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7. JUgUETES RoToS Supongo que si uno es un militar

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7. JUgUETES RoToS Supongo que si uno es un militar
Historias de La Palmilla
7. Juguetes Rotos
S
upongo que si uno es un militar norteamericano
de baja graduación, ha sido mandado a la Guerra
de Vietnam como carne de cañón. Tus mandos te
dan la orden de adentrarte en una selva plagada de enemigos dispuestos a hacer una guerra de guerrillas sin
cuartel defendiendo su territorio, al tiempo que los políticos
babosos que te han metido en ese lodazal hablan de la patria
mientras juegan al golf. Y tienes a mano la posibilidad de
fumarte una heroína tan pura que solo con aspirarla te deja
KO y que ni siquiera tienes que inyectártela para olvidar el
infierno en el que sobrevives. Seguramente uno se drogaría
para evadirse, controlar el miedo o animalizarse.
Los WASP (Blancos Anglosajones y Protestantes), que
ostentan el poder en Estados Unidos, se aventuran en
guerras a las que mandan a los negritos, los hispanos
y, en el peor de los casos, a basura blanca (blancos que
malviven en barrios marginales o en caravanas).
Parece un escenario extraído de una peli de Oliver Stone
o de un documental de Michael Moore.
Pero la situación en España no es tan distinta desde que
estamos en la Champion League de las Naciones.
José Antonio R.D. nació el 29 de julio de 1971 en el barrio
malagueño de La Trinidad. Con menos de 20 años acudió en
la Fragata Santa María F-81, a las órdenes del Comandante
José Luis Zarco, a la Primera Guerra del Golfo.
Después de este primer destino militar se adentró en el
mundo de las drogas. Padece epilepsia meningítica vírica
desde 2006 y acude regularmente a la Unidad de Salud
Mental Comunitaria Málaga Norte
Jose Antonio acabó en la Casa de la Buena Vida.
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Antonio Villanueva Martín
Ningún mando militar ni ningún político se ha pasado por
la Casa de la Buena Vida para interesarse por este juguete
roto.
Son innumerables los legionarios (Andrés, Benito, «El
Guiri»...) con problemas de drogadicción que han pasado
por la Casa de la Buena Vida.
Ningún mando militar ni ningún político se ha interesado
por ellos.
Javi, alias «El Negro», vio morir a su mejor amigo
partido en dos en la Guerra de Bosnia. Su drama derivó en
drogadicción y en la Casa de la Buena Vida.
Ningún mando militar ni ningún político se ha interesado
nunca por él.
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Historias de La Palmilla
8.Manolo Canillas, «el León de La Palmilla»
E
n la temporada 81/82 se hizo cargo del Club Deportivo
Málaga como entrenador Antonio Benítez. Un tío
criado en la cantera del Málaga y que la potenció
como nunca antes había ocurrido. Consiguió el ascenso y
en la temporada siguiente, en primera división, goleadas
memorables al Real Madrid, 6 a 2, y al Atlético de Madrid,
5 a 1.
Era un equipo con algunos jugadores de fuera de casa
semidesconocidos como Martín o Rehenhard y un sin fin de
canteranos: Jose, Santi, Brescia, Fernando, Astorga, Juan
Carlos, Nacho, Popo, Muñoz Pérez o... Manolo Canillas.
Manolo Canillas era un jugador espigado para la época.
Empezó jugando de delantero centro y luego retrasaría
su posición al medio campo pero sin perder la llegada.
Recuerdo que era corajudo y que jugaba muy tieso. Se
había criado en La Palma-Palmilla, a veinte pasos del
campo de fútbol de La Rosaleda.
En aquella época, el mito de barrio indomable ya estaba
perfectamente asentado. La ciudad llegaba hasta el anexo
de la Rosaleda, donde entrenaba el Málaga, y de ahí en
adelante ,territorio comanche.
Cuenta la leyenda que salió en los diarios un tipo de La
Palmilla que tenía un ¡león en su casa! Canillas, con poco
más de veinte años por entonces y que se desmelenaba
como un león en cada partido tuvo fácil el apodo: Manolo
Canillas, «el León de la Palmilla».
Pocas veces un jugador europeo ha llevado tan ceñido
el mote, Manolo Canillas «el León de la Palmilla», algo
habitual allende del Atlántico. Sin salirnos del zoológico: el
«Mono» Burgos, el «Burrito» Ortega, el «Mono» Montoya
(como se ve, no es muy original llamar mono al arquero),
el «Piojo» López, la «Pulga» Messi...
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Antonio Villanueva Martín
Manolo Canillas marcó una época en el Málaga y años
después tomó su relevo otro jugador de similares características del barrio: Apoño, alias «el Gatusso de la Palmilla».
Astuto, batallador, no exento de calidad. En una ocasión
jugaba el Málaga en el campo de Real Madrid cuando
pitaron penalti a favor de los visitantes. Enfrente, Íker
Casillas, el mejor portero del mundo en ese momento y
excelso parapenaltis. En una de las grandes catedrales
del fútbol: el estadio Santiago Bernabeu y su valdaniano
miedo escénico.
El penalti lo lanzó Apoño. Gol. Metió un patadón que casi
destroza la red. ¿Cómo iba a tener miedo escénico un tío
criado en La Palmilla?.
La anécdota del león que acabó provocando el mote de
Manolo Canillas no es ocasional en el barrio.
Hace unos años. Dos raterillos de poca monta de La
Palmilla supieron que había un circo en la ciudad. Supongo
que las medidas de seguridad de un circo están hechas
para evitar que se escapen los elefantes o los leones. No
para que nadie desde fuera entre en sus jaulas. ¿Quién
puede estar tan loco como para entrar en la jaula de un
tigre? Obviamente, un palmillero.
Entraron en la jaula y robaron un tigre pequeño. Una vez
robado no sabían con precisión qué hacer. Ese bicho come
por tres y si te pega un zarpazo te puede arrancar una
mano por muy cachorro que sea. Así que se lo vendieron
a alguien del barrio que le hizo gracia la idea de tener un
tigre. El torero Jesulín de Ubrique también tenía un tigre
al que llamó Currupipi y el palmillero no iba a ser menos.
Pronto se dio cuenta de lo desproporcionado de la compra.
Así que buscó a un tercero a quién regalárselo y allí estaba
el Chule, dispuesto a recoger a cuanta persona o animal
estuviera necesitado de casa. Así que la Ani acabó teniendo
en su patio un tigre como el que no quiere la cosa hasta
que la policía secreta que buscaba el cachorro se enteró y
devolvieron al animal a sus legítimos propietarios.
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