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Pues nací, pues nací

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Pues nací, pues nací
Pues nací, pues nací
Testimonio de Ricardo Valderrama
Entrevista realizada y transcrita por Nuria Araiza Fernández
La autoría de la presente versión es de Noé Morales Muñoz
Pues nací, pues nací aquí en el Distrito, fue algo así para mí, padre. Pero mi
madre trabajaba, ella toda su vida ha trabajado, trabajaba para L, para
L México y mi papá era licenciado en administración de empresas, mi papá tenía una compañía que fue heredada y aparte de heredada entre él y
entre sus hermanos, y mis tíos la fueron haciendo crecer, se llama Sa y S,
los baños estos portátiles que hay por toda la ciudad que tienen (en) obras
negras y en construcciones y en lugares así o en eventos, este los ponen
ahí, bueno ellos fueron los que empezaron con esa empresa,
yo no los conocí, yo no conocí a mis abuelos y la familia que conozco por
parte de mi papá nada más son a un tío y párale de contar, hasta hace poco
me acabo de enterar que tiene tres hijas más, anteriores a mí mi papá, se
supone, y otra porque lo estoy así como que buscando. Tengo desde los
Nuria Araiza, Noé Morales, “Pues nací, pues nací. Testimonio de Ricardo Valderrama”, en Mayer Foulkes, Benjamín
y Francisco Roberto Pérez (eds.), Tráficos, 17,, México, 2013, pp. 29-66 (Diecisiete, teoría crítica, psicoanálisis, acontecimiento, volumen 2).
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doce años que no lo veo, entonces pues sí tengo una curiosidad, quiero
saber pues qué pasó con mi padre, ¿no?
y bueno mi madre, pues ella trabajaba en L México, conoció una señora que
vino de Estados Unidos y esta señora tenía escuelas para niños con síndromes Down, retraso mental y todo eso. Entonces le cayó muy bien mi mamá
a esta señora, se hicieron amigas y todo y esta señora es de Estados Unidos
y ella la invitó a mi madre a irse a Estados Unidos a trabajar con ella ¿no?
Entonces sí se fue, después mi papá pues anduvo buscando a mi mamá y
la encontró allá en Estados Unidos
ellos ya tenían relación. Y “ven y cásate conmigo” y mi papá se aferró, se
aferró y le pidió permiso a la señora que la dejara venir para que se casara
con ella y ya había hablado acá con mi abuelita, la mamá de mi mamá, y
mi abuelo por parte de mi mamá ya no lo conocí tampoco, mi abuela se
volvió a juntar con otro señor, que fue al que yo siempre toda la vida le dije abuelo, ¿no? Entonces pues ya, la convenció mi papá y ya se vinieron
aquí a México, se casaron, y pues ya, llegué yo, y mi mamá se volvió a ir a
Estados Unidos, me llevó, y pues vamos, en Estados Unidos era todo así bien
padre, a mi me adoraba la señora
me fui como desde los ocho meses hasta los seis años
la señora que le puso una casita así en la casa, estaba enorme su casa, una
casita así como que de campo, vamos, una cabañita le puso en el jardín y ahí
vivíamos yo y mi mamá y pues le puso una ya ves que en Estados Unidos se
acostumbran mucho las Van, las camionetas, eh, para transportar a los niños a las escuelas, y ya le compró su Van y ya mi mamá se encargaba vamos,
de llevar a los chavitos a su escuela, porque esta señora tenía como doce hijos,
todos adoptados con retrasos o con algún síndrome mental, vamos ¿no?
Entonces de lo que se encargaba mi mamá era de cuidarlos en la casa y de
llevarlos a la escuela y recogerlos, traerlos otra vez a la casa y vamos, se hacía
cargo de eso y de la limpieza, así como que era la que coordinaba toda la limpieza de la casa y era una cosa bien padre porque a mi todos los chavitos,
todas estas personas me querían mucho ¿no? Yo era el más bebé, era el niño,
el chiquito. Cada navidad la señora ponía como cinco árboles de navidad y
uno era especial para mí con un chorro de regalos, de bien padre ¿no?
de hecho yo regresé a México hablando puro inglés, no sabía hablar español, y así aquí todos mis primos y todos: “a ver qué bonito, a ver mira cómo
hablas, a ver que chistoso dices las palabras en inglés” y todo ¿no? Y como que de repente también yo me comencé a enojar y ya así ya a todos
los mandaba así a la fregada y déjenme de molestar, déjenme de preguntar
y todo y cómo que le empecé a agarrar un coraje al inglés, pero pus así de
chavito que dices todo mundo me molesta, o sea yo quiero ser como los
demás. Y pus ya después con el tiempo, después de esos años se vino mi mamá a México, venía pues porque también quería ver a su familia, a mi
abuelita, a sus hermanos y todo y nos veníamos y después cada diciembre
nos íbamos ahí a Estados Unidos a visitar a esta señora que ya que era
como mi abuelita también.
y, ya con el tiempo, se empezó a separar mi mamá de mi papá, empezaron
a pelear y todo
él estaba aquí en México, veníamos para México nos quedábamos aquí seis
meses, ocho meses o hasta el año y pues lo veía no sé, dos o tres veces en
todo ese tiempo
y una vez, algo bien curioso, en la primaria, yo estaba en el colegio LS. Llegó
el día del padre, que es la cartita del día del papá. Nos puso la maestra a
hacer la carta y pus yo estoy en mi escritorio, ahí en mi pupitre escribiendo
mi cartita para mi papá Ricardo Valderrama que se llama igual que yo, más
bien yo me llamo igual que él, y se acerca un compañero que era amigo
mío, vamos, nos llevábamos bien, éramos cuates, y se acerca y me dice:
“oye, ¿con qué b/v se escribe Valderrama?” Y le digo: “pus con v chica”. “Ah,
órale”, y ya veo que se va a su pupitre y se sienta y comienza a escribir. Y
digo: “bueno, por qué me vino a preguntar sobre cómo se llama mi papá.”
Y que me paro y comienzo a ver su carta que decía: “para mi papá Ricardo
Valderrama”. Y yo: “órale no, pus qué onda, si ese es mi papá. Aguanta, ¿no?”
“No, no, no, pus es que también es mi papá”. “No, pus es que tú no te apellidas Valderrama, yo sí me apellido Valderrama y es mi papá Ricardo Valderrama”. Nos comenzamos a dar unos agarrones ahí. Total que hasta la
maestra se dio cuenta y nos mandó a la dirección y ahí nos preguntaron:
“¿cuál es el problema?” Yo les decía: “es que este me está quitando a mi
papá”. Y yo llore y llore, me acuerdo mucho de eso. Ya después nos manda-
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ron citar a los papás al día siguiente, y llegó mi mamá al otro día, me llevó
y estábamos ahí en la dirección esperando a que llegaran los papás del otro, y
que va entrando la secretaria de mi papá, entonces me agarró mi mamá
de la mano y me sacó. A mi mamá yo le preguntaba: “¿qué onda, qué pasó,
qué pasó?” En ese momento no me dijo nada mi mamá, pero ya después
con el tiempo yo seguía preguntándole qué había pasado con mi padre,
por qué esa carta y todo eso y me dijo: “pus es que tu papá anda con su secretaria”. No sé, como que sí me afectó un poquito ese problema
y entonces pus ya desde ahí empezaron los problemas con mi papá y mi
mamá y ya así fue como se separaron. No se divorciaron así de papelito y
fírmale aquí y todo eso, nada. Nada más se dejaron de ver, se separaron
y pues bueno yo ahí dejé de viajar porque se me venció el pasaporte y no
tenía. Mi mamá ya no veía a mi papá y no podía conseguir que firmara
para que me pudieran sacar del país, entonces pus ya dejamos de viajar y
después la señora pus si llegó a venir como dos o tres veces aquí a México,
a visitar a mi mamá. Pero ya ahora yo le pregunté por ejemplo cuando salí
y todo, ya le pregunté: “¿oye mamá y qué pasó con N?”, “¿qué pasó con N
mamá?” “No, pus es que ya no le llamo por teléfono, ya nadie me contesta,
ya no sé ni que onda”. Como ya estaba grande la señora también. A la mejor ya hasta se murió. Ya no sé nada de ella y bueno a veces cuando yo no
la localizaba, a veces ella de repente me hablaba y me decía cómo estás y
todo ¿no? Pero ahora ya no. Entonces yo digo que a la mejor sí ya se ha de
haber muerto
y pus ya de ahí, ya me cambió de esa primaria mi mamá. Yo empecé como
que a volverme muy problemático, muy peleonero, muy distraído y no sé,
como que me afectó un poquito ese problema y pus desde ahí empecé
a ser así como que muy problemático, vamos. Me cambió, de LS me pasó a
otra escuela que se llama el FF, que está… ya ni me acuerdo cómo se llama
esta calle. Y bueno ahí pus sí también, pus el sistema era un poquito más
bajo, vamos, al del colegio LS
y bueno ahí terminé hasta sexto que pude pasar de panzazo, mi nivel ya
también bajó muchísimo, a pesar de que yo venía acostumbrado al nivel
de LS, vamos, cuando me pasan a esa escuela y tiene un nivel un poquito
más bajo, pus yo también así como que me volví más flojo, como que dije:
“ah, ya eso ya lo vi, ya para qué”. Entonces me volví también muy distraído,
muy peleonero, me la pasaba molestando al compañero. Y ya después ya
terminé eso, la graduación y todo eso, y me vine al ER a hacer la secundaria,
porque mi mamá ya encontró otra persona, estaba saliendo con otra persona y se juntó con esta persona y todo, nosotros vivíamos en un departamento aquí en la F y ahí pues mi mamá pagaba renta, estaba pagando
renta, entonces pues se la veía muy negra, tenía que estar trabajando y
todo. Y esta persona con la que se encontró tenía dinero. Él era, bueno, su
papá era dueño de las zapaterías de las alpargaterías. Bueno, entonces
tenía esas cadenitas de zapaterías y esta persona las administraba,
vamos. Entonces pus sí tenía lana y todo y el tipo este estaba supuestamente muy enamorado de mi madre y le bajó la luna y las estrellas y todo
y vamos pus ya se fue con él. Y, bueno, nos fuimos. Le compró una casita
aquí donde estamos viviendo ahorita y ahí en la esquina hay una secundaria, se llama ER
me metí a esa secundaria, pues ahí ya llegué así como qué muy alterado
de la primaria, ya así era así muy problemático, o sea problemático entre
comillas, vamos, me gustaba el relajo, me gustaba estar molestando al compañero, me gustaba pus no tomarle atención a las clases y todo esto. Entonces ya me pasaron ahí y pus también los compañeros pus más grandes,
más, de nivel, de grados más avanzados que yo, pus no sé era algo que siempre me llamó la atención de mí, como que siempre dije por qué no te juntas
con chavitos de tu edad. Siempre te juntas con los que son más grandes
que tú, siempre, es algo que siempre me he preguntado. ¿Por qué siempre
me llamó tanto la atención el juntarme con los más grandes que yo? Y entonces me empecé a juntar con los de segundo de secundaria, con los de tercero, y esto y lo otro, y ellos ya empezaban con el cigarrito, que a irse de
pinta, que a faltar a la escuela, que la novia, y esto y el otro. Entonces yo
también así como que quise recopilar todo lo de ellos, lo hice también. Yo por
ejemplo no me podía ir de pinta porque estaba en la esquina de mi casa,
entonces salía de mi casa todo el mundo me veía por ahí, bueno, era lo que
yo sentía, que todo mundo me veía y decía es que no me puedo ir de pinta
porque todo mundo… Aparte estaban los profesores afuera de la escuela
esperando a que entraran los alumnos y todo, entonces pus no me podía ir
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yo así tan fácil de pinta. Pero ya lo único que hacía era retrasarme en bañarme, en vestirme, en todo eso, entonces yo provocaba que cerraran la
puerta y yo ya me seguía para la avenida en vez de insistir para que me
abrieran, no, pus ya me seguía y ya supuestamente iba a clases. Y ya nos
íbamos a un terreno, un terreno baldío, es un parque, pero tiraron una casa
y se quedó el terreno así como que entre el parque y la casa, se juntó el terreno, entonces del parque así como que todo el mundo entraba así, y estaba bien padre el parque, pero ya el terreno, como que ya nadie entraba.
Entonces ahí era, ahí fue donde nos empezamos, donde me empecé a juntar con chavitos que ya empezaban a llevarse sus cervezas, sus vinitos y
que el toquecito, y que mira, que prueba, que toma, que haz esto y lo otro,
y pus yo veía que iban también las chavas
eso todavía en primero de secundaria, y pus ya iba allá, nos íbamos a ese
terreno y conocí a un amigo que me llamó mucho la atención cómo se
vestía, era punk, y ahí en esa calle, de ese terreno, de ese parquecito, había
una preparatoria: JE, y él era punk. Entonces a mi me gustaba, pus cómo se
veía, cómo traía así sus botas, sus pantalones todos negros, con parches y
sus ropas, bien punk ¿no? Y entonces un día veníamos así, como que pues
éramos los chavitos fresitas de la ER y pus con los chavos de la prepa
ya eran otra onda, ya eran, ya estaban más acá, era de la prepa
entonces, pus un día íbamos pasando yo con mis cuates de la secundaria
y me dice el punk, sale y me le pide un cigarro a mis amigos y mis amigos
pus como eran los fresitas como que, así como que “no, no, no, no tenemos”. Y
yo les digo “oye, güey, pus regálale un cigarro, cómo no, ¿no?”. Tons a este
cuate le latió mi onda, mi buena onda de que le dije: “toma, ¿no?, un cigarro,
¿por qué no?” Y ya se fijó hacia donde íbamos, que íbamos hacia el parquecito y que nos subíamos al terrenito ese. Y pus ya después con el tiempo
me dijo: “oigan, pus qué, móchense, ¿no? Qué onda, a dónde van, ya sé a
dónde van”, ya con dos tres días después. “¿A poco sí nos viste?” Dice: “sí,
pus qué, yo traigo, pus vamos, vamos a fumar, yo traigo”. Y ya empezó a
sacar también el toquecito, que la chelita, que esto, y entonces me hice muy
amigo de él. Vivía en la unidad que está en frente de mi calle y pus ya nos
comenzamos a ver, que pásame tu fon, pus vente vamos a darnos un reven,
vente, te vienes aquí a la unidad, te vienes aquí a mi casa, y vamos aquí a
una fiesta y yo te invito y que vamos a otra fiesta. Pero vamos, te digo que
él era mucho más grande que yo, como seis años más grande que yo. En-
tonces, pus ya me empecé a juntar con él, empecé a visitar El Chopo, por
ejemplo. Me iba con él al Chopo los sábados, empecé a ver cómo era la onda
de las bandas, cómo estaba la onda de las modas también. Me empezó a
gustar la moda así como punk, pero no tan tan punk, sino más fresa. Y también pus por mi madre que así como que siempre estuvimos peleados en
ese aspecto de que tus pantalones, tu ropa qué onda y así, y ella me compraba cosas bonitas y yo terminaba rompiéndolas y cosas así. Me volví muy
rebelde y ahí en esa unidad con ese amigo empecé a ver que, bueno, me empezó a llevar a comprar mariguana. Me empezó a llevar al punto donde se
vende, que era C.U. Entonces ya me comencé a juntar con varios chavitos
de ahí mismo de esa unidad, ya conocí a varios y pus ya todos me conocían
a mí, ya como que me integré, vamos, a esa sociedad, a ese grupito. Y pus
ya era en la noche, en las noches nos juntábamos y decíamos quiénes
vamos a ir a comprar, y ya agarrábamos ocho personas y nos íbamos y nos
metíamos a C.U. El punto era en ingeniería, ahí estaba el señor, que ya murió,
ahí lo mataron, y pus ya el señor veía que éramos una bandita como de
ocho personas que casi cada tercer día llegábamos a comprarle cada quien
compraba sus cinco, cincuenta, veinte pesos, treinta pesos
un día este señor nos dijo: “oigan, ustedes vienen juntos. Por protección mía,
por qué no se viene uno solo, en vez de que se vengan tantos en bola y
llamen la atención”. Esta persona nos empezó a pedir que fuéramos solos,
ya no tantas personas, entonces nosotros le pedíamos la lana a los chavos.
“A ver, tú cuanto vas a querer, tú cuanto”, “no, pus yo $30, $50”. Juntábamos
$300, entonces ya iba yo y le decía “pus dame $300”, ya me daba $300 y
hasta me decía, “y ten, algo para ti”. Pum, entonces yo ya sin meter dinero
tenía y estaba bien con la banda. Seguía yendo a C.U., a comprar con este
señor, yo ya no ponía nada de dinero sino al contrario, ya hasta me quedaba
con una lana. Iba, le compraba, me daba para mí, me quedaba yo una lana.
Entonces empecé a ver que esto me va a traer una lana y permite que entre
ante la sociedad que yo quería estar, con los cuates, con los chavos, con la
banda. Empecé a ver que era redituable para mí. Entonces ya empecé a juntar una lana yo, y empecé a comprarle cantidades ya más fuertes, ya por
cuarto, por medio y por kilo. Yo más o menos veía qué cantidades daba aquél
señor y yo ya les empezaba a dar la misma cantidad
y bueno, el hecho por el cual me rendí en la secundaria, fue ése, que esta
persona ya me empieza a decir y nos empieza a pedir que vayamos solos.
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Y estaba bien con la banda, y estaba bien con estos y con los otros. Ya en la
secundaria ya me empecé a salir también por eso de que, pus aguas con el
Ricardo porque anda de mariguana. Y había muchos que sí me aceptaban
y otros que se asustaban, sí lo rechazaban. De hecho tenía una novia que, yo
estaba enamorado de esa niña y cuando me dijeron lo clásico de que la
amiga se entera de que le gustas, sabían que me gustaba ella, pero yo no
sabía que yo le gustaba. Entonces fue bien loco, porque llegó una amiga,
amiga de los dos, me dice: “oye, vente, te está esperando N” –esta chava se
llamaba N–, “te está esperando N para que le llegues”. Entonces yo: pues
no, cómo crees, N está bien bonita y yo siempre como que en ese aspecto
me hacía así como que para abajo. Pus yo estoy feo, cómo crees, no creo que
le guste, que no se qué. Y me dice: “te está esperando, ve, está sentada sola
en la banca esperando a que llegues”. Y así jaloneándome, “ándale, ándale,
ándale”. Y yo: pus bueno, y justo me siento así con ella, y hola cómo estas,
no pus que bien, justo le voy a decir: “oye, ¿quieres ser mi novia?”, cuando
suena el timbre de que se termina el descanso y pasa el director y me dice:
“Valderrama, tú vas para la dirección y señorita ya suba a su salón de clases”. Entonces ya no le pude decir nada, hasta después ya me animé y le
dije. Y esta chava si andaba así como que conmigo, pero se empezó a dar
cuenta de cómo era yo, cómo empecé a ser, cómo fue mi cambio, así tan
grotesco, pus de un chavito bien, ya empezó a ser un loco. Entonces de repente me dijo: “sabes qué, ahí muere, o sea tú estás muy cabrón, tú estás
muy dañado ya, güey, mejor ahí muere, yo no quiero esto para mí, no
quiero esto para ti, mejor ahí muere todo”. Entonces yo como que me quedé
como que ahhh, pus si tú no me quisiste así, pus ahora lo voy a hacer más,
así como que quería hacerla sentir mal pero pus, a final de cuentas no. Y
terminó siendo mi súper amiga, era una amiga mía con la que yo podía
platicar
y ya cuando íbamos en tercero de secundaria, creo que fue el tercer día, llegaron unos chavos, no sé de dónde eran, a aventarnos piedritas ahí a la
escuela, a los salones. Entonces yo me asomé y ya me la empezaron
armar, así, y yo pus igual, ¿no? Y los profesores: “ya Valderrama, siéntate”,
que quien sabe qué, y yo: “ahorita a la salida nos vemos”. Y ya a la salida
me acuerdo perfecto que fui el primerito en salir al parque porque me habían sacado de la clase de artes plásticas, del taller, que la verdad, nada más
la tomé para echar relajo. Abren la puerta a la hora de la salida y salgo y sí
me estaban esperando estos cuates pus para pegarme, para agarrarme,
¿no? Y entonces nos comenzamos a pelear, pum, pum, pum, pum, salen
todos mis compañeros de la secundaria y se hace el relajo pero ya así
grande ¿no? Pum, pum, pum, y llega la patrulla y todo, pero yo ya, haz de
cuenta que yo ya estaba en la esquina cuando llegó la patrulla. Ya nomás
estaban otros echándose pa’ atrás, pero yo ya estaba en la esquina, así como
que me fui correteando a unos, ya estaba caminando para acá cuando vi
la patrulla y me quedé parado ahí en la esquina con mi mochila y ya no
me pasó a nada ni a los otros chavos, ya nomás los separaron y ya váyanse
ustedes y ya. Pero el director había visto todo, quién fue el primero que salió,
quien fue quien empezó todo el relajo. Entonces ya así fue que me dijo al
otro día “sabes qué, estás fuera de la escuela”. Y yo: “pero por qué, si yo no
tuve la culpa, si ellos son los que estuvieron viniendo aquí a molestar y
todo, no nos íbamos a dejar”. “No, no. Estás fuera de la escuela”. Entonces,
me dejó al inicio de clases fuera de la escuela. Yo me quise meter, bueno,
me metí más bien a una escuela abierta que está aquí en V.C., el E, que era
muy famosa antes, y el sistema era abierto. Pero en el E también iba gente
ya grande, chavos ya grandes, que por algo no los aceptaron en otras escuelas, entonces pus también era el relajo
yo estaba con los cuates de la unidad o con los del E, porque ya hasta en el
E empezaba a venderles, yo les decía: “oye, sabes qué, voy a ir con El P”. El P,
bueno le decían el Poli, porque era A, se llamaba A el señor, de eso me enteré hasta cuando murió, porque salió en el periódico: “Murió A.D., en la facultad de Derecho, fue acribillado a balazos”. Y de hecho fue por eso mismo,
por el movimiento que tenía dentro de C. U. que estaba peleado con otras
personas, por tener ese lugar de venta. Muchos estudiantes llegaban ahí a
comprar, vamos. Si era como que muy peleado esa plaza, vamos. Entonces
yo me hice amigo de esta persona, tenía sus ojos y pus yo me hice amigo
de ellos, le echaban aguas. “Ahí viene Auxilio UNAM”, o “no, sabes qué, está
en tal salón”, o “métete al baño y ahí espéralo, ahorita va a llegar, espérate
quince minutos”, o “sabes qué, muévete que está caliente”. Esos eran sus
ojos. Y bueno, vulgarmente se les dice los dieciocho, yo me hice amigo de
uno de ellos, bueno, de su mano derecha. Yo me hice así su súper amigo,
empezamos a cotorrear juntos. Todavía no llegaba el P y pus nosotros ya
estábamos ahí. Y un sábado yo iba ir a comprarle, para revender, vamos, y
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me sale esta persona, su 18, y me dice: “no, no, no, vente güey, acá está cabrón ahorita el pedo, la verdad creo que lo mataron”. Y yo: “¿cómo?”. Y me
dice: “sí, sí, vente, ahorita hay bronca, vente”. Y ya me lleva para el Espacio
Escultórico, y me dice: “sabes qué, creo que lo mataron, se oyeron unos balazos, creo que sí le dieron uno al P, pero vente, yo sé dónde está toda la
mercancía”. Y ya ahí en el Espacio Escultórico tenía unas bolsotas. Una montaña, pero entusada, entre las rocas. Y yo cuando lo veo digo: “órale güey,
qué onda”. Y pus ya me dice: “pus mira, la mitad para ti y la mitad para mí,
tenemos que sacar esto de aquí”. Yo me vine con una montañota así, en
una bolsa, me acuerdo que era una bolsota. Y en mi bicicleta, parecía Santa
Claus así con una mano en el volante y otra mano en la bolsa. Y dije:
“bueno, ¿dónde lo meto? Esto no lo puedo llegar a meter a mi casa como
cuando meto una bolsa chiquita”. Y que la meto en la mochila y ya me
meto a mi casa como si nada
entonces, aparte, me pasó que cuando nació mi hermano como que yo sentía que me estaba arrebatando a mi madre, que me estaba arrebatando
todo. “Todo lo que me daban a mí, te lo están dando a ti, ¿qué onda, no?”
Cómo que le agarré coraje a mi hermano. Y mi mamá me decía que tenía algún compromiso, que sabía que yo salía temprano de la secundaria abierta
que eran así como que dos clases nada más, ir dos horas así nada más y
ya. Me decía: “por favor, quédate a cuidar a tu hermano”. “No, cómo crees,
cuídalo tú, tú lo quisiste, cuídalo, ¿no? A mí por qué me dices que cuide algo
que yo no quise, si yo te hubiera dicho ‘quiero un hermano’ pus tal vez, pero
no”. “Ándale, cuídalo tú”. Y me lo dejaba ahí, y pus yo lo cuidaba, lo veía un
ratito nada más, y luego me ponía a jugar Nintendo o, no sé, me ponía a ver
películas. O pus hasta me ponía a fumar mariguana dentro de mi casa también, ¿no? Me subía a la azotea. Ahí fumaba y ya me bajaba, todo pacheco,
y pus ya ahí cuidaba a mi hermano, me quedaba jetón. Cuando ya nomás
oía el fregadazo decía: “chin, ya se cayó mi hermano”, y ya iba a recogerlo.
pero vamos, después se separó de esta persona mi mamá, de su pareja, y
eso fue al año de que nació mi hermano. Entonces yo como que sentí un
coraje hacia esa persona, que hubiera dejado a mi madre, porque vamos,
mi padre ya lo había hecho, y lo que buscaba mi madre era algo para mí,
para mí, para su hijo, para mi hermano, entonces sí como que le agarré un
coraje a esa persona. “Por qué primero te involucras y después la dejas así”.
Entonces le empecé a tomar cariño a mi hermano. Me pasó todo lo contrario, ¿no? De que dices: “este chavito tan inocente, ¿va a sufrir lo mismo que
yo he sufrido sin el cariño de un padre?” Como que sí lo empecé a querer
más, lo empecé a procurar más y ya a mi mamá yo le decía: “yo me llevo
a mi hermano” o “préstame a mi hermano, ahorita vengo”. Y me iba con
mis novias, me lo llevaba a mi hermanito, me acuerdo de una novia, así de
la secundaria, del ER, ella estaba ahí. Y luego se andaba saliendo por los
baños, ella se brincaba los baños y se salía conmigo y cosas así, bien locas,
también ella. Y a ella yo siempre le gusté desde el primer año que entramos
a la secundaria, siempre así como que le gusté mucho y pero nunca me lo
decía ni nada. Ella sabía que yo estaba enamorado de otra persona, de otra
chava, pero pus ya después que anduvimos un ratito la otra chava y yo y
ya no se dio nada, como que ella se lanzó conmigo, y pus también le empezó a gustar que los reventones, que salir cada viernes a las fiestas, que el
sábado al antro, y cositas así. Y ella vive una calle después de la mía, éramos
vecinos y como que nos podíamos ver diario y todo. Entonces empezó a
andar conmigo, y ella también se daba cuenta de en lo que yo andaba haciendo, todo en lo que yo andaba, lo que yo me metía, a lo que yo le entraba,
sí se empezó a dar cuenta y nunca me dijo nada, ¿no? Hasta que de repente
me dijo: “es que ya, güey, tú ya estás muy cabrón, te va a pasar algo, güey,
pus ya mejor ya salte de todo eso, güey, déjalo”. Siempre me entregué de
corazón con la banda, como que siempre todo lo hacía así por la banda,
de que “ay, necesito esto”, y yo: “espérame, ahorita yo veo cómo le hago pero
te lo consigo”, y querer estar con la banda todo el tiempo. Me sentía lleno,
me sentía satisfecho de andar con todos, y me gustaba ser popular, que todo
mundo quisiera verme, que todo mundo quisiera estar conmigo, que
todo mundo quisiera platicar conmigo, o hacer algún negocio conmigo.
a la semana de que mataron al señor que vendía en In, el 18 me dijo: “sabes
qué, pus nosotros nos vamos a meter aquí, güey, ¿qué onda? Vente conmigo, nos vamos a encargar de este lugar, pero ya no va a ser en In, vamos
a agarrar las Islas aquí a un lado de Re”. Entonces fue que le dije: “pus órale,
va”. “Entonces vele diciendo a todos tus amigos de las unidades y todos que
le digan a su bandita y de CCHs y todo, pus que ya el punto ya va a ser ahí”.
Entonces ya lo veían a él junto conmigo y ya él les decía “no, pus la onda es
con él”
ahí ya tenía como 16 años.
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empecé a comprar más a esta misma persona, el dieciocho, que se llama E,
le apodan G. Ya empezaba a ir a ver al G, ya me decía pus ten, te doy más,
ya se te acabó, toma, dame una lana. Entonces empezó a vender él, a costillas mías, porque si yo no vendía no le compraba. Entonces él me empezó
a recomendar con toda la banda, con todos, con todos, de que si quieres $20,
él te los vende, si quieres un kg yo te lo vendo. Entonces ya empecé a conocer a la banda ahí en F, que eran así muchos cuates. Me iban a comprar mariguana de F, de A, de D, de M, de todas las facultades empezaron a bajar, a
bajar, a bajar. Y fue como me empecé a hacer también un poquito más popular, más famoso. La mayoría de esas personas que se dedican a eso, pus
son malencaradas, como que la mala vibra, entonces pus yo era todo lo contrario. Tú te acercabas conmigo y era de que “vente, siéntate, güey, mira,
prueba, fúmale, y ponte, y que vamos a ver qué onda. ¿Cuánto quieres?
No, pus yo te doy rayado”. Los rayaba aunque yo no ganara, les daba. ¿Para
qué? Para que se vinieran siempre conmigo, para que se quedaran siempre
conmigo. Entonces pus todo mundo como que me buscaba a mi por eso.
Les decían a los otros: “ay, tú eres bien cacique, güey, y el otro güey me raya
un chingo y es buena onda, es bien rayado, tú siempre me corres, el otro
güey siempre me dice siéntate a fumar, es buena onda y salgo rayado, ¿no?”
llegabas a C.U. y preguntabas por el Valde y “no, no todavía no llega”, y de repente “ahí va llegando el Valde” y traía unas filas de cómo treinta personas
atrás. “Queremos comprarte”. Todos esperándome y ya llegaba y todo el
mundo: “¡Valde!” Todo mundo me buscaba a mí, porque pus era la buena
onda, la buena vibra, siempre quería yo hacer amigos, más que cliente, era
porque tú fueras mi amigo. Yo me empezaba a meter también a Coyoacán,
al centro de Coyoacán, ahí empecé también a tener una bandita, unos conocidos y empecé a conocer a la banda de Coyoacán, del Chopo, de todos esos
lugares, entonces me fui integrando también ahí. En el centro de Coyoacán,
en el J. H., en frente del H.C., había tambores y empezaron a tocar los chavos.
Había una palmera, yo siempre me paraba en esa palmera, y ahí todo mundo
pasaba, la banda, todos me veían, chavos de de la UNAM, me reconocían y:
“qué onda, cómo estás, ¿aquí andas?” “Sí, aquí es el punto los domingos”. Los
sábados me iba para el Chopo, ya también me empecé a meter al Chopo
algo que nunca pude calcular fue lo que ganaba, porque así como yo ganaba, así también gastaba. Y así como también vendía, así usaba yo tam-
bién, o sea me metía también, ¿no? Ya empecé después a conectar, se empezó a hacer grande el mercado allá en C.U., en las islas, y empezaron a
bajar otras personas que traían pastillas, otras que traían que los ácidos, otras
personas que traían las tachas, otras personas que traían los hongos, el peyote. Cocaína empezaba, justo antes de que me agarraron, tenía como seis
meses que empezaban a bajar con cocaína ya, y cocaína base y cocaína en
polvo. Y fue algo que también fue muy muy muy cabrón. Porque la cocaína
absorbe todo tu cerebro, no te deja usarlo, vamos, con la mariguana te puedes fumar un toque y ponerte a leer un libro, a gozar, pero con la cocaína
yo veía cómo se ponía la gente y cómo me ponía yo, porque yo también la
usé, y yo decía: “es que no puedo pensar, es que esto me bloquea el cerebro,
esto no, no sé cómo lo utiliza la gente”
conocí a una persona que vendía pastillas, era mi vecina, entonces, pus me
empezó a agarrar confianza, amistad, ya después me decía “niño Valde”.
“Vente, mi niño Valde, toma, te traje tus pastillas aquí para que las vendas,
¿tienes dinero?” Y yo: “pus sí tengo dinero, toma tu dinero, yo vendo pastillas”, ya empezaba a vender pastillas también. Eran psicotrópicas, Reiphnol,
las famosas Reinas… tenían ese nombre antes “las Reinas” y la pastilla
decía Roche 2 o Roche 1, eso era lo que decían las pastillas. Ella conocía a
los que trabajaban para la Roche como control de calidad. Y entonces ellos
decían: “no, pus esta pastilla está rota, esta también”. Entonces pus se hacían su guato de pastillas y ella les compraba y todo eso. Y también empecé
a vender. Así como que fue: “ya, ya no nomás vendo mariguana, sino también pastillas, para la banda que quiera pastillas”. Después así solitos empezaban a llegar los chavos que vendían, y pus veían quién era el que más
vendía y a quién se acercaba más la banda. Y llegaban y me decían: “oye,
güey, yo veo que tú vendes un chingo de mariguana, vendes pastillas. ¿No
quieres vender opio?” Y yo: “ah, órale, a ver, ¿cómo está la onda?” El opio te
lo vendía en unas bolsitas, en como cebollitas, unas bolsitas amarradas, y
le echaban así como que jalea, como mermelada, le echaban tantita, era por
gramo, por gramo de mermelada, de jalea, lo ponían en ese hule, en ese plástico. Me lo empezaron a dejar a treinta pesos un gramo, y yo de ese gramo
hacía tres, cuatro bolsitas de a treinta pesos. Y si no, vendía cada sabanita
embarrada con goma en cinco pesos. Y ya el efecto que tiene si es más que
la mariguana, se siente más el efecto, más sueño. De hecho por ejemplo en
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la guerra del opio en China, los tenían así como que dormidos, soñando,
alucinando, ¿no? Y ése era el efecto. Y entonces ya empecé también a vender opio, era de Oaxaca el señor que llegaba a vendérmelo. Él venía cada
semana, los lunes me dejaba cinco o seis bolsitas. No me daba mucho. Allí
en CU
después en Coyoacán conocí a un cuate, ya empezaban los famosos raves,
las fiestecitas. Y este amigo me dijo: “ven, vamos cabrón, te va a encantar”,
y yo le decía: “no, es que nosotros somos punks, nosotros somos metaleros,
güey, o sea nada que ver con la música electrónica, ¿no? Yo así como que
nada que ver, no me gusta, no me gusta.” Y me dice: “es que te va a encantar, vente, vente”. Y ya un día sí me convenció, fuimos a un rave, y me dijo:
“mira, tómate esto”, y me dio un ácido. Entonces así como dije: “¿qué es
esto?” “Es un ácido, güey, cómetelo, te va a gustar”. Me lo comí, empecé a
sentir la psicodelia, y ahí fue donde me di cuenta que esos reventones, esas
fiestas, están hechas para conjugar la música con la luz y con uno, vamos,
con esa droga. De repente yo ya estaba chan chan chan, baile y baile, y
decía: “pero si yo ni bailo, ¿qué onda, no, qué onda contigo? ¿Si yo soy punk
por qué estoy feliz, por qué estoy tan contento aquí?” Y ya me empezó a
gustar eso y empecé a buscar yo los ácidos. Y una chava, una amiga mía,
dijo: “te gustan los ácidos, pinche Valde”. “Sí, güey, de veras me gustan un
chingo”. “Ah, yo te conecto con el bueno, güey, para que empieces a vender”.
Y un día en Coyoacán nos citamos y me dijo: “vente, aquí está el bueno”. Y
me presenta con él y era un chavo que yo conocía y él sabía que yo vendía mariguana y me dice: “ah sí, pinche Valde”. Y yo: “ah, sí, tú eres el
bueno”. Dice: “si, güey, pus vente”. Ya me llevó a su coche y en su coche me
saca un fajo de ácidos, pero pus increíble que tengas algo así de ácidos, entonces ya me dice “te regalo mil, güey, para que le empieces, y de esos mil
me empiezas a comprar ya a mí”. Entonces pus ya cada viernes empezaba
yo a buscar los flyers, las propagandas de los raves, para empezar a ir al rave,
o a los antros que estaban más o menos de moda, y empezar ahí a vender
los ácidos. Él me los dejaba a veinticinco pesos, y yo los vendía en ciento
cincuenta pesos.
entonces ya aparte de la mariguana –que eso nunca lo dejé de vender, porque pus a mí me encantaba usar la mariguana, y era así como que el jale
para toda la banda, jalaba a toda la banda con la mariguana–, empecé a
vender ácidos. Entonces que nos íbamos a Tepoztlán, que vámonos a Cancún, que vamos a Acapulco, que vamos a las pirámides, que va a haber un
rave acá y allá, y ya me empezaba yo a lanzar a los raves. Pero así también
como llegaba y vendía, pus así también me metía
y aparte también ya había visto yo, por ejemplo me gustaba mucho irme
a las playas, me iba mucho a Playa Paraíso, ahí en Guerrero, a un lado de Acapulco, y este… pus ahí en la playa pus llega el lanchero y te dice “¿va a querer fumar la mota?”, y ya, ¿no?, pus comencé a preguntar y por cincuenta
pesos te saca unas bolsotas… Enormes, que dices esto yo lo doy en quinientos, mil pesos, vamos. Entonces me conecté con esta persona, con el mero
bueno de la playa, y él a su vez me llevó a la sierra, ahí en Atoyac, me metió
a la sierra, arriba hasta arriba había sembradíos y secaderos. Ponen unos
cables lagos, de doscientos metros vamos, cuelgan la mariguana para que
se seque y ya después la empaquetan y la transportan. Entonces me llevaron hasta ahí, hasta esos secaderos y pus empecé a comprar el kilo de mota
en doscientos pesos cuando aquí en el Distrito me salía en ochocientos, mil
pesos, en setecientos la barata
me convenía más irme a la sierra. Pero después me tocaron unos retenes,
de hecho yo era de los que me la traía en el autobús, en el camión, así en
el camión guajolotero de la sierra, bajaba al pueblo, del pueblo agarraba el
autobús a la central de aquí de México, de la del Distrito y sí me tocó esa
vez un retén en el que si me espanté mucho y tuve que aventar mi paquete, lo tuve que aventar por la ventana por la ventanilla del camión y
eso porque alcancé a ver el retén que estaba así unos metros adelante.
Esa vez hasta perros tenían, nos metieron perros al camión y todo y “órale
no, ¿qué onda no?” Entonces me espanté y dije no pus, sabes qué, pus
mejor le dije a la señora que… volví a ir ahí a la sierra y le dije “sabe qué,
señora, ¿no me la puede llevar usted al Distrito?”. Me dice “pus mi esposo
es trailero y va al Distrito cada semana, pero que sea seguro que ese día
a la semana porque no te la va a estar llevando tu caja así nomás porque
sí, no se la vayas a agarrar y que se tenga que regresar con la caja, esto ya
es así como que ya… compromiso”. Y, bueno, ya me empezó a traer la caja
de treinta kilos, yo lo veía aquí en Perisur, en el puente de Perisur, el que
cruza, ahí lo veía y ahí el me dejaba la caja abajo de un puesto de periódicos. Yo le daba el dinero, ya lo contaba, ya namás recogía la caja y me
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subía al coche de mi novia, de esta novia que se llama A que era la que siempre estuvo conmigo
ella terminó estudiando psicología y siempre fue algo así como que me
llamó la atención: “eres psicóloga, ya me imagino que tanto has de pensar
de mí o que tanto me has de estar estudiando a mí”. Y siempre era algo que
le preguntaba, “¿por qué siempre quieres estar conmigo? ¿Qué te gusta
de estar conmigo? Porque pus yo nomás soy puro relajo, no te doy nada,
no soy nada ni nada yo”. Ella decía “simplemente me gusta estar contigo y ya”
a final de cuentas siempre estuvo conmigo y siempre decía “pus si quiero
platicar con alguien, quiero estar con alguien”
siete, ocho años. Vamos, cuando estás drogado y estás así todo el tiempo
bajo la influencia de alguna sustancia como que pierdes la noción del
tiempo, de espacio, de todo vamos, pierdes la noción de todo, entonces sí
como que no sé. La última vez que me fue a ver, o sea allí al reclusorio, así
como que sí estuvo muy duro eso porque yo creo que ella ya iba pensando
en que iba a ser la última vez y cuando se despidió, vamos la despedida es
así como que tú te vas por el túnel y yo me quedo en las rejas y sí como
que fue muy fuerte, ¿no? Entonces me acuerdo que me abrazó, me dio un
abrazo así como nunca me había dado y me dijo “pus bye, pus adiós”. Y ya
después llegó el día de su cumpleaños, yo le hablé por teléfono y escuché
a todas sus amigas que estaban ahí que le empiezan a decir “pus ya dile,
ya dile, ándale, ya, ya, ya no le des más vueltas al asunto”. Y ya me dijo:
“pus es que sabes que, adiós, ya ¿no? Ya fuimos, ya tronamos, ya no hay
nada entre nosotros, adiós”. Y yo “pero pus por qué, porque si todo el
tiempo afuera estuviste conmigo, porque ahorita que es cuando yo más
te necesito por qué me dejas”. Y me dijo: “es que pus ya, yo siempre te lo
estuve diciendo y no hice nada para que dejaras de estar en ese lugar, para
que no estuvieras en ese lugar, entonces como que también me siento culpable que estés en ese lugar y pus ya no te quiero ver”. Y sí, dicho y hecho,
ya nunca la volví a ver, ni sé nada de ella. Dicen que el tiempo cura cualquier herida, pero pus vamos, ella también sabía mi sentencia
después me iba a ver otra chava que ahora la he visto varias veces y es la
que como que me echa la mano, la que me ha estado guiando, ambientando vamos, la que me ha estado guiando vamos aquí afuera, se llama J,
es una chava muy linda, la quiero mucho, y ella así como que siempre sabía
que era mi novia A y no le importaba, me iba a ver como amiga
cuando empezó a irme a ver a la cárcel, yo nunca le dije a J:”oye, sabes qué,
quiero hacer algo contigo”. Simplemente nos veíamos y besos y abrazos y
ya, luego nos vemos. Y pus obviamente sí tuvo una vida, tiene su vida aquí
afuera y tenía su galán y todo
después pasaron como cuatro años desde la última vez que la vi y yo le llamaba por teléfono a su casa y ya tampoco me contestaban en su casa, la línea estaba fuera de servicio. Entonces pus también ya dije también a la
mejor ya no quiere saber nada de mí o sus papás o no sé. Porque pus también para los papás es algo muy fuerte que su hija vaya a un reclusorio y
pus vaya a ver a una persona que pus no la conocen, no saben ni qué onda
con esta persona ni nada y pus ya sabes lo que también se habla de los reclusorios pus también sí es difícil para los papás. Entonces pues no insistí
mucho con J, te digo nunca le dije: “ah, sabes qué, te quiero, te amo, quisiera
formar algo contigo, quisiera hacer algo contigo”. Nunca se lo dije y pus
vamos ella hizo su vida aquí afuera y fíjate es algo bien curioso, es algo que
ahorita por ejemplo como que sí me sacude, porque salgo y me da mi
mamá una maleta en la que está la poca ropa que quedaba mía porque la
demás la fue desechando, se la fue dando a mi hermano o cosas así, y encontré una cartera con cartas de J, de A, de muchas chavas y le hablé por
teléfono, en una de esas cartas venía su teléfono. Y se me ocurre llamarle.
Ya esta chava tenía su hija, era mamá soltera. Desde que yo la conocí en Filosofía y Letras ella me dijo “sabes qué, yo tengo mi hija y tiene tres años y
pus es mi nena y yo la quiero mucho”. Y yo le pregunté que si tenía su papá
o que si veía a su papá y me dijo que no, que nada que ver, que para nada.
Entonces le llamo por teléfono y me contesta su hija pero ya su hija pus ya
es una señorita. Entonces a su hija la llevó una vez al reclusorio a verme, sí
o sea, me acuerdo muy bien de ella, y me contesta ella y ya le digo “¿Oye,
se encuentra J?” Me dice: “no, no se encuentra ¿de parte de quién?”, “es que
habla Ricardo”, “¡Ahh!”, pero hasta gritó, ¿no?, “¿Ricardo qué?” Le digo: “Ricardo Valderrama” “No es cierto, y ¿dónde estás?” Y yo “pus ya estoy aquí
afuera”. Me dice “no está mi mamá pero yo le digo, se va a emocionar, se
va a emocionar mucho que ya estés aquí afuera”
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y le volví a hablar y me dice: “¿qué onda, dónde estás?”. Le digo: “pus estoy
afuera”, “afuera de dónde” Y yo así: “afuera, ya se acabó eso, ya me vas a
poder venir a visitar a mi casa”. Me dice: “no es cierto, pus voy para allá”.
Ella vive hasta Coacalco, hasta el otro lado de la ciudad, entonces se vino
hasta acá a verme
era temprano, eran como las tres de la tarde, se vino hasta acá, llegó como
a las seis de la tarde aquí a la casa, ya pus entramos a mi casa, tomamos
un café, estuvimos platicando ahí y toda la cosa. Después nos salimos a caminar porque yo le decía: “es que me da miedo la ciudad, me da miedo cruzar una avenida, me da miedo los coches, me saturan y todo me saca de onda”.
Me dice “vente, vámonos”, y me cruza para la UNAM, ya era de noche, eran
como las diez de la noche y me cruza hacia la UNAM y me empieza a llevar
a F, donde me agarraron precisamente. Y le digo “J, ¿sabes lo que estoy sintiendo ahorita?” Y me dice “qué bueno que sientas, güey, significa que estás
vivo, que todavía sientes, que no estás muerto ni nada”. Le digo: “es que
estoy recordando todo así, la última vez que estuve aquí y todo se hace tan
raro, tan extraño, tan cambiado, pero a la vez sigue siendo lo mismo. Y me
paro justamente donde me agarraron y le digo: “es que aquí fue la última
vez que pisé cuando estuve libre, mira cómo son las cosas que otra vez
estoy aquí”. Así le empiezo a platicar y hasta las lágrimas se me salían de
la emoción, ¿no?, como que los sentimientos se me vuelven a encontrar.
Aparte de que ahora lo veo y ahora estoy sin, vamos, sin la influencia de
ninguna sustancia ni nada de nada, vamos, estoy limpio. Entonces ya como
que mi cerebro ya siente, ya piensa, ya es otra cosa totalmente distinta a
como era antes, ¿no? Y ya comenzamos a caminar hacia Insurgentes y nos
quedamos sentados ahí en la Bombilla enfrente del Metrobús, en las
banquitas que hay ahí, ahí nos quedamos platicando, platicando, platicando, platicando. Y ya me dijo que pus ella está acá con otra persona, que
lo quiere mucho y que todo eso. Y me dijo: “ya son las tres, cuatro de la mañana y me tengo que ir a mi casa y vivo hasta el otro lado de la ciudad,
¿cómo voy a hacerle?” Y le dije: “quédate en mi casa”. Y me dijo: “no, mi papá
estaba yendo por la Condesa”. Entonces ya le habló a su papá y ya fue por
ella. Ya me regresé yo solo caminando, esa noche estuvo bien loca porque era la primera vez que andaba en la madrugada sólo y caminando
hasta acá hasta Universidad, se me hizo así como que pero sí estuvo padre,
¿no? Y pus ya después le seguí hablando, me sigue hablando y todo, y nos
fuimos a un geiser que está ahí en Querétaro, entre Hidalgo y Querétaro y
nos fuimos una semana. O me dice “vámonos a la playa”, me llega un mensaje al teléfono y me dice “vámonos a la playa ¿cómo ves, nos escapamos?”
Y yo “ay, está loca ¿no?”, luego luego me pone a escaparme, pus va, vamos
a escaparnos. Pero yo me pregunté: “bueno, de quién te vas a escapar tú”.
Y ella se escapó de su pareja, no le avisó a nadie ni nada, más que a su hija.
Su hija es su confidente, su hija me cae muy bien porque pus es una adolescente que le guarda todos los secretos a la madre y la madre tiene la confianza de que le platique todos sus secretos y ella le platica todos sus
secretos a su mamá. Entonces es una relación bien padre que tienen de
madre-hija. Y pus nada más le dijo eso a ella, a la hija, ni a sus papás, ni a
su pareja ni a nadie más le dijo que se iba a ir conmigo. Entonces pus ahí
vinieron los problemas para ella, por ejemplo, porque pus ella se fue conmigo y su pareja no se enteró que salió conmigo ni nada pero se lo imagina
porque ella le platicó que yo ya estaba libre y creo que él nos vio dos o tres
veces juntos aquí en Filosofía, ahí nos vio juntos y entonces sabía que yo
andaba con ella y todo
sí, estuvimos juntos y ya después nos seguimos viendo, ya después yo ya
voy a su casa, voy y me quedo con su hermana y con ella. A la casa de su
hermana vamos porque todavía no me quiere presentar con sus padres
porque me dice: “mis padres saben que yo he andado todo el tiempo con A
(se llama A su pareja) y de repente llego y les digo que ahora estoy con Ricardo pus si me van a decir qué onda contigo ¿no?”. Es algo que también le
respeto mucho, sí es cierto, ¿no? Pero ya me lleva con su hermana, me dice
vente, vamos acá vamos allá con mi hermana, ahí pus de repente. A su hermana le gusta mucho la cerveza, entonces compran un chorro de cervezas
y quieren tomar cerveza, yo me tomo dos cervezas y ya como que estoy
medio mareadón, ¿no?, pero ya terminamos ahí viendo películas o no sé,
cualquier cosa, o vamos al cine. Y como vive tan lejos pus ya el transporte
para mí después de las 11 ya se me dificulta, entonces pus ya me dice: “quédate”. Ya nos quedamos, ya su hija también me empieza a aceptar, me empieza a ver y todo y ya sabe también que ya tronó con esta persona. Y de
repente me dice “sabes qué pus ya no hay que vernos, ya no nos vamos a
ver, ya no hay que hablarnos, porque pus yo quiero volver a retomar lo que
era mío, a esta persona, quiero volver a andar con él, quiero volver a estar
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con él”. Pero luego dobla las manos y así como que yo me siento mal, que
digo: “ahora por mi culpa ya esta chava ya no tiene nada”. Pero pus también
le digo “bueno pus, si ya no quieres nada pus entonces pus ya, déjalo, tampoco te digo que te quedes conmigo, pero pus entonces busca tu vida, haz
tu vida, y déjale vivir la de él y sé libre tú”. Pero pus se aferra, se aferra, se
aferra. Pero y también no la entiendo porque me dice: “ya no hay que
vernos, ya no hay que salir, ya no vamos a hablarnos”, y de repente llega la
noche y me marca. ¿No que ya no? O sea, es algo que me mueve y yo la quiero
mucho porque pus todo el tiempo ha estado conmigo. Mal que bien en el
lugar que yo estuve tener un apoyo de esos pus sí como que si empiezas a
tomarle un aprecio, un cariño. Ella me dice: “güey, es que si tu me hubieras
dicho antes que me querías y que querías hacer algo conmigo igual y lo
hubiéramos hecho, pero yo no seguí, o sea, yo te veía a ti como un amigo y
te veía y salía de ese lugar y me daba mucha tristeza dejarte pero yo te veía
como un amigo”. Entonces no se me puede olvidar de la noche a la mañana
ni me la puedo sacar de la noche a la mañana. Entonces es algo que tengo
ahorita así bien loco
También, no sé, yo me siento solo a veces y digo: “pus carajo, vamos, ¿no?”
O sea, me gusta estar con ella, la quiero mucho y como te digo es muy muy
padre estar con ella, me siento a gusto, ella me va abriendo los ojos. “Mira,
tienes que ir a sacar tu CURP”, que tienes que hacer esto, que tienes que
hacer el otro, que tienes que hacer por acá, que métete aquí y haz esto. O
sea me va guiando, me va guiando y es como un apoyo que tengo
desde el ‘95 empezaron las investigaciones acerca de mí, ahí dentro de
C.U. desde el ‘95 y me detuvieron en el ‘98.
yo conocía a vigilantes que también eran así mis amigos y que eran los vigilantes de M, por ejemplo, y era el que vendía en M. El de CP era vigilante
y también era el que vendía en CP. Y cuando no tenían me iban a ver y:
“oye, Valde, préstame un cuarto de mota, güey, y al rato te lo pago”. “Pus
órale si vas”. Entonces pus también era como que abrir las puertas mucho
y no supe ni a quién se las abrí, también por eso fue que empezaron a saber
de mí. Otra pus también que todo mundo, pus llegabas a las islas ahí en
C.U. y ya cualquier persona ya no veía si fuera estudiante, fuera conocido,
ya era el mercado a cualquier persona que llegaba así: “ah, oye, pus quiero
conectar. ¿Dónde?” “Ah, pus allá está el Valde, con él”. Entonces también lle-
garon a poner cámaras en Re y en la T.H. que está en, está la explanada de
Re, las islas vamos, está Re y aquí está la T.H. De la T.H. no sé que piso también había cámaras y a un lado de rectoría también acá había cámaras.
Que de hecho eso siempre nos estuvieron diciendo los mismos vigilantes:
“no te preocupes, ahorita están apagadas”. Y de la B también ahí nos tomaron fotos, de D, de A, sí, sí me tomaron fotos
cuando nos llegan, a mí me agarran, me bajan de una motocicleta, me
taclean, caigo y con el trancazo que me di así como que no supe ni qué
onda, ya cuando menos sentí tenía las esposas y me encapucharon y eso
fue dentro del estacionamiento de F y nos llevan hacia Insurgentes… Estaban todos los estudiantes, todos los estudiantes estaban viendo. En el 98.
Y este, llegaron me subieron a la Suburban, después subieron a otra persona, J, que él no vendía ni nada, simplemente llegaba a estar con los que
vendían. Él estuvo seis años. Aunque no vendía, le echaban, lo que pasa es
que él estaba como a tres metros de la mochila del otro, que en la mochila
sí tenía mucha mariguana, cocaína, pastillas. Entonces le echaban que era
de él esa mochila. Al otro, a S, lo agarraron y lo golpearon porque se intentó
comer unos gramos de cocaína, se los intentó tragar y la policía se dio cuenta
entonces lo agarraron del cuello y “escupe, escupe, escupe” y llegaron y le
estaban dando una golpiza tremenda, ¿no? Y la última, la última que me
acuerdo que le dieron así fuerte íbamos en la camioneta ya saca uno de los
policías su pistola y dice “ya cabrones, ya, ya”, y, ¡mocos!, que se la estampa
en la cara, pero no así con la cacha ni con el tubo de la pistola, sino así, entera, así como cachetada se la estampó en la cara.
y estábamos en la fiscalía allá en el Monumento a la Revolución, antes era
la, Fiscalía Especializada de Atención de Delitos contra la Salud (FEADS),
estábamos ahí y nos tenían hincados, esposados, viendo hacia el piso, ¿no?
No nos podíamos comunicar entre nosotros ni hacernos señas ni nada, y
me acuerdo que al que golpearon nos decía “aguanten, aguanten, aguanten”, y yo pus “sí, sí aguanto” y nos bajaron a los separos, nos pusieron en
tres distintos separos a cada uno y los separos son de fibra de vidrio y abajo
lámina y el pasador es eléctrico, entonces se oye un timbre: “trrrr”, cada vez
que abren el pasador: “trrr, pas”, se oye como bota, pega con la lámina, se
oye el trancazo con la lámina, y ya se abre y/o se cierra. Nos sacaban al mé-
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dico, el médico ya nos estaba viendo para ver cómo veníamos, si veníamos
golpeados o si veníamos drogados o cuál era nuestra situación médica, ¿no?
Y a mí, bueno a mí me subieron al médico, ya me hizo los estudios y después por el ruido del pasador de la puerta de los separos me di cuenta que
no habían regresado al que venía golpeado. Me quedé dormido por el estrés
hasta el día siguiente que me despertó el que traía los desayunos. “Órale,
cabrón, tu desayuno, tu desayuno, va o que quieres que te lo de en la boca,
o qué”. Así le decía al que venía golpeado, y se mete y sale y le dice al oficial
que nos estaba cuidando: “oye sabes qué, ese cabrón está muerto”. Se mete
el oficial y ve y dice: “sí, ya nos lo entregaron muerto”, y se sale corriendo y
se sube a avisarle al Ministerio Público y ya bajan peritos, bajan fotógrafos
y bajan más policías y bajan más agentes y todo y sí veían que realmente
estaba muerto, ¿no? Pero yo no sabía quién porque si en la noche hubieran
metido gente en los separos ajena a nosotros, yo decía: “pus quién será,
quién será, quién será”. Ya total después de fotos y mucho movimiento a mí
me sacaron a declarar qué es lo que había visto, qué es lo que había escuchado, qué es lo que había pasado, yo dije: “es que yo me quedé dormido,
me bajaron del médico, subí al médico, me hicieron los estudios, me bajaron y me quedé dormido, ya no supe hasta ahorita hasta en la mañana que
nos trajeron el desayuno”. “Seguro, ¿te torturaron?”, “sí, si nos venían dando
una golpiza”. “¿Y cómo los golpearon?”, “nos agarraron del cabello y nos sacudían, nos daban de cachetadas, de golpes en las costillas”. Yo creo que se
murió del golpe que le dieron con la pistola en la cara, porque cuando lo
sacaron en la plancha, en la camilla, no le pusieron sábana ni nada y yo vi
que como tenía la cara levantada y un hilo de sangre así hacia arriba, entonces yo creo que fue un derrame interno y él no le dijo a nadie ni nada,
él callado y todo y se le ha de haber ido un coágulo y murió. Y ya después
declararon, el Ministerio Público que estaba ahí en turno, supuestamente
que se había suicidado
el día que recibí mi sentencia, el día que me la dieron, que estaba con mi
cuate J, acababa de pasar lo de S, que supuestamente namás quedó en puro
suicidio, y no hubo ningún homicidio ni nada, yo decía: “es que no puede
ser”. Sobre los agentes y el Ministerio Público que estaban a cargo de nosotros ese día creo que sí se abrió una averiguación pero namás en eso
quedó. En averiguación, ya no pasó nada sobre de ellos ni nada. Y cuando
recibimos la sentencia, me desplomé, sentí que la espalda me pesaba y leí
“diez años” y la secretaria me acuerdo que me dijo: “vas a estar diez años
ocho meses”. Nada más me acuerdo que me salían las lágrimas y las lágrimas y el J me decía: “oye, no seas puto, aguántese”. Y yo: “pus cómo me voy
a aguantar, no puede ser, voy estar diez años aquí”
luego me trasladaron del Norte al Sur. A mí me agarraron en el ‘98 y me
trasladaron en el 2000
yo nunca le fui a la sociedad del reclusorio, al estar atenido a unas leyes a
un cierto margen, de que ahora te tienes que poner a hacer esto, ahora tienes que estudiar, ahora tienes que trabajar para la institución, yo nunca lo
quise hacer. Yo estuve siempre en huelga contra la institución. Entonces
yo decía: “bueno, cómo voy a hacer, cómo puedo ganarme la vida, cómo
puedo comer bien, cómo puedo vestir bien, cómo puedo estar bien dentro de la cárcel, también con las personas”. Porque no nomás es estar bien
ante los custodios y ante esa sociedad sino ante los otros presos, cómo voy a
poder estar bien un chavito güerito, fresita, que es todo lo contrario a lo
que quieren todos los de la sociedad de los presos, porque los presos son
bien cabrones. No te quieren porque eres güerito, no te quieren porque eres
fresita, no te quieren porque tienes visita, entonces yo decía: “¿cómo puedo
estar? No puedo remar contra la corriente todo el tiempo, siempre tengo
que buscar la forma de poder remar junto con la corriente”. Entonces me
refugié en eso, en el tráfico de drogas dentro de la cárcel y me resultó. Y
pude salir ileso, porque no toda la gente sale ilesa. Siempre salen con heridas, sino heridas ya profundas. Muchos salen sin un riñón, muchos salen
con los pulmones perforados, con los intestinos perforados, salen con unas
operaciones así que dices: “pobre gente”. Y yo pude, no sé si inteligentemente o mansamente o no sé cómo lo podamos ver, pero salí ileso
en el reclusorio primero trabajé para alguien que era de San Luis Potosí, él
les daba chance a varios cárteles para que pasaran la droga por San Luis.
Entonces al Señor le decían “oiga, Señor, usted es de San Luis”. El decía “no,
San Luis es mío”. También trabajé para otros dos Señores, que tenían broncas entre ellos porque uno era el comandante de Cancún y el otro narco
que pasaba la mercancía por Cancún, entonces el narco le tenía que pagar
al comandante para que pasara toda la mercancía y no dijera nada ni nada.
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Pero después los agarraron a los dos, los llevaron al mismo reclusorio y
empezaron a hacerse una guerra: “que yo tengo más dinero, que yo quiero
hacer esto, que yo quiero tener esto”, los dos querían tener el control de
toda la droga que se vendía adentro, querían tener el control de la fajina
de todo. Yo empecé a trabajar para el narco, pero después lo trasladaron,
lo llevaron a Puente Grande, al de máxima seguridad y después lo extraditaron a Estados Unidos. El comandante ya me jaló después y me dijo:
“qué onda, pus ya se fue el narquito, ora vas a trabajar conmigo. ¿Quieres
trabajar conmigo?” Pus ya me habían recomendado con él y todo que yo
no hacía patrañas, que yo no hacía transas ni nada y ya pus ya le dije: “pus
sí, si no cómo voy a seguir trabajando, cómo voy a seguir viviendo aquí”.
Y ya me dijo: “ándale pues, vas a estar trabajando con tal”. Yo fui y le dije:
“pus tengo visita, pero pus mi visita no puede estarme trayendo dinero ni
me puede estar solventando mis gastos aquí adentro, tengo la necesidad
de pagar una lista, de pagar que me laven mi ropa y tengo la necesidad de
comer bien”. “Órale, pero pus qué onda, te voy a poner primero a vender
mota”. Ya veía que ya vendía que le llevaba su dinero a tiempo y todo ya
y me empezó a agarrar confianza. Y ya iba, me ponía en mi dormitorio, ahí
me ponía afuera en una sillita abajo de un arbolito y ahí me ponía a vender. Ya después me empezó a dar él coca, me dijo: “ah, bueno, ya vi que
vendes bien mariguana, ahora llévate una coca para que pus ganes una
lanita más”. Le dije: “ah, pus órale”, ya empezaron a ver que sabía vender
la coca y todo… Es impresionante la cantidad que se mueve de las dos cosas
los días de visita me sentaba, teníamos una mesa exclusiva para mí y un
baño exclusivo para mí para que entraran las mujeres, las señoras que entraban a dejar la droga. Las recibía en la entrada, las acompañaba al baño,
en el baño sacaban la mercancía, me la pasaban, yo tenía que irla a pesar,
se les pagaba de a peso por gramo que metían, si metían quinientos gramos se les pagaban quinientos pesos, por mil gramos mil pesos. Como en
promedio lo que más o menos se maneja son quinientos gramos los aguacates. Se llama así a unas bolas, son las que introducen las mujeres, en la
vagina. Una por ejemplo un día llegó embarazada, a esa chava nada más
la vi dos veces, llegó embarazada y metió un kilo, o sea mil gramos y embarazada, imagínate un pinche aguacatote que yo si me quedé: “órale, estás
embarazada aparte”. Yo me imagino que se le facilitaba meter eso porque
se le dilataba, vamos… como la vagina. Adentro cada una va al baño y ya
lo saca y ya lo limpian y ya me lo pasan. Yo tenía que tener un control de
que toda la droga que llegaba, la íbamos almacenando y así como iba llegando también iban y nos pedían...
eran, debería de ser dos por dormitorio fuertes, vamos que se les daba que
cinco kilos de mota y… Vendedores era distinto, variaba mucho. En mi dormitorio, por ejemplo, habían dos, tres, cuatro… habían seis mesas en las
cuales tenían droga para vender. Y había, por ejemplo, en un dormitorio
hay cuatrocientas o quinientas personas. Entonces en el dormitorio siete
por ejemplo y en el en el ocho, como ahí el consumo es más fuerte, entonces
sí había hasta doce personas vendiendo, doce mesas vendiendo
me di cuenta de que entraban doscientos cincuenta kilos de mariguana y
cinco kilos de cocaína, a la semana, al reclusorio. Cocinábamos la coca para
hacerla piedra. Teníamos que hacer las piedritas pequeñas, de diez pesos.
Nunca me puse a contar más bien cuántas dosis sacábamos, pero sí sacábamos como unas tres mil cuatro mil de piedra al día, de dos kilos. Tienes
que estar viendo cuánto pesan, que no se pasen de peso, que esté bien cocinada, con la cantidad exacta de bicarbonato, por mil gramos, le tienes
que echar cincuenta gramos de carbonato, por un kilo, por un gramo le
echas punto cinco. Entonces sí tenía que estar bien checadito eso, porque
si le echas de más no sale y si le echas de menos tampoco sale, entonces
tienes que estar bien listo
por ejemplo, había veces que llegaban y que no había tiempo de hacer los
aguacates ni de mota ni de coca, pus ya ibas con el Director: “sabe qué, Director, el patrón me mandó decir que van a entrar hoy por la aduana tantos
kilos de tanto y tantos kilos de esto, para que le diga a sus Custodios que den
permiso de pasar”. Y de hecho los pasaban en una camioneta de las de traslados, de diligencias, pasaba una caja así grandota, yo me imagino que era
de lavadora, de un refrigerador, con toda la mercancía. Y también aprovechaban que se podían pasar botellas, cervezas. Cuando pasaba eso metían
muchas caguamas, cuando no nomás metían pura cerveza de lata
la mota se vende como en grapas, como en sobrecitos de coca, pero de mariguana y se venden en 5 pesos. Es un gramo y te alcanza para un cigarrillo,
como un Delicado, esa era la cantidad y la verdad había chavos que no se
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llenaban con eso, su cigarrillo era de veinte pesos. Aparte hacía bolsitas de
veinte, treinta pesos, la mayoría eran de veinte pesos, aunque también las
llegamos a hacer de treinta pesos, para esa gente, pero les pones un poquito
menos. En vez de ponerles cuatro gramos, les pones tres gramos y medio,
y entonces ya es un cigarro más o menos grande que si les cuesta un poquito más que si compraran cuatro carteritas de cinco pesos, pero otra de
las ventajas es que ahí ellos podían escoger prácticamente su hierbita, la
podían limpiar bien y hacerse su cigarrito bien, y con el de cinco pesos, todo
viene tijereado con ramas, con semillas. Había muchos que la licuaban.
Tons revolvían la vara, con las semillas, con los cocos y con la misma mariguana, entonces, te hacías un cigarro de eso y te dolía la cabeza, por ejemplo, ellos casi no vendían y si vendían era en la noche ya cuando no podía
salir del dormitorio esa persona que quería comprarme a mí por ejemplo,
que yo no la licuaba, yo nada más agarraba la tijera y pa pa pa pa y ya con
la tijera pues ya podías escoger las ramitas, podías separar las semillitas, los coquitos, los podías separar y ya fumarte la pura hierbita, vamos, y
con las bolsitas, ya trataba yo de quitarle las varas, de no echarle nada de
vara, dejarles las colitas así enteritas y ya ellos nada más la deshacían y se
hacían su cigarrito, era otra de las ventajas que yo les decía: “bueno, ¿quieres consumir calidad o cantidad?”, “pss no, que calidad”, “ah, bueno, tons te
cuesta más caro, si quieres cantidad te doy huarumo, y cocos y varas,
vamos”. Y había mucha gente a la que no le alcanzaba para la calidad y
pus, vamos, se tenía que fumar lo que le dieras en una carterita de $5
de coca se vende desde diez pesos, era algo increíble, porque yo no me
acuerdo que aquí afuera que alguien te vendiera diez pesos, te daba unas
patadas y te decía: “no regreses, cuando tengas cien o doscientos pesos, de
cien pesos para arriba”, y allí en la cárcel como no hay tanto dinero se vende en microdosis. Obviamente la dosis que te dan por 10 pesos es mínima,
es un punto, vamos, se manejan por puntos, las básculas te lo manejan por
un punto, una raya. De a diez pesos, y vendíamos por medio gramo, que
son cinco puntos. Y por un gramo entero eran ciento cuarenta pesos, ciento
treinta pesos, ahí era, entre más comprabas más barato te daban, no importaba la calidad porque la calidad era la misma, la de diez pesos que la
de un gramo. Es increíble como se consume coca ahí adentro, yo nunca
pensé que fueran a acabarse tanto, nosotros abríamos un kilo y nos poní-
amos a hacer dosis de diez pesos, pues en un día sacaba una dosis, un kilo
en puras dosis de diez pesos, casi son mil dosis o más de mil dosis, entonces
dices tú, ¿qué onda? Antes de que yo saliera, ya era más grande el consumo
de piedra que de coca. Siete, ocho kilos de piedra y dos de coca. Ya era
mucho más grande el consumo de piedra, yo creo que un 85% o 90% de la
población del Reclusorio Norte consume. En el Sur el 80% de toda la población del Sur consume algo, y éramos siete mil, siete mil quinientos, casi la
mitad de los del Norte. En el Norte, cuando me vine de traslado, éramos 12
mil. Sí, era una población bastante grande
y, vamos, si no es la una, es la otra. Porque hay unos a los que les encanta la coca y no aguantan la mariguana. Y hay otros a los que les encanta la
mariguana y no aguantan la coca. De alcohol no es tan, tan grande la cantidad porque es caro y no toda la gente está al alcance de tomarse una cerveza, si estamos hablando que una cerveza en una temporada baja, te
cuesta cincuenta pesos. ¿Cuántas dosis de mariguana son? Son diez. Es más
la droga que están consumiendo porque es más barato, pero mucha gente
se dedicaba a hacerse su pulque. Hacían pulque fermentado de frutas
yo nada más usaba la mariguana ahí adentro, y ahí es cuando encuentro
que es un mal necesario la droga ahí en la cárcel porque hace que te cubras
un poquito de esa realidad. Acá afuera ni la he buscado. Por ejemplo, este
cuate que me está dando el trabajo de las tarjetas, de los teléfonos, me dice:
“pus qué, güey, quieres un toque, pus háblale a fulano”. Pero es que no hay
tentación, no hay ganas, no, estoy tan chido así, limpio, digiero las cosas
bien, padre, prefiero las cosas así yo sólo, así sin nada. O sea yo pensé que
antes yo no podía concebir ni un momento sin la mariguana. Era darme
un toque para después de comer, darme un toque para antes de comer,
darme un toque para dormir, si no me daba un toque no podía dormir y
era algo que yo solito provocaba a mi cerebro
los custodios sabían, yo tenía que darles una renta porque ellos me dejaran
vender, y estar con mi bolsa de mota, mi bolsa de piedra o de coca. Y es impresionante cuánto dinero se llevan. Yo no se bien cuánto es lo que se llevaban pero alrededor de 100 mil pesos, 120 mil pesos yo llevaba de renta a los
custodios. El Señor me decía: “a ver, Valde, ven, vele a dejar la renta a los custodios, al Comandante, a ti ya te conoce, ya sabe qué tu no le sacas nada ni
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nada”. Ya me daban la bolsa ya amarrada, encintada, ya tenía yo que llegar
con el Comandante. “Comandante, aquí le manda el patrón la renta”. “Ah,
salúdame al Señor, dile que mañana venga a platicar conmigo”. Se ponían
hasta contentos los Comandantes: “y tú cómo estás”, “bien, bien”, “qué,
¿no hay bronca? ¿Todo tranquilo?” “Todo está bien”. Saliendo yo se encerraban en su oficina, me imagino que a contar la lana. Al Comandante se
le da la renta y el Comandante ya se pone en contacto con el director, con
el Jefe de Apoyo, el Comandante General y el Supervisor. Son cuatro personas que se lo reparten
el día me lo pagaban a ciento veinte. Ciento veinte pesos el día y mis comidas, tenía derecho a una cerveza en cada comida, y me daban aparte mis
listas, o sea me terminaban dando como ciento cincuenta pesos y aparte
mis comidas que ya eso era más que nada lo que yo buscaba. De la mañana
y de mediodía, ya la cena ya la tenía que poner yo. Ellos tenían un cocinero
para que hiciera la comida exclusiva del Señor, y ya él le decía lo que quería
comer, ya nos hacían de comer a todos que éramos como ocho personas las
que comíamos junto con el Señor en una mesa grande. A cierta hora que
ya tenía hambre el Señor pus ya nos echaban un grito a todos: “vengan a
comer, ya está servida la comida, órale”. Y pus ya estuvieras haciendo lo
que estuvieras haciendo lo tenías que interrumpir por la comida, porque
el Señor así como que procuraba siempre mantenernos bien comidos, era
algo que le gustaba, vamos, era el momento de convivir también con nosotros y era padre, era a gusto, comías a gusto, un ambiente agradable el de
la comida
nunca tuve una visita íntima, no. A la cárcel meten chavas así como que
de La Merced, así como que dices: “no pus qué onda”, y pus por cincuenta
pesos ya están contigo un rato, una hora. Son las mismas personas que
meten la droga, muchas personas meten la droga y aparte se alquilan para
tener sexo. Y sí ves cómo la gente está así como que formada para pasar
con una sola señora. Entonces sí como que dices: “no, mejor no”. Y aparte
yo las conocía porque mi trabajo era recibirlas a ellas, ya cuando me conecté con la mafia, con los del cártel. Las relaciones de la sexualidad dentro
son así: estás en la íntima con tu pareja; estás en la visita familiar, puede
ser también con tu pareja o con una prostituta, o con los homosexuales.
Muchas veces el deseo sexual no falta, es algo natural. Y pus no puedes
masturbarte a gusto ni nada porque no estás sólo. No tienes un espacio
realmente en el que digas aquí puedo hacer yo lo que yo quiera y voy a
poder disfrutar, voy a poder sentir. No porque el de enfrente me está
viendo, y el de abajo me está escuchando, y el de acá al lado está sintiendo
que me estoy moviendo, ¿no? Entonces yo sí lo viví reprimido, porque pus
no tenía una pareja que estuviera conmigo, que tuviéramos relaciones, ni
nada sino que simplemente me tuve que fajar los pantalones y que dices:
“no, no tengo con quién”. Fue muy fuerte, sí tenía una vida sexual activa,
muy activa, vamos, ¿no? Y de repente pus ya no tienes con quién, y ya no
hay nada más qué hacer. Y pus sí piensas mucho eso. Sí ves a una mujer y
sí dices: “carajo, por qué no puedo estar con ella”. Pero luego ves a su pareja
y dices: “es que son problemas también”. Yo no le puedo echar la onda a cualquier mujer porque o es hermana de, o es la mujer de, o es la esposa de y
entonces es meterse en problemas. Entonces pus dices: “aguanta”. O la masturbación, pero no puedes realmente masturbarte a gusto, ni nada. Ahora,
afuera, yo siento como que ya no tengo el don de, por ejemplo, seducir a
una mujer, o cómo llegar al paso de que: “oye, quiero estar contigo, vente,
vámonos”, y así como que sí se ha perdido un poco, lo perdí un poco
al principio sí me visitaba mi mamá, pero después ya con el tiempo yo le
dije, como tenía a mi hermano, estaba chico mi hermano, que no lo vaya
estar descuidando para estar conmigo. Una vez le dije: “vente cada tres semanas”. Y ya mi mamá: “no, qué, ¿tienes problemas?” “No, simplemente ya
aprovecha tu tiempo, aprovecha el tiempo para tu hijo”. En las navidades
me llevaba una cena, un poquito de pavo, de esto y del otro y pus ya, tan
tan. Y pus uno tiene que convivir, porque también es gente que no tiene
visita y dices pus también: “yo soy ser humano, y pus vamos a echar un
taco”. Entonces como que sí es un poquito más feo, más gacho y a la hora
que te quieres meter a la sociedad, ser parte de una sociedad, y no estás
preparado para conseguir un trabajo, te piden experiencia y te piden esto,
que estudios y todo y la mayoría de esa gente que está ahí no la tiene, no
la tenemos. Lo que hicimos pasó, sucedió; en mi caso, por ejemplo, era algo
como que yo no sabía muy bien las consecuencias. Claro, sí sabía que el
estar aquí o estar allá yendo y trayendo, sí me iba a acarrear algo. Pero realmente no te das cuenta de la gravedad de la situación por la que está pasando uno hasta que ya sales y empiezas a querer integrarte, quieres
formar parte y la misma sociedad como que te rechaza, te ve como un
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bicho raro, y tal vez sí tienen razón. Porque la mayoría de la gente sale queriendo robar, queriendo traficar, queriendo secuestrar, queriendo hacer
muchas cosas. Pero dices: “¿qué, no tienes la experiencia ya, no te cayó el
veinte, quieres volver aquí, quieres estar aquí?” Y hay gente que sale y a los
dos días está de regreso, que dices “oye, cabrón, a los dos días yo apenas
estoy conociendo la calle, si quiero hacer algo voy a conocer la calle por la
que voy a pasar, por la que voy a estar haciendo lo que voy a hacer”. Tons
sí es así como que difícil. Por ejemplo, el otro día venía caminando, andaba
trabajando y venía sobre el Eje Ocho, y una señora me dice: “oiga, joven ¿no
quiere que lo limpie?”. “Órale, que me limpie de qué”. Dice: “es que usted
tiene algo fuerte por dentro, algo como que está cargando y necesita dejarlo, necesita sacarlo”. Y ya me quedé platicando como cinco minutos con
ella y solita me dijo: “es que al parecer usted estuvo en la cárcel, ¿verdad,
joven?”. O sea pero qué, en mi cara hay un sello o qué, cómo se dio cuenta
esa señora. Ella hace limpias, hace trabajos de hechicería y no se qué. Yo
igual creo y a la vez no creo. Igual un señor que lee el tarot y que hace baños
de temascal también me dijo: “¿te puedo echar las cartas?”. Yo estaba con
un amigo y él lo había ido a ver, y le digo: “pus a ver, échamelas”. Por mera
curiosidad, porque no creo mucho en eso y ya me empezó a sacar que iba
a tener trabajo (igual pus ahorita lo tengo), que iba a ser afortunado en el
amor (pus eso no creo, no sé si sí, no sé si no, ¿no?), y también me dijo “estuviste preso”, pero sin decirle nada, sin comentarle nada. ¿Cómo lo sabe?
¿Cómo es que lo refleja uno? Y ahora por ejemplo cuando me fui a Acapulco, que te digo que tenía años sin ver el mar, sentí una emoción así tan
padre, tan, tan fuerte, que dije “híjole, no cambio esto por mis drogas”. No
me nace volver a ver a la banda, volver a ver a los que me vendían, volver
a ver a la gente con la que andaba traficando, andaba haciendo, no me
nace, al contrario, así como que para qué, es como volver a regresar ahí y
para qué quiero volver a regresar. La verdad no, mejor prefiero, no sé, irme
con una novia o irme con un amigo, pero sé que mi amigo no tiene broncas,
no anda en negocio ni nada. Eso de los centros de “readaptación social”, al
contrario, ahí sales aprendiendo a secuestrar, sales aprendiendo a robar. Si
eres secuestrador sales traficante, si eras traficante sales secuestrador o extorsionador, incluso dentro del Reclusorio te extorsionan, ¿no? Eran una banda de de extorsionadores que había en el Norte, que era muy famosa. Se
llamaba el G, había otro que se llamaba V, el S, el negro R, los hermanos T,
que se quisieron fugar de Santa Martha, eran los fuertes del Reclusorio que
tenían la parte de Don R, ellos tenían el control del Módulo de Alta Seguridad y eran los que se dedicaban a las extorsiones dentro de los reclusorios.
A todo mundo, y más a los que iban llegando por daños contra la salud, los
extorsionaban. Un día me bajaron al módulo y me pusieron así una mesa
y me sacaron un chorro de navajas y de espadas y de cosas así. Y me dijeron: “pus mira, aquí hay para escoger, serás muy cabrón pero pus aquí cualquiera de estas te puede entrar, ¿no?, te entra. Necesitamos que nos des
veinte mil pesos de refresco para empezar y ya luego vemos”. Ellos tenían
nexos con los juzgados y les pasaban los archivos de toda la gente que iba
llegando por daños contra la salud, o por cosas de dinero, vamos, por fraudes y cosas así. Entonces ellos ya tenían mi periódico, el periódico en el que
salió todo el reportaje y todo, hasta mi expediente. Y ya me dijeron que querían la lana y todo y para mi suerte los llevaron de traslado a una semana,
a la semana de que me bajaron antes de que se cumplieran mis 15 días, a
la semana que se los llevan de traslado para la Penitenciaría, para Santa
Martha. Entonces fue así como me deslindé de esa bronca
cuando yo me encontré con mi amigo R, de las islas, de CU, llevaba como
dos semanas ya en dormitorios, Y él me dijo “no, estás en un dormitorio bien
feo, ahorita te voy a invitar a mi dormitorio”. Y ya me lleva a su dormitorio
que es donde estaba Don R, pus era el dormitorio de los padrinos, empecé
a ver alfombra y a ver lujitos y cositas así y sí tiene mucha diferencia de
mi dormitorio. Y ya él me dijo: “sabes qué, a la mejor en diciembre me voy
de aquí, estoy haciendo movimientos, estoy haciendo unas transitas con
el director de aquí del reclusorio, con los juzgados, con el juez, para darles
una lana y que me den la libertad. Cómo ves, el único paro que te puedo
hacer es que te dejen vivir aquí y que te la lleves tranquilo”. Pus le digo:
“pus va”. En ese entonces cobraban como veinte mil pesos un cambio de
un dormitorio equis a un dormitorio cuatro, el de los padrinos. Entonces yo
sí le dije: “sabes qué, me acaba de pasar esto, me estaban extorsionando,
me querían pedir veinte mil pesos, estas personas”. Entonces me dice: “quédate tranquilo, te voy a presentar con la cabeza del reclusorio”. Y ya me llevó
con Don R y le platicó más o menos cómo estaba mi situación y todo a Don
R, me acuerdo que “ah, pinche chamaco”, pero así leve, de amistad. “Pinche
chamaco cabrón, pinche chamaco. Igual que yo, yo también empecé bien chamaco”, me decía. Me empezó a platicar también de su vida, ¿no? Y ya pus
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ya le dijo Rodrigo: “cómo ve, señor Don R, lo pienso traer para acá para el
dormitorio, cómo ve usted”, porque pus para cualquier cosa se le tenía que
consultar a Don R, ¿no? Y ya me dice: “pus sí, órale está bien, pero ya lo tienes que arreglar allá en la dirección”. Y sí ya fue a hablar con él, fuimos los dos
a hablar con él y ya le digo: “pus de a cómo”, y le dijo: “no pus aguanta, dame
trato especial a mí, ¿no?, soy tu amigo”. “Pus dame cinco mil pesos y órale”.
Entonces pus yo volteé a ver a Rodrigo y le dije: “pus yo no tengo, por el momento no tengo, tal vez después ya pueda, pero ahorita por el momento
no”. Y dice “quién te está pidiendo a ti, yo te estoy haciendo el paro, tú me
vendiste mucho a mí, hicimos negocios, el único paro que yo te dije que te
iba a hacer es que te quedaras en un dormitorio para que te la pasaras bien,
para que no estuvieras soportando gente que es insoportable”. Entonces le
pagó los cinco mil pesos a este cuate, pero otro de los requisitos es que si
te quieres cambiar a otra estancia es que la persona que vive en esa estancia te tiene que aceptar. Y entonces Ro vivía con otro señor, con el señor E,
un árabe que estaba por fraude por cuarenta millones de dólares que se
había robado y todo. Un señor así alto, güero, barba de candado, buena
onda, pero la primera impresión que tienes de él es como que gruñón, serio,
así. Y ya llegamos, me presentó con él como su amigo y buena onda, me invitó hasta a comer. Él para matar el tiempo lo que hacía eran baguettes y
hamburguesas
y ya fue como también empezaron a verme los que vendían vicio en todos
los dormitorios, y yo ya trabajaba con Don R. Y ya Don R pus ya me empezó
a dar primero una caja de treinta kilos de mariguana, me dijo: “a ver, quiero
ver que le haces”. “Pus cómo que qué le hago, me la fumo o qué quiere que
le haga”. “No, pus quiero ver cómo la deshaces, quiero ver como haces para
que salgan las carteritas, las dosis”. Y pus ya agarré y con las manos comencé a deshebrar todo. Me dice: “no, pus sí te la sabes, ahora hazlo con la
tijera para que no te canses porque no namás son 30 kilos”, y me comenzó
a sacar otras cajas. Ya después en los dedos me salieron ámpulas con las tijeras de tanto estar ta, ta, ta, de tanto estar corte y corte y corte. Y tenía que
separar la vara, tenía que separar la semilla, y ya las puras colitas ya las
deshacía y ya repartía también. Había una báscula, tenía que pesar, era de
a gramo, ponía un gramito y ya las envolvía y tenía que hacer bolsas de
cincuenta cuando yo estaba afuera yo hacía todo por estar con la banda,
por estar con mis amigos, porque la gente estuviera a gusto y satisfecha
conmigo. Al vender droga yo trataba de hacer amigos. Yo intentaba estar
dentro de un círculo, un núcleo de amistad con todos los chavos. También
lo hacía un poquito por el dinero, sí claro. Pero no tenía la necesidad de
tener dinero rápido. Yo nunca pude hacer dinero. ¿Por qué?, porque también
consumía droga. Uno de los dichos de los narcos es “no consumas lo que
vendes”. Yo nunca hice eso porque también consumía droga, entonces realmente nunca hice dinero. De hecho nunca pude saber cuánto era lo que
yo ganaba ni tampoco cuánto era lo que yo consumía. Realmente yo consumía mucha droga, más que la gente que me iba a ver. Dentro de la cárcel
realmente el pago era en especie, con comida, ropa. No se guardaba el dinero, porque de hecho no había dónde hacerlo, no teníamos lugar y te lo
robaban
había veces que no me veía en una semana. Para rasurarte tienes que andarte tocando y andarte rasurando, ¿no? Y muchas veces, por ejemplo, en
los reflejos de las ventanas en las mismas instalaciones del mismo edificio
ahí ya te pasabas a ver y todo. Pero también no te veías porque la banda
te veía que te estabas viendo y comenzaban: “ah, pasas a verte, pinche
puto, pinche joto”, entonces mejor ya me volteaba, ¿no? Y con los señores,
ellos sí tenían sus espejitos, sí tenían permiso de tener sus espejos. Y ellos
sabían que ellos no los iban a utilizar para hacer armas, ni para andar de
maldosos picando, cortando a la gente, ni nada, ¿no? Entonces pus les
daban chance. Se los permitían. Y pus ya de repente les decía “oiga señor
este… présteme su espejito”. Nomás me volteaba a ver: “órale, cabrón”. Ya
también agarraban la onda de que no diario te ves en el espejo ¿no? Era
como que bien raro, porque de repente me volvía a ver y “qué onda, hola,
cómo estás”. O sea volverte a encontrar contigo mismo, ¿no? Y no te habías
visto en tanto tiempo que tu decías: “oye, ya se me había olvidado hasta
cómo era, cómo soy, ¿no?” Es padre volverte a ver en el espejo. Yo ahorita
me veo en el espejo y me la paso viéndome en el espejo la verdad, ¿no?,
como que soy medio vanidosón yo. Pero la mayoría de la gente no. O hay
unos cuadritos, que se rompe un espejo, entonces ya, tú agarras un cachito,
y con ese ya te puedes ver por pedacitos, pero no te ves el rostro entero, ni
te ves el cuerpo entero. Entonces ya namás: “que me duele aquí, vamos a
ver que tengo; que me salió un granito, vamos a ver con el cachito de espejo”, y ya estás viéndote, pero realmente no estás viéndote vamos el ros-
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tro entero ¿no? O algo que te quieras ver así bien, ¿no?, por ejemplo yo soy
muy vanidoso de mis tatuajes, me gusta vérmelos. Y extrañaba verme el
que tengo en la espalda por ejemplo, “ay, híjole, ese no me lo puedo ver,
me lo quiero ver”
siempre tuve en mente que, como seguía vendiendo, seguía como que estando en la mira, ¿no?, de que me hicieran un traslado, y dije: “si ya me lo
hicieron una vez, que no me lo hagan otra vez”. No está difícil, está fácil
que me trasladen otra vez. Entonces yo pensaba que me iban a trasladar. Y
le digo a Don R y me dijo: “si te vas órale, que padre, qué bien; y si no, te vas
pues llámame por teléfono, a ver cómo le haces para comunicarte con nosotros, para saber dónde estás”. Incluso cuando salí no sabía ni para dónde
ni qué hacer, ¿no? Lo único que hacía era llorar pero yo no tenía así como
sentimientos, ¿no?, como un niño cuando llora así, bmhh, yo namás volteaba
para un lado y se me salían las lágrimas, volteaba para otro lado y se me
salían las lágrimas. Yo decía: “qué, qué onda, a ver aguanta, respira”, respiraba y me salían lágrimas y yo: “pues qué onda, ¿no?” Qué impresión tan
fuerte pues. Y lo que hice fue llamarle por teléfono a un amigo, porque dije:
“es la madrugada, ahorita le llamo por teléfono a mi madre y se me va a
desmayar”. Como a la una de la mañana estaba yo pisando la calle. Mi salida fue como volver a nacer. En el momento en que yo vi la puerta no quería salir, me daba miedo. Porque no sabía ni a dónde iba ir, ni qué iba a
hacer, ni nada. Yo ya tenía una vida adentro y no podía concebir el verme
afuera. Caminé, escuché la puerta cómo se cerraba y el custodio que me
decía: “ya vete, adiós”. Y ahí me sentí vivo, empecé a respirar y cada paso
que daba se me iban derramando las lágrimas, de la emoción. Todas las lágrimas que no derramé dentro se me salieron en ese momento. Después
me encontré con un perro callejero, a mí me sacaron a las 01:30 horas de
la madrugada, no me dijeron nada, no me dieron algún papel. Comencé a
ver al perro y dije: “estoy como el perro, solo, sin saber para dónde irá”. Se
me olvidó como hacerle la parada a un taxi, casi me le paré en frente gritándole: “hey, aquí”. El taxi se fue y me tocó el claxon
en el momento que me puse la ropa de color, de otro color, como que me sentí muy raro, no podía voltear a verme en el espejo porque pensaba que ese
no era yo
encontré mi casa como la había dejado, se me hacía increíble
mi madre sí me aceptó, ahora vivo con ella
es muy difícil encontrar trabajo con antecedentes penales. Unos amigos me
ofrecieron trabajo, estoy vendiendo teléfonos celulares, que es más o menos
con lo que me he estado ganando la vida estos seis, cinco meses. Mi trabajo
siempre fue vender drogas y ahora que ya no las vendo pues no sé hacer nada
todavía no platico con mi hermano. Creo que tengo que pensar muy bien
lo que le voy a decir, qué es lo que le voy a platicar, no sé cómo lo vaya a
tomar. Tal vez sí sepa él, porque el otro día venía de una fiesta y me dice:
“tú conoces a (no me acuerdo qué nombre me dijo). Le digo: “no me acuerdo”.
Dice “es que ellos me preguntaron que si yo era tu hermano, que si yo era
hermano del Valde”
ahorita él está en el CCH Sur. Y los sábados en las tardes trabaja con M.E.,
en el Departamento del Distrito, en un sistema de reforestación por medio
de hidroponia. Él se interesó mucho en el tema y lo estudió, ahorita no sé
cuantas personas tiene trabajando con él, les enseña cómo hacer el sistema
de hidroponia. Últimamente como que ya casi no nos hemos visto, porque
yo me salgo a trabajar y él se va a las cinco de la mañana, yo me voy a las
siete, ocho. Él hay veces que llega a las diez, once de la noche, llega se mete
a su cuarto; y yo igual, me subo a mi cuarto y ya no salgo también
mi mamá siempre ha estado cuidando a personas con alguna enfermedad.
Y ahorita ella está con los de la tercera edad, gente que está sola por ejemplo y que necesitan atención. Ahorita trabaja, ahí va a ver a una señora que
antes era nuestra vecina, y la atiende, ve que la sirvienta vaya y haga el aseo,
y que la sirvan bien a ella, les hace de comer y todo, la lleva al doctor, y ya
se regresa después a la casa. Y los fines de semana encontró ella un lugarcito en un tianguis que está en Naucalpan y vende sudaderas de paca, ropa
de paca, gabacha, que traen de Estados Unidos. Eso hace los domingos, se
va para el tianguis allá, yo la he estado acompañando, yo le ayudo a acomodar, y luego se le junta tanto la gente que ha habido gente que se las
roba, por eso yo ya estoy así como que con un ojo al gato y otro al garabato
a mi papá lo he buscado pero no he podido localizarlo, no doy con una dirección o con un teléfono. Ahorita al que estoy buscando es a mi padrino,
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mi padrino es empresario textil. Él tenía una fábrica textil, Eduardos, los
jeans E eran de mi padrino, se llama E y ahorita tiene una empresa importadora de ropa, y le he mandado unos mails pero no me ha contestado.
También me gustaría verlo para que me dé chamba, tiene muchas tiendas,
entonces yo creo que me puede acomodar en un lugar bien, para estar también en un lugar ya más estable más tiempo, porque pus en lo que estoy
ahorita sí vende, pero hay días que no vendo nada, que no vendo ni un solo
teléfono, no es algo muy estable
yo ya estaba cansado porque, aparte de los diez años de estar en la cárcel,
viví como siete años consumiendo drogas y en el tráfico de drogas y ya
al final de mis años en la cárcel, de este último año que estuve, ya estaba
cansado y diciéndome a mi mismo: “es que ya, cuándo va a ser posible que
tú te puedas separar de esto”. Yo quería dejar de estar conectado con las
drogas o con el tráfico de drogas. Hasta que dejé de usarlas, empecé por
eso. También porque sabía que ya estaba próxima mi salida y dije: “sales y
vas a seguir buscando drogas, vas a regresar aquí”. Y yo ya estaba cansado
de estar en la cárcel, por eso fue que decidí aislarme de eso. Yo le decía al
señor: “oiga sabe qué, Señor, yo ya voy para afuera”. Y él me decía: “¿no quieres seguir trabajando? Porque yo te puedo poner unos buenos kilos allá
afuera y que me los traigas y me los dejes, te puedes ganar una buena lana”.
Y yo le dije: “no, ya no quiero volver a la cárcel”. El negocio sonaba muy bonito, pero yo no quería volver a la cárcel sino que trataba de entrar a una
sociedad libre de presiones, de estarme escondiendo, de estar pensando a
ver a qué hora llega la policía, a ver a qué hora me llevan, a ver a qué hora
me pasa algo, o incluso a ver a qué hora me muero, ¿no?
he estado soñando mucho a mi abuela, la he recordado mucho. Y es algo
que no he hecho, que tengo que hacer, porque mi madre y mi familia,
mis tíos ni nada me han llevado. Yo cuando salí les pedí que me llevaran al
panteón, a ver la tumba de mi abuela, ¿no?, y por una cosa, otra cosa no
he podido ir, no he podido ir. Y aquí, creo que el nueve de mayo, va a ser su
aniversario de que falleció y ya mi mamá está preparándole una misa con
todos. Sí he soñado mucho con mi abuelita, he soñado que estamos en la
casa, que me consiente y todo, como que extraño eso.
he soñado otras cosas. Soñé también que estaba en la playa, en el bosque
me sueño a cada rato, los árboles alrededor de mí y casas de campaña, cosas
que me gustan hacer mucho. He soñado… hasta he llegado a soñar con J, que
es esta chava con la que estoy saliendo
y pus sí noto la diferencia de antes, de cuando usaba la mariguana. Pus que
no, como que tu cerebro no está. Como que una de dos: no sé sí utilizas
mucho el cerebro y se cansa y de plano cuando se duerme, se duerme el cerebro; o que como que te bloquea la mariguana el lado de los sueños ¿no?
de tu cerebro. No sé, es algo que como que no he podido definir muy bien.
Porque sí, de repente sí llegué a soñar. Pero no recuerdas el sueño. O sea te
levantas y dices: “sí estaba soñando, pero qué soñé, qué soñé”. Te quieres
acordar, te quieres acordar y no puedes, no te viene a la memoria el sueño.
Y ya ahorita sí ya me levanto y digo: “no me hubiera despertado, hubiera
seguido soñando, algo padre, que es algo que hace mucho no sentía”. Incluso hasta adentro, cuando dejé de fumar, como que no, como que ese
lapso de desintoxicación como que no permite también que sueñes. Y
ahora ya hasta de repente tengo pesadillas
a mí me gustaría, por ejemplo, no sé, me gusta mucho la fotografía, a veces
veo las fotos y digo: “ay, qué padre, ¿no?” Me gustaría viajar tomando fotos,
me gustaría conocer otros países, como que es como una misión que tengo
que hacer, tal vez no sea fácil, no he ido a investigar qué papeles o qué
requisitos te piden para poder salir del país. Pero yo por lo mientras tengo
que arreglar mi situación jurídica
no me han dado mis cartas. Yo creo que voy ir a Derechos Humanos, porque no es posible que hayan pasado ya cinco meses y que no me puedan
dar nada. Entonces ya como que me enojé. ¿En manos de quién estoy o qué
soy o qué? Porque fui a querer sacar mi credencial de elector y me resultaron con que mis derechos políticos están suspendidos. Porque necesito
mostrar mi situación jurídica, mi carta de libertad
en la Secretaría de Seguridad Pública metieron una solicitud para la carta a los juzgados, los juzgados namás me han hablado para decirme: “fírmale aquí de que estás pidiendo una carta de libertad”. Ya les firmé, me
dicen: “la vamos a mandar a Londres, a la Secretaría de Seguridad Pública”.
Llamo a Londres y ya me dicen: “sabes qué, es que no me han llegado tus
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papeles, no han llegado, y así como tú tengo como cien pendientes, nosotros te recomendamos que llames a Derechos Humanos o que vayas con
tu abogado de oficio”. Ya para que me lo recomiende él, es porque ya también dice: “no puedo hacer nada”
yo veo esto, yo digo bueno, y lo veo en mi vida no nomás así como si fuera
una película. Si yo volviera a hacer esto corro el riesgo, como cualquier persona, de volver a caer a la cárcel, ¿no? Corro el riesgo de que me muera, de
que me maten o de que yo simplemente si vuelvo a hacer uso de drogas,
me conozco, se cómo las utilizaba, sé que no soy nomás de un toquecito
sino que era de más, tal vez mi organismo no esté, no es lo mismo de antes,
no aguante lo mismo de antes, entonces también corro el riesgo de morir.
Y me imaginaba haciendo una película y que ese siempre ha sido mi final,
no es el que quiero, pero al final de esa película siempre he llegado a ese
final de que termino en la cárcel o muerto. Entonces sí como que digo: “pus
bueno”. Y sí he pensado en poder hacer algo así como una película, una historia así de mi vida, pero siempre termina ese final, nunca voy a ser feliz,
vamos, si sigo haciendo el tráfico de drogas y todo esto, como que siento
eso, ¿no? Como que nunca voy a tener un final feliz, siempre voy a estar
tres metros bajo tierra o atrás de unas rejas. Ése es como que el final de mi
película
El martes 2 de junio de 2009 Ricardo Eduardo Valderrama de la Rosa fue asesinado en el estacionamiento de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.
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