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El genio Mari y la Madre Terrible

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El genio Mari y la Madre Terrible
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El Genio Mari y la Madre Terrible
Por J. J. LASA
...las diosas ocupan su trono en soledad
austera, para ellas no existe ni el espacio ni el tiempo... Hablar de ellas es perplejidad. Las Madres son... diosas desconocidas de vosotros los mortales. Tendrás
que hundirte en lo más hondo para dar
con su mansión. Tú tienes la culpa de que
hayamos menester de ellas...
(Mefistófeles a Fausto)
La lectura de las leyendas recogidas y comentadas por Barandiarán con respecto al genio Mari, tan sugestivas y llenas de particularidades, me animan a escribir estas líneas en las que intento
esbozar una interpretación psicológica de dicha figura.
Quiero señalar el gran interés que me produjo la lectura de dichos trabajos y sería ingrato no indicar el agradecimiento a quien,
realizándolos, ha abierto un amplio campo y materia de estudio
sin par a los estudiosos. Vaya por tanto por delante, este mi señalamiento de admiración al profesor Barandiarán.
Una ojeada y como tal ojeada quizás un poco superficial, a los
mitos, leyendas y tradiciones vascas recogidas por Barandiarán en
Eusko-Folklore, nos muestra una serie de personajes y personajillos
mitológicos, de los cuales emerge con personalidad propia el genio
femenino Mari. Si bien existen otros seres míticos tales como BasoJaun, Olentzero (¿el Olero escandinavo?), Tártalo (Polifemo vasco),
lamiñas, ieltxus, intxitxus, gentiles, etc., es una figura femenina en
sus diversas acepciones de Mari, la Señora de Amboto, la Dama,
Ionagorri, Maya de Puio, Sugarra, Gaiztoa, etc., la que ocupa un
lugar predominante en la mitología vasca.
Incluso en la leyenda de Zeánuri ,el Baso-Jaun aparece como
figura femenina, debido según Barandiarán a un fenómeno de
transposición en que Baso-Jaun en dicha leyenda sustituye a Mari.
La necesidad de causalidad, nos hace intentar buscar una explicación a este predominio femenino, que nunca será casual y sí parece relacionado con la gran fijación materna que creemos ver en
la psicología del vasco. Este ligar psicología y mitología ha sido
objeto de numerosos trabajos a partir de los descubrimientos genia-
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les de Freud, cuando buceó en la mente humana algo más allá de
la consciencia. Partiendo de el han trabajado numerosos investigadores, Abrahan, Rank, Silverer, etc., entre los ortodoxos (psicoanalíticamente hablando) y C. G. Jung principalmente, con brillo
propio.
Carlos Gustavo Jung, médico suizo, cuyo octogenario se celebro
el pasado junio, advierte ya; que “la interpretación de los mitos
es cosa delicada, y el que se la mire con recelo, es cosa comprensible y hasta cierto punto justificada.” Para él y para la mayoría
de los psicólogos dinámicos modernos “son los sueños, las visiones
oníricas y los delirios la comarca original de todas las mitologías.”
Rank insiste igualmente “que en el mito como el sueño es una modalidad de expresión del subconsciente.”
Jung, distanciándose o superando a Freud, admite la existencia
además de un inconsciente personal (inconsciente freudiano), la
existencia de un inconsciente colectivo, que como su nombre lo indica no proviene de adquisiciones personales, sino de posibilidades
heredadas del funcionar psíquico. “En cada individuo, aparte de
las reminiscencias personales, existen las grandes “imágenes primordiales”, como Jacobo Burckhardt las ha llamado atinadamente; son posibilidades de humana representación, heredadas en la
estructura del cerebro, y que reproducen remotísimos modos de ver.
El hecho de esta herencia explica el increíble fenómeno de que
ciertas leyendas estén repartidas por toda la tierra en formas idénticas.” (“Lo Inconsciente”, pág. 80).
Estas imágenes primordiales, las llamará más tarde “arquetipos”. “Llamo arquetipos, ciertas formas representativas generales,
que se producen en el inconsciente colectivo y que son a modo de
órganos psíquicos, que aparecen en todos los seres humanos con
independencia del ambiente cultural en que se han formado.” Los
arquetipos (toma la palabra de San Agustín) dice Jung, se hallan
próximos a lo que Platón llamó Ideas, pero remarca que el “arquetipo” es bipolar, llevando en sí tanto la parte oscura como la
luz inmanente. Serían los “internels incrées” de Bergson.
Estas imágenes arquetípicas residirían en el fondo de la mente
inconsciente, en ese fondo impersonal, que Jung ha dado en llamar
colectivo. Ch. Baudouin prefiere llamarlo “lo primitivo” y ha llegado incluso a definir la mitología como “el contenido manifiesto
de un vasto sueño, donde los complejos primitivos serían el contenido latente.”
Señala Jung entre las figuras arquetípicas del inconsciente co-
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lectivo, el héroe, el viejo mago, el sabio, la madre, puer eternus,
etcétera.
Respecto al arquetipo madre copiamos. “La madre es en absoluto una de las más poderosas imágenes heredadas.” Cita como madre, a la madre personal, a la abuela, a cualquier mujer que la
sustituya, a la ascendencia femenina, en un sentido más elevado
a la Madre de Dios, a la Virgen, en más amplio sentido a la Iglesia, a la Universidad, al país o a la tierra, al bosque, al mar, en
sentido estricto al lugar de nacimiento, a los campos, a la gruta,
a la roca, al árbol, en mas restringido sentido a la matriz, a la
oquedad, al horno, de los animales a la vaca y en general a todo
animal doméstico.” Todos estos símbolos pueden tener un sentido
favorable o nefasto, positivo o negativo. Cita después a la diosa del
destino, a la bruja, a la noche, al ogro femenino, etc, sin que pretenda que la relación sea completa ya que no hace más que resaltar los rasgos esenciales del arquetipo madre. Indica que “sus
cualidades no son ni más ni menos que las maternales, o sea, la
autoridad mágica de lo femenino, la sabiduría y cumbre espiritual
que se halla más allá del entendimiento, la bondad, el camino, el
transporte, la fuente del alimento, la fecundidad, los estadios de la
metamorfosis mágica del renacer y también lo secreto, lo oculto,
lo tenebroso, fascinante y devorante.” Este antagonismo lo formula como Madre y Madre Terrible, o imagen negativa de la madre.
Pienso que se puede interpretar en dicho sentido jungiano de
madre terrible a esa Mari, Dama, Señora o maligna, genio de las
montañas, cuevas, simas, que junto con el horno (Mari la del horno)
son claros simbolismos no sólo femeninos sino maternos. Barandiarán la interpreta a Mari como un símbolo de la tierra, que a su
vez no es en el fondo sino también madre (madre tierra).
En alguna leyenda aparece Mari como montaña y como madre
de Iñigo Guerra y como señala Barandiarán, en el siglo XIV los
señores de Vizcaya depositaban entrañas de vaca como ofrenda a su
ascendiente Mari. La vaca, símbolo de lo maternal vegetativo, animal sagrado en la India, vaca del cielo y formadora de hombres
en la mitología egipcia.
Mari es preferentemente dentro de su polimorfismo una imagen
negativa. En la mayoría de las leyendas debe su origen a una maldición, maldición materna sobre su hija, maldición que se convierte
en realidad. No es difícil ver aquí un fenómeno de proyección y de
desplazamiento como vemos en los sueños y los practicamos en la
vida. La censura (como han destacado los psicoanalistas) ha hecho
que se vayan deformando las leyendas de su primitiva crudeza y
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brutalidad. Badouin señala muy bien cómo los motivos centrales
mitológicos se van debilitando y desplazando, se van disfrazando y
sustituyendo unas figuras por sus similares más censuradas. Del
padre se pasa al gigante, al ogro, al lobo... y de la madre a la madrastra, bruja, etc. Veo por tanto un fenómeno de desplazamiento
hacia la hija, castigada y maldita por no obedecer, de lo que el
inconsciente ve sobre la madre fulminadora, que no deja desobedecer. El negativismo de Mari lo encontramos también en que se alimenta del no, el “eza” es su fuente de ingresos, cobra impuestos
dejados al “no”, fabrica sidras dadas al “no”, Mari abastece su
despensa con los que niegan “lo que es” y los que afirman “lo
que no es”. En alguna leyenda (señala Barandiarán) el pedrisco
se llama también ezartuak (los no recibidos) aludiendo sin duda
a los bienes no declarados, que en otras leyendas se denominan
“ezari-emanak” (los dados al no) cuya contrapartida es el pedrisco o el granizo, que representan lo no recibido, o la respuesta de
Mari.
Hay en las leyendas referentes a Mari abundante conjunción de
temas mitológicos plagados de simbolismos, que en otras mitologías son repartidos entre distintos personajes. Roba el primer grano de trigo a los Baso-Jauns, devora a sus hijos como Cronos, manda rayos como Zeus, aparecen identificaciones solares y lunares en
fin, aparte del tema de la mutilación, que aparece en las leyendas
de Tártalo como un simbolismo de castración, el resto de los poderes numénicos parecen residir en Mari, que aparece como una
imagen primigenia y polimorfa, como una verdadera diosa madre
(moira). Correspondería en sentido psicoanalítico a la mujer preedípica o mujer fálica, omnipotente y dominadora y en un sentido
más antropológico a la mujer madre, madre pre-patriarcal como
la Tamiat y todas las diosas madres antes de ser derrotadas por lo
masculino. Aunque Mari como las diosas madres después de ser
destronadas tienen su pareja en su marido Maju, éste siempre es
una figura secundaria. No parece ser verdaderamente su pareja como Horus para Isis, Adonis para Astarté o Atis para Cibeles, sino
que más bien parece su criado.
Mari aparece de numerosas formas, ya como árbol, ya como caballo, ya semiteriomorfa de mujer y buitre, como viento, como
humo, como bola de fuego, etc. Se la puede considerar (incluso
fonéticamente) como una Mar una furia. En lenguaje popular nórdico “la mahre” son los espíritus que atormentan durante el sueño,
de ahí “mara” pesadilla. Me atormenta la mara es una frase usada
según Mogk para indicar la angustia del sueño, de ahí vendrían
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“cauchemar”, y “nightmare”, palabras francesa e inglesa para denominar a los terrores nocturnos. En nuestro país también los terrores nocturnos son inculpados a potencias malignas y son tratados con la lectura de los Evangelios. Vemos de nuevo cómo el
sueño y el mito se relacionan, hecho ya indicado por Nietzsche que
decía: “en el sueño y el ensueño soportamos todo el trabajo de
la humanidad anterior.”
Según Jung, la raíz aria “mar” significa morir, de ahí vendría
“mara” la muerta. En eslavo (sigue diciendo Jung), “mara” significa bruja, en polaco “mora” pesadilla, en checo “mura” pesadilla, mariposa y esfinge. Para Jung la esfinge es un símbolo de
la madre terrible. En suizo alemán “mor” significa cerda madre
y se usa también como insulto.
Señala Jung la similitud fonética entre “Mar”, “mére”, “mer”,
“meer”, “mar”, “madre”, que aunque indica que es fortuita desde el punto de vista etimológico, se pregunta si no provendrá de
grande imagen primigenia de la madre, que significó para nosotros el mundo único, convirtiéndose después en símbolo de todo
el mundo. Hace notar que las madres de dos héroes religiosos se
llamen María y Maya y a título de curiosidad indicaremos que
Mari en Oyarzun en Maya.
Mara es también el genio malo que tienta a Buda (1).
En la periferia del país, leyendas similares en su contenido a las
de Mari se atribuyen a la Mora (la torca de la mora, la mora de
Zaldiarán) aunque esto, claro está, puede ser una simple casualidad.
Mari unas veces cabalga sobre caballo blanco, otras aparece
como caballo. La Mar la furia cabalga sobre los durmientes. Hecate es una diosa fantasma y nocturna, es una furia (Mar). Hesiodo
la describe como patrona de los jinetes. Jung la considera como
un símbolo de la madre terrible. Jung cita a Cannegiter, quien
hablando de las furias nocturnas dice: “los campesinos se protegen contra esos espíritus femeninos (diosas madres: moiras) colocando sobre el techo huesos de cabeza de caballo.”
Mari preside las tormentas, envía el rayo. Caballo y rayo tienen similitud. Los caballos significan fuego y luz. Los caballos de
Héctor que simbolizan el rayo se llamaban Xanthos (amarillo),
Lampos (brillante), Aithon (ardiente) y Podargos (pies rápidos).
(1)
Me entero por casualidad que Mari (así escrito) es una ciudad
sagrada
dedicada
a
la
diosa
babilónica
Isthar, descubierta
por
arqueólogos franceses el año 1923.
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En euskera el rayo se llama oñazkarra (pie ligero) y en el folklore
alemán el diablo, dios del rayo, derrumba los tejidos con sus cascos (rayos).
En los temas de Mari hay numerosas coincidencias con otras
mitologías. En la griega, los caballos Xanto y Balio, son hijos de
la arpía Podarga y Céfiro el viento. Mari, que es también una arpía, aparece como viento y como caballo.
Otro de los aspectos con que se presenta Mari es el arbóreo. El
árbol de la vida siempre se ha considerado como una madre generadora. Jung señala las numerosas divinidades femeninas adoradas en forma de árboles, de donde nace el culto a los bosques y
arboles sagrados. La antigua palabra germana “haruc” que indicaba la mansión de los dioses, significa también bosque. En algunas leyendas nórdicas el hombre nace de los árboles. Ast y Embla,
que se hallaban en la ribera del mar, Odin, les dió el alma, Hoenir
el espíritu y Lodour color vital y color brillante.
Moria era el árbol sagrado de Atenea. Barandiarán indica la
existencia del “Pagobedeinkatu” de Vergara y del “Pagomari” de
Alarmendi. Son frecuentes los mitologemas en los que el héroe renace a partir de árbol. Incluso árbol y caballo están frecuentemente enlazados, así Iggdrasill, el fresno universol nórdico, es llamado
también el caballo de Odin, y el corcel del espanto.
Mari como oráculo se vale del sapo. Para Jung el sapo, como
la rana (tierra y agua) en los sueños serían símbolos positivos. La
metamorfosis necesaria para alcanzar su estado adulto, representaría la transformación psíquica. Lo considera un animal femenino y maternal. La presunta piedra del sapo se usaba como antídoto contra los venenos y refiriéndose a ella Shakespeare dice:
“Hermosos son los servicios de la adversidad —la cual es como el
sapo repugnante y venenoso— pero que en su cabeza lleva una
preciosa gema.”
Los simbolismos de las leyendas marianas son tan variados y
numerosos, que requerirían un tiempo grande y conocimientos de
que carezco. Pero dada su frecuencia merece dos palabras el tema
de los cabellos de oro, que unas veces son peinados por ella y otras
por su marido. En el esquema de Frobenius sobre los mitos solares es un elemento constante del corte o la caída del cabello. Los
cabellos, incluso en la mente popular moderna, van unidos a la
energía (Sansón). El corte de los cabellos del héroe por una mujer sería reminiscencia de un mito solar en que la noche oscura
y femenina amputa al sol sus brillantes rayos. En las leyendas de
Mari se los peina con peine de oro e incluso su marido se los peina
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sin que al parecer haya un intento
dora solar es femenina. El peine es
en los escudos de Narvarte en mano
fico que se ha interpretado como la
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de cortarlos, ya que la poseeun tema que también aparece
de la sirena, ser semiteriomórimagen de la mujer fálica.
Para no quedar en las garras de Mari, nunca hay que darle
la espalda, hay que salir como se ha venido. Solamente la ruda y
el apio, dos plantas con virtudes medicinales, sirven para alejarla. La ruda era empleada en los ritos mágicos y se cree que la
raíz de ruda silvestre es lo que Mercurio dió a Ulises como antídoto contra el bebedizo que Circe la maga le diera. La ruda en la
antigüedad era llamada la hierba de la gracia, e implicaba arrepentimiento. En Hamlet Ofelia dice “aquí hay ruda para vos y
también para mí. La llamaremos hierba de la gracia del domingo”. Señala Thompson que “rue” era la palabra inglesa antigua
para expresar pesar o remordimiento. Parece que con la ruda se
pretendía aplacar a la furia y así poder huir de su poder terrible
y amenazador.
Claro está que no todos los atributos de Mari eran negativos o
malignos, sino que también los tiene positivos, hasta el punto de
transformar el carbón en oro, pretensión de aspecto alquimista,
tan bien estudiada y analizada por Jung en sus trabajos sobre
psicología y alquimia, en los que demuestra que era el oro del
alma lo que buscaban los alquimistas.
Toda figura mitológica tiene siempre un poco de su doble contrapuesto, su contrafigura, recordemos a este respecto que las
mismas Furias o Erienias eran llamadas también las Euménides
(benévolas) en cuyo bosque Edipo buscaba la paz y la redención de
sus pecados contranatura.
Hemos remarcado (un tanto pesadamente) los aspectos maternales-negativos de la figura Mari, que a nuestro entender no es
sino una imagen de la madre terrible. En el libro de Jung “Transformaciones y símbolos de la libido” (fig. 27) viene una fotografía de un relieve de la catedral de Bamberg, que titula el dragón
y la madre terrible, que nos hace recordar que el marido de la
madre terrible vasca aparece a veces también como dragón.
Como decíamos al principio, este predominio femenino, lo
creemos debido a la fijación materna que existe en el vasco a
nuestro entender, al menos esa es la impresión que tenemos a través de nuestro trabajo, aunque es aventurado decirlo así, ya que
carecemos de motivos comparativos con otros pueblos. Sin embargo, sin necesidad de profundizaciones psicológicas, es frecuente en-
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contrar una dirección materna en las familias vascas. Se ha dicho
(Simone de Beauvoir) que ello es propio de los países agrícolas.
“...la religión de la mujer (dice dicha autora) estaba ligada al
reino de la agricultura, reino de la duración irreductible, de la
contingencia, del azar, de la espera, del misterio” no lo se, pero
sí parece ser que no basta con que sea femenino (emakume: cría
de hembra), sino que debe alcanzar lo maternal para poseer su
grandeza
(etxeko-andre).
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