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QUÉ DIRÍA HOY DE LA FILOSOFÍA? - Revistas de investigación

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QUÉ DIRÍA HOY DE LA FILOSOFÍA? - Revistas de investigación
Resumen:
w 5, 2000, PP. 59 - 72
ESCRITURA Y PENSAMIENTO
AÑO III,
Walter Redmond
ELLUNAREJO
¿QUÉ DIRÍA HOY DE LA FILOSOFÍA?
El presente texto, es una versión escrita de la disertación que diera Walter
Redmond el 25 de octubre de 1998, en el local del Instituto Riva Aguero,
con motivo de la presentación de su libro, La lógica en el Virreinato del
Perú, (Lima, 1998, FCE-IRA-PUC, 417 pp.). El texto que ahora reproducimos, es una gentileza del autor.
Todos conocemos las notables cualidades literarias que apasionaron
a Juan Espinosa Medrana (el Lunarejo). De hecho su fama fundamental
descansa en la célebre defensa apasionada que él realizara del poeta Luis
de Góngora, pero pocos conocen su obra lógico-filosófica, en la que desarrolla una defensa también ardiente de la Philosophia thomistica, contra la
acción desvastadora de los «zorms modernos», que en su opinión, no sólo
amenazaban en el siglo XVII dicha tradición filosófica, sino que conducía
a los filósofos europeos a desconocer las excelencias de la intelectualidad
indiana. El autor intenta en el presente artículo -mediante una original actualización imaginaria- explorar las implicancias presentes de dicho debate
del siglo XVII.
Los trabajos de investigación que Walter Redmond ha venido desarrollando infatigablemente a lo largo de los últimos veinte años sobre la filosofía colonial peruana, constituyen uno de los más serios aportes para la
comprension de nuestra biografía intelectual. Sirva esta pequeña publicación como una oportunidad para expresar nuestro reconocimiento -aunque
sea tardío y seguramente insuficiente- a uno de sus más prestigiosos investigadores.
Filosofía colonial, lógica, virreynato del Perú, escolástica, siglo
Palabras clave:
de oro.
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W ALTER REDMOND
Me propongo contestar la pregunta ¿qué diría Espinosa Medrana, el
Lunarejo, de la filosofía de hoy? El filósofo cuzqueño del siglo diecisiete, si estuviera con nosotros esta noche, ¿cuáles observaciones
haría acerca de nuestra escena filosófica? Puede que les parezca
presumido éste mi propósito. Pues siempre es arriesgado decir lo
que diría otra persona. Más aún si la persona es filósofo (son bien
impredecibles). Y más aún todavía si es un filósofo que murió hace
más de trescientos años (son aún más imposdecibles). Pero, sí, voy
a aventurar una conjetura, puesto que lo que el Lunarejo nos diría, si
no me equivoco, es importante para nosotros.
¿Cuál será nuestro método? Es sencillo; haremos dos preguntas. Primero ¿cuál fue la pasión filosófica del Lunarejo? Y segundo
¿qué pasa filosóficamente hoy? Para ver si hay situaciones análogas.
Averiguaremos cómo él reaccionó a su situación para decir cómo
reaccionaría a la nuestra.
Los zorros dellunarejo
Preguntemos, pues, por las pasiones de Espinosa Medrana. Tenía tres.
Todos sabemos que le apasionó la literatura, pues su fama principal
descansa sobre su defensa del poeta Luis de Góngora en el debate culteranista. De las otras dos pasiones leemos en su Philosophia
Thomistica, obra de lógica, que salió en Roma en 1688, el año de su
muerte. Son en efecto las razones por las que escribió su libro.
(Dígase de paso que tuvo otra razón: quería brindar a sus futuros
alumnos un texto profundo y actualizado.) Estas dos pasiones eran
ataques o defensas -según el punto de vista. En el primero, junto con
otros compañeros del Virreinato, censuró a Europa, porque les pareció que los filósofos de ultramar no reconocían debidamente las excelencias de la intelectualidad americana, sobre todo la peruana. Su tercera pasión fue su casería de los zorros modernos en defensa de la
tradición filosófica -veremos luego lo que son estos zorros 1• Su critica
de los zorros fue en realidad el motivo principal para escribir su lógiRedmond; «Self-Consciousness in-Latín American Philosophy» (a publicar) y «Una defensa de la América intelectual/ Apologías por pensadores peruanos del siglo XVII»,
EL LUNAREJO ¿QUÉ DIRÍA HOY DE LA FILOSOFÍA?
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ca, y fue su pasión filosófica más ardiente, la causa que lo induciría,
como veremos, a comentar nuestra filosofia de hoy.
Dijo en el prefacio que dirigió a sus lectores:
A mi amparo acojo a los dignos pensadores de antaño; los protejo
de los zorros modernos, ofreciendo generalmente ilustraciones con
una reflexión originaF.
Ostentó su propósito en la misma portada del libro; dijo que:
exhibe y explica claramente la doctrina de los tomistas y escotistas
[seguidores de santo Tomás de Aquino y de Juan Duns Escoto],
apoya con reflexión, original la veneranda sabiduría de Platón,
Aristóteles, Porfirio, santo Tomás, Cayetano, y otros antiguos soldados de las ciencias luchando delante de los signos militares. Los
avala y defiende de las celosas y rencorosas críticas de sus enemigos modernos, y generalmente analiza y resuelve, no sin habilidad,
todos sus últimos argumentos 3 •
Ahora bien, es importante ver que el Lunarejo no es un viejo
tonto que añora un pasado idealizado y que, chocho, amenaza con
puño y bastón a todo el que ose añadirle algo o, peor, contradecirlo.
Pues sigue diciendo en su prefacio:
Las opiniones de los modernos no me desagradan porque sean nuevas sino porque tratan de venderlas como originales cuando no lo son.
Pongo especial cuidado en no atacar ni desairar malévolo a nadie; es
claro, pues si bien crítico alguna tesis, a menudo alabo a su autor en la
misma discusión cuando tiene razón, y apruebo su diligencia4 •
Latinoamérica (Estudios Latinoamericanos de la Universidad National Autónoma de
México), N° 14 (1981), 213-237, y <<Latin Ame1ican Colonial Plúlosophy/ The Logic of
Espinoza Medran o,>> The Ame ricas (Academia de la Historia Franciscana Americana),
T.30, N° 4 (Abril de 1974), 475-503.
lgitur antiquitatis canos thomista suspicio, a juniorum vulsibus defendo, et nova
meditatione plerumque illustro; ... Candido /ectori, segunda página.
Ubi peripateticorum doctrina dilucide exponitur, declaratur, veneranda antiquorum
sapientia nova meditatione suspicitur, explicatur: Plato, Aristoteles, Porphyrius, [d] ivus
Thomas, Cajetanus, aliique veteres scientiarum antesignani ab aemulorum invidia et
neotericorum morsiculis vindicantur, defenduntur, et ut plurimum nova omnia hostium
argumenta non invita (ut dicitur) Minerva, perpenduntur, enodantur. Los <<peripatéticos>>
son los tomistas y escotistas.
[N]eque opiniones neotericorum displicent quia ttovae sed quia quum non sint pro novis
venditantur. Neminem data opera incurro aut invidiose traduco; id vel inde liquet quodsi
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RED MONO
Esta imparcialidad del Lunarejo la podemos colegir de su lista de los «Soldados de las ciencias» que luchaban en tierra de nadie.
El Lunarejo fue discípulo de santo Tomás de Aquino, lo cual significa que también siguió a Aristóteles. Sin embargo, nos proporcionó
un catálogo de los «errores de Aristóteles». Y se propuso defender
no sólo a los tomistas sino también a los escotistas antitomistas, y
dijo una vez que en realidad no es importante seguir la opinión de
un tomista. También defendió a Platón; en efecto su «defensa de
Platón» en torno a los entes abstractos es uno de los pasajes más
brillantes de su obra5 • Y recalcó en su prefacio que «ama y venera»
a los seguidores de Juan Duns Escoto y «quiere y mucho respeta a
los nominalistas» jesuitas, a los que identificaremos enseguida6 .
Pero noten, entre paréntesis, que Espinosa es consciente de
ser original, y que el serlo es un valor para él. Esto hay que decirlo
a causa del deprimente mito que acusa a los escolásticos de servidumbre intelectual. A propósito de los mitos deprimentes, se sigue
oyendo hablar del «atraso» de los escolásticos coloniales; dizque
andaban a rastras detrás de los gloriosos avances de la filosofía europea. Pero acabamos de ver que el Lunarejo participó en tres controversias de su propio tiempo. Además, de los filósofos que citó
(mencionó a unos 300 autores en su lógica), un cuarto son antiguos,
otro cuarto son medievales o renacentistas, un quinto son escolásticos del siglo XVI y la tercera parte, son del siglo XVII, su propio
siglo. Mencionó más obras de su siglo que de cualquier otro, incluso, al menos quince fueron publicadas en Europa después de su
5
quem disserendo nunc impugno, in eadem (non raro) disputatione mox de aliis quae recte
sentiat ingenuc laudo ejusquc industriam amplector.
Errores de Aristóteles: 260:1II-26 !:IX (el primer número es la página y el segundo el
párrafo). Tomista, hablando de Cayetano: 221-1. Defensa de Platón: 52:1-69:73 (sobre
todo el quinto teorema); mi traducción: <<Juan de Espinoza Medrana: Sobre la naturaleza
de los universales», Humanidades (PUCP), N" 3 ( 1969), 131-185. Ver mi «El Lunarejo on
Abstrae! Entities», Concordia (Aachen), N° 20 (1991) 91-98.
Candido lectori: Scotistas amo et venerar, nominales Jesuiticae scholae colo et summe
diligo, nec minus utique quam duces meos, id est Thomisticae scholae doctores ..
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1:
EL LUNAREJO ¿QUÉ DIRÍA HOY DE LA FILOSOFÍA?
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Quod potui legi et in hoc opere laudo. Non tamen Scholasticos omnes videre licuit,
praesertim ex antiquioribus ... , juniorum autem libri ve! raro veniunt, id fuit in causa cur
eorum no mini bus nostras pagellas haud ornaremos.
Por ejemplo, Caramuel (rnl682) mencionó a Gassendi y Descartes; T. Compton-Carlton,
S .J. (ml666) a Descartes; y S. Izquierdo, S .J. (ml681) a Bacon.
Me parece, que también habría que tomar esta rebelión escolástica del siglo XVII, como
la continuidad de un debilitamiento en la enseñanza de la lógica que habría ocurrido hacía
un siglo en España. En el primer tercio del siglo XVI, los textos impresos de lógica eran
sumamente complejos, ello provocó una simplificación en aras de la pedagogía.
Hurtado (ml651), Arriaga, (ml667) y Oviedo (ml651).
Recentes, recentiores, neoterici, junio res, nuperi.
nacimiento y cinco despues de 1650, y se quejó de que «los libros
de los más recientes» no Ilegasen al Cuzco 7 .
Bueno, ¿quiénes son estos zorros modernos, blanco de las
acometidas del Lunarejo? No se trata de los inauguradores de la
«modemidad», como Descartes y Bacon. Espinosa Medrana a todas
luces no conoció a los «modernos» en este sentido de «modernidad», pero sí, citó a varios autores escolásticos que los conocíanx.
Los zorros modernos eran más bien un grupo de filósofos escolásticos rebeldes. Su rebeldía, si bien se desarrolló dentro de la escolástica, corría pareja con el espíritu que dio origen a la modernidad allá
por la primera mitad del siglo XVII. Estos zorros escolásticos se
impacientaban -como también Descartes y Bacon- ante ciertas gamas tradicionales de soluciones a viejos problemas, y buscaban
aproximaciones frescas 9 • El grupo incluía al cisterciense Juan
Caramuel de Loblokowitz y a los jesuitas Pedro Hurtado de
Mendoza, Rodigo de Arriaga y Francisco Oviedo 10 • A propósito, los
términos que el Lunarejo usaba para «moderno» 11 no tenían connotación negativa, pues los aplicó también a sus aliados filosóficos.
Espinosa criticó a los zorros en muchos puntos, pero la peor
acusación, desde su punto de vista, fue la de noniinalismo. Hay que
tomar esta palabra en el contexto de los universales: el nominalista
prefiere hablar de las generalidades no tanto en función de su contenido (tal posición sería el «realismo»), sino en términos del pensamiento o del lengiiaje. La palabra «nominalismo», abarca pues, dos
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complejos de doctrinas, las cuales llamamos hoy psicologismo (privilegia los conceptos psíquicos de sujetos individuales) y
nominalismo en un sentido más estricto (privilegia el discurso lingüístico de sujetos individuales). Uno de los propósitos apasionados
del Lunarejo, fue pues, atacar al psicologismo y nominalismo -o
como lo expresó él: vox et conceptus absque re: «la palabra y el
concepto sin la realidad».
El psicologismo y el nominalismo, en comparación con otros
planteamientos más objetivos, no son simplemente unas ligeras variaciones en la epistemología u ontología. Al contrario, la atención
exclusiva al proceso mental o a los textos pronunciados o escritos,
es afin a, o conducente a -y en algunas de sus formas ya es- el idealismo o el fenomenalismo, actitudes que, si bien son comunes en la
modernidad, distan mucho de la cosmovisión que defendían Espinosa Medran o y la mayoría de sus colegas (o si vamos a eso, muchos
filósofos actuales).
El Lunarejo refutó a su satisfacción los argumentos a favor
del psicologismo y del nominalismo. Pero lo que más lo irritó de los
zorros, fue su pretensión de ser originales, y creo que es más que
nada por eso que los llamó «zorros». Fue su deleite hallar pasajes de
filósofos anteriores que habían dicho lo mismo que ellos. El grupo
de jesuítas, dijo, representaba el cuarto brote del nominalismo (en su
sentido ancho) y no hacía sino repetir las gastadas ideas del pasado.
Las tres erupciones previas ocurrieron, según él, en los tiempos de
Heráclito (en el siglo quinto a.C. -con su río al que no pudo entrar
dos veces), Roscelíno (en el siglo XI -con su «soplo de la voz»), y
Guillermo de Ockham (en el siglo XIV -con su «navaja»). El
Lunarejo inclusive compuso lo que esperaba que fuese el último
epitafio del psicologismo y del nominalismo (pero, como veremos,
se equivocó).
Me Ochami sectam Hurtados revocaret ab Orco
Ter fonctam; at qoarto nonc seqoor Eurydicen;
En jaceo, ingeniis non tanta poten tia in ombris,
Vox et conceptos absqoe re larva somos.
EL LUNAREJO ¿QUÉ DIRÍA HOY DE LA FILOSOFÍA?
A mí, secta de Ockham, Hurtado del infierno
Me vuelve a sacar, tres veces fallecida ya,
Mas ahora por cuarta vez a Eurídice sigo;
Heme aquí, en las sombras impotente yazgo,
Un fantasma, palabra y concepto, sin realidad 12 .
El estagirita levantó una cruz para las mentes
Al introducir las proposiciones modales,
Mas yo sin ambages a las demás las reduzco,
Derribando así sencillamente la antigua cruz.
Stagirita crucem hic ubi declarare modales
Coeperat ingeniis fixit Aristotele's:
Illas ad reliquas summa brevitate reduco,
Antiquamque brevi tempore tollo crucem.
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A propósito, la lógica de Espinosa no es «filosofía seca» (otro
mito deprimente en tomo a los escolásticos); es humanismo, es literatura, llena de maravillosos apartes, díatribas mordaces y a la vez graciosas, hasta poemas. Sus contemporáneos admiraban no sólo su
latinididad, sino su elegancia en castellano y en quechua (las tres lenguas de la rica historia intelectual de estas tierras). No me resisto a
citar otro ejemplo de su poesía humorística. Su adversario Caramuel
trató de eliminar la modalidad, reduciendo la posibilidad y la necesidad a proposiciones que no hicieran mención de ellas. Es interesante
que Gottlob Frege, reformulador de la lógica clásica alrededor de
1900, relegó la modalidad a la psicología, pero gracias a Lewis,
Kripke y otros, ha vuelto a recobrar su debido lugar en la filosofía. Y
Caramuel compuso el siguiente cuarteto, felicitándose por haber liberado a los alumnos de lógica de este tema tan engorroso:
38:34.
Pero el Lunarejo descubrió un pasaje en otra obra de
Caramuel en el que éste, usando una proposición modal, se defendía contra un tal Bossio. Y el Lunarejo le dio esta respuesta poética:
12
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Desine, Caramuel, priscum vexare modorum
Schema, quod ingeniis asseris esse crucem,
Quam si sustuleris, perdet te Bossius; ergo
Stare crucem tolera, qua est tibi parta salus.
Ya no vejes, Caramuel, los modos de antaño,
Que «cruz para las mentes» llamas, pues de derribarla
Bosio te gana; conque deja que siga de pie
Aquella cruz que tu redención ha obrado.
estuvo de moda en ciertos círculos avanzados 13
se alardeaba de ser nuevo pero en realidad no era original
esgrimía argumentos que suponía contundentes pero que tenían
contestación
En resumen, pues, la gran pasión filosófica del Lunarejo fue
refutar a los zorros modernos. Y los pasajes de arriba (y un estudio
de la Philosophia Aomistica) sugieren los rasgos del movimiento:
*
*
*
* conllevaba desplazamientos filosóficos fundamentales.
Por supuesto, al Lunarejo no le importaba que los zorros estuvieran de moda, y como vimos, mostró que eran vanas sus pretensiones de novedad. Además, opinó haber acabado con sus plagiados razonamientos de una vez por todas. Y vio que la crítica de los zorros
era más que negativa: era destructiva, pues le parecía desmoronar algunas de las conquistas fundamentales de la filosofía occidental.
Antes de pasar a la filosofia de hoy, debemos aclarar la actitud del Lunarejo hacia la historia de las ideas, pues a muchos filósofos actuales, gracias a Hegel, parecería extraña. Hoy el mundo intelectual está lleno de «superacionistas»; el Lunarejo fue «perennis-
11
Por ejemplo, dijo que casi todos los autores jesuitas seguían a Hurtado en su resuscitación
del nominalismo: Interiit iterum dogma hoc [nominalium] et, longissimis temporis atque
oblivionis tenebris obrutum, tandem a Petro Hurtado Hispano Societatis Jesu scriptore
valde ingenioso et aliis sociis restitutum est atque a Lethaeis undis vindicatum. Illum fere
omnes ejusdem familiae authores sequuntur. ... (56:9).
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EL LUNAREJO ¿QUÉ DIRÍA HOY DE LA FILOSOFÍA?
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ta». Un superacionista clasifica las ideas en dos categorías, la una
relativamente buena y la otra mala: vigente y superado (evocando
así el contraste entre geltend y aufgehoben). Para el pensador perennista, las categorías fundamentales, también con matiz de valor, son
verdadero y falso. El superacionista pega las ideas al tiempo y al
espacio, privilegiando el aquí y ahora y subestimando lo pretérito y
allende. Tal favoritismo epistemológico de la fugaz inmediatez
espaciotemporal, fuera de los obvios problemas teóricos que oculta,
puede tener una desafortunada consecuencia práctica para el filósofo: el frenesí de estar al tanto.
El perennista acoge hasta las ideas de tiempos pasados-demoda y de lugares fuera-de-moda, si las cree verdaderas e interesantes, y rechaza hasta las ocurrencias de rigor de las autoridades
más acatadas si las cree falsas o impertinentes. El perennista no rechaza la historia intelectual; al contrario, la tradición es más importante para él que para el superacionista. «Tradición» para él, evidentemente no significa que las ideas verdaderas marchen triunfalmente
por la historia, liquidando a codazos a cualesquiera falsedades con
que tropiecen. El perennista, como el superacionista, reconoce la
dialéctica de la historia, ve la historia como es: con sus paradigmas,
con sus continuidades y rupturas, con sus arranques esperanzados y
sus fenecimientos escépticos y relativistas- pero también reconoce
los aciertos y reveses de la historia, sus verdades y falsedades. Para
él hay un juego perenne de creencias entretejidas, las cuales, en
cualquier época y en cualquier sitio, pueden juzgarse como importantes o de más, no al caso- y también pueden juzgarse como -y
son- verdaderas o falsas.
Los zorros actuales
¿En nuestra escena filosófica, hay fenómenos parecidos al siglo
XVII del Lunarejo? ¿Tenemos nuestros «zorros»? Sin duda, el
Lunarejó, para su consternación, vería como otro tedioso rebrote del
psicologismo y nominalismo, las recientes exégesis filosóficas de
las lógicas «desviadas» que imitan la vaguedad del pensamiento o
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del lenguaje. Y recalcaría su semejanza con la rebeldía de los
psicologistas y nominalistas de su tiempo. Pues, los promotores de
estas lógicas, felices al parecer, en su ignorancia de la historia de la
crítica del psicologismo y nominalismo, se enorgullecen de las supuestas novedades de sus planteamientos. Espinosa también notaría
que estas concepciones destruyen nociones fundamentales de la
filosofía, como las de rasgo, e inclusive como las de verdad. Pero
preguntémonos si esta reciente erupción del psicologismo y del
nominalismo en la lógica, no es más bien síntoma de una propensión más general de la actualidad filosófica.
La respuesta sería obvia para Espinosa Medrana: la tendencia
paralela de hoy es el escepticismo. Se asombraría tal vez de ver que
vivimos en una de las épocas más escépticas y relativistas de la historia occidental. Esta proclividad «zorrera», se vincula con lo que se
ha llamado «posmodernismo», al menos dentro de la filosofía. Los
posmodernistas invierten una cantidad extraordinaria de energías
para demostrar lo que nos es prohibido, no sólo saber sino ni siquiera opinar racionalmente. Supersuspicaces, dudan de todo, tanto del
conocimiento como del mundo. Nuestras creencias no representan
la realidad ni expresan la verdad. Los textos que producimos notocan el mundo del ser y del valer. De dos creencias opuestas no puede decidirse cuál sea la verdadera. La ciencia es superstición. El
sentido de los signos lingüísticos es escurridizo: no podemos entrar
dos veces, tal vez diría un Herácllto posmodemo, en el mismo enunciado. La filosofia no sirve sino para abrimos a la sospecha e ironía.
Los más milenaristas entre ellos, predican la escatología: se ha detenido la historia, dicen, y es tiempo de apeamos de ella. Y el
Lunarejo se daría cuenta de su constante moralismo: con visajes si
no de burla al menos, y peor, de tragedia, nos curarán de nuestras
pretensiones cognoscitivas y morales.
Pero lo que más fastidiaría al Lunarejo sería esta particulita
«pos»: los posmodernistas presumen de ser «pos», después. Como
si vinieran «después» de la modernidad. Como si afirmaran cosas
nuevas, como si lanzaran movimientos originales, como si con ellos
t
EL LUNAREJO ¿QUÉ DIRÍA HOY DE LA FILOSOFÍA?
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hubiese llegado alguna New Age del milenio Pero no tienen derecho
a tal prefijo, insistiría Espinosa Medran o. El posmodernismo es más
fin que promesa. Más que jóvenes, parecen sus promotores ser ancianos, por su pesimismo y su negatividad, que con puño y bastón
arremeten contra la ciencia, la ontología, la ética. No llegan postdespués de la- modernidad; quedan en sus postrimerías, o más bien
en la agonía de algunas de sus corrientes que ya no dan, por haber
negado todo lo negable. Pues el Lunarejo probablemente vería
como desarrollos cansados, no sólo el reciente psicologismo y
nominalismo, sino especialmente nuestro idealismo y fenomenalismo y, en un nivel todavía más fundamental, el sujetivismo e individualismo que han saturado nuestra modernidad. Nuestros zorros
escépticos, pues, diría el Lunarejo, pertenecen no a la posmodernidad sino a la modernidad tardía, posterior.
Históricamente, el escepticismo y el relativismo suelen estallar al final de los paradigmas filosóficos, nunca a sus principios. Lo
moribundo dice que no; lo naciente que sí. Y el Lunarejo, con maligna satisfacción, gozaría de señalar los plagios de nuestros escépticos modernos posteriores.
El escepticismo apareció entre los sofistas en el ocaso del
primer entusiasmo de la filosofía griega. Gorgias declaró que el
conocimiento, de ser posible (no lo es, en realidad, ni hay cosas de
veras), no podría comunicarse porque los signos lingüísticos difieren de su presunto objeto y son distintos en varias personas. Al
menguar el apogeo de Sócrates (quien a propósito, usó la ironía para
hallar la verdad, no para mofarse de ella), Platón y Aristóteles, estalló una escuela escéptica, y sus miembros, como nuestros escépticos
de hoy, consumieron la mayor parte de su energía filosófica para
probar lo que no podemos probar. Enesidemo de Knossos llenó
ocho libros con diez topoi de argumentos escépticos. Pirrón había
dicho que cualquier proposición afirmada puede, con razón, ser
negada. Y por ser la verdad inalcanzable, lo único que nos queda es
la epojé: nunca decir que sí, al tiempo que guardamos una sobria
ataraxia, tranquilidad. Arcesilao no estaba seguro de nada, ni de que
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«Gorgias: fragmentos 1,3; Enesidemo: Sexto Empirico, Pyrroneiai hypotheseis, 1:35ss;
Pirrón: Diógenes Laercio, Proem., 16; Arcesilao; Cicerón, Academica, 1:12, 45;
Carnéades: Sexto Empírico, Pros tous mathematikous, 7.
lnquiry concerning Human Understanding.
estuviera seguro de nada, y para Carnéades de Cirene, el conocimiento es imposible pues no hay criterio de la verdad 14 .
El escepticismo volvió a brotar después del florecimiento de
la filosofía medieval, un siglo antes del tiempo del Lunarejo- por
cierto, al mismo tiempo que la brillante renovación en el Siglo de
Oro ibérico e iberoamericano. Michel de Montaigne hizo revivir las
dudas pirronistas: la experiencia sensible no es de fiar, los juicios de
valor son relativos y falta la certeza para fundar la metafísica.
Montaigne terminó preguntando «que sr;ay je? », pero su amigo
Pierre Charrán le dio la respuesta 'je ne sr;ay ríen». Es interesante
anotar que Charrán fue sacerdote católico. En efecto, hoy en día el
fideísmo, la compaginación de la fe con el escepticismo racional,
domina nuestra escena religiosa, espiritual y teológica (el papa tuvo
que escribir una encíclica para reponer la razón al lado de la fe).
Y el Lunarejo también se habría enterado de la erupción del
escepticismo en David Hume tras patentizarse los primeros ardores
racionalistas y empiristas de la modernidad. Es famoso su mandamiento, el cual dice que debemos obedecer cuando en nuestras bibliotecas damos con un libro de metafísica, que no dice nada de
hechos y existencias: «commit it then to the flames for it can contain
nothing by sophistry and illusion», !a las llamas con él, pues nada
puede contener sino sofistería e ilusión! 15 •
El Lunarejo, podemos suponer, reconocería tres erupciones
del escepticismo, antes del escepticismo en la modernidad tardía
(para no decir «posmodernista» ). No creería que nuestro escepticismo, por ser moribundo, durase mucho más tiempo y esperaría que
fuese este cuarto brote el último. Y para conmemorar este evento tan
significativo, a lo mejor compondría su epitafio, alterando ligeramente el verso que tan en vano escribió para la tumba del conceptualismo y nominalismo de su tiempo:
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15
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EL LUNAREJO ¿QUÉ DIRÍA HOY DE LA FILOSOFÍA?
Me Pyrrhonis sectam Post-Moderni revocarent ab Orco
Ter functam; at quarto nunc sequor Eurydicen;
En jaceo ingeniis non tanta poten tia in umbris,
Ironía et suspicio absque re larva sumus.
A mí, secta de Pirrón, los posmodernos del infierno
Me vuelven a sacar, tres veces fallecida ya,
Mas ahora por cuarta vez a Eurídice sigo;
Heme aquí, en las sombras impotente yazgo,
Un fantasma, ironía y sospecha, sin realidad.
Tusuy kachun, kachun jaylli!
Kusichiwanchunku tukui;
Churillayta maskkasqaypim
Qana tarikampuniña 16 •
71
Pero ¡basta con el pesimismo intelectual! Espinosa Medran o
pudo ser tremendo en su crítica porque esperaba en la verdad. Terminemos con su esperanza. Como todos saben, escribió una obra de teatro en quechua, «El hijo pródigo». Contiene mucho simbolismo,
como era la costumbre de su tiempo: el hijo «perdido» es Cristiano, a
quien Mundo persuade mañosamente a abandonar la casa de Padre
Amoroso. Creo que Espinosa Medran o nos permitiría alterar ligeramente el simbolismo de su reparto de la siguiente manera. Padre
Amoroso será Filosofía Verdadera. Hijo Perdido será Joven Filósofo,
y Mundo será Escepticismo Moderno Tardío. Joven Filósofo es seducido por los alicientes altisonantes de Escepticismo Moderno Tardío,
pero después de sus conocidísimas aventuras con mujerzuelas y puercos, regresa, sucio, pobre, desamparado, a su hogar. Todo termina con
las palabras jubilosas que grita Filosofia Verdadera mientras, después
de tanto tiempo, vuelve a abrazar a su hijo, Joven Filósofo:
Ió
<<Auto sacramental del Hijo Pródigo» en Dramatische und lyrische Dichtungen der
Keshua-Sprache, ed. E. W. Middendorf (Leibzig, F. A. Borckhaus, 1891), p.76, renglones
1411-14.
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¡Que bailen y triunfantes canten!
Todos más me han de alegrar,
Que tras tanto buscar,
por fin a mi hijo encontré.
1
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