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—Ya se oyen palabras viejas. —Pues aguzad las orejas. Antonio
Marcelo Luis Vernet
Malvinas: hacia una concepción integrador
Marcelo Luis Vernet *
Malvinas: hacia una concepción integradora
—Ya se oyen palabras viejas.
—Pues aguzad las orejas.
Antonio Machado. Proverbios y Cantares
Es curioso, la primera visión que nuestros papeles registran de Malvinas es la de un buque navegando en alta mar. La historia es conocida
pero vale la pena recordarla.
El 30 de mayo de 1810, Cornelio Judas Tadeo de Saavedra, en su
carácter de Presidente de la Junta de Gobierno, estampa su firma en
un oficio. Revolución o no, las diligencias y asuntos de Estado siguen
su lenta marcha. Es un reclamo.
El primer piloto Don Gerardo Bordas que se desempeñó como
gobernador de Malvinas, de agosto de 1808 a fines de enero de
1810, llega al Apostadero de Montevideo y solicita el pago de
sueldos y gratificaciones correspondientes a su función que
se le adeudan. El 9 de marzo de 1810, el brigadier Don José
*
Tataranieto del primer comandante político y militar argentino en las Islas Malvinas,
Luis Vernet.
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La Cuestión Malvinas en el marco del Bicentenario
María Salazar, Comandante General de Marina del Apostadero,
traslada la solicitud al virrey Cisneros. El 20 de marzo, Cisneros dispone que se remitan copias certificadas de las Reales
Órdenes que haya en la Tesorería General sobre asignaciones
o algunos otros puntos de Malvinas cuya noticia sea precisa
al Ministro de Marina del Apostadero del Río de la Plata, con
sede en Montevideo. Ignoro si para ese entonces Cisneros ya
no disponía demasiado o era propio de la lenta burocracia colonial no cumplir con la celeridad del caso las disposiciones,
lo cierto es que la respuesta nunca llega. El 20 de mayo, Salazar insiste con su solicitud ante el Virrey. Imagino al pobre de
Bordas, tal vez acicateado por su esposa, yendo todos los días
de su casa al Apostadero para preguntarle al brigadier Salazar
si habían llegado noticias de Buenos Aires.
De Buenos Aires llegan noticias; no las que esperaba Bordas. Fruto
de una semana de agitaciones, que aún no se llamaba Semana de
Mayo, el que ahora lee el oficio del brigadier Salazar es Don Cornelio
Judas Tadeo de Saavedra, Presidente de la Junta de Gobierno que ha
reemplazado al Virrey Cisneros.
Es así que, el 30 de mayo de 1810, a escasos cinco días de la Revolución, el nombre de Malvinas aparece en un papel oficial que lleva la
firma de Saavedra y de Juan José Paso, en su carácter de Secretario.
Y allí podemos leer, como antecedente del tema en cuestión, que
en Orden de 13 de diciembre de 1806 la Junta Superior de Real Hacienda dispuso que: “para los gastos y pagamentos se considere en
adelante el establecimiento de Malvinas como un buque navegando,
y a todos los empleados en aquel destino como dependientes del
mismo buque, debiendo seguirse la cuenta y razón por la Marina
del mismo modo que la de las demás embarcaciones de guerra con
arreglo a sus particulares y privativas ordenanzas”. Motiva esta curiosa decisión la necesidad de “conservar la unidad en el modo,
tan necesaria y conveniente en los objetos del real servicio de una
misma clase”.
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Malvinas: hacia una concepción integrador
Hoy, doscientos años después, en nuestra visión más común y difundida, las abruptas siluetas de Malvinas se recortan en la nada. Desvinculadas de todo contexto. Como un buque varado, aisladas.
Podremos argumentar que ya son un símbolo que ha llegado a representar a la propia Nación. Y es cierto. Como cierto es que, como
tendemos a conservar la unidad en el modo en los objetos de una
misma clase, le damos tratamiento de bandera. Y ahí andan Las Malvinas bordadas en la manga del corazón, pegadas en la luneta de los
autos, erigidas en monumentos y fachadas, navegando un mar de
pinturita azul en los cuadernos de la escuela.
Nada que objetar. Es obra de amor y fidelidad.
Pero a la hora de pensar Malvinas, se nos impone ponerlas en contexto. Es el contexto el que actualiza los significados. Sin contexto,
los sentidos se vuelven abstractos, petrificados en un esencialismo
que clausura las interrogaciones.
El propósito de estas notas es ensayar una comprensión integradora
de Malvinas pensándola en contextos cada vez más amplios y conexos. Patagonia, Atlántico Sur, Sudamérica. Nada que no sepamos
agregan. Si algún mérito pretenden tener es el de hacer aún más ostensible lo evidente, por el sencillo camino de verlo de nuevo.
Puede ser tarea de riesgo contextualizar Malvinas. Puede sacudir la
tranquilidad de los rituales pautados en los que todos coincidimos.
Es, sin duda, una tarea política en el más amplio y elemental sentido
de la palabra.
Este bicentenario de la Revolución de Mayo puede ser una buena
oportunidad para que Malvinas, ese buque que nunca llega a amarrar
en ningún sitio, vuelva a navegar en “las mesmas vivas aguas de la
vida”, al decir de Santa Teresa, aunque estas aguas sean, tantas veces, turbulentas e inseguras.
Hace doscientos años, Cornelio Saavedra vuelve a ordenar se remitan las “copias certificadas de las Reales Ordenes que haya en la
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La Cuestión Malvinas en el marco del Bicentenario
misma Tesorería General sobre asignaciones o algunos otros puntos de Malvinas”, ya que el señor comandante de Marina ha manifestado “no haberle ustedes pasado todavía las referidas copias”. Es
por eso que “incluye a ustedes esta Junta Gubernativa el oficio del
expresado señor comandante de Marina, para que con su vista y
devolución pasen a esta misma Junta las indicadas copias”.
“Dios guarde a ustedes muchos años”, concluye Saavedra antes de
estampar su rúbrica y firma en el oficio. Ojalá Dios los haya guardado muchísimos años porque, si bien no conozco la prosecución del
trámite, a juzgar por los acontecimientos que se fueron sucediendo,
sospecho que el pobre primer piloto Don Gerardo Bordas aún no
debe haber cobrado. ¡Qué Dios nos guarde!
Malvinas es Patagonia
Si no pensamos Malvinas como parte indisoluble de un todo más
amplio, la extendida Patagonia, difícilmente entendamos nuestra historia en Malvinas y su particular situación actual.
Malvinas fue el primer proyecto colonizador argentino de la Patagonia Austral y a ella estuvo unida siempre en concepción y destino.
Para bien o para mal, Malvinas fue el principal centro irradiador de
las corrientes colonizadoras de los Territorios Nacionales de Tierra
del Fuego y Santa Cruz, a fines del siglo XIX. Malvinas es hoy, entre
tantas significaciones, parte integrante de la más extensa y reciente
provincia argentina, y la de nombre más extendido, la Provincia de
Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
Con cargo de fundar una colonia
En las taxonomías de la historia argentina, Malvinas está, como es
lógico, en el anaquel de “Disputas por Soberanía”. Pero esta visión
ha opacado otra circunstancia. Malvinas fue un proyecto de colonización patagónica que, con características particulares, compartió el
clima, los avatares políticos y las penurias de los primeros intentos
de fundación de colonias y recepción de inmigrantes que caracterizaron la década de 1820 en Argentina. Sin embargo, no figura en este
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Malvinas: hacia una concepción integrador
anaquel. El informe que la Academia Nacional de la Historia realiza
sobre el tema en 1956, con motivo de cumplirse 100 años de la fundación de Colonia Esperanza, ni la menciona. Curiosamente, esta
empresa colonizadora, de la que poco se habla y se conoce, sobrevive al gobierno de Rodríguez, al gigantesco crack de 1825-26 que
pulverizó las fantásticas empresas rivadavianas y sus cotizaciones en
la bolsa de Londres, sobrevivió a la propia presidencia de Rivadavia, a
la guerra con Brasil, al fusilamiento de Dorrego y la guerra civil. Lejos
de Buenos Aires se fue consolidando cuando todas las demás iniciativas habían fracasado. Contrariamente a otros proyectos coetáneos
que presuponían el trasplante de una comunidad preexistente (los
escoceses de Parish Robertson, los ingleses de Barber Beaumont, los
alemanes de Heine), la colonia de Malvinas se constituyó con población argentina y albergó colonos de muy diversas naciones.
A lo largo de una década se desarrolla esta historia que tuvo a Luis
Vernet como uno de sus protagonistas más destacados. Se inicia en
1823 con la concesión que otorga el gobierno de Buenos Aires a la
sociedad Pacheco-Vernet para la explotación de pieles y aceites de lobos y la captura de ganado vacuno cimarrón en la isla Soledad. Tiene
su punto culminante con la creación de la Comandancia de Malvinas
en 1829 y la designación de Vernet para el cargo. Y concluyó trágicamente por la agresión de dos potencias extranjeras: Estados Unidos
que en 1832 destruyó y saqueó la Colonia, e Inglaterra que, meses
después, ocupó las islas en enero de 1833.
La historia de la colonización argentina de Malvinas es el eje central
del desarrollo de una política de estado sostenida en el tiempo a
través de distintas administraciones, pese a las difíciles circunstancias que caracterizaron el proceso de independencia y organización
nacional de nuestro país. Esta política tenía objetivos precisos y manifiestos:
• Ejercer actos de soberanía y dominio en nuestro territorio patagónico continental e insular, dentro de un plan que privilegiaba a las
islas Malvinas como su enclave estratégico en la región austral. El
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La Cuestión Malvinas en el marco del Bicentenario
otro foco era la Comandancia de Patagones, en el norte, con la que
Malvinas mantenía profuso tráfico y vinculación.
• Proteger nuestros recursos naturales, en particular el control de la
pesca y caza de anfibios en la región, intención puesta ya de manifiesto en las leyes de regulación de 1821 y expresamente ratificada
en el artículo 3º del Decreto de 1829. Era ya preocupante la depredación que realizaban los pesqueros de otras naciones, principalmente ingleses y estadounidenses.
• Favorecer el establecimiento de poblaciones y el desarrollo de la
pesquería como base de una marina nacional.
Dentro de esta sucesión de actos de gobierno y dominio, tiene especial relevancia el decreto del 5 de enero de 1828 que da certeza
jurídica al proceso de colonización al conceder a Vernet “todos los
terrenos que en la Isla Soledad resultaren vacíos (…) y la Isla de
Statenland (Isla de los Estados) con el objeto y bajo la expresa condición de que dentro del término de tres años, contados desde la
fecha, deberá hallarse establecida una Colonia”.
En los considerandos del decreto que lleva la firma de Juan Ramón
Balcarce, ministro de Guerra y Marina del gobernador Manuel Dorrego, se enumeran “los grandes beneficios que reportaría al país con
la población de las islas cuya propiedad se solicita”. Centralmente
se refiere al incremento del “comercio con naciones extranjeras”;
a los “nuevos canales de prosperidad nacional con el fomento del
importante rubro de la pesca”; a la importancia estratégica militar,
ya que en ese difícil momento se está en guerra “con el Emperador
del Brasil”, y se pondera la ventaja de “encontrar en aquellas Islas
un punto de apoyo para las operaciones marítimas”; por último
que “para la población y extensión del territorio en las costas del
Sur y fomento de sus puertos nada podrá ser más útil que la población de aquellas Islas…”. Creemos que en estas pocas líneas están
los ejes centrales de una geopolítica regional que tiene a la Patagonia
austral por escenario y a Malvinas como el centro de gravitación de
su desarrollo.
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Malvinas: hacia una concepción integrador
Los cimientos de la colonia de Soledad fueron levantados por pobladores argentinos, fundamentalmente trabajadores rurales que desde
las provincias de Santiago del Estero, Entre Ríos, Córdoba, Buenos
Aires, Santa Fe y del Uruguay, fueron llegando, a partir de 1824, en
sucesivas expediciones. Como una pequeña Argentina, también Malvinas se abrió para todos los hombres del mundo. Así llegan en 1829
familias de campesinos alemanes, que junto a los argentinos levantan sus casas. Así familias holandesas que se ocupan del ordeñe y la
fabricación de manteca. Escoceses y franceses que olvidando el mar
se hacen hombres de a caballo y trabajan junto a nuestros paisanos.
Pescadores y marinos genoveses, ingleses, irlandeses. Hombres que
traen sus oficios como única fortuna, el panadero de la colonia que
era portugués, un jamaiquino de oficio carpintero. También encontraron allí un lejano hogar africano de Cabo Verde, que por los avatares de la guerra con Brasil, donde iban destinados como esclavos,
terminaron siendo colonos de Malvinas. Hoy llamaríamos a esta realidad un modelo multicultural que respeta la diversidad.
El régimen de propiedad de la tierra, que facilitaba la adquisición
de parcelas de laboreo acompañadas de lotes urbanos, fomentó el
arraigo de familias. A esto se sumó la designación de agentes que
difundían las ventajas del emplazamiento en las principales plazas
financieras y comerciales de Europa y Estados Unidos. La población
estable pronto superó el centenar, permanentemente incrementada
por las tripulaciones de los buques que hacían aguada y provisión
de víveres frescos en el Puerto de la Soledad. Allí trabajaron, fundaron sus familias, tuvieron hijos, enterraron sus muertos, haciendo
intransferiblemente suya esa tierra. Allí nació también la cuarta hija
de Luis Vernet y María Sáez a la que pusieron el nombre de Malvina.
Por primera vez una argentina llevó por nombre el de esta tierra.
Otra característica destacable del proceso colonizador de Malvinas
fue la instalación de un modelo de desarrollo productivo diversificado que, como es natural, estaba concebido regionalmente involucrando al continente y las islas circundantes hasta el cabo de Hornos,
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La Cuestión Malvinas en el marco del Bicentenario
y que demostró ser exitoso y sustentable. Su base eran las pesquerías, de las que llegaron a instalarse siete; la domesticación y cría de
ganado vacuno bajo el modelo de estancias, como en la provincia
de Buenos Aires; la explotación de maderas en Isla de los Estados,
tanto para uso de la colonia como para su exportación; la industria
de salazón de pescado y carne vacuna; la introducción de ganado
merino para producción lanera; y el desarrollo de una agricultura de
sustento para la población.
Las exenciones impositivas y el monopolio pesquero por veinte años,
dispuesto por el gobierno de Dorrego, completaban el esquema. Se exportaban cueros de lobos marinos, vacunos y conejos; carne de tasajo
y pescado en salmuera, maderas de Isla de los Estados y barbas de ballena. Los principales destinos eran Brasil, Estados Unidos e Inglaterra.
Una última consideración, si cabe, para demostrar la ineludible matriz patagónica de esta gesta. En este 2009 que está concluyendo,
hemos conmemorado, sin mucho ruido, el 180º aniversario de la
creación de la Comandancia Político Militar de las Islas Malvinas y
las adyacentes al Cabo de Hornos en el Mar Atlántico, tal su nombre
oficial. Si dejamos hablar con voz fresca a los amarillentos papeles
que atesoramos como documentos de la testamentería que garantiza
nuestra heredad, veríamos con más claridad lo evidente. Escuchemos: “Cuando por la gloriosa revolución del 25 de mayo de 1810,
se separaron estas provincias de la dominación de la metrópoli,
España tenía una posesión material de las Islas Malvinas, y de todas
las demás que rodean el Cabo de Hornos, incluso la que se conoce
bajo la denominación de Tierra del Fuego”, afirma en sus considerandos el decreto del 30 de junio de 1829, justificando la creación
de la Comandancia de Malvinas. El mapa que dibujan estas palabras
coincide, a excepción del sector Antártico entonces apenas atisbado,
con el mapa de la actual provincia de Tierra del Fuego, creada por
ley 23.775 de 1990, luego de cuatro años de controvertidos debates
y cuyos límites están aún hoy sujetos a definitiva aprobación. Volveremos más tarde sobre esto.
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Malvinas: hacia una concepción integrador
Una historia en común
He llegado a conocer la historia de amor de Carlos Moyano y Ethel
Turner por una infidencia del capitán de fragata Teodoro Caillet-Bois
quien publicó, en 1947, un artículo en el número 198 de Argentina
Austral, la revista que editaba la Sociedad Anónima Importadora y
Exportadora de la Patagonia, más conocida por los pobladores de
Santa Cruz como La Anónima, a secas, porque nombre tan largo no
convenía a la intensidad de los vientos que habitualmente soplan en
aquellos pagos.
Digo una infidencia porque del casamiento del sargento mayor de marina Carlos Moyano, en ese entonces flamante gobernador del flamante Territorio Nacional de Santa Cruz, y la
niña Ethel Turner, nacida en Malvinas, no existen crónicas ni
documentos de época, salvo la parca constancia del casamiento, en el folio dos del libro de actas inaugurado al efecto. Lo
que se sabe, se sabe por recuerdos y tradición familiar. En este
caso por los datos aportados a Teodoro Caillet-Bois por María
Clarisa Moyano, 1 hija de Carlos y Ethel.
La historia tiene todos los elementos necesarios: un domingo en
Stanley, nieve ligera, la salida del oficio del pequeño templo protestante. Miss Ethel, de 16 años, arrebujada en mantilla de lana semeja
una princesita. Moyano, el marino curtido, con 29 años de vida y diez
de trajinar la Patagonia. Y, según afirma el capitán de fragata Teodoro
Caillet-Bois, Cupido con su arco y su flechazo certero. Los investigadores serios, que siempre arruinan las historias de amor, quitan la
nieve del relato, afirmando que el encuentro se produjo en el verano
de 1885. Pero, con o sin nieve, esta historia ya la cuenta Caillet-Bois.
Yo quiero referirme a las circunstancias que rodean este amor a primera vista, ya que atan un nuevo nudo entre Malvinas y Patagonia.
1
Con posterioridad a esta nota, en 1948, María Clarisa Moyano publica una extensa
biografía de su padre: Carlos Moyano: el explorador de la Patagonia.
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El presidente Roca decide en 1884 dividir la interminable Patagonia, creando cinco Territorios Nacionales. Uno, la interminable Santa
Cruz. Nombra a Carlos Moyano como su primer gobernador. Santa
Cruz es un desierto. Moyano conoce este desierto. “Recorrió sus costas, exploró sus tierras, descubrió sus lagos, buscó las nacientes de
los ríos, estableció sus cuencas hidrográficas y señaló sus recorridos, trazó huellas, precisó caracteres del sistema orográfico y se internó en la cordillera”.2 Hombre de acción, su vida puede definirse
en puros verbos. Los verbos definen al héroe civilizador de fines del
larguísimo siglo XIX que, también, debe dejar consignada la acción
en informes, libros, diarios de viaje. Moyano escribió: “Dos etapas
tiene la posesión de los desiertos por la industria y el comercio: la
primera pertenece a la espada, la segunda corresponde al geógrafo.
La una despeja el campo y cuando avisa que no hay batallas que
librar, aparece el segundo eslabón de la esplendorosa cadena del
progreso armado con los instrumentos de la ciencia, con que investiga, reconoce y analiza los tesoros que la naturaleza archivó allí”.3
Pero no aclaró, hasta donde yo sé, contra quién se libran batallas, si
es un desierto el que se pretende poseer; no señaló cuántas veces
la espada debe despejar el campo ni de quiénes, es decir, cuántas
veces la cadena esplendorosa del progreso gira montada en férreos
engranajes y la espada vuelve y vuelve a despejar el campo. Pero esa
es otra historia.
Carlos María Moyano, entonces, sabe que Santa Cruz es un inmensurable desierto, cree que su deber como gobernador es poblarlo. Conoce que todos los intentos previos de colonización han fracasado.
Sabe que debe buscar hombres hechos al viento, hombres acostumbrados a ver la lejanía con los ojos entrecerrados, a poseerla para que
se multipliquen los rebaños de lana ¿dónde encontrarlos? En Malvinas. Y a Malvinas dirige sus ansias y la proa del lugre Piedra Buena.
2
Lenzi, Juan Hilarion. Carlos María Moyano. Marino, explorador y gobernante, Secretaría de Estado de Marina, Buenos Aires, 1962.
3
Citado por Lenzi, Hilarion. Ibídem.
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Malvinas: hacia una concepción integrador
En Malvinas habla de una tierra inmensurable, afirma que él tiene el
poder de dividirla en inmensurables partes y entregarla a hombres
capaces de forzarla a dar sus frutos. Encuentra lo que busca, además
de encontrar a Ethel un posible domingo con o sin nieve ligera. La
historia de la “posesión de los desiertos por la industria y el comercio” es la circunstancia que rodea el encuentro de Carlos Moyano y
Ethel Turner.
Llegan de Malvinas majadas, perros, pastores y pioneros. Si preguntamos quiénes son los dueños de la tierra en Santa Cruz y Tierra
del Fuego a principios del siglo XX, junto a los nombres emblemáticos de los Braun, Menéndez, Behety y Nogueira, aparece un puñado de familias, propietarias de grandes extensiones, entre otras: Halliday, Scott, Rudd, Wood, Waldron, Hamilton, Saunders, Reynard,
MacGeorge, Felton, Smith, Douglas.4 Generalmente se los reputa de
“británicos”. Y es correcto. Tan cierto que, por ejemplo, George MacGeorge donó el terreno donde, en 1911, se erigió el British Club de
Santa Cruz, que en ese entonces se llamó Coronation Club en honor
a George Frederick Ernest Albert Windsor quien, en 1911, fue coronado como George V del Reino Unido. Aún hoy, en el British Club se
puede disfrutar de un excelente cordero adobado con romero y ajo.
Aún hoy se puede allí festejar de corrido el cumpleaños de la Reina,
el 24 de mayo, y empalmar con Himno Nacional incluido la velada
del 25 de Mayo. Pero estos británicos tenían una particularidad en
común, habían llegado a la ventosa Santa Cruz desde Malvinas.
Durante la gobernación de Moyano se constituyó un triángulo de
fluidos intercambios, más allá de las nacionalidades, cuyos vértices
eran Malvinas, Santa Cruz y Punta Arenas, en el sur de Chile. Sin
duda esta circunstancia fue constitutiva del posterior desarrollo de
la Patagonia Austral en base al latifundio y la producción lanera. En
este proceso fue decisiva la participación de la comunidad británica
oriunda de Malvinas. El desarrollo de la Primera Guerra Mundial,
con la escalada impresionante del precio de la lana en los mercados
4
Mainwaring, Michael. Falkland Islands to Patagonia.
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La Cuestión Malvinas en el marco del Bicentenario
internacionales favoreció el crecimiento exponencial de esta actividad. En 1914, de 571 propietarios de explotaciones ganaderas, 158
(27,6%) eran argentinos y 413 extranjeros (72,32%).5 La comunidad
inglesa era la más numerosa de este grupo y en ella se destacaban
los oriundos de Malvinas. Tanto es así que en 1918, cuando a instancias de Germán Vidal, gobernador del Territorio, se reorganiza la
Sociedad Rural de Santa Cruz, es elegido Presidente John Hamilton,
escocés oriundo de Malvinas, de donde se trasladó a Punta Arenas en
1883, para de allí saltar a Santa Cruz y Tierra del Fuego en 1886/7.
Existe un lazo más sutil que los inmensurables latifundios, pero
igualmente fuerte, que une la historia de estos pioneros oriundos de
Malvinas con nuestra Patagonia. La vida de cualquiera de ellos puede
contarse en tono de leyenda. Participan de la leyenda de la posesión de los desiertos patagónicos por la industria y el comercio, que
profetizaba Moyano. En la profusa literatura patagónica, desde la ya
clásica Argentina Austral hasta las publicaciones actuales, aparecen
frecuentemente esbozos de las vidas de estos pioneros, no por legendarias menos verdaderas. Sus vidas se parecen a las de nuestros pioneros australes, entre otras circunstancias, porque participan de una
misma matriz mítica y cultural. Quisiera poner un ejemplo sencillo y
evidente para enfatizar esta realidad. Si algún relato es fundacional
de la colonización heroica de la Patagonia es el de los grandes arreos.
Pero si uno pregunta en el sur del sur por el Gran Arreo, inconfundiblemente surgirá una historia entre todas, la del arreo que en 1887
partió de Fortín Conesa con 5.000 ovejas y 500 caballos para arribar
después de dos años y 1.500 kilómetros a Río Gallegos. Los héroes
de esta epopeya que todos conocen como El Gran Arreo son cinco pioneros de origen escocés. Cuatro de ellos llegaron a la Patagonia provenientes de Malvinas, George McGeorge, William Saunders,
John Hamilton y John MacLean. El quinto, Henry William Jamieson,
hacía unos años que había llegado de Australia y supo ser baqueano
del general Roca.
5
Güenaga, Rosario. Instituciones, grupos e ideología en la Patagonia austral.
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Malvinas: hacia una concepción integrador
El capitán de fragata Teodoro Caillet-Bois nos cuenta que antes de
emprender la vuelta de Malvinas, Carlos Moyano pidió formalmente
la mano de Ethel Turner y la proposición fue aceptada, pero como
Ethel sólo tiene 16 años, habrá que esperar para la boda a que cumpla los 18. El 15 de septiembre de 1886 Carlos y Ethel se casaron en
Santa Cruz.
Quien quiera ver en este enlace una figura rediviva de Romeo y Julieta, se equivoca. Las relaciones que a lo largo de la historia han mantenido ingleses y argentinos son infinitamente más complejas que el
odio, un tanto primitivo, de Capuletos y Montescos.
El Municipio de Malvinas
Todos sabemos que las Malvinas forman parte de la provincia patagónica de Tierra del Fuego pero a menudo lo olvidamos. Por su particular situación, estamos más habituados a mentarlas y concebirlas
como aquella tierra irredenta que a imaginarlas formando parte de
un Estado provincial con las contingencias concretas que esto supone.
Ya señalamos que el decreto del 10 de Junio que crea la Comandancia Político Militar de las Islas Malvinas y las adyacentes al Cabo
de Hornos en el Mar Atlántico en 1829, prefigura la creación de la
Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur y
es su primer antecedente histórico. Que Malvinas formara o no, expresamente, parte de esta entidad política no fue tema sencillo.
Ya en el Decreto Ley 2191/57 se define: “El Territorio Nacional de
la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur comprende:
la parte oriental de la Isla Grande y demás archipiélagos de Tierra
del Fuego e Islas de los Estados y Año nuevo, conforme los límites
fijados por el tratado del 23 de julio de 1881, las Islas Malvinas, las
Islas Georgias del Sur, las Islas Sándwich del Sur y el Sector Antártico Argentino comprendido entre los meridianos 25º Oeste y 74º
Oeste y el paralelo 60º Sur”.
Con el retorno a la democracia, bajo la presidencia de Raúl Alfonsín,
se encara la tarea de provincializar el último Territorio Nacional. Por
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La Cuestión Malvinas en el marco del Bicentenario
fin, en 1986, el PEN presenta en Diputados un Proyecto de Ley que
promueve la creación de la provincia de Tierra del Fuego. La posición
del Gobierno en ese momento es que el sector antártico argentino,
las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur mantengan su
estado de territorio nacional, al que denominan territorio nacional
de la Antártida e Islas del Atlántico Sur.
No vamos a analizar las circunstancias y posiciones enfrentadas que
signaron los cuatro años de debates en los que, por momentos, se
anegó el proyecto de ley. Malvinas estuvo en el centro de las disputas
pero, como siempre ha ocurrido, a costillas de Malvinas también se
dirimían, zanjaban u ocultaban otros conflictos e intereses: ¿mar provincial o nacional? ¿provincia grande o provincia chica? entre otros.
Después de tantos forcejeos, en 1990, se sanciona con Fuerza de Ley
la provincialización del territorio nacional de Tierra del Fuego. La ley
23.775, en su artículo 1º, estipulaba meticulosamente sus límites. Las
maestras habrán leído con preocupación el largo segundo párrafo de
este artículo, lleno de paralelos, meridianos, grados, minutos, islas
e islotes de extraños nombres, pensando cómo harían para que sus
niños puedan pintar en el mapa la nueva provincia. La buena noticia era que estaban expresamente nombradas las Malvinas y podrían
pintarse del mismo color que el triangulito del sector oriental de la
Isla Grande de Tierra del Fuego.
Carlos Saúl Menem ya gobernaba la República. Por Decreto 905/90
promulga la ley, vetando parcialmente el artículo 1º. Cuando el 15
de mayo de 1990 se publica en el Boletín Oficial la ley 23.775, el largo segundo párrafo que tan meticulosamente fijaba los límites de la
nueva provincia había desaparecido. Y con él, la expresa referencia
a Malvinas. En los fundamentos con que el Poder Ejecutivo Nacional
justifica su decisión se manifiesta que la delimitación señalada en el
artículo 1º requiere de mayores precisiones para adecuarlo al orden jurídico vigente, agregando que “los límites fijados podrían generar involuntariamente, interpretaciones de terceros estados que
no responden a las posiciones sostenidas en la materia por nuestro
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Malvinas: hacia una concepción integrador
país”. Hay quienes argumentaron que en la larga enumeración de
islas e islotes se habían colado involuntariamente algunos islotes chilenos; otros, las particularidades de una provincia totalmente insular
en relación al dominio político y económico del mar circundante;
pero, a la luz de los vagos fundamentos, el veto tenía una innegable
oscuridad de paraguas.
Desde entonces se inició otro debate que se prolonga hasta hoy. Es
de esperar que los trabajos y sustantivos avances que las Comisiones
de Asuntos Constitucionales y de Relaciones Exteriores y Culto de la
Cámara de Diputados de la Nación han realizado, den el fruto esperado de una completa y precisa superación de este conflicto antes de
que concluya el período legislativo 2009. En este escenario que se
avecina, Malvinas integra expresamente, no sólo por inferencia de lo
dispuesto por el decreto-ley de 1957, el territorio de la provincia de
Tierra del Fuego.
Hemos llegado. ¿Dónde estamos? En el municipio de las Islas Malvinas. No lo digo yo, lo dice la Constitución de la provincia de Tierra
del Fuego, cuyo territorio integran: “Artículo 169.- Esta Constitución
reconoce al municipio como una comunidad socio política natural
y esencial con vida propia sostenida en un desarrollo socio cultural
y socio económico suficiente en la que, unidas por lazos de vecindad y arraigo, las familias concurren en la búsqueda del bien común. Asegura el régimen municipal basado en la autonomía política, administrativa y económico financiera de las comunidades”. Y
el Artículo 170 establece: “La Provincia reconoce como municipios a
aquéllos que reúnan las características enumeradas en el artículo
precedente, siempre que se constituyan sobre una población estable
mínima de dos mil habitantes”. Arañando, pero Malvinas llega.
En consecuencia, la provincia de Tierra del Fuego sería, entre
tantas particularidades, la única provincia argentina que sufre la
contingencia de que uno de sus municipios se encuentre invadido por una potencia extranjera.
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No pretendo municipalizar la causa nacional de las islas irredentas,
simplemente creo que se nos presentan perspectivas interesantes si
miramos desde aquí el grave y complejo problema de nuestra disputa de soberanía con el Reino Unido. Desde este contexto, quizás podamos dimensionar con más claridad esta complejidad, interrogarla,
buscar alternativas y caminos en los distintos niveles que el problema
plantea, trazar junto a la gran política, la pequeña y cotidiana que,
tantas veces, con su urdimbre de gestos, de metas y objetivos alcanzables, de estrategias confluentes, sostiene los grandes ejes y construye viabilidad política para su concreción.
Veamos. Ensayemos ver. Malvinas es parte indisoluble de un todo
más amplio, la Patagonia Argentina. Así fue tejiéndose su historia.
Así lo proclama la Constitución de la Provincia de Tierra del Fuego,
Antártida e Islas del Atlántico Sur cuyo territorio integra: “La Provincia se declara perteneciente a la región patagónica y coordina
su política, planes y gestiones con las provincias de la región y el Estado Nacional”. Es bueno que enfaticemos esta situación, al menos
tanto como el gobierno colonial inglés intenta ocultarla, hasta en los
detalles más nimios. Una de las principales actividades económicas
de las islas es hoy la pesca del calamar. La especie Loligo patagónica
es la más buscada por pesqueros europeos. “Para el gobierno de
las islas, es simplemente Loligo. Como si no hubiere en el mundo,
aparte de la patagónica, otras dieciséis especies de este género”.6
Para desgracia de las autoridades coloniales otra de las especies lleva
el sonoro nombre de Illex argentinus. No estaría mal que nosotros
empecemos a difundir, junto a las siluetas de las islas, leyendas que
reafirmen “Malvinas - Patagonia Argentina” o “Malvinas - Tierra
del Fuego, Argentina”. Hace más ostensible, más evidente, uno de
los principios que son eje de nuestra posición y está aceptado por
la comunidad internacional: la pretensión de “autodeterminación”
de los isleños es inaceptable porque directamente implica el “quebrantamiento de la unidad nacional y la integridad territorial” de
6
Terragno, Rodolfo. Historia y futuro de las Malvinas.
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Marcelo Luis Vernet
Malvinas: hacia una concepción integrador
la Argentina. Hay niveles y ámbitos, pero todo participa y construye
sentido para sostener una política, hasta el nombre de los cefalópodos. Es sólo un ejemplo, pero si afirmamos que existe una provincia
argentina en la que uno de sus municipios se encuentra invadido por
una potencia extranjera, estamos diciendo “quebrantamiento de la
unidad nacional” “quebrantamiento de la integridad territorial”.
Simplemente, al contextualizarlo, al circunscribirlo a una territorialidad más tangible y acotada, se hace más evidente la absurda desmesura de la pretensión inglesa.
Desde luego, la solución del conflicto de soberanía, conforme a nuestras leyes, es responsabilidad del Gobierno Federal. Esta disputa reconoce sólo dos partes, la República Argentina y el Reino Unido que
usurpó las Islas en 1833. Pero hay un tercer actor en este drama, los
ciudadanos británicos que habitan el municipio usurpado de la provincia de Tierra del Fuego. Los ingleses, pueblo que cultiva la ironía,
pugnan hace años porque este actor tenga un papel protagónico, al
punto de pretender se someta a ellos la disputa de soberanía. Es triste, pero aleccionador, el recuerdo de la reunión que el entonces canciller Guido Di Tella mantuvo en mayo de 1999 con “representantes
del gobierno de las islas”. Fue en Londres. El Canciller, debajo de
un paraguas paradojal que mojaba más que cubrir, intentaba sonreír
mientras firmaba una declaración conjunta que daba cuenta de que
en la reunión se había producido un interesante intercambio de puntos de vista sobre comunicaciones aéreas, cooperación en la conservación de recursos ictícolas, reflexiones sobre el control de la pesca
furtiva. Nada tiene que discutir la República Argentina con este actor
en ningún foro internacional, en ninguna reunión bilateral, porque
consolida la estrategia del Foreign Office que avanza lenta pero firmemente hacia la “independencia” de Malvinas. Mucho tenemos que
pensar, imaginar, dialogar para la construcción de escenarios de convivencia con los isleños. Y esto se piensa mejor si vemos el escenario
donde se puede plasmar la convivencia. Mejor si lo pensamos desde
ese territorio concreto, escenario secular de encuentros y disputas,
en el que hemos ido urdiendo una historia común; un drama en el
241
La Cuestión Malvinas en el marco del Bicentenario
que un autor un poco chapucero hizo abuso del recurso de la unidad
de opuestos y no sabe cómo clausurar el conflicto. No hablo aquí
de “seducir a los kelpers” enviando desde el Apostadero del Río de
la Plata tarjetas de Navidad, libros con las aventuras del osito Winnie the Pooh, videos de Pingu con su iglú que, seguramente, algún
coleccionista de excentricidades de Stanley debe atesorar. Hablo de
pensarnos desde una historia común en un escenario que naturalmente nos contiene. Afortunadamente, la provincia en que nuestras
Malvinas están contenidas es enteramente insular. Sin duda será más
sencillo imaginar e ir construyendo modos concretos de convivencia
en que se plasme el precepto constitucional de respetar el modo de
vida de sus habitantes.7 Felizmente, la joven y sabia Constitución de
la provincia insular de Tierra del Fuego acentúa, respeta y promueve
el desarrollo de los municipios como una comunidad socio política
natural y esencial con vida propia sostenida en un desarrollo socio
cultural y socio económico suficiente. Será más natural y concreto,
desde esta base, pensar, imaginar e ir construyendo los ámbitos en
que los intereses de los isleños sean respetados.
¿Son éstas, construcciones ex nihilo? Nada se construye desde la
nada. La convivencia, el respeto por los modos de vida e intereses
de los isleños, se construyen desde una cultura, una matriz mítica
común, relatos en que nuestros destinos se entrecruzan en ese extendido sueño que llamamos Patagonia Argentina.
Y más, se construyen desde la experiencia histórica en la que esta
convivencia fue la matriz desde donde se fue conformando el primer
proyecto nacional de colonización de la Patagonia Austral, la colonización de Malvinas. Veamos. Ensayemos escuchar.
En 1828, la empresa ya está lanzada y cuenta con el respaldo jurídico
y político del gobierno de Buenos Aires. Luis Vernet está en Patago-
7
Constitución Nacional, Primera Disposición transitoria. “... La recuperación de dichos
territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes...”
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Marcelo Luis Vernet
Malvinas: hacia una concepción integrador
nes. Necesita caballos, herramientas, madera, ropa. Compra sesenta
caballos con todos los aperos necesarios; compra hachas, tenazas,
martillos, calzado, medias y chaquetas; compra cerraduras, dos
cajoncitos de vidrios, un canasto de loza surtida, diez recados, caronas, un cajón de medicinas, quillapis. Las cuentas las arregla con
el propio Alfaro, Juez de Paz de Patagones y uno de los héroes de la
resistencia contra los brasileños en el combate del Cerro de la Caballada. Fleta el bergantín Combine con los caballos para Malvinas, y en
la polcra Fiburtina embarca todo lo demás. Ese año, en la incipiente
colonia se festeja con solemnidad el 25 de mayo. Los pormenores
centrales de la fiesta se han salvado del olvido gracias al parco diario
que lleva Emilio Vernet, hermano de Luis, sobre todo lo que acontece en Puerto de la Soledad: “25 de Mayo de 1828, que amaneció con
algunos chubascos y graniza. Al salir el sol se tiraron tres cañonazos e izaron la bandera inglesa y la de Buenos Aires”;8 al mediodía
se tiraron otros tres y a la noche otros tres. Después de almorzar
carne con cuero y tortas que se habían hecho a propósito, tiramos
al blanco hasta entrar el sol. La gente organizó un baile en el rancho del tonelero, que duró hasta el día”. Al año siguiente, 1829, Vernet ya ha sido designado Comandante Político Militar de Malvinas.
Se traslada a vivir allí con su familia. El 30 de agosto, Día de Santa
Rosa de Lima, patrona de América, con toda la población reunida,
Vernet toma posesión del cargo y da a conocer el decreto del 10 de
junio de 1829. Se iza la bandera nacional y se la saluda con veintiún
cañonazos. Se reparten cintas celestes y blancas para los sombreros.
Vernet concluye su proclama “… y al efecto ha enarbolado en este
día el pabellón de la República, saludándolo en la mejor forma que
permite el naciente estado de esta población. El Comandante espera que cada uno de los habitantes dará en todo tiempo de subordinación a las leyes, viviendo como hermanos en unión y armonía a
fin de que con el incremento de población que se espera y que el Superior Gobierno ha prometido fomentar y proteger, nazca en su te8
No olvidemos que, en ese entonces, la Comandancia de Malvinas dependía del Estado
de Buenos Aires.
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La Cuestión Malvinas en el marco del Bicentenario
rritorio austral una población que haga honor a la República cuyo
dominio reconocemos. ¡Viva la patria!” María, la esposa de Vernet,
también lleva un diario. Un día entre los días de ese 1829 leemos:
“Jueves 22 de Octubre. Nublado, con algunas garúas. Una mujer
inglesa que fue a Statenland con su marido nos pide quedarse aquí
hasta la vuelta del bergantín (…) Yo me alegro que se quede, por
ser buena costurera”. El jueves 5 de noviembre continúa la historia:
“Nublado y de mucho viento fuerte. Hoy ocupó una pieza de altos
Miss Nims, la mujer inglesa que se queda con nosotros”. Otro día sin
grandes acontecimientos anota: “Lunes 7 de Diciembre: Mal tiempo.
Miss Nims me acompañó todo el día. Describíamos modas que sólo
aquí pueden usarse”. Trato de verlas. Están cosiendo e inventando
modas que sólo en Malvinas se pueden usar. Se ríen. Quizás ellas
hubieran sabido cómo arreglar este entuerto.
Bajito, mientras las veo, recuerdo unos versos que podríamos hacer
nuestros:
“Madre, madre,
vuelve a erigir la casa y bordemos la historia.
Vuelve a contar mi vida” 9
Malvinas, Atlántico Sur, Sudamérica
Hemos intentado poner a Malvinas en su natural contexto patagónico para interrogarla y ensayar una comprensión de nuestra historia y algunos de nuestros desafíos. Apenas un esbozo, que aspira
ser contribución para un desarrollo más profundo.
Más esbozados aún, no quiero dejar de plantear otros contextos
que hacen a esta comprensión integradora, al menos en sus lineamientos generales.
9
Orozco, Olga. Les jeux sont faits
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Marcelo Luis Vernet
Malvinas: hacia una concepción integrador
Si no pensamos Malvinas en su enclave del Atlántico Sur, difícilmente
entendamos lo que está en disputa. Ni entenderemos por qué, a lo
largo de su historia, fue Malvinas tierra de disputas entre las principales potencias.
Desde mediados del siglo XVIII, Inglaterra y Francia pugnan con España por la posesión de las Islas Malvinas. Desde luego, no es esa
diminuta porción de tierra lo que les interesa. El primero que lo
consignó con claridad fue el comodoro George Anson de la Marina
de SMB. Refiriéndose a Malvinas plantea: “es difícil concebir de cuán
prodigiosa importancia pueda resultar tal ubicación, situada tan
al Sur, y tan cerca del Cabo de Hornos (...) Esto, aún en tiempos de
paz, puede resultar de gran consecuencia para esta Nación, y, en
tiempos de Guerra, nos convertiría en amos de esos mares”.10 Por su
parte, el francés Louis Antoine de Bougainville, primer colonizador
de las Malvinas, consignó en 1765: “Poseyendo las islas Malvinas,
nosotros somos, en todo el sentido del término, dueños del mar del
Sur y del Río de la Plata”.11
Ese nudo del mar del Sur tuvo importancia estratégica por tres factores concurrentes. Como paso hacia las riquezas de Oceanía, Asia
y los puertos americanos del Pacífico; como reservorio, en sí, de valiosos recursos naturales; como enclave militar para el control del
paso bioceánico y la América del Sur. Desde entonces, han cambiado
mucho las circunstancias pero, en esencia, el problema es el mismo. A fines del siglo XVIII y principios del XIX, se agota en el Norte
el recurso no renovable del aceite de ballenas y lobos marinos. La
creciente demanda de lubricantes y combustible para la industria y
la iluminación de las ciudades los había diezmado. Las proas de los
loberos y balleneros enfilan para el sur. En los informes que el flamante Comandante de Malvinas envía al Gobierno en diciembre de
10
“A voyage round the world, in the years 1740-1744, by George Anson” Walter, Richard,
1748
11
Informe reservado de Bougainville al duque de Choiseul, ministro de Luis XV. Citado
por Rafael Saiegh, Francia en las Islas Malvinas.
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La Cuestión Malvinas en el marco del Bicentenario
1829 se plantea con claridad esta situación: “El extranjero, que procura únicamente su utilidad inmediata y actual, sin atender a lo
futuro, hace la matanza de modo pernicioso. Abraza los campos y
mata indistintamente, y en toda época, aun en la de parición. De
aquí, y de la constante y grande concurrencia, ha nacido la actual
disminución de los lobos; de los cuales habrá hoy apenas la vigésima parte de los que había en 1820”.12 Entre julio y agosto de 1831,
en cumplimiento de la legislación vigente, se apresan tres goletas
estadounidenses que reiteradamente han infringido los reglamentos
de pesca. La conmoción es enorme. Andrew Jackson, presidente de
Estados Unidos, ensaya los primeros balbuceos del concepto de guerra preventiva. A fines de diciembre de ese año el buque de guerra
estadounidense Lexington realiza una expedición punitiva contra
Malvinas, destruye instalaciones, apresa colonos, siembra el terror.
Los acusa de “piratas”. Entre otros son detenidos Jacinto Correa,
Silvestre Núñez, Dionisio Heredia. Yo, que supe ser buen lector de
Salgari, Stevenson y la historia de Inglaterra, no logro imaginarme
un pirata que responda al nombre de Jacinto Correa. Los ingleses
las ocupan sin necesidad de urdir excusas, para ellos, cualquier roca
que emerge del mar es potencialmente inglesa.
Hoy, lo que se está agotando es el petróleo en el Mar del Norte. Hoy,
en cualquier suplemento dominical se profetizan apocalipsis de las
guerras por los recursos. Hoy, Malvinas es el corazón de una enorme
disputa territorial que involucra directamente los límites de la Plataforma Continental Argentina. Basta ver los mapas que acompañan la
presentación Argentina ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU. Hoy, como a lo largo de toda su historia,
pero más dramáticamente, Malvinas es Atlántico Sur, y es el Atlántico
Sur lo que está en disputa, no sólo el municipio usurpado de Tierra
del Fuego. En consecuencia, esta situación que afecta directamente
a la Argentina, involucra e interesa a toda la región. En la última
reunión del Comité Especial de Descolonización de las Naciones
12
AGN, Colección Vernet
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Marcelo Luis Vernet
Malvinas: hacia una concepción integrador
Unidas, junio de 2009, el Canciller argentino, Jorge Enrique Taiana,
denunció “la pretensión británica de incluir partes del territorio
nacional argentino en su presentación ante la Comisión de Límites
de la Plataforma Continental” y enfatizó un aspecto central de la
problemática: “... la presencia de una poderosa base militar emplazada por el Reino Unido en las islas (...) constituye un elemento
perturbador en el mantenimiento de la paz y la seguridad en el
Atlántico Sur, esfuerzo en que, en cambio, nos encontramos empeñados los países del Cono Sur”.
Hemos llegado ¿Dónde estamos? En Sudamérica. No lo digo yo, nos
lo propone por contraposición la Unión Europea en su Constitución
al caracterizar a las Malvinas como “territorio asociado” de ultramar.
Nos lo demostró EE. UU. cuando en la Guerra de Malvinas apoyó
decididamente a sus aliados del Atlántico Norte. Nos lo imponen,
como natural actitud de defensa, los “briefing papers” de especialistas en seguridad ingleses que piensan Malvinas como base militar
de la Unión Europea.13 Si no acertamos a responder que Malvinas es
Sudamérica, difícilmente podamos encontrar la solución a los acertijos con que la Esfinge pretende estrangularnos. Veamos desde este
contexto sudamericano al municipio de Malvinas. ¿Qué hace una
base militar del Atlántico Norte en el Atlántico Sur? Esta circunstancia debería preocupar a los vecinos isleños tanto como a nosotros, ya
que conspira directamente contra su modo de vida, reconocidamente pacífico; ya que perturba profundamente sus intereses, salvo que
crean que se puede construir una economía sustentable, de largos
desarrollos estratégicos, dentro de una Fortaleza. ¿Qué pensarían
María y Miss Nims, entre puntada y puntada, sobre la perspectiva de
que sus hijos jueguen y crezcan a la sombra de una base militar? Esta
circunstancia los afecta directamente por una sencilla razón, viven
13
“The status and location of the military installations of the Member States of the European Union and their potential role for the European Security and Defence Policy
(ESDP)” ROGERS, James and SIMÓN, Luis. En www.europarl.org.uk Subcommittee on
Security and Defence, 30 de marzo de 2009.
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La Cuestión Malvinas en el marco del Bicentenario
aquí, en la extendida Patagonia, en el nudo del Atlántico Sur, en la
pacífica Sudamérica. Y nuestros destinos están atados.
Ante los callejones sin salida que nos propone el odio, busquemos
la puerta al campo, pensemos Malvinas desde Sudamérica. No sólo
en las declaraciones de los Foros Regionales. No sólo en la probada solidaridad de los países de la Región para con nuestro reclamo.
Pensémosla desde el Mercosur, desde el Unasur, desde proyectos
asociativos de largo alcance e intereses compartidos. Imaginemos y
vayamos construyendo alternativas concretas que ayuden a anticipar
el mañana. Invitemos a los que quieran oírnos a habitar esta esperanza. Sin duda, Sudamérica sigue siendo el Nuevo Mundo.
Viene un muchachito caminando por la calle. De lejos distingo estampada en la remera las abruptas siluetas de Malvinas sobre un mar
que es la bandera Argentina. Pienso que, tal vez, su padre estuvo en
la guerra. Hay una leyenda escrita que no alcanzo a distinguir. Los
años no vienen solos. Avanzo y siento latir una esperanza. Quizás
esté escrito “Las Malvinas son Sudamericanas”. Ojalá Dios me guarde la vida para verlo.
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