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un soldado en radio sarajevo

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un soldado en radio sarajevo
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EL MUNDO. SÁBADO 14 DE MARZO DE 2015
EM2
COMUNICACIÓN
Un acceso al túnel de Sarajevo por el que se burlaba el sitio de las tropas serbias. REPORTAJE GRÁFICO: EDUARDO MARÍN
‘GOOD NIGHT, SARAJEVO’ LA HISTORIA DE BOBAN MINIC
UN SOLDADO EN RADIO SARAJEVO
Un documental retrata
a un locutor bosnio
afincado en Cataluña
que luchó contra el
sitio de Sarajevo
desde las ondas
FRANCISCO CARRIÓN
ESPECIAL PARA EL MUNDO
Durante 1425 días, las balas agujerearon el alma de Sarajevo. Cerca de
14.000 personas perdieron la vida en
un asedio que sacudió la conciencia
del mundo. En mitad de las noches
sin luz, del estruendo de las bombas
y de la humedad de los refugios, los
supervivientes se aferraron a un
transistor. Al otro lado, la voz de Boban Minic les abría una ventana
más allá de la desolación y el espanto. Más allá del cerco. «La palabra
era mi única arma. Me quedé siendo
totalmente consciente de que sería
difícil pero no podía estar al margen.
Mi ciudad, mis amigos y mi familia
estaban en peligro y mi única opción
era permanecer y transmitir un poco de esperanza y tranquilidad. Ayudar a la gente a sobrevivir», confiesa a EL MUNDO Minic en una conversación telefónica desde L’Escala,
el pueblo de Girona donde reside
desde hace 20 años.
Su testimonio –portentoso y desgarrador– es el eje central del documental Good night Sarajevo, que
recorre estos días festivales a uno
y otro lado del Atlántico.
La aventura de trasladar a la
gran pantalla la biografía de Minic
surgió en un curso de fotoperiodismo en los Balcanes. «Antes de
viajar decidí documentarme. Uno
de los libros que cayó en mis manos fue el de Minic, Bienvenido a
Sarajevo, hermano. Y me enamoré de un relato que habla de la vida de la gente en mitad de la guerra y de su maneras de luchar»,
reconoce el periodista Eduardo
Marín, director y guionista del filme junto al realizador de televisión Olivier Algora.
LA ÚNICA VENTANA
En el documental –que acompaña a
Minic durante un emotivo regreso a
su patria– el micrófono y el recuerdo de sus veladas en Radio Sarajevo son protagonistas absolutos. «Es
un tópico pero en mi caso es realidad. La radio es toda mi vida porque empecé a trabajar en ella siendo estudiante y no la dejé hasta mi
salida de Sarajevo», admite el bosnio. «Encontré en la radio –agrega–
una fuerza inusual que quedó demostrada cuando, ante la interrupción de la electricidad y la destrucción de las antenas de televisión, la
radio se convirtió en la única ventana para miles de ciudadanos asustados y confinados en sótanos».
Grabado en el tiempo récord de
ocho días, el documental levanta acta de aquellos días de angustia. «La
radio accedió donde ningún otro
medio pudo. Los sarajevitas llegaron
a hervir las pilas del transistor para
El periodista y superviviente Boban Minic, delante del micrófono.
LA JERUSALÉN EUROPEA CONVIVE
EN LA MISMA CASA FAMILIAR
«Sarajevo era en verdad todo un universo», dice Minic,
consciente de la que la ciudad que venera sólo existe en
sus recuerdos. También el crisol que un día habitó sus
hogares. «En muchas ocasiones expliqué el Sarajevo
antes de la guerra a través de mi casa natal. En la planta
baja vivía una familia musulmana; encima un familia
bosnio croata, es decir católica; más arriba una familia
serbio bosnia, ortodoxa; y en el ático mi familia que era
atea y que tenía gente de todas las procedencias», añade
el cronista de una guerra que considera inacabada. F. C.
que duraran más. La radio traspasó
las fronteras de Bosnia Herzegovina
y gracias a ella quienes habían huido o habían perdido la pista a sus fa-
miliares pudieron saber la suerte
que habían corrido sus parientes»,
subraya Marín, un apasionado de
las ondas que trabaja actualmente
en la delegación de la agencia Efe
en Egipto. Financiado a través de
micromecenazgo, el documental incluye el testimonio de aquellos a los
que la voz de Minic guió en la oscuridad y evoca la bomba que arrasó el
mercado de Sarajevo segando la vida de 68 personas, entre ellas, la
hermana del locutor.
Pertrechado por una mochila cuyo contenido solo se desvela al final,
el periodista transita los lugares
donde creció y vivió hasta que –con
la voz devastada por interminables
horas de trabajo– decidió huir por el
túnel horadado para sortear el sitio
de las tropas serbias. «Minic es un
enamorado de Sarajevo. Su familia,
su mujer e hijos, abandonaron la
ciudad al cabo de muchos meses de
guerra. Él se terminó marchando
cuando perdió su arma y no pudo
seguir defiendo a su pueblo», recalca Marín. En las últimas dos décadas el protagonista de Good night
Sarajevo evitó pisar los estudios de
Radio Sarajevo. «Los que salimos tenemos la guerra congelada. Mis sentimientos no avanzan, por eso es tan
duro volver», murmura Minic. La
grabación del documental fue la excusa para reconciliarse con la casa
en la que ejerció su profesión y saldar –por fin– cuentas. «La visita causó en mi un sentimiento muy raro.
Parecía que el corazón quería saltar
del pecho. Al final conseguí ver de
nuevo a algunos de los amigos que
me quedan allí. Ahora estoy más
tranquilo porque me arranqué una
espina clavada», concluye.
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