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Paola Concha Pidal Nº2- 4ºA UN VIAJE PARA RECORDAR Hacía

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Paola Concha Pidal Nº2- 4ºA UN VIAJE PARA RECORDAR Hacía
Paola Concha Pidal Nº2- 4ºA
UN VIAJE PARA RECORDAR
Hacía ya un tiempo que Martina no veía la luz al final del túnel. Tras divorciarse
de su marido hacía ya dos meses, lo único que ocupaba su tiempo era estar
pegada al ordenador, bien trabajando o bien resolviendo los últimos trámites
de la difícil separación. Sus hijas Daniela y Natalia, estaban preocupadas, ya
no sabían qué hacer, le insistían en que saliera o retomara el esquí, que era su
pasión desde muy pequeña. Ellas todavía no conocían muy bien la causa por la
que sus padres habían decidido dejar de estar juntos y creían que entre ellos
seguía habiendo amor. Hasta ese momento, eran una familia feliz y por eso
ninguno de ellos estaba pasando por sus mejores momentos.
Martina era una mujer fría, muy centrada y a veces un poco maniática, pero su
familia para ella era lo principal. Jesús, su marido, era atento y le encantaba
pasar todo el tiempo posible con “sus tres chicas”, como él solía decir. Todos
formaban una especie de puzzle hasta hacía dos meses…
Un día de lluvia al anochecer, Martina, que estaba indagando por su portátil
como de costumbre, encontró un anuncio de una ruta para recorrer el sur de
Alaska practicando esquí a fondo. Tras mucho pensarlo y llegando a la
conclusión de que no podía seguir así, decidió apuntarse ya que sería una
emocionante experiencia y le serviría para romper con la rutina.
Lo que Martina no sabía era que un compañero de trabajo de Jesús le había
sugerido a éste la misma idea, y habían decidido apuntarse. Pensaron que
sería una experiencia genial para realizar juntos, como buenos amigos que
eran; lo que Jesús no sabía era que para él, seguramente, sería todavía más
inolvidable, pues produciría un cambio en su vida.
Cuando Daniela y Natalia se enteraron, decidieron no decirles nada de que el
viaje que iban a hacer iba a ser el mismo. Al divorciarse, a ellas no les dieron
ninguna explicación, por lo tanto, esto era una especie de venganza, aunque
con intención de que sus padres volvieran.
Martina estaba preparando la maleta para irse, pues el vuelo salía a la
madrugada siguiente. Las gafas, el gorro… -pensaba Martina-, todo estaba
listo. Mientras, Daniela buscaba por Internet qué modelo de zapato comprarse
con el dinero que le había dado su abuela en Navidad y Natalia sonreía sin
darse cuenta, viendo lo entusiasmada que estaba su madre preparándolo todo.
A la mañana siguiente, Martina estaba en el aeropuerto esperando para
facturar sus maletas. Estaba escuchando “I believe, I can fly” por su mp3
cuando de repente vio a un amigo de su exmarido. Desde el divorcio, había
perdido el contacto con él pero antes solían salir a cenar o iban ambas familias
a esquiar juntas.
Martina subió al avión. Le había tocado un asiento en la parte de atrás. Al
contrario que a Jesús que le había tocado unas plazas más adelante.
Por fin, tras diez larguísimas horas, llegaron. Al bajar del avión e ir a recoger
las maletas se encontraron. No podía ser…- pensó Martina. Iban a estar quince
días juntos. -¡cómo tengo tan mala suerte!- se repetía a sí misma. Prefirieron
saludarse, aunque fríamente, ya que para los dos estaba siendo bastante duro.
Era el primer día de ruta e iban a recorrer treinta kilómetros. Ya les habían
informado de que el primer tramo era el más duro y peligroso, y debían estar en
buenas condiciones físicas.
Tan solo eran ocho personas en su grupo, todos españoles. Todo iba genial
cuando de repente comenzaron a oír un ruido. No sabían de donde venía.
Estaban al lado de una gran montaña, lo que ocurría es que se les estaba
viniendo encima un montón de nieve, era un alud.
Jesús abrió los ojos. Una luz le cegaba pero poco a poco consiguió levantarse.
Le dolía mucho el tobillo y comenzó a recordar lo ocurrido. Miró a su alrededor
y vio las gafas de Martina. Ese dorado de sus cristales no se le había olvidado.
Él siempre le decía cuando iban a esquiar que parecía el envoltorio de un
bombón, tan brillante…
Ella despertó, estaba agotada y no recordaba nada. Comenzaron a buscar al
resto del grupo pero sin resultado alguno. No tenían cobertura en sus móviles y
a Jesús le dolía mucho el pie. Pasó un día, y dos y tres… ya no sabían que
hacer. Mientras tanto, todos los medios de comunicación estaban pendientes
de su búsqueda.
El resto del grupo había conseguido llegar al refugio y pedir ayuda. Sus hijas
estaban muy preocupadas y ya no sabían a que aferrarse. Estaban muy lejos y
no podían hacer nada.
El primer día, ya que no podían gritar más y estaban agotados, poco a poco
empezaron a charlar, a recordar viejos tiempos… En principio, estas iban a ser
las primeras fiestas de Navidad que no iban a pasar juntos después de muchos
años, aunque el destino decidió lo contrario. Entre risas, mitad de
desesperación, mitad de emoción, Martina se durmió en sus brazos. Nunca la
había dejado de amar, pensaba él.
Los dos días siguientes fueron duros, pues estaban en durísimas condiciones.
Comenzaron a escuchar un ruido, era un motor. Se pusieron a gritar y pronto
vieron aparecer en una moto de nieve a un equipo de rescate, acompañado de
Jesús. Por fin todo se había acabado.
Se fundieron en un beso que les cambiaba la vida de nuevo.
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