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¿Se debe usar el término accidente en el ámbito de la investigación

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¿Se debe usar el término accidente en el ámbito de la investigación
Tribuna
<http://tremedica.org/panacea.html>
¿Se debe usar el término accidente en el ámbito
de la investigación científica?
Montserrat Ruiz Pérez*
Resumen: El uso del término accidente está muy extendido tanto en la lengua corriente como en el ámbito de la investiga­
ción científica. Sin embargo, se han planteado serias objeciones a su uso. La connotación de imprevisibilidad y aleatoriedad
implícita en el término ha llevado a muchos profesionales de la salud pública a evitar su uso.
Este trabajo pretende recoger el debate generado en el ámbito de la investigación y de la literatura científica, así como
presentar alternativas al uso de dicho vocablo.
Palabras clave: accidente, terminología, idoneidad de uso, investigación científica.
Should the term accident be used in scientific research?
Abstract: The term accident is widely used both in everyday language and in scientific research. However, there is no
consensus on its use. Its connotations of chance and unpredictability have prompted many public health professionals to
discourage use of the term.
This paper outlines the ongoing debate in the field of scientific research and literature, and presents alternatives for the
term accident.
Key words: accident, terminology, suitability of use, scientific research.
Panace@ 2011; 12 (33): 84-88
El uso del vocablo inglés accident y de su traducción ha­
bitual al castellano accidente está muy extendido tanto en la
sociedad como en el ámbito de la investigación. Sin embargo,
no existe un consenso general sobre la idoneidad de su uso.
La principal razón de ello es la connotación de imprevisibi­
lidad y aleatoriedad implícita en el término, lo cual se asocia
con sucesos totalmente impredecibles. Las acepciones más
comunes del término en el ámbito popular suponen un pro­
blema para quienes se dedican a la prevención de este grave
problema de salud pública. Así, habitualmente se define accidente como un suceso imprevisto que altera la marcha normal
de las cosas. Por otro lado, también describe el error humano,
lo cual imposibilita el análisis de los factores de riesgo asocia­
dos a determinadas conductas del individuo. Generalmente se
considera el hecho en sí, y no el daño resultante. Por último,
cabe mencionar la connotación bíblica del término, por la que
un accidente es un designio divino, lo que impide la toma de
conciencia de los factores determinantes del suceso y dificulta
la puesta en marcha de estrategias de prevención.
Este problema conceptual y lingüístico, sobre el que mu­
cho se ha escrito y del cual son conocedores los profesionales
del área, no parece tener una solución fácil. El término accidente no cubre adecuadamente la complejidad del fenómeno,
ni en inglés ni en castellano, por lo que considero acertada la
posición mayoritaria del mundo de la salud pública que evita
su uso. Dada la dificultad de encontrar un sinónimo totalmen­
te adecuado, es preferible hablar de sucesos lesivos, y no de
accidentes, para referirnos a las circunstancias que rodean la
aparición de una lesión. En este trabajo pretendo recoger el
debate generado en el ámbito de la investigación y de la lite­
ratura científica a este respecto y presentar alternativas al uso
de dicho término.
1. Breve evolución histórica del término
Históricamente, el término ha tenido diferentes significa­
dos (Loimer y Guarneri, 1996). Aristóteles lo usó para refe­
rirse a las características no esenciales o extrínsecas tanto de
personas como de cosas, de manera que los individuos y las
cosas contarían con cualidades propias y cualidades «acci­
dentales». Más tarde, los filósofos de la época grecorromana
y medieval aplicaron la filosofía de Aristóteles a cuestiones de
derecho y causalidad. Alrededor del siglo xiv los ingleses co­
menzaron a utilizar el término con el significado actual: suce­
so que ocurre por azar, desgracia o hecho que ocurre de forma
imprevista. Este significado se asocia con el término francés
accidence, que podría ser una corrupción del latín accidens,
participio activo de accidere, que significa ‘caer encima’, ‘su­
ceder’ (Corominas y Pascual 1980).
En el ámbito científico la acepción moderna del término
aparece en 1592 en las estadísticas de defunciones de Lon­
dres, The bills of mortality, en las que se incluye la categoría
«fallecimiento por diversos accidentes» (killed by several accidents). No obstante, la acepción filosófica siguió usándose
en los siglos posteriores.
A finales del siglo xvii y comienzos del xviii, con la Revo­
lución Industrial, la frecuencia con la que ocurrían las lesiones
* European Center for Injury Prevention, Universidad de Navarra, Pamplona (España). Dirección para correspondencia: [email protected]
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y los traumatismos aumentó, y se comenzaron a recoger datos
sobre lesiones ocurridas en el ámbito laboral. Estas lesiones
se asociaron a prácticas incorrectas por parte de los trabaja­
dores o a defectos en el diseño de equipamientos (Bartrip y
Burman, 1983; Bartrip, 1991). La legislación sobre seguridad
comenzó a cobrar relevancia a comienzos del siglo xix, y a
principios del siglo xx se elaboraron leyes que regulaban las
indemnizaciones que debían recibir los trabajadores lesiona­
dos. Durante este período, las lesiones apenas se asociaron a
la influencia divina.
Es durante el siglo xx cuando comienza la controversia en
el ámbito de la salud pública sobre la idoneidad del uso del
término accidente.
2. El debate científico
Al igual que en otras áreas, en el ámbito de la salud y la
medicina es muy importante usar los términos con precisión.
Principalmente, esta estandarización terminológica facilita la
comunicación en el campo científico y fuera de él, favorece
la identificación y el correcto tratamiento de grupos de ries­
go y evita errores en la comparación de resultados (Langley,
1988).
En el caso del término accidente, el problema lingüístico
y conceptual anteriormente descrito ha llevado a numerosos
profesionales de la salud pública y la medicina a intentar evi­
tar su uso argumentando las mencionadas connotaciones de
aleatoriedad, acto divino y despreocupación (Baker, 1984;
Robertson, 1983; Waller, 1985). Como resultado, la salud pú­
blica ha optado mayoritariamente por sustituir dicho término
por el de lesión, considerado neutro con respecto a causalidad
e intencionalidad.
Sin embargo, en la literatura científica algunos autores
han argüido que accidente y lesión describen conceptos di­
ferentes. Haddon y cols (1964) señalaron, por ejemplo, que
el término accidente se usa generalmente para describir «su­
cesos inesperados que pueden generar daños en estructuras
animadas o inanimadas» y que su uso solo cubre ciertos tipos
de daño. De igual manera, parece haber límites en cuanto a los
tipos de sucesos que habitualmente se consideran accidentes,
aunque sean de carácter inesperado. Por ejemplo, una riada o
un desprendimiento de tierra que provoca lesiones o falleci­
mientos se consideraría un desastre o una catástrofe más que
un accidente. Por su parte, una lesión sería el resultado de
variaciones en el medio (sustancias químicas, energía mecá­
nica) donde se halla el individuo, en cantidades que exceden
la tolerancia del cuerpo humano, independientemente de que
haya ocurrido de forma accidental o intencionada. Si el efecto
lesivo ocurre en un periodo de tiempo relativamente corto,
como, por ejemplo, en el caso de una caída o de una colisión
de vehículos, se puede considerar un hecho diferenciado y
se distingue claramente de la lesión resultante. La matriz de
Haddon (Haddon matrix), principal modelo conceptual con
el que se evalúan las causas y se identifican objetivos para el
desarrollo de medidas y estrategias de prevención y control,
distingue claramente entre el individuo, el entorno, las cir­
cunstancias y la lesión resultante (Haddon, 1968). Si bien la
palabra accidente no cubre adecuadamente la complejidad del
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fenómeno y añade un supuesto etiológico erróneo, la palabra
lesión solo representa el resultado de un proceso en el cual un
hecho, anteriormente conocido como accidente, desempeña
un papel primordial.
Estas limitaciones conceptuales se ven también refle­
jadas, además de en los principales diccionarios de uso
general de la lengua inglesa y española —Real Academia
Española, 2001; Espasa Calpe, 1999; María Moliner, 2007;
Sociedad General Española de Librería, 2000, Manuel Seco,
1999; The Oxford English Dictionary, 1989; Merrian Webs­
ter, 2009; Larousse 1996; BBC, 1993; McKean, 2001 (ta­
bla 1)—, en la propia definición propuesta hace ya medio
siglo por la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1957),
según la cual un accidente es un suceso no previsto que tie­
ne como resultado un daño. El carácter imprevisto, esto es,
la ausencia de intención, excluye las lesiones intencionales,
bien sean autoinfligidas (con intención suicida o autoagre­
siva), bien infligidas a terceros (homicidio, guerras, etc.).
Posteriormente, la OMS se hizo eco del debate conceptual
y, así, en el Informe mundial sobre prevención de los traumatismos causados por el tránsito (OPS, 2004) afirma que
el término «puede dar la impresión, probablemente no in­
tencionada, de que son inevitables e impredecibles, es decir,
sucesos imposibles de controlar», y aclara que «en su lugar,
en este documento se prefiere emplear el término “colisión”
(o “choque”), para denotar un suceso o serie de sucesos que
cabe someter a un análisis racional y a la aplicación de me­
didas correctivas». Del mismo modo, los diccionarios más
recientes en el ámbito de la epidemiología y la salud pública
destacan el carácter prevenible y predecible de los acciden­
tes. Así por ejemplo, la 5.a edición del diccionario de epide­
miología de Last (Porta, 2008) define accident como un su­
ceso imprevisto, que por lo general tiene como resultado una
lesión u otro daño y que se produce en relación con el tráfico
o el ámbito laboral, doméstico o recreativo. El diccionario
define accident alternativamente como el primer suceso en
una secuencia que acaba en una lesión cuando ese suceso es
realmente impredecible. Y añade que los estudios epidemio­
lógicos han demostrado que el riesgo de que se produzca un
accidente es con frecuencia predecible, que los accidentes
son prevenibles y que es preferible evitar este término en
publicaciones científicas.
La sugerencia de evitar el uso del término accidente va
más allá, y en la década de 1990 la National Highway Traffic
Safety Administration inició una campaña según la cual su­
gería la sustitución del término accidente (accident) por otros
tales como choque (crash) o colisión (collision) (NHTSA,
1997). En 1994 Donald Robinson, presidente del National
Safety Council’s Campus Safety Association de EE. UU., pi­
dió la eliminación de lo que llamó “A” word (palabra «A»)
(Loimer y Guarneri, 1996). Y más recientemente, la revista
médica British Medical Journal prohibió el uso del término
accidente en sus artículos, argumentando que, «dado que la
mayoría de las lesiones y los hechos que las producen son
predecibles y prevenibles, el término accidente no debe ser
utilizado para referirse a las lesiones o hechos que las produ­
cen» (Davis, 2001).
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2.1. Prevención de accidentes, prevención de lesiones,
control de lesiones
Aunque muchos científicos utilizan los términos accidente y lesión indistintamente, sí tienden a hablar de prevención
de accidentes más que de prevención de lesiones, entendiendo
accidente como las circunstancias que conducen a una lesión.
Este enfoque es limitado, pues ignora una serie de tácticas
que tienen por objetivo reducir el número, la gravedad y las
consecuencias de las lesiones (Haddon, 1968).
Algunos epidemiólogos utilizan en su lugar la expresión
control de lesiones, que cubre todos los aspectos de la com­
prensión de las causas y el desarrollo y la evaluación de me­
didas para la prevención de un suceso lesivo (Waller, 1985).
Incluye asimismo las fases de seguimiento y rehabilitación
de los individuos lesionados. Esta expresión presenta también
ciertos problemas.
La alternativa sería la expresión prevención de lesiones,
que enfatiza la prevención primaria y es compatible con otras
expresiones utilizadas en el ámbito de la salud pública (p. ej.,
prevención del cáncer de pulmón), y así serviría para reforzar
la conveniencia de aplicar métodos que han sido aplicados en
el control de enfermedades.
3. Pruebas y datos científicos
No hay datos que muestren que el uso de términos tales
como lesión o accidente tenga realmente algún efecto social.
Girasek (1999) realizó una encuesta telefónica en EE. UU. a
943 adultos seleccionados al azar con el objetivo de analizar
la interpretación que hace la sociedad del término accident.
La mayoría de los entrevistados (71 %) consideraban que
los accidentes eran impredecibles, y solo un 4 % los consi­
deraban hechos intencionados. Sin embargo, la mayor parte
(83 %) también los definían como sucesos prevenibles, y solo
un 26 % consideraron que estaban controlados por el destino.
Un estudio previo sobre lesiones infantiles muestra como los
padres entrevistados destacaban el carácter evitable de las le­
siones (Eichelberger, 1990).
Por otro lado, también es escasa la literatura sobre el im­
pacto del término accidente en el ámbito profesional. En 2001,
Evans (2001) llevó a cabo un estudio comparativo aleatorio
con la finalidad de evaluar si el uso del término injury (lesión)
en lugar de accident influía en la actitud de los profesionales
de la sanidad hacia la prevención de los fenómenos en cues­
tión. Se detectó una diferencia mínima, aunque cuestionable
dadas las dificultades metodológicas asociadas a la realiza­
ción de este tipo de estudios.
4. Alternativas al uso del término accidente
En el ámbito de la investigación han surgido alternativas
al uso del término accidente. Dada la dificultad que plantea
el uso de dicho término, hay autores que sugieren no usarlo
cuando hace referencia a lesiones no intencionales (Langley,
1988). Los sucesos que rodean la aparición de una lesión pue­
den ser descritos de forma conjunta como circunstancias de
lesión. Sin embargo, para referirse a la prevención de sucesos
que derivan en lesión, proponen enumerar los tipos especí­
ficos de los sucesos: quemaduras, envenenamientos, caídas,
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etcétera. (Langley, 1988; Bijur, 1995). En el caso concreto
de los accidentes de tráfico, algunos autores optan por el
uso de los términos colisión o choque (Langley, 1988; Poole,
1998; OPS, 2004). En esta misma línea, Davis y Pless (2001),
en un editorial del British Medical Journal, sugieren la sus­
titución de accidente por expresiones que incluyan el tipo o
lugar donde se produce el hecho: lesiones relacionadas con
áreas de recreo, lesiones producidas en el hogar, choques de
aviación, sobredosis accidental de estupefacientes, envenenamiento o errores médicos.
Pero quizás sea la solución propuesta por Bijur (1995) la
más acertada. A la hora de buscar un sustituto a la “A” word,
este autor sugiere distinguir entre el uso científico y el uso po­
pular del término. La sociedad y los medios de comunicación
hacen una distinción clara entre lesiones en las que no hay
un responsable directo (accidentes) y lesiones infligidas de
manera intencional. Pese al trabajo científico de décadas, el
elemento «azar» sigue estando presente. Así, aquellos profe­
sionales del área que tienen mayor relación con la población
general es probable que tengan que seguir usando el térmi­
no accidente, aunque haciendo notar que se trata de sucesos
prevenibles y predecibles. En cambio, en el mundo científico
y académico, aunque sería ventajoso disponer de un término
que describiera los sucesos que derivan en lesión, debido a las
connotaciones de la palabra accidente y a la inclusión de las le­
siones intencionadas en el ámbito de la salud pública, parece
inadmisible resucitar el término.
Asimismo, Bijur (1995) propone varias alternativas, como
el uso de expresiones que describan el fenómeno, tales como:
intercambio de energía, interacción individuo-entorno, suceso
que produce lesión. El problema de estas expresiones es la falta
de legibilidad asociada. Otras posibilidades que sugiere son la
acuñación de forma consensuada un nuevo término o la adop­
ción de acrónimos (p. ej., la correspondencia en español a los
acrónimos IPE (Injury Prevention Event) y PIPE (Potentially
Injury Producing Event), al igual que otros ámbitos han hecho
con éxito. Todo ello parece bastante forzado y poco práctico.
5. Conclusión
Como se ha mostrado, el uso generalizado del término
accidente plantea problemas lingüísticos y conceptuales en
el ámbito de la salud pública. Las connotaciones de imprevi­
sibilidad y aleatoriedad implícitas en el término han llevado
a muchos profesionales del área a evitar su uso y a plantear
alternativas.
Para evitar dichas connotaciones y destacar el carácter
prevenible y predecible de los accidentes parece adecuado
hablar de sucesos lesivos para referirnos a las circunstancias
que rodean la aparición de una lesión o usar los términos co­
rrespondientes y hablar, por ejemplo, de caídas, colisiones,
envenenamientos, ahogamientos, atropellos o traumatismos.
Agradecimiento
Deseo expresar mi agradecimiento a María Seguí-Gómez
por animarme a escribir este trabajo y por sus impagables co­
mentarios, a Rosalía Baena por sus acertadas sugerencias y a
Jack Durbin por su ayuda.
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Tribuna
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Tabla 1. Definición de accidente/accident (en la acepción que nos atañe)
en una selección de diccionarios de lengua española e inglesa
Diccionario
Definición*
Diccionario de la lengua española (Real Academia
Española), 22.ª edición (2001). Madrid: Espasa Calpe
Suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta
daño para las personas o las cosas.
Diccionario enciclopédico Salvat
(1993). Barcelona: Salvat Ediciones Generales
Suceso que produce un daño o desgracia.
Diccionario enciclopédico nuevo Espasa ilustrado 2000
(1999). Madrid: Espasa Calpe
Suceso eventual del que resulta algún daño.
Diccionario de uso del español (María Moliner) (2007).
Madrid: Gredos
Suceso imprevisto que causa un trastorno en la marcha
normal o prevista de las cosas [...]. Particularmente, suceso
que causa alguna desgracia (ej. Accidente de la circulación,
Accidente laboral).
Gran diccionario de la lengua española: diccionario de
uso, 9.ª ed. (2000). Madrid: Sociedad General Española de
Librería
Hecho inesperado que provoca una alteración en la marcha
normal prevista de las cosas (ej. “el inoportuno accidente del
pinchazo retrasó nuestra llegada”).
Diccionario esencial de la lengua española (Real
Academia Española) (2006). Pozuelo de Alarcón (Madrid):
Espasa Calpe
Suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta
daño para las personas o las cosas.
Diccionario del español actual (Manuel Seco, Olimpia
Andrés, Gabino Ramos), 1.ª ed. (1999). Madrid: Aguilar
Suceso imprevisto y repentino que implica daño o peligro
físicos.
Diccionario Salamanca de la lengua española
(Universidad de Salamanca) (1996). Madrid: Santillana
Suceso inesperado del que normalmente resulta un daño.
Diccionario de uso del español de América y España
(2002). Barcelona: SPES
Suceso imprevisto o que altera la marcha normal o prevista
de las cosas, especialmente el que causa daños a una
persona o cosa.
Merriam-Webster’s collegiate dictionary 11.ª ed. (2009).
Springfield (Mass.): Merriam-Webster
An unfortunate event resulting especially from
carelessness or ignorance.
The Oxford English Dictionary, vol 1 (1989). Londres: Oxford
University
Anything that happens without foresight or expectation; an
unusual event, which proceeds from some unknown cause,
or is an unusual effect of a known cause: a casualty, a
contingency.
BBC English Dictionary (1993). Glasgow: BBC English,
HarperCollins
Something unpleasant or unfortunate that happens and that
often leads to injury or death.
Larousse English dictionary (1996). Paris: Larousse
Unexpected event that often causes damage or injury.
New Oxford American Dictionary, 3.ª ed. (2001).
NuevaYork: Oxford University
An unfortunate incident that happens unexpectedly and
unintentionally, typically resulting in damage or injury; an
event that happens by chance or that is without apparent
or deliberate cause.
* En negrita están marcados los términos que denotan el carácter imprevisto y aleatorio del término.
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