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pido, llamo y busco

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pido, llamo y busco
le pidamos, pero además, me dice que Dios es un Padre que se
deja encontrar.
Llamar
La Iglesia en tu Casa
Serie: La belleza de la vejez
PIDO, LLAMO Y BUSCO
Es el tocar la puerta de la misma presencia de Dios. Aquí el
esfuerzo personal es mayor. Puedo pedir desde afuera. Puedo
encontrar la puerta que buscaba. Pero es necesario llamar. La
puerta se abre sólo para el que llama.
Muchas oraciones terminan en el mínimo esfuerzo de la petición.
No son pocos los creyentes que encuentran mucha dificultad
para mantener un tiempo de oración. ¡Cuánto más tiempo
pasemos llamando a la puerta del Señor, menos dificultades
tendremos para orar.
Llamar es clamar. Llamar es insistir. Llamar es perseverar.
Observe lo que dice Hebreos 10: 36 Porque os es necesaria la
perseverancia para que, habiendo hecho la voluntad de
Dios, obtengáis lo prometido.
La Palabra de Dios dice: Clama a mí, y yo te responderé (Jer.
33.3). Clamor es lo que sucede cuando buscamos a Dios con
todas nuestras fuerzas.
Cuando pido, lo hago porque quiero cambiar las cosas. Cuando
busco, es cuando comienza a cambiar mi relación con el Dador
eterno. Pero cuando llamo, soy yo el que cambio.
Cuando pido, encuentro una sola cosa, pero cuando llamo, se
abren las puertas de los cielos, y no sólo puede venir la cosa que
pedí, sino que viene mucho más que ello.
Pedir, coloca los ojos en el pescado y en el pan. Buscar, coloca
mis ojos en las manos del que me da el pescado y el pan.
Llamar, coloca los ojos de Dios en mí.
Rolando Soto M.
Ministerio Esperanza Viva
Centro Cristiano Internacional – 2009
Mateo 7. 7-8
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo
aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
“La oración verdadera nunca queda sin respuesta”, dice el autor
anónimo del libro El cristiano de rodillas.
rodillas Dios responde
siempre con un “sí”, o con uno “no”, o con un “espera”.
Existen respuestas de Dios que vemos, y respuestas positivas
que no vemos peroo ya han sido dadas. Existen respuestas
negativas, sobre todo allí donde nosotros aún no somos dignos o
no estamos preparados para recibirlas. Existen respuestas que
aún no les corresponde el tiempo.
El autor de El cristiano de rodillas,, comparte un pensamiento
pens
precioso: “... no hay dádiva que sea “buena” si el niño no está
maduro para recibir aquel don. Dios no nos da nunca nada que
no podamos, o no queramos, usar para su gloria”. Y también
agrega que “podemos estar tranquilos que Dios nunca nos
concedee hoy los dones que debe darnos mañana”.
No hay nada que complazca más a Dios que el responder a sus
hijos. ¿Sabes cuál es la mayor razón por la que Dios contesta
nuestras peticiones? Dios contesta las peticiones porque somos
sus hijos. Eso es lo que explican
plican los versos
v
9-11 de Mateo 7.
Aquí Jesús nos está hablando de la oración de súplica. Existen
tres niveles en la oración de súplica.
Pedir
Buscar
Dios quiere que le pidamos. Reconozcamos que hay dos
hechos que bloquean la oración: lo que pedimos, y cómo lo
pedimos. Santiago 4.2 dice: Pedís, y no recibís, porque pedís
mal, para gastar en vuestros deleites”. Dios no responderá una
petición que en lugar de arrojarnos a sus brazos nos arroje a los
brazos del mundo.
Pero existe un segundo nivel de la oración de súplica: buscar.
La gente pide y pide, y muchas veces se cruza de brazos. Dios
dice: “pide”, pero también nos dice: “busca”.
Nosotros no merecemos nada. Es por la gracia de Dios que
podemos ser escuchados. De allí la demanda de una actitud
humilde y agradecida de nuestra parte.
El pastor Richard Foster hace una pequeña aclaración con
respecto a la oración de súplica: “Cuando el pedir es para
nosotros mismos, se llama petición; cuando es a favor de otros,
se llama intercesión”.
Como, en muchas circunstancias yo no sé pedir (ni por lo que
pido, sino cómo lo pido), tengo a mi favor al intercesor por
excelencia: el Espíritu Santo (Romanos 8.26-27). Ravenhill decía
que “orar es ponernos a nosotros mismos bajo el dominio del
Espíritu Santo a fin de que Él pueda obrar en y por nosotros
aquello que le pedimos”.
Foster afirma que “La cuestión es que no todo debe estar
perfecto cuando oramos. El Espíritu reformula, refina y
reinterpreta nuestras débiles y egocéntricas oraciones.
Podemos descansar en el trabajo que el Espíritu hace a nuestro
favor”. La oración es el Espíritu hablando. Jesús nos dice:
“Cuando ores, ora en mi nombre, y el Padre te concederá lo
que pidas”. No todo lo que deseamos lo recibiremos de Dios,
pero Él siempre nos dará lo que necesitamos.
Lea Jeremías 29. 11-13. Dios tiene “pensamientos”. Otras
versiones de la Biblia dicen que Dios tiene “planes”. Dios tiene
“planes de bienestar” para cada uno de nosotros, como lo tenía
para el pueblo exiliado de Israel.
Cuando oro buscando a Dios, muchas veces me olvido del
motivo de mi oración para hallarle a Él.
¡Cuántas veces oramos buscando las “cosas” que el Señor nos
puede dar, pero no al Señor de las cosas! Dios ha dicho: si
ustedes me buscan, me hallarán.
Dios se ha acercado a nosotros primero. Podemos buscar con
confianza, porque Dios ha dado el primer paso: Él se encarnó. El
nos amó, antes que nosotros lo amáramos.
La oración no es persuadir a Dios que haga algo que queremos.
Al orar no estamos venciendo la resistencia de Dios, sino
activando su complacencia.
Que tesoro hay en las palabras de Hebreos 11.6: Pero sin fe es
imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se
acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los
que le buscan. Otra versión dice: que Dios recompensa a los
que le buscan.
Lea 2 Crónicas 7. 14. Muchos queremos respuestas de Dios, sin
encontrar al Dios de las respuestas. Un hombre de Dios, una
mujer de Dios, no se caracterizará principalmente por lo que
tiene, por sus defectos o cualidades, sino por lo que busca.
Estos versículos de Mateo 7, me hablan más de Dios que de la
oración. Me dicen que Dios es un Padre que se agrada en que
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