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DEMASIADO AMOR TOO MUCH LOVE

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DEMASIADO AMOR TOO MUCH LOVE
SARA SEFCHOVICH es sociólogo, escritora y traductora, y ha publicado
numerosos artículos y siete libros. Ha recibido varios premios tanto en México
como en el extranjero, entre ellos el premio "Agustín Yañez", 1990, por su primera
novela Demasiado Amor. Actualmente participa en el consejo editorial de la
revista Debate Feminista.
Sociologist, writer and translator, SARA SEFCHOVICH has published seven
books as well as numerous articles on literature and ideas. She has been awarded
several prizes in Mexico and abroad including the 1990 "Agustín Yáñez" prize for
her first novel Demasiado Amor. She is currently member of the editorial board of
the magazine Debate Feminista.
DEMASIADO AMOR
TOO MUCH LOVE
Así empezaron las dudas, las torpezas, las
ridiculeces, las desconfianzas, los miedos, los insomnios.
Sin saber por qué, lloré un amanecer en Oaxaca y
varias noches en el cuartucho del hotel de Nautla, toda la
mañana en el hotel de San Luis y toda la tarde en el Hotel de
Guadalajara. Pero nunca lloré como en Oaxaca, en las
nieves de la Soledad y nunca como en Querétaro, echada en
una cama con colcha de ñores verdes, frente a unas cortinas
de flores verdes. Sin saber por qué, empecé a llorar
demasiado seguido.
Me había pasado los últimos trescientos viernes,
trescientos sábados y trescientos domingos de mi vida
imaginando que la felicidad era así, que la felicidad estaba en
los caminos, en los hoteles, haciendo el amor; que la
felicidad estaba en conocer mi país, en amarlo como te
amaba a ti.
La felicidad era mirar un mercado, hablar con viejos
en pueblos polvosos, viajar trescientos kilómetros para
visitar un santuario, cien para comprar una olla o uno sólo
por pasear. La felicidad era cuando no podíamos decidir
entre ir a Mérida o a Monterrey, a Actopan o a Huejutla,
entre salir a la calle o quedarnos a hacer el amor.
La felicidad era desnudarnos en los caminos para
nadar en riachuelos helados, sentir el día y la noche, la lluvia
y el sol, la tarde, el trópico, el desierto, y hasta un jardín.
La felicidad eran las noches de Navidad, los
camiones que nos echaban sus luces enormes, las velas
prendidas, los altares de tantas iglesias, las alubias que nos
daban a cenar en el hotel. La felicidad eran las novelas que
nos hablaban de este país, las películas que nos hablaban del
pasado y las canciones que nos hablaban de amor. La
felicidad era todo lo que sabías de los árboles, lo que
contabas de los santos, las cosas que decías de Tabasco y
That's how it all began: the doubts, the awkwardness, the absurdities, the suspicions, the fears, the sleepless
nights.
Without knowing why, I cried early one morning in
Oaxaca and many nights in the dingy hotel room in Nautla,
all morning long in the hotel in San Luis and all evening
long in the hotel in Guadalajara. But I never cried as I had in
Oaxaca, at the ice cream stands of Soledad, and never as I
had in Querétaro, stretched out on a bed with a green
flowered bedspread, in front of green flowered curtains.
Without knowing why, I started crying too often.
I had spent the last three hundred Fridays, three
hundred Saturdays, and three hundred Sundays of my life
imagining that this was what happiness was, that happiness
was on the roadways, in the hotels, making love; that
happiness was knowing my country, loving it like I loved
you.
Happiness was walking through a market, talking
with old timers in dusty villages, travelling three hundred
kilometres to visit a sanctuary, one hundred to buy a pot, or
only one to simply take a walk. Happiness was when we
couldn't decide between going to Mérida or to Monterrey, to
Actopan or to Huejutla, between going out and walking
around or staying in and making love.
Happiness was undressing on the roadside to swim
in icy streams, experiencing the day and the night, the rain
and the sun, the evening, the tropics, the desert, even a
garden.
Happiness was Christmas nights, the bright lights of
passing buses, candles burning, the altars of so many
churches, the stringbeans they gave us for dinner in the hotel.
Happiness was the novels that spoke of this country, the
movies that spoke of the past, and the songs that spoke of
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Veracruz, oírte cantar por los caminos, mirar las plazas,
comer en las fondas y comprar en las tiendas. La felicidad
era una jicama con chile, ümón y sal, unas fotos tomadas en
cualquier esquina, las frutas dulces que probábamos, las
tortillas untadas de cualquier cosa y sobre todo, tanto
caminar. Nunca me acordé del tiempo que pasaba, no oí los
ruidos de alrededor, nunca me fijé en las gentes que nos
miraban. Jamás vi las cosas tristes, las cosas feas, las que
sabían rancio y olían mal, las de mentiras o de imitación. La
felicidad era así, sencilla, porque te amaba, deseaba,
admiraba, soñaba, suplicaba, rogaba, agradecía. La felicidad
estaba en mí porque estaba contigo y aquí, en mi país.
¿Por qué entonces empezaba ahora a ver y a notar
las cosas feas, las que no funcionaban, las que morían, las
que se echaban a perder? ¿Por qué empecé a sentir
dificultad? No lo sabía, no lo supe entonces y tal vez nunca
lo sabré. Pero en mí, algo muy fuerte sucedió, algo cambió.
Extracto de la novela Demasiado Amor, Editorial Planeta
Mexicana, 1990.
love. Happiness was everything you knew about trees, your
stories of stories of the saints, the things you said about
Veracruz and Tabasco, listening to you singing along the
road, visiting town squares, eating in little restaurants,
buying in little shops. Happiness was jicama with chile,
lime and salt, a few photos snapped on any street corner, the
sweet fruits we tasted, tortillas smeared with whatever, and
above all, the endless walking. I never remembered the time
that was passing, never heard the sounds all around us, never
noticed the people who were looking at us. I never saw the
sad things, the ugly things that tasted rancid and smelled bad,
the things that were false or fake. Happiness was like that,
simple, because I loved you, desired you, admired you,
dreamed of you, implored you, begged you, thanked you.
Happiness was inside of me because I was with you and I
was here, in my country.
So why did I begin to see and take note of the ugly
things, the things that didn't work, the things that were
dying, the things that were rotting away? Why did I start to
experience difficulty? I didn't know, I didn't figure it out
then and maybe I never will. But inside of me, something
very serious happened, something changed.
Jicama: turnip-like root vegetable
Translation by Lori Nordstrom
Excerpt from the novel Demasiado Amor, Editorial Planeta
Mexicana, 1990.
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