...

Demasiado saber

by user

on
Category: Documents
0

views

Report

Comments

Transcript

Demasiado saber
www.univforum.org
Demasiado saber
Ricardo Yepes S.1
Querido Carlos:
Si te has quedado pensando cuanto te hablé de los clásicos en mi última carta,
habrás llegado a la conclusión de que la humanidad no ha perdido el tiempo antes de
nacer tú y yo. Muchos hombres ilustres han desfilado bajo las estrellas, y muchos más
aún, menos doctos pero igualmente laboriosos, han llenado el mundo haciendo y
enseñando.
A veces me entra un poco de vértigo al pensar en todo lo que los hombres han
escrito. Me siento impotente ante el talento de tantas inteligencias puestas en marcha.
El conjunto del saber humano, pasado y presente, es sencillamente prodigioso. Siento
en mí, no sé si tú también, cierto deseo de asimilarlo todo en una visión sintética, capaz
de aglutinar de una vez los actos intelectuales míos y de mis antepasados. A veces me
imagino la eternidad como la simultaneidad de todo el saber.
Dejando aparte estas imaginaciones un poco pueriles, quiero llamar tu atención
sobre lo mucho que la humanidad ha logrado conocer y el modo en que ese saber se
deposita en lenguaje, en libros, en soportes informáticos, en el subconsciente humano,
en las instituciones, en el derecho, en artefactos técnicos, en objetos artísticos y en el
habitat humano en general. A eso lo llamó Hegel espíritu objetivo: el saber humano
plasmado en un soporte material conformado culturalmente. Es una cuestión del
máximo interés para entender al hombre: el espíritu humano se hace cultura, se
deposita y permanece fuera de nosotros, forma un mundo más allá de mí, superpuesto
a la naturaleza. Cuando te hablé de las imágenes me referí a este entorno de artificios
extendido entre la naturaleza y yo. Me refiero también a las instituciones, el derecho y la
moral.
Esa realidad pone de relieve dimensiones profundas del ser humano. Es muy
amplio, y bonito, discurrir lo referente al mundo técnico y cultural, la “vestidura de la
tierra”, puesta por el hombre. Arnold Gehlen, autor alemán de los años 40, describió
magistralmente este aspecto de la condición humana. Algo de esto trató también
Heidegger.
Querría tratar sólo colateralmente esta cuestión, no sin abrirte con ella, como
siempre procuro hacer, un horizonte para tus lecturas y posteriores reflexiones: buscar
Capítulo octavo del libro Entender el mundo de hoy. Cartas a un joven estudiante, Rialp, Madrid 1993, pp.
93-105.
1
1
el punto de unión entre la situación que contemplas y las raíces más profundas del ser
humano. Es éste un camino muy fecundo para entender no sólo el mundo que nos ha
tocado vivir, sino la fibra permanente del hombre y la mujer que lo habitan.
Mi preocupación ahora es otra. Uno de nuestros problemas más ciertos, en
especial en la universidad, es cómo dar cuenta de un modo humano y abarcable de la
gran acumulación de saber producida en los últimos cien o doscientos años. Me estoy
refiriendo ahora al espíritu objetivo contenido en el lenguaje científico, en cualquiera de
sus estados y formas (libros, objetos y técnicas científicas, equipos de trabajo, institutos
de investigación, bibliografías y nuevas áreas de estudio, etc.).
Es evidente que la especialización de las ciencias y de los saberes ha transcendido
ya el ámbito puramente académico. Se da ya en casi todas las actividades humanas,
también en las no científicas: la información, las revistas, las tiendas, los automóviles,
los ordenadores.... En nuestra sociedad todo ha alcanzado tal grado de complejidad que
para desempeñar con competencia cualquier actividad se hace necesaria una
especialización, sea pequeña o grande. Es éste un
En un mundo donde las aspecto ya advertido en mi primera carta: la
complejidad es creciente y exige especializarse,
imágenes jubilan con
profesionalizarse. En nuestro mundo quien no se
frecuencia al
especializa corre el grave riesgo de no ser nada, de no
pensamiento, es
estar en ninguna parte porque la “función” continúa
necesario afirmar que
sin él: no tiene verdadera profesión. Todos hemos de
para convencer hay que
tener un papel en esa “función”. Esto es obvio, hoy
decir lo que se tiene
más que nunca. Las excelencias de la profesionalidad
como propio
son la competencia y la pericia, y conducen a la
eficacia.
Es propiamente característico del mundo actual que haya mucho “saber objetivo”
en cada cosa, por pequeña que sea: siempre requerimos unas “instrucciones de manejo”
que permitan resolver la complejidad del aparato técnico y sacar todo el rendimiento
posible a cada artefacto o función. Todo —desde conducir un autobús hasta invertir en
bolsa— requiere dominar la técnica de que se trate. No basta con apretar un botón y...
¡clic!
Piensa en los saberes universitarios. Para contribuir a su avance es preciso
ponerse en punta de la investigación: una labor larga, de años. La división del trabajo
científico lo ha convertido en inmenso: cualquier tema exige una labor muy seria de
documentación y estudio previos. De aquí surgen multitud de problemas que
preocupan a las autoridades universitarias en todo el mundo: el prestigio de cada
departamento, la formación de los investigadores, la interdisciplinariedad que permita a
los estudiantes una visión sintética y a los especialistas un diálogo fecundo...
La hipótesis que te quiero proponer, para que tú la pienses, es que el hombre de
hoy, y el universitario en especial, con frecuencia está perdido en la gran masa de saber
objetivo acumulado, y gasta buena parte de su vida, como trabajador del conocimiento
—los que usan sobre todo la cabeza— o como investigador, en ser una pieza que
mueve y dinamiza esa gran masa, la hace crecer o la aplica técnicamente en condiciones
viables. Pero le resulta muy difícil enfrentarse al conjunto de ese enorme artificio
técnico-científico, y tratar de verle un sentido global, sin caer en la perplejidad.
Esto tiene un corolario: ese saber objetivo está, sin más, despersonalizado. No
depende de nadie en concreto. Está simplemente ahí. Algunos tienen poder para
dominar una parcela más o menos ancha de él. Pero el propio saber objetivo tiene un
gran poder, porque su misma objetividad y amplitud se imponen y determinan cómo ha
2
de ser el trabajo y la vida de los hombres y mujeres insertos en él. El hombre, de algún
modo, es presa de su propio esfuerzo, porque éste llega a excederle. Por eso es fácil
caer en tentaciones idealistas o estructuralistas, como el inconsciente colectivo.
¿Qué le falta al saber científico y técnico? Su radicación personal, es decir, ser de
alguien. ¿Por qué se vuelve amenazador? Porque nadie lo posee sintéticamente: está
deshumanizado. ¿Por qué el hombre sólo puede acceder a él de modo muy sectorial?
Porque es grande y complejo. Despersonalizado, grande y complejo. Tres puntos
importantes. Se pueden predicar del saber objetivo, y en consecuencia, de nuestro
mundo en general.
Todos estamos de acuerdo en que la enseñanza universitaria debe proporcionar
algo más que un conocimiento de tareas especializadas convertidas en un título y
capaces de proporcionar un puesto en el gran sistema funcional de la sociedad. Debe
proporcionar eso, pero no sólo eso. Una visión global de la ciencia permite una visión
de conjunto del mundo en que se vive. Dar eso también es tarea de la universidad.
Una visión global de la ciencia quiere decir: dar respuesta a los problemas e
implicaciones últimas contenidos en ella, tener capacidad de integrar unitariamente la
gran masa del saber y dotarle de un sentido más allá de él. Esto es algo que sólo
podemos hacer las personas: poner unidad y sentido transcendente. Querría exponerte
esto de modo que se entienda.
Cuando no se radica personalmente lo que se sabe, lo sabido puede ser mera
técnica, que cualquier otro, y no yo, puede conocer y aplicar. La razón abstracta es
universal, y por eso cualquier sujeto puede reiterarla en sí mismo. Aquello contra lo que
estoy escribiendo ahora es la desconexión entre lo que se sabe y lo que se es, entre lo
que se conoce y lo que se vive.
Páginas atrás comencé a explicarte que la verdad puede encontrarse y ser
inspiración de mi libertad. Casi nadie hoy en día repara en este aspecto “vivencial”,
llamémosle así, de la verdad. Tú puedes saber muchas verdades abstractas, universales,
técnicas, y no conectarlas de ningún modo con lo que
eres. Por ejemplo: te puede apasionar una discusión
Nuestro mundo está
sobre cuándo escribió Aristóteles la Etica a Nicómaco, o
demasiado lleno de
cómo identificar una partícula elemental subatómica
palabras superfluas.
llamada quark. La única vinculación que eso tiene con
Los medios de
tu vida es que te dedicas apasionadamente a ello (ya no
es poco). Pero entre lo que tú eres y lo que estás
comunicación y la
estudiando hay un espacio lleno de problemas que
letra impresa son una
exigen una respuesta: ¿cuál es el constitutivo último de
industria que debe ser
la materia y cómo se puede racionalizar?, ¿en virtud de
llenada todos los días
qué puedo yo asimilar algo pensado por Aristóteles?,
¿por qué me interesan ambas cosas? Y tantas otras
preguntas.
El acercamiento entre quien sabe y lo sabido tiene una doble vertiente: por una
parte los problemas teóricos planteados en el saber objetivo remiten a cuestiones
últimas, de carácter global, como el sentido de la investigación científica y del mundo
investigado, su cognoscibilidad, etc. Esas cuestiones últimas sólo pueden ser
respondidas en último extremo mediante una reflexión teórica que podemos llamar, en
sentido amplio, filosofía.
Pero, y aquí viene la segunda vertiente, una reflexión de carácter filosófico, es
decir, una búsqueda del sentido último de lo que se sabe, sólo puede ser culminada si la
respuesta la doy yo, es decir, si la respuesta es mía, no una mera repetición mecánica de
3
lo que otros han dicho, si lo que digo lo digo convencidamente, porque lo he pensado
yo. Dicho de otro modo: las grandes cuestiones humanas sólo pueden ser respondidas
de modo originario si son respuestas personales, en el sentido coloquial de la expresión.
En un mundo donde el saber tiene un carácter marcadamente objetivo y
despersonalizado, donde las imágenes jubilan con frecuencia al pensamiento, es
completamente necesario afirmar que para convencer hay que decir lo que se tiene
como propio. Sólo lo auténtico es verdad en sentido genuino: sólo lo que inspira mi
libertad y nace de lo hondo de mí es verdadero y cierto. Si la verdad no es la mera
coherencia formal objetiva, lógica, del saber, si la verdad tiene que ver con la libertad y
con las personas, entonces las voces que siempre serán escuchadas son las que manan
de un hontanar auténtico: la capacidad personal de crear, decir y expresar verdades
viejas en obras nuevas.
Lo que hay de inédito en el mundo lo aporta la persona, la única fuente de
novedades auténticas.
Si el pensar es pensar de alguien, y no mera repetición de pensamientos ya
pensados por otros, o problemas abstractos acumulables en un ordenador, entonces ese
pensar es auténtico, porque tiene carácter de novedad: nunca antes fue pensado, ni
dicho por otro del mismo modo. Como ves, estoy reivindicando la originalidad, lo
auténtico, la capacidad de decir y pensar cosas verdaderas, nacidas del único hontanar
de novedades que existe: la persona.
Nuestro mundo intelectual está lleno, casi por completo, de pensamientos tenidos
en régimen de préstamo: otros los pensaron y yo los utilizo, los maquillo, los reciclo, los
aumento, los pongo de nuevo a circular. Gran parte de la actividad académica
humanística no es más que tomar algo de otros y repetirlo. En esa tarea se suele
aprender, y es de gran eficacia, un método científico para descubrir, ordenar y exponer
ese saber académico. Pero demasiadas veces se olvidan las grandes preguntas: ¿Esto es
verdad? ¿De qué modo me afecta?
Sería ingenuo negar originalidad a los trabajos
científicos de calidad. La tienen. Pero es una
Gran parte de la
originalidad que trabaja sobre materiales prestados:
actividad académica
no crea nada nuevo, salvo la síntesis, la nueva
humanística no es más
sistematización donde son presentados. Éste es un
que tomar algo de otros y mal del mundo académico que suele frustrar a los
jóvenes ávidos de respuestas inspiradoras de la
repetirlo. Pero
libertad. El saber objetivo no suele ser demasiado
demasiadas veces se
apasionante, capaz de conmover y engendrar
olvidan las grandes
cambios en la persona. Esto sólo lo provocan
preguntas: ¿Esto es
quienes hablan desde sí mismos para decir verdades
verdad? ¿De qué modo
auténticas. Dicho de otro modo: el encuentro con la
me afecta?
verdad frente al saber objetivo acontece sólo
algunas veces.
La autenticidad, la “genuinidad”, la convicción profunda en lo que se dice, no
suelen mirar mucho a su alrededor para tener en cuenta el contexto y adecuar el
discurso a la “moda” o a la oportunidad. Hablan directo al interlocutor porque portan
una verdad que no es contextual y no remite a los tópicos o temas de moda. La verdad
no suele pagar tributo al contexto. Su éxito radica precisamente en eso: convence
porque no es “convencional”. Interesa porque no es “lo de siempre”, lo que todos
dicen. Conmueve porque “tiene sonido” verdadero.
4
Nuestro mundo está demasiado lleno de palabras superfluas. Los medios de
comunicación y la letra impresa son una industria que debe ser llenada todos los días.
No importa si hay algo que decir o informar. Lo necesario es salir a la calle, a la antena,
y eso exige llenar los minutos y las páginas con un discurso. La elegancia formal, el
atractivo o gancho comerciales, el tributo a un contexto del que destacarse son
condiciones obligadas. Y así nace una cultura de la razón y la palabra superfluas.
Te será muy fácil concluir que hay una cercanía entre esta razón y palabra
superfluas y la mentira. Jean François Revel, con todo su “vedettismo”, suele acertar
algunas veces en su diagnóstico, como por ejemplo en El conocimiento inútil, donde
fustiga la falsedad política de los medios de comunicación. El carácter superfluo de
muchos libros e informaciones los sitúa en una región donde la verdad está ausente. De
ahí a la falsedad hay un paso muchas veces imperceptible. Por eso somos víctimas con
tanta frecuencia de la razón y la palabra superfluas.
Me gustaría meditar largamente contigo el contraste entre esta emisión
incontrolada de pensamientos inútiles, o ya usados por otros, y la fuente silenciosa de
donde manan las interpretaciones del mundo originales y convincentes. No tenemos
tiempo, como siempre: sigue tú. Quizá ahora puedas entender mejor por dónde iba yo
al decirte que falta radicación personal en el saber objetivo, visión global en la ciencia,
autenticidad y originalidad en el trabajo de la razón. Te aconsejo que huyas de los
intelectuales, en el mal sentido de la palabra. Me refiero a los “expertos en contexto”:
quienes viven de citas y de procesar pensamientos de otros, acicalándolos con erudición.
En el mundo hay un gran vacío de originalidad, de ideas propias, de verdades
tenidas dentro de sí. La vida intelectual puede llegar a ser sumamente estéril. Tan
absurda, por inauténtica, como una fábrica de zapatos sin zapatos. Las ideas recicladas
son verdaderas sólo en sentido débil. No siempre la mucha lectura y afán de novedad
nacen de la originalidad. La erudición no significa rigor, ni profundidad, ni un propósito
claro al pensar.
Quienes no arrancan o terminan en la situación en que viven no pueden ser
excesivamente considerados como intelectuales o pensadores. Mira cómo es un hombre,
y sabrás cómo piensa. Mira sus ideas y contrástalas con su vida. Concluirás entonces lo
que es, y lo que hay de verdad en lo que dice. La actividad intelectual que está
enmarcada en una vida humana indigna al final no es coherente. No yerres en una
cuestión decisiva: elegir a tus maestros. Elige a quienes han formulado un auténtico
encuentro con la verdad. Si eliges mal, la pérdida es enorme, porque decae el modo
expositivo y el contenido mismo de las ideas, su verdad.
No estoy en esto con Sócrates, quien, como sabes, afirmó que conocer la verdad
es de por si ser bueno. Simplemente rompo una lanza por la autenticidad, ser lo que
antiguamente se llamaba hombres de una pieza; en términos actuales: coherentes. La
coherencia es moneda rara en épocas de perplejidad. Y en la nuestra hay mucha. La
coherencia siempre suscita admiración, porque presenta una verdad teórica vivida de
modo práctico, con convicción y expresión personales. La herencia del relativismo es
antitética con esto. Pero la gente sigue buscando esa coherencia, porque sin la verdad
no es posible una vida humana digna.
Concluyo diciéndote que el fruto del trabajo intelectual, sea mero saber objetivo o
actividad informativa, narrativa o ensayística, carecen de fuerza inspiradora si no nacen
y son dichos nuevamente desde el seno profundo de la persona. Espero que no
consideres esta conclusión como una moralina imprecisa y vaga. Confío en poder
desarrollar para ti más ampliamente esta conclusión.
Hasta muy pronto.
5
Fly UP