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075_Euralex_2008_Rosalia Cotelo Garcia_Un dialogo implicito_la
Un diálogo implícito: la relación entre Joan Corominas y José Luis Pensado
a través de su producción lexicográfica
Rosalía Cotelo García
Universidade da Coruña
Our paper is part of a broader research into the profound change that transformed the
Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana (1954) by Joan Corominas,
into the Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico (1980) by Joan
Corominas and José Antonio Pascual, the latter being a considerably more
comprehensive and extensive edition. Our proposal stresses the importance of the
implicit dialogue that Joan Corominas and Jose Luis Pensado kept through their
lexicographic works. This dialogue would substantially improve the Diccionario Crítico
Etimológico de la Lengua Castellana (1954). Thus, not only did Pensado include
comments on this latter dictionary, but numerous corrections as well, in the Prologue of
Catálogo de Voces y Frases Gallegas (1973), which he edited. Corominas assessed them,
accepting most of the corrections and he introduced them in his new dictionary, the
Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico (1980). This huge lexicographic
work arises our interest since most of its macro- and microestructural enlargement is
based on a massive inclusion of galician entries-thanks to the editorial work of Pensado,
actually. In consequence, this presentation seeks, firstly, to reflect the importance and
consequences of this fruitful dialogue and, secondly, to vindicate the figure of Jose Luis
Pensado in the Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico, as well as
Corominas’ appreciation and recognition of his philological authority and erudition.
Finally, we expect to highlight the undeniable productivity of scientific dialogue in the
field of lexicography, since, as in any specialized area, it plays an essential role in the
advance of modern research.
El diálogo científico ha sido y sigue siendo fundamental para avanzar en la investigación de
cualquier campo, incluido el lexicográfico. Y todo diccionario es, en realidad, una propuesta
abierta a ese diálogo, en el que de cada entrada, a su vez, resulta la invitación a un nuevo
tema sobre el que discutir. El Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1980)
de Joan Corominas y José Antonio Pascual (DECH), sugiere, desde su título, la concepción
del acercamiento lexicográfico a la lengua como una discusión crítica, siempre provisional y
dinámica, siempre susceptible de ser mejorada y superada.
Ya el Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana (1954) de Joan Corominas
(DCEC), declaraba desde el prólogo sus intenciones de suscitar un diálogo en torno a sus
propuestas: “Trato de ir tan lejos como puedo al encuentro de la investigación futura, aunque
sea a costa de parecer menos seguro de mí mismo. No me interesa parecer si no soy”
(Corominas, 1954: XXVI). Y en sus cartas con Menéndez Pidal, Corominas expone su
intención de ser honesto en sus conclusiones:
La obra contendrá errores, como debe ser necesariamente puesto que se trata de un
diccionario. [...] En cuanto a las equivocaciones que contenga, he hecho todo lo posible
para facilitar a otros su descubrimiento, no callando nunca mis fuentes y poniendo de
relieve los puntos que a mí me parecen débiles (Pascual y Pérez Pascual, 2006: 187).
En estas posibilidades apoya José Luis Pensado su trabajo, y en este punto comienza el
diálogo al que se refiere el título de nuestra propuesta de comunicación. Es un diálogo que
denominamos “implícito”, porque se establece a través de las sucesivas propuestas y
enmiendas que Pensado ofrece a Corominas a través de sus escritos científicos, y que este
asume o refuta en su diccionario. Pero es también, y de un modo que completa y matiza lo
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anterior, un diálogo real, ya que conservamos una representación del intercambio epistolar
que ambos mantuvieron entre los años 1973 y 1980.1
Nuestro acercamiento a la relación entre Joan Corominas y José Luis Pensado se sitúa en un
enfoque más amplio, que analiza, en definitiva, el profundo cambio que transforma el DCEC
(1954) en el DECH (1980), un diccionario notablemente más completo y extenso que su
edición anterior. Este cambio se sustenta fundamentalmente en el gran incremento,
sistemático y constante, de léxico “hispánico”, es decir, de las lenguas que componen la
periferia geográfica del castellano.
Es el léxico gallego el que recibe el mayor flujo de adiciones,2 pues debe tenerse en cuenta que
Corominas simultanea con la redacción del DECH, la del Diccionari etimològic i complementari
de la llengua catalana, por lo que el léxico catalán se reservará, en su mayor parte, para esta obra.
La enorme presencia de términos gallegos se evidencian en el número de nuevas entradas,
acepciones y subacepciones, derivados, voces dialectales y usos exclusivamente gallegos que
pueblan los artículos lexicográficos del DECH.3 La extensión de este caudal, que se hace evidente
a los ojos de cualquiera que se acerque al Diccionario, se suele marcar, además, sistemáticamente,
con una autoridad de referencia, que se rescata también con una simple ojeada a las páginas del
DECH. Es la abreviatura “Sarm.” (Sarmiento), que recorre prácticamente todas las páginas del
Diccionario. En efecto, Martín Sarmiento está presente en casi todos los artículos lexicográficos, y
no sólo en voces gallegas, sino en términos comunes y de más amplia extensión geográfica.
Aparece, además, en cualquier parte de la microestructura, refrendando primeras
documentaciones, aportando matices semánticos para las acepciones o aclaraciones etimológicas,
y constituye, incluso, en algunas entradas, la única voz que se añade en la ampliación del DECH
respecto al DCEC.4
1
Estas cartas, que se conservan en la Fundación Pere Coromines (a la que agradecemos que nos haya
facilitado este material), no han sido aún publicadas, de modo que cuando citemos alguna de ellas, la
identificaremos únicamente por la referencia de fecha que contiene su encabezamiento.
2
En nuestro análisis comparativo entre las dos ediciones del diccionario etimológico de Corominas,
hemos tomado como muestra de ambos diccionarios las primeras 125 páginas del DECH (que
corresponden con las primeras 113 del DCEC), desde la entrada a hasta alcáfer. Son 396 artículos
lexicográficos de cuya comparación hemos determinado qué texto es nuevo en el DECH y cuál estaba
ya en el DCEC. De este estudio deriva también el análisis de las nuevas fuentes utilizadas en las
adiciones del DECH, y es en este aspecto en el que se evidencia de modo más claro la preponderancia
del léxico gallego en este proceso de ampliación: De las fuentes empleadas en las ampliaciones y
modificaciones que incorpora el DECH respecto al DCEC, Sarmiento es la autoridad a la que se recurre
en más entradas, que resultan 39, y la segunda referencia usada en más artículos lexicográficos es
Castelao, con 27 ocurrencias. A este le siguen García de Diego con 24, las Cantigas de Alfonso X, con
15, Valladares, con 14, el DRAG con 11 y Lapa y sus Cantigas de Escarnio con 10 ocurrencias. El
mismo número de apariciones registra Azkue, la fuente enteramente no gallega más citada, y que,
lógicamente, corresponde con el interés por ampliar ese léxico hispánico al que el título del propio
diccionario alude. Por esto mismo, no debe sorprender que autoridades como los diccionarios de la
Real Academia sólo registren nueve referencias o Ernout y Meillet obtengan sólo 5. Este es el número
de ocasiones en que aparece, por cierto, citado Pensado de forma independiente a las obras de
Sarmiento, pues se acude a él en cuatro ocasiones por los Miragres de Santiago y en una por la
Contribución a la Crítica de la Lexicografía Gallega.
3
El propio Corominas, en una carta a Pensado del 17 de noviembre de 1974, reconoce esta importancia
del léxico gallego, que nuestros datos ya apuntaban: “Llevo pues ya un par de meses no haciendo casi
nada más que lexicología gallegoportuguesa, o casi sólo gallega. Enriqueciendo enormemente, en este
aspecto, los originales del nuevo DCEC [...] éste contendrá en realidad un diccionario etimológico
gallego completo injerido o entretejido con el castellano y lo demás hispánico”.
4
La admiración que Corominas profesa a Sarmiento se comprueba en algunos de los entusiastas
comentarios que este dirige a Pensado en relación al Catálogo de Voces y Frases Gallegas: “Estoy
entusiasmado [...] ya le iré escribiendo y usted verá lo muchísimo que me interesa la obra de Fray
Martín. Siempre me ha parecido que hemos ponderado demasiado a Feijoo y que él lo merecía mucho
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Section 6. Historical and Scholarly Lexicography and Etymology
José Luis Pensado Tomé había editado en los años setenta del pasado siglo las obras de Martín
Sarmiento, y de estas se servirá Joan Corominas para volcar su contenido en el Diccionario,
especialmente, del Catálogo de voces y frases gallegas (1973), el que, según el propio Pensado, es
“el primer Diccionario gallego de importancia” (1973: 59). Pero si lo que en verdad es esta obra,
un compendio de voces sueltas, anotadas en el momento en que se escuchan como si fuesen
simples notas de viaje, ha cobrado verdadera entidad lexicográfica, es por el trabajo de Pensado,
que no sólo las edita, corrigiendo erratas y errores de lectura, sino que comenta prácticamente
todas las voces, aclarando su sentido o cuestionando el origen o etimología propuesta por
Sarmiento, y las indexa de forma completa y clara, pues de otro modo el Catálogo sería casi
imposible de consultar, o, por lo menos, su accesibilidad y las posibilidades de búsqueda serían
muy limitadas. De hecho, son las palabras de Corominas las que ponderan de forma definitiva este
valor editorial, que como vemos, no se debe únicamente a Pensado:
Manejando asiduamente su libro es como me he dado cuenta de la gran suerte que ha
tenido usted. Esos índices preparados por Doña Enriqueta Ruiz Maza son uno de los
estupendos triunfos de que disponemos los que tomamos parte en esa partida. Sin ellos el
libro perdería la mitad de sus posibilidades de aplicación práctica, disminuiría mucho en
valor científico, y... a mí la labor me hubiera costado un mes más de trabajo (carta del 17
de noviembre de 1974).5
Pero Pensado no es sólo tomado en consideración por Corominas como excelente editor
de las obras de Sarmiento, sino aún más como lexicógrafo, filólogo y erudito. El “Prólogo”
del Catálogo de voces y frases gallegas (1973) recoge, en sus comentarios filológicos sobre el
léxico sarmentiano, numerosas referencias, correcciones, sugerencias o enmiendas al DCEC
(1954), que se había comenzado a publicar diecinueve años antes. La forma más lúcida de
valorar una fuente o una autoridad en este ámbito quizás sea aceptar una crítica: Corominas
asumirá para el DECH (1980), en su práctica totalidad, las de Pensado, lo que afectará de
modo determinante a muchos de los cambios que esta nueva versión ofrece.
Aportamos solo aquí, para respetar los límites de espacio marcados, algunos ejemplos, de los
muchos que hemos registrado, como muestra de la importancia de las propuestas de Pensado.
Observaremos, en primer lugar, lo que, en relación a los términos salabardo y zalabardo,
comenta en su “Prólogo”:
Es también voz castellana, cf. J. Corominas, DCEC, s.v. salabardo. La mención de Sarm.
es la más antigua de las conocidas (Catálogo: 183).
Corominas recoge, efectivamente, la sugerencia, y adelanta su primera documentación
tomando como autoridad a Sarmiento:6
voz extendida con variantes diversas [...] 1.ª doc.: <Como gallego, 1755, Sarm., CaG.
190v y p. 183>; cast., Acad. 1925, no 1884 (DECH, s.v. salabardo).
En el ámbito de los comentarios etimológicos, Pensado sugiere la inclusión de la vertiente
gallega del término témpano, estudiado ya en el DCEC:
Otro término aquí recogido es el de ‘ tempas, llaman así a las tablas del fondón. De
timpano (f. 136v). [...] La etimología de Sarm. es la dada por Corominas para témpano,
su equivalente castellano. Sin embargo para explicar la solución gall. hay que partir de
tympana para a través de *tempãa llegar tempa y tempas (Catálogo: 123-124).
más [...] el nuevo libro descubierto y publicado por usted es de estupenda riqueza y de una precisión
maravillosa. Tengo ahí tela cortada para trabajar tiempo sobre eso” (carta del 16 de diciembre de
1973). Así como se observa lo valioso y rentable que resulta el trabajo de Sarmiento, preparado por
Pensado, para el DECH: “El material léxico de su libro está pasando entero —enterito, podría
ponderar— a nuestro nuevo libro” (carta del 17 de noviembre de 1974).
5
Se trata de la esposa de José Luis Pensado. En la página previa a los índices del Catálogo, Pensado
escribe: “Agradezco estos índices a mi mujer Enriqueta Ruiz Maza, auxiliar del Departamento de
Filología Románica” (Pensado 1973: 503).
6
Resaltamos el nuevo texto del DECH, añadido respecto al DCELC, entre aspas angulares (< >).
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Y Corominas, en el DECH, se acerca, en efecto, a la descripción etimológica del gallego tempas:
Comp. it. merid. timpagnu, tamp-, tomp- “fondo del tonel” (Jud, Rom. LI, 604), que
representa el diminutivo griego tumpánion, <gall. tempas “las tablas del fondón [de las
cubas]” Sarm. CaG. 136v [témpãas]> (DECH, s.v. témpano).
Valoramos especialmente las enmiendas de Pensado que se refieren a ausencias léxicas que
detecta en el DCEC, pues precisamente, como hemos indicado, la notable ampliación que
registra el DECH se sustenta en el enorme caudal de nuevo léxico, y fundamentalmente gallego:
Poco después recuerda que en Ribadavia “se llaman hoy las entresuelas de los zapatos
sostras”. [...] Corominas lo documenta como sostra en el Glosario del Escorial y ya
valiendo por “suela de zapato”. Sarmiento le hace proceder de “substerno, substratum y
substras y sostras”, propuesta que se aproxima hasta cierto punto a la idea de Corominas
(Catálogo: 117).
Corominas subsana esta laguna léxica, no en costra, pero sí en la entrada jostra:
De “cama, substrato” se pasaría a “trozo de cuero que sirve de base al zapato” y de ahí a
“costra” [...] <Gall. merid. sostra “entresuela de los zapatos” (en Ribadavia, Sarm. CaG.,
p. 117), port. ant. sostra “costra” [S. XIX]> (DECH, s.v. jostra).
Propone Pensado una documentación para locha a través de Sarmiento, que en cambio se
fijaba en Terreros en el DCEC:
Allí se recoge el término locha y loche con aplicación a peces distintos; en J. Corominas
se estudia la palabra (DCEC, III, pp. 125-126) y se fecha su aparición en Terreros —
aunque ya se cita en Menage como española—, es decir, unos veinticinco años después
de su Viaje de 1745. Sarm. la reconoce como voz castellana aunque su ausencia en los
diccs. galls. puede ser debida a coincidir con el idioma oficial (Catálogo: 198).
Y Corominas acepta la enmienda, pero en este caso no incluye el testimonio de Sarmiento en
primeras documentaciones, sino en el cuerpo del texto, dentro del discurso argumentativo del
artículo lexicográfico:
1.ª doc.: loxa, como castellano, en Ménage, † 1692; locha, Terr. Dice éste “locha: pez,
V. anchoba; también le llaman loche”; en la Acad. figura ya en 1843, con la
equivalencia latina cobitis. <Sarm. registró como gallegos locho y locha en 1745, macho
y hembra de un pez semejante al barbo pequeño; pero negro, no colorado; los conoce
sólo por referencia; en otros trabajos suyos registró locha y lorcha, éste usado por los
niños en Pontevedra: ahí la identifica con la Aphya cobite de Rondelet (más datos en
Pensado, CaG., pp. 198-9)> (DECH, s.v. locha).
Pensado aporta la voz chuca con el testimonio de Sarmiento, aunque plantea la duda sobre su
condición de castellanismo:
La voz es común a gall. y cast. e incluso puede ser castellanismo. Tiene también en cast.
las dos acepciones aquí señaladas: la cara profunda de la taba y el juego de la taba (cf. J.
Corominas, DCEC, s.v. chuca). Falta en los diccs. galls. no sabemos si por idéntica al
cast. o porque quedó fuera de uso. No podemos precisar cuál sería en origen árabe
propuesto por Sarmiento y Corominas, si bien menciona la hipótesis arábiga de Dozy, y
prefiere catalogarla entre las voces de origen incierto (Catálogo: 160).
Esta nota se recoge en el DECH, tanto el testimonio como la referencia al origen arábigo del
término:
La documentación de esta palabra es escasa y contradictoria. Covarr. la da como nombre
de uno de los cuatro puntos de los dados . La definición actual se basa en la de Aut. <Pero
gall. chuca Sarm. CaG. 116v, quien ya dice que es voz arábiga (sin concretar) de acuerdo
con el prejuicio ya común entonces> (DECH, s.v. chuca).
Un simple apunte de Pensado sobre el término moflete puede motivar una explicación extensa
en torno a sus variantes en gallego:
Ni Corominas ni García de Diego recogen ninguno de los términos aquí anotados que
podría esperarse asomasen en la voz moflete o mofla (Catálogo: 137).
Así, en el DECH se añade no sólo la palabra moufa, sino también la referencia a Pensado para
consultar esa recopilación de términos:
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<Una palabra algo diferente, dentro de este mismo sentido de raíz expresiva, es gall.
moufa ‘ carrillo’ sobre todo el hinchado naturalmente, Sarm. CaG. 66r y v, 242v (a
diferencia de hinchar os potes: cuando se hinchan de intento), encher as moufas “comer
mucho”: palabra poco extendida que falta en los Diccionarios (a no ser Carré y otros que
deben de tomarla de Sarm.). Pensado, pp. 137-8 colecciona además otras palabras
gallegas expresivas en mo(u)f-, aunque menos relacionadas con ésta> (DECH, s.v.
moflete).
En la palabra vellaco, que además es un término no exclusivamente gallego, Pensado aporta
un testimonio extraído de un documento notarial que puede refrendar una argumentación
incompleta en el DCEC:
Como es de suponer la etimología no tiene más valor que el anecdótico, y aún hoy no
podemos asegurar de dónde proceda la palabra. De todos modos los materiales allegados
por Corominas (DCEC, I, pp. 440-441 y IV, pp. 937-938) queremos agregar un ejemplo
del año 1162 en el Fuero dado a San Pedro de las Dueñas, en donde uno de los últimos
confirmantes se llama Martinus Uellaco (cf. Anuario de Historia del Derecho Español, II,
p. 466) (Catálogo: 167).
Efectivamente, Corominas contempla este testimonio, que refuerza su hipótesis, y además
reconoce el valor de la aportación de Pensado, al que cita:
Michelena, FoLiVa. I, 10, n. entiende que es auténtico este Bellaco, haciendo referencia a
un Bellacoz, nombre de persona citado por Caro Baroja, Materiales, p. 197, y al apellido
Ellacuria (con huri “ciudad”); apunta que no se ha de relacionar con Velasco (que tenía L- intervocálica etimológica) sino con Vigila, Veila; <por otra parte, no se puede
descartar que si no en esta fecha (el documento puede estar mal fechado) sea auténtico y
aplicable el siguiente dato: parece que en 1162 figura un confirmante Martinus Uellaco
en el fuero de San Pedro de las Dueñas (aunque un texto publicado por un jurista necesita
revisión y no deja de ser extraño que haya sido llamado un villano a firmar un fuero, por
lo que es inevitable sospechar mala lectura de Vellasco = Velasco). Por lo demás, nuestro
vocablo pasó al gallego —con sentido secundario, aunque instructivo— y lo anota J. L.
Pensado, junto con dicho documento, como recogido por Fr. M. Sarmiento, en la
combinación perra vellaca “cachonda” empleada en Pontevedra, en su estudio del CaG.
de Sarmiento, p. 167> (DECH, s.v. bellaco).
Pensado señala la ausencia de las variantes gallegas trincado y tinclado, como testimonios que
se suman a los problemas que implica la explicación etimológica de tinglado en el DCEC:
Los problemas etimológicos que suscita tinclado son los mismos que ofrece el cast.
tinglado según puede verse en J. Corominas (DCEC, IV, s.v.) aunque allí se echa de
menos el gall. trincado y este tinclado (Catálogo: 178).
Corominas asume esta enmienda y valora el material aportado por Pensado en tanto que
apoya y confirma su argumentación:
<Se había empleado, desde antes, un término igual, como voz náutica gallega. Ya hacia
1456 y en 1577 se mencionan los trincados en docs. de Pontevedra, como nombre de una
especie de nave: “dornas, trincados y galeas” (C. Sampedro), y Sarm. nos trasmitió de un
técnico gallego de astilleros la explicación de que allí se llamaban navíos trincados:
“aquellos cuyas tablas se unen con solapas”, lo cual confirma definitivamente desde el
punto de vista semántico la etimología que he dado; análogamente lo hallamos definido
en portugués (Moraes, ed. 10.ª). Por otra parte la forma con -l- era también usual en el
mar: “tinclado ‘ nombre de un barcón muy grande que se usaba en Pontevedra’ ” (CaG.,
98v). Estos datos reunidos por el prof. Pensado (CaG., pp. 177-8) aseguran, pues, del
todo mi etimología. Sólo hay que agregar que el paso de tringlado a trincado se explica
por influjo del verbo TRINCAR, y que en castellano se ha generalizado una forma
intermedia> (DECH, s.v. tinglado).
Es relevante señalar cómo la labor filológica de Pensado, que coteja el uso vivo o castellanizado
de ciertos términos, provoca cambios notables en algunos artículos lexicográficos en el DECH
respecto al DCEC. En este caso se trata del estudio de las variantes vesgo y visgo que este
desarrolla en su “Prólogo”:
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Rosalía Cotelo García
Desde Valladares aparece resgo en nuestros diccs. con el valor de “riesgo, peligro” [...]
Sospechosos de castellanidad son el visco y el vizco “acaso de luscus” (f. 187r) que
figurarán ahí únicamente por razones etimológicas al lado de los derivados gallegos, es
decir, de resgo (Catálogo: 140).
Las reflexiones y documentación de Pensado obtienen un cambio significativo en la entrada
bizco: si en el DCEC el término vesgo, además de como “port.” (portugués) se marcaba como
“gall.” (gallego), en cambio, a partir de la enmienda de Pensado, Corominas elimina “y gall”
en el DECH y añade una referencia para notas en la marca “port.”:
Es sugestiva la etimología de M. P., RFE VII, 31-33 [...] sobre todo en vista de formas
como el port.<1> vesgo, ast. occid. besgo y, en la toponimia santanderina, viesgo (DECH,
s.v. bizco).
La nueva nota remite a:
<Se han propuesto como gallegos vesgo y visgo: uno de ellos parece que es castellanismo
y el otro es incierto (cf. J. L. Pensado, Contr. crít. lexicogr. gallega y CaG. pp. 139-40)>
(DECH, s.v. bizco).
Este cambio es elocuente si tenemos en cuenta que, en nuestro estudio comparativo de las dos
ediciones del Diccionario de Corominas hemos observado que las supresiones son realmente
escasas; esta supone, en definitiva, una gran confianza en los datos y opiniones de Pensado.
En conclusión, nuestro propósito con esta comunicación ha sido reflejar la importancia y
repercusión de un diálogo implícito entre dos sabios que tuvieron la generosidad de
embarcarse en proyectos de envergadura y complejidad inimaginables y abrir camino, con su
esfuerzo y erudición, donde no había nada. Pensado contribuye de forma determinante a la
mejora del DCEC gracias a sus completas ediciones de Sarmiento, pero sobre todo gracias a
sus precisas y atinadas enmiendas a la obra de Corominas. El valor de su trabajo tiene su
mejor y más fructífero eco en el DECH, obra titánica que lo acoge en la mayor parte de sus
adiciones. Corominas lo cita en sus argumentaciones y en sus propuestas como una
importante autoridad etimológica. Por otra parte, de su correspondencia, la cara explícita de
ese intercambio científico, extraemos no sólo un diálogo científico sostenido a través de
consultas filológicas, recomendaciones bibliográficas o proyectos apuntados, sino también
una conversación cercana, en la que discurren manifiestas muestras de agradecimiento y
admiración, tanto por parte de Corominas:
Ya le escribí la excelente impresión que me produjo su libro, el Catálogo. Pero después
he llegado a hacerme cargo total del alcance de su aportación: con la labor paciente y
exacta, que abarca casi toda una vida, dedicada al legado de Sarmiento y al resto de la
filología gallega, ha llegado usted, y habremos llegado, a tener desenmarañada la peor
madeja que subsistía en la filología hispánica. [...] Ha logrado usted ahí grandes triunfos.
En la larga introducción —esto sí es crítico y sabio aprovechamiento!— ha aclarado
usted incontables problemas, ha tenido felices intuiciones, ha mostrado usted tan rigurosa
crítica, con la amorosa inexorable desconfianza que merece el avance a tientas de Fray
Martín (carta del 17 de noviembre de 1974).
Como por el agradecimiento de Pensado tras saber de la ingente ampliación de léxico gallego que
Coromina planeaba y estaba desarrollando para el DECH:
Muchísimas gracias por su amabilísima carta y sobre todo por sus alientos para mi labor
galaica que tan generosamente me prodiga. [...] Me alegra muchísimo que se haya decidido a
incrementar el caudal galaico y portugués del DCEC. Cuente con todos mis materiales
inéditos, están a su entera disposición. No dude en consultarme por si puedo ofrecerle alguna
cosa útil (carta del 7 de diciembre de 1974).7
7
Y una vez publicado el DECH, escribirá Pensado a Corominas (carta del 21 de abril de 1980): “Solo
los que trabajan en estos campos saben de verdad el poderoso esfuerzo que significa su obra y la
cantidad de trabajo que supone realizarla. Sin la menor sombra de retórica y con el testimonio más
sincero de admiración, reconocimiento y respeto, reciba mi más sincera felicitación, y un poco en
nombre de Galicia, las más reconocidas gracias, por la dedicación y esfuerzo consagrado a estudiar su
léxico en la segunda edición de su Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico”.
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En definitiva, como Corominas escribe a Pensado en carta del 17 de noviembre de 1974,
“seguramente no se imagina usted cuánto hemos trabajado juntos, cuánto he colaborado con usted
en las últimas semanas, mejor dicho meses”, aludiendo, precisamente, al diálogo implícito que ha
centrado nuestro estudio, es este un intercambio provechoso y posible porque ambos son, como lo
era Sarmiento (el autor que definitivamente los une), cazadores de rarezas léxicas; ambos son,
sobre todo, observadores inquietos de la lengua y sagaces intérpretes de los nudos gordianos de
nuestro léxico. Gracias a su diálogo mejoraron y perfeccionaron sus obras, y encontraron puentes
para seguir alimentando su insaciable pasión por la investigación etimológica.
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Rosalía Cotelo García
Referencias bibliográficas
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Fly UP