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Supongo que todo el mundo empieza a fumar por lo mismo, porque

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Supongo que todo el mundo empieza a fumar por lo mismo, porque
¿UN FINAL FELIZ?
Supongo que todo el mundo empieza a fumar por lo mismo, porque te hace
sentirte mayor, porque tus amigos lo hacen, porque es lo prohibido, porque es una forma
de demostrar que tienes el control… Yo empecé a fumar por todos ellos.
Tenía trece años estaba en el pueblo de mi prima y el chico más increíble que
había visto en mi vida se había fijado en mi, era perfecto tenía 17 años y moto, y por
supuesto fumaba, y tenía esa forma de fumar tan sexy, se apoyaba en la moto, sacaba su
pitillo y lo encendía con el zippo que sacaba del bolsillo del vaquero. Yo no quería que
pensara que era una pava, y me encendí mi primer cigarro, por supuesto le dije que
llevaba tiempo fumando, ¡ah! y que tenía quince. Bueno, pues nada de eso me sirvió,
después de aquello yo me enganché y él me dejó por otra (supongo que menos pava que
yo, lo cual no era muy difícil).
Después de aquello empecé a fumarme un cigarro todos los días antes de entrar
al colegio en el descampado de detrás, todos mis amigos lo hacían, y yo tenía la
sensación de que tenía que hacerlo para ser una más del grupo. El caso es que el tiempo
fue pasando, y a los 16 ya me fumaba medio paquete al día, y por supuesto estaba en esa
época de la vida de uno en la que las normas no importan, el mundo está equivocado
(por no hablar de los padres) y uno siempre tiene la razón y sabe lo que es mejor para
uno mismo. En fin, yo fui una adolescente “problemática”, me pasaba el día enfadada
con el mundo, pensaba que todos estaban en mi contra, que había un complot, alguien
tenía que tener la culpa de la charla que me cayó cuando mis padres se enteraron de que
fumaba, cuando me dijeron que lo sabían empecé a pensar quien se lo había dicho,
porque se iba a enterar. Pero lo cierto es que mis padres no son idiotas y yo iba dejando
un rastro como pulgarcito, la ropa olía que tumbaba, y no hablemos de mi aliento,
además del quemazo que le hice a mi camisa preferida, en fin, mi padre empezó a
contarme su historia como fumador, tal y como yo estoy haciendo ahora, había fumado
más de veinte años y por fin lo había podido dejar, por supuesto yo escuché solo la
mitad, eso no me iba a pasar a mi, yo controlaba, yo no me iba a enganchar, yo podía
dejarlo cuando quisiera… Además, bastaba que lo dijera mi padre para que yo no le
hiciera el menor caso.
Todo pasó como había dicho mi padre, (pero por dios que no se entere de que le
estoy dando la razón), a los veinte ya me fumaba un paquete al día y dos los fines de
semana cuando salía por la noche, a los veintitrés me independicé, y al tener mi propia
casa empecé a comprar los paquetes por cartones, en mi casa había paquetes de tabaco,
ceniceros y mecheros por todas partes, pues era lo primero que hacía nada más
levantarme y lo último al acostarme. Por supuesto físicamente empecé a notarlo,
empecé con una tosecilla histérica que con el tiempo se fue convirtiendo en tos
bronquítica crónica, y cuando me levantaba por la mañana era algo horrible, me pasaba
tosiendo 10 minutos antes de poder hacer otra cosa, pero por supuesto cuando dejaba de
toser me encendía un cigarro. En fin, todas las predicciones de mi padre se estaban
cumpliendo al pie de la letra, es curioso que cuando alguien nos cuenta su experiencia
siempre pensamos que eso no nos va a pasar a nosotros, esas cosas siempre les pasan a
los demás, pero ¿a qué demás? ¿a los tontos? ¿a los débiles? Yo nunca me he
considerado ninguna de las dos.
Poco a poco me fui dando cuenta de que tenía que dejar de fumar, pero había un
problema, el tabaco era más fuerte que yo. Intenté dejar de fumar unas tres veces en dos
años, probé con todos los métodos, chicles de nicotina que no funcionaron porque a la
nicotina que tenía el chicle yo le añadía la del tabaco. Probé con acupuntura, nos
apuntamos un par de amigos y yo, y ninguno de los tres conseguimos dejarlo. También
probé a fuerza de voluntad (cosa que nunca he tenido) y fue un desastre, así que ya
empezaba a tirar la toalla cuando una noche que no tenía tabaco me encontré a mi
misma rebuscando en la basura para encontrar una colilla que fumarme, ahí fue cuando
me di cuenta que era adicta. Y aunque parezca mentira eso fue lo que me ayudó a dejar
de fumar, darme cuenta de que era adicta, así que simplemente dejé de fumar un buen
día.
Hace unos años me encontré en un bar a mi primo Carlos de 16 años con un
cigarro en la mano, cuando le pregunté si fumaba mucho, se puso a la defensiva, me
dijo que no, que solo de vez en cuando, y que él podía dejarlo cuando quisiera (lo
mismo que yo le dije a mi padre…), que él controlaba. Yo le conté mi experiencia,
aunque no le sirvió de nada, me miró como diciendo: “esta tía me está tirando la charla,
como mi madre” así que pensé que irremediablemente la historia se volvería a repetir.
Estas navidades en la reunión familiar me confesó que no puede dejar de fumar, que lo
ha intentado varias veces, y que se fuma un paquete y medio al día, que ya no controla.
Esta vez si que me pidió que le contara mi experiencia para dejar de fumar, y ha
conseguido dejarlo, y como yo, maldice el día que se encendió el primer cigarro, pero su
historia, como la mía ha tenido un final feliz. ¿Y la tuya? ¿Tendrá un final feliz?
María Bixquert Ariño
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