,
empleados públicos e incluso profesionales que desarrollan labores en el sector rural o en cabeceras municipales de las regiones, son obligados a huir.
En la misma imagen confluyen percepciones que hacen del
campo y todo lo que esto significa (naturaleza, medio ambiente,
agricultura) el principal elemento constitutivo de la identidad de
los desplazados y, por tanto, de las pérdidas que padecen. Esta
mirada pone de entrada la preocupación por la capacidad de
la ciudad para devorar y corromper y desde allí se argumenta,
como veremos, la alternativa del retorno como única posibilidad de devolver al desplazado su identidad. Se trata entonces no
sólo de una mirada homogénea del desplazado sino del campo.
Si bien es cierto que gran parte del sector rural en Colombia se
encuentra en condiciones precarias de desarrollo —leídas sólo
desde la infraestructura, y el acceso a bienes y servicios—, también lo es que predomina una imagen idealizada que pasa inadvertidas las múltiples transformaciones que el campo ha vivido,
adoptando en muchos casos dinámicas y modos de vida que ya
no son exclusivas de la ciudad. Por lo demás, desde esta perspectiva, fenómenos como el desplazamiento intraurbano son de
entrada desconocidos por no corresponder a estas coordenadas.
190
Miedo y desplazamiento
Parásito: recostado, vividor
Si hay una imagen que pudiéramos llamar propia de la burocracia estatal, esta es la del desplazado como vividor, alguien que,
como decía una funcionaria, “quiere sacarle el bocado al Estado
como sea”; según esto, se trata de personas que aprovechan la
asistencia que tanto el Estado como otras organizaciones sociales
les brindan y hacen de esta la forma exclusiva de subsistencia.
Son, según los que tienen esta postura, los que se acostumbran
a vivir de la mendicidad, de la asistencia, a los que le gusta que
todos se les regale, que no hacen nada por para salir adelante y
no aceptan reglas de juego en los que ellos también tienen obligaciones para con el Estado y la sociedad: “Esta población se
acostumbra de alguna forma a la gratuidad, al ocio, pierde capacidad de gestión”, dice al respecto un funcionario abiertamente
partidario de un enfoque de ciudadanía que hable claramente de
derechos y también de deberes de esta población para consigo
mismos y con la ciudad6.
Con matices respecto a este argumento pero coincidiendo en la
misma imagen están quienes, tras criticar las prácticas asistencialistas públicas y privadas como principales responsables de
esta actitud parasitaria, acompañan sus relatos de descripciones
que definen a quienes han vivido el desplazamiento con actitudes
como la pereza o el aprovechamiento de su condición de víctimas
como propias, no de lo que hacen algunos, sino de lo que son
6.
Reflexiones similares se hicieron en Europa en el contexto del declive del estado de bienestar. Se habló de ciudadanos-parásitos, de un Estado interventor que había logrado menguar
la capacidad de agencia de sus ciudadanos. De allí nace la idea de un Estado reducido a su
mínima expresión en donde el mercado y el sector privado cumplen las funciones que antes
le eran propias. (Kimlicka et. al, 1997).
191
¿Cómo perciben los funcionarios...
todos. Es por esto que para una funcionaria de la Secretaría de
Desarrollo Social, amparada en la idea de “sacarle el bocado al
Estado como sea”, los niños desplazados, acuden a los restaurantes escolares y “comen hasta tres veces, por gula, sólo por
comer”. En situaciones de extrema precariedad en las que, como
ya vimos, para muchas personas desplazadas efectivamente la
mendicidad y las pequeñas ayudas diarias constituyen casi el
único recurso de subsistencia, esta mirada resulta por lo menos
indolente.
Ambas posturas demandan que las personas que han vivido el
desplazamiento jueguen un papel activo en la lucha por el mejoramiento de sus condiciones de vida; ya sea desde un enfoque
de ciudadanía moderna para el que los conceptos de derechos y
deberes, participación política, agencia, sujeto autónomo y dueño de su destino son preponderantes, o desde la noción ideal
de una sociedad con un Estado mínimo en la que cada quien es
responsable exclusivo de su destino.
No obstante, en el contexto del desplazamiento y de unas políticas públicas que escasamente han incidido en las posibilidades
de restablecimiento de esta población, la imagen puede estar
revelando también una autopercepción de la burocracia estatal
como un ente al que, antes que exigirle, se le debería agradecer
por lo poco o mucho que buenamente pueda hacer. Es decir, una
mirada que dista bastante de un enfoque de derechos según el
cual no es la situación de desplazamiento sino la condición de
ciudadanía la que debería garantizar a todos los habitantes del
territorio nacional el disfrute a sus derechos; por tanto, no es
una dádiva sino una obligación del Estado garantizarlos, máxi192
Miedo y desplazamiento
me cuando han sido vulnerados en situaciones como el desplazamiento forzado (Celis, 2002:297).
Bárbaro-bandido-invasor
Algunas de las percepciones sobre los desplazados están claramente ligadas a la guerra, ya sea por que se les atribuyen prácticas propias de los armados o porque se les ve manipulados en
los asentamientos por diversos actores armados, pero en todo
caso, porque encarnan todos los males de la guerra (Secretariado Nacional de Pastoral Social:2001a).
En el primer caso, la afirmación de un funcionario es contundente: “Hay población que trabaja para las Milicias, el Bloque
Cacique Nutibara, el Bloque Metro, o que son independientes,
pero que ven con simpatía estas organizaciones”7. Como en el
caso de la asociación desplazado-campesino, esta es una imagen bastante generalizada en la sociedad y, podríamos decir,
fuente principal de la desconfianza, el estigma y las estrategias
sociales y políticas que se construyen para mantenerlos a distancia suficiente y evitar cualquier tipo de contacto. Por esta
vía, se responsabiliza a la población desplazada de ser el medio
a través del cual la guerra se ha trasladado a la ciudad.
Para un funcionario público relacionado con la atención y prevención de desastres, esta supuesta adscripción a agrupaciones
armadas se convierte en parámetro para evaluar “los verdaderos intereses de los desplazados”. Aludiendo a la apropiación
7.
Hace referencia a organizaciones armadas ilegales (guerrilla y paramilitares) con algún nivel
de control territorial en diferentes sectores de la ciudad.
193
¿Cómo perciben los funcionarios...
y control territorial ejercido por actores armados que se hacen
pasar por desplazados, se replican expresiones como la de “caciquear” (control a través de la coacción armada) las ayudas que
llegan a los asentamientos:
Ellos vienen, toman territorio dentro de la ciudad como desplazados y empiezan a traer gente a invadir a
Medellín, ya es tramado... y se hacen los desplazados
y se hacen registrar con cédula de la UAO8, y nosotros
como gobierno tenemos que tener mucho cuidado en la
aplicación de políticas; por eso decimos: a estos sí les
damos ayuda y a estos no. (Entrevista a funcionario del
Simpad. Corporación Región, 2003).
Como muchas veces es imposible evitar el contacto dado el cargo que se ocupa, lo que sigue es aguzar la mirada en términos
de cuidar y controlar los recursos que se administran evitando
que sean asignados a quienes resultan ser sospechosos de esta
relación. La desconfianza ocupa un lugar preponderante ya no
sólo en las sociabilidades sino en el ejercicio administrativo, es
decir, tiene implicaciones directas sobre la orientación e implementación de las políticas públicas. La perspectiva del control y
la homologación del problema del desplazamiento con un conflicto de orden público corresponde a esta mirada: el desplazado
es peligroso no sólo por lo que es, sino por lo que puede llegar
a ser.
8.
Unidad de Atención y Orientación a la población desplazada de la Red de Solidaridad Social.
Es la entidad en principio encargada de registrar y certificar a las personas que llegan en
situación de desplazamiento.
194
Miedo y desplazamiento
Son imágenes que reeditan la figura del bárbaro-invasor9 que
llega a conquistar y a apropiarse no sólo de las márgenes sino de
la ciudad entera; retomando a Foucault: “aquel que merodea los
extramuros, llega y se instala sin ser deseado y, aprovechado,
penetra social o culturalmente y conquista en lugar de dejarse
conquistar” (Foucault citado por Mármora, 2002:73). En efecto, la percepción de que los desplazados están invadiendo la
ciudad, la están sitiando y, por tanto, hay que “blindarla” para
protegerse de ellos, es bastante recurrente, especialmente entre
funcionarios de alto nivel en la administración municipal relacionados con dependencias de planeación y seguridad.
Muy ligada a esta imagen está la del desplazado que, sin jugar
un papel activo como guerrero, es presionado o manipulado por
los actores armados, gracias a su ignorancia y desconocimiento
de la ciudad: “Cualquier violento puede coger un desplazado en
cualquier parte y moldearlo”. Es por esto que se señala, como
uno de los mayores obstáculos, la intermediación que estos actores armados hacen de los intereses de la población. Para el
actual coordinador de la Red de Solidaridad en Medellín, esta
es una situación de la que difícilmente las personas pueden sustraerse y que en cierto sentido teje un hilo de continuidad con lo
que pretendían dejar atrás con la huida:
La gente no tiene otro camino: o se somete a eso o vuelve a
ser amenazado por el mismo conflicto… la gente muchas
9.
En los testimonios presentados por funcionarios de instituciones estatales a propósito de
procesos de revisión de tutelas, llevados a cabo por la Corte Constitucional, se encuentran
ejemplos fehacientes de la asimilación invasor-desplazado que hacen algunos de ellos. Ver
especialmente: T-227/97, SU1150 y T602/03.
195
¿Cómo perciben los funcionarios...
veces no tiene otro camino que aceptar lo que le dice quien
lo está amenazando y empieza a comprender que a donde
llegue, en la situación de conflicto que tiene este país
hoy, es probable que se encuentre un panorama similar.
(Entrevista a funcionario de la Red de Solidaridad. Corporación Región, 2003).
En efecto, los desplazados se insertan a muchas de las lógicas,
prácticas y redes que forman la dinámica urbana, entre ellas,
las redes de poder, cacicazgo y mercado ilegal de tierras en las
que participan actores armados y otros sectores de la sociedad.
En el trasfondo es latente el manto de duda que se pone sobre
las organizaciones de desplazados y la acción reivindicativa es
justamente asociada a la supuesta relación con actores armados.
Es importante recalcar esto en la medida en que, precisamente,
una de las estrategias de las políticas de restablecimiento está
orientada al fortalecimiento del capital humano10 que busca
incentivar la organización, representación e integración de la
población desplazada a su nuevo entorno. Desde este punto de
vista la introyección y generalización de esta percepción entre
los funcionarios públicos actúa claramente como obstáculo para
el reconocimiento y la inclusión.
10. Según la Red de Solidaridad Social, el programa de desarrollo de capital humano “busca
resolver los problemas de baja capacidad de representación de la población desplazada;
deficiente preparación técnica de organizaciones de esta población; insuficiente participación
de ésta en la gestión de las soluciones a sus problemas; escasa integración entre la población
desplazada y la de las ciudades receptoras; y obstáculos sociales y culturales para la adaptación de las personas desplazadas a la vida social del medio urbano, cuando son de origen
rural. (Red de Solidaridad, 2001: 59).
196
Miedo y desplazamiento
Depredador
La ubicación de los desplazados en las laderas de la ciudad, zonas que generalmente han sido declaradas como de alto riesgo
geológico o de reserva forestal, la demanda de servicios sociales en zonas históricamente pobres y la persistencia en prácticas
culturales propias de sus lugares de origen, son situaciones alrededor de las cuales se construye esta imagen del desplazadodepredador.
Para algunos funcionarios la construcción de viviendas en las
laderas por parte de las personas desplazadas, la mayoría haciendo uso de recursos naturales, como árboles, pone en peligro
no sólo sus vidas sino el ecosistema de la ciudad. La acción de
desalojo de un asentamiento de desplazados ubicado en la zona
nororiental de Medellín se sustenta, por parte del ex secretario
de Gobierno Municipal, en el efecto devastador de la acción
invasora de estos desplazados:
¿Quién nos devuelve los árboles que nos tumbaron?
¿Los pulmones, el aire y la vida? Nosotros les tumbamos el ranchito y ellos nos tumbaron los árboles. Nos
tumban los árboles, nos desmantelan las zonas de reserva forestal y se ubican en zonas de alto riesgo no
recuperable donde ponen en peligro su vida, la de su
familia y la de los que están más abajo y más abajo.
(El Colombiano, 5 de octubre del 2003).
Se trata de una imagen según la cual el desplazado antes que
víctima se convierte en victimario del Estado, de la sociedad, de
sus gentes; como vemos, el factor de la voluntariedad ocupa un
197
¿Cómo perciben los funcionarios...
lugar central, es decir, es una “acción intencionada”, “de mala
fe”, “un castigo”. El desplazado es percibido entonces igualmente como una amenaza “no por su potencial de conquista y
de imposición de “otra” cultura, sino por su capacidad de contaminación y disolución” (Mármora, 2002:73).
En este punto es importante señalar cómo el elemento cultural, o más bien los prejuicios basados en las prácticas culturales
que ostentan las personas desplazadas, median la construcción
de este tipo de imágenes. Para el ex director de la Oficina de
Atención de Desastres, por ejemplo, el alto riesgo en que se
encuentran los asentamientos donde viven personas que han
sido desplazadas tiene que ver con situaciones geológicas pero
también con las técnicas de construcción de vivienda empleadas por ellas. Según él, las personas provenientes especialmente
de regiones planas y costeras, siguen construyendo como siempre lo han hecho, sin introducir las modificaciones que implica construir en un terreno montañoso y además erosivo, lo que
se interpreta como una persistencia en prácticas culturales que
generan, además de altos riesgos en el hábitat, un problema de
convivencia entre personas de “culturas diferentes”.
De este modo, lo que empieza siendo interpretado como una
“diferencia cultural” se transforma en una valoración sobre lo
que su presencia aporta como conflicto a la convivencia en la
ciudad. A nuestro modo de ver se trata en este caso de un prejuicio velado, puesto que como sabemos, muchas de estas prácticas son también realizadas por otros pobladores que ni son
desplazados ni provienen de otras regiones del país y, aunque
198
Miedo y desplazamiento
el término es cuestionable, digamos que tampoco provienen de
otras culturas.
Este prejuicio se hace mucho más latente en otras percepciones
que aluden directamente al componente étnico de los desplazados y a su imposibilidad de renunciar a la identidad de desplazado. La ex secretaria de Solidaridad describe así el impacto de
la población desplazada en la ciudad:
Yo decía que la ciudad se está volviendo negra, me
he quedado totalmente asombrada. Voy a las reuniones con la comunidad y yo no soy racista sino que
me llama la atención el cambio racial en las comunas
y el tema de negritudes, la ciudad se está volviendo
negra… entonces un desplazado ya viene acá, se casó con una medellinense. Él sigue siendo desplazado
pero la esposa es de aquí; y yo le digo: “ya usted no
es desplazado, ya tiene arraigo, ya el proyecto de vida suya está acá”. Pero ellos siguen pensando como
desplazados aunque vivan con gente de Medellín.
(Entrevista a funcionaria de la Secretaría de Solidaridad
Social . Corporación Región, 2003).
Como vemos, aquí la condición de desplazado está ligada con la
cultura y la etnia y no con una situación de despojo y desarraigo. Debería bastar entonces la mezcla con la “gente de aquí”
para borrar esa condición. Así, generalmente cuando se habla de
“diferencia cultural” se hace alusión a una condición de inferioridad; las diferencias étnicas o culturales se convierten en parte
del estigma, produciendo diversas formas de cerramiento social
y cultural frente a su inclusión. En últimas, la persistencia en há199
¿Cómo perciben los funcionarios...
bitos y costumbres que se traen del lugar de origen es interpretada como resistencia a la integración (Mármora, 2002:389).
Para algunos funcionarios, dado que esta es también una percepción bastante generalizada en la población receptora, constituye efectivamente uno de los principales obstáculos para el
reconocimiento e integración social de esta población a la ciudad. Así lo interpreta un funcionario de la Red de Solidaridad
Social para quien, evidentemente, la sociedad medellinense no
está preparada para recibir esta nueva población.
Hay dificultades para los desplazados en la ciudad porque la comunidad de Medellín no está ni ha estado preparada para recibir personas de otras regiones, no está
preparada la ciudad para convivir con personas de otras
culturas y digamos que ha asumido algunas actitudes
excluyentes, ha cerrado algunas puertas. Creemos que
esto corresponde a un temor con respecto a que las personas desplazadas vienen de zonas de conflicto, a que
estas personas vengan con parte de ese conflicto. Pienso
que esa es la gran dificultad, el estigma que tienen las
personas que vienen desplazadas forzosamente de otras
regiones. (Testimonio grupo de discusión. Corporación
Región, 2003).
Hablar de la dificultad para recibir personas de otras culturas es
por lo menos paradójico en una ciudad cuya historia de construcción ha sido precisamente la de las migraciones y los mestizajes. No se trata sólo de una diferencia cultural sino de la superposición de estigmas, en este caso asociados también a su papel
como propagadores del conflicto armado, lo que efectivamente
200
Miedo y desplazamiento
es un dique para la integración y la inclusión. La suposición de
que efectivamente se están enfrentando culturas diferentes ha
sido el centro del debate del multiculturalismo (Kimlicka:1996).
Pero como lo ha dicho Manuel Delgado en reiteradas ocasiones,
estas posturas, en principio humanistas, abonan la exclusión en
el sentido que participan de la idea según la cual hay una cultura
que ostenta la legitimidad sobre otra; y cuando se reclama el
derecho a la diferencia lo que se está haciendo muchas veces es
confinando al otro a una identidad inamovible.
Desplazado-problema: “la papa caliente”
En las conversaciones sostenidas con los funcionarios salió a
relucir la idea de que los desplazados son “la papa caliente” de
las administraciones; un tema incómodo y de difícil abordaje
que termina siendo asignado a una y otra dependencia por lo
que con frecuencia no hay claridad sobre a quién corresponde
asumirlo. El desplazado es representado como problema bien
sea porque crea nuevas dificultades para la ciudad y sus administradores, porque agudiza las ya existentes o porque evidencia
al funcionario público las limitaciones estructurales de la acción
institucional para abocar un problema de tal magnitud.
Para una funcionaria de Planeación Municipal es evidente que
el asentamiento de esta población en sectores de la ciudad con
déficit importantes en vivienda, salud y educación, incrementa
las demandas ya insatisfechas para un núcleo importante de la
población y hace más lejana la posibilidad de que el Estado pueda efectivamente atender esta demanda. Según ella:
201
¿Cómo perciben los funcionarios...
Medellín tiene el 21% de sus barrios, estoy hablando de
52 barrios, identificados para tratamientos urbanísticos
de mejoramiento integral, eso quiere decir que son barrios de desarrollo incompleto e inadecuado, y en estos
barrios es donde permanentemente se están asentando
los desplazados, incrementando una situación que es
ya absolutamente grave en términos de hacinamiento,
salud pública, de riesgo. (Entrevista a funcionaria de la
Oficina de Planeación Municipal. Corporación Región,
2003).
A propósito de esto la reflexión que algunos se hacen es: “sí
no ha habido para atender y sacar de la pobreza a los pobres de
siempre ¿cómo va a haber para ellos?”. Se alude a la imposibilidad fiscal de la municipalidad para atender la magnitud del
fenómeno del desplazamiento y a las demandas que estas personas hacen, lo que en términos de balance en la implementación
de las políticas públicas sobre desplazamiento se ha convertido
en uno de los obstáculos más notorios (Acnur, 2003; Sentencia
T-602/03).
Para un grupo de funcionarios el dilema sobre la prioridad de la
atención se resuelve de manera simple: los pobres de siempre
han esperado más tiempo los beneficios del Estado y no es justo
que los desplazados, foráneos y recién llegados, muchas veces
explotando su condición de víctimas, se igualen a ellos. En la
administración anterior, el propio Secretario de Gobierno lo expresaba sin tapujos: “En la ciudad también tenemos gente muy
pobre de la que nos tenemos que ocupar. Aquí hay gente miserable, niños que se mueren de hambre. Primero tenemos que re202
Miedo y desplazamiento
solver el problema de nosotros”. Y para eso, afirma, “la ciudad
tiene que blindarse” (Periódico El Colombiano, octubre 5 del
2003). Los desplazados son un “ellos” (foráneos, extranjeros)
que se diferencia de “nosotros”, e incluso de “nuestros pobres”,
por lo que es necesario erigir claramente barreras protectoras.
Pero si bien desde esta perspectiva desplazados y pobres se asimilan en los niveles de pobreza, para otros funcionarios es claro
que hay algo que los diferencia tajantemente:
Hay una diferencia y la diferencia es abismal, es gigantesca; las personas desplazadas reúnen todas las vulnerabilidades porque hay una escalonada violación de
sus derechos fundamentales, empezando por el derecho
a escoger la libre residencia. (Entrevista a funcionaria
de la Oficina de Planeación Municipal. Corporación
Región, 2003).
En efecto, la condición de vulnerabilidad de la población desplazada ha sido sustentada por organismos nacionales e internacionales como la razón que explica por qué, efectivamente, el
Estado debe dar prelación a su atención. En una de sus sentencias la Corte Constitucional, a propósito de la aparente disputa
entre pobres y desplazados, plantea lo siguiente:
Las personas víctimas de situaciones sociales extremas,
o de los embates de la naturaleza, constituyen, entre el espectro de personas en situación de debilidad manifiesta,
aquellas que los sufren en mayor medida, por razón del
desarraigo, destrucción de la base material que sustenta
su proyecto de vida, así como por la grave afectación del
tejido social al cual pertenecen. De ahí que deban ser
203
¿Cómo perciben los funcionarios...
destinatarios de excepcionales mecanismos de protección, pues la capacidad real para realizar su proyecto de
vida se ha visto sometida a una reducción incompatible
con un Estado social de derecho. Ello no quiere decir
que sus intereses se impongan sobre los intereses de
grupos humanos que igualmente están en condiciones
de debilidad, como ocurre con quienes padecen la pobreza estructural, los ancianos desatendidos, los niños,
los enfermos o la población privada de la libertad. Sin
embargo, estos deben ser los destinatarios de programas
y proyectos permanentes, en el sentido de que deben
permanecer como tales mientras existan condiciones
materiales de desigualdad, en tanto que los primeros,
han de ser los beneficiarios de mecanismos de atención
de situaciones excepcionales (así la excepcionalidad se
torne estructural, como ocurre con los desplazados, pues
la miseria humana nunca podrá asumirse como algo admisible en el Estado social), por hallarse comprometido
su mínimo vital. (Sentencia T602/03)11.
Se trata, según esto, del reconocimiento de la población desplazada
como una población en grado extremo de vulnerabilidad, a la que
le han sido violentados sus derechos, y por tanto el Estado y la
sociedad tienen la obligación de resarcirlos mediante acciones
específicas.
Si bien compartimos la postura de quienes plantean la necesidad de no crear programas específicos de atención a la población desplazada que los aíslen de su entorno profundizando
las condiciones de segregación (Bello, Cardinal y Arias: 2000),
11. La sentencia retoma a su vez la sentencia T-958 del 2001 en la que se sustentan las acciones
positivas a favor de las personas desplazadas.
204
Miedo y desplazamiento
creemos que no se puede desconocer la situación de vulnerabilidad extrema en que es encuentran, lo que necesariamente
requiere de acciones específicas que garanticen sus derechos.
Esto también se justifica en el sentido de que lo que está en juego no es sólo el acceso a servicios sino la necesidad de resarcir
heridas morales que han sido causadas por el desplazamiento,
lo que requiere de acciones específicas del Estado y la sociedad
en su conjunto.
Desplazado-sujeto-resistente a la guerra
Las imágenes anteriores se construyen asociando a las personas
que han sido desplazadas al campo y a la pobreza, a la guerra y
a los guerreros, a la destrucción y a la degradación de la ciudad,
y a actitudes que resaltan la dependencia de otros, especialmente del Estado, para subsistir. Pero no se trata de percepciones
homogéneas. Al interior del mismo Estado encontramos funcionarios que dan cuenta de una percepción que resalta justamente
lo contrario: su valor como resistentes activos de la guerra, su
capacidad para sobreponerse al sufrimiento y reconstruir sus
proyectos de vida, por tanto, su condición de sujetos.
Si bien en este acercamiento a la percepción del desplazado
por parte de los funcionarios públicos la imagen de desplazado-víctima no tuvo mucho peso, sabemos que no está ausente
totalmente. Subyace a la postura de quienes llaman la atención
sobre la responsabilidad que tiene el Estado y la sociedad con
esta población, dado que se considera que no son responsables
de la situación que viven; y también a la que convoca a la solidaridad —ya sea desde posturas religiosas o desde el altruismo
205
¿Cómo perciben los funcionarios...
social— con una población que se encuentra en clara desventaja. La percepción del desplazado como resistente a la guerra
propone un viraje en la mirada a las personas en situación de
desplazamiento, ya no como víctimas de la guerra, los guerreros
o la sociedad, sino como sujetos.
Esta percepción proviene básicamente de funcionarios que han
jugado un papel en la atención sicosocial de la población; que
los han acompañado en sus trayectos en la ciudad y que muchas
veces han jugado un papel de escuchas en la elaboración de
sus pérdidas. Para ellos, las personas que han vivido el desplazamiento forzado son la antípoda de la guerra: se han desplazado justamente como una forma de proteger sus vidas y, en
muchos casos, de resistir a la presión de los actores armados
para enrolarse en uno de los bandos. Si bien algunos corroboran
que muchos de los temores que suscita la población desplazada
en la sociedad receptora se relacionan con la percepción como
guerreros, su experiencia parece indicarles lo contrario. Para un
funcionario de la Red de Solidaridad:
La gente desplazada en contacto con organizaciones como la nuestra nos ha enseñado que no son delincuentes,
que no quieren la guerra, que quieren una oportunidad de
vida y desarrollo, y que esperan que el Estado comprenda
que están en algunas localidades donde se desarrollan actos delictivos, porque no tienen para dónde más coger…
no son personas ligadas directamente con el conflicto
porque precisamente el no estar participando activamente en el conflicto los hace propios de un desplazamiento,
porque no le sirven a los armados. (Testimonio grupo
de discusión. Corporación Región, 2003).
206
Miedo y desplazamiento
Para una psicóloga que trabaja en atención sicosocial en la Seccional de Salud del departamento de Antioquia, es urgente tomar
y promover una visión de los desplazados según la cual:
Estas familias en condición real de desplazamiento
prefirieron el hacinamiento y la pobreza en las ciudades o en las cabeceras municipales, a la posibilidad de
convertirse en combatientes armados en los territorios
donde la guerra avanza con holgura. (Testimonio grupo
de discusión. Corporación Región, 2003).
Desde esta lectura, el Estado y la sociedad, en un país en guerra,
están en deuda con una población que ha sufrido sus rigores en
carne propia y merece ser reconocida también en su dimensión
de resistencia a la guerra. Como lo plantearon algunos funcionarios, esta es quizás una de las imágenes con mayor potencia
para contrarrestar los estigmas que pesan sobre esta población.
Vale anotar, en este punto, el reconocimiento que se hace de los
pronunciamientos de la Corte Constitucional como fuente permanente de apoyo, reflexión y profundización de un enfoque de
derechos para la interpretación de las políticas públicas.
6.3 ¿Cómo inciden estas percepciones en la
interpretación de las políticas?
Así como los funcionarios públicos construyen imágenes sobre las
personas en situación de desplazamiento y sentidos explicativos
sobre su impacto en la ciudad, también construyen, desde el lugar
que ocupan en la burocracia estatal y desde sus anclajes sociales
y culturales, interpretaciones específicas sobre las orientaciones
de la política pública que, como servidores, implementan.
207
¿Cómo perciben los funcionarios...
En términos generales, las políticas públicas sobre el desplazamiento giran en torno a tres fases: la prevención, la atención humanitaria y el restablecimiento. Cuando a los funcionarios públicos se les indaga por la manera como se ubican frente a cada
uno de estos conceptos, casi de manera automática se descarta
que tengan algún papel en la prevención, pues, según ellos, se
trata de un asunto que trasciende la esfera de sus dependencias
e incluso del conjunto de la administración local; la atención
humanitaria es vista por la mayoría como lo que en la práctica
concentra su acción en particular y la del Estado en general;
una acción puntual, necesaria, pero insuficiente para la magnitud de las demandas. En esto coinciden con balances realizados
recientemente sobre la implementación de políticas públicas sobre desplazamiento, en donde efectivamente se destaca que es
en el componente de acción humanitaria donde se han dado los
mayores avances en la implementación de la política pública
(Acnur:2004; Celis:2002).
Esta parte de nuestra reflexión alude básicamente al tema del
restablecimiento. Es este el que de manera directa interpela a
los funcionarios públicos en relación con la ciudad —la que
ellos mismo habitan e intervienen desde su rol—, con sus limitaciones y posibilidades para acoger esta población; el que
los ubica en un tiempo futuro al referirse al deber ser de las
políticas públicas de atención a la población desplazada en términos de las alternativas; y el que de manera más directa permite conectar estas alternativas con las percepciones que sobre
la población que ha vivido el desplazamiento se han construido
desde este lugar social.
208
Miedo y desplazamiento
Las políticas públicas sobre desplazamiento definen el restablecimiento como el proceso a través del cual la persona recupera
la capacidad de dirección de su vida y cuenta con condiciones
satisfactorias de acceso a derechos básicos. De forma precisa, la
Red de Solidaridad define el restablecimiento como:
El proceso que se inicia con la atención humanitaria a las
familias desplazadas y culmina cuando se han generado
condiciones que les permiten contar con alternativas
para rehacer integralmente su proyecto de vida y lograr
su estabilización progresiva, aprovechando sus propios
recursos potenciales y la oferta institucional disponible.
(Red de Solidaridad Social, 200:2).
Elegir libremente retornar o quedarse son los ejes a través de
los cuales toma forma la interpretación de la política pública
sobre restablecimiento, poniendo en juego nuevamente no sólo
percepciones sobre quién es la población desplazada sino sobre
su impacto en la ciudad y las posibles alternativas. Lo que veremos son la múltiples maneras como una misma orientación es
asumida dependiendo del lugar social en el que se produce.
Elegir
Derecho a no migrar y, al mismo tiempo, derecho a la libre movilidad son, según parámetros internacionales, los derechos de
los migrantes. Para Naciones Unidas, sin embargo, el derecho a
la libre movilidad se superpone al de no migrar pues se trata de
las condiciones de seguridad en que este asentamiento territorial se logra (Mármora, 2002:112).
209
¿Cómo perciben los funcionarios...
En la percepción de algunos funcionarios, los desplazados son
personas que reúnen todas las vulnerabilidades, a quienes les
han sido violados sus derechos, empezando por el derecho a
escoger la libre residencia. Por eso son enfáticos en afirmar el
derecho que tienen a elegir libremente el lugar donde quieren
rehacer sus vidas. Para ellos, lo importante es el restablecimiento, independiente de en dónde esto ocurra, si en el campo o en
la ciudad: “Respeto a la voluntad de la gente, y respeto a la seguridad de la gente” debería ser la máxima que guiara la acción
gubernamental.
Según esta postura son los desplazados y no los entes gubernamentales quienes deben definir regresar a sus lugares de origen o quedarse en la ciudad. Aunque la ley estipula el análisis
de las condiciones de seguridad para el retorno (es decir, que
el conflicto que produjo el desplazamiento haya cesado), estos
funcionarios insisten en la necesidad de reconocer, además de
situaciones objetivas de este orden, el componente subjetivo que
acompaña la decisión, pues dice uno de ellos: “Ya hemos visto
que mucha gente se urbanizó y es imposible que se devuelva,
tenemos que dejar que ellos tomen la decisión, buscarles otras
cosas diferentes en la parte no agropecuaria”. No se trata entonces sólo de garantizar condiciones de seguridad o condiciones
materiales sino de reconocer otros impactos en las subjetividades que finalmente orientan la decisión sobre la reconstrucción
de sus proyectos de vida.
Para otros, en cambio, la libertad de elección es un sofisma. Son las
condiciones las que generan reubicación o retorno, de hecho.
210
Miedo y desplazamiento
Retornar
La alternativa del retorno es vista desde dos perspectivas: Como
la única solución al problema del desplazamiento en la ciudad
o como la posibilidad más cercana al propósito de restablecimiento.
Todo esto son invasiones, la ciudad está sitiada. Mire la
comuna 7, todo eso son desplazados, la 12 tiene todos
estos desplazados, Belén ya tiene por acá también desplazados, entonces Medellín ¿qué esperanzas va a tener?
(Entrevista a funcionaria de la Secretaría de Solidaridad
Social. Corporación Región, 2003).
Tras estas imágenes de verdaderas hordas que sitian la ciudad,
vienen argumentos centrados en la imposibilidad de su expansión. Según ellos, es imposible albergar nueva población y, por
tanto, las alternativas deberían ser el retorno o la ubicación en
otros centros urbanos.
Para otros este argumento es cuestionable: No es que no quepa
más población en general, sino que no caben más pobres y, sobre todo, desplazados, porque de hecho cada día se ven más y
más construcciones en estratos medios y altos y en zonas que
también podrían estar cobijadas con el estatus de alto riesgo o
de reserva geológica. Según lo que observa una funcionaria de
la Seccional de Salud departamental, “si viene un inversionista
sí cabe, y puede llegar incluso con un gran número de personas
detrás y cabría si viene a hacer inversión, los que no caben son
los que teóricamente no podrían aportar al desarrollo”. Se trata,
según esto, más que de una constatación empírica (que podría
ser incluso cierta) de un prejuicio que deriva en una actitud ex211
¿Cómo perciben los funcionarios...
cluyente frente a la población desplazada: son ellos los que no
caben en la ciudad.
Algunos balances sobre la implementación de políticas de restablecimiento han señalado como uno de los principales obstáculos el temor de los funcionarios públicos de generar, con una
buena atención, una especie de imán que atraerá nueva población (Acnur,2003; Codhes,2003; Sentencia T 602/03, Sentencia
T-025/04). Por eso, independientemente de los análisis que sustenten la afirmación, la repetición continua de que “no cabe más
gente” se propaga y se convierte muchas veces en mecanismo
persuasor y contenedor.
Otro argumento que juega a favor del retorno es el de los peligros que corre el desplazado en la ciudad. Para casi todos los
funcionarios es claro que al llegar a los asentamientos el desplazado se inserta no sólo en dinámicas de alta conflictividad
armada sino en prácticas sociales y políticas que son y han sido
propias de los procesos de invasión y colonización urbana. El
mercado ilegal de tierras, en específico, parece ser una verdad
de a puño: Los desplazados son objeto de especulación y ellos
participan de este mercado, muchas veces por desconocimiento, otras porque es la única posibilidad de acceder a un lugar.
Al tentáculo se suman las altas posibilidades de que terminen
envueltos en redes de criminalidad, prostitución, mendicidad.
Por eso la única posibilidad de salvarse es retornando a su lugar
de origen.
Por otra parte, desde la mirada de quienes ven el desplazamiento
como pérdida no sólo de bienes materiales, trabajo, relaciones,
212
Miedo y desplazamiento
sino de su identidad, quedarse en la ciudad sería el camino para
eternizar el desarraigo cultural y la sensación de estar excluidos
de la sociedad. Hacen énfasis en la importancia de reconocer el
peso de la nostalgia que perdura convirtiéndose en un obstáculo para rehacer las vidas. Por esto, aunque no se ve el retorno
como única posibilidad, sí es el que consideran se acerca más
a las pretensiones del restablecimiento. Una funcionaria de la
Unidad de Atención y Orientación al desplazado, –UAO–, dice
al respecto:
Nosotros que escuchamos a la población desplazada
continuamente: “es que no hay como el campo”, es que
“¡qué rico estar con la tranquilidad, con la paz, produciendo y disfrutando lo que se hace!”; para ellos es
muy cruel estar aquí, tener que estar en un semáforo,
tener que estar en otra parte haciendo el recorrido…
qué dicha que ellos puedan estar en el espacio donde
se sienten bien pero en mejores condiciones: que en el
campo hubiese estudio adecuado, condiciones de vida,
televisión a color en todas las casas, que estuvieran en
términos generales con bienestar. (Testimonio grupo de
discusión. Corporación Región, 2003).
Aunque es claro que no es propiamente por estas carencias que
la gente se desplaza, lo que interesa recalcar es cómo muchas
veces estas miradas que ponen el centro en la pérdida de identidad abonan a la segregación en la medida que ven a los desplazados como portadores de una identidad esencial y no situacional, posible de modificar en el múltiple juego de interacciones
sociales.
213
¿Cómo perciben los funcionarios...
A pesar de que la opción por el retorno ha sido la más reiterada
también en las políticas públicas y especialmente en el actual
período presidencial, otros funcionarios plantean críticas e interrogantes frente a esta forma de entender el restablecimiento. Se
habla de un entendimiento restringido del retorno, entendiéndolo como algo exclusivamente rural. Y si bien muchos de los
desplazados son campesinos no todos lo son; y si lo fueran, se
han producido cambios en ellos y en lo rural que obligan a pensar otras alternativas de ruralidad, como afirma una funcionaria
de la Secretaría Seccional de Salud Departamental:
El tema del retorno se ha agropecuarizado, porque lo
estamos pensando sólo en función de lo agropecuario
y en muchos pobladores rurales, y en el sector rural, ya
no se habla sólo del sector agropecuario... se habla del
desarrollo rural que son todas las actividades conexas
a unos territorios de menos de x cantidad de habitantes, ya se está hablando de una nueva ruralidad... hay
que pensar en otras alternativas de retornos intermedios, alternativas a los cascos urbanos con el desarrollo de otras opciones distintas al sector agropecuario.
(Testimonio grupo de discusión. Corporación Región,
2003).
También encontramos la postura de quienes ven el retorno más
que como resultado de una decisión de la población desplazada,
e incluso de una política pública claramente establecida, como
la muestra más fehaciente de una sociedad excluyente que no
permite la incorporación de estos nuevos migrantes a la sociedad.
Así lo piensa un funcionario de la Red de Solidaridad Social:
214
Miedo y desplazamiento
Ha habido históricamente una percepción de que son personas que no deberían estar acá, y si abrimos un poco
esa compuerta son personas que no deberían estar acá
porque tienen problemas en sus regiones, porque fueron
expulsados, porque traen una cultura diferente, una raza
diferente, un modo diferente de ver la vida y que deberían estar allá, entonces los citadinos han pensado que los
desplazados no deberían estar aquí, sino a donde pertenecen, esa es una actitud excluyente que me parece que
contrasta con nuestra gran, digamos, imagen de solidarios.
(Entrevista a funcionario de la Red de Solidaridad Social.
Corporación Región, 2003).
Si bien el retorno parece ser la alternativa en la que confluyen
las distintas posturas de los funcionarios, la manera como se
construye el argumento varía según sea la representación que
se tenga de quienes han vivido el desplazamiento. Así, no es lo
mismo plantearlo como un camino posible para garantizar la
recuperación de los vínculos sociales, el trabajo ligado al saber,
el reconocimiento social, la historia individual y colectiva, que
como la alternativa para desconcentrar la ciudad de gente foránea. En este caso, dependiendo de donde se ponga el acento, el
resultado, en términos de las posibilidades reales de restablecimiento, será radicalmente distinto.
Quedarse
¿Por qué se viene la gente para Medellín? y ¿por qué se queda?
En la decisión de venirse para Medellín juegan, desde la versión
de quienes viven la experiencia del desplazamiento, múltiples
factores, siendo el principal el que existan previamente redes
215
¿Cómo perciben los funcionarios...
de apoyo familiares o parentales. Pero no se trata propiamente
de una decisión mediada por la “libre elección”. En muchos
casos es sencillamente la única posibilidad de salvar la vida. Lo
cierto es que, después de llegar, la mayoría de estas personas no
quieren retornar a sus lugares de origen y prefieren quedarse en
la ciudad12.
Desde la mirada de algunos funcionarios públicos esta “decisión” de quedarse en la ciudad está fuertemente influida por un
imaginario de progreso, modernidad, oportunidad, que llega a
ellos a través de otros paisanos que han llegado para quedarse y,
especialmente, a través de los medios de comunicación. La interpretación que al respecto tiene una funcionaria de Planeación
Municipal es que:
A la ciudad vienen desplazados y no desplazados creyendo que en Medellín solucionan todos sus problemas…
porque todavía sigue ese imaginario colectivo de que en
Medellín sí se pueden solucionar problemas, y de hecho
sí se solucionan los problemas... porque aquí, así usted
viva en zona de alto riesgo, tiene servicios públicos.
(Testimonio grupo de discusión. Corporación Región,
2003).
Además de la infraestructura y los servicios domiciliarios, otro
elemento al que se da peso en lo que se interpreta como la decisión de llegar y quedarse en la ciudad es el de la posibilidad de
12. Según informe de la Personería de Medellín, para el año 2003 el 70.5% de las personas que
llegaron a la ciudad no tenía intención de retornar. Aunque la cifra de desplazamiento es
mucho menor que en los años anteriores, la percepción de riesgo para sus vidas y de que no
hay futuro en los lugares de origen, lleva a que la intención de retorno prácticamente no
disminuya.
216
Miedo y desplazamiento
subsistencia, ya sea a través del rebusque, la mendicidad o, los
con mayor fortuna, el acceso a empleos precarios. Los recorridos, por ejemplo, son reconocidos por los funcionarios como la
principal práctica de supervivencia en la que se combinan elementos de solidaridad y mendicidad. Para ellos estas prácticas y
otras formas de asistencialismo públicas y privadas se convierten
en un incentivo para quedarse en la ciudad. Si se mira desprevenidamente, se trata de un imaginario al que los funcionarios
mismos no escapan, es decir, ellos efectivamente piensan que la
ciudad ofrece mejores condiciones de vida que el campo, pero si
esa misma idea es asumida por los migrantes es evaluada como
espejismo y engaño.
Para otros, lo que más pesa realmente en la opción de quedarse
en Medellín, más allá de las condiciones materiales, es simple
y llanamente el modo de vida urbana, “las luces de la ciudad”.
Según el coordinador de la Unidad de Atención y Orientación
al desplazado:
Una familia puede tener las condiciones más favorables para el retorno y simplemente no lo desea hacer,
por una cosa muy simple: por el derecho constitucional de elegir dónde quedarse, porque ya le gusta la
ciudad, porque le gusta el ruido, la dinámica urbana,
le gusta la luz, le gusta la tecnología, le gusta que
haya calles pavimentadas y ya no le gusta lo rural.
(Entrevista a coordinador de la Unidad de Atención al
Desplazado, UAO. Corporación Región, 2003).
Para estos funcionarios lo anterior es especialmente significativo
en el caso de los jóvenes, para quienes en su mayoría, y a pesar
217
¿Cómo perciben los funcionarios...
de la precariedad de las condiciones de vida en cuanto al acceso
a la recreación, la educación, el empleo y la salud, la ciudad
representa posibilidades de un mundo abierto que no les ofrece
el campo13.
Finalmente encontramos la mirada de quienes entienden que
quedarse en la ciudad es una forma de aplicar el derecho a la
ciudad, no por la situación de desplazamiento que han sufrido,
sino por el simple hecho de ser ciudadanos colombianos y, en
un contexto de globalización, “ciudadanos del mundo”. Esta es,
por ejemplo, la postura de una funcionaria de Planeación Municipal:
Creo en el derecho a la ciudad y más hoy que hablamos
de la globalización, me refiero a la globalización en
términos culturales, no económicos, pues es un derecho a ser ciudadanos del mundo, y en ese sentido yo
tengo derecho a vivir en cualquier ciudad del mundo.
Entonces, ¿por qué una persona de la nación de Colombia no puede querer ser ciudadano de Medellín, estando en Anzá o en otro municipio de Antioquia, cuando
de todas maneras ya llegó y quiere quedarse ahí? En
ese sentido yo diría que prima un elemento fundamental y es el derecho a la ciudad, que no está reservado.
(Entrevista a funcionaria de Planeación Municipal. Corporación Región, 2003).
En efecto, hoy como siempre, la ciudad es escenario de disputas, de interacciones, de conflictos de intereses. Desde la pers13. Una exploración especifica sobre los jóvenes en situación de desplazamiento puede encontrarse en: Gómez, Vélez y Fernández, 2003.
218
Miedo y desplazamiento
pectiva del derecho a la ciudad, estos nuevos migrantes revelan
nuevas prácticas que hablan no sólo del derecho a quedarse sino
de construir la ciudad (Naranjo y Hurtado, 2003).
Ya sea desde la perspectiva del retorno o de quedarse, es bastante fuerte el referente territorial en la interpretación de la política
de restablecimiento. La posibilidad de restablecer la vida para
quienes han sido desplazados forzosamente de su lugar, tiene
que ver con el territorio, pero no de manera exclusiva. Más allá
de esto tendrían que ponerse, en primer lugar, las posibilidades
de reparación material y moral. No importa dónde ocurra.
¿Cuándo cesa la condición de desplazado?
Un tema que sale a flote de manera recurrente es cómo entender
legalmente la figura del desplazado; si se trata de un estado permanente o si hay algún momento en que pueda decirse “dejó de
ser desplazado”. Según la ley 387, la condición de desplazado
forzado cesa “cuando se logra la consolidación y estabilización
socioeconómica, bien sea en su lugar de origen o en las zonas
de reasentamiento” (art.18). La interpretación de este postulado corresponde en buena medida también a las percepciones
sobre el desplazado y el desplazamiento a las que se ha hecho
alusión.
De la percepción del desplazado como vividor se desprende una
interpretación según la cual la extremada dependencia que estos
tienen con “la ayuda” del Estado o de la caridad de la sociedad,
genera que asuman el desplazamiento no como una situación
sino como un modo de vida al que difícilmente quieren renun219
¿Cómo perciben los funcionarios...
ciar. Es así como se interpreta la sucesión de demandas que algunos de estos realizan para acceder a la vivienda, la educación,
el empleo; “siempre quieren más”. Según esta mirada, las obligaciones del Estado para con la población desplazada se deben
limitar a tres meses de ayuda humanitaria; momento a partir del
cual, los desplazados son los que deben jugar un papel protagónico en la conducción de sus vidas y en su inclusión social:
“Son ellos los que deben incluirse”.
Se les va a dar asistencia básica y ayuda en lo mínimo, porque ellos tienen que aprender a sobrevivir, la
idea aquí es que aprendan a sobrevivir, y no el Estado
a hacerles de todo, que ellos mismos se incluyan en la
ciudad que están compartiendo y que respeten la ciudad
con sus obligaciones, derechos y deberes. (Entrevista
a funcionaria Secretaría de Solidaridad. Corporación
Región, 2003).
Según este testimonio, que cese la condición de desplazado
tiene que ver con que estas personas puedan volver a disponer
de una serie de dotaciones mínimas y es una responsabilidad
básicamente del desplazado mismo. El concepto de reparación material y moral está totalmente ausente de este planteamiento.
Para otro funcionario, la imposibilidad de que en las actuales
condiciones pueda hablarse de que cesa la condición de desplazamiento tiene que ver con su incapacidad para el ejercicio
ciudadano. Su percepción es que los desplazados se insertan en
el mundo de la ilegalidad y, por eso, difícilmente aceptan otras
reglas de juego que, aunque los acercan más a un concepto de
220
Miedo y desplazamiento
ciudadanía, los alejan de los supuestos “beneficios” de su condición de desplazados:
Cuando esta población recibe, por ejemplo, un subsidio
de vivienda y se hace a una vivienda, no quiere pagar el
impuesto predial, ni los servicios públicos, porque tiene
sembrados valores de gratuidad, de ocio, de no gestión,
de estar acusando, estar señalando, estar diciendo que no
les han cumplido… La gente encuentra que es mucho más
productivo estar poniendo quejas que estar gestionando.
(Entrevista a funcionario del Simpad. Corporación Región, 2003).
Desde estas posturas lo que se pone en cuestión es la pertinencia
de la categoría de desplazado y de acciones focalizadas que se
desprenden de las políticas públicas existentes. Se propone no
hablar de políticas para los desplazados sino para la inclusión de
nuevas ciudadanías, en las que podría cobijarse a la población
desplazada y a otros grupos poblacionales excluidos. Esto evitaría
la discusión sobre cuándo cesa la condición de desplazado y le
pondría un techo más universal.
Es mejor hablar de proyectos de nueva ciudadanía, nuevos
vecinos o de vecindario, tratarnos todos como iguales,
sumándole a la persona que ha sufrido ese desplazamiento…. esa categoría no le aporta a un proyecto de nueva ciudadanía, a un proyecto de ciudad para todos, frente a eso
es importante hablar de la universalidad de los derechos,
poniendo a la gente en igualdad de partida frente a los demás, pero no creando categorías que ya se han pervertido.
(Entrevista a funcionario del Simpad. Corporación Región, 2003).
221
¿Cómo perciben los funcionarios...
Esta discusión ha sido abocada a propósito de fallos de tutela en
los que se pone al centro la necesidad de que el Estado realice
acciones positivas a favor de esta población, a la que se reconoce como en un estado de vulnerabilidad extrema y frente al
cual tanto el Estado como la sociedad están en la obligación de
procurar, por todos los medios, una reparación material y moral
(Sentencias T602/03, T269/03, T025/04).
Con esta interpretación coinciden muchos otros funcionarios para
quienes el que exista la categoría del desplazado en la legislación
y la política pública, por un lado permite visibilizar un problema
de magnitudes importantes en el país, pero por otro posibilita una
atención diferenciada de una población en abierta desventaja con
respecto al resto de la población. También desde esta mirada hay
incertidumbre con respecto a que efectivamente pueda haber condiciones que permitan hablar de que la condición de desplazado
ha cesado; sin embargo, se relatan ejemplos en los que, como
dice la ley, la gente ha podido rehacer sus vidas:
La afectación no cesa, el hecho de que una persona sea
o haya sido en algún momento de su historia desplazado, lo va a acompañar por siempre. Ahora bien, creo
que de pronto sí puede ser transitoria la condición de
desplazado; en algunos casos la gente ha retornado y ha
vuelto a su vida normal, hemos tenido desplazamientos
que duran horas, que duran semanas, hay desplazamientos que duran meses, hemos tenido que duran años y
en algunos de esos casos la gente vuelve a recuperar
las condiciones que tenían antes del desplazamiento.
(Entrevista a funcionario de la Red de Solidaridad. Corporación Región, 2003).
222
Miedo y desplazamiento
A pesar de que la ley habla del logro de unas condiciones de
restablecimiento independientes del tiempo y el espacio, es indudable que el componente temporal tiene un peso importante
en la reflexión que sobre este tema realizan los funcionarios:
Uno va a los asentamientos, recibe la gente acá, y sabe
que hay gente que le dice a uno, “yo soy desplazado” y
¿cuánto lleva?, seis años, cinco años, entonces uno dice
¿será desplazado? No. Ya es un habitante más de la ciudad
de Medellín, en la práctica dejó de ser desplazado, en la
ley dice que lo sigue siendo por un asunto que es claro,
las condiciones en que vive acá son diferentes a las que
vivía en su lugar de origen, la mayoría de las veces y en
detrimento de su condición de vida, porque hay unos que
estaban tan mal donde estaban, que llegan aquí y cualquier cosita que se consiguen ya es ganancia para ellos,
pero eso es la condición excepcional, la de muy pocos.
(Entrevista a coordinador de la Unidad de Atención al
Desplazado, UAO. Corporación Región, 2003).
Como vemos, si bien se reconoce que las condiciones de marginalidad y exclusión persisten, la variable temporal crea incertidumbre con respecto a si lo que sencillamente ocurre es que
entran a hacer parte de la masa de excluidos de la ciudad. La
respuesta ante esto para algunos es clara: Puede haber incluso
mejores condiciones de vida, algunos niveles de integración e
inclusión, pero el desplazamiento está marcando para siempre
las vidas de la gente. Reparación no significa olvido. “Hay casos donde la gente ha encontrado algunas oportunidades de desarrollo socioeconómico en la ciudad; sin embargo, no olvida”.
223
¿Cómo perciben los funcionarios...
Teóricamente, el desplazamiento no constituye o no debería
constituir una identidad14. Por eso, decimos, las personas no son
desplazadas; han vivido el desplazamiento forzado y esto, lo
sabemos, marca sus vidas para siempre. Pero no son una masa
homogénea con la que se puedan realizar ejercicios clasificatorios para aprehenderlos en su supuesta esencia identitaria. No
obstante, lo que nos permite concluir la aproximación a estos
imaginarios es que justamente en la manera como han sido reconocidos socialmente les han sido imputadas identidades que
oscilan entre la peligrosidad y el sufrimiento, todas ellas claramente simplificadoras y discriminatorias. Muchas de estas representaciones son introyectadas no sólo por los funcionarios
públicos o la sociedad receptora sino por la misma población
que ha vivido el desplazamiento, que, en muchos casos, hace
suya la mirada que han construido sobre ellos.
Algunas de estas percepciones revelan procesos de estigmatización que impiden su integración social. Como era de esperarse,
no se trata de posturas abiertamente excluyentes, por el contrario, la mayoría de las veces están precedidas de declaraciones
morales que reivindican su condición de víctimas y la respon14. A nuestro modo de ver, esta es una discusión central desde la perspectiva del reconocimiento. A propósito, María Teresa Uribe plantea le discusión en términos de cuestionar el desplazado como una identidad imputada (Secretariado Nacional de Pastoral Social: 2001). Flor
Edilma Osorio coincide en este cuestionamiento y propone decodificar la categoría alrededor de tres conceptos: la situación, referida a la condición material; la posición, que alude
al lugar que ocupa en la sociedad; y la condición, que tiene que ver con las representaciones
socialmente construidas sobre quienes son los desplazados (Osorio: 2001). También Donny
Meertens (1999) lo ha planteado como tema de reflexión desde una perspectiva de género;
y Manuel Delgado (2002), ligado a una crítica al planteamiento de la diferencia de los
multiculturalistas.
224
Miedo y desplazamiento
sabilidad de la sociedad para con ellos. Se trata de prejuicios
latentes, esas formas de xenofobia que subsisten de forma soterrada al interior de las sociedades y se traducen o bien en formas de distanciamiento o en expresiones abiertas de exclusión
(Mármora, 2002:72).
225
REFLEXIÓN FINAL:
MIEDOS Y DESPLAZAMIENTO
A partir de la aproximación que hemos hecho a la problemática
de desplazamiento desde la perspectiva de los miedos y su incidencia en las formas de inclusión y exclusión de la población
desplazada en Medellín, podemos resaltar lo siguiente:
Sobre la experiencia del desplazamiento
–
A través del desplazamiento forzado es posible reconocer
el peso de las experiencias de terror, miedo y muerte en las
historias individuales y colectivas que han vivido importantes
sectores de la población en Colombia y, a su vez, el escaso
reconocimiento de estas experiencias como parte de nuestra
memoria colectiva. A pesar de lo que significa en términos
humanitarios el que casi tres millones de colombianos tengan entre sus relatos vitales el desarraigo y el dolor, no se
ha logrado incorporar el sentido de este drama a la narración
227
Reflexión final
de lo que somos hoy como país y como nación. Esto incide
de manera directa en los sentidos que las propias personas
que han vivido el desplazamiento construyen sobre su experiencia. En la mayoría de los casos ésta es interpretada
como un castigo divino, como producto de la fatalidad del
destino o de la mala suerte, pero no como parte de la historia
social y política que hemos vivido, y de la cual ellos hacen
parte, lo que limita de manera evidente no sólo las posibilidades de elaboración de las pérdidas sino la tramitación de
los derechos que les han sido vulnerados ante un Estado y
una sociedad que escasamente reconoce su responsabilidad
social, política y moral con esta población.
–
Como ya las estadísticas lo han sugerido, el miedo ocupa un
lugar importante entre las causas que producen el desplazamiento, lo que da cuenta, por lo menos, de una doble dimensión: el miedo es usado, alimentado y propagado de manera
explícita como parte de las estrategias de guerra empleadas
por los diferentes actores armados para subyugar la población y, especialmente, para provocar el abandono del lugar
y ejercer un control sobre los territorios. Pero también, es
un sentimiento que activa en las personas alarmas de defensa y protección; en este caso, el desplazamiento es una
respuesta al miedo que busca preservar la vida. Esta doble
dimensión del miedo pone de presente su dimensión social
y colectiva y su preponderancia en contextos de guerra.
–
En relación con la pregunta por los motivos que originan el
desplazamiento, consideramos de gran importancia resal228
Miedo y desplazamiento
tar el hallazgo según el cual, la gente también se desplaza
como una forma explícita de resistir a las dinámicas de la
guerra y a los intentos de dominación por parte de los actores armados. Tanto las mujeres que huyen para evitar que
sus hijos sean reclutados por los grupos armados, como los
hombres que deciden sustraerse a sus designios, se reconocen como parte de los sectores sociales del país que dicen
No a la Guerra. Esta autopercepción se contrapone a las
representaciones que asocian a la población desplazada con
los actores armados y como propagadores del conflicto armado que, como vimos, circulan y tienen bastante peso en
diversos sectores de la sociedad.
Sobre el proceso de inserción a la ciudad
–
Si bien el desplazamiento es una respuesta al miedo, este no
desaparece con la llegada a la ciudad. Entre las experiencias
de miedo y terror vividas por la población desplazada desde
sus lugares de origen hasta los lugares donde se instalan, en
este caso la ciudad de Medellín, lo que predomina son las
continuidades, dada la presencia en los asentamientos de actores armados que, al igual que en el campo, se disputan el
control de territorios apelando a la utilización de amenazas,
muertes selectivas, y al establecimiento de mecanismos de
control sobre la población civil. A ello se suman los temores que les suscita el hecho de vivir en zonas de alto riesgo
y los sentimientos de inseguridad y desconfianza que, como
habitantes de la ciudad, se experimentan frente a problemas
de violencia y delincuencia.
229
Reflexión final
–
En estas condiciones, la ciudad no es un lugar de refugio
para las víctimas de la violencia en las áreas rurales, como
parece haber acontecido con anteriores generaciones de migrantes. La convivencia con diversos tipo de miedos e incertidumbres forma parte de su vida cotidiana, consagrando la
desconfianza como regla de comportamiento; esto dificulta
la creación de lazos sociales y oscurece las visiones que se
construyen frente al otro y frente a la ciudad misma. En este
sentido afirmamos que uno de los principales impactos del
miedo es el debilitamiento o la imposibilidad de construcción de tejido social.
–
Pero aunque el miedo separa y crea barreras, también suscita otro tipo de junturas. Esto puede leerse desde el momento
mismo de la huida en la que se hace uso de todo tipo de
apoyos vecinales y familiares que permitan efectivamente
escapar, y también en el lugar de llegada, en prácticas que
hacen uso de relaciones familiares, parentales y vecinales
para el aprendizaje de estrategias que acuden a la solidaridad de los habitantes de la ciudad, y en menor medida, de
las instituciones sociales y públicas, para sobrevivir. Es a
través de estos vínculos y prácticas que puede hablarse de la
construcción de unos lazos sociales que, aunque precarios,
ayudan a soportar el diario vivir y dan un tenue sentido de
pertenencia.
–
Las personas que han vivido el desplazamiento tienen en
común el dolor, la pérdida, el desarraigo y quizás, los temores y la incertidumbre hacia el futuro, pero no son una comunidad homogénea a la que puedan otorgarse característi230
Miedo y desplazamiento
cas identitarias. Por esto, no basta con haber vivido el desplazamiento para asumir la condición de desplazado, esto
hace parte de un aprendizaje social mediado por los propios
trayectos personales, el mundo de creencias, los recursos
con que cada quien cuenta para hacer frente a la pérdida.
Sin embargo, asumir la situación de desplazamiento como
parte de la identidad, lo cual se revela en la expresión “soy
desplazado”, es un recurso al que se acude de acuerdo a
las circunstancias: identificarse como desplazado u ocultar
esta condición hacen parte justamente de las estrategias de
supervivencia y adaptación a la vida en la ciudad.
–
Las personas desplazadas por la violencia, como otros migrantes, son parte de una construcción social de la que participan sus propias autopercepciones y las que sobre ellos
construye el conjunto de la sociedad. De su parte, las miradas oscilan entre ser víctimas y, por ello, merecedores
de ayuda social y estatal (en la mayoría de los casos como
sujetos pasivos), o sujetos y ciudadanos y, por tanto, impelidos a reclamar los derechos que les han sido vulnerados.
Aunque también en la sociedad receptora se coincide en la
percepción como víctima (en condición de minusvalía), son
más fuertes las miradas peligrosistas que depositan en las
personas que han vivido el desplazamiento y llegan a la ciudad todo tipo de temores relacionados con la expansión del
conflicto armado o la agudización de problemas sociales ya
existentes (pobreza, desempleo, inseguridad, sobrepoblación). El resultado es una construcción social que impide el
reconocimiento de estas personas en la calidad de ciudada231
Reflexión final
nos con sus posibilidades de inclusión social, y también la
asunción de la responsabilidad que posee la sociedad y el
Estado en la reparación material y moral de esta población.
Se trata entonces de construcciones sociales claramente
mediatizadas por el miedo, que en efecto crean mayores
posibilidades de marginación y exclusión.
–
Así como la población desplazada no es homogénea, tampoco lo es la receptora. La pertenencia a un estrato social,
la cercanía espacial, el nivel de formación académica, la
relación con los medios de comunicación, entre otros factores, inciden en las nociones que se construyen frente a la
población desplazada como un Otro. Por ejemplo, aunque la
condición de pobreza y marginalidad en que se encuentran
los habitantes de sectores aledaños a los asentamientos activa
mecanismos de solidaridad, también se generan tensiones por
los perjuicios que puede acarrear la cercanía con estos recién
llegados, en competencia por unos recursos escasos. En los
sectores medios y altos, si bien hay una mayor proximidad a
una interpretación social y estructural del problema, y desde
ahí se practican relaciones de solidaridad, también se activan temores que los hacen coincidir con otros sectores de la
sociedad que ven, como alternativa para ellos y la sociedad,
la del retorno a sus lugares de origen.
–
Es reveladora la escasa alusión que por parte de esta población se ha hecho al Estado, salvo aquellas casos en donde se
le nombra para hacer manifiesta la sensación de abandono
en los momentos más difíciles y el descontento por la dificultad para acceder a ayudas que se les prestan a quienes
232
Miedo y desplazamiento
puedan demostrar que son desplazados. No hay, de parte de
la población desplazada, una representación del Estado ni
como responsable de lo que les ha sucedido ni como garante de sus derechos. Lo que resulta asombroso es como esta
misma opacidad se encuentra en los propios funcionarios
estatales, quienes, o bien por la vía de recalcar la precariedad estructural del Estado para responder a situaciones de
esta magnitud, o por la de responsabilizar a la propia población de la situación que viven, y sobre todo, de la posibilidad de superar sus actuales condiciones de vida, terminan
desvirtuando su papel como garantes de lo público y del
bienestar de la población, en especial de los sectores más
desprotegidos.
–
En lo que respecta a su experiencia de vida en la ciudad vale
destacar los cambios que se han producido en las vidas de
hombres y mujeres que han llegado desplazados. Si bien unos
y otras comparten el miedo a un nuevo desplazamiento y en
cierto sentido reconocen que la “sombra de la guerra” los
acompaña también en la ciudad, este temor se acentúa entre
los hombres, quienes viven con el temor de ser señalados o
reclutados por los actores armados, en virtud de lo cual se
sienten más desprotegidos y de alguna manera limitados para
la reconstrucción de sus proyectos de vida. Para las mujeres,
los miedos se ubican más en el mundo doméstico, y están relacionados con los abusos que vecinos o personas desconocidas
puedan cometer contra sus hijos, con su reclutamiento por los
actores armados presentes en los asentamientos, la pérdida
de sus viviendas, o la desintegración de la familia. También
233
Reflexión final
aquí se pone en evidencia la situación de desprotección en la
que se encuentra esta población y la incapacidad del Estado
para brindarles seguridad. De nuevo, depositar esta función
en la propia defensa o en grupos al margen de la ley parece
ser la opción más clara.
–
En relación con la procedencia es pertinente subrayar cómo
la pertenencia al Urabá o al Oriente antioqueños no marca
diferencias en las experiencias de miedo y terror vividas, ni
tampoco en sus posibilidades de inclusión en la ciudad. Sin
embargo, como se pudo constatar, en el caso de las personas
desplazadas de Urabá se corre el riesgo de ser discriminados
por el mero hecho de provenir de una “zona roja” o de ser
negros, lo que agrega al estigma de ser desplazado discriminaciones de tipo racial. Al mismo tiempo, es en este grupo
poblacional donde encontramos algunas ventajas comparativas en su adaptación a la ciudad, en cierto modo provenientes
de una larga historia de movilidad intrarregional de la que
muchos han participado y que reconocen hoy como una importante fuente de aprendizajes relacionados con una cierta
disponibilidad para dejar todo y volver a empezar.
–
Las visiones que se construyen sobre el futuro están mediadas
de manera directa por el tipo de elaboración que se ha hecho
de las pérdidas y por los trayectos de vida. Lo predominante
es un sentimiento de incertidumbre alimentado por una baja
confianza en sus capacidades para conducir la vida, el escepticismo frente a las posibilidades de ponerle fin a la guerra y
un sentimiento de desamparo y desconfianza frente al Estado.
234
Miedo y desplazamiento
Vale resaltar la importancia de la religiosidad. Como hemos
visto, es desde este mundo de creencias que muchas de las
personas que han vivido el desplazamiento dan sentido a su
experiencia, ya sea como designio divino o como prueba de
superación y fe; pero también, es lo que les provee de unas
certezas mínimas frente al futuro, bien porque el buen Dios
no los ha desamparado y no lo hará mañana o, en la visión
apocalíptica, porque el fin de todas formas está por llegar y
nadie, ni el gobierno, ni ellos mismos, lo pueden evitar. En
este sentido podemos decir que la creencia religiosa llena
un vacío dejado por la inexistencia de un relato social que
no esté marcado ni por la culpa ni por la suerte y ponga al
centro a los sujetos y a la sociedad.
Sobre las políticas públicas
–
Los resultados de esta investigación ponen en evidencia la
importancia del componente subjetivo en la posibilidad de
lograr el restablecimiento, entendiendo por ello no sólo el
acceso a derechos sino la reparación moral de la población.
Por tanto, debería ser asunto de política gubernamental la
promoción de procesos que aporten a la desestigmatización
y a la no discriminación de la población desplazada por el
mero hecho de serlo. Estrategias con este sentido deben estar
dirigidas al conjunto de la sociedad pero de manera muy
particular a los servidores públicos. En otras palabras, la
sensibilización y desestigmatización deberían ser claramente asumidas como un campo en el que se juega, de manera
235
Reflexión final
importante, la posibilidad de reconocimiento de la población
y de construcción de lo público. Para esto, el suministro de
información objetiva sobre los procesos de desplazamiento
y su impacto en la ciudad juega un papel central. Así mismo,
acciones dirigidas intencionalmente hacia la desactivación
de los prejuicios a los que se ha hecho mención.
–
En términos de políticas, es necesario insistir sobre la necesidad de que la administración local se dote de una política
gubernamental que si bien se nutra de postulados nacionales, plantee, de acuerdo a la especificidad de la localidad,
los retos que se asumen en términos de la inclusión social
de esta población. Hay construcciones sociales e históricas
locales y regionales que explican en muchos sentidos las
posibilidades y limitaciones para la inclusión social de esta
población. En este sentido, es urgente adoptar un enfoque
urbano regional que permita no sólo explicar el fenómeno
sino construir alternativas, más allá de la manida oposición
campo-ciudad.
–
Para la construcción e implementación de una política pública
sobre desplazamiento desde una perspectiva democrática se
requiere asumir a cabalidad un enfoque de derechos en los
que se cobijan todos a los que tienen derecho cualquier ciudadano y, de manera particular, el derecho a la reparación,
como propio de esta población. En otras palabras, una política de acción positiva para con la población desplazada que
reconozca los grados de vulnerabilidad en que se encuentra
y la responsabilidad del Estado y la sociedad para con su
reparación social y moral.
236
Miedo y desplazamiento
–
Dichas acciones positivas requieren de un enfoque diferencial que permita atender las particularidades de la población
desplazada desde dimensiones etáreas, de género y cultura.
Esto no invalida la necesidad de que existan estrategias que
no discriminen entre los desplazados y los llamados pobres
históricos, en el sentido de que son formas de intervenir el
entorno, de favorecer una mejor calidad de vida y de propiciar procesos intersubjetivos de integración e inclusión
social.
–
Por otro lado y en la perspectiva del impacto del desplazamiento en la política urbana, necesitamos ahondar en el
sentido de lo que significa el derecho a la ciudad para esta
nueva generación de pobladores, lo cual pasa por el acceso
a derechos vitales como el de la vivienda, pero también por
reconocer su papel y sus aportes en la construcción cotidiana de la ciudad, tal y como ha sucedido con otras generaciones de migrantes.
–
Creemos también que es urgente poner en las agendas públicas el tema de la reparación moral. Con razón, este tema ha
salido a relucir a propósito de la negociación del conflicto
armado y en particular al tema de la verdad, la justicia y
la reparación. Pero no puede esperarse a que haya una negociación o una situación de postconflicto para desarrollar
acciones encaminadas en tal sentido. No sólo los actores
armados, también la sociedad y el Estado estamos en la obligación ética y moral de reconocer las heridas morales que
acompañan a esta población. Para esto es preciso entender
que el restablecimiento no alude ni sólo al acceso a bienes ni
237
Reflexión final
a un componente territorial. No importa en dónde, a lo que
estamos abocados como sociedad es a la reparación material
y moral de esta población. Este debe ser el reto.
Finalmente, en lo que tiene que ver con la labor investigativa, es
claro que se requieren nuevos ejercicios que permitan un mejor
conocimiento de la experiencia del desplazamiento desde las
mismas personas que lo han vivido, pero también desde las sociedades receptoras y desde quienes implementan las políticas
públicas; que reconozcan la dimensión cultural y simbólica del
desplazamiento; que ahonden en la relación con la identidad y
el territorio; con las nociones y vivencias de la pobreza y la seguridad; que profundicen en un enfoque diferencial de género,
edad, etnia, procedencia, en fin, nuevos ejercicios que permitan conocer más sobre el desplazamiento forzado y aporten a la
construcción de propuestas y políticas más cercanas a las necesidades de la población y a la magnitud del problema.
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