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Tesis sobre la comunidad terrible

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Tesis sobre la comunidad terrible
Tesis sobre la comunidad terrible
Tiqqun
(traducido por 'administración' para mesetas.net)
II Efectividad
1. « Se nos dice: ¿A pesar de todo, el esquizofrénico tiene un padre y una madre? Lamentamos decir
que no, no hay tal cosa. Solo desierto y tribus habitando en él, un cuerpo lleno con sus
multiplicidades enganchadas. » Gilles Deleuze, Félix Guattari. Mil Mesetas
1. BIS. LA COMUNIDAD TERRIBLE es la única forma de comunidad compatible con este
mundo, con el Bloom. Todas las demás comunidades son imaginarias; no son realmente imposibles,
sino posibles solo a veces, y en todo caso nunca en la plenitud de su actualización. Emergen en las
luchas, por tanto son heterotopías, zonas de opacidad ausentes de toda cartografía, perpetuamente
en curso de constituirse, y perpetuamente en vías de desaparición.
2. LA COMUNIDAD TERRIBLE no es sólo posible; es ya real; y está siempre-ya en acto. Es la
comunidad de los que quedan [ceux qui restent]. No está nunca en potencia, no tiene ni devenir ni
futuro, ni fines realmente exteriores a sí misma ni deseo de devenir otra, solamente desea persistir.
Es la comunidad de la traición, ya que va contra su propio devenir; se traiciona sin transformarse ni
transformar el mundo alrededor.
2. BIS. LA COMUNIDAD TERRIBLE es la comunidad de los Bloom, ya que en su seno ninguna
des-subjetivación es bienvenida. Por otra parte, para entrar en ella es preciso haberse puesto entre
paréntesis.
3. LA COMUNIDAD TERRIBLE no ek-siste, a no ser en las disensiones que a veces la atraviesan.
El resto del tiempo la comunidad terrible es, eternamente.
4. A PESAR DE ELLO, la comunidad terrible es la única que encontramos, ya que ha desaparecido
el mundo en tanto lugar físico de lo común y del compartir [partage], quedando del mismo
solamente una retícula imperial en cuadriculado para ser surcada. La mentira del « hombre » en sí
mismo no encuentra ya ningún mentiroso en quien afirmarse.
Los no-hombres, los no-ya-más-hombres, los Bloom, no consiguen pensar, como sí se pudo hacer
en otro tiempo, puesto que el pensamiento era un movimiento en el seno del tiempo, y éste ha
cambiado de consistencia. Además, los Bloom han renunciado a soñar, habitan distopías
acondicionadas, lugares sin lugar, intersticios sin dimensión de la utopía mercantil. Son planos y
unidimensionales puesto que, no reconociéndose en ninguna parte, ni en sí mismos ni en los demás,
no reconocen ni su pasado ni su futuro. Su resignación borra el presente día a día. Los no-ya-máshombres pueblan la crisis de la presencia.
5. EL TIEMPO de la comunidad terrible es espiraloide y de consistencia turbia. Es un tiempo
impenetrable en el que la forma-objeto y la forma-hábito pesan sobre las vidas dejándolas sin
espesor. Se lo puede definir como el tiempo de la libertad ingenua, donde todo el mundo hace lo
que quiere, puesto que es un tiempo que no permite querer otra cosa que lo que ya está ahí. Se
puede decir que es el tiempo de la depresión clínica, o bien el tiempo del exilio y de la prisión. Es
una espera sin fin, una extensión uniforme de discontinuidades sin orden.
6. EL CONCEPTO DE ORDEN, en la comunidad terrible, ha sido abolido en provecho de la
efectividad de las relaciones de fuerza y el concepto de forma lo ha sido en provecho de la práctica
de la formalización, que, no aprehendiendo los contenidos a los que se aplica, es eternamente
reversible. La comunidad se coagula y se formaliza, sin nunca tomar forma, en torno a falsos
rituales y falsos recreos [échéances] (manifestaciones, vacaciones, 'fins de mission' [¿se refiere a
'celebración de algún trabajo cumplido o algo así'?], asambleas diversas, reuniones más o menos
festivas). Puesto que la forma, al ser sensible y corruptible, expone al devenir.
6. BIS. EN EL SENO DE LA COMUNIDAD terrible, la informalidad es el intermediario [médium]
más apropiado para la construcción no confesada de jerarquías despiadadas.
7. LA REVERSIBILIDAD es el signo bajo el que se coloca todo acontecimiento que tiene lugar en
la comunidad terrible. Pero es la propia reversibilidad quien, con su cortejo de temores e
insatisfacciones, es irreversible.
8. EL TIEMPO DE LA REVERSIBILIDAD infinita es un tiempo ilegible, no-humano. Es el tiempo
de las cosas, de la luna, los animales, las mareas, no de los hombres, y aún menos de los no-ya-máshombres, ya que estos últimos ya no saben pensarse, mientras que los demás aún van llegando ahí
[tandis que les autres y arrivaient encore: hay que retraducirla-entenderla].
9. Se podría preguntar: ¿POR QUÉ LOS HOMBRES no abandonan la comunidad terrible? Se
podría responder que es debido a que el mundo-no-ya-mundo es aún más inhabitable que ella; pero
así se caería en la trampa de las apariencias, en una verdad superficial, ya que el mundo está tejido
por la misma inexistencia agitada que la de la comunidad terrible; entre ellos dos existe una
continuidad escondida que para los habitantes del mundo y para los de la comunidad terrible
permanece como indescifrable.
10. LO QUE SE DEBE más bien hacer notar es que el mundo obtiene su existencia mínima, esa que
nos permite descifrar en él su inexistencia sustancial, de la existencia negativa de la comunidad
terrible (por marginal que pueda ser), y no, como podría creerse, lo contrario.
11. LA EXISTENCIA NEGATIVA de la comunidad terrible es en último término una existencia
contrarrevolucionaria, ya que ante la subsistencia residual del mundo, aquélla se contenta
pretendiendo una mayor plenitud.
12. LA COMUNIDAD TERRIBLE es terrible puesto que se autolimita no descansando en ninguna
forma, puesto que no conoce éxtasis. Razona, con las mismas categorías morales que el mundo-yano-más-mundo, las razones de poder echarlo en falta. Conoce los derechos y las injusticias pero
siempre las codifica en base a la coherencia que le falta al mundo al cual está contestando. Critica la
violación de un derecho, la saca a la palestra, le presta atención. Pero ¿quién ha establecido (y
violado) este derecho? El mundo al que ella rechaza su pertenencia. ¿Y a la atención de quién
destina su discurso? A la del mundo que ella niega. ¿Qué desea entonces la comunidad terrible? El
mejoramiento del estado de cosas existente. ¿Y qué desea el mundo? Lo mismo.
13. LA DEMOCRACIA es el medio de cultivo de toda comunidad terrible. El mundo-ya-no-másmundo es el mundo donde el litigio originario y fundador de lo político se borra en provecho de una
visión gestionaria de la vida y lo viviente, el biopoder. En este sentido, la comunidad terrible es una
comunidad biopolítica, ya que también funda su unanimidad pasiva y cuasi-militar sobre la
represión [refoulement] del litigio fundador de lo político, el litigio entre formas-de-vida. La
comunidad terrible no puede permitir que en su seno exista un bios, una vida no conforme
conducida libremente, sino solo una supervivencia en sus filas. Al fin y al cabo, la continuidad
escondida entre el tejido biopolítico de la democracia y las comunidades terribles se debe al hecho
de que el litigio es abolido en ellas imponiendo una unanimidad a la vez desigualmente compartida
y violentamente encerrada en una colectividad que se supone que hace posible la libertad. Por tanto
sucederá que paradójicamente las filas de la democracia biopolítica serán más confortables que las
de la comunidad terrible, sucediendo que el espacio de juego, la libertad de los sujetos y las
constricciones impuestas por la forma-política se encuentran como siendo algo inversamente
proporcional, en un régimen biopolítico de verdad.
14. CUANTO más abierto a la libertad se pretenda UN RÉGIMEN biopolítico de verdad, más éste
será policial, y más, al delegar a la policía la tarea de reprimir las insubordinaciones, dejará a sus
sujetos en un estado de inconsciencia relativa, de cuasi-infancia. Por contra, en un régimen
biopolítico de verdad donde SE pretenda realizar la libertad no poniendo para nada en discusión su
forma, SE exigirá, a aquellos que participan, introyectar la policía en su bios, con el poderoso
pretexto de que no hay elección.
Elegir la pseudo-libertad individual concedida por las democracias biopolíticas —sea por necesidad,
por juego o por sed de goce— equivale, para cualquiera que haya formado parte de una comunidad
terrible, a una degradación ética real, puesto que la libertad de las democracias biopolíticas no es
más que la libertad de comprar y de venderse.
15. ASIMISMO, desde el punto de vista de las democracias biopolíticas unificadas en Imperio, los
que se alinean del lado de las comunidades terribles pasan de un régimen político de intercambio
mercantil (de gestión) a un régimen político militar (de represión). Agitando el espectro de la
violencia policial, las democracias biopolíticas consiguen militarizar a las comunidades terribles,
consiguen hacer que la disciplina en su seno sea más dura que en otros lados; y ello a fin de
producir un crescendo en espiral que se supone que al final hará preferible la mercancía a la lucha,
hará preferible la libertad de circular, tan calurosamente recomendada por la policía y la propaganda
mercantil —« circulen, ¡no hay nada que ver! »—, a la libertad de ver otra cosa, el motín por
ejemplo.
Para quienes aceptan trocar la libertad más alta, la de luchar, por la más reificada, comprar, las
democracias biopolíticas acondicionan, desde hace veinte años, confortables empleos de
emprendedores biopolíticos fuertemente conectados —¿qué sería de ellos sin sus redes? Hasta que
no proliferen universalmente los fight clubs, no dejarán de pulular con un crecimiento exponencial
las start-up, agencias de publicidad, bares conectados y coches de polis. Y las comunidades terribles
serán el modelo de este nuevo giro de la evolución mercantil.
16. COMUNIDADES TERRIBLES y democracias biopolíticas pueden coexistir en una relación
vampírica, puesto que los dos se viven como mundos-ya-no-más-mundos y como mundos sin
afuera. Su ser-sin-afuera no es una convicción terrorista excitada para garantizar la fidelidad de los
sujetos que forman parte de la democracia biopolítica o de la comunidad terrible, sino que es una
realidad en la medida en que se trata de dos formaciones humanas que coinciden casi por completo.
No hay participación consciente en la democracia biopolítica sin participación inconsciente en una
comunidad terrible, y viceversa. Puesto que la comunidad terrible no es solo la comunidad de la
contestación social o política, la comunidad militante, sino tendencialmente todo aquello que busca
existir en tanto comunidad en el seno de la democracia biopolítica (la empresa, la familia, la
asociación, el grupo de amigos, la banda de adolescentes, etc.). Y esto en la medida en que todo
compartir sin fin —en ambos sentidos del término— es una amenaza efectiva para la democracia
biopolítica, que se funda sobre una separación tal que sus sujetos ya no son incluso individuos sino
solamente dividuos repartidos entre dos participaciones necesarias aunque contradictorias, entre su
comunidad terrible y la democracia biopolítica. Además, una de esas participaciones debe ser vivida
como clandestina, indigna, incoherente.
La guerra civil, expulsada de la publicidad, se ha refugiado en el interior de los individuos. La línea
del frente que ya no pasa por el mismo centro de la sociedad sí que pasa en adelante por el mismo
centro del Bloom. El capitalismo exige la esquizofrenia.
17. EL PARTIDO IMAGINARIO es la forma que toma esta esquizofrenia cuando deviene ofensiva.
Se está en el Partido Imaginario no cuando se está en una comunidad terrible o en la democracia
biopolítica, sino cuando se actúa para destruir ambas.
18. LO QUE SE PULVERIZA, se agota [ce qui s'effrite s'effrite: he supuesto que usa el verbo en los
dos sentidos, uno viejo, agotar, uno moderno, pulverizar], pero no puede ser destruido. Sin embargo
la vida entre los escombros no solo es posible, sino efectivamente presente. La inteligencia superior
del mundo está en la comunidad terrible. La salvación del mundo en tanto mundo, en tanto que
persistiendo en su estado de descomposición relativa, residiría entonces en el adversario que se ha
jurado destruir. Pero ¿cómo se podría destruir a este adversario si no es al precio de su propia
desaparición en tanto que adversario? Se nos dice que podría constituirse positivamente, fundarse,
darse leyes propias. Pero la comunidad terrible no tiene vida autónoma, no encuentra en ninguna
parte un acceso al devenir. Es solo el último truco de un mundo en desagregación a fin de
sobrevivirse un poco todavía.
III Afectividad
de por qué a menudo se desea lo que conlleva nuestra desgracia (y tanto, y de modo tal, que se
llega hasta a añorar la época de los matrimonios arreglados), y de por qué las mujeres no dicen lo
que piensan. Aquí se habla también de la insuficiencia de las buenas intenciones.
¡Atención! Capítulo de lectura peligrosa, ya que aquí todo el mundo está acusado.
YOCASTA
¿Qué es el exilio?¿De qué sufre el exiliado?
POLINICES
Del peor de los males: no tener derecho a la parrhesia.
YOCASTA
Es una condición de esclavo, no decir lo que se piensa.
POLINICES
Y de deber plegarse a las tonterías de quienes mandan.
YOCASTA
Sí, y es esto: hacer el estúpido con los estúpidos.
POLINICES
Por interés, uno fuerza su temperamento
Eurípides
Las Fenicias
1. La parrhesia es el uso peligroso del lenguaje, su uso afectual [en francés affectuel: es un
derivado, como se ve, de 'afecto', así como 'emocional' deriva de emoción (tampoco existe en
francés 'afectual', así que ni siquiera podemos decir que sea neologismo, creo). N. de T.], es el acto
de verdad que pone en cuestión los vínculos de poder tal y como se dan en la amistad, en la política,
en el amor. El parrhesiastés no es el que dice la verdad más dolorosa para romper los lazos que
unen a los demás, y que se fundan sobre el rechazo a aceptar esta verdad como ineluctable. Quien
hace uso de la parrhesia se pone de entrada él mismo en peligro, con un gesto de exposición de sí
mismo en las mallas relacionales. La parrhesia es el acto de verdad que huye del punto de vista del
sobrevuelo [surplomb].
Ahí donde la parrhesia no es posible, los seres están en exilio, actúan como esclavos. Incluso si la
comunidad terrible [si se empiezan a leer estas 'Tesis' a partir de este capítulo III, esta comunidad es
en la que todos estamos por defecto, y es, en vocabulario de Tiqqun, la de los 'blooms', de los que
por ejemplo se caracterizan por tener un 'singular gusto por la ausencia'… etc.] es, para sus
habitantes, como una catedral en el desierto, y es en su seno donde se soporta el exilio más amargo.
Puesto que en tanto máquina de guerra omnilateral debe mantener con el exterior un equilibrio vital
de naturaleza homeostática, la comunidad terrible no puede tolerar que entre sus filas circulen
discursos peligrosos para sí misma. Para perpetuarse, tiene necesidad de relegar el peligro al
exterior: este será el Extranjero, la Competencia, el Enemigo, los polis. Así, la comunidad terrible
aplica en su propio seno la más estricta policía de los discursos, deviniendo para sí misma su propia
censura.
2. AHÍ DONDE EL HABLA muda de la represión hace oír su voz, ninguna otra palabra tiene
derecho de ciudad [droit de cité: traducimos literal, como se ve (existe un uso sociológico de
'ciudad')] en tanto que permanece segada de cualquier efectividad inmediata. La comunidad terrible
es una respuesta a la afasia que impone todo régimen biopolítico, pero es una respuesta insuficiente
puesto que se perpetúa por la censura interna, al margen también del orden simbólico del
patriarcado. A menudo no es entonces más que otra forma de policía, otro lugar donde mantenerse
en el analfabetismo emocional o en un estado de minoridad infantil, bajo el pretexto de una
amenaza exterior. Puesto que el infante no es tanto el que no puede hablar, sino el que está excluido
de los juegos de la verdad.
3. EL MUNDO-YA-NO-MUNDO, este mundo descuartizado, vive en la patética autocelebración
que SE denomina aún « Espectáculo ». El Espectáculo se consume en la duda, reduce la consciencia
a una pasividad anestésica. Lo que la democracia biopolítica pide a la consciencia es asistir a la
destrucción ya no tanto como destrucción efectiva, sino como espectáculo. Mientras que la
comunidad terrible pide asistir a la destrucción en tanto que destrucción, de hacerla por tanto
alternar, para que pueda durar, con breves periodos de reconstrucción colectiva.
3. BIS. NO EXISTEN DISCURSOS DE VERDAD [está escrito en el sentido de 'relativos a la
verdad', no en el sentido en castellano de algo que 'de verdad' es así o asá], solo existen dispositivos
de verdad. El Espectáculo es el dispositivo de verdad que consigue que funcione en su provecho
cualquier otro dispositivo de verdad. Espectáculo y democracia biopolítica coinciden en aceptar
cualquier régimen de discurso falso proferido por cualquier tipo de sujeto mientras que ello permita
que continúe la paz armada en vigor. La proliferación de la insignificancia apunta a recubrir la
totalidad de lo existente.
4. LA COMUNIDAD TERRIBLE conoce el mundo, pero no se conoce. Y esto es porque ella es, en
su aspecto afirmativo, un ser no reflexivo sino estancado. En cambio, en su aspecto negativo, existe
en tanto que niega el mundo, y por tanto se niega a sí misma, estando hecha a la imagen de éste. No
hay consciencia por debajo de la existencia, y ninguna auto-consciencia por debajo de la actividad,
pero sobre todo no hay consciencia en la actividad de destrucción inconsciente. Desde el momento
en que la comunidad terrible se perpetúa actuando bajo la mirada hostil del otro, introyectando esta
mirada y constituyéndose como objeto y no como sujeto de esta hostilidad, solo puede amar y odiar por
reacción.
5. LA COMUNIDAD TERRIBLE es un conglomerado humano, no un grupo de compañeros. Los
miembros de la comunidad terrible se encuentran y se agregan más por accidente que por elección.
No se acompañan, no se conocen.
6. LA COMUNIDAD TERRIBLE está atravesada por todo tipo de complicidades —¿y cómo podría
subsistir si no?—, pero a diferencia de los ancestros de los que se reclama, su forma no viene
determinada en ningún caso por tales complicidades. Su forma es más bien la de la
DESCONFIANZA [méfiance]. Los miembros de la comunidad terrible desconfían los unos de los
otros porque no saben nada de sí mismos ni de los demás, y porque nadie conoce la comunidad de
la cual se es parte: se trata de una comunidad sin relato posible, por tanto impenetrable, y de la que
no se puede hacer experiencia más que en la inmediatez, pero de una inmediatez inorgánica que no
revela [dévoile] nada. La exposición que se practica en ella es mundana y no política: lo que se
aprehende, hasta en la soledad heroica del gamberro rompiendo algo, es el cuerpo en movimiento y
no la coherencia entre éste y su discurso. Por ello, la clandestinidad, el pasamontañas, la pequeña
riña [guéguerre], a la vez fascinan y engañan: el policía provocador es también un gamberro que
rompe cosas…
6. « NOS LAS VEMOS CON UN APARATO de desconfianza total y circulante, puesto que no
tiene punto absoluto. La perfección de la vigilancia es una suma de malas voluntades
[malveillances] ». (Foucault sobre el Panopticon)
7. NO OBSTANTE, existiendo las complicidades, los miembros de la comunidad terrible sospechan
que el proyecto también existe, pero que estarían siendo dejados de lado. De ahí la desconfianza. La
desconfianza que mantienen entre sí los miembros de la comunidad terrible es mucho mayor que la
que mantienen con respecto a los ciudadanos del resto del mundo: estos últimos, en efecto, no
esconden el hecho de tener mucho que esconder, saben acerca de la imagen que se supone que
tienen y que dan del mundo del que forman parte.
8. SI, A PESAR DE SU PANOPTISMO interno, la comunidad terrible no se conoce, es porque no
es conocible, y, en esta medida, es tan peligrosa para el mundo como para sí misma. Es la
comunidad de la inquietud; pero también es la primera víctima de esta inquietud.
8. BIS. LA COMUNIDAD TERRIBLE es una suma de soledades que se vigilan sin protegerse.
9. EL AMOR entre los miembros de la comunidad terrible es una tensión inagotable, que se nutre de
lo que el otro vela y no desvela: su banalidad. La invisibilidad de la comunidad terrible para
consigo misma le permite amarse ciegamente.
10. LA IMAGEN PÚBLICA, exterior, de la comunidad terrible es lo que menos le interesa a la
propia comunidad, ya que sabe que es postiza a sabiendas. Igualmente irrisoria es su imagen de sí
misma, la publicidad propia que la comunidad despliega en su seno, pero que no engaña a nadie.
Puesto que lo que mantiene junta a la comunidad terrible es precisamente lo que se encuentra por
debajo [en deçá] de su publicidad, lo que deja apenas entrever a sus propios miembros, y que
siquiera deja adivinar al exterior. Es informada por la banalidad de su privado, por el vacío de su
secreto y por el secreto de su vacío; para perpetuarse también produce y secreta comunidad pública.
10. BIS. LA BANALIDAD DE LO PRIVADO de las comunidades terribles se esconde, puesto que
esta banalidad es la banalidad del mal.
11. LA COMUNIDAD TERRIBLE no descansa en sí misma, sino en el deseo que el exterior le
dedica, y que inevitablemente cobra la forma del malentendido.
12. LA COMUNIDAD TERRIBLE, como toda formación humana en la sociedad capitalista
avanzada, funciona sobre una economía de placer sadomasoquista. La comunidad terrible, a
diferencia de todo lo que no es ella, no se confiesa a sí misma su masoquismo fundamental, y los
deseos de los que participa se disponen [s'agencent] sobre este malentendido.
Lo « salvaje » suscita en efecto un deseo, pero este deseo es un deseo de domesticación, y por tanto
de destrucción, así como la criatura ordinaria, confortablemente asentada en su cotidianeidad, es
erótica solo en la medida en que se le querrían imponer mancillamientos atroces. El hecho de que
este metabolismo emotivo permanezca escondido es una fuente inagotable de sufrimiento para los
miembros de la comunidad terrible, que devienen incapaces de evaluar las consecuencias de sus
gestos afectivos (consecuencias que desmienten sistemáticamente sus previsiones). Los miembros
de las comunidades terribles de este modo desaprenden progresivamente a amar.
13. LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL en el seno de la comunidad terrible se funda sobre la
humillación sistemática, sobre la pulverización de la autoestima de sus miembros. Nadie debe
poder creerse portador de una forma de afectividad que tenga derecho de ciudad en el interior de la
comunidad. El tipo hegemónico de afectividad en el interior de la comunidad terrible corresponde
paradójicamente a la forma más retardada en el exterior. La tribu, el pueblo, el clan, la banda, el
ejército, la familia, son las formaciones humanas reconocidas universalmente como las más crueles
y las menos gratificantes, pero a pesar de todo persisten en el seno de las comunidades terribles.
Las mujeres deben asumir en ellas una forma de virilidad que incluso los machos rehúsan en
adelante en las democracias biopolíticas; y ello a la vez percibiéndose como mujeres al estilo de esa
femineidad decadente con respecto al fantasma masculino dominante en el propio seno de la
comunidad terrible, que es el de la mujer plástica y « sexy » (a imagen de esta pura envoltura carnal
que es la Jovencita), presta para el uso y el consumo de la sexualidad genital.
14. EN LAS COMUNIDADES TERRIBLES, las mujeres, a falta de poder devenir hombres, deben
devenir como los hombres, manteniéndose furiosamente heterosexuales y prisioneras de los
estereotipos más gastados. Si en la comunidad terrible nadie tiene el derecho a decir la verdad sobre
los vínculos humanos, para las mujeres esto es doblemente cierto: la mujer que hace uso de la
parrhesia en el seno de la comunidad terrible será inmediatamente catalogada de histérica.
14. BIS. EN EL SENO DE TODA comunidad terrible se hace la experiencia del sorprendente
silencio de las mujeres. La patho-fobia [digamos: fobia al pathos] se manifiesta a menudo como
represión indirecta de la palabra femenina, extraña y perturbadora, ya que es palabra de carne. No
es que se haga callar a las mujeres; simplemente ocurre que el espacio-límite con la locura, donde
podría darse su palabra de verdad, se encuentra discretamente borrado, día tras día.
15. « NO OCURRE que las mujeres hayan hecho mal en llevar a cabo las acciones: incluso eran
más audaces, más capaces, estaban más preparadas y más convencidas que los hombres.
Únicamente es que se les concedía menos autonomía en el nivel de las iniciativas: era como si una
diferencia aflorara instintivamente en la preparación y en las discusiones colectivas de trabajo, y su
voz contara menos.
» El problema estaba en el grupo: era un comportamiento anodino, un no-dicho, o incluso un
'cállate' lanzado en plena discusión. […] Esta especie de discriminación no era una decisión a
priori, más bien era algo que se aportaba desde el exterior, en parte inconscientemente, algo que
estaba por debajo de la voluntad. Algo que no se podía resolver en una declaración ideológica o
mediante una elección racional ». (I. Faré, F. Spirito, Mara et les autres)
15. BIS. PUESTO QUE LA COMUNIDAD terrible se funda sobre vínculos inconfesados, acaba
inevitablemente por hundirse en las relaciones más residuales y más « primitivas ». Las mujeres
están destinadas en ella a la gestión de las cosas concretas, de los asuntos corrientes, y los hombres
a los asuntos de la violencia y la dirección. En esta abrumadora reproducción de clichés obsoletos,
el único vínculo posible entre hombre y mujer es el vínculo de seducción. Pero como la seducción
generalizada conduciría a la comunidad terrible a la explosión, ésta es estrictamente encauzada a la
forma-pareja, heterosexual y monógama, que domina.
16. « ES CIERTO QUE LAS BANDAS están minadas por muy diferentes fuerzas que instauran en
ellas centros interiores de tipo conyugal y familiar, o de tipo estatal, y que las hacen pasar a un tipo
de sociabilidad totalmente distinto, reemplazando los afectos de muta [ver notas] por sentimientos
de familia o por inteligibilidades de Estado. El centro o los agujeros negros internos adquieren el
papel principal. Ahí es donde el evolucionismo puede ver un progreso, en esta aventura que también
toca a las bandas humanas cuando reconstituyen un familiarismo de grupo, o incluso un
autoritarismo, un fascismo de muta. (G. Deleuze, F. Guattari, Mil Mesetas).
16. BIS. LAS AMISTADES, también, en el seno de la comunidad terrible, entran en el imaginario
estilizado y raquítico que conviene a toda sociedad heterosexual monógama. Puesto que los
vínculos interpersonales jamás deben ponerse en discusión y se supone que « van de suyo », la
cuestión de los vínculos hombres-mujeres no se ve abordada, y sistemáticamente se verá que se da
« a la manera antigua », ya sea proto-burguesa, ya sea bárbaro-proletaria. Las amistades se
mantienen entonces como algo rigurosamente monosexual, frecuentándose entonces, hombres y
mujeres, en una irreductible extrañeza, cosa que les permitirá, llegado el momento, componerse
eventualmente (en una pareja).
17. EL FAMILIARISMO para nada implica la existencia de familias reales; por el contrario, su
difusión masiva sobreviene en el momento mismo en que la familia en tanto que entidad cerrada
explota, contaminando a cambio toda la esfera de los vínculos que hasta hoy se le escapaban. « El
familiarismo, dice Guattari, consiste en negar mágicamente la realidad social, en evitar todas las
conexiones con los flujos reales » (La Revolución molecular). Cuando la comunidad terrible, para
tranquilizarnos, nos dice que ella no es en el fondo más que una « gran familia », nos vienen a
modo de recuerdos todo lo arbitrario, todo el enclaustramiento, la morbidez y el moralismo que han
acompañado a la institución familiar en el curso de su existencia histórica; salvo que ahora, bajo el
pretexto de preservarnos, se nos impone todo ello menos la institución, es decir, sin que se la pueda
denunciar.
17. BIS. LA PARTE de humillación y envilecimiento de los hombres consiste en la obligación a la
que constantemente se ven llevados, la de exhibir sus capacidades mediante una u otra forma de
performance viriloide [se entiende el 'neologismo' que usamos]. El contratipo [ahora veremos que
esto se pensará en relación con la palabra estereotipo] no ha lugar en la economía afectiva de la
comunidad terrible, en la cual, en último término, prevalece solamente el estereotipo; de hecho, solo
el Cabecilla [Meneur] es objetivamente deseable. Toda otra posición es imposible sin la implícita
confesión de una incapacidad fundamental para existir singularmente. Pero los desvíos respecto al
estereotipo son alimentados sin cesar por el metabolismo afectivo despiadado de la comunidad
terrible. Cuando el contratipo, por ejemplo, intente desprenderse de sí, será violentamente repelido
al calabozo de su « insuficiencia ». El contratipo chivo-expiatorio funciona como el espejo
deformante de cada uno, que tranquiliza inquietando.
Implícitamente, se permanece en la comunidad terrible para no ser ni el Cabecilla ni el contratipo,
mientras que estos últimos se mantienen en ella porque no tienen elección.
18. CADA COMUNIDAD TERRIBLE tiene su Cabecilla, y viceversa.
18. BIS. POR DOQUIER, donde no se problematizan los vínculos, afloran las formas antiguas en
toda su potencia de brutalidad a-discursiva: el fuerte levanta la mano sobre el débil, el hombre sobre
la mujer, el adulto sobre el infante, etc.
19. EL CABECILLA no tiene necesidad de afirmarse; incluso puede hacer de [jouer] contratipo, o
ironizar sobre la virilidad. Su carisma no tiene necesidad de conseguir nada, ya que está
objetivamente probado por los parámetros biométricos del deseo de la comunidad terrible, y por la
sumisión efectiva de los demás hombres y mujeres. La comunidad terrible es la comunidad de los
cornudos [cocus].
20. EL SENTIMIENTO FUNDAMENTAL que enlaza la comunidad terrible a su Cabecilla no es la
sumisión sino la disponibilidad, esto es, una variante sofisticada de la obediencia. El tiempo de los
miembros de la comunidad debe permanentemente ser pasado por la criba de la disponibilidad:
disponibilidad sexual potencial hacia el Cabecilla, disponibilidad física para las tareas más diversas,
disponibilidad afectiva para sufrir cualquier herida debida a la inevitable distracción de los demás.
En la comunidad terrible, la disponibilidad es la introyección artista de la disciplina.
21. TANTO EL DESEO DE CABECILLA como el deseo de ser Cabecilla se saben condenados a
un fracaso inevitable. Puesto que la mujer del Cabecilla (nadie lo ignora) es la única en no ser la
víctima de la mascarada seductora en la medida en que cotidianamente verifica la nada: lo privado
de los dominantes siempre es lo más miserable. De hecho, en el seno de la comunidad terrible, el
Cabecilla es lo más deseable, como puede serlo la mujer sofisticada y altiva en la democracia
biopolítica. El deseo sexual que hombres y mujeres tienen por el Cabecilla y que le rodea de un aura
tan intensa que hace que todas las miradas se dirijan a él, no es otra cosa que un deseo de
humillación. Se quiere desnudar al Cabecilla, verle satisfacer sin dignidad el cortejo de antojos que
suscita para prevalecer. Todo el mundo odia al Cabecilla así como los hombres han odiado a las
mujeres durante milenios. Todo el mundo desea en el fondo domesticar al Cabecilla ya que todo el
mundo detesta la fidelidad que se le rinde.
CADA CUAL DETESTA SU AMOR POR EL CABECILLA.
22. LO PERSONAL, en la comunidad terrible, no es político.
23. EL CABECILLA, lo más corriente es que sea un hombre, ya que actúa en nombre del Padre.
24. ACTÚA EN NOMBRE del Padre aquel que se sacrifica. El Cabecilla es en efecto el que
perpetúa la forma sacrificial de la comunidad terrible mediante su propio sacrificio y por la
exigencia de sacrificio que hace pesar en los demás. Pero como el Cabecilla no es el Tirano —
siendo por ello con más razón tiránico— no dice abiertamente a los demás lo que deben hacer; el
Cabecilla no impone su voluntad, sino que la deja imponerse orientando secretamente el deseo de
los otros, que siempre es en último término el deseo de complacerle. A la cuestión « ¿Qué debo
hacer? » el Cabecilla responderá « Lo que quieras », puesto que sabe que su existencia en la
comunidad terrible impide en los hechos a los demás querer otra cosa que lo que él quiere.
25. AQUEL QUE ACTÚA en nombre del Padre no puede ser cuestionado. Ahí donde la fuerza se
erige en argumento, el discurso se retira en habladuría o en excusa. En la medida en que haya un
Cabecilla —y por tanto su comunidad terrible— no habrá parrhesia, y los hombres, las mujeres y el
Cabecilla mismo estarán en exilio. No se puede poner en discusión la autoridad del Cabecilla en la
medida en que los hechos prueban que se le ama a la vez que se detesta cómo tales hechos lo aman.
Sucede que el Cabecilla se pone en cuestión a sí mismo, y entonces otro toma su lugar, o, la
comunidad terrible, tornada acéfala, perece por una desgarradora hemorragia.
26. EL CABECILLA es realmente el mejor de su grupo. Usurpa la plaza de nadie y todo el mundo
es consciente de esto. No se debe batir por el consenso, ya que es él quien más se sacrifica o quien
más se ha sacrificado.
27. EL CABECILLA nunca está solo, ya que todo el mundo estrá detrás de él; pero al mismo
tiempo es el icono mismo de la soledad, la figura más trágica y más pardilla de la comunidad
terrible. Solo debido a que ya se encuentra a merced del cinismo y de la crueldad de los demás (de
los que no están en su lugar), el Cabecilla es, a veces, verdaderamente amado y querido.
Nota:
MUTA: así se traduce meute en el libro de Canetti; también podríamos traducir el término por
'manada', pero claro, generalizando 'manada': Ver por ejemplo esta nota aquí, en
http://www.enfocarte.com/6.30/vasquezrocca.html:
« El término muta procede del francés 'meute', que actualmente sólo significa "jauría"
(grupo de perros cazadores), pero que en francés antiguo conservaba todavía la acepción
del étimo latino movita, con el significado de "alzamiento" o "levantamiento" que hoy
tendría la palabra motín. »
0 Notas para un superamiento [dépassement]
algunas indicaciones para superar el malestar presente: notas no exhaustivas y no
programáticas.
Aquí va una cita de J. Lefebvre (La société de la consolation)
1. LA COMUNIDAD TERRIBLE, allá donde la hubiere, es como todo lo demás, puesto que ella
está en todo lo demás.
2. DEMOCRACIA BIOPOLÍTICA y comunidad terrible —una en tanto que axiomática de la
distribución de las relaciones [rapports] de fuerza, la otra en tanto que sustrato efectivo de las
relaciones [rapports] inmediatas— constituyen las dos polaridades de la situación actual. Y ello
hasta tal punto que las relaciones de poder que rigen las democracias biopolíticas no podrían
realizarse, propiamente hablando, sin las comunidades terribles, que conforman el sustrato ético de
dicha realización. Con más exactitud, la comunidad terrible es la forma pasional de esta axiomática,
lo que le permite desplegarse en territorios concretos.
En última instancia, solo mediante la comunidad terrible es como el Imperio consigue semiotizar las
formaciones sociales más heterogéneas bajo la forma de la democracia biopolítica: en ausencia de
comunidades terribles, la axiomática social de la democracia política no tendría cuerpos sobre los
que efectuarse. Sin esta mediación no podríamos explicar todos los fenómenos de intrincación entre
lo arcaico (neo-esclavismo, prostitución globalizada, neofeudalismo de empresa, tráfico de
humanos de todo tipo…) y la hipersofisticación imperial.
Esto para nada significa que los gestos que destruyen la comunidad terrible lleven asociado cierto
poder subversivo. En tanto que régimen de efectuación de esa axiomática, la comunidad terrible no
tiene ninguna vitalidad propia. No tiene nada en sí misma que la permita metamorfosearse en otra
cosa, nada que le permita colocar a los seres en un vínculo transformado respecto al estado presente
de las cosas; nada que salvar. Y es un hecho que el presente está saturado hasta tal punto de
comunidades terribles, que el vacío determinado por toda ruptura parcial, voluntarista, con ellas,
llega a ser llenado a una velocidad espantosa.
Si es por tanto absurdo preguntarse qué hacer con las comunidades terribles, ellas, que están ya
siempre hechas y siempre ya en disolución, ellas, que reducen al silencio a toda insumisión interna
(tanto a la parrhesia como al resto), en cambio sí que es de una importancia vital aprehender en qué
condiciones concretas podría ser arruinada la solidaridad entre democracias biopolíticas y
comunidades terribles. Para ello se debe ejercer una cierta mirada, la «mirada del ladrón», aquel que
desde el interior del dispositivo materializa la posibilidad de escaparse de él. Compartiendo esta
mirada, los cuerpos más vivos harán advenir aquello hacia lo cual la comunidad terrible hace signo,
incluso contra su voluntad, ciegamente: su propia desagregación.
Puesto que las comunidades terribles nunca son realmente ingenuas ante su mentira, precisamente
lo que pasa es que están apegadas a su ceguera, lo cual les permite subsistir.
2. BIS. HEMOS DENOMINADO comunidad terrible todo medio que se constituya sobre la base
del compartir las mismas ignorancias —en este caso, también la ignorancia del mal que produce. Es
a menudo inoperante el criterio vitalista que, del malestar experimentado en el interior de una
formación humana, haría la piedra de toque para desvelar ahí la comunidad terrible. La más
«exitosa» de las comunidades terribles enseña a sus miembros a amar sus propios defectos y a
hacerlos amables. En este sentido, la comunidad terrible no es el lugar donde más se sufre, sino el
lugar donde se es menos libre.
3. LA COMUNIDAD TERRIBLE es una presencia en la ausencia, puesto que es incapaz de existir
por sí misma; solo lo puede hacer vinculándose a algo diferente, exterior a ella. Es por tanto
desenmascarando no ya los compromisos y las defectos sino los parentescos inconfesables de la
comunidad terrible, como se la puede abandonar en tanto esa falsa alternativa a la socialización
dominante que constituye. Los miembros de la comunidad terrible pueden escapar al double bind
donde están encerrados convirtiendo la esquizofrenia infamante —«no estás con nosotros, no eres lo
suficientemente puro»— en esquizofrenia contaminante —«todo el mundo está también con
nosotros, y es eso lo que mina el orden actual».
4. NO ES destituyendo un cabecilla particular como alguien se libera de la comunidad terrible; el
lugar vacante pronto será tomado por cualquier otro, puesto que el Cabecilla no es más que la
personificación del deseo de todos, del deseo de dejarse conducir. Sea lo que sea que se diga de él,
ocurre que el cabecilla, más que conducirla, participa en la comunidad terrible. Solo se debe a la
educación sentimental de cada cual el subjetivar o desubjetivar el Cabecilla de forma diferente a la
que lo haga él mismo. Deseo y poder nunca están encadenados en una configuración única: basta
con hacerlos bailar el vals [valser: en francés valser es a la vez 'valsear' y también 'envoyer valser' a
alguien es mandarlo a freír espárragos], basta con perturbar la danza.
A menudo basta con una cierta mirada escéptica para demoler duraderamente al Cabecilla en tanto
que tal, y por ello, para demoler su lugar.
5. TODA LA DEBILIDAD de la comunidad terrible se debe a su clausura, a su incapacidad para
salir de sí misma. No siendo un todo viviente sino una construcción mal estructurada, es tan incapaz
de adquirir una vida interior como de nutrir a esta misma de alegría. Así se paga el error de haber
confundido la felicidad con la transgresión, puesto que es a partir de esta última como
continuamente se reforma, en la comunidad terrible, el sistema de reglas, que al no estar escritas son
tanto más implacables.
6. ASÍ SE EXPLICA el miedo a la «recuperación», propio de la comunidad terrible: es la mejor
justificación de su cerramiento y su moralismo. Bajo pretexto de que « no nos venderemos », nos
impedimos comprender que ya se nos ha comprado para permanecer ahí donde estamos. La
resistencia, aquí, deviene retención: la antigua intención de encadenar la belleza a su hermana la
muerte, que empuja a los orientales a llenar sus jaulas de magníficos pájaros que no volverán a ver
el cielo, a los padres celosos a encerrar a sus más bellas hijas y a los avaros a llenar sus armarios de
lingotes de oro, acaba por invadir a la comunidad terrible. Tanta belleza encarcelada se marchita.
Y hasta las princesas encerradas en las torres saben que la llegada de los príncipes azules no es más
que el preludio de la segregación conyugal, que lo que es preciso es abolir del mismo golpe las
prisiones y los liberadores, que lo que necesitamos son prácticas de libertad, y no programas de
liberación.
No hay posible salida de la comunidad terrible sin crear una situación de insurrección, e
inversamente. Ahora bien, lejos de preparar esas condiciones insurreccionales, la definición de sí
como diferencia ilusoria, como ser sustancialmente otro, no es más que un residuo conciencial
[conscientiel] determinado por la ausencia de tales condiciones. La exigencia de una conciencia
identitaria de cada cual equivale a la exigencia de castración generalizada, al endo-poli-ciamiento
[endoflicage, de flic: poli] difuso.
6. BIS. EL FIN DE LA COMUNIDAD terrible coincide con la apertura al acontecimiento: es en
torno al acontecimiento como las singularidades se agregan, aprenden a cooperar y a tocarse. La
comunidad terrible, en tanto que entidad animada por un inagotable deseo de autoconservación,
pasa los posibles por la criba de la compatibilidad con su existencia, en vez de organizarse en torno
a su surgimiento.
A ello se debe que toda comunidad terrible mantenga con el acontecimiento una relación de
conjuración defensiva y conciba la relación con lo posible en términos de producción o de
exclusión, siempre tentada como está por la opción del dominio [maîtrise], siempre secretamente
atraída por su latencia totalitaria.
7. «EL HOMBRE NO VALE según el trabajo útil que provee, sino según la fuerza contagiosa de la
que dispone para arrastrar a los demás a un gasto libre de su energía, de su alegría y de su vida: un
ser humano no es solamente un estómago a llenar, sino un rebosadero de energía a prodigar»
(Bataille)
Se sabe por experiencia que en la vida pasional —y por tanto en la vida a secas— nada compensa, y
que quien gana es quien da más y sabe gozar mejor. Organizar la circulación de otras formas de
placer significa alimentar un poder enemigo a toda lógica de opresión. Entonces, cierto es que para
no tomar el poder es preciso tener de él bastante.
Oponer a la combinatoria del poder un registro diferente, el del juego, no supone condenarse a no
ser tomados en serio, sino hacerse portadores de otra economía del gasto y del reconocimiento. El
margen de goce que existe dentro de los juegos de poder se alimenta de sacrificios y humillaciones
mutuamente intercambiados; el placer de mandar es un placer que se paga, y en esto, el modelo de
la dominación biopolítica es por completo compatible con todas las religiones que fustigan la carne,
con la ética del trabajo y el sistema penitenciario, así como la lógica mercantil y hedonista lo es con
la ausencia de deseo, que ella palía.
En verdad, la comunidad terrible nunca consigue ponerle diques a la potencia de devenir inherente a
toda forma-de-vida, y esto es lo que permite perturbar las relaciones de fuerza internas de aquélla,
lo que permite cuestionar el poder hasta en sus formas post-autoritarias.
8. TODA AGREGACIÓN HUMANA que se coloque, en vistas a su afuera, bajo una perspectiva
exclusivamente ofensiva u obsidional es una comunidad terrible. Para acabar con la comunidad
terrible es preciso de entrada renunciar a definirse como el afuera sustancial de aquello que,
haciendo tal cosa, creamos en tanto afuera –la «sociedad», la «competencia», los «Blooms» o
cualquier otra cosa. El auténtico más allá que nos queda por crear no puede ser sedentario, es una
nueva coherencia entre los seres y las cosas, una danza violenta que da a la vida su ritmo —
actualmente sustituida por las macabras cadencias de la civilización industrial—, es una reinvención
del juego entre las singularidades —un nuevo arte de las distancias.
9. LA EVASIÓN ES COMO LA APERTURA de una puerta tapiada: primero se tiene la impresión
de mirar menos lejos: se aparta la vista del horizonte y entonces nos ponemos a solucionar los
pormenores para salir.
Pero la evasión solo es una simple fuga: deja intacta la prisión. Lo que necesitamos es una
deserción, una fuga que al mismo tiempo destruya la prisión por entero.
Propiamente hablando no hay deserción individual. Cada desertor lleva consigo un poco de la moral
de las tropas. Por su simple existencia, es la recusación en acto del orden oficial; y todas las
relaciones en las que entre se encontrarán contaminadas por la radicalidad de su situación.
Para el desertor es cuestión de vida o muerte que las relaciones que entable no ignoren ni su
soledad, ni su finitud, ni su exposición.
10. EL PRESUPUESTO FUNDAMENTAL de una agregación humana que se sustraiga a la
influencia de la comunidad terrible es una nueva conjugación de las tres coordenadas fundamentales
de la existencia física: la soledad, la finitud y la exposición. En la comunidad terrible estas tres
coordenadas se conjugan en el terreno del miedo siguiendo el eje de los imperativos de
supervivencia. Pues es el miedo quien provee de la consistencia necesaria a todos los fantasmas que
acompañan a la existencia replegada sobre esos imperativos —en su primera fila estando el
fantasma de la penuria, que es tan a menudo introyectado en tanto horizonte a priori y
suprahistórico de la «condición humana».
En su Presentación de Sacher-Masoch, Deleuze demuestra que, más allá de la fijación del
masoquismo en perversión, que realiza la psiquiatría, y más allá de la caricatura del masoquismo en
tanto que contratipo de lo sádico, las novelas de Masoch ponen en escena un juego de
denigramiento sistemático del orden simbólico del Padre, un juego que implica —es decir,
presupone al mismo tiempo que pone en acto— una comunidad de afectos [affections] que supera la
compartimentación de los cuerpos entre hombres y mujeres; todos los elementos que constituyen la
escena masoquista convergen hacia el efecto buscado: la ridiculización práctica del orden simbólico
del Padre y la desactivación de sus atributos esenciales —la suspensión indefinida de la pena, y la
rarefacción sistemática del objeto de deseo.
Todos los dispositivos que apuntan a producir en nosotros una identificación personal con las
prácticas que derivan de la dominación están, igualmente, incluso si no lo están exclusivamente,
consagradas a producir en nosotros un sentimiento de vergüenza, de vergüenza tanto de ser uno
mismo como de ser un hombre, un resentimiento que alcanza a nuestra propia identificación con la
dominación. Son esta vergüenza y este resentimiento quienes proveen el espacio vital de la
replicación continua del orden y de la acción del Cabecilla.
Encontramos aquí la confirmación de la existencia de un nexus inextricable entre miedo y
superstición constatado al alba de todas las revoluciones, entre crisis de la presencia y suspensión
indefinida de la pena, entre economía de la necesidad y ausencia de deseo. Y todo dicho sea de
paso, y solamente para recordar cuán profunda es la estratificación de los procesos de sujeción que
sostienen la existencia de la comunidad terrible hoy en día.
¿De qué manera el «juego de Masoch» podría ser generalizado, y, revocando la alternativa entre
dominación y sumisión, evolucionar hacia la huelga humana?
¿De qué manera el hecho de reírse de los nexus de la dominación puede producir el superamiento
del estado de la puesta en escena y dejar el campo libre a la expresión de las formas-de-vida
practicables?
Y por volver a nuestra cuestión de partida, ¿de qué manera tales formas-de-vida podrán conjugar de
nuevo soledad, finitud y exposición?
Esta cuestión es la de una nueva educación sentimental que inculque el desprecio soberano de toda
posición de poder, que mine la conminación a desearlo, y que nos libere de ser responsables de
nuestro ser cualquiera, y por ello solitario, finito, expuesto.
Nadie es responsable del rol que ocupa sino solo de la identificación con su propio rol.
El poder de toda comunidad terrible es de tal modo poder de existir en el interior de sus sujetos y en
su ausencia.
Para liberarse de ella, es preciso comenzar aprendiendo a habitar el intervalo entre nosotros y
nosotros-mismos, que, dejado vacío, deviene el espacio de la comunidad terrible.
Luego desprendernos de nuestras identificaciones, devenir infieles a nosotros mismos, desertar de
nosotros.
Ejercitándose en devenir los unos para los otros el lugar de una tal deserción.
Encontrando en cada encuentro la ocasión para una decisiva sustracción con respecto a nuestro
propio espacio existencial.
Valorando el que solo una fracción infinitesimal de nuestra vitalidad nos haya sido sustraída por la
comunidad terrible, se haya fijado en la enorme maquinaria de los dispositivos.
Experimentando en nosotros mismos el ser extraño que ya siempre nos ha desertado, y que funda
toda posibilidad de vivir la soledad como condición del encuentro, la finitud como condición de un
placer inaudito, la exposición como condición de una nueva geometría de las pasiones.
Ofreciéndonos como el espacio de una fuga infinita.
Maestros en un nuevo arte de las distancias.
Aber das Irrsal hilft
(Mas la errancia ayuda)
Hölderlin
Fly UP