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La experiencia de tener un hermano en niños de ocho a diez años

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La experiencia de tener un hermano en niños de ocho a diez años
Pontificia Universidad Católica del Perú
Escuela de Graduados
LA EXPERIENCIA DE TENER UN HERMANO EN NIÑOS DE OCHO A
DIEZ AÑOS
TESIS PARA OPTAR EL GRADO DE MAGÍSTER EN
ESTUDIOS TEÓRICOS EN PSICOANÁLISIS
Regina Tagliabue Ganoza
Asesora: Valeria Villarán L
Miembros del jurado: Doris Argumedo B
Magaly Nóblega
LIMA – PERÚ
2012
2
Agradecimientos
Agradezco a las ocho familias que aceptaron participar voluntariamente en la presente
investigación y muy especialmente a los niños y niñas que espontáneamente compartieron
sus fantasías, deseos, sentimientos y temores en torno a esta experiencia de tener su primer
hermano, sin ellos no hubiese sido posible esta investigación.
Agradezco a Valeria Villarán, mi asesora, quien me acompañó sostenidamente con un
verdadero rêverie
a lo largo de este proceso de elaboración y fue capaz de recoger mis
reflexiones ayudándome a pensar y a ir dándole forma a esta experiencia de investigación
compartida creativamente.
Un agradecimiento muy especial a Lucho, mi compañero de toda la vida, mi gran
interlocutor en estas elaboraciones. A Alvaro y Camila, mis hijos quienes me apoyaron en
todo momento, también en tareas muy concretas relativas a esta investigación.
A mi madre y mis hermanos fuente de mi inspiración e interés sobre este tema de los
hermanos.
Finalmente, a mis profesores y compañeros de la Maestría, porque lograron anidarme
y entusiasmarme con la tarea cuyo resultado final está contenido en estas páginas.
3
Resumen
La presente investigación quiere describir y comprender, desde un enfoque y marco
teórico psicoanalítico, la experiencia de tener un hermano por primera vez en niños de ocho a
diez años. Para ello, desde un paradigma cualitativo, se ha explorado ocho casos de niños en
tal situación. La recolección de información se realizó en dos conversaciones individuales
con cada niño(a). En la primera se utilizaron algunas láminas tomadas del test “Las aventuras
de pata negra” como elemento motivador para la generación de historias. En la segunda se les
solicitó a los niños realizar el dibujo de “unos hermanos” y elaborar una historia a partir de
lo dibujado. Se tuvo también una conversación con los padres de cada niño para recoger
información necesaria acerca de su proceso de desarrollo y para explorar las reacciones del
niño(a) participante frente a la experiencia de tener su primer hermano. Las conversaciones
con los padres y con los niños fueron grabadas y transcritas. Los resultados han sido
discutidos desde el marco psicoanalítico y desde algunas investigaciones realizadas desde la
perspectiva clínica o con niños de otras edades, ya que nuestra investigación se constituye en
única en relación al tema y a la población elegida.
Palabras clave: Experiencias, hermanos, niños, proceso, primer hermano.
Abstract
This research aims to describe and understand, from a psychoanalytic point of view
and theoretical framework, the experiences of having a sibling for the first time among kids
aged eight to ten years old. To do this, from a cualitative paradigm, I have explored eight
cases of children in this situation. The data collection process was performed on two
individual conversations with each kid. On the first conversation some test sheets were taken
from “Adventures of Blackfoot” as a motivator for generating stories. On the second one the
children were asked to make a drawing of “siblings” and a story drawn from it. A
conversation with the parents of each child was also an research instrument to gather
information necessary about their development process and to explore the child reactions
towards the experience of having a sibling for the first time. The discussions with the parents
4
and the children were recorded and transcribed. The results have been discussed from the
theoretical framework and from some research from a clinical perspective and with children
of other ages, as our research is unique in relation to the subject and the target population.
Keywords: Experiences, siblings, children, process, first sibling.
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TABLA DE CONTENIDOS
CAPÍTULO I La experiencia de tener un hermano en niños de ocho a diez años .................................. 6
El tener un hermano ........................................................................................................................... 6
Los niños entre los ocho y los diez años ........................................................................................... 15
Investigaciones sobre el tener un hermano ..................................................................................... 18
Objetivo............................................................................................................................................. 21
CAPÍTULO II Método ............................................................................................................................. 22
Participantes ..................................................................................................................................... 23
Técnicas e instrumentos utilizados ................................................................................................... 24
Estudio piloto .................................................................................................................................... 25
Procedimiento................................................................................................................................... 26
Tratamiento de la información ......................................................................................................... 27
CAPÍTULO III Resultados........................................................................................................................ 28
Primer momento: Fantasías sobre el deseo de tener un hermano ................................................. 28
¿Qué se desea?: deseo de otro idéntico versus otro semejante.................................................. 29
¿Cómo se desea?: deseo ambivalente, entre el desear y no desear un hermano. ..................... 32
¿De dónde surge el deseo del hermano?: el niño pide un hermano. .......................................... 33
Segundo momento: La llegada del hermano y la expresión de nuevos sentimientos ..................... 34
Primera etapa: el impacto de la realidad. ..................................................................................... 34
Segunda Etapa: el sentimiento de exclusión. ............................................................................... 35
Tercera Etapa: el surgimiento de mecanismos de defensa, fantasías de desaparición y otros
sentimientos asociados. ................................................................................................................ 36
Tercer momento: Elaboración de la experiencia y aceptación del hermano ................................... 38
Temor ante el peligro de la pérdida del amor de la madre. ......................................................... 38
Formas distintas de tramitación de la aceptación del hermano. ................................................. 39
CAPITULO IV Discusión .......................................................................................................................... 42
Conclusiones ..................................................................................................................................... 48
Limitaciones de la investigación e investigaciones futuras .............................................................. 49
Referencias............................................................................................................................................ 50
ANEXOS ................................................................................................................................................. 52
6
CAPÍTULO I
La experiencia de tener un hermano
en niños de ocho a diez años
El presente capítulo explora en torno al sentido y significancia de realizar la presente
investigación, razón por la cual concluye con la presentación de su objetivo.
El capítulo ha sido divido en tres partes. En la primera parte, se recogen los
planteamientos que, acerca de hecho de tener un hermano, están presentes en las obras de los
principales teóricos del psicoanálisis. En la segunda parte, se presentan las principales
características de los niños de entre ocho y diez años. En la tercera parte, se da una mirada
sintética a los resultados de las investigaciones que se han realizado acerca de los hermanos.
El tener un hermano
Las relaciones fraternas, con particularidades distintas a las que se establecen entre
padres e hijos, ocupan un lugar destacado en la vida de las personas, dejando fuertes huellas
en la constitución de su psiquismo; así mismo, son fuente de inspiración en las novelas,
leyendas, mitología, cine y literatura (Brusset, 1987).
Freud ha tratado la experiencia de los hermanos a lo largo de toda su obra, aunque de
una manera implícita a través de historias de casos, reportes de sueños, etc., relacionándola
siempre con el complejo de Edipo. Describió los celos iniciales, la rivalidad, la envidia que el
hijo mayor siente cuando se ve desplazado en el afecto de la madre con la llegada de un
hermano, y también los cambios y transformaciones de estos sentimientos y su impacto en
las relaciones posteriores, sean estas normales o patológicas. Probablemente, como muchos
de los descubrimientos de Freud derivan de sus observaciones clínicas, pareciera que el
énfasis del rol de los hermanos en la búsqueda de explicación al origen de las neurosis es lo
predominante.
Algunos autores, como Kaës (2008), han sistematizado en tres ejes la manera en que
Freud se aproxima al tema de los hermanos, y cuya sistematización coincide con un orden de
preocupación:
El primero de estos ejes da cuenta de los efectos de las relaciones entre hermanos y
hermanas dentro de su organización psíquica posterior.
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El segundo, plantea el rol de los lazos fraternales dentro de la formación de los lazos
sociales tratado por Freud en “Tótem y Tabú” (Freud, 1912). En este eje, Freud se aproxima
al tema de lo fraterno desde la conflictiva edípica y el paso de la horda al orden social y la
cultura.
El tercero y último eje mencionado por Kaës (2008), es el eje donde Freud toma la
noción de complejo fraterno, en “Algunos mecanismos neuróticos en los celos, la paranoia y
la homosexualidad”(Freud, 1921), donde habla del complejo de hermanos diferenciándolo del
complejo de Edipo. Hacia el final de su obra Freud reconoció la importancia del complejo
fraterno, pero no lo estudió de manera sistemática como si lo hizo con el complejo de Edipo.
Respecto a los efectos de las relaciones entre hermanos y hermanas en su
organización
psíquica
posterior,
Freud
desde
1895,
plantea
las
consecuencias
psicopatológicas de las relaciones entre hermanos y hermanas: la hermana es la seductora en
el hombre de los lobos. Así mismo, observa cómo la llegada de un hermano era vivida por el
infante como el arribo de un rival que amenazaba la supremacía del primer hijo, provocando
celos, hostilidad y odio hacia el recién llegado, pero también sentimientos de rabia contra la
madre por los hermanos que le ha impuesto.
En una carta a Fliess del 3 de octubre 1897 (carta No.70, p.304), a propósito de la
muerte de su hermano Julius, Freud escribe: “Todo me hace creer que el nacimiento de un
hermano de un año menor a mi había suscitado en mi deseos malvados, verdaderos celos
infantiles, y que su muerte (pocos meses más tarde) había dejado en mí, el germen del
remordimiento”
Con la observación del “Pequeño Hans”(1909) nota cómo a partir de la llegada de la
hermana, el niño va construyendo algunas teorías sexuales infantiles que responden a un
deseo de investigación y a su propia curiosidad sexual, e incita a un trabajo mental que
estimula la pulsión de saber en el niño “destronado” (Kaës, 2008).
Freud ha subrayado la caída narcisista y el impacto traumático que trae consigo la
llegada al mundo de un hermano o hermana. El niño deja de ser el centro del mundo, se siente
invadido por los celos y por el odio hacia este “intruso” que compite con él por la posición
que cree tener en el amor de sus padres. Desde esta perspectiva, ese otro llamado hermano se
integra desde el conflicto, donde “Ese uno, todavía hijo o hija única, por un tiempo, o sea el
primogénito que ve surgir en su universo a ese otro y luego lo integra a él de una manera
conflictiva […] en esta hostilidad primitiva” (Freud, 1916-1917, p.304). Si bien Freud,
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describe en varias ocasiones el trauma que para el hermano mayor supone el nacimiento de
un hermano, no pierde de vista los resentimientos y odios que surgen también en el hermano
menor hacia el mayor: “El hermano mayor maltrató al menor, lo calumnió, lo despojó de sus
juguetes, y el menor se agotó en una ira impotente contra él, sin tener derecho a expresar su
arranque agresivo” (Freud, 1900, p.260). Agregando que “Probablemente no hay dormitorio
infantil sin conflictos violentos entre sus moradores”, (Freud, 1916, p.187) relación que,
muchas veces, puede tramitarse beneficiosamente a futuro: “Muchos adultos que hoy están
tiernamente apegados a sus hermanos y hermanas, y los asisten, vivieron en su infancia en
una hostilidad casi ininterrumpida con ellos” (Freud, 1900, p.260).
Cuando analiza la fantasía de “Un niño es golpeado” (Freud, 1919), plantea cómo el
odio y celos se alían a los deseos inconscientes de castigos sádicos y masoquistas
relacionados a los hermanos.
En la interpretación de los sueños, Freud, dentro de los llamados sueños típicos que
investigó, observó elementos asociados a la relación con los hermanos, sosteniendo que
“Mucha gente que ama a sus hermanos y hermanas, y que se sentirían desconsolados si
muriesen, abrigan deseos malvados con ellos, en su inconsciente, desde tiempos anteriores; y
estos deseos son posibles en sus sueños” (Freud, 1900, p.261).
Posteriormente, algunos teóricos del psicoanálisis (Brusset, 1987; Kaës, 2008;
Kancyper, 2003; Lacan,1938; Laplanche y Pontalis,1971) han incorporado la noción de
Complejo Fraterno, otorgándole una función estructurante y un carácter fundante en la
formación de la vida anímica del individuo, de los pueblos y de la cultura. Así mismo;
consideran que este complejo fraterno, participa en la estructuración de las dimensiones
intrasubjetivas e intersubjetivas, en la constitución del superyó, del yo ideal y en la elección
de objeto de amor.
Según Kaës (2008), si bien en la obra de Freud no emerge la noción de complejo
fraterno con un carácter estructurante del psiquismo y diferenciado del complejo de Edipo, si
proporciona las bases para su construcción cuando en “Conferencias de Introducción al
Psicoanálisis” (Freud, 1916-1917) expone la idea del agrandamiento del complejo de Edipo
en complejo familiar cuando llegan otros hermanitos.
Kancyper (2003) y Kaës (2008) han reelaborado el concepto de complejo fraterno en
el corpus teórico y en la práctica clínica del psicoanálisis, al señalar su especificidad respecto
del complejo de Edipo, así como sus puntos de anudamiento. De esta manera se lo puede
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concebir, además, como un pivote (Moguillansky, 2004) que permitiría comprender mejor
las interrelaciones que se dan entre el Narcisismo y el Complejo de Edipo tanto en la clínica
como en la teoría.
Se comprende al complejo fraterno, como una organización intrapsíquica triangular de
los deseos amorosos, narcisistas y objetales, del odio y de la agresión frente e ese “otro” que
un sujeto reconoce como hermano o como hermana. No se reduce, necesariamente, a una
influencia ejercida por una presencia real de los hermanos, sino que la trasciende. Desde esta
comprensión, también el hijo único requiere tramitar los efectos propios en que este complejo
se construye en cada individuo (Kanciper, 2003; Kaës, 2008).
Kaës (2008) plantea que complejo de Edipo y complejo fraterno son dos ejes de la
estructuración de la psique que se cruzan y se conforman el uno al otro, pero ninguno puede
existir plenamente sin el otro: El eje vertical sería el del Edipo que anuda la sexualidad
(diferencia de sexos) y la diferencia generacional. Y el eje horizontal dado por el complejo
fraterno que expresa las formas de amor y de odio hacia el semejante, vivido como intruso,
familiar y con quien las relaciones van a permitir experiencias distintas de aquellas que
generan las relaciones con los padres.
Por otro lado, Kaës (2008) distingue específicamente dos niveles de análisis entre el
del complejo fraterno y el de los vínculos fraternos porque el complejo fraterno no
corresponde necesariamente a la existencia real de los vínculos fraternos, lo que le permite
sostener la tesis que “el complejo fraterno es uno de los organizadores psíquicos
inconscientes del vínculo: de familia, de pareja, de grupo”.
En la actualidad, algunos teóricos psicoanalíticos plantean que los estudios que se han
sistematizado sobre las experiencias de relación y vínculo entre los hermanos no han tomado
muy en cuenta en sus observaciones incorporar los aspectos saludables que también pueden
aportar al desarrollo las experiencias de los hermanos. Cuestionan que tradicionalmente, para
el psicoanálisis, la llegada de un hermano(a) haya sido vista como un evento traumático para
el hermano(a) mayor y que la mayoría de reportes, especialmente los que provienen de la
clínica, han puesto énfasis en la rivalidad y la competencia entre hermanos y en las cargas
que recibe el primogénito cuando ingresa a la familia un segundo hijo, un primer hermano,
sobre todo porque éste le priva de la centralidad de la que gozaba en la relación con los
padres. Por otro lado, la mayor parte de los casos expuestos muestran la importancia del
hermano o de la hermana en la historia subjetiva infantil, pero respecto a las relaciones con
10
los padres y los efectos del nacimiento de hermanos en la formación de las neurosis (Brusset,
1987; Solnit, 1983, Kieffer, 2008).
Algunos autores sostienen que, en general, se ha prestado mucha más atención a lo
que “hace bulla”, y se la ha mantenido asociada al conflicto la deprivación o la desviación,
dejando en segundo plano aquellas experiencias en las que niños y niñas en una interrelación
con sus hermanos y/o hermanas transitan
progresivamente por esta relativa “bulla”
proporcionándoles experiencias que les otorgan beneficios como aprender a regular y
potenciar sus estados psicológicos (Solnit,1983; Bank & Kahn, 1983; Neubauer, 1983;
Kieffer, 2008).
No puede negarse que el nuevo bebe que ha llegado a casa, es vivido por el niño,
como que un intruso ha llegado a irrumpir el estado de exclusividad que se disfrutaba siendo
el hijo único. El niño va tomando conciencia de la pérdida de la exclusividad en la que ha
crecido. Ahora el hermano ocupa el lugar central de atención de los padres, especialmente de
la madre, por lo que es comprensible la respuesta con sentimientos de rabia, envidia y
rivalidad (Provence y Solnit, 1983; Assoun, 1988).
Pero, y en una perspectiva mucho más amplia, Parens (1988) sostiene que los
hermanos también forman parte de la experiencia psíquica de muy diversas maneras: se
convierten en los recipientes de múltiples investiduras emocionales, son experimentados
como objetos libidinales y eróticos, como hostiles, como ego auxiliar e incluso súper ego;
como modelos de una conducta idealizada; como facilitadores sociales y como puentes u
objetos de conexión entre uno mismo y los padres y entre la familia y el mundo social
exterior. Como un objeto que establece un puente, el hermano puede facilitar el
desplazamiento y la transformación de los vínculos con los padres y facilitar la estructuración
de nuevas relaciones con pares. Y, asuma el rol que asuma, positivo o negativo, éste puede
llegar a ser permanente.
Para otros autores, (Kaës, 2008; Neubauer, 1983; Parens, 1988) las relaciones entre
hermanos pueden ser muy transcendentes e influir profundamente en los rasgos de carácter
así como en la elección del objeto amoroso. Ritvo (1967), quien analizó más exhaustivamente
los aspectos positivos de la relación entre hermanos, sostuvo que los hermanos pueden ser
una fuente obvia de disfrute y proveer oportunidades ricas para la elaboración de la fantasía y
descarga de juego mutuo, así como para estimularse mutuamente, aprendiendo y enseñando.
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Por otra parte, las diversas experiencias entre los hermanos contribuyen (Solnit,
1983), al desarrollo de la capacidad de confrontar y resolver obstáculos y conflictos
interpersonales, intrapsíquicos y de desarrollo favoreciendo una sana y larga relación. Esto,
obviamente, implica un predominio de relaciones positivas entre padres e hijos y entre los
mismos padres. Es importante tener en cuenta, sostiene Solnit, que después de la relación con
los padres, la relación entre hermanos son, a menudo, las únicas permanentes. Siendo
también relaciones más sostenidas y continuas que aquellas con otros adultos específicos. Si
bien la experiencia entre hermanos no es un requisito indispensable para una expresión
completa del potencial en el desarrollo de un niño (Provence y Solnit, 1983), si brinda la
oportunidad de enriquecimiento y promueve habilidades para el intercambio social y el
desarrollo progresivo.
Para Agger (1988), algo que sin duda influye en el desarrollo del yo y la formación de
la identidad son la rivalidad entre hermanos, los nuevos nacimientos, la pérdida de un
hermano, la identificación con el hermano, así como la calidad del amor entre hermanos –
inhibido, erótico o incestuoso- y el apego. Para este autor, sin embargo, la influencia de esta
relación tiene más que ver con significado que el niño le otorga a esos eventos, que con lo
que esté ocurriendo realmente en el mundo exterior.
Desde el punto de vista del desarrollo, las relaciones fraternas de la infancia no solo
son intensas, estrechas, durables, inevitables y constrictivas, sino que tienen además un
carácter evolutivo, ya que van transformándose (Brusset, 1987) a lo largo de la vida.
Los sentimientos y las representaciones intrapsíquicas resultantes de la relación con el
hermano pueden servir como mecanismo de adaptación. Cuando los padres no son capaces de
facilitar una empatía adecuada, el cuidado y sostenimiento requerido, o establecimiento de
límites, el niño puede recurrir instintivamente a uno de los hermanos como sustituto de los
padres, aumentando considerablemente la influencia de los hermanos que llegan a cumplir
una función de resguardo (Agger, 1988; Kris y Ritvo, 1983; Leichtman, 1985).
Los hermanos, pueden ofrecer una amistad única de apoyo a través del tiempo, que
crece a partir de recuerdos compartidos, los conflictos resueltos, y recíproca investidura de
objeto inhibida. El amor entre hermanos sirve para atenuar la rivalidad y las disputas
jurisdiccionales. Los hermanos que son niños, tienen necesidad de desarrollar estrategias de
reparación para arreglar sus lazos mutuos cuando estos son dañados por la turbulencia de la
vida cotidiana de la familia. Cuando se trata de pacientes niños, a menudo se forma un
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vínculo positivo con el terapeuta basada en la fantasía inconsciente de que él o ella es su
ansiado hermano confidente (Arlow, 1972).
El nacimiento del hermano deja otra marca, manifestada en la curiosidad infantil
cuando surge el deseo de saber ¿de dónde vienen los niños? ¿De dónde viene el hermano?
¿De dónde viene el intruso no esperado cuya presencia me hace sentir que pierdo la
exclusividad en el amor de mis padres? La llegada que es vivida como peligrosa, en la
competencia por el amor de los padres. El querer saber cómo es que puedo regresar a este
intruso, lleva al niño(a) a buscar saber. La llegada al mundo de un hermano o una hermana es
efectivamente lo que sirve de “incentivo” a la curiosidad infantil: es ese recién llegado
indeseable quien suscita el trauma del despertar de la pulsión de saber: El hermano o la
hermana tan poco bienvenidos darán acceso al enigma sexual. El “¿de dónde vienen los
niños?”, es una pregunta que apunta al personaje fraterno: “¿De dónde viene él o ella, este o
esta?” El sujeto inconsciente investiga inductivamente (Assoun, 1998). Pero también, el
nacimiento de su hermano(a) lo conecta con la posibilidad de preguntarse sobre su propio
origen.
Más allá de los sentimientos “negativos” que puedan generase en el hermanito mayor,
ver cómo el bebé es acurrucado, alimentado, cambiado, bañado, etc., pueden convertirse,
también, en oportunidades que le permiten volver a experimentar su propia vivencia de cómo
fue cuidado cuando era un bebé. Este hecho no solo impacta sobre la conciencia propia, sino
que permite además tomar conciencia de sus sentimientos de continuidad en la relación con
sus padres. Volver a experimentar e identificarse con el bebe puede ser también
tranquilizador, asegurándole al niño el valor que tiene para sus padres (Solnit, 1983).
La experiencia permite que los hermanos formen una comunidad de intereses que
puede fortalecer la confianza mutua en ambos y en sí mismos. Tal apego es la fuente de
sentirse más seguro en la continuidad (Provence y Solnit, 1983) y podría favorecer el
establecimiento y elaboración de una tranquila y efectiva comunicación empática, verbal y no
verbal.
Kaës sostiene que el hermano no sólo es un semejante, que puede representar una
posibilidad de amenaza, sino que también es aquel que reactiva el pensamiento y lo llama un
co-pensor. Agrega que no es posible el pensamiento sin la precedencia de otro(s) pensante(s),
porque el pensamiento surge en la relación intersubjetiva (Kaës 1994). Pero, ¿qué pasa
cuando un niño o niña crece sin hermanos, ni hermanas, en situación de hijo(a) único(a)? En
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su dominio familiar no tiene necesidad de incluirse entre los otros ni rebajar sus prerrogativas
narcisistas. Y ¿cómo re-estructuraría su sí mismo aquel niño o niña que vive gran parte de su
niñez solo con sus padres en condición de “hijo único”, si de pronto recibe la noticia de que
tendrá un hermano? ¿Qué clase de sentimientos, conflictos, esperanzas, expectativas y
temores podría provocar la novedosa proximidad de este extraño y semejante a la vez, que
acaba de nacer? ¿Existe un estatus inconsciente de lo fraterno? (Assoun, 1998). Y si
“Narciso” tuviera un hermano o hermana, ¿cómo viviría la proximidad con este primer
hermano o hermana recién llegado? cuándo ya no lo esperaba. ¿Qué lugar ocuparía el
hermano en su subjetividad? ¿Cómo negociará, en adelante, con el hermano, el “intruso” lo
que por largos años no le fue regateado? A propósito de la presente investigación, nos
preguntamos específicamente ¿cómo vive la experiencia un niño o niña, si después de un
reinado de ocho, diez años, le aparece un hermano? ¿Cómo marca en su psiquismo esta
experiencia?
Actualmente, es necesario abordar el tema de los hermanos, a la luz de los desafíos
que nos plantea las transformaciones de las estructuras familiares y que vienen afectando su
configuración. La diversidad de maneras de estructurarse de las familias nos coloca hoy en
día frente a familias reconstituidas, mono parentales u homo parentales, reproducciones
asistidas, vientres de alquiler, clonaciones, donaciones de diversas formas, etc.
(Andrade,2010; Benhaim,2010). Cambios que a la vez afectan los vínculos y relaciones entre
los hermanos.
Estudios recientes reflejan que la población joven, especialmente entre los que tienen
menos de cuarenta años tienen otras maneras de concebir a la familia (Zaldivar y Castells,
1992). Las parejas han ido cambiando sus motivaciones y expectativas cuando les llega el
momento de decidir tener hijos.
Entre los rasgos más relevantes de la familia actual, pertenecientes a la clase media,
que implican cambios respecto del modelo más tradicional son, según Inés Alberdi (2006):
En primer lugar, sostiene que a la base del funcionamiento familiar hay un cálculo
más racional donde se piensa que los hijos no son un regalo o una fatalidad del destino como
antes se sostenía, sino más bien, son fruto de una decisión consciente de los padres. Tanto
para aquellos que deciden tenerlos, posponerlos o no tenerlos, o para los que no teniéndolos
espontáneamente se someten a tratamientos para llegar a engendrarlos, los hijos, son cada vez
más una elección. Ahora hay un valor distinto, se busca tener menos hijos y que estos estén
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mejor atendidos. Los hijos cada vez son más una proyección del proyecto consciente de los
padres (Alberdi, 2006).
En segundo lugar, se ha quebrado el modelo patriarcal que dominaba la familia
occidental, produciéndose una revolución que nivela las relaciones entre los esposos y las
relaciones de padres a hijos.
Finalmente, la familia se desenvuelve cada vez en un ámbito de mayor libertad, en la
que tienen importancia las decisiones individuales y menor peso los acontecimientos del
destino. Las mujeres jóvenes se sienten hoy más libres de tomar la decisión de tener o no
tener un hijo, sobre todo, cuando están embarcadas en un proyecto laboral y personal
interesante. Por otra parte, los varones, parejas de esas mujeres, confrontados entre la
exigencia de una mayor participación en las tareas del hogar, tener que cuidar de sus hijos y a
la vez tener que atender a sus requerimientos profesionales y laborales; dar espacio a sus
deseos personales de compartir más tiempo con sus amigos. Evidentemente la situación ahora
es más equilibrada entre los sexos y, frente a la exigencia de que tanto el hombre como la
mujer participe en las responsabilidades de la casa y de los hijos, es posible que las parejas
jóvenes se planteen como solución el buscar no incrementar las tareas familiares y, en esa
línea, no hay nada que ocupe tanto tiempo como atender a un hijo pequeño. De este modo las
parejas jóvenes, que quieren tener hijos, posponen la decisión de tenerlos, reducen su
expectativa de número de hijos a tener y/o postergan la llegada de un segundo hijo por no
poder atender a las demandas de atenderlos, de tener libertad y de enfrentar las exigencias del
trabajo.
En referencia a un estudio con familias latinoamericanas, Irma Arriagada (2003),
sostiene que la inserción laboral de la mujer, a diferencia de la de los hombres está
determinada por el ciclo de vida de la familia y la crianza de los hijos. Los cambios en la
configuración demográfica de nuestras sociedades, marcada por una menor fecundidad y
postergación del nacimiento de los hijos, guarda clara relación con la mayor facilidad para la
integración de mujeres al mercado laboral en todas las etapas de la vida. Otros aspectos
relacionados son, la disminución del número de hijos y el aumento de la edad al casarse,
apreciándose también un leve aumento en la edad media en que se tiene el primer hijo.
En la misma dirección, al separarse la sexualidad de la reproducción, permitió en
Latinoamérica que la maternidad sea una opción, incrementándose con ello las oportunidades
laborales y de participación social y política (Arraigada 2002). Así mismo, podría decirse que
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los cambios en los roles de género implica asumir la paternidad y la maternidad desde otra
perspectiva, y desde allí, el lugar de los hijos y lo fraterno sufre también sus propias
transformaciones.
Frente a este nuevo posicionamiento de la familia en su decisión de postergar la
llegada de los hijos y planificar un número menor de hijos, nos encontramos con que cada
vez será más frecuente encontrar que niños entre ocho y diez años recién se enfrenten a la
experiencia de tener su primer hermano.
Los niños entre los ocho y los diez años
Según los teóricos del psicoanálisis el momento del desarrollo en el que se encuentran
los niños entre los ocho y los diez años es el periodo de latencia en el que, desde la
perspectiva psicoanalítica más tradicional, las actividades e intereses sexuales tienden a
decrecer como consecuencia de la represión y de la consolidación del Superyó, luego de la
declinación del complejo de Edipo. En este período, la sublimación permite un cambio de
objetivo en la descarga pulsional, hacia actividades valoradas y aceptadas socialmente,
mientras que en las relaciones de objeto prevalecen sentimientos de ternura sobre la
erotización edípica (Laplanche, 1977; Mijolla, 2001).
Urribarri (2008), sin embargo, plantea que la latencia ha sido comprendida más por lo
que deja de ocurrir en ella que por lo nuevo que surge y se complejiza. Cuestiona el
distinguirla sólo desde la desaparición de las conductas sexuales manifiestas, la utilización
masiva de defensas, la disminución de la emergencia de lo inconsciente en sus expresiones y
conductas, las contrainvestiduras y la caracterización del aparato psíquico centrado en el
control represivo de las pulsiones. Para él, es necesario también tomar en cuenta los procesos
de cambio y de reordenamiento psicodinámico que se producen un mayor dominio y
autonomía de sí mismo, la búsqueda de nuevas maneras de canalizar los impulsos a través de
actividades, aprendizajes, expansiones, relaciones sociales con otros adultos y sus pares.
Luego de la resolución edípica, con la correspondiente incorporación del Superyó, se
va produciendo un nuevo ordenamiento intrapsíquico. Hacia los siete u ocho años el niño
logra la descentración de sí mismo, adquiriendo real importancia las reglas y normas y
desarrollándose un sentido de justicia y equidad por lo compartido entre los pares. El jugar,
prioritariamente con otros pares, les ofrece, a los niños de estas edades, posibilidades de
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descarga energética y de ligazones, que revierten sobre el Yo, asentándolo y enriqueciéndolo
(Urribarri, 2008), a lo que Green (1996) denomina “sentimiento de una mayor plenitud”
Freud (1905) vincula la actividad de pensamiento con la pulsión del saber que
promueve, en los niños de estas edades, el interés por investigar y por encontrar explicaciones
a lo que va observando y fantaseando. La curiosidad por lo sexual se ha ido desplazando
hacia una curiosidad por el funcionamiento del mundo y de las cosas. Esta capacidad
investigativa se expresa en juegos de acertijos y adivinanzas, porque lo que trata es de
desentrañar-descubrir algo aludido pero encubierto, que lo remite al deseo de conocer-saber
sobre lo sexual.
Los niños de estas edades tienden, cada vez más, a atenerse a los datos objetivos y a
las reglas objetivas de funcionamiento, y muestran un predominio de la verbalización sobre la
acción. Las cosas pueden o no realizarse, ya que su factibilidad de realización es algo que va
más allá del individuo. Esto se va produciendo por un descentramiento del egocentrismo, y
una declinación del pensamiento omnipotente y el narcisismo, ya que acepta la presencia e
incidencia de los otros. La expresión verbal permite la convergencia entre lo intrasubjetivo y
lo intersubjetivo, ya que utiliza el lenguaje como código compartido con otros.
Al ampliar su red de relaciones con personas fuera del mundo familiar se estaría
dando, según Urribarri, el primer movimiento exogámico que se consolidará más tarde en la
adolescencia. El desenlace edípico es el que posibilita este movimiento. Este proceso de
inserción en el ambiente social implica una gradual separación de los padres, así como la
conexión con otros adultos y pares que se transforman progresivamente en nuevas influencias
intelectuales y sociales que difieren, en parte, de las de la familia. Este proceso se hace
posible en tanto va logrando desinvestir
sus objetos primarios y también redigerir lo
pulsional para ampliar su universo relacional y realizar nuevas investiduras de objeto e
identificaciones enriquecedoras que favorecen su individuación. Empieza a salir de la casa y
a mirar el mundo real (Freud, 1914) y a descubrir, junto con sus pares, la existencia de otros
mundos, de otras familias. Ello permite que modifique y amplíe su Yo, porque encontrará
otras miradas y voces sobre sí mismo, que le permitirán una reorganización en sus procesos
de identificación. En este escenario, ¿qué significará la llegada de un hermano?
Junto a la tendencia a las actividades compartidas con el grupo de pares, se
desarrollan identificaciones grupales que posibilitan el logro de un sentimiento de
17
pertenencia, habitualmente expresado en la realización de ciertos rituales o contraseñas
compartidas, que tienen un sentido identificante e identificatorio para distinguirse del resto
La ampliación y diversificación relacional le permite una descarga afectivo-energética
en procesos de enriquecimiento personal y social. En este sentido, la escuela cumple una
doble función, por un lado representa un ámbito ampliado del medio familiar protector y
también es una institución que privilegia el cumplimiento de reglas y tareas. Es una aliada de
un Superyó protector y posibilita el desplazamiento hacia nuevos espacios por la adquisición
de recursos, técnicas y el intercambio social.
En la relación con sus pares, resalta la amistad, pero también la rivalidades, en las que
los componentes narcisísticos y agresivos están más activos. Los vínculos que se originan
ofrecen al Yo el beneficio de encontrar reconocimiento de los semejantes y, con ello, la
regulación de la estima de sí y el sentimiento de adecuación.
Por otra parte, el desarrollo de la capacidad de descentrarse de sí y tomarse como
objeto de su propia reflexión, pero también a los otros, marca un significativo avance en
relación al predominio del egocentrismo de los chicos menores. La interiorización de las
necesidades de los otros, de sus capacidades y limitaciones se hace posible.
Le otorga mucha importancia al pertenecer o al ser excluido del grupo de pares, lo
mismo puede plantearse respecto a la complicidad, el secreto y la pertenencia a un subgrupo
de pares en relación con el resto, como resonancia del complejo fraterno. Peter Blos (1962),
por otra parte, sostiene que el poder distinguir entre realidad y fantasía, les permite a los
niños de estas edades, mantener una conducta social diferente de su conducta privada.
Empieza a construir una vida privada, a la que los padres cada vez pueden acceder menos.
El incremento de la capacidad relacional del niño con otros –profesores y
compañeros-, aparece como una necesidad de apartarse del seno familiar para proteger a las
personas queridas –padres y hermanos- de sus agresiones fantaseadas. Ello le posibilita, a su
vez, la concreción de otras formas de vinculación, una mejor distribución de sus afectos y
enriquecer su mundo interno. Los amigos son una posibilidad de desplegar su capacidad de
amar y ser amado lo que le permite reparar el daño fantaseado a otros. Experiencias que a su
vez marcarían los rudimentos de sus futuros vínculos sociales (Klein, 1937-1968; Erikson,
1966; Urribarri, 2008).
18
Una de las características de los niños y niñas en estas edades es la utilización del
juego de roles, con énfasis obsesivo sobre la realidad de los hechos, de tal manera sus deseos
y fantasías aparecen encubiertos y racionalizados por una represión de la imaginación (Klein,
1929). Es evidente que actividades como el juego y los dibujos, en estas edades, parecieran
estar desprovistos de fantasía e imaginación. Sus dibujos tienden a reproducir rutinas de su
vida presente, con énfasis en la exactitud de los hechos. Sin embargo, por medio de la
simbolización y del desplazamiento, pueden emerger contenidos enigmáticos como
expresiones pulsionales, que son una “vía regia” de acceso a su inconsciente (Urribarri, 2008;
Kaës, 1977; Klein, 1964).
Investigaciones sobre el tener un hermano
Desde Freud hasta nuestros días, la mayor parte de las observaciones sobre los
hermanos han sido realizadas desde datos obtenidos a partir de la experiencia clínica.
(Laplanche, 1971; Brusset, 1987; Assoun, 1998; Kancyper, 2003; Mouguillansky, 2004;
Kaës, 2008). Lesser (1978) realizó un estudio con 37 pacientes adultos para intentar
comprender, de forma retrospectiva, la importancia de la relación con los hermanos en la
transferencia y la contra transferencia, llegando a plantear que pueden llegar a ser una fuente
de estancamiento terapéutico.
Si bien la mayor parte de las observaciones clínicas documentadas se han realizado
con pacientes adultos, en la menos frondosa literatura sobre análisis en niños también
abundan las referencias al impacto traumático del nacimiento de un hermano y su relación
con una variedad de alteraciones y desordenes. Lundberg (1970) describe cómo el análisis de
un niño de tres años se vio dominado por el nacimiento de un hermano. Sperling (1952) se
refiere a la intensificación de los impulsos orales y sádicos, los graves problemas de sueño, la
anorexia, como secuelas del nacimiento de un hermano de su paciente que tenía 26 meses de
edad.
Bronstein (1953) presenta el caso de un niño obsesionado, cuyo miedo a la muerte se
desarrolló poco después del nacimiento de su hermana menor (En Colonna y Newman,
1983). Gauthier (1960), desde la observación de sus propios hijos, también se refiere al
nacimiento de un hermano como un evento traumático, pero recalca la variedad de
mecanismos del ego para enfrentar este trauma y “la posibilidad de crecer” y formar “rasgos
de carácter” desde él (p.84). Nagera (1969), por otra parte, describe la reacción de varios
niños ante el nacimiento de un hermano: crear un acompañante imaginario.
19
Otra serie de trabajos examinan el impacto de las patologías de los padres en la
relación entre los hermanos (Kennedy, 1978; Hurry, 1978; Sherick, 1978). Por otra parte,
Miller, Volling y McElwain (2001) realizaron un estudio que se centró en los celos entre el
niño en edad pre-escolar y sus hermanos menores.
Otras investigaciones se han realizado fuera del ámbito clínico, como las de Levy
(1937) que intenta probar la intensidad de la ira y el resentimiento del hijo mayor hacia el
nuevo bebé (En Colonna y Newman, 1983). También, las investigaciones sobre los cambios
que el nacimiento de un hermano produce en la interacción madre-hijo mayor (Taylor y
Kogan, 1973; Dunn y Kendrick, 1980; Dunn et al, 1981; Kendrick y Dunn, 1982; Ritvo y
Solnit, 1958).
Por otra parte Solnit (1983), utilizando data y proposiciones formuladas durante el
Yale Longitudinal Study y el Psychoanalytic Study of a Family, realizado con pareja de
hermanos de 4 años y medio y 2 años y medio, se propuso que estos reportes examinen la
experiencia de los hermanos con énfasis en aquellos aspectos que promuevan el crecimiento
y el desarrollo. La investigación analizó la compañía de los hermanos, su rivalidad y
socialización, la envidia, los celos y el odio entre ellos así como el resentimiento y la
tranquilidad que los niños sienten cuando los padres cuidan bien de sus hermanos.
Parens (1988) también investigó acerca de la relación temprana de los hermanos en la
infancia, combinando estudios longitudinales con algunas observaciones clínicas. Durante
casi dos décadas realizó observaciones directas de padres e hijos desde su nacimiento hasta
los cuatro años.
Finalmente debemos mencionar las investigaciones que Bank y Kahn (1997) citan en
“El vínculo fraterno”. Los autores sostienen que los investigadores de los sistemas familiares,
no han prestado suficiente atención a las emociones y sentimientos existentes dentro del
subgrupo de hermanos. Comentan también algunas de las investigaciones realizadas en torno
al orden de nacimiento entre los hermanos (A. Adler, 1928; Toman, 1971) que aseguran que
dicho orden define en forma esencial el desarrollo de la personalidad del individuo. Otros
como White (1976) han intentado, sin mucho éxito, encontrar correlaciones entre el orden de
nacimiento y la inteligencia, la personalidad, el rendimiento escolar, etc. Sin embargo, los
investigadores del orden de nacimiento no han estudiado las relaciones entre hermanos en
circunstancias de vida concretas (Schachter, 1963; Altus, 1966; Sutton-Smith y Rosenberg,
1970; Schooler, 1972; y Conley, 1981).
20
Por otra parte, investigaciones como las que dirigieron V.Cicerelli (1975) y Helen
Koch (1960), apoyan la noción según la cual la proximidad en edad e igual sexo intensifican
el influjo recíproco de los hermanos en la infancia. Mahler et al. (1975) y Provence et al.
(1983) han reportado también estudios longitudinales similares.
El interés por realizar esta investigación, desde la perspectiva psicoanalítica, de las
vivencias que tienen los niños y niñas entre ocho y diez años, cuando les llega un hermano
por primera vez, proviene del hecho de que si bien existen investigaciones sobre el tema de
los hermanos, muchas de ella tienden a privilegiar los aspectos conflictivos a la luz de las
relaciones con los padres y sus efectos patológicos, dejando de lado una gran diversidad de
otros efectos que esta situación puede tener en la construcción de la subjetividad de los niños
y niñas.
Dado que la mayor parte de estas investigaciones fueron realizadas con muestras
clínicas hay en ellas un sesgo hacia los aspectos conflictivos de la relación entre los hermanos
y consideramos que hay otros aspectos a revisar, ya que ésta relación es más que los
conflictos que puedan aparecer en ella. Por otra parte, en la mayor parte de las
investigaciones realizadas fuera del ámbito clínico, encontramos una predominancia del
estudio en niños durante la primera infancia.
Es importante, tomar en cuenta otra línea de investigaciones (Solnit, 1983; Parens,
1988; entre otros) que plantean la posibilidad investigar experiencias de hermanos, fuera del
ámbito de la clínica, con énfasis en aspectos que promueven el crecimiento y el desarrollo.
Por otro lado, debemos señalar que no hemos hallado investigaciones sobre el tema en
nuestro país. Más allá de estas consideraciones debemos tener en cuenta la importancia y
significación que tienen los hermanos y los vínculos fraternos, así como el hecho, cada vez
más frecuente, de que las parejas actuales deciden postergar la llegada de un segundo hijo,
teniéndolo cuando el mayor se encuentra en su niñez media; la presente investigación
cualitativa pretende explorar en el ámbito no clínico, las experiencias/vivencias de los niños
entre los 8 y 10 años al tener por primera vez un hermano.
Las preguntas orientadoras de la investigación serán: ¿Cómo vivencia el niño de ocho
a diez años tener un hermano por primera vez? ¿Cómo el psicoanálisis puede comprender y
explicar las interrelaciones dinámicas que se dan en esta nueva experiencia? Entenderemos
por vivencias o experiencias los diversos sentimientos, afectos, fantasías, deseos, temores,
21
necesidades, creencias, expectativas y conflictos que se van suscitando en la mente del niño,
respecto al nuevo hermano.
Objetivo
Describir y comprender las experiencias de tener un hermano por primera vez en
niños de ocho a diez años.
22
CAPÍTULO II
Método
La presente investigación se ha desarrollado a partir del paradigma cualitativo, este
propone un proceso de comunicación dialógica desde el marco del constructivismo social
donde los sujetos son considerados como productores de pensamiento y sentido, lo cual ha
permitido ir recogiendo información de cada uno de los niños y niñas participantes del
presente estudio y facilitando su análisis desde una comprensión psicoanalítica. Tomando en
cuenta que el constructivismo social y psicoanálisis conciben al individuo como una unidad
compleja constituida tanto de subjetividad individual como social, en estados dinámicos y
contradictorios y en permanente interacción consigo mismo y con su entorno, y que dentro de
esta diversidad su constitución es única; ha llevado a un tratamiento de la información
respetando los procesos únicos de cada participante, pero también interpretando los aspectos
comunes en el proceso de elaboración de la experiencia de tener un hermano (Gonzales Rey,
1997).
Este modelo, sostiene que el conocimiento es un proceso de construcción permanente
que permite crear y articular nuevas construcciones que lleven a la creación de nuevas zonas
de sentido (Gonzales Rey, 2007). Así mismo, en las dos conversaciones desarrolladas con
cada niño y niña participante en el estudio y la investigadora se ha generado un encuentro que
fue facilitando el
proceso de comunicación y la expresión espontánea, habiendo sido
inevitable el efecto derivado de la presencia de la investigadora en los momentos de las
conversaciones con los niños. (Roy, 1960).
Dada la complejidad que encierra la experiencia de tener un hermano se ha
considerado más factible y apropiada una aproximación a esta investigación cualitativa desde
una perspectiva fenomenológica. La descripción y comprensión de la experiencia de tener un
hermano por primera vez, no puede darse de forma independiente, ni se hará generalizaciones
sobre ellas; dado que la comprensión de la experiencia se ha obtenido a partir de la
percepción que cada niño o niña han ido otorgando a su experiencia de manera singular
relación. El objetivo del acercamiento a través de esta investigación ha sido adquirir una
comprensión de cómo se van dando estos fenómenos en la subjetividad de cada niño o niña a
partir de ejemplos mentales proporcionados por la experiencia o la imaginación de cada
participante. (Martínez, 2004). Para ello, en este estudio se tiene por objetivo describir la
23
experiencia de tener un hermano por primera vez a partir de la visión de quienes han tenido
dicha experiencia.
En primer lugar, el recurso utilizado para la conversación fue la utilización de las
láminas del test pata negra y el dibujo de “unos hermanos” como elemento mediador que
introdujo el diálogo con los niños y el entrevistador fue un facilitador de las producciones
espontáneas de cada niño o niña, permitiéndoles construir su propio discurso
Finalmente, las producciones narrativas de los niños y niñas han permitido definir las
categorías para facilitar la comprensión y análisis de los resultados, teniendo en cuenta que
las categorías planteadas corresponden a los ejes comunes encontrados a partir de
las
maneras diferentes de vivir la experiencia, pero también se dará lugar a la comprensión de
algunas
singularidades.
Se utilizará la teoría psicoanalítica como marco teórico para
sustentar la sistematización de la información recogida.
Participantes
Los participantes de la presente investigación han sido una muestra homogénea de
ocho niños, de los cuales seis son niños y dos niñas, cuyas edades oscilaron entre los 8 y los
10 años de edad y que residen en la ciudad de Lima. Todos pertenecen a un contexto
socioeconómico medio, ambos padres profesionales y en ejercicio laboral. El número de
participantes dependió de la información obtenida en cada caso, utilizándose el criterio de
saturación, se incorporaron nuevos sujetos de observación hasta que dejó de emerger nueva
información. Todos los niños y niñas participantes cumplieron con el requisito de recién tener
su primer hermano cuyos sexos y edades correspondientes de los hermanos, se consignan en
el cuadro descrito al final de este ítem. Así mismo, son hermanos de padre y madre.
La ubicación de los participantes se realizó a partir de contactos con colegas,
profesores de colegios y a personas quienes se les informó acerca de la investigación. Ellos
mediaron para establecer el contacto inicial con los padres de los niños que colaboraron en
este estudio. En todos los casos, el contacto inicial se dio con la madre de los niños.
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Tabla1: Datos de los niños y niñas participantes y sus hermanos
Nombre
SEXO
EDAD
SEXO de hermano
EDAD de hermano
Mathías
hombre
10 años
Hombre
1.2 años
Alexis
hombre
10 años
Hombre
1 año
Diego
hombre
8 a. 4 m
Hombre
8 meses
Carlos
hombre
10 años
Hombre
11 meses
Pablo
hombre
9 a.8m
Mujer
9 meses
Ignacio
hombre
8 a. 9 m.
Mujer
17 días
Ariana
mujer
9 a.6 m.
Mujer
11 meses
Vanessa
mujer
9 a.2 m
Mujer
5 meses
Siguiendo las consideraciones éticas se firmó una carta de consentimiento informado
con los padres dejando constancia de las condiciones de participación de sus hijos y de ellos
en el presente estudio. Así mismo, parte del acuerdo con los padres de los niños participantes
fue entregar verbalmente algunos comentarios al final de las entrevistas a modo de resultados
individuales, lo mismo se realizó con cada niño y niña participante. Quedó también el
compromiso de entregarles los resultados finales de la investigación.
Técnicas e instrumentos utilizados
La recolección de información se realizo en dos conversaciones individuales con cada
niño(a).
Para la primera conversación se utilizaron algunas láminas como elemento motivador,
tomadas del test “Las aventuras de pata negra” y se pidió imaginar una historia espontánea a
partir de las láminas. Luego se añadió una lámina adicional que el propio niño seleccionó.
En la segunda conversación se les solicitó el dibujo de “unos hermanos” y elaboración
de una historia a partir de lo dibujado.
25
Se realizó una conversación con los padres de cada niño para recoger información
necesaria acerca de su proceso de desarrollo y para explorar las reacciones del niño(a)
participantes del estudio frente a la experiencia de su primer hermano.
Las conversaciones con los padres y los niños fueron grabadas y transcritas.
Se realizó un estudio piloto para probar la utilidad de la metodología planteada, lo que
permitió afinar las técnicas de recolección de la información.
Estudio piloto
En la propuesta inicial se planteo recoger de los niños participantes a partir de dos
conversaciones utilizando dos instrumentos mediadores: para la primera conversación utilizar
las láminas de “Aventuras de pata negra” como elemento motivador, pidiéndosele que
imagine una historia libre acerca de cada lámina presenta, en la segunda conversación se le
relataría un breve cuento incompleto sobre “el nacimiento de un hermano”, pidiéndole que
completen la historia. Pero se plantea, también, como alternativa el recoger información a
partir de elaborar un dibujo sobre “unos hermanos” y construir luego una historia sobre lo
dibujado. La realización del estudio piloto tuvo como objetivo el poner a prueba los
instrumentos y procedimientos planteados y afinarlos para terminar de elaborar la propuesta
de instrumentos que permitieran recoger de mejor manera la información necesaria para
llegar al objetivo planteado.
El estudio piloto se realizó con una niña de 9 años, cuya hermanita tenía 11 meses. En
la primera reunión, tal como se había previsto, se le presentaron algunas láminas del test “Las
aventuras de pata negra”, pidiéndosele que imagine una historia a partir de cada una de las 11
láminas. La niña fue construyendo las historias, a manera de una conversación espontánea,
estableciendo genuinamente
un hilo conductor entre ellas de tal manera que termina
elaborando un relato construido de manera continua e integrada. Al concluir, se dio cuenta
de que había otro grupo de seis láminas que no se había incluido en la conversación, pidió
mirarlas y preguntó por qué no se las había incluido y que si podía elegir algunas. La
investigadora le preguntó entonces a la niña si deseaba elegir una y construir una narración.
Lo aceptó y la historia que construye, permitió recoger información relevante. Por esta razón
se decidió incorporar este último procedimiento en el método.
En la segunda reunión, que se realizó después de dos semanas, luego de varios
intentos fallidos, por olvido de la madre, la niña llegó en actitud distante y un poco defensiva.
26
Tal como estaba previsto en la propuesta inicial de recolección de datos, se le propuso el
relato inicial de un cuento sobre el “nacimiento de un hermano”, para que complete la
historia. Su relato no proporcionó información nueva y relevante respecto a la obtenida en la
primera reunión.
Como parte de la conversación, la niña contó que venía de haber estado almorzando y
jugando, en el club, con sus papás y hermana. Frente a ello, la investigadora le propuso que
dibujara acerca de lo que estaba contando para ver si se hallaba nuevas informaciones. La
niña dibujó a sus papás almorzando en una mesa y a ella jugando con el tobogán con su
hermana, no proporcionando nueva información. Luego, la investigadora le propuso que
dibujara a “unos hermanos” y, al concluir el dibujo, que imaginara una historia sobre él. En
este relato sí se logró la emergencia de nueva información, relevante para el estudio.
Luego, se tuvo una conversación con los padres de la niña, para recoger información
necesaria acerca de su proceso de desarrollo y de cómo la niña estaba viviendo la experiencia
de tener su primer hermano.
El piloto permitió realizar ajustes en el método de recolección de datos: Incorporar en
la primera reunión, además del procedimiento previsto con las láminas de “aventuras de pata
negra” y procesadas en una historia continua, la elección espontánea de una lámina adicional
y el relato respectivo. Y, en la segunda reunión, reemplazar el procedimiento previsto del
cuento incompleto
por la realización de un dibujo acerca de “Unos hermanos” y la
elaboración de una historia sobre el dibujo.
Procedimiento
Establecido el contacto con los padres de los niños participantes se procedió al recojo
de la información. Parte del acuerdo con los padres fue que las conversaciones tanto con el
niño como con los padres se realizaran en el domicilio del niño con el objetivo de facilitar el
encuentro. Primero se tuvieron las dos conversaciones individuales con cada niño(a). En el
primer encuentro se utilizaron algunas láminas relacionadas con el tema de los hermanos,
tomadas del test “Las aventuras de pata negra”, como elemento motivador. Se le solicitó
imaginar y construir una historia libre acerca de lo que el estímulo visual presentado le
provoco. En una segunda conversación se les pidió que dibujaran a “Unos hermanos” y que
luego imaginaran una historia sobre el dibujo realizado, sin pretender hacer un análisis del
gráfico, se colocó el énfasis en observar a quienes dibujaba, en qué situación y qué tipo de
27
relato construía a partir del dibujo; se ha realizado específicamente un análisis de contenido.
Estas conversaciones con los niños y niñas fueron espontáneas, pero se hicieron algunas
preguntas derivadas de sus construcciones narrativas imaginadas que estuvieron apoyadas por
una pequeña lista de temas o preguntas orientadoras, coherentes con los objetivos planteados.
Los instrumentos empleados incentivaron el desarrollo de informaciones de los niños y niñas
participantes, siendo el investigador un interlocutor (Gonzales Rey, 2007).
Abordar estas experiencias subjetivas de cómo los niños y niñas participantes han ido
viviendo al tener su primer hermano no pudieron estar al margen del proceso familiar y desde
esta perspectiva cobra sentido la conversación con los padres de cada niño, esta permitió
recoger información necesaria acerca de su proceso de desarrollo y de cómo estaban
asimilando el momento de la experiencia de tener su primer hermano. Como se había
planteado en líneas anteriores todas las conversaciones con los padres y los niños fueron
grabadas y transcritas para recoger la información de manera fidedigna. Finalmente, cabe
mencionar que en agradecimiento a la participación voluntaria de cada niño y niña se les hizo
un regalo sorpresa que fue comunicado y entregado luego de finalizado el recojo de
información.
Tratamiento de la información
Una vez transcritas las conversaciones se ha realizado la descripción fenomenológica
del material proporcionado por cada participante y luego se han encontrado los temas
comunes basados en una comparación sistemática de los materiales de cada niño en su
conjunto que ha servido para elaborar las categorías de análisis. Las categorías creadas surgen
de la información recogida en la conversación con los niños, no están determinadas a priori
por la investigadora y han facilitado elaborar los resultados de esta investigación,
comprendidos a la luz de la teoría psicoanalítica.
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CAPÍTULO III
Resultados
Desde el análisis de nuestras conversaciones con los niños hemos podido descubrir
que ellos han vivido la experiencia de tener un hermano como un proceso dinámico de
adaptación. Y, en él, ha sido posible caracterizar tres momentos diferentes por los que
relativamente han pasado todos los niños de nuestra muestra.
Caracteriza al primer momento el surgimiento del deseo espontáneo de tener un
hermano y el cómo este deseo puede aparecer inclusive mucho antes que el niño reciba la
noticia de que va a tener un hermanito. En el segundo momento, que transcurre entre los
últimos meses de la gestación y los primeros meses del recién nacido, el niño se confronta
con que ya es inevitable tener un hermano y surgen en él un conjunto de sentimientos
provocados por esta situación nueva. Finalmente, el tercer momento está caracterizado por el
inicio de la elaboración del hecho de tener que convivir para siempre con el nuevo hermano.
Por esta razón, la presentación de los resultados se ha organizado en torno a esos tres
momentos y sus particularidades. Desde allí analizaremos las semejanzas entre las
experiencias de los niños y niñas participantes y algunas particularidades de cómo han vivido
o viven cada uno de los momentos de este proceso y cómo se ha ido dando la elaboración o
no de la experiencia de tener un hermano, procurando entender qué la ha facilitado y qué ha
podido dificultarla.
Por otra parte, para comprender mejor los procesos de cada niño, ha sido necesario
recoger algunas referencias significativas acerca del desarrollo de cada niño que sólo los
padres podían proporcionar. Asimismo, nos interesó recoger la percepción que los padres
tienen del proceso vivido por el niño, sobre todo si tenemos en cuenta que un niño no se
constituye solo y que tener un hermano es una experiencia personal pero que se da dentro de
un contexto familiar con una dinámica particular de relaciones afectivas.
Primer momento: Fantasías sobre el deseo de tener un hermano
El primer momento en este proceso es anterior al nacimiento del hermano, y ocurre en
el mundo de los deseos y fantasías de los niños entrevistados. El eje organizador de las
experiencias de este momento es el deseo, o no, de tener un hermano. Cabe señalar, que el
deseo de un hermano está presente en la mente de casi todos los niños entrevistados, más allá
29
del deseo de los padres. Los rasgos característicos de este primer momento pueden ser
organizados en torno a tres preguntas: ¿qué se desea?, ¿cómo se desea? y ¿dónde se origina
este deseo?
¿Qué se desea?: deseo de otro idéntico versus otro semejante.
En torno a este organizador, debemos afirmar que el deseo de tener un hermano fue
explicitado con claridad por seis de los niños y niñas entrevistados, mientras que en dos de
los casos la existencia previa de este deseo no se explicitó. Por otra parte, casi todos los
padres manifestaron que, en algún momento, su hijo o hija pidió un hermano, inclusive antes
que ellos mismos pensar en tener un segundo hijo. Sólo en uno de los casos el deseo de un
hermano no fue verbalizado ni por el niño, ni por sus padres.
Cuando se les solicitó a los niños realizar el dibujo de “unos hermanos”, todos los
niños que participaron en la investigación dibujaron dos hermanos y señalaron que tenían la
expectativa de la llegada de un compañero de juegos. Sin embargo, dos de los niños
dibujaron a hermanos idénticos, uno de ellos dibujó a una pareja de gemelos y el otro a una
pareja de mellizos. Los otros niños dibujaron dos hermanos diferentes.
El hermano como un yo reproducido, un doble, un gemelo o un mellizo.
Carlos y Mathías fueron los niños que expresaron el deseo de tener un hermano
idéntico a ellos. En la historia elaborada a partir del dibujo de los hermanos Mathias dijo que:
“Eran dos hermanos mellizos que se llevaban muy bien. […] Se sentían
bien, porque tenían un hermano de la misma edad…”. (Mathias.)
“…ellos estudiaban juntos, hacían deportes juntos. Y por ejemplo, si uno
estaba invitado a la casa de alguien, iban los dos, hacían todas sus
actividades juntos”. (Mathias)
En la fantasía toleraban la llegada de un hermano, pero con la condición de que sea un
idéntico, no diferenciado del hermano mayor.
“Dos hermanos que están juntos, son hermanos gemelos. […] siempre
han estudiado juntos y que siempre se necesitan el uno al otro. Casi nunca
se peleaban porque los dos eran parecidos en términos emocionales […] y
los demás se confundían de nombres.” (Carlos)
El deseo de un hermano gemelo aparece como la negación de otro diferente, porque
un yo idéntico podría sentirse como menos amenazante que uno diferente. Por otra parte,
30
pareciera que el pensar al hermano como idéntico es, más bien, una manifestación de
autoconciencia, en la que “mi hermano” es “mi espejo”.
“Cuando tenían nueves meses de nacidos. Cuando de bebitos ya
empezaban a tener conciencia de sí mismos, ya podían hablar y verse, se
veían, les llamaba la atención, les parecía raro verse iguales. Sentían
curiosidad de verse dos igualitos”. (Carlos)
Por otra parte, Pablo expresa su deseo de hermano de manera ambivalente, oscilando
entre la indiferenciación y la diferenciación:
“[…] pongámoslo que nacieron el mismo día en octubre, pero no eran
gemelos […] nacieron juntos, pero eran diferentes. Eran parecidos, pero
no exactamente iguales” (Pablo)
El hermano como un semejante-diferente.
Para los demás niños entrevistados, el hermano es imaginado como alguien diferente
con intereses comunes.
“… yo sentía que con un hombrecito podía jugar futbol con él, pero mi
hermana también puede ser así”. (Vanessa)
Para una de las niñas, si bien tener una hermana podría ser divertido, se plantea la
posibilidad de una interrelación cargada de sentimientos ambivalentes.
“Yo pensé que iba a ser muy divertido, bueno es algunas veces divertido.
Y yo decía ´hay que bueno que tendré una hermana´. Pero también sentía
que me iba a pelear algunas veces con ella, porque algunas niñas que
decían que se peleaban con sus hermanas. Y yo sentía que obvio que me
iba a pelear muchas veces”. (Ariana)
Frente a la diferencia de edad, como una realidad que se impone, aparece en todos los
niños de esta muestra la expectativa de que el hermano tenga una edad más próxima, para así
poder sentirlo más cercano y que sea alguien con quien jugar y lograr establecer una relación
menos asimétrica. Así mismo, algunos niños racionalizan la situación afirmando que la
diferencia de edades podría ser favorable porque permitiría un mayor control en la expresión
de la agresión hacia el recién llegado.
“Desearía, no llevarnos tanta diferencia y poder jugar juntas más tiempo.
Pero también prefiero llevarle más tiempo para poder controlarme y no
gritarle y poder jugar. […] Yo siento que me pelearía más si le llevara
menos años”. (Ariana)
31
Respecto al tema de la expectativa de desear un hermano más cercano que cubra la
necesidad de un compañero de juego, los papás de Vanessa comentan lo siguiente:
“Vanessa se imaginó que apenas iba a llegar la hermana iba a poder
jugar con ella”
Y los papás de Carlos también plantearon que Carlos deseaba un hermano de su edad
en su expectativa de tener un compañero con quien realizar actividades juntos
inmediatamente:
“Una época nos pidió una hermano, pero de su edad, alguien con quien
jugar y compartir la tarea juntos”
Un aspecto común a todos los relatos de los niños de la muestra, tanto para aquellos
que desean al hermano como un idéntico como a los que lo desean con un diferente, es que lo
imaginan como un compañero de juego. Para toda la muestra, desear un hermano es querer
tener alguien con quien jugar.
En algunos casos este deseo del hermano-compañero de juego surge junto a la
expectativa de que sea de su mismo sexo. Podría tratarse de una fantasía natural, ya que el sí
mismo es su referencia inmediata para la representación de lo que podría ser su semejante, o
surge, también, como una manera de encontrar algo en común que los acerque frente al
sentimiento de que la diferencia de edades los distancie.
“Se pone a pensar que, si retrocedería en el tiempo, si desearía un
hermano, pero esta vez que sea niño, porque a él no le gustaba tener una
hermana niña, ya que le gustaba cosas diferentes” (Alexis)
“Yo quería tener una hermanita desde hace tiempo” (Vanessa)
Algunos papás corroboran que sus niños manifestaron el deseo de tener un hermano
de su mismo sexo. Los papás de Pablo, por ejemplo:
“[…] y todo muy bien hasta que le dijeron que era mujer, decía: por qué
Dios hace esto, yo quería jugar con él con mis carritos” (papá de Pablo)
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¿Cómo se desea?: deseo ambivalente, entre el desear y no desear un hermano.
La ambivalencia frente a la posible llegada del hermano, aparece como un sentimiento
común en todos los niños de la muestra. Sin embargo, ésta se manifiesta de manera diferente
en cada uno.
En las historias construidas a partir de las láminas del test de Pata Negra, algunos
niños que, antes de aparecer el hermano, tenían una expectativa idealizada, por lo mucho que
le iban a querer, manifestaron luego, frente a evidencias de la llegada del hermano, que
apareció la desilusión y el ya no desearlo, llegando a sentir su presencia como un estorbo.
“Ojala nunca hubiera nacido su hermana. El hermano pensaba que iba a
ser bonito tener un hermanito o hermanita, pero se dio cuenta que no.
Bueno, eso pensó antes, cuando era pequeño y no había nacido la
hermana. Se imagino que su hermana lo iba a querer mucho y no lo iba a
estorbar en su vida.” (Alexis)
En las historias construidas a partir de las láminas del test de Pata Negra, además de
hacerse evidente el deseo de tener un hermano, se mantiene en simultáneo el deseo de seguir
siendo hijo único y quedarse en la primera escena idealizada, en la que está solamente la
mamá, el papá y el niño:
“El cerdito pequeño, soñó que la mamá iba a dar más chanchitos a luz.
Esto estaba soñando, pero era como una pesadilla mayor, porque él no
quería. Pero cuando se levantó, desayunaron y todos volvieron a ser una
familia tranquila” (Diego)
“[…] había sido un sueño, no habían tenido a los menores, en una noche
le había pasado todo esto, él era el único, no tenía hermanos”. (Pablo)
Algunos niños, a pesar de la ambivalencia que sienten respecto el tener o no un
hermano, cuando se permiten reconocer y aceptar los sentimientos que la presencia del
hermano les puede producir, prefieren mantener su deseo de tener un hermano o hermana:
“[…] de la nada vino como un hada […] y le pidió ayuda. Despertó y
todo había sido un sueño, porque no tenía otros hermanos […] para que
ya no tenga tantos celos […] sintió pena, porque le hubiera gustado tener
hermanos, hasta los menores que les daban celos”. (Pablo)
33
¿De dónde surge el deseo del hermano?: el niño pide un hermano.
Una pregunta importante a plantearse es ¿de dónde surge el deseo de un hermano?. En
nuestra indagación encontramos que este deseo se originó en el niño. En casi todos los casos
es el niño quien expresa primero a los padres su deseo de tener un hermano.
En todos los casos estudiados el deseo del hermano está en la mente de los niños.
Algunos lo manifestar claramente:
“Les dijo a sus papás que quería tener hermanos, y así siguió la rutina”.
(Pablo)
“Yo quería tener una hermanita desde hace tiempo…”. (Vanessa)
La mayor parte de los padres, durante la entrevista, corroboran que el deseo de tener
un hermano fue un pedido explícito de su propio hijo:
“Ella quería un hermanito hombre (para su cumpleaños).” (Mamá de
Vanessa)
“Mathías le pedía a Papá Noel tener un hermanito” (Papá de Mathías)
“Hace tiempo que pedía un hermanito, todas las noches…” (Mamá de
Pablo)
En uno de los casos, la mamá explicita que su embarazo fue para complacer a su hijo
en el deseo de tener un hermano:
“… a los ocho años Alexis […] quería un hermanito […] y llegaba del
colegio y me decía ¿ya fuiste al doctor? […] me decía que rezaba para
tener un hermanito […] Yo quería complacer a mi hijo […] salí
embarazada al mes” (Mamá de Alexis)
Resumiendo, a pesar de que, la llegada del hermano es imaginada en un escenario que
provoca fuertes sentimientos ambivalentes, de distintas maneras todos los niños investigados
manifestaron que su deseo de tener un hermano prevalecía frente al no tenerlo.
El deseo de tener un hermano se va construyendo primero en la fantasía, como una
expectativa idealizada que oscila entre el deseo de un yo reproducido y el deseo de un
semejante-diferente, que en todos los casos se convertirá en un compañero de juego.
Finalmente, tanto los propios niños como sus padres señalan que el origen del deseo
del hermano está en el propio niño.
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Segundo momento: La llegada del hermano y la expresión de nuevos sentimientos
Consideramos que el segundo momento, en el procesamiento de tener un nuevo
hermano, se inicia hacia el final de la gestación de la madre y en él se hacen evidentes un
conjunto de mecanismos y sentimientos asociados a la rabia y frustración que los niños van
exteriorizando a partir de sentirse excluidos. El eje organizador de las experiencias de este
momento es la inminencia e inevitabilidad de la llegada del hermano real. Los rasgos
característicos de este segundo momento podrían ser organizados como un proceso de tres
etapas: el impacto de la realidad, los sentimientos de exclusión y, la aparición de mecanismos
de defensa acompañados de fantasías de desaparición y la vivencia de diversos sentimientos
hacia el hermano.
Primera etapa: el impacto de la realidad.
En este momento el niño toma conciencia de la inevitable existencia del hermano y
del lugar preferencial que éste va teniendo. Ello le hace sentir que el otro está apoderándose
del lugar central que él ha tenido durante muchos años y amenaza con apoderarse también de
la mamá y de la leche de la mamá.
Varios de los niños investigados, expresaron en sus relatos verdaderos escenarios de
terror al referirse a los primeros momentos de la llegada del hermano. Ignacio ejemplifica
esta vivencia:
“Una gran granada que estaba medio viva […] tenía ojos. Era como una
película de terror”. (Ignacio)
El niño puede estar sintiendo la llegada del hermano tan amenazante como que, en su
fantasía, lo puede llegar a destruir:
“Los dos hermanos tenían granadas, y se encontraron unos desechos
radioactivos y salieron zombies del suelo. […] no eran granadas para
explotar, eran granadas de frutas para comer, y esa le tiraron los
terroristas y se pudrieron y les cae en el ojo. Ellos mismos sueltan sus
armas y hacen que exploten, y sueltan sus residuos tóxicos. Todos mueren
por los desechos tóxicos y solo quedan los zombies”. (Ignacio)
Frente al desborde de agresión se asusta y trata de minimizarla “Eran granadas de
fruta para comer”, intentando negarla pero, inmediatamente, vuelven a salir los impulsos
agresivos con fantasías destructivas: “se pudrieron y les cae en el ojo”. Ignacio acaba de tener
una hermanita hace diecisiete días y esa primera confrontación con la presencia de un
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hermano recién nacido se encuentra en plena ebullición, ello le hace recurrir a mecanismos de
ataque y defensa.
En todos los casos, la llegada del hermano es vivida por los niños investigados como
desestructurante. Como generadora de desequilibrio y trastornos del funcionamiento
“ordenado” que venía teniendo la familia. Pablo grafica este sentimiento en su historia sobre
la “desestructuración de la granja”:
“Había una vez una granja, donde todo era ordenado, pero la parte más
desordenada era donde vivían los cerditos. Los padres y un hijo dormían
de día y despertaban de noche, otro comía los desechos y otro se hacía la
pila en la comida. Y un día agarraron y llamaron al domador, para
educar a los cerditos”. (Pablo)
Segunda Etapa: el sentimiento de exclusión.
Todos los niños investigados no solo sienten que el hermano que llegó no cumple sus
expectativas y deseos, sino que con sus demandas incrementándose y absorbentes de la madre
amenaza con quitarle todo, e invadir su espacio. En la perspectiva del niño, ha perdido la
mirada y la atención de madre, sintiéndose ahora excluido. La escena de la lactancia del
hermanito lo confronta con la exclusión y con el hecho de que tiene que aprender a esperar y
postergar su deseo de cumplir sus necesidades y a tener la exclusividad.
Un buen ejemplo de estos sentimientos de exclusión lo encontramos en las historias
construidas por Diego. En una de ellas, relata que dos amigos cerdos se habían enamorado de
la misma cerdita y apostado por cuál de los dos la lograba conquistar. El cerdito Juan gana la
apuesta y obtiene todo el amor de la cerdita, razón por la cual ésta termina embarazándose y
teniendo cerditos. En ese momento Juan descubre que su cerdita ahora quiere más a sus
cerditos bebés que a él. Por esa razón:
“Juan construyó una máquina del tiempo y se llevó a tres de sus cerditos y
los dejó abandonados [...] (en el) pasado”. (Diego)
Por esta razón la llegada del hermano puede ser vivida como amenazante porque lo
aleja de la mamá. Al respecto, el padre de Ignacio relata lo siguiente:
“El no iba en contra de la hermana, él iba en contra del embarazo […]
como niño no entendía y la única explicación que tenía era que esa
gestación le había quitado a su mamá” (Padre de Ignacio)
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Tercera Etapa: el surgimiento de mecanismos de defensa, fantasías de desaparición
y otros sentimientos asociados.
Frente a este sentimiento de exclusión, ya que ahora la madre sólo tiene ojos para el
bebé, Diego desea retornar al pasado, mientras otros niños enfrentan ese sentimiento a través
de mecanismos de negación como los de Carlos, en el que además hace un desplazamiento
hacia la figura los amigos en sustitución del hermano:
“Está feliz, porque nada de lo que él había soñado había pasado. Quizá,
aquí me imagino que los cerditos están felices, y la mamá cerdita le está
dando de lactar a los amigos del cerdito”. (Carlos)
Otro mecanismo al que recurren, es desmentir la presencia real del hermano. Se
produce una escisión en la que dos realidades, presencia y ausencia, coexisten. Un buen
ejemplo es cuando al relatar la historia del dibujo de unos hermanos, Alexis saca a la
hermana de la historia familiar:
“[…] les están tomando una foto para el álbum familiar […] a la
hermana le gustó la foto, pero al niño no, y el niño a escondidas, recortó
la foto, sacando a su hermana de la foto.” (Alexis)
“El grande […] siguió tomando la leche, porque todavía no se había
dado cuenta, que estaban sus hermanos”. (Alexis)
El sueño como realización del deseo es el otro mecanismo al recurren algunos de los
niños para enfrentar el sentirse excluidos. En los contenidos de algunas narraciones, se
relatan sueños en los que el hermano no está, se ha ido, ha desaparecido, se lo han llevado
para venderlo, ha sido devorado, o se retrocedió en el tiempo.
“El chanchito estaba pensando que un día un señor se lo llevaba (al
hermano) lejos de su familia, […] El creía que se lo llevaban a un lugar
mejor, pero lo que pasaba, era que se lo llevaban para comérselo”.
(Vanessa)
Aparece un deseo de volver al estado inicial de la relación con la madre, donde él o
ella eran únicos para la mamá.
“Un día, se habían desaparecido dos cerditos, y la mamá y el cerdito que
quedaban, no los encontraban.” (Pablo)
Como ni la negación, la desmentida o los mecanismos del sueño logran que
desaparezca el hermano y siendo inevitable confrontarse con el hecho de que el hermano “se
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ha posesionado de la mamá”, surgen sentimientos de envidia y agresión hacia él. Siente que
la mamá es del hermano o de la hermana, ya no de él o ella y que, además, con sus demandas
insaciables devoran toda la leche de la mamá e invaden su espacio:
“La hermanita está soñando de que llega su mamá y toma leche todo el
día […] sueña que se va volando, va a una maquina de yogurt con leche, y
se toma toda la máquina […] y toma y toma yogurt con leche”. (Ignacio)
El niño siente que el nuevo hermano tiene ahora el lugar privilegiado y que es el
elegido:
“Siguen buscando a la hermanita, y después ellos, encuentran a la
hermanita tomando leche de su mamá, y como ellos se morían de sed,
tomaron agua”. (Ignacio)
En respuesta a la constatación anterior, surge la agresión hacia el hermano expresada a
través del deseo de que se pierda:
“El chanchito de la mancha […] un día se escapo, y dijo que sus
hermanos no lo querían como él era. El de manchita casi nunca esta con
su papá, ni con sus hermanos. Prefería estar ayudando a su mamá, por
eso un día le dijeron al chanchito de la mancha, que ya no querían ser su
hermano”. (Vanessa)
También, dicha agresión se expresa en la fantasía de que el hermano podría ser
devorado fácilmente por su situación de indefensión y vulnerabilidad:
“Aparece un ganso, y se está llevando al cerdito de la cola, y como es
bebé, no se puede defender. Y los hermanos están mirando, gritan, se
están llevando a mi hermano, y le pueden avisar a su mamá. El cerdito
chiquito está llorando, mientras que el ganso lo levanta de la cola, y se le
cae una lagrima, se lo lleva, porque las presas que son bebés, se las llevan
y se las comen”. (Mathias)
Algunos de los niños investigados dirigen su agresión hacia la madre, por traerles un
hermano, con el que no sólo no puede jugar sino que, además, lo separa de ella y le priva de
la centralidad de la que había gozado durante muchos años.
“Piensa que los hombres se van a llevar a su mamá, porque es la más
gorda, la más grande. […] y a él, lo dejan para que siga engordando, y
luego lo maten y lo degollen como lo harán con su mamá. Y él, no quiere
quedarse huérfano como sus amigos”. (Carlos)
Se siente enojado con la madre y surgen deseos de venganza hacia ella.
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“Son dos chanchitos, una hembra y un macho, la grande es su madre. Y
como los hermanos grandes no tenían atención, le tiraron barro a su
madre cuando se estaba bañando. Es venganza por no haberles dado
atención […] ahora hacen como que ellos no le dan atención a la mamá, y
le tiran barro, para que ella sienta lo mismo que ellos sintieron cuando
ella le dio atención a sus hermanos y a ellos no”. (Mathias)
En resumen, ante lo inevitable de la llegada del hermano, en las últimas semanas de la
gestación, los niños observados empezaron a sentirse excluidos al haber perdido el lugar
preferente en la preocupación y los cuidados de la madre. Frente a tal sentimiento hemos
podido constatar una serie de reacciones diferentes: la negación de su existencia; la
desmentida de su presencia (está y no está) el soñar que se va, que se pierde, que no nació
realmente; y, finalmente, sentimientos de enojo y agresión contra el recién nacido que,
pueden también ser dirigidos hacia la misma madre.
Tercer momento: Elaboración de la experiencia y aceptación del hermano
Este momento se inicia cuando los niños, ante el peligro de perder el amor de la
madre, empiezan a descubrir la necesidad de aceptar al hermano. Pero no se trata de una
aceptación pasiva y sin conflicto, por el contrario, para todos los niños de la muestra, aunque
de diversas maneras, esta aceptación tuvo un costo emocional muy importante. Por esta
razón, hemos organizado este momento en dos partes: Temor ante la posible pérdida del amor
de la madre y las distintas formas de tramitación de la aceptación del hermano.
Temor ante el peligro de la pérdida del amor de la madre.
La madre es vista por los niños de la muestra como fuente de afecto. Y el conflicto
surge cuando el bebé está siendo cuidado por la mamá, razón por la que el hermano mayor se
siente excluido. Allí empiezan a aparecer sus sentimientos de celos, rivalidad, agresión, tanto
hacia el bebé, como hacia la madre. Pero luego, estos sentimientos ceden su lugar a la culpa y
al temor hacia la retaliación, llevando al niño a temer la pérdida del amor de la madre. La
experiencia de asimilar al hermano, se tramita desde este miedo y, algunos niños, sienten que
sólo siendo buenos y reprimiendo su rabia y envidia, van a poder recuperar el amor de la
madre.
“Él quería que se pierdan para quedarse solo; [pero] si no los
encontraba, la mamá lo hubiera castigado con no tomar leche […] va a
buscarlos para que su mamá no se preocupe [...] y no los encuentra y se
preocupó más y su mamá le llamo la atención y le dijo que vaya a buscar
a sus hermanos otra vez”. (Alexis)
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“Los hermanos mayores están enojados con el cerdito, porque se fue y no
regreso toda la noche. Y también con enojo por haber asustado a su
madre, sintieron miedo por un momento, porque no estaba su hermano
bebé, pero cuando lo vieron, se les fue el miedo y se alegraron”.
(Mathias)
Pero, también pueden reprimirse los sentimientos de rabia, celos y envidia,
racionalizando al pensar que habiendo sido, por muchos años, hijo único ya recibió lo
suficiente, por lo que ahora tiene que aprender a ser solidario con el hermano. Y que, además,
la mejor manera de conservar a la madre y a su afecto, es aceptando al bebé en el grupo
familiar.
“Con una varita mágica le quiere dar un hechizo de felicidad, y le está
diciendo que no se debe sentir molesto por su mamá que comparta la
leche con otros, se debe sentir alegre, de que gracias a él y a su mamá,
muchos cerditos van a tener la oportunidad de vivir felizmente y no morir.
El cerdito se da cuenta de su error y el hada le da un hechizo de felicidad,
para que no se sienta mal, y el cerdito vuelve al establo, orgulloso por
tener una madre tan buena, como la suya, y aprende a compartir y se hace
mejor amigo con todos […] que va a ser solidario, porque ha tenido la
suerte de ser hijo único.” (Carlos)
Formas distintas de tramitación de la aceptación del hermano.
Todos los niños de la muestra expresaron sus diversos sentimientos producto de esta
constatación de la realidad: ya que el hermanito-bebe necesita ser atendido por la mamá,
ahora él necesita aprender a esperar, porque la presencia del hermano es inevitable:
“Yo cuando estaba haciendo la tarea, tenía que esperar a que mi mamá
termine de darle la leche a mi hermana.”. (Ariana).
El hermano mayor, asumiéndose ahora como tal, acepta que el bebé necesita a la
mamá.
“[…] porque él quiere más atención. […] el cerdito está tomando la leche
de su mamá, y sus hermanos están comiendo pasto, se están alimentando y
él como es bebé, tiene que tomar leche porque todavía no sabe comer y no
tiene dientes. Los chanchitos están echados en el pasto, y los chiquitos
están con su mamá”. (Mathias)
Algunos niños recurren a mecanismos más elaborados de procesamiento y a una
mejor verbalización de sus afectos, frente al no poder alterar la realidad de que el hermano
exista. Aprender a controlar sus impulsos agresivos, elaborar la presencia del hermano o
hermana como otro, semejante y diferente a la vez, con quien puede compartir experiencias y
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proyectarse a futuro en una relación compartida. El hermano ya tiene un lugar en la mente del
niño.
“Pienso que con ella podría divertirme más, hacer travesuras juntas a
futuro, porque ahora no puede hacer muchas cosas porque es chiquita.
Creo que conforme vaya creciendo, ella va a ir aprendiendo cosas buenas,
y yo voy creciendo y voy dejando las cosas malas”. (Ariana)
Sin embargo, la ambivalencia es parte de esta tramitación. Ya que por más que el niño
procese la llegada del hermano, acepte su presencia y tenga que compartir el espacio y a los
padres, mantiene su deseo de seguir siendo el único atendido en sus demandas. Permanece la
añoranza de la apoca cuando era el hijo único, aunque no siempre lo logra verbalizar.
“Le pueden decir a su mamá que le den atención a todos, o también puede
ser que no se atrevan a decirle. Porque como son bebés también es
obligación que les de atención. O sea guardan sus sentimientos. También
tienen que expresarse y decir lo que sienten”. (Mathias)
Pero no ocurrió lo mismo con Alexis, quien más bien hace muchos esfuerzos por
ocultar sus sentimientos de agresión y celos hacia el hermano y los cuidados que la madre le
prodiga. Es evidente que no todos los niños llegan a elaborar la presencia del hermano y
Alexis, en quien los celos y la envidia se mantienen velados, es una muestra de ello. Tras una
aparente aceptación del hermano, los celos y envidia que le dominan vuelven a exteriorizarse
en sus fantasías de malograr el alimento que nutre a los hermanos. Hay una carga de rabia
hacia el hermano, porque siente que está ocupando su lugar, sintiendo que además “es el
único lugar”:
“Ahí el cerdito mayor mientras su papá y sus hermanos están durmiendo
hace travesuras y hace pichi en la comida para que sus hermanos coman y
les de asco. Hacen ahí porque no tiene lugar dónde hacer y ese es el
único lugar” (Alexis)
Y no solo sigue deseando descargar su rabia en el hermano, sino también en los
padres, aunque tenga miedo al castigo:
“Porque si lo hace en el suelo lo van a ver y se van a enojar con él los
que los cuidan. O sea que si él hace la pichi en el suelo los que los cuidan
se van a enojar porque la pichi se va a ver en cambio si hace la pichi en la
comida no se ve. Esa no es la comida de los hermanos, es esta y esta
comida es de los papás” (Alexis)
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Está resentido con los padres porque siente que tienen preferencias hacia el hermano
menor y, además, se siente cargado con las demandas de los padres de cuidar a su hermano
menor.
“Los papás no van a decir nada, y va a hacer como si no hubiera hecho
nada y estuviera todo tranquilo. Le dio ganas porque los papás le gritan
más y a los hermanos casi nunca y porque no tienen derecho a gritarlo.
Porque hace travesuras siempre y porque lo mandan a que busque a los
hermanos”. (Alexis)
En algún caso, estos sentimientos negativos se racionalizan, logrando encapsular y
protegerse de la rabia y envidia hacia el hermano:
“El cerdito aprendió a ser solidario con sus compañeros y se pone a
soñar que es un cerdito grande y que pasan cosas muy buenas y que la
gente le va a tener cariño, y que nunca se van a atrever a hacerle daño,
porque es muy bueno y bonito”. (Carlos)
Resumiendo, hemos podido notar como frente a la constatación de lo inevitable, el
hermanito ha venido para quedarse, surge el temor a perder el amor de la madre si se deja
llevar por la rabia frente al bebé. Allí se inicia el proceso de duelo que puede concluir en una
aceptación ambivalente, quiere y no quiere al hermano, o en una aparente aceptación racional
de la presencia del hermano o estancándose en el resentimiento y la rabia hacia la madre y el
hermano. En estas dos últimas formas no creemos que haya una verdadera solución del
trámite.
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CAPITULO IV
Discusión
Esta investigación partió del deseo de comprender mejor cómo los niños de entre ocho
y diez años experimentan el hecho de tener por primera vez un hermano.
En la presentación de los resultados de nuestra investigación cualitativa hemos
descrito con detalle lo que consideramos un hallazgo que no tiene antecedentes, al menos en
la bibliografía consultada, a saber, que la vivencia del hermano recién llegado y los
sentimientos que se producen en el niño de 8 a 10 años cuando esto le acaece, se mueven a
través de un proceso que partiendo del deseo y la expectativa de tener un hermano, concluye
en el tramitar o no la aceptación del mismo.
Uno de los hallazgos que consideramos relevante en nuestra investigación es que el
proceso vivido por el niño ante la llegada del hermano se inicia con los deseos y las fantasías
del propio niño, que están presentes inclusive antes que el deseo de los propios padres de
tener otro hijo. En todos los casos investigados el niño “pide un hermano” a los padres. Si
buscamos en la literatura psicoanalítica un antecedente a este hallazgo, podríamos conectarlo
con los planteamientos de Kaës (2008) relativos a la existencia del “complejo fraterno” como
un estructurante del psiquismo que está presente, más allá de la existencia real del hermano,
aun en los hijos únicos. Consideramos que este aspecto podría ser tema de futuras
investigaciones que permitirían profundizarlo. También consideramos que existe una
coincidencia entre este aspecto encontrado en la investigación y lo sostenido por Klein (1943)
acerca de la “presencia” del objeto en la fantasía inconsciente con anterioridad a su presencia
real, pero con “realidad” efectiva que acompañará y contribuirá en la estructuración de la
vivencia de su aparición real-externa.
El deseo de tener un hermano, ha sido construido primero en la fantasía del niño,
desde una expectativa idealizada de querer “otro” como compañero de juego. Si bien la
construcción de este otro es la de un yo-reproducido o un semejante-diferente, el referente en
todos los casos es el sí mismo, ya que el niño desea la llegada de “otro” pero que sea su
“doble”. Nos preguntaríamos en este punto, si nos encontramos frente a lo que ya Freud
sostenía respecto al narcisismo (1914): ¿Los niños de nuestra muestra imaginan la llegada de
un “doble”, porque la confrontación con otro diferente podría empequeñecer su yo, hasta
ahora de hijo único?
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La contrastación de nuestros resultados, con la revisión teórica realizada previamente,
nos ha permitido encontrar también algunas reafirmaciones y coincidencias con lo que
algunos autores psicoanalíticos, desde Freud, sostuvieron: la aparición del hermano provoca
un conjunto de movilizaciones internas que lo conflictúan y que juegan un rol importante en
la estructuración de su mente. Cabe resaltar que, aunque nuestra investigación, a diferencia de
la mayor parte de las investigaciones revisadas en la literatura psicoanalítica, se ha realizado
fuera del ámbito clínico se presentan esas coincidencias.
Con la llegada del hermano aparece el conflicto no solo porque llega a quitarle la
atención de la madre, sino porque no cumple con la expectativa imaginada, porque es un
diferente. Parafraseando a Brusset (1987) lo confronta con la aparición de un semejante que
es demasiado extraño, que trae consigo compromisos narcisistas considerables, ya que el
bebé recién llegado ocupa un lugar del cual él está ahora siendo excluido.
De la misma manera, a la luz de los resultados encontrados, podemos afirmar con
Freud (1895) que la llegada del hermano es vivida como el arribo de un rival que amenaza la
supremacía, provocando celos, hostilidad y odio hacia el recién llegado, pero también
sentimientos de rabia contra la madre por el hermano que le está imponiendo, razón por la
cual éste recién llegado está siendo integrado desde el conflicto (Freud, 1916-1917).
En relación a la angustia de aniquilación sentida cuando el hermano ya es una
realidad, Juliet Mitchell (2003) sostiene que la llegada de éste provoca la angustia de
aniquilación - “una granada con ojos” como plantea Ignacio - en la que el hermano mayor se
da cuenta de que él o ella no es único sino que "alguien se encuentra en el lugar en el que
antes estaba él mismo”. Una de las implicaciones de la tesis de Mitchell es que esta forma de
ansiedad de aniquilación le da un profundo golpe narcisista que puede ser anterior y más
primitivo que la angustia de castración.
En nuestras observaciones, hemos descubierto cómo el niño proyecta en el hermano
bebé sus propios temores. Si bien él puede fantasear con desaparecer al recién llegado,
también teme que la llegada de este hermano provoque que sea él el desaparecido y
aniquilado, en coincidencia con la posición esquizo-paranoide planteada por Klein (1937).
Freud da también muchos ejemplos de la intensidad de estos sentimientos hostiles, que
generalmente toman la forma de un deseo de muerte, que Freud explica como un “acto
mágico contra el intruso perturbador” (1917).
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Nuestras observaciones, nos permitieron constatar cómo el hermano es recibido con
rechazo y deseos de que desaparezca. Este niño, antes hijo único y ahora hermano mayor,
siente que ha sido desplazado a un segundo lugar por el nacimiento del hermano o hermana, y
separado bruscamente de la madre por primera vez. Cuando el niño se confronta con esta
exclusión, se desata el conflicto.
Todo lo dicho nos permite afirmar que la llegada del hermano provoca
inevitablemente conflicto y que los niños de entre 8 y 10 años, como los participantes de
nuestra investigación, cuando les llega un hermano por primera vez, no están exentos de él.
A pesar de la magnitud de dicho conflicto y de la profunda movilización afectiva que
comporta, en los niños de nuestra muestra, la llegada del primer hermano, en todos los casos
observados no hemos recogido evidencia de actuaciones agresivas, físicas o verbales, contra
el recién llegado y, desde la información recogida con los padres, más bien acerca de que los
niños se mostraron cuidadosos y protectores con el hermanito. Además, en los relatos
construidos por los niños de la muestra constatamos que la agresión sólo se manifiesta en los
ámbitos de la fantasía y de los sueños (Freud, 1900), y que los males que pueden acaecer
sobre el “hermanito menor” no tienen nunca como responsable al “hermano mayor”. En la
parte nuclear del conflicto, descubrimos cómo los niños observados, en la construcción de sus
historias, son capaces de nominar sus afectos, sus deseos y sus sufrimientos. Una de las
posibles explicaciones que podríamos dar a estas constataciones es la manera como los niños
de esta edad, según Urribarri (2008), hacen uso de la palabra como mediador; también al
nivel de desarrollo cognitivo que caracteriza a los niños de esta edad y que les permite tener
un mayor criterio de realidad y conciencia de las posibles consecuencias de sus actos,
permitiéndoles tener conciencia de que el ser que ha desatado sus conflictos e iras es un ser
vulnerable, que requiere de los cuidados de la madre para poder sobrevivir.
Un aspecto relevante en nuestras observaciones ha sido la constatación de que los
niños, a pesar de sentir inicialmente al hermano como amenaza, cuya presencia se convirtió
en persecutoria, terminan confrontándose con el hecho de que, debido a su fragilidad y
vulnerabilidad, la madre seguirá brindando sus cuidados al bebé. Ante lo cual el niño se
encuentra frente a la siguiente disyuntiva: o se mantiene excluido, en el resentimiento y la
rabia, o incorpora al hermano y acepta la nueva estructuración de la familia, en la que él
queda incluido como el hermano mayor. Esta situación se parece a los planteamientos de
Klein (1937-42) relativos al paso de la posición esquizo-paranoide a la posición depresiva. La
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mayoría de los niños participantes de esta investigación evidenciaron que, ante la posibilidad
de perder el amor de la madre y el propio lugar por la expresión de sus impulsos agresivos
hacia el hermano y la propia madre, buscan reparar aceptando el hecho de que la familia
tiene un nuevo miembro y que ha llegado para quedarse, como queda graficado en la
siguiente cita de la conversación con Mathias:
“Primero, cuando nació mi hermano me sentí incómodo porque había un
ser más en la casa y no me acostumbraba y, normalmente, toda la
atención era para él y yo no podía salir ni hacer todas las cosas que
quería con mi mamá. Y, luego, ya me fui acostumbrando y cuando recién
cumplió un año, ya podía salir con mi mamá porque ya podía dejar a mi
hermano solo. Luego ya comencé a salir con mi hermano también.”
(Mathias)
Mathias y otros de los niños observados, se ubican frente al bebé como el hermano
mayor, y al bebé como un otro que necesita del cuidado y protección de la madre, a pesar de
los sentimientos ambivalentes que su presencia pueda generarle. Por otra parte, a medida que
observan al hermano crecer y lo perciben menos vulnerable, se sienten con mayor libertad y
menor sentimiento de culpa para reclamar un espacio cerca de la madre y, también, renuevan
la expectativa de una interrelación más cercana con su hermano, a pesar de la diferencia de
edad.
Por otra parte, cabe resaltar que las investigaciones realizadas fuera del ámbito
clínico, pero con sujetos de edades distintas a las de nuestra muestra, sostienen, tal como lo
hemos constatado en nuestra investigación, que no todos los niños quedan atrapados por el
conflicto luego de la llegada del hermano y que la tramitación del conflicto es posible gracias,
como plantean Solnit (1983) y otros autores, a la existencia de relaciones positivas entre
padres e hijos y entre los mismos padres, así como a la manera como los padres asumen y
ayudan a asumir la incorporación de un nuevo miembro en la familia. También encontramos
coincidencia con lo señalado por Solnit (1983) respecto a que cuando el niño toma
consciencia de la vulnerabilidad del hermanito y de los cuidados que necesita de la madre,
reconoce que él antes ya recibió esos cuidados, lo que le permite aceptar que ahora sea el
bebé quien los reciba.
El conflicto es inevitable y la verbalización de los sentimientos agresivos que el bebé
genera no constituye una acción violenta, sino más bien se le aprecia como una manera
natural de ir acomodándose a la nueva situación. Por el contrario, si los padres no permiten la
verbalización de los sentimientos y la reprimen, impiden una tramitación adecuada de la
46
experiencia. Por otra parte, si los padres, especialmente la madre, no logran equilibrar
paulatinamente el espacio que le brindan a cada uno de sus hijos, como espacios
diferenciados no superpuestos, llevarán al niño a sentirse “realmente” excluido y posicionarse
al margen de la dinámica familiar que le está tocando vivir, que no favorece el lograr
constituirse en una “familia de cuatro”, sino que sigue siendo de tres, aunque tenga cuatro
miembros.
Otra de nuestras observaciones es que, luego del nacimiento del hermano, se
constituyó un triángulo conformado por la madre, el bebé y el hermano mayor. En todos,
menos dos de los casos de nuestra muestra observamos que los niños no mencionan al padre
en sus relatos. El papá aparece en los relatos de Alexis, como quien pone orden y, en otro de
los niños, como el excluido, con quien el niño se identifica en ese momento. Nuestras
observaciones se produjeron cuando el hermano bebé era pequeño (el mayor de los bebés
tenía un año y dos meses y el menor 17 días de nacido), nos preguntamos, si el haber
realizado nuestras observaciones en este momento, será la explicación de la “ausencia” del
padre en los relatos. Será que el impacto del nacimiento del hermano y su simbiosis con la
madre es una experiencia aun muy reciente, y por esta razón el padre no juega un rol
importante en esta triangulación: madre, bebé y hermano mayor.
Por otra parte, hemos encontrado, en relación con lo propuesto por los teóricos que
definen y caracterizan el “complejo fraterno” (Kaës 2008; Kancyper 2003) respecto a que
éste puede ser un pivote entre el narcisimo y el edipo, que los niños de nuestra muestra se han
mantenido en un narcisismo exacerbado, posiblemente por la diferencia de edad respecto al
hermano menor. Por lo que nos preguntamos si, al menos, los niños de nuestra muestra
requerían de la presencia real del hermano para salir del narcisismo y dar el salto hacia el
descubrimiento de la alteridad, ya que en todos los casos la mirada de los padres ha estado
totalmente centrada en su hijo o hija única, manteniéndolos en ese funcionamiento
egocéntrico y narcisista ya que el niño era el eje del funcionamiento de los padres.
Una constatación importante de nuestra investigación es el hecho de que una vez que
el niño ha podido expresar sus sentimientos de rivalidad y hostilidad hacia el hermano, vivido
como intruso, y descubrir que el hermano sigue ahí como una realidad y que no ha habido
una retaliación por haber odiado al hermano, puede hacer finalmente el duelo de la
primogenitura perdida y terminar incorporando al hermano como un otro, dándole un lugar en
su mente, aunque probablemente se mantengan sentimientos ambivalentes. Mentalmente, el
47
ahora hermano mayor, necesita reestructurar su espacio interno para darle lugar a este otro
igual pero diferente. Necesita hacer un duelo para reestructurarse psíquicamente. También, en
la perspectiva planteada por Kieffer (2008), la aceptación de que él y el hermano pueden
tener un lugar propio en la mente de la madre. Razón por la cual nos atrevemos a afirmar que
la madre cumple un rol importante en este proceso de tramitación del ahora “hijo mayor”.
Uno de los factores que promueven el mantenimiento de la discordia crónica en las
relaciones con los demás podría ser la falta de reconocimiento de la subjetividad del hermano
como un otro. Nos preguntamos si ello puede haber pasado en el caso de Alexis y de Carlos,
que son los niños que evidencian mayor dificultad en el procesamiento del hermano. En
ambos casos los padres estaban más centrados en sí mismos, especialmente en su vida
profesional, y coincidentemente el papá de cada uno de estos niños es hijo único y ambos
estaban satisfechos con tener un solo hijo. Nos preguntamos al respecto, ¿hasta qué punto los
papás de Carlos y de Alexis no están pudiendo ayudar a sus hijos en la aceptación del
hermano, porque ellos tampoco terminan de procesar el hecho? Kaës (2008) sostiene al
respecto que, también influye en la manera en la que el niño procesará la llegada del
hermano, el modelo de relación fraterna que cada uno de los padres cargue en su
inconsciente, es decir la manera cómo ellos mismos resolvieron o no este conflicto con sus
propios hermanos.
Otra coincidencia encontrada en la investigación y que merece ser señalada es el
hecho que los dos niños de nuestra muestra, que al pedírseles dibujar unos hermanos
dibujaron hermanos idénticos (Matías y Carlos) – mellizos o gemelos – fueron hijos no
planificados, lo mismo que sus hermanos menores. En el caso de ambos niños estudiados, el
embarazo de la madre apuró la unión de los padres. Por otra parte, estos dos niños fueron los
que más tiempo pasaron siendo hijos únicos. Nos preguntamos si pensar al hermanito como
un gemelo tendrá el objetivo inconsciente de instalar la confusión, el apareamiento narcisista,
la indiferenciación, probablemente para seguir siendo “el único”, ya que así no hay otro
diferente, ya que indiferenciados y confundidos ambos son uno en la fantasía del niño. Podría
ser éste un movimiento defensivo para lograr tolerar el hecho de la llegada de un diferente y
evitar así la angustia de aniquilación. Es importante señalar que encontramos otras
coincidencias en los caso de Carlos y Matías: sus hermanos nunca aparecieron físicamente en
el escenario de las conversaciones de los niños o de los padres con la investigadora. El bebé
era alguien de quien se hablaba pero nunca se veía. Hasta el momento de la entrevista ambos
niños aún compartían el dormitorio con el hermanito, aunque en ambos hogares se contaba
48
con espacio para que cada niño tuviera su propio dormitorio. Nos planteamos por ello como
hipótesis para explicar la “gemelidad” de los hermanos en los relatos de ambos niños, lo
difícil que para estas dos familias pueda estar resultando la diferenciación entre sus hijos. En
acuerdo con Braier (2000), la dificultad de separarlos podría significar una negación del
duelo por parte de los padres, a quienes les estaría resultando difícil asumir las diferencias.
“Confundirlos” evita tener que darles un lugar propio. Es como si para los padres hubiera
“una imagen para dos cuerpos con una sola subjetividad” (Braier, 2000, p.195).
Finalmente, desde la reflexión sobre los resultados de nuestra investigación, nos
atrevemos a afirmar que la manera cómo el niño tramita la incorporación de un hermano en la
vida familiar y en su mundo subjetivo, depende de múltiples factores internos y externos, por
ejemplo, la manera en la que el propio niño va resolviendo el conflicto, la forma en que los
padres hayan construido su experiencia con este hijo, que ahora se convierte en el hermano
mayor y la manera como el niño interpreta la realidad que le está tocando vivir.
Conclusiones
1.
Un aporte central de nuestra investigación es la constatación de que la vivencia del
hermano recién llegado y los sentimientos que suscita esta experiencia en niños de
entre ocho y diez años, se mueve a través de un proceso en el que es posible
distinguir tres claros momentos y que arriba en la elaboración o no del hecho de tener
un hermano.
2.
Nuestra investigación nos ha permitido refrendar muchas de las afirmaciones hechas
por los teóricos del psicoanálisis respecto al papel que el hermano juega en la
estructuración de la subjetividad.
3.
El conflicto, generado por la llegada de un hermano, luego de ser hijo único por
mucho tiempo, es inevitable, pero las características emocionales y cognitivas de los
niños de esta edad les posibilita, a los ahora hermanos mayores, una particular manera
de tramitar esta experiencia.
4.
La manera como se tramita el hecho de tener un hermano, luego de haber sido hijo
único por tanto tiempo, depende de la adecuada mediación y manejo de los padres.
49
Limitaciones de la investigación e investigaciones futuras
1.
Consideramos que una limitación de nuestra investigación es el tamaño de la muestra
observada ya que, como en todo estudio cualitativo, no podemos generalizar
resultados. Sin embargo, es importante resaltar que en el ámbito de la teoría
psicoanalítica no se han hallado investigaciones con niños de esta edad que por
primera vez tienen un hermano, ni muchas investigaciones, como la nuestra,
realizadas más allá del ámbito clínico.
2.
Nuestra investigación nos abre a muchas interrogantes que no teníamos al inicio y que
podrían dar lugar a nuevas investigaciones: ¿Existe alguna relación entre el “deseo
de tener un hermano” y la existencia del “complejo fraterno” como parte de la
estructura psíquica desde lo planteado por algunos autores? ¿La tramitación de la
llegada de un hermano, se da también como un proceso en edades diferentes? ¿Se
tramita de maneras similares en otras edades? ¿Los padres que fueron hijos únicos,
siempre tendrán dificultades para mediar en la tramitación de tener un hermano?
También resultaría importante realizar estudios comparativos, fuera del ámbito
clínico, sobre cómo viven esta experiencia niños más pequeños y adolescentes que por
primera vez tienen un hermano. Finalmente dada las características de las nuevas
conformaciones familiares, sería importante investigar cómo se vive la experiencia de
tener un primer hermano en familias reconstituidas.
50
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51
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Diccionario
freudiano.
Buenos
Aires:
Gaby
Ediciones.
52
ANEXOS
53
Anexo 1
Ficha de Datos de Conversación con los Padres
Nombre (seudónimo)……………………………………………
Edad………………………………………………………………
Sexo………………………………………………………………
Escolaridad……………………………………………………….
Lugar y fecha de nacimiento…………………………………...
Tiempo de residencia en Lima…………………………………
Número de hermanos y posición ordinal……………………...
Edad del hermano(a)……………………………………………
Sexo del hermano(a)……………………………………………
INFORMACION sobre los padres:
Religión de los padres…………………………………………..
Estado civil de los padres……………………………………….
Distrito de residencia…………………………………………….
Qué otras personas viven en el hogar y qué
niño(a)……………………………………………………….
relación
tienen
con
el
Descripción de la casa (número de habitaciones, dónde juega, dónde duerme,
etc)…………………………………………………
Padre
Edad………………………………………………………………
Lugar de nacimiento…………………………………………….
Grado de Instrucción/Profesión………………………………..
Madre
Edad………………………………………………………………
Lugar de nacimiento…………………………………………….
Grado de Instrucción/Profesión………………………………..
54
Anexo 2
Información general sobre el niño(a).
1. Embarazo y nacimiento

¿Planificado/deseado? Sexo deseado por papá/ mamá.

¿cómo fue el embarazo?

¿Hubo amenaza de aborto?

¿Hubo alguna pérdida antes o después del nacimiento?

¿Hubo alguna enfermedad/accidente en la madre?

Repercusión emocional de algún acontecimiento importante durante el
embarazo (enfermedad o muerte de alguna persona significativa)

Nace en parto normal/ inducido/ cesárea.

Hubo anestesia, vacum.
2. Nacimiento: condiciones

¿Respiró?- ¿Lloró enseguida?/ Cuanto tiempo demoró sin llorar.

Cianosis/ ictericia.

¿Presentaba alguna anormalidad?

Se usó incubadora/oxígeno.

¿Cómo reaccionó al verlo por primera vez?
3. Lactancia:

Pecho

Biberón

Destete. ¿Cómo fue? A qué edad fue.

Algún problema en la alimentación o en los hábitos.
4. Sueño:

Hasta que edad durmió en la habitación de los padres/ causas y momentos del
cambio.

Duerme solo/comparte habitación.

Características del sueño: tranquilo/ irritable.

Desde que edad duerme solo, sin que lo acompañen.

Necesita compañía, luz, música, cuentos.

Pesadillas, terrores nocturnos, sonambulismo, temor a la oscuridad.
5. Desarrollo: edades

Caminó
55

Lenguaje

Control esfínteres
6. Enfermedades

Alguna enfermedad que provocara variaciones
niño(a)………………………………………………

Hospitalizaciones/ Operaciones: edad –anestesia.

Traumatismos/accidentes.

Reacciones de los padres y del niño(a)
en
la
vida
del
7. Desarrollo socio-emocional

Carácter- conducta-reacciones afectivas

¿Hay algún problema que preocupa o haya preocupado en algún momento?

¿Está o ha estado en tratamiento Psicológico, neurológico o psiquiátrico?
¿ha necesitado tomar medicación psiquiátrica o neurológica alguna vez?
8. Reacción frente al nacimiento del hermano(a): variaciones de carácter, conducta,
emotividad, sociabilidad a lo largo de los años.

Explorar sus reacciones frente a situaciones en que el hermano era atendido
tanto por la madre como por el padre (acurrucado, alimentado, cambiado,
bañado)

Que dice y expresa

¿Cómo ha ido reaccionando (variaciones) en este
hermano(a) nació.

Ha habido cambios en su comportamiento a) embarazo. Cuando lo vio por
primera vez, sus 6 primeros meses. Cuando ha ido aprendiendo a hablar,
caminar,

Cómo se ha ido dando la interacción entre ellas.

ALGUNA ANÉCDOTA IMPORTANTE?

Métodos disciplinarios.

Educación sexual:
tiempo desde que el
1. Información que tiene sobre cómo nacen los niños, diferencia de sexos,
etc.
2. Preguntas sobre el nacimiento de su hermanito(a).
3. Juegos, preguntas.
9. Escolaridad: algún comentario importante.
10. Alguna información adicional considerada importante.
56
Anexo 3
CONSENTIMIENTO INFORMADO PARA PARTICIPANTES DE INVESTIGACIÓN
El propósito de esta ficha de consentimiento es proveer a los participantes en esta
investigación con una clara explicación de la naturaleza de la misma, así como de su rol en
ella como participantes.
La presente investigación es conducida por Regina Tagliabue Ganoza, alumna de la
Maestría en Estudios Teóricos en Psicoanálisis de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
La meta de este estudio es “explorar las experiencias y/o vivencias de tener un hermano
por primera vez, en niños(as) de ocho a diez años”.
Si usted accede a que su hijo(a) participe en este estudio, se le pedirá responder
preguntas en una entrevista (elaborar unos cuentos a partir de láminas y realizar un dibujo).
Esto tomará aproximadamente 50-60 minutos de su tiempo. Así mismo, se realizará una
entrevista con los padres para recoger algunos datos generales acerca del niño(a), la que
tendrá una duración de aproximadamente 60 minutos. Lo que conversemos durante estas
sesiones se grabará, de modo que el investigador pueda transcribir después las ideas que
usted haya expresado.
La participación es este estudio es estrictamente voluntaria. La información que se
recoja será confidencial y no se usará para ningún otro propósito fuera de los de esta
investigación. Sus respuestas al cuestionario y a la entrevista serán codificadas usando un
número de identificación y por lo tanto, serán anónimas. Una vez trascritas las entrevistas, las
grabaciones serán borradas.
Si tiene alguna duda sobre este proyecto, puede hacer preguntas en cualquier
momento durante su participación en él. Igualmente, puede retirarse del proyecto en cualquier
momento sin que eso lo perjudique en ninguna forma. Si alguna de las preguntas durante la
entrevista le parecen incómodas, tiene usted el derecho de hacérselo saber al investigador o
de no responderlas.
Desde ya le agradecemos su participación.
Acepto participar voluntariamente que mi hijo(a) y nosotros los padres participemos
en esta investigación, conducida por Regina Tagliabue G.. He sido informado (a) de que la
57
meta de este estudio es “explorar las experiencias y/o vivencias de tener un hermano por
primera vez, en niños(as) de ocho a diez años”.
Me han indicado también que tendré que responder a preguntas en una entrevista con
los padres y con nuestro(a) hijo(a), lo cual tomará aproximadamente sesenta minutos cada
entrevista.
Reconozco que la información que yo provea en el curso de esta investigación es
estrictamente confidencial y no será usada para ningún otro propósito fuera de los de este
estudio sin mi consentimiento. He sido informado de que puedo hacer preguntas sobre el
proyecto en cualquier momento y que puedo retirarme del mismo cuando así lo decida, sin
que esto acarree perjuicio alguno para mi persona. De tener preguntas sobre mi participación
en este estudio, puedo contactar a Regina Tagliabue Ganoza
al teléfono 994005364 o
4468770.
Entiendo que una copia de esta ficha de consentimiento me será entregada, y que
puedo pedir información sobre los resultados de este estudio cuando éste haya concluido.
Para esto, puedo contactar a Regina Tagliabue Ganoza al teléfono anteriormente mencionado.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------Nombre del Participante
(en letras de imprenta)
Firma del Participante
Fecha
Fly UP