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El uso del miedo en los mensajes de salud

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El uso del miedo en los mensajes de salud
REVISIÓN
El uso del miedo en los mensajes de salud
J. R. Ordoñana Martín1,2 / J. Gómez Amor2 / F. Galvañ Olivares3
Sección de Educación para la Salud. Dirección General de Salud Pública. Consejería de Sanidad y Consumo. Región de Murcia.
2
Departamento de Ciencias Morfológicas y Psicobiología. Area de Psicobiología. Universidad de Murcia.
3
Sección de Salud Laboral y Enfermedades del Tórax. Dirección General de Salud Pública. Consejería de Sanidad y Consumo.
Región de Murcia.
1
Correspondencia: Dr. Juan Ramón Ordoñana Martín. Sección de Educación para la Salud. Dirección General de Salud Pública.
Ronda de Levante, 11. 30008 Murcia. E-mail: [email protected]
Aceptado: 30 de junio de 2000
(Use of fear in health messages)
Resumen
Gran parte de las intervenciones en promoción de salud y
prevención de la enfermedad incluyen mensajes, dirigidos a
la población, que se basan en las consecuencias negativas
para la salud que acarrea una determinada conducta. De esta
forma se pretende conseguir la adherencia del público a las
recomendaciones que, habitualmente, son transmitidas en el
mismo mensaje. Estas comunicaciones que utilizan la amenaza como elemento persuasivo fundamental han sido llamadas «mensajes de miedo» y, a pesar de la frecuencia con
que se utilizan, su eficacia para promover las conductas que
recomiendan está sujeta a controversia.
Distintos autores han llegado a la conclusión de que el uso
de la amenaza en los mensajes de salud parece influir en el
desarrollo posterior de actitudes y conductas preventivas. Esto,
no significa, sin embargo, que los mensajes amenazadores
tengan necesariamente consecuencias positivas. Para ello
deben cumplir dos condiciones básicas: provocar la atención
del sujeto en lugar de miedo e incluir una recomendación para
eliminar la amenaza del mensaje, que sea percibida por el
sujeto como eficaz y fácil de realizar. De estas condiciones
se derivan una serie de recomendaciones prácticas para el
desarrollo de mensajes de promoción de salud.
Palabras clave: Mensajes de salud. Mensajes de miedo.
Campañas. Educación para la salud.
Abstract
Many activities in health promotion and disease prevention
address to the target group messages which are based in the
negative consequences for health linked to a certain behavior.
This infomation is supposed to promote adherence to the recommendations that are usually included in the same message.
These kind of communications, which use threat as the basic
persuasive strategy, are defined as «fear appeals» and, in spite
of being a frequent resource for practicioners their effectiveness to promote the recommended behaviors have caused
much controversy.
In trying to answer this question several authors have concluded that the use of threat in health messages can influence the subsequent development of preventive attitudes and
behaviors. However, this does not mean that fear appeals necessarily have positive consequences. To achieve its objective threat messages must meet two basic conditions: they must
induce attention, instead of fear, in the subject; and be accompanied by a recommendation percibed as effective to avoid
the threat and easily carried out by the subject. Some practical advices for the developmente of health promotion messages are derived from these two conditions.
Key words: Health messages. Health promotion. Campaignes.
Fear appeals.
Introducción
llamar «mensajes de miedo»; es decir, comunicaciones
«... que provocan miedo y se focalizan en la severidad
y probabilidad de ocurrencia de una amenaza para inducir la adherencia a una acción recomendada»2. El estilo directo e impactante de este anuncio generó una
cierta polémica, que no llegó a resolverse, relativa a la
eficacia de este tipo de acciones para promover la salud
de la población.
Sin embargo no hace falta remontarse al pasado ni
acudir a ejemplos extremos. La utilización de la amenaza, más o menos velada, es difícilmente evitable y
frecuente en las comunicaciones sobre salud. Aunque
normalmente con menor agresividad que en el caso
as imprudencias se pagan... cada vez más». Es
probable que todos recordemos una frase
«
como ésta, acompañada de imágenes de accidentes de tráfico retratadas con gran crudeza y realismo, que fue utilizada para tratar de reducir
la morbi-mortalidad debida a los accidentes en carretera. Esta intervención se convirtió en una de las campañas a través de los medios de comunicación de masas
de mayor impacto de los últimos años, al menos en cuanto a conocimiento y recuerdo por parte de la población1.
Este sería un claro ejemplo de lo que se ha dado en
L
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J. R. Ordoñana Martín, J. Gómez Amor y F. Galvañ Olivares.— El uso del miedo en los mensajes de salud
mencionado, el usuario se ve confrontado habitualmente
con una serie de amenazas en caso de no seguir las
recomendaciones contenidas en los materiales informativos sobre salud o en el consejo de un profesional
sanitario.
Dentro del campo de la Salud Pública, el interés en
la capacidad de persuasión de los mensajes no es reciente, y se justifica por la necesidad de conseguir una
mayor efectividad en las comunicaciones entre profesionales socio-sanitarios o la Administración Sanitaria
y la población. Esto se plasma en la creciente importancia otorgada a la Educación Sanitaria, al desarrollo
de intervenciones publicitarias sobre temas de salud,
a las comunicaciones sobre riesgos sanitarios o a la
relación médico-paciente. Es decir, todo aquello que
tenga que ver con la transmisión de información relevante para la salud y el efecto que esta información tiene
sobre el individuo.
Paralelamente, el trabajo en este ámbito tiene implicaciones prácticas evidentes. A pesar de la frecuencia
con que se recurre a la amenaza con consecuencias
negativas y de la magnitud del esfuerzo económico y
creativo en la producción y difusión de este tipo de mensajes, no existen apenas evaluaciones de los efectos
de estas intervenciones. Además, hay que tener también en cuenta otro factor. Si bien su efecto puede no
ser de mucha magnitud (la simple exposición a un mensaje no puede tener un efecto generalizado en la población), un pequeño efecto puede tener una gran importancia cuando se trabaja con grandes poblaciones
a través de los medios de comunicación.
Por otra parte, la importancia de los «mensajes de
miedo» no radica únicamente en su posible utilidad para
inducir la práctica de una acción recomendada.
Mensajes que operan sobre los mismos mecanismos
pueden ejercer también desde «el otro lado». Por ejemplo, la inducción de temor a través de comunicaciones
sobre temas sanitarios puede tener una importante repercusión y efectos negativos sobre la salud pública,
provocando conductas cercanas al pánico. Como la todavía reciente problemática acerca de la enfermedad
meningocócica ha demostrado en nuestro entorno, existe una distancia importante entre la ‘objetividad’ de los
hechos y datos sobre riesgos que los estamentos sanitarios comunican a la población y las respuesta emocionales que se generan ante esa información3.
No hay que olvidar tampoco que los mensajes de
salud deben atender, ineludiblemente, a cuestiones éticas relacionadas con la veracidad y la objetividad, y evitar causar perjuicio alguno a la población, como podría
ser una excesiva focalización en la responsabilidad personal ante los problemas de salud y la subsiguiente culpabilización del afectado4,5.
A pesar de todo esto, las decisiones concernientes
al tipo de mensaje a utilizar en una intervención, marco
del mensaje, contexto, soporte, etc. no se apoyan usual-
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mente en una base sólida y científicamente contrastada. Por el contrario, la valoración del mensaje como
efectivo o inefectivo suele estar basada simplemente
en la reacción personal y subjetiva ante el mismo de
quienes deben tomar este tipo de decisiones, a pesar
de que los mensajes etiquetados como más efectivos
no siempre son los que producen el mayor cambio actitudinal6. Como menciona Baggaley «…gran parte del
contenido de la llamada educación en materia de salud
pública para las masas responde más a menudo al
deseo de adaptarse a los caprichos de juntas directivas bien intencionadas que al de alcanzar resultados
útiles»7.
En resumen, la importancia y repercusiones del problema, junto con la carencia de evidencias científicas
que resuelvan la cuestión, justifican que se mantenga
la controversia sobre la ética y, especialmente, la utilidad de la utilización de este tipo de mensajes, que es
el objeto de esta revisión.
Mensajes de miedo y persuasión
De forma muy general, al enfrentarse al problema
de hasta qué punto el miedo afectaba a la capacidad
persuasiva de un mensaje, un enfoque común ha sido
la creencia de que el miedo actúa como elemento motivador y, por tanto, «más miedo» actúa más eficazmente.
Pero también se ha argumentado que la ansiedad
generada por este tipo de mensajes puede producir la
negación o la evitación del mensaje y, en suma, producir un efecto opuesto al deseado8. A este argumento se añaden conceptualizaciones basadas en teorías
pedagógicas o en determinados constructos de la teoría del aprendizaje que hacen hincapié en la mayor eficacia de un acercamiento «positivo» hacia el problema de salud. Así, por ejemplo, un informe técnico en
el que se justifica la no utilización del miedo como estrategia de la campaña suiza contra el SIDA, sin utilizar referencias que apoyen sus conclusiones, afirma que
«…el miedo puede causar conductas irracionales que
pueden ir desde la sublimación al pánico y la anomia...y
prevenir al individuo de tomar responsabilidad por su
vida y sus acciones»9.
Una tercera vía, la más elaborada, ha sido la de considerar que el miedo puede tener un efecto motivador
hasta alcanzar un cierto nivel. A partir de este umbral,
se generarían respuestas defensivas provocando el rechazo del mensaje10.
A grandes rasgos, podemos decir que ninguna de
estas posiciones aporta suficiente evidencia científica
para apoyar sus conclusiones. Las dos primeras, además, ejercen un reduccionismo de los diferentes aspectos del problema a la dicotomía «positivo-negativo»
o «miedo-no miedo». En realidad, el problema es bas-
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tante más complejo, como veremos, y los datos experimentales ofrecen resultados controvertidos.
Así las cosas, las opiniones de investigadores y técnicos se dividen entre quiénes creen en la capacidad
persuasiva del miedo y quiénes opinan que el miedo
puede resultar contraproducente. Por ejemplo, en un estudio realizado entre 30 técnicos que trabajaban con
mensajes de salud, seis pensaban que los mensajes
de miedo son estrategias eficaces en promoción de
salud, 13 creían que este tipo de comunicación es ineficaz, 10 no estaban seguros y uno no respondió11. Ante
la duda o el riesgo potencial de provocar efectos indeseados, no es de extrañar que muchos técnicos prefieran
no usar este tipo de acercamiento en sus mensajes.
sajes de alto y bajo miedo, y los que trabajan con tres
o más niveles de miedo. La importancia de esta diferenciación radica en que los primeros no están diseñados para analizar el efecto de la gradación de la amenaza en el estímulo.
Estudios que comparan dos niveles de miedo
Típicamente, las investigaciones que trabajan con
dos niveles de miedo comparan un estímulo amenazante
con un grupo control o un mensaje neutro, o estímulos de bajo y alto miedo, aunque en los últimos años
es difícil encontrar trabajos que no introduzcan otros
elementos junto a los niveles de amenaza. En este tipo
de estudios encontramos varios trabajos que avalan un
mayor efecto de los mensajes de alto miedo en comparación con los neutros o los de bajo miedo.
Tan-Whihelm et al15, por ejemplo, analizaron el efecto de un plan de intervención sobre las conductas y actitudes de auto-protección de los trabajadores de dos
plantas de procesamiento de mineral. Los empleados
de la planta de intervención informaron de mayor percepción de amenaza que los del grupo control y, paralelamente, actitudes más positivas hacia las prácticas de seguridad y mayor frecuencia de conductas de
protección. Resultados en este sentido se han hallado
también respecto a las impresiones producidas por anuncios sobre SIDA16, la intención de dejar de fumar17,18,
la intención de practicar auto-examen de mama19, la decisión de ayudar a otros20, la intención de vacunarse21
o la higiene22.
Por otra parte, existen trabajos que arrojan resultados en esta dirección, pero modulados por otras variables. Así, Witte et al23 compararon un grupo de estudiantes al que se administró un mensaje escrito
altamente amenazador sobre enfermedades de transmisión sexual, con un grupo control. Pertenecer al grupo
de intervención mostró efecto sobre las actitudes, la intención de conducta y los auto-informes conductuales
relacionados con el uso de preservativo, pero sólo si los
sujetos tenían también una alta percepción de eficacia.
Keller24, por su parte, ha encontrado que los «mensajes de miedo» clásicos eran más persuasivos para
sujetos que ya previamente seguían las recomendaciones, pero que reducir el tono de la amenaza del mensaje tenía mayor efecto sobre los que no lo hacían. Sin
embargo, este efecto se producía a través de un incremento de las percepciones de severidad y susceptibilidad. Y Ben-Ari et al25, informan que la visión de una
película sobre accidentes de tráfico, comparada con un
estímulo neutro, se relacionaba con una reducción en
la intención de conducir de forma temeraria, pero también con un incremento de la velocidad en un simulador de conducción.
En el otro extremo, Gintner et al26 encontraron que
un mensaje con un acercamiento positivo generaba una
Efectos de los «mensajes de miedo»
Siguiendo a Witte12, en un «mensaje de miedo» pueden encontrarse tres componentes diferenciables que
pueden afectar a la respuesta del sujeto:
Componentes estructurales: aquellos que conforman
el discurso lógico del mensaje, incluyendo la introducción al tema, la presentación de una amenaza con consecuencias negativas y la recomendación sobre cómo
evitarlas.
Componentes moduladores: aquellos elementos del
texto o audio-visuales del mensaje utilizados para manipularlo con el sentido e intensidad deseados. Incluye,
por ejemplo, la intensidad o la personalización del lenguaje, el interés emocional o la capacidad impactante
de las imágenes.
Componentes extra-mensaje: Se refiere a aquellas
variables con capacidad de afectar a la persuasión pero
que no están contenidas en el mensaje en sí como, por
ejemplo, la credibilidad de la fuente, la duración del mensaje o el medio utilizado.
La estrategia habitual para tratar de analizar la relación entre un estímulo de estas características y su
capacidad de persuasión ha consistido en manipular
estos componentes (principalmente los moduladores)
con objeto de crear estímulos con distintos niveles de
amenaza y observar el efecto de los mismos. Sin embargo, no existe homogeneidad a la hora de realizar
estas manipulaciones. Así, por ejemplo, se ha tratado
de generar diferentes niveles de miedo variando la cantidad de información en el mensaje, el tipo de información, la presencia o ausencia de películas o la
información que es enfatizada13. Tampoco existe homogeneidad en cuanto a las variables utilizadas. En la
tabla 1 se recogen los principales elementos conceptuales que han sido usados como variables en este tipo
de investigación.
Dentro de los trabajos experimentales en esta
línea podemos realizar una diferenciación inicial entre
aquellos que utilizan dos estímulos, comparando men-
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J. R. Ordoñana Martín, J. Gómez Amor y F. Galvañ Olivares.— El uso del miedo en los mensajes de salud
Tabla 1. Elementos conceptuales, y definiciones, de las variables utilizadas en la literatura sobre «mensajes de miedo»
Variables independientes
Variables dependientes
Niveles de estímulo
Amenaza – Control
Amenaza – Neutro
Amenaza – Positivo
Alta amenaza – Baja amenaza
Amenaza baja – Moderada – Alta
Elementos
Amenaza percibida: conocimiento por parte del sujeto de la existencia de un
riesgo, de magnitud variable, para su salud. Consta de dos conceptos
diferenciados2.
Severidad: creencia individual sobre la gravedad de una amenaza para la
salud.
Susceptibilidad: creencia individual sobre la posibilidad personal de
experimentar una amenaza para la salud.
Eficacia percibida: creencia individual en la efectividad de la recomendación
contenida en el mensaje, para evitar la amenaza para la salud. Consta de
dos conceptos diferenciados2.
Eficacia de la medida: creencia individual en la efectividad de la medida o
instrumento para evitar la amenaza para la salud.
Auto-eficacia: creencia individual en la capacidad personal para llevar a
cabo la acción recomendada.
Miedo subjetivo: percepción de una emoción, vivida como negativa por el
sujeto, provocada por una amenaza con un carácter significativo y
personalmente relevante2.
Miedo: estado del SNC que se manifiesta mediante una conducta motora
observable caracterizada por tensión muscular, hiperreactividad o torpeza
motora; cambios en el estado de conciencia subjetivo con una sensación
creciente de peligro o amenaza; y cambios fisiológicos internos plasmados
en alteraciones vegetativas14.
Activación fisiológica: estado de vigilancia o capacidad de respuesta del SN
medido a través de diferentes índices psicofisiológicos14.
Aceptación de la recomendación
Respuesta adaptativa: respuesta favorable a los intereses del individuo, desde
la perspectiva del emisor del mensaje.
Actitudes hacia la acción recomendada
Intención de conducta
Auto-informe conductual
Conducta real
No aceptación de la recomendación
Respuesta no adaptativa: respuesta contraria a los propios intereses del
individuo, desde la perspectiva del emisor del mensaje.
Reactancia al mensaje: rechazo del sujeto a las recomendaciones contenidas
en el mensaje, provocando una respuesta contraria a la deseada. Consta de
tres conceptos diferenciados2.
Evitación defensiva: tendencia a ignorar o negar las consecuencias
negativas mostradas en el mensaje.
Minimización del mensaje: grado en que los sujetos restan importancia al
contenido de la información contenida en el mismo.
Manipulación percibida: grado en que los sujetos perciben que el mensaje
está tratando de inducirles un opinión determinada.
Otras
Respuesta de orientación: patrón de reacción activa y compleja que se
desencadena ante estímulos nuevos o significativos, comprende un
conjunto de respuestas desencadenado en el SNC y tiene el efecto global
de facilitar la captación de información14.
Respuesta defensiva: patrón de reacción que comprende un conjunto de
respuestas desencadenado en el SNC que aparece ante estímulos de alta
intensidad o potencialmente dañinos y tiene el efecto global de preparar al
organismo para la huida14.
mayor asistencia para tomarse la presión arterial que
un mensaje de amenaza, en un grupo con antecedentes
familiares de hipertensión. Esta diferencia, no obstante, desaparecía cuando los sujetos no tenían antecedentes de este tipo.
• Estudios que hallan resultados negativos o efectos «boomerang»: Kohn et al31, por ejemplo, en su trabajo sobre alcohol y conducción, hallaron que en algunas
condiciones de miedo se desarrollaron actitudes más
positivas que en otros grupos hacia la conducción bajo
los efectos del alcohol.
• Estudios que documentan resultados en forma de
U invertida: en un trabajo clásico en este área, Janis y
Fesbach6 mostraron mensajes sobre higiene dental a
niños de 14 años. Una semana más tarde, el porcentaje que había cambiado su técnica de cepillado era
menor en el grupo de alto miedo. Resultados similares
se han encontrado en trabajos sobre vacunaciones32,
o consumo de tabaco33.
• Estudios que tienen resultados mixtos dependiendo de ciertas condiciones, es decir, que encuentran distintas combinaciones de los tres grupos anteriores en función de otras variables intervinientes. Por
ejemplo, Horowitz34 puso de manifiesto que el incremento del miedo conducía a una mayor aceptación del
mensaje en sujetos voluntarios, pero en no-voluntarios
Estudios que comparan tres o más niveles de miedo
Los trabajos que utilizan tres o más niveles de miedo
pueden clasificarse en cinco grupos, según los resultados que obtienen:
• Estudios que encuentran una relación lineal positiva entre grado de amenaza/miedo y aceptación del
mensaje: Por ejemplo, Evans et al27 llegaron a la conclusión de que los auto-informes de cambio conductual
respecto a higiene dental mejoraban más según se incrementaba el grado de miedo. Otros estudios que encuentran una relación lineal entre miedo y persuasión
han trabajado sobre consumo de medicación preventiva28; actitudes hacia el cuidado dental29; o sobre actitudes hacia organizaciones sanitarias30.
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la relación entre ambas variables tenía forma de U invertida.
• Estudios que no encuentran efecto de los mensajes en ningún sentido: al menos un trabajo no ha encontrado ningún efecto de diferentes mensajes sobre
cogniciones, actitudes o intención de conducta35.
Como se puede ver, se han obtenido resultados que
justifican las distintas posturas adoptadas. Por otra parte,
existen importantes problemas metodológicos que dificultan la comparabilidad y la posibilidad de llegar a conclusiones inequívocas (tabla 2).
Con la lógica precaución a que obligan estos problemas, las últimas revisiones coinciden en que los mensajes de miedo tienen efectos persuasivos importantes sobre la conducta38-42. Para Boster y Mongeau42 la
relación entre contenido amenazante del mensaje y
miedo es positiva, así como la relación entre contenido amenazante y persuasividad. Hale y Dillard39, por
su parte, terminan concluyendo que existe evidencia de
que el miedo es persuasivo, si bien las explicaciones
ofrecidas no son consistentes con los datos disponibles.
Según estos autores, de los metaanálisis realizados se
desprende claramente que el contenido amenazante de
los mensajes es persuasivo, existiendo una relación positiva entre el miedo percibido y la actitud del sujeto,
así como entre el miedo percibido y la conducta.
Sin embargo, sería prematuro afirmar, inequívocamente, que la utilización del miedo tiene efectos positivos en cualquier situación o problema de salud, para
todas las audiencias e independientemente de la intensidad con que se produce. Por el contrario, las revisiones mencionadas también concluyen que el uso
del miedo tiene limitaciones y que los efectos positivos
no se presentan bajo cualquier condición.
Tabla 2. Principales problemas metodológicos encontrados en
la literatura sobre «mensajes de miedo».
• Diseño de los estudios36: selección de muestras demasiado pequeñas para
alcanzar conclusiones significativas o introducción de variables de confusión
(p.ej, duración del estímulo o utilización de mensajes completamente
diferentes para generar distintos niveles de miedo).
• Heterogeneidad en la manipulación de los estímulos: se ha tratado de
provocar diferentes niveles de miedo manipulando la cantidad de información
en las comunicaciones, el tipo de información, la presencia o ausencia de
películas aversivas, o la información que es enfatizada.
• Plan de análisis: en muchas ocasiones se ha utilizado el tipo de estímulo
(p.e.: amenazante vs. neutro) como variable independiente en los análisis,
mientras que las conclusiones se referían a variables derivadas de la
percepción de dicho estímulo (amenaza percibida). Sin embargo, ambas
variables se encuentran a distinto nivel y no son intercambiables.
• Comparabilidad: no existe acuerdo en cuanto a la valoración del grado de
amenaza de un estímulo. Mensajes similares podrían ser catalogados como
muy amenazantes en un trabajo, y de miedo moderado en otro.
• Escasa aplicabilidad: muchos de los estímulos utilizados, especialmente los
de tipo visual, presentan una validez ecológica dudosa. El uso de imágenes
altamente ansiógenas puede no presentar problemas éticos dentro del marco
de una investigación, pero este tipo de imágenes no puede utilizarse
normalmente en el mundo real (salvo excepciones) para comunicar
información sobre los riesgos de una determinada conducta. Por tanto, los
resultados obtenidos son difícilmente extrapolables a la práctica habitual de
los responsables de emitir información sobre salud.
• Operacionalización de los conceptos: pocas de las investigaciones revisadas
coinciden en la operacionalización de los distintos conceptos utilizados. Por
ejemplo, no se realiza una diferenciación clara entre «amenaza» y «miedo»,
siendo la primera un concepto cognitivo y la segunda una emoción que
incluye en su expresión una respuesta fisiológica.
• Plazo del efecto: se están buscando efectos a corto plazo, sin embargo, dado
que las conductas se desarrollan con posterioridad a la recepción del
estímulo, el efecto de éste debe ser a un plazo más largo. Por tanto, el
estímulo debería tener incidencia sobre procesos psicológicos que se
mantengan durante un cierto periodo de tiempo, no sobre aspectos
situacionales de escasa duración37.
• Focalización en la aceptación del mensaje38: los factores que pueden influir
en el rechazo del mismo se han dejado a un lado. Sin embargo, tanto los
factores relacionados con la aceptación como los relacionados con el rechazo
del mensaje deberían ser igualmente importantes y, probablemente,
interaccionan para producir el resultado final.
Efecto de los componentes del mensaje
Atendiendo a estas conclusiones previas, la pregunta
no sería ya si la utilización del miedo es eficaz o ineficaz, sino bajo qué condiciones el uso del miedo resulta útil para promover las conductas deseadas. Este cambio de enfoque genera multitud de interrogantes; y el
primero de ellos, en lo que a cuestiones prácticas se
refiere, se centraría en cuáles son los componentes de
un «mensaje de miedo» que influyen sobre el sujeto.
No todas las investigaciones utilizan los mismos
componentes estructurales de un mensaje de miedo.
Además, en la literatura se ha producido cierta confusión entre los conceptos de ‘miedo’, ‘amenaza’, ‘ansiedad’ y ‘activación fisiológica’. De hecho, estos términos han sido intercambiados frecuentemente y el
concepto de miedo ha sido operacionalizado como autoinformes de ansiedad, activación fisiológica, respuestas a adjetivos o valoraciones de preocupación, entre
otros38,43.
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Por estas razones se ha realizado una clasificación
para estudiar por separado el efecto de cada uno de los
componentes de un mensaje de miedo y de sus posibles interacciones. Con el ánimo de clarificar la situación, en esta clasificación se han reunido bajo el epígrafe de ‘amenaza’ los estudios que se centran en un
componente cognitivo relativo a una percepción subjetiva de peligro, independientemente del término escogido por los autores. Bajo el epígrafe de ‘miedo’ se han
incluido solamente los datos provenientes de investigaciones que, independientemente de la forma de medida, entienden el miedo como un concepto emocional
o lo definen como variable independiente de la amenaza.
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Amenaza (severidad y susceptibilidad)
minar con el problema y la confianza en la capacidad
para llevarla a cabo. Estos dos últimos elementos, eficacia de la medida y auto-eficacia, son tenidos en cuenta también por Rogers13 como parte central de su «Teoría
de la Motivación para la Protección» y por Witte12,38,43
en su «Modelo de Proceso Paralelo Extendido», que
se exponen más adelante.
La eficacia de la medida ha mostrado tener influencia
sobre las actitudes19, las intenciones conductuales17,19,54
y la conducta8,18,28,55 en temas relacionados con la salud.
La auto-eficacia, por su parte, también ha mostrado influencia sobre las intenciones de seguir la recomendación del mensaje19,48. Beck y Frankel41, en su revisión,
llegaron a la conclusión de que la auto-eficacia no sólo
es un constructo importante, sino que es crítica para
entender el efecto de los mensajes.
También en el caso de la eficacia existe relación con
respuestas no-adaptativas. La creencia en la ineficacia
de la respuesta parece incrementar el fatalismo y los pensamientos religiosos. La baja percepción de auto-eficacia
parece producir sentimientos de desesperanza19.
La amenaza es en realidad el elemento central de
este tipo de estudios. Los investigadores, a la hora de
operacionalizar esta variable, han utilizado tanto la gravedad de la consecuencia, como la posibilidad de que
ésta ocurra. Es decir, lo que se ha llamado severidad
y susceptibilidad percibidas.
Se ha encontrado que la magnitud de la severidad
ejerce efecto sobre la intención de conducta17,18,44, y
sobre la conducta en sí45. Smith-Klohn y Rogers46 estudiaron distintos componentes de la severidad y llegaron
a la conclusión de que aspectos como la visibilidad (que
la enfermedad sea desfigurante o fácilmente detectable por otras personas) o la cercanía temporal en la aparición de la consecuencia negativa, afectaban positivamente a las intenciones de adoptar la recomendación
preventiva. La forma de presentación (aparición repentina
o gradual de la enfermedad) no tuvo, sin embargo, efecto sobre las intenciones de conducta.
Por otra parte, la gran mayoría de las teorías sobre
conductas de protección de la salud contemplan la
susceptibilidad percibida o vulnerabilidad como una motivación primordial para la evitación de conductas de riesgo y la toma de medidas preventivas47. Trabajando específicamente sobre mensajes de salud, varios estudios
han encontrado que la susceptibilidad, independientemente de la severidad, ejerce un efecto sobre la intención
conductual y la conducta44,48-50.
Sin embargo, otros autores argumentan que la evidencia del efecto de la susceptibilidad percibida sobre
la conducta es discutible, manteniendo que no es pertinente asumir que el conocimiento del riesgo cambia
conductas. Más bien, sería la práctica o no de actividades de riesgo la que influencia las estimaciones de
vulnerabilidad47,51,52.
También existen datos sobre una relación entre
los componentes de la amenaza y respuestas negativas. Se ha propuesto que una amenaza alta
puede provocar conductas no adaptativas del sujeto
(evitación, rechazo o minimización del mensaje) con
objeto de escapar de los sentimientos negativos generados por dicha amenaza2. Rippetoe y Rogers19, por
su parte, encontraron que, frente a una amenaza para
la salud, la susceptibilidad percibida incrementaba los
sentimientos de desesperanza y la severidad percibida los pensamientos mágicos (creencia en curas milagrosas).
Interacción amenaza - eficacia
Muchos autores han sugerido la existencia de un
efecto conjunto de la amenaza y la eficacia sobre la capacidad persuasiva del mensaje8,12,23,38,52,56,57. Como
ejemplo de los estudios cuyos resultados llevan a concluir la existencia de esta interacción podemos mencionar dos trabajos. Witte58 encontró que el incremento en el nivel de miedo sobre SIDA producía un aumento
del uso del preservativo, pero sólo si la eficacia percibida era alta. Por su parte, en el trabajo de Rippetoe y
Rogers19 se pone de manifiesto que si la eficacia de la
medida y la auto-eficacia eran altas se generaban actitudes más positivas y mayor intención de realizar autoexamen de mama, que cuando la amenaza era alta y
los componentes de la eficacia no. Es más, en esta última condición se generó un mayor número de respuestas no-adaptativas (fatalismo, fe religiosa, y desesperanza) que en la primera.
Como se verá más adelante, estos estudios han llevado al desarrollo de modelos más complejos en los
que, por ejemplo, la eficacia tendría un efecto positivo
sobre la persuasión, pero sólo cuando la amenaza es
alta13,38.
Miedo
A pesar que el miedo sigue siendo el concepto alrededor del cual sigue girando la literatura científica sobre
este tema, y de que existe consenso sobre su naturaleza emocional, son pocos los estudios que definen claramente y de forma mensurable este concepto, diferenciándolo de otras variables de corte cognitivo. En
muchos casos en que el miedo se ha evaluado de forma
diferenciada de otras variables, se ha utilizado solamente
Eficacia (eficacia de la alternativa y auto-eficacia)
La idea de que un mensaje será persuasivo en tanto
que ofrezca una conducta alternativa a la conducta de
riesgo está ampliamente aceptada. Para Sutton53, por
ejemplo, la capacidad persuasiva de un mensaje vendría determinada por el valor subjetivo de la alternativa, la eficacia percibida de dicha alternativa para ter-
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J. R. Ordoñana Martín, J. Gómez Amor y F. Galvañ Olivares.— El uso del miedo en los mensajes de salud
para controlar el éxito de las manipulaciones. En
otros, ni siquiera se ha llegado a medir59-62.
A este respecto hay algunos estudios que diferencian miedo subjetivo de otras variables y, entre ellos,
encontramos resultados en todos los sentidos. Por ejemplo, Leventhal et al21 no hallaron un efecto de la condición experimental (alto miedo/bajo miedo) sobre la conducta de vacunación. Sin embargo, cuando en lugar de
analizar los datos en función del tratamiento recibido,
compararon los sujetos que se habían vacunado con
los que no, controlando por los efectos de los mensajes, encontraron que los primeros puntuaban significativamente más alto en los ítems de miedo y ansiedad de su escala.
Por otra parte, por ejemplo, Rippetoe y Rogers19 no
encontraron efecto del miedo subjetivo sobre la intención de practicar auto-examen de mama. De acuerdo
con sus análisis, el miedo provocó pensamientos de evitación. Estos, a su vez, tenían un efecto reductor sobre
el miedo y sobre la intención de conducta.
En todo caso, las dificultades de operacionalización
y medición, junto con el hecho de que la aparición del
estado emocional de temor se ha relacionado más con
el rechazo al mensaje que con los efectos positivos del
mismo han conllevado que el miedo sea el gran olvidado en la investigación sobre ‘mensajes de miedo’38.
Además, a pesar de que todos los autores coinciden en que el miedo generado por los estímulos debería manifestarse a través de cambios psicofisiológicos, son pocas las investigaciones que han tenido en
cuenta estas variables y, menos aún las que han tomado
registros de activación autonómica para determinar la
respuesta a los estímulos o utilizarlos como variable independiente.
Hasta el momento, el papel que se ha otorgado a
la activación fisiológica en la literatura sobre mensajes
de miedo, aunque dista mucho de estar claro, ha tenido globalmente dos vertientes. Por un lado, la actividad vegetativa se ha considerado un indicador del estado emocional. Solamente dos trabajos habían recogido
hasta ahora indicadores objetivos de activación autonómica durante la exposición al estímulo. En un estudio mencionado por Rogers13, Corah et al compararon
comunicaciones de alto y bajo miedo sobre higiene dental, pero su manipulación no tuvo ningún efecto sobre
la actividad electrodérmica, tasa cardiaca o auto-informes de miedo63. Por su parte, Mewborn y Rogers64 mostraron dos películas completamente diferentes sobre enfermedades de transmisión sexual y midieron la tasa
cardiaca y conductancia de la piel durante la exposición. En este caso, sí se encontró un incremento generalizado en las variables fisiológicas asociado al estímulo de alto miedo, aunque este incremento no se
relacionó con la intención de cambio conductual. Otro
enfoque distinto ha sido el estudio del efecto de la activación autonómica, provocada por la recepción de una
Gac Sanit 2000;14(Supl. 3):45-59
comunicación persuasiva, sobre el procesamiento de
la información que contiene. Desde este punto de vista
se ha argumentado que el estado de activación del sujeto mientras recibe una comunicación persuasiva
puede afectar al almacenamiento de información, al recuerdo y a la persuasión en general65. Estos trabajos
no llegan a medir en realidad la activación fisiológica,
pero postulan, en general, que la activación a bajos niveles tendría efectos facilitadores, mientras que a altos
niveles terminaría entorpeciendo el procesamiento de
la información, el reconocimiento o la memoria66-68.
Dentro de esta panorámica, un estudio reciente aporta elementos que podrían ser de relevancia para la comprensión de la relación entre tipo de mensaje, activación autonómica que provoca y capacidad persuasiva
del mismo69. En este estudio se crearon cuatro mensajes, promocionando la vacunación antitetánica, que
mezclaban dos niveles de amenaza y dos niveles de
eficacia y, durante la exposición a los mismos, se monitorizó la respuesta autonómica. Posteriormente, además de otras variables cognitivas se evaluó la conducta
de vacunación. Los resultados mostraron que la presencia de un tipo específico de respuesta autonómica
(respuesta de orientación) tenía un importante efecto
sobre la probabilidad de que los sujetos acudieran a
recibir la dosis de recuerdo.
Este tipo de respuesta se caracteriza por un patrón
fisiológico de descenso en frecuencia cardiaca, incremento en actividad electrodérmica y descenso en volumen de pulso periférico. Dicho patrón se relaciona con
la facilitación de procesos atencionales, no con la existencia de miedo. Comprende un conjunto de respuestas, desencadenado en el sistema nervioso central, que
tiene el efecto global de facilitar la captación de información, y se asocia a la disposición para detectar y procesar estímulos externos, al incrementar la receptividad sensorial y preparar al organismo para responder
a dicha estimulación14,70,71. Además, esta respuesta se
ha asociado específicamente con el procesamiento de
información amenazante72.
Es decir, aquellos mensajes que provocaban una respuesta de tipo atencional, que fueron los más amenazadores, resultaban más eficaces a la hora de promover la vacunación antitetánica que los mensajes que
generaban respuestas defensivas (incremento de la
frecuencia cardiaca y de la actividad electrodérmica junto
con descenso en volumen de pulso periférico) más relacionadas con estados emocionales de temor.
Otros factores relacionados con la amenaza en el mensaje
Tipo de conducta
Diversos autores han propuesto que la reacción frente a la amenaza puede variar en función del tipo de conducta recomendada en la comunicación. Por ejemplo,
51
J. R. Ordoñana Martín, J. Gómez Amor y F. Galvañ Olivares.— El uso del miedo en los mensajes de salud
se han planteado varias dicotomías conductuales en las
que los mensajes de miedo podrían tener efectos diferentes: conductas de abandono (dejar de fumar) versus conductas de evitación (no empezar a fumar)17; conductas de protección (vacunación) versus conductas de
detección (acudir a rayos-X)73; o conductas simples (vacunación) versus conductas complejas (uso consistente
del preservativo)47.
bida por el público fue provocar respuestas del tipo: «no
es para tanto, nos quieren atemorizar para no tener relaciones sexuales», «se pretende fomentar las relaciones
sexuales entre los jóvenes» o «no se nos da toda la
información». Estas respuestas son claramente divergentes y su naturaleza depende de las actitudes y valores personales de cada individuo, pero bajo todas ellas
subyace una interpretación de los objetivos del comunicador y una evaluación de éstos y de las tácticas utilizadas, en función de conocimientos previos producto de la experiencia.
Características de la audiencia
En este apartado se pueden destacar variables como
la edad, la voluntariedad en la exposición al mensaje, la
ansiedad-rasgo, entendida como la tendencia individual
a percibir una situación como amenazadora, y los costes percibidos de la respuesta39. Los mensajes de alto
miedo parecen ser más efectivos para audiencias de
mayor edad, mientras que parecen perder eficacia en audiencias jóvenes. Del mismo modo, mientras en sujetos
voluntarios los mensajes de alto miedo se muestran más
eficaces que los de bajo miedo, esta eficacia decrece
en no-voluntarios. Este hecho se ha explicado como un
efecto de reactancia al mensaje, al no poder elegir verse
expuesto al mismo o no. También las personas ansiosas parecen responder de forma diferente que las noansiosas. Para estas últimas los mensajes de alto miedo
serían más efectivos que los de bajo miedo. Además,
los costes de la respuesta percibidos por el sujeto influyen
también en la capacidad de persuasión del mensaje.
Cuantos más costes se perciban y más importancia tengan estos, menos persuasivo será el mensaje.
Los mensajes de miedo y la conducta:
teorías explicativas
Las elaboraciones teóricas surgidas para explicar
los datos encontrados han sido varias, y han seguido
una evolución temporal con altibajos en lo que respecta
a la importancia otorgada a factores cognitivos y emocionales de los mensajes. Tampoco son completamente
específicas de este campo. Lógicamente son deudoras de otras teorías de mayor alcance, y toman sus elementos conceptuales de modelos clásicos aplicados a
las conductas relacionadas con la salud, como el
«Modelo de Creencias de Salud» o la «Teoría de la
Acción Razonada», y de teorías generales del aprendizaje. Sin embargo, ninguno de estos modelos ha logrado dar una respuesta completamente satisfactoria
al problema y las inconsistencias de los resultados empíricos siguen siendo difíciles de explicar20,36,39.
Tipo de amenaza
Las comunicaciones amenazantes también pueden
ser más efectivas cuando no se centran en la salud,
sino en otros valores más importantes para el sujeto,
dependiendo por tanto de las características de éste.
Por ejemplo, la amenaza relacionada con la aceptación
social se ha mostrado más eficaz que la amenaza en
términos de salud bucodental en niños22.
Modelos de miedo como impulso adquirido
Estos modelos parten del concepto de miedo como
respuesta aprendida, cuya aparición provoca la conducta
de evitación. Entre ellos, el más conocido es el propuesto
a partir del trabajo clásico de Janis y Fesbach6. Estos
autores, en su estudio sobre el efecto de tres mensajes diferentes sobre la salud bucodental, encontraron
que el miedo moderado parecía persuadir más eficazmente que el miedo alto. A partir de aquí, propusieron
que el miedo tiene tanto efectos facilitadores como entorpecedores del cambio. De esta forma, se produciría una relación curvilinea entre miedo y persuasión en
forma de U invertida. El incremento en activación producido por el estímulo provocaría un incremento asociado en la probabilidad de aparición de una respuesta que redujera ese estado de activación. Mientras esta
activación se mantuviera en niveles bajos, los efectos
facilitadores del miedo (incremento de la vigilancia o búsqueda de refuerzo) superarían a los posibles efectos
entorpecedores. Sin embargo, cuando la activación alcanzara un punto determinado, estos efectos entorpe-
Análisis del mensaje
Por último, el análisis cognitivo y racional del mensaje también puede afectar al efecto del mismo. El
«Modelo de Conocimientos sobre Persuasión» de
Friestad y Wright74, asume que los individuos tienen un
conocimiento aprendido sobre cuándo y quién intenta persuadirlos, cuáles son sus objetivos y qué tácticas utiliza
para ello, lo que modularía el efecto de la intervención.
Esto significaría que el efecto de cualquier táctica (como
la inducción de miedo) puede ser alterado por la creciente
conciencia del uso de tales tácticas entre la población.
Este modelo explicaría algunas de las respuestas
dadas por la población ante situaciones amenazantes.
Por ejemplo, en el caso del SIDA, uno de los efectos
de la gran cantidad de información amenazante reci-
Gac Sanit 2000;14(Supl. 3):45-59
52
J. R. Ordoñana Martín, J. Gómez Amor y F. Galvañ Olivares.— El uso del miedo en los mensajes de salud
cedores superarían a los facilitadores y, en consecuencia, la probabilidad de aparición de la respuesta
decrecería.
que la acción recomendada sea efectiva en eliminar la
amenaza. Cuando cada una de las variables mencionadas
está a un nivel alto, habría un máximo de motivación para
protegerse y, por tanto, de aceptación de la recomendación
contenida en el mensaje13.
De acuerdo con esta Teoría, ante una fuente de información se inician dos procesos: la evaluación de la
amenaza (p.ej., cáncer de pulmón) y la evaluación del
afrontamiento. La primera evalúa las consecuencias de
actuar de forma mal adaptada, mientras que la segunda
evalúa las consecuencias de enfrentarse al problema
adaptativamente. Ambas evaluaciones se organizan en
torno a otras dos categorías, en función de los factores que incrementan o decrecen la probabilidad de ocurrencia de la respuesta (Fig. 1). El miedo afectaría sólo
indirectamente al cambio de actitudes o conducta, a través de la evaluación de la severidad del peligro.
El grado de motivación para la protección sería, por
tanto, función de los procesos de evaluación de la amenaza y del afrontamiento, lo que significa que el estado emocional de miedo tiene un papel mínimo en esta
teoría.
Modelo de Respuesta Paralela
Leventhal desarrolló este modelo poniendo más énfasis en los procesos cognitivos que en los emocionales75. Este autor propuso la existencia de dos procesos
paralelos centrados en la percepción de la amenaza
(cognición) y del miedo (emoción).
Así, si como reacción ante un mensaje de miedo,
el individuo se centra en sus cogniciones sobre la amenaza, se desencadenarían «procesos de control del peligro». Es decir, estrategias para luchar contra la amenaza, como cambios actitudinales, de intenciones o
conductuales, de tipo adaptativo. Sin embargo, si se focaliza en el sentimiento de miedo y trata de controlarlo, experimentaría «procesos de control del miedo», que
llevarían a la negación o minimización del mensaje y,
por tanto, a conductas no-adaptativas. Estos dos procesos serían paralelos o independientes.
Modelo de Respuesta Paralela Extendido
Teoría de la Utilidad Subjetiva Esperada
Witte2,12,23,38,43,57,58,76, teniendo en cuenta los problemas que afectan a los modelos mencionados anteriormente, ha recogido y modificado la propuesta de
Leventhal, incorporando conceptos de las otras teorías. Según esta autora, en las últimas conceptualizaciones hay un excesivo énfasis en las cogniciones. En
su propuesta, sin embargo se otorga un papel relevante
al ‘miedo’, introduciéndolo de nuevo en las explicaciones sobre el efecto de este tipo de mensajes.
Según Witte, cuando una persona se enfrenta a un
mensaje de miedo se inician dos evaluaciones. Primero,
el individuo evalúa la amenaza percibida, la cual dependería de la severidad de la amenaza y de la susceptibilidad a la misma que percibe el sujeto. Si la amenaza es percibida como trivial o irrelevante no habría
motivación para seguir procesando el mensaje, la eficacia de la recomendación no sería evaluada y no se
produciría respuesta al mensaje de miedo.
Si esta primera evaluación concluye con una percepción de amenaza moderada o fuerte, entonces se
elicitaría miedo. Este miedo motivaría la segunda evaluación, que se centraría en la eficacia de la acción recomendada en el mensaje, la cual estaría compuesta
a su vez de la eficacia de la recomendación para evitar la amenaza y la auto-eficacia o confianza en la propia capacidad de llevar a cabo la recomendación.
En esta segunda evaluación, puede suceder que la
eficacia percibida de la acción recomendada sea baja,
en cuyo caso se desencadenarían procesos de control
del miedo y respuestas no adaptativas. Sin embargo, si
Otros modelos posteriores otorgaron mayor importancia
a factores de corte cognitivo53,60. Según esta teoría la fuerza de la intención del cambio conductual depende de:
a) La ‘utilidad’ percibida de la amenaza, es decir, el
valor subjetivo de las consecuencias positivas propuestas en el mensaje; b) La ‘diferencia de probabilidad’, es
decir, la probabilidad subjetiva de que la amenaza ocurra si no se sigue la recomendación, comparada con las
probabilidad si se sigue la recomendación; c) La ‘confianza’, es decir, la probabilidad subjetiva o capacidad
personal, de llevar adelante la alternativa propuesta.
Para estos autores, el miedo no tendría ningún papel
mediador en el efecto de la comunicación persuasiva.
La relación entre el miedo y la aceptación del mensaje, se explicaría porque el miedo sería un simple reflejo
de las cogniciones sobre las consecuencias desagradables expuestas en el mensaje.
Teoría de la Motivación para la Protección
Rogers desarrolló la Teoría de la Motivación para la
Protección especificando los componentes del mensaje
y los procesos cognitivos que llevaban a respuestas adaptativas. Según este modelo, la relación miedo-persuasión
es lineal y depende de cuatro variables perceptuales: 1)
la severidad de la amenaza; 2) que el sujeto se perciba
vulnerable ante esa amenaza; 3) que el sujeto tenga capacidad para llevar a cabo la acción recomendada; y 4)
Gac Sanit 2000;14(Supl. 3):45-59
53
J. R. Ordoñana Martín, J. Gómez Amor y F. Galvañ Olivares.— El uso del miedo en los mensajes de salud
Figura 1. Teoría de la Motivación para la Protección: Procesos Cognitivos Mediadoresa
Factores que afectan a la probabilidad de la respuesta
Incrementan
Respuestas
no-adaptativas
Decrecen
Refuerzos
intrínsecos
Severidad
=
—
Refuerzos
extrínsecos
Evaluación
de la amenaza
Vulnerabilidad
Motivación
para la protección
Miedo
Respuestas
adaptativas
Eficacia
de la respuesta
—
Costes
de la respuesta
=
Evaluación del
afrontamiento
Auto-eficacia
a
Tomado de Rogers7.
se percibe que esta eficacia es alta, se desencadenarían procesos de control del peligro y, por tanto, respuestas
de protección adaptativas. En este último caso el miedo
sería evaluado como una clave situacional. (Fig. 2)
cionan un patrón único de respuesta. Si este tipo de
mensajes generara únicamente miedo en los sujetos
cabría esperar que produjeran una respuesta intensa
de tipo defensivo. Una respuesta de estas características fue encontrada por Mewborn y Rogers64, pero para
ello debieron utilizar estímulos extremadamente agresivos, inutilizables fuera del marco del laboratorio. Sin
embargo, otros trabajos, que utilizan estímulos menos
agresivos no encuentran este patrón de forma consistente como respuesta a los mensajes de alto miedo69,77.
En segundo lugar, es necesario tener en cuenta que
dadas las características de los estímulos que se utilizan en este tipo de investigación (larga duración, uso
de varios canales para transmitir la información o presentación de fluctuaciones en el grado de amenaza de
la información presentada) es muy probable que se produzcan diferentes emociones entremezcladas con periodos neutros a lo largo de la presentación del mensaje, dependiendo de la información que esté
procesando el sujeto.
La tercera razón para dudar de la capacidad de los
mensajes para generar únicamente miedo es que, para
provocar esta respuesta emocional, se han utilizado habitualmente imágenes realistas de gran crudeza. Sin embargo se ha encontrado que este tipo de fotografías
(p. ej., amputaciones) no son catalogadas por los sujetos como productoras de miedo, sino de otras respuestas emocionales incluyendo asco, tristeza o enfado35,77. En realidad, hoy día, la población está expuesta
continuamente, a través de los medios de comunicación, a imágenes más impactantes y agresivas que las
Nuevas aportaciones
Todos estos modelos han ido incorporando conceptos de teorías anteriores. Sin embargo, a pesar de
que el último de ellos, el Modelo de Respuesta Paralela
Extendido, parece ser el de mayor capacidad explicativa, aún no es capaz de dar respuesta a todas las preguntas39. En este panorama, una serie de cuestiones
surgidas de estudios recientes aportan nuevos puntos
de vista que pueden contribuir a clarificar la situación
incorporándose a los Modelos existentes, ampliándolos y mejorando su acercamiento a la realidad.
¿Dan miedo los «mensajes de miedo»?
Las comunicaciones que se han llamado en la literatura «mensajes de miedo» podrían no generar miedo
en el sujeto realmente o, en todo caso, el miedo podría no ser la principal respuesta ante este tipo de mensajes. Son varios los motivos que nos llevan a este planteamiento:
En primer lugar, los estudios sobre la respuesta fisiológica a estímulos de estas características no men-
Gac Sanit 2000;14(Supl. 3):45-59
54
J. R. Ordoñana Martín, J. Gómez Amor y F. Galvañ Olivares.— El uso del miedo en los mensajes de salud
Figura 2. Modelo de Proceso Paralelo Extendidoa
Estímulo
externo
Procesamiento del mensaje
(Evaluaciones 1 y 2)
Resultados
EFICACIA PERCIBIDA
(Auto-eficacia
Eficacia de la alternativa)
COMPONENTES
DEL MENSAJE
Auto-eficacia
Eficacia de la
alternativa
Susceptibilidad
Severidad
Proceso
Motivación
para la
protección
Aceptación
del mensaje
Procesos de control
del peligro
Motivación
defensiva
Rechazo
del mensaje
Procesos de control
del miedo
MIEDO
AMENAZA PERCIBIDA
(Susceptibilidad
Severidad)
Feedback
No se percibe amenaza
(No respuesta)
Diferencias individuales
a
Tomado de Witte et al49
utilizadas en los mensajes, por lo que resulta difícil producir realmente miedo.
mensaje se relaciona con un incremento en la capacidad de procesamiento de la información. Keller y
Block79, por ejemplo, mantienen que el nivel de
miedo/amenaza está relacionado con el grado de elaboración del mensaje y, por tanto, con la persuasión.
El miedo no tendría un efecto directo sobre la capacidad persuasiva del mensaje, sino que causaría un incremento en la elaboración de la información contenida en el mismo.
Como ya se ha mencionado, la aparición de una
respuesta atencional ante el mensaje (respuesta fisiológica de orientación) parece tener un efecto determinante sobre la aceptación de la recomendación contenida en el mismo. Es decir, primero, el mensaje necesitaría generar un cierto nivel de activación (atención) para producir un efecto, lo que está de
acuerdo con los planteamientos de alguna de las principales teorías explicativas. Este nivel de activación podría estar provocado por información amenazante, en el
caso de los «mensajes de miedo», o por elementos de
otra índole que pueden estar incluidos en una comunicación (por ejemplo, la publicidad utiliza muy frecuentemente recursos como estímulos sexuales o sorpresa).
Segundo, el mensaje debería provocar un patrón
de respuesta de orientación. En otras palabras, la
información destinada inicialmente a generar miedo
produciría, en realidad, un mayor interés por procesar
el mensaje, una tendencia a la focalización del sujeto
en la información contenida en el mismo, si bien esto
no impediría que, en momentos concretos, alguna de
las imágenes o parte del texto pudieran producir miedo.
¿Qué tipo de respuesta provocan entonces los «mensajes de miedo»?
La explicación más lógica es que este tipo de comunicaciones producirían en realidad una secuencia de
respuestas, y que dentro de esta secuencia podrían encontrarse distintos estados emocionales. En función de
esto, la valoración subjetiva global del individuo sobre la
magnitud o la dirección de su respuesta emocional al mensaje, medida al finalizar la exposición, dependerá del momento de referencia que utilice. La respuesta fisiológica, por su parte, variará paralelamente al efecto que vaya
provocando el mensaje en el sujeto, por lo que ambas
no tienen obligatoriamente que correlacionar69.
Por otro lado, desde el punto de vista de la respuesta
autonómica, un mensaje podría generar dos patrones básicos de respuesta identificables. Un patrón de respuesta
defensivo y un patrón de respuesta de orientación. El primero se relacionaría con una respuesta emocional y el
segundo con una respuesta atencional. Esta diferenciación se ha mostrado, además, útil en áreas análogas78.
¿A través de qué mecanismo actuaría la información contenida
en el mensaje?
Según una de las líneas de investigación mencionadas anteriormente, la respuesta positiva al
Gac Sanit 2000;14(Supl. 3):45-59
55
J. R. Ordoñana Martín, J. Gómez Amor y F. Galvañ Olivares.— El uso del miedo en los mensajes de salud
¿Qué sucedería entonces con el «miedo»?
dicción de que los «mensajes de miedo» no deben producir miedo para ser eficaces. El uso de este recurso
puede tener importantes efectos persuasivos pero, como
señalan varias revisiones teóricas, bajo determinadas
condiciones38,39,42,69. Estas condiciones pueden traducirse en una serie de conclusiones y recomendaciones
de interés, tanto para el planteamiento teórico sobre la
influencia de los mensajes de salud en la conducta,
como para el desarrollo de dichos mensajes en la práctica:
a) La amenaza percibida parece ser un factor importante en el desarrollo posterior de una conducta preventiva. Esta amenaza tiene un papel particularmente
relevante cuando lo que se pretende es un cambio actitudinal o conductual y es obligado justificar la necesidad del abandono de la conducta actual y/o la adopción de nuevos patrones de actuación. En estos casos,
la percepción de una cierta amenaza para la salud resulta necesaria, aunque no suficiente, para promover
la aceptación de una recomendación.
b) La utilidad de la información amenazante en los
mensajes de salud está limitada por una serie de factores. Es decir, tendría un efecto positivo sólo si se cumplen dos condiciones básicas: que genere una respuesta
atencional en lugar de una respuesta emocional
(miedo) y que vaya acompañada de una recomendación percibida como eficaz para eliminar la amenaza.
c) Los mensajes deben utilizar, por tanto, elementos que focalicen la atención en la información contenida en la comunicación. Si el estímulo no produce
una respuesta de tipo atencional, es poco probable
que el mensaje llegue a tener un efecto importante sobre la conducta. Es necesario que se genere un cierto nivel de activación para que el sujeto preste atención a la información contenida en el mensaje. Estos
elementos focalizadores de la atención, pueden ser imágenes o texto impactantes o amenazadores, que son
los utilizados habitualmente en los «mensajes de
miedo».
d) Sin embargo, dichos elementos (principalmente
las imágenes) no deben ser excesivamente impactantes o agresivos. La respuesta de orientación aparece
ante estímulos de intensidad moderada mientras que
la respuesta de defensa surge ante estímulos de alta
intensidad o potencialmente dañinos. Por tanto, los estímulos muy agresivos podrían generar respuestas psicofisiológicas de tipo defensivo (miedo) que dificultan
el procesamiento de la información y la aceptación de
la alternativa recomendada. Esta misma precaución es
aplicable a situaciones de relación médico-paciente, en
las que una amenaza excesiva podría provocar el rechazo y paralizar el cambio de actitud83.
e) Los mensajes deben ser cambiantes para seguir
produciendo la misma respuesta atencional en los sujetos. Repetir una comunicación con un mismo formato puede provocar la habituación de la audiencia, la ex-
Varias de las teorías mencionadas anteriormente
postulan que si el mensaje genera un nivel de miedo
elevado se pueden provocar conductas no adaptativas.
De la misma forma, desde el punto de vista de la respuesta autonómica, un mensaje que provocara una respuesta defensiva no tendría una influencia positiva sobre
la conducta69. Una respuesta en este sentido dificultaría la puesta en marcha de procesos atencionales. De
hecho, el incremento de la frecuencia cardiaca se asocia a la no disposición para atender a la información
externa71. Es decir, una respuesta de tipo emocional,
el miedo real, dificultaría el acceso de información nueva
contenida en los estímulos utilizados. Esta podría ser
la razón de que los estudios que han trabajado en este
sentido no hayan encontrado una relación clara entre
nivel de activación y la conducta posterior del sujeto13,18,64,80.
Conclusiones y recomendaciones
Como hemos visto, las investigaciones realizadas
hasta ahora sobre la relación entre el miedo provocado por mensajes de salud y sus efectos conductuales
no han logrado dar una respuesta definitiva a la cuestión. Además, prácticamente todos los modelos explicativos han sido criticados por deficiencias teóricas y/o
empíricas36,38,39,67,81. Sin embargo, aún no disponiendo
de un conocimiento completo de los mecanismos a través de los que opera la amenaza en los mensajes, los
datos actuales permiten establecer una serie de pautas que guien la aplicación de los conocimientos adquiridos a la práctica diaria.
La primera conclusión a la que llegamos es que el
problema no puede circunscribirse a la dicotomía
miedo-no miedo o positivo-negativo. Por el contrario, a
la hora de analizar un mensaje de salud, sería necesario hablar de un continuo, con una gradación de la
amenaza que percibe el receptor del mensaje. Es muy
difícil que un mensaje de salud no haga referencia (expresa o veladamente) a una consecuencia negativa. Por
tanto, la cuestión no debería ser si un mensaje utiliza
o no la amenaza, sino en qué grado lo hace o, más bien,
en qué grado es percibida por la audiencia.
Dentro de este marco y a pesar de todas las
dificultades mencionadas, de los estudios revisados
se desprende un mayor peso de aquellas líneas
teóricas e investigaciones que defienden la utilidad
del uso de la amenaza en los mensajes de salud8,13,16,19,20,22,38-43,50,67,79,81,82. Esto, sin embargo, no
significa que los mensajes amenazadores tengan necesariamente consecuencias positivas. De hecho, habría que partir, como premisa, de la aparente contra-
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56
J. R. Ordoñana Martín, J. Gómez Amor y F. Galvañ Olivares.— El uso del miedo en los mensajes de salud
tinción de la respuesta atencional y el descenso de
la frecuencia de aceptación de las recomendaciones.
f) Dentro de los distintos componentes de la amenaza, la susceptibilidad percibida parece tener un papel
más relevante que la severidad. Por tanto, un mensaje que utilice la amenaza debería, en principio, apoyarse
más en la vulnerabilidad a un determinado problema
que en la gravedad del mismo. Además, la focalización
en la probabilidad de ocurrencia de un problema presenta menos riesgo, en términos de provocar conductas no deseadas, que el énfasis excesivo en la gravedad del mismo.
g) La amenaza nunca debe ir en solitario en un mensaje. Debe mostrarse siempre acompañada de una respuesta eficaz para eliminarla y fácilmente ejecutable por
el sujeto. Esta respuesta puede aparecer de forma más
o menos explícita, consistir en un simple símbolo o ser
una explicación detallada, paso por paso, de donde acudir y lo que debe hacerse ante determinada situación,
pero siempre debe estar presente.
h) Los mensajes deben tener en cuenta las características de la población a la que van dirigidos.
Especialmente sería necesario atender a los siguientes factores al elaborar las comunicaciones:
• La existencia de percepción de la amenaza en la
población diana, anterior a la recepción del mensaje:
Si, como es habitual, la población ya conoce la existencia de una amenaza, no es conveniente seguir utilizando los mismos argumentos que se hayan usado
hasta el momento. Insistir en una misma amenaza no
implica una acumulación de su efecto positivo. Por el
contrario puede provocar la habituación al mensaje y,
por tanto, la pérdida de influencia del mismo. Conviene,
por tanto, modificar los argumentos utilizados en el mensaje centrándose en la susceptibilidad, si existe una
mayor percepción de la severidad, o viceversa.
• La intensidad de la amenaza percibida en la
población, anterior a la recepción del mensaje: Si la
percepción de amenaza es ya elevada en los destinatarios del mensaje, no sólo no es conveniente,
sino que puede resultar contraproducente insistir en
este aspecto. Esto puede conllevar la aparición de respuestas de tipo defensivo aparejadas con conductas no
adaptativas. Por otra parte, si se ha producido una habituación en los sujetos a los argumentos utilizados previamente, incrementar la intensidad de la amenaza tampoco recupera necesariamente los niveles de efecto
alcanzados inicialmente. Sin embargo, tiene el riesgo
de llegar a producir efectos «boomerang». En estos
casos, también bastante habituales, el mensaje debería centrarse en la eficacia de las recomendaciones propuestas y en la capacidad individual para llevarlas a
cabo.
• El grado de percepción de eficacia en la población, anterior a la recepción del mensaje: como hemos
dicho, la información sobre la alternativa al problema
Gac Sanit 2000;14(Supl. 3):45-59
debe estar siempre presente en el mensaje, pero el
mayor o menor énfasis en este aspecto estará modulado por las percepciones previas de la población. Por
ejemplo, si la percepción de eficacia es elevada pero
no existe percepción de amenaza sería necesario hacer
más hincapié en esta última. En todo caso, también aquí
es aplicable el principio de que la información ofrecida
debe ser novedosa y no insistir en argumentos ya utilizados previamente.
• El tipo de respuesta que provocan en la población
diana los elementos contenidos en el mensaje: Los estímulos significativos son únicos para cada individuo y
reflejan su historia de aprendizaje particular. Por tanto,
un mismo estímulo podría provocar respuestas atencionales en un grupo de individuos y respuestas defensivas en otro. La dirección de estas respuestas depende de diversos factores como la edad, el sexo, la
experiencia de haber estado expuestos a estímulos similares, o variables de personalidad. Por tanto, es necesario realizar un acercamiento a las características
de la población para determinar qué elementos deben
ser introducidos en la comunicación, con el fin de lograr que ésta tenga una significación suficiente para los
destinatarios.
Estas recomendaciones no son, por supuesto, la solución definitiva al problema. Parten de la constatación,
ya mencionada, de la práctica inevitabilidad del uso de
la amenaza en la mayoría de los mensajes de salud.
De una u otra forma, al transmitir información o recomendaciones para mejorar la salud de la población, se
hace referencia necesariamente a las consecuencias
negativas que acarrea una determinada conducta. En
este marco, la intención de este trabajo es simplemente
unificar los conocimientos actuales sobre la eficacia de
los «mensajes de salud», superando la dicotomía reduccionista negativo-positivo, y ofrecer sugerencias para
la optimización de este tipo de intervenciones. Las soluciones a las preguntas planteadas, como es lógico,
sólo llegarán a través del esfuerzo investigador en este
campo y, sobre todo, mediante el desarrollo de evaluaciones rigurosas de los mensajes utilizados en las
intervenciones realizadas en Promoción de Salud.
Agradecimientos
Al Dr. Lauro Hernando, cuyos valiosos comentarios sobre
los borradores iniciales han contribuido en gran medida al resultado final de este manuscrito.
Este trabajo representa una actualización de la revisión
incluida en Ordoñana JR. Uso del miedo en mensajes de salud.
Relación entre el nivel de activación psicofisiológica y cambios conductuales producidos por mensajes de salud sobre
vacunaciones. Tesis Doctoral. Universidad de Murcia, 1997.
Financiada en parte por el Fondo de Investigación Sanitaria
(95/0101).
57
J. R. Ordoñana Martín, J. Gómez Amor y F. Galvañ Olivares.— El uso del miedo en los mensajes de salud
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