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interior, pude romper algunos quistes secundarios y retirar gran

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interior, pude romper algunos quistes secundarios y retirar gran
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31
—
Operación. —Cloroformizada la enferma, practiqué una incisión de
25 centímetros por debajo del ombligo y al llegar al peritoneo salió una
pequena cantidad de líquido ascítico. Al reconocer la existencia de ad
herencias encontré el tumor libre, excepto alguna pequena brida, que lo
unía con la pared anterior y que se desprendió fácilmente. Puncioné el
quiste y salió gran cantidad de líquido, hasta doce litros, pero el volu
men del tumor era aún extraordinario.
Abrí entonces el quiste cuyas pa
redes eran muy gruesas, é introduciendo la mano en su interior, pude
romper algunos quistes secundarios y retirar gran número de coágulos
sanguíneos, alguno de los cuales llegó á pesar una libra, recientes unos y
antiguos otros: con esta maniobra, disminuyó mucho el volumen del
tumor, pero no lo suficiente para pasar al través de la incisión, pues ha
bía masas sólidas bastante voluminosas, lo cual me obligó á
prolongarla
!o centímetros hacia arriba por la
derecha del ombligo, teniendo por
consiguiente de longitud total 35 centímetros.
Entonces pude extraer el quiste con facilidad encontrando una adhe
rencia fuerte y vascular con el epiploon que corté entre dos
ligaduras.
El pedículo, de tres centímetros de longitud, era grueso y
vascular: lo
sujeté al clamp de Spencer-Wells y separé el tumor. Procedí escrupulo
samente á la limpieza del peritoneo y apliqué
la sutura, terminando la
operación á los cinco cuartos de hora. La parte sólida del tumor pesaba
siete libras. El otro ovario y el útero normales.
La reacción fué lenta pero franca: la temperatura alcanzó el
segundo
día 38 grados y el dolor abdominal intensísimo durante dicho
día: no
tuvo un sólo vómito ni se desarrolló meteorismo, á
pesar de la gran
cantidad de opio que tomó para calmar el dolor. La herida cicatrizó
bien y el clamp se desprendió á los trece días.
El cuarto día empezó á alimentarse y el sexto comía ya
bien: desde
este momento comenzó á desplegarse un movimiento
febril que alcanzó
los 39 grados, sin remisiones, sin alteración ninguna
local ni general,
lengua bien, apetito invariable y con digestión fácil, en vista de lo cual
califiqué dicha fiebre, de fiebre de nutrición.
En la pared abdominal, por encima y hacia la derecha
del ombligo,
presentóse una induración, al parecer subcutánea, de unos seis centíme
tros de diámetro, que sospeché fuera un absceso en
relación con la fiebre
que existía: la puncioné con el trócar para salir de dudas, sin
lograr resul
tado ninguno; lentamente fuése resolviendo hasta
desaparecer por com
pleto, aun persistiendo la fiebre.
La enferma se levantó á los veinte días y pudo salirde casa á los
treinta
persistiendo aun la fiebre de nutrición. A pesar de la alimentación abun
dante y de buena calidad, no empezó á nutrirse la enferma
hasta los
treinta ó treinta y cinco días: á medida que iba recobrando
carnes des
apareció por completo el movimiento febril.
A los cuatro meses de la operación estaba completamente desconoci
—
32
—
da: había adquirido buen color, una gordura regular, había desapareci
do por completo la curvadura de la columna vertebral y estaba ágil y
fuerte para todo. La menstruación reapareció con regularidad dos me
ses después de operada. Actualmente disfruta perfecta salud.
LAPAROTOMíA 6.a— Observación 4.a Francisca Centol de Badiola.—
Quiste unilocular del ovario iwuierdo con adherencias epiplóicas.—
Ovaríotomía el 3 de Mayo de 1884.—En mi clínica (i).—Curación.
Tenía 33 anos de edad, de constitución robusta y buen estado gene
ral. Menstruó á los 14 anos y se casó á los 17, habiendo tenido tres
hijos de los cuales el último á los 24 anos. A los 25 empezó á sentir
la fosa iliaca izquierda, á los 26 tuvo algunas metrorragias que
coincidieron con el abultamiento del vientre, que fué rapidísimo duran
te un ario, con intensos dolores abdominales, pero luego fué creciendo
con suma lentitud, hasta la época actual, en que presenta un abdomen
abultadísimo (145 centímetros al nivel del ombligo) aunque todas las
funciones se verifican bien y la enferma está ágil y dispuesta para todo,
dolores
en
molestándole
tan
sólo el obstáculo del
tumor
abdominal.
Operación.—Incisión de 15 centímetros en la línea alba y en la parte
media entre el ombligo y 'el pubis. Abierto el peritoneo y descubierto el
tumor, reconocí la falta de adherencias parietales, viéndome obligado á
puncionar el quiste y vaciarlo algo antes de este reconocimiento por ser
paredes abdominales
me imposible la introducción de la mano entre las
vaciado
el quiste, del cual
y el tumor, tanta era la tirantez que existía:
encontrando
acafetado,
lo
extraje,
salieron veinte y siete litros de líquido
en
seguida
sujeté el
previa
ligadura
y
una adherencia epiplóica que corté
y
muy
vascular,
con el
largo,
regularmente
grueso
pedículo, que era
peritoneo,
apliqué
limpié
el
Spencer-Wells;
separé
el
tumor,
clamp dé
la sutura y quedó terminada la operación en treinta y cinco minutos. El
ovario estaba sano.
La mayor elevación de temperatura fué de
nales moderados, los vómitos pocos, cayó el
otro
38'5,
los dolores abdomi
clamp al noveno día y una
convalecencia no interrumpida hizo que pudiera darse de alta á los 21
días. Actualmente sigue en perfecta salud.
LAPAROTOMíA 7.s— Observación 5.a Teresa Teixidó de Perpiná.—
Quiste sesil multilocular del ovario izquierdo.—Adherencias parietales
(i) Convencido de la necesidad de que estas operadas tengan un cuidado asiduo y
y'estén rodeadas de buenas condiciones higiénicas, que raras veces pueden
amigo el Dr. Formiguera, hemos
encontrarse en el domicilio de las enfermas, con mi
fundado una clínica especial (calle Hospital, 133, 1.°), con un departamento para enfer
medades del aparato sexual masculino bajo su diréción, y otro de ginecología bajo la
mía, á fin de obtener las mejores condiciones higiénicas y de que los enfermos reciban
esmerado
la esmerada asistencia que necesitan. No dudo que esto tiene una influencia favorable
minuciosidad á todos los detalles y
en los resultados obtenidos, porque se atiende con
que
puedan
serle beneficiosas.
enferma
todas
las
condicione's
de
se rodea á la
—
33
—
inferior del hígado, al estómago, al colon,y á todo
pelvis. Ovariotomía el ii de Mayo de 1884.—En mi
clínica.—Curación.---De 42 arios de edad, natural de Banolas (Gerona),
donde tiene su residencia habitual, es esta enferma de temperamento
linfático-nervioso y constitución bastante débil. Según nota de su médico
de cabecera, Dr. D. Juan Mascaró, sufrió una clorosis cuando joven,
contrajo matrimonio á los 22 anos, y, ninguna dolencia aquejó, habiendo
notado tan sólo que después del último parto quedóle el vientre algo abul
tado; abultamiento que en Abril de 1882, sufrió un rápido aumento de
volumen, que la obligó á consultar con su médico, quien se vió precisa
do á practicar la paracentesis en 15 de Junio del mismo ano, extrayen
do 15 litros de un líquido claro y albuminoso. Reproducido el líquido
al poco tiempo, se practicó la segunda punción en zo del siguiente
Noviembre, operación que debió repetirse el 17 Febrero de 1883, dando
salida á 4 litros de un líquido rojizo. A partir de esta fecha fué menos
rápido el crecimiento del vientre y no se practicó la cuarta punción
hasta Enero de 1884, en que se le extrajeron 20 litros de líquido, que se
reprodujo con bastante rapidez, hasta que en 3 de Mayo del mismo ario,
extensas, á la
cara
el fondo de la
vino á consultarme.
Su estado era en dicha ocasión poco halagüeno: facies ovárica per
fectamente marcada en todos sus detalles; decoloración profunda del ros
tro, hundimiento de los carrillos, cara contraída, surcos naso-labiales
profundos, ojos metidos y una expresión marcada de decrepitud y sufri
miento. El abdomen, abultadísimo, comprimía el diafragma y dificulta
ba la respiración ; las funciones digestivas perezosas é incompletas,
acompanadas de anorexia absoluta y de vómitos molestos: el aspecto del
vientre era liso, con mayor abultamiento hacia la izquierda, macizez
absoluta en todas partes, excepto el vacío derecho. En todas las regiones
del abdomen, y muy especialmente en la zona infra-umbilical, percibíase
al tacto sensación de calor ardiente y sensibilidad análoga á la de la
peritonitis sub-aguda, que hacía sumamente difícil la palpación y moles
ta para la enferma el más insignificante movimiento, por los dolores que
despertaba en toda la región abdominal. Existía astricción de vientre y
micción frecuente y dolorosa, con escasa orina. En los órganos genitales
había un prolapso del útero y de las paredes vaginales de tercer grado:
la pared posterior de la vagina, muy herniada, me hizo creer en un recto
cele, que el tacto rectal demostró no existir; el tumor formado por esta
parte de la vagina, era pastoso y fluctuante, pero su fluctuación no co
municaba con la del abdomen, muy manifiesta en todos sentidos: las
tentativas de reducción del prolapso no producían ningún resultado y
eran sumamente dolorosas. La orina no presentaba ningún cambio que
indicase alteración renal. El aparato respiratorio estaba bien y el sistema
nervioso muy excitable y con un decaimiento moral profundo. El pulso
latía 120 y la temperatura alcanzaba por las tardes 39° y remitía por las
5
—
34
—
mananas á 38 y 38'5. Las extremidades enflaquecidas y huesosas, tenían
fuerza muscular, lo que reunido á los sufrimientos abdominales,
hacían que la marcha fuese para esta enferma muy pesada y molesta. La
menstruación se presentó siempre con regularidad y últimamente acom
panada de fuertes dolores y en mayor abundancia.
Dados los antecentes suministrados por el médico de cabecera y
el estado actual de la enferma, diagnostiqué un quiste del ovario con
peritonitis sub-aguda generalizada. Creyendo que el cuadro que se me
ofrecía á la vista estaba acentuado por la fatiga del viaje (3 horas de
carruaje y 5 de tren), aplacé toda resolución hasta que el reposo de la
paciente me indicase qué parte podía caberle á dicha causa. Algtmejoró
en tres ó cuatro días, pero los síntomas capitales continuaron en el
mismo estado, y, aunque no se me ocultaba la gravedad del caso y las
pocas probabilidades de éxito, atendida la resolución de la enferma y la
convicción que tenía de que una nueva punción paliativa nada mejoraría
las condiciones de la paciente, dada su demacración y la peritonitis sub
aguda existente, para intervenir más adelante con mayor holgura, sino
que por el contrario, aquella aumentaría y ésta consolidaría adherencias
que quizás en los momentos actuales no presentarían gran resistencia,
me decidí á practicar la ovariotomía, siendo al efecto trasladada á mi
clínica en donde la operé el día ti del mismo mes.
Operación.—Hecha una incisión de i8 centímetros entre el ombligo
y el pubis, llegué hasta la hoja peritoneal que al cortarla encontré com
pletamente adherida á la superficie del quiste: cerciorado de que estaba
dentro la cavidad del peritóneo, busqué por los dos éxtremos de la id
cisión un límite á las adherencias parietales: y no encontrándolo, empecé
á separar con los dedos las dos hojas peritoneales, que no ofrecían gran
resistencia aunque al romperse las bridas crepitaban de una manera muy
sensible: en cuanto pude introducir la mano debajo de las paredes del
escasa
comencé á desprender rápidamente las adherencias parietales
con la punta de los dedos y los bordes de la mano, en busca de un límite
que encontré hacia el lado derecho, por encima de la fosa ilíaca; la hemo
rragia no era escasa ,y para abreviar la operación, dirigí la mano hacia el
abdomen,
izquierdo, en donde la unión era más fuerte, pero que procuré sepa
la mayor rapidez posible hasta el vacío del mismo lado, donde
tenían su límite; me dirigí hacia arriba, siempre desgarrando, hasta el
epigastrio, donde la mano quedó libre, y al llegar á la región hepática,
creía haber terminado con las adherencias, cuando una sensación especial
del tacto y un resalto del borde anterior del hígado, me advirtió que
tenía la mano entre el diafragma y la cara convexa de dicho órgano y
que el quiste estaba adherido con la cara cóncava; busqué en seguida
lado
rar con
el límite de esta unióri, hacia la parte derecha, que encontré bien pronto,
y entonces, con los dedos índice y medio, sosteniendo con uno el hígado
y
apretando con
otro
el quiste, fuí
desprendiendo
con
mucha
parsimonia
—
35
—
el tumor de la cara inferior del hígado, en donde afortunadamente esta
ba unido por adherencias recientes y de escasa resistencia. Libre ya el
quiste, lo puncioné en seguida, para que con la retracción del abdomen
cesara la hemorragia parietal, que ya era escasa; vaciado el tumor, obser
vé al retirarlo, resistencia marcada hacia el epigastrio, y explorando la
región lo encontré adherido con la gran curvadura del estómago y la
cara anterior del colon transverso; pude desprenderlo sin gran fuerza,
por desgarro y sin necesidad de ligaduras'. Retirado el quiste del abdo
men, advertí que estaba completamente adherido á las fosas ilíacas y al
fondo de la pelvis: con la punta de los dedos fuí desprendiéndolo de las
losas ilíacas, encontrando poca resistencia por el lado derecho; con una
espátula lo separé con bastante dificultad del recto y de la vejiga, y al
llegar á este punto de la operación, encontré dos quistes pequenos del
volumen de una naranja, encajados y adheridos en el fondo de la peque
na pelvis y empujando el útero hacia fuera de la vulva: la procidencia
formada por la pared posterior de la vagina, era ocasionada por uno de
estos dos quistes, que, aunque adheridos por completo, no presentaron
gran resistencia á la separación, habiendo encontrado en el fondo de la
pelvis algún pequeno depósito de líquido lechoso, consecuencia de la
peritonitis existente. Quedaba el quiste unido tan sólo á la región ovári
ca izquierda, en donde no había pedículo, y me ví obligado á hacer uno
artificial de los restos del ligamento ancho y de las adherencias, dividido
en tres porciones, que comprendían todos los vasos, cuya longitud no era
mayor de dos centímetros, y que ligué separadamente, cortando en se
guida el tumor y dejando las ligaduras perdidas.
Procedí luego á limpiar el peritóneo con gran número de esponjas
bien enjutas, observándose en todas partes los síntomas de la peritonitis;
la hemorragia quedó perfectamente cohibida, torciendo los vasos en
unos puntos y con pinceladas de esencia de trementina en otros. Cuando
retiré las esponjas secas y limpias, dejé dos en la pelvis y procedí á
aplicar
la sutura.
Colocados los puntos de sutura, retiré las esponjas empapadas com
pletamente de sangre, y tanto yo como los ayudantes que más cerca es
taban, quedamos sorprendidos por una hemorragia copiosa que llenó la
pelvis en un momento: más sangre se perdió en este accidente que du
rante toda la operación. Creyendo que se había desprendido alguna liga
dura, cogí fuertemente con los dedos el corto pedículo; la hemorragia
cesó, se extrajo la sangre, haciendo nueva y escrupulosa limpieza del pe
ritóneo,
se
aplicaron
fiándolo todo á ellas,
el pedículo, y, no
termo-cauterio, la
hemorragia quedó completamente cohibida
nuevas
se
y
apretadas ligaduras
cauterizó fuertemente
con
en
el
superficie del mismo. La
y el peritóneo limpio. El ovario derecho estaba sano, á pesar de sus ad
herencias con el quiste y de tanta alteración existente en la pelvis.
Ligados los puntos de sutura y colocado el vendaje, había durado la
—
36
—
operación siete cuartos de hora. Durante la misma, presentó la enferma
síntomas de colapso y agotamiento, que los ayudantes encargados de
esta parte de la operación combatieron oportunamente salvando todo es
collo.
quiste era multilocular, con una gran cavidad afelpada y gran nú
pequenos quistes en su cara interna y dos cavidades pequenas.
El líquido algo oscuro y en cantidad de 15 litros.
Había terminado la operación á las once de la manana. La reacción
fué penosa, lenta, é interrumpida por ligeros síncopes y síntomas de co
lapso: el calor artificial, las inyecciones hipodérmicas de éter, una mix
tura fuertemente excitante y cha mpagne, empleados oportunamente, gra
cias á una vigilancia exquisita,, triunfaron de la situación, y hacia las
once de la noche se había regularizado algo el cuadro: la enferma, aun
que intranquila, estaba despejada; el calor bien repartido; el pulso si bien
muy pequeno, era regular y de I3o, respiración superficial y frecuente;
temperatura, 37'2, bastante uniforme, si bien con tendencia á enfriarse
las extremidades; poco-dolor y estado nauseoso muy pronunciado pero
El
mero
de
•sin vómitos. Toda la noche continuó el mismo tratamiento excitante, y
además, opio para calmar' el dolor que iba desarrollándose.
Día 12: A las 7 de la manana 120 pulsaciones, pequeno y depresi
ble, 37' i° y 28 respiraciones. No había dormido en toda la noche y tuvo
el primer vómito. Gran tendencia al desvanecimiento. Había excretado
125 gramos de orina. 9 de noche 124 pulsaciones, 38'5. y 25 respiracio
nes: los vómitos se habían contenido con el hielo y el dolor con el opio,
pero el estado de postración era intenso y el pulso muy débil, con sudor
que se enfriaba fácilmente en las extremidades. Cada insignificante ma
nifestación de agotamiento se combatía en seguida con Champagne, té
con rón, alcohol de canela, éter, etc. Así pasó la noche hasta el día si
guiente.
Día 13: A las 7 de la manana 118, 38'14, 44. El mismo cuadro del
día anterior se sostiene y existe un estado nauseofio pertinaz. A las de 9
la noche io8, 38'3°, 21; la situación estaba más despejada; el pulso se
había desplegado guardando relación con la temperatura y respiración;
la enferma había dormido algún rato por la tarde; el dolor era tolerable.
El mismo día á las u de la noche, se acentuó mucho el estado nauseo
acompanado de regurgitaciones: el epigastrio estaba abultado y ma
cizo, á la percusión, lo que indicaba con toda evidencia una parálisis del
estómago con acumulo de líquidos. Esta complicación hizo sufrir mu
so,
cho á la enferma, y acentuó durante la noche el cuadro de desfalleci
miento que pesaba sobre la operada, que tuve en cuenta junto con la
excitabilidad de la enferma y la mucha impresión que le produciría el
cateterismo esofágico, para abstenerme de practicarlo, permaneciendo
en espectativa para hacerlo si las circunstancias lo exigian, y dejando á
la enferma doce horas consecutivas sin ingerir absolutamente nada, al
—
37
—
término de las cuales la dilatación del estómago había disminuído en
gran manera y la enferma logró conciliar el sueno cortos intervalos.
Día 14. A las 9 de la manana 104, 37'9°, 21. Pulso pequeno, malestar
y angustia, dependiente del estancamiento estomacal, que no ha desapa
recido aún. 9 de la noche 104, 37'9°, 21. Está tranquila y abatida, poco
dolor; tolerancia por parte del estómago, que le permite tomar té con
leche. Durante la noche, sueno intranquilo y frecuentemente interrum
pido.
•
Día 15. A las 9 de la manana roo, 37'5°, 19. A las 9 de la noche roo,
21. Ha tolerado bien el té con leche cada tres horas. La orina, que
durante estos días ha sido normal en calidad pero tan sólo de 250 á 3oo
gramos diarios, hoy es sanguinolenta con tenesmo y dolor vesical, y el
mismo tiempo, aparece un flujo vaginal sanguinolento. Una deposición
diarréica con dolores abdominales, aunque no peritoníticos.
Día 16. A las 9 de la manana roo, 38'1°, 22. A las 9 de la noche roo
38°, 22. Ha cedido el flujo sanguinolento y el tenesmo vesical. Ha teni
do otra deposición. La lengua está bien y la enferma siente ligero apeti
to, que se satisface con alimentos sólidos.
A partir de este día, la convalecencia no tuvo ninguna interrupción,
aunque fué muy lenta: no se presentó ninguna complicación en la heri
da ni en el -vientre; la enfernia tenía buen apetito y digería bien, lo que
hizo que pudiera levantarse á los 23 días de operada y salir de la clínica
37'9°,
á los 32.
He procurado extractar de las hojas clínicas, donde constan las ob
servaciones y las impresiones recogidas cada dos horas por mis compane
ros ó por mí durante los cinco primeros días que siguieron á la opera
ción, á fin de que dada la importancia del caso, pueda cada cual comen
tarlo á su gusto, en los múltiples aspectos que presenta dignos de
consideración.
Para que este caso sea notable en todos conceptos, aun no termina
la historia clínica de esta enferma. Al salir de la clínica se instaló
en casa de un pariente suyo, de ésta, y á los cuatro días se presentó la
menstruación acompanada de dolores pelvianos no muy intensos: la he
morragia fue regular y duró tres días. Por entonces había tenido que
ausentarme yo de Barcelona, y había quedado la enferma bajo la di
rección del Dr. Formiguera: dos días después de terminada la mens
truación, presentóse una complicación que mi amigo me notificó en los
siguientes términos: «dolor intenso en la fosa ilíaca izquierda y á lo lar
go de toda la parte interna del muslo del propio lado, concomitando con
escalofríos seguidos de elevación de temperatura; edema doloroso en di
cha extremidad, espontáneamente y á la presión; fosa ilíaca dolorosa á la
presión: no recuerdo haber leído nada parecido, como complicación
próxima ni remota de la ovariotomía, ni haberte oído hablar de seme
jante accidente en estos casos, aunque no lo creo desligado de la opera
aquí
—
38
«—
puérpera, diagnosticaría una flegmasía alba dolens:
con reposo en cama, quinina al interior, embroca
ciones con tintura de yodo en la ingle y fosa ilíaca y panos calientes en
la extremidad.» Era también nuevo el hecho para mí, y pensando como
dicho senor, admití, después de vista y examinada la enferma á mi regre•
so, una trombosis de la vena ilíaca, origen de aquel trastorno. Esta com
plicación de la ovariotomía, especialmente como hecho remoto, la he
visto posteriormente consignada en la excelente obra de Hegar y Kal
ción. Si fuese
como
una
á tal la trato,
tenback,
aunque
como
fenómeno raro, y únicamente de
este
modo
com
prendo no hablen de ella, no ya obras generales de cirujía ó de gineco
logía, sino libros extensos y voluminosos, exclusivamente dedicados al
estudio de los tumores ováricos y de la ovariotomía.
Insistiendo con constancia en el tratamiento antes mencionado, la en
fermedad fué cediendo, pero con la lentitud que es sabido se cura la
flegmasia alba dolens. Si se recuerdan las circunstancias especiales de la
anatomía patológica de este caso, se comprenderá fácilmente que se pre
sentara dicho accidentZ, que hizo que la convalecencia de esta operada
se prolongara hasta medig ano después de la operación.
Por lo demás, esta enferma, que á los dos meses y medio de operada
regresó á su casa, cambió del todo su aspecto: se rejuveneció, adquirió
buen color, nutrióse bien y cambió completamente su modo de ser. El
prolapso del útero ha quedado reducido á un descenso de primer grado,
de modo que no asoma por la vulva. Ultimamente me escribió que había,
gobrado fuerzas en la pierna enferma, y que se encontraba perfectamente
bien, robusta y ágil, exceptuando alguna incomodidad en el bajo vientre
durante los períodos menstruales, que han continuado siendo normales.
LAPARATOWA 8.—Observación 6.a Angela Vivet de Sunol.—Quiste
para-ovárico del lado derecho.—Ovariotomía el 21 de Maro de 1884.
En su domicilio.—Curación.—De 39 anos, constitución floja y obesa, y
temperamento linfático, no refiere antecedentes patológicos constitucio
nales ni de otra índole. Comenzó á menstruar á los 4 anos y siguió con
regularidad, si bien que con escasez: contrajo matrimonio á los zo anos
y tuvo dos hijos, con embarazos y partos felices. A los 29 anos creyó
notar se le abultaba el vientre hacia el lado derecho, á lo cual no dió im
portancia, porque no la molestaba en nada: la sospecha se confirmó,
pues cada día iba acentúandose el crecimiento del abdomen, aunque ella
no se veía molestada por sufrimientos de ninguna clase y los períodos
menstruales seguían cqn perfecta regularidad: á los 35 anos había adqui
rido un volumen enorme, por más que su estado general se resintiera
poco; practicósele entonces una punción, que dió salida á la enorme
cantidad de 47 litros de líquido claro y trasparente, espumoso y que no
producía depósito. Lentamente se reprodujo el líquido y sucesivamente
sufrió otras tres punciones. Con todo conservaba buen color y estaba
gorda, no existiendo alteración ninguna de importancia, consecutiva á la
_
39
existencia del quiste, como no sea una gran relajación de las paredes ab
dominales. Con estos datos y el examen de la enferma, podía establecer
se con certeza y claridad el diagnóstico de quiste simple del ovario.
Operación. Practicada la incisión, pude reconocer la falta comple
ta de adherencias; y después de evacuados del quiste 13 litros de un lí
quido claro y ligeramente citrino, lo extraje sin ninguna dificultad, pu
diendo convencerme que se trataba de un quiste para-ovárico, que había
separado las dos hojas del ligamento ancho del lado derecho, cuyo ova
rio no presentaba alteración de importancia. Fué fácil pediculizar el li
gamento ancho por estar muy flojas y separadas sus hojillas, lo cual
practiqué dividiéndolo en tres porciones que ligué separadamente y cau
tericé luego para dejarlas perdidas y emplear de un modo deliberadóel
tratamiento intra-peritoneal, que después he seguido aplicando á todos
los casos de ovariotomía: nada se darramó en el peritoneo, que bien
pronto quedó limpio, aplicando la sutura y habiéndose terminado la ope
ración sin accidente ninguno, en 35 minutos.
la porción extirpada pude convencerme que se trataba
quiste para-ovárico, que como ellos era de paredes suma
mente delgadas y poco vascular, sin presentar en ninguna parte vestigios
de pedículo: el ovario del mismo lado había sido extirpado con el liga
mento ancho y el del lado opuesto quedó en su sitio porque estaba sano.
Este caso es uno de tantos que invalidan la regla sentada por algunos
autores, de que los quistes para-ováricos se curan con la simple punción:
Hart y Barbour sientan como principio, en la última edición de su obra
(1885), que la punción cura los quistes para-ováricos, porque son tan
sólo simples retenciones quísticas; algunos podrán curarse, pero la in
mensa mayoría vuelven á reproducirse.
Al
reconocer
realmente de
un
La enferma presentó una reacción franca; no sufrió dolores abdomi
nales y tuvo escasos vómitos. Al tercer día sobrevino una congestión re
nal que desapareció pronto. La mayor temperatura fué de 38°. A los
doce días abandonó la cama, apareciendo en esta época un absceso en las
paredes abdominales que se hizo paso por la misma herida, ya cicatriza
da, dando salida á una cantidad regular de pus: á los quince días estaba
ya curado el absceso y la enferma pudo darse de alta á los 3o días de ope
rada.
Actualmente está libre de toda incomodidad y completamente sana.
Los períodos menstruales no han sufrido ninguna alteración.
LAPARATOMÍA 9.°—Observación 7.a Eulalia Martí de Serra.—Quiste
multilocular papilomatoso de ambos ovarios.—Adherencias fuertes á la
fosa iliaca y al fondo de la pelvis.—Ovariotomía doble el 1.° de Junio
de 1884.—En su domicilio.—Curación.—De 33 arios, empezó á mens
truar á los 13, sin que se encuentren antecedentes hereditarios ni indi
viduales dignos de mención ; siguió la función catamenial con perfecta
regularidad, si bien que dismenorréica , hasta que á los 22 anos fué
—
interrumpida por
un
40
—
embarazo, sobrevenido al
cabo de
un
ario de matri
normal, reanudándose la hemorragia mensual con
caracteres fisiológicos, hasta que á los 25 anos sufrió metrorragias abun
dantes y rebeldes, que cedieron, por fin, regularizándose otra vez la situa
ción hasta los 3o anos, en que, la dismenorrea se hizo más intensa, dis
minuyendo al propio tiempo la cantidad de sangre derramada en cada
periodo: por aquella fecha, sufrió intensísimos dolores en el bajo vientre
y apareció un prolapso uterino que fué aumentando de día en día. A los
31 anos empezó á abultársele el abdomen y á los 32 sufrió la primera
punción, que tuvo que repetirse tres veces con intervalos de tres meses.
monio. El parto fué
cada vez más escasa y sufría retardos marcados. El
líquido extraído por medio de la paracentesis era claro y citrino, habién
dose notado, después de la segunda punción, un abultamiento duro en la
fosa iliaca izquierda, inmóvil y del volumen de una cabeza de feto, se
gún datos proporcionados por el médico de cabecera Dr. Ballescá.
Cuando la ví por primera vez, cuatro días antes de operarla, presenta
subl•ictéricas y
ba el rostro enjuto y arrugado, color térreo, escleróticas
expresión de desaliento. El sistema nervioso, normal, y el aparato respi
ratorio, libre: pulso muy pequeno y frecuente, aunque no existía elevación
de temperatura: aparato urinario excretando pequena cantidad de orina,
astricción
normal: aparato digestivo en un estado de atonía marcado, con
completa
y
de vientre; lengua saburral, mal sabor de boca, inapetencia
fuerza
enjutas
y
con
poca
vómitos frecuentes: extremidades torácicas
muscular; las abdominales con edema bastante pronunciado hasta las in
gles. El vientre estaba muy abultado, liso, uniforme- y con la circulación
casos de ascitis: la fluc
venosa subcutánea desarrollada como en los
sentidos;
la palpación no descubría
tuación era manifiesta y clara en todos
por
ningún
sitio;
la percusión, estando la
abultamiento ni induración en
apreciaba
sonido
macizo en todas partes
supino,
se
enferma en decúbito
una
pequena
zona sonora en la
vacíos,
exceptuando
inclusos los dos
región gástrica, que por ningún movimiento ni posición de la enferma
venía á ocupar la región culminante ó umbilical del abdomen; compri
miendo fuertemente la pared del vientre, por encima del ombligo que
estaba en la parte media entre el apéndice xifoides y el pubis, de modo
oscura;
que se deprimiese cinco ó seis centímetros, se percibía sonoridad
opuesto
el
lado
zona sonora en
en el decúbito lateral se encontraba una
del decúbito, clara, extensa y movible, siguiendo el cambio de posición
de la enferma, hasta trasladarse al lado opuesto, pero sin hacerse sensi
ble en la región media del abdomen; existía ascitis abundante y manifies
sonoridad en la
ta, y doy algún detalle sobre el síntoma, de no ofrecerse
peritoneal
libre,
tratándose
derrame
de
un
parte media del vientre, aun
patognomónico,
y
yo
he
po
obras
se
senala
como
porque en todas la
en otro
los
autores,
anomalía,
sobre
la
cual
callan
comprobar
esta
dido
hepática en un
caso en que se trataba de ascitis consecutiva á una cirrosis
La menstruación
era
—
41
—
hombre de 43 arios; ni en uno ni en otro, estaban las asas intestinales
adheridas para explicar satisfactoriamente el fenómeno, que sólo com
prendo admitiendo que el mesenterio fuese corto para dejar flotar las
asas intestinales hasta ponerse en contacto con la pared anterior del ab
domen y las retuviese á una distancia determinada de la pared posterior;
en los órganos genitales, el útero, aunque normal, estaba
completamente
fuera de la vulva, y en la vagina invertida, se notaba la presencia de lí
quido interiormente, que no comunicaba de un modo aparente con el de
la cavidad peritoneal ; con algún esfuerzo y determinando dolores, podía
hacerse penetrar el útero hasta dentro de la vulva, pero volvía á prolap
sarse
en
seguida.
Atendidos estos síntomas, después de un detenido estudio del caso con
los Dres. Formiguera y Rull, no pudimos llegar á un diagnóstico preciso,
y dados los antecedentes suministrados por el médico de cabecera, admi
timos la existencia de un tumor en la pelvis, sentando la indicación de
incisión exploradora.
Operación.—Incisión de cinco centímetros en la parte media entre el
ombligo y el pubis: el peritóneo estaba engrosado y edematoso y á su
abertura salieron 18 litros de líquido ascítico. Vaciado el vientre, pude
ver hacia arriba las asas intestinales, y en la pelvis, hacia la
izquierda, un
abultamiento duro y resistente. En seguida prolongué la incisión seis
centímetros por cada extremo, á fin de tener campo operatorio suficiente,
pudiendo observar que en la fosa iliaca izquierda, existía un tumor del
volumen de una naranja grande, duro, inmóvil, de color nacarado y
pulsátil, y en la pelvis, todo el estrecho superior ocupado por una sus
tancia papilomatosa con excrecencias como medio dedo pulgar, formadas
de un tejido blando y friable que sangraba fácilmente y en abundancia.
Temiendo fuese un aneurisma el tumor de la fosa ilíaca izquierda, hice
una punción exploradora con la geringuilla de Pravaz,
extrayendo un
líquido claro y lechoso ; todas las demás cavidades del quiste del ovario
izquierdo estaban llenas de líquido negruzco y sanguinolento, y hago
esta aclaración para que se note con cuanta facilidad, dirigiendo la aguja
exploradora en otro sentido, hubiera podido incurrir en un error de
diagnóstico y renunciar á toda tentativa de extirpación. En seguida pro
curé reconocer la posibilidad de la extirpación, introduciendo los dedos
entre las paredes pélvicas y las excrecencias papilomatosas, y encontran
do algún sitio libre empecé decididamente la extracción, comenzando por
el tumor del lado izquierdo: estaba fuertemente adherido á la fosa ilíaca
por fuertes y gruesas bridas fibrosas, que le tenían sujeto sobre la arteria
iliaca que le comunicaba la pulsación; se cortaron entre dos ligaduras
con el cauterio: luego pudo vascularse algo el tumor para ir cortando y
ligando numerosos cordones, algunos gruesos como el índice, que le
tenían ligado á distintos puntos de la pelvis y desprendiendo adherencias
menos fuertes, hasta que se extrajo un quiste multilocular
papilomatoso
6
—
42
—
del volumen de un pequeno melón. Quedó en el lado derecho una masa
análoga á la primera, que se extirpó aplicando varias ligaduras y des
prendiendo numerosas adherencias, resultando ser un quiste análogo al
del lado opuesto, pero con mayor cantidad de excrecencias en su super
ficie. Las trompas no podían distinguirse. El útero, la vejiga, los uréte
res y el recto quedaron intactos. En ningún sitio quedó excrecencia al
guna, ni serial de tejido degenerado.
La hemorragia fué algo regular y la limpieza del peritóneo entretenida,
pues procuré dejarlo bien seco de la sangre derramada y del líquido as
cítico: quedaron unas quince ligaduras perdidas.
Habiendo cedido la hemorragia, apliqué la suturay apósito correspon
diente, quedando terminada la operación en hora y media. El prolapso
del útero estaba reducido.
Fué trasladada la enferma á la cama, con el pulso filiforme, la respira
ción superficial, las extremidades con sudor frío y los labios y las con
juntivas decolorados: sin embargo, se logró, empleando todos los medios
adecuados, una reacción bastante franca aunque hubo subdelirio durante
todo el día é incontinencia de orina. Por la noche durmió algún rato,
después de lo cual quedd la cabeza despejada. Durante el segundo día,
.
hubo
un
estado
nauseoso
muy
pronunciado, acompanado
de
algunos
vómitos que se repitieron dos veces durante el tercero. El dolor de vien
tre pudo combatirse fácilmente y el meteorismo fué escaso.
La temperatura no pasó de 38'4. El pulso, que era de 120 el primer
día, había descendido el cuarto á go y la respiración de 28 á 18. Desde
este día la .convalecencia fué rápida y favorecida por excelente apetito y
fáciles digestiones. El edenria de las piernas desapareció. Se quitó la
sutura el décimo día y Se levantó la enferma el décimo-quinto, pudiendo
darla de alta á los veinticinco días de operada.
Durante el mes de Julio se formó un absceso en el ángulo inferior de
la herida que supuró y curó rápidamente, dejando en dicho sitio una
pequena hernia abdominal.
La enferma engordó y mejoró notablemente, sin reproducirse el pro
lapso del útero ni la ascitis y estando libre de todo dolor é incomodidad.
A últimos de Agosto, sufrió un catarro gástrico-bilioso, acompanado
de vómitos abundantes, biliosos, pertinaces, incoercibles y que se sos
tuvieron por espacio de veinte días; hubo al mismo tiempo una diarrea
abundante, todo lo cual dejó á la enferma muy extenuada. Este estado
cedió y la enferma se repuso completamente. Nunca se presentó la más
insignificante ascitis.
Desde entonces ha seguido gozando una salud envidiable, y dada la
fecha transcurrida puede considerarse radicalmente curada de una enfer
medad que por sus caracteres anatómicos presentaba cierto aspecto de
malignidad. La menstruación no ha reaparecido una sola vez.
LAPAROTOMÍA I o.—Observación 8.• francisca Torrents de Ferrer.—
1
—
43
—
Quiste unilocular del ovario derecho.—Adherencias epiplóicas.—Ovario
tomía el 9 de Julio de 1884.—En su domicilio.—Curación.—De 4o arios
de edad y viuda hace cinco, nada importante refiere hasta que tuvo el
primer parto seguido de locura puerperal , que terminó felizmente; al
cabo de tres anos y teniendo ella 28, tuvo el segundo parto normal. En
distintas épocas de su vida refiere haber sufrido enfermedades del útero,.
manifestadas por incomodidades abdominales, leucorreas y menorragias,
si bien es de notar que la menstruación nunca fué marcadamente disme
norréia. A los 33 anos empezó á crecerle el vientre de un modo uni
forme y con lentitud existiendo entonces un dolor fijo en la fosa iliaca
derecha, que no le producía gran molestia; á los 35 el vientre presentaba
un abultamiento regular y por entonces se hizo el dolor indicado más
intenso, exasperándose con la deambulación, de modo que la enferma
lentamente se vió condenada á un quietismo casi absoluto; á los 33 anos,
había adquirido tal volumen el abdomen que fué necesario-la paracente
sis, saliendo 37 litros de líquido; no mejoró por esto su dificultad de an
dar ni el dolor, y el derrame se reprodujo con más rapidez que se había
formado.
Su estado, antes de la operación, era el siguiente: nutrición general
buena, aparatos digestivo, respiratorio y renal, normales ; vientre abul
tado y diagnóstico evidente de un quiste del ovario; en el útero existía
un catarro intra-uterino con infarto del órgano; el sistema nervioso exci
table, susceptible, inteligencia despejada, imaginación viva; la deambu
lación producía dolores abdominales y un desfallecimiento marcado; la
fuerza muscular y la sensibilidad íntegras.
Operación: Incisión de 15 centímetros; abierto el peritóneo y recono
cida la falta de adherencias, procedí á la punción, que dió salida á 16 li
tros de líquido ligeramente oscuro. Al retirar el quiste apareció una
adherencia epiplóica que después de dividida en dos partes, corté entre
,
ligaduras.
torsión de
cortó
con
El
pedículo
era
largo y regularmente
grueso,
presentando una
vuelta : dividido en tres partes y ligadas fuertemente, se
el cauterio, reintroduciéndolo en la cavidad del abdomen.
una
Limpio el peritóneo y aplicada la sutura
había durado la operación 35 minutos.
con
el
apósito correspondiente,
La reacción fué franca, el dolor poco y los vómitos escasos. La mayor
temperatura fué de 38 grados, el pulso no llegó á ioo y la respiración
fué siempre normal. La única complicación que presentó fué un insom
nio pertinaz que se sostuvo durante cinco días seguidos, y cedió á fuer
tes dosis de bromuro potásico. Se quitaron las suturas al noveno día y
fué dada de alta á los veintiuno.
El dolor intenso de la fosa iliaca derecha desapareció casi del todo, y
los primeros días después de operada, la deambulación era más libre,
pero á los dos meses, el más pequeno cansancio provocaba dolores abdo
minales, que eran una gran molestia para la enferma. Los periodos
—
44
—
menstruales continuaron abundantes y adelantándose cuatro á seis días.
Actualmente, aunque libre del tumor abdominal, continúa en el mis
mo estado; no puede soportar fatiga alguna, física ni intelectual, si bien
estando tranquila y quieta se halla libre de grandes molestias; los viajes
cambio cual
en carruaje y en tren no la alteran lo más mínimo y en
quier ejercicio corporal ó impresión moral un poco fuerte, la colocan en
un estado de excitación nerviosa muy cercano del histerismo. Todos es
tos fenómenos son sostenidos, en mi concepto, de un lado, por la afec
ción uterina que persiste aún, á falta de un tratamiento adecuado seguido
con
por
una
constancia,
de otro, por
su
predisposición neuropática, y finalmente,
infinidad de circunstancias que la rodean y que son para ella
atmósfera moral sumamente perniciosa, á la cual no puede sustraerse.
una
LtpAaoTomíA 4.—Observación 9.4 Ramona Batista.—Quiste simple
del ovario derecho.
Ovariotomía el 6 de Febrero de i885.
En mi
clínica.—Curación.—De 32 anos, casada, no refiere antecedentes dignos
de mención. La menstruación, regular, ha sido interrumpida en los once
anos que lleva de matrimonio, por tres embarazos y partos normales : el
último data de tres anos y medio, habiendo notado que el vientre le
quedó más abultado que en los partos anteriores. Este abultamiento fué
creciendo lentamente, sin ofrecerse ningún desarreglo menstrual ni do
lor, más que la incomodidad del volumen abdominal.
Antes de la operación se presentaba algo flaca, con temperamento lin
fático, pero sin ninguna alteración notable en su economía, excepto el
quiste cuyo diagnóstico era fácil é indudable.
Operación.— Incisión de 12 centímetros; abierto el peritóneo y reco
nocida la falta de adherencia5, puncioné el tumor y salieron 9 litros de
líquido ligeramente colorado. Se extrajo el quiste fácilmente, pues no
existía ninguna adherencia, se ligó y cauterizó el pedículo dejándolo
libre en la cavidad abdominal, procedí á la limpieza de/ peritóneo, pues
tengo por costumbre hacerlo aunque no haya habido derrame de nin
guna clase, apliqué la sutura y el apósito y quedó terminada la opera
ción en 25 minutos.
La reacción fué franca : el primer día alcanzó el pulso 128, 38'4 la
temperatura y 28 la respiración , pero al finalizar el segundo día había
96 pulsaciones, 38° de temperatura y zo respiraciones, sin que se pre
sentase ninguna alteración en toda la convalecencia, que fué rápida.
Los tres primeros días el dolor abdominal fué algo pertinaz; los vómitos
escasos. La molestia más grande de la convalecencia fué una cistitis in
tensa producida por el cateterismo repetido durante los cinco primeros
días, ya que la enferma no podía orinar, siendo esto debido á la presen
cia en la habitación cuando menos de la Hermana, circunstancia que se
descubrió por casualidad y que la misma enferma ignoraba, fenómeno
que no deja de presentarse algunas veces y que constituye un obstáculo
—
invencible por parte de las enfermas. Presentóse
—
también,
como
fenó
—
meno
inusitado,
regular cantidad
45
—
antes de la cistitis, la expulsión de la vejiga de una
de gases inodoros: la cistitis cedió cuando dejó de prac
aun
ticarse el cateterismo.
Los puntos de sutura se quitaron el noveno día; se levantó á los catorce
y fué dada de alta á los veintiuno. Los periodos menstruales han seguido
con regularidad y actualmente continúa con perfecta salud.'
LAPAROTOMÍA 17.- Observación lo. Francisca Manich-.—Quiste fi
brinoso glandular del ovario ilquierdo.—Adherencias íntimas á toda la
pared anterior rá todo el epiploon.—Ovariotomia el8 de Julio de 1885.
—En mi clínica.—Muerte á las 48 horas.—De 36 anos, casada, habien
do tenido cinco hijos y sufrido aplicación de forceps en uno de los par
tos, no ofrece antecedentes patológicos dignos de interés, y refiere que:
después del último parto, hace lo anos, menstruó con regularidad como
lo hiciera antes ; al cabo de 3 anos, ó sea hace 7, experimentó dolores
tolerables en la pelvis y comenzó á notar que el vientre le aumentaba de
volumen de un modo uniforme, que fué acentuándose lentamente hasta
que hace 2 arios presentaba un volumen enorme que la incomodaba so
bre manera, no por los sufrimientos que experimentara sino por el obs
táculo que le ofrecía. Por aquella época, se estacionó durante un ano el
crecimiento del tumor, pero luego, ó sea durante el último ano antes de
la operación, emprendió nuevamente rápido desarrollo acompanado de
dolores intensos en todo el vientre y de inflamaciones en la piel de la re
gión infra-umbilical: á pesar de todo, la función menstrual seguía nor
mal y la enferma, exceptuando los últimos seis meses, se dedicó á sus
quehaceres domésticos con más ó menos dificultad.
La ví por primera vez, un mes antes de operarla, y hacía dos meses
que guardaba cama por serle imposible la marcha á consecuencia del
peso del abdomen : mujer de escasa talla, estaba regularmente nutrida,
conservaba buen color y la fuerza muscular estaba íntegra ; el pulso re
gular y desplegado y la respiración superficial y frecuente por la presión
intra-abdominal del tumor. El vientre presentaba tal volumen, que la
enferma puesta de pié, difícilmente podía conservar el equilibrio y su
peso enorme la fatigaba mucho, motivo por el cual no le era posible la
deambulación. La compresión del estómago hacía tolerables tan sólo in
significantes cantidades de alimentos líquidos. Lá secreción renal escasa,
pero normal: El vientre presentaba un volumen enorme : en forma de
zurrón, llegaba hasta cerca las rodillas, y por arriba, se levantaba al nivel
de la base del tórax: su circunferencia al nivel del ombligo era de
175 centímetros, y desde el apéndice xifoides al pubis, dando la vuelta
por la parte declive del tumor, 120 centímetros; todo el vientre era mate,
excepto el vacío izquierdo, en cualquier decúbito; la fluctuación mani
fiesta, pero sólo en ciertas zonas: la región del bazo sumamente dolorosa
y la piel de la región infra-umbilical engrosada y elefantísiaca, á conse
cuencia de las repetidas linfangitis que había sufrido.
—
46
—
En vista de este cuadro, decidí practicar una punción paliativa antes
proceder á la ovariotomía, extrayendo 16 litros de líquido acafetado,
con lo cual la enferma respiró bien, pudo alimentarse mejor, aunque no
con toda facilidad, por existir urna atonía marcada del aparato digestivo,
y se levantó, aun conservando el vientre el volúmen como en los quistes
del ovario de grandes dimensiones. El dolor de la región espIénica no
desapareció.Veinte días después de la punción, procedí á la ovariotomía,
encontrándose la enferma en condiciones generales bastante satisfacto
de
rias.
Operación.— Hecha una incisión de [8 centímetros por debajo del
ombligo y en la línea media, encontré el tejido celular subcutáneo sus
tituído por tejido fibroso denso, consecutivo á las flegmasias anteriores,
y confundido también con el peritóneo; la piel y el tejido fibroso subcu
táneos presentaban en esta región un grosor que apenas llegaría á un
centímetro y el peritóneo estaba engrosado é identificado con la pared
del quiste. Al incindir el peritóneo abrióse un boquete en el quiste, por
el cual empezó á salir el líquido oscuro de su contenido, con filamentos
tibrinosos: lo cerré aplicando una pinza en T y fuí disecando en toda la
longitud de la incisión para descubrir el intersticio entre las paredes del
tumor y la serosa, que creí encontrarlo equivocadamente separando dos
láminas de tejido conjuntivo subperitoneal; aunque con dificultad, pro
curé separar los tejidos por esta falsa vía, hasta cuatro centímetros de
distancia por cada lado de la incisión y en la parte media de la misma, y
ante resistencias casi insuperables, desistí de mi empeno y prolongué la
cuatro centímetros hacia arriba y tres hacia abajo, para encon
límite á las adherencias, habiéndolo hallado en este último sitio.
Entonces empecé á desprender adherencias parietales que eran íntimas
y resistentes, y observé el error que antes cometiera, debido á que en
aquel sitio la pared del tumor era delgadísima (una membrana de 2 mi
límetros de grosor y completamente identificada con el peritóneo) por
más que el resto de las paredes del tumor ofrecía un grosor bastante re
gular y en algunos puntos de más de un centímetro. Desprendidas las
adherencias parietales, con bastante dificultad y producción de hemorra
gia, y que se extendían por toda la pared anterior hasta muy por encima
del ombligo, vacié el quiste y lo extraje sin dificultad, pues no tenía
adherencias superiores, ni en la pared posterior, ni en la pelvis. Con el
quiste se hernió el epiploon en masa, muy engrosado y congestionado y
fuertemente unido hacia la parte posterior y superior izquierda del tu
mor. Aplicando al epiploon unas seis ó siete ligaduras y cortando sus
adherencias muy vasculares con el termo-cauterio, quedó el quiste libre
y unido tan sólo á su pedículo, que era largo, regularmente grueso y
muy vascular: se ligó éste fuertemente y, una vez cortado y cauterizado,
se reintrodujo dentro del abdomen.
Procedí en seguida á limpiar escrupulosamente el peritóneo, por si
incisión
trar
un
-
47
—
penetrado líquido del quiste en su cavidad, y encontré una hemo
rragia intensa y rebelde, que tenía lugar en el peritóneo parietal corres
pondiente á la zona de la fosa ilíaca derecha, donde las adherencias ha
bían sido muy resistentes; habiendo fracasado para cohibirla el aceite
esencial de trementina, el percloruro de hierro, la torsión de las boqui
llas abiertas y escurriéndose las ligaduras, recurrí al termo-cauterio que,
produciendo una escara extensa, triunfó de la hemorragia.
Seco y limpio el peritóneo, y seguro de que no existía hemorragia,
apliqué la sutura y el vendaje, después de haber puesto un punto de su
tura de colchonero á cada lado, para dejar aplicada la pequena porción
de peritóneo despegado, habiendo durado la operación hora y media.
El quiste, de paredes gruesas, excepto en el punto antes mencionado,
es un magnífico ejemplar de quiste glandular, con centenares de quistes
secundarios de diferente volumen en su interior, en donde existían gran
des depósitos de fibrina. Se extrajeron 24 litros de líquido.
La operación había terminado á las i i de la manana: la reacción fué
fácil y rápida. Para que se vea el curso que siguió hasta su fin, extracta
ré concisamente, de la hoja clínica, las observaciones tomadas á la cabe
había
de la enferma cada seis horas:
Día 8. A las 12 del día.— Una hora después de la operación. T. 37°.
P. 88. R. 22. Había tenido un vómito. Cabeza despejada. Piel caliente.
Algún dolor abdominal. La reacción es completa y franca.
A las 6 de la tarde.—T. 39'5°. P. 116. R. 26. No ha tenido vómitos
en
el intervalo. Dolor moderado. Ha expelido con el cateterismo
170 gramos de orina algo colorada. Piel húmeda. Pulso regular y des
plegado. Cabeza íntegra. Dormita á ratos.
A las 12 de la noche.—T. 39'1°. P. i t6. R. 22. Ha expelido en el in
térvalo 70 gramos de orina. Escaso dolor. Nauseas. Hipo superficial.
Pulso regular y desplegado. Transpiración cutánea buena. Lengua hú
meda. Palpación abdominal poco dolorosa. Sin meteorismo. Permanece
cera
tranquila.
A las 6 de la manana.—T. 39'3.. P. 114. R. 32. Pulso regu
desplegado. Expele go gramos orina de coloración su
bida. Sed marcada. Ligero dolor. Menos hipo. Expulsión de gases por
el recto. Ha dormido algún rato. Aspecto general satisfactorio.
A las 12 del día.—T. 3g'1°. P. 120. R. 28. Ha orinado 85 gramos de
coloración casi normal. Transpiración regular. Color agradable. Cabeza
Día g.
lar,
pero
menos
despejada. Pulso pequeno. Lengua húmeda. Rostro algo desencajado.
Sin dolor ni náuseas. Escaso meteorismo.
A las 6 de la tarde.—T. 3910. P. 135. R. 37. 120 gramos de orina algo
turbia. Continúa la sed. No hay náuseas ni hipo. Piel poco caliente en
los extremos inferiores y húmeda en los superiores. Está algo angustio
sa. Vientre indoloro, excepto en la fosa ilíaca derecha donde es muy viva
la sensibilidad á la presión. Cólicos fugaces. Pulso regular y débil.
—
48
—
A las 12 de la noche.—T. 39'5.. P. 138. R. 37. 140 gramos de orina.
Pulso regular. Calor bien repartido. Estado nauseoso á ratos. Algunas
veces hipo. Dolor fuerte en la parte derecha del abdomen.-Lengua me
nos húmeda y sed.
Día to. A las 6 de la manana—T. 400. P. 136. R. 37. Ha dormido
dos horas y media seguidas. Cabeza despejada. Sin dolor abdominal.
Ligeras náuseas. Poco meteorismo. Lengua enjuta y sed intensa. Mucosa
labial rojiza. Pulso regular con tendencia á hacerse remitente. Continúa
la transpiración. La piel se enfría fácilmente.
A las 12 del día.—T. 37'3°. P. 76. R. 40. Pulso pequeno. Respiración
fatigosa. Sed insaciable. Sin dolor ni hinchazón abdominal. Sudor frío
en las extremidades superiores y cabeza: en las inferiores calor normal.
Inteligencia despejada y sensación de bienestar. Fallece á las dos sin que
en los últimos momentos aumentara el calor central ni el número de pul
saciones: la inteligencia clara hasta el fin.
No
se
practicó la autopsia:
cación; quitando
un
punto de
no presentaba ninguna compli
pudo observarse la unión de los
la herida
sutura
labios de la herida. El •vientre estaba sin induración ni nada anormal,
exteriormente perceptible, en ningún sitio.
No hablo de los recursos terapéuticos empleados, porque todos fueron
inútiles. Ni mis companeros ni yo, observando atentamente la enferma,
supimos ver síntomas de una hemorragia, que autorizase la reapertura
de la cavidad abdominal.
Prescindo de todo comentario, pues, con los datos expuestos, cada
cual puede clasificar la causa de este funesto desenlace: lo que con ma
yor razón puede admitirse, es una peritonitis séptica de forma y de
curso anormales y bastante enmascarados. Sólo diré, que por la parte
en estos fenómenos pudiera caber á la infección, se dejó la habita
ción desocupada durante tres meses, se quemó azufre en abundancia
dentro de la misma, se lavó todo con solución de bicloruro de mercurio
y se repintó por completo, según se hace en mi clínica siempre que
ocurre un percance de esta índole, cualquiera que sea la causa, con ob
jeto de evitar toda probabilidad de contagio. La enferma, queespués
sufrió
de esta ocupó la misma habitación, operada de laparotomía,
que
4
ninguna complicación.
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