...

¿A quién iremos?

by user

on
Category: Documents
0

views

Report

Comments

Transcript

¿A quién iremos?
¿A quién iremos?
Por Jim Engle
Usado con permiso
“Dijo entonces a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón
Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.”
Juan 6:67-68
Jesús era un hombre de acción. Su determinación era evidencia de que Él era un
hombre con una misión. Él sabía dónde iba y lo que iba a llevar a cabo. Aquellos que
Jesús llamó, abandonaron todo para seguirlo, y se encontraron continuamente sobre la
marcha. Cualquier idea de que el Cristianismo es una religión para espectadores, que
nos sentamos de brazos cruzados observando a otros, es totalmente ajena a los
Evangelios y a la vida de la iglesia primitiva.
Ir a Jesús
“Dijo entonces a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón
Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.” (Juan 6:67-68).
Todos hemos escuchado el lema de los lockers del vestidor, “Cuando las cosas se ponen
duras, los duros se ponen en marcha.” Este tema, después de examinarlo más
detenidamente, realmente exige una aclaración. ¿Marchar a dónde? Dos
observaciones: Primero, este mundo está lleno de eventos y circunstancias
difíciles. Segundo, no somos tan resistentes como pensamos. Todos nosotros
retrocedemos de una u otra forma cuando los tiempos difíciles invaden nuestras vidas.
La narración de la interacción entre Jesús y Sus discípulos en Juan 6, es intrigante. En
este episodio, los discípulos no se limitan a los Doce, sino que incluyen a un grupo
mayor de Sus seguidores. Evidentemente, la enseñanza que Jesús les compartió ese día
era dura y difícil, un desafío para Sus discípulos. Tan difícil, que muchos de ellos le
dijeron a Jesús, “Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?” “Desde entonces muchos
de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.” (ver Juan 6:60-66)
Es en este punto cuando Jesús se volvió a los Doce y les dijo; “¿Queréis
acaso iros también vosotros?” El asunto estaba claro para los Doce; el asunto está
claro para nosotros: durante los tiempos difíciles, ¿nos alejamos de Jesús? ¿o vamos a
Jesús?
La invitación del Evangelio es que vayas a la cruz para ser salvo. Ve a Jesús para recibir
el perdón y el regalo de salvación. La invitación del Evangelio no para ahí. Él no nos
salva y luego nos dice que nos valgamos por nosotros mismos. Esta invitación del
Evangelio continúa animándonos a ir a Jesús en cualquier y todas las situaciones, con
nuestros pequeños o grandes problemas, con nuestras pequeñas necesidades o nuestras
gigantescas luchas.
La respuesta de Pedro a la pregunta de Jesús, necesita resonar como una declaración de
dependencia en cada uno de nosotros. “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién
iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que
tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” (Juan 6:68-69).
Ve a Jesús por fortaleza. Ve a Jesús por sabiduría. Ve a Jesús por consuelo. Ve a Jesús
por dirección. Ve a Jesús por ayuda. Ver a Jesús para descargar tu alma. Ve a Jesús por
descanso. Siempre que te apartes de Jesús, entrarás en un campo espiritual
minado. Siempre que vas a Jesús, encontrarás una audiencia con tu Salvador, tu Señor,
tu protector, tu todo en todo.
Ir en Paz
“Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.” (Lucas 7:50).
Esta es una gran promesa de una línea, y un resumen del impacto de la salvación en tu
vida. Una vez que vamos a la cruz donde somos salvados al poner nuestra fe en Cristo,
podemos “irnos en paz.” La paz es multifacética. Es una paz completa (Isaías 26:3). Es
la paz con Dios (Romanos 5:1). Es una paz permanente (Isaías 54:10). Es la paz que
sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7). Es la paz en medio de la confusión
(Juan 16:33).
Si ya has ido a la cruz para ser salvado, y si continúas yendo con Jesús, especialmente en
los tiempos difíciles, tú “irás en paz.” Esta es una promesa y provisión del Señor para
2
nuestras vidas. La paz del Señor no se basa en nuestras circunstancias, el estado de
nuestra salud, o la ausencia de dificultades.
La paz del Señor es la reiterada realidad de nuestra salvación, y la obra del Príncipe de
Paz en nuestras vidas.
Voy a Preparar un Lugar para Vosotros
Antes de dejar este tema, necesitamos celebrar una instancia más, donde Jesús usó la
palabra “ir” para describir algo importante que hace para cada uno de sus seguidores.
“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi
Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a
preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y
os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” (Juan 14:13)
Jesús siempre termina lo que Él inicia. Él vino para darnos vida espiritual, una vida
abundante y una vida eterna. Este mundo caído, cruel y pecador no es nuestro
hogar. Somos peregrinos que vamos de paso. Nuestra ciudadanía está en el cielo. A
través de la confianza y la fe en Cristo, podemos ser victoriosos mientras enfrentamos
todos los desafíos y luchas que vienen en nuestro camino en este mundo caído, cruel y
pecador.
Pero hay más por venir. De hecho, lo mejor está por venir. Es la certeza de vivir para
siempre en la presencia de nuestro Señor en un perfecto y glorioso nuevo cielo y nueva
tierra, libre de pecado.
Jesús fue a preparar ese lugar para ti. Un día te llevará allí. Tu fe se cambiará por
vista. Tu esperanza se volverá regocijo, Tu tristeza se volverá en gozo. La gracia dará
paso a la gloria. Y viviremos en Su maravillosa presencia por los siglos de los siglos. ¡A
Dios sea la gloria, por las grandes cosas que Él ha hecho!
3
Fly UP