...

Mi Otro Yo - Horacio Marchand

by user

on
Category: Documents
0

views

Report

Comments

Transcript

Mi Otro Yo - Horacio Marchand
HM
Horacio Marchand
e-books
Mi Otro Yo
Por Horacio Marchand
El “otro yo” es un ser impredecible que vive dentro de nosotros,
que aflora de las maneras más extrañas y en los momentos
menos esperados.
Tenemos partes en nuestra personalidad que son ciegas,
desconocidas, subconscientes o automáticas, o como se les
quiera llamar, y que concursan e incluso determinan nuestras
decisiones; mucho más de lo que les habíamos dado crédito.
Mi Otro Yo
Horacio Marchand Flores
perversa, porque ilusamente creemos que somos
unidimensionales y que estamos configurados
sólo con ingredientes “buenos”.
¿Que le pasó a Madoff?
¿Qué necesidad de cometer un fraude de 50 mil
millones de dólares, si aparentemente lo tenía
todo?
¿Cómo un hombre millonario, respetado en
círculos financieros y sociales del mundo, ex
presidente de la Bolsa de Valores Nasdaq, con una
estable vida familiar, pudo haber despojado a tanta
gente de sus ahorros?
Son cada vez más evidentes las instancias de
personas que tienen una doble vida; donde por un
lado son empresarios ejemplares, líderes exitosos
o personas “normales” y por otro cometen actos
incomprensibles, como si cargaran una sombra
que parece controlarlos.
Y esto no es exclusivo del mundo de los negocios:
vemos también cómo líderes religiosos,
idolatrados, se envuelven en actos de pederastia o
abuso psicológico; cómo líderes políticos envían
a miles de jóvenes a pelear guerras caprichosas;
cómo un hombre, que sus vecinos describían como
tranquilo y hogareño, es capaz de secuestrar a su
propia hija por décadas, abusar de ella sexualmente
e incluso concebir hijos; cómo una abnegada ama
de casa ahoga en la bañera a sus cuatro hijos.
Lo más difícil es enfrentarnos a nosotros mismos y
entender que hay virtudes y vicios dentro de cada
uno de nosotros, que somos buenos y malos, que
somos luz y sombra; todo simultáneamente.
Si negamos esta condición y la reprimimos por
completo, ya sea por dogma, creencia, ignorancia
o simplemente porque nos sentimos moralmente
superiores, corremos el riesgo que termine por
controlarnos.
¿Acaso tenemos alguna otra entidad o energía que
vive dentro de nosotros y nos controla?
¿Acaso no nos conocemos lo suficiente?
Pareciera que no.
Tenemos partes en nuestra personalidad que
son ciegas, desconocidas, subconscientes o
automáticas, o como se les quiera llamar, y que
a través de diversos estudios, en particular la
neurociencia, se ha comprobado que concursan
e incluso determinan nuestras decisiones; mucho
más de lo que les habíamos dado crédito.
Y no es que estos actos escalofriantes sean nuevos,
lo que resalto es que gente que a la vista “sería
incapaz de hacerlo”, ya sea por su personalidad o
por su profesión, resulta que delinque de manera
de compulsiva, como si estuviera “poseída”.
Tenemos “tres tipos de cerebros” --por lo menos
tres, me atrevería a decir yo-- conforme lo propone
el neurólogo Paul MacLean: el cerebro reptiliano,
que compartimos con los lagartos; el cerebro
límbico, que nos asemeja al resto de los reptiles
y a los mamíferos; y el cerebro cortical, que ya se
desarrolla en algunos mamíferos pero que alcanza
su máximo exponente en el ser humano; estos tres
niveles pueden ser fácilmente apreciados en la
secuencia del desarrollo cerebral en el feto.
Lo más fácil es echarle la culpa al diablo, que
pareciera es un agente que subcontratamos para
asignarle toda nuestra parte oscura, primitiva,
degenerada o
El cerebro más primitivo, el reptiliano, nos
entronca con nuestras raíces y se encarga de
automatizar nuestras respuestas y de marcar
nuestro territorio.
www.horaciomarchand.com
1
Mi Otro Yo
Horacio Marchand Flores
El cerebro límbico controla lo relacionado
con nuestros afectos, lo visceral, nuestras
motivaciones y se relaciona directamente con la
agresividad, el alimento, el apareamiento y la
autodefensa.
El cerebro cortical, el cerebro superior, nos
distingue del resto de los animales y es, hasta
ahora, la culminación de la evolución. Está
dividido en dos hemisferios y a su vez en lóbulos:
los lóbulos temporales se ocupan del lenguaje y
la audición, y es también donde parece alojarse
la memoria; los lóbulos occipitales son los
encargados de la vista; los lóbulos parietales
son los que rigen nuestros sentidos.
En los lóbulos frontales es donde se aloja lo
que denominamos “inteligencia”. Aquí es donde
predominantemente se planean y se deciden
nuestras estrategias, donde pensamos lo que
debemos o no hacer y cómo hacerlo.
Naturalmente que falta la dimensión simbólica,
metafísica y existencial, pero basta con decir
que no somos remotamente uni-dimensionales.
El “otro yo” es un ser impredecible que vive
dentro de nosotros, que aflora de las maneras más
extrañas y en los momentos menos esperados.
Lo podemos ver cuando nos enojamos tan
intensamente que nos sorprende, o cuando
sobre-reaccionamos, negativa o positivamente,
a estímulos ordinarios.
El corolario psicológico del “otro yo” -más allá
de las posibles razones orgánicas o médicas
que pudieran existir- dice que entre mayor
la represión y el rechazo del total de nuestras
características, tanto buenas o malas, o la falta
de integración de las mismas, en ese grado
potencialmente pudiéramos dar el bandazo
hacia lo inesperado.
Los planes de estudio de las Universidades
contemporáneas, y la sociedad en general, ponen
poco esfuerzo en formar personas integrales y
con conocimientos humanistas en función de
que conciben al mundo bajo el enmarque de la
Ilustración, el método científico, el capital y
las economías de escala.
Ejecutivos y empresarios estudiamos carreras de
negocios y salimos expertos en finanzas, leyes,
marketing, sistemas de información, etcétera,
pero en la primera crisis personal, en los
primeros síntomas de una depresión, angustia o
confusión existencial nos encontramos lisiados
emocionalmente.
Somos el equivalente a analfabetas emocionales
y no sabemos qué hacer, cómo manejarlo, a
quién acudir. Y entonces terminamos por hacer
mucho más de lo que ya sabemos hacer: trabajar,
reprimir y trabajar.
En este sentido el trabajo es la excusa predilecta,
el escondite-camuflaje, la justificación perfecta.
Con esto, lejos de conocer los mecanismos de
defensa -y otros fenómenos psicológicos- y
enfrentarlos, discutirlos y sacarles provecho
(porque son mensajes y energías poderosas),
éstos son reforzados y el círculo vicioso se
alimenta.
Esto resulta por no ser sostenible y viene el
famoso breakdown, el burnout, el sumernage
o como simplemente lo describe la gente del
campo “andaba presionado, hasta que tronó”.
Es importante el desarrollo personal, no
sólo el profesional.
Es importante la vida interior, no sólo la
exterior.
Es importante el espíritu (o como cada
quién opte por llamarle), no sólo la
materia.
www.horaciomarchand.com
2
Mi Otro Yo
Horacio Marchand Flores
Mientras la ciencia avanza y la tecnología y el
capital se convierten en supremos, pareciera que
vamos perdiendo nuestra dimensión humana y
seguimos subestimando nuestra configuración
psicológica -quizá por su condición abstracta,
quizá como mecanismo de defensa.
Los mecanismos de defensa freudianos son
las operaciones que conforman un patrón de
conducta protectivo contra aquello que genera
ansiedad, culpa o algún otro sentimiento
desagradable.
Entre el gran cuerpo de estudios e ideas sobre la
complejidad del humano, me permito presentar
algunas.
La represión se encarga de rechazar,
inconscientemente, algún deseo o pulsión
manteniéndolo fuera del consciente.
La Sombra: Jung la definió como la parte del
subconsciente que acumula lo que el psique
reprime; aquello que no le gusta al ego, por
ejemplo, instintos agresivos, sexuales, envidia,
etcétera. En la sombra también radica aquella
parte de la personalidad que el individuo no
desarrolla ni explora.
La negación ocurre cuando lo reprimido
“brota” a nivel de la conciencia a través de un
señalamiento, o de un evento, y la persona lo
niega, como diciendo: “Esto no es mío, ¿cómo
crees que soy capaz de esto?”.
Y están los complejos que Jung describió como
aquellos que: “intervienen con las intenciones y
la voluntad del individuo, afectan el desempeño,
aparecen y desaparecen según sus propias leyes;
pueden provocar obsesiones, influir en el habla
y en las acciones; todo de manera inconsciente.
En resumen: los complejos se comportan como
seres independientes”.
Y todos tenemos un grado u otro de sombra
y complejos; es imposible no tenerlos. Y lo
divertido, y lo peligroso, es que por naturaleza
no estamos conscientes de ellos.
Uno de los más grandes descubrimientos de
principios del Siglo 20 fue la existencia del
subconsciente; de esa parte clave dentro
de nosotros, y fuera de nuestra consciencia,
que al parecer influye dramáticamente en las
decisiones.
Freud argumentaba que el subconsciente se
manifiesta en nuestros sueños, en nuestros
errores, en actos tanto grandiosos, como de autosabotaje, así como en acciones que ni siquiera
imaginábamos éramos posibles de realizar.
La racionalización quiere mantener ocultas
las verdaderas motivaciones a base de
explicaciones, frecuentemente a posteriori; todo
lo trunca a base de “lógica”.
Horacio Marchand Flores
( [email protected] )
Tiene estudios de Doctorado en Psicología Profunda
y Estudios Mitológicos de Pacifica Graduate
Institute en Santa Barbara California, cuenta con
un Master en Negocios (MBA) con enfoque en
marketing de University of Texas at Austin, es Lic.
en Administración de Empresas del ITESM Campus
Monterrey. Tiene experiencia como emprendedor,
como directivo en corporativos, así como
académico de Marketing e Innovación en la Escuela
Adolfo Ibáñez en Miami, EUA y en la EGADE en
Monterrey, Mex. Publicó el libro Hipermarketing,
Ed Océano en el 2004 y más de 500 artículos en
revistas, periódicos y portales.
Es consultor en Estrategia, Marketing e Innovación
y entre sus clientes se enlistan compañías globales
de diversos giros.
www.horaciomarchand.com
www.horaciomarchand.com
3
Mi Otro Yo
Horacio Marchand Flores
La proyección, discutiblemente el más visible
de los mecanismos, consiste en que el material
reprimido se observa fuera de uno mismo y se le
atribuye a otras entidades. Las cosas y personas
objeto de la proyección en realidad funcionan
como un espejo que muestra partes de nosotros
que no hemos integrado.
Una proyección se puede detectar cuando algo
te genera una emoción intensa, tanto de odio
como de fascinación absoluta.
Von Franz, prolífica escritora y discípula de
Jung, señala que en muchas culturas, desde
antaño, a las proyecciones se les asemeja a
proyectiles que se “avientan” a personas que
capturan nuestra proyección.
En Latinoamérica y en Grecia, por ejemplo,
es común hablar de que alguien causó “mal de
ojo”, que alguien fue objeto de una maldición,
o que conviene le hagan una “barrida” para
sacudirse las malas vibras.
En lo familiar.- Es el caso donde hay una oveja
negra que todo mundo habla de él, o de ella, que
es constantemente criticado, señalado, excluido.
Frecuentemente se le compara con el “bueno”
de la familia, con el obediente, serio y formal.
En las comidas del domingo se utiliza su
tema como material de sobremesa. “Qué mal,
¿verdad?”, pero el mensaje implícito es que
“nosotros”, que somos el grupo, somos buenos,
decentes y puros.
Al señalar, proyectar y depositar la sombra
allá, resolvemos artificialmente el tener que
enfrentarnos a nosotros mismos y protegemos
al grupo. Por eso el chivo, o la oveja, son de una
utilidad enorme.
Si el chivo de la familia se harta y se aleja para
nunca volver a tener contacto, la familia tiene
en sus manos una crisis que resolver, tiene que
conseguirse alguien nuevo de quien hablar mal,
que sirva de depositario de esa dimensión que
no quieren integrar.
Los chivos expiatorios son personas-target,
o grupos, que les “aventamos” nuestra propia
sombra e incluso llegamos a sacrificar para
purgar y limpiar nuestras culpas y defectos.
En lo social.- El ejemplo extremo es el
fundamentalismo, por ejemplo el religioso,
desde la inquisición hasta la simple exclusión de
los “no creyentes”, o la guerra, del antisemitismo
hasta las acusaciones constantes de bandos,
como contra el fundamentalismo musulmán o
el imperialismo norteamericano.
De repente se ofrece que alguien cargue con
la sombra colectiva, o la tribal, como si fuera
un depositario de los defectos o deseos no
aceptados además de representar a todo aquello
que no desarrolla el grupo.
Cuando a Hitler le propusieron que eliminara
de golpe a todos los judíos dijo que, de hacerlo,
tendría que buscarse a otro blanco de odio
porque “nada unifica a la gente como odiar a lo
mismo”.
El chivo, o la oveja negra, se convierten en
objeto de ataque constante para eventualmente
ser expulsados del grupo.
En lo político.- Es fascinante observar cómo a
presidentes y líderes de naciones se les idolatra
y en la primera de cambios, cuando las cosas no
salen, se les desprecia. Los presidentes grises
de México pasan desapercibidos tras su fin de
periodo; mientras que a los presidentes activos,
Dos de las manifestaciones de la proyección
son: los chivos expiatorios y las ovejas negras.
Algunas otras instancias de chivos.
www.horaciomarchand.com
4
Mi Otro Yo
Horacio Marchand Flores
con iniciativas, se les admira para luego odiarlos
culpándolos de manera desproporcionada y
sumaria a través del fenómeno de proyección
activado. De idealizados pasan a ser condenados.
consciente: yo sé de mí, tú sabes de mí; la parte
privada: yo sé de mí, tú no sabes de mí; la parte
ciega: yo no sé de mí, tu sí sabes de mí; y la
inconsciente: ni tú ni yo sabemos de mí.
Más ejemplos: Winston Churchill, que tras
derrotar al nazismo pierde las elecciones en
Inglaterra; Temístocles, que tras salvar a Atenas
de la invasión persa en Salamis lo destierran
con el sistema ateniense de ostracismo. El caso
de Obama es un caso interesante que hay que
seguir de cerca.
Y hay otros más: Alfred Adler se enfoca en la
compensación y la búsqueda de poder; Viktor
Frankl, en la búsqueda de sentido existencial;
Albert Ellis lo visualiza como un discurso
interno y personal que acaba por convencernos;
Fritz Pearls como procesos cargados de
“apertura y cierre”, de ansiedad, movimiento y
resolución.
Von Franz comenta sobre las ovejas negras
y chivos expiatorios que: “probablemente son
provocados porque es la propia sombra la que
atrae a las proyecciones negativas de otros.
Cuando la energía de la sombra se libera,
“toma posesión” de la persona, y somete al
ego, es forzada a un rol colectivo. Tan pronto
la persona se separa del grupo, todo regresa a la
normalidad”.
Lo paradójico entonces es que cuando se
contempla a un chivo o se critica a una oveja
es como contemplarse a uno mismo y autocriticarse. Ambos son procesos clave que deben
comprenderse para el desarrollo individual,
grupal, organizacional y social.
Para Paul Whelan, de la Universidad de
Wisconsin, “la mayoría de lo que hacemos
diariamente es inconsciente; la vida sería un
caos si todo estuviera ahí al frente de nuestra
consciencia”.
Otro investigador, Daniel M. Wegner, asegura
que nuestro 5 por ciento que es consciente suele
pasársela explicando, retrospectivamente y con
una ilusión de racionalidad, lo que el otro 95
por ciento ya hizo. Incluso llega a cuestionar el
llamado libre albedrío que es tan venerado.
Johari lo explica de una manera más sencilla y
divide al psique en cuatro cuadrantes: la parte
Cada uno de ellos, entre muchos otros, ha hecho
su propuesta pero el humano sigue siendo
complejo y en buena medida indescifrable en
lo individual, pero curiosamente parecido en lo
general.
Regresando a Madoff, teóricos y prácticos de la
salud mental corren a diagnosticar la razón de
su conducta y la más favorecida por el momento
es la de sociópata.
Un sociópata es una persona cuyas conductas
son antisociales y demuestra una ausencia
de responsabilidad moral. Esta persona está
interesada solamente en sus propias necesidades
y deseos, sin preocuparse de las consecuencias
que sus conductas puedan tener sobre otros.
En el ámbito de negocios pareciera que abundan
las patologías, aquí algunos otros ejemplos de
la sociedad más capitalista del mundo (aunque
ocurren en todos lados):
Dennis Kozlowski, de Tyco Internacional,
sentenciado a prisión; Michael Milken, de
la desaparecida Drexel Burnham Lambert,
encarcelado; quiebra Arthur Andersen y se
condena a Frank Quattrone; Enron pasa de
modelo de gestión de negocios a uno de gestión
criminal.
www.horaciomarchand.com
5
Mi Otro Yo
Horacio Marchand Flores
Explicar las causas de por qué les sale “el
otro yo” a los líderes es complicado y debe
tener muchas vertientes adicionales como:
materialismo extremo, traumas y complejos
personales, falta de espiritualidad, errores de
gestión y así sucesivamente.
Y basta con leer los diarios del mundo para
seguirnos sorprendiendo. No importa la cultura,
el país, el ámbito, la disciplina, la edad de
los sujetos o el género; todos los días, en lo
insignificante y en lo trascendental, siguen
apareciendo conductas desconcertantes de
personas que “era imposible que lo hicieran”.
Por lo pronto, me quedo con ese dicho popular
de que dice: si algo es demasiado bueno para
ser verdad, probablemente no lo sea. Sólo
espero que esto no me haga cínico.
Al mismo tiempo me quedo atento para detectar
conductas anómalas e inesperadas, incluyendo
las propias.
Este es uno de los mas de 100 e-books escritos por Horacio Marchand.
www.horaciomarchand.com
6
Fly UP