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Prólogo:
Un viaje al poder personal
Hasta hace sólo seis años, yo me dedicaba, como muchas personas,
a vivir según los patrones sociales establecidos. Trabajaba ocho horas
al día, de lunes a viernes, dejando de lado lo que me gustaba. Principalmente buscaba ganar mucho dinero y tener éxito. Creía que ésa
era la fórmula perfecta para ser feliz, aunque lo que hacía era gastarme el dinero para anestesiarme de una vida infeliz que deseaba
olvidar.
Cuando monté mi primera empresa, tenía apenas veintiún años.
Luego tuve tres negocios más. El primero fue una compañía de sistemas de seguridad que instalaba controles para que los trabajadores
ficharan en su trabajo. Es difícil imaginar una actividad más prosaica.
Otra empresa que tuve trabajaba con cámaras y circuitos cerrados de
televisión.
Paralelamente estuve una temporada trabajando en Nintendo.
Como vendía con mucha facilidad, me ventilaba el trabajo en un par
de horas y el resto del tiempo me anestesiaba nuevamente. Es decir,
necesitaba distraerme para olvidar que lo que hacía no me gustaba.
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Con ese fin me dedicaba a hablar de los demás, criticar, discutir,
beber alcohol… Por aquel entonces ganaba mucho dinero, y la gente
me decía que, aunque no estuviera contenta con mi trabajo, tenía
que aguantar.
Pero eso me hacía sentir inmensamente infeliz. Anhelaba encontrarme a mí misma, y ganar tanto dinero no me ayudaba. Estaba
atrapada en un triángulo, con el trabajo, el dinero y la libertad en sus
vértices. Tenía la creencia de que el dinero sólo se consigue trabajando y que no se podía trabajar y ser libre al mismo tiempo. Por lo
tanto, siguiendo la lógica de ese triángulo, llegué a la conclusión de
que si yo era libre no tendría dinero.
Aún no había dado mi salto de fe.
Cuando decidí dejar mi último trabajo, no lo anuncié a mi familia
porque no habrían entendido que abandonara una actividad en la que
ganaba tanto dinero trabajando tan poco. La realidad era que ya no podía
más, y sentía que había llegado el momento de tomar una decisión.
Aun sintiendo mucha inseguridad, conseguí renunciar a mi
trabajo en Nintendo.
De repente, me di cuenta de que todos los empleos y las empresas que había tenido habían sido un fracaso personal. Me levantaba
por la mañana sin ganas de salir de la cama y, una vez en la oficina,
deseaba que el tiempo pasara cuanto antes.
Y lo peor de todo era que tenía totalmente asumido aquello de
que «ganarás el pan con el sudor de tu frente».
A los niños les decimos a menudo, cuando se lo están pasando
bien, que aprovechen ahora que son pequeños, porque luego, cuando
sean mayores, se les acabará el placer. Tal vez por eso cuando de
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adultos disfrutamos demasiado tendemos a parar, porque pensamos
que algo malo nos sucederá por divertirnos tanto.
¿Habría alguna manera de romper el triángulo y vivir como yo
quería? ¿Era posible ganar dinero y seguir siendo yo misma?
Un amanecer diferente
Al tomar mi decisión, no sólo dejé la vida empresarial, sino todo lo
que había sido mi mundo hasta entonces.
Abandoné todos mis bienes materiales, dejando que todo se
hundiera, hasta el punto de no tener una casa donde dormir. Acabé
pasando dos noches en la playa.
Aunque suene raro, fue una de las experiencias más bonitas de
mi vida. El primer despertar en la playa resultó magnífico. Como la
mayoría de las personas, yo pensaba que si no hacía lo correcto un
día me encontraría en la calle, sin nada, y que eso sería terrible.
A partir de ese amanecer, me di cuenta de que no necesitaba gran
cosa para vivir, porque ¡estaba viva de verdad! Por primera vez sentía que era yo misma. Dio la causalidad*, además, de que la playa en
la que desperté era naturista, y eso significó para mí descubrir una
libertad que hasta entonces me había sido vetada.
Tuve la certeza de que lo que quería era encontrarme a mí misma,
pues me había dado cuenta de que no sabía quién era. Entonces me dije:
«Voy a estar siempre donde quiero estar». Con todas las consecuencias.
* No creo en las casualidades, sino en que todo tiene una causa.
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En mi época de trabajópata, yo había sido una coleccionista de
libros de autoayuda, y solía pensar que alguno de ellos me solucionaría la vida, pero eso no sucedía porque aún no había pasado a la
acción.
Uno de esos libros se titulaba La biología de la creencia, de Bruce
H. Lipton, pero lo había dejado en mi estantería sin leer porque el
título me recordaba a las clases del colegio.
Al quedarme sin dinero, desmonté mi piso y lo vendí todo. Metí
en tres cajas lo que me quedaba, incluyendo algunos libros. Transportando una de ellas a un trastero, de repente cayó un volumen. Y era
La biología de la creencia. Recordé que cuando había comprado esta
obra, tres años antes, la librera me había dicho: «Este libro es para ti».
«Ahora tengo tiempo», pensé, «es el momento de darle una
oportunidad».
Al hacerlo, descubrí lo que realmente pasaba conmigo: yo era un
producto de mis propias creencias, y, a su vez, éstas no eran mías, sino
del mundo en el que había vivido.
Por primera vez leí sobre el PSYCH-K*, del que Bruce hablaba
al final del libro. Poco después encontré un taller en Barcelona donde
se enseñaban estas nuevas herramientas de cambio.
Al descubrir que había vivido según unas creencias limitadoras,
pude reprogramarlas. Empecé a disfrutar mucho de todo lo que me
sucedía. Tuve más contacto con la naturaleza, iba a menudo a las
montañas y aprendí a escalar, a disfrutar de cada momento, de cada
* Método originado por Rob Williams para reprogramar creencias.
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sonrisa, de cada paso. Entendí que la vida es lo que ocurre a cada
instante y dejé de buscar para encontrar.
Mi nueva relación con la naturaleza, conmigo misma y con la
vida me hizo entender que había malgastado mucho tiempo, también
los sábados y domingos por la mañana en los que me quedaba en la
cama con resaca, deseando que no llegara el lunes para volver a
empezar.
Cuando haces lo que realmente quieres,
todo lo que necesitas aparece
Fue entonces cuando decidí ser instructora de PSYCH-K, la herramienta que había descubierto para mí misma y que me había dado
el valor de cambiar. De repente sentí que podía ofrecerla al resto del
mundo.
El curso para ser instructora se hacía en Denver y tenía un
precio de cinco mil dólares más el viaje y la estancia, pero yo
estaba arruinada y tampoco tenía ninguna tarjeta de crédito con
la que poder pagarlo.
Aun así, decidí confiar y seguir viviendo. Pronto descubriría
que, cuando haces lo que realmente quieres, todo lo que necesitas
aparece. De forma casi mágica, fui cumpliendo los requisitos para
entrar en la certificación: había que mandar un vídeo; me saqué el
pasaporte electrónico el mismo día y sin cita previa; una amiga me
dejó su tarjeta Visa para pagar el billete a Denver, y otra persona, en
un sorprendente acto de confianza, me ofreció el dinero para la
matrícula sin ni si quiera llegar a pedírselo.
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Pude asistir al curso de PSYCH-K gracias a toda una serie de causalidades que se juntaron para que pudiera lograr mi objetivo. Por otra
parte, no hablaba un inglés lo bastante fluido para comprender el curso,
pero eso, una vez más, no fue un impedimento, sino una oportunidad
para aprender el idioma además de las herramientas del cambio.
Cómo funciona nuestro sistema de creencias
Cuando una persona dice que «ser feliz es difícil», se trata simplemente de una creencia. Si hubiéramos crecido en un ambiente en el
que nos hubieran dicho que la felicidad forma parte de nosotros, nos
parecería muy fácil y natural ser felices. En cambio, si creemos que
la vida es un valle de lágrimas, viviremos en un valle de lágrimas.
Para huir de todas estas trampas, lo importante es que hagamos lo
que tenemos ganas de hacer y no lo que los demás esperan de nosotros.
De hecho, si actúas con amor a ti mismo, estarás amando al
mismo tiempo a los demás. Paradójicamente, si todos fuéramos un
poco más egoístas, el mundo iría mejor. No se trata de pisar a nadie
ni de competir, sino de entender que, si no nos queremos, tampoco
seremos capaces de querer a los otros como lo merecen.
No se puede dar lo que no se tiene.
Cuando alguien se esfuerza por hacer algo que en realidad no
desea, se queda con una desagradable sensación de vacío. En cambio,
si todos los seres del planeta hicieran lo que quieren, de todo corazón,
el poder volvería a cada uno.
Recuperando el poder personal, tus sueños se hacen realidad.
Ha llegado el momento de ponernos en acción.
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I
CREER ES CREAR
«Tanto si crees que puedes
como si crees que no puedes,
estás en lo cierto.»
Henry Ford
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Cómo las creencias nos acercan
o alejan de nuestros deseos
El título del libro que tienes en tus manos no es nada arbitrario. La
pregunta «¿y tú qué crees?» es quizá la más trascendente que nos
podamos hacer, ya que nuestro mundo tiene la amplitud o estrechez
de nuestras creencias.
Toda creencia es una supuesta verdad —sin comprobación
alguna o con la única comprobación de la propia experiencia—
creada por la mente, que nos lleva a interpretar lo que sucede a través
de ese prejuicio.
Dos personas en las mismas condiciones conseguirán resultados
opuestos según sean sus creencias. Así como el seductor triunfa en
una cita amorosa porque cree que va a lograrlo, otro fracasa repetidamente porque tiene la creencia negativa, siempre encendida como
un piloto automático, de que va a ser rechazado.
Lo mismo sucede en el entorno profesional, en las finanzas, en
nuestro desarrollo personal o en cualquier otro ámbito que incida
en nuestra felicidad.
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Cómo las creencias nos acercan o alejan de nuestros deseos
«Las creencias son los filtros preseleccionados y organizados con los
que cribamos la realidad circundante, nuestra capacidad particular
de ver o creer que el mundo es así y no de otra forma.»
Richard Bradler, comunicador
Toda creencia se acaba convirtiendo en una supuesta y extendida
verdad para quien la cree, aunque proceda de una programación
errónea y normalmente infantil.
Algunas creencias a revisar
Seguro que más de una vez has oído —tal vez incluso las hayas utilizado— estas afirmaciones clásicas del catálogo de creencias negativas:
«Todo en la vida cuesta esfuerzo.»
«Nadie te regala nada.»
«Quien bien te quiere te hará llorar.»
«Más vale malo conocido que bueno por conocer.»
«Todo lo bueno se acaba.»
¿Te has preguntado alguna vez por la veracidad de estas creencias? Y, lo que es más importante, aunque conscientemente tengas
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claro que no te favorecen en absoluto, ¿están activas en tu subconsciente? ¿Te limitan de algún modo? ¿Te separan de lo que quieres?
Es posible que aún no te hayas dado cuenta.
Las creencias están activas en el subconsciente y condicionan
nuestros pensamientos y actos, definiendo nuestra realidad. Una
creencia es verdad para quien la tiene, pero puede no serlo para
otro.
Hay muchas personas que no ven satisfechos sus deseos, que
viven un proyecto fallido tras otro, que, pese a hacer terapia, leer
libros y asistir a seminarios, sienten que están como al principio.
Llegan a pensar que tienen mala suerte, que el destino no les ha
sonreído, que les falta algo que otros tienen… Sin embargo, su suerte
raramente cambiará a no ser que tomen consciencia de las creencias
limitadoras que condicionan su vida.
Puedes desperdiciar tu existencia en un trabajo que detestas por
culpa de una creencia limitadora. Por ejemplo, dejaste de bailar o
de pintar o de tocar un instrumento o de dar saltos por la creencia de
que «los artistas se mueren de hambre», obviando que miles de personas en el mundo han conseguido ganar dinero disfrutando de su
pasión.
No obstante, como eres preso de esta creencia, en lugar de seguir
tu vocación interior te resignas a una vida aburrida y sin sentido,
haciendo cosas que no te motivan ni te gustan.
Otro ejemplo muy extendido son las creencias sobre los ricos.
Si te convences de que un millonario es necesariamente una mala
persona, alguien que roba a los pobres para su beneficio o algún otro
prejuicio de este tipo, ¿vas a ser rico?
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Cómo las creencias nos acercan o alejan de nuestros deseos
Poco probable, porque estarías actuando en contra de tus creencias. ¡Por eso leemos tantos libros de autoayuda que tratan de cómo
conseguir fortuna y hacerse rico y seguimos sin ser ricos!
Libérate de la información de segunda mano
Una vez que sabemos que las falsas creencias son tus frenos a la hora
de conseguir lo que deseas, llega la buena noticia. Y es que, mediante
la consciencia, es decir, sabiendo que estas creencias limitadoras
existen y operan en ti, vas a desactivarlas.
«Libérate de todas las creencias, de todas las normas. Advierte que
vives completamente a base de creencias. Libérate de la información
de segunda mano. Ve claramente lo que hay en ti de hermoso. Todo lo
que hay de hermoso en ti es bueno. Contempla la situación con la
mente abierta, libre de habladurías. La solución se encuentra en
la situación. Así pues, ve claramente la situación con la mente abierta.
Entonces llegará la decisión sin elección.»
Jean Klein, Beyond knowledge
La pregunta que surge automáticamente es: «Y ¿cómo lo hago?
¿Cómo me libero de mis creencias?».
Las creencias acerca de nosotros mismos y del mundo que limitan nuestra vida están a menudo guardadas en el subconsciente. Son
el efecto acumulado de una vida de programación.
Es importante entender que están ahí porque un día nos resul25
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taron útiles. Tal vez sirvieron, hace mucho tiempo, por ejemplo, para
modelar a nuestros padres y a nosotros mismos, pero ahora ya no
nos sirven.
Gracias a la consciencia empiezas a observar la creencia y se obra
el milagro: dejas de identificarte con ella. Ahí empieza la transformación.
Del mismo modo que, en la infancia, al descubrir cómo se conciben los hijos adquirimos una nueva perspectiva sobre la vida,
cuando tomamos consciencia de nuestros prejuicios e ideas preconcebidas, nos apoderamos de una nueva visión sobre la realidad y de
lo que somos capaces de hacer.
Al cambiar nuestras creencias limitadoras por otras que nos
favorezcan, recuperamos nuestro poder personal y nuestro mundo
da un giro de ciento ochenta grados.
Puedo, gracias
Una vez desenmascaradas las creencias limitadoras, procedemos a
sustituirlas por una programación amable, positiva y respetuosa con
nuestros sueños y nuestra autoestima.
Plantéate estas nuevas creencias —puedes añadir otras que tengan un significado especial para ti— para sustituir los viejos frenos
que sólo tenían como objetivo «protegerte».
A partir de ahora mismo…
◆◆ Puedo ser feliz disfrutando de lo que deseo, aunque los que
amo no estén de acuerdo.
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◆◆ Ayudaré a los demás en lo que me pidan, y lo haré siempre que
eso no condicione mi bienestar.
◆◆ Puedo atraer dinero haciendo lo que me gusta y sin esfuerzo,
aunque la mayoría no lo haga.
◆◆ Puedo tener lo que deseo sólo con pensarlo, aunque parezca
imposible.
◆◆ Elijo mirar hacia dentro y encontrar mis propios valores y mi
poder personal.
◆◆ Elijo amarme y amar a otros sin condiciones.
◆◆ Decido manifestar mis peticiones y convertirme en abundancia, prosperidad, equilibrio y amor.
◆◆ Puedo hacer lo que deseo sin dañar a nadie.
La base de esta nueva programación para realizarte es cambiar
el horizonte de frenos mentales encabezado por afirmaciones como:
«No se puede porque…», «es que…», «si hubiera…», «ojalá…».
Vamos a eliminar estas excusas y evasivas de nuestro mapa mental.
A partir de ahora te dirás: «Puedo, gracias».
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El mundo cambia constantemente —ya lo decía Heráclito: «Todo fluye,
nada permanece»— y nosotros cambiamos con él. Y así como hoy
tendría poco sentido llamar a una operadora para hacer una conferencia al extranjero, tampoco lo tiene recurrir a viejas creencias limitadoras. La mayoría de ellas están obsoletas y son las causantes de muchos
de nuestros problemas, disgustos, frustraciones, depresiones, etc.
¿Cómo detectarlas?
Lo que creemos genera lo que vivimos. Por eso, observando nuestra
realidad podremos ser conscientes de qué creencias tenemos.
Otra manera de conocerlas es prestando atención a tu diálogo interno.
¿Qué te dices interiormente cuando crees que te has equivocado?
Básicamente hay dos opciones:
◆◆ «¡Seré tonto!» / «Siempre me pasa igual…» / «¡Todo me sale al
revés!» / «Soy un inútil.» / «Nunca llegaré a nada.» / «¡Pobre de
mí!» (Hay muchas más variantes de este pensamiento negativo.)
◆◆ «¡Qué maravilla que me haya dado cuenta!»
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Según la interpretación que le demos a la supuesta equivocación,
nos sentiremos realizados o fracasados, creeremos que hemos crecido o bien que hemos dado un paso atrás.
Eso dependerá de cuál sea nuestra creencia.
DOS HERMANOS, DOS CREENCIAS
Cuentan que un padre tenía dos hijos gemelos de signo opuesto. Uno
era un pesimista empedernido; el otro, un optimista que siempre veía
el lado bueno de las cosas. Al llegar ambos a la mayoría de edad, un
amigo le aconsejó que, para compensar las diferencias entre sus estados de ánimo, hiciera al pesimista un regalo impresionante y al optimista algo espantoso.
Dicho y hecho, la mañana de su dieciocho cumpleaños el padre
hizo salir de casa a los gemelos para que descubrieran sus regalos,
que había tapado en la calle con sendas mantas.
El pesimista descubrió una potente moto japonesa y rompió a
llorar, mientras se lamentaba: «Me regalas esto porque quieres que
me mate».
A continuación, el optimista levantó su manta y debajo apareció
un enorme excremento de caballo. El chico empezó a gritar y a saltar
lleno de entusiasmo.
Su hermano pesimista le espetó entonces: «¿De qué te alegras,
imbécil?». A lo que el optimista le respondió: «Si aquí hay este excremento, es que enseguida viene mi caballo».
Fábula tradicional
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¿De dónde vienen las creencias?
La mayor parte de nuestra programación viene de nuestros padres,
madres, abuelos, abuelas, hermanos, hermanas, amigos, amigas,
profesores, profesoras, cuidadores y cuidadoras*. Y esa información fue incorporada a tu software interior entre los cero y los seis
años, mayormente, cuando no tenías ningún filtro y la diste por
buena.
Tal como apunta el doctor Bruce Lipton, la frecuencia con la que
vibran nuestras ondas cerebrales en nuestros primeros años de vida
es muy baja. El cerebro admite mucha información a gran velocidad,
porque estamos presentes al cien por cien, totalmente inmersos en
la experiencia. Somos como esponjas.
Antes —durante la gestación—, y después también, se puede
programar, pero, según Lipton, la inmensa mayoría de nuestras
creencias tienen su origen en ese periodo de los cero a los seis años.
Aviso para navegantes: prestemos atención a lo que decimos a
los niños, porque es información que se fijará en ellos. Un ejemplo
clásico sería el padre que riñe a su hijo pegándole en el brazo mientras le repite: «¡No se pega!». Estamos sembrando de confusión la
mente de ese niño.
* Fíjate en este detalle: si lo hubiera puesto todo en masculino —padres, abuelos,
hermanos…—, tu cerebro probablemente hubiera incluido a los dos. Pero, si lo pongo
en femenino y hablo sólo de madres, abuelas, hermanas…, tu cerebro excluiría el
masculino. Eso es un ejemplo claro de programación. A partir de ahora, como ya lo
sabes, los utilizaré aleatoriamente y siempre que no se especifique, incluirá a los dos.
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Greatest hits de los pensamientos limitadores
De adultos, tenemos la oportunidad de liberarnos de esos prejuicios
e ideas preconcebidas cuando somos capaces de reconocerlos.
En el primer capítulo hemos listado algunos, pero vamos a ver
unos cuantos más, por si te suenan. Ten en cuenta que, si están operando en ti, son lo que mueve tu vida, así que es muy fácil que digas:
«Eso no es una creencia, es la realidad».
Estamos de acuerdo, porque es lo mismo: lo que crees es lo que
creas. Esos pensamientos limitadores configuran tu realidad y la de
muchos, por eso los corroboras sin parar.
Ordenados por géneros, vamos a ver los Greatest hits de una
programación limitadora:
a) Creencias típicas de la programación infantil que provocan
estancamiento:
◆◆ «Estás mejor calladita.» / «¡Tú qué vas a saber!» / «No aciertas
una.»
◆◆ «Todo lo que tocas lo rompes.» / «Quietecita estás más mona.»
◆◆ «Nunca aprenderás.» / «Nunca cambiarás.» / «Acabarás de
barrendero.» (Como si eso fuera algo malo…)
◆◆ «Así no llegarás a ninguna parte.» / «Si haces las cosas a tu
manera, fracasarás.» / «La curiosidad mató al gato.» (Toma
ya, a cortar todo tipo de iniciativa y convertirnos en autómatas.)
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b) Creencias que consiguen que la vida sea como es:
◆◆ «La vida es dura.» / «Toda la vida trabajando para esto.» (Se
oye mucho en los entierros.)
◆◆ «Sin esfuerzo no se consigue nada.» (Pero ¡venga a jugar a la
lotería! ¿Para qué?)
◆◆ «Todo en la vida tiene un precio.»
◆◆ «Nadie te regala nada.»
◆◆ «No te fíes de nadie.»
c) Creencias que impiden disfrutar de la vida:
◆◆ «Ganarás el pan con el sudor de tu frente.»
◆◆ «A partir de los treinta/cuarenta/cincuenta años (según la
generación), vamos para abajo.»
◆◆ «Nunca es suficiente, siempre puedes ser mejor.» (Ésta es una
de las que causa profunda insatisfacción.)
◆◆ «Cuando todo va bien, desconfía, que algo malo pasará.» (Es
decir, que nunca se puede estar tranquilo.)
d) Creencias que nos cierran el paso a las relaciones sentimentales:
◆◆ «El amor duele.»
◆◆ «Piensa mal y acertarás.»
◆◆ «Si quieres a alguien, no se lo demuestres o te hará daño.»
(¡Pues estamos apañados si no podemos demostrar el amor
por miedo!)
◆◆ «Más vale malo conocido que bueno por conocer.»
◆◆ «Quien bien te quiere te hará llorar.» (Ya sabes, a aguantar lo
que te echen, porque eso significa que te quieren.)
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◆◆ «Sólo hay un amor verdadero.» (En esto, Disney y Hollywood
se llevan la palma.)
La lista podría seguir sin fin, porque nuestra programación está
cargada de estas frases lapidarias que hemos oído y creído.
Al borrar de nuestro software interno todos estos prejuicios,
cambia automáticamente lo que nos sucede fuera. Dejamos de aplicarnos la cancioncilla limitadora para que pueda sonar la gran música
de la vida.
LAS DOS GUITARRAS
Si hay dos guitarras en una misma habitación y tocamos una de las
cuerdas, vibrará la misma cuerda en la otra, porque ambas son
guitarras. El instrumento que no estamos tocando resuena también. Del mismo modo, si alguien te dice que eres un inútil, esa
información resonará dentro de ti sólo si tú albergas esa misma
creencia.
CONCLUSIÓN: si un hecho exterior resuena dentro de ti de forma
negativa, si te remueve por dentro, ponte a revisar tus creencias.
Construyendo una nueva caja de creencias
En el ejemplo de las guitarras hemos hablado de una emoción
negativa, pero también el amor, la abundancia, la amistad, el equilibrio, la calma, la belleza… resuenan o no dentro de nosotros en
función de lo que tengamos programado.
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Darnos cuenta, por ejemplo, de que no hemos activado la prosperidad en nuestro interior es el primer paso para conseguir que la
prosperidad se active.
Si hemos vivido a partir de información encorsetada y de segunda
mano, ha llegado el momento de construir una nueva caja de creencias que nos sirva para la vida que queremos llevar, ya que, como
hemos visto, al cambiar nuestras creencias cambiamos nuestra realidad.
Cada persona debe decidir qué hay en su nueva carta de navegación. Mientras observas cuáles son tus creencias, aquí tienes algunas
que te pueden ser útiles. Las puedes copiar como punto de partida.
De hecho, copiar es otra de las cosas que se castigan en el colegio,
cuando, en realidad, es una forma de cooperación.
◆◆ «Haga lo que haga, todo me sale bien.»
◆◆ «Las personas son maravillosas.»
◆◆ «La vida me regala todo lo que le pido.»
◆◆ «Me merezco lo mejor.»
◆◆ «Soy un ser maravilloso y querido.»
◆◆ «Puedo hacer todo lo que quiera.»
◆◆ «La vida es para disfrutarla.»
Ahora sigue tú. ¿Qué quieres poner en tu nueva caja de creencias?
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