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GARCILASO DE LA VEGA También conocido como el poeta

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GARCILASO DE LA VEGA También conocido como el poeta
GARCILASO DE LA VEGA
[de Garcilaso de la Vega, Poesía completa, ed. Juan Francisco Alcina, Austral, Madrid, 2001]
También conocido como el poeta soldado, aprovechó con creces su corta vida (1501? ­ 1536) legándonos la mejor obra lírica del siglo XVI. Su servicio a Carlos I le trazó de una manera u otra los caminos vitales y poéticos: en las bodas del emperador (Granada, 1526, un año después de la suya con doña Elena de Zúñiga), encontró en Isabel Freire la musa que precisaba en su tiempo cualquier buen cortesano que compusiera versos; su estancia en Nápoles desde 1532 ayudó sobremanera al perfeccionamiento de su obra, que transformó completamente la poesía española; finalmente, encontró una muerte heroica en la desastrosa campaña francesa del Emperador.
I.­ VIDA DE HUMANISTA
Garcilaso de la Vega nació en Toledo hacia 1501, hijo de familia poderosa, familiar del ilustre literato marqués de Santillana. Culturalmente, la familia pertenece al nuevo grupo de lectores laicos que afloran en la España del XVI, los cuales empiezan a tener pequeñas o medianas bibliotecas privadas. Ya no estamos, pues, ante una cultura medieval, sino delante de un fermento abierto a las nuevas corrientes religiosas y humanistas que aflorarían en el reinado de los Reyes Católicos. Garcilaso, prototipo de renacentista laico y cosmopolita, estudió en la escuela de Toledo los studia humanitatis, que no son otra cosa que el conjunto de disciplinas como gramática (latina), retórica, poesía, historia y filosofía moral. El objetivo de estos estudios humanísticos es enlazar con el pasado, fundamentalmente romano, saltando por encima las tinieblas de la Edad Media.
El humanista mira la época clásica como un pasado glorioso e intemporal, de ahí que Petrarca escriba una carta a Cicerón (Familiares, XXIV, 3) al descubrir en Verona sus Epistulae. Lo que hace, a fin de cuentas, Petrarca es saltar por encima la realidad medieval para unirse a esa eternidad en la que se encuentran Cicerón y Roma. Mirar al pasado les sirve para ver con nuevos ojos ese presente degradado, transformarlo: crear una nueva arquitectura (Alberti), una nueva interpretación de la Biblia (Erasmo), una nueva política (Maquiavelo), una nueva geografía (Cristóbal Colón) y una nueva literatura que dignifique las corruptas lenguas vulgares (Bembo). Todo esto es embrión de los studia humanitatis.
Antonio de Nebrija (primer gramático de la lengua española, 1492) importa estas doctrinas de Italia. En España el humanismo se caracteriza por un equilibrio entre el amor y la antigüedad y el deseo de Dios (> el erasmismo fue doctrina oficial hasta 1530).
Garcilaso, que además de en las letras fue educado en los ejercicios de armas y en los saberes propios de un caballero, por eso mismo se le conoce por el sobrenombre del poeta soldado, muy pronto entra al servicio del rey Carlos I y empieza su carrera militar con menos de 20 años (1520). Participa en trifulcas, guerras, asedios, tomas y batallas, recibiendo heridas de diferente magnitud. Lucha contra los turcos en Rodas y en Túnez y contra los franceses en Fuenterrabía y en Provenza. Es recibido triunfalmente en Nápoles y estimado entre los colaboradores cercanos de los grandes de [Apuntes extraídos de Garcilaso de la Vega, Poesía completa, ed. Juan Francisco Alcina, por Gonzalo Hernández Baptista Curso de literatura para italianos]
España (Carlos I, duque de Alba, etc).
En 1525 contrae matrimonio, concertado por el Emperador, como era usanza en la época entre los nobles, con la rica Elena de Zúñiga, dama de doña Leonor de Austria (hermana de Carlos V). Por este motivo recibe el cargo de regidor en Toledo. Al año siguiente, junto a su mujer, asiste a Sevilla a la boda de Carlos I con Isabel de Portugal. Allí conocerá a Isabel Freire (dama de la reina lusa que cantará en sus versos bajo el anagrama de Elisa), a cuyo amor dedicará lo más nutrido de su corpus poético, generando una biografía poética de regusto cortés y petrarquista, en la que Garcilaso repetirá, como veremos, el esquema del autor del Canzoniere.
Le entrega al poeta Juan Boscán una colección de sus poesías y, acto seguido, se va a Italia. En Bolonia asiste a la investidura como emperador de Carlos I de España, 1530, batiéndose con valentía en la campaña y toma de Florencia contra los franceses (1530). En 1532 Garcilaso se traslada a Nápoles, donde inicia el periodo más productivo de su vida. La herencia de la dinastía aragonesa en esta ciudad se traduce en un importante fermento cultural. Garcilaso frecuenta la Accademia pontaniana, que regía Scipione Capece, y entabla amistad con la élite intelectual napolitana, como los poetas Bernardino Martirano, Antonio Sebastiani ­conocido como Minturno­ y Girolamo Seripando. En este lugar se trataban cuestiones humanísticas y, especialmente, la cuestión de la lengua vulgar. En esos años el romance estaba de moda. Muy estrecha a esta dimensión encontramos la excelencia de Petrarca y todo lo que significa el petrarquismo, que Garcilaso demostró conocer en profundidad.
Por aquellos años conoce al cardenal Pietro Bembo, el hombre más importante de la cultura italiana de entonces, ya que Bembo canoniza los géneros literarios: la lengua de Petrarca en la lírica y la de Boccaccio en prosa. El cardenal Bembo elogia en diversas ocasiones la poesía del signor Garcilasso. Por aquellos años también trabará amistad con Bernardo Tasso y Luigi Tansillo, así como con teóricos de la literatura como Antonio Sebastiani Minturno.
Antes de su experiencia en Nápoles, su poesía no está marcada por rasgos petrarquistas, es en Nápoles donde descubre a los autores italianos. Después de su estancia abundará en rasgos de la lírica italiana, influido tanto por autores anteriores como Francesco Petrarca, como por autores contemporáneos como Jacopo Sannazaro, autor en 1504 de La Arcadia. Garcilaso hará suyo el mundo de la Arcadia, en el que sonidos y colores invitan a la reflexión acompañando a los sentimientos. También influye a Garcilaso Ludovico Ariosto, de quien toma el tema de la locura de amor. Es en Italia donde Garcilaso fortalece su clasicismo, ya aprendido con los humanistas castellanos en la Corte, y redescubre a Virgilio y sus Bucólicas, a Ovidio y sus Metamorfosis y a Horacio y sus Odas, sin olvidar otros autores griegos que también estudia. Garcilaso, autor afincado en Toledo, mantiene claramente un vínculo histórico con Italia, tan fuerte y estrecho como el literario. Conoce personalmente a Baltasar de Castiglione (nuncio del Papa) el año antes de que las tropas imperiales saquearan Roma (1527). En 1929 se establece en Bolonia y el Emperador, al año siguiente, en Mantua. Éste, agradecido por sus servicios, en 1534 le nombra alcaide de Reggio. En 1533 revisa la primera traducción de El cortesano de Castiglione, que llevaría a cabo su amigo Boscán y a la que hará el prólogo. En este libro del famoso diplomático de Urbino se defiende el [Apuntes extraídos de Garcilaso de la Vega, Poesía completa, ed. Juan Francisco Alcina, por Gonzalo Hernández Baptista Curso de literatura para italianos]
ideal del docto soldado y la revitalización de la unión de las armas y las letras. Castiglione legitima así la figura del militar culto que campea por las cortes italianas del primer tercio del XVI. Esta forma llega a España por los años treinta. Una parte de la nobleza asimila y funde cortesanía y humanismo. Curiosamente, en Italia, la burguesía mercantil se fragua en el humanismo como ideología propia. Pero en España son los diplomáticos y los guerreros de las cortes los que la toman por bandera. En 1534 fallece Isabel Freire tras dar a luz su tercer hijo, en un momento en el que Garcilaso domina perfectamente el verso. Para dar cauce a su dolor enamorado escribe la Égloga I y los sonetos X y XXV. En 1535, tras asediar y tomar la Goleta a los turcos de Barbarroja, entran en Túnez y de ahí pasan a Trápani. Un mes después, con sus tropas, hace entrada triunfal en Nápoles. Siguiendo al servicio de Carlos I, recorre Florencia, Génova y Milán. El Emperador le confía 3.000 hombres como maestre de campo para participar en la guerra contra los franceses y tomar Provenza, pero la expedición avanza lentamente por la notable resistencia de los franceses. En 1536 recibe a las tropas españolas en Alessandria para tomar inmediatamente después Savigliano. El 13 de octubre de 1536, a cargo de esos 3000 soldados imperiales, es herido mortalmente tras el temerario asalto a una fortaleza en Le Muy, cerca de Frejus, en la que fue el primer hombre en subir la escala de ataque al castillo. El 19 de octubre de 1536 muere en Niza. Garcilaso de la Vega, hombre de letras, hombre de armas, vio conjugar este binomio inevitablemente en tierras italianas.
II.­ LA CUESTIÓN DE LA LENGUA
Garcilaso es el primer escritor culto en castellano moderno y su obra no es solamente un logro estético sino también un logro de civilización. En el siglo xvi, en Castilla, existían tres niveles de lengua. Por una parte el latín, habitual en las universidades; la lengua poética del cancionero, separada de la lengua hablada; y la informe y poco fijada lengua cotidiana, llena de variaciones y formas dialectales. A la hora de crear y fijar una lengua castellana culta, el poeta renacentista tenía que separarse de la lengua poética del cancionero (docta y oscura) y de la lengua cotidiana sin regular, que variaba de una ciudad a otra. Garcilaso propone como solución un nuevo tipo de lengua media, reflejo de un uso y términos “cortesanos y muy admitidos de los buenos oýdos”. Algo como llevar la lengua de la corte a la altura del latín. Garcilaso, junto a su amigo Boscán, profundamente humanistas, arrancaron de la Iglesia el monopolio de la escritura latina, irregular y caótica en mano de los teólogos medievales, parar llegar a la altura de un terso latín ciceroniano al servicio de una cultura básicamente laica. La dignidad que sellaron a la nueva lengua escrita la convierte en fuente de cultura para la sociedad civil. Al igual que en Italia, este proceso de codificación del vulgar castellano pasa por la fijación y la asimilación de un nuevo tipo de verso y la poética petrarquista.
III.­ PETRARQUISMO Y HUMANISMO
El petrarquismo prefiere ciertas formas expresivas como la antítesis, la búsqueda de eufonías, el contraste, el léxico simple e imágenes concretas. Todo ello con una elaboración muy cuidada.
[Apuntes extraídos de Garcilaso de la Vega, Poesía completa, ed. Juan Francisco Alcina, por Gonzalo Hernández Baptista Curso de literatura para italianos]
Asimismo, en el petrarquismo encontramos un número limitado de conceptos y de imágenes que podemos clasificar en:
a) Elementos externos:
– alabanza de la mujer: descripción hiperbólica por medio de la descripción metafórica, asociación mitológica o expresando sus efectos sobre el amado (Canzoniere de Petrarca, CLVII, y Garcilaso, soneto XXIII: “En tanto que de rosa y de azucena”);
– el lugar del encuentro amoroso;
– la unión o el encuentro petrarquista en sueños.
b) Elementos internos:
– la naturaleza del amor: placer en el dolor, dualismo de la “dolce nemica” (la dulce enemiga que atormenta y da placer: “aquella tan amada mi enemiga”, Garcilaso, canción IV, v. 146);
– la libertad en la prisión: el alma del amante está presa en el cuerpo de la amada;
– el intercambio de las almas a través de la vista o por el beso: el amante se transforma en el amado;
– la pérdida de la identidad;
– si el amante rechaza el amor, pronto se arrepiente porque no puede sobrevivir;
– la amada es generalmente dura, dando lugar a imágenes de alabastro, mármol, etc;
– los efectos del amor son terribles: tempestad, lloros, enfermedad (Canzoniere, CCXX, Garcilaso, Égloga II, vv. 1842 ­ 1854); – el gusto por la imagen del fuego (Canzoniere, CCVII: la salamandra que puede atravesar el fuego sin morir como el amante; Garcilaso, Égloga I, vv. 59 – 60);
– la correlación amor­vida­muerte, de ahí que el amante sea un muerto viviente (Canzoniere, XVII y XVIII, Garcilaso, Égloga II, v. 121: “muriendo d'una vida incierta”).
c) El amor como fenómeno cósmico: el amor conforma el universo y aparece en la naturaleza, reflejando ésta incluso la pasión (Canzoniere, XXXV). No cabe duda de que el petrarquismo visita el neoplatonismo renacentista, especialmente a partir de P. Bembo y de B. de Castiglione.
El petrarquismo es “un sistema complejo y cambiante” (Dionisotti). En su andadura hacia España, vemos dos momentos del petrarquismo del siglo XVI:
–
–
En el siglo XV, a finales, en Italia y en España se aprecia el Petrarca culto, moral y latino y el de los Trionfi, que se empareja con Dante.
A principios del XVI, tras la revolución métrica de las rime de Jacopo Sannazaro, Boscán y Garcilaso experimentan con la poesía italianizante castellana. Por los años 30 ya hay recogidos en los cancioneros varios autores castellanos (especialmente valencianos) que experimentaban con la nueva métrica italiana, experimentación poético humanista como sucedió igualmente en Italia adaptando formas y géneros de la antigüedad: Claudio Tolomei, Bernardo Tasso, Alamanni...
IV.­ GÉNEROS Y ESTROFAS
La experimentación métrica es evidente en Garcilaso, ya que practicó sonetos (extraídos del Dolce [Apuntes extraídos de Garcilaso de la Vega, Poesía completa, ed. Juan Francisco Alcina, por Gonzalo Hernández Baptista Curso de literatura para italianos]
stil nuovo), odas en liras (procedentes de Bernardo Tasso), elegías en tercetos, églogas (una ­la primera­ en estancias, otra ­la segunda­ polimétrica y la última ­la tercera­ en octavas reales). Entre las variadas formas, podemos resaltar especialmente formas petrarquistas y formas humanistas:
La forma petrarquista por antonomasia es el soneto, que debe su fama a Petrarca. Consta de catorce versos endecasílabos dispuestas en dos cuartetos (ABBA ABBA) y dos tercetos (CDE CDE o CDE DCE,...). Otra forma a destacar, esta vez humanista, es la égloga. Sigue el modelo de Virgilio, pero en su crear Garcilaso la moldea eliminando el lenguaje rústico y la reviste del lenguaje y de la métrica de Petrarca y de Sannazaro.
V.­ AMOR Y NEOPLATONISMO
Casi toda la obra de Garcilaso gira en torno a la experiencia amorosa, uniéndose así a Propercio, Dante y Petrarca. El amor nace como un deseo de belleza por medio de un fluido (los spiritu, soneto VIII) que parte de los ojos de la dama y llega a los del enamorado, apoderándose de él e imprimiendo en su alma la imagen amada (soneto V).
Siguiendo esta tradición, el punto de partida es el arrepentimiento. El amor es siempre el “mio primo giovanile errore” (Canzoniere, I, 3; Garcilaso, soneto VI, 10: “El errado proceso de mis años”). Este error le lleva al deseo loco y al sufrimiento angustiado. Pero es también un sufrimiento placentero donde se halla gozo en la pasión que consume al amante. Este amor neoplatónico es también una muestra noble de autoafirmación.
El neoplatonismo, desde un punto de vista filosófico, considera que el amor espiritual (separado del amor físico) por la belleza de una mujer es como una forma de ascensión hacia lo inmaterial y hacia Dios. Es un amor exultante y gozoso, como la Venus de Botticelli. Pero este amor está truncado por la sensualidad y la pasión. De ahí que el amor sea doloroso pero, ya que es divino, es igualmente una vía hacia el placer, vehículo por el cual se puede llegar al juego erótico (soneto XXII) o a la incitación del Carpe diem (soneto XXIII).
En la obra de Garcilaso encontramos alusiones físicas de amor neoplatónico: la vista es el sentido principal y más noble por el que entra el amor (canción IV, 61: “los ojos... me convirtieron luego en otra cosa”).
VI.­ POÉTICA, LENGUA, ESTILO Y TEMAS
Garcilaso es tan importante por introducir los metros latinos como por difundir géneros e ideas humanistas. El soneto, por ejemplo, que nace perfecto en el dolce stil nuovo, no llegan a adoptarlo ni en Cataluña ni en Francia. Por lo tanto la labor de Boscán y de Garcilaso es encomiable. La nueva poesía que llega a España se basa en una poética de imitación de fondo platónico que intenta presentar algo absolutamente nuevo: la subjetividad, el pensamiento íntimo del poeta, sus sentimientos, con la presencia de un yo del poeta, diferente a la poesía del cancionero. La imitación es un ingrediente importante de esta poética. Quizá hoy en día se prefiera la originalidad, pero en el Renacimiento, imitar es una forma de admirar y una forma de buscar la perfección a través de los antiguos poetas grecolatinos. [Apuntes extraídos de Garcilaso de la Vega, Poesía completa, ed. Juan Francisco Alcina, por Gonzalo Hernández Baptista Curso de literatura para italianos]
La lengua de Garcilaso, clara y nítida, no resulta ajena al lector actual porque buena parte de su vocabulario lo retomaron escritores como Fray Luis de León y Cervantes, de tal modo que la expresión sigue siendo selecta, precisa y con naturalidad. Así, siguiendo este sistema, la muestra de sentimientos se realiza con elegancia, sencillez y modernidad. De tal modo que menguan los latinismos en favor de un lenguaje llano, matizado incluso de popularismos (Égloga segunda). Prefiere las palabras usuales a los cultismos extraños a la lengua; busca el equilibrio clásico en una lengua vulgar. Como afirma en su Égloga tercera, Más a las veces son mejor oídos, el puro ingenio y lengua casi muda, testigos limpios de ánimo inocente, que la curiosidad del elocuente. Esto es, es preferible evitar la retórica grandilocuente y la expresión forzada y culta para que la poesía pueda aparecer sincera, genuina y espontánea; el objetivo de la poesía es ser oído, es la comunicación de los sentimientos, no el cortesano despertar de admiración. Garcilaso, pues, prefiere el tono íntimo, personal y confidencial en la poesía a la retórica y pompa de tonos más marciales o a la culta exhibición cortesana del ingenio.
El estilo de Garcilaso es muy característico: cuida especialmente la musicalidad del verso mediante el uso de la aliteración y un ritmo en torno a los tres ejes acentuales del endecasílabo (mucho más flexible que el rígido y monótono del dodecasílabo). Por otra parte, es muy hábil en la descripción de lo fugitivo y huidizo; su poesía produce un vívida sensación de tiempo y se impregna de melancolía por el transcurso de la vida, lo que él llamó su «dolorido sentir»: No me podrán quitar el dolorido sentir, si ya primero no me quitan el sentido. El paisaje resulta arcádico, pero instalado rigurosamente en sus predios manchegos de Toledo, a la margen del río Tajo. Aparecen los temas mitológicos como alternativa a los temas religiosos: Garcilaso no escribió ni un verso de tema religioso. La mitología suscitaba en él una gran emoción artística y se identificaba plenamente con algunos mitos como el de Apolo y Dafne. Sus temas preferidos, por último, y como ya hemos ido viendo, son los sentimientos de ausencia, el conflicto entre razón y pasión, el paso del tiempo y el canto de una naturaleza idílica que sirve de contraste a los doloridos sentimientos del poeta. Cree en un trasmundo, en un más allá, que no es el religioso cristiano, sino el pagano: Contigo mano a mano busquemos otros prados y otros ríos, otros valles floridos y sombríos, donde descanse, y siempre pueda verte ante los ojos míos, sin miedo y sobresalto de perderte. (Égloga primera) [Apuntes extraídos de Garcilaso de la Vega, Poesía completa, ed. Juan Francisco Alcina, por Gonzalo Hernández Baptista Curso de literatura para italianos]
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