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totalmente por gracia

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totalmente por gracia
TOTALMENTE
POR GRACIA
Unas palabras transcendentales para quienes están
buscando la salvación por medio del Señor Jesucristo.
CHARLES H. SPURGEON
“Cuando el pecado abundó,
sobreabundó la gracia”
Romanos 5:20
Copyright 2001 Chapel Library, 2603 West Wright St.; Pensacola,
Florida 32505, EE.UU. Se otorga permiso para reproducir esta
publicación, siempre y cuando :1) el material no se cobre y, 2) este
párrafo se incluya en un lugar prominente. Para recibir ejemplares
adicionales de esta publicación y otra literatura clásica cristiana, por
favor póngase en contacto con Chapel Library (en inglés, por favor).
Índice
1. ¡Para ti!
2. ¿Qué nos proponemos?
3. Dios justifica al impío
4. Dios es el que justifica
5. Justo y Justificador
6. Acerca de ser libres
7. Por gracia por medio de la fe
8. La fe, ¿qué es?
9. ¿Cómo ilustrar la fe?
10. ¿Por qué somos salvos por medio de la fe?
11. ¡Ay de mí! Nada puedo hacer
12. La fe en aumento
13. La regeneración y el Espíritu Santo
14. Mi Redentor vive
15. El arrepentimiento tiene que acompañar al perdón
16. Cómo nos es dado el arrepentimiento
17. El temor de caer
18. Confirmación
19. Por qué perseveran los santos
20. Conclusión
1. ¡Para ti!
El propósito de este libro
El propósito de este libro es la salvación del lector. El que predicó y
escribió su contenido se sentirá muy desilusionado si no lleva muchas almas a
los pies del Señor Jesús. Se publica con una confianza sencilla, como la de un
niño, de que por el poder de Dios, el Espíritu Santo sea usado para la
conversión de miles y miles, si así lo quiere. Sin duda muchas personas de
condición humilde leerán esta obrita, y serán favorecidas por el Señor con su
divina gracia. Para el fin indicado he usado el lenguaje más sencillo posible,
como asimismo muchas expresiones comunes. Sin embargo, si personas
acomodadas y de categoría hojearen este libro, puede bien el Espíritu de Dios
impresionarlas a ellas también, ya que lo que comprenden personas
iletradas, no es necesariamente menos atractivo para las educadas. ¡Oh,
ruego que lo lean algunos que luego lleguen a ser grandes pescadores de
almas!
El camino a la paz
¿Quién puede saber cuántos hallarán el camino a la paz por medio de
esta lectura? La pregunta más importante para ti, querido lector, es ésta:
¿serás tú uno de ellos?
Cierto hombre construyó una fuente al lado del camino y junto a ella
colgó una copa de una cadenita. Tiempo después supo que un crítico de las
artes había criticado duramente el diseño de su fuente. “Pero”, preguntó él,
“¿son muchos los sedientos que beben de la fuente?” Le contestaron que
miles de pobres hombres, mujeres y niños apagaban su sed en esa fuente.
Entonces él se sonrió, diciendo que poco le importaba la crítica del artista,
deseando tan solo que éste también, algún día de calor agobiador, llenara la
copa para refrescarse y alabar el nombre de Dios.
Aquí tienes mi fuente y mi copa: critícala, si bien te pareciere; pero te
pido que bebas del agua de vida. Es lo único que me importa. Prefiero
bendecir el alma del más pobre barrendero o trapero que complacer a un
príncipe, pero no lograr su salvación.
¿Tomarás en serio la lectura de este libro?
Lector querido, ¿tomarás en serio la lectura de estas páginas? Si así es,
coincidimos desde el principio, porque el que te entregues tú a Cristo y halles
el cielo es el objeto que persigo aquí. Quiera Dios que juntos lo busquemos.
Yo lo hago dedicándote esta obrita con una oración a Dios. ¿No quieres
acompañarme elevando la vista a Dios para pedirle que te bendiga al leer sus
páginas? La providencia divina las ha puesto en tus manos, tienes tiempo
para leerlas, y te sientes dispuesto a prestarles atención. Éstas son buenas
señales. ¿Quién sabe si acaso ha llegado el tiempo de tu bendición? Sea como
fuere, dice el Espíritu Santo: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro
corazón.”
2. ¿Que nos proponemos?
La salvación es totalmente por gracia
He oído un relato que creo que viene del norte del país. Cierto pastor
visitó a una mujer necesitada para llevarle ayuda, porque sabía que ella era
muy pobre. Llamó a su puerta con dinero en la mano para darle, pero nadie
contestó. Se retiró creyendo que no estaba en casa. Poco después la
encontró en la iglesia y le dijo que se había acordado de su necesidad.
- Llamé varias veces a su puerta, pero como nadie me atendió, creí que no
estaba usted en casa.
- ¿A qué hora fue eso?
- Cerca del mediodía.
- ¡Ay de mí! Lo oí, señor, y siento no haberle abierto. Pensé que era el
dueño de la casa que venía por el alquiler.
¡Cuántas mujeres pobres saben lo que es esto! Como deseo que me
escuchen y atiendan, quiero asegurarles que no vengo en busca de ningún
alquiler. En verdad, este libro no tiene como objeto pedir, sino dar: anunciar
que la salvación es TOTALMENTE por gracia, lo que equivale a decir que es
gratuita, es un regalo sin costo.
No viene en demanda de nada
A menudo, cuando nos esforzamos para que el oyente nos preste
atención, éste piensa: “Ahora, seguramente me dirá cuál es mi obligación.
Me dirá lo que le debo a Dios, y estoy seguro de que no tengo con qué
pagarle. No podré llegar a la patria celestial.” No, no, este libro no viene en
demanda de nada, al contrario trae algo para darte. No hablaremos de ley, de
deberes, de castigo, sino de amor, de bondad, de perdón, de misericordia, de
vida eterna. Por lo tanto, no finjas estar fuera de casa, no te hagas el sordo, el
desentendido. Nada te pido en nombre de Dios, ni en nombre del prójimo.
No es mi intención requerir nada, sino brindarte un don gratuito que te dará
dicha presente y eterna. Abre la puerta y deja entrar mis ruegos.
“Ven, razonemos.” El Señor mismo te invita a dialogar acerca de tu
felicidad inmediata y eterna, cosa que no haría, si no deseara tu bienestar. No
rechaces al Señor Jesús que llama a tu puerta, pues lo hace con esa mano que
fue clavada al madero por los que son como tú. Siendo su único objeto tu
bien, acércate e inclina tu oído. Escucha atentamente dejando que su voz
penetre en tu alma. Bien puede ser que ha llegado ya la hora para que inicies
esa vida nueva que es el principio del cielo.
La fe viene por el oír, y leer es una manera de oír: la fe puede llegarte
mientras leas este libro. ¿Por qué no? ¡Oh, Espíritu bendito de toda gracia,
haz que así sea!
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