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Las cárceles y el SIDA

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Las cárceles y el SIDA
1
Las cárceles y el SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA
Abril de 1997
Colección ONUSIDA
de Prácticas Óptimas
Panorama
En muchos ambientes carcelarios las tasas de infección por el VIH
son elevadas. A menudo otras enfermedades – incluidas la hepatitis B,
la hepatitis C y la tuberculosis – también son mucho más prevalentes
en las cárceles que fuera de ellas.
Las cárceles no son mundos completamente cerrados. Cada día
entran y salen de ellas presos y otras personas, entre ellas el
personal de la cárcel y las visitas. Muchos presos ingresan en la
cárcel sólo para sentencias cortas, y otros pasan allí varios periodos,
volviendo al mundo exterior cada vez que los dejan libres.
Deben tomarse todas las medidas posibles para prevenir la
transmisión del VIH en las cárceles, en beneficio no sólo del
personal y de los reclusos, sino también de la sociedad en general.
Entre los factores generales imperantes en las cárceles que pueden
facilitar la propagación del VIH figuran el hacinamiento, un ambiente
general de violencia, tensión y miedo, la falta de información sobre
el VIH, y la falta de instalaciones sanitarias adecuadas.
Los factores concretos responsables de la transmisión del VIH en la
cárcel son la inyección de drogas con agujas y jeringuillas compartidas
y sin esterilizar, las relaciones sexuales con penetración entre hombres,
y el tatuaje con equipo compartido y sin esterilizar.
Entre las respuestas específicas a los problemas del uso de drogas
intravenosas y de las relaciones sexuales entre hombres cabe citar
las siguientes:
• reducir la demanda y ofrecer tratamiento a los presos toxicómanos,
incluidos el tratamiento de sustitución o el programa de suministro
(por ejemplo, con metadona)
• suministrar lejía líquida concentrada para esterilizar agujas y
jeringuillas (incluidas las que se utilizan para el tatuaje), junto
con instrucciones para su uso adecuado
• facilitar agujas estériles sobre la base del intercambio: una aguja
nueva por otra usada
• implantar la educación recíproca entre los presos que se inyectan,
recurriendo a antiguos reclusos y toxicómanos por vía intravenosa
• favorecer un acceso discreto y fácil a los preservativos
• facilitar educación sobre los riesgos de la transmisión del VIH
tanto a los presos como al personal de la cárcel.
Entre las respuestas de índole general que podrían ayudar a reducir
la transmisión del VIH figuran las siguientes:
• cerciorarse de que se respeta el derecho básico de todo preso
a la asistencia sanitaria, la cual debe ser comparable a la que
recibiría fuera de la cárcel
• poner fin al hacinamiento
El Programa Conjunto de las Naciones
Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA)
está preparando una serie de materiales
sobre temas de interés relacionados con
la infección por el VIH y con el SIDA, con
las causas y consecuencias de la epidemia
y con las prácticas óptimas en materia de
prevención y de asistencia y apoyo a los
afectados por el SIDA. Para cada uno de
los temas tratados en la Colección
ONUSIDA de Prácticas Óptimas se incluye
por lo general un texto breve dirigido a
los periodistas y los líderes de la comunidad
(Punto de vista); un resumen técnico de
las cuestiones, los retos y las soluciones
propuestos (Actualización técnica); estudios
de casos de todo el mundo (Estudios de
casos de Prácticas Óptimas); un conjunto
de material gráfico para exposiciones; y
una lista de material fundamental (informes,
artículos, libros, audiovisuales, etc.)
sobre el tema. Estos documentos se
actualizarán según sea necesario.
Las series Actualización técnica y Punto
de vista se publican en español, francés,
inglés y ruso. Pueden obtenerse gratuitamente ejemplares sueltos de las publicaciones de la Colección de Prácticas
Óptimas pidiéndolos a los Centros de
Información del ONUSIDA. Para localizar
el centro más cercano, consultar ONUSIDA
en Internet (http://www.unaids.org),
ponerse en contacto con el ONUSIDA
por correo electrónico ([email protected]),
telefonear (+41 22 791 4651) o escribir
al Centro de Información del ONUSIDA
(20, Avenue Appia, 1211 Ginebra 27, Suiza)
Las cárceles y el SIDA: Actualización
técnica del ONUSIDA (Colección
ONUSIDA de Prácticas Óptimas:
Actualización técnica). Ginebra:
ONUSIDA, Abril de 1997.
1. Síndrome de inmunodeficiencia
adquirida—transmisión
2. Síndrome de inmunodeficiencia
adquirida—prevención y control
3. Cárceles
4. Inyecciones
5. Abuso de sustancias
WC 503.71
• buscar maneras de reducir el clima de violencia.
Un importante cambio estructural que facilitaría muchas de las
respuestas específicas consiste en poner la atención sanitaria en las
cárceles bajo control de las autoridades de salud pública.
En general, aislar a los reclusos basándose en que son portadores
del VIH no contribuye a reducir la transmisión del virus.
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Abril de 1997
Las cárceles y el SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA
Antecedentes
En muchas cárceles del mundo la prevalencia del VIH es mucho más alta que en la sociedad exterior.
En ellas suele haber también una tasa muy superior de algunas otras enfermedades, como las
hepatitis B y C, la sífilis y la tuberculosis. La experiencia ha mostrado que puede hacerse mucho
para contener la propagación del VIH, pero para ello los responsables del sistema penitenciario
deben reconocer primero determinados factores de riesgo y formas de comportamiento en las
cárceles.
Muchas de las personas que son
VIH-positivas en la cárcel ya
estaban infectadas fuera de ella.
Muchas proceden de sectores de
la población que soportan una
carga de infecciones por el VIH
superior al promedio. Además,
muchos de los presos están en
la cárcel por consumo o tráfico
de drogas y dentro de ella
continuarán consumiéndolas. Lo
reconozcan o no las autoridades
– y por mucho que traten de
impedirlo – en muchos países los
reclusos introducen y consumen
drogas en la cárcel, y en todas
las cárceles para varones éstos
generalmente tienen relaciones
sexuales entre sí. Negar o no
tener en cuenta estos hechos no
ayudará a resolver el problema
de la constante propagación del
VIH, puesto que ambas formas de
comportamiento son factores de
riesgo de la transmisión del VIH.
En todo el mundo ha habido un
crecimiento continuo de la comorbilidad en las cárceles, es decir,
un creciente número de reclusos
presentan una combinación típica
de enfermedades tales como la
tuberculosis, la hepatitis C y la
infección por el VIH. Asimismo,
al igual que en la población
general, ha habido un incremento
en la incidencia de la tuberculosis
polifarmacorresistente.
Los presos a menudo se hallan
en un posición extremadamente
vulnerable: frente al poder de las
autoridades penitenciarias (así
como de otras personas con
autoridad con las que pueden
entrar en contacto, como son los
policías) y frente a las exigencias
sexuales y de otro tipo se sus
compañeros de reclusión, muchos
de los cuales son violentos por
naturaleza. Con frecuencia las
cárceles están superpobladas
y funcionan en una dinámica de
castigo y violencia, y a veces de
esclavitud dentro de la jerarquía
carcelaria.
También los funcionarios de
prisiones corren el riesgo de
contraer la infección por el VIH,
por ejemplo al pincharse accidentalmente con una aguja de inyectar
droga en una inspección sistemática
de las camas y los armarios de
los presos. Asimismo, se exponen
a contraer el VIH por contacto
sexual con reclusos.
Las elevadas tasas de prevalencia
del VIH, de la tuberculosis y de la
hepatitis en las cárceles deberían
ser motivo de suma preocupación
para la comunidad en general.
Al fin y al cabo, la población de
las cárceles es fluctuante, con
entradas y salidas constantes de
personas. Llega un momento en
que la mayor parte de los reclusos
salen libres a la comunidad,
y algunos ingresan y salen de la
cárcel varias veces. Aunque sólo
sea por su propio interés, si no
por otros motivos, la comunidad
y sus dirigentes deberían
reaccionar rápidamente y de
forma inteligente ante el problema
del VIH en las cárceles.
Como lo han mostrado varios
tipos de intervención en todo el
mundo durante el último decenio,
es mucho lo que puede hacerse
para reducir la propagación
alarmante del VIH en las cárceles.
Al igual que en otros ámbitos de
la sociedad afectados por la
propagación del VIH, es importante,
en primer lugar, poner fin a la
negación de lo que está ocurriendo:
en este caso, el uso de drogas
intravenosas y el contacto sexual.
Luego, deberá facilitarse a la
gente la información, la educación
y los recursos necesarios para
evitar la infección. En el caso de
la población carcelaria se empieza
con una cierta ventaja: el hecho
de que los reclusos constituyan
una comunidad «cautiva» brinda
una oportunidad excepcional
para acceder fácilmente a ellos,
con la finalidad de darles la
educación y los materiales
necesarios para la prevención
de la infección por el VIH.
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Las cárceles y el SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA
Abril de 1997
Los problemas
El fenómeno
de las drogas intravenosas
En muchas cárceles las drogas
son un fenómeno habitual, puesto
que muchos presos ingresan con
hábitos de toxicomanía ya bien
arraigados y a menudo encuentran la forma de continuar usando
drogas dentro de ellas. Las drogas
intravenosas suelen ser las
preferidas. Los que se inyectan
drogas comparten casi siempre
agujas y jeringuillas; mientras
que introducir a escondidas
agujas y jeringuillas en la cárcel
es factible, no es tan fácil volverlas
a sacar o deshacerse de ellas.
A veces llegan incluso a hacerse
el material de forma casera, por
ejemplo transformando bolígrafos
en agujas. En un contexto penitenciario normal rara vez puede
esterilizarse adecuadamente el
material de inyección; el agua
por sí sola no basta.
Compartir el material de inyección
constituye una vía muy eficaz de
transmisión del VIH, mucho más
que el contacto sexual. En una
encuesta reciente llevada a cabo
en una cárcel de mujeres de la
Baja Sajonia, en Alemania, se
observó que aproximadamente
un tercio de la muestra eran
consumidoras de drogas por vía
intravenosa. El 4,9% de las
mujeres pertenecientes a este
grupo eran VIH-positivas, frente
al 0,5% de las que no se
inyectaban drogas. En algunas
otras poblaciones carcelarias se
han registrado tasas de infección
por el VIH mucho más altas.
Con frecuencia no se dispone de
tratamiento (incluidos el tratamiento
de sustitución o el de suministro)
para los reclusos toxicómanos, o
bien éste es mínimo. A los presos
toxicómanos que estaban en
tratamiento antes de ingresar en
la cárcel incluso puede negárseles
la continuación del mismo.
Las relaciones sexuales
en las cárceles
En las cárceles de varones de
todo el mundo el contacto sexual
entre hombres es un fenómeno
habitual. Las estimaciones varían
considerablemente. Una encuesta
realizada en 1993 en Río de
Janeiro (Brasil) pareció indicar
que el 73% de los presos varones
habían tenido relaciones sexuales
con otros hombres en la cárcel,
mientras que varias encuestas
recientes llevadas a cabo en
Zambia, Australia y el Canadá
arrojan cifras que oscilan entre
el 6% y el 12%. Las relaciones
pueden ser de común acuerdo,
pero pueden ser asimismo
forzadas en mayor o menor grado.
La violación también es un hecho.
En algunas cárceles la violación
es un «fenómeno habitual»:
a veces a modo de iniciación
institucionalizada, que puede
adoptar la forma de violación
en banda.
Muchos reclusos se hallan en
la cárcel por delitos violentos.
Algunos son psicológicamente
inestables. En el ambiente tenso
y claustrofóbico de las cárceles,
con sus propias reglas, jerarquías,
alianzas y enemistades entre los
presos, pueden producirse con
facilidad agresiones – inclusive
de tipo sexual – contra reclusos.
Entre las relaciones sexuales
practicadas entre hombres en las
cárceles figura el coito anal, que
puede ser más o menos frecuente
según los lugares. El coito anal
sin protección es un factor de alto
riesgo de transmisión del VIH.
El riesgo es incluso mayor sin
lubricación o si el coito es forzado,
como en el caso de violación.
En las cárceles no se dispone por
regla general de preservativos.
En las cárceles de mujeres en que
hay funcionarios varones también
pueden darse las relaciones
sexuales entre ambos sexos.
El tatuaje
El tatuaje es habitual en las
cárceles. Con frecuencia se
comparten agujas y pistolas
tatuadoras, con el consiguiente
riesgo de transmisión del VIH.
Los ritos de iniciación de «pacto
o hermandad de sangre» también
son actividades de alto riesgo.
Falta de información
y pruebas del VIH
sin consentimiento
En la mayor parte de las instituciones
penitenciarias se hace poco por
educar a los presos acerca de los
riesgos del VIH. En algunos países
se llevan a cabo las pruebas del
VIH entre la población reclusa,
pero a menudo sin haber obtenido
su consentimiento informado.
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Abril de 1997
Las cárceles y el SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA
Los problemas
Asistencia sanitaria mínima
Frecuentemente la asistencia
sanitaria a los reclusos seropositivos
o con SIDA es nula o mínima, en
comparación con la que éstos
podrían recibir fuera de la cárcel.
A veces las autoridades estiman
que aislar a los presos seropositivos o con SIDA es la respuesta
adecuada para detener la propagación del VIH en las cárceles.
Negación de la realidad
de la vida carcelaria
En la mayoría de los países las
drogas intravenosas que se usan
de forma recreativa son ilegales.
En algunas sociedades la práctica
de relaciones sexuales entre
hombres es ilegal o reprobada
por ciertos sectores culturales o
religiosos. Sin embargo, incluso
en los países en que no están
prohibidas esas relaciones en
la comunidad en general, con
frecuencia este mismo comportamiento dentro de las cárceles
está proscrito.
Esta estricta ilegalidad de diversas
formas de comportamiento en la
cárcel da lugar a la negación de
que se practican tales actividades
y hace muy difícil empezar incluso
a examinar los medios para
resolver los problemas.
El experimento
de Hindelbank: acceso a
material de inyección estéril
En junio de 1994, en la prisión de
mujeres de Hindelbank, en Suiza, se
inició un experimento de suministro
de agujas estériles durante un año.
Debido al éxito del proyecto, al término del año se decidió proseguirlo.
Esa cárcel alberga un número de
hasta 100 mujeres, en seis alas,
y la mayoría de las reclusas cumplen
condenas por delitos relacionados
con las drogas. En el marco de ese
proyecto se instalaron máquinas
distribuidoras de agujas estériles en
diversos lugares accesibles (duchas,
excusados, zonas de almacenamiento).
Se permitió a las reclusas que
guardaran un juego del material de
inyección (no más de uno), y sólo en
un armario especialmente destinado
a este efecto.
La evaluación efectuada al cabo del
primer año del proyecto mostró que
no había habido nuevos casos de
VIH o hepatitis en la cárcel y que
la salud de las reclusas había
mejorado. Además, se observó que
había disminuido significativamente
la compartición de agujas, que
no había aumentado de modo
ostensible el consumo de drogas
y que no se habían utilizado las
agujas como armas.
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Las cárceles y el SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA
Abril de 1997
Las respuestas
En algunas sociedades, las
autoridades legislativas y políticas,
al igual que el conjunto de la
opinión social, cultural y religiosa,
quizá no puedan llegar por sí
solas a aceptar determinadas
formas de comportamiento (en la
cárcel o fuera de ella), incluidos
el comportamiento sexual y el
consumo de drogas intravenosas.
Pero en lugar de dar a suponer
que no existen tales comportamientos (y por ende la propagación
del VIH), sería más fructífero que
reconocieran tácitamente su
existencia y al mismo tiempo
permitieran tácitamente una
respuesta apropiada y eficaz
de una forma discreta.
Para hacer más fácil su respuesta,
las autoridades podrían preferir
considerar algunas de sus intervenciones contra el VIH en las
cárceles como medidas experimentales. Si da buen resultado (y
hasta la fecha algunas respuestas
lo han dado realmente), ese
periodo experimental puede
prolongarse indefinidamente.
Intervenciones relativas
al consumo de drogas
intravenosas
La propagación del VIH en muchas
cárceles, estimulada por la
compartición del material de
inyección, hace necesaria una
respuesta enérgica. La prohibición
de las drogas (en teoría, esta es
la política en casi todas las cárceles)
siempre ha fracasado. Existen
varias otras opciones posibles,
algunas de las cuales se están
ensayando. Ninguna de ellas es
necesariamente fácil, y a menudo
se encuentran problemas – de
orden práctico y ético – que
requieren una solución.
• Instaurar medidas para reducir
la demanda y ofrecer tratamiento
para los presos toxicómanos.
Es importante proporcionar un
tratamiento de sustitución – por
ejemplo, con metadona – a los
reclusos que deseen iniciarlo
o continuar el que han iniciado
fuera de la cárcel. Otra medida
importante consiste en ofrecer
tratamiento para reducir la
demanda o para ayudar a
interrumpir la adicción.
• Proporcionar lejía líquida
concentrada a los presos, junto
con instrucciones sobre el modo
de esterilizar las agujas y jeringuillas. Esta intervención ha dado
resultado en varias cárceles
(incluidas algunas en Europa
y Australia, algunos países
africanos y al menos un país de
América Central) y se continúa
ensayando en otras. Algunas
personas temen que se haga un
mal uso de la lejía, por ejemplo
para agredir al personal de la
cárcel o a otros reclusos, o para
intentar suicidarse. Esto no ha
sucedido en ninguna cárcel dónde
se ha probado la distribución
de lejía.
• Distribuir gratuitamente agujas
y jeringuillas estériles, sobre una
base de intercambio (el recluso
obtiene una aguja nueva a cambio
de la usada). La primera cárcel del
mundo en adoptar un programa
de intercambio de agujas fue la
prisión de máxima seguridad para
hombres de Oberschöngrün (Suiza),
en 1993, en el marco de un plan
no oficial. Un año más tarde este
enfoque fue probado oficialmente
y ensayado científicamente en la
cárcel de Hindelbank, también en
Suiza (véase el recuadro). Fue un
gran éxito y desde entonces esa
idea se ha puesto en práctica en
otras cárceles, incluidas dos en
Alemania. En esos planes se
puede seguir considerando ilegal
la posesión de drogas, pero la de
una sola aguja se pasa por alto
sin más y no es motivo para una
acción disciplinaria o un análisis
de orina.
• Estimular la educación recíproca
sobre el VIH y el consumo de
drogas intravenosas entre reclusos
toxicómanos. Esto también podría
plantearse como una labor extrainstitucional a cargo de reclusos
o ex reclusos toxicómanos. Esta
respuesta puede contribuir a
promover la participación de los
presos en los programas para
dejar la droga, o bien, si insisten
en no dejar este hábito, hacer que
puedan evitar todo riesgo mediante
el uso correcto de lejía y el intercambio de agujas y jeringuillas.
Proteger a los reclusos que
tienen relaciones sexuales
en la cárcel
En las cárceles de hombres es
conveniente facilitar preservativos
y lubricante a los presos – mediante
máquinas distribuidoras o, probablemente mejor y más discretamente, por conducto del funcionario
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Abril de 1997
Las cárceles y el SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA
Las respuestas
médico, en privado. Esto se está
haciendo ya en un número
creciente de países.
En las cárceles de mujeres con
personal de prisión masculino,
tanto éste como las reclusas
deben ser informados de los
riesgos inherentes a las relaciones
heterosexuales no protegidas.
Reducir el clima de violencia
Deben encontrarse medios para
prevenir las agresiones contra
presos, incluidos el abuso sexual
y la violación. En estos casos los
preservativos no servirán para
nada. Hay que enseñar a los
funcionarios de prisiones a evitar
el uso innecesario de la fuerza
o la brutalidad y a respetar los
derechos, la dignidad y el
bienestar de los reclusos.
Acabar con el hacinamiento
Muchas cárceles están enormemente superpobladas. En los
Estados Unidos de América, por
ejemplo, en el decenio inmediatamente anterior a 1995 casi se
duplicó la población reclusa. Debe
reconocerse la influencia que tiene
el hacinamiento de las cárceles
en las deficientes condiciones
higiénicas, en la transmisión de
enfermedades y en el aumento de
las tensiones, incluidas las
de tipo sexual.
Facilitar el tatuaje sin riesgo
En las cárceles está muy extendido
el tatuaje, a menudo más que el
uso de drogas intravenosas, y con
frecuencia el material para tatuar
se comparte. Es importante
proporcionar lejía líquida para
esterilizar dicho material. Como
en general las autoridades
consideran el tatuaje una práctica
aceptable (y muchos funcionarios
de prisiones también están
tatuados), debería haber menos
oposición al uso de lejía con esa
finalidad. Esto ya en sí mismo
puede ser una manera cómoda
de introducir el uso de lejía para
esterilizar el material de inyección,
especialmente después de haberse
comprobado que esta sustancia
no se utiliza como arma. En todo
caso, la lejía se encuentra ya a
menudo en las cárceles, casi de
manera inadvertida, como medio
ordinario de limpieza de los baños
y otras zonas.
Reforzar el derecho
a la asistencia sanitaria
Deben respetarse los derechos
humanos fundamentales, incluido
el derecho a la asistencia sanitaria.
Los presos tienen derecho a
recibir una asistencia sanitaria
de la misma calidad básica que
la disponible fuera de la cárcel.
Antes de practicarle cualquier
prueba de detección del VIH
deberá obtenerse siempre el
consentimiento informado del
recluso.
No aislar a los presos en
razón de su seropositividad
Si debe procederse al aislamiento
de los presos o a su agrupamiento
en un ala determinada de la cárcel,
ello se hará sin hacer referencia
a si son seropositivos o no.
Poner la asistencia sanitaria
en la cárcel bajo el control
de las autoridades sanitarias
La experiencia adquirida en
diversos sistemas penitenciarios
muestra que las autoridades de
salud pública pueden prestar la
asistencia sanitaria en las cárceles
con mayor eficacia que la administración penitenciaria. Además,
esto tiene la ventaja de reforzar
los vínculos entre la salud en la
comunidad (incluidos la educación
y el asesoramiento sobre la salud)
y la salud en las cárceles. Entre
los países que han adoptado esta
política figuran Noruega, dónde
se viene aplicando desde hace
algún tiempo, y Francia, que en
1994 transfirió a su Ministerio
de Salud el control de la salud
penitenciaria. En la cárcel
francesa de Les Baumettes, en
Marsella, se ha observado una
mejora significativa de la situación
desde que se estableció la nueva
política.
Facilitar información
Debe facilitarse educación e
información sobre el VIH/SIDA
a todos los funcionarios de
prisiones y reclusos.
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Las cárceles y el SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA
Abril de 1997
Material fundamental
Organización Mundial de la
Salud. WHO guidelines on HIV
infection and AIDS in prisons.
Ginebra, 1993 (WHO/GPA/DIR/
93.3). Artículo de 10 páginas
escrito desde la perspectiva de la
salud pública que propone pautas
para las autoridades penitenciarias
en la labor encaminada a prevenir
la transmisión del VIH y dispensar
asistencia a los reclusos con VIH o
enfermos del SIDA.
Programa Conjunto de las
Naciones Unidas sobre el VIH/
SIDA (ONUSIDA). HIV/AIDS in
Prisons. Statement to the fiftysecond session of the United
Nations Commission on Human
Rights, Geneva, April 1996. Ginebra,
1996. Resumen de dos páginas
de los derechos humanos fundamentales de los presos con respecto
al SIDA, incluidos el acceso a la
educación sobre el VIH, el acceso
a la atención de salud y la
prevención del VIH, y el derecho
a la seguridad de la persona.
Jurgens R. HIV/AIDS in prisons:
final report. Montreal, Canadian
HIV/AIDS Legal Network y Canadian
AIDS Society, septiembre de 1996.
Informe exhaustivo de 150 páginas
que resume la historia del VIH
en las cárceles de todo el mundo.
Hace un análisis detallado de las
cuestiones prácticas, éticas y
jurídicas, particularmente en el
sistema penitenciario canadiense.
Kingma S.J. HIV/AIDS in prison:
emerging moral and legal
dilemmas. Ginebra, Programa
Conjunto de las Naciones Unidas
sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA),
inédito. Texto del discurso
pronunciado en la reunión de la
Red para la Salud en las Cárceles
(Health in Prisons Network),
celebrada en octubre de 1996
en Lisboa. En tres páginas se
propugna la adopción de
programas de prevención del
VIH/SIDA en las cárceles y se
resumen las cuestiones jurídicas
y morales.
AIDS & SOCIETY, International
Research and Policy Bulletin,
Special Issue: AIDS in prisons.
6:3. Marzo-abril de 1995. Número
de 12 páginas con un comentario
sobre la justicia penal y el SIDA,
varios artículos breces sobre la
situación mundial, el enfoque de
China con respecto a la lucha
contra el VIH, la educación sobre
el SIDA y la policía de Nueva
York, y actualizaciones sobre
el Canadá, Escocia y Australia.
© Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA, 1997. Reservados todos los derechos. Esta publicación puede reseñarse, citarse, reproducirse
o traducirse libremente, en parte o íntegramente, siempre y cuando se nombre su procedencia. No se permite su venta o su uso en conexión con fines comerciales
sin la aprobación previa por escrito del ONUSIDA (información: Centro de Información del ONUSIDA, Ginebra, véase pág. 2). Las opiniones expresadas en
documentos de autor mencionado son de su responsabilidad exclusiva. Las denominaciones empleadas en esta publicación y la forma en que aparecen
presentados los datos que contiene no implican, por parte del ONUSIDA, juicio alguno sobre la condición jurídica de países, territorios, ciudades o zonas, o de
sus autoridades, ni respecto del trazado de sus fronteras o límites. La mención de determinadas sociedades mercantiles o de nombres comerciales de ciertos
productos no implica que el ONUSIDA los apruebe o recomiende con preferencia a otros análogos. Salvo error u omisión, las denominaciones de productos
patentados llevan letra inicial mayúscula.
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Abril de 1997
Las cárceles y el SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA
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