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El lugar del otro en la teoría y la práctica psicoanalítica

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El lugar del otro en la teoría y la práctica psicoanalítica
120 -
Revista Uruguaya de Psicoanálisis 2008 ; 106 : 120 - 148
El lugar del otro en la teoría
y la práctica psicoanalítica
Nancy Delpréstitto1
Enrique Gratadoux 2
Damián Schroeder3
Recuerdo la historia de una señora que volvió recientemente al
pueblo donde había sido deportada bajo el régimen de los Khemer
rojos. Reconoció al antiguo jefe de milicia y le dijo que recordaba que
el había matado a unos de sus parientes...
El hombre le respondió: “No, no soy yo, era otro” El no negaba
de plano, en el sentido que podríamos interpretarlo,
sino que decía “era otro yo” (o bien “era un otro yo”) 4
Introducción
El armado conceptual de este trabajo tiene como origen un
seminario realizado por los autores acerca de “El objeto, el otro y
el yo en la constitución psíquica”5 . Dicha propuesta implicó la
1 Miembro Asociado de APU. Acevedo Díaz 1027. E-mail:[email protected]
2 Miembro Titular de APU. Obligado 1169. E-mail: [email protected]
3 Miembro Asociado de APU. Silvestre Blanco 2460. E-mail: [email protected]
4 Je me souviens de l”historie d”une femme qui s”est rendue récement dans un village
où elle avait eté deportée sous les Khemers rouges. Elle a reconnu l”ancien chef de
milice et lui a dit qu”elle se souvenait qu”il avait tué un de ses proches … L”homme
a répondu : « Non, ce n”est pas moi, c”était un autre. » Il ne niait pas tout à fait au
sens où on pourrait l”entendre, mais disait «c”était un autre moi»· Mathieu A.,
Rigondet J. 2007
5 Seminario realizado en el Instituto de Psicoanálisis de A.P.U. en 2007
El lugar del otro en la teoría y la práctica psicoanalítica. - 121
opción de un abordaje temático, en vez de un “desarrollo de autor”
aspirando a hacer “trabajar” el pluralismo teórico en el que
habitamos y que a la vez nos habita.
Hemos recorrido los autores que dan cuenta, a nuestro modo
de ver, del “otro” como fundante del yo. Objeto que se opone al
yo y que incluye al yo de modos diversos, pero siempre empujado
por lo pulsional.
El otro al que nos referimos sería aquel que conjuga al
semejante y al enemigo. O bien ese otro que no ha logrado
diferenciarse suficientemente del yo. Finalmente expondremos
nuestro modo de concebir la práctica analítica.
Nuestro centro será el otro, haremos un recorte al “interior”
de la obra de Freud para subrayar algunos pasajes, significativos a
nuestro juicio, en los que podemos pensar en las figuras del otro y
cómo ellas han sido concebidas en desarrollos posteriores de
autores como Lacan, Laplanche, Winnicott y Green.
Generalidades sobre “el otro” y “lo otro” en la obra de Freud
Encontramos fecunda la distinción de J. Laplanche entre “el
otro”, y “lo otro”. “En Freud hay por lo menos dos dominios del
«otro»: der Andere y das Andere. Estamos obligados a especificar
en francés [y en español también]6 , el otro en masculino: la otra
persona, y das Andere o das andere Psychiche: «lo otro psíquico»,
«la otra cosa». La «otra cosa» es simplemente el inconciente”
(Laplanche J. 1996, p. 129) 7
En cuanto a la dinámica intrapsíquico / extrapsíquico, es
nuestra impresión que la obra de Freud contiene dos corrientes de
pensamiento. Una que privilegia un “adentro” que casi se basta a
sí mismo: el “huevo autosuficiente” de Formulaciones… (Freud
S. 1911b, p. 224, n. 8) el “estado narcisista primordial” de
Pulsiones y sus destinos (Freud S. 1915c p. 129, n.30), el
6 Comentarios entre corchetes de los autores de éste trabajo
7 ver también Laplanche J. 2001, p. 212
122 - Nancy Delpréstitto, Enrique Gratadoux, Damián Schroeder
solipsismo de la Negación “originariamente el yo lo contiene todo;
más tarde segrega de sí un mundo exterior” (Freud S. 1925h, p.
68). Junto a ella, pero menos nítida, otra que privilegia el “afuera”
(donde se hallaría el otro), línea cuyos puntos nodales serían: el
“semejante” del Proyecto (Freud, S. 1950a p. 362) el lactante como “objeto sexual de pleno derecho” (para la madre) en 3 ensayos
(Freud S. 1905d, p. 203), “his majesty the baby”, de Introducción
del narcisismo (Freud S. 1914c, p. 88), el otro como modelo,
auxiliar, enemigo en Masas, etc. …(Freud, S. 1921c p. 67).
En la primera corriente, que privilegia el adentro, habría objeto
pero no habría otro, en la segunda el objeto es otro si entendemos
por tal un semejante con aparato psíquico cuyas acciones están
determinadas también internamente y que hace algo más que
ofrecerse como objeto para la satisfacción pulsional del sujeto.
Respecto a ello evocamos de Psicología de las masas: “En la vida
anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad, como
modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso
desde el comienzo mismo la psicología individual es
simultáneamente psicología social en este sentido más lato, pero
enteramente legítimo.” …(Freud S. 1921c p. 67) Creemos que la
cita encierra una distinción, el “modelo”, el “objeto” son pasivos
en cuanto a que o quien los toma como tales (la pulsión, el yo)
pasividad que no encontramos en el “auxiliar” y el “enemigo”,
ambos están movidos por propósitos, fines y metas que les son
propias y sobre las cuales la influencia del yo es relativa Lo que
mueve al otro entonces hace de él algo más que sólo un objeto, es
un sujeto que ayuda, sostiene pero que también puede atacar,
seducir, alienar, etc.
El otro
«L´enfer c´est les autres» 8
Un rápido recorrido histórico nos muestra la aparición del
8 “El infierno son los otros” o mejor, “el infierno es los otros” (Sartre J. P. 1945)
El lugar del otro en la teoría y la práctica psicoanalítica. - 123
otro en los primeros balbuceos de la teoría. Un lugar preponderante
y casi fatal 9 para la misma fue la aparición del otro como
“seductor”. La teoría de la seducción postulaba un origen exógeno
de la sexualidad, dando una explicación de la represión a través
del a posteriori, interpretación si se quiere, de ciertas neurosis 10
que quedaban explicadas por la perversión del otro, el “seductor”.
Lo otro
«Je est un autre» 11
En un marco diferente y por la misma época, el otro aparece
como “individuo auxiliador” en el contexto de la “vivencia de
satisfacción” que daba el fundamento para un origen endógeno
de la sexualidad. Al satisfacer la necesidad, el “individuo
auxiliador”, el “individuo experimentado” sienta las bases de tal
vivencia de satisfacción. Descrita en el Proyecto, Freud la retoma
en Sueños: “Sólo puede sobrevenir un cambio cuando, por algún
camino (en el caso del niño, por el cuidado ajeno), se hace la
experiencia de la vivencia de satisfacción que cancela el estímulo
interno. Una moción de esa índole es lo que llamamos deseo; la
reaparición de la percepción es el cumplimiento de deseo, ...”
(Freud S. 1900a, p. 557 ) fundamento del inconciente, de lo otro
en nosotros, hecha posible por la acción del otro, el individuo
auxiliador haciendo posible la acción específica.
La sexualidad y el otro
Lo otro del otro
“Seductor” y “auxiliador” parecen quedar separados y ajenos
9 Recordar el “ya no creo más en mi neurótica” (Freud S. 1950, p. 301)
10 Ver por ejemplo el capítulo “la proton pseudos histérica” del Proyecto (Freud S.
1950, p. 400).
11 “Yo es otro” Rimbaud A. 1871 Carta a Monsieur Georges Isambart, 13 de mayo
1871.
124 - Nancy Delpréstitto, Enrique Gratadoux, Damián Schroeder
desde entonces para ensamblarse en la década del 30.
El hipotético “seductor” de la primera época era un perverso,
el (o la) de la segunda época aparece como “ingenuo”, “cándido”,
“inocente”: al realizar las tareas de higiene que se centran
eminentemente en los orificios del cuerpo, (definidos en psicoanálisis como zonas erógenas) despierta, sin proponérselo,
sensaciones placenteras. Se trataría, al parecer, de un “seductor”
sin inconciente.
Algunas referencias en la obra previa de Freud permiten
suponer que no era éste exactamente su pensamiento. El “individuo
auxiliador” también actuaría movido por motivaciones
inconcientes, sexuales. “El trato del niño con la persona que lo
cuida es para él una fuente continua de excitación y de satisfacción
sexuales a partir de las zonas erógenas, y tanto más por el hecho
de que esa persona -por regla general, la madre- dirige sobre el
niño sentimientos que brotan de su vida sexual, lo acaricia, lo
besa y lo mece, y claramente lo toma como sustituto de un objeto
sexual de pleno derecho”. (Freud S. 1905d, p. 203).
También a propósito de Leonardo se nos muestra “lo otro del
otro”: “la ternura de la madre fue para él [Leonardo] una fatalidad,
comandó su destino y las privaciones que le aguardaban. La
violencia de las caricias a que apunta la interpretación de su fantasía
sobre el buitre no era sino cosa harto natural; la pobre madre
abandonada no tenía más remedio que dejar que afluyeran al amor
maternal todos sus recuerdos de caricias gozadas, así como su
añoranza de otras nuevas; y era esforzada a ello. Posee la naturaleza
de una relación amorosa plenamente satisfactoria, que no sólo
cumple todos los deseos anímicos sino todas las necesidades
corporales, y si representa una de las formas de la dicha asequible
al ser humano ello se debe, no en último término, a la posibilidad
de satisfacer sin reproche también mociones de deseo hace mucho
reprimidas y que hemos de llamar «perversas». Aún en la más
dichosa pareja joven, el padre siente que el hijo, en particular el
varoncito, se ha convertido en su competidor, y de ahí arranca
una enemistad con el preferido, de profundas raíces en lo
inconciente”. (Freud S. 1910c, p. 109)
El lugar del otro en la teoría y la práctica psicoanalítica. - 125
El final de la cita nos acerca a otra dimensión de lo que
queremos tratar en este trabajo, se hace referencia explícita al “otro
del otro”, al competidor.
El complejo de Edipo es una condensación de lo que atraviesa
el niño frente al otro (la madre) y al otro del otro (el padre) y lo
que es más, a lo otro de los otros (el inconciente de ambos
progenitores).
Como vemos lo otro del otro “la incitación de los padres
mismos” es determinante de los avatares del conflicto edípico.
El otro del otro
Prosigue la cita anterior: “Los sentimientos que despiertan
en estos vínculos entre progenitores e hijos, y en los recíprocos
vínculos entre hermanos y hermanas, apuntalados en aquellos,
no son sólo de naturaleza positiva y tierna, sino también negativa
y hostil. El complejo así formado está destinado a una pronta
represión, pero sigue ejerciendo desde lo inconciente un efecto
grandioso y duradero […] El mito del rey Edipo, que mata a su
padre y toma por esposa a su madre, es una revelación, muy poco
modificada todavía, del deseo infantil, al que se le contrapone
luego el rechazo de la barrera del incesto”. (Freud S. 1910a,
p. 43). El destino del otro del otro, el competidor, es ser
“reemplazado” (muerto).
Laplanche
Tan temprano como en 1970 Laplanche postula la necesidad
de considerar la sexualidad del “otro primordial (en principio la
madre)” y más genéricamente los padres, en el origen de la
constitución psíquica: “Acostumbrémonos, pues, a la idea de que
las significaciones que están implícitas en el mínimo gesto parental
son portadoras de las fantasías de los padres”. Al considerar el
triángulo edípico, se olvida “que en dos de los vértices del triángulo
126 - Nancy Delpréstitto, Enrique Gratadoux, Damián Schroeder
cada protagonista adulto es a su vez, por así decirlo, portador de
su triangulito y a la vez de toda una serie de triángulos encajados
los unos en los otros …” (Laplanche, 1970, p. 65). “Lo que se
describe de manera esquemática y casi caricaturesca […] dentro
de la teoría freudiana de la “protón pseudos” es, comprendámoslo
bien, una especie de implantación de la sexualidad adulta en el
niño” (ídem. p. 66)
Posteriormente, Laplanche formulará la propuesta de “la
prioridad del otro” en la constitución psíquica. Prioridad en que
“lo otro del otro” se pone en juego. Se trata de la dimensión
inconciente del adulto jugando un papel condicionante (no
determinante) en la constitución del inconciente del infans: “Con
el término seducción originaria calificamos entonces esta
situación fundamental donde el adulto propone al niño
significantes no verbales, así como verbales, incluso
comportamentales, impregnados de significaciones sexuales
inconcientes. Que yo denomino significantes enigmáticos. […] 12
(Laplanche 1987, p. 125).
El narcisismo y el otro
Nosotros13 en el otro.
“De mi padre tengo el físico, pero más robusto; y casi todo lo
demás. Mi vitalidad viene de más lejos. ¿Lo quería (a él), o (me
quería) a mí en él? Todavía hoy, no consigo discriminarlo”.14
El narcisismo aparece en la obra freudiana referida al objeto
y no al yo. En la noción de “elección narcisista de objeto” describe
como es posible reencontrar algo de uno mismo en el otro. Así los
12 Traducción del francés de los autores
13 Nos apoyamos aquí en la libertad que nos autoriza el lenguaje para usar el “nosotros”
como sustituto de “yo” Según el Diccionario de la RAE: “[…] Por ficción, que el uso
autoriza, algunos escritores se aplican el plural, diciendo nosotros, en vez de yo.”
14 (...) de mon père, j”ai la physique, en plus robuste; et presque tout le reste. Ma vitalité
vient de plus loin. L”aimais-je, ou moi en lui? Je n”arrive pas, même aujourd”hui,
à faire le départ (...) (Morand P. 1971)
El lugar del otro en la teoría y la práctica psicoanalítica. - 127
homosexuales, tras una etapa de “fijación” a la madre “…se
identificaron con la mujer y se tomaron a sí mismos como objeto
sexual, vale decir, a partir del narcisismo buscaron a hombres
jóvenes, y parecidos a su propia persona, que debían amarlos
como la madre los había amado” (Freud, S. 1905d, p.132). La
cita tiene para este trabajo un doble interés, se empieza a
conceptualizar el intercambio adentro afuera según el cual el sujeto
deja de ser él mismo “se identifica con la mujer”, un ejemplo de
“el otro en nosotros” y también se encuentra a sí mismo en el otro
“parecidos a su propia persona” con lo que encontramos un
ejemplo de proceso de encuentro de “nosotros en el otro” que en
diferentes pasajes de la obra aparece como “él mismo”, “persona
propia”, “nuevas versiones de su propia persona infantil”, (Freud,
S. 1910c, p. 93) “sí mismo”, “su cuerpo propio” (Freud, S. 1911c,
p. 56).
Dada la cita, ¿cuál es el origen del narcisismo, interno,
externo? Entendemos que este pasaje permite plantear una línea
freudiana en cuanto a primacía (para no abusar el término
“prioridad” que ya está sancionado por el uso) del otro en el origen
del narcisismo.
Lo otro del otro
Las vicisitudes del “lo otro del otro” no se agotan en su
influencia sobre la libido objetal, también la narcisista está
comprometida.
“Si consideramos la actitud de padres tiernos hacia sus hijos,
habremos de discernirla como renacimiento y reproducción del
narcisismo propio, ha mucho abandonado. La sobrestimación,
marca inequívoca que apreciamos como estigma narcisista ya en
el caso de la elección de objeto, gobierna, como todos saben, este
vínculo afectivo. […] His Majesty the Baby, como una vez nos
creímos. El punto más espinoso del sistema narcisista, esa
inmortalidad del yo que la fuerza de la realidad asedia duramente,
ha ganado su seguridad refugiándose en el niño. El conmovedor
128 -
amor parental, tan infantil en el fondo, no es otra cosa que el
narcisismo redivivo de los padres, que en su trasmudación al amor
de objeto revela inequívoca su prístina naturaleza.”( Freud, S.
1914c, p. 88).
El otro, el semejante, el prójimo
Estos términos aluden a la diferencia, a la similitud, o a la
proximidad. Al decir “otro” nos referimos a cualquier persona
que no sea yo, al decir “semejante”, aludimos a una identidad, al
decir “prójimo”, a una cercanía.
Parte de lo que queremos describir se encuentra engarzado
en una abigarrada cita del Proyecto: “Supongamos ahora que el
objeto que brinda la percepción sea parecido al sujeto, a saber, un
prójimo. […] un objeto como este es simultáneamente el primer
objeto-satisfacción y el primer objeto hostil, así como el único
poder auxiliador. Sobre el prójimo, entonces, aprende el ser
humano a discernir. Es que los complejos de percepción que parten
de este prójimo serán en parte nuevos e incomparables -p. ej., sus
rasgos en el ámbito visual-; en cambio, otras percepciones visuales
-p. ej., los movimientos de sus manos- coincidirán dentro del sujeto
con el recuerdo de impresiones visuales propias, en un todo
semejantes, de su cuerpo propio, con las que se encuentran en
asociación los recuerdos de movimientos por él mismo
vivenciados. Otras percepciones del objeto, además -p. ej., si gritadespertarán el recuerdo del gritar propio y, con ello, de vivencias
propias de dolor. Y así el complejo del prójimo se separa en dos
componentes, uno de los cuales impone por una ensambladura
constante, se mantiene reunido como una cosa del mundo {Ding},
mientras que el otro es comprendido por un trabajo mnémico, es
decir, puede ser reconducido a una noticia del cuerpo propio”.
(Freud, S. 1950a, p. 375).
Tratándose del “primer” objeto, y del “único” poder auxiliador, suponemos que Freud se refiere a la madre.
Este complejo de percepción, “complejo del prójimo”, se
- 129
separa en dos componentes: uno que “es comprendido” si puede
ser “reconducido a una noticia del cuerpo propio”, comprender
entonces es (re)encontrar en el objeto algo que ya nos pertenezca,
que ya forme parte de nuestra memoria. Según una terminología
más tardía la forma de aprehender al prójimo sería narcisista, lo
aprehendemos en la medida que lo asociemos con aspectos
“propios”, en la medida que lo podamos “reconducir” a algo
“propio”.
El otro componente del complejo del prójimo es la “cosa del
mundo” (Ding). Respecto a ella dice más adelante: “Lo que
llamamos cosas del mundo (Ding)15 son restos que se sustraen de
la apreciación judicativa” (Freud, S. 1950a, p. 379). La “cosa”
(Ding) es la parte del prójimo que escapa al juicio, es lo que no
entendemos, no conocemos, no podemos discernir e ignoramos
del semejante. Ignorancia primordial, que se da ya con el “primer”
objeto: la “cosa” es un “resto” no discernido del objeto madre.
Como digresión agregamos que encontramos sugestiva la grafía
“m(other) o (m)other posible en el inglés para dar cuenta de esta
situación16
Reiterándonos, en el prójimo encontramos dos componentes:
algo que es nuestro (“noticia del cuerpo propio”) y algo que nos
es totalmente ajeno, la “cosa”. Dependiendo del peso relativo de
cada uno, “el otro” se nos presentará como un “semejante” (a
nosotros mismos) o como un “desconocido”, un “extraño”.
Consideramos fecundo enlazar dos oposiciones presentes en
la cita: “objeto-satisfacción” y “objeto hostil” por un lado y por el
otro los dos componentes del complejo del prójimo que describe
Freud (lo “discernido” o “comprendido” y lo “no discernido” o
“la cosa“). Pensamos así que cuando la experiencia del yo
incipiente se da con el “objeto hostil” es el aspecto “no discernido”
o “cosa” del prójimo que se vivencia, inversamente frente al
15 El concepto de das Ding esbozado por Freud ha sido retomado por varios autores
post freudianos como Lacan, Green y Laplanche.
16 Esta grafía no es propia de los autores de este trabajo, surge de una fuente que no
podemos identificar con precisión.
130 -
“objeto-satisfacción” se vivenciaría el aspecto “discernido” del
prójimo.
Como vimos, “objeto satisfacción” y “objeto hostil” son
versiones del mismo objeto (madre). El lenguaje popular y el
especializado permiten vincular las nociones de satisfacción al
placer y la de hostilidad al displacer. Según otra cita de Freud: “El
yo odia, aborrece y persigue con fines destructivos a todos los
objetos que se constituyen para él en fuente de sensaciones
displacenteras...” (Freud, S. 1915c, p. 132).
El vínculo que creemos posible establecer entre “objeto hostil”
y “cosa” permitiría dar un sustento metapsicológico (quizás
tautológico) a lo que nos enseña la historia y la clínica, la hostilidad
que se presupone en lo no conocido y recíprocamente la hostilidad
con que estamos resueltos a encararlo. El Nebenmensch17 señala
que hay algo impredicable del otro que nos constituye.
Lacan
Hemos visto como la cuestión del otro, del yo y del narcisismo
tiene en Freud enfoques diferentes, cuando no contradictorios.
Consideramos que estas diferentes concepciones tienen
implicancias metapsicológicas y clínicas, alcanzando así a nuestras
prácticas.
Parecería predominar en la obra de Freud una concepción
del surgimiento del yo en el sentido de un “pasaje de adentro hacia
fuera”. En la teoría se “construye” un niño entendido como un ser
originalmente cerrado sobre sí mismo, quien poco a poco se va
abriendo al mundo exterior. Es así que “sale” del narcisismo
primario y se produce el “hallazgo del objeto” por parte de la
pulsión.
Ya señalamos que esta postura freudiana está lejos de ser
unívoca.
En el contexto de la segunda tópica Freud define los procesos
de identificación. La instancia del yo constitutiva del aparato
17 Neben: cerca, próximo. Mensch: hombre, humano.
- 131
psíquico en el marco de la segunda tópica es una operación de un
afuera a un adentro. Este tipo de operación es la que da cuenta, a
juicio de Lacan, de la constitución del yo, subvirtiendo así la
naturaleza del narcisismo en Freud (Julien, Ph., 1992). El yo, de
acuerdo a Lacan, se constituye de afuera hacia adentro. Es esto lo
que Lacan teoriza al formular El estadio del espejo. (Lacan, J.
1949).
Este artículo leído en el Congreso Internacional de la IPA en
1936 es reescrito en 1949. Lacan propone comprender el estadio
del espejo como una identificación. “…Se trata de la
transformación producida en el sujeto cuando asume una
imagen…” (Lacan, J., 1949).
La imagen del cuerpo propio se sostiene en la imagen del
otro. Esta figura del otro, por regla general la madre, aparece como
fundante del yo. El momento del reconocimiento del niño en el
espejo es decisivo. “…el estadio del espejo es un drama cuyo
empuje interno se precipita de la insuficiencia a la anticipación
[… ] maquina las fantasías que se sucederán desde una imagen
fragmentada del cuerpo hasta una forma que llamaremos
ortopédica de su totalidad –y a la armadura por fin asumida de
una identidad enajenante, que va a marcar con su estructura rígida
todo su desarrollo mental” (Lacan, J., 1949).
Es por el carácter de exterioridad de la imagen que el otro le
aporta, que el niño tendrá una representación de sí diferente de las
sensaciones internas de su motricidad-representación. No se trata
ya de un yo que se constituye por una exteriorización, de un adentro
hacia un afuera. Todo lo contrario: el yo es exteroceptivo o no
es… (Julien, Ph., 1992).18
Este modo de concebir el narcisismo en Lacan, en el que el
yo se constituye a punto de partida del otro, introduce una tensión:
el otro “…me atrae y me repele, en efecto, yo no soy más que en
el otro y al mismo tiempo él permanece alienus, extranjero; ese
18 En la evolución de su pensamiento Lacan ya no sostendrá esta distinción entre un
“afuera y un adentro”. Tal es el caso con su invención del objeto a y cuando en la
topología se refiere a la cinta de Moebius.
132 -
otro que soy yo mismo es otro que yo mismo” (Julien, Ph., 1992).
De aquí la agresividad inherente en toda relación de amor, debido
a la correlación entre el narcisismo y la agresividad en el propio
momento de la formación del yo. El que me ama me excluyeexcluyo a quien me ama, se trata de un movimiento pendular sin
resolución posible.
Consideramos profundamente paradojal la expresión “ese de
ahí sos tú” pronunciado por la madre.
Cabe la pregunta: “¿Dónde estoy yo? ¿Aquí donde mis
sensaciones propioceptivas me lo hacen sentir o allí donde me
veo y mi madre me dice que estoy?” En el espejo se trata de una
necesaria identificación imaginaria (con una imagen, que es a la
vez el fundamento del narcisismo, introduciendo un
desgarramiento del sujeto consigo mismo, en la medida en que se
trata de una alienación primordial. De aquí que Lacan ponga énfasis
en la función de desconocimiento del yo.
“El hecho de que su imagen especular sea asumida
jubilosamente por el ser sumido todavía en la impotencia motriz
y la dependencia de la lactancia que es el hombrecito en ese
estadio infans, nos parecerá por lo tanto manifiesta, en un
situación ejemplar, la matriz simbólica (las negritas son nuestras)
en la que el yo [je] se precipita en una forma primordial, antes de
objetivarse en la dialéctica de la identificación con el otro y antes
de que el lenguaje le restituya en lo universal su función de sujeto”
(Lacan, J., 1949).
Observamos así como, si bien en este momento de la obra de
Lacan la primacía está dada por el registro de lo imaginario, se
prefigura ya, a nuestro juicio, el registro de lo simbólico. Es así
que, lo imaginario se verá relativizado, años más tarde, cuando
Lacan, a partir de 1953 formule el registro de lo simbólico. Por lo
tanto la formulación del estadio del espejo se verá también
relativizada en tanto sometida a la formulación del orden simbólico.
“Lo que se manipula en el triunfo del hecho de asumir la
imagen del cuerpo en el espejo, es ese objeto evanescente entre
todos por no aparecer sino al margen: el intercambio de las
miradas (las negritas son nuestras), manifiesto en el hecho de
- 133
que el niño se vuelva hacia aquel que de alguna manera le asiste,
aunque sólo fuese por asistir a su juego” (Lacan, J., 1984).
En aquella “asunción jubilosa” introducida en el Estadio del
espejo se privilegia la matriz simbólica en la que el niño viéndose
en su semejante se vuelve hacia el adulto-madre que lo mira
mirarse. Dicha matriz simbólica indica el lugar del gran Otro. Este
lugar del gran Otro (simbólico), diferenciado del otro (imaginario),
lugar de los significantes para Lacan, tiene que ver con que el
niño adviene a un universo simbólico que determina su lugar desde
antes de su nacimiento. “…el primer efecto de la imago que
aparece en el ser humano es un efecto de alienación del sujeto”.
[…] “El deseo mismo del hombre se constituye…bajo el signo de
la mediación: es deseo de hacer reconocer su deseo. Tiene por
objeto un deseo -el del otro-…” (Lacan, J. 1946).
Winnicott19
Si bien en los pasajes que siguen las menciones explícitas al
narcisismo20 por parte de Winnicott no aparecen, entendemos que
dicho concepto se infiere en su planteo del papel del rostro de la
madre como espejo para el niño.
Winnicott hace referencia al papel de espejo de la madre y la
familia en el desarrollo emocional del niño21 haciendo la precisión
de que le interesa, en particular, la función del rostro de la madre22 .
Afirma que en las primeras etapas del desarrollo el ambiente
19 Para este apartado hemos tomado como referencia el artículo de Myrta Casas: En
torno al rol del “espejo”. Winnicott, Lacan, dos perspectivas, 2001.
20 Winnicott hace referencia al narcisismo primario de manera poco frecuente. Cuando
lo hace se refiere a los estadios tempranos entre la madre y el niño, antes de que
exista una relación de objeto.
21 Papel de espejo de la madre y la familia en el desarrollo del niño (Winnicott, D.W.,
1971)
22 Al comienzo de su artículo Winnicott hace explícita la influencia que el trabajo de
Lacan tuvo sobre el de él. No obstante este punto de contacto entre ambos autores
cabe señalar las diferencias conceptuales en los desarrollos teóricos de ambos.
134 -
desempeña un rol esencial, a efectos de la separación yo23 -no yo.
Al hablar de ambiente, de madre medio-ambiente establece, a
nuestro juicio, la ineludible función del otro en la constitución
psíquica del niño. “Si no hay una persona que sea la madre, la
tarea de desarrollo del niño resulta infinitamente complicada”
(Winnicott, D.W., 1971).
Cuando el bebé mira el rostro de la madre se ve a sí mismo.
“La madre lo mira y lo que ella parece se relaciona con lo que ve
en él “(Winnicott, D.W., 1971). Si la madre sostiene la función de
espejo, permite que el niño se vea a sí mismo. Para que esto sea
posible la madre suficientemente buena evita reflejarle su propio
estado de ánimo y la eventual rigidez de sus defensas.
Cuando mira y no se ve a sí mismo, el niño busca que el
entorno le devuelva algo de sí mismo, a fin de evitar que se atrofie
su capacidad creadora.
“Si el rostro de la madre no responde, un espejo será entonces
algo que se mira, no algo dentro de lo cual se mira” (Winnicott,
D.W., 1971).
Postulará la necesidad de un espacio potencial entre la madre
y el bebé. Espacio potencial como zona de ilusión en los que se
desplegarán los fenómenos y objetos transicionales.
“Introduzco los términos “objetos transicionales” y
“fenómenos transicionales” para designar la zona intermedia de
experiencia, entre el pulgar y el osito, entre el erotismo oral y la
verdadera relación de objeto, entre la actividad creadora primaria
y la proyección de lo que ya se ha introyectado…”(Winnicott,
D.W. 1951).
Se trata de un objeto creado-encontrado. Es una paradoja
radical, tal vez el concepto más próximo a lo inconciente en
Winnicott (Casas, M., 2001). La pregunta respecto a si el bebé
creó o encontró el objeto, simplemente, no debe ser formulada.
Paradoja a respetar, a tolerar.
23 Winnicott hizo una contribución original al conceptualizar el verdadero y falso self.
Si bien no desarrollaremos sus ideas al respecto, hemos querido, al menos, dejarlo
consignado.
- 135
“En este tránsito pulsional entre lo propio y lo ajeno acontece
el área transicional winnicottiana, con el carácter peculiar de
espacio paradojal al estilo de una cinta de Moebius, donde lo
interno y lo externo se transitan sin anoticiarse de ello, pero es
precisamente en el reflexivo del movimiento pulsional, que vuelve
con la impronta del deseo del otro que posibilitó dicha circulación”
(Casas, M., 2001). Esta lectura personal que elabora Myrta Casas
nos permite comprender en la obra de Winnicott el lugar del deseo
inconciente del otro en la constitución psíquica.
La función ambiental brindada por el otro que es la madre
consiste en presentar el objeto, permitiendo, de este modo, la
creación del objeto subjetivo por parte del niño. Si este proceso
se cumple satisfactoriamente el bebé será capaz de usar el objeto.
El énfasis para Winnicott no estará puesto en el objeto utilizado,
sino en su utilización.
Dependerá de la capacidad especial de la madre el poder
permitirle al niño la ilusión de que el objeto creado por éste existe
realmente.
“¿Qué se necesita para que esta experiencia de ilusión se
produzca? Del lado del niño se plantea una necesidad y desde
ella una vaga expectación de “algo” (impreciso) que lo calme.
Del lado de la madre “madre medio ambiente” surgirá la
presentación de un objeto: el pecho, junto al deseo de
alimentarlo24 , en ese momento el niño lo hallará-creará, y a partir
de ahí él necesitará lo que la madre presentó y él creó” (López de
Caiafa, C., 2006).
La madre tendrá luego la tarea principal de desilusionarlo.
Cuando el fenómeno inicial de la transicionalidad se cumple
adecuadamente es posible para el bebé pasar del estado de fusión
con la madre a la experiencia de ésta como alguien real, exterior y
separada de él, en suma un otro.
24 Las negritas son nuestras
136 -
Green
El narcisismo ya no puede pensarse al modo de Freud sólo
como un movimiento de la libido hacia los objetos o su retracción
sobre el yo. La concepción del narcisismo se complejiza al
introducir al objeto-otro como causa de la constitución del yo;
destacándose especialmente la función de lo pulsional.
Green fue quién retomó las problemáticas del narcisismo a
partir del estudio de Freud, articulándolo con la segunda teoría de
las pulsiones, como nudo central en las patologías no-neuróticas.
La imposibilidad de “perder” o dejar ir los objetos infantiles ligados
al yo, trae consecuencias nada sencillas de abordar. Es así que
intenta ensamblar el estudio del narcisismo con la segunda teoría
de las pulsiones (vida y muerte). En Introducción del Narcisismo
Freud sólo dispone de la primera teoría pulsional, la cual no es
suficiente para pensar las patologías graves donde lo central es la
constitución del narcisismo y en consecuencia del propio yo.
Gracias a la segunda teoría de las pulsiones, Green puede
hacer jugar el enlace de las pulsiones de vida y muerte con el
objeto. Lejos de cualquier reduccionismo que separe tajantemente
las neurosis de las patologías que él denomina no-neuróticas, este
autor pone énfasis en que la pérdida del objeto da cuenta de lo
pulsional y de su búsqueda hambrienta por ligarse o generar
desligazón. De aquí su planteo de la función objetalizante o
desobjetalizante.
Si prevalece la intrincación pulsional, el yo podrá encontrar
nuevos objetos o construir otros nuevos. Todo puede ser
transformado en objeto, cualquier función psíquica podría
constituirse como tal. Pero si la desintrincación pulsional gana
terreno predominará la función desobjetalizante. Es así que el
objeto no reconocido como otro, es utilizado por el yo solo para
descargar, proyectar y hacer de ello un objeto donde lo otro de ese
otro no es reconocido. En las patologías no neuróticas este no
reconocimiento está al servicio de proteger al yo de vivir o revivir
la catástrofe sufrida en los inicios de la vida.
- 137
El duelo y el otro
El otro en nosotros
Desde nuestro punto de vista la conceptualización que Freud
desarrolla con relación al duelo muestra por primera vez la
importancia de la noción de objeto-otro.
Freud: Duelo y melancolía
Duelo y Melancolía indica junto con la Introducción del
Narcisismo puntos de inflexión en el proceso de teorización de
Freud. Se observa ya el esbozo de la naciente segunda tópica.
¿Qué ocurre en uno a punto de partida de la pérdida del otro? El
otro se vuelve un objeto interiorizado, con el que el yo se identifica.
“El otro permanece en uno”. Es nuevamente un movimiento desde
la “exterioridad hacia lo interior”. El yo se “altera” y se “estructura”
a punto de partida de la pérdida.
Vimos a propósito de Leonardo este proceso según el cual,
algo del otro se incorpora al yo. Lo mismo queda desarrollado en
Duelo y melancolía, donde una elección narcisista de objeto
desemboca en una identificación narcisista tras su pérdida. La
“sombra del objeto” que cae sobre el yo es el resultado de la
introyección del otro que en realidad nunca fue reconocido como
tal, ya que fue elegido en forma narcisista. Elección e identificación
aparecen como procesos indiscernibles o al menos oscuros o vagos.
Es cierto que los procesos de sustitución y desplazamiento
nos ayudan a pensar que el proceso de duelo es necesario, pues
ello da por resultado que la vida propia prosigue y que nos
aferramos a ella soltando en parte aquello que de nosotros se pierde
con el objeto. Todo parece quedar enmarcado en las pérdidas reales
de los seres queridos. Manteniéndose un adentro y un afuera
definido a medias que Freud intentó zanjar a través del principio
de realidad.
Sin embargo el proceso descrito por Freud para el duelo
normal no es suficiente para pensar el duelo por los objetos
138 - Nancy Delpréstitto, Enrique Gratadoux, Damián Schroeder
infantiles, ámbito privilegiado para investigar el procesamiento
de éstos. Aquí las categorías adentro-afuera se desdibujan aún
más y pasamos a un terreno más complejo del cual sólo
intentaremos plantear hipótesis de trabajo.
Lo más relevante es que el desprendimiento o trabajo de
desasimiento de dichos objetos es una tarea ardua e interminable.
Este desasimiento es complejo porque dichos objetos, investidos
siempre desde lo pulsional, no sólo comprometen al objeto, sino
al yo. Por lo que la idealización, ubicada en el yo ideal, se tiene
que aceptar perder partes de sí, unidas al objeto idealizado que
otorgó satisfacción.
Dicho trabajo psíquico es necesario para que se produzcan y
se generen nuevas ligazones a través de la sustitución y el
enriquecimiento de los procesos de simbolización. Sin embargo,
también existen obstáculos cuando surgen aspectos del narcisismo
arcaico en donde la indiscriminación deja restos mayores que
dificultan el duelo por los objetos infantiles.
Green, reflexiones acerca de Duelo y Melancolía
A. Green se detiene a reflexionar a acerca del trabajo de Freud
Duelo y Melancolía planteando que “…el objeto aparece en la
teoría con motivo de los efectos de su pérdida”.
No se presentarían dificultades en el trabajo normal del duelo,
dadas las posibilidades del yo de identificación parcial con el objeto
perdido y de sustitución o desplazamiento a otros objetos; aunque
esta sustitución por supuesto nunca es total. Pero Green agrega
que es la pulsión la que necesita y muestra su textura y su “hambre”
por seguir buscando y por tanto encontrar nuevas satisfacciones.
La pulsión de vida busca nuevos caminos o mejor sería decir
nuevos objetos, de aquí la postulación de la función objetalizante
del yo. Todo puede devenir en objetos que promueven nuevas
ligazones en el yo. Ya no se trata de que el yo intente domeñar la
pulsión, sino que logre ligar y crear nuevos objetos.
En el terreno de la melancolía, así como en duelos
El lugar del otro en la teoría y la práctica psicoanalítica. - 139
interminables observamos dificultades no resueltas en la obra de
Freud.
En la práctica clínica nos encontramos con casos que expresan
la imposibilidad de sustitución del objeto perdido por otro.
Podríamos afirmar, acompañando los planteos de Green, que este
objeto perdido incorporado en el yo quedaría sometido a la pulsión
de muerte, no colaborando para que ese trabajo de duelo se
produzca. La pulsión de muerte reaparece con toda su fuerza,
empujando al yo a procesos de desligazón, mostrando su carácter
destructivo y por tanto aquello que Green llama la función
desobjetalizante. Aquí el yo queda aprisionado o alienado por el
objeto perdido.
Se trata de un autor que se ha propuesto desarrollar y
fundamentar la intrincación pulsión-objeto. La clínica de las
llamadas patologías no-neuróticas necesitó poner en consideración
la parte específica que le correspondía al objeto como otro. En su
revisita a la obra de Freud acepta que en su teoría todo quedaba
librado a la pulsión como causa y consecuencia de los
investimentos producidos por el sujeto, pero dejando de lado el
papel del objeto. Este quedaba sólo dibujado como objeto de la
pulsión en la búsqueda de satisfacción, concepción que podía
sostenerse para la neurosis.
Desarrollos posteriores del psicoanálisis notaron ese
“descuido” por el objeto que llevó tanto a M. Klein como a otros
autores posteriores a inclinar la balanza sólo hacia el objeto,
dejando a su vez a un lado el empuje de la pulsión.
Por tanto es importante señalar que el revalorizó no sólo el
lugar del objeto sino su intrincación con la pulsión. Como base de
sus aportes originales al psicoanálisis contemporáneo, plantea el
par pulsión-objeto. Lo que conduce a resaltar que no se puede
pensar la textura del objeto sino por su relación con la pulsión.
140 - Nancy Delpréstitto, Enrique Gratadoux, Damián Schroeder
Allouch: crítica a Duelo y melancolía25 (nosotros en el otro)
De acuerdo a Allouch, la noción que Freud elabora acerca
del duelo en Duelo y Melancolía se apoya en el concepto de trabajo
de duelo. En este trabajo el examen de la realidad muestra que el
objeto no existe más y esta prueba obliga a desasir las investiduras
con el objeto perdido. En el duelo “normal” prevalece el
acatamiento a la realidad que indica que el objeto no existe más,
por lo que el yo se “deja llevar” por las satisfacciones narcisistas
de el estar con vida, desatando las ligazones con el objeto
resignado. Este proceso no es instantáneo, sino que consiste en
un verdadero y doloroso trabajo, que avanza poco a poco. El duelo
mueve al yo a la renuncia por el objeto y al cabo de este proceso
se encuentra un objeto sustitutivo.
De acuerdo a Freud, el desenlace normal de todo duelo es
que luego de que se hayan cancelado las investiduras libidinales
con el objeto perdido, la libido liberada se desplaza a un nuevo
objeto. Esta noción de objeto sustitutivo es esbozada en Duelo y
Melancolía y se verá consolidada en su artículo La transitoriedad,
al hacer referencia a las consecuencias de la Primera Guerra
Mundial, en el que afirma: “Sabemos que el duelo, por doloroso
que pueda ser, expira de manera espontánea. Cuando acaba de
renunciar a todo lo perdido, se ha devorado también a sí mismo, y
entonces nuestra libido queda de nuevo libre, para si todavía somos
jóvenes y capaces de vida, sustituirnos los objetos perdidos por
otros nuevos (las negritas son nuestras) que sean, en lo posible,
tanto o más apreciables. Cabe esperar que con las pérdidas de
esta guerra no suceda de otro modo. Con sólo que se supere el
duelo, se probará que nuestro alto aprecio por los bienes de la
cultura no ha sufrido menoscabo por la experiencia de su fragilidad.
Lo construiremos todo de nuevo, todo lo que la guerra ha destruido,
y quizá sobre un fundamento más sólido y más duraderamente
que antes” (Freud, 1916-15).
25 Parte de las ideas vertidas en este apartado fueron trabajadas en: Terror, pensar,
dolor. La desaparición forzada, escrito por Mario Deutsch y Damián Schroeder.
El lugar del otro en la teoría y la práctica psicoanalítica. - 141
“Podemos imaginar que esa desatadura se cumple tan
lentamente y tan paso a paso que, al terminar el trabajo, también
se ha disipado el gasto que requería” (Freud, S., 1917).
De acuerdo a Freud, el duelo tiene un cierre, un fin. Se trata
de un trabajo que culmina en la sustitución de los objetos perdidos
por unos nuevos.
Allouch realiza una crítica a la conceptualización freudiana
del duelo, privilegiando la noción de traumatismo en contrapunto
con la de trabajo. Hay una imposible sustitución del objeto perdido,
en la medida que hay siempre algo irremediablemente perdido
que tiene que ver con la “parte” nuestra que se va con la resignación
del objeto.
Lo que de uno se va con el otro en la pérdida indica lo
irreparable de todo duelo. Es el desgarro que produce el “dejar de
estar en la mirada del otro”.
“Pérdida a secas” dice Allouch, para dar cuenta del “trozo de
sí” que la persona pierde con el objeto de duelo. De acuerdo a
este autor, Freud elabora una versión romántica del duelo, de “ti a
mí”, reduciendo el trabajo de duelo a una relación exclusiva del
sujeto con el objeto perdido. En todo duelo, en cambio, existe la
figura de un tercero, de otro que hace posible el trabajo de duelo.
Tiene que ver con la dimensión pública que todo duelo tiene que
se vuelve patente en los casos de los duelos en relación a las
situaciones de desaparición forzada.
El lugar del otro en la práctica analítica
En estos pacientes el “objeto analítico” que remite a una
terceridad es una tarea a construir y así establecer en el yo su
función objetalizante.
Mientras que en la neurosis el analista es y permanece como
otro; en las patologías no neuróticas o las formas de funcionamiento
que desbordan la neurosis la constitución del analista como otro
consiste, en el mejor de los casos, un “punto de llegada”.
En la neurosis la figura del analista, sin olvidar las compleji-
142 - Nancy Delpréstitto, Enrique Gratadoux, Damián Schroeder
dades que aporta la transferencia, es desde el comienzo otro para
el paciente, es capaz de elegir. Este otro es escuchado como tercero
en el proceso analítico; sólo lentamente el analista-otro va
desdibujándose para ir transitando diferentes personajes
promovidos por la transferencia. El encuadre pasa a ser un fondo
porque la terceridad está instalada.
En las interpretaciones, señalamientos o esclarecimientos el
analista es “otro” para el paciente, haciendo trabajar el proceso
central de sustitución y desplazamiento. Favoreciendo nuevos
enlaces, la simbolización, y tomando contacto con lo otro de sí
mismo. Esto, a su vez, redunda en reconocer en los otros lo otro
que los habita.
En el enfoque de Lacan las nociones de Otro y otro se inscriben
en su concepción del ternario imaginario, simbólico y real.
En el devenir neurótico no hay sólo “un yo y un tú”. Siempre
hay un tercero que los subtiende. No hay dos sin tres. Estos
conceptos son de una utilidad clínica mayor en nuestro
posicionamiento analítico. Cuando el tres está constituido estamos
ante la neurosis. Cuando se trata del dos nos acercamos a la
psicosis26 . Así también es posible comprender momentos locos
en la transferencia, de fuerte “dualización” en un contexto
triangular neurótico.
En el registro imaginario se trata de una “falsa” realidad, a
partir del orden definido por el “muro del lenguaje”. El yo y el
otro, el semejante, todos estos son objetos imaginarios.
No obstante, a punto de partida de la “máxima freudiana” el
paciente neurótico que nos consulta, llega con un saber que no
sabe que sabe. En clave lacaniana el sujeto habla desde el lugar
del gran Otro, lugar de los significantes, pero con su yo situado y
constituido en la relación imaginaria al semejante. “No basta pues
con afirmar la primacía del simbólico, sino que se trata de ver
26 Tiene que ver con un desanudamiento del registro imaginario con respecto al
simbólico. Cuando es posible observar aspectos que remiten a la triangulación edípica,
estos están fuertemente saturados de elementos imaginarios, dando cuenta de un
registro simbólico fallante.
El lugar del otro en la teoría y la práctica psicoanalítica. - 143
como se conjuga con el imaginario. El sujeto habla con su yo27 ;
de este modo el simbólico no está más allá o más acá del
imaginario; no se oponen el uno al otro como una profundidad
(simbólica) escondida por una superficie (imaginaria) sino que
aquella debe ser leída sobre la superficie misma…Tal es la
topología necesaria para no engañarse en cuanto al lugar del deseo
(Julien, Ph., 1992).
La repetición es demanda de reconocimiento, y el analista a
efectos de responder a ella, deberá “correrse” del lugar del otro
imaginario, permitiendo así la emergencia de la transferencia
simbólica. El analista debe dejar ese lugar imaginario vacante ante
el deseo del analizante, a efectos de que el deseo del paciente se
realice como deseo del Otro. Para que esto sea posible, el analista,
en tanto analizado, deberá jugar al “muerto” como en el juego del
bridge. Es por eso que la cuestión de la contratransferencia para
Lacan tendrá que ver con el deseo del analista.
La matriz simbólica esbozada ya en el contexto del estadio
del espejo anuncia la terceridad. Esta triangulación nos ayuda a
comprender la experiencia analítica.
La terceridad constituye una “zona de cruce” 28 de los
diferentes marcos referenciales, más allá de la eventual
inconmensurabilidad. Desarrollos posteriores del psicoanálisis han
abrevado de una u otra forma en dicho concepto articulándolo
con la experiencia analítica, como es el caso de Green y Laplanche,
a los que ya nos hemos referido.
En cuanto a Winnicott vinculará la madre medio ambiente
con la actitud profesional del analista, llamando la atención acerca
de la importancia de los fenómenos transicionales en el trabajo
analítico.
El espacio potencial, de los objetos y fenómenos transicionales, hace también a la zona de juego y que para Winnicott
tendrá importantes implicancias en nuestra práctica analítica. Para
27 El yo del que aquí se trata corresponde al moi, imaginario.
28 Tomamos prestada esta noción de “zona de cruce” que Fanny Schkolnik conceptualizó
acerca de las teorías psicoanalíticas y la curación.
144 - Nancy Delpréstitto, Enrique Gratadoux, Damián Schroeder
que el trabajo analítico pueda desplegarse deberán poder
superponerse la zona de juego del paciente y del analista. De ahí
que el psicoanálisis sea el juego más refinado del siglo XX y tal
vez también del siglo XXI.
En el análisis, el objeto subjetivo puede actualizarse en la
transferencia cuando se ha producido una fuerte regresión a la
dependencia y a veces es condición para dar una nueva oportunidad
a restablecer la confianza en la creatividad primaria.
Si la transicionalidad se instala el bebé será capaz de usar el
objeto. Winnicott extrapola esta idea al trabajo analítico. Para él,
el énfasis no estará puesto en el objeto utilizado, sino en su
utilización.
Los aportes de Winnicott han sido retomados por Green y
Roussillon, entre otros autores contemporáneos. Ambos proponen
el trabajo de análisis como un trabajo de transicionalización.
Al afirmar que el analista es un fenómeno subjetivo del
paciente “…es indudable que Winnicott apela a la construccióndeconstrucción de los enclaves y posicionamientos narcisistas que
señalan un perfil dinámico en sus ideas con un profundo grado de
abstracción. Por ello pienso que el uso y la destrucción del objeto
forman parte consustancial del proceso de simbolización que
implica la disponibilidad representacional inconciente” (Casas,
M., 2001).
“Lacan trabaja el entretejido de la vivencia con la metapsicología, Winnicott se detiene en la transicionalidad donde describe
la experiencia con el objeto. Pero ambos señalan que este espacio
tiempo de lo especular y lo transicional se recrea cada vez que
acontece el acto psicoanalítico centrado en la transferencia. Y allí
ambos autores coinciden” (Casas, M., 2001)
El recorrido realizado hasta aquí es complejo pero no
exhaustivo, tanto en lo que hace a los desarrollos de los distintos
autores aquí mencionados, como en la amplitud de los problemas
abordados. Hemos querido señalar aquellos aportes que, a nuestro
juicio, se constituyen en herramientas metapsicológicas que nos
permiten continuar la exploración de nuestro posicionamiento
analítico y el pensar acerca de nuestra práctica.
El lugar del otro en la teoría y la práctica psicoanalítica. - 145
Resumen
El lugar del otro en la teoría y la práctica psicoanalítica
Nancy Delpréstitto, Enrique Gratadoux, Damián Schroeder
El armado conceptual de este trabajo tiene como origen un
seminario realizado por los autores acerca de “El objeto, el otro y
el yo en la constitución psíquica”. Dicha propuesta implicó la
opción de un abordaje temático, en vez de un “desarrollo de autor”
aspirando a hacer “trabajar” el pluralismo teórico en el que
habitamos y que a la vez nos habita.
Constatamos que la noción de “otro” es utilizada en los
diálogos entre colegas frecuentemente sin precisión y rigurosidad.
El caso paradigmático es el de las nociones de otro y objeto, muchas
veces utilizadas de manera indistinta. A los efectos de una
delimitación hicimos un recorte al “interior” de la obra de Freud
para subrayar algunos pasajes, significativos a nuestro juicio, en
los que podemos pensar en las figuras del otro y como ellas han
sido concebidas en desarrollos posteriores de autores como Lacan,
Laplanche, Winnicott, Green y otros.
Hemos tomado como referencia los aportes de estos autores
en relación a la sexualidad, el narcisismo y el duelo donde el
concepto de otro se hace muy evidente.
Por último nos interesó ensayar la articulación de estas
contribuciones para pensar nuestra práctica analítica contemporánea.
Summary
The place of the other in psychoanalytic theory and practice.
Nancy Delpréstitto, Enrique Gratadoux, Damián Schroeder
The conceptual structure of this paper originates in a seminar
coordinated by the authors under the title: “The object, the other
and the ego in the constitution of the psyche”. Such proposal
implied the choice of a thematic approach, instead of an “author
development”, with the aim of making the theoretical pluralism,
146 - Nancy Delpréstitto, Enrique Gratadoux, Damián Schroeder
which we inhabit and inhabits us, “work”.
We found that the notion of “other” is frequently used in the
dialogues among colleagues without much accuracy or
rigorousness. The case which is paradigmatic is that of the notions
of other and object, used indistinctly on many occasions. In order
to delimit our area, we surveyed the “inside” of Freud’s work so
as to underline some passages, significant in our opinion, where
we can consider the figures of the other and how they have been
conceived of in further developments by authors like Lacan,
Laplanche, Winnicott, Green and others.
We have used the contributions made by these authors as a
reference in terms of sexuality, narcissism and mourning, where
the concept of other becomes clearly evident.
Finally, we were interested in making an attempt to articulate
these contributions in order to think about our present analytic
practice.
Descriptores: RELACION DE OBJETO / OTRO /
YO / NARCISISMO /
Autores-tema: Freud, Sigmund / Lacan, Jacques /
Winnicott, Donald / Green, André /
Laplanche, Jean /
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