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Creando y ocupando los espacios a los que tenemos derecho

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Creando y ocupando los espacios a los que tenemos derecho
Mujeres de La Vía Campesina:
Creando y ocupando los
espacios a los que tenemos
derecho
Nettie Wiebe*
El 20 aniversario de La Vía Campesina es un momento de orgullo para celebrar muchas
cosas importantes. Se trata de una oportunidad para reflexionar sobre algunas de las
muchas luchas, victorias, campañas, éxitos, pérdidas, alegrías y penas que hemos tenido
de manera mundial, en nuestras regiones, en nuestros países, en nuestras
organizaciones, nuestros barrios y en nuestras propias vidas.
A lo largo de las dos décadas que conforman su historia, La Vía Campesina se ha
convertido en unos de los movimientos más dinámicos, amplios e importantes del
mundo, abarcando una diversidad sin precedentes a la vez que luchamos de manera
solidaria por la soberanía alimentaria, la justicia social y política y la protección de la
tierra y la vida.
Las mujeres hemos sido participantes y dirigentes claves en La Vía Campesina. De hecho,
el papel de la mujer en La Vía Campesina forma parte de lo que hace que este
movimiento sea único tanto en la historia de los movimientos campesinos como entre
otros movimientos sociales y organizaciones internacionales.
En mi opinión, el trabajo, las perspectivas, el análisis, la energía, el liderazgo y la
presencia de las mujeres en La Vía Campesina han transformado y reforzado nuestro
movimiento.
Yo desde luego me he visto transformada (y reforzada) al formar parte de nuestro
movimiento. Cada una/o de nosotras/os venimos de nuestra propia familia y comunidad
y de un amplio abanico de experiencias y culturas. Sin embargo, como la mayoría de las
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mujeres rurales, he incorporado mi trabajo en el ámbito público y político a mi vida,
junto a mi hogar y mis responsabilidades familiares. A diferencia de muchos de nuestros
compañeros varones, la mayoría de nosotras sabe bien lo que es organizar el cuidado de
los niños con otros miembros de la familia o con los vecinos, asegurarse de que se ha
hecho la colada y de que hay comida preparada en la cocina antes de marcharnos de
casa para poder asistir a las reuniones. Nuestro activismo y compromiso como mujeres
en el movimiento a menudo requiere que añadamos aún más tareas a días que ya de por
sí están completos con la producción de la comida, el cuidado de la familia y del hogar, la
cocina, el trabajo remunerado y muchas otras exigencias. Pero, desde mi experiencia,
nuestro activismo y solidaridad también nos da más energía, ánimo, confianza y
felicidad.
Como mujer que tuvo el gran honor y la responsabilidad de trabajar en un papel
dirigente en La Vía Campesina (como miembro del CCI y como miembro suplente)
durante más de una década, siento un gran orgullo y respeto hacia los millones de
mujeres que luchan para que este movimiento sea fuerte y vivificante, pese a todos los
retos que encontramos.
A continuación presento algunos de mis recuerdos y observaciones sobre nuestro
trabajo como mujeres de La Vía Campesina.
Abriendo espacios
La primera reunión que se organizó en La Vía Campesina tuvo lugar en Mons, Bélgica, en
1993. Sin embargo, un año antes, UNAG (Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos),
de Nicaragua, había invitado a algunas/os dirigentes de organizaciones progresistas de
campesinas/os y agricultoras/es a su congreso anual para analizar las graves
consecuencias de las negociaciones comerciales que estaban teniendo lugar en aquel
momento. Las/os dirigentes acordaron que el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles
Aduaneros y Comercio) suponía una terrible amenaza para la agricultura campesina y a
pequeña escala en todas partes y por lo tanto era necesario que resistiéramos.
La persona responsable de la presidencia de mi organización, National Farmers Union of
Canada (NFU por su sigla en inglés y cuyo equivalente sería Unión Nacional de
Agricultoras/es de Canadá) se encontraba entre las personas invitadas a la reunión
debido a que las mujeres de NFU (yo era la presidenta de las mujeres) habían establecido
ya una buena relación con las mujeres de UNAG. Por lo tanto, UNAG ya conocía al NFU de
Canadá.
La Declaración de Managua fue el trabajo de los dirigentes (todos ellos varones) que se
reunieron en Nicaragua. Este documento no hace mención alguna de las mujeres o el
género.
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Un año después, cuando las/os dirigentes campesinas/os se reunieron en Bélgica para
sentar las bases de un auténtico movimiento campesino mundial para resistir la agenda
neoliberal del GATT y construir una alternativa ante esta destructiva locura, nació La Vía
Campesina. Alrededor del veinte por ciento de sus representantes eran mujeres, y su
participación y liderazgo fue efectivo, como se reflejó en el documento final.
La 2ª Conferencia de La Vía Campesina en Tlaxcala, México, en 1996, fue el siguiente gran
encuentro mundial de delegadas/os que representaban a las organizaciones campesinas
y de agricultoras/es a pequeña escala de todo el mundo. De nuevo, un 20% de las
personas que participaron fueron mujeres, ¡y estas fueron activas, influyentes e
importantes contribuidoras para los debates! Sin embargo, cuando las/os delegadas/os
se reunieron en los grupos regionales para seleccionar a las/os dirigentes que asistirían al
Comité de Coordinación Internacional de La Vía Campesina, todos los dirigentes elegidos
fueron hombres.
Las mujeres, así como algunos de los compañeros varones, consideraron que esto era
inaceptable. Un auténtico movimiento campesino debe sin duda reflejar mejor el
campesinado, el cual incluye tanto a mujeres como hombres. Un tenso debate tuvo lugar
y los grupos regionales (ocho en aquel momento) se reunieron de nuevo.
La región de Norte América, que incluía a la organización mexicana que hacía de
anfitriona, UNORCA, decidió nombrarme como representante del Comité de
Coordinación. Yo era entonces la recién nombrada presidenta de la National Farmers
Union (la primera y única mujer en dirigir una organización nacional de agricultura en
Canadá, donde, como en el resto del mundo, la agricultura representa un sector
profundamente patriarcal).
Cuando nos reunimos de nuevo en el plenario, sentimos un agradable alivio al
comprobar que se había quebrantado la barrera del género con la elección de una mujer
para el CCI. Comprendí la enorme responsabilidad que se me había encomendado. Pero
también supe a partir de aquel momento que me encontraba rodeada, acogida y
apoyada por mujeres maravillosas y fuertes así como por hombres que compartían la
idea de crear un movimiento de igualdad y de justicia para las mujeres.
Se formó un Grupo de Trabajo Internacional de Mujeres con el objetivo de centrarse en
articular nuestros análisis, mejorar nuestras capacidades y alcanzar la igualdad política y
social tanto dentro de las organizaciones y el movimiento como en todos los ámbitos de
nuestras vidas. La Vía Campesina sería un terreno en el que aprenderíamos, lucharíamos
y reforzaríamos nuestra lucha por la igualdad, la dignidad y el respeto hacia los derechos
de las mujeres.
Las mujeres de América del Sur y América Central ya contaban con comisiones de
mujeres en sus estructuras organizativas y estaban creando espacios con éxito y
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desarrollando su capacidad de liderazgo. En la siguiente reunión del CCI en San Salvador
se adoptó el modelo de la comisión de mujeres en La Vía Campesina.
A esto siguió una agenda muy intensa de organización y actividad política. Gracias al
trabajo enérgico, dedicado, eficiente, incansable y con iniciativa de muchas mujeres y de
las mujeres dirigentes de muchas organizaciones de La Vía Campesina, que recibieron el
apoyo del personal técnico que compartía nuestra pasión por la igualdad de las mujeres,
organizamos reuniones informativas y de desarrollo de las capacidades de las mujeres así
como talleres de género en muchas regiones. También participamos de manera efectiva
en una serie de iniciativas, manifestaciones y eventos públicos para ganar terreno y hacer
que se oyeran nuestras voces en temas como el acceso a la tierra, las semillas, la
soberanía alimentaria, la educación, la salud, los derechos humanos y la participación
democrática.
Gracias a lo aprendido de las experiencias de las mujeres de CLOC, las mujeres de La Vía
Campesina adoptaron un patrón que consistía en organizar asambleas de mujeres antes
de los grandes eventos o conferencias con el fin de garantizar que estábamos bien
preparadas para articular nuestras perspectivas y posturas en las conferencias generales
y en los plenarios. Debido a que los espacios públicos han estado tradicionalmente
dominados por los hombres, a las mujeres puede resultarles difícil hacerse oír. Organizar
reuniones preliminares de mujeres nos ayuda a entendernos mejor así como a construir
relaciones de confianza, validar nuestras experiencias y análisis a la vez que nos da mayor
confianza para ocupar de manera efectiva los espacios a los que tenemos derecho. Estos
encuentros de mujeres también suelen estar llenos de alegría ¡y suelen ser divertidos!
Nuestro objetivo ha sido alcanzar una igualdad genuina entre mujeres y hombres, lo que
incluye una participación democrática por igual. Una meta evidente para caminar hacia
ese objetivo es contar con el mismo número de mujeres y hombres en todos los niveles
de la organización y en las conferencias en las que se toman decisiones. Queríamos
alcanzar la paridad de género en la 3ª Conferencia de La Vía Campesina en Bangalore,
India, en el año 2000.
Organizamos nuestra 1ª Asamblea Internacional de Mujeres en los días inmediatamente
anteriores a la conferencia general. Pese a encontrarnos con algunas dificultades de
logística, esta asamblea de mujeres fue un evento maravilloso y lleno de fuerza donde las
mujeres de La Vía Campesina, provenientes de todas las regiones del mundo, trabajaron
juntas en muchos temas que eran clave.
A pesar de que no alcanzamos del todo una participación igual en la 3ª Conferencia
Internacional, logramos algunos avances impresionantes hacia ese objetivo. Más
importante aún, presionamos para que se produjera un cambio estructural fundamental
en La Vía Campesina, garantizando la paridad de género entre las/os líderes tanto a nivel
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regional como mundial. Se adoptó un cambio constitucional por el cual el CCI debe tener
dos miembros de cada región, uno que sea hombre y otro que sea mujer.
Para mí, este cambio estructural fue muy gratificante. Las feministas agricultoras de
Canadá habían luchado (y ganado) por conseguir la paridad de género en las
organizaciones agrícolas mucho antes, por lo que contaba con experiencia en este tipo
de acción afirmativa. Se trata de un paso más hacia la igualdad. Me sentí
extremadamente satisfecha, si bien no sorprendida, cuando mis compañeros varones del
CCI adoptaron esta recomendación con entusiasmo en el año 2000. Sentí una ola de
gratitud, orgullo y esperanza cuando la Conferencia adoptó la moción.
La transformación de los espacios
Las mujeres rurales e indígenas tienen una larga historia de opresión y de luchas. Hemos
logrado importantes mejoras en algunos contextos y regiones. Las luchas feministas han
dado como resultado el reconocimiento de los derechos humanos, el derecho a la
educación y a los recursos y han mejorado la situación social de algunas mujeres. Sin
embargo estas mejoras aún están muy lejos de ser universales. El poder patriarcal y las
injusticias continúan siendo la realidad cotidiana que viven la mayoría de las mujeres.
La creciente concentración de tierras y recursos en manos de empresas privadas hace
que la lucha de las mujeres rurales por conseguir el acceso a la tierra resulte aún más
difícil. Cuantas más familias son desplazadas, menos seguridad tienen las mujeres y más
vulnerables son a la violencia y a la explotación. La violencia contra las mujeres fue un
tema al que se hizo frente de manera pública dentro de La Vía Campesina en la 3ª
Asamblea de Mujeres y en la 5ª Conferencia en Maputo, Mozambique, en 2008. Se lanzó
la Campaña por el fin de la Violencia hacia las mujeres, la cual continúa hoy.
Las mujeres de La Vía Campesina empezaron y continúan siendo claves para la Campaña
de las semillas. Debido a que las empresas multinacionales están usurpando la
propiedad de las semillas y manipulando su genética con las tecnologías de los
organismos modificados genéticamente, la lucha por las semillas se ha convertido en
una lucha por la soberanía alimentaria así como por los elementos básicos de la vida
misma. Las mujeres campesinas e indígenas cuentan con una larga tradición de
recolección y protección de las semillas, mejorando su diversidad y adaptabilidad.
A lo largo de la existencia de La Vía Campesina, las mujeres han estado presentes y han
participado de manera activa en todos los temas y en todas las luchas: dedicándose a la
organización, marchando de manera valiente y pacífica, enfrentándose a los más
poderosos en conferencias nacionales e internacionales, sufriendo detenciones y
encarcelamientos y haciéndose oír sobre temas importantes. Codo con codo y en
solidaridad con los hombres de La Vía Campesina, ofrecemos análisis político,
experiencia y energía para el objetivo compartido de crear un futuro que sea más justo,
igualitario, pacífico, ecológico y vivificante.
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Tengo muchísimos recuerdos de reuniones, marchas, comidas, discursos, negociaciones,
etc., pero lo más emotivo e impresionante de mis experiencias en La Vía Campesina han
sido aquellos momentos en los que, pese a las dificultades, pérdidas y dolor, las mujeres
se han levantado, unidas, para crear espacios de belleza y esperanza. A través de
canciones, poesía, teatro y danza, usando símbolos y artesanía, poniéndonos la ropa de
nuestras propias culturas, hablando nuestras muchas lenguas, el amor por la vida que
compartimos se revela y obtiene significado. Estos espacios de “mística” son poderosos y
rejuvenecedores.
Creo que son este rejuvenecimiento y esta esperanza y diversidad y belleza las que
hacen que el avance de nuestro movimiento sea imprescindible (y posible).
Nettie Wiebe
Ex presidenta de la Unión Nacional de Agricultores/Ganaderos de Canadá
Supleten por la región de Norte América del ICC de Vía Campesina
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