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¿Qué pasa con el sujeto y su familia después de un intento de
¿Qué pasa con el sujeto y su familia
después de un intento de suicidio?
What happens to an individual and his/her family after an
attempt of suicide?
Nilsa Ximena Marulanda Toro*, Luz Mery Román Buitrago* y Martha Cecilia Arbeláez Rojas***
Resumen
En la actualidad se sabe que el suicidio y el intento de suicidio dejan secuelas y transformaciones en la
vida, la dinámica y la estructura tanto del sujeto como de su familia, y marcan un antes y un después del
hecho para ambos. Por esta razón, en este estudio se procuró explorar qué pasa después de un intento
de suicidio con el sujeto que lo lleva a cabo y con su familia. Para comprender el tema, la investigación
pretendió abordarlo desde la realidad de los actores, a partir de la historia y la experiencia personales de
sujetos y familias que vivieron la experiencia del intento de suicidio. El estudio se realizó por medio de la
investigación cualitativa, específicamente el estudio de caso en profundidad. Se halló que el sujeto recurre
al intento de suicidio como una estrategia para solicitar ayuda de los seres más cercanos, mientras que la
familia, a partir de este evento, se enfrenta a sentimientos de culpa, impotencia, tristeza y desesperanza
al no poder satisfacer todas las demandas de su ser querido, lo que lleva a que la estructura familiar se
reorganice y tenga cambios significativos de roles.
Palabras clave: suicidio, intento de suicidio, relaciones objetales, teoría sistémica, familia, crisis familiar
* Estudiante de 10° semestre del Programa de Psicología de la Universidad Católica de Oriente. E-mail: [email protected]
** Estudiante de 10° semestre del Programa de Psicología de la Universidad Católica de Oriente. E.mail: [email protected]
*** Magíster en Salud Colectiva. Docente investigadora del Programa de Psicología de la Universidad Católica de Oriente. E-mail:
[email protected]
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Recibido: 25 de junio 2010
Aprobado: 26 de octubre 2010
Revista Universidad Católica de Oriente l N.º 31 l PP. 85-106
Enero-Junio 2011 l Rionegro - Antioquia - Colombia
Nilsa Ximena Marulanda Toro, Luz Mery Román Buitrago y Martha Cecilia Arbeláez Rojas
Abstract
Today is evidence that rates of suicide and attempted suicide are rising, and this fact has consequences
that changes in life, dynamics and structure of both the subject and his family, marking a before and
after for both, so which sought to explore what happens after a suicide attempt. The research sought
to address the issue for understanding from the reality of the actors, from history and personal experience of individuals and families who lived through the experience of attempted suicide, the study was
conducted through qualitative research and study case in depth, it was found that the subject turns to
attempt suicide as a strategy to seek help from loved ones, while the family from this event, is faced with
feelings of guilt, helplessness, sadness and despair not satisfy all the demands of your loved one, leading
to the entire family structure to be reorganized and in this significant role changes.
Keywords: suicide, attempted suicide, systemic theory, objectual relations, family, family crisis.
Introducción
El intento de suicidio actualmente es una problemática social que aumenta día a día por múltiples
factores, entre los que se encuentran lo relacional, lo emocional, lo económico, lo religioso, lo
social, lo biológico, entre otros. Cuando este acto
se lleva a cabo involucra no sólo al sujeto sino
también a su núcleo familiar.
La investigación sobre el intento de suicidio
adquiere gran importancia en cuanto a la prevención del suicidio como tal, pues a partir de
su estudio se visualizan los factores y dinámicas
que precipitan a un individuo a optar por quitarse
la vida, al igual que la forma como su entorno
puede ayudar a detectar y prevenir posibles
desenlaces fatales.
Según Martínez (2007), el suicidio hace referencia al acto fatal de quitarse la vida, mientras
que el “intento de suicidio corresponde al acto
no fatal de autoperjuicio, llevado a cabo con
consciente intento autodestructivo, no obstante
vago y ambiguo”.
De acuerdo con la Organización Mundial de
la Salud (2004), el suicidio se ha constituido en
un problema de salud pública muy importante,
con casi un millón de víctimas al año en todo el
mundo, y se calcula que en el 2020 las víctimas
podrían alcanzar 1,5 millones. “Se calcula que
por cada muerte atribuible a esa causa se producen entre 10 y 20 intentos fallidos de suicidio,
que se traducen en lesiones, hospitalizaciones y
traumas emocionales y mentales, pero no se dispone de datos fiables sobre el verdadero alcance.
Las tasas tienden a aumentar con la edad, pero
recientemente se ha registrado en todo el mundo
un aumento alarmante de los comportamientos
suicidas entre los jóvenes de 15 a 25 años.”
En la última década en Colombia, la tasa de muertes por esta causa ha estado entre cuatro y cinco
por cada cien mil habitantes. En el departamento
de Antioquia las tasas no difieren de las presentadas en el resto del país, y han fluctuado entre 4
y 6 muertes por cada 100.000 habitantes/año en
los últimos cinco años, aunque existen municipios
con tasas de 22,6 por 100.000 habitantes/año.
En el municipio de Rionegro, Antioquia, durante
el año 2009 se presentaron ocho casos de suicidio, que corresponden a una tasa de 7,4 por cada
100 mil habitantes (DSSA, 2010).
La investigación se desarrolló a partir del estudio
cualitativo de caso y entrevista en profundidad.
Durante los meses de mayo a septiembre de
2009, se llevaron a cabo seis entrevistas con
personas que aceptaron hablar de sus experiencias en el intento de suicidio. Para dar cuenta del
fenómeno se eligió el municipio de Rionegro,
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Antioquia, debido a sus altos índices de suicidio
e intentos de suicidio. La investigación se centró
en comprender específicamente: ¿Qué pasa después del intento de suicidio, tanto en el individuo
como en su familia? Los enfoques propuestos
para comprender este evento han sido las Relaciones Objetales y el Enfoque Sistémico, con el
fin de realizar una aproximación a la estructura
relacional del sujeto y al impacto que se genera
en su ambiente a partir del evento.
1. Referentes conceptuales
Para la comprensión de la investigación se definieron como referentes conceptuales el suicidio,
los tipos de suicidio, los factores de riesgo y los
factores protectores. Igualmente, para el análisis
y la interpretación de los datos se tuvieron en
cuenta la teoría de las relaciones objetales y la
teoría sistémica.
Generalidades sobre el suicidio
La Organización Mundial de la Salud (1976)
define el suicidio como “Todo acto por el que
un individuo se causa a sí mismo una lesión, o
un daño, con un grado variable de la intención
de morir, cualquiera sea el grado de intención
letal o de conocimiento del verdadero móvil”.
El suicidio ha inquietado desde tiempo atrás
a los seres humanos, Durkheim (1989, p. 5) lo
definió como “toda muerte que resulta, mediata
o inmediatamente, de un acto, positivo o negativo, realizado por la víctima misma, sabiendo
que debía producir este resultado”. En algunas
oportunidades el suicidio no se consuma, a este
acto se le llama intento de suicidio.
Algunos autores han encontrado que hay diferentes tipos de intento de suicidio. Antes de
tomar la decisión de querer morir, una persona
elabora todo un proceso de planeación de su
muerte. Quintanar (2007, p. 124) identifica que
el proceso suicida está integrado por varias etapas que inician con una ideación suicida pasiva,
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pasan por etapas más activas de contemplación
del propio suicidio, por la planeación y la preparación, y por la ejecución del intento hasta
llegar a su consumación.
Según De Zubiría (2007) el suicidio tiene dos
etapas generales, que son la preparación y la
ejecución, y cada una de ellas se compone de
pasos que llevan a la persona a realizar el acto.
Etapa de preparación
1. Pesimismo: La persona vive una situación
durante la cual presenta señales, como
por ejemplo cambiar su manera de actuar,
abandonar actividades que antes realizaba
y disfrutaba, y expresar ideas pesimistas y
desesperanzadas.
2. Ideación: Comienza con el pensamiento suicida propiamente dicho, de querer terminar
con su vida pero sin tener un método o un
plan específicos.
3. Plan suicida: La persona planea detalladamente cómo se quitará la vida; decide el
método, el lugar y el momento; sólo hace
falta un evento doloroso que lo active para
actuar.
Etapa de ejecución
1. Evento detonante: Un detonante es un
hecho que parece desencadenar el suicidio
(por ejemplo, una pérdida afectiva). Por esta
razón se dice que el detonante ingresa a la
persona a la etapa ejecutiva.
2. Preparación: En este punto la persona
prepara activamente el suicidio. Si va a envenenarse, por ejemplo, compra el veneno
y los elementos necesarios para llevar a
cabo su plan. Ya está decidido y es difícil
dar marcha atrás.
3. Intento: Se refiere a ejecutar el plan preparado. El factor que más predispone a un
intento es haber realizado uno previo.
4. Consumación: El plan suicida tiene “éxito”.
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Tipos de suicidio
Así como se han identificado las diferentes etapas del comportamiento suicida, también se han
identificado diferentes tipos de suicidio. Abós
(1999) describió los hallazgos de Durkheim
relacionados con la enfermedad mental, citados
a continuación:
1. Suicidio maniático: se produce como
consecuencia de alucinaciones o de
concepciones delirantes. Deriva de la
enfermedad de la manía. Es un torbellino
constante de ideas y sentimientos provocados
por la alucinación, entre los que puede surgir
la idea del suicidio.
2. Suicidio melancólico: La idea del suicidio nace
de estados de extrema depresión en los que
el individuo deja de apreciar los vínculos que
le unen con la vida. Es similar al maniático,
ya que la idea de suicidarse puede surgir de
alucinaciones, con la salvedad de que en
este caso las ideas gozan de una gran fijeza.
Preparan la ejecución con gran detenimiento.
3. Suicidio obsesivo: En este caso la idea del
suicidio es similar a un instinto, la idea fija
de la muerte se va apoderando del individuo.
El enfermo sabe que esta idea es absurda,
el problema es que el individuo ha de
luchar contra este sentimiento porque si se
abandona al ansia por matarse, ésta puede
vencerle. Es una especie de ansiedad, por eso
se le ha llamado suicidio ansioso.
4. Suicidio impulsivo o automático: Carece
de razón tanto en la realidad como en la
imaginación del enfermo. La idea surge
sin fundamento y progresivamente se va
apoderando de la voluntad en un tiempo
más o menos largo, y bruscamente puede
provocar la ejecución.
Durkheim (1989) en su libro El suicidio, identificó
varios tipos de suicidio, entre ellos están:
1. Suicidio egoísta: El individuo tiene conciencia
de su egoísmo y de las consecuencias que
se derivan de él, sabe lo que hace, busca
satisfacer sus necesidades personales, no
espera nada de nadie, no pide nada, no se
ingenia largos preparativos, se suicida con
tranquilidad irónica; sin embargo, presenta
depresión general.
2. Suicidio altruista: Se origina con sentimientos
violentos y despliegue de energía; esta
energía se pone al servicio de la razón y
la voluntad, el sujeto se suicida porque
su conciencia se lo ordena, es pasional e
irreflexivo, actúa como un impulso de fe y
de entusiasmo que lo precipita a la muerte.
3. Suicidio anómico: Está ligado a la cólera
y la decepción, se produce cuando hay
desequilibrio de la integración de la persona
con la sociedad, se caracteriza porque la
norma o su ausencia no ofrecen el marco
de seguridad que la sociedad le atribuye.
El individuo no se siente integrado a la
sociedad.
Además de los tipos de suicidio, también se
deben tener en cuenta una serie de factores de
riesgo y factores protectores que intervienen en
que un sujeto esté más o menos predispuesto a
tomar la decisión de intentar suicidarse.
Factores de riesgo
Según Miguel de Zubiría (2007), “Los factores
de riesgo son aquellas circunstancias que facilitan
o agudizan la tendencia suicida. Por lo general,
dichos factores dependen de los niveles cultural
y social, […] del entorno familiar y de su género.
Pueden presentarse solos o combinados, pero su
influencia en el proceso es mayor cuantos más
aparecen simultáneamente”. Para este autor,
algunos factores de riesgo hacen que el sujeto
tenga más predisposición de verse involucrado
en el acto, entre los que se encuentran los antecedentes familiares de depresión, u otros tipos
de trastornos mentales, así como impulsividad,
inadecuado manejo de estrés y tendencia a la
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evasión, alcoholismo o cualquier otra adicción,
situaciones conflictivas frecuentes entre miembros de la familia, violencia intrafamiliar, abuso
físico, sexual, verbal o emocional, igualmente
antecedentes familiares de suicidio, problemas
severos de comunicación entre los miembros
de la familia, presencia de armas de fuego en el
hogar, contacto con comportamientos suicidas
de otras personas, ya sea familiares, amigos o
casos en los noticieros o en las películas de ficción, y las pérdidas como el divorcio, muerte de
alguien cercano, ruptura amorosa entre otros..
Investigaciones psiquiátricas también han propuesto una serie de factores de riesgo comunes
en sujetos implicados en el suicidio. Como lo
definió Vargas (2007), se han evidenciado ciertas características en personas que presentaron
suicidio o intento de suicidio, relacionadas con
los siguientes factores:
1. Clínicos: El 90% de las personas fallecidas tenían un trastorno psiquiátrico de base, como
los trastornos depresivos, que explicaba dicha
conducta en la mayoría de las muertes (60%).
La mayor parte de estas personas habían comentado sus síntomas depresivos e ideación
de muerte a familiares y personas cercanas,
incluso gran parte había asistido a consulta
médica o psicológica.
2. Eventos estresantes: Los eventos estresantes
han sido descritos como desencadenantes de
una conducta suicida en personas vulnerables. Los estresantes más consistentes en la
literatura médica son: Enfermedades crónicas
y terminales, pérdidas afectivas, problemas de
trabajo, problemas legales, pérdidas financieras, dificultades económicas.
3. Traumas en la infancia: Los antecedentes de
traumas en la infancia aumentan el riesgo de
suicidio de dos a cinco veces. Se han descrito
como traumas: El abuso emocional, el abuso
físico, el abuso sexual, el abuso de sustancias
en cualquier miembro del hogar, la separa-
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ción de los padres y el encarcelamiento de
algún familiar.
4. Antecedentes familiares: La historia familiar
de suicidio, enfermedad mental u hospitalizaciones psiquiátricas se encuentra con mayor
frecuencia en personas con conducta suicida,
en comparación con personas que no tienen
ese antecedente familiar.
Factores protectores
Se definen como “las razones que presentan las
personas para no morir o matarse aun cuando
lo estén pensando o planeando” (Vargas, 2007).
Dentro de estos factores se encuentran:
1. Filiación religiosa: Pertenecer a una religión
(sin importar cuál), se muestra como factor
protector por las objeciones morales de las
diferentes religiones respecto al suicidio.
2. Embarazo deseado y tener hijos (menores de
dos años): Estos como factores protectores
son más estables en mujeres que en hombres,
y se explica en las mujeres por la importancia
del papel de la maternidad.
3. Red de apoyo social: Contar con una buena
red de apoyo social y familiar protege del
suicidio, por el soporte emocional que brinda
a las personas en riesgo y por la contención
directa de conductas letales y no letales.
El individuo tiene la posibilidad de superar algunas dificultades que se presentan en su vida
apoyándose en razones que le permitan enfrentar
las adversidades, como las creencias y el apoyo
espiritual, también se evidencia la importancia
como factor protector el hecho de ser madre
y contar con la familia, red de amigos o pertenecer a grupos, ya que brindan contención en
momentos críticos.
La Organización Mundial de la Salud (2006) por
su parte propone como principales factores que
proveen protección frente a la ideación suicida
y a los comportamientos autodestructivos, una
serie de aspectos como son: Que la persona
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cuente con una buena relación y apoyo de los
miembros de la familia y amigos; que desarrolle
buenas habilidades sociales, como participación
en deportes, asociaciones, creencias religiosas y
clubes, que logre poseer confianza en sí mismo,
que tenga acceso a servicios y asistencia de salud
mental, e incluso que tenga capacidad para la
búsqueda de ayuda cuando surgen dificultades.
Otro aspecto importante que se constituye en
factor protector, o que permite la superación del
individuo frente al evento del suicidio, es la resiliencia, habilidad que permite surgir a pesar de
los obstáculos. La Organización Panamericana
de la Salud (1998) define la resiliencia como un
factor fundamental en la prevención del suicidio,
que permite al individuo sobrellevar sus dificultades a pesar de las adversidades.
La resiliencia es un concepto utilizado para
definir a “aquellas personas que desarrollan
competencias a pesar de haber sido criados en
condiciones adversas, o en circunstancias que
aumentan la posibilidad de presentar patologías
mentales o sociales”. Según la misma organización, los individuos resilientes son quienes al
estar insertos en una situación de adversidad,
o expuestos a un conglomerado de factores de
riesgo, tienen la capacidad de utilizar aquellos
factores protectores para sobreponerse a la adversidad, crecer y desarrollarse adecuadamente,
llegando a madurar como seres adultos competentes, pese a los pronósticos desfavorables.
El individuo resiliente posee ciertas características que le permiten enfrentar las situaciones
adversas de una forma efectiva. Veamos:
1. Competencias sociales: Capacidad para
relacionarse con otros, comunicarse con
facilidad, ser empático y demostrar afecto.
2. Resolución de problemas: Capacidad que se
identifica desde la infancia, corresponde a la habilidad para pensar en abstracto reflexiva y flexiblemente, de manera que la persona sea capaz
de producir cambios en situaciones frustrantes.
3. Autonomía: Sentido de independencia, de
control interno, autodisciplina, capacidad de
actuar independientemente.
4. Sentido de propósito y de futuro: Son categorías que permiten al sujeto adquirir factores
protectores, como son: las expectativas saludables, dirección hacia objetivos, orientación
hacia la consecución de los mismos, motivación para los logros, fe en un futuro mejor y
sentido de la anticipación y de la coherencia.
2. Teoría de las relaciones objetales
Como se nombró anteriormente, uno de los referentes conceptuales son las relaciones objetales y
la teoría sistémica, con el fin de interpretar el impacto del evento suicida en la dinámica familiar.
La teoría de las relaciones objetales se eligió
como un medio para tratar de comprender los
aspectos relacionales que se dan en el intento de
suicidio, de manera que permita no sólo abordarlo como enfermedad mental, sino desde la comprensión relacional del sujeto con su familia, su
pareja, sus amigos y su realidad interna y externa.
Las relaciones objetales son un concepto psicológico utilizado para designar el modo de relación del sujeto consigo mismo y con su mundo;
se considera que las relaciones iniciales que instaura el individuo con sus primeros cuidadores
llevan a una determinada organización de la
personalidad y a la consolidación de estructuras
intrasíquicas que establecen la formación del Yo,
y crean una representación del sí mismo, que
tendrán influencia para las relaciones posteriores
a lo largo de la vida.
Por otra parte, según Mitchell (1993), “cuando
hablamos de objeto en la teoría de las relaciones
objetales nos estamos refiriendo siempre a un
‘objeto humano’, es decir, a una persona, una
parte de una persona, o una imagen más o menos
distorsionada de éstas”. Hace referencia a aquello
a lo que el sujeto apunta en la pulsión, en el amor,
en el deseo, incluso en el odio, de manera que el yo
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lo busca para encontrar respuesta a su necesidad
de relación, y una vez encontrados, estos sentimientos quedan ligados a ese objeto. Por lo tanto,
los esquemas repetitivos relacionales no se derivan
de la búsqueda de gratificación, de presiones y
placeres inherentes, sino de una tendencia general
a conservar las conexiones y la familiaridad del
mundo personal e interactivo. De manera que
existe una poderosa necesidad de conservar el
sentimiento duradero de uno mismo, relacionado
con otras personas y con referencia a ellas.
De acuerdo con Mitchell (1993), el ser humano
es concebido como un ser relacional, desde la
infancia se puede evidenciar, por un lado, que lo
requiere para garantizar la supervivencia y, por otro,
como una necesidad innata. El sujeto estructura
su mundo interno y externo partiendo de una
relación primitiva con su madre, donde a medida
que el niño se relaciona con esta, va adquiriendo e
introyectando un modelo específico de relaciones.
Es así como la mente y el self se desarrollan a partir
de las primeras experiencias del infante con sus
primeros cuidadores, y de esta forma se entiende
que lo que sucede en la relación con los demás es
lo que sucedió en las relaciones familiares.
Al hablar de la teoría de relaciones objetales,
Mitchell encontró que las personas repiten sus
relaciones dolorosas y tormentosas a lo largo de
la vida, reviven los mismos sentimientos desagradables entablando constantemente relaciones
autodestructivas. Pero si, por el contrario, el
infante gozó de una adecuada relación con su
madre o sus primeros cuidadores, podrá lograr
relacionarse de una forma adecuada y agradable,
y sus relaciones serán constructivas y sanas.
Sin embargo, sean o no agradables determinados
vínculos, el sujeto busca repetir sus primeras
experiencias, es así como lo más importante
para el niño es establecer una fuerte relación
con otra persona, y si quienes fueron sus cuidadores le garantizaron experiencias placenteras,
“el individuo buscará el placer, no como un fin
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en sí, sino como un medio para interactuar con
los demás. Si sólo le proporcionan experiencias
dolorosas, el niño no se da por vencido para ir
a buscar experiencias placenteras en otro lugar,
sino que busca el dolor como medio para interactuar con el otro que es significativo para él”
(Mitchell, 1993: 40) Según el mismo autor, “el
motivo básico de la experiencia humana es la
búsqueda y conservación de un fuerte vínculo
emocional con otra persona”
El niño aprende una manera de relacionarse, y
estos contactos son dados a lo largo de su vida
en las diferentes relaciones que instaura. Según
Mitchell (1993), “el niño establece un contacto
compulsivo precisamente con el carácter patológico de sus padres y lo metaboliza porque siente
que ahí es donde residen emocionalmente sus
padres. Al parecerse a sus padres depresivos, masoquistas o sádicos, conserva un fuerte vínculo
con ellos.” (Mitchell, 1993: 41)
De esta manera, las relaciones iniciales que el
individuo establece con sus primeros objetos
de amor quedan fijadas e internalizadas como
un recurso para la socialización y los vínculos
posteriores. “[…] Es así como muchas personas
temen al cambio en sus relaciones afectivas, pues
un cambio significa abandonar los primeros
vínculos, lo que equivale a aislarse de sus primeros contactos y por consiguiente se entraría en
un aislamiento social”. Por lo que conservar la
estructura de vínculo inicial sería conservar su
primer objeto de amor.
Los sentimientos y las relaciones se recrean a lo
largo de la vida, como medios de perpetuar los
primeros lazos con las personas significativas,
esta situación proporciona alivio y seguridad al
sujeto, y finalmente estas representaciones se
verán reflejadas en posteriores relaciones.
3. Teoría sistémica
Según Ángela Hernández (1997), “un sistema es
un todo resultante de partes independientes”. La
definición de sistema incluye los conceptos de
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totalidad, interdependencia, jerarquía, comunicación y control. (1997, p. 25)
La familia como sistema: En la aproximación
sistémica, la familia se concibe como un todo
diferente a la suma de las individualidades de sus
miembros, cuya dinámica se basa en mecanismos
propios y diferentes a los que explican la del sujeto
aislado. La familia es un sistema en la medida en
que está constituida por una red de relaciones; es
natural, porque responde a necesidades biológicas
y psicológicas inherentes a la supervivencia
humana, y tiene características propias, en cuanto
no hay ninguna otra instancia social que hasta
ahora haya logrado reemplazarla como fuente
de satisfacción de las necesidades psicoafectivas
tempranas de todo ser humano.
Además, entre sus miembros existen lealtades
cuya intensidad, a pesar de que fluctúa a lo largo
de los años, la distingue de otras instancias sociales
a las cuales equivocadamente se ha equiparado
la familia. Aunque instituciones como la escuela
realicen tareas de socialización similares, en ninguna se da el grado de apego afectivo propio de
la familia, teniendo en cuenta que por medio del
afecto se generan los fenómenos de vinculación
emocional concomitantes, y que este sentimiento
se constituye en un instrumento de control, en el
buen sentido, o de manipulación cuando es mal
usado en las relaciones interpersonales.
También como sistema, la familia se ajusta al
concepto de causalidad circular, ya que siendo
un grupo de individuos interrelacionados, un
cambio en uno de ellos afecta a los demás y al
grupo total, en una cadena circular de influencia.
Cada acción en esta secuencia es a la vez una
reacción, y por tanto la causa de las dificultades
no se buscará, como desde la perspectiva lineal,
intentando identificar un evento traumático, sino
que, obedeciendo al principio de equifinalidad,
se asumirá que el mismo origen puede llevar a
1
diferentes resultados y el mismo resultado puede
surgir de distintos orígenes (Hernández, 1997).
Dentro de la visión sistémica, los trastornos
individuales se connotan como síntomas de
una disfunción familiar, pues si bien el comportamiento y el desarrollo de un individuo
son desadaptativos en relación con el exterior,
pueden ser funcionales y adaptativos dentro del
contexto familiar. Los desajustes individuales
operarían entonces como un regulador de la estabilidad familiar, aunque en otro nivel aparezcan
como expresión y motivo de tensión dentro del
sistema. Así, la psicopatología se define como un
problema relacional, y la conducta sintomática
individual está anclada a un patrón disfuncional
de interacción. (1997, p .29 ).
Dada la naturaleza circular de la causalidad, la
respuesta familiar al desajuste individual será un
importante factor de recuperación del individuo
portador de la sintomatología, considerando que
las familias que atraviesan por un periodo de
disfunción tienden a mantener los síntomas por
medio de los procesos interaccionales.
A pesar de su intensa interacción con el ambiente, cada familia es un organismo social que
conserva su organización y su identidad, aunque
con el tiempo cambien las relaciones afectivas
que tienen sus integrantes. Esto quiere decir
que lo que se modifica es solamente el modo de
conservar su organización, pero no su estructura
esencial, pues, de lo contrario perdería su autonomía y su identidad, y dejaría de ser reconocible
como unidad y como totalidad. (1997, p. 30).
Procesos de ajuste, adaptación y
crisis familiar1
Componentes del proceso de ajuste familiar
La familia, como todos los sistemas sociales,
intenta mantener un funcionamiento balanceado usando sus capacidades para enfrentar sus
Hernández, A. (1997). Familia, Ciclo Vital y Psicoterapia Sistémica Breve. Bogotá: El Búho Ltda.
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demandas o exigencias (estresores y tensiones),
conforme a los significados que la familia les
atribuye a dichas demandas y capacidades.
La fase de ajuste denota un periodo relativamente
estable, durante el cual solo se presentan cambios
menores, como un intento de la familia por afrontar
las demandas con las capacidades existentes, dentro
de patrones de interacción que son predecibles y
estables. Las crisis o estados de desequilibrio surgen
cuando la naturaleza o el número de demandas
exceden las capacidades existentes.
Durante la fase de adaptación, la familia intenta
restaurar el equilibrio, adquiriendo nuevos recursos,
desarrollando nuevas conductas de afrontamiento,
reduciendo las demandas y cambiando su visión
de la situación.
Se describirán entonces los tres factores básicos
que interactúan durante las fases de ajuste y
adaptación (Hernández, 1997).
Acumulación de demandas
Una demanda se define como un estímulo o
condición que produce o induce un cambio en
el sistema familiar, por lo cual puede ser percibida como una amenaza o como un desafío al
equilibrio existente. Estas demandas de cambio
producen tensión hasta el momento en que el sistema moviliza alguna capacidad para responder
a dicha exigencia; pero cuando no hay capacidad
disponible, aparece un estado de estrés. Así,
el estrés no es la presencia en sí mismo de un
evento o demanda, sino el desequilibrio real o
percibido entre demandas y capacidades.
Hay dos condiciones principales que se convierten en demandas: la ocurrencia de eventos
discretos o estresores y la presencia relativamente
continua de tensiones.
Un estresor es un evento vital que ocurre en
un momento específico y produce o tiene el
potencial de producir cambios en el sistema
social familiar. Aunque los estresores tengan un
instante preciso de aparición, como una muerte
93
por ejemplo, la adaptación a ellos toma más
tiempo. Los estresores pueden ser normativos,
cuando son cambios esperables asociados con
el desarrollo individual y familiar a lo largo del
ciclo vital, tales como el arribo a la pubertad o
la conformación de una nueva familia, o pueden
ser eventos no normativos, que ocurren súbitamente, tales como la muerte de un niño, un
desastre natural o una guerra.
Una tensión se define como una condición de
presión, asociada a una necesidad o deseo de
cambiar algo. Los estresores ocurren como
eventos y producen cambios; las tensiones, por el
contrario, están ahí y el cambio es requerido para
liberarse de ellas. A diferencia de los estresores,
las tensiones no comienzan en un momento
específico sino que aparecen de forma más
insidiosa en la familia.
Fuentes principales de tensión
Tensiones no resueltas, asociadas con eventos
anteriores, como cuando la familia no logra
superar totalmente un estresor, por ejemplo
la enfermedad crónica de uno sus miembros
y lleva consigo esta tensión como parte de sus
demandas acumuladas.
Tensiones que surgen cuando el desempeño de
un rol dentro de la familia no llena las expectativas que tienen los demás o uno mismo. Por
ejemplo, cuando un padre no tiene suficiente
tiempo para compartir con sus hijos y todos
viven ese hecho como una interferencia con su
rol parental; o cuando uno de los esposos no
está satisfecho con la vida sexual de su pareja
(Hernández, 1997).
Tensiones que surgen de los esfuerzos mismos de
ajuste y adaptación de la familia
En el proceso de afrontamiento de las demandas, surgen patrones individuales y familiares
que llegan a estabilizarse. En algunos casos,
estos patrones mantienen un equipo precario
en el sistema familiar, a costa del bloqueo en
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el desarrollo físico o emocional de alguno de
los miembros, bloqueo que se cristaliza como
un síntoma, tal como el alcoholismo del padre,
la depresión de la madre o la triangulación de
uno de los hijos en el conflicto conyugal. Estos
patrones disfuncionales son una retroalimentación permanente al sistema familiar en busca de
cambio, y se convierten entonces en parte de la
acumulación de tensiones.
Fases de ajuste, crisis y adaptación
1. Fase de ajuste: Durante la fase de ajuste, los
patrones de interacción familiar, los roles y
las reglas de las relaciones están bien establecidos y guían la actividad diaria, de modo que
los hechos son predecibles y los miembros
de la familia saben qué esperar unos de otros;
esta estabilidad no excluye la aparición de
algunos factores de perturbación, relativamente predecibles, como conflictos maritales,
dificultades en las relaciones con los hijos,
consumo de estimulantes.
Aunque las familias están sujetas siempre a
cambios menores en la fase de ajuste, abierta
o encubiertamente tratan de evitar cambios
mayores en su sistema.
2. Crisis familiar: Como el proceso de ajuste,
también las crisis familiares pueden evaluarse
en un continuo, desde crisis menores, casi
imperceptibles, hasta crisis extremas que
pueden ser tan disruptivas que la familia
nunca se recupera como sistema estable, sino
que se disuelve, como ocurre con el divorcio.
En un punto intermedio estarían las situaciones de crisis que impulsan a la familia a
buscar nuevas formas de funcionamiento, es
decir, a atravesar la fase de adaptación.
3. Fase de adaptación: Durante esta fase los
esfuerzos de la familia están dirigidos a restaurar su equilibrio como sistema, acudiendo
a: 1) La alteración o expansión de sus definiciones y significados, para darse cuenta de
cómo han cambiado sus circunstancias; 2) la
reducción de la acumulación de demandas;
3) el desarrollo y la adquisición de nuevos
recursos, llamados adaptativos, y 4) el desarrollo de nuevas estrategias de afrontamiento
(Hernández, 1997).
4. Etapas del proceso de
investigación y métodos
En el proceso de investigación desarrollado se
pretendió identificar lo que ocurre después de
un intento de suicidio en el sujeto y su familia,
desde la perspectiva de los actores, por lo que el
estudio fue de corte cualitativo.
Se inició con la revisión documental, la planeación y la elección de la metodología para la
recolección de información.
Luego se realizó la identificación de los sujetos
implicados en el intento de suicidio, contactados
por medio del consultorio psicológico de la Universidad Católica de Oriente, instituciones educativas,
Secretaría de Salud y comunidad en general.
La recolección de los datos se llevó a cabo mediante la entrevista en profundidad grabada. Las
seis entrevistas realizadas fueron trascritas con el
fin de hacer la codificación, el análisis y la categorización de los datos y así identificar las categorías
emergentes respecto al sujeto y la familia.
Las personas contactadas firmaron un consentimiento informado, debían estar o haber estado
en tratamiento psicológico o psiquiátrico y no
estar en crisis.
Hallazgos
Después de realizadas las entrevistas y el análisis
de los datos, se encontró que este es un hecho que
no pasa inadvertido en la vida de los sujetos y en
sus familias, pues tiene repercusiones emocionales, funcionales y adaptativas para ambas partes.
En primer lugar, se presentarán los hallazgos
arrojados en torno a la realidad del sujeto y
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¿Qué pasa con el sujeto y su familia después de un intento de suicidio?
posteriormente los encuentros evidenciados en
el contexto familiar.
Sujeto
Un comienzo
La literatura expresa que en el comportamiento
suicida se presenta un proceso en el cual el individuo comienza a tener ideas suicidas, luego
estas van evolucionando para consolidarse en un
plan, y posteriormente se presenta el intento de
suicidio o el acto consumado.
En las entrevistas realizadas se encontró que en
uno de los casos la persona fue identificando
el inicio de su enfermedad mental, que la llevó
hasta el punto de estar incapacitaba para desempeñarse normalmente en sus labores cotidianas.
En la entrevista ella manifestó:
Yo comencé de pronto a ir perdiendo mi
alegría […] comencé de pronto a ya no salir,
a sentirme querer estar sola, no compartir,
siempre sentía como si no quisiera el espacio de
afuera, sino encerrarme en mí misma, cuando
eso yo tenía un negocio y solamente iba y
atendía el negocio, como que no compartía con
la gente, como que solo atendía y ya […] (F1)
En este caso, de acuerdo a los síntomas que relata
el sujeto, se evidencia que el individuo estaba
presentando el inicio de un trastorno depresivo,
el cual, según la literatura médica, podría desencadenar un intento de suicidio.
Otro de los hallazgos evidenciados respecto al
inicio del comportamiento suicida, es que no en
todas las oportunidades es tan clara la presencia
de una enfermedad mental previa, sino más bien la
primacía de un evento desencadenante que el sujeto
identifica como el comienzo de su problemática.
Un entrevistado comentó:
Todo empezó, ¿si me entiende?, porque a mí
me mataron unos amigos […] Me dio muy
duro, entonces en medio de la tristeza me dio
la depresión, y ahí se me empezó a bloquear
la mente y ya no quería hacer nada, yo me
quería suicidar […] (P2)
95
De acuerdo con la fenomenología, lo que importa conocer acerca de la realidad del sujeto
es el significado que tienen los hechos para las
personas. En este sentido, con respecto al evento
desencadenante del intento de suicidio, es importante aclarar que ningún profesional o ninguna
persona externa al individuo implicado puede
dimensionar el significado que tiene un hecho
para el sujeto, pues cada uno construye su realidad a partir de la interacción y el significado que
les da a su experiencia y al mundo que lo rodea.
Ante un evento de intento de suicidio, es común
escuchar juicios de quienes rodean el acto que
entran a cuestionar los motivos que llevaron al
sujeto a tomar la decisión de acabar con su vida,
entre ellos: “¿Por eso lo hizo?” “Hay cosas más
importantes”. “Eso no vale la pena”. “Hay gente
que está peor…”.
Se encontró que las situaciones desencadenantes
pueden ser de diversa índole, es así como una de
las entrevistadas, al interrogarla sobre el evento
que desencadenó su idea de suicidarse, expresó:
De pronto un día tuve problemas con mi
yerno y él me trató mal, ahí fue donde yo tomé
la decisión de… yo como que… y no quería
vivir más, como que ya me sentí metida en
algo… cómo le explico… como si ya no tuviera
salida, yo tomé una decisión después de que
vine… atendí mi cafetería y todo, como a la
una de la tarde me fui para mi casa, tome el
sobre de pastillas y me las tomé… (F1).
En otro de los casos estudiados, en los que al
parecer existían problemas de relación de pareja,
uno de los entrevistados comentó:
[…] A ella la estaban llamando mucho a la
casa que… a decir dizque yo tenía una moza
aquí en el instituto, a ella la llamaban a la
casa y le decían dizque de qué color tenía yo
la ropa interior y todo… Debido a eso, cierta
vez se puso a beber y beber y a lo último le dio
por tomarse unas pastillas, la encontramos fue
en el patio (M3).
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Cada evento desencadenante tendría que analizarse en el entramado de la historia personal para
poder intentar comprender el significado que
tuvo para el sujeto. Es así como una mujer que
fue atendida en el hospital después del intento
de suicidio manifestó:
Yo tomé soda cáustica cuando me vi encerrada
en la casa, mi hija me encerró, yo me desesperé
porque no pude asistir a la procesión de
Semana Santa, y yo esto lo había esperado
todo el año… (T4)
Una adolescente manifestó:
Me dieron ganas de tomar esas pastillas cuando
mi mamá no me dejó ir al baile… (C5)
En la conducta suicida se encontró que hay
implícito un dolor que el sujeto no soporta
o no sabe cómo sacar de sí, experimentando
sentimientos de tristeza, soledad, agresividad y
desolación, que en algunas ocasiones se vuelven
contra sí mismo.
Volverse contra sí mismo
Algunos de los entrevistados relataron que el
comportamiento suicida iba acompañado del
aislamiento social, en el que no se quería ningún
contacto, ni salir a la calle, se optaba por un encierro en sí mismo, con sentimientos de angustia
y soledad, de no sentirse querido por nadie,
incluso la sensación de no “soportar” a nadie.
El sujeto opta entonces por comunicarse de
otra forma, por ejemplo haciendo uso de la
agresividad y la autolesión, manifestaciones
que se convierten en el medio para expresar sus
sentimientos y temores. Uno de los entrevistados
expresó:
Estaba muy agresivo, me daba golpes en la
cabeza contra la pared, me daba rabia, le pegaba
a las paredes o atacaba a alguien […] (P1)
En algunas oportunidades la agresión contra
uno mismo se puede expresar haciéndose daño
o laceraciones en el propio cuerpo, situación
evidenciada en la siguiente cita:
[…] Yo disfrutaba haciéndome daño, yo
disfrutaba más viéndome sangre, viéndome
mal, yo disfrutaba más… porque si yo hubiera
querido morirme yo me hubiera hecho la
cortada más honda y todo… en cambio con
tal de yo verme sangre y yo verme así… (F1).
Yo me cortaba las venas, pero no era
intencional de morirme, o sea yo era
simplemente como quererme hacer daño. (F2)
El intento de suicidio se caracteriza por manifestar una agresión contra los objetos malos, o
con el objeto perdido; el sujeto activa una identificación interna mediante la cual se pretende
hacer desaparecer este objeto, de manera que
se logre poner a salvo los objetos buenos, y la
parte del yo identificada con ellos (Sarmiento,
2007, pp. 223-227).
En su afán por querer comunicar su sentir y
encontrar apoyo o una salida a su situación,
el sujeto se enfrenta a un desencadenante caracterizado por lo general como una lesión en
los vínculos afectivos o en el que se involucra
una pérdida real o simbólica, como infidelidad,
soledad, aislamiento o pérdida de amigos. Este
desencadenante lleva al sujeto a tomar la decisión
de acabar con su angustia, pasando por una ambivalencia de querer vivir pero sin el sufrimiento
que le causa la situación actual.
El sujeto entonces opta por distanciarse de las
redes sociales con las que contaba, incluyendo
familia y amigos, se retrae en sí mismo como una
manera de rechazo al mundo exterior, situación
evidenciada en las siguientes expresiones:
Me gustaba estar solo, no quería hablar con
nadie. (P2)
[…] Me daba rabia que se preocuparan por
mí… porque yo decía, “no se preocupen por
mí… no se preocupen… déjenme sola, déjenme
en paz, no me molesten, es mi vida, si yo no
como soy yo, si yo no duermo soy yo, si yo me
hago daño soy yo… no sufran por mí…” (F1)
Elección del método
De acuerdo con Durán y Barlow (2006, p. 254),
“los varones eligen en general métodos mucho
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¿Qué pasa con el sujeto y su familia después de un intento de suicidio?
más violentos, como darse un tiro y colgarse; las
mujeres suelen recurrir a opciones menos violentas, como sobredosis de medicamentos”. En
el estudio desarrollado se evidencia esta teoría en
cuanto a la utilización de los métodos que difieren
de hombre a mujer. La elección del método no
letal está asociada a la solicitud de ayuda, dando la
oportunidad para que otros se la brinden.
Al estar atravesando por una situación de
angustia e inseguridad, tener un sentimiento
de incapacidad de comunicarse con palabras,
y sentirse “sumergido” en el aislamiento, el
sujeto opta por la autoagresión como medio
para comunicar un malestar, aparentemente
es así como acude a la utilización de métodos
no letales, como una forma de pedir ayuda y
dar oportunidad a la familia o a los amigos de
prestársela en el momento de crisis.
En la literatura se encuentra que hay un suicidio
en hombres por cada tres mujeres que lo
intentan, situación que podría interpretarse
como que culturalmente las mujeres son más
proclives a buscar ayuda que los hombres.
Uno de los entrevistados manifestó:
Sentía como dolor, uno trata también de
llamar la atención, eso es más que todo, a mí
porque se me bloqueó… ¿si me entiende?
Como parte del cerebro y no podía hacer
las cosas bien como otra persona, me daba
mucha rabia, le pegaba así a las paredes o
atacaba a alguien […]
Me levantaba y no me daban ganas de hacer
nada, tenía la mente bloqueada, yo iba a hablar
con usted y no era capaz, yo pensaba que no
era capaz de hacer nada, la aburrición no me
dejaba, me sentía triste, lloraba y no sabía por
qué… Después, como a los cuatro meses o
cinco, de repente intenté suicidarme […]
Yo ya lo venía pensando, yo siempre era así
pensando, sino que no era capaz de tomar la
decisión… por ahí dos o tres meses lo pensé […]
A veces intentaba ir dizque allá al Colonial
y tirarme de un piso alto, y pensaba muchas
97
cosas, me iba a envenenar también… pero
gracias a Dios no pasó nada […] Me daba
como miedo, sí quería hacerlo, pero de todas
manera tomar la decisión es muy duro. (P2)
Como se dijo anteriormente, el sujeto busca
pedir ayuda de diferentes formas y sobre todo
que lo salven antes de consumar el hecho, esto
se evidencia en las siguientes citas:
Ellos ya sabían que yo estaba así todo agresivo;
entonces el psiquiatra había dicho que no me
dejaran solo, y sintieron como un estruendo y
ellos subieron… y me cogieron porque yo ya
me estaba ahorcando, ya estaba así colgado y
llegaron mi mamá y mi papá y me cogieron,
yo ya me estaba asfixiando. (P2)
Otra entrevistada comentó:
Me tomé diez pastillas de… ehh, pero entonces
yo me devolví… ehh, yo no sé por qué me
devolví y le dije a mi hija, me acabo de tomar
tantas pastillas, no quiero vivir más, cuide
mucho a sus hermanitos, cuide mucho al
papá, no quiero vivir más… Ella pensó que
yo estaba bromeando y me dijo: “boba”, y le
dio risa, pues no pensó que yo iba a ser capaz
de hacer eso, ya cuando ella vio que yo estaba
perdiendo mis fuerzas… todo hasta ahí me
acuerdo, desperté en urgencias llena de tubos
y aparatos, llena de cosas… (F1)
Ellos estaban preocupados me aconsejaban
mucho y estaban pendientes de mí… porque
yo estaba muy agresivo, me daba golpes en la
cabeza… entonces… (P2)
No era capaz de decirles nada, solamente me
daban ganas de llorar. (P2)
Durante la consumación del acto suicida, el
sujeto experimenta sentimientos de temor, ambivalencia y angustia, además de una pérdida de
conciencia:
No me di cuenta absolutamente de nada. (P1)
Un sujeto narra su experiencia durante el acto
suicida:
Me faltaba el aire y veía puras luces negras
y ya […] Me daba como miedo, de todas
maneras tomar la decisión es muy duro… (P1)
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Consecuencias
Uno de los entrevistados expresa que se aferró
a la vida porque tenía algo pendiente:
[…] en ese trance sólo llamaba a mi hija
Viviana, y al novio, que fue con el que
tuvimos los problemas, los médicos decían que
no, que porque si yo los veía me moría. (S2)
La experiencia de vivir un intento de suicidio
trae una serie de consecuencias tanto para el
sujeto como para las personas que están cerca a
él, especialmente la familia. En primer lugar, el
sujeto se distancia y su actitud se torna agresiva,
mientras que la familia entre en una etapa de
intranquilidad y culpa.
Igualmente después del evento, los cambios de
roles al interior de la familia son evidentes y
generalmente alteran la dinámica familiar, pues
pareciera que el sujeto realizara una regresión
a etapas anteriores, donde requiere cuidados
constantes, supervisión, atención, acompañamiento, hasta convertirse en “dependiente” de
los cuidados de otros miembros del hogar.
Estar pendientes…
Luego del intento de suicidio, S2 narra que su
familia estaba pendiente, volvió al hogar materno
donde se le suministraron cuidados y dice: “Ellos
me pusieron mano, tomé muchas esencias florales, muchas cosas naturales que me ayudaron
con el fortalecimiento espiritual”.
Según P1, sus padres estaban preocupados, lo
aconsejaban mucho y estaban pendientes de él,
se sintió importante para la familia, por la ayuda
y el acompañamiento recibidos y por la recomendación de los amigos para que estudiara.
En el estudio se evidenció que, al parecer,
posterior al intento de suicidio en la familia se
fortalecen los lazos afectivos, pero luego de un
tiempo la situación se llega a convertir en un
asunto angustiante para los miembros del grupo.
Por consiguiente, la alteración de los roles trae
consigo consecuencias para los miembros de la
familia, quienes, en su afán por “reparar su culpa”
y atender las demandas del sujeto, ven afectada
su vida personal, laboral y emocional, hasta llegar
incluso a la desesperación y el agotamiento.
La persona se vuelve demandante de cuidados
y atención, teme estar sola y asume un papel
pasivo, situación que genera un cambio de roles
familiares. Este cambio de roles se hace necesario
para el sujeto, pues se convierte en un medio para
que logre reorganizar su vida, sus pensamientos
y emociones, no obstante, durante este proceso
ocurren constantes recaídas, en las que el sujeto
se cuestiona nuevamente por su situación, e
incluso se presentan nuevos intentos de suicidio.
El cambio de rol, la espiritualidad y el apoyo
sentido de familiares y amigos constituyen elementos clave para la recuperación del individuo.
Antecedentes psiquiátricos
En el estudio se encontró que algunos de los
sujetos que llevaron a cabo intentos de suicidio
tenían antecedentes psiquiátricos. S1, por ejemplo, presentaba delirium-alucinosis, evidenciado
durante el periodo depresivo cuando manifestaba
hablar con sus amigos muertos; fue diagnosticado
con trastorno depresivo, y su madre estaba diagnosticada con trastorno afectivo bipolar.
En el caso de F1, estaba diagnosticado con trastorno depresivo, por lo que debía consumir medicamentos. S3, por su parte, tenía el diagnóstico de
trastorno depresivo, alcoholismo y drogadicción.
Cuando una persona decide morir ha pasado por
un proceso durante el cual se enfrenta a la angustia,
la soledad, la tristeza, la ambivalencia y la desesperación, tal vez por querer manifestar un sentimiento
y un dolor que no sabe cómo expresarlos.
La experiencia de querer quitarse la vida, deja
secuelas emocionales, familiares y sociales para
el sujeto. Por eso, con el fin de comprender las
posibles causas de esta conducta, se abordó la
teoría de las relaciones objetales, para buscar
explicación en las primeras etapas del desarrollo,
cuando el individuo se relaciona y establece sus
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¿Qué pasa con el sujeto y su familia después de un intento de suicidio?
primeros vínculos con la madre y sus cuidadores,
que serán las referencias para etapas posteriores
en su vida.
Visión del futuro
En la literatura se encuentra que el sujeto que
comete un suicidio o lo intenta tiene una visión
negativa de su futuro, lo percibe con desesperanza y pesimismo, e incluso en ocasiones no cuenta
con una visión clara de él, no cuenta con mecanismos que le permitan proyectarse en el tiempo
y fijarse metas para planear y orientar su vida.
Al parecer luego de recibir el apoyo familiar y el
de los amigos, situación que le permite al sujeto
salir de la crisis, esta situación puede cambiar:
En un año me veo terminando el estudio,
técnico en sistemas, y seguir estudiando
ingeniería de sistemas […] (S1)
En otras oportunidades, son otras situaciones las
que hacen reflexionar al sujeto sobre el futuro.
Uno de los entrevistados reflexionó a partir de
observar el dolor de una familia por la muerte
de su hijo y expresó:
[…] Yo no puedo hacerle esto a mi familia, sí, yo
me muero…yo no me doy cuenta pa’ dónde me
iré y no sé; pero cómo irá a quedar mi mamá,
cómo va a quedar mi papá y mis hijos; yo sé
que esto va a ser un golpe demasiado duro y
yo no puedo volver a hacer esto. Y ese fue el
momento de que yo reaccioné, de decir no, no
me vuelvo a morir, no me vuelvo a intentar
quitarme la vida… Fue allí donde me di cuenta
del valor tan grande de una vida. (S2)
Familia
En el estudio se encontró que el intento de suicidio también genera procesos que movilizan todo
el sistema familiar; de forma positiva o negativa,
como se describe a continuación:
Manifestación de una crisis familiar
De acuerdo con la teoría sistémica la familia se
concibe como un sistema activo, donde el com-
99
portamiento de uno de sus miembros afecta a
los demás y modifica y repercute en la estructura
familiar y en su funcionamiento. Según Calderón
y Arroyave (1995), “la familia vive un ciclo de
iniciación, desarrollo y extinción, donde se verá
abocada a crisis normativas y no normativas que
desviarán su equilibrio para entrar nuevamente
en homeostasis”. Por consiguiente, cuando un
sujeto manifiesta un síntoma, este corresponde
a la revelación de una sintomatología familiar.
En las entrevistas realizadas se halló que las familias percibían los síntomas de los sujetos como
derivados de una crisis o un malestar familiar, que
en algunas ocasiones ocurre súbitamente, pero
fue relacionado con el historial nuclear, donde
se presentaron casos de violencia intrafamiliar,
alcoholismo, carencias afectivas, infidelidad, dificultades de comunicación, soledad, entre otros.
Una entrevistada, al referirse al caso de su madre, narra cómo inició la situación y las posibles
causas del intento de suicidio:
Mi mamá era excelente persona, mi mamá era
la mejor amiga, era alegre, ella nunca se veía
triste, muy pendiente de todos… [El intento
de suicidio] fue de repente, el problema fue
la noche anterior, y al otro día al medio día
se tomó las pastillas, en ese transcurso de ese
medio día aburrida y llorando mucho… (N3)
De acuerdo con la versión de la entrevistada
su madre se afectaba constantemente, incluso
cuando llegaban los miembros de la familia del
trabajo y no saludaban, ella se decaía anímicamente. El caso de intento de suicidio ocurrió
luego de presentar una discusión con su hija y
su yerno. Sin embargo, su hija reconoce otros
síntomas que llevaron a su madre a tomar la
decisión de quitarse la vida, por lo que expresa
que el motivo corresponde específicamente a las
siguientes causas:
[…] Por la vida que ha tenido que llevar con
mi papá, ya que le ha sido infiel […] Por el
transcurso de la vida, de pronto con la familia
de mi abuela […] Por la depresión (A3)
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Otro de los hallazgos tiene que ver con la manifestación de una crisis familiar, por la cual la
esposa intentó quitarse la vida:
Ella decía que la estaban llamando mucho a
la casa a decir que yo tenía una moza en mi
trabajo. (N2)
Aquí se evidencia que las personas traen consigo las vivencias introyectadas en sus familias
nucleares, y al conformar sus propias familias
pueden revelarse esos patrones de interacción,
los sentimientos y actitudes aprendidas. El mismo
entrevistado expresa que las dificultades de su esposa se debían a que “cuando era niña, sus papás
como que no le colocaban mucha atención”. (N2)
De esta manera se manifiesta cómo los sentimientos de soledad e inseguridad de una persona
repercuten en los demás miembros de la familia
y por consiguiente en la dinámica de la misma.
Asimismo, la estructura familiar y su funcionalidad se pueden ver afectadas por el entorno,
por la interacción o influencia de algunos de
sus miembros con el medio sociocultural. En el
siguiente caso se expone cómo la muerte de unos
amigos fue el detonante de la problemática del
sujeto, cuya madre narra las causas por las cuales
su hijo quiso quitarse la vida:
[…] Le mataron a unos amigos, y él se
desmotivó… (M1)
Esta situación finalmente evidenció una crisis
familiar latente, pues la madre reconoce como las
mayores causales otras circunstancias. Veamos:
A mi hijo le faltó amor […] Le tocó ver mucha
violencia, cuando mi esposo me golpeaba; nos
tocaba salir a medianoche para donde mis
hermanas. Mi hijo también decía: “Qué pena
tener que ver uno a la mamá borracha”. (M1)
Todo parece indicar que en el intento de suicidio
se debe tener presente una disfunción familiar
que puede haber gestado dicho comportamiento.
Expresión del síntoma
El síntoma se constituye en la evidencia de la
disfunción familiar, de los problemas o crisis por
los que atraviesa la familia. De alguna manera, el
síntoma puede contribuir al equilibrio familiar,
pues eliminarlo traería repercusiones o nuevos
síntomas a la familia y amenazar su estabilidad.
Entre los síntomas hallados en la familia que
hicieron parte del estudio, se evidenciaron, entre otros, agresividad, alcoholismo, aislamiento
social y problemas de comunicación.
Uno de los entrevistados manifestó:
Ella comenzaba a ponerse toda ofuscada […]
Se ponía agresiva con los niños, les contestaba
como maluquito […] Empezaba a tomar
licor… No podía dormir. (N3)
Otro manifestó que su hijo comenzó a tener
comportamientos y sentimientos que lo llevaron
a aislarse socialmente:
A él no le provocaba nada, no hacía sino llorar
en la casa encerrado […] No salía, no dormía, se
puso blanco (pálido). Se alejó de la vida social,
de los amigos. Era todo un reblujo, con ese pelo
todo parado y no le daba pena. El cerebro ya
no le daba, se le olvidaba todo (M1)
En otros casos la manifestación del síntoma no
se hace tan evidente para la familia; al referirse
a su madre, uno de los entrevistados declara que
los acontecimientos se presentaron sin ningún
cambio notorio.
Eso fue de repente […] fue de un momento
a otro. No percibimos ningún cambio. (A3)
Respecto a las manifestaciones del síntoma, es
posible que pasen desapercibidas en la familia,
quizá porque el sujeto tampoco habla de su malestar o por la dificultad de comunicación entre
sus miembros.
El evento
El intento de suicidio no pasa desapercibido en
la familia, cada miembro puede asumir diferentes
actitudes frente a la situación. Se encontró que
este evento marca un antes y un después en la
historia familiar.
En el acto suicida se vive un estado de negación
por parte de los miembros de la familia, como
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¿Qué pasa con el sujeto y su familia después de un intento de suicidio?
lo expresa una joven al enterarse de la situación
de su madre:
Para mí fue muy difícil, me sentí muy sola.
La primera vez que ella intentó quitarse la
vida fue tomándose unas pastas, ella me lo
dijo porque tenía problemas, pero yo no le
creí, pensé que eran mentiras, cuando pasaron
como 15 minutos y miré y mi mamá estaba
ya “maluquiada”, eso fue un trauma porque
fue impresionante, mi papá ni lo creía, ahí
fue donde estuvo hospitalizada. (A3)
[…] Ella simplemente quería morirse, para
mí era un momento desesperante, no sabía
si seguir con ella, o no seguir con ella, pero
siempre estuve ahí, seis meses, ya de ahí en
adelante estuvo mi familia, siempre le daba
apoyo, pero era poco lo que estaban con ella,
porque llegaban muy tarde del trabajo, para
mí no fue fácil. (A3)
La familia es tomada como una totalidad, donde
no existen partes aisladas, es un sistema que se
relaciona entre sí. De esta manera, algo que le
sucede a uno de sus miembros afecta a los demás en sus diferentes áreas, por eso el intento
de suicidio no sólo deja secuelas en la persona
que lo realiza, sino que altera a los demás miembros, cambia su dinámica, sus interacciones, sus
actividades y sus representaciones.
La siguiente cita muestra que el hecho de presenciar el acto suicida sin duda deja secuelas en
los miembros de la familia.
La encontramos fue en el patio, yo estaba
trabajando, a mí me llamaron, que me fuera
ligero que mi esposa se había envenenado.
Cuando yo fui ya la habían recogido… tenía…
pastas ahí… los niños viéndola ahí, en el patio,
ella… botando babaza y todo… (N3)
Veamos algunos testimonios al referirse a los
sentimientos de los familiares después del intento de suicidio:
A mí se me complicó la vida, porque ya uno no
tiene ni vida, si estaba en la casa, así estuviera
encerrada con él, yo no tenía vida, porque yo
decía: Si se metía pa’l baño y se demoraba
mucho yo ya creía que se estaba matando; yo
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vivía pendiente de los cuchillos y de cosas así,
porque me daba miedo, yo decía: “¡Ay no! Este
muchachito hasta lo puede matar a uno”, pues,
vivía una vida muy, muy dura, no me enfermé
porque Dios es muy bueno. (M1)
Se siente rabia, culpa, desesperación, porque
de pronto no le estábamos poniendo suficiente
cuidado. Desesperación porque ya no aguanto
más… (A3)
Los 12 primeros años de matrimonio fueron
los mejores; los últimos tres fueron un calvario.
A mí me daba tanto miedo, es que a ella
cuando le daban esas crisis, ella me volvía a
mí una nada, me volvía un nazareno… (N3)
La dinámica familiar empieza a tornarse diferente, pues en ocasiones el sujeto que intenta
suicidarse es hospitalizado, debe alejarse del
hogar, y ello conlleva que uno de los miembros
asuma el papel o las funciones que este desempeñaba al interior de la familia o que se las ceda
a un tercero.
A ella la internaron en una clínica como
tres meses […] Había que luchar con ella. Le
mandaron droga y no le servía. No le valía
nada… Yo era la persona más juiciosa, yo a ella
no la dejaba hacer nada… yo le lavaba con el
perdón de ustedes hasta la ropa interior, yo le
tenía a ella la casa organizada y todo… (N3)
En algunas familias, la reacomodación de los
roles se extiende a familiares más lejanos, que
intervienen en el momento de crisis.
A mi niño yo lo veía mal, ya porque mi
cuñada se lo llevaba para la casa o para
donde la suegra… y hablábamos con
ellos… y les decíamos que no […] Para que
los niños no tomaran eso así tan grave…
la tía le decía: “no mami, tranquila que
eso se le pasa a su mamá”, y la niña decía:
“ah, bueno tía” o “bueno abuela”. (N3)
Se puede analizar las diferentes formas de actuar,
dependiendo de cada familia. En algunas familias
el individuo con intento de suicidio encuentra
soporte, ayuda, motivación para continuar
viviendo, siente que por medio de su acto su
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familia comienza a vivir en torno a él; en otros
casos la familia no brinda el suficiente soporte y,
por el contrario, el acto como tal crea desunión,
malestar y rupturas en las relaciones familiares.
En el momento en que la familia se dio
cuenta de lo que le pasó a mi hijo, lo llevamos
a hospitalizar, para desintoxicarlo, entró a
tratamiento psicológico y psiquiátrico. Como
familia asistimos a tratamiento psicológico. Lo
empecé a animar a que hiciera deporte y a que
saliera con los amigos, lo invitaba a que fuera
a piscina… (M1)
En el momento inicial, se acompañó a mi mamá
al hospital; después la regañamos, le decíamos
que cómo se le ocurría hacer eso. Mi papá decía:
“Mire a su mamá, uno la saca adelante, uno la
consiente, y mire en la forma que nos paga”. Le
decíamos: “¡Ya!, pare esto”. (A3)
Reacomodación familiar
Después del intento de suicidio el sistema familiar en su proceso de readaptación hace una
reacomodación de los roles. Así, la hija mayor
de una mujer que intentó suicidarse, manifiesta
la vivencia de la situación después del intento de
suicidio de su madre, y expresa cómo la familia
fue delegando en ella un nuevo rol:
Fueron tres meses para mí muy duros, porque
tenía que estar pendiente de ella, además
estaba en una clínica psiquiátrica, de uno ir
y estaba con toda esa gente, que no la dejaban
ver, de que tenía que estar pendiente de la
familia, para mí no fue nada fácil, tenerme
que abstener de trabajar y de mis estudios,
por estar pendiente de ella… y de la casa. (A3)
Mi familia me quería tener como… bueno,
usted es la que está cuidando a mi mamá,
entonces quédese cuidándola, y entonces ellos
me querían ver de sirvienta… a mi mamá
córrale usted, usted es la que está ahí, usted es
la que tiene que seguir, yo estoy muy cansado,
llegué de trabajar consiguiendo la comida,
todo me lo echaban en cara, entonces ya me
fui cansando de eso realmente… (A3)
El caso expuesto anteriormente corresponde a
una situación en la cual la madre realizó intento de
suicidio, y en el proceso de recuperación asumió
un nuevo rol en la familia, pasando a ser dependiente de los cuidados de sus hijas, especialmente
de su hija mayor, quien ocupó la responsabilidad
materna en el sistema familiar, mostrándose como
una “hija-madre” y su progenitora como una
“madre-hija”. Así lo expresa la hija:
Aun todavía me siento así, responsable de la
familia, más que todo cuando mi mamá está
en esa crisis de que nuevamente no quiere
vivir […] Muchas veces quisiera que fuera un
poquito más independiente ella de mí, porque
yo no puedo estar ahí siempre, yo para donde
vaya no me la puedo llevar, yo necesito mis
espacios también, como ella.
Cuando la familia no cuenta con las suficientes
estrategias para afrontar las crisis y las dificultades, estas se pueden tornar devastadoras para
la estructura familiar, y pueden llegar hasta
la ruptura de los vínculos; en estos casos, los
miembros se orientan a otras actividades y espacios más reconfortantes por fuera del espacio
familiar. El trabajo, los amigos y el estudio se
convierten en actividades más importantes que
la reconstrucción de los vínculos familiares. Así
expresó su vivencia un hombre después de que
su esposa intentó suicidarse:
No sé cómo viví… o cómo hago… o cómo
hice, porque yo ya ahora estoy tranquilo,
yo ya me siento muy tranquilo, me siento
muy relajado y yo… sin embargo, la forma
de ser mía ha sido pues, muy, muy, muy
extrovertida, a pesar de todos mis problemas.
Yo los problemas los dejaba allá y me venía
a trabajar acá… esto acá era una terapia
buena, yo acá me sentía muy bien. Yo ahora
(después de la separación) estoy viviendo…
muy tranquilo, creo que ella también está
viviendo también… ¿no?, creo ¿no?, ella está
viviendo tranquila… (N3)
En otro de los casos, lo que se observa en la familia es que los miembros retoman nuevamente
Revista Universidad Católica de Oriente l N.º 31 l Enero - Junio 2011
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¿Qué pasa con el sujeto y su familia después de un intento de suicidio?
cada uno de sus roles de una manera satisfactoria
para ellos, y se ve reflejado en un aparente equilibrio familiar. Una madre habla de la situación
posterior al intento de suicidio de su hijo:
Él después de eso cambió mucho, antes no le
gustaba salir con uno y ahora le digo: Vamos a
ir pa´ donde una hermana mía a hacer un algo y
él dice: Ah… bueno, vaya que yo ahorita voy, o
se va conmigo… Ya es como… ya le gusta salir
con uno más y le gusta mucho que uno esté en
la casa con él. Él es feliz que uno se quede todo el
día con él, se va a estudiar por la noche y le hace
como falta que uno esté ahí con él. Antes era
más independiente, se perdía todo el día, era
con los amigos y ya, no participaba de nada,
no salía con uno para nada, se vestía todo feo,
entonces hasta a mí me daba pena salir con él,
pero ya dejó de vestirse así, ya se viste normal,
le gusta estar bien vestido, se viste bien, ahora
está muy contento estudiando y ha cambiado,
está más serio. (M1)
Otro entrevistado lo expresa así:
Antes me provocaba estar solo, no quería
hablar con nadie… con mi mamá sí, la
necesitaba porque… y ya… como verla en la
casa… me gustaba estar con mi mamá. (P1)
Los efectos a nivel familiar después de un intento
de suicidio no sólo se manifiestan en la reacomodación de roles o en la separación, también
en algunas ocasiones, cuando se tienen vivencias
agradables del pasado, surgen sentimientos de
nostalgia por los recuerdos. Al referirse a lo que
más extrañaba la familia después del intento de
suicidio de su madre, la hija expresa:
Hemos extrañado la alegría, la mamá con
quien se puede sentar a charlar horas y
contarle las cosas, no es la misma persona
alegre, que vamos a salir con mi mamá, no,
las cosas han cambiado y eso es lo que yo más
extraño de ella, la alegría. (A3)
La familia que vive un intento de suicidio o
un suicidio también es víctima del olvido de
la familia extensa y de los vecinos; al parecer
se carga con un estigma social que en algunas
oportunidades lleva a que la familia abandone
103
incluso el lugar de residencia. Una de las entrevistadas comentó:
La situación ha cambiado mucho, se alejan…
De vez en cuando llaman y se preocupan,
pero se alejaron, nunca ha habido un apoyo
de ellos, en que digan: “venga ayudémosla,
que venga hagámosle la visita, saquémosla,
invitémosla para la casa”. No. (A3)
Resultados
Después de realizadas las entrevistas y el análisis
de los datos, tanto del individuo que intenta
suicidarse como de su familia, se encontró que
este es un hecho que no pasa desapercibido y que
tiene repercusiones emocionales, funcionales y
adaptativas para ambas partes.
Desde el sujeto
El sujeto es portador de sentimientos, temores
y conflictos que no sabe o no puede expresar,
al parecer las habilidades para la comunicación
se “bloquean”, pues se siente “enfrascado”, va
perdiendo el interés y el contacto social, se aísla y se
retrae sobre sí mismo. En algunas oportunidades
la autoagresión es la única estrategia con la que
cuenta para comunicarse, para expresar que algo
no anda bien consigo mismo.
El sujeto que intenta suicidarse, como lo dice
la literatura, pasa por diferentes etapas antes de
cometer el acto: planea el método, fantasea sobre
su muerte, y piensa acerca de lo que sentirán sus
familiares; todo esto acompañado de fuertes
sentimientos de tristeza, angustia, impaciencia,
soledad, ira, ambivalencia y desesperanza.
Al parecer, el intento de suicidio tiene un fin y
un objetivo. Se evidenció que el sujeto no quiere
morir, sino quitar un sufrimiento inmenso que
no sabe cómo manifestar, que no encuentra la
manera y los medios necesarios para expresarlo.
Así, el intento de suicidio se convierte en una
estrategia para solicitar ayuda a quienes lo rodean.
Es como si el individuo entrara en un proceso
de regresión en el que busca cuidados de sus
Revista Universidad Católica de Oriente l N.º 31 l Enero - Junio 2011
Nilsa Ximena Marulanda Toro, Luz Mery Román Buitrago y Martha Cecilia Arbeláez Rojas
progenitores o de alguien que los represente,
quizá como una manera de encontrar una posible
reparación del vínculo o de asuntos inconclusos
de etapas anteriores en su vida.
En el estudio se observó que quienes contaron
con el apoyo familiar pudieron realizar el proceso
de “reparación” del vínculo, y obtuvieron una
recuperación más rápida de su situación. El
intento de suicidio se convirtió en una estrategia
para salir de su dificultad, pues fue asumido
como “volver a la vida”.
familia optara por atentar contra su vida.
El estudio también muestra que cada familia
tiene mecanismos particulares de afrontamiento
de las dificultades; en algunas oportunidades
el individuo con intento de suicidio encuentra
soporte, ayuda y motivación para continuar
viviendo, siente que por medio de su acto la
familia comienza a vivir en torno a él; en otros
casos la familia no brinda el suficiente soporte y,
por el contrario, el acto como tal crea desunión,
malestar y rupturas en las relaciones familiares.
Desde la familia
En el análisis familiar se hallo que con el intento
de suicidio se suscita una crisis familiar, ya que se
da una manifestación de una disfunción que no
necesariamente se había hecho evidente. El sujeto
que intenta suicidarse es el portador del síntoma,
de la disfunción, de los problemas o las dificultades del grupo primario. El intento de suicido
marca un hito para la familia, pues se reconoce un
antes y un después en la historia familiar.
En el estudio se observa que pasada la circunstancia urgente la situación se agudiza o se manifiesta la crisis, toda la atención gira en torno a la
problemática actual y se va haciendo necesario
al interior de la familia una reacomodación de
roles para su readaptación, de manera que se
pueda garantizar un equilibrio que mantenga el
sistema familiar.
En el análisis de los datos puede verse que con
el intento de suicidio surgen en la familia sentimientos de culpa, de miedo, de minusvalía; una
sensación de impotencia por no poder salvar al
otro, sentimientos de culpa por no haber sido
un buen padre o una buena madre.
De la misma manera, en algunas personas del
grupo familiar suelen presentarse estrategias para
la evasión de la realidad. En este caso se presenta
un distanciamiento del miembro con la familia.
Se encontró que estos sentimientos y estas actitudes crean un malestar significativo que podría
en un momento llevar a que otro miembro de la
Discusión
Con el estudio se pretendió dar respuesta a la
pregunta de investigación ¿Qué pasa después de
un intento de suicidio? tanto en el sujeto como
en la familia. Se halló que ambas partes presentan
una serie de cambios después de experimentar
un intento de suicidio, que se ven reflejados en
la alteración y modificación de sus comportamientos, pensamientos, dinámicas, relaciones y
representaciones de su mundo interno y externo.
El sujeto puede superar la situación si cuenta con
el suficiente apoyo de su familia, si se le brinda
la ayuda solicitada, el acompañamiento y la comprensión necesarios. Por el contrario, si lo que
recibe es indiferencia, aislamiento social, rechazo
y crítica, estará expuesto a un mayor riesgo de
volver a intentar el suicidio o de consumar el acto.
En cuanto a la familia, por el impacto que
ocasiona la situación, se evidencian ciertos resultados o consecuencias: la reacomodación en
los roles, la negación del hecho o la evasión de
responsabilidades, en cuya situación se genera
malestar en los otros miembros que afrontan el
evento. También se presenta una reafirmación
del rol original perdido, y en este caso el individuo parece sentirse cómodo y satisfecho. La
desintegración familiar llega a ser otra opción
para enfrentar la situación.
La familia se convierte en un elemento fundamental
para la recuperación del sujeto, pues es allí donde
Revista Universidad Católica de Oriente l N.º 31 l Enero - Junio 2011
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¿Qué pasa con el sujeto y su familia después de un intento de suicidio?
se reviven los primeros vínculos que lo han marcado de alguna manera, y es allí donde se deberían
brindar las primeras manifestaciones de ayuda.
Igualmente se logró reafirmar que al estar
expuesto a factores de riesgo como violencia
intrafamiliar, alcoholismo, abandono y traumas
en la niñez, se puede generar en el sujeto cierta
vulnerabilidad y hacerse más propenso al comportamiento suicida.
Con el presente estudio se llegó a un acercamiento claro sobre la problemática del intento
del suicidio, de manera que se profundizó en la
comprensión e identificación de ciertos signos
y síntomas que tanto el sujeto como la familia
manifiestan en los periodos de crisis y en los
momentos previos al acto. Se espera que esta
comprensión sea utilizada para implementar
acciones mucho más eficaces de prevención
del suicidio. El estudio contribuye a entender la
dimensión subjetiva del intento de suicidio, lo
que sin duda brinda elementos de intervención,
no sólo desde la dimensión clínica sino también
desde el campo de la salud pública.
Por último, se alcanza a dimensionar los aspectos que afectan y lo que moviliza una situación
de intento de suicidio.
•
•
•
•
Conclusiones
• Se evidenció en el estudio que en los casos de
intentos de suicidio analizados el sujeto no
quería morir, sino suspender un sufrimiento
interno y solicitar ayuda en primera instancia de sus seres queridos, de sus amigos, su
entorno y demás personas cercanas.
• El suicidio es un fenómeno que se puede prevenir desde las primeras etapas de la vida del ser
humano, pues es allí donde se interiorizan los
objetos de amor, las fortalezas y estrategias para
afrontar posibles adversidades de la vida futura.
• Al sentir que tiene “bloqueada su mente”,
al sentirse “enfrascado” en la problemática,
aislado y sin ser capaz de expresar lo que
siente, el sujeto hace uso de la agresión contra
105
•
•
sí mismo o contra el otro, como un medio
para la exteriorización de sentimientos. En
esta forma la autoagresión avanza hasta el
punto del intento de suicidio.
Se podría concluir que en el intento de suicidio el sujeto requiere otra persona para
sobrellevar sus dificultades, por lo tanto, para
su recuperación, se hace necesario el apoyo
y acompañamiento de personas cercanas y
especialmente de su familia.
Cuando el sujeto tiene un sentido de vida claro,
tiene mayores posibilidades y mejores recursos
para afrontar el sufrimiento y sobreponerse a
la adversidad, de ahí que la resiliencia constituya uno de los elementos con mayor influencia
para la prevención del suicidio.
Las relaciones interpersonales se convierten
en protectores para la recuperación en el
intento de suicidio, igualmente la espiritualidad y la religión son un apoyo que permite al
sujeto y la familia recobrarse de la situación.
En el estudio realizado se puede observar que
las familias asocian, entre otras causas posibles
del comportamiento suicida, los duelos no
resueltos, las carencias afectivas desde la niñez,
la violencia intrafamiliar, el alcoholismo y la
drogadicción, la desintegración familiar, la
infidelidad de los padres o de los cónyuges, y
las enfermedades mentales, lo que sin duda es
otra razón más para promover el buen trato, la
buena comunicación, el afecto y demás iniciativas que contribuyan a generar salud mental
desde los primeros años de vida.
En este estudio se evidenció la necesidad que
tiene el sujeto de sentirse importante para su
familia, y los pedidos de ayuda que realiza
mediante el intento de suicidio para que su
entorno los tome en cuenta y logre evitar el
suceso fatal.
Es importante tener en cuenta que el evento desencadenante puede ser de cualquier
índole y de carácter subjetivo, por lo tanto
Revista Universidad Católica de Oriente l N.º 31 l Enero - Junio 2011
Nilsa Ximena Marulanda Toro, Luz Mery Román Buitrago y Martha Cecilia Arbeláez Rojas
se recomienda que los profesionales no lo
subestimen en el momento de intervenir.
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