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Ser cubana y no morir en el intento

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Ser cubana y no morir en el intento
Juan Antonio Madrazo Luna
Coordinador nacional del Comité Ciudadanos
por la Integración Racial (CIR)
La Habana, Cuba
E
n Cuba apenas se ha comenzado a debatir el tema racial y el enfoque de género
en esta área es frágil. La mujer afrodescendiente está presente en el sector de la salud,
la ciencia, la cultura, la educación… Sin embargo, su representación en diversas narrativas
de la nación no es la más fiel.
Más allá de estar marcada por un discurso
hegemónico, la sociedad cubana es patriarcal y
continúa históricamente marcada por un mundo soterrado de violencia. El racismo permanece anclado en la conciencia social y la revolución, como proceso político, no ha logrado
descontruirlo. Tras el derrumbe de muros reales
y simbólicos, la sociedad cubana desprivatizó el
racismo y varios sujetos sociales son víctimas
particulares en todas sus dimensiones. La violencia en la arena pública es muy visible contra
el sujeto discapacitado y el sujeto homosexual
en su diversidad, así como las tribus urbanas
que son atacadas por agentes del orden público.
También se destaca la violencia intrafamiliar
motivada por el complejo habitacional y la
violencia intradoméstica, física ante todo, pero
también verbal, sexual, económica y simbólica,
pero se acentúa una forma especial de violencia:
esa invisibilizacion de la mujer negra y mestiza
que continúa siendo una agresión a nuestra
identidad.
Ellas pertenecen a un grupo que históricamente ha estado en el fondo de la pirámide social, por lo cual se enfrentan continuamente a situaciones de discriminación,
marginación y desvalorización legitimadas
por una sociedad extremadamente machista.
La mujer negra tiene que luchar más que la
mujer blanca contra el machismo. Su imagen ha estado históricamente asociada a una
sexualidad desenfrenada, un codiciado objeto sexual a las que se les reserva solo el papel
de amiga íntima, querida o prostituta. Su
cuerpo, como mercancía erótica, se encuentra atrapado en circuitos de intercambios, lo
cual responde a una historia de dominación
y deseos que se convierten en fantasías públicas. Su historia se enreda en violencia físicas,
sicológicas y sexuales combinadas con prejuicios, marginalismo y limitaciones. Todo
es parte del mural sensitivo de la otredad. La
imagen de la mujer negra es construida a partir de estereotipos negativos, que continúan
hoy reproduciéndose desde los medios audiovisuales y la ciudad letrada.
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Foro Raza e Identidad. Cuba: pasado, presente y futuro
Ser cubana
y no morir en el intento
La televisión y el cine cubanos aún no
han sido descolonizados. La Cuba epidérmica es omitida en su diversidad. Ambas
herramientas de comunicación colaboran
activamente como ambiente de apoyo en la
socialización de esquemas de prejuicios hacia
la otredad. Son estaciones legítimas donde se
promueve un retrato infiel de nuestra ecología
social. La presencia de los afrodescendientes
en los medios está reservada para significar
sus desventajas en una etapa anterior, en la
cual la mujer es más dañada. Su autoestima
es permanentemente violentada y la imagen
que se refleja en la pantalla no se corresponde
con la realidad en su diversidad: ella es la más
ofendida del audiovisual cubano.
Es significativa la ausencia de profesionales de la raza negra en la TV, no se registra
una equidad racial en la pantalla. Es aún más
visible su ausencia en telecentros de la región
central (Cienfuegos, Ciego de Ávila y Villa
Clara), oriental (Holguín( y occidental (Matanzas y Pinar del Río).
Consta en documento oficial (1998) de
política de programación para radio y TV,
la necesidad de mantener adecuado balance
étnico (entiéndase racial) representativo de
la sociedad cubana, pero esta directiva no se
cumple. En determinados programas dramatizados habita un lenguaje sexista y discriminatorio contra la mujer. La más dañada es la
mujer negra. No hay realmente política de
cambio en los medios. Durante años y años,
los actores y actrices han exigido la presencia
de la raza negra en la TV y en los anuncios
publicitarios. En congresos, reuniones, coloquios y eventos internacionales se trae a colación la evidente ausencia de este grupo social
en papeles protagónicos de series televisivas
y filmes, así como en determinados niveles
de gerencia de los medios. En la publicidad
del turismo se utiliza la imagen de la mujer
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afrodescendientes como fetiche u objeto erótico, con sexualidad incontrolable. También es
notable su presencia en la comercialización de
la santería y la marginalidad.
La mujer negra se encuentra atrapada en
el discurso de la diferencia externa; sus vidas
están marcadas también por la ideología de lo
exótico y condenadas por los procesos hegemónicos de belleza impuestos por el nacionalismo
criollo y narcisista, así como despersonalizadas
como objetos del deseo sexual masculino hegemónicamente blanco, del poder patriarcal.
Se invisibiliza toda una historia de resistencia
y de lucha en la que la mujer negra ha sido la
protagonista. Incluso es la ausente del discurso e historiografía oficial, que no aborda como
debe a la Madre Melchora, jefa de un palenque
en las sierras de Pinar del Río durante la etapa
colonial; Fermina Lucumi, la cimarrona heroína y mártir de los alzamientos de Triunvirato,
que dirigió al costo ser fusilada (1844); negras
y mulatas que se destacaron como guerrilleras y
enfermeras en la guerra de independencia, por
ejemplo: María Cabrales y Dominga Moncada,
mientras otras arrastraban vida de servidumbre doméstica o trabajo forzado en plantaciones de caña.
Se registran en la historia social casos de
mujeres negras y mestizas que poseían negocios
propios dentro de la colonia; se desconoce que
en el siglo XVIII mujeres como María Josefa
Aguirre, María del Rosario Sánchez, Juana
Pastor y Asunción Ramírez dejaron su impronta en la pedagogía. En la colonia eran numerosas las escuelas primarias de barrio atendidas
por mujeres negras. No se mencionan en las
letras y las artes poetisas como Cristina Ayala
y África Céspedes, ni en la música a la primera
mujer compositora nacida en Cuba, Catalina
Berroa, ni a Zenaida Manfugas, discípula y una
de las más fieles intérpretes de Ernesto Lecuona.
Durante la república de generales y doctores, la ley de imprenta dio vida a publicaciones
independientes como la revista Minerva, que
contribuyó a dignificar la belleza y autoestima
de la mujer negra. Ella estuvo presente en los
movimientos sociales de clubes, asociaciones,
gremios, sindicatos, partidos políticos, organizaciones feministas y luchas clandestinas. Toda
esta activa participación de la mujer negra,
como perfil de la identidad, es la gran ausente
de las grandes narrativas históricas. Su protagonismo continúa invisibilizado y se desconoce bastante la obra de afrodescendientes para
visibilizarlo en todas sus dimensiones. Investigadoras y ensayistas como Inés María Martiatu, Josefina Toledo, Daisy Rubiera, María
Ileana Faguaga Iglesias; escritoras como Teresa
Cárdenas, Georgina Herrera, María del Carmen González; las desaparecidas Sara Gómez,
Lourdes Casals,Belkis Ayón, Leyda Oquendo,
Vitalia Oviedo y Excilia Saldaña, son aún muy
desconocidas en Cuba. Junto a otras más conocidas, como Marta Rojas y Nancy Morejón, son
mujeres afro que han contribuido a iluminar las
vidas de mujeres al margen de la historia. Son
mujeres que públicamente han dialogado con
sus miedos, su memoria familiar, sus grandes
aspiraciones, golpeando la conciencia y restaurando desgarraduras.
La sociedad cubana tiene como reto incorporar historias de vida de la población
negra en los procesos comunicativos (programas dramatizados o educativos, documentales y otros productos audiovisuales) para
exponer los valores éticos y estéticos como
grupo poblacional étnico y reconocer el papel jugado por los esclavos y sus descendientes en el proceso de formación de la identidad
cubana.
Se deben efectuar cambios en la televisión cubana desde una mirada de género,
promover políticas de integración y mayor
cultura de igualdad, construir un poder que
lleve implícito consensos tanto en la sociedad
civil como política. Es necesario enfrentar el
racismo en los espacios donde se manifieste y
es hora de cambiar la representación de la
mujer cubana en su diversidad etno-racial y
social. Se impone actualizar jurídica y socialmente la igualdad en la diferencia. Mientras
tanto, nuestras mujeres afrodescendientes luchan por ser cubanas y no morir en el intento.
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