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anuario5: HACÍA UNA CONCEPTUALIZACIÓN DE CIUDADANÍA
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
HACÍA UNA CONCEPTUALIZACIÓN
DE CIUDADANÍA CRÍTICA
Y SU FORMACIÓN
Consuelo Gimeno y Argentina Henríquez
Introducción
E n este artículo presentamos algunos elementos del nuevo contexto mundial que nos
está llevando a replantearnos la ciudadanía en nuestra realidad y que nos ayuda a
conceptualizar la misma. Ofrecemos también algunos modelos, desde el ámbito de la
sociología política que nos ayudan a entender los retos y aportes que ellos presentan a
la tarea educadora y los presupuestos desde los cuales nosotras hablamos de ciudadanía
crítica. Ya en el ámbito de la formación en ciudadanía, presentamos algunas de las
corrientes que la impulsan y nuestra propuesta de formación en ciudadanía crítica, con
los fundamentos que la sustentan.
1. ¿Por qué hablamos hoy de ciudadanía?
Si miramos a nuestro contexto (realidad), la ciudadanía y la democracia son hoy
urgencias en nuestro contexto latinoamericano y mundial. Pero así como hace unos
años esta problemática estaba casi resuelta en un mundo más estable y más definido
por las ideologías que diferenciaban y dividían el mundo en dos grandes bloques, hoy,
con un discurso más generalizado, y con una aceptación más consensuada, de unos
conceptos que funcionan como principios universales, de los cuales nadie se atrevería
a disentir, se hace necesario la discusión sobre estos conceptos, dada la pluralidad de
concepciones sobre ellos. De las respuestas a estos planteamientos tendremos diferentes
concepciones y prácticas para organizar nuestro mundo.
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Desde estos presupuestos, hablar de ciudadanía ya no es sólo aludir a unos sujetos que
viven en un territorio, que tienen unos símbolos comunes y que ejercen sus derechos
políticos cada cierto tiempo, en elecciones más o menos libres. Discutir sobre ciudadanía
hoy es preguntarnos sobre el concepto de la democracia, por el papel de los sujetos, el
sentido y las concepciones de las mediaciones y del hacer político. Detrás de las
diferentes maneras de concebir la ciudadanía, hay una manera de entender todo lo
anterior.
La realidad que estamos viviendo en el mundo globalizado es compleja, conflictiva y
cambiante. Los adelantos tecnológicos en la sociedad del conocimiento han roto las
fronteras y han hecho más real “la aldea global” de Mac Luhan. Pero el acceso al
dominio de las tecnologías y a los conocimientos que permiten la posibilidad de
interpretar el mundo, vivir en él y cambiarlo, es muy injusta y desigual, creando más
diferencias entre los seres humanos, entre el Norte y el Sur y entre los “nortes y sures”
al interior de los distintos países.
Así que junto al crecimiento de posibilidades tenemos también las decepciones, las
exclusiones y los interrogantes sobre la necesidad de cambios y transformaciones
sociales que hagan más coherentes los discursos teóricos y la realidad existencial de
millones de seres humanos.
Por esto también hay que volver a plantearse el problema de la democracia y de la
ciudadanía sobre todo en estos momentos donde de más en más las ciudadanas y
ciudadanos, especialmente los de los países llamados desarrollados, se encaminan
aceleradamente a convertirse en consumidores y no les preocupa tanto el “ejercicio”
de la ciudadanía, según nos alertan muchos estudiosos del problema.
Entre las razones del nuevo contexto que nos llevan a hablar de nuevo de la ciudadanía
Cabrera (2000 : 69–70 ) nos recuerda algunas que ofrecemos extractadas por nosotros,
según nuestras preocupaciones más directas:
· “El
mismo proceso de globalización ....la gradual generalización de las ideas y
valores globales, como los derechos humanos, el desarrollo social, la equidad de
género, el respeto a la diversidad étnica y cultural....trasciende nuestro marco
geográfico nacional...y ...reclama comportamientos cívicos responsables a diferentes
niveles de convivencia.
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· La crisis de los Estados de Bienestar y el aumento del desempleo . Un conjunto de la
población ....pierde progresivamente sus atributos ciudadanos: no vota , no tiene
trabajo, vive en zonas marginales, se siente (añadimos nosotras y es) excluida de las
instituciones, no está conectada con el proceso de toma de decisiones que le afecta y
no está conectada con el progreso de las redes de comunicación.
· La multiculturalidad o pluralidad de la sociedad actual. La explosión de la
diversidad.....ha promovido el debate de los derechos colectivos y culturales.
· El incremento de los procesos migratorios por la estabilización y profundización de
las desigualdades entre Norte y Sur; el aumento de la dependencia y la fragmentación
de las sociedades y de los países ...en vías de desarrollo...Corremos el riesgo de
distinguir ´niveles de ciudadanos´.
· El Estado- nación uniforme y homogéneo se cuestiona desde el reconocimiento de
estado multinacional como resultado de las reivindicaciones de las minorías
nacionales...y expansión de los movimientos migratorios (Kymlicka, 1996).
· La superación del concepto de igualdad de oportunidades por el de equidad La
equidad se refiere no sólo a la necesidad de justicia para todos los ciudadanos (y
añadimos todas las ciudadanas) sino que asume la diversidad de posibilidades en
que se pueden encontrar y por consiguiente, en medidas diferenciales que permita
superar estas situaciones de partida (esto es, añadimos nosotras, lo que ha llamado
algunos discriminación positiva)..
· La redefinición ´femenina´ del concepto de ciudadanía pues subsisten factores de
desigualdad jurídica, social, política y cultural entre los géneros. Los importantes
cambios que ha comportado la masiva incorporación de la mujer a la educación o al
mercado laboral, se han traducido en nuevas formas de desigualdad y de jerarquización
entre hombres y mujeres, en la medida en que no se ha alterado la invisibilidad
social del trabajo reproductivo ni la desconsideración de los valores y actitudes que
se asocian.
· La necesidad de un desarrollo sostenible que garantice la protección de un medio
ambiente. Es necesario combatir el despilfarro de los recursos energéticos y la
planificación unidireccional de las relaciones con la naturaleza....que amenaza la
calidad de vida.”
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· Desde República Dominicana, y casi también desde todo el continente
latinoamericano, añadimos como elementos del contexto que nos llevan a replantear
la ciudadanía los siguientes:
· La necesidad de fortalecer la institucionalidad y la modernización de nuestra
·
·
·
sociedad. La cultura política adolece de los vicios en los que se constituyó el
estado moderno: el caudillismo, el autoritarismo y la corrupción como sistema.
Esto supone un reclamo a la sociedad civil de asumir la responsabilidad y el
compromiso de la participación para hacer frente al desarrollo de las leyes y de
las instituciones. (Villamán, 1989).
El desarrollo y fortalecimiento de la ética política y ciudadana. La modernidad
como nos recuerda Habermas ha dejado colonizar por el sistema y la racionalidad
científico-tecnológica, todas las esferas de la vida social. Hoy se hace necesario
combatir esa situación y recuperar una ciudadanía con un nuevo sentido de lo
público, basado en el bien común y no en los intereses individuales o corporativos.
El estado de violación permanente de los Derechos Humanos, en todos los
ámbitos de la vida y en todos los niveles de su desarrollo (políticos, sociales,
culturales, económicos, colectivos, de los pueblos y planetarios) hace de nuevo
retomar la necesidad de fortalecer una ciudadanía comprometida con la
transformación social, que reclama y denuncia, que propone y se compromete
para revertir situaciones de radical injusticia.
La necesidad de construir “redes” (Castells, 1994,1998) de ciudadanía local
articulada a la global, que puedan fortalecer las acciones de la ciudadanía y
superar los capillismos y corporativismos de los que hablábamos anteriormente.
Y por supuesto capaz de superar los protagonismos que impiden la acción
colectiva. La incapacidad detectada en este campo ha sido señalada por algunos
como un lastre fuerte para el desarrollo.
Mientras señalamos estos rasgos de contexto que reclaman volver a plantear el sentido
de la ciudadanía, ahora en nuestro mundo parece haber un consenso, al menos a nivel
de discurso, en que es necesario fortalecer los procesos de democratización social y de
desarrollo de la ciudadanía, aunque desde distintas perspectivas.
La democracia es la palabra que más emociones provoca en el diccionario político en
el mundo (Carlton Rodee, Toton Anderson, Carl Christon: 1985).
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Al afirmar esto, los autores citados señalan cómo los dictadores de izquierda quieren
legitimar sus regímenes llamándolos democráticos y que solamente los dictadores de
derechas o fascistas denuncian el sistema democrático. También se plantean a qué se
le está llamando democracia y señalan que el sentido será diferente según individuos y
grupos y según las ideologías que manejen, llegando a plantear que, hasta en los mismos
grupos y personas, puede haber diferentes sentidos según los momentos.
Nos recuerdan que a la democracia se la puede definir en cuanto forma de gobierno
atendiendo a su etimología y se la puede definir también como “una manera de vivir”
que recogería actitudes, valores, ideas, en torno a las relaciones humanas y a las
dimensiones económica, sociales y culturales. Para avalar estas afirmaciones citan
clásicos norteamericanos que se decantan en una u otra acepción de la democracia
(Lord Bryce, Charles Merrian, Lindsay, Laski, McIver, etc.).
Alain Touraine (1994) en Qué es la democracia señala que el pensamiento moderno
ha considerado durante mucho tiempo el interés de la sociedad como la búsqueda del
principio del bien, siendo reconocido como bien lo que era útil a la sociedad y como
mal lo que resulta nocivo. De suerte que los Derechos del Hombre se confundían con
los Derechos del Ciudadano. Esa confianza racionalista y progresista en la
correspondencia de los intereses personales y del interés colectivo hoy ya no es aceptada.
La democracia es el reconocimiento del derecho de los individuos y de las colectividades
a ser los actores de su historia y no a verse liberados únicamente de sus cadenas.
La democracia no está al servicio ni de la sociedad ni de los individuos sino de los
seres humanos como sujetos, es decir, como creadores de sí mismos, de su vida
individual y de su vida colectiva.
La democracia y la ciudadanía por tanto, suponen la constitución de sujetos. También
hoy se habla mucho del sujeto. La ciudadanía necesita sujetos. Con respecto al sujeto
Touraine considera que la existencia del mismo pasa por la asociación de su libertad
afirmada y de su experiencia vivida, asumida y reinterpretada. El sujeto es libertad, y
esta afirmación que se hace de la libertad posibilita la resistencia a la huella creciente
del poder social sobre la personalidad y la cultura. Así el sujeto se convierte en la
capacidad de resistir y afirmarse por su particularismo y su deseo de libertad, de creación
y se constituye como actor capaz de transformar su entorno.
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2. Modelos de ciudadanía
A lo largo de la historia ha habido interpretaciones o construcción de modelos sobre
ciudadanía y democracia, según se articulen estos distintos elementos que son constitutivos
de ellas. Artiles (1998) propone la siguiente clasificación, que retomamos en la medida
que nos ayuda a detectar retos y aportes para la formación en ciudadanía, sin preocuparnos
de la visión comunitarista o liberal que está detrás de los distintos modelos que se proponen.
2.1 Modelo de sociedad civil
En este modelo, la sociedad civil es la red de asociaciones voluntarias, el espacio
natural de ejercicio de la ciudadanía y realización del proyecto de ciudadanía. Se
consideran organizaciones de la sociedad civil las comunitarias, cooperativas,
organizaciones fraternas, sindicatos, partidos, grupos de interés y de presión,
movimientos sociales, etc.
La sociedad civil, busca el bien común y produce bienes para el uso general. La ciudadanía
aparece además como fuente de acción pública voluntaria, que no puede producir
transformaciones al interior de la sociedad civil misma sino también, al interior del estado
y en las relaciones entre estado, sociedad civil y mercado. Este modelo se fortalece en los
países en transición a la democracia, donde es débil aún la institucionalidad. Uno de los
proponentes de este modelo es Michael Walzer. En su ensayo de la sociedad civil propone
correctivos a las cuatro propuestas ideológicas de la vida buena: la comunidad política,
la actividad económica, el mercado y la nación.
Queda pendiente como las instituciones de la llamada sociedad civil pueden representar
intereses más amplios y por lo tanto, globales y promover la tolerancia en el debate
público para vigorizar la ciudadanía, ya que en nuestras realidades, tanto el estado
como el sector privado, siguen comportamientos orientados a la satisfacción de sus
propios intereses sin tomar en cuenta el bien de los actores sociales.
La tarea educativa sería trabajar para fortalecer la tolerancia ciudadana y la capacidad
de debate, potenciando una visión de ciudadanía que comprende su responsabilidad
en asegurar condiciones de vida digna para todos. Esto implica el fortalecimiento
interinstitucional y la formación de redes que superen los intereses corporativos y
aseguren el justo beneficio a su esfuerzo e inversión como ha ocurrido ya en nuestro
país, con relación a la educación y al sistema democrático.
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2.2 Modelo comunitarista
Este modelo de origen norteamericano surge como respuesta a lo que sus proponentes
consideran como un liberalismo excesivamente individualista y centrado sólo en la
demanda por derechos. Para algunos es un modelo progresista. Los comunitaristas
afirman que el reclamo de los derechos sin tomar en consideración las obligaciones
atadas a esos derechos es irresponsable.
Toma ejemplo de las relaciones entre individuo y comunidad: un individuo no puede
beneficiarse de lo que su comunidad ofrece en términos de protección y solidaridad si
a la vez no trabaja por ella.
Esta manera de entender la ciudadanía se entronca con las propuestas de ciudadanía
responsable que proponen Spencer y Klug o de ciudadanía activa propuesta por
Osler o Bárcena, entre otros, y que recoge Cabrera (2000), las cuales acentúan la
responsabilidad social que implica ser ciudadano o ciudadana.
Elizabeth Jelin (1992) afirma lo mismo. Un modelo de ciudadanía que sólo trabaje
por los derechos conduce a una sociedad peligrosamente fragmentada ya que se
desresponsabiliza a los sujetos del bien común. Imposibilita, además, el diálogo y el
espíritu cívico. De ahí que la comunidad debe ser el punto de partida para definir los
derechos y la ciudadanía no el individuo; ya que los individuos son formados por la
cultura y los valores de la comunidad.
La tarea educativa que se desprende es el fortalecimiento del espíritu crítico, del
sentimiento de pertenencia a una comunidad y la formación en el compromiso, la
responsabilidad social y la participación. Son aportes de este modelo la crítica al
liberalismo y la contribución a la responsabilidad con el bien común.
2.3 Modelo de democracia deliberativa
Este modelo enfatiza el diálogo permanente, reflexivo y racional entre los ciudadanos
y sus representantes para buscar soluciones razonables y consensos acerca de las
problemáticas públicas. Jürgen Habermas considera que la ciudadanía es un ejercicio
reflexivo de tolerancia, de respeto a los valores e intereses y opiniones de los otros,
amparados todos en un bien común buscan soluciones a los problemas de la democracia.
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Según Chantal Mouffe (1993) la crítica que se le puede hacer a la democracia
deliberativa que se basa en el “consenso racional”, en lo que coinciden Rawls y
Habermas, es que se intenta imponer como el único camino posible de la democracia
moderna. Ella propone que hay que rescatar en la democracia deliberativa, con el vivir
conjuntamente de las “polis”, el antagonismo y el conflicto del “polemos”. Con esto
se daría todo su carácter a la política democrática (pluralismo y conflicto).
El modelo de la democracia deliberativa deja sin resolver que el ejercicio deliberativo
afecte las decisiones que finalmente se tomen y por lo tanto debe ser complementado
con otros modelos.
La tarea educativa que deriva de este modelo será la necesidad de elaborar instrumentos
que provoquen la reflexión grupal de problemas que han sido públicamente
identificados. El reconocimiento de que los escenarios de estas deliberaciones son
variados: escuelas, iglesias, bibliotecas, legislaturas, universidades. También educar
para la concertación, la elaboración de consensos y la negociación, al igual que para la
presentación de las ideas y el debate.
Entre los proponentes del modelo se sugieren estrategias como conferencias, foros, la
encuesta de opinión deliberativa, que permite promover discusiones en grupos y
participación en la resolución de conflictos.
Otro de los instrumentos que se proponen para desarrollar es el periodismo público,
también llamado periodismo cívico, que implica a la prensa en la tarea de revivir la
vida cívica y el diálogo público (reuniones comunitarias o públicas para discutir
problemas, cuestionar los candidatos con habilidad y profundidad, revisar opciones
políticas, discutir soluciones que hayan dado resultado en otras comunidades, fijar una
agenda de acción). Este tipo de periodismo interpreta el derecho que tiene el público a
estar informado e inspirar responsabilidad cívica, analizando las contradicciones no
sólo de los otros sino también las propias.
2.4 Modelo de capital social
Alude al conjunto de normas de convivencia, tradiciones, hábitos y redes de soporte
mutuo que la gente común puede utilizar para resolver problemas. De ahí que todo tipo
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de organización que implica cívicamente a la gente como clubes culturales, organizaciones
comunitarias, barriales, de vecinos, deportivas, cooperativas, iglesias, escuelas, etc. son
formas de capital social que los ciudadanos pueden utilizar para su provecho mutuo.
En este sentido este modelo se identifica con la definición de la sociedad civil enfatizando
el concepto de redes (Robert Putnam), que fomentan la reciprocidad, estimulan la
confianza social, facilita la coordinación y la comunicación y por tanto, permite buscar
solución a los dilemas de la acción social. Putnam considera que las redes cuando son
densas reducen el oportunismo político y contribuyen a ampliar el yo de los participantes
transformando el yo individual en un nosotros colectivo. Este modelo tiene una cierta
correspondencia con el modelo comunitarista, comparte además con el modelo
deliberativo en el uso de las herramientas, y de modelo de políticas centrado en el
ciudadano. Lo que distingue este modelo de todos los demás es su diagnóstico sobre las
redes asociativas que considera que además de ser menos son menos densas, no siendo
capaces de establecer relaciones por encima de las barreras de clases, género y raza.
La tarea educativa que se desprende de este modelo está orientada a producir
conocimientos sobre los problemas que afectan la democracia y la ciudadanía. Además
abre a la necesidad de la educación multicultural que propone la ciudadanía intercultural
que propone Cortina que enfatiza el desarrollo de capacidades para tolerar y trabajar con
personas distintas; asegurar una convivencia auténtica a partir de la diferencia; posibilitar
que se den las identidades culturales diversas; respetar la elección de las personas a
elegir su identidad cultural y valorar la comprensión de las otras culturas (citado por
Cabrera, 2000 : 72).
2.5 Modelo de política ciudadana
Propone que la gente común debe ser un agente activo de las decisiones públicas, y
enfatiza la capacidad de las gentes para resolver problemas públicos en su ambiente
inmediato, es decir en el vecindario, la escuela, la iglesia, las organizaciones comunitarias,
el lugar de trabajo.
La política ciudadana se aprende pero necesita de una serie de habilidades
comunicativas, para definir problemas, reconocer las diferentes perspectivas desde las
cuales ver los problemas, manejar la cooperación y resolver el conflicto, aprender las
artes de la organización grupal, acción y evaluación de la acción.
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La creación de este modelo se debe al Instituto de Políticas Públicas Hubert Humphrey
de la Universidad de Minessota. Las características del modelo se derivaron de la
experiencia del movimiento de los derechos civiles de los Estados Unidos.
Boyte uno de los proponentes de este modelo vincula la noción de ciudadanía con la
noción de trabajo público, entendido como trabajo para el público y por el público.
Coloca en el centro de atención las cuestiones de responsabilidad, reciprocidad, dignidad
cívica y el deber de rendir cuenta por las decisiones.
Los proponentes de este modelo sugieren cuatro criterios para evaluar el impacto de la
acción cívica:
Este modelo no parte del consenso ni propone éste como meta explícita. Sus proponentes
piensan que las diferencias entre la gente deben ser consideradas como característica
permanente. Lo que define este modelo es el trabajo realizado por gente diferente en
un esfuerzo de colaboración en el trabajo público. Este trabajo público es el que hace
que la gente resuelva sus diferencias y deje sus divisiones aparte en el esfuerzo por
lograr un objetivo común determinado.
La tarea educativa para que la ciudadanía vuelva a ser activa es saber que ser ciudadano
efectivo implica trabajo duro que produce resultado, pero también que es impredecible.
Implica aprender a pensar estratégicamente, tomando en cuenta la dinámica del poder,
los intereses y las consecuencias a largo plazo de las propias acciones. También es
educar en la responsabilidad, reciprocidad, dignidad cívica y el deber de rendir cuentas
por las decisiones, así como en el esfuerzo colaborativo que ayuda a la eliminación de
desconfianzas, a una creación de lenguaje común y a generar una “sinergia” mayor
que la suma de las organizaciones o grupos envueltos.
2.6 Modelo de democracia radical
Surge como una necesidad de repensar la democracia y la ciudadanía en términos de
realizar las utopías truncadas del socialismo. Su propuesta toma distancia tanto con
respecto a la política totalitaria que caracterizó a los llamados socialismos reales como
del sistema liberal parlamentario que predomina hoy día.
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Coincide con el modelo comunitarista, en su crítica al modelo liberal en cuanto no deja
espacio a los aspectos éticos de la política ni tampoco para la consideración del
compromiso ciudadano, se distancia del comunitarismo en cuanto considera el pluralismo
y el respeto a las diferencias como constitutivo de este modelo. El comunitarismo enfatiza
excesivamente el bien común como algo dado y no discutible.
El modelo radical considera que no hay una idea única del bien común y que la
ciudadanía misma es una noción que tiene diversas interpretaciones.
Uno de sus proponentes Stanley Aronowitz considera que la diferencia entre la democracia
radical y la convencional parlamentaria, liberal estriba en que la primera defiende la
participación popular directa en decisiones que afecta la vida económica, instituciones
sociales y políticas, así como la vida diaria. Insiste además, en que la participación abarca
las decisiones con respecto a lo que ha de hacerse y al cómo ha de hacerse.
Insiste que el poder ha de estar en manos de los afectados en la toma de decisiones. En
este sentido, propone el autogobierno. Este es un modelo en construcción.
Chantal Mouffe dice que la ciudadanía democrática radical debe articular la tradición
liberal y la tradición comunitarista. El ciudadano/a de este modelo no es receptor pasivo
de derechos y protegido por una ley sino que los derechos democráticos que propugnan
sólo pueden ser ejercidos de manera colectiva aunque pertenezcan al individuo y
presupongan la existencia de los mismos derechos para otros. La ciudadanía democrática
radical es una identidad política a través de la identificación con la res pública. Es una
identidad común de personas que podrían comprometerse en muchas empresas diferentes
de finalidad, con distintas visiones del bien común, pero que en la búsqueda de sus
satisfacciones y en la promoción de sus acciones aceptan el sometimiento a las reglas de
la res pública. Les une un reconocimiento de valores ético – políticos.
La ciudadanía es un principio de articulación que afecta a las distintas posiciones subjetivas
del agente social, reconociendo pluralidad de lealtades específicas y el respeto a la libertad
individual. La base de identificación es la aceptación de igualdad y libertad para todos y
todas, apunta a la construcción de un nosotros que incluye las exigencias democráticas
de distintos movimientos (mujeres, negros, gays, ecologistas, moradores /as barriales,
chiriperos,nuevos movimientos sociales) haciendo una cadena de equivalencias entre
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distintas demandas a fín de articularlas a través de equivalencias democráticas. Esa
construcción del nosotros siempre tiene lugar en un contexto de diversidad y conflicto.
La preocupación por la igualdad y la libertad deberá informar todas las áreas de la vida
social y por eso reta todas las relaciones de dominación en los distintos ámbitos de la
vida social.
En definitiva, para esta autora, la tensión entre lo público y lo privado permanece y no
pueden reconciliarse jamás. La vivencia de la democracia radical será una permanente
tensión que es la vida misma del régimen democrático. Se trata de combinar el ideal de
derechos y pluralismo y las ideas de inspiración pública y preocupación ético política.
La tarea educativa de este modelo es grande. La igualdad, la justicia, la libertad, el
manejo del conflicto, son valores imprescindibles a este tipo de ciudadanía. Asimismo
las capacidades que colocan los modelos de ciudadanía diferenciada que educa para
valorar y tomar en cuenta las identidades y los derechos de los distintos grupos de una
sociedad (Cabrera, 2000).
Laclau y Mouffe (1985) consideran importante desarrollar una línea de formación
cívica en el currículo con los principios de formar una ciudadanía asertiva, la lucha por
la igualdad y el desarrollo de valores, actitudes y prácticas apropiadas para una
comunidad socialmente responsable.
3. Nuestra concepción de ciudadanía crítica
Nuestra concepción de ciudadanía crítica participa de algunos presupuestos presentes en
los modelos anteriores, pero se entronca más directamente con las propuestas del modelo
de democracia radical en el sentido de que consideramos la ciudadanía como un proceso
en construcción permanente de derechos y responsabilidades personales puestas en
ejercicio en proyectos colectivos de bien común, construidos desde la diferencia y el
conflicto, con el respeto a la diferencia, en nuestras sociedades desiguales e injustamente
divididas. Una ciudadanía inclusiva de la diferencia y denunciadora de cualquier tipo de
exclusión. Fundamentada en la justicia y la equidad, pero sin olvidar la libertad.
Fortalecedora de la identidad propia y abierta al diálogo con las otras identidades y
culturas. Defensora de los derechos humanos no como formulación legal, sino como
horizonte de humanización para las personas, los grupos, los pueblos y el planeta.
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Sostenida por el compromiso y la responsabilidad social en la transformación de la realidad
y gestadora de un poder compartido y ejercido desde la lógica del servicio y no desde la
concentración y centralización.
En este sentido, compartimos muchos de los presupuestos sobre cómo entender la
ciudadanía hoy con Bartolomé y Cabrera externados en su reciente publicación
Identidad y ciudadanía: un reto a la educación intercultural.
4. La formación en ciudadanía desde una perspectiva de proceso y crítica: diversas
corrientes que impulsan la educación ciudadana
La educación considerada como arte o ciencia ha tenido siempre desde la Grecia clásica
hasta el estado moderno el encargo de educar a las y los ciudadanos que el estado
necesita. Por supuesto que los contenidos y alcances de esa ciudadanía son distintos
según nos instalemos en un tiempo o en un contexto o en otro y por tanto las agendas
educativas son también distintas dependiendo de proyectos, contextos y momentos.
Como bien señala Cabrera, citando a Gentili, la cuestión es preguntarnos “qué educación
para qué ciudadanía” (Cabrera, 2000: 68).
Plantearnos la educación para la ciudadanía desde una perspectiva crítica significa de
alguna manera, apostar porque la ciudadanía es un proceso en construcción permanente.
Nacemos en un grupo humano, en una comunidad, en un país con un status legal
definido que nos viene dado. Jurídica y legalmente hablando somos ciudadanas y
ciudadanos. Dejar la ciudadanía reducida a esto, al reconocimiento de unos derechos,
es una manera de restringir y desvirtuar la ciudadanía y la formación para esa ciudadanía.
Y en América Latina una burla, pues los derechos parecería que sólo existen para ser
conculcados o violados. El reto es abrirnos a aprender a ser ciudadanos y ciudadanas,
a construir la ciudadanía. En este sentido, hablar de educar para la ciudadanía se
convierte en urgencia y tarea importantísima.
Cabrera (2000:73) presenta unas conceptualizaciones de ciudadanía con implicaciones
para la educación que recogemos en el cuadro siguiente por estar muy relacionadas
con lo que es nuestra propuesta de formación en ciudadanía crítica (ver cuadro 1).
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CUADRO NO.1
CIUDADANÍA Y EDUCACIÓN
Ciudadanía
Autores representativos
Dimensiones que enfatizan
Ciudadanos del mundo, respeto y valoración
de la diversidad, equidad, responsabilidad,
Sostenibilidad
Ciudadanía Global
Bank,1997; Olu 1997
Ciudadanía Crítica
Giroux,1993;
Mayordomo,1998
Inglehart,1996
Compromiso por construir una sociedad más
justa.
Reconstrucción social.
Conjugar estrategias de oposición con otras
de construcción de un orden social
Ciudadanía responsable
Bell,1991; Spencer y
Klug,1998
Sentido de pertenencia a una Comunidad;
compromiso social. Responsabilidad social
Ciudadanía intercultural
Cortina 1999
Diálogo entre culturas; respeto a las
diferencias, reconociendo las diferencias que
no son respetables; comprender otras culturas
para comprender la propia
Ciudadanía diferenciada
Joung, 1990
Ciudadanía paritaria
Carneiro,1996
Ciudadanía democrática y
social
Carneiro, 1999
Justicia social: derechos y deberes sociales
para todos; luchar contra la exclusión; igualdad
de oportunidades y equidad
Ciudadanía ambiental
Carneiro, 1996
Desarrollo sostenible
Ciudadanía multicultural
Kymlicka 1995 Carneiro,
1996
Derechos colectivos, Solidaridad y respeto
Respeto a la diversidad y derechos colectivos
“feminizar “ el espacio público; superar los
prejuicios de grupo
La educación en ciudadanía y los valores
Es innegable la estrecha relación entre la educación ciudadana y la educación en los
valores que impulsan ésta, como siempre según el modelo de ciudadanía en el que
pretendemos formar. Si estamos impulsando una ciudadanía crítica, activa, corresponsable,
paritaria, multicultural y participativa, los valores tendrán que impulsar esas actitudes
necesarias para ser ciudadanas y ciudadanos con ese talante. Para algunos estudiosos de
la problemática la educación ciudadana se reduce a la educación en valores.
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Otros que asumen la complejidad de la educación en ciudadanía, ven también la
importancia de la educación en valores.
Chaves (1999) señala le necesidad de definir los fundamentos éticos de la sociedad
industrial y esto así porque, como bien ha dicho Habermas, en la modernidad el sistema
tecnoeconómico ha colonizado el mundo de la vida, con lo que la racionalidad científico
tecnológica, campea en nuestro mundo sin cortapisas A la modernidad le falta desarrollarse
porque está presa de una única racionalidad hegemónica (Santuc, 1989). Por eso cuando
hablamos de indicadores de desarrollo son los económicos los más citados y durante
mucho tiempo se consideró el desarrollo como algo que sólo puede medirse con
indicadores económicos, sin tener en cuenta los daños a la ecología, la biosfera y la gran
exclusión de inmensos contingentes de población humana.
Este autor resalta la necesidad de una ciudadanía que desarrolle valores y comportamientos
de responsabilidad, con sentido del bien común, que se responsabilice de los desastres
que como género humano ocasionamos o de las injusticias y desequilibrios cada vez
mayores, reconociendo que el reto está en llegar a demostrar “la compatibilidad o
incompatibilidad entre competitividad y cooperación” (Chaves, 1999 : 22). Esta es la
educación que nos facilita referentes, principios y normas para poder vivir la democracia
y la cooperación. La democracia participativa necesita de ciudadanos y ciudadanas capaces
de desarrollarla (además de una voluntad política de los poderes establecidos y de unas
condiciones políticas apropiadas, construidas con el concurso de los ciudadanos).
Agnes Heller (1989), al hablar de la ética ciudadana y de las virtudes cívicas, señala
como fundamentales:
la tolerancia, que acoge todas las distintas formas de entender la vida, pero que tiene
su límite en lo que pueda ser opresión para algunos seres humanos
la valentía cívica que impulsa a la defensa de las causas y valores en las que uno/a
cree, aún a riesgo de la propia vida
la solidaridad que incluye la hermandad, el apoyo mutuo y la cooperación
la aplicación de juicio justo
las virtudes intelectuales que incluyen la “fronesis” o prudencia para aplicar la ley y
la racionalidad discursiva sobre la corrección o la justicia de las instituciones, las
leyes o los acuerdos
·
·
·
·
·
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La preocupación por la ética lleva a destacar la centralidad de la persona como capacidad
para el compromiso ético, para optar por valores de justicia, solidaridad, fraternidad.
Capaz de buscar el bien común, además del personal. Se perfila así un sujeto autónomo,
con capacidad para actuar libremente, con responsabilidad y justicia.
Asimismo Villamán (1989), colaborador del Centro Cultural Poveda, ha realizado unos
planteamientos sobre la estrategia metodológica para la formación de la conciencia
crítica, que son fundamentales para el desarrollo de la propuesta formativa del Centro
Poveda. Al desarrollar la dimensión valorativa de la conciencia crítica se coloca en esta
línea de la necesidad de recuperar la ética en las diversas esferas de lo social. Pero desde
la dimensión personal, desde una antropología de la “pro-existencia”, es decir aquella
que considera el ser persona como lo radicalmente abierto a los otros, (“el ser para”), y
desde ahí enfatiza la capacidad de las personas de participar conjuntamente, desde sus
intereses y opciones, en proyectos colectivos de bien común que apuntan unas
racionalidades sociales diversas.
También Cortina (1996) señala dos elementos de la ética que nos parecen muy necesarios
para la educación en ciudadanía crítica: la formación del carácter que permite la “toma
de decisiones prudentes” y el respeto a los DDHH desde una moral crítica “tomar
decisiones moralmente justas”. Ella considera que la ética tiene tres funciones:
fundamentar el comportamiento moral, clarificar qué es la moral y aplicar todos esto a la
vida social en todos sus ámbitos,(apud. de Chaves, 1999:122). De todo esto se deduce
que la fundamentación ética y la aplicación de ésta a la vida social son retos importantes
en las sociedades actuales y el papel que una educación crítica puede desarrollar en
formar en esta perspectiva.
Para la clarificación de la comprensión de la justicia y de sus exigencias es muy
significativo el aporte que nos hace Cortina, como señala Martínez Navarro (2000), en
relación a los mínimos decentes que cualquier Estado que se pretenda legítimo tiene que
garantizar, como es la libertad de todas y todos los ciudadanos para la participación
efectiva en el poder político y en el disfrute de los derechos básicos como salud, vivienda,
trabajo, educación, y otros....
Otros autores han elaborado distintos listados de necesidades básicas que darían
fundamento a los derechos básicos. Martínez Navarro (2000) presenta los de Nussbaum
28
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
y Sen 1998 y los de Doyal y Gough, 1994 que utiliza el PNUD en sus informes anuales.
Estos listados reflejan preocupaciones materiales, simbólicas, sicológicas, sociales,
etc. extendiendo el concepto de necesidades básicas más allá delo tradicional y
respondiendo a concepciones de desarrollo más amplias y holísticas.
De los aportes de Chaves (1999), que él a su vez retoma de otros autores como Ladriére,
señalamos como un trabajo sobre los valores reclama el enunciarlos y decidir su
importancia, definir sus contenidos y realizarlos en la práctica. Para las operaciones de
enunciarlos y definir sus contenidos propone la contextualización, la reinter-pretación y
la hermenéutica crítica, dialógica e interpretativa con el contexto, con la tradición, con la
situación sociopolítica y económica. De toda esa confrontación con la realidad, surgen
las relecturas y los contenidos de valores como justicia, libertad, equidad, solidaridad,
etc. En este mismo sentido Rawls (1972) desarrolla la justicia, no sólo como igualdad,
sino como equidad, en una sociedad que se entiende como sistema equitativo de
cooperación entre personas libres e iguales en donde se producen los acuerdos de
conveniencia. Todos los bienes sociales primarios libertad y oportunidad, ingresos y
riqueza, autorespeto tienen que estar redistribuidos por igual a menos que una distribución
desigual de cualquiera de estos bienes redunde en beneficio de los menos favorecidos, lo
que llamaríamos la pertinencia de una discriminación positiva.
Martínez Navarro (2000) introduce el tema del pluralismo ético, dado el carácter cultural
y contextualizado de los valores, pero a la vez apostando a la necesidad de un código
ético mínimo mundialmente compartido, como afirma Apel o la ética de mínimos o de
máximos de la que también ha hablado Cortina, entre otros, compatible con las distintas
culturas y las distintas éticas, por lo que sean posibles la aceptación por todos de unos
pocos principios de justicia que posibiliten la convivencia y la cooperación entre las
personas, los grupos y los países. Así la esclavitud, la violación, la tortura, etc. son malas
no sólo para la propia cultura, sino que son malas siempre y en todas partes: universalmente
malas.
Como plantean estos autores, llegar a definir esos principios requiere de un proceso
dialógico para esclarecerlos y el establecimiento de prioridades en ellos, en el cuál cada
persona o grupo debe hacerse cargo de los intereses de los demás, de los intereses generales
de manera desinteresada (Rawls, 1993), aunque también se tengan en cuenta los propios
intereses. Se destacan como valores de esta ética la libertad, igualdad, solidaridad, respeto
29
CENTRO CULTURAL POVEDA
activo, diálogo, sentido de la justicia, escucha, solidaridad compasiva con las y los más
necesitados, sensibilidad ecológica, respeto a las legítimas diferencias, etc. Nos parece
interesante destacar que la dignidad se entiende como un principio que se juega en todas
las dimensiones de la vida y que reclama respeto, oportunidades y medios para una vida
verdaderamente humana y posibilidad y capacidad de decidir en las cosas que atañen a
esas personas.
Por igual es importante para nuestro trabajo de formación en ciudadanía crítica la
consideración de la autonomía, entendida como la posibilidad que tienen las personas
de regirse por normas que ellas reconocen como válidas, lo que les genera capacidad
de reconocerse como personas en la comunicación, en la relación con otros/as diferentes,
con énfasis en la comunicación verbal y la intersubjetividad (Apel,1973; Habermas,
1981; Cortina, 1993).
Con estas afirmaciones, vemos como estos autores para desarrollar el compromiso
ético parten de la persona para llegar al compromiso con la sociedad, con las preguntas
básicas de qué queremos hacer de la sociedad, cuál es nuestro proyecto de convivencia;
con qué criterios debemos regir nuestras decisiones colectivas; que entendemos por
una sociedad justa, etc. Hay una concepción antropológica esencialmente abierta y en
construcción que es muy importante recuperar desde la tarea educativa.
La educación en ciudadanía: aprender haciendo, la dimensión política de la
educación ciudadana
La ciudadanía crítica tiene relación con el modelo de sociedad y en este caso de
democracia que queremos en ella. Es importante volver a recordar que nos referimos
a una democracia entendida como libertad política de las y los ciudadanos para participar
en los asuntos públicos, para tomar parte en las decisiones comunes, según la máxima
clásica de que “lo que es de todos, debe ser decidido por todos”. Pero la democracia se
extiende también a los distintos ámbitos de la vida social. Una democracia inclusiva
que reconoce la plena ciudadanía de todos los seres humanos, sea cual sea su condición
de nacimiento, el grupo étnico al que pertenezca, su ideología, sus creencias religiosas
o la falta de ellas, el género, etc. Una democracia que ofrece los cauces reales de
participación para que todos puedan intervenir. Que posibilita el control de la gestión
e involucra a los ciudadanos en la acción. Y que asegura la distribución de los bienes
y por tanto el desarrollo de la equidad.
30
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
Como nos recuerda Bartolomé (2001) “la educación puede contribuir a la transformación
social, si se vive como un proceso dinámico, que desborda ampliamente los aprendizajes
escolares para vincularse a la realidad social y política con una intención claramente
transformadora” (Bartolomé, 2000:118)
De Mayordomo (1998) retomamos su aporte sobre el aprendizaje de la ciudadanía crítica
(el calificativo es nuestro, aunque los contenidos son de él). En dos vertientes propone
este autor este aprendizaje:
como un aumento de las posibilidades y oportunidades de participación (un valor
atribuible a la educación como tal y específicamente a la educación cívica o ciudadana)
como un desarrollo de la formación cívica, en lo que se refiere a nuevas concepciones
teóricas sobre la ciudadanía, en la internalización de los valores ciudadanos y en el
desarrollo de prácticas que explicitan esos valores y esas concepciones nuevas.
·
·
Rescata el valor político de la pedagogía, apoyándose en los clásicos (Kant, Pestalozzi,
Goethe, Herbart, Saint Simon, Marx, Dewey, Giroux, y un largo etc.). Por ejemplo nos
parece muy oportuna su cita de Domingo Faustino Sarmiento para el que la educación y
la formación ciudadana es una misma cosa y por eso defiende que hay que extenderla a
todo el pueblo y que debe tener el carácter pedagógico y político: formar ciudadanos en
sus derechos y deberes, en acceder a la participación en las ventajas sociales y el gobierno.
De que facilite o no esto depende para él el que se pueda considerar democrático o
autoritario un gobierno. Se está hablando de una educación que ayude a comprender la
sociedad para transformarla, como afirmará la corriente crítica.
Nos recuerda, apoyándose en Dewey, la necesidad de relacionar educación- sociedad –
democracia y la educación en la acción: aprender haciendo. Dentro de esta reflexión
sobre la importancia de la educación en la formación de ciudadanas y ciudadanos,
Mayordomo (1998) revaloriza la importancia de las y los educadores para impulsar una
formación en ciudadanía articulada a los problemas sociales, destacando que no podrán
cumplir con esta función bien, si ellos y ellas no están, o no son capaces de estar, articulados
a otros grupos sociales que tienen problemas en común con ellos y asimismo implicarse
con su comunidad en la búsqueda de solución de los problemas socioeducativos.
Hoy desde todos los foros y organismos internacionales, se reclama la importancia de
la educación, en todos los momentos de la vida, como factor que posibilita:
31
CENTRO CULTURAL POVEDA
· la gobernabilidad, para generar relaciones recíprocas entre el Estado y la sociedad
·
civil, desarrollando la comprensión delas relaciones sociales, la vigilancia de las
ejecuciones políticas y la capacidad propositiva para buscar soluciones a las situaciones
problemáticas
la exigencia de participación ciudadana, desde una ciudadanía entendida como
pertenencia a una comunidad
· leer pedagógicamente las dificultades y problemas que se presentan entre: libertades y
deberes; identidades comunes y diferencias; acuerdos conseguidos e inconformismos;
instituciones políticas y grupos sociales diferentes; rutinarios usos de la representación
y el más exigente alcance de la participación; el discurso teórico y el práctico; la razón
de Estado y la razón privada (Mayordomo, 1998).
La educación para la ciudadanía se visualiza por estos estudiosos del tema como uno de
los factores que hacen posible el paso de la anomia ciudadana o del ciudadano consumidor,
tan del uso en nuestras sociedades contemporáneas, al ciudadano/a participativo, llegando
a definir al ciudadano como aquél que tiene la posibilidad de “juzgar e intervenir en la
tarea de definir o regular racional y críticamente el plano de su convivencia” (Mayordomo,
1998:110).
En este sentido, Giroux (1993), apoyándose en una estudio de las preparatorias
norteamericanas, realizado por Wagner en 1986, previene contra el papel de la ideología
conservadora que progresa mucho en nuestras sociedades, y lleva a los y las estudiantes
a no comprender la posibilidad de que los adultos organizados puedan intervenir y cambiar
la realidad, pues en sus estudios no hay una dedicación a los movimientos sindicales, ni
a las luchas feministas, ni a ninguno de los fenómenos de gran incidencia en el mundo
contemporáneo. Para Giroux desde esta perspectiva, la educación ciudadana ha sido
alterada: lo que se enseña a las estudiantes y a los estudiantes es un patriotismo vacío de
símbolos abstractos, una ciudadanía procedimental y pasiva, de espectadores o de
consumidores y una ética preocupada por definir bien claramente el bien y el mal, pero
alejada de la igualdad y de la justicia de los seres humanos y de la posibilidad de
compromiso colectivos para lograrlas.
El ser ciudadano cualifica de manera nueva a la persona. La persona se constituye en un
proceso de socialización en el que se experimenta el autorreconocimiento y la
intersubjetividad (Habermas). Participar en lo público es una dimensión del desarrollo
personal, al desarrollar la convivencia, el sentido de pertenencia a una comunidad, la
32
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
práctica de la comunicación, el ejercicio del acuerdo, etc. (Mayordomo, 1998:118). La
tarea de la educación en ciudadanía es formar personas democráticas e impulsar la
construcción de una cultura democrática.
La educación prepara este tipo de sujetos sociales desarrollando las competencias de
búsqueda permanente de las definiciones de los caminos que se desean transitar, las de
evaluar y redefinir, las de interrogarse y problematizarse, las de experimentar la
incertidumbre y la controversia, las de elegir, decidir, proponer soluciones, emitir juicios
críticos y expresar la propia opinión, etc. Todos estos aprendizajes son propios de una
educación crítica.
Mayordomo apoya que la educación ciudadana crítica desarrolla lo que Ardigó ha
llamado “participación del disenso” que hace falta para transformar las sociedades
injustas y de desequilibrio social que tenemos y que fomenta los valores de “indignación
/ compasión”, binomio feliz que propone Villamán (1989) con la finalidad de pasar de
las “falsas certezas consensuadas” a una acción ciudadana “crítica y propositiva” que
tiene en cuenta a las y los tradicionalmente olvidados de la historia.
La educación para la participación significativa implica también la formación en los
procedimientos de la participación: la deliberación y en la toma de decisiones en lo
que les afecta y en el funcionamiento general de la sociedad. Como dice la afirmación
clásica: lo que afecta a todos, debe ser decidido por todas y todos. Es necesario entonces
formar en:
el debate riguroso
a discusión abierta y racional
la reflexión serena
la argumentación de los principios que se aportan y de las propuestas que se
elaboran
·
·
·
·
Asimismo todo lo que es necesario para la deliberación y la elección: el acceso y
manejo de la información a tiempo, la formación para gobernar y autogobernarse,
utilizando los mejores medios y procedimientos. Desde esta perspectiva, no hay
educación neutral, ni neutralidad en la educación (Giroux, 1992), sino que ésta responde
a opciones éticas de lo que es ciudadanía, de sus principios, de lo que es comunidad,
solidaridad y bien público, entre otras cosas.
33
CENTRO CULTURAL POVEDA
Una educación para la ciudadanía que fortalezca las competencias para participar en lo
público, que impulse la adhesión a proyectos comunes. En definitiva una ciudadanía
comprometida y activa frente a la “ciudadanía consumidora” tan en boga en nuestras
sociedades contemporáneas.
Es especialmente interesante para nuestra propuesta, la forma en que Mayordomo apoya
que la experiencia de formación ciudadana entendida como se viene explicando, es en sí
una experiencia de democracia y ésta se convierte en una cultura, en una forma de vida,
en una manera de ser. Formar sujetos protagonistas de su propia historia es una manera
de reforzar la finalidad política de la pedagogía que posibilita la formación ciudadana.
La formación ciudadana se entiende como una nueva manera de ser persona y una
dimensión del desarrollo personal, especialmente hoy dónde los nuevos roles que se
atribuyen a la sociedad civil reclaman de más en más ciudadanas y ciudadanos capaces
de estar en el ámbito de lo público, con un desarrollo de su capacidad política.
Es importante señalar que esta educación se puede hacer desde todos los espacios de la
vida: en la familia, en la cotidianidad del trabajo o la organización social o política, en la
educación de adultos/as, en los medios de comunicación, en la escuela. Todos estos
espacios para poder desarrollar una educación ciudadana tienen que caminar hacia una
democratización, esto es especialmente exigible a la escuela que es uno de los espacios
privilegiados de aprendizajes de ciudadanía y democracia (Mayordomo, 1998:153, citando
a Entwistle y Kohlberg). El gran problema que tiene la educación cívica es que impulsa
valores que no están vigentes aún en la sociedad y que es difícil así experimentarlos o en
el mejor de los casos se experimentan en un espacio y se niegan en todos los demás.
La escuela y la formación en ciudadanía desde una perspectiva crítica
Es muy difícil educar en el tipo de ciudadanía que venimos desarrollando en las actuales
escuelas. Desde estos presupuestos se recomienda que las escuelas experimenten el
autogobierno, las experiencias de escuela-ciudad y de escuelas en comunidad, etc. Todo
lo que posibilite a las y los estudiantes experimentar el ejercicio de la autoridad, la libertad,
la responsabilidad, la cooperación, la solidaridad, los derechos y deberes, etc. Que la
escuela sea democrática (Freinet) para preparar la verdadera democracia con el ejemplo
y la acción.
34
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
Educar para la ciudadanía reclama una escuela democrática. Aunque se educa, como
dijimos desde todos los espacios de la vida social, la escuela como agente de una de las
socializaciones primarias más fuertes, junto a la familia, necesita organizarse
intencionalmente para esta formación. Sin experiencias en la escuela de participación
real, pluralismo, respeto mutuo, libertad y justicia, es muy difícil que tengamos ciudadanas
y ciudadanos capaces en estos ámbitos.
Para muchos el proyecto educativo de centro es una mediación buena para impulsar una
escuela democrática. La democracia y sus valores deben permear las relaciones, el
ambiente cotidiano y la organización escolar, en la dinámica interna de la escuela y en las
relaciones con la comunidad en la que se haya inserta.
Algunas de las estrategias que señala Mayordomo como interesantes en los procesos
educativos desde esta perspectiva son:
· el desarrollo de actividades que impulsan la argumentación y el pensamiento lógico
· el clima democrático en el aula
· el diálogo moral y la actitud moral, que ayudan a la formación del carácter con un
subrayado especial a la ciudadanía
· trabajo y aprendizaje cooperativo en el aula
· educación para la responsabilidad social y el compromiso con una sociedad más justa.
En cuanto a los conceptos que propone trabajar en distintas dinámicas curriculares y con
distintas estrategias, están:
•
convivencia, entendida como vinculación con las otras y los otros. Supone también
vinculación con un contexto próximo y todo lo que este significa (valores, cultura
propia, raíces, etc.). Esto quiere decir que trabajar la ciudadanía es trabajar el sentido
de pertenencia a una comunidad y la propia identidad. Supone, desde el pluralismo y la
tolerancia, colaborar al desarrollo del propio grupo y tomar nuestras opciones en relación
a los otros y las otras.
•
sentido comunitario, entendido como la posibilidad de desarrollar los valores que buscan
el bien común, lo colectivo. Desarrolla valores como responsabilidad, solidaridad,
lealtad, etc. Presupone lo que ha llamado convivencia y que desarrollamos en el punto
35
CENTRO CULTURAL POVEDA
anterior. El trabajo de este ámbito es un antídoto contra los corporativismos tan
desarrollados en nuestra sociedad.
•
gobernabilidad democrática para fortalecer la sociedad civil. A su base está la
concertación que incluye una construcción permanente de los distintos sujetos sociales
y que se refleja en una mayor eficacia y en la legitimidad en la gestión de lo público.
Incluye la crítica, la defensa, la propuesta, la actuación o ejecución y la rendición de
cuentas. Cita también a Daniel Filmus (1996) que sostiene que se necesita “la
profundización de una cultura política que permitiera ejercer una ciudadanía más
plena”.
• la democracia que implica su estudio histórico y conocer y valorar sus principios, así
como el conocimiento del sistema formal y legal de la democracia. Pero sobre todo
practicarla en los distintos espacios cotidianos: justicia, igualdad, libertad social,
política, jurídica, y la inclusión de cualquier persona al margen de su situación social,
militancia política, credo religioso, sexo, color, etc. Un conocimiento que lleva al
compromiso transformador, desde las propias actitudes y desde una dimensión crítica
que posibilita una radicalización.
• los Derechos Humanos, trabajarlos como referencia de una ética y un comportamiento
democrático. Jorge Osorio (2000) dice: “la educación transversal de los derechos
humanos en el sistema educativo debe ser una tema clave de la agenda de cambio
educativo. Este reto no sólo se relaciona con los temas de reorganización curricular
sino con las definiciones de sentido y de orientación de tal cambio” (Osorio 2000:
95). Y añade más adelante que el conocimiento es hoy fundamental para entender el
funcionamiento social y sus nuevas formas de organización por lo que “la construcción
de capacidades ciudadanas y productivas de las personas serán la información, el
conocimiento y las competencias para producirlos y procesarlos críticamente y
creativamente. En este sentido, podemos decir que...la ciudadanía efectiva es también
aprendizaje” que se expresa “no sólo como derecho a aprender, sino como posibilidad
de cooperación, creación cultural, democratización del conocimiento y apertura a
una manera solidaria de vivir”
Mayordomo (1998) realiza un análisis de distintas experiencias de América Latina
que se dedican a trabajar la ciudadanía en los espacios escolares. Cita experiencias de
Chile, de Costa Rica, de Venezuela y de otros lugares de Latinoamérica, pero no nombra
República Dominicana.
36
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
El autor señala la gran dificultad que enfrenta la educación ciudadana al proponer unos
valores no vigentes en las sociedades y al desarrollar un saber normativo junto a un
espíritu crítico. Es común a las distintas experiencias la preocupación por desarrollar una
educación capaz de consolidar la democracia, erradicar las prácticas autoritarias de la
escuela y en general de toda acción pedagógica. Asimismo se señala como importante la
articulación de la escuela y la comunidad como una estrategia democratizadora capaz de
relacionar los aprendizajes con la experiencia personal y el saber del contexto.
La educación ciudadana, en todas estas experiencias, atiende a la dimensión de los
conocimientos (lo cognoscitivo) a las habilidades y destrezas (los procedimientos) y a
las actitudes y valores (la dimensión ético-valorativa), buscando así impulsar un “clima
democrático”, una atmósfera, un hábitat que permite vivir “respirando” la democracia,
hasta hacerla consustancial a uno.
Se hacen énfasis en las herramientas e instrumentos metodológicos que propician la
participación, la solidaridad, la justicia, la libertad, el diálogo, la construcción de consensos,
etc. En la organización de los Centros Educativos de manera que permita las prácticas
democráticas. Se privilegian actividades que propician el pensamiento reflexivo y crítico,
así como el análisis de la realidad, el debate en el aula, la confrontación de ideas, el
derecho a disentir, el respeto a la diferencia y a la decisión de la mayoría, sin dejar de oir
y atender los puntos de vista de las minorías.
Desde esta perspectiva es que se considera que “la educación cívica es la educación
misma” (Kerschensteiner) y que “educar es politizar” (Mayordomo 1998).
La educación ciudadana crítica y el educador/ educadora
Este tipo de educación reclama un educador o una educadora que deje de ser un simple
trasmisor para convertirse en una facilitadora o facilitador que impulse la construcción
de personas autónomas. La formación de educadores debe sufrir transformaciones que
les permita a estos ser capaces de interpretar las realidades sociales y los diferentes
contextos. Para ello se hace imprescindible la constitución de espacios pedagógicos
participativos en los que poder compartir e investigar la propia práctica y generar la
innovación educativa. Las y los educadores necesitan comprender bien su papel y adquirir
capacidades para el impulso de los cambios educativos y para crear “experiencia
enriquecedoras y estimulantes en este campo”.
37
CENTRO CULTURAL POVEDA
5. Descripción de nuestra propuesta de formación en ciudadanía crítica:
conciencia crítica y educación popular: la ciudadanía como un proceso permanente
de constitución de sujetos críticos
Nuestra propuesta de formación de educación en ciudadanía crítica, se inscribe, como
hemos venido repitiendo, en la concepción de ciudadanía como un proceso permanente
de construcción que implica una nueva manera de comprender la realidad y el
funcionamiento de la sociedad (concepciones) que lleva a sentirse parte de, a
identificarse y sentirse responsable de; unos nuevos valores “proexistentes”, de apertura
a la diferencia, de inclusión y de compromiso con la equidad, el respeto y la tolerancia
y unas nuevas prácticas de transformación de la realidad en proyectos conjuntos que
quieren afectar la realidad en la línea de los valores señalados, dónde todas y todos
tengamos cabida en pie de equidad y dónde seamos conscientes que el planeta no es
sólo de esta generación, sino de todas las que vendrán.
Para nuestra propuesta de formación resulta interesante señalar, como
independientemente de las estrategias, mediaciones y formas que se adopten para
introducirla en los currículos, lo importante es ver que en sus finalidades y en sus
contenidos se hace muy coincidente con los principios de la educación crítica
(Mayordomo,1998: 136):
•
el fortalecimiento de la identidad unido al sentido de pertenencia, más allá de los
requisitos legales, pero con un sentido de conciencia sobre los propios derechos y
deberes y con una perspectiva crítica que lleva a redefinir permanentemente y a
debatir conjuntamente lo que se quiere para la comunidad
•
el compromiso con unos valores y virtudes propias en una perspectiva de
universalidad que lleva incluso a la discriminación positiva para los sectores más
desfavorecidos
•
el compromiso político desde una visión amplia de la participación que lleva a
deliberar, decidir, actuar en las acciones emprendidas y controlar permanentemente
el proceso
•
la discriminación positiva para los sectores más desfavorecidos
38
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
GRAFICO NO.1- NUESTRO MODELO DE FORMACIÓN EN CIUDADANÍA CRÍTICA
1234567890123456789012345678901212345678
1234567890123456789012345678901212345678
Identidad y sentido de pertenencia,
1234567890123456789012345678901212345678
Nuevas
1234567890123456789012345678901212345678
1234567890123456789012345678901212345678
equidad, solidaridad, compromiso.
concepciones
1234567890123456789012345678901212345678
1234567890123456789012345678901212345678
1234567890123456789012345678901212345678
valores de la proexistencia
sobre 1234567890123456789012345678901212345678
la realidad,
1234567890123456789012345678901212345678
sobre los1234567890123456789012345678901212345678
derechos y el
1234567890123456789012345678901212345678
1234567890123456789012345678901212345678
1234567890123456789012345678901212345678
funcionamiento
social,
1234567890123456789012345678901212345678
1234567890123456789012345678901212345678
desde la1234567890123456789012345678901212345678
perspectiva
1234567890123456789012345678901212345678
1234567890123456789012345678901212345678
Prácticas de transformación
1234567890123456789012345678901212345678
crítica
1234567890123456789012345678901212345678
social a través de la participación
y proyectos comunes
5.1 Los aportes de la conciencia crítica y de la educación popular
La conciencia crítica con la dimensión valorativa desarrolla una ética de la proexistencia,
que supone una concepción antropológica abierta al otro/a , con valores como la solidaridad,
la justicia, la indignación/compasión, la esperanza, la inclusión, la equidad, la tolerancia,
respeto a la diferencia,... Desde estos principios se juzga y se opta, se impulsan y se
construyen proyectos desde los intereses de los más desfavorecidos y excluidos de la
sociedad. La dimensión valorativa se ocupa también de los procedimientos para trabajar
los valores, teniendo en cuenta que estos no se internalizan con discursos, sino con
experiencias que se reflejarán en las nuevas actitudes ya si internalizadas (Villamán, 1989).
Con la dimensión de construcción de conocimientos, se impulsa una problematización
permanente de la realidad para desentrañar las causas de los problemas, más allá de las
apariencias y el abordaje de estos desde las distintas lógicas del conocimiento y las estrategias
que permiten su elaboración. Esta dimensión ejercida desde las opciones valorativas,
promueve el sentido de pertenencia y de responsabilidad social, desde una perspectiva
crítica y transformadora y los procedimientos que la hacen posible.
Con la dimensión política se desarrolla la responsabilidad de actuar, de construir un futuro
diferente, sintiéndose como personas que deben construir la igualdad y la inclusión de
todos y todas, entre los géneros, las etnias, los credos, las ideas políticas, etc. Es la dimensión
que promueve la acción organizada para buscar los objetivos y los intereses comunes que
fortalecen las identidades.
39
CENTRO CULTURAL POVEDA
Estas tres dimensiones articuladas permiten la construcción de sujetos críticos, no
entendidos sólo como individuos, sino en colaboración con los otros y orientados a la
transformación social, a partir de una formación desde estos elementos que posibilita
a las y los ciudadanos situarse de manera proactiva para incidir en los cambios sociales.
Desde esta perspectiva la conciencia crítica es un componente esencial de la ciudadanía
crítica.
El aporte de la Educación Popular ha sido muy importante en la práctica del Centro
Poveda, así como en la de otros agentes educativos preocupados y ocupados en
propuestas alternativas.
En nuestro caso, se hacen subrayados al contexto en el que se desarrollan nuestras
acciones y nuestra vida. Es el referente cultural e histórico en el que está implícito el
diálogo de saberes y la negociación cultural como fruto de ese diálogo democrático,
en el que “todas las monedas tienen el mismo valor”, es decir, se reconocen las distintas
lógicas de conocer en pie de igualdad y se desarrolla el pluralismo y la apertura a lo
diferente.
El saber del proyecto, otro de los subrayados de la educación popular es el que marca
el sentido, el hacia dónde de nuestra acción, recoge entonces nuestros intereses y
opciones y articula las fuerzas de las personas y los grupos que quieren empujar la
realidad en la misma dirección. Desarrolla también la capacidad negociadora con otros
intereses, sin perder los principios orientadores propios. En el caso de la educación
popular los principios orientadores de un proyecto son los que buscan la vida y la
inclusión de las mayorías empobrecidas y excluidas en nuestras sociedades.
El saber didáctico que es el saber de la práctica, y el saber específico, se ven afectados
por el sentido y el contexto. El “cómo hacer” y el “qué hacer” implica unas estrategias
coherentes con el contexto y con los principios orientadores de la acción. El saber
didáctico permite crear las herramientas oportunas para la intervención educativa y
transformadora en cada momento y hace que la acción sea efectiva. Desde la educación
popular, el saber específico tiene que ser cada día más accesible a todos los seres
humanos ya que de más en más es un poder en nuestra sociedad y la democratización
social tiene también como un componente la democratización del conocimiento y de
su uso.
40
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
5.2 Elementos característicos de nuestra propuesta
El Centro Cultural Poveda desde la perspectiva de la educación popular y de la conciencia
crítica, busca impulsar un movimiento socioeducativo de educación crítica, con una
intencionalidad ética, política y cultural que tiene vocación de incidir en la realidad
social, fortaleciendo la constitución de sujetos plurales, a partir de sus identidades
específicas (maestras/os, mujeres, educadoras/es populares, productores, sindicalistas,
miembros de organizaciones, etc.). Ejes fundamentales para esto:
Lo pedagógico como estrategia de cambio: En el momento que vivimos caracterizado
por una debilidad organizativa en lo que a los grupos territoriales se refiere, pero muy
rico a nivel de producción de discurso sobre la necesidad de fortalecimiento de la sociedad
civil y el desarrollo participativo para una mayor calidad de vida para todas y todos, el eje
“ciudadanía- Derechos Humanos” puede recuperar la preocupación sociopedagógica
para articular fuerzas, crear redes, generar movimiento.
Es un trabajo para el que se necesitan sujetos plurales unidos por la intención pedagógica
entendida como una estrategia de cambio social. La realidad social hoy,
independientemente de lo que nos hayan dicho los posmodernos, es una realidad de
complejas y plurales subjetividades, muchas de las cuales se dan en una persona
complementándola. Desde ahí recuperamos como espacio propio del movimiento todos
los ámbitos de la socialización, en lo concreto y en lo global: la familia, la comunidad,
las organizaciones gremiales, el espacio de trabajo, las asociaciones profesionales, las
organizaciones comunitarias, el partido, el sindicato, las redes y plataformas de
concertación, etc. Afirmar esto supone también afirmar que necesitamos dispositivos
pedagógicos y códigos plurales para el trabajo: la presencia en los media, el lenguaje
audiovisual, la creación de órganos de opinión, los grupos de discusión,etc. Y que
necesitamos una profunda reflexión sobre lo pedagógico para reconceptualizar y
recuperar con todo su sentido este horizonte de transformación social.
Los procesos de formación que tienen de base la reflexión crítica en ámbitos de
experiencias vitales como la familia, las organizaciones de la comunidad y la escuela,
pueden posibilitar que nos vayamos constituyendo en ciudadanos y ciudadanas con una
cultura democrática, sustentada éticamente en la valoración de la vida. Esto quiere decir
que tanto en la escuela como en los demás ámbitos de socialización la educación debe
ser entendida y trabajada como una estrategia en la constitución de sujetos, en su dimensión
41
CENTRO CULTURAL POVEDA
personal y social, fortaleciendo la identidad, la autoestima, la capacidad crítica y
propositiva, así como la posibilidad de trabajar con otros/as en proyectos comunes. Pero
también la educación como la estrategia para generar capacidades de interpretar la realidad,
el contexto, los intereses que la construyen, las nuevas comprensiones y la búsqueda de
soluciones a los problemas confrontados, desde unos valores y una ética ciudadana de
solidaridad y equidad. Por último una educación que promueve la organización - gestión
participativa y democrática de los espacios sociales, impulsando una vivencia del poder
compartido, descentralalizado y descentrado.
Relevancia de la escuela: En los últimos años hemos avanzado mucho en la discusión de
los proyectos educativos y, en especial, lo relativo al ámbito escolar. Sin embargo, el modelo
de escuela vigente hace mucho tiempo que está en crisis. En todas partes se cuestiona: la
pertinencia y la calidad del conocimiento que se genera en ella; el modo como generalmente
lo hace, parceladamente y de espaldas a la sociedad. Todo esto nos indica que tenemos que
repensar la escuela no sólo a partir de los cambios científico-tecnológicos caracterizadores
de la época, sino sobre todo a partir del reencuentro con aquellos valores esencialmente
humanos que dignifican la vida y promueven un ordenamiento social más justo, así como
también de las estructuras participativas y la articulación con el contexto que deben impulsar.
Como ya hemos dicho, de todos los espacios posibles de formación el de la escuela constituye
un ámbito privilegiado. La razón es que como tiene un alto grado de institucionalidad, si la
comparamos con otras instancias gubernamentales, favorece el desarrollo de procesos más
sistemáticos e integrales, con planificación y seguimiento especializados. La clave de su
renovación estaría en que no permanezca aislada de la dinámica de su contexto social, así
como de la actualidad del conocimiento. En esa misma medida se podría ir recreando
como espacio educativo. Es por ello que desde el Centro Cultural Poveda promovemos
procesos para el cambio en las prácticas docentes, teniendo como eje una propuesta
metodológica para la formación de la conciencia crítica y ciudadanía. Con dicha propuesta
pretendemos incidir en el conjunto de la sociedad, pues estamos convencidos de que
aportamos a la formación de un nuevo tipo de ciudadanía.
Consideramos que con la participación, en pie de igualdad, de los diferentes actores en la
comunidad educativa como en proyectos de formulación de políticas públicas, socialización
de experiencias y nuevos conocimientos se quiebran las fronteras artificialmente
concebidas entre el mundo escolar, con su dinámica de generación de conocimientos, y
42
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
el conjunto de la sociedad con sus diversas problemáticas. En síntesis, deseamos destacar
la necesaria integralidad de los procesos educativos para el cambio.
Entonces, surge la pregunta: ¿Cuáles estrategias podrían contribuir, desde el ámbito
escolar, a la formación de ciudadanos con una cultura democrática y de la tolerancia?
La propuesta que impulsamos como equipo de trabajo del Centro Poveda, entre otros
elementos, contempla las siguientes estrategias:
a) Partir de una recuperación crítica de la experiencia por parte de los propios sujetos,
tanto de manera personal como colectivamente. Se trata de una reflexión de las
prácticas contextualizadas y vistas con el prisma de la intencionalidad que se ha
puesto en el trabajo. Esto permite la confrontación con otras experiencias para
profundizar en las propias tareas cotidianas. Además de que esta acción confrontadora
debe convertirse en permanente para ir integrando las modificaciones pertinentes
en el trabajo, constituye un elemento fundamental para la autoformación.
Pero una educación que recupera al saber elitista ha privado a la humanidad de
buena parte de sus conocimientos, como lo anota Richard Knight. «El 90% del
saber humano actual se ha producido durante los últimos treinta años. Sin embargo,
si se define el saber como la capacidad de sobrevivir de manera duradera, desde
hace treinta años se ha perdido el 90% del saber humano».
En la interacción y relación con los otros, el sujeto construye poder, ya que éste se
ejerce y está presente en todas las relaciones sociales. La pedagogía, entendida ésta
como el ámbito de las relaciones entre saber y conocimiento, el poder no es algo
ajeno sino parte constituyente de la misma. El poder se juega también en el ámbito
de la cultura. Y por eso la escuela tiene un papel especial en la generación de las
relaciones de poder en uno u otro sentido. En la acción se construye poder, desde la
dominación, desde la hegemonía y desde la contrahegemonía o dinámicas alternativas
a lo existente.
b) Asumir una perspectiva investigativa, que posibilite la articulación de la realidad
personal así como la del contexto en el abordaje de los contenidos curriculares
establecidos oficialmente. Así se aprende a formular preguntas fundamentales ante
diversas situaciones de vida. Por esta vía se ve la realidad como un problema
desafiante y progresivamente se avanza en la formación de ciudadanos
comprometidos en transformarla.
43
CENTRO CULTURAL POVEDA
c) Propiciar un clima de confianza, de relaciones horizontales, discernimiento personal y
trabajo en equipo, en el que la participación sea el eje vertebrador de todo el proceso.
Así la tarea educativa no descansa en una parte da los implicados sino que se asume
como una corresponsabilidad de todos. Lo trascendente aquí es el crecimiento en
autonomía y capacidad de diálogo, elementos vitales en la convivencia.
d) Organizar el proceso de aprendizaje desde el aula a partir de las dimensiones de la
conciencia crítica: la valorativa que hace referencia al deber ser, a la postura que tomamos
ante los fenómenos sociales y naturales; la científica concerniente a la explicación y
comprensión del mundo, es decir a la construcción de conocimiento; y la política relativa
a la capacidad de constituirnos en sujetos transformadores de la realidad, lo que implica
organización y acción por medio de proyectos sociales. Desde estas dimensiones se
orienta la planificación de unidades de aprendizaje impulsadas por los profesores que
acompañamos en su práctica docente.
e) Mantener una permanente interacción con los demás actores sociales, sobre todo los de
la propia comunidad, porque éstos también son corresponsables, como ya lo hemos
señalado a lo largo de nuestro trabajo, de la formación de la ciudadanía, aunque muchas
veces no asuman la conciencia de tal situación. Resulta estratégico que desde los centros
educativos se tome la iniciativa de acercamiento y búsqueda de articulación.
¿Por qué Derechos Humanos y Ciudadanía Crítica?
Hay quienes sostienen que los Derechos Humanos y la ciudadanía representan hoy un reto
para la democracia (Villamán,1997). Y esto así porque la búsqueda de más ciudadanía, el
reclamo de una “reconstrucción del espacio de lo público donde las y los ciudadanos puedan
debatir, opinar, aportar, contribuyendo colectivamente a perfilar el orden social que quieren
construir”, cuestiona los modelos de democracia formal. Pero también la exigencia de la
“participación política ciudadana para la conducción del Estado por fuera de los partidos
políticos” apunta en la misma dirección, así como el paso de una ciudadanía individual a
una ciudadanía colectiva “que supone una fuerte crítica al neoliberalismo”.
Así mismo avanzar en la reivindicación de los derechos sociales, en un contexto de pobreza
y exclusión, supone un cambio de perspectiva en orden a desterrar las ciudadanías de
segunda clase. Por último otra de las ampliaciones de los Derechos Humanos, como
son los derechos a la diferencia (género, etnias, relación con la naturaleza, niñez,
discapacitados), desarrollo con rostro humano, paz, etc. cuestionan radicalmente lo
44
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
que son las experiencias cotidianas en nuestros contextos. “Sin estos derechos
construidos y respetados, el poder, el Estado, es ilegítimo. Los derechos son fuente de
legitimación política”
Osorio propone que educar desde esta perspectiva se convierte en una tarea de articulación
de la formación de sujetos y la ciudadanía democrática y desde ahí la educación en
DDHH es una educación para la ciudadanía, como dice también Touraine, (1997).
Artiles (2000),siguiendo a Ávila Ortiz, nos recuerda la importancia de las generaciones
de los DDHH como una estrategia importante en la formación en ciudadanía.
Pero no es sólo el contenido de los DDHH lo que nos preocupa en una visión alternativa
de la problemática. En este sentido es conveniente señalar que asumir una propuesta de
trabajo en Derechos Humanos implica ponernos de acuerdo sobre cómo estamos
entendiendo esta problemática.
La propuesta pedagógica de formación en DDHH, en esta perspectiva, es una práctica
intencional (reflexión y acción) que busca transformar la realidad socioeducativa en la
que se inscribe. Una pedagogía de la acción. La acción aparece como el lugar de las
relaciones, del movimiento, de la confrontación y el conflicto; la manera de interactuar
con lo y el otro y desde el conflicto, los problemas, las diversas opciones con las que el
sujeto se encuentra en su cotidianidad.
En esta perspectiva la educación, la escuela y las y los educadores constituyen agentes
imprescindibles para la generación de conciencia y compromiso práctico en el
conocimiento y la defensa de los DDHH en el contexto dominicano. Esa es una de las
atribuciones que le han sido otorgada a la sociedad civil. Desde distintos ámbitos y con
distintos sujetos se puede ir provocando rupturas en las concepciones y en las prácticas
culturales que niegan sistemáticamente los derechos de las ciudadanas y ciudadanos a
una vida digna, de igualdad y de participación.
Al asumir este enfoque pretendemos que ocurran cambios en las concepciones y en las
prácticas de los diversos sujetos que intervienen en el proceso educativo. Pero, no basta
con aplicar una propuesta metodológica para la construcción de conocimientos desde
el aula, se requiere además, ir introduciendo cambios en el contexto del aprendizaje
que favorezcan la formación de sujetos con el perfil que lo hemos planteado.
45
CENTRO CULTURAL POVEDA
El Centro Cultural Poveda a lo largo de 15 años de trabajo, ha creído posible impulsar
desde la educación relaciones democráticas como estilo de vida y aprendizajes marcados
por la participación de todas y todos los que interactúan en la práctica educativa. Por esa
razón ha relacionado siempre en su quehacer, los procesos de democratización crítica, a
partir de los aprendizajes desde la realidad y el contexto, el desarrollo con rostro humano
y el impulso de los DDHH desde la cotidianidad. En ese sentido creemos con Villamán
que Derechos Humanos, ciudadanía y democracia se relacionan, se fortalecen y se
reclaman mutuamente.
Desde estas perspectivas es que el Centro Cultural Poveda ha planteado siempre sus
propuestas de releer la formación permanente y capacitación de educadoras y educadores,
como una acción pedagógica y cultural que pretende impulsar la constitución de sujetos
sociales. El trabajo con educadoras y educadores se inscribe en esta perspectiva y desde
ahí se ha ido formulando una propuesta de formación que recoge contenidos, metodologías
y estrategias que desarrollan las dimensiones de la conciencia crítica y que fortalecen la
formación de ciudadanía crítica.
A lo largo de los años, esta propuesta se ha ido concretando en distintos programas que,
conservando el núcleo fundamental de la misma, han subrayado aquellos aspectos que
la realidad demandaba como necesidad a trabajar.
Así en los años 80, el énfasis se coloca en la formación en las metodologías para el
cambio, que intenta hacer síntesis entre las necesidades expresadas por las y los educadores
para mejorar sus prácticas, en el ámbito de lo metodológico y la concepción metodológica
de la Educación Popular que además de tener en cuenta nuevas formas de hacer, profundiza
y redimensiona el sentido del quehacer y los procesos organizativos para la transformación
social. Desde estos planteamientos se entronca con las corrientes de educación crítica
que impulsa el cambio en las instituciones educativas y la articulación escuela-comunidad.
En los años 90, la propuesta se configura como un diplomado de “Formación de
ciudadanas y ciudadanos en la escuela” que tiene un reconocimiento de 6 créditos de la
Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). El contexto en el que se produce
esta reformulación es el del auge de las capacitaciones de educadores y educadoras,
después de la reforma educativa y curricular que resulta de la Conferencia Mundial de
Jomtien,1990, “Educación para todos”. Con ella se pretende una formación-capacitación
46
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
que atienda a dimensiones como la participación democrática, la capacidad crítica y
propositiva, la responsabilidad social y el fortalecimiento organizativo y de redes
sociales. Como diplomado, el programa responde también a las necesidades de mejora
de las condiciones de vida de educadoras y educadores, pues los reconocimientos
académicos, repercuten en mejoras salariales por vía del escalafón.
En el 2000 el programa se reformula como “Educación en Derechos Humanos y
ciudadanía crítica”. El énfasis viene motivado porque en esos momentos se produce
una escalada de la violencia en la sociedad dominicana, ante la cual hay reclamos y
propuestas de trabajar desde todos los espacios de la sociedad estrategias que
contribuyan a superar esa violencia y por las necesidades de consolidar procesos de
democratización de la sociedad. El programa hace énfasis en los derechos humanos
para, desde una visión crítica, profundizar en la comprensión de los mismos, más allá
de una proclamación formal, como un estilo de vida humanizador, que incluye a todas
y todos, que propicia la participación en la toma de decisiones, que promueve el
pluralismo, la tolerancia y la equidad en la diversidad.
Es importante relevar que al hablar de los DDHH lo hacemos desde unas claves que
suponen:
• Una nueva manera de concebir las relaciones con los otros/as, con la naturaleza, con
nosotras/os mismos y con lo trascendente. En este sentido, los ddhh son una
construcción permanente en la historia desde las necesidades de los distintos sujetos
sociales, un horizonte de sentido, más allá que cualquiera formulación o declaración
formal de los mismos y con una intención de cambio y transformación en la línea de
la justicia, la equidad y la inclusión.
• Una manera de articular lo micro y lo macro, las dimensiones personales y las
colectivas, los aspectos sociales, políticos, económicos y culturales. Como se ha
formulado de manera clásica: actuar localmente y pensar globalmente. Esto es
desarrollando un modo dialéctico de pensar (Giroux , Núñez, Leis, entre otros), que
tiene en cuenta las dimensiones históricas, relacionales y normativas párale
cuestionamiento y el conocimiento de lo social.
• Un aporte a la constitución de sujetos sociales en la línea que venimos hablando:
fortalecimiento de la identidad, el crecimiento en la autonomía corresponsable, y la
capacidad de construir con otros proyectos sociales desde una nueva perspectiva
47
CENTRO CULTURAL POVEDA
ética de justicia y solidaridad y con nuevas concepciones y prácticas del ejercicio
del poder en sentido democrático y participativo. Por tanto, una formación, que
como diría Giroux,(1990) enfatiza el análisis y la conciencia histórica como el ámbito
para la crítica de lo personal y lo social y de las relaciones entre estas dos dimensiones.
• Una formación que haga posible la construcción de un conocimiento generador de
la posibilidad de soñar una realidad social que aún no existe. Que valorice el
compromiso de la intervención humana en la realidades históricas, como factor de
transformación y de construcción de lo nuevo que queremos en la realidad social.
• Metodológicamente, una formación que parte de lo cotidiano, de los propios contextos
personales y sociales y desde ahí, se plantea los cambios de las concepciones, valores
y prácticas que hacen posible lo que queremos construir: la solidaridad, la
proexistencia, la democracia, la participación, la inclusión, etc.
La formación en DDHH, entendida así, recoge la expresión del sentido de lo bueno
y justo para la sociedad y para los sujetos de esa sociedad.
LA PROPUESTA DE FORMACIÓN EN DERECHOS HUMANOS Y CIUDADANÍA CRÍTICA
Primer Módulo: “Derechos Humanos y Derechos de los Pueblos”
Propósito General:
Establecer condiciones para el análisis de las prácticas, contexto y concepciones, que
permitan a las maestras y maestros incorporar una nueva visión del quehacer educativo,
como proceso que está en permanente interacción con el contexto social, cercano y
global, con las concepciones socio-pedagógicas y la práctica del aula. De esta manera
llegar a entender la práctica educativa como proceso desde el cual se contribuye a
formar ciudadanas y ciudadanos democráticos; que a través de la gestión y la
participación perciben e interpretan su realidad situándose en ella como sujetos.
Propósitos específicos:
•
48
Facilitar un proceso de análisis sobre la realidad de los derechos humanos en
los diferentes espacios de la vida, que posibilite una avance en la formación de
la conciencia crítica
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
•
Propiciar una reflexión sobre el desarrollo histórico de los derechos humanos y
la ciudadanía, que permita apropiarse de una visión crítica de la realidad
dominicana y latinoamericana
•
Profundizar en el sentido de la educación en la formación de ciudadanas y
ciudadanos en una cultura democrática, de manera que permita incorporar
nuevos elementos para transformar la práctica
Contenidos:
1. – Análisis de la Realidad
Ofrecer las estrategias para la realización de un triple diagnóstico que analice el contexto,
la práctica y la concepción educativa de maestras y maestros en este ámbito de los derechos
humanos y la ciudadanía. Identificar necesidades y problemas. Trabajar el “Triple
Diagnóstico” como una metodología para impulsar cambios en la práctica educativa y
social. Analizar la función socializadora de la escuela en cuanto que contribuye o no a
formar ciudadanas/os democráticas/os y de las mediaciones que utiliza para realizar su
tarea.
2. - Análisis de la Realidad Socioeducativa
Procedimientos para el conocimiento de la realidad social. Consideración de los
parámetros socioculturales a tener en cuenta para aproximarse a una determinada realidad.
Consideración acerca de las condiciones y procesos que se dan en la relación escuela y
contexto social.
3. - Proyecto Social/Proyecto Educativo
Relación Educación – Sociedad: posibilidades, vinculaciones y discontinuidades entre
determinados proyectos educativos y proyectos sociales reales o potenciales. La Educación
en sus diferentes ámbitos y modalidades desde la vida cotidiana hasta la práctica escolar
para la conformación, mantenimiento o cambio de los proyectos societales. Contribuciones
de la Educación a la democratización de los sujetos y de la sociedad.
Estos contenidos se realizan en taller; en donde se analizan concepciones, contexto y
prácticas. Se utiliza el Tarjetógrafo, el Mural y el Sociodrama. También hay un momento
de confrontación de coherencias e incoherencias.
49
CENTRO CULTURAL POVEDA
El taller tiene un material de apoyo que funciona como nuevo referente en las temáticas
que se trabajan.
Fundamentación teórica de este módulo
La fundamentación está en la teoría pedagógica crítico – reflexiva, que algunos han
considerado fruto de una síntesis fructífera entre las corrientes de sociología crítica, el
interaccionismo simbólico, la sicología cognitiva y el constructivismo (Imbernón,
1994).
Los aportes de Schön, entre otros, han fortalecido la dimensión reflexiva crítica e
investigadora sobre y en la práctica de las y los educadores, que tiene como finalidad
hacer descubrir que “los que participan en actividades educativas están comprometidos
en algún conjunto de creencias, complejo aunque quizás no explícito, en relación con
lo que hacen, quiere decir que ya poseen algún marco teórico de referencia que les
sirve para explicar y al mismo tiempo orientar sus prácticas” (Carr y Kemmis, 1988:
123)
Esto es lo que afirman también teóricos latinoamericanos de la Educación Popular
como son Núñez, Jara, Leis, Mejía o Brandao por citar algunos. De la educación popular
retomamos también en este módulo la realidad y el contexto, la situación, el momento,
como el punto de partida para el análisis y la reflexión de la práctica y para construir
las nuevas interpretaciones sobre la historia y la memoria colectiva, fortaleciendo la
identidad y los proyectos populares que se han ido construyendo a lo largo de ella.
Segundo Módulo “Derechos Humanos y construcción de conocimientos
significativos en la escuela”
El Propósito General:
Contribuir al desarrollo de una capacidad reflexiva que exprese una actitud permanente
de crítica y autocrítica para posibilitar la capacidad de actuar de manera transformadora
y la construcción de conocimiento en los procesos educativos de construcción de
ciudadanía.
50
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
Propósitos específicos:
•
•
Iniciar una espacio de reflexión e intercambio sobre la construcción de
conocimientos desde una perspectiva de los derechos humanos y la ciudadanía
Elaborar las estrategias investigativas que favorezcan experiencias innovadoras
en la construcción de ciudadanía crítica
Contenidos
1.- Sentido de la escuela para la formación de ciudadanos y ciudadanas y sus
mediaciones: qué es educar; curriculum y áreas de conocimiento; sujetos de los procesos
educativos; sentido de las áreas específicas de conocimiento en este proceso.
2.- Diálogo de Saberes
Los saberes, sus relaciones y ámbitos de pertinencia. Origen, racionalidad y proceso
de producción del conocimiento científico - tecnológico, su relación con los otros
saberes.
Hegemonía del conocimiento científico sus consecuencias y su ruptura con el llamado
mundo de la vida. Función de los paradigmas en la ciencia, su crisis actual y las
intuiciones para la construcción de nuevos paradigmas.
Procesos de aprendizaje y construcción de conocimientos específicos desde la
perspectiva de la teoría crítica que implican el diálogo entre la sabiduría, el sentido
común y el saber acumulado. Constitución de sujetos democráticos en los procesos de
producción de conocimiento.
2. - Dimensiones de la Conciencia Crítica
Dimensión Ético Valorativa
Es una actitud problematizadora y reflexiva ante la vida que desarrolla la capacidad de
tomar distancia ante acontecimientos, hechos y personas; es además, capacidad de
preguntarse por el qué, para qué y el cómo, permitiendo asumir una postura
humanizadora en defensa de la vida para todas/os.
51
CENTRO CULTURAL POVEDA
Dimensión Científica
Desarrolla la capacidad de construir explicaciones de sentido sobre la realidad, de
comprender su funcionamiento, su lógica o racionalidad. Por tanto ofrece una manera
científica de saber como actuar en ella.
Dimensión Política
Es una actitud de responsabilidad personal - social que lleva a percibir la realidad y la
historia como una construcción de los sujetos sociales, la cual demanda su participación
como actores en los procesos de cambio y en la organización social vigente.
Este módulo se desarrolla en dos talleres: uno dedicado al sentido del conocimiento y
los procesos de su construcción y el currículo. En el segundo se trabaja las áreas
específicas del conocimiento: su sentido en el proceso educativo, sus lógicas, contenidos
y metodologías desde una perspectiva crítica.
Fundamentación teórica de este módulo
La dimensión reflexivo crítica desde la práctica además de develar cuales teorías
implícitas tienen las y los educadores, permite, como bien han señalado Stenhouse,
Carr y Kemmis, Habermas y Freire, con diferentes énfasis, dotar a las personas y
grupos que la realizan de un saber práctico-teórico que supone nuevas concepciones o
teorías críticas sobre la realidad y nuevas estrategias para actuar en ella, que devienen
en nuevas prácticas concretas y transformadoras.
De la teoría crítica y de la educación popular, retomamos en este módulo, al igual que
en el resto del proceso:
• la importancia de los sujetos, que hacen relación a los proyectos, a las
intencionalidades, subjetividad, la autonomía, la identidad y las culturas diversas
de un mismo país.
52
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
•
La centralidad de la práctica como fuente de conocimiento y de transformación de
la realidad y de la práctica social realizada con otros y otras de manera organizada
•
El conocimiento como poder, las consideraciones sobre el valor y uso del mismo,
el diálogo de saberes como fuente de negociación cultural y de reconocimiento
social en igualdad, la construcción de conocimiento como proceso de reflexión
crítica “conocer para transformar, transformar para conocer”.
Tercer Módulo “Innovaciones en la práctica. Gestión participativa del
conocimiento y organización de la escuela”
El Propósito general
Revisar y analizar los requerimientos que posibiliten gestionar de manera nueva y
autónoma los procesos de aprendizaje, utilizando la investigación, la sistematización
de la práctica educativa y la integración escuela – comunidad
Propósitos específicos:
•
Analizar las condiciones que posibilitan una gestión nueva y atónoma de los
procesos educativos
•
Identificar y anlizar críticamente diferentes experiencias y ámbitos de organización
y su funcionamiento
•
Reflexionar sobre el papel y el sentido que juegan las instituciones organizadas en
la sociedad
•
Identificar elementos para la elaboración de un proyecto democrático de centro
Contenido
1.- Organización y Gestión Democráticas
Revisión y análisis en torno a la organización democrática y la gestión. Procesos
de toma de decisiones y ejercicio del poder, negociación y debate. Descentralización
y participación en el diagnóstico, elaboración, ejecución, y control en la gestión.
Participación en la resolución de problemas. Procesos de socialización en gestión
democrática y la constitución de sujetos.
53
CENTRO CULTURAL POVEDA
2.- Profundización en la naturaleza de las organizaciones
Sentido y funcionamiento en la dinámica social
3.- Elaboración de propuestas para el cambio en el ámbito socioeducativo
Discutir los presupuestos metodológicos que permiten a partir de la formación de
una Conciencia Crítica elaborar Proyectos Educativos de Centro como estrategia
de democratización de la escuela y sus relaciones con la comunidad.
Se trabaja en un taller con materiales para la discusión, videos, sociodramas, etc.
Fundamentación teórica del módulo
Retomamos de la teoría de la acción comunicativa de Habermas la centralidad de la
persona en los cambios sociales y el valor de la acción comunicativa para la construcción
de lo que la persona puede llegar a ser y para las acciones de emancipación. La
autorreflexión que implica el acto comunicativo, lleva a los cambios de los propios
significados y a construir con otros y otras nuevos referentes, símbolos y significados.
Por esto las estrategias de “diálogo, discernimiento, crítica y consenso” son elementos
sustantivos de una propuesta de formación crítica en esta perspectiva que abre al
sujeto al diálogo con lo diferente, al pluralismo y a una construcción democrática.
La formación del profesorado desde esta perspectiva reflexiva-crítica, reclama la
constitución de grupos a partir de intereses colectivos, en los que se confronten las
prácticas, se debatan las ideas, se elaboren propuestas de mejora y se profundicen las
problemáticas. Esto implica una nueva forma de organizarse para aprender y las
metodologías colaborativas como forma de trabajo cotidiano (Imbernón, 1994). Por
eso estos investigadores proponen el centro educativo como núcleo aglutinador de
estos grupos y la formación de “comunidades críticas “ (Kemmis, 1998) o “comunidades
de aprendizaje” (Imbernón 1999, entre otros) entendiendo el aprendizaje como una
acción permanente.
Cuarto Módulo: “Derechos Humanos, ciudadanía e identidad”
Propósito General:
Profundizar en la relación de la educación ciudadana, desde una perspectiva crítica,
con los procesos de fortalecimiento de la identidad abierta al diálogo con otras
identidades y potenciadora de compromisos en su desarrollo y construcción.
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ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
Propósitos específicos:
•
•
•
Iniciar una reflexión acerca de los elementos culturales que han ido conformando
nuestra identidad, para hacerla más consistente y que nos permita dialogar
críticamente con las demás culturas e identidades
Identificar valores de nuestra identidad nacional que nos conduzcan a una mejor
comprensión de lo que somos y de lo que queremos ser como pueblo
Construir proyectos de trabajo en la escuela que incorporen propuestas de
construcción de identidad social y nacional desde la perspectiva de los derechos
humanos
Contenidos:
1.-
Identidad personal e identidad social: presupuestos y conceptualizaciones
2.-
Identidad y diálogo con la diferencia: concepto dinámico de la identidad como
construcción permanente y desde una perspectiva histórica-cultural
3.-
Valores de la identidad dominicana y papel de la escuela en los procesos de
formación en una identidad desde la perspectiva crítica
Fundamentación teórica del módulo:
La teoría crítica, como nos recuerda Giroux (1990), se preocupa de la formación en
ciudadanía crítica porque “ella contribuye a redefinir el papel del ciudadano como
agente activo en el cuestionamiento, definición y configuración de la propia relación
con la esfera política y la sociedad en general” ( 1990: 222). Con ella se desarrolla un
sentido de lo público que lleva, desde lo propio a buscar con otros el bien común. Una
formación en ciudadanía crítica impulsa la constitución de sujetos democráticos y
participativos que pueden incidir en las transformaciones institucionales, ideológicas
y ético-valorativas. La formación en ciudadanía crítica, por último, favorece e impulsa
también la relación de educadoras y educadores con su contexto, con la comunidad, en
el desarrollo de la tarea educativa, y con otros grupos que buscan también transformación
social, haciendo posible el actuar localmente y pensar globalmente, desde una utopía
que busca lo que aún no es, como diría Bloch (1970) citado por Giroux : “...El contenido
de los sueños que se sueñan de día (...)se refiere a un viaje libre por el futuro de forma
que (...) las imágenes de lo que todavía no existe, pueden ser llamadas a la vida”.
55
CENTRO CULTURAL POVEDA
La formación crítica- reflexiva tiene también en nuestro caso, una fundamentación
ética definida que lleva al compromiso con el ser humano y con la vida, con unos
principios de búsqueda de la justicia, solidaridad, generosidad, participación, inclusión
de la diferencia y nuevas formas de ejercer el poder, entre otros. La apuesta por esta
dimensión ético-valorativa implica, como diría Agnes Heller (1990), procesos de
transformación personal y colectivos “ser buenos y ser buenos con otros”.
Metodología desarrollada en los talleres
El punto de partida de esta propuesta , como ya dijimos, es la identificación de las
necesidades de formación de los maestros. Durante el proceso se establece un tipo de
acompañamiento y seguimiento de la práctica de los maestros, se impulsa la creación
colectiva de propuestas curriculares que llevan a construir conocimientos desde la
realidad.
Asimismo se impulsa una organización interna, en grupos o equipos, que propicia la
participación democrática y la búsqueda de consensos, la creación colectiva de
conocimientos y la interacción entre escuela y comunidad organizada, promueve la
formación de multiplicadores; la replicabilidad de la propuesta, involucrando a los
maestros en prácticas investigativas.
El proceso metodológico da espacio a la reflexión personal, a la confrontación y al
trabajo en grupo para construir colectivamente. Promueve a partir de la propia
experiencia, la elaboración y reelaboración de propuestas y la práctica del diálogo, la
concertación, la deliberación y la construcción de consensos y toma de decisiones
desde la diferencia.
Seguimiento
Hemos ratificado como imprescindible para garantizar el crecimiento subrayar
especialmente el seguimiento, como dimensión del acompañamiento presencial.
Partimos de que el seguimiento garantiza una actitud permanente de apropiación y
recreación de la propuesta por parte de los sujetos involucrados en la misma. De manera
que el proceso no sólo se comprenda, sino que pueda rectificarse y asimilarse al tiempo
que se desarrolla.
56
ANUARIO PEDAGÓGICO, 2001
La propuesta atiende niveles de evaluación que tienen que ver con el nivel específico
de cada grupo de maestros. Estos elaboran informes, preparan proyectos, materiales
de apoyo a la docencia. También realizan procesos de autoevaluación personal y
colectiva, además de momentos de evaluación controlados por el equipo del Centro.
Esta es la propuesta de formación en ciudadanía crítica que queremos evaluar.
1.6 La participación democrática como eje de nuestra propuesta
Hoy desde los diferentes espacios de la vida social y en los diferentes contextos
geográficos, a nivel personal y de los diferentes grupos sociales, la participación es un
principio de “validez universal” en lo que tiene que ver con la organización de mocrática
de las sociedades.
Luego tendremos que ponernos de acuerdo en qué entendemos por participación y qué
alcances le damos. Ya al desarrollar el primer capítulo en una mirada al contexto de
nuestra problemática, vimos diferentes concepciones de entender la participación, unida
a diferentes concepciones de entender la democracia. En el sentir común esta relación
directa con la democracia se acentúa cuando al proponer el fortalecimiento de la
democracia siempre éste va unido a un reclamo del crecimiento en la participación
social de las personas y de los grupos. Como muy bien afirma Cabrera (2000: 74 - 75):
“Democracia y ciudadanía, al menos en nuestras sociedades occidentales, son dos
términos estrechamente imbricados e interdependientes....En suma, hoy el acento en
la formación ciudadana se coloca en su dimensión práctica, en cómo hacer tomar
conciencia al ciudadano de sus responsabilidades y compromisos, de cómo formar
ciudadanos activos...y de cómo crear y desarrollar los espacios y las condiciones
estructurales y culturales necesarias para la participación”.
Consideramos desde el Centro Cultural Poveda, la participación democrática uno de
los ejes fundamentales para la construcción de ciudadanía. Con un qué , un cómo y un
desde donde y un por qué muy articulados a lo que para nosotros es la conciencia
crítica.
Desde esta perspectiva, la participación supone nueva concepción de la realidad como
algo que se construye, transforma permanentemente con la participación de todas y
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CENTRO CULTURAL POVEDA
todos. En ella confluyen intereses y conflictos. Ella es el espacio para la negociación,
los consensos y las decisiones que tienen que tener presente los diversos intereses
presentes y no excluir a nadie por cultura, credo, sexo, situación económica, etnia, etc.
Pero también lleva a reclamar o construir mediaciones, instituciones, que permiten la
elaboración de propuestas, de iniciativas y de toma de decisiones colectivas. En
definitiva una manera de ejercer el poder colectiva y compartida. El proceso de
participación implica: estar informados/as, conocer los problemas, elaborar prioridades,
decidir sobre las ejecuciones y planificar lo que se tiene que hacer, colaborar y controlar
las ejecuciones y decidir sobre los resultados y cómo sigue el proceso.
Asimismo la participación reclama unos valores que la sustentan: la igual dignidad de
los seres y los colectivos humanos: igualdad de derechos, de dignidad y vida para
todas y todos. La búsqueda de la justicia y la solidaridad como talante humano y unas
relaciones de armonía con la naturaleza, con los otros, con una/o mismo y con la
trascendencia. Desde un fortalecimiento de la autonomía corresponsable, con sujetos
capaces de autovalorarse y de valorara los demás que son diferentes. Desde unos sujetos
que se aceptan y saben lo que son, contentas y contentos con su identidad personal y
social y capaces de relacionarse en igualdad con las y los demás y trabajar con ellos en
proyectos comunes que articulan y consensúan diferencias, mientras fortalecen su
espíritu crítico contra toda forma de injusticia y exclusión.
La participación así entendida es una construcción permanente y reclama el compromiso
por trabajar una transformación social y personal que incluya esos elementos. Son
estrategias de esta participación el diálogo de saberes, la elaboración de consensos, el
manejo del conflicto, la descentralización, el poder compartido, las estructuras
horizontales y la creación de estructuras y símbolos coherentes con esta forma de
entender la participación (mediaciones, expresiones culturales, formas de
representación).
A la vez vemos la estrecha relación de lo que vamos delineando con los ejes básicos de
la propuesta del Centro Poveda: la constitución de sujetos, la construcción colectiva
del conocimiento y la organización y gestión participativa y democrática de los espacios
y de los procesos educativos.
© Centro Cultural Poveda.
58Puede reproducirse total o parcialmente este documento
siempre que se haga de modo literal y se mencionen los autores.
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