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PASADO Y PRESENTE DE LOS MANUALES ESCOLARES
«Virgen del Jilguero» -Rafael-. Galería de los Oficios, Florencia.
PASADO Y PRESENTE DE
LOS MANUALES ESCOLARES
Alain Choppin
PASADO Y PRESENTE DE LOS MANUALES ESCOLARES
Desde una perspectiva histórica, que "podría contribuir a explicar el presente y quizá a orientar el futuro", este artículo da una definición de
manual escolar, expone un balance de las investigaciones sobre manuales en Francia, propone otras y desarrolla una apreciación rápida de la
historia de los manuales en este país.
PRESENT AND PAST OF SCHOOL MANUALS
From a historical perspective that "could help explain the present and maybe guide thefuture", this article offers a definition ofschool manual,
presents a balance ofresearch on manuals in France, proposes other researches, and develops a quick view of the manuals' history in this country.
PASSE ET PRESENT DES MANUELS SCOLAIRES
Dans une approche historique qui "contribueraii á expliquer le présent et peut-étre á orienter lefutur" cct article propose une definition de manuel
scolaire, dresse un bilan des recherches sur les manuels en France, en propose d'autres et développe une appréciation rapide de l'histoire des
manuels dans ce pays. 1
Manuales escolares, manuales escolares en Francia, investigaciones sobre manuales escolares, historia de los manuales escolares en Francia
CHOPPIN, Alain. "Pasado y presente de los manuales escolares". Traducido por Miriam Soto Lucas. En : Revista Educación y
Pedagogía. Medéllín: Facultad de Educación. Vol. XIII, No. 29-30, (enero-septiembre), 2001. pp. 209-229.
PASADO Y PRESENTE DE
LOS MANUALES ESCOLARES*
Alain Choppin
Service d'Histoire de l'Éducation-INRP París
Traducción: Miriam Soto Lucas
Los manuales escolares son objetos familiares:
como alumnos, padres de alumnos, o a fortiori,
como docentes, todos los hemos tenido entre las
manos. Por lo tanto, si durante el transcurso de
una conversación alguien aborda el asunto de los
libros escolares, todos tenemos recuerdos que
contar, una opinión que emitir o críticas que
formular. De hecho, tengo que reconocer que los
recuerdos no son siempre agradables, las
opiniones a veces son negativas y las críticas
numerosas. Todo transcurre como si el manual
tuviera, para el común de los mortales, una
función catártica, como si los utilizáramos para
arreglar nuestras cuentas con la institución escolar,
como si los libros de clase focalizaran nuestros
rencores, o a la inversa, nuestros pesares. Pero
cuando a uno se le ocurre preguntar a su
interlocutor, ese que siempre tiene respuestas para
todo: «¿Qué es un manual escolar?», la tarea le
parece bastante menos fácil y generalmente
provocamos un silencio embarazoso. De esta
forma, si es difícil definir un manual es porque,
bajo una aparente banalidad, aparece como un
objeto del todo complejo. Asume simultáneamente
varias funciones y se pueden tener de él visio-
nes de naturaleza bien distinta. Para sobrepasar la
visión inmediata y apasionada que todos tenemos
de forma espontánea de los libros de clase, es
necesario optar por una perspectiva histórica y/o
comparativa.
Tataré en un primer momento de dar una definición de los libros escolares y mostrar cómo
representan para los investigadores una fuente
particularmente interesante, y en segundo lugar,
me circunscribiré más particularmente a
cuestiones de método y repasaré las principales
investigaciones en curso en Francia. En la tercera y
última parte esbozaré, apoyándome en los
resultados de estos trabajos, una pequeña historia
del libro escolar.
EL MANUAL ESCOLAR**
1. Empecemos, si les parece, por intentar definir lo
que llamaremos por comodidad, y por el
momento, manual escolar.
Es necesario que libros elementales, claros,
precisos, metódicos, distribuidos con
profusión, conviertan en umversalmente
* Este texto es reproducido por autorización del señor Antonio Roche, director de la editorial, Biblioteca Nueva, s.l., Madrid.
Fuente: BERRIO, Julio Ruiz (ed.). La cultura escolar de Europa. Tendencias históricas emergentes. Madrid: Editorial Biblioteca
Nueva, 2000. pp. 107-141. Por la importancia del texto y ante la poca nitidez de las imágenes del original, optamos por dejar
señalado el lugar donde van las láminas sin reproducirlas.
Dirección electrónica: [email protected]
** N. d. E. Hemos propuesto los subtítulos con el fin de diferenciar más claramente las partes del texto.
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PASADO Y PRESENTE DE LOS MANUALES ESCOLARES
familiares todas las verdades, y ahorren los
inútiles esfuerzos para aprenderlas.
Esta frase fue pronunciada al principio de la
Revolución Francesa, el 10 de septiembre de 1791,
por Talleyrand ante la Asamblea Constituyente, en
un informe sobre la instrucción pública realizado
en nombre del Comité de Constitución. Era la
primera vez que se evocaba en un discurso, que
podría ser calificado de oficial, el asunto de los
libros escolares. Estas palabras parecen poner
claramente el acento sobre las principales
funciones atribuidas desde entonces, a lo que se
designa comúnmente hoy bajo el término general
de «manual escolar».
• Los manuales escolares son, en primer lugar,
herramientas pedagógicas («libros elementales,
claros, precisos, metódicos» según Talleyrand)
destinados a facilitar el aprendizaje («que
ahorren inútiles esfuerzos para aprenderlas»).
Esta es para nosotros, actuales y antiguos
alumnos, estudiantes o docentes, la función
principal y la más evidente. No es la única. De
hecho, diría que a pesar de las palabras de
Talleyrand, fue durante un largo período de
tiempo, una función accesoria y subsidiaria.
• Son por lo demás, los soportes de «las verdades», retomando el término utilizado por
Talleyrand, que la sociedad cree que es necesario transmitir a las jóvenes generaciones.
Este término encubre nociones de distintos
órdenes, susceptibles de cambiar considerablemente según el lugar, la época, el
régimen político, la confesión religiosa, etc. En
otras palabras, el manual se presenta como el
soporte, el depositario de los conocimientos y de
las técnicas que en un momento dado una
sociedad cree oportuno que la juventud debe
adquirir para la perpetuación de sus valores.
Los programas oficiales, cuando existen,
constituyen la estructura sobre la cual los
manuales deben conformarse estrictamente.
210
• Son vectores, medios de comunicación muy
potentes cuya eficacia reposa sobre la im- i
portancia de su difusión («distribuidos con
profusión», según Talleyrand) y sobre la
uniformidad del discurso que transmiten
(«convierten en umversalmente familiares»
sigue diciendo Talleyrand). Más allá de las
estrechas prescripciones de un programa, los
manuales transmiten un sistema de valores, una
ideología, una cultura. Esta función se puede
ejecutar de manera directa, explícita; también se
puede hacer de forma implícita, que será mayor
o igualmente eficaz. Se podría discernir que
dentro de los antiguos manuales existe todo un
conjunto de técnicas de manipulación, que han
sido retomadas posteriormente por la publicidad: a través de los textos, los ejemplos, las
imágenes, el libelo de los títulos, se desliza, sin
que sus coetáneos sean realmente conscientes de
ello, toda una temática en la cual las clases
dominantes se ven reflejadas e intentan echar los
cimientos, en definitiva, de la identidad de la
nación entera. Los manuales han desempeñando
de esta forma, en la Francia del siglo pasado, un
papel determinante en la unificación lingüística
del territorio. Han transmitido valores tales
como la obediencia al rey en la Restauración, han
hecho circular la obra educadora de la III
República en los manuales laicos de finales del
siglo pasado, las virtudes de la vida rural en el
Régimen de Vichy, contribuyeron a mantener a
la mujer en su papel de ama de casa (lámina 1);
exaltaron el culto al Jefe en la Italia de Mussolini;
contribuyeron a conservar la vitalidad del sentimiento nacional (lámina 2) y lo siguen haciendo,
aunque sólo sea en la valorización de la bandera
(el escudo nacional) en el México de nuestros
días, por ejemplo. Podríamos multiplicar de este
modo los ejemplos que demuestran que el
manual participa estrechamente en el proceso de
socialización, de aculturación, véase de adoctrinamiento de las jóvenes generaciones.
Las palabras de Talleyrand, aunque ponen
claramente en evidencia las funciones asumi-
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MANUALES Y TEXTOS ESCOLARES
das conjuntamente por los manuales, no son, sin
embargo, suficientes para definirlo totalmente: el
manual escolar no es solamente un concepto. Es
también un libro, «un conjunto de hojas impresas
que forman un volumen», es decir, en definitiva,
un producto fabricado, difundido y consumido. Su
producción material y, consecuentemente, su
aspecto, evolucionan con el progreso tecnológico y
con el concurso de otros soportes de la
información; su comercialización, su distribución,
su coste depende del contexto económico,
presupuestario, político y reglamentario. Este es
un punto esencial que muy a menudo los docentes
en ejercicio y los historiadores de la educación
descuidan. Volveremos sobre ello.
poder. Asumen, frente a los interlocutores, cuyas
expectativas son a menudo divergentes, véase
contradictorias, funciones múltiples y a veces
necesariamente opuestas, antinómicas. Este poder
se acomoda esencialmente a las características del
público hacia el cual se supone que el manual se
dirige, por la permanencia de su contenido, por la
importancia cuantitativa de su difusión y por la
sacra-lización, más o menos efectiva, según las
culturas, de la institución escolar y de lo escrito.
Sea cual sea la época, el lugar, o su uso, el manual
escolar es un envite. Aparece ante los ojos de sus
coetáneos como un objeto de polémica. Incesantes
debates de opinión, violentas campañas en la
prensa, e incluso nudosos pleitos han calado en la
historia del manual en Francia, pero también en
otros países, como ocurre actualmente en Japón.
Según la naturaleza de las quejas, vemos cómo se
movilizan unos u otros actores del sistema
educativo, o tal o cual sector de la opinión pública:
de este modo en Francia, a finales del siglo pasado,
el manual se encontraba, en el centro de la lucha
que libraban los partidarios de la laicidad y la
Iglesia católica; numerosos manuales considerados
sectarios, fueron así prohibidos tanto en un bando
como en el otro; hoy en día, son las asociaciones de
padres de alumnos las que se movilizan en contra
del precio de los manuales o del peso de las
carteras, o incluso hay movimientos feministas que
exigen sea respetada la paridad de los sexos en los
manuales. Se oye periódicamente también a los
científicos denunciar las interpretaciones erróneas,
a los partidos políticos protestar en contra de una
supuesta falta de objetividad, etc.
Los manuales atraen, ante todo, la atención de los
sociólogos porque, aunque los libros compartan
hoy esa función con otros medios de comunicación
(prensa, televisión, etc.), constituyen, como hemos
subrayado, potentes instrumentos de socialización
y de aculturación para las jóvenes generaciones:
presentando a la sociedad de hoy e intentando
modelar la sociedad del mañana. El autor del
manual no es, por lo tanto, un simple testigo de su
tiempo; reivindica otro estatuto, el de actor. Los
manuales pasan por ejercer en la juventud una
gran influencia, aunque ésta sea supuesta más que
realmente apreciada. Ello explica que, en
numerosos países, el poder político aplique en
ellos -se aplica siempre- una regulación particular.
Esta regulación sirve generalmente para asegurar
al poder político un control más o menos estricto
del contenido ideológico que transmiten.
No puede ser realmente de otro modo, ya que los
manuales, que para la opinión pública representan
el símbolo mismo de la escuela, constituyen,
quiérase o no, un instrumento de
Es por lo pronto una fuente abundante. Sin duda,
en los países en los que se pone en práctica una
edición escolar del Estado, o en los que se ejerce un
control estricto sobre los pro-
Si no dejan a la opinión pública indiferente, ni
mucho menos, los manuales constituyen también
para los científicos un interesante objeto de
análisis.
Para el historiador que se interese por la educación, las ciencias, la cultura o incluso por la
mentalidad, los manuales representan también
una fuente privilegiada. Por ello me gustaría
insistir sobre este asunto.
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PASADO Y PRESENTE DE LOS MANUALES ESCOLARES
ductos de la edición privada, ya sea éste hacia arriba (autorización previa), o hacia abajo, la producción se reduce. Pero en los países donde la
edición clásica es libre, o al menos no es objeto de
una censura previa que reduce considerablemente
la producción, los manuales, por el único hecho de
la competencia entre las editoriales privadas, se
publican en gran número. En Francia, país en el
cual se aplica desde 1880 una regulación muy
liberal, se han editado más de 100.000 títulos desde
la Revolución, y todos los años aparecen más de
1.500 novedades. Si se tienen en cuenta las
reediciones, las cifras se multiplican al menos por
tres.
Es también una fuente diversificada. Como un
manual no podría constituir más que una de las
múltiples lecturas posibles del programa, la libre
competencia entre las editoras, las innovaciones
tecnológicas, las selecciones pedagógicas y las
aplicaciones ideológicas suscitan productos
distintos.
Es igualmente una fuente continua: en una
sociedad escolarizada como lo es la francesa desde
hace más de un siglo, la renovación generacional y
el desgaste material de las obras implican
frecuentes reediciones; y como las reediciones de
los manuales son a menudo muy frecuentes y
numerosas, éstas llegan a parecerse a
publicaciones en serie, a las publicaciones
periódicas. Por otro lado, las modificaciones del
contenido educativo, la aparición de nuevas
técnicas pedagógicas, el mejoramiento de las
técnicas impresión, brindan a las diferentes
editoriales la elaboración de nuevas obras. Los
manuales, cuya producción no se acaba nunca, se
prestan pues muy particularmente a un estudio
serial.
Es también una fuente completa, netamente
delimitada: un manual se presenta como una obra
acabada. Su elaboración obedece a un
proyecto determinado, cuyo prólogo, cuando
existe, tiene que rendir cuentas; posee una estructura lógica muy fuerte; propone un discurso
coherente. Los manuales se prestan fácilmente de
esta forma a la crítica interna y numerosas
monografías han sido dedicadas en Francia a las
obras más extendidas como Le Tour de la Trance
par deux enfants,1 de G. Bruno, alias Ernestine
Fouillée, que conoció 432 ediciones de 1877 a 1960;
La Petite histoire de Trance,2 de Ernest Lavisse;
los manuales de historia de la colección
Malet-lsaac, o más recientemente los manuales de
literatura de la colección Lagarde et Michard.
En fin, es una fuente en la que el o los autores, el
editor, las condiciones de elaboración, la fecha de
concepción y las de puesta al día sucesivas pueden
conocerse con precisión. Es por lo tanto fácil hacer
una crítica externa, es decir, comparar el discurso
del manual con el de otros manuales o con el que
nos presentan otras fuentes, ya sean coetáneas a su
concepción o a su utilización en clase.
Sin embargo, hasta hace veinte años los manuales
escolares no habían sido apenas objeto de atención
por parte de los profesionales del libro o de los
historiadores, tanto en Francia como fuera de ella.
La causa de ese desinterés persistente puede
explicarse por distintas razones:
Primero, la trivialidad, la abundante y amplia
difusión que caracteriza las producciones escolares
disuadieron
de
seguro
cualquier
acción
patrimonial. Su descuido fue tal que paradójicamente los libros de clase están hoy amenazados
de desaparecer físicamente sin que la profesión se
haya conmovido. La prensa especializada no ha
dedicado a este asunto más que dos páginas,
publicadas en La Gazette des Archives, una revista
relativamente confidencial, a finales de los años
sesenta.
1. La vuelta a Francia de dos niños
(N.T.).
2. La Pequeña historia de Francia (N.T.).
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MANUALES YTEXTOS ESCOLARES
La profusión de títulos, pero también la longevidad y la multiplicidad de las reediciones que
caracterizan los manuales hasta los años sesenta,
no incitaron a los bibliógrafos a desempeñar tareas
de catalogación. Incluso la parte oficial de la
Bíbliographie de la Trance, la bibliografía nacional
en curso, no censó la producción íntegra: algunos
manuales, destinados a la enseñanza primaria
sobre todo, y gran parte de sus reediciones, no
fueron tomados en cuenta.
Los historiadores, por su parte, no se habían
interesado por las producciones clásicas, es decir,
por los manuales, más que con el fin de analizar
sus contenidos. Un estudio estadístico que realicé
en 1995 sobre el conjunto de publicaciones (obras,
artículos, contribuciones y trabajos universitarios)
que fueron dedicadas en Francia a la historia del
libro y de la edición escolar, establece que antes de
1980, cerca del 80% de las referencias se inscribían
dentro de una perspectiva sociológica (47,2%) o
pedagógica (32,1%) en el sentido amplio del
término; este estudio pone de relieve el favor del
que disfrutaban entonces las disciplinas literarias
(particularmente la historia); demuestra así mismo
el interés manifestado por los investigadores por
las obras de la enseñanza primaria y por el final del
siglo pasado. Hasta estos últimos años, los
historiadores han visto pues, esencialmente en el
libro escolar, un vector ideológico y cultural o una
herramienta pedagógica: los antiguos manuales
han sido estudiados por lo que revelan de la
mentalidad, de las prácticas sociales o, en menor
medida, de los métodos de enseñanza de su
tiempo, no como productos de un sector económico y comercial de hecho totalmente
descuidado.
El poco interés manifestado hasta estos últimos
veinte años por la historia del libro y de la edición
escolar se explica también por las condiciones
objetivas de la investigación, es decir,
esencialmente, por la existencia de fuentes y por su
accesibilidad. Quisiera insistir sobre este punto.
A pesar, o quizá, al contrario, a causa de la
importancia cuantitativa de su producción -más de
100.000 títulos y cerca de 400.000 ediciones, les
recuerdo-, la conservación de los manuales no ha
sido asegurada correctamente: éste es el caso en
Francia, pero también éste es el caso en otros
países. Las colecciones son escasas, poco
conocidas, generalmente con lagunas, y hasta el
momento presente no habían sido apenas
apreciadas:
la
investigación
se
resentía
necesariamente de la ausencia de organización y
de accesibilidad de las colecciones que, al no haber
sido recogidas en un inventario o integradas en los
fondos generales, como en la Biblioteca Nacional
de Francia, se volvían, a falta de un catálogo
específico, en difícilmente accesibles.
Los catálogos de las editoriales constituyen otra
fuente posible de censo. Son ciertamente poco
cómodas, ya que la misma obra aparece todos los
años, al menos mientras se mantenga a la venta.
Estos catálogos permiten, por el contrario, rendir
cuentas, año tras año, de la actividad de las
empresas. Pero han sido conservados de forma
aleatoria: las empresas que sobreviven no guardan,
en el mejor de los casos, más que los ejemplares
más recientes; en cuanto a los fondos "Q10" de la
Biblioteca Nacional de Francia, que se supone
reagrupa los catálogos de libreros y editores, tiene
profundas lagunas, y no han sido sometidos a inventario más que parcialmente. Además, el acceso
a los fondos está por oscuras razones prohibido a
los investigadores.
En cuanto a los archivos de las editoriales -un gran
número de las cuales ha desaparecido
irremediablemente hoy, debido a quiebras o
cesiones- éstos han sido a menudo destruidos o
disgregados; si la empresa todavía mantiene su
actividad y ha conservado documentos o se los ha
enviado a los Archivos nacionales o a un
organismo especializado como el IMEC (Instituto
Memoria de la Edición Contemporánea), en París,
su consulta, cuando ha sido autorizada, supone a
menudo un trabajo previo de inventario
totalmente disuasorio.
REVISTA EDUCACIÓN Y PEDAGOGÍA VOL. XIII No. 29-30
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PASADO Y PRESENTE DE LOS MANUALES ESCOLARES
Fue a finales de los años setenta cuando se avivó
entre los historiadores un interés por el libro y la
edición escolares. El dinamismo persistente que
caracteriza este mundo desde hace una quincena
de años, resulta de la convergencia de factores de
naturaleza distinta:
• Se inscribe primero, en la renovación desde 1960
de los estudios de historia de la educación, y de
la que es testigo, en el ámbito institucional, la
creación en 1977, bajo la tutela del Ministerio de
Educación Nacional, del Servicio de Historia de
la Educación, en el cual la historia del libro
escolar constituye desde 1979, uno de los ejes de
investigación. Pero de una manera más general,
la historia de la edición escolar se beneficia del
interés que han manifestado en estas últimas
décadas tanto los historiadores profesionales
como los amantes de la historia por cuestiones
de tipo educativo: entre 1962 y 1985, la parte de
la historia de la enseñanza en la producción
histórica global se ha multiplicado de esta forma
por tres; desde hace algunos años, alrededor de
2.000 obras, artículos o contribuciones se han
publicado anualmente sobre la historia de la
educación francesa.
Participa, en segundo lugar, de los avances que
conoce la historia del libro en los años ochenta;
toda una serie de estudios capitales se publica
en Francia sobre la historia de la edición
contemporánea, como los de Jean-Yves Mollier,
Frédéric Barbier o Pascal Fouché; la aparición de
cuatro tomos de LHistoire de l'édition
franqaise,3 que rápidamente se impone como
modelo de referencia para muchos países, ha
representado un papel considerable en el
proceso de desarrollo, sintetizando trabajos
anteriores o investigaciones en curso y
marcando notablemente inmensos territorios
poco o nada explorados en el período más
inmediato; por fin, en 1987, se crea en la
Universidad París
X-Nanterre, el Primer curso específico dedicado
al libro y a la edición.
• Es, en fin, indisociable del progreso de las
técnicas de almacenamiento y de tratamiento de
la información y, particularmente, del
surgimiento y del desarrollo de los sistemas de
gestión de bases de datos que pudieron,
mediante un análisis científico previo, con
ciertas precauciones metodológicas -y, al final
de los años setenta, una inconsciencia que
asumo totalmente- aportar una solución
adaptada a la gestión de miles de documentos
que también debían ser considerados.
LOS MÉTODOS
Y LAS INVESTIGACIONES
2. Llego así a la segunda parte, dedicada a los
métodos y las investigaciones.
Es necesario partir de una simple pero fundamental constatación: todo manual está histórica y
geográficamente determinado; es el producto de
un grupo social y de una época determinada.
Como los manuales son, lo hemos visto, objetos
complejos, sus rasgos característicos y su
evolución histórica son el resultado de un gran
número de parámetros cuya naturaleza es
diferente, y que implican interlocutores diversos,
cuyas interacciones son así mismo complejas.
Podemos establecer una lista breve, pero no
limitativa:
• el estatuto y las funciones conjuntamente
destinados al manual
■ vector ideológico y cultural (aspecto político,
tanto en sentido estricto como en el amplio)
■ depositario de un contenido disciplinario
(aspecto programático)
3. Historia de la edición francesa (N.T.).
214
REVISTA EDUCACIÓN Y PEDAGOGÍA VOL. XIII No. 29-30
MANUALES YTEXTOS ESCOLARES
■ herramienta pedagógica (aspecto instrumental).
• limitaciones de tipo reglamentario (elaboración,
producción, elección, difusión, financiación,
etc.).
• limitaciones de tipo tecnológico (papel, técnicas
de impresión, de reproducción, etc.).
• limitaciones de tipo financiero (costes de
producción y de difusión).
• limitaciones de tipo comercial (estado de la
competencia).
• la naturaleza del o de los público(s) apuntado(s)
■ alumnos (niños o niñas, o de los dos sexos
indiferentemente)
■ maestros
■ padres
■ otros
■ una combinación de todos ellos.
• el tipo de utilización
■ individual
■ colectiva
■ en clase
• criterios explícitos e implícitos de elección y sus
modalidades.
• nivel de formación de los docentes
■ su conocimiento de los contenidos disciplinarios
■ su aptitud para utilizar las diferentes herramientas pedagógicas de las que pueden
disponer.
• etcétera.
La historia del libro y de la edición escolares no
puede pues explicarse sólo por la yuxtaposición de
investigaciones puntuales que se centrarían sobre
tal o cual aspecto, pero llevarían a desconocer los
demás. Sólo la multiplicidad de perspectivas y de
ideas permite, en un acercamiento globalizador,
tejer los lazos indispensables para la comprensión
de ciertos fenómenos y de su evolución. Es en esta
vía que, indudablemente, se desarrolló la
investigación en Francia con la apertura, desde
principios de los años ochenta, de vastos campos
que tendieron a constituir grandes instrumentos de
investigación, cuya coherencia y exhaus-tividad, es
decir, la voluntad de tener en cuenta la integridad
de los documentos, fueron sus objetivos esenciales.
■ en casa
■ en el Centro de Documentación y de Información (CDI) (época reciente).
• características del público al que se enseña
■ homogéneo
■ heterogéneo.
• objetivos (explícitos o implícitos) asignados a la
formación
■ simple memorización de los contenidos o
adquisición de mecanismos
■ desarrollo del espíritu crítico y conquista de la
autonomía.
• métodos pedagógico puestos en práctica.
• desarrollo de otras herramientas pedagógicas
■ ¿en competencia?
Así pues, si los trabajos llevados a cabo en Francia
pueden servir de modelo de referencia, y si puedo
afirmar que es efectivamente el caso, tanto para los
métodos como para las herramientas de
investigación, no queda más que cada país posea,
en este campo, su historia propia: una de las
características esenciales de la edición escolar es,
en efecto, su dimensión nacional. Desde la
formación, en el siglo XIX de los Estados-Nación y
de la constitución de sistemas educativos que
tienden a generalizar una enseñanza popular y
uniforme, el manual participa, en el mismo nivel
que la moneda o la bandera, de la simbología
nacional: es a la vez testigo de un proceso de
integración social y cívica.
Vamos pues a pasar revista ahora a los principales
campos abiertos en Francia.
■ ¿complementarios?.
REVISTA EDUCACIÓN Y PEDAGOGÍA VOL. XIII No. 29-30
215
PASADO Y PRESENTE DE LOS MANUALES ESCOLARES
■ Primer campo: el contexto legislativo y
reglamentario
Si nos colocamos en una perspectiva histórica, no
podemos ignorar, sea cual sea el país, el papel
considerable que el poder político
ha
desempeñado sobre el desarrollo de la edición
escolar, ya lo haya confiado al sector privado,
controlándolo más o menos estrictamente, o que
haya ejercido en él parcial o totalmente el
monopolio. El conocimiento del contexto legislativo y reglamentario de los libros de clase y el
conocimiento de su evolución constituyen pues un
paso previo indispensable en todo estudio sobre la
historia de la edición escolar, ya que condiciona la
existencia, la estructura y las producciones. El
poder político define en efecto las reglas de juego a
priori. Todos los actores -y principalmente los
editores-según su estatuto respectivo, están en
principio, obligados a seguir estas reglas de juego,
bien sea en el aspecto político, económico,
pedagógico o financiero; aunque a veces ocurre
que gracias a ciertas complicidades algunos se
desvían y las utilizan en su provecho.
Si el propósito de sus trabajos había llevado a
ciertos investigadores a abordar, de manera
parcial, sucinta, y a menudo ocasional, la regulación de los libros de clase, este asunto no había
sido nunca objeto en Francia -ni en ningún país- de
un estudio específico y exhaustivo. En la labor de
censar, a principios de los años ochenta la
totalidad de los textos oficiales, o de los
documentos de archivo que la administración
había producido desde la Revolución, con vistas a
regular el asunto de los libros escolares, éramos
conscientes de que esta investigación constituía
uno de los pasos previos indispensables en
cualquier estudio sobre la historia de la edición
escolar francesa.
En esta investigación ha sido totalmente necesario
examinar detenidamente las colecciones de textos
oficiales publicados desde la Revolución (más de
trescientos volúmenes) y ahondar, en la serie F17
de los Archivos nacionales; todo ello se terminó en
1992, tras doce
216
años de investigación. Este trabajo, publicado al
año siguiente, cuenta con 574 textos redactados
entre 1791 y 1992, de los cuales 385 están
reproducidos parcial o íntegramente. Una
importante introducción traza la historia de la
política del libro escolar en Francia sobre dos
siglos, es decir, esencialmente las relaciones a
menudo conflictivas entre el Estado y las
editoriales. Este compendio está acompañado de
una serie de anexos. Algunos se presentan bajo la
forma de tablas recapitulativas (de las principales
disposiciones oficiales, de los procedimientos en
vigor bajo la ocupación alemana) o estadísticas
(reparto
cronológico
de
textos
oficiales,
aprobaciones oficiales de manuales, etc.); otros
anexos son en sí mismos precisos instrumentos de
investigación en la medida en que suministran, por
primera
vez,
listas
exhaustivas,
cuya
reconstrucción
es
el
resultado
de
un
reagrupamiento sistemático de las fuentes
bibliográficas y de las fuentes de archivos
múltiples y dispersos: encontramos de esta forma
la lista completa de 280 miembros de distintos
tribunales o comisiones constituidos por la
administración para proceder al examen previo de
los libros de clase entre 1794 y 1994, con algunas
informaciones sobre sus carreras, por lo cual era
necesario estudiar con detenimiento la fuente
biográfica, y sobre todo las fechas del principio y
del final de sus funciones como examinadores; así
mismo, está disponible la lista completa de los
manuales prohibidos por la administración o por
las autoridades eclesiásticas (con las fechas de los
decretos o las decisiones y la indicación de la
fuente correspondiente) así como de los manuales
autorizados.
El acercamiento a las informaciones ofrecidas por
estas distintas listas (la personalidad de los
examinadores, el origen editorial de las obras
autorizadas o la de los manuales prohibidos, por
ejemplo), permite comprender las relaciones a
menudo complejas y ambiguas que se instauraron,
notablemente en el siglo pasado, entre el mundo
de la edición y el de la administración; de esta
forma es posible reconstruir estas redes de
influencia o de clien-
REVISTA EDUCACIÓN Y PEDAGOGÍA VOL. XIII No. 29-30
MANUALES Y TEXTOS ESCOLARES
tela, de discernir las estrategias de las empresas o
de poner al día las causas de su triunfo económico
o de su fracaso.
Teniendo en cuenta su carácter exhaustivo y las
especificidades de la edición clásica, las
herramientas elaboradas en este vasto campo de
investigación constituyen también nuevas fuentes.
Aportan una contribución que hay que tener en
cuenta para comprender cómo se ha estructurado
y ha evolucionado el paisaje editorial escolar
francés en los siglos XIX y XX.
■ Segundo campo: el censo de la producción escolar
El censo de la producción escolar francesa, es
decir, la localización íntegra de los manuales
publicados en todas las disciplinas y para todos los
niveles de enseñanza desde 1789, que constituye la
espina dorsal del programa de investigación
Emmanuelle, comenzó en 1980.
La dimensión diacrónica de la investigación y las
características de las fuentes consultadas
(bibliografías retrospectivas y actuales, catálogos
de bibliotecas o de editores) nos han conducido a
privilegiar una definición establecida no sobre el
uso, evidentemente imprevisible en el momento de
la redacción de la nota catalográfica, sino sobre su
destino: un manual escolar es una obra impresa no
periódica concebida con la intención más o menos
explícita o manifiesta según las épocas, que sirve
para la enseñanza. Así definidos, los manuales
constituyen un cuerpo homogéneo, presentan un
cierto número de características específicas que
exigen un método censal apropiado. Al igual que
los libros de clase, se distinguen de las otras obras
por la abundancia de su producción y la frecuencia
de sus reediciones, un censo a través de la edición
hubiera sido repetitivo, de uso dificultoso y en
definitiva, poco interesante. Por ello hemos elegido
una visión diacrónica, sintética, "biográfica", del
manual, la que se manifiesta a través de la totalidad de sus ediciones y reediciones sucesivas.
Para gestionar una masa de información tan
importante, apelamos, desde la concepción del
proyecto, a técnicas informáticas que a partir de
1980 empezábamos sólo a percibir su interés en el
ámbito de la investigación histórica. De esta forma
elaboramos un banco de datos con criterios
múltiples (Emmanuelle), cuyos parámetros fueron
concebidos en función de la especificidad, de la
naturaleza y de la historia del manual escolar, así
como de la diversidad de las expectativas de la
comunidad científica.
Esta herramienta tiene la intención de alcanzar
objetivos múltiples:
• Censar, a partir de las diferentes fuentes bibliográficas, la totalidad de los manuales
publicados en Francia, para todas las disciplinas
y para todos los cursos, desde la Revolución.
• Indicar los lugares de conservación de las obras
para facilitar el acceso a los documentos
primarios.
• Localizar los manuales todavía sin conservar
con el fin de favorecer o suscitar su conservación.
• Aportar una respuesta rápida y adaptada a las
preguntas de los usuarios gracias al tratamiento
informático de los datos recogidos (preguntas
con criterios múltiples en línea, en el sitio o a
distancia).
• Permitir y promover un conjunto de investigaciones
gracias
a
la
explotación
sistemá-tico-estadística entre otras, de los datos.
El banco Emmanuelle se inscribe de esta forma en
una doble perspectiva, patrimonial y científica.
Permite también, y ésta es una función esencial,
validar la representatividad de todas las muestras
estadísticas, es decir, en definitiva, la calidad de los
resultados de la investigación.
El carácter exhaustivo del censo y la naturaleza de
las informaciones encontradas permite, en efecto,
realizar un análisis estadístico de la
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217
PASADO Y PRESENTE DE LOS MANUALES ESCOLARES
producción según puntos de vista extremamente
distintos:
• La evolución cuantitativa de la oferta editorial
según las disciplinas y/o los niveles de
enseñanza.
• El reparto de las obras en función de su longevidad editorial y/o el número de reediciones
que en ausencia de cifras de tirada suministra
un valioso indicador de la importancia relativa
de su difusión.
• El reparto geográfico de la producción según las
disciplinas o los períodos.
• La distribución de la producción por autores o
por editores según los distintos parámetros
(nivel, disciplina, período), etc.
Las referencias del banco Emmanuelle son el objeto
de publicaciones impresas, al ritmo de un
repertorio por disciplina de enseñanza. Hoy por
hoy, han sido publicados cinco repertorios (en
griego, italiano, latín, alemán y español); un sexto,
dedicado a los manuales de inglés, está
actualmente en la imprenta. Cada repertorio está
acompañado de un análisis estadístico de la
producción, de la lista de los principales textos
oficiales relativos a la enseñanza de la disciplina y
de una batería de catorce índices. Con la
terminación final de la recogida de datos de todo el
cuerpo de los manuales de historia, el banco
Emmanuelle ha censado hasta hoy 23.000
referencias, es decir, cerca de 100.000 ediciones.
Como su cometido no es más que las obras
propiamente escolares, un instrumento de estas
características no podría, sin embargo, rendir
cuentas sobre la totalidad de las actividades que
llevan o llevaban a cabo las editoriales: no censa,
por ejemplo, ni los pequeños clásicos, ni los anales,
ni lo que se ha convenido en llamar desde hace una
veintena de años, las publicaciones paraescolares;
tampoco toma en cuenta los otros soportes
pedagógicos (mapas murales, diapositivas, cintas
de audio, vídeos, programas informáticos de tipo
didác-
218
tico, etc.). Hay de seguro lugar para la constitución de otras herramientas. En fin, si da una
imagen fiel y completa de la oferta editorial, no
dice nada de las prácticas escolares, ya que no se
interesa por las obras realmente en uso en las
clases, hayan sido o no concebidas para este fin.
■ Tercer campo: los editores escolares
Los productores, es decir, las editoriales constituyen otro campo en curso. Primero hemos de
constatar, desgraciadamente, que las informaciones publicadas por las editoriales sobre su
propia historia pertenecen al género conmemorativo y hagiográfico y suelen escasamente
convenir al historiador. Desde hace una quincena
de años, se han puesto en marcha trabajos
científicos sobre la historia de estas empresas
esencialmente en dos direcciones:
La primera, iniciada por la Universidad París
X-Nanterre y continuada más adelante por la
Universidad
de
Versailles
Saint-Quentin-en-Yvelines, tiene como objetivo la
redacción de monografías, centrándose cada
investigador sobre la historia (o una parte de la
historia) de una empresa. Pero, tomadas en su
conjunto,
estas
singulares
investigaciones,
coordinadas, tienen como fin abarcar la esencia del
ámbito de la investigación. Presentan incluso
mayor interés, al aportar un acercamiento
globali-zador, mezclando perspectivas políticas,
económicas y culturales. De esta manera, recientemente, se han llevado a cabo estudios sobre
varios grandes editores escolares: algunos masters
se han dedicado a Belin, a Nathan, a Hatier; se ha
desarrollado un doctorado en Armand Colin y
dentro de poco, otro master se llevará a cabo sobre
la editorial Delagrave.
La segunda, que dirijo en el marco del Servicio de
Historia de la Educación, es más general. Tiene la
intención de delimitar el panorama de la edición
escolar, establecer el DNI de las empresas que han
participado en este sector de actividad y dibujar,
por así decirlo, el árbol genealógico. Es, por lo
tanto, también
REVISTA EDUCACIÓN Y PEDAGOGÍA VOL. XIII No. 29-30
MANUALES Y TEXTOS ESCOLARES
una guía. Los índices suministrados por el banco
Emmanuelle han permitido de hecho a los
investigadores disponer por primera vez de la lista
exhaustiva de las empresas, incluso de las más
modestas, que han editado obras para el uso en
clase desde la Revolución Francesa. Pero esta lista
tiene dificultades de dos tipos: primero, parece que
más de la mitad de las editoriales censadas no han
publicado más que un número insignificante de
manuales; una estadística establecida sobre la
producción del conjunto de manuales destinados a
la enseñanza de las lenguas (lenguas vivas y lenguas muertas) desde la Revolución Francesa -es
decir, cerca de 13.000 títulos- muestra que más de
la mitad de los editores censados en una disciplina
determinada no han publicado más que un solo
manual (entre el 51 y 57% según la disciplina); en
segundo lugar, numerosas empresas han conocido
sucesivas denominaciones. Este trabajo tiene pues
la intención de reagrupar y acercar las
informaciones sobre la historia de las empresas que
han desempeñado un papel significativo en el
desarrollo de este sector editorial (cerca de
quinientas razones sociales han sido relevadas en
función de la importancia cuantitativa de su producción). Se trata de caracterizar sucintamente
cada casa editorial y su evolución (fecha de
creación, de desaparición, direcciones sucesivas,
principales sectores de actividad, producciones
señaladas, etc.), y poner de relieve las relaciones de
filiación de las empresas (antigua o nueva razón
social, nombre del sucesor o de la persona que se
hizo cargo de la empresa, la causa del cese o de la
desaparición de la empresa, etc.). Se trata pues de
esbozar un panorama de la edición escolar francesa
y de su evolución a lo largo de los siglos XIX y XX.
■ Cuarto campo: la difusión de la producción
La difusión de las producciones escolares constituye una búsqueda esencial para poner en
conexión la oferta editorial (la producción) y las
prácticas de los actores. El afán de facilitar a todas
las escuelas un número suficiente de
manuales uniformes y «adecuados a la edad, la
inteligencia y las necesidades de los niños» es un
leit-motiv de las instrucciones y circulares
ministeriales desde la entrada en vigor de la Ley
Guizot que organiza la enseñanza primaria en 1833
hasta la aprobación de las Leyes de Ferry en 1880.
Pero los informes redactados por los inspectores,
así como las recapitulaciones y las síntesis
elaboradas en los rectorados o en el ministerio
contienen poca información respecto a la identidad
de las obras que utilizaban entonces los alumnos.
Si bien estas fuentes no pueden en modo alguno
aportarnos luz en cuanto al reparto del mercado
entre los distintos editores, dos investigaciones en
curso en el seno del Servicio de Historia de la
Educación nos traen, sin embargo, informaciones
indirectas o parciales.
La primera, cuyo objetivo sobrepasa ampliamente
la cuestión de los libros de clase, se interesa por los
informes de inspección que fueron redactados por
los inspectores enviados en 1833 por el ministro
Guizot a todas las escuelas primarias del reino.
Una de las múltiples preguntas de este estudio
aparece expresada como sigue: «¿Qué libros se
utilizan?». Un examen con detenimiento de los
informes permite establecer un repertorio de las
"designaciones" de los manuales que se utilizaban
en aquella fecha, pero no de su identidad
bibliográfica; proporciona un abanico de los títulos
y permite localizar aquellos que se citan con más
frecuencia
-incluso
bajo
múltiples
denominaciones-; no obstante es imposible hacerse
una idea exacta de la difusión de los libros mismos,
puesto que varias obras cohabitan en una misma
clase y que un libro presente en uno o varios
ejemplares se cita idénticamente. Pero, a falta de
mostrar un catálogo de la actualidad editorial en
1833, el repertorio de las "designaciones" de
manuales proporciona la última fotografía de las
producciones del Antiguo Régimen, a las cuales se
añaden las ediciones o reediciones de la Restauración. Los trabajos realizados sobre lo que se
ha convenido en llamar «la investigación Guizot»
presentan, para la cuestión de los li-
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219
PASADO Y PRESENTE DE LOS MANUALES ESCOLARES
bros escolares de las escuelas primarias, tanto más
interés cuanto que proporcionan un estado de la
investigación,
y
que
otra
investigación
actualmente en curso se propone, entre otros
objetivos, establecer el referente entre los años
1880 y 1910.
Este segundo estudio se apoya en el examen y
análisis de las «listas anuales y departamentales de
los libros reconocidos como aptos para ser
utilizados en las escuelas primarias públicas
elementales y superiores», elaboradas de
conformidad con el Decreto del 16 de junio de 1880
y con la circular del 7 de octubre del mismo año,
que confiaban a los docentes de primaria el
derecho a proponer la lista de los manuales que
deseaban utilizar en clase. Estas listas, que se
pueden consultar en parte en los Archivos
nacionales y en parte en los Bulletins
départementaux4 publicados por iniciativa de las
inspecciones académicas, son el resultado de la
síntesis de listas de proposiciones realizadas por
los docentes de cada cantón y revisadas, en todo
caso, por una comisión presidida por el inspector
de academia. Cruzadas con otras informaciones
disponibles (el nombre del editor, la función del o
de los autor[es], la fecha de la primera edición de la
obra, etc.), estas listas que indican el título de la
obra, y a veces también el número de cantones que
las escogieron, permiten, si no establecer el mapa
de Francia de los manuales usados en la enseñanza
elemental, al menos explorar distintas pistas: ¿Qué
manuales son los más citados en las diferentes
disciplinas? (¿Y por lo tanto los más utilizados?)
¿El reparto de los manuales es uniforme en el
conjunto del territorio o puede poner en evidencia
ciertos fenómenos departamentales o regionales?
¿Cuál fue el peso respectivo de la edición parisina
y de la edición regional? ¿Cuál fue el de cada
empresa, en conjunto y por disciplina? ¿Qué
evoluciones se pueden poner en evidencia al
comparar las listas confeccionadas en un mismo
departamento en distintas épocas?, etc.
En cualquier caso, puntualicemos que este trabajo
no concierne al conjunto del mercado editorial
porque no tiene en cuenta las obras en uso en las
escuelas privadas. Por otro lado, aunque
proporciona indicaciones en cuanto al reparto de
la producción y la evolución de este reparto, no
puede dar más que tendencias: en efecto, es
imposible razonar en cuanto a número de
ejemplares, ya que no siempre poseemos el detalle
de las selecciones efectuadas en el ámbito de los
cantones e ignoramos cuál fue la frecuencia con
que se sustituyeron los manuales, muy variable,
según los municipios, dado que el suministro de
los libros de clase no constituye una obligación reglamentaria a la que habrían de someterse.
Parece esencial poner de relieve desde ahora que la
constitución de estos grandes instrumentos de
investigación se inscribe en un proyecto que tiene
su propia coherencia. A menudo he utilizado la
expresión que cito: «cruzadas con otras
informaciones disponibles, estas listas, estos datos
o estos resultados, etcétera, que permiten, etc.». Es
suficiente decir que la historia del libro y de la
edición escolar constituye un conjunto complejo y
que no se la puede tratar más que desde una
perspectiva global, teniendo en cuenta el conjunto
de los elementos que la constituyen y adoptando
aproximaciones diversas y complementarias.
En esta perspectiva deben acometerse más investigaciones, algunas de las cuales ya han sido
emprendidas. Me contentaré con indicar aquí las
principales: podría darles más detalles, en cuanto a
su avance, si lo desean, pero el tiempo me lo
impide en el marco de mi exposición.
1. Los autores
Si dijera que los autores de manuales han sido y
son casi exclusivamente docentes, no agotaría con
ello la cuestión. Los perfiles varían se-
4. Boletines departamentales (N. T.).
220
REVISTA EDUCACIÓN Y PEDAGOGÍA VOL. XIII No. 29-30
MANUALES Y TEXTOS ESCOLARES
gún las épocas, los niveles, las disciplinas, el tipo
de enseñanza, etc. Aunque se pueden prever
grandes evoluciones, tales como la disminución
por parte de los eclesiásticos y el aumento del
número de autores de sexo femenino, la
sustitución del autor solitario por una pareja, más
tarde por el equipo editorial, a menudo muy
abundante, el retroceso del sabio frente al práctico
o el reflejo del inspector general frente al
universitario, múltiples preguntas subsisten.
¿Cuáles han sido las relaciones entre el editor y sus
autores
(reclutamiento,
constitución
de
"escuderías", contratos, modos de colaboración,
etcétera)? ¿Quiénes son, en definitiva, los autores
de los manuales? ¿Cuál es el perfil (edad,
diplomas, origen geográfico, ideología, etc.) de
esta población? ¿Cuál es su estatuto en el mundo
de la edición (¿valorados, despreciados?) y su papel en la sociedad? ¿Cómo ha evolucionado todo
esto?
[Los estudios realizados hasta ahora en Francia, en
este ámbito, se han quedado limitados a la
redacción de artículos o contribuciones más o
menos someras sobre la biografía de algunos
autores de manuales famosos o al estudio de una
población particular, como son los redactores de
obras destinadas al concurso de libros elementales
bajo la Revolución, los autores de catecismos
revolucionarios, los primeros docentes de alemán,
etc.
Aunque no trata más que de los autores de
manuales y de libros de divulgación histórica, de la
lengua francesa, publicados entre 1683 y 1960, el
proyecto sobre la guía de investigaciones
bibliográficas que Christian Amalvi propone,
constituye el incentivo para un campo más amplio.
El objetivo es crear un conjunto de datos de los
autores de libros de educación, de divulgación
(libros de lectura o de premios) que han
contribuido a difundir, a hacer circular, en la
sociedad francesa, el conocimiento histórico. En lo
concerniente a los autores de obras de divulgación,
por un lado, esta empresa se apoyaría en el
diccionario bibliográfico que clausuraba la tesis
que Christian Amalvi ha dedicado a la divulgación
histórica en Fran-
cia y, por otro lado, en el repertorio de los
manuales de historia francesa, publicados desde
1789 hasta nuestros días, que esperamos acabar
próximamente y que, como todos los repertorios
disciplinarios producidos en el marco del
programa
de
investigación
Emmanuelle,
proporciona la lista completa de los autores de
manuales así como la producción de los mismos.]
2. La estructura de los productos
La historia de la edición escolar pasa también por
el estudio de los productos y de su evolución. Pero
si aquélla supone el estudio singular de las
diversas categorías de productos puestos en el
mercado, necesariamente debería también tomar
en consideración el conjunto de las producciones
de la edición clásica, puesto que el material
pedagógico y educativo no se reduce a los
materiales de clase únicamente; los diversos útiles
desempeñan, los unos respecto a los otros, según
las épocas, un papel complementario o
competidor. Su concepción intelectual y su
realización técnica necesariamente se inscriben en
un entorno global. Así, por ejemplo, la evolución
de los manuales de geografía es inseparable de la
de los mapas murales: los manuales, debido al
sensible aumento de su formato y a la aparición del
color (menos costoso de aquí en adelante), les
sustituyen o, al menos modifican las funciones a
partir de los años veinte de nuestro siglo.
[El dinamismo que caracteriza la historia de los
manuales no ha beneficiado, sin embargo, a los
otros productos de la edición escolar. Aunque
ciertos "géneros" han sido objeto de un estudio
sistemático, como por ejemplo los abecedarios,
estudiados por Ségoléne Le Men, o los libros de
lectura o, incluso, muy recientemente, las
antologías, hasta ahora no existía ningún trabajo
sobre la historia de los "pequeños clásicos
escolares" y todavía no disponemos de ningún
estudio histórico sobre los cuadernos de
vacaciones o los anales de examen, para ceñirnos al
terreno de lo impreso.]
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221
PASADO Y PRESENTE DE LOS MANUALES ESCOLARES
En cuanto a los trabajos que se interesan por la
evolución de la estructura de los manuales
(organización general o "macroestructura",
relación entre los diversos elementos de una
unidad de lectura, página o doble página, o
"microestructura"), son muy escasos, muy
parciales y están dispersos.
[Es, no obstante, un aspecto esencial, puesto que si
se llega a un acuerdo para reconocer al autor de la
paternidad del texto -se podría estar discutiendo
sobre el tema mucho tiempo: la arquitectura
general de la obra, la paginación- la elección de los
caracteres tipográficos o el trato de la iconografía
son parte integrante del oficio de editor, aún si el
autor ha tenido que ver con ello o no en algún
momento. Es evidente que faltan hoy en día
estudios sistemáticos que, teniendo en cuenta las
competencias requeridas (historia del libro, semiótica de la imagen, didáctica de las disciplinas, etc.)
se inserten con bastantes dificultades, a decir
verdad, en las formaciones que se dispensan en las
UFR de historia de nuestras universidades.]
3. La economía de la edición escolar
La economía de la edición escolar posee características específicas que dependen de las
numerosas presiones que sobre ellas se ejercen,
con mayor o menor medida según las épocas.
Merecería la pena que se realizaran estudios más
profundos en ese campo.
[Hemos visto que los productos de la edición
clásica están sujetos a una reglamentación más
estricta que la que se aplica a las demás producciones del espíritu. Pero los editores escolares
también están sometidos a las presiones de otra(s)
naturaleza(s): son de orden pedagógico, como la
conformidad con los programas y las instrucciones
oficiales; son también de orden financiero, puesto
que la puesta en marcha de un libro de clase
requiere una inversión previa más importante
comparativamente que otros productos editoriales
(de ahí
el papel desempeñado por los establecimientos
bancarios en del desarrollo de las empresas), y de
orden de tarifas, ya que, aunque el precio del
manual no está impuesto o regulado por el Estado,
debe estar relacionado con las capacidades
financieras de las colectividades locales o de las
familias; si el manual evoluciona al ritmo más o
menos rápido de los cambios de programa, desde
1875, debe estar en las manos de los docentes en el
momento en el que éstos hayan de efectuar su
elección, lo cual impone al editor unos plazos de
concepción, de fabricación y de difusión, a veces
muy reducidos; la importancia de las tiradas
implica, en fin, una muy rigurosa política en los
campos de la impresión, el almacenamiento y la
distribución, así como una organización sin fallos
en la cadena editorial.
Además, el mercado de la edición escolar es un
mercado cerrado cuya importancia cuantitativa,
desde el momento en que la escolaridad es
obligatoria, puede el editor apreciar con varios
años de anticipación, así como estimar el reparto
por niveles y por disciplinas. Pero salvo que se
descubran o inventen nuevas necesidades -como
Vuibert en 1880 con los anales, o Magnard en 1933
con los cuadernos de vacaciones- o que se
desarrollen subgéneros -libros de premios o
colecciones destinadas a las bibliotecas escolares
creadas en 1862-, el mercado no es extensible, ya
que los manuales se encuentran en una situación
de franca competencia: la compra de un manual
excluye automáticamente la adquisición de todas
las demás obras rivales. El mercado del libro
escolar, que representa lo esencial de la edición
clásica, está muy estrechamente relacionado con la
oferta escolar (obligación escolar, prolongación de
su duración, importe de los créditos públicos,
número de las disciplinas de enseñanza, etc.), así
como con la evolución de la demografía y el ritmo
de renovación de los manuales, pudiendo ser esta
renovación general y simultánea (con motivo de
un cambio de programa) o parcial y continua
(debido al desgaste del material o que se hayan
quedado pedagógicamente obsoletos).
REVISTA EDUCACIÓN Y PEDAGOGÍA VOL. XIII No. 29-30
222
MANUALES Y TEXTOS ESCOLARES
En definitiva, lo que se conoce hoy en día como la
historia económica de la edición escolar se asienta,
en lo esencial, sobre los resultados aún demasiado
parciales, de las investigaciones llevadas a cabo en
el 1NRP y las indagaciones mucho más profundas
que desde hace unos diez años se llevan a cabo por
Jean-Yves Mollier o bajo su dirección, en la
Universidad de París X-Nanterre y en la
Universidad
de
Versailles
Saint-Quentin-en-Yvelines.]
Conviene señalar, no obstante, que aunque la
edición escolar se desarrolla en un marco nacional,
no está confinada en él. Las exportaciones de obras
escolares efectuadas por o para numerosos países,
la implantación de empresas de edición francesas
en el extranjero son una prueba, a partir de
mediados del siglo pasado, de la vitalidad de la
edición escolar francesa. Un mejor conocimiento de
estas cuestiones precisa una confrontación entre las
fuentes disponibles en Francia y aquellas a las
cuales es posible acceder en los países considerados, lo cual supone que se hayan desarrollado
investigaciones sobre la historia de su propia
edición escolar. Precisamente se puede constatar
que, desde hace unos quince años, se han
multiplicado en el mundo entero investigaciones
relativas a la historia del libro y de la edición
escolares, en parte gracias a la anticipación de la
investigación francesa. Pero ésta es otra cuestión.
HISTORIA DE LOS LIBROS
DE CLASE EN FRANCIA
3. Después de haber dedicado lo esencial de esta
exposición a abordar las cuestiones relativas a las
fuentes y métodos, y a efectuar un balance de las
investigaciones actuales, me gustaría dedicar la
última parte a darles una apreciación
necesariamente rápida de la historia de los libros
de clase en Francia. Podrán constatar, al tiempo, la
influencia que pueden jugar los distintos
parámetros
que
he
puesto
de
relieve
anteriormente, y discernir entre ellos
las aportaciones de la investigación fundamental.
Partiremos de una constatación bastante sencilla:
la expresión que se utiliza más corrientemente en
Francia, desde hace más de medio siglo, para
designar los libros de clase ("manual escolar") no
comprende más que una parte de los trabajos a los
cuales puede recurrir un docente para su
enseñanza, con independencia de otros soportes
de los cuales puede disponer hoy en día (mapas
murales, diapositivas, cintas de audio, vídeos,
etcétera). Se pone de manifiesto la necesidad de
una tipología. Ésta presenta tanto más interés
cuanto que nos introduce directamente en la historia del manual.
Si consideramos la situación actual, podremos
hacer una primera diferenciación entre los libros
que son escolares "por destino" y los que lo son
"por uso".
La primera categoría agrupa a todos los libros que
el autor o el editor han concebido con la intención
más o menos explícita o manifiesta (título, prólogo,
nivel, público, estructura, etc.) de utilizarlo en un
contexto escolar. Nos encontramos aquí en el
terreno de lo normativo, de lo prescrito, pero
también tal vez de lo virtual. La segunda categoría
reúne las obras que no se han escrito para las
clases, pero en las cuales se observa que en ellas se
utilizan: henos aquí en el terreno de la práctica, de
lo real, pero también tal vez de lo singular, de lo
marginal. En cualquier caso, esta "recuperación"
escolar de trabajos puede tener dos causas: o bien
que no se disponga de libros concebidos para tal
fin, donde faltan medios para procurárselos -es el
caso que se da en la actualidad en numerosos
países en vías de desarrollo- o bien que la
utilización de tales obras responde a una elección
pedagógica del profesor, situación que se puede
encontrar en aquellos países que dan a sus
docentes una sólida formación.
Entre las obras escolares stricto sensu, disponibles
hoy en día, se pueden distinguir cuatro
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PASADO Y PRESENTE DE LOS MANUALES ESCOLARES
categorías según la función asignada a las obras en
el proceso de formación:
• Las ediciones clásicas. Es la categoría más
antigua. Estas obras presentan, por extractos o
integralmente, textos de autores nacionales,
latinos, griegos, o extranjeros, con abundantes
notas y comentarios al uso en las clases.
• Los manuales de referencia y sus satélites:
concebidos para una materia y un nivel de
enseñanza determinados (generalmente una
clase o una sección), se refieren, en la mayor
parte de los países del mundo, a un programa
determinado. Elaborados para un uso colectivo
(en clase, bajo la dirección del maestro) y
también individual (en casa), se les puede
considerar como a los utilitarios de clase.
• Las herramientas de referencia: esta categoría,
cuyo destino escolar no es exclusivo y que en
pocas ocasiones se menciona, incluye
diccionarios, atlas, compendios, extractos de
documentos textuales e iconográficos. Estas
obras constituyen unos complementos, a
menudo indispensables, para la enseñanza y el
aprendizaje y su utilización no se limita tan sólo
a una clase, sino que se extiende a lo largo de un
ciclo, e incluso sobre el conjunto de una
escolaridad.
• Las obras paraescolares; la última categoría (y
también la más reciente) agrupa obras bastante
diversas cuya función común es la de resumir,
repetir o profundizar el contenido educativo
dispensado en la institución escolar. Concebidas
para una utilización individual y doméstica,
estas obras constituyen auxiliares facultativos
para el aprendizaje.
¿Cómo se ha llegado a una tipología de estas
características? Es la cuestión que vamos intentar
abordar someramente a continuación.
La aparición de una literatura específicamente
escolar supone, por una parte, una intensa
reflexión pedagógica, y por otra, medios finan-
cieros importantes. Fue la adopción a mediados
del siglo XVI del método de enseñanza simultáneo
-todos los alumnos realizan de forma simultánea,
bajo la dirección del profesor, la misma actividadlo que permitió a los centros que entonces se
ocupaban de formar a las élites europeas (los
colegios de jesuítas, por ejemplo) dotarse
progresivamente de herramientas adaptadas a sus
objetivos y a su progreso pedagógico. De esta
forma los praecepta -libros de preceptos o de
gramática-van adoptando el modelo inicial, que
fue concebido bajo la fórmula del diálogo ficticio
entre maestro y alumno, y que recuerda a los
catecismos entonces en uso. El discurso se hace
abstracto, continuo, impersonal, científico: desde
finales del siglo XVI, el conocimiento se organiza
en tablas (el paradigma de la declinación latina,
por ejemplo) y los ejercicios prácticos entran en los
manuales. Obras de otras categorías comienzan
también a aparecer: los thesaurus, que
proporcionan al alumno un catálogo de
expresiones extraídas de los mejores autores de la
Antigüedad y las ediciones de los "clásicos" latinos
y griegos, expurgados delicadamente de todos los
pasajes moralmente reprobables.
Las escuelas destinadas al pueblo -cuando existenestán en cambio desprovistas de tales
herramientas: los objetivos de la enseñanza se
reducen, en una perspectiva estrechamente
catequética, a aprender los mecanismos de la
lectura. Si los protestantes promueven el desarrollo
de la lectura porque representa la condición
necesaria para el conocimiento directo de los textos
sagrados, la enseñanza ofrecida por las escuelas
católicas, que según las épocas son las más
numerosas o las únicas autorizadas, no está
dirigida a la comprensión de los textos, ya que
éstos están en la mayoría de los casos redactados
en latín, una lengua incomprensible para los
alumnos. La ausencia de reflexión pedagógica, la
inexistencia de una formación profesional y la
carencia de medios financieros, explican la enorme
diversidad de obras utilizadas, obras que no se
distinguen del resto de la producción impresa.
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224
MANUALES Y TEXTOS ESCOLARES
Esta diversidad explica que se recurra a un método
de enseñanza individual -el maestro se ocupa por
turnos de cada alumno, dejando a los demás
desocupados- notoriamente poco eficaz.
A mediados del siglo XVII la escuela se convirtió
en la punta de lanza de las batallas entre católicos
y protestantes: la Contrarreforma católica se
acompaña de una reflexión sobre la enseñanza
popular. En 1860, Jean-Baptiste de la Salle abre
escuelas de caridad en las ciudades donde la
influencia protestante es importante: los
Hermanos de las Escuelas Cristianas proponen a
los niños una verdadera cultura popular y optan
por enseñar a leer en francés. La puesta en marcha
de un programa pedagógico coherente y la
adopción, sobre el modelo de los colegios, de un
método para el cual es necesario el empleo de
libros uniformes es la semilla de una literatura
didáctica especifica en la enseñanza popular.
Mientras que bajo el Antiguo Régimen fue la
Iglesia la que dirigió la educación, a partir de la
Revolución Francesa fue el Estado el que se
apropió de lo que había surgido en el ámbito
educativo. La escuela se convierte en la causa de
una rivalidad duradera entre la Iglesia y el Estado,
y el manual será el motivo principal de este
conflicto. A partir de 1815, iniciativas privadas ven
la luz para desarrollar un método de educación -el
método de enseñanza mutuo (monitoring system)importado de Inglaterra, que tiene como fin
resolver la penuria de maestros utilizando como
relevo a los alumnos más avanzados. Aunque fue
condenado por la Iglesia por tener origen
protestante, este método, que permitía alfabetizar a
varias centenas de alumnos, tuvo un gran éxito
durante la Restauración. No exige que cada
alumno disponga de un libro, salvo los alumnos
más avanzados, ya que los monitores utilizan
tableros de lectura, reproducciones de las páginas
de los manuales en forma de carteles. Pero los
poderes públicos abandonaron este método a
causa de su carácter mecanicista, cuando a
comienzos de 1830, empieza a gene-
ralizarse la enseñanza primaria en el conjunto del
territorio. La elección oficial del método
simultáneo, promovido un siglo y medio antes por
los Hermanos de las Escuelas Cristianas, para la
enseñanza popular consagra la preeminencia del
libro, desde entonces considerado como el
instrumento mejor adaptado para la formación de
los alumnos, pero también de los maestros. El
Estado consagra importantes sumas para distribuir
manuales, ordenando su composición y esperando
que se desarrolle una verdadera literatura escolar
adaptada a los objetivos que asignara a la educación popular.
La reglamentación que se aplica entonces a los
manuales -que no se abolirá hasta 1880- es
netamente coercitiva: sólo se puede introducir en
las escuelas públicas manuales que, habiendo sido
previamente examinados por comisiones de
expertos, hayan recibido por parte de la
administración una autorización oficial (el sistema
se conoce por el de "autorización previa"). Si el
objetivo que se fija es el de proporcionar a los
alumnos manuales desprovistos de errores burdos
y pedagógicamente eficaces, los criterios
ideológicos juegan entonces un papel esencial.
Pero no son los únicos. La amplitud del posible
mercado y la importancia de los encargos dirigidos
al Estado abren la vía al clientelismo. De político, el
asunto pasa a ser económico, y hasta la década del
setenta del siglo XIX, la administración no sólo se
muestra complaciente, sino cómplice.
Hasta la década del ochenta no será definitivo que
lo pedagógico vaya progresivamente sobrepasando lo ideológico: en 1833 la llegada de un
sector privado que se beneficiaba de una
regulación más flexible en relación con la elección
de los manuales (el sistema del -veto- que permitía
el uso de todos los manuales que no habían sido
explícitamente prohibidos) permitió la aparición
de una literatura escolar que, al ser menos
dependiente de los criterios administrativos, era
para la época más innovadora. Pero sobre todo, la
instauración a partir de 1830 de una red de
escuelas profesionales
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PASADO Y PRESENTE DE LOS MANUALES ESCOLARES
(las escuelas normales) y de un cuerpo de inspección específico había mejorado ampliamente el
nivel de formación de los docentes de primaria.
Esta lenta y profunda mutación hizo posible en
1880 la instauración de una regulación que todavía
está en vigor. A principios de la década del
ochenta, la enseñanza primaria se vuelve laica,
gratuita y obligatoria (Leyes Ferry); los docentes
de los distintos grados (enseñanza primaria y
secundaria) ven cómo se les confía la libre elección
de los libros de clase con la única condición de que
esta elección se haga de forma colectiva, en el seno
de cada colegio o grupos de colegios.
Esta modificación de la normativa convierte a los
docentes en prescriptores de sus propias
herramientas y de las de sus alumnos, es decir, se
convierten en los interlocutores privilegiados e
incontestables de las editoriales, en lugar de la
administración;
pero
entregándoles
esta
responsabilidad, también les expone a las críticas
de la opinión, y sobre todo de las asociaciones de
padres, que se constituyen a principios de la
Tercera República y que se convertirán en el siglo
XX en interlocutores esenciales del sistema
educativo.
Aunque la dimensión ideológica siga ampliamente
presente (incluso solamente por el sesgo que toma
entre 1880 y 1914 la lucha entre Iglesia y Estado
por el asunto de la laicidad de la escuela pública),
es en el ámbito pedagógico donde las
transformaciones ven realmente la luz. La derrota
de Francia contra Prusia en 1870 suscita de hecho
un replanteamiento del sistema educativo y una
renovación de la pedagogía: el método tradicional,
basado en la memorización y la recitación del
libro, en la repetición de ejercicios estereotipados,
es sustituido por un concepto pedagógico que se
centra en la intuición, que da más relevancia a la
observación de la realidad, y del que las "lecciones
de cosas" son su manifestación más evidente. Esta
nueva doctrina transfiere del libro al maestro la
función de asumir la difu-
226
sión del conocimiento: «Lo que importa», escribía
el ministro Jules Ferry a los maestros y maestras
públicos en 1883, «no es la acción del libro, es la
vuestra. No debiera el libro interponerse entre
vosotros y los alumnos. [...] El libro está hecho
para vosotros y no vosotros para el libro».
Desde 1880, el Estado no ejerce pues ningún
control previo sobre la producción escolar. Se
reserva únicamente el derecho a prohibir, conforme al artículo 5 de la Ley Falloux del 15 de
marzo de 1850, todavía en vigor, aquellas obras
que fueran «contrarias a la moral, a la Constitución, y a las leyes». En la práctica, esta medida
no se ha aplicado nunca, ni se aplicará, porque
difícilmente se concibe qué interés podrían
encontrar las editores -¡y si es así, que se les
ocurra!- que compiten entre sí, en transgredir una
regla a la cual se adhieren ampliamente los
docentes.
Libres de obligaciones administrativas, los editores
rápidamente propusieron al mercado productos
conformes a los nuevos conceptos pedagógicos y
adaptados a la demanda de los usuarios: los
compendios indigestos y las secas nomenclaturas
que todavía se utilizaban, progresivamente fueron
dejando el sitio a manuales en los cuales el texto,
estructurado en capítulos y en párrafos, obedecía a
una progresión lógica, iba acompañado de una
aparato didáctico (explicaciones, anécdotas, notas,
cuestionarios, etc.) cuya intención era suscitar el
interés del niño (incluso la iconografía se hace más
presente), facilitaba su comprensión, al asociar
todo ello a la elaboración del conocimiento. En la
Tercera República coexistieron obras cuyo origen
es más o menos reciente; esbozando una tipología
se pueden distinguir varios modelos:
• El modelo catequético (lámina 3) representa el
tipo más antiguo: es el testigo de los orígenes
religiosos de la literatura escolar. Los manuales
de esta categoría se presentan bajo la forma de
alternancia entre preguntas y respuestas
estereotipadas que se
REVISTA EDUCACIÓN Y PEDAGOGÍA VOL. XIII No. 29-30
MANUALES Y TEXTOS ESCOLARES
supone que los alumnos (pero también el
maestro) tienen que aprenderse de memoria. Es,
en cierta forma, una respuesta al problema de la
formación de los maestros, ya que cada uno
puede recitar su papel sin comprenderlo
siquiera.
• El modelo apologético (lámina 4) es igual de
antiguo: aparece a la manera de La vida de los
hombres
ilustres
de
Plutarco, como la
yuxtaposición de cortas apologías redactadas
con un fin, hace poco, religioso y en lo sucesivo,
moral.
• El modelo jurídico (lámina 5) lo forma una serie
de pequeños párrafos numerados uno tras de
otro. Estas obras (gramáticas, nomenclaturas
históricas o manuales de matemáticas) ofrecen
rigor en la clasificación, el tono impersonal y la
presentación austera como si fueran códigos
jurídicos.
• El modelo enciclopédico (lámina 6): una de estas
obras, redactada por Jean-Baptiste Tartiére en
1897, se titula De todo un poco. Es decir que estas
obras tienen el propósito de recoger el conjunto
de conocimientos exigidos en las diversas
asignaturas del programa, todo lo que la escuela
tiene que ofrecer al ciudadano del futuro, «todo
lo que no está permitido ignorar», según una
conocida fórmula de Octave Gréard, uno de los
fundadores de la escuela primaria moderna. Estas obras, que son la respuesta a la escasez de
libros en las escuelas, van a desaparecer
progresivamente a partir de 1890, fecha en la
cual un decreto establece el mínimo número de
libros que todo alumno debe tener en los
diversos cursos de la enseñanza primaria.
• El modelo atractivo (lámina 7): aparecido a
partir del año 1865 y que se generalizaría mucho
más tarde: se inscribe en un nuevo concepto de
la infancia (¡aunque algunos pedagogos de la
Antigüedad como Quintiliano ya lo habían
expuesto!) en el cual el juego constituye un
resorte pedagógico esencial. La Aritmética con
una sonrisa en la secundaria, publicado en 1933
por
Nathan, es una de las obras más conocidas de
esta categoría.
• La novela escolar (lámina 8), de la que la más
conocida es La vuelta a Francia de dos niños. Deber
y patria (Berlín, 1877), 432 ediciones de 1877 a
1960. El viaje es el pretexto de anécdotas
moralizantes (modelo apologético), de diálogos
en los cuales el adulto responde de forma
abundante al niño (modelo catequético
invertido), de desarrollos al azar del viaje, sobre
la geografía local, la historia, la biología (modelo
enciclopédico), y presenta a dos niños en los
cuales el joven lector tiende naturalmente a
encarnarse, un recurso muy conocido por la
literatura juvenil (modelo atractivo).
La literatura escolar no conoció hasta llegados los
años setenta de nuestro siglo modificaciones
estructurales importantes. Si ciertos modelos
didácticos desaparecen como tales (modelo
catequético o enciclopédico), no están ausentes del
todo de los modelos más extendidos: los manuales
que aparecieron entre las dos guerras mundiales y
la posguerra son de hecho similares. Pero la
evolución esencial de este período se centra en el
estatus mismo del libro de clase, que la
competencia de las revistas ilustradas convierte,
comparativamente, en bastante poco atractivo a los
ojos de los jóvenes consumidores. A partir de la
década del treinta, los editores toman conciencia
de la especificidad de la lectura infantil y la estética
comienza a ser importante: el formato de los libros
se agranda, el tamaño de las ilustraciones crece, y
el color empieza tímidamente a hacer su aparición
en los manuales. Este fenómeno se acentúa a partir
de 1960: entramos en la civilización de la imagen y
son en adelante los semanarios, el cine, los carteles
publicitarios y la televisión -en una palabra: el
modo de vida- los que compiten con el manual.
También la iconografía viene a ocupar en los libros
de clase un lugar que nadie juzga excesivo (más de
la mitad del espacio para ciertas disciplinas) y la
cuatricromía, cuyos costes serán en adelante
abordables, se generaliza. Pero no es sólo un
asunto de presentación: se
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PASADO Y PRESENTE DE LOS M A NU A L E S E S C O L A R E S
es consciente de que en un mundo que evoluciona
muy rápido, muchos manuales transmiten una
imagen obsoleta de la sociedad.
El período más reciente del sistema educativo
francés nace bajo el signo de la democratización: el
acceso de un número cada vez más importante de
niños a los primeros cursos de la enseñanza
secundaria, con la supresión del examen de
entrada en el primer curso de enseñanza
secundaria y la prolongación de la escolaridad
obligatoria a los dieciséis años, ha provocado,
directa
o
indirectamente,
modificaciones
profundas en la elaboración de los manuales
escolares.
Ante todo es una cuestión de financiación: el
ministerio se ocupó a partir de 1977 de financiar
los manuales, no sin imponer condiciones
draconianas a los editores, para asegurar cada año
el préstamo a los alumnos, ya que numerosas
familias de condición modesta difícilmente podían
hacer frente a los gastos que suponía la compra de
manuales en el colegio. Es también una cuestión de
formación: la llegada de todo un grupo de edad a
los primeros cuatro años de la enseñanza
secundaria obligó al Estado a contratar
masivamente docentes, y debido a la urgencia de
las necesidades, se descuidó muy a menudo su
formación pedagógica. Es igualmente una cuestión
de objetivos: la sociedad asigna hoy en día a la
institución escolar misiones cada vez más numerosas y diversas. El docente no tiene solamente
la función de instruir, como en el siglo pasado,
sino que tiene por misión el educar y el manual
tiene necesariamente que suministrarle ayuda en
este cometido. Es en fin, una cuestión de público:
la gestión de un público cada vez más heterogéneo
es ciertamente una de las mayores dificultades a
las cuales se enfrenta, día tras día, el docente.
Por todo ello, los docentes no esperan hoy ya de
los manuales que les presenten, a través de una
progresión rigurosa, un conjunto de saberes
organizados, lo que durante mucho tiempo fue su
principal propósito, y condicio-
228
nó su organización interna en capítulos
estereotipados. El manual se ha convertido en una
herramienta "polifónica": tiene que permitir la
evaluación de la adquisición de conocimientos;
tiene que presentar una documentación
compuesta, tomada de soportes variados; tiene
que facilitar la asimilación por parte de los
alumnos de un cierto número de métodos
intercambiables a otras situaciones y, teniendo en
cuenta la heterogeneidad creciente de públicos
escolares, tiene que presentar lecturas plurales. El
editor debe ofrecer de esta forma productos
suficientemente flexibles para su uso que permitan
distintos niveles de lectura y autoricen el recorrido
múltiple del libro.
Según las disciplinas, los editores escolares han
tenido en cuenta dos opciones. La primera, el
manual "multimedia" (lámina 9), que consiste en
que alrededor del manual, que sigue teniendo un
papel principal, gravite un conjunto de
herramientas periféricas adaptadas a objetivos
pedagógicos precisos (cintas, léxicos, ficheros). La
segunda, el manual "integrado" (láminas 10 y 11),
que se ajusta más a las normas de la
administración ya que es más económico, pero que
desemboca en una estructura compleja de obras
ante la cual los alumnos -pero también los
docentes- pueden encontrarse desamparados. Así
mismo, ciertos editores han tomado la iniciativa de
preceder sus obras con verdaderos manuales de
instrucciones que permiten al usuario descubrir la
organización interna de un capítulo, aprehender la
función asignada a los diversos colores o a las
variaciones de la tipografía, y de comprender una
señalización (tramas, pictogramas, manchas, etc.)
tanto más compleja porque los códigos varían de
unos manuales a otros.
Observamos que esta evolución no atañe sólo al
ámbito francés. Es común a todos los países en
vías de desarrollo, y se podría decir que el manual,
en un principio nacional, se mundializa. Aquí
tenemos dos ejemplos: uno es japonés (lámina 12),
y el otro es un manual de uso en Corea del Sur
(lámina 13).
REVISTA EDUCACIÓN Y PEDAGOGÍA VOL. XIII No. 29-30
MANUALES Y TEXTOS ESCOLARES
Si se pudiera decir que antes se leía uno su manual,
y que hacia los años sesenta y setenta se leía dentro
del manual, tendremos que decir, que hoy en día
se navega en él. Esta evolución se inscribe en una
marcha que podría ser calificada de hipertextual, y
de hecho se están llevando a cabo, tanto en Francia
como en otros países, investigaciones en este sentido. Pero tal mutación supone una formación de los
lectores y, en particular, de los docentes. Con unas
palabras sobre este aspecto terminaré mi
exposición.
Desearía decir simplemente que si la investigación
histórica encuentra en sí misma justificación,
puede también servir para comprender el presente
y quizá también para elaborar una estrategia para
el futuro. Soy consciente de que me sitúo aquí más
como ciudadano y como pedagogo, en el más
amplio sentido del término, que en historiador.
Pero lo impor-
tante es distinguir el papel que se reivindica y la
perspectiva que se adopta en una circunstancia
establecida. En Francia, como en la mayor parte de
los países occidentales, los sistemas educativos se
enfrentan a dificultades cada vez mayores y el
asunto de las herramientas pedagógicas, es decir,
de su concepción, de su elección y de su uso por
parte de los docentes y de su asimilación por parte
de los alumnos, están notablemente en el centro
del debate. Porque puede que el tiempo revista en
este ámbito una dimensión y un peso particulares;
en una coyuntura de estas características, en
numerosos países con los responsables del sistema
educativo, al igual que los profesionales de las
editoriales, recurren al historiador para establecer
un diagnóstico y para proponer remedios,... que se
seguirán o no. De este modo, el pasado de los
manuales podría contribuir a explicar el presente y
quizá a orientar el futuro.
R E V I S T A E D U C A C I Ó N Y P E D A G O G Í A V O L. X 1 1 1 N o . 2 9 - 3 0
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