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Tras las huellas del lobo (ESENCIA CONTEMPORÁNEA

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Tras las huellas del lobo (ESENCIA CONTEMPORÁNEA
Índice
Portada
Agradecimientos
Capítulo1
Capítulo2
Capítulo3
Capítulo4
Capítulo5
Capítulo6
Capítulo7
Capítulo8
Capítulo9
Capítulo10
Capítulo11
Capítulo12
Capítulo13
Capítulo14
Capítulo15
Capítulo16
Capítulo17
Capítulo18
Capítulo19
Capítulo20
Capítulo21
Capítulo22
Capítulo23
Capítulo24
Capítulo25
Capítulo26
Capítulo27
Capítulo28
Capítulo29
Capítulo30
Capítulo31
Capítulo32
Capítulo33
Capítulo34
Capítulo35
Capítulo36
Capítulo37
Capítulo38
Capítulo39
Capítulo40
Capítulo41
Capítulo42
Capítulo43
Capítulo44
Capítulo45
Capítulo46
Capítulo47
Capítulo48
Capítulo49
Capítulo50
Capítulo51
Capítulo52
Capítulo53
Capítulo54
Capítulo55
Capítulo56
Epílogo
Sobrelaautora
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Agradecimientos
Antesdeembarcaroseneldesenlacedeesteloboquetantomehadado,yalquetantoledebo,quiero
contarosalgo...
Hace un tiempo ya, entró en mi vida una historia entrañable sobre un niño muy especial. En
tornoaél,segestóunproyectocomún,queuniónosólocorazones,sinoaunperroconsupequeño
amo,Pau.
Ynounperrocualquiera,unguerreroquedemostrósufortalezaantelamuerte,sudulzuraante
elmundoysuentregaaeseniño,yalquepusieronelnombredeGunnar,quesignifica«guerreroen
lucha»,enhonoralpersonajedeminovela,algoquemesigueemocionando.
SeeligióparaseradiestradoyayudarenlaterapiaquePaunecesitaba,perodescubrimosqueno
haymásayudaqueelamorincondicional,esequesólounperropuededar.Nohaymejormedicina
paralamenteyparaelalmaqueunaentregatancompletayuncariñotanprofundo.Pautieneuna
familiamaravillosay,ahora,unguardiánquevelaporélyporsubienestar.Esunniñoafortunadoy
feliz.
Ese grupo de personas que colaboraron en aquel proyecto y que pusieron el corazón en él,
siguen en el mío. Y es a ellas a las que dedico esta novela: a las que se volcaron sin dudarlo un
instante,alasqueorganizaronybuscaronlamaneradeayudar.Personasalasquelavidallevópor
diferentescaminosyquehoy,aquíyahora,quierounir,mostrándolestodamigratitudporhacerme
partícipedeunaetapadesusvidas.
Avosotras:EvaAlonso,mamádePau,RaquelGarcíaRodríguez,MarisaPascualAlfaro,Paqui
y Ana Belén Rodrigo Martín, Tiaré Pearl, Noemí Agudo, Liah S. Queipo, Cris Badal, Pamela
Revuelta,CristyCobosdeZea,Nuria,LaurayElenaSalvadorTejedory,porsupuesto,alacriadora
TersadeHeraldodeGaia,porcolaborarenlaadopciónyhacersecargodelostratamientos.
Quiero dar las gracias también a aquellas personas que estuvieron cerca de mí mientras se
gestabaestahistoria,alentándome,transmitiéndomesuconsuelocuandoellobomordíademasiadoe
ilusionándome al revelarme sus ansias por leerlo, y, sobre todo, porque creyeron en mí; en ese
sentidoquierohacerunamenciónespecialdemieditora,EstherEscoriza,porsuciegafeenmí,ysu
cariñoimpagable.
Suelo decir que, en ocasiones, los agradecimientos no son suficientes; éste es un ejemplo. No
obstante,millonesdegracias...CristinaEgea,EvaGarcíaCarrión,EnyDoinean,LauraReyAvilésy
SusanaGranadosGambetta,portanto.
Yaunaguerreramuyespecialalaqueadmiroprofundamente,puesestanovelaesunaodano
sóloalamor,sinotambiénalvaloryalafortaleza;ati,NoeNomas,contodomiafecto.
Y, por supuesto, a mi familia al completo, por su apoyo, comprensión y cariño, por estar
siempreahí,amilado.Nonecesitomás.
Termino revelándoos lo que sentí con cada dentellada de este lobo fiero. Hubo momentos
durante la escritura en que tuve que detenerme: unas veces, a llorar; otras, a recobrar el aliento;
algunas,asuspirar,ymuchas,arecomponerme.
Sentísusdientesenmicorazón,ysóloesperoqueatrapeensusfauceselvuestro.
Graciasati,queridolector,poraullaramilado...
Comenzamos...
1
Gracias,destino
El viento soplaba con fuerza, sacudiendo violentamente las contraventanas de madera de cedro y
produciendo un golpeteo rítmico que, sumado al afilado silbido de la ventisca, hizo que me
arrebujarabajoelmullidonórdicoquemecubría.
Sonreí satisfecha, pues, apenas unas horas antes, un nórdico, no tan mullido, había desgastado
micuerpoconunplaceragónicoqueparecíanotenerfin.
No sólo gozaba de sus caricias, de sus miradas, de sus palabras, de su presencia... gozaba del
auradesualma,deesacálidaeintensaconexiónquenosuníaconfuerzaarrolladora.Noimportaba
el tiempo que estuviéramos juntos, las veces que nos amáramos, la felicidad compartida; aun así,
nuestroanhelopermanecíadesesperadoyhambriento.
El dolor y la desolación por nuestra abrupta separación habían marcado a fuego nuestros
corazones con un temor difícilmente olvidable. De ese modo, vivíamos cada minuto con pasión e
intensidadabrumadora,conocedoresdeloscaprichosdeldestino.
Habíatranscurridoalgomásdeunañodesdenuestroreencuentroycadainstanteasuladoera
unregalodivinoqueagradecíacasidemaneraincesante.
Hoysecelebrabanuestroprimeraniversariodeboda.
Alpiedeunhermosoacantilado,escarpado,verdeeimpresionante,sobreelfiordoquesehabía
convertidoennuestrohogar,volvimosaunirnuestrasvidas,pronunciandounosvotosconlavozdel
corazónylafuerzadelalma,frenteaunclérigoalquenimiramos,yfrenteaunescasopúblicoque
casinipercibimos.Gunnaryyo,yoyGunnar,esoerasuficienteparaambos.
Todavíasentíaenmipiellamiradadeaquelloshermososojosverdes,cargadosdeunamortan
profundocomoaquelfiordo,quepresenciabaunritotanañejocomolostiempos:lafusióndedos
almaspredestinadas,vapuleadasyrecompensadas.
Ambos íbamos vestidos con ropa informal; eso sí, blanca, como las páginas en las que
deseábamosescribirnuestranuevavidajuntos.
Mi gallardo vikingo cortaba el aliento aquel día. Su cabello rubio oscuro sujeto en una coleta
baja dejaba bien a la vista sus marcadas facciones, la masculinidad de su pronunciado mentón, su
amplia boca, definida, de labios delgados, su nariz recta y sus altos pómulos... y aquellas gemas
verdes,alargadasybrillantesquerefulgíandichosasbajolaluzdeunsoladormecido.
Recordé vívidamente el beso ansioso y brutal con el que sellamos nuestro vínculo. Cómo su
lenguadesesperadabuscabalamía,conlamismahambredelprimerdía,cuandoyoerasuesclavaen
aqueltiempotanlejanoytancercanoalavez.Ahorasabíaque,enrealidad,ambosfuimosesclavos
deundestinoinciertoydeunamorimborrable.
—Unaño,amormío,elprimerodetantos.
Suvoz,graveysusurrada,aúnquebradaporelsueño,despertócadafibrademiser.Yavolvíala
cabezahaciaélcuandoseabalanzósobremíy,cubriéndomeconsucuerpo,meinmovilizó,altiempo
que pegaba su rostro al mío, nariz con nariz, con las miradas entrelazadas, en silencio, mientras
nuestrosojosconversaban.
Entreabrí los labios y me los humedecí, sabiendo muy bien la atención que aquel gesto
provocaba.
—Eresunainconsciente—ronroneó.
—¿Túcrees?
—Ajá,noesmuysensatotentaraunleónhambriento.
Loslargosmechonesdesucabelloocultabanenpartesurostro,peroelojofelinoqueasomaba
brillabamaliciosamenteseductor.
—Recuerdaqueyotambiéntengodientes—murmuréprovocadora.
Gunnaresbozóunamediasonrisapícaraysacudiólacabeza,agitandosucabello.
—Grrrrrrr...—gruñó—,estoymásquepreparadoparalapelea,lobamía.
Reí y le enseñé divertida los dientes. Él atrapó mis muñecas por encima de mi cabeza,
hundiéndolas en la almohada, y presionó las caderas sobre mi vientre; advertí al instante que no
fanfarroneaba.
—Sin duda tienes el coraje de un guerrero —musité divertida— y la vitalidad de un dios. No
puedocreerquetequedenfuerzas,anochebatimostodoslosrécords.
Gunnarnegóconlacabezaconvehemencia,yunaampliasonrisajugueteandoensustentadores
labios.
—Anoche...—hizounapausaintencionadamientrashundíalanarizenmicuello—fueanoche;
acabadeamanecer,conloqueyaesotrodía,ysí,soyunguerrero,conlasuertedeundios,peroen
realidadsólosoyunpobreynecesitadohombreenamorado.
Sualientocálidoacariciómipiel.Suspiré.
Irguiódenuevolacabezaparamirarme.Suintensidadmesecólagarganta.
Duranteunlargoinstante,misojosquedaronatrapadosenlossuyos,comopresosdeunhechizo
quedeteníaeltiempo,quenosalejabadelmundo.Sentícómomislatidoscambiabanbruscamentede
ritmo,aceleradosydesacompasados.
—Gunnar—gemísuplicante.
Su mirada se prendó en mi boca, una chispa de puro deseo la encendió y entreabrí los labios
desesperadaporrecibirsuprimerasalto.
—¡Loba!—gruñóardiente.
Subocasecernióhambrientayfuriosasobrelamía.Lainvasiónfuebrusca,dura,desesperada.
Su lengua sedosa y dominante paladeó cada recoveco de mi boca. Lamía, succionaba, mordía,
arrancándomegemidossofocados.
Sus manos trémulas e inquietas se deslizaron hasta mis pechos desnudos, amasándolos con
hosquedad,mientrassucaderadanzabasobremíyfrotabasudurezacálidaypalpitante.
Llevémismanosliberadashacialacinturillaelásticadesupantalóndepijamaylasmetíbajola
tela. Apreté, extasiada, sus duros glúteos, hundiendo apenas las uñas en su piel. Gunnar emitió un
largogruñidoaltiempoquearqueabalaespalda.Semedioincorporóapoyadoenlaspalmasdelas
manos. Admiré la musculosa complexión de su pecho, la pronunciada curvatura de sus poderosos
hombros, las delineadas formas de sus bíceps en tensión, sus vastos antebrazos venosos, la dureza
remarcadadesuvientreyelorgullosomástildesudeseoabultandolabraguetadesupijama.
Gunnar solía dormir con el torso desnudo y un fino pantalón de algodón, sin ropa interior.
Resultabaimposiblenoseguirloconlamiradacuandodeambulabaporlacasadeesaguisa.Erael
hombre más condenadamente sexi que existía sobre la faz de la tierra, con ese atractivo salvaje y
natural que exhibía con elegante indolencia, desconocedor de su propio magnetismo animal. No
había mujer que resistiera el impulso de volverse para mirarlo, pero, por fortuna, mi hermoso
vikingosóloteníaojosparamí.
Tiré con fuerza del pantalón, liberando su majestuosa exigencia, altiva y pesada, que basculó
apuntandodirectamenteasuobjetivo.Sonreílibidinosa;eldeseomeconsumía.
Gunnar se colocó entre mis piernas; una densa humedad emergió, anticipando la incursión.
Acariciésusabultadoshombros,sostuvesuígneamiradaycontotalpremeditaciónalcélacaderaen
unamudainvitación.
Sin embargo, él permanecía estático, erguido sobre mí, con los brazos tensos y sus ojos
devorandomirostroconunaextrañaexpresiónextasiada.
—Adorosaborearcadaunodetusgestos,esaschispasquedespidentushermososojosdorados,
lasutiltensióndeturostro,laávidaplenituddetuslabiosqueparecenpediragritosquelosdevoren,
lasúplicadesgarradoradetumirada,lasensualferocidaddetuscaricias.Pero¿sabesquéesloque
másmesubyuga?—inquirióenunsusurroquedoygrave.
Neguéconlacabeza,cadavezmásurgidaporeldeseopalpitantequepunzabamivientre.
—Lamúsicaquecomponentusgemidos;notienesideadelacantidaddesonidosdiferentesque
emitescuandoteposeo,podríatenerunorgasmosóloescuchándote.
Derepente,lalobatraviesayjuguetonademiinteriorsurgiódominandolasituación.
—Veamossiesoesverdad—musitémientrasesbozabaunasonrisainsinuante.
Gunnarabriólosojosclaramenteconfundido,perocuandovioquemetíaenmibocadosdemis
dedosylossaboreabaconfruición,undeseoacucianteoscureciósumirada.
Sin apartar los ojos de los suyos, llevé mi mano hacia mi sexo, decidida a procurar un
momentáneoalivioalanheloquesacudíamicuerpo.
Gemíalaprimeracaricia,memordíellabioinferiorymecontoneécontramipropiamano.
—Nocierreslosojos,¡mírame!—meordenó.
AsílohicemientrasgozabademispropiascariciasbajolaatentaysufridamiradadeGunnar.
Jadeabacadavezconmayorintensidad;elplacermesacudía,yverlatorturaylacontenciónen
sus ojos acrecentaba mi goce, aumentando el ritmo de mis caderas. Cuando casi llegaba al clímax,
Gunnarmedetuvo.
—Esepremioesmío.
Se deslizó raudo entre mis piernas y su lengua terminó lo que mi mano había empezado. Mis
gemidos ya eran gritos de placer desquiciante; la voracidad de su lengua estaba acabando con mis
sentidos. Estallé en un orgasmo burbujeante que convirtió mis venas en ríos de lava. La tensión se
disipóenunalaxitudagradecida,yflotéenunanubedistendidaymullida,deauténticaingravidez.
—Deliciosa—murmurómientrasseincorporaba.
Sealzónuevamentesobremí,regalándomeunasonrisalujuriosaeincitante.
—Hastentadodemasiadoalleón,loba,notendrépiedaddeti.
—No quiero tu piedad —gemí, con voz ronca y sensual—, quiero que me destroces como la
bestiaqueeres.
Atrapó mi boca en un asalto feroz y hambriento; su lengua ansiosa buscaba refugio con
desespero, sin dar cuartel, retándome en una danza alocada, manejada por los hilos de un deseo
incontrolado.Sentílasgarrasdesusdedoshundiéndosebruscamenteenmicarne,comosibuscarael
alivio más allá de mi piel. Ya no éramos dos cuerpos en busca de placer, no; éramos dos almas
sedientas,clamandounafusión.
En una única y violenta embestida, me penetró completamente y, sin moverse de mi interior,
siguiódevorandomibocacomosideellamanaraambrosía.Elplacermesacudía;micuerpoluchaba
por moverse, pero el enorme cuerpo de Gunnar me inmovilizaba contra el colchón. Me había
convertidoensupresa,peronoseríaelúnicoqueibaadisfrutardelfestín.
En busca de oxígeno, Gunnar se separó apenas, para clavarme una flamígera y enardecida
miradafelina.Vioenmisojostaldesesperaciónquesulocuraaumentó,oscureciendosusemblante.
Mi león salió despacio de mí; la tensión de su rostro mostraba claramente la contención y el
placerquelodesgarraban.Denuevo,sehundióenunsoloybruscomovimiento.Gruñó;grité.
Sujetó mis muñecas por encima de mi cabeza y mordió mi garganta, como una alimaña
enloquecida.
Salía lenta y sufridamente de mí, mientras se sumergía en mis ojos, para luego encajarse con
brusquedad,permaneciendouninstanteenmiinterior,altiempoquedevorabamislastimadoslabios.
Continuóaquelladulcetortura,convirtiendomisangreenlavacandente;inclusopenséquemis
huesos se fundían. El tórrido placer que me sacudía en oleadas de fuego me elevaba a una agonía
electrizante,amenazandoconconvertirseenunaverdaderaciclogénesisexplosiva.
Desesperada porque acelerara el ritmo, me debatí contra él. Gruñí furiosa, luché contra aquel
giganteenloquecidoycruelquemesometíaaunplacerdesesperante.Elloboclamóporelcontrol.
Cuando ya se inclinaba de nuevo en busca de mis labios, sorteé rauda su boca y mordí su
hombro.
Gritóasombrado,notuvotiempodemás.
Loempujécontodasmisfuerzas,apartándololosuficientecomoparaescapardelaprisiónde
sucuerpo.Sevolvióparaapresarme,yenesemomentologréponermesobreély,ahorcajadas,lo
tomécomomío.
Gunnarexhalóunlargogemidosofocadodeasombroyplacer.
Ahora yo lo gobernaba. Incliné la cabeza hacia atrás y cabalgué melosa y lánguida sobre sus
poderosas caderas. Sentía su dureza palpitando en mi interior, su cálida tersura deshaciéndome las
entrañas,susmanosamasandomispechos,ygemíincesante.
Impuse un ritmo lento y pausado, en venganza, hasta que mi propia urgencia dominó la
situación.
Apuntodeexplotar,sumergidaenelrefulgiresmeraldadesusatormentadosojos,saboreécada
gesto,cadagruñido,cadaexhalacióny,advirtiendounaincipienteculminación,meinclinésobresu
impresionantepechojadeanteylobeséconsañasinquemiscaderasdejarandedanzar.
Ungritoaliviadosurgiódesdelomásprofundodesugarganta.Unadesusmanosseaferróa
misnalgas,oprimiéndolasconferocidad,mientraslaotraapresabaminuca.Elbesofuecasiunacto
de auténtico salvajismo. Nuestros dientes chocaban, nuestras lenguas ondeaban enloquecidas,
nuestroslabiosseoprimíancondesespero.
El clímax más exacerbado envaró mi cuerpo, me sacudí abruptamente como sometida por
cientosdedescargaseléctricas,presadeunorgasmodesgarrador.
Nuestrosgritoslibertadoresrompieronlapenumbradeunamanecerfrío,quebrandoelsilencio,
atravesandolostempranosrayosdeunsoldesteñido.
Lánguida y trémula, dichosa y colmada, me abracé a su amplio y musculoso pecho con una
sonrisasoñadoraenmirostro.Adorabaescucharcómoloslatidosaceleradosdesucorazónbajaban
deritmopaulatinamente,sentirlacalidezdesupiel,elcosquilleodelescasoyseductorvellodorado
que adornaba el centro de su fornido pecho, el sutil aroma almizclado que manaba de su cuerpo
comounhalomagnéticoquemeimpedíadespegarmedeél.
Me rodeaba con los brazos, sus dedos acariciaban con suavidad mi espalda. Aquél era mi
paraíso,elquetantobusquéatravésdelossiglos.
—Nuncaseacaba—murmurópensativo,todavíaconlavozrotateñidadedeseo—.Daiguallas
vecesqueteposea,estemalditodeseomesiguequemandolasentrañascomolaprimeravezquete
tuveentremisbrazos.
Alcéelrostrohaciaél,encontrandounamiradaconmovida.
—En aquel knörr, en mitad del océano —recordó con una sonrisa nostálgica—, rodeados por
mis hombres, apenas ocultos tras el velamen. Sentada sobre mis rodillas... —Suspiró; su expresión
adquiriógravedad—.Ésafuelaprimeravezquemedesnudéanteti,peroestabastancentradaentu
determinacióndedominarmequenoreparasteentodoelamorqueyasentíaporti.
—Tal vez no conscientemente —repuse—, pero, desde luego, en cada uno de nuestros
encuentrosplantabasunasemillaquefuegerminandohastaconvertirseenunaplantamonstruosa.
Supechosesacudióconunaprofundacarcajada,yamíconél.
—Monstruosa,¿eh?,yatevoyadaryomonstruo.
—Ni se te ocurra volver a tocarme por hoy —me quejé entre risas—, o esta noche iré dando
traspiésenlafiestacomounanimalmalherido.
—¡Loqueeres!
Loempujéburlonaymeseparéaregañadientes.
—Nosubestimeselpoderdellobo.
—Nosoytanaudaz—replicóconunaampliaysocarronasonrisaquemetentódevolverasus
brazos.
Melevantédelacamay,desnuda,recogílaropadelanocheanterior,diseminadaporelsuelode
lahabitación.
—Mmmmmm... —ronroneó, mientras me observaba—; si tu intención es ir sola a la ducha,
deberíasprivarmedeesteespectáculo,noquerrásdespertaral...monstruo.
Lelancémisosténylocogióalvueloentrerisas.
—Nonecesitasesto:aunqueahoratuspechosesténmásllenos,siguentanaltivosyespléndidos
comosiempre.
—Miespaldanoopinalomismo;sinofueraporél,creoqueandaríaencorvada.
—Ven,pobreloba,tedaréunmasajeparacalentarlelacomidaamilobezno.
Neguésonrienteconlacabeza.
—Ambossabemosenquéacabaríaeso.
Una punzada tensionó mis opulentos pechos y, como si estuvieran sincronizados, un lamento
agudoeiracundosurgiódelreceptormóvilquehabíasobrelacómoda.
Ambossonreímos.
—La llamada de la selva —musitó Gunnar divertido—. Si la potencia de los pulmones es
indicativodesalud,nuestrocachorroesunroble.
Asentí,lelancéunbeso,meenvolvíenmibatadesedapúrpuraysalíraudadelaalcoba.
Conforme avanzaba por el pasillo, el llanto crecía en intensidad y ganaba dinamismo. Mi
pequeñoyhermosoKhalederaunimpacienteglotón.
Abrílapuertaymedirigíprestahacialacuna.Toméenbrazosamihijo,unrollizobebédorado
deapenascuatromeses,ymesentéenlamecedora.Abrílabatayelgorgojeoansiosodemipequeño
me arrancó una sonrisa embobada; lo puse en mi pecho. Su boquita hambrienta se cerró con una
fuerza sorprendente en torno a mi pezón, e instantáneamente comenzó el proceso de succión,
llenándomedeunasensaciónextraña;unamezcladealivio,cosquilleoytirantez.
—Eresunpequeñobárbaro,¿eh,cariño?—Sonreípresadeunaemociónmaravillosa—.Como
tupadre.
Elpequeñocerrólosojosconcentradoenalimentarse,mientrasyoacariciabaconeldorsode
mipulgarsusonrosadamejillaredondeadaysedosa.
Eraminiñodoradocomoelsolybrillantecomolaluna.Sucabelloclaro,ysorprendentemente
espeso,serizaba,comoeldeCupido,enbrillantesondas.Susojosrasgadoseranclaros,perodeun
color inconfundible ya: ámbar, como los míos y como los de mi padre en otro tiempo, de quien
llevaba el nombre. Si hubiera sido niña, se habría llamado Eyra. Y Eyra llegaría, no albergaba
ninguna duda. Gunnar adoraba a los niños, también yo, y hacerlos era nuestra perdición. Volví a
sonreír.No,nuncaseacababa,pensé;esedeseoinagotablenosconsumíaacadainstantecreciendoen
lugardeaplacarse.¿Porqué?Nolosabía,talvezfueraeldeseoacumuladodurantesiglos.
Unlevísimochirridocaptómiatenciónhacialaentornadapuertadelahabitación.
Gunnarestabaallí,asomado,observandoconsemblanteenamoradolaescena,semidesnudo,con
elcabellorevueltoyladulzuraenlosojos.
Lesonreídichosayorgullosa,embargadaporlamismaemoción.
Porfinelfrutodenuestroamorhabíalogradonacer;porfinmicuerponosólofuereceptorde
vida, sino que consiguió traerla al mundo. Por fin las lágrimas que había derramado por los hijos
arrebatadoserancompensadasconcreces,conunafelicidadúnicaymágica,quecolmabamipecho
demaneracontinua,hastahacermepensaravecesquemereventaríaelcorazóndejúbilo,porcada
momentovivido.
Gunnarabriólabocaypronuncióensilenciounafrase.
—Osamo.
Y se alejó rumbo a la ducha, dejándome con la mirada húmeda y una expresión de plenitud y
dichaindescriptible.Yopronunciéotra.
—Gracias,destino.
2
Reencuentros
Rumbo a la Tønsberg Station, tarareaba una canción de cuna típica noruega, mientras Gunnar
conducíanuestroLandRovernegroconexpresiónconcentradayunadulcesonrisaenloslabios.
MipequeñoKhaledestabaencasa,alcuidadodeRonaSorensen,unamujerdemedianaedadque
ayudaba en la granja, o hytte, como lo llaman en Noruega. Vivía con su marido, Arne, y su hija
adolescente,Anniken,enunacabañacercanaanosotros.
Soro,godtbarn.
Morspinnerblåttgran.
Farkjørerplogen,
søstergåriskogen.
Søstergjetersauene
langtnordihaugene.
Bukkengårilunden
medlauoggrasimunnen.
Gunnarsacudiólacabezadivertidosinapartarlosojosdelacarretera.
—Esunacanciónpegadiza,¿eh?—adujotomandounacurvaaladerecha.
Susgrandesmanos,quegirabanelvolanteconsuavidad,resultabanexcitantes.Queunhombre
de su complexión, con su imponente anatomía, fuera al mismo tiempo delicado y sutil en sus
movimientosañadíamásfascinaciónsicabíaasuyadespampananteatractivofísico.
Suspiré. Esta vez sí me miró un instante, con una media sonrisa y expresión inquisitiva.
Contemplé su hermoso y varonil perfil: llevaba la melena recogida en una cola; sentí deseos de
liberarlayhundirlasmanosenella.Memordíellabio,alejandopensamientoslascivosdemimente.
—Sí—admití—,RonaestátodoeldíacantándoleesacanciónaKhaled,seguroquesuprimera
palabraserá«oveja».
Soltóunaalegrecarcajadaquereverberóenelhabitáculo.
—¡O«cabra»!Tunoruegoyaescasiimpecable,aunquenotantocomomiespañol.
Ledediquéunamiradareprobadora.
—Rubito,tuespañoles...gracioso.
Gunnarfruncióelceñoyarqueólacejaizquierdaenunmohínincrédulo.
—Morenita,miespañolesdesobresaliente...
Carraspeó y comenzó a cantar la traducción de la nana que yo había comenzado, So ro, godt
barn,«Asíquetranquilo,buenhijo»,repitiendolamismaestrofa.
Asíquetranquilo,buenhijo.
Mamáhilaelhiloazul.
Papáconduceelarado,
ytuhermanacaminaenelbosque.
Tuhermanapastorealasovejas
alnortedelascolinas.
Lacabracaminaenelbosque
conhierbaylaurelenlaboca.
Mecontemplóinterrogante,antesdefijardenuevosuverdemiradaenelasfalto.
—Tienesundejeextrañoentuacento,jamáspasaríasporespañol—leaguijoneéburlona.
—Soyunbrutovikingo,¿no?Tevasaenterarcuandoteacorrale.
Alargólamanoymepellizcóelmuslo.Soltéungritoylediunmanotazoentrerisas.
—Yametienesacorraladaentucoche.
Volvióaarquearseductoramentelaceja,ysusonrisaseensanchótaimada.
—Preciosa,nometientes,porquetejuroquetomolaprimeradesviaciónytedemuestrocuán
brutosoy.
Lesaquélalenguaburlonayélhizoademándegirarenelprimerdesvío.
—Noooo...—Reídivertida—.¡Estásloco!
Mesonriótraviesoyvolvióaconcentrarlaatenciónenlacarretera;entrabámosenTønsberg.
—Sí—concedió—,ypiensoseguirestándolomuchosaños.
Laestacióndetrendelaciudadsehallabaenelcentroneurálgicodelaurbe,alestedelacolina
deSlottsfjell.
Sonreí;enapenasveinteminutosestaríaabrazandoamiqueridísimaamigaElena.
Se había perdido mi boda y, por motivos laborales y personales, no había podido venir a
visitarnos,hastahoy.Ynolohacíasola.
—Teníaquesermusulmán—mascullóGunnarfingiendodesaprobación.
—Yoyadudabadequeexistieraalguiencapazdehacerlesentarcabeza;almenosnohatenido
quecontactarconextraterrestres...
Gunnarsoltóunacarcajadaysacudiólacabeza.
«Quégranintuiciónlamía»,penséasombrada.
Recordé vívidamente cómo, con su espectacular melena roja y su aleteo infalible de pestañas,
embaucabaaunpardedesconocidosparaquenosllevaranmismaletas:elejecutivoyeltalibán.«Me
gusta el cordero», dijo ella, sin saber que se convertiría en eso mismo, en un corderillo manso y
dócil, que idolatraba a su pastor. Reí para mis adentros. Yusuf ibn Sarîq debía de tener algo muy
especialparaquelaalocadaElenaabandonarasuactituddeagresivadevorahombres.
Laestacióneraunaestructuradeladrillomarrónoscuro,pequeñaycontejadoalestilonoruego,
coneseencantorústicoperocuidado,característicodelaarquitecturadelaciudad.
Gunnarestacionóelvehículoenelaparcamiento,perfectamentedelimitadofrentealaentrada,y
paróelmotor.
—Sitesoysincero—comenzóadecirtrasdarunlargosuspiro—,meintimidatuamiga.
—No se come a nadie. —Me detuve un instante para agregar—: Bueno, ya no. ¡Oh, venga,
vamos!¿Unvikingocomotútemeaunapequeñapelirroja?
—Yosóloletemoaunacosa.
Susemblanteprontoadquiriógravedad.Sushermososojosdegato,tanverdescomolasaltas
colinasquenosrodeaban,metaladraronconunaintensidadquemesecólagarganta.
Ni siquiera tuvo que decirlo, lo leí tan claro en su rostro como si su potente voz lo hubiera
gritadoaloscuatrovientos:perdermedenuevo.
Meinclinéhaciaélybesésuslabioscondulzura.Gunnaraferróminucaconunamano,conla
otra abarcó todo mi mentón para inmovilizar mi cabeza, y devoró con exigente minuciosidad mi
boca.
Esa hambre implacable, agotadora e insaciable aparecía con tan sólo mirarnos, con un simple
roce inocente, con un casto beso sin pretensiones. Siempre estaba ahí, latente, presta a explotar,
obnubilandonuestrossentidos.
Haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, logró separarse de mí. Gruñí insatisfecha y
ardiente,ylocontempléconlamiradaturbiaporeldeseo.
Gunnar maldijo entre dientes, se agarró con las dos manos al volante e inclinó la cabeza,
respirandoagitadamente.
Intentéacompasarlarespiración,ycontempléamialrededorpararecuperarlacalma.
—Deberíamos...
—¡Saldelcoche!—ordenó.
Gunnarsevolvióparamirarmey,consemblantetensoeindescifrable,resoplóysaliódelLand
Rover;luegocerróconunportazo.
Loimitécontrariadayconfusaporsuhurañaactitud.
—Pero¿qué...?
Metomóbruscamentedelamanoysinmediarpalabracasimearrastróagrandeszancadasal
interiordelaestación.
Grupos de personas deambulaban en diferentes direcciones; otros se detenían a mirar los
panelesdigitalesqueanunciabanlassalidasyllegadasdelostrenes.Gunnarcasiembisteaunapareja
ensuafánporllegaraunodelospasilloslaterales.
Algirarenunrecodo,enfilóhacialosserviciosy,antemiestupefacción,entramoscomouna
trombaenellavabodeseñoras.Unamujerdemedianaedaddejócaersobresaltadaelpintalabioscon
elqueseretocabaynosmiróescandalizada,antesdecorrerhacialasalida.
—Eresun...
—Bárbarodeldemonio,losé.
Meadentróprecipitadamenteenunodelosinmaculadoscompartimentosparaváterycerróla
puertatrasél,aprisionándomeconsuenormecuerpocontraeltablerolateral.
—Essuperioramisfuerzas—susurrócontramicuello.
—¿Quéessuperioratusfuerzas?
—Tú;soyincapazderesistiresaexpresiónlascivayexcitadaqueponescuandotetoco,vertus
labioshinchadosyenrojecidos,pidiendomás,es...superioramisfuerzas.Esto...mesupera.Cadadía
lanecesidaddetenerteaumentadeformapreocupante.Medeclarotuadicto,tuesclavo,tufervoroso
adorador.
—¡Cállateytomaloquevinisteabuscar!
Fue como si se hubiera desatado un vendaval en aquel minúsculo receptáculo. La boca de mi
hombre devastaba la mía, con besos incendiarios. Sus manos apartaban hoscamente la tela que lo
separabademipiel;lasmíasluchabanpordesprenderlodelaamericanamientrasnuestraslenguas
forcejeabanporelcontrol,ávidasydesesperadas.
Gunnarmealzóunapierna,arrancóconfierezamiropainteriorymepenetróconviolencia.
Ahoguéunaexclamación,clavélasuñasensusnalgasyderramémisahogadosgemidosensu
dulceboca.
Una y otra vez mi cuerpo golpeaba de forma rítmica el tablero donde se apoyaba mi espalda.
Gunnar me elevó sobre sus caderas y, con las piernas fuertemente enlazadas a su cintura, fui
recibiendosusenérgicasembestidas,hastacasidesfallecerdeplacer.Sentíasucálidoyentrecortado
alientocontramicuello,asícomolasensualmelodíadesusgruñidossofocadosydemisapagadas
exhalaciones,queflotabanenaquelbaño.
—Mía—susurróentredientes.
Sus manos me sujetaban por las nalgas, clavándome con fiereza sus fuertes dedos en la piel.
Aceleró sus movimientos, hasta que, envuelta en una bruma de pasión desbordante, estallé en un
clímax desgarrador. Arqueé la espalda y me convulsioné sometida por una miríada de descargas
eléctricas. Gunnar continuó su alocada danza, completamente ajeno a cuanto nos rodeaba; por un
instantetemíqueeltableronoresistieranuestroempuje.
En una última y profunda embestida, escapó de sus labios un largo, susurrado y quebrado
gemidoliberador.Agarrésucoletaconlasdosmanosytirédeellaconvehemencia,paraalzarsu
rostrohaciamí.Cuandomemiró,todavíasacudidoporelplacerquelotensaba,tomésubocacon
ansia,saboreandohastaelúltimodesujadeos.
—Mío—musitécontrasuslabios.
—Hastaelfindelostiempos—respondió.
Medeslizóhaciaabajoconlentitud;cuandopuselospiesenelsuelo,Gunnarestirólosbrazos,
unoacadaladodemicabeza,conlaspalmasapoyadaseneltablerodemiespalda,ypegósufrentea
lamía.
—Freya,unodeestosdíasséquevanadetenernos;sóloesperoquenosdejencompartircelda.
—Sí,ymásvalequenoseadebarrotes,semeclavaríanenlaespalda.
—Sifueradebarrotes,estaríamossalvados—repusodivertido—,losfundiríamos.
Cuandosalimosdelbañopúblico,yoconmivestidoazulcobaltodefinoalgodónarrugado,el
cabello desaliñado, las mejillas encendidas y los ojos brillantes, sentí una profunda envidia por la
impecableaparienciadeGunnar,queseguíaatrayendolamiradadelasmujeresquenoscruzábamos.
Con su americana azul marino, de corte informal, su suéter beige con cuello en uve y sus
vaqueros azules oscuros, de cintura baja, que ceñían sus poderosas y largas piernas, cortaba el
aliento. No entendía cómo su cabello seguía estando perfecto, ni cómo su semblante mantenía una
expresióncortésysosegada,comosinuestrobrutalencuentrodeapenasunosminutosatráshubiera
sidosóloproductodemiimaginación.
Sentísusojosesmeraldasobremí,algoconfusospormiexpresión.
—¿Cómolohaces?
—¿Acuáldelasmuchascosasquehagoterefieres?
—A la de conservar un aspecto impecable, cuando hace apenas un instante eras una bestia en
celo.
Rioaltanero,alzandotraviesounaceja.
—Guardomibestiaenelinteriorcuandonolanecesito.
Meatrajohaciaélycaminamoscogidosdelacintura.
Salimosalandénjustocuandountrensedetenía.
Miré el reloj y sonreí: la puntualidad de los noruegos rayaba en lo sobrenatural; cómo
controlabanlasincidenciaseraalgoquemedesconcertaba.
LosdedosdeGunnarseenlazaronentrelosmíos.Laimpacienciameconsumíaysentíunaleteo
enlabocadelestómago.
Derepente,preocupadapormidesaliño,estirélafaldademivestidoyahuequémimelena.
—Estás preciosa —confirmó Gunnar con una amplia sonrisa—; si no me crees, puedes
comprobarloenlaembobadamiradadeesosdos.
Dos hombres me contemplaban con fijeza y con expresión admirada. Uno de ellos me resultó
extrañamentefamiliar.
Gunnar me guiñó un ojo antes de dedicar a aquellos hombres trajeados una sonrisa
condescendiente.
Anuestraderecha,restallóungritocasihistéricoqueinmediatamentereconocí.
Todosloscongregadossevolvieronsobresaltadosenesadirección.
Corrí hacia ella, que venía hacia mí con los brazos abiertos y una expresión de auténtica
felicidadenelrostro.
—¡¡¡¡Aaahhhhhhhhh,Vicky!!!!
—¡¡¡Elena,amiga!!!
Nosfundimosenunabrazointenso;aspiréladeliciosafraganciadesucabelloylosrecuerdos
measaltaron,arrancándomeunaluminosasonrisa.
Juntasenunacafetería,enmiapartamentoodeambulandoporlastaperíasdelcascoantiguode
Toledo.Muertasderisaconsusocurrencias,llorandoabrazadasporundesencuentroodesahogando
nuestrasfrustraciones,pero,sobretodo,compartiendoydisfrutandodeunafantásticaamistad.
Cuandologramossepararnos,ambasconlágrimasenlosojos,observémaravilladasuaspecto.
Sucabellorojolucíamáscorto,conuncortedespuntadoycapeadoquedabamásmovimientoa
sus rizos y la hacía parecer más joven de lo que era. El sol de la mañana le arrancaba destellos
cobrizos;sushermososojosavellanarefulgíandichosos,deambulandopormirostrocompletamente
emocionados.
—¡Diosdelcielo!,¿cómopuedesestarmásguapadeloquerecordaba?—inquirióenvozalta,
antelaevidentedesaprobacióndelosviandantes.
Elenamiróasualrededorconelceñofruncidoyagregó:
—¿Yporquécuernosmemirancomosifueraunbichoraro?
—Porqueloeres.
Me volví hacia la profunda y melodiosa voz que acababa de hablar y me encontré con una
miradadulceyoscura,yunasonrisatraviesa.
—Eresmibichitoraroyencantador—pronunciódirigiéndoseaElena,quelomirabaarrobada.
Elhombrealargólamanohaciamíyyoselaestreché,sonriente.
—ElgranYusuf,imagino.
Asintióaltiempoqueinclinabacortéslacabeza.
—Esperoquenoterefierasamitamaño.
Eraunhombrealtoycorpulento;notantocomoGunnar...pocosloeran,inclusoenelpaísde
los gigantes, pues Noruega tenía una media de altura impresionante. Aun así, era un tipo grande;
evidentemente sus rasgos eran árabes: tez acanelada, nariz algo aguileña, ojos alargados y negros
comoelónix,demiradasagazymentónpronunciado.Noeraunhombreguapo,perosíatractivo,
con un único rasgo destacable: su boca de labios generosos y bien delineados, enmarcados en una
barbarecortadayelegante,tannegracomosucabello.
—Mereferíamásbienatusvirtudes,quedebendesermuchas,paraencandilaraElena—aclaré.
Yusufmiróalaaludidaconunasonrisapícarayasintió.
—DoygraciasaAlátodoslosdíasporeso.
Oí a Elena suspirar a mi lado; jamás en toda mi vida la había visto en semejante estado de
enamoramiento.
—Paragrande,esetipoquevienehaciaaquí—adujoYusuf.
MevolvíjustocuandoGunnarenlazabamicinturayalargabalamanohaciaYusuf.
Elena abrió los ojos de forma desmesurada, para luego dirigirme una mirada cómplice de
aprobación.
—Hola,Yusuf,encantadodeconocerte.
Yusufasintiólevementeyleestrechólamanocortés.
—Lomismodigo,Gunnar.
Ambossesostuvieronuninstantelamirada,mientrassusmanosseguíanunidasenelapretón;
comodosmachossospesandosusfuerzas,antesdeuncombate.
Porúltimo,GunnarsevolvióhaciaElenaylededicóunasonrisagentil.
—Hola,Elena.
Ya se disponía a alargar la mano en su dirección, cuando ella se le abalanzó y de puntillas se
enlazóasucuello,estampándoleunsonorobesoencadamejilla.
—Estoesunsaludoalaespañola—manifestóconunasonrisaorgullosa.
»Encantada de verte —hizo una pausa intencionada y esbozó una sonrisa cómplice—, por
segundavez.
—Lomismodigo.
Elena me rodeó el brazo y comenzó a caminar dejando tras nosotras a los hombres, que nos
siguieronaunadistanciaprudencial.
—Vaya,vaya,tugiganteesunbombón,todounmodeloderevista,estámástremendodeloque
recordaba—siseóentredientes,altiempoquesevolvíaparaecharfurtivasmiradashaciaatrás.
—El tuyo tampoco está mal —repuse completamente contagiada del efecto Elena, que nos
retrotraíaanuestraalocadaadolescencia.
—¡Ay,amiga,memoríaporverte!¡Tengotantascosasquecontarte!
Ambasreímosentusiasmadas.
3
Unbuenprincipio
UnsilbidoadmiradoescapódeloslabiosdeElenacuandosaliódelcoche.
Con los brazos en jarras y una expresión entre asombrada e incrédula, contemplaba nuestra
hermosacasadecedro,alpiedelacantilado,sobreelfiordodeSteinsfjorden.
Ciertamente era una estructura impresionante, una sincronía perfecta entre lo rústico y lo
moderno.Teníauntejadopronunciado,hastaelsuelo,eficazparalasabundantesnevadasinvernales,
yresistentesparedesdetroncos,queotorgabancalidezyaguantabanlosfuertesvientosqueazotaban
lacumbre.Noobstante,losgrandesventanales,deunapieza,aligerabanlapesadezdelamaderay
ofrecían unas vistas impresionantes del lago. La casa poseía dos amplias balconadas, de cara al
acantilado:unaenelpisosuperior,abiertaaunenormesalón,yotramáspequeñaenlahabitación
principal,situadaenlabuhardilla,degenerosasdimensiones;lanuestra.
Conlallegadadelbuentiempo,solíamosdesayunarallí,aspirandoelfrescoaromadepinosy
abetosylafraganciaalavanda,quecrecíaenlaladeradelamontañaextendiendosumantoazulado
porelhorizonte.Elairelímpidoyoxigenadonosdabalosbuenosdíasylasbuenasnoches.Aquellos
parajeseranmihogar,miparticularparaíso,aunquehubieradicholomismodeunterrenoabrupto,
yermoydesolado,siempreycuandoGunnarestuvieraamilado.
—¡Impresionante! —murmuró Elena. Sus vivaces ojillos revoloteaban inquietos por toda la
propiedad,hastaquelosdetuvoenmí.
—Nena,muymallotuvistequepasar,sí,porque...pedazoderecompensa,guapa.
—Anda,vamos;cogeaireotedaráuntabardillocuandoveaselinterior.
Arqueólascejas,todavíaboquiabierta.
—¿Aúnesmejor?—inquirióincrédula.
—Sóloesacorde—intervinoGunnar.
Avanzábamos hacia la entrada principal, donde se abría el porche, con sus mullidos sofás,
repletosdecojines,lámparacolgantesyunaextensamesaalargadaconbancosaamboslados.
—¡Diossanto,creoquevaisatenerqueecharmeapatadasdeaquí!
Soltéunacarcajada,másporlamiradaespantadadeGunnarqueporelcomentario.
—Siénteteentucasa,Elena—profirióGunnar—,peronoolvidesquenoloes.
Leclavéelcodoenlascostillas,mirándoloconreproche.Gunnarexhalóunlevequejido.
Elenasedetuvo,lomirócongravedadyestallóenrisas.
—Tranquilo,grandullón,nopuedoolvidarlo;miapartamentoseguramentetendráeltamañode
unodetusaseos.
La sola mención de esa palabra encendió un rubor en mis mejillas. De inmediato recibí la
miradatraviesadeGunnar,consuseductoramediasonrisaautosuficiente.
—Elena,estababromeando;puedesquedarteeltiempoquequieras—confesóGunnar.
—¡Ja!,ahorasíquetetomolapalabra.
Ycongestoburlón,leguiñóunojoysecolgódemibrazo.
OíresoplaraGunnaramiespaldaysonreí;seríainteresantedescubrirhastadóndellegabael
aguantedemivikingo.
Rona salió a recibirnos secándose las manos en el delantal. Junto a ella estaba Thor, nuestro
inmenso terranova negro, que, jadeante, saludaba amigable a los invitados, meneando su cola e
inclinandoligeramentelacabezaenesperadealgunacaricia.Hundílosdedosensuespesoysuave
pelajedeunnegrocasiazuladoquedestellababajoelsol.
Rona era una mujer madura, algo robusta y de imponente estatura, de cabellos trigueños y
lacios,estiradosenunapretadomoñobajoquedejabaaldescubiertounrostroredondo,demejillas
sonrosadas, nariz pequeña, grandes ojos azules y expresión beatífica. Habría sido un estupendo
general:supersonalidaddisciplinada,superspicacia,sucapacidaddetrabajo,laescrupulosarigidez
desuspropiasnormasylacuidadosaorganizaciónhastadelmásmínimodetallelaconvertíanenun
tesoroparamíalahoradellevarlagranja.
Clavósuagudamiradadehalcónenmisinvitados,sometiéndolosaunaminuciosainspección
visual.
—Rona,éstossonElenayYusuf.
Elenaimitósusaludoanterior,dejandoalagranRonadeltododesorientada.«Elenauno,Rona
cero»,pensédivertida.
Tras los dos sonoros besos recibidos, se aclaró la garganta y, cuando Yusuf se acercó a ella,
involuntariamentediounpasoatrás.
Cuandoelhombreextendióelbrazo,elsemblantedelamujerdeinmediatoserelajóaliviadoy
leestrechóconbríolamano.
ReprimíunacarcajadacuandoviondearelbrazodeYusufcomosifueraunacuerdaalviento.
—Encantada;pasen,lespreparéelalmuerzo—anuncióRonaconeseacentohoscoygravecon
quehablabamiidioma.
GunnarlepalmeóamigablementelaespaldaaYusuf,queabríasincesarsumanoderecha,enun
intentodequelasangredenuevolarecorriera.
—Éstaeslabienvenidavikinga.
Yusufasintióintentandosonreírsinconseguirlo.
—¿OshabéiscaídotodosalamarmitadePanoramix?—inquirióceñudo.
—Lapociónlaaprendiódenosotros—replicóGunnarsocarrón,cediéndoleselpaso.
Elena revoloteaba, entre exclamaciones sorpresivas, por la gran entrada donde se abría la
ampliaescalinataalpisosuperior.Aladerechaseencontrabaunavastasaladeestarconunalarga
rinconeradepielbeigefrenteaunaimpresionantechimeneadepiedranatural;másallá,uncomedor
acogedorenunrincónacristalado,porelquesecontemplabaungranarce,detroncoimponente,y
lasverdesladeras,dandolaimpresióndeestarenelexterior.Alaizquierdadelrecibidorhabíaun
corredorquellevabaaunodelosaseosdelaplantabajay,másallá,enelotroextremo,sehallaba
unacocinadeconsiderablesdimensionesyunaenormedespensa,repletadeprovisiones,yaqueera
muy normal que nos quedáramos atrapados durante las largas heladas, pues la nieve hacía los
caminos infranqueables. Adoraba esas semanas de completo aislamiento, porque las pasaba
prácticamentetiradaenlaalfombrajuntoalachimenea,sobreelregazodeGunnar,disfrutandode
cadasegundo,riendo,comiendo,jugando,amándonos,evocandorecuerdos,avecesdolorosospero
quenecesitábamosairearparaaligerarnuestrasalmas.
Solosélyyo...yahoranuestroadoradoKhaled.
—¡Es...es...demonios,eslaleche!—exclamóElenaestupefacta.
—Gunnarlaconstruyó—adujeorgullosa.
—Alucinante,ahorameexplicoesosbrazos.
—Nolohiceyosolo,nosoySansón—espetóGunnarsonriente.
—No,perocasi—repusoconadmiración.
Eché una ojeada a Yusuf, que no parecía muy complacido con la efusividad de Elena hacia
Gunnar.
—Vayamosarriba,vuestrocuartoestáenlasegundaplanta;podéiscambiarosyrefrescarossilo
deseáisantesdealmorzar.
—Iréporlasmaletas—anuncióGunnar.
—Puedequehayasconstruidoestasupercabaña—comenzóadecirYusuf—,peroteaseguroque
serásincapazdelevantartúsolounadelasmaletasdeElena,niconruedaspudimosarrastrarla;voy
contigo.
Gunnarasintióyambossalieronrumboalcoche.
Cogidas del brazo, con una sonrisa de oreja a oreja, la conduje hasta el cuarto que les había
asignado.Abrícomplacidalaspuertasbatientes.
Ubicadaenunaesquina,contabaconunventanalimponentefrentealacantilado,unagrancama
delantedelachimenea,unpequeñosofádechenillaazul,unateledeplasma,unlargoarcónalospies
delacamaysubañoparticular.Resultabaunahabitacióncálidayconfortable.
—Esto es un sueño, amiga; te juro que ni el mejor hotel con más encanto del mundo puede
compararseaesteparaísoenlasmontañas.
—Esmisueño,sí,delquenoquierodespertarnunca.
Elena sostuvo mi mirada; sus ojos avellana se humedecieron, asintió con una sonrisa
emocionadayavanzóhaciamí.Nosestrechamosenunemotivoabrazo.
—Teheechadotantodemenos...—murmurócontramipelo.
Cuandonosapartamos,noscogimosdelasmanosylasagitamoscomoadolescenteshistéricas.
—Aaaahhhh... —exclamó y dejó escapar una risita alborozada—; van a ser unos días
inolvidables,losé.
Asentíigualdeilusionada.
—Yahora,muchacasa,muchopaisaje,pero¿dóndeestáelFerreroRocher?
La miré confundida, pero alerta a sus siguientes palabras; de repente entendí y estallé en una
carcajada.
—Sí,tupequeñobombóndorado,tuKhaled.
Sinparardereír,tuvequesentarmeenlacama,dobladaendos.
—Loserviré...enelpostre—logrédecirentrecarcajadas.
Elenasesentóamilado,contagiadapormirisa;ambasnostumbamosenlacama.
—Ñam,ñam...quérico...
Estallábamos en carcajadas cuando entraron Gunnar y Yusuf rojos como pimientos por el
sobreesfuerzo,sudandoyfulminandoaElenaconlamirada;lasrisotadasdeambasaumentaron.
—Ahorasímecreoquevienesconintencióndequedarteavivir—gruñómalhumoradoGunnar
mientrasselimpiabaelsudorconelantebrazo.
—Sisólosoncuatrocosillas—replicóElenaentrerisas.
—¿Cuatro cosillas? —se quejó Yusuf—. ¿Cuándo desmontaste la catedral de Toledo para
traérteladespiezada?
—¡PorDiosbendito,paradomemeo!—profirióriendoamandíbulabatiente.
Elenaselevantódelacamacomounrayoyfuederechaalbaño.
—¿Lacatedral?—inquirióGunnar—.¿Nolehasdichoquesomosunosbárbarospaganos?
Yusufrioconganas.
—Creoquesehaempeñadoencristianizarnuevosterritorios,mírameamí.
Conlamanosenlamandíbula,queyameempezabaadoler,oílavozdeElenaatravésdela
puertacerrada.
—¡Mierda,nohellegado!
Lascarcajadasinundaronlahabitación.
Gunnar,queselimpiabalaslágrimasconlapalmadelamano,observabacómoYusuf,apoyado
ensusrodillas,sesacudíaentrerisotadas.
Mehizounaseñalhacialapuerta,metendiólamanoyyamásrecompuestalaacepté.
—Osdejamos—murmuró—,ahorasínecesitáiscambiaros.
Yusuf asintió sin mirarnos, alzó una mano a modo de despedida y abandonamos la habitación
todavíaentrerisasycogidosdelacintura.
—Unbuenprincipio,¿nocrees?
Gunnarbesómifrenteyasintiófeliz.
4
Reminiscenciasdelpasado
La fiesta de nuestro aniversario sería una simple reunión de amigos, charla, cena y copas; eso sí,
formal,loquesuponíapuestadelargo.
Después de dar el pecho a mi Khaled, bajo la enternecida mirada de Elena, ambas corrimos a
prepararnos.
Paralaocasiónmehabíacompradountrajedesedasalvajeencoloramarillo,estilosirena,que
seceñíaamitalleparaabrirseamitaddemuslo.Porfortuna,comoyameanticipólamatrona,había
recuperadolafigurarápidamentegraciasalalactancia,yporsupuestoalejerciciofísico.Gunnary
yosalíamosacorrercasitodaslamañanas,montábamosacaballoyloayudabaenlaslaboresdela
granja,peronuestrodeporteprincipal,sinduda,erademostrarcuáldenuestrosanimalesinternosera
másvoraz.Sonreí;elúltimoasaltoenunbañopúblicohabíasidodelleón.
Conunastenacillas,remarquéconcuidadocadaunademisondas.Erauntrabajoarduoporla
longitud de mi melena, pero, cuando terminé y me miré en el espejo, comprobé orgullosa el
resultado. Mi cabello negro resplandecía en cada curva. Finalmente, recogí el lado derecho con un
pasador dorado, amontonando mis rizos al otro lado. Perfecto, al menos uno de mis pendientes
luciría.
Maquillé mis ojos, perfilándolos con sombra oscura, lo que acentuó mi tono ámbar; apliqué
máscaradepestañas,coloramismejillasy,parafinalizar,uncarmíndeuntonorosadonaturalcon
brillo.Unaúltimamiradadeaprobaciónysalídelbaño.
Gunnarseajustabalacorbatanegrafrentealespejoconmovimientossecosyelegantes;contuve
una exclamación. Estaba tan guapo que mi lobo se removió inquieto, casi salivando ante aquella
suculentaimagen.
Llevaba un traje negro, de corte italiano, que se ajustaba a sus imponentes dimensiones a la
perfección. La camisa blanca destacaba su tez bronceada por el trabajo al aire libre. Mi ojos
recorrieronladuralíneadesumandíbula,subocaampliaydulce,sunarizrecta,susaltosyanchos
pómulos y esos ojos alargados de gato, siempre acechantes, tan profundos y brillantes como los
abruptosbarrancosdelasmontañasquenosrodeaban.Llevabaelcabellosueltosobreloshombros,
dorado y brillante, pero con ese sempiterno toque rebelde e indomable que añadía una salvaje
masculinidadasuporte.
Derepente,sentísumiradareflejadaenelespejoclavadaenmí.
Perplejo y obnubilado, me recorrió despacio, prestando atención a cada detalle; sus labios se
abrieron, su mirada se encendió, sus rasgos se tensaron. Contuve la respiración cuando se volvió
haciamí.
Avanzólentamentey,acadapaso,laemociónquebrillabaensusojosaumentaba.
—Laprimeravezquetehicemíallevabasunvestidoparecido.
Aquelrecuerdo,dehacíadocesiglos,volvióamí,condetalladaclaridad.
Aquel día, en la fiesta del skáli, la casa comunal, me sacó de allí casi a rastras, temiendo que
fuera de otro hombre, mostrando con fiereza sus sentimientos, su posesión. Casi sentí aquel beso
delirante contra la empalizada, cómo me empujó hasta su cabaña, donde me tomó como suya. Esa
primera entrega debió haberme abierto los ojos: era él, mi hombre, mi destino, pero por aquel
entoncestodavíameaferrabaaRashid.
—Sí,loescogíapropósito—confesé.
Atansólodospasosdemí,sedetuvo.
Percibícontotalnitidezeldeseoquemanabadeél.Eracomoondastérmicasirradiadasporsu
cuerpo,comounafuerzaelectromagnéticaquecargabaelaireasualrededor,activandocadaunade
mis terminaciones nerviosas. Noté cómo se aceleraban mis latidos. Esa conexión mágica que nos
uníatransgredíacualquiercienciaycredo.
—¿Sabes?—dijoconvozsusurradaygrave—.Provocalamismareacciónqueentonces.
Inclinólevementelacabezayconmiradadepredadoraavanzóhaciamí.
Sus manos se aferraron a mi cintura; el calor que desprendían despertó mi piel y languideció
mis sentidos. Olía maravillosamente bien; mi consciencia pasó a un segundo plano, mi vientre
hormigueóymipezonesseendurecieron.
Gunnarmepegóaél,clavandoenmísuverdeysesgadamirada.
—Siempresupequeerastú,desdelaprimeravezquepusemisojossobreti,laotramitaddemi
alma—musitó.
Migargantasesecó;unaleteoinquietorecorriómipecho,sentíescalofríoserizandomipiely
elatronardeloslatidosenmisoídos.
—Queseas,además,lamujermáscondenadamentebellaysensualquehaysobrelatierraesun
favorquedeboagradeceralosdioses—agregómientrasseinclinabasobremiboca.
Unosrápidosysecosgolpesenlapuertalodetuvieron.Unavozfemenina,guturalyseca,llegó
enérgicahastanosotros.
—¡Losinvitadosesperanabajo!
Gunnarmesonrió,chasqueólalengua,sacudiólacabezaymesoltó.
—LosinvitadosdeberánagradeceraRonaquehoytengananfitriones.
Reí, coloqué las palmas de las manos en sus hombros y me puse de puntillas, a pesar de mis
tacones,paradarleunbesorápido.Paramiasombro,Gunnarseapartó.
—¿Acasohasolvidadoenloqueacabannuestrosbesos?Sivuelvoaacercarmeati,serápara
devorarte.
HiceunmohíndesconsoladoyGunnargruñó,meguiñóunojoymeacompañóalapuerta.
—Nometientes,nena,olafiestaacabarásiendolamássonadadelazona.
Abajo,variasparejascharlabanconanimaciónmientrasbebíanunoscócteles.Eranamigosde
Gunnar,yahoratambiénmíos.Mirélahoraenelrelojdepared,eraexactamentelahoraestipulada.
«Infalible»,medijesonriente.
Saludamosalosinvitadosconunabrazocálidoyunasonrisaagradecida.
Britta Holgen, esposa de Knute, director de una de la mayores factorías lecheras de la zona y
unodeloshombresmásfrancosquehabíaconocidoenmivida,admirómivestimenta,alabandola
elección.
—Desdeluego,querida,esimpresionantecómotehasrecuperadodelembarazo.
Su marido se ajustó las gafas de montura invisible sobre el afilado puente de su nariz y me
contemplóconaprobación.
—Sinduda,estássoberbia,Vicky,yelamarillotefavorecemucho—opinóKnute.
—Esmásuncolordemorenas,yaquínoabundan—convinosumujer.
—Gracias,Britta;túestásradiante.
Y era cierto; su melena casi albina se estiraba en un alto moño, despejando por completo un
rostroregio,defaccionesdelicadas.Suspequeñosperoaviesosojoscerúleosmostrabanelbrillode
unamenteaguda,siemprealerta;nadaescapabaasucontrol.Suvestido,deunverdemusgocasitan
intensocomolosojosdemiesposo,ceñíanuncuerpoesbelto,perosinmuchasformas.
—Ronanoshadichoqueestamañanahallegadotuamigaespañola,peronolahemosvisto—
adujoBritta,llevándoselacopaaloslabios.
—Es española —le recordó su esposo, como si esa sola indicación fuera inherente a la
impuntualidad.
JustoenesemomentoseacercóRonaconlabandejadeloscócteles;cogíunacopaymelallevé
aloslabios.
—Yardiente—intervinoRona—.Seguroquehantorcidotodosloscuadrosdelapared.Desde
lacocinaseoíanlosgolpesyalaridos;miedomedaentrarenlahabitación.
MeatragantéantelasrisasdeBrittayKnute.
Gunnar, que hablaba con Sven, su mejor amigo y uno de los principales ganaderos de la
comarca,mirópreocupadoenmidirección.
Alcélamano,enseñaldequetodoibabien,mientrasBrittapalmeabamiespalda.
—¡Diantres,Rona!—exclamé—.¿Nosabesloquesignificaladiscreción?
—Séloquesignificaeldecoro—sedefendióceñuda—.Ysiellosnoquierenquenadiesepaque
fornicancomoanimales,estanfácilcomomorderlaalmohada,digoyo.
Brittasecarcajeabamientrasaleteabaconlamanoynegabaconlacabeza.
—Ay,Rona,notecontrataríaenmicasaaunqueteofrecierassinsueldo.
Ronalafulminóconlamirada,fruncióloslabiosreprobadoramenteyalzólacabezaaltiva.
—Noveoporqué—intervinoKnute—.Túeresdelasquemuerdenalmohadas.
—¡Ja!—exclamóRonatriunfal,mientrassealejaba.
Reprimílacarcajada,portemoramolestaraBritta;sinembargo,fueellalaquerio.
—Veoqueosloestáispasandogenial.
Lisbet Amundsen, esposa de Sven, de belleza angelical, casi aniñada, de cabellos trigueños y
laciosquecaíansuavesaambosladosdesudulcerostro,nossonrióconcuriosidad.
—Hablábamos...de...las...¿almohadas?—repusoBrittaentrerisas.
—Másbiendecómosemuerden—aclarósumarido,quetambiénreía.
Lisbet me miró abriendo los ojos con asombro; me encogí de hombros, al tiempo que me
sacudíaotracarcajada.
—Diossanto,yesoqueacabamosdeempezar—intervinoLisbet.
Uncarraspeotrasdemímehizovolverme.
ElenayYusufmemirabansonrientesyexpectantes.
—Esasonrisaesinconfundible,esladeunamujerorgásmicamentesatisfecha—musitóBrittaa
misespaldas.
—Nolodudes,guapa,mihombreesuntoro—contestóElenaenperfectonoruego,conlamás
dulcedelassonrisasensucara.
—Semeolvidócomentarquehablavuestralengua—confesédivertida.
Elena había comenzado a estudiarla desde que me instalé aquí, igual que yo; en nuestros
numerososcorreosmecomentabasusavances,ymeconsultabalasdudas.
Yusuf,encambio,apenaschapurreabaalgunaqueotrafrase.
Brittaseadelantóylealargócortéslamano,yElenahizolopropio:lacogióporloshombrosy
leestampólossonorosbesosderigorenlasmejillas.
—Esespañola—lerecordéconorgullo—,comoyo;ningunadelasdosmordemosalmohadas.
—Curiosapresentación,amiga—dijoElena—,aunqueyaimaginoeltemaquetratabais.
—ÉstaesBritta,tuálteregoescandinavo.
—Yameempiezaacaerbien—afirmóentrerisas.
Algruposeacercaronlosdemás.JørgenLadjsonysuesposaJanne,MarkusAxelysuhermano
Finn. La espectacular Ingrid, una pelirroja voluptuosa, de ojos azules y rasgados, pómulos altos y
prominentesybocagenerosa,consuprimaHildur,tanaltacomoellaperobastantemásdelgaday
enjuta,decabellodelcolordelbrandiviejo,igualdebrillante,ydeojosgrisclaro.Alcontrarioque
sullamativaprima,eraanodina,decarácterreservadoymuycallada;sinembargo,seintuíatrasese
escudodetimidezunainteligenciasublime.Poralgúnmotivo,meencontrabaagustoasulado,me
transmitíaunapazyunaseguridadapabullantes,alrevésqueIngrid,quemeinspirabadesconfianzay
receloconstante.
YnosetratabaúnicamentedelaformaenquesecomíaaGunnarconlosojos,sinodealgomás,
unasensacióndemalestaropresiva,unameracuestióndepiel,derechazoinconsciente.Desdeeldía
en que la conocí, la sensación no había hecho más que acrecentarse. La quería lejos de mí, de la
mismamaneraquequeríacercaaHildur.Pero,alparecer,eranunpackindivisible;loqueresultaba
máscuriosoeraquesospechabaqueningunatolerabaalaotra.Enmiscontadasconversacionescon
Hildur,mehabíamaravilladolasapienciadealguientanjoven,puesmellevabasólocincoaños.Ya
pesar de que ella jamás había hablado mal de Ingrid, creía ver en sus miradas hacia ella, y en sus
gestoscuandosuprimaseleacercaba,undesagradosutil,apenasperceptible.
Los últimos en acercarse fueron Lars Mine y su esposa Tora, ambos ya metidos en la
cincuentena. Lars era médico en Tønsberg, nuestro médico de familia, y su mujer, psiquiatra, algo
quemellamabapoderosamentelaatención,pueseraunamujercasiimposibledeinterrumpircuando
empezabaahablar.Nomelaimaginabaencompletosilencioensuconsulta,escuchandoytomando
notas.
Hechas las presentaciones, nos sentamos a la mesa. Por supuesto, Rona, su marido Arne y la
dulceAnnikenseunieronanosotros.
Lasmujeresaunladodelamesa,loshombresalotro,conlasparejasenfrente.
En el centro de la larga mesa se alineaban los platos con que la gran Rona nos agasajaba. El
coloridodelasviandasresaltabacontralablancuradelmanteldehilo.
Había bandejas de gravlaks, salmón marinado en sal, azúcar y especias, servido laminado;
canapés de reker, gambas sobre pan blanco, con limón y cubiertas de mahonesa con eneldo;
kjottkaker,carnepicadadeternerapreparadaenformadealbóndigasyfrita,acompañadaconpuréde
guisantes y patatas cocidas; platos con Geitost, un queso de cabra marrón, con sabor dulce y algo
amargo, con notas de caramelo, sobre tostadas y decorado con bayas de enebro, y, por último,
lutefisk,pescadodesalado,bacalaoenestaocasión,alaparilla,acompañadodebacón,purédenaboy
guisantes.Varioscuencosdesalsarømmegrøt,cremaagrianaturaladerezadaconmantequilla,azúcar
ycanela,sehallabanrepartidosporlamesa,alalcancedetodos.
Alcontrarioquesucedeenlasmesasespañolas,dondesevasirviendolacomidasiguiendoun
orden determinado, allí todos los platos que se van a comer ya están dispuestos, con lo que la
anfitriona no tiene que levantarse continuamente para servir. Incluso el postre estaba presente, la
multekrem,elaboradaconbayasdelospantanosynatamontada.Aunextremoseencontrabalamesita
auxiliarconruedas;sobreellahabíaunapiladeplatoslimpiosycubiertos,yenlabandejainferiorse
ibandejandolosplatossuciosquelosinvitadospasabandeunosaotros,conloquenadieteníaque
levantarsedelamesa.Laeficiencianórdicaeraunadelaclavesdesudesarrolloatodoslosniveles.
—Nohaycerdo—anunciéaYusuf,queasintióagradecido.
—Shukran—respondió.
Aquella sola palabra arrancó reminiscencias dolorosas de mi mente. Esa lengua melosa y la
apariencia de Yusuf rescataban un rostro de mi memoria. Me encontré con la penetrante y zaína
miradadeYusuf,quehizoquemeagitaseincómodaenlasilla.
Gunnartambiénmeobservó,adivinandoconmeridianaclaridadelnombrequehabíaacudidoa
misrecuerdos;torcióelgestoysedirigióaYusuf.
—¿Dedóndeeres?
—MispadressondelLíbano,peroyonacíenJordania.
—¿YcómollegasteaEspaña?
—Meofrecieronuntrabajoallí,soytraductoryguíaturístico.
—Osea,queyasabíascastellanocuandofuiste—repusoGunnarllevándoseuntrozodesalmón
alaboca.
Yusufasintiótrasbeberuntragodesolo,unabebidarefrescanteconsaboranaranja.
—Sí—admitió—.Poralgunarazón,esunidiomaquesiemprellamómiatención.—Hizouna
pausaysonrió—.Ahoraséporqué.
Gunnardejódemasticar,tragóincómodoybebiódesucopadevinoblanco.
—El amor me esperaba en ese país —aclaró alzando su copa ante Elena, quien, sentada a mi
lado,lomirabahechizada.Ellaloimitóylasentrechocaron.PerocuandoYusufbebiódeella,sentí
susojosnuevamentesobremí,porencimadelborde.
Gunnarnomequitabalosojosdeencima,parecíacontagiadopormiinquietud.
—¿Piensascasarteconella?—inquirióinteresado.
—Me lo ha prometido —respondió Elena—, así que más vale que lo cumpla o lo ataré a una
sillayloatiborrarédecerdo.
Yusufriodivertidoyleguiñóunojo.
—Comoves,Gunnar,notengoescapatoria—repusovolviéndosehaciaél.
Gunnarasintióysonrió,aunquelasonrisanollegóasusojos.
—Hechalapromesa,esmejorcumplirlacuantoantes.
—Bueno,lascosashayquemadurarlasuntiempo—manifestóYusufconcalma—.Nocomolo
vuestro,quefueunflechazoinstantáneo.—Denuevodirigiólaatenciónsobremí—.Elenamecontó
quevinistedevacacionesparaolvidarauntipoyque,encuantoloviste,caísterendidaasuspies.
—Fuiyoelquequedóprendadodesdeelprincipio—admitióGunnar.
—No es para menos —repuso Yusuf sonriéndome—. Cuando las vimos en la estación de
Toledo,miamigoDiegoyyocaímoscautivadosporellas.
Gunnarresoplóincómodo;susemblantecomenzabaacrisparse.
—¿Quétallacomida?—pregunté,deseosadecambiardetema.
—Deliciosa —confirmó Yusuf, paladeando cada sílaba y con la mirada recorriéndome sin
ningúnreparo.
Bajé la vista a mi plato, con las mejillas encendidas y un molesto desagrado que crecía
paulatinamenteenmiestómago.
Decidícentrarlaatenciónenlasconversacionesquesedesarrollabanamialrededor,yenElena,
quehablabaanimada,practicandosunoruego.Atenta,letraducíaaYusufcadafrase,sinpercatarsede
quesunovionoparecíaestarinteresadoennadamásqueendevorarmeconlosojos.Maldijepara
misadentros.
Comopredije,BrittayElenaconectaronenseguida,ysusbromassubidasdetonocaldearonel
ambiente. Las risas y la cordialidad reinante no aligeraron mi ánimo y, aunque sonreía e intentaba
pasarlobien,lasemilladepreocupaciónquehabíasembradolaactituddeYusufmeloimpedía.
Terminada la cena, nos trasladamos al salón. Gunnar, Sven y Finn preparaban las copas en el
mueblebar.YomequedéjuntoaElena,queporfortunasecolgódelbrazodeYusufy,acaramelada,
ocupabatodasuatención,conarrumacosybesos.
Hildurseacercóamí,consonrisatímida.
—¿Meenseñastucoleccióndemúsica?
—Claro, pongamos algo para bailar —contesté aliviada; acababa de darme una excusa para
alejarmedelaparejita.
Enunaesquina,encendílacadenademúsicaydeslicéloscompartimentosdeloscedésparaque
Hildurescogiera.
—Mmmmm...Tienesunosgustosmuyeclécticos—observó.
—Sí,dependedelmomentomegustaescuchardistintostiposdemúsica.
—¿Medieval?—inquiriósorprendida.
—Soy restauradora de antigüedades, así que me pone en situación —aduje—. Ahora estoy
restaurandounodeloscuadrosdelaiglesialocal;cuandotrabajomegustatrasladarmealsigloque
meocupa.
—Interesante—musitó.
Susgrácilesdedosibanpasandoloscedésenbuscadealgodesugusto.Porfineligióunode
NeonTrees,elálbum«Habits»,casualmenteunodemisgruposfavoritos.Memirócomopidiendo
mi aprobación, asentí y presioné el botón de extracción de la bandeja de cedé. Metí el disco y
enseguidasonaronlosrítmicosacordesdeAnimal,*unacancióndepoprockquemeapasionabay
quesolíacantarporlacasa,dandosaltos.
Losinvitadosempezaronabailarconsuscopasenlamano.Ingrid,consuvestidorojodesatén,
comenzóacontonearsesensualyaagitarsuesplendorosacabelleranaranja.
Cuandollegóelestribillo,todoslocantabanextasiados;meuníaellos.
Gunnarsemeacercóbailando,merodeólacinturaysebamboleócontramicuerpo.
—Esa canción está hecha para nosotros —susurró en mi oído, envolviéndome con sus fuertes
brazos—.Quierounpocomásdeti,siemprequierounpocomás...—tradujolaestrofa,poniéndome
lapieldegallinaconesavozgraveyroncaquetantomeexcitaba—...¿aquéestásesperando?Toma
unmordiscodemicorazónestanoche.
—Tomarémásdeloquemeofrezcas—musitésubyugadaporsucercanía.
—Teofrecerémásdeloquemepidas.
Nosabrazamosenvueltosenunanubedeamorquenosalejabadetodo.
Gunnar me volvió y se pegó a mi espalda, frotándose contra mí. Las palmas de sus manos
contornearonmiscaderasysedeslizaronpormismuslos,sinuosas,altiempoquehundíalanarizen
mi cuello. Gemí casi de manera involuntaria, cerré los ojos y apoyé la cabeza en su pecho,
exponiendo con premeditación la garganta a su ardiente boca. Sentí que las rodillas se me hacían
gelatina cuando su lengua ascendió por la delicada piel de mi cuello y sus dientes apresaron con
suavidadellóbulodemioreja.Seguíamosbailando,oesocreía;envueltaenmiparticularburbujade
deseo, era incapaz de percibir con claridad mi alrededor. Sólo era dolorosamente consciente de la
palpitante dureza de Gunnar presionando mis nalgas, de su inquieta y cálida boca, y de aquellas
benditasymágicasmanosqueanulabanmijuicio,despertandomismásfierosinstintossexuales.
—Cielo,mevuelvesloco—susurróenfebrecido—.Estamalditahambrevaaacabarconmigo,
meconsume.
Unasonrisaexultanteysensualdistendiómislabios.Gunnarmeapresólascaderasdenuevoy
presionócontramitraserosulatentedeseo.
—Él...tambiéntebusca,constantemente...
—Yyoaél...Mesientotanvacíacuandomeabandona—murmuréenapenasunhilodevoz.
—Nena,vasaconseguirqueolvidequenoestamossolos.
—Mmmmm...¿Noloestamos?—masculléexcitada.
Gunnar rio y me rodeó la cintura; su amplio, fornido y cálido pecho se sacudió contra mi
espalda.
—No,peroloestaremos...yentonces,mifogosaloba,voyacolmartuapetitodetalmaneraque
notesentirásvacíaendías.
—Empiezoatemerte.
Gunnarmediolavueltayluegosujetóentresusfuertesmanosmirostro.
—Seríalomásprudente,esevestidohadespertadolabestiaquehayenmí...
Suverdemiradafulgurócargadadepromesasindecentementeexcitantes.
—Esa bestia jamás ha estado dormida —aseguré embebiéndome del deseo que tensaba su
hermosorostro.
—Nodesdequeteencontré.
EntreabríapenasloslabiosylabocadeGunnarcayósobrelamía,constatandoenaquelbesola
pasión que lo consumía. Su lengua se enredó ávida en la mía, plantando una batalla que no daba
cuartel, sedosa, electrizante, vehemente, y arrancando de mi garganta guturales gemidos que se
perdíanenelinteriordesuboca.
Cuando logramos separarnos, descubrí que sonaba una canción que habíamos bailado
innumerablesvecesenlasoledaddeesemismosalón...perdidoselunoenlosojosdelotro.Suspiré.
Gunnarenlazómicinturaycogiómimano;abrazados,bailamoslosacordesdeOnemorekiss,
dear,*deVangelis,delálbumdelagrandiosaBladeRunner.
—Unbesomás,miamor,unamiradamás...—tarareóGunnarmientrasmedeslizabaencírculos
grácilmente. Era un excelente bailarín; a pesar de su tamaño, poseía una ligereza y agilidad
apabullantes. Sus movimientos elegantemente felinos rezumaban una sensualidad embriagadora.
Supe, sin necesidad de despegar los ojos de los suyos, que todas las mujeres de la sala estaban
suspirandobajosuinflujo.
Anuestroalrededorcomenzaronaacompañarnosmásparejas.
Losmelódicosyrománticosacordesdelacancióncrearonunambienterelajadoysilencioso.
Apoyélamejillaensuhombroyyacerrabalosojoscuandoalguientocómihombro.
—¿Puedorobarteduranteunosminutosaesteestupendobailarín?—rogóIngrid—.Notemas,sé
quesólotieneojosparati,peroquierosaberloqueesflotarentrelosbrazosdeuncoloso.
—Talvezdeberíaspreguntarmeamí—intervinoGunnar,molestoporlainterrupción.
—Nopasanada,cariño,necesitobeberalgo—respondícediéndolemilugarydisimulandomi
desagrado—.Estodotuyo.
—Quémásquisierayo—repusoIngrid.Meguiñóunojoamododechanza,aunquesabíaque
hablabamuyenserio.
Deberíahabermeacostumbradoaldescarodeaquellamujer;noeralaprimeravezquemostraba
sin ningún disimulo su interés hacia mi esposo y, si no supiera que Gunnar no la soportaba, hace
tiempoquelahabríaalejadodemivida.Hildureralaotrarazón.
Yamedirigíaalmueblebarcuandoalguienmeaferróelcodo,frenándomeenseco.Derepente
mevicatapultadacontraunpecho;unamiradazaínamemiródivertida.
—Noirásanegarmeunbaile,¿no?
Yusufmesonrióabiertamente;susojosbrillabandemanerainquietante.Undesasosiegomolesto
comenzóaaletearenmiestómago.
—¿YElena?
—HasalidoconBritta,estáncharlandoenelporche.
—Talvez,enotromomento—meobliguéasonreír—;necesitocondesesperaciónunacopa.
Yusufnegóconlacabeza,afianzándomeensusbrazos.
—Tranquila,novoyaimitarelbailedetugigante.
Suvozdejótraslucirundejedeenvidiaquemepusounregustoamargoenlagarganta.
Asentíaregañadientesymedejéllevarporél.Sumanoapresabamicinturaymeacercabaasu
cuerpo;enunodelosgiros,acabéprácticamentepegadaasucuerpo;missenosseoprimieroncontra
supecho,yjadeé.Alcéelrostroparamostrarlemidesagrado,peroloquehalléensubrunamirada
medejósinrespiración:unanhelodesgarrador.
Puselaspalmasdelasmanosensushombroseimprimítodamifuerzaparaalejarlodemí.
—¿Quédemoniosestáshaciendo?—siseéfuriosa.
—Relájate,sóloestamosbailando.
—Puesbailacomoeljodidonoviodemimejoramiga,nocomocualquierbabosodediscoteca.
Yusuf me fulminó con la mirada, sus facciones se endurecieron, sus labios se tensaron y un
músculodesumandíbulaapenaspalpitóconteniendoelaccesodefuria.
—Pensabaqueaquítodoelmundobailabaasí—musitóamododedisculpa—.Tú...antes...
—PorDiossanto,esmiesposo.
Girólacabezaconrapidezy,cuandovolvióamirarme,sonreíaladino.
—¿Yella?
Seguí su mirada y me encontré con Ingrid restregándose acaramelada contra Gunnar, que de
espaldas a mí permanecía tenso e incómodo, y que de manera elegante se empeñaba en evitar los
continuosasaltosdelosqueerapresa.
—Otra babosa de discoteca —mascullé indignada—. Y ahora, si me disculpas, tengo que ir a
arrancarunagarrapata.
—No.
Lomiréboquiabiertaysentícómolallamadelairacrecíaenmiinteriorpeligrosamente.No
queríaestropearlareunión,perotampocoestabadispuestaapermitirmásofensas.
—¡Suéltame!—exigíenvozqueda.
—Cuandoacabelacanción,noantes.
—¿Quiéndemoniostecreesqueeres?—siseé,aúnluchandopormantenerelcontrol.
Yusuf pegó la frente a la mía y clavó sus oscuros ojos en los míos. Sus fuertes brazos me
inmovilizaban.
—¿Quiéndemonioscreestú?
Micorazóndiounvuelco;sentícomosiunagarraheladaloestrujaraconfuerza.No,medije,
no podía ser. Incapaz de moverme, de hablar e incluso de respirar, lo vi ante mí con claridad
pasmosa. Aquel que fue mi esposo y mi verdugo, aquel que perdoné. El rostro de Yusuf se fue
convirtiendoprogresivamenteeneldeRashid.
No,sacudíconfusalacabeza;miestómagoseconvulsionó.
¡No!
Mimentecomenzóagiraralocadaenunremolinodeimágenesdesgarradoras.Lovipidiendo
mimano,ennuestranochedebodas,disfrutandodelfrescordelpatiointeriorenlasnochesestivales,
paseando acaramelados por las callejuelas de Toledo, luchando contra los normandos en aquella
lejana Sevilla, suplicando desesperado mi regreso en aquella pequeña cala en Aalborg. Vi su
expresiónrotadedolorcuandoleconfeséqueamabaaotrohombre,vicómomemancillóenaquel
barco,cómoseaferrabaamíensulocura,manipuladoporlahorribleAda,lovisobremímientras
GunnarluchabaamuertecontraUlf,visurostrocompungidoysuplicante,sudespedida.
De pronto fue como si el suelo se abriera bajo mis pies. Todo me daba vueltas, la música se
distorsionó y el único sonido que atronaba en mi cabeza eran mis propios latidos, acelerados y
desacompasados.
—Vineporti,midulceShahlaa...
Gritéycaíalabismo;eraoscuroyopresivo,peroreconfortante.
5
Recuerdosinquietantes
Lo primero que contemplé cuando abrí los ojos fueron dos gemas verdes angustiadas, y un rostro
preocupado. Oí un murmullo de voces pastosas que se solapaban, vi rostros algo desdibujados,
extrañamentevariopintos,conformandounsegundoplano.Parpadeé,mivistaseaclaró.
—Amormío,¿estásbien?
Suvoz,constreñidaporeldesasosiego,activóunarespuestaautomáticaenmí:sonreí.
Descubrí que estaba tendida en el mullido chaise longue donde solía leer, que alguien me
abanicabadeformaefusiva,queunamanopequeñaysuavesosteníalamíayqueotramásgrandey
curtidaseposabaenmifrente.
Asentíalgoconfusa.Mereclinaronligeramenteymeofrecieronunvasodeagua.
—Gracias—murmuré—,estoybien.
Bebíagradecida;elfrescoracariciómigarganta,reconfortándome.
De repente la nebulosa que me envolvía desapareció y recordé con nitidez lo que había
provocadoeldesmayo.
Me incorporé de golpe y miré a mi alrededor, buscándolo. De nuevo sentí mi corazón
galopandoenmipecho.
LocalicéaYusuftrasElena,quederodillasenlaalfombraeraquiencogíamimano.
Viensusapuestosrasgosárabesfrancapreocupaciónyungenuinoasombro.YanoeraRashid;
sumiradaeraclara,sinmaticesinquietantes.
¿Quédemoniosmehabíapasado?
¿MehabíallamadoShahlaarealmente?,¿otodohabíasidounavisiónengañosaporsuparecido
con Rashid? Seguramente fue su cercanía lo que había abierto de manera tan atroz el baúl de mis
añejosrecuerdos.Mimentemehabíajugadounamalapasada;debíacreeresoonopodríareprimir
lasganasdemeterloenunaviónyalejarlodemivida,perdiendoconelloamimejoramiga.
—Menudosustonoshasdado,guapa—reprochóElena—.Tendríasquehabervistolacarade
espantoquepusoYusufcuandotedesmayasteensusbrazos.Yoacababadeentrarcuandoteoígritar.
—Yo...noséquémehapasado—musitéalgoavergonzada.
—Fuejustoenungirodelbaile—explicóYusuf—.Memirabasdeunaformaextraña,parecías
enfadada,luegogritasteytedesvaneciste.
Busqué la mirada de Gunnar; vi con pasmosa claridad que había adivinado el motivo de mi
desmayo.MirabaceñudoaYusuf;suentrecejomostrabadisgusto,unahondapreocupación,yensus
facciones había una expresión que hacía doce siglos que no veía: una belicosidad fría y mortal, la
caradeunguerreropreparándoseparalabatalla.
—Porfavor,nohasidonada,elcansanciomehajugadounamalapasada,quecontinúelafiesta.
—Nihablar—contravinoGunnar—.Ahoramismotemetoenlacama.Estáslactando,cariño;
necesitastranquilidadydescanso,hasidoundíalargo.
Sevolvióhaciaelhombrecanosoqueteníaasuderechayagregó:
—Lars,porfavor,échaleunvistazoantesdequelasubaalcuarto.
—Porsupuesto,amigo.
Gunnar le dejó su lugar y Lars, con semblante profesional, me tomó la muñeca con la palma
haciaarribapresionándolaligeramentecondosdedos,altiempoquefijabaconatenciónlamiradaen
surelojdepulsera.
—Sufrecuenciacardíacaesdeltodonormal—musitóalcabo—,harecuperadoelcoloryno
parecetenerproblemaencentrarlamirada.Parecequetodoestábien,peroparamayortranquilidad
pasaosmañanapormiconsulta.
—Sí—intervinosumujer—.Puedequeestéembarazadadenuevo,pareceunalipotimia.
—Tora,nopuedeshacerjuiciostanalaligera—lerecriminóLars—.Ymenostanindiscretos.
Lamujertorcióelgesto,fulminandoasumaridoconlamirada.
—Seríaunanoticiamaravillosa,¿verdad,querida?—sedefendióbuscandomiapoyo.
—Sí,perounanoticiaquedeberíandarellos—musitóHildur,quepermanecíaalgomásalejada
conunamiradapensativayextraña.
—Es tarde —repuso Lisbet con sonrisa dulce—, será mejor que nos retiremos. Ha sido una
veladamaravillosa;mañanatellamaré,Vicky.
Sven,sumarido,palmeólaespaldadeGunnar,quetodavíapermanecíatenso.
—Lisbetllevarazón,graciasporunafiestatanagradable;ahoracuidadetuadorablemujercita,
amigomío,mañananosvemos.
Gunnarleestrechólamanoyasintióconsemblantetaciturno.
—Nodudesdequeloharé,Sven,novivoparaotracosa...ygraciasporacompañarnoseneste
díatanespecial.
Laparejasedespidiódetodosysemarchó.AcontinuaciónLarsyToralosimitaron.
Meincorporéconcuidado;inmediatamenteGunnarmecogióporloshombros.
—Estoy bien, cariño, de veras, puedo levantarme sola —argüí confiada—. Y necesito tomar
algoycharlarunrato,no...noquieroretirarmetodavía.
Gunnarentrecerrólosojosymeobservótodavíaintranquilo,peroasintióyseencaminóhacia
elmueblebar.
—VoyabuscaraIngrid—anuncióHildur—,dijoqueibaahacerunallamada,perohaceyaun
buenratoquehasalido.
BrittayElenameflanquearonaambosladosdelsofá,mientrasYusufdesaparecíadelasalatras
Hildur,afirmandoquenecesitabauncigarrillo.
—No me extraña que te marearas, querida —dijo Britta—; después de ese bailecito con tu
marido,seguroquetodalasangreseteagolpóenunsolositio,dejándotelacabezasinriego.
—Madredelcielo,eresmásbrutaqueyo—aseveróElenaentrecarcajadas.
Reíconellas,sintiendocómomiinquietudsealigeraba.
—SimiKnutemededicaraunodeesosbailes...—suspiródivertida—...primero,mederretiría
degustoy,envezdemorderlaalmohada,melocomeríaenterito,ysegundo...
—Tedespertarías—lainterrumpióElenamuertadelarisa.
Brittaestallóenunaabruptacarcajada.
—Oh, cielo, sí... —logró musitar entre risotadas—. No me lo imagino contoneándose así... Es
mástiesoqueunavara.
—Esonoesmalo—murmuré,yarendidaalarisa.
Ambassereclinaronentrecarcajadas,limpiándosefútilmentelaslágrimas.
Gunnarmeacercóunvasocuadradoconundeditodegüisqui,sinhielo,comomegustaba.
Esta vez sonreía sin reparos; miró agradecido a Elena y a Britta y se alejó junto a Knute, que
paladeabaungintónicfrentealventanaldelaesquina.
Mellevéelbordedelvasoaloslabios;elaromadulzóneintensodelgüisquimeasaltó.
—Micasoesalainversa—comenzóElena—.Yusufsehaempeñadoenquebaileparaél,ynada
menosqueladanzadelvientre,comosieso...
Ya tragaba cuando aquellas palabras cerraron mi garganta. Tosí con violencia y de inmediato
Elenamepalmeólaespalda.
—Hoynoestudía,diablos,Vicky—adujoElena—.Parecequetehayamiradountuerto.
Brittaarqueósorprendidalascejas;unbrillosocarrónasomóasusojos.
—¿Untuerto?
—Sí,esodecimosenmipaíscuandotienesmuchosincidentesseguidos,escomounarachade
malasuerte.
Brittaasintiódivertida.
—¿Te...tehacebailar?—inquirísintiendocómoelardordellicorrevolvíamisjugosgástricos.
—Sí,hastamecompróunvestidodeodalisca,siacuatrovelospuedellamárselevestido,claro.
—¿De...quécolor?
Elenamemiróextrañada,fruncióelceñopreocupadaypusolamanoenmifrente.
—Estásmuyrara,¿seguroqueteencuentrasbien?
Asentí,aunqueadivinabaquehabíavueltoapalidecer.
—¡Contesta!
ElenamiróaBrittasorprendida,despuéssedirigióamí.
—Tengodos:unoazulintensooscuro,casiañil,yotroazafrán,comomipelo;sevuelveloco
cuandomelospongo,creoqueRonayadiofedelencuentro.
Brittavolvióareír.
Respiré hondamente y me puse en pie, rezando porque mi voz no revelara el terror que me
dominaba.
—Necesitoalgodeaire,ahoravuelvo.
—¿Te acompaño? —preguntó Elena confundida por mi extraña actitud. Forcé una sonrisa
tranquilizadora.
—No,quédateconBritta,serásólounmomento;además,necesitoiralbaño.
Gunnaryasedirigíahaciamícuandolofrenéconunasonrisa.
Salídelacasaconelcorazónenlagargantaylaslágrimaspugnandoporderramarse.Cuanto
antesloenfrentara,mejor;sabíaquemellamaríaloca,quelonegaríatodo,oesocreía,peroestaba
decididaaponerlascosasensusitio.
Los ladridos de Thor me desconcertaron; provenían del acantilado. No solía ladrar por las
noches;dormíaenlacocina,sobreunaalfombratejidaporRona.¿Quéhacíaenelexterior?
Lafríabrisanocturnaacariciómirostro;meabracéyaceleréelpaso.Noerafácilandarcon
taconesentrelafragantehierba;afortunadamenteunagranlunaplateabalosparajes,iluminandomi
camino.Losladridoscadavezeranmásintensosyagudos,casicomoaullidos.
—¡Thor!—grité.
Unapausaydenuevoladrabacomoalmaenpena.
Loencontréjustoalbordedelacantilado,andandodeunladoaotro,inquietoynervioso.
Aquellamolenegraserecortabacontraelazuladofirmamento.
—¡Thor! —Me agaché para recibirlo y él acudió con vehemencia; lo abracé y lo acaricié
mientraséljadeabajuntoamicuello.
—¿Quéteocurre,precioso?Shhhh...Tranquilo,yaestoyaquí.
Me erguí e intenté empujarlo por el collar, pero el animal no se movió ni un ápice; su gran
cabezapeludamiróhaciaelacantiladoygimiólastimero.
—Thor,vamos,regresemosacasa;¿quétepasa?
Meacuclilléfrentealperroyleacariciéelmorroyelpecho.
—¡Cálmate,todoestábien!
Dulcifiquémitono,aunquelaopresióndemipechoseintensificóconunaseñaldealarmaque
seagudizabapormomentos.
Thor siguió gimiendo; sus enormes ojos castaños se clavaron en los míos con una intensidad
extraña.
Mepuseenpieeinspeccionéconcuriosidadelbordedelacantilado.
Abajo relucía la superficie del lago con el resplandor marfileño de la luna. Varios veleros se
mecían sobre sus aguas; sus luces iluminaban apenas la noche. La negrura de las majestuosas
montañasserecortabacontrauncielopunteadodeestrellas.
DerepenteoíaThorgruñirtrasdemí;mevolvíhaciaelanimalsobresaltadaymeencontrécon
lafiguradeunhombreinmóvil.Estabaaunospasos,contemplándome.
—Pareceunloboenvezdeunperro.¿Espeligroso?
LavozdeYusufalertótodosmissentidos.Sentícómomelatíaunavenaenlasien,traguésaliva
ymeacerquéalanimal.
—Mucho, casi tanto como yo —murmuré luchando contra mis ganas de gritar y correr. El
terrormeinvadió;combatíparasofocarlo.
—Tehevistosalirdelacasayteheseguido—confesó.
—¡Lárgate,sinoquieresqueordeneaThorqueselancesobreti!
—¿Quétepasaconmigo?—preguntóentonosuave—.Necesitosaberlo,yo...tampocoséloque
mepasacontigo...
—Séquiéneres,mellamasteShahlaa...
El hombre asintió; la piel se me erizó, la angustia convirtió mi estómago en un volcán en
erupciónymicorazónenunmartilloqueatronabaensordeciéndome.
—Pero no sé por qué razón —musitó cogitabundo—; no entiendo por qué no soy capaz de
apartarlosojosdeti.TejuroqueamoaElena,llevoenlamaletaunanillodepedida,pensabadárselo
aquí.Sinembargo,tú...—suvozsonóapesadumbrada,conundejeamargoyasombrado—...nosé
quédiablosmeocurredesdequellegué...noséquéjodidohechizoejerces...perosealoqueseate
ruegoquemeliberes.
—¿Por qué obligas a Elena a que baile danzas árabes para ti, por qué elegiste los vestidos de
esoscoloresenparticular?
Elhombresacudiólacabeza,parecíarealmenteabatidoyconfuso.
—Nolosé,esunapredileccióny...joder,¿quétieneesoquever?
Tragué saliva, aquello no podía estar pasando; Yusuf todavía no lo sabía, pero su antiguo yo
comenzabaaemerger.
—¿Porquépronunciasteesenombre?
—¿Shahlaa? Pues... no lo sé, es un nombre que me viene a menudo a la cabeza, ni idea del
motivo...imaginoquedebídeoírloenalgúnsitioysemefijó.
Diounpasohaciamí.Retrocedí.
—Creoquetúsabesloquemeestápasando,yquieroquemelodigas.
Abatióloshombroseinclinólacabeza,lassombrascubrieronsurostro.
—He soñado con tus ojos muchas veces, mucho antes de verte en la estación —admitió
compungido—. No te conozco de nada; sin embargo, cuando te vi con tu gigante, bailando tan...
sensual,deseéarrancartedesusbrazos,deseé...
Suvozseperdióenlanoche,enunsilencioquegritabasuverdad.
—¡Maldita sea! —proferí furiosa, ya no con él, sino con el condenado destino, con esa rueda
quegirabaatravésdelostiempos,utilizandolasmismasalmasparasucrueljuego.
—Esmejorencenderlaluzquemaldecirlaoscuridad;ilumíname,telosuplico.
Aquellomederrumbó;laslágrimasescaparondemisojos,lossollozosrompieronmigarganta.
Yusufhizoademándeacercarse.
—¡Noteacerquesamí,niseteocurratocarme!
Thor,aloírlacrispacióndemivoz,selanzósobreYusuf.
Elhombregritócuandoaquellaenormebestianegracomolanocheloderribósobrelahierba.
Corrí hacia ellos e intenté que Thor soltara su presa; afortunadamente, Yusuf había interpuesto el
antebrazoenlamordida.
—¡Suéltalo,Thor!
Lo cogí del collar y tiré con todas mis fuerzas; el perro cedió, liberó sus fauces y huyó a la
carrera.MeacerquéaYusuf,que,jadeante,intentabaincorporarse.
—¡Joder,mehamordido!
—Déjamequevealaherida.
Seremangóconcuidado;teníalamarcadelmordiscoysangraba.
—Tendráqueverteunmédico,aunquenopareceprofunda.
Yameretirabacuandomesujetóelbrazo.
—¡Nonecesitounmédico,necesitounarespuesta!
Sostuvesumirada;descubríqueteníamásmiedoqueyo.
—Novoyadarteunarespuesta,perosíunasolución.Marchaos,aléjatetodoloposibledemí,
intentahacerfelizaElenaysobrellevacomopuedastusrecuerdos.
—¿Recuerdos?
Asentí,mesequélashúmedasmejillasytraguésaliva;derepentemesentímuycansada.
—Nosonsueñoslosqueteatormentan,sinorecuerdos.Tepidoquenoledigasnadadeestoa
Elena,mantengámoslaajenaatodo;noquieroquesufra.
—Tampocoyo.
Respiréhondoymedispusearegresar,cuandodeprontomeencontréentresusbrazos.
—Sientoqueteaméprofundamente,perotambiénqueteprovoquéungrandolor.¿Quiéneres?
—FuiLeonora,perotambiénShahlaa;ambasmurieron,sólohavueltoFreya.—Hiceunpausa.
Sumiradaazabachebrillabailuminadaporsuconvulsofuerointerno—.TúfuisteRashid,miesposo,
alqueamé,odiéycompadecí,perotambiénalqueperdoné.
—Esafrase...midulceShahlaa...latengoescritaenmiscuadernos,ylarepetíasincesarcomosi
fueraunmantraounaazoracoránica.Avecespensabaqueestabaenloqueciendo.
Sacudiólacabezacontrito,ysepasólasmanosporsuespesamelenabruna.
—Voyadarteunúltimoconsejo:noteaferresalpasado,vivetupresenteyluchaportufuturo.
—Elenamerecequelointente—musitó.
Aquellaspalabraslograronquerespiraraconnormalidad.
—Invéntatealgunacosa,peromañanatenéisquecogerelavióndevuelta.
Asintióymesoltó.
Nolomiré,meencaminéalacasa.Oísuvozamiespalda.
—Adiós,Shahlaa...
Cerrélosojos.Intentécerrarmicorazónaldolor,peronoloconseguí.
6
Elregresodellobo
Eranochecerrada.Unalechuzaululaba,elsilbidodelvientosefiltrabaentrelasramas,arrancando
hojas moribundas. A lo lejos... un aullido escalofriante. Palpé el colchón a mi lado, buscando un
cuerpocálido,perosólohalléunafríaausencia.Meincorporéextrañada,mirélacunaquehabíaami
derecha,estabavacía.Sobresaltada,salídelacama.
Corrí,corríentrelostroncosdelosárboles,entrelúgubressonidosnocturnos,entrelagelidez
que aguijoneaba mi piel. Mis pies descalzos se hundían entre la húmeda hojarasca seca, entre
helechos suaves y ramas rotas. Llegué a un maltrecho cercado... De nuevo ese aterrador ulular, de
nuevolosaullidos,estavezmáscercanos.Corríapremiadaporunmiedoprimario,corríbuscando
condesesperación;tropecéconunapiedraycaí.Antemí,doslápidas,unamáspequeñaquelaotra;
mibúsquedacesaba,micorazónlosabía.Retirétemblorosalahiedraquelascubría...Eranellos...mi
esposoymihijo...Esperéallobo,queyaseaproximaba;sentíenmiespaldasusojosamarillos,él
mellevaríaconellos...Mevolvíhacialabestia,lalunadestellóensuscolmillos,queyasalivaban.El
hedordesualientoprecediósuataque;justocuandomedoblegabaalamuerte,unavozllegóhasta
mí...«¡Lucha!»
Abrílosojosempapadaensudor;respirabaagitadamenteyelcorazóngolpeteabaconviolencia
mi pecho. Me incorporé con la ansiedad y el terror tensando todos mis músculos; conteniendo la
respiración,mevolvíhaciaél.
Gunnar,queenesemomentoparpadeabasomnoliento,vislumbrómipánicoydeinmediatose
sentóenlacamaymecogióentresusbrazos.
—Sóloesunapesadilla,amormío,estoyaquí,siempreestaré—susurróaltiempoquefrotaba
consuavidadmiespalda.
Pocoapoco,mislatidosseacompasaronyelpánicosedisipó.Mearrebujéensuampliopecho
ycerrélosojos.Suaroma,sucalidezysudulzurafueronelbálsamoquenecesitaba.
—Freya,estástemblando.
Comenzóafrotarmemásvigorosamentelaespaldayseahuecósobremí,cubriéndomeconsus
poderososbrazos,comosimeprotegieranlasalasdeunhermosohalcón.
Apoyó la barbilla en mi cabeza y continuó arrullándome con susurros melosos y palabras
tranquilizadoras.
—Séporquéestástanalterada—pronunciódepronto,conundejedeinquietudensutodavía
enronquecidavoz.
Seseparóapenasdemíymeobservóconpreocupación.
—CuandobailasteconYusuf,fueRashidquienacudióatusrecuerdos;te...visteentresusbrazos,
poresotedesmayaste,¿meequivoco?
Neguélevementeconlacabeza,peronolomiréalosojos,centrélaatenciónenunpuntojusto
bajo la base de su cuello. No quería que viera la verdad de lo que en realidad ocurrió la noche
anterior.
CuandoYusufregresóalacasaherido,dijimosqueThorlohabíaatacadoporqueestabaalterado
conlafiestaylotomóporunasaltantenocturno.RonalocuróyElenalomimó.Gunnar,encambio,
lohabíamiradoconreceloy,meditabundo,evitócomentarnada,nisiquierapidiódisculpasporel
comportamientodelperro;tuvequehacerloyo.Aquelincidenteyasíquepusoelbrochefinalala
fiesta. Cuando los invitados se retiraron, musitó un seco «buenas noches» a Yusuf y a Elena, que
todavía permanecían acaramelados en el sofá, me alzó en brazos bajo la intensa mirada celosa de
Yusufymesubióanuestrahabitación.
Nadadijo,tansólomedesnudóconapremio,conunaexpresiónextrañayoscuraensurostro,y
mehizoelamorconsalvajeimpaciencia,conunaintensidadabrumadora,másbiencomoelmacho
quemarcaasuhembra,comoelanimalquereclamaasupresa,comounadesgarradoraproclama:
«Mía»,decíansusembistes,sumiradaysusbesos.
—¡Mírame!—exigió.
Posóeldorsodesudedoíndiceenmibarbillaylaalzóconsuavidad.Obedecí.
—¡Mierda! —profirió alterado—. Lo sabía, lo intuí. Anoche vi cómo te miraba, cómo te
buscaba,es...¡joder,esél!
—Todavíano—musitéabatida—.Estáempezandoarecordar,nosabebienquéleestápasando.
Seapartóofuscado,apresómishombrosymeclavósufuribundamirada.
—¿Hashabladoconél...deesto?—tronó.
Sólomeatrevíaasentir,memordíellabioinferioryhundíelcuello,encogiéndome.
—¡Malditaseasualmainmortal!¡Deberíaestarpudriéndoseenelinfierno!¡Joder!
Selevantódelacamay,desnudoporcompleto,comenzóapasearsefuriosoporlahabitación.
Teníalospuñosapretados,losbrazostensos,lacabezaunpocoinclinada,elceñocomounaoscura
nubedetormenta,loslabiosapretadosymascullabaimproperiossincesarentredientes.
Comounsoberbioleónenjaulado,deformassubyugantes,mostrabasugenioysufrustración
de manera temible; no obstante, causaba tal influjo que no pude más que admirar la perfección de
aquelcuerpoferozmentehermoso.
Por fin se detuvo. Respiro hondo y regresó a la cama con una determinación pintada en el
rostro.
—Medaigualqueseatuamiga,hoymismoselargarán—sentenció.
—Hoymismosemarcharán,asíselodijeaYusuf.
Sumiradaseoscureció,loscelosempañaronsusemblante.
—Cuéntame lo que pasó entre vosotros: ¿intentó... besarte? —Pronunció la última palabra con
vozestirada,comosilahubieratenidoquearrancardesugarganta.
—No; estaba confuso, asustado. Me dijo que sentía una rara atracción por mí que no
comprendía,puestoqueamaaElena,yqueelnombredeShahlaadealgunaincomprensiblemanera
sehabíafijadoensumente.Rashidresurgeenél,peroYusuftodavíadominalasituación.Ledijeque
debíaalejarsedemídeinmediato.Esoestodo.
Gunnarnopareciómuyconvencido.
—Entonces¿porquérazónloatacóThor?Seguramenteintentóalgoy...
Estavezfuiyolaquesujetósubarbilla.
—No,nomebesó,¿meoyes?Apartaesaimagendetucabeza.Thorloatacóporquemeasustéy
legritéquesealejarademí.
—Serámejorquenobajeadesayunar,noquieroencontrármelo,porque...siloveo...nosécómo
reaccionaré.
Se tumbó en la cama y a mí con él. Aterricé en su pecho; automáticamente sus brazos me
envolvieronybesómifrente.
—Esta vez no pienso permitir que el destino malogre nuestra felicidad, esta vez no —musitó
vehemente—.Nadaninadie,nilajodidaProvidencia,nilosputoskarmas,nadavaasepararmedeti.
Yasufrimosloindecible;estavidaesnuestrarecompensa,yharémásdeloqueestéenmimanopara
demostrarlo.
«¿Porqué?»
Esa pregunta me había estado rondando toda la noche. ¿Por qué Rashid quería volver? ¿Para
recuperarme? Ahora que sabía que, una vez más, mi alma y mi corazón le estaban vedados, ¿qué
haría?¿Aceptarloquedocesiglosatrásfueincapazdeasumir?,¿ovolveríaacometerunalocura?
Un escalofrío me recorrió la médula espinal, me envaré y me abracé con fuerza al pecho de
Gunnar.
Bajounanubedeinmensoamorenformadecaricias,susurrosytodaclasedearrumacos,volví
adormirmeconunsoloruegoenmimente...«Diosmío,alejaaRashiddenosotros...»
Ungranorbeamarillentoymisteriosoasomabaentreretazosdeoscurasnubesdesgarradas,que
másparecíanharaposdeshilachados.Sumortecinoresplandormarfileñobañabaunbosquelóbrego,
deárbolessinhojas,conramashuesudasquesealzabandeformaespeluznante,comoclamandosu
doloralamajestuosaluna,quelasmirabaindiferente.
Corríaenvueltaenlágrimas,seguidaporunahambrientabestianegra.Sólooíamirespiración
entrecortada, los crujidos de las ramas secas bajo mis pies descalzos y la veloz carrera de cuatro
pezuñasqueganabanterreno.
No tardaría en darme alcance, el cansancio comenzaba a lastrarme. Cada respiración se
asemejaba a inhalar bocanadas de fuego; mis pulmones sufrían, mis rodillas flaqueaban, el terror
bombeabamicorazón,missentidosseafinabanymideterminaciónseafirmó.
Lucharía.
Busque a mi alrededor, localicé una rama, larga y gruesa, la cogí con apremio y me detuve
frenteaungrantronco,pegandolaespaldaasurugosasuperficie.
Ellobosedetuvofrenteamí.
Clavósusdoradosojosenlosmíosyaullóalaluna.
Ajusté bien mis dos manos en torno a la base de la rama y la alcé por encima de mi cabeza.
Estabapreparada;apretélosdientesyluegoesperé.
Amimenteacudierondosvoces.Unamegritabaquemerindiera,queellosestabanmuertos;la
otra,queluchara.Lasdosmeatormentaban.
Sofoquéunsollozo,laslágrimasinundaronmisojos,unpuñalinvisibleentrabaysalíademi
corazón.Lavisióndesuslápidasmehizobajarlosbrazos,hundíloshombrosygemídedolor.
Otrosaullidossesumaronaldemiperseguidor.Nollamabaalaluna,sinoasumanada.
Almenosmoriríacercadedondeellosestaban...
Meincorporéentretemblores,conelcorazónbombeándomeamilporhora,lagargantasecay
una sensación opresiva tensando mi estómago. De nuevo miré a mi derecha, esta vez Gunnar no
despertó.Dormíaamilado,aunqueparecíaserpresadeunsueñonomuyagradableporlacrispada
expresióndesurostro.
Sentíelimpulsodebesarlo,peromecontuve.Mirélahoraydeinmediatomisojosseclavaron
extrañadosenelreceptordebebés,quepermanecíadesacostumbradamentemudoaesahora.Hacía
casidoshorasqueletocabalatoma,puesfaltabapocoparalasseis.
Salícomounacentelladelacama:mipequeñoKhaledposeíaelgendelapuntualidadnoruega;
más de una vez habíamos bromeado sobre eso, su estómago era un órgano sistemáticamente
metódicoyexacto,alasmismashorasreclamabasualimento.Aquelinauditosilenciomeencogióel
corazón.
Corrí por el pasillo como si aquellos pocos metros fueran kilómetros, abrí la puerta de su
cuartoymeabalancésobrelacuna.Elazuladoresplandordelalámparanocturnailuminóuncolchón
vacío.
Ungemidoescapódemispulmones,elpánicomásatrozmeinvadió.Posétemblorosalapalma
demimanoenlasuavesábanabajeradefranelaverde.Estabafría.Talvez...talvez...Rona...
Abandoné la habitación a la carrera con el corazón en la boca, y un amargo regusto de bilis
ascendiópormigarganta.
Bajélosescalonesdetresentres,salídelacasayenfiléhacialacabañadeRonayArne.Enmi
dolorosaurgencia,laesperanzaasomabatímidacomounaluzalaquenecesitabaagarrarme.
Hacíafrío,peroapenaslonotaba;milivianocamisónrosadodesaténondeabacontramipielen
micarrera,acariciándolaconsufríotacto,comosiunagarradelinframundopasearapormicuerpo.
Sentínáuseas.
Lleguéjadeantealfondodeprado,dondeelhytterojoyblancodestacabacontraelverdordelas
laderas,todavíamásacentuadasporelrocíodelamañana.
Llaméalapuertaconagitadainsistencia.
Una Rona completamente despierta, impolutamente vestida y escrupulosamente peinada,
adornadaconsusempiternodelantal,meabrióconexpresiónasombrada.
—¿Dónde...dón...de...estámihijo?—logrépreguntarjadeante.
La mujer abrió los ojos de forma desmesurada y sus cejas se arquearon frunciendo su frente;
aquellaexpresióndesgarrómicorazón.
—Sabemuybienquenosuboalashabitacioneshastaqueustedesbajan—repusoconfundida—.
Talvezsuamiga...
No la dejé terminar; corrí de nuevo, esta vez hacia la casa; no era el rostro de Elena el que
acudióamicabeza.
—¡Señora,voyconusted!—gritótrasdemí.
Agrandeszancadasentrécomounatrombaenlacasayascendíalaprimeraplantacasisintocar
elsuelo.
Unmiedoprimario,brutaleinclementegolpeabacadaterminaciónnerviosa;laspulsacionesse
me dispararon y la angustia oprimió mi tripas, retorciéndolas de un modo implacable. Una única
palabraserepetíaenmicabeza...«No,no,no,no,no,no...»
Abrílapuertaconteniendolarespiración.
ElenadormíaabrazadaaldesnudoylampiñopechodeYusuf;meprecipitéenloquecidahaciala
camaymelancésobreél.
—¡¡¡¿Dóndeestámihijo...dónde,maldito?!!!—gritédesaforadamente.
Ygritéygrité,aulléyaullémidolorymiangustia,mientras,ahorcajadassobreél,logolpeaba.
Elenasedespertósobresaltadaysesumóamisgritos,eintentóapartarmedeYusuf,quehabía
abierto los ojos y me contemplaba como si fuera parte de sus sueños. Éste parpadeó de pronto e
intentófrenarmisenloquecidosataques.
Elena,llorosayasustada,gritabaminombre,mientrasYusufsezafóyconsiguióinmovilizarme
pegándomeasupechoenunabrazodoloroso.
—¡¡¡Tranquilízate,nosédeloquemehablas!!!—exclamóaturdido.
—¡Suéltala!
Aquella voz grave y ronca dejó traslucir un matiz peligrosamente amenazante, una frialdad
mortalquedetuvoaquellalocuraalinstante.ElgélidotonodeGunnarsurtióefecto.
Yusuf obedeció de inmediato, pero seguía sin apartar los ojos de mí. Elena enmudeció entre
lágrimas.Puselaspalmasdelasmanosenelcálidopechodelhombrey,pegandomifrentealasuya,
clavélamiradaensusojosdeobsidianaysiseéentredientes:
—Temataré,Rashid,estavezseréyo...devuélvemeamihijo.
Yusufseembebiódemirostroconeldesconcierto,elasombroyunapizcadeanhelotiñendosu
semblante.
Unas fuertes manos me apartaron de él. Un poderoso pecho me cobijó, y en él me derrumbé.
Estavezlossollozostomaronelcontrolabsoluto.
LosbrazosdeGunnarmesostenían,eldolormedevoraba,lafuriaseacrecentabaylasfuerzas
meabandonaban.
Derepente,Gunnarmeapartósujetándomeporloshombros.
—Marchaos todas de aquí —ordenó con fiereza, sin mirarme a los ojos; su tensa expresión
contenida resultaba aterradora—. Rona, llévatela y dale una tila, registrad cada rincón de la casa y
llamaalapolicía;yovoyaempezarelprimerinterrogatorio.
Yusuf, temeroso, se puso en pie; tan sólo llevaba un bóxer blanco y Gunnar, sólo su liviano
pantalóndepijama.Ambossecontemplaron,evaluándose.
—No sé dónde está tu hijo, no he salido de la habitación en toda la noche, Elena puede
corroborarlo—adujoconvozfirme.
—Y lo corroboro —repuso Elena limpiándose las lágrimas y poniéndose entre ellos—. ¿Por
quépensáisquehasidoél?¿Quéestápasando?
—Salidtodasdelahabitación—exigióGunnardenuevosinapartarsuaceradamiradadeYusuf.
Elenaseabrazóasunovio,negandoconlacabeza.
—Tendrásquesacarmealafuerza;llamaalapolicíasiquieres,peroyodeaquínomemuevo.
—Obedece, Elena —espetó Yusuf; su tono no admitía replica—. Lleva a tu amiga al salón,
consuélala.Todoseaclarará,estoyseguro;soyinocenteynotemonada.Gunnaryyo...tenemosque
hablar.
ElenamiróesperanzadaaYusufyasintió.SeacercóaGunnary,encarándolo,pronunció:
—Noteatrevasatocarlo.
Seacercóamíy,entreellayRona,mesacarondelahabitación;enminubededolor,supeque
latormentasedesataríaencuantocerráramoslapuerta.
7
Albordedelprecipicio
Cuando una unidad de la Kongeriket Noreg Politie, o Policía Nacional de Noruega, hizo acto de
presencia,miestadodeánimoerayadeabsolutadesesperación.
Habíamosregistradolacasaylosalrededoresinfructuosamente,yacadaminutoquepasabael
terroraumentabahastanivelesinsoportables.Laspunzadasdemispechosplenosmegritabanquemi
niño estaría pasando hambre; era un lactante, no aguantaría mucho sin alimento, a menos que su
secuestradorledieselecheartificial.
Gunnar,vestido,conlacaramagulladaylosnudillosdespellejados,estabasentadoenelsofáa
milado,abrazándome,asegurándomequeaparecería,queestababien,queélmelotraería.
Elena,quehabíaestadoaporreandolapuertamientraslapeleaquesedesarrollabaenelinterior
hacíaretemblarlasparedes,llorabadefrustraciónyrabiaaloírlasdolorosasexclamacionesylos
gruñidos sofocados. Cuando Gunnar por fin salió del cuarto de invitados, Elena lo maldijo y se
adentróenlaestancia,yallíseguían,encerradosydándoseconsuelo,imaginaba.
Gunnarteníalosnudillosensangrentados,uncorteenelpómuloyunmoratónenlamejilla.Sin
embargo,tuvelacertezadequeYusufhabríasalidobastantepeorparado.
Doshombresseacercaronanosotros.Unoeraaltoycorpulento,conunabarrigaprominente
queocultabaelcinturóndesupantalón,deescasopelogrisymiradaazul,despiertayaguda.Elotro
eramásaltotodavía,perodelgado,ymuchomásjoven.Decabellotrigueño,perfectamentepeinado
haciaatrás,inquisidoramiradaazulhielo,rostroangulosoyatractivo.Derepentetuvelacertezade
quelohabíavistoantes,peronosupeubicarelrecuerdo.
Elhombrememiróconextrañafijezayseadelantóofreciéndomelamano.
—SoyeldetectiveHansBerg,dedesaparecidos,ymicompañeroRolfJacobsen.
Melimitéaasentirmientrasleestrechabalamano;lateníafría.
—Mis hombres están rastreando la zona e interrogando a los vecinos; tenemos que tomar las
huellasdactilares,tambiénnecesitamosunafotodelpequeño.¿Estáencondicionesdecontestarmis
preguntas,señoraJensen?
Asentídenuevo,aunquelarespuestanoeraafirmativa.
—¿Aquéhorasediocuentadeladesaparición?
—A las cinco cuarenta y cinco. —Mi voz sonó extraña, rota y cansada—. Suele despertarme
sobrelascuatroparasuprimeratoma.
El detective escribía apresuradamente en un pequeño cuaderno, mientras su compañero
emprendíalasdiligencias.
—¿Nooyóeldespertador?
—Midespertadoreraél;encuanto...gimoteabaporelreceptor,acudíaasulado.
Laangustiadenuevomeoprimiólagarganta.
—¿Siemprealamismahora?
Asentíymelimpiélaslágrimas.Gunnarmeapretócontraél,lomiré:teníaelrostrodistendido
poreldolor,peroseesforzabapormantenerelcontrol.
—Señor Jensen —espetó el inspector Berg—, tengo entendido que anoche hubo una fiesta;
necesitolosnombresdelosinvitadosparainterrogarlos.¿Hayalguienmásenlacasa?
—Unaparejadeamigosquellegaronayerporlamañana.Sospechodeél.
Elinspectorlomiróconelceñofruncido,pasólapáginadesucuadernoyestudióconatención
aGunnar.
—¿Poralgúnmotivoenespecial?
—Anoche en la fiesta desapareció un buen rato, nuestro perro lo atacó en el exterior —
respondió.
—¿Dóndeestáahora?
—Enelcuartodeinvitados,enlaprimeraplanta.
Eldetectivehizoungestoadospolicíasuniformadosydeinmediatoascendieronlaescalera.
Alcabo,posósuhieráticamiradasobremí.
—¿Aquéhoravioasuhijoporúltimavez?
Tuve que tragar la invisible bola de metal rugoso que parecía atascada en mi garganta para
contestar.
—Antes de la fiesta, cerca de las ocho de la noche, le di la última toma del día. Rona tenía el
receptor en la cocina y estuvo pendiente durante la fiesta, por si... me reclamaba. Cuando subí a
dormir,cercadelaunadelamadrugada,measoméasucuarto,dormía...él...suele...dormirtodala
noche...y...
Las palabras se me atoraron en la garganta, disueltas en un océano de angustia y rabia. Había
rechazado el tranquilizante, porque quería estar plenamente consciente de lo que pasaba a mi
alrededor,aunqueahoraeldolorquemesacudíahacíareplantearmeesadecisión.
—Entiendo —se limitó a musitar, al tiempo que inclinaba la cabeza y garabateaba en ese
manoseadocuaderno.
—Voyaserlessincerodeunmodolamentable,señoresJensen:lasprimerasveinticuatrohoras
soncrucialesenlasdesapariciones;enestecasoesobvioquesetratadeunsecuestro,porloquehay
tresvíasparatenerencuenta.Una,quesuhijohayasidosecuestradoparacomerciarconél;otra,que
loutilicenparapedirunrescate,imaginoquecuantioso,ylaúltimayamiparecermás...trágica:que
la persona que se ha llevado a su hijo lo haga por motivos personales... venganza, odio, envidia...
¿Tienenalgúnenemigooalgúnproblemadelaíndolequeseaconalguiendelacomunidad?
Mefueimposiblecontestar,sollozabadesconsoladacontraelhombrodeGunnar.
Quéilusapensarqueeldestinonosliberaríadesuinjustificadacrueldad.Tuveganasdegritarle
a ese hombre frío y extraño, de gritarle que no, que todos los odios, las venganzas y las envidias
habíanquedadoenterradosenunsiglolejano,aunsabiendoquepartedeloenterradohabíaresurgido
la noche anterior... ¿Tan cruel era el alma de Rashid? ¿Tanta era su locura? ¡Por Dios santo, si me
habíapedidoperdón!Yyolohabíadespedidoconcediéndoselo.
Unospasosseacercaronanosotros,nofuicapazdealzarlamirada.
—No tengo enemigos —comenzó Gunnar con la voz temblorosa; carraspeó y prosiguió con
algo más de control en su tono—, al menos reconocidos; alguna rivalidad profesional, pero por
supuestonadaderelevancia,nadaquejustifique...algo...así.
—Tomen asiento —masculló el ayudante, Rolf Jacobsen, dirigiéndose a Elena y a Yusuf, que
acababandeentrarenelsalón.
Elena corrió hacia donde nos encontrábamos, se acuclilló frente a mí y me tomó la mano. La
miré.
—Amiga,nosabescuántomedueletodoesto,séfuerte,loencontraremos,yaverás.—Surostro
húmedodelágrimasydesfiguradoporeldolorescondíaunasúplica—.Sólotepidoquenocondenes
auninocentesinmotivosnipruebas.Yusufesincapaz...
—Tehandichoquetesientes.
La voz de Gunnar, fría y hueca, tronó en la estancia con la violencia de un relámpago
silenciando de inmediato a Elena. Se alzó lentamente, derrotada, y me miró con una mezcla de
confusión,compasiónypena.AGunnarleregalóunamiradaairada;luegosusenrojecidosojosse
posaronenYusuf,peroésteselimitabaamirarmeconexpresiónindescifrable.
Sumorenorostromostrabaencadagolpelaferocidaddemivikingo.Unafuriaancestralcontra
Rashidtansóloadormecidayque,ahora,conaquelfulminantegolpe,despertabaentodosuvigor.
CasimeasombróqueYusufhubieraconseguidosalirvivodeaquelcuarto.
Tenía el labio superior partido, sanguinolento e inflamado de un modo grotesco. Su ojo
izquierdo, cerrado por completo, había duplicado su tamaño y empezaba a oscurecerse en un
sombrío tono violáceo. Presentaba otro corte en la nariz, en el pómulo derecho, y moretones en
ambas mejillas. Su estado era lamentable. Se había sentado en el sofá de enfrente, ahogando un
quejido. Posó la mano en la parte izquierda del tórax con cuidado; dolorido, se inclinó sobre sí
mismo,sinapartarlamiradademí.
—VeoqueelseñorJensenhacomenzadolosinterrogatoriosporsucuenta—murmuróperplejo
elinspector.LanzóunamiradacondenatoriaaGunnarysedirigióaYusuf.
»Serámejorquelollevemosalhospital,allíleharánunpartedelesiones,porquesupongoque
querráponerunadenunciapor...estasalvajeagresión.
ElinspectorapretóloslabiosymiróaGunnarconevidentedesaprobación.
—Estoy bien —mintió Yusuf, con una mueca dolorosa. Su labio superior se hinchaba por
momentos—.NopiensodenunciaraGun...alseñorJensen.
Elinspectormiróasucompañeroysacudiólacabezareprobador.
—Creoqueseequivoca,señor...
—Yusuf ibn Sarîq —respondió cortante—. Inspector, creo que debería concentrar toda su
energíaenencontraralbebé,cadaminutoquepasaesesencial.Colaborarédebuenaganaenloque
precisen, si debo acompañarlos... —Miró preocupado a Elena, que descompuesta se enlazaba a su
brazocasicondesesperación.
—Demomentomeconformaréconquerespondaaalgunaspreguntas.¿Aquéhorasucedióel
incidentedelperro?
—Bienentradalamedianoche—respondió—.Simepidequeconcrete,meatreveríaadecirque
posiblementecercadelaunadelamadrugada.
—¿AcababadeconoceralosseñoresJensen?
Yusufasintió.
El inspector Berg arrugó meditabundo el ceño y releyó su libreta con interés. Acto seguido,
escrutóaconcienciaaGunnaryaYusuf,intentandodescifrarsussemblantes.
—Bueno,señores,esevidentequemeocultanalgo.—DirigiósugélidamiradahaciaGunnary,
tras una breve y tensa pausa, añadió—: Señor Jensen, si desea encontrar a su hijo cuanto antes, le
aconsejoqueseadeltodotransparenteensusdeclaraciones,hastaelmásinsignificantedetallepuede
resultarasombrosamenteesclarecedor.Apartirdeahoraimaginequesoysupadreconfesor.
Gunnarlesostuvolamiradaconlacabezaerguida;larigidezdesushombrosreflejólatensión
quecontenía.
—AlahoraenlaqueelseñorIbnSarîqfueatacadoporelperro,suhijodormíaensucuna.El
intervalohorarioaproximadoenelquesitúoladesaparicióndesuhijoesentrelaunaylascuatrode
lamadrugada.CiertoqueelseñorIbnSarîqtuvoaccesoalbebéaesashoras,perosuconvencimiento
dequeeselculpable,nohaymásqueversubrutalidadsobreél,requieredeunmóvil.Nadiecomete
undelitosinunamotivación.Siacababandeconocerse,¿cómoexplicatantaanimadversión?
—Deseaamiesposa—respondióGunnar,ciñéndomemáscontraél.
Elenaabriólosojosdeformadesmesurada.Mudadeasombro,memiróeindagóenmirostro;
mederrumbémás,siacasoaquelloeraposible.
—¿Oshabéisvueltolocos?—nosincrepócasialbordedelhisterismo.
Yusufposólamanoderechaensurodillaylapresionóligeramente.Elenalomiróenvueltaen
una neblina de indignación y confusión, que se acentuó cuando el hombre que amaba negó con la
cabezaencompletoabatimiento,pidiéndolesilencioconlamirada.Parecíadecididoaasumirelpeso
delmundoenterosobresushombros.
—¡No pienso permitir más injurias contra él! —bramó Elena, poniéndose de pie con
brusquedad.
Elinspectorhizoungestoasuayudante,yésteseacercóaElena.
—¡Tranquilícese, señorita! Todo se aclarará, es una situación dura para todos, pero le ruego
calma.
Hans Berg estudiaba cada uno de nuestros gestos, buscando en nuestro silencio las respuestas
quenodábamos.Pero¿cómoexplicarleaesehombrenuestropasado?¿Cómocontarlequeelamor
eracapazdetraspasarlamortalidad,queprevalecíaatravésdelostiempos,peroquetrasélhabían
viajadotambiénsentimientosponzoñososyvengativos?Lareencarnaciónnosóloestabasupeditadaa
almas nobles, no; la maldad viajaba, obcecada en su objetivo de tortura y rencor. Unas almas
buscabanpurificarseatravésdedistintasvidas;otrasseenquistaban,sorteandodealgunamanerael
supuestoinfiernodeloscondenados,paraperfilarseenunamaldadperpetua.
Recordéunacreenciadelhinduismosobreestetemaquedecíaquelasreencarnacionessucesivas
estaban regidas por la ley del karma, acumulación de méritos y deméritos a través de las
encarnaciones precedentes. Éstas no cesarían hasta que se rompiera la cadena de los efectos y las
causas. El alma tiene que liberarse del samsāra, descubriendo finalmente la verdad; sólo entonces
vendrálaliberación,labienaventuranza,elsamādhi.Enlafecristiana,laresurrecciónessímbolode
purificación; la reencarnación compartía ese punto, sólo que además se le añadía otro más
esperanzador:unanuevaoportunidadparaenmendarloserroresoconsagrarlos.
¿QuébuscabaRashid?¿Atarmeaél?¿PoresohabíaraptadoamiKhaled?¿Venganza?¿Qué,en
nombredelcielo?
—Esonosesostiene,señorJensen—mascullóimpacienteelinspector,pasándoselamanopor
elcabello—.Nohaceniveinticuatrohorasquellegaronasucasa,yyacreequesienteunaatracción
enfermizaporsumujeryque,aconsecuenciadeeso,hasecuestradoasuhijo.—Bufóexasperado—.
Miren,desconozcoquéesconden,sóloséque,sinomedaunarazóndepesoparaquesospecheen
firmedeestehombre,nopuedohacerlo.
Gunnarnoreplicó;aparentementepermanecíatranquiloyatento,sóloyosabíaquesuinterior
erauncaosdeemocionesretenidasaduraspenas,comosivientosdedistintaslatitudesconvergieran
enunmismopunto,formandounaincipientetormentaquetardeotempranoestallaríasinpiedad.
—No podrán salir de la propiedad hasta nueva orden, y más le vale que no vuelva a tocar al
señorIbnSarîq,porquemeobligaráaactuardeoficio,¿entendido?
Gunnarasintióconsemblanteinexpresivo.
Uningentedesfiledeagentesuniformadosentrabanysalíandelacasa,entresusurrosyórdenes
quedas.Elúltimosedejólapuertaabierta;justoenesemomentounamolenegrayextremadamente
rápidasurgiódelpasillodelacocinayseprecipitóalexteriorentreladridosagudos.
Meincorporécomoaccionadaporunresorte.AmimenteacudiólainquietuddeThorlanoche
anterior:yaantesdequeyollegarabuscándolo,élparecíanerviosojuntoalacantilado.
Sinpoderarticularpalabra,conelcorazónatronandoconviolenciaenmipechoyunaplegaria
repetitivaflotandoenmimente,salítrasélalacarrera.Oíminombre,peronomedetuve.
Corríajadeantetraselanimal,perosusiluetanegraganabadistancia;apretélosdientesyaceleré
todo lo que pude. Me dolían los pechos, que, llenos, se sacudían pesados, enviándome punzadas
lacerantes;labatadesedaseabrióycomenzóaescurrirsepormishombros;estirélosbrazoshacia
atrásydejéqueelvientomelaarrancara.Perdíunazapatilla,ymedeshicedeformaapresuradadela
otraagitandoelpie.
Thorsedirigíahaciaelmismolugar.
Trasdemí,varioshombrescorrían;supedequiéneranlospasosquemeseguíanmásdecerca.
Elperroestaveznosedetuvoenelbordedelacantilado;seagachóyforcejeóbajolacercade
madera; poco a poco comenzó a escurrirse entre el suelo y el tronco que aprisionaba su enorme
mole.Lafragantehierba,húmedaderocío,loayudóensuempresa.Justocuandoledabaalcance,el
animaldesaparecióantemisojos.
—¡¡¡Thor!!!—gritépresadelaangustia.
Me asomé resollando al acantilado, apoyé las manos en el suave y pulido tronco de arce e,
impertérrita,descubríalanimaldeslizándoseagachadomientrasdescendíaconsumocuidadoporun
lateraldelbarranco.Nolopensé.
Franqueé la valla. Ya tanteaba con la punta de mis pies descalzos un punto de apoyo para
descenderelangostosenderoquehabíaelegidoelperrocuandounasfuertesmanosmeapresaronlos
brazos.Fuielevadacomounaligeramuñecadetrapoyestrechadacontraunampliopechocálidoy
jadeante.
—Iréyo,niseteocurraseguirme—ordenóconvozestrangulada.
ObservélaexpresióndeterminadadeGunnar;susojosreflejabanlaangustiaquehabíasentido
viéndomesaltarlacerca.
Saltóelvalladoycomenzóeldescenso.
—¡Tencuidado!
Alzó el rostro hacia mí; en el verdor brillante de su mirada vi la firmeza de un guerrero, la
angustiadeunpadreyelamordeunesposo.
Detodaslaspenuriasvividasenotrosiglo,loqueahoradevastabamiinteriornoteníaparangón
connadadelosentido.Jamásunterrortanprimariomehabíaasoladodeaquellaforma;mipresión
arterial amenazaba con reventarme el corazón, las náuseas me azotaban inclementes, escalofríos
violentoserizabanmipiel,semehabíacerradolagargantayunescalofriantecosquilleomerecorría
laespinadorsal.
Contodosmissentidosalerta,inclinadapeligrosamentesobreeltroncodelcercado,observaba
aGunnaraferrarseapiedras,amatojos,buscandopuntosdeapoyosegurosparaavanzar.
Alinstante,aparecieronvariospolicíasyelinspectorBerg.
—¡Joder,deberíahaberesperado!—exclamóelinspector.Trasaquelexabrupto,sedirigióauno
delosagentes—.¡Quetraigandeinmediatounacuerda!
Elaludidocorriócomoalmaquellevaeldiablo.
—Esunatemeridad,unalocura;puededespeñarseporesebarranco.¡Mierda!
Sequitólachaquetaylacorbataconmovimientosacelerados,mientrasmeobservabaceñudo.
—Serámejorqueesperelacuerda—aconsejéenunmortecinohilodevoz.
—Siempredandoórdenes—mascullóairado.
Lomirésinentendersuspalabras,nomeconocíadenada.Ensuazulmiradabrillóunaextraña
familiaridad,quemedesconcertótodavíamás.
Ignorandomiconsejo,atravesólavallayestudióelterrenoantesdeaventurarseeneldescenso.
Cuandovolvióamirarme,seembebiódemirostroconunaexpresiónanhelante,algodefrustración,
perosobretodoconunafirmedecisión.
—Tranquila,lotraerédevuelta,estavezsí.
«¿Estavezsí?»Nomediotiempoareplicar,descendióladeraabajoconbastantesoltura.
Asomadaaaquelbarranco,sentímásangustia,inseguridadytemorquesibajaraporél.Gunnar
había desaparecido de mi vista, y el inspector Berg recorría con extremada precaución el mismo
trayecto.
Mi mente sólo era capaz de procesar un ruego, con desesperante insistencia... «Por favor, por
favor, Dios mío, devuélvemelos...» Y entonces mi mente traidora y cruel trajo a mi memoria el
recuerdodelaspesadillasdelanocheanterior,sometiendomidoloraunatorturaapenassoportable.
Lavisióndelasdoslápidaspesócomounalosasobremí.
Gemí,meaferréalavalla,lavistasedesdibujó,memareé,lasrodillascomenzaronaflaquear,
miestómagoseconvulsionó.
—Apártese,señora—ordenóunavoz.
Cuando abrí las manos y me separé de la cerca, no me sostuve, caí de rodillas, hundí los
hombros y sollocé, mientras el policía ataba una cuerda al tronco y lanzaba toda la longitud de la
sogahaciaelabismo.
Me dije a mí misma que tenía que ser fuerte, que todo saldría bien, que debía mantener la
serenidad,perolapesadillaestabatanfrescaenmimente,tanvívidamenteespeluznante,quemeera
imposibleborrarlapararecuperarelcontrol.
No.Otravezlaspesadillas,aquelloeramásdeloquepodíasoportar.
—¡Vicky!
Elenaseabalanzósobremíymecobijóentresusbrazos.Lloramosjuntasundolordifícilmente
soportable; en memoria del inmenso cariño que nos profesábamos, ambas olvidamos por un
momento reclamos y preguntas; en honor a la amistad que compartíamos, nos dimos consuelo
mutuo.
—Loencontrarán,amiga,losé,confíaenello,nopuedeshundirte,nolopermitiré,¿meoyes?
Se separó de mí, me secó las húmedas mejillas con el dorso de la mano y me acarició con
infinitadulzura.
—Deboobligarmeapensareso...omevolveréloca—admitítrémula.
Elenaasintióyforzóunamagodesonrisa.
—Hildur ha llegado, está prestando declaración al ayudante del inspector, el señor Jacobsen;
asegura que su prima no durmió anoche en casa. Britta, Knute, Sven y Lisbet también están aquí,
están...afectadosporlanoticia.
«Ingrid»,pensé;¿eraposiblequeella...?DebíahablarconHildur.
—Volvamosalacasa—sugirióElena,ayudándomealevantarme.
Neguéconlacabeza,nohastaqueGunnarregresaraamilado.
Alolejosoíelsilbidomonótonodelassirenasdeloscochespoliciales.Rastreabanlazona.
Depronto,otrosonidosesumóalabataholaqueflotabaporelvalleresquebrajandosuhabitual
armonía:unladridoapagado,provenientedelfondodelbarranco;seguidamente,ungritomasculino
yvocespidiendoayuda.
Semeencogióelcorazón.
Variospolicíasseinclinaronsobrelacerca,unodeelloslacruzóysedeslizóporlacuerda.
Meprecipitédenuevosobreelcercado,desdeotropunto,ymeinclinédesesperadaporcaptar
algúnmovimiento.
Unavozopacadagritóunafrasequemehelólasangre;reconocíenellaalinspector.
—¡¡¡ElseñorJensensehadespeñado!!!¡Necesitamosmásefectivos,yunaunidaddeurgencias
médicas!¡Pidanunhelicópteroderescate,aprisa!
Sentí que la cabeza me daba vueltas; apoyé todo mi cuerpo sobre el tronco de arce y, de
puntillas,conelalmaenviloyelcorazónsangrando,measométodoloquepude.Ungritoescapóde
migarganta:
—¡¡¡¡¡Guuuunnnnaarrrrr!!!!!!
Uncrujidomesobresaltó;lacercasedesplazó,nomediotiempoarecuperarelequilibrioycaí
alvacío.
Gritépresadeunterrorquedespertócadaterminaciónnerviosaapresandotodosmisentidosen
unaagoníasinigual.
Noooooooooo... Mi garganta se cerró y una imagen me acompañó en la caída: Gunnar
sosteniendoamibebé;novinadamás...sólonegrura...
8
Atravésdelossiglos
Exhaléuntenuegemidoyabrílentamentelosojos.
Miré a mi alrededor; vislumbré una pared de madera, una banqueta, más allá, un refulgir
parpadeantequellamómiatención,yparpadeé.Intentégirarlacabezamáshaciamiderecha,perome
fueimposible.
—¡Freya,graciasalosdioses!¡Tehandevueltoalmundodelosvivos!
Eraunavozdemujer,ajadayemocionada.Intentéalzarunbrazo;pesabademasiado,desistí.
—Todavíaestásmuydébil,perolopeordelabatallahapasado.¡Ay,muchacha,penséquenolo
lograrías!
Enfoquélavistaenlamujerqueseinclinabasobremí.Observésucabellolargoyentrecano,su
rostro amable, marchito y conmovido. Sus lágrimas rodaban incesantes por sus mejillas, goteando
por la barbilla. Luché por tensar las comisuras de mis labios para formar una sonrisa, no sé si lo
conseguí.
—No digas nada —adujo Eyra—. Ya habrá tiempo para hablar, he de aprovechar que has
despertado para alimentarte. Llevas cinco lunas llenas sumida en las tinieblas; tu cuerpo se ha
descarnado,muchacha,hayquerellenardenuevoesascurvasquetantoenloquecenaloshombres.
Asentí;lamujerseinclinóymebesólafrente,acariciómicabelloysonrióemocionada.
—Hubounmomentoenquepenséquenoloconseguirías.Peroeresunalobaguerrera.
Esta vez sí logré devolverle la sonrisa. Los párpados me pesaban y mi cuerpo languidecía de
nuevo,estabatancansada...parpadeésomnolienta.
—¡Ah, no! —me increpó Eyra, sacudiendo la cabeza con vehemencia—. Ahora que por fin
lograsabrirlosojos,nopiensodejartedormirhastaquehayastomadoalmenosunascucharadasde
caldodevenado.Noimaginaslodifícilquehasidoalimentaruncuerpocasisinvida.
—E...yy...raaa...
Mivozsonórotayseca;intentétragarsaliva,peronolaencontré.
La anciana corrió hacia una mesa y me trajo una jarra de agua, que acercó a mis labios
agrietados.
—Bebe,niña,peroconcuidado.
Tragué el fresco líquido con ansia; lo sentí aliviando mi garganta, como un bálsamo curativo
queresucitabamicuerpo.Mesupoagloria.
Eyra redobló varias mantas y, alzándome por los hombros con vigor, las remetió tras mi
espaldaparaincorporarme.
Aquelzarandeomenublóporunmomentolavista;midebilidadextremaimpidióquelaayudara
ensuesfuerzo.
Meobservóconcentrada,asintióconformeysevolvióhacialalumbrequecaldeabalaestancia.
Por fin distinguí con claridad el fuego del hogar. Sobre él, una marmita, que pendía de un
ganchosujetoauntrípodemetálico,burbujeabaalegremente.
Eyratomóunaescudillademaderaysirvióenellaunagenerosaydensacucharadadecaldo.
Seacercóamí,inclinadasobreelcuenco,soplandoenérgicamenteelcontenido.
—Esto te sabrá como la ambrosía, y dará vigor a tu maltrecho cuerpo. El calor caldeará tu
interior,comositearroparanconlamejordelasmantas.Vamos.
Entreabrí los labios. Eyra acercaba la cuchara de madera a ellos y, con sumo cuidado,
derramabaenmibocaeloscuroyhumeantebrebaje.
Quemaba,perologrésoportarlatemperaturaenposdealejarelfríomortalquemorabaenmi
interior,comolaponzoñadeunvenenoqueseniegaaabandonarsuconquista.
Acadacucharada,miánimoparecíarestablecerse,ydespertabamiapetito.Famélica,cadavez
abríamáslaboca,acentuandolasonrisadeEyra,ylahumedadensusojos.
Cuando acabé mi escudilla, la mujer asintió satisfecha y, tras retirar el apoyo de mi espalda,
volvióatumbarme.
—Ahoraduermeunpoco,nohaymejorremedioparalasanaciónqueelalimentoyelsueño—
recomendóconunamiradamaternal.
Cerrélosojosreconfortada,suspiréymeabandonéalsueño...Unrostroasomóamimemoria,
abrídegolpelosojosyrecorrílacabañaconlamirada.
—Gu...nnaarr...—logrémusitar.
Eyraacomodólapieldeosoquemecubríayposósucallosamanoenmifrente.
—Después, cuando estés más fuerte. Duerme, Freya; ahora que la muerte te ha soltado de sus
garras,debesrecuperarteloantesposible.
Quisepoderlevantarmeysalirdeesacabaña,quisegritarsunombre,quisequesusbrazosme
rodearanymeacunaranenmisueño...quisemuchascosas...perosólologréuna,dormir.
Fuera,oíelgraznidodeocasyelladridodeunperro.Lacabañaestabasumidaenlapenumbra,
a excepción del fulgor mortecino del fuego del hogar, que apenas crepitaba sobre las brasas
ennegrecidasquehumeabanhacialaaberturadeltecho.
Alcéunbrazo,nosinesfuerzo,yretirélapielquemecubría;sudabacopiosamente.Busquéa
Eyraenlasemioscuridadreinante;nolaencontré,perosuvozllegóhastamí.
—¡Condenado perro! —exclamó furiosa—. Si vuelves a acercarte a mis ocas, te asaré en un
buenfuegodeleñaparacenar.
LapuertaseabrióyEyraentróenlacabaña,acompañadadeunaluzblanquecinaeintensa.Un
vientogélidoarrastróalinteriorhojarascaypuñadosdeheno,yunperrocurioso.
—¡Muchachainsensata,notedestapes!
Corriójuntoamicamastroehizoademándecubrirme.
—¡No!Meahogo.
Elfríoquesehabíafiltradodespertómissentidos.
—¡Vaya,parecesbastantemásrestablecida!Llevasdosdíasdurmiendo.
Seacercóaunadelasventanasyabriólospostigos.Unacegadoraluzblancasederramósobre
elinteriordelaminúsculacabaña.Entrecerrélosojosmolesta.
—Habrás de acostumbrarte a la luz, estás extremadamente pálida. Llega el invierno, así que
disfrutadelescasosolqueverás.
—Quierolevantarme,meduelelaespalda.
Eyraseasombróporlafluidezdemispalabras.
—Tal vez no sea mala idea —murmuró pensativa, frotándose la barbilla—. Tu cuerpo estará
anquilosado,necesitasfortalecerlo.Demomentotesentaréalamesa.
Elperroseacercóamíymeolisqueócurioso.Sentísuhúmedoyfríohocicoenmimejilla;le
dejéinspeccionarme.Susoscurosybrillantesojosseclavaronenlosmíos;jadeabaymovíalacola.
Alarguélamanoyloacariciéentrelaspuntiagudasorejas.Elanimalinclinóligeramentelacabeza,
disfrutando del contacto. Hundí los dedos en su espeso y suave pelaje, de diferentes tonalidades de
gris. Era un perro hermoso, grande, fuerte y robusto, parecido a un lobo, con cola enroscada más
claraqueeltronco,ymorroalargado.
—Hola,bonito,parecesunlobo—lesusurré.
—Eigualdevoraz—adujoEyra—.Esunperrocazador,cazaalcesyvenados.¿Veslacicatriz
quecruzasumejilla?
Lazigzagueantelíneacarentedepelo,rosadaycarnosa,quesurcabadesdeelextremodesuojo
izquierdohastacasisuhocicoleconferíaunaatemorizanteapariencia,peronolerestabahermosura.
Asentí.
—El muy zafio se enfrrentó, solito a un oso blanco, y no es la única cicatriz que tiene; en su
costadoselevelamarcadelazarpadeloso.Comotú,escapómilagrosamentedelamuerte.
—¿Cómosellama?—preguntépensativa.
—Fenrir.
—Unavez,undemoniomellamóasí—recordé.
Mesentíensintoníaconaquelanimal,amboséramossupervivientes.Amimenteacudieronlos
recuerdos,comoflechasincendiariasatravesandomipecho.
Aquellatrágicanocheenqueunavezmásmidestinocambiaba.Aquellanochemalditaenquefui
llevaba ante el jarl Harald el Implacable, aquella noche en que fui mancillada y golpeada por él,
aquellanocheenquemiloboacudióenmiayuda.Fenrir...mellamóeljarl,yenesomeconvirtióél.
—Deberíaestarmuerta—musité—;sentíqueloestaba,mealejéflotando,medespedídeél.
—Yesocreímos,perotudestinoesotro.
—¿Lasrunasseequivocaron?—inquirícongravedad.
Eyranegóconlacabeza,cogióunabanqueta,ladepositófrenteamicamastroysesentó.
El animal posó la cabeza sobre mí, se sentó también a mi lado y cerró los ojos, mientras le
rascabatraslaoreja.
—Lasrunasnuncaseequivocan,lasinterpretémal.VilatraiciónenlarunaAsinvertida,yse
cumplió;erréalnoleercorrectamentelarunaPerth,lamuerte,elfin,perodealguiencercano,muy
cercano a decir verdad, tu hijo, no tú. Luego está Isa de cara, un cese en las actividades, una
congelación,comopredije;Isaeslarunadelrenacimiento,yesexactamenteloquetehasucedido.
Lasotrasrunas,Rad,viajesymovimientos,yWird,segundasoportunidades,lapáginaenblanco,el
todoolanada,sonlasquevanaguiarteahora.
Inspiré profundamente, acaricié mi vientre y contuve las lágrimas a pesar de que el dolor que
asomabaentrelosrecuerdosresultabadesolador.
—Nopudehacernadaporél,ycasinopudehacerloporti—confesóconlaamarguravelando
su rostro— . El puñal dañó un órgano muy importante, no respirabas y te di por muerta. Gunnar...
enloqueció.
Cerréconfuerzalosojos,atrapandoenelloslaslágrimasqueseacumulaban;apretélosdientes
ycontuvecomopudeladolorosaimagendesurostrocontorsionadoporunsufrimientoatroz.
—¿Dóndeestá?—logrémusitarenapenasunhilodevoz.
—Lejosdeaquí—respondiócogitabunda—.CombateentrelashordasdelreyHalfdanelNegro;
yanohizofaltasimularqueestabaalladodelmalditojarlportemoraquedevastaralaaldea,puesto
que Skiringssal ya fue asolada, sólo unos pocos ancianos moran en ella. Ahora más que nunca
persiguesuvenganzaybuscasufinal.Tecreemuerta.
Ahoguéunsollozo,acambioobtuveunlametazodeFenrir,yunacariciadeEyra.
—¿Quépasó?—preguntétrémula.
Losojosdelaancianaseoscurecieron;bajólamiradaynegóconlacabeza.
—Nopudehacerlo—confesó;suvozperdióintensidad—.Nopude,Freya.Loviantemí,roto
de dolor, contigo inerte en sus brazos, maldiciendo a los dioses, gritando desaforado su agonía,
llorandocomounniñoperdido,suplicándomelaliberación,peronopude...
Alzólamirada;eltormentodesusojosmesobrecogió.Susdelgadoslabiosseapretaronenuna
muecasufrida.
—Esmihijo—sedefendióconvozconstreñida—.Enelúltimomomentodecidíliberarlodesu
dolor,peronoconlamuerte.
Hizounapausa,enlaquecogiómimanoentrelassuyas.
—Preparéunbrebaje,sí—empezóacontardenuevo;teníalamiradaperdida,elrostrotensoy
contenido,ysusmanossecrisparonentrelasmías.
»Machaquéraízdemandrágora,beleñoblancoybelladona,engrandescantidades,ylasmezclé
conaguamiel.Temíhabermeexcedidoenlasmedidas,peroGunnaresunhombregrandeyrobusto,
asíquerecéparaquedieraresultado,yfuncionó.Cayófulminadoeinconsciente,pudearrebatartede
sus brazos. Ayudada por algunos supervivientes de Skiringssal, te escondimos en una de las pocas
cabañasqueseguíanenpie,pueselterribleincendiódevastólaaldea.Pensabadispensarteunentierro
cristiano,asíquemeditodalaprisaposibleencavarteunatumba,antesdequeGunnarsalieradesu
letargo.
»Elpreparadodehierbasqueleofrecíesunremediomuypotenteparalapérdidadememoria,
ademásdeanularlacapacidaddeentendimientoyabotargarlossentidos.Poresoeratanimportante
quenadalerecordaraati,porelmomento.
»Perodespertóantesdequeyohubieraterminadodepreparartutumba.Tuvequedejarteenla
cabaña,mientrasacudíaasulado.
»Como esperaba, se mostró confuso y aturdido. Me preguntó qué pasaba, y le dije que habían
atacado la aldea los hombres del jarl, y que debía marchar junto al rey. Apenas se sostenía en pie.
Pedí ayuda a sus hombres, les rogué que se lo llevaran muy lejos, que habías muerto y que no te
mencionaran en ningún momento a no ser que él preguntara. Desconocía cuánto tiempo
permanecería en ese estado, por lo que le di a Thorffin un odre con el remedio, para que lo fuera
mezclando en su bebida de vez en cuando. Le recomendé que fuera disminuyendo la dosis
progresivamente; el tiempo, imaginé, haría el resto. Otro grupo de supervivientes también decidió
marcharse,yanoquedabanada,exceptomuerteydesolación.
—¿Porquénomeenterraste?
Eyra se limpió las lágrimas con un ademán seco y tosco. Era una mujer con una fortaleza
admirable,quesereprendíaasímismahastaenlosmomentosmáscomprensiblementedébiles.
—Como te dije, estaba dispuesta a hacerlo. Tuve que esperar a que se fueran. Partieron los
cuatro.Ragnaribaenunestadolamentable,malheridoencuerpoyalma;ErikyThorffinlograron
cargarconambosypartieronhacialosdominiosdelreyHalfdan.
»Entonces, regresé junto a ti y busqué a dos muchachos que cargaron contigo envuelta por
completoenunlinoblanco.Cuandotedepositaronenlatumba,mearrodilléenelbordeyrecéuna
oracióncristianaportualmayporladelpequeño;fueentoncescuandomirétuvientreabultadoyme
parecióvercómosemovía.Sumidaenlamáshondadelaspenas,melancéalafosaydepositéla
mano sobre tu barriga, ansiando sentir a ese pequeño ser que se apagaría por momentos. Fue
entonces cuando percibí cómo el liviano lino que cubría tu rostro vibraba apenas sobre tus labios,
henchido por un débil aliento de vida. No estabas muerta, aún no, pero morías. Aun así, no pude
sentarme a esperar que llegara tu momento. Ordené que te sacaran de allí y de nuevo te llevé a la
cabaña.
Tragósalivaymemirócongravedad,respiróhondamenteycontinuóconvozcansada.
—Habías perdido mucha sangre; tan sólo cosí tu herida y te coloqué emplastes para evitar
ponzoñas.Lopeorvinodespués.
Incapazdesoportarmimirada,lafijóenunpuntoindefinidotrasdemí.Atormentada,seobligó
acontinuar;estuvetentadadedetenerla,perolacuriosidadmepudo.
—Pasaron dos días y no despertabas, pero tampoco morías. Tu vientre, en cambio, dejó de
mostrar señal de vida; era evidente que habías perdido al niño. Así que no tuve otro remedio que
abrirteysacártelo.Elriesgoeramuyalto;noobstante,nohabíaotraalternativa.Tuve...queabrirtu
vientre y arrancar al pequeño de tus entrañas. Decidí cortar en la parte inferior del abdomen, y...
meterlamano.Yo...jamáshehechonadatan...atroz.Hiceloquebuenamentepude,Freya;telimpiey
cosí,ataquélapodredumbrequeyaseextendíaportucuerpocontodoslosremediosconocidos,te
alimenté a base de caldos y brebajes de hierbas, combatí las altas fiebres... y esperé. Todo sin un
atisbodeesperanza;acadainstanteesperabatumuerte,peronopodíadejardeluchar.Miobcecación
pareceserahoramimejorvirtud:luchécontralamuerteylavencí,aunqueyanuncamáspodrásser
madre.
Nos abrazamos envueltas en llanto. Sollozábamos liberando el sufrimiento y la rabia por el
ingratodestinoquenosvapuleabaimplacable,pero,almenos,todavíapodíamosenfrentarlo.
—Eyra,siempreteconsiderécomounamadre;ahorasindudaloeres,puesmehasdadolavida.
Elarrugadorostrodelamujerseiluminó;susojospequeñosybrillantesderramaronsobremí
todoelamorquemeprofesaba.
—Niña,ningunamadrepodráquerermásaunahijadeloqueyotequieroati.
Respiréhondoysonreíentrelágrimasydicha.
—Tenemosqueencontrarlo—musitéconlaimpacienciarecorriéndomelasentrañas,comoun
depredadorqueesperaansiososalirdecaza.
—Sí, y lo haremos —concedió Eyra—. Nos espera un largo viaje y, para eso, necesitas
restablecerteloantesposibleo,loqueeslomismo,obedeceraestaviejagruñona,asíquesiéntatea
lamesaeimitaaFenrir,devorandotodolocomestiblequeencuentres.
Soltéunacarcajada;alinstantemesentíllenadevigor,deesperanzaeilusión.Casiimaginabala
caradeGunnarcuandometuvierafrenteaél,casisentíasusbrazosamialrededor,subocasobrela
mía,susimpresionantesojosverdesbrillandoincrédulosyalborozadosporreencontrarmeviva.
—Muchacha,turisamesuenaamúsicacelestial.¿Sabíasqueelhumoresimprescindibleenla
sanación?Elánimoesuncuriosoelementodeinclinaciónenlabalanzadelenfermo;cuantomásalto
setiene,másmermaladolencia.
Eyrameguiñóunojo;derepente,parecióinclusorejuvenecer.Ahoraambasteníamosunmeta
conjunta, una ilusionada esperanza, un mismo hombre al que encontrar, una misma adoración que
regalar.
ConayudadeEyra,yacompañadaporelperro,quehabíadecidido,poralgunaincomprensible
razón,nodespegarsedemí,mesentéalamesaydibuenacuentadeloquemeofreció.Erantantaslas
viandasque,bajolamesa,ofrecíaaFenrirunabuenapartedeellas.Porcómomemirabaelanimal,
supequemehabíaganadounlealprotector.
9
Elulfhednar
Pasabanlosdías,ymicuerpoganabafortalezayresistenciaenunarecuperacióninaudita.Elánimo
fueunodeloscausantes,peronoelúnico.SalíaacaminarconFenrir,pescabaycazabaasulado;me
ejercitédeformainsistenteconelarco,ycabalgabaporlosverdesprados,seguidapormiinagotable
guardián.AyudabaaEyraenlaslaboresdomésticas,comíacomounloboydormíaprofundamente
enlasgélidasylargasnochesdeuninviernoincipiente.Ysoñabaporeldía,conunrostroyunos
ojosquenoseapartabandemimenteniuninstante.
Lo echaba tanto de menos, tanto, que la sensación de desamparo comenzaba a oprimirme y a
irritarme.Memoríaportenerlofrenteamí,ytemíanollegaratiempo.Puesél,creyéndomemuerta,
seentregaríaalabatalladeformaimprudenteytemeraria,buscandosualivio,comosuponíaEyra,
quecompartíaelmismodesasosiegoqueyo.
Noobstante,aquellosiempretraíadiscusionesentrenosotras.Yodeseabapartirdeinmediato,y
Eyra,másreflexivaypaciente,aguantabamisarrebatosensilenciosinreplicar;tansóloaguardaba
quesoltaratodosmismiedosyfinalizabalaconversaciónconlamismafrase:«Partiremoscuando
yoloconsidere,noantes».
Esanochemeacostérumiandofuriosayfrustrada.Noentendíaquémásdebíamosesperar;mi
cuerpohabíaganadopeso,mismúsculosvolvíanaserelásticosy,conmimentemásalertayaguda
que nunca, me sentía fuerte y poderosa, totalmente restablecida y con unas imperiosas ganas de
encontrarporfinmifelicidad.PeroEyraesanochenisiquieraacabóladiscusiónconsuconsabida
frase,selimitóaregalarmeunasonrisaenigmáticaysemetióensujergón.
Alamañanasiguiente,loprimeroqueoíaldesperezarmefueronloscascosdevarioscaballos,
yunasvocesmasculinasenapagadaconversación.
Me incorporé de golpe. Fenrir, que dormía a los pies de mi camastro, alzó las orejas con
atenciónygruñómolestocuandomelevantéraudadelacama.Sacudíconcariñosulomoysaltépor
encimadeél,enbuscademitúnicadelana.Melaceñíconuncinturóndecueromarrónymeenvolví
enunacapaquesujetéconunafíbula,hermosamentelabradaenoro.Descartéelturbante;mellevaría
demasiadotiempometermiespesaylargamelenanegraenaquelrecuadrodetela,asíquemelaeché
aunlado,sobreelhombroderechoy,contodalaagilidadypremuraquepude,conforméunagruesa
trenzaqueatéconuncordel.
Salí apresurada de la cabaña, consumida por la curiosidad. Fenrir abrió su enorme boca y
bostezócondesidia,chasqueólalengua,serelamióunpardevecesymesiguió.
—Vamos,perroholgazán,parecequetenemosvisita.
Dos hombres clavaron la mirada en mí. Uno de ellos arqueó las cejas con asombro y al final
sonrióconfrancaadmiración;elotro,encambio,mecontemplabaimpertérrito.Amboseranjóvenes
yfornidos,aunquedeaparienciaopuestaelunoalotro.
Elmásaltoeraterriblementeapuesto:rubio,desedosamelenalargacontrenzasadornandolos
costadosdesuarmoniosorostro,brillantesyalmendradosojoscelestes,pómulosaltosylabocade
un dios. El otro era bajo, pelirrojo, de ojos minúsculos y hundidos, frente demasiado ancha y
prominente,mandíbulaalargada,bocadelabiosfinos,anodino,desabridoypocoagraciado.Irjunto
aaquelhermosoguerreroeraloquemenoslefavorecía;unguerreroquenomeeradesconocido,
porcierto.
—Hola,Hiram—saludéjovial.
—Hola,mujerhermosaconsentidodelhumorperoconesposoceloso.
Soltéunaabiertacarcajadaantelaalusiónanuestropeculiarprimerencuentro.Tentadaestuvede
echarme a sus brazos, si no fuera porque una vez ya había intentado seducirme; eso sí, cuando
desconocíaquiéneramiesposo.
—Mealegraverte—confesé—,aunquemealegraríamásveratumaestrodeinstrucción.
Hirammeguiñóunojoymesonriódemediolado.Susdotesdeseducciónsindudaerandones
naturalesenél.
—Enestemomentoibacaminoaengrosarsustropas.Tuvoquemarcharalsur,paraofrecerun
pactoalreyHorikelViejo,deJutlandia,ennombredeHalfdanelNegro;siaceptan,tendremosel
apoyodeuntemibleejército.
MiréemocionadaaEyra,queyaseacercabaconunasonrisadesuficienciaenloslabios.
—Ya lo he considerado —comenzó a decir alargando las palabras y con ellas mi ansiedad—.
Partiremosenestemismoinstante.
Dejéescaparungrititoexaltadoylaabracéjubilosa.
—¡Muchachaalocada!—merecriminóconsuavidad—.Nopodíamospartirhastasaberadónde
hacerlo; había mandado mensajes a Hiram en nombre de Gunnar, para que a la vuelta pasara a
recogernos.
—¿Tehedichoyaqueteadoro?
Eyrariocomplacidaysacudiólacabezaantemiexcitadaactitud.
—Vamos,niñaimpacienteeinsufrible,aunqueencantadora,conesposoceloso.
Saltédealegría;eratalmiregocijoquehastaFenrirladróanimoso,sacudiendosupeludacola
conalborozo.
—Mi hersir se morirá cuando te vea; no pienso perdérmelo por nada del mundo —anunció
Hiram,quesonreíatanfelizcomonosotras.
—Seguroquetedevolverásuconfianza—adujerecordandoloscelosdeGunnaryelalboroto
quemontócuandolodescubrióenplenaseducción.
—Nocreo—contravinoelguerrero—.Mepidióquenovolvieraaponerlosojossobreti,yes
loúnicoquenopiensocumplir.
Reídenuevo,loempujédivertidaymeadentréalacarreraenlacabañaenbuscadelosfardos
quellevabandíaspreparadosparaelviaje.
—¿Puedohacerteunapregunta?—inquirióHiram.
Carguéelcarcajamiespalda,crucémiarcoenelotrohombroyarrastrélosfardoshastadonde
meesperabalareducidacomitiva.
—¿Puedes?
Hiramseapresuróaayudarmeconlacarga.Conprestezalosalzóamicaballoy,mientraslos
asegurabaconcorreajes,planteó:
—¿Tieneshermanas?Porque,siesasí,mipróximaincursiónseráatustierras.
Neguéconlacabeza.Amimenteacudióelrecuerdodemisdoshermanosdepadre;miojosse
nublaron con remembranzas dolorosas. La nostalgia por las gentes que dejé hace tanto en aquellas
soleadastierrasandalusíesbrotódegolpe.
—Eh,noqueríaentristecerte—musitóHiramconpreocupación;detuvosumanoamitaddeun
nudoylapusosobremihombro—.Tedejoquemegolpees.
—¿Cómo?
—Sí,porcadadesatinocometido,tienesmipermisoparagolpearme—meexplicóeljovencon
convencimiento.
—No haré tal cosa, al menos por esto. No tienes la culpa de que recuerde mi pasado, pues es
algo que ocurrirá mientras viva; el pasado es una parte de mi vida, una parte que siempre estará
presente,yqueacudiráamimenteenmásdeunaocasión.
Cuandoterminédehablar,meencontréconunamiradapensativa.
—Nosabescuántolamentoquenotengashermanas,aunquedudoque,aunasí,algunapudiera
superarte.
—Hiram,detenteomeobligarásagolpearte—advertíentonosocarrón.
Elguerreroriojocoso,peroensumiradapermaneciósuanhelo.
—Porcierto—agregó—,ésteesSigurdelDuende.
—Hola, Sigurd. —Me volví hacia el pequeño pelirrojo. Su apelativo era absolutamente
apropiadoasuscaracterísticasfísicas.
—Amínotendrásquegolpearme—murmurósonriente.
Hiram, Eyra y yo estallamos en carcajadas. Tal vez su aspecto era el de un duende, pero su
caráctereraeldeunbufón.
Nos dirigíamos hacia el reino de Vingulmark, hacia la aldea de Hedemark, donde moraba la
residencia real de Halfdan Svarte el Negro, el gran caudillo nórdico que sumaba regiones en sus
numerosasconquistas.
Hiramcabalgabajuntoamí,contándomelaapasionantevidadelemblemáticoreyHalfdan.
Al parecer era un hombre extremadamente justo, pero belicoso y atroz. Un hombre
acostumbradoalsufrimiento.Perdióasupadrecuandotansólocontabacondocelunas.Muyjoven
tuvoquepelearparadefendersureino,quecompartióconsuhermanoOlaf.
Envuelto en multitud de escaramuzas y emboscadas, logró sobrevivir, gracias a su fortaleza y
habilidad.SehabíadesposadoconlahijadelreydeSogn,HaraldGulskegBarbaDorada,unabella
muchacha llamada Ragnhild, que le había dado un heredero. No obstante, enviudó trágicamente y,
como preso de una maldición, su hijo, apenas un niño, que había sido enviado junto a su abuelo
maternoparasueducacióncomofuturorey,tambiénpereciópresadeunasextrañasfiebres.Halfdan,
firmecomounaroca,viajóhaciaelreinodeSognyreclamóparasíaquellastierras.Nadieseopuso.
—Tiene mucho poder, pero también muchos enemigos, casi tantos como ambición —aseveró
Hiramazuzandoasumonturaparacruzarunriachuelo.
Sacudí las riendas y mi yegua bruna aceleró el trote, chapoteando en las prístinas aguas y
ascendiendocongraciayagilidadlaempinadariberadelrío.
—¿SabesalgodeljarlHaraldelImplacable?
Hirammeobservóconundejefuriosoensusemblante.
—Sóloséquerecorrelosreinosenbuscadeapoyos;losIldengum,yotrosclanessubversivos,
sehanunidoasucausa:derrocaraHalfdan.Sudeseoesenfrentaratodoslosjarlscontralosreyes
que los gobiernan. Mandó un emisario al más fiero jarl de todos, el del rey Horik de Jutlandia, el
grancaudilloRagnarLodbrok,peroallímeenterédequehabíapartidoconcasicientoveintenaves
haciaelimperiofranco.Ragnarestámásinteresadoenampliarterritoriosfueradesureino,aunque
dudo que aceptara tal alianza; Ragnar sólo se somete a su rey, para conseguir apoyo para sus
incursionesmarítimas;noesunhombrequehayanacidoparasometerse.
—NohabíaoídohablardeRagnarLodbrok.
Hiramobservólalontananzaconmiradaperdida.
—Oiráshablardeél,estápredestinadoaconseguirgrandescosas—murmurópensativo.
—YHorik,¿acudiráalllamamientodeHalfdan?
—Nolosé,esposiblequelohaga—respondió—.MontóencóleracuandosupoqueHaraldel
ImplacablehabíaintentadoimpelerasujarlRagnaralasublevación.Pero,porotrolado,noquiere
favoreceraHalfdan,anoser,claroestá,quelacompensaciónquerecibalemerezcalapena.Imagino
queestarámeditándolo.
Sólounacosamepreocupabaentretantaintrigaporelpoder:lavidadeGunnar.Éltansóloera
unapiezaqueelreymoveríaasuantojoy,siseavecinabaunagranbatalla,estabaseguradequeél
encabezaríasustropas.
—¿HalfdanconfíaplenamenteenGunnar?
Hiramsonrió;sinembargo,unvelocubriósumirada.
—Halfdan no confía en nadie, lo han emboscado demasiadas veces, pero sin duda valora la
presenciadeunguerrerodesutalla.Gunnarahorapertenecealhirddelrey.
Lomiréconpreocupación.
—¿Elhird?
—Unséquitoreal,laguardiamáscercanaalrey;hastaconvivenconlafamilia,silatuviera,que
latendrá.GunnareselbrazoderechodeHalfdan.
—Esereyeslistoyafortunado—murmuréconanhelo.
Hirammeescrutóconcuriosidad.Finalmentesonrióconalgoparecidoalapesadumbre.
—Ardesendeseosdeverlo,¿no?
Asentíydejévagarlamiradaporelhermosoparajequenosrodeaba.
La nostalgia me sacudió; en un entorno parecido, Gunnar me llevaba en su montura, mientras
mesusurrabaanécdotasdesuinfancia.
—Sólopiensoenrodearloconlosbrazos,enbesarsuslabios,endecirlecuántoloamo...yen
nodespegarmejamásdesulado.
—¿Ysiélnorespondecomodebería?
Lo miré perpleja, aquella posibilidad era nula. Gunnar me amaba más que a su vida: era
imposiblequemeolvidaraencasiseislunas,aunquemecreyeramuerta.
—Responderá,noalbergodudaalguna,soytodoparaél,comoélloesparamí.
—Meconstaelamorqueteprofesa,sóloque...
Frenéabruptamentelamonturayclavémimiradainquisidoraenél.
EyraySigurd,quecabalgabantrasnosotros,meimitaron.
Hiramadelantósucaballoyloatravesófrenteamiyegua.
—Freya—comenzóadecirentonograve—.Yo...nosécómodecirteesto...
Eyrasepusoamialturayobservóconpreocupaciónmisemblante.
—¡Habla!—exigíimperativa;uncrecientetemormeasaltó,encogiéndomeelestómago.
—Gunnarnoes...elmismohombrequeconociste,Freya—repusocongestoinquieto.
—Eldolorcambiaaloshombres—intervinoEyra—.Volveráaserelqueeracuandodescubra
queestáviva.
Hiramcontinuabamirándomepresodeuninquietantedesasosiego,quemehizosospecharque
algomásocultaba.
—¿Enquéhacambiado?—preguntétemerosa.
—Entodo—respondiócogitabundo.
—Notecreo—repliquéaltanera.
Hirammecontemplóuninstante,sacudiólacabezayseretiróelcabellodelafrenteenungesto
impaciente.
—Mecreeráscuandoloveas.—Hizounapausa;vicompasiónensumirada—.Poresotellevo
conél,túereslaúnicaesperanzaquenosquedaparaqueregreseanosotros,paraquevuelvaaserel
queera.
Disipéeldesasosiegoconunasonrisaconfiada.
—Loserá,Hiram,yomeencargodeeso.
Elmuchachomedevolviólasonrisacargadadeesperanza.
—Sí;tellamabasuloba,ycomotalhabrásdelidiarlo,puesenesosehaconvertidoél,enun
lobotemible.Elmásfieroulfhednarquehayanconocidoestasverdestierras.
—¿Ulfhednar?
La celeste mirada del guerrero volvió a oscurecerse, como un paño oscuro que cubre un
amargorecuerdo,queriendoocultarloperoperfilandodeformamacabrasucontorno.
—Es parecido a un berseker, pero más temible, atroz y letal. Un guerrero enfebrecido, que
marchaalabatallasemidesnudo,tansólotapadoporunascalzas,conlaespaldacubiertaconlapiel
de un lobo y con la cabeza del animal sobre la suya, absolutamente convertido en esa fiera, sin un
ápicedehumanidad,nicompasión.Creoqueyanorecuerdaquiénfue.
Intentétragarsaliva,peromefueimposible.Notéatoradaenlagargantaunaboladeangustiay
temorquemeprivabadeaire.Hiramnotóalinstanteelcambioenmisemblante,yposóunamanoen
mihombromostrándomesuapoyo.
Intentésonreírleperomefueimposible.
—Venciste a la muerte, muchacha —recordó Eyra con firmeza—. No te resultará muy difícil
venceraunlobo.
«No»,medije,ymássabiendolafortalezayfierezadelalobaqueyoguardabaenmiinterior,
esaquemehabíaayudadoasobrevivirenmásdeunaocasión,laquehabíaluchadocontraeljarl,la
quehabíamatadoaAda,laquehabíasobrevivido.Ysihabíadellamarladenuevo,loharía,unaymil
veces,lasnecesarias,paralucharpormividaypormifelicidad.
Másanimada,sacudílasriendasymiyeguabrunainiciósutroteenérgico.
—Dices bien, Eyra; a nada temo ya, y sólo hay un propósito a mi regreso: recuperar a mi
esposo.
Eyraensanchóloslabiosconorgulloyarreóasumonturaconigualdeterminación.Juntoalos
caballoscaminabaFenrir,acompañándomeenmibúsqueda.
Antenosotrossurgieronlasaltivasmontañas,queseperfilabanenundesvaídotonoañil,como
majestuosofondodeunainmensallanura,surcadaporruidososyvivacesriachuelos,ybosquecillos
deolmosyabedules.
Aspiré el perfumado y fresco aire silvestre y clavé los ojos en las espesas nubes que se
arremolinaban en apretados grupos, como si quisieran fundirse unas con otras para formar un
mullidomantoníveo,acaparandodeformaegoístalostenuesrayossolaresparaellassolas.Lasmás
livianasresplandecíandeoro,mostrandosolapadamentelabellezadeaquellosmágicoshaces,pero
privándonosdesucalor.
Cabalgábamosabuenritmo,porunterrenofirmeyfácil,ensilencio,cadacualsumidoensus
propiospensamientos;losmíossóloteníanunnombre.
Nosdetuvimosalmediodíaparacomer.Eyramelanzabamiradasescrutadoras,calibrandomi
ánimo,yyosiempremeesforzabaporimprimirligerezaamisonrisa,yconfianzaamimirada;no
obstante,laagudezadelaancianaparecíarecalarinclusoenmialma,ysupequeleíamimentecon
claridadmeridiana.Losabía,puesmisemblanteeraunreflejodelsuyopropio.
Sin embargo, ninguna expuso los recelos y las preocupaciones. Comimos escuchando la
conversacióndeloshombres.SigurdcomentabalashazañasdelgranRagnarLodbrok,lamentando
noformarpartedesusguerreros,eHiramintercambiabaobservaciones,dirigiéndomefugacespero
insistentesvistazos,comoevaluándomeconnotableinquietud.Tuvelaimpresióndequemeocultaba
algomás.
No quise indagar; temí hallar una respuesta que me perturbara más, y no deseaba que el
desasosiegocrecieramásdeloquelohacía.
Limpiélasmigasdepandecentenodelafaldademitúnica,guardéeltacodevenadoahumadoy
secoqueHiramhabíafileteadoytoméelodrevacío,conintencióndellenarloenelcristalinoarroyo
queserpenteabaanuestrolado.
Sigurdafilabasuenormehacha,casimásgrandequeél,yEyraalimentabaaFenrir,altiempo
quemanteníaunacuriosaconversaciónconelanimal.
Hiramseacercóamí,peronodijonada,tansólomeobservaba.Parecíadebatirseconalgo.
Inclinadasobreelarroyo,esperandoquelacorrienteengrosaraelvolumendelodre,musité:
—Noquierosaberlo.
Hiramseacuclillóamiladoysonrióimpresionado.
—Eresmuylista.
—Sóloobservadora;llevasladudapintadaenlacaracomosifueranpinturasdeguerra.
Chasqueólalenguacondiversiónysacudiósuesplendorosamelenadorada.
—Estáclaroquenopuedomentir,mimalditacarahablaantesqueyo.
Sonreíamivez.Esamalditacara,comoéllallamaba,nonecesitabamentirparaseduciranadie.
—Freya...—comenzóadecir.
—No—insistí—.Sealoquesea,prefierodescubrirlocuandoloencuentre.
Hiramarqueólascejas,mostrandosudesconcierto.
—¿Noprefieresestarpreparadaparaloquetevasaencontrar?
—Prefiero solventar en el acto lo que me vaya a encontrar antes que torturarme con
posibilidades,queseguramentemerobenelsueñoantesdetiempo.
—Sindudaloharían.
—¿Puedopedirtealgo?
—Loquequieras—seapresuróaresponder.
—Nomeanimesmás.
Elhombresoltóunacarcajadaabiertayestentórea,queresonóalolargodelvalle,provocando
elvuelodevariascornejasquesumaronsuschirriantesgraznidosalarisadeHiram.
—Lointentaré—concedióelguerrero,conlarisaaúnprendidaensumirada.
—No,loharás...omeveréenlaobligacióndedespellejarteconmidaga.
—Unamujerdura,¿eh?
Mepuseenpie,conelodrelleno,ylelancéunamiradaburlonamientrascerrabaelrecipiente.
—Sí,algodemujertienemiloba.
Meencaminéhaciamiyeguayatéelodrealamontura.Hirammesiguió.
—No fue tu belleza lo que cautivó a mi hersir —murmuró a mi espalda— y es eso lo que
necesitaráspararecuperarlo;sinembargo...sinoloconsiguesconél...haymáshombresqueseguro
quesucumbenanteti.
Mevolvíylesostuvelamirada,estabademasiadocerca.
—No,nohaymáshombres,noparamí.
Hiramencogióloshombros;suexpresiónseentristeció,peroalinstantemeregalóunasonrisa
deafligidaaceptación.
—Ésaesmidesgracia—mascullóconunasonrisasuperflua,intentandosuavizarlaintensidad
desumirada.
Apoyélapuntadelpieenelestriboyconagilidadmealcésobrelasilla,meacomodéylomiré
conseveridad.
—No,tudesgraciaserávolveraenfrentartealairadetumaestroinstructor,siprosiguescon
esaactitud.
Arreéalcaballoymeadelantéhacialasuavependientedeunamullidaloma.Elvientomecíalos
altosbrotesdehierba,esparciendosufragantearomaporelpáramo.
Cerrélosojosylollaméconlavozdelcorazón.Cadaporodemipielclamabasuscaricias.Mi
necesidaddeélempezabaaserdesesperante.
«¿Dóndeestás,amormío?»
Suspiréhondamenteymerepetíenmicabezaquevolveríaaverlo,quemislabiossaborearían
lossuyosdenuevo,quemipieldespertaríabajosuscaricias,quemialmaseenlazaríaalasuyaenel
encuentro de nuestras miradas subyugadas. Sí, me dije, un amor como el nuestro no podía
derrocarse;nisiquieralamuerteoelolvidololograrían.
Cuandoelgruposereunióamialrededor,perroincluido,proseguimoseltrayecto.
10
Entreapodosyamigos
Trasvariasagotadorasjornadasdeviaje,yapesardequeladistanciarecorridameacercabaaél,mi
pacienciaparadójicamenteseagotaba.Memostrabairascible,pensativayausente.
Eyrasolíaobservarmeceñuda,peronoreplicaba,selimitabaacompartirmihermetismo.
Unanoche,acampadosbajounaespesaarboleda,Fenrirseagitóinquieto.
Siempre dormía a mi lado, acomodando su peludo cuerpo en mi costado, hasta aposentar el
afiladomorrosobremí.Yoagradecíasucaloryseguridad,yhundíalosdedosenaquelsuavepelaje
grisáceoarrancándolegruñidosdesatisfacción.
—¿Quépasa,amigo?
Elanimal,orejialto,olisqueóconcienzudoelaire,ydeinmediatoseincorporóyobservócon
rigidezalgúnpuntoamiderecha.
Escrutélapenumbra.Ladelgadacurvadelalunaapenasplateabaelbosque,permitiendoalas
sombras más infames adueñarse de casi la totalidad de los resguardos que formaban el espeso
aligustrequenosrodeaba.
Todoparecíaencalma;aunospasos,oíelsuaveresoplidodeunodeloscaballos,unsusurrode
ropas,ylevementeeldeslizardelmetalescapandodesufunda.
—Shhhhh...—susurróHiram,gateandohastamí.Setumbóamiladoymeobligóaimitarlo—.
Fingequeduermes;nosacechan,tenamanotudaga.
Obedecíyaguardéconelcorazónenunpuño.
Depronto,Fenrirladróyselanzóalacarrera,perdiéndoseentrelosmatorrales.
Sentílamanodelguerreropresionandolamíacontraelsuelodelbosque,enmudaadvertencia.
Inmóvil,conelcorazónatronandoenmipecho,agudicéeloído;temíporFenrir,peroaguanté
lasganasdellamarlo.
Ungritodehombremeerizólapiely,comosifueralaseñalesperada,todosnospusimosenpie
yempuñamosnuestrasarmas.VislumbréaEyrajuntoamí;alzabasupuñal.
Hiramseadelantó,hizounaseñalaSigurdyendoságileszancadasseperdióentrelaespesura,
mientrasseguíaloslamentosdelhombreacompañadosdelosgruñidosdeFenrir.
Sigurdcubríanuestrasespaldas,atentoacualquiermovimiento,ynosotrasentrecerrábamoslos
ojosintentandodiscernirsiluetasenlasemioscuridad,preparadasparadefendernuestrasvidas.
Oímos varios golpes sordos, gemidos, pasos, y el susurro de un cuerpo arrastrado entre la
breña.
—Soy yo —anunció Hiram medio encorvado y jadeante, al tiempo que tiraba del cuerpo al
parecerinertedeunhombre.
—Eseperrotuyocasihahechotodoeltrabajo—mascullóconundejedereproche.
Fenrir apareció en ese instante, con la lengua fuera y agitando exaltado la peluda curva de su
cola.
Corrió hacia mí, buscando su recompensa. Le rasqué orgullosa el cuello. En ese momento,
detecté el olor metálico de la sangre expulsado por su aliento; me aparté, tenía todo el morro
ensangrentado.
—Sigurd,compruebalosalrededoresmientrasdespiertoalintruso.
Elpequeñoperorobustopelirrojoasintióydesapareciócasialinstante.
Hiram pegó la espalda del prisionero al tronco de un árbol, le extendió las piernas sobre la
putrefactahojarascadellechodelbosqueymepidiólacuerdaquecolgabaensumontura.
Raudaselallevéyloayudéaatarloconfuerzaentornoalgruesotroncodelolmo.
—¿Nosespiaba?—pregunté.
Hiramasintiósinmirarme.
—Loraroesqueestésolo,yesomepreocupa;talvez,cuandoelperroseabalanzósobreél,su
compañerologróhuir.Siesasí,notardaráenavisarasugrupoyvendránporél.
—Eyra, necesito que despiertes cuanto antes a este hombre; Freya, enciende la hoguera —
ordenóasegurandoelnudo.
Ambasnosapresuramosarealizarnuestroscometidos.
Yaconelanaranjadofulgordelfuego,pudimoscomprobarelestadodelhombre.
Eyrahabíasacadodesualforjaunpotedebarro,delqueextrajounaextrañayhediondahierba
quecalentófrotándolaentrelosdedos,yluegolapusojustobajolanarizdelprisionero.
Milagrosamente el hombre comenzó a toser, mientras sacudía con violencia la cabeza. Miré
asombradaalaanciana,quesonreíaconsuficiencia.
—El orín de mi cabras, con excrementos y hojas de fresno en descomposición, nunca falla...
hastaqueseseca,claroestá.
—¡Apartaesodemicara,viejavölva!—gruñóelpreso.
—Sí, soy una bruja —aseveró Eyra, con una sonrisa maléfica—, así que, si no quieres que te
maldigaconungaldrar,yveascómotucuerposepudreenvida,másvalequemedigasporquénos
acechabas.
—BastaconqueledigasquedejarásqueFenrir termine su cena —sugirió Hiram observando
entreadmiradoeinquietolasangranteheridadelapiernadelhombre—.Eseperrotieneelnombre
apropiado,sinduda.
Eyra se rascó pensativa la barbilla y apretó los delgados labios mientras evaluaba con mirada
concentradalamordidadelanimal.Delaheridamanabauntorrenteincesantedesangre.
—Sinoleaplicamosuntorniquete,moriráantesdelalba—murmuróconfríaeficiencia.
Hiram se inclinó sobre el pálido rostro del hombre, que apretaba los dientes conteniendo con
estoicosemblanteeldolor.
—Seloaplicaráscuandohable,noantes—sentencióconrotundidad—.¿Quieresmorir?
ElprisioneromirósuheridadesgarradaysanguinolentaynuevamenteaHiram.
Negóconlacabeza.
—Pueshabla;notequedamuchotiempo,comienzaaamanecer.
—Mialdea...estáapocadistanciadeaquí.Hacepoco,ungrupodebrutalesguerrerosdevastaron
ymataronagranpartedemifamiliayvecinos...Yo...desdeentonces,vigilolasinmediaciones,por
temorasuregreso...Dijeronquevolveríanpormihija.Vivuestrahoguera...durantemiguardia,y
decidíecharunvistazo.
El hombre languidecía por momentos con una asombrosa premura. La vida se le escapaba a
travésdeladentelladadelperro.Lospárpadoscomenzabanapesarle,aligualquelacabeza,quedaba
sacudidasbruscasycontinuas,enunaluchainfructuosaporpermanecererguida.
—¡Rápido,Eyra,semuere!—laapremiébuscandoconlamiradaunapequeñaramaconlaque
enrollarelpañoqueyasacabalaancianadesuhatillo.
Eyraseacuclillójuntoalprisionero,ledeslizólagruesateladealgodónporlaingle,hizoun
nudo flojo, me arrebató la rama de la mano, la introdujo entre el nudo y comenzó a girar para
ejercerlapresiónadecuada.
Elhombresedesvaneció.
Alinstante,elincesanteeintermitenteflujodesangresedetuvo.
—¿Hamuerto?—inquirítemblorosa.
Eyrapalpóunlateraldelcuellodelhombreynegóconlacabeza.
—Aprovecharéqueestáinconscienteparacurarlo.
Sigurd apareció con un par de liebres atadas por las patas traseras a su cinto; aún se sacudían
desesperadas.
—Para que luego no digas que regreso con las manos vacías —adujo dirigiéndose a Hiram.
Miró al prisionero y sacudió la cabeza—. Ese estúpido iba solo, no había más huellas. —Sonrió
jactanciosoymeneólacaderadondependíansuspresas—.Bueno,lasdemisdosnuevosamigos.
—Serámejorqueconstruyamosunacamilla—opinóHiram—,tenemosquellevarloasualdea.
Partimos al alba, con el herido en unas parihuelas improvisadas, arrastrado por el caballo de
Hiram.TrashaberrecibidolosexpertoscuidadosdelasabiaEyra,cuyosconocimientostransgredían
cualquiercienciaconocida,puesestabaseguradequealgomágicomovíasusmanos,elprisionero
habíarecuperadolaconscienciaynosguiaba.
Notardamosenllegaraunreducidogrupodecabañasapiñadas;algunasdeellaserantansólo
unpuñadoderescoldosennegrecidos.
Nadiesalióarecibirnos.
Nos detuvimos y desmontamos mirando a nuestro alrededor. Las únicas señales de vida que
encontramosfueronunasocasaleteandodentrodeunrecinto,yunpardecabrasatadasauncercado;
juntoaellas,habíaunbaldemediollenodeleche.
—¿Dóndeestán?—inquirióHirammirandoconreceloasualrededor;rápidamenteenarbolósu
aceroysepusoenguardia.Sigurdloimitó.
Observéalprisionero;sussesgadosojosazulessecubrieronconunvelodeindecisión.
Meacerquéaélymearrodilléasulado.
Era un hombre de mediana edad, alto y corpulento, con un flamígero cabello rojo, ahora
enredadoysucio,quesepegabaaunrostroanchodehuesosmarcados,todavíapálido.
—Nadahasdetemerdenosotros—murmuréconsuavidad—.Sólosomosviajerosconrumboa
Hedemark.Comprendotudesconfianza,porloqueseguiremosnuestrocamino;imaginoquetugente
aguardaquenosmarchemosparasalir.
Meincorporéjustocuandounaflechasilbójuntoamiorejaizquierda.
—¡Acubierto,nosatacan!—bramóSigurd.
Hiram se abalanzó sobre mí, me tiró al suelo y me cubrió con su cuerpo. Tras el doloroso
aterrizaje, llegaron los dolorosos recuerdos de aquella cala en Aalborg. Gunnar había hecho
exactamentelomismocuandosufrimoselataquedeUlfyAmina,cuandolasflechassurcaronelaire
comounaletalbandadadevelocescuervos,rompiendoconsussilbidoslabrisadeaquellacosta.
Abrílosojos;teníaelrostrosepultadoenelcuellodelguerrero.Sucabellodoradoclaroseme
antojómásoscuro;sucuerpo,máspoderoso;suaroma,eldeotrohombre.Unapunzadadeanhelo
mesacudió.
Oíunlargoyagudosilbidoylasflechassedetuvieron.Hiramalzólacabeza,fijólamiradamás
alládeloscaballosysucuerposedestensó.Entoncesmeobservó.
Iba a decirme algo, pero se prendó de mi mirada, o más bien de mi desgarrada expresión.
Deslizólosojoshaciamislabios,ylosdemoróahí.Desubocaescapóunsuspiro.Comomovidapor
unafuerzasuperior,alcélamanoylallevéasumentón.Acariciélevementesucontornohastallegar
alabarbilla,despuésascendíhastasusgenerososlabiosylosrepaséconlayemadelosdedos.Hiram
gimióycerrólosojos.Cuandolosvolvióaabrir,mepercatédequenoeranverdes,ydequeaquélla
noerasuboca,niaquélsurostro,ymeencogídedolor.Lapuranecesidaddeélhabíaenturbiadomis
sentidos.
Salídegolpedeaquelendemoniadoencantamiento,delinflujodelosrecuerdos,ehiceademán
deapartarlo,peroélnosemovió.
—Podría haberte durado un poco más —se quejó en un susurro contenido—; aunque, si me
hubierasllegadoabesar...mehabríashechocaerendesgraciaparasiempre.
Respiróhondoy,trasunúltimovistazoanhelanteamislabios,sepusoenpieyamíconél.Fue
entoncescuandolosvimos.
Eraungruporeducidodeancianos,mujeresyniños,queseapiñabansuspicacesynosmiraban
conevidentedesasosiego.
Una joven de cabellos de fuego, mirada relampagueante y briosos andares se dirigió hacia
nosotrosconlosbrazospegadosaloscostados,lospuñosapretadosyloslabiosoprimidosenuna
muecadefuriaapabullante.
—¿Quélehabéishechoamipadre,condenados...?—AlzóelpuñohaciaHiram;ésteleapresóla
muñeca y, en un habilidoso giro, le dobló el brazo contra la espalda y se pegó a ella,
inmovilizándola.
—¡Quieta,pequeñaarpía,nomeobliguesapartirteelbrazo!
—Tupadrenosacechóenelbosque—comencéaexplicarconvoztranquilizadora—;pensamos
queeranasaltantesymiperroloatacó,perolohemoscuradoyvenimosaentregártelo.Nobuscamos
problemas,sólosomosviajeros.
Lajovenmemiró;suceñoseguíafruncido,aunquehabíadejadodedebatirse.
—¡Valdis—gritóelprisionero—,dicelaverdad!
—¡Suéltame, patán! —exigió la muchacha revolviéndose contra Hiram; éste la soltó y la
contemplóconlosbrazosenjarrasyunasonrisapendencieraenloslabios.
—¿Valdis?—inquiriómirándolaseductor.
—Parati,soyFuriaRoja,mentecato.
Para sorpresa de la muchacha, Hiram estalló en una alegre carcajada. Ése fue el sonido que
relajólosánimosdetodos.
—¿Mentecato?—pronuncióHiramsacudiendolacabeza.
—¿Nomedigasquetambiéneressordo?—respondiócortantelachica.
—Nosoysordonimentecato;paratusuerte,soyunhombrepaciente.
Lajovenpelirrojaasintióyselimitóasostenerretadoralamiradadelguerrero.Hiramavanzó
haciaella.
—Entonces,hola,ValdisFuriaRoja,yosólosoyHiram.
—¿Notienesapodo?—preguntócuriosa—.Todoelmundotieneuno;apuestoaqueeltuyoes
tanridículoqueteavergüenzadecirlo.
Disimuléunasonrisa;aquellajovencitaeratodoundesafíoparaalguienacostumbradoahacer
enmudeceracuantasmujeresseponíanensucamino.
—Enrealidad,Hiram,yotambiénmepreguntécuáleratuapodo—repliquédivertida—.Porque
tienesqueteneruno,¿no?
Hirammefulminóconlamiradayfruncióelceño.
—¿Vasaponertedesuparte?—preguntósorprendido.
—No,sóloescuriosidad.
Leregaléunasonrisacándida,peroélfruncióelceño.
—Bien—repusoValdislacónica—.TendréquellamarteHiramSinApodo.
Nopudeaguantarlarisa.Hirambufóycomenzóaenrojecer.
—Novasallamarmedeningunamalditaforma,porquenovolverásavermeentuvida.
Ambosseencararonelunoalaotra,enlamismaposición,conlaspiernasligeramenteabiertas,
losbrazosenjarras,elceñoarrugadoyunmohínfuriosoensusrostros.
—Sítieneapodo—anuncióSigurdconunasonrisamaléficaensurostrodeduende.
—Niseteocurra...
Sigurdlevantólamanoparatranquilizarasuamigo,serascólabarbayasintió.
—Notepreocupes,amigo,nodiréanadiequetuapodoesBellezaDulce.
Abrílosojosasombradayreprimíunasonrisa;miréraudahaciaotrolado.PeroHiramnoibaa
correrlamismasuerteconValdislaDeslenguada.
—¿Hiram...BellezaDulce?
Lamuchachasoltóunaestruendosarisotada;casienelactofueacompañadaporsusconvecinos,
que,risueños,murmurabanchanzasyburlasqueprovocabanmásrisas.
El pobre guerrero, congestionado en una mueca furiosa, se acercó a su amigo, que reía a
mandíbulabatiente,ylepropinóunpuñetazoenelmentón.ElDuenderedoblósuscarcajadassentado
enelsuelo.
—¡¿TendréquesuplicaraOdínquemandeaalgunadesusvalquiriasparaqueliberenmiscasi
roídoshuesosdeestacamilla?!
Ese reclamo logró frenar las carcajadas de Valdis, que corrió junto a su padre y comenzó a
desatarlo.
—Serámejorquepartamos—murmuréaunceñudoHiram.
—Gracias—susurró.
Alcélascejasinquisitiva.
—Pornoreírtedemiapodo—añadió.
Enrealidaderaunapodomásqueapropiado;imaginabaque,siendoaúnmásjoven,subelleza
habría resultado casi angelical; por fortuna la madurez había cincelado sus rasgos agudizando su
masculinidad,convirtiéndoloenunhombrehermosoasecas.Susojos,deunbrillantetonoceleste,
mostraban, tras su enojo, una ternura que invitaba a consolarlo en un abrazo, aunque bien me
guardaríadeofrecérselo.
—Heestadoapunto—admitídivertida—,peromeheresistido.
—Odio ese apodo —masculló—. ¿Quién puede tomarse en serio a un gran guerrero apodado
así?,¿quéescaldoseríacapazdenarrarlashazañasdeunhombreconesecondenadoapelativo?
Nopudeevitarposarlamanosobresuhombroyoprimirloenmuestradeapoyo.
—Déjame decirte algo, gran guerrero: no has de avergonzarte por ser un hombre apuesto y
dulce,estoyseguradequeeresmuyenvidiadoportodos,pues,además,tuhermosuranorestafuerza
yvaloratuconducta.Acabasdedemostrarmequeeresvaliente,nobleyleal.Nomeextrañaquelas
mujeressematenporti.
Hiramdistendiósusmullidoslabiosenunasonrisaagradecida.
—Casualmente,aquíhaydosmujeresquenosucumbenantemisencantos.
Neguéconlacabeza,ymiréalabelicosajovenpelirroja.
—Una,sólouna,laotranolotengotanclaro.
Hiramsiguióladireccióndemimiradayseencontróconlosojoscuriososdelajoven.
—Aveces,Hiram,lasmujeressolemosenfrentarnosaloquenoshacevulnerables,sobretodoa
lasquemáslescuestasometerse.
—Seacomofuere,ahorasóloquieroperderladevista;esaflacuchasólodespiertamiinstinto
asesino.
Sonreí.Eyra,quehabíaatadoconunacuerdaaFenrirysehabíalimitadoaobservarlaescena,
seacercóalprisionero.
—Procuramantenerlimpialaheridaynohabrácomplicaciones—aconsejó.
—Creoqueestáisendeudaconmigo—aseveróelhombreconsemblanteadusto.
Eyranegóconlacabeza.
—Yonolocreo—manifestólaancianaconconvencimiento.
—Habéisestadoapuntodematarme—puntualizóelrufián—;creoqueesjustoque,acambio,
meotorguéisunagracia.
Eyrasonriótaimada,pasólamanoporellomodeFenriryreplicó:
—Mi perro estuvo a punto de matarte, por tu completa necedad; yo, a cambio, te liberé de la
muerte.Estamosenpaz.
Eyrasevolvióhacianosotrosehizoelgestodepartir,sacudiendoimpacientelamano.
—¡Nopodéismarcharos!—exclamóelhombredesesperado.
Todoslomiramosconfusos.
—Vamos—apremióEyra—,demostrémoslequepodemos.
—Tenéisquellevarosamihija;señora,oslosuplicoporlosdioses,queparecentenerganasde
verme.
Eyrasedetuvoylesostuvolamiradaconcrecienteasombro.
—Vaya,¿yanosoyunavölva?
Elhombre,sumiso,negóconlacabeza.
—Nosehandetenerencuentalaspalabrasdeunhombrequeacabadesercasidevoradopor
unabestia—explicóél.
—Siesundisculpa,laacepto—concedióEyra—,peronopiensosepararaunahijadesulisiado
padre.
Diodospasoshaciasucaballocuandoelhombrebramódenuevo.
—¡Puesllevadmeamítambién!—suplicó—.Valdisnoestáseguraaquí,ese...malditoberseker
regresaráporella.
Eyra se detuvo cuando ya encajaba el pie en el estribo. Bufó, respiro hondo y se volvió para
mirarlo.
—¿Unberseker?—preguntéacercándomealhombreincorporadoenlacamilla.
—Hake,elguerreromásbrutalydespiadadodeestoslares,lideraungrupodedocehombres
temibles, entre ellos Starkad el Viejo, un sanguinario. Fueron ellos los que saquearon la aldea,
buscabanalgo.
Hiramgruñóyapretólosdientes.
—¡Esemalnacido!
—¿Loconoces?—inquirí.
Hiramasintió,sepasólamanoporsuespesamelenalaciayfruncióelceño.
—Mató al rey de Ringerike, el noble Sigurd Hart; al menos logró dejarlo sin mano antes de
perecer. También emboscó al rey Halfdan; por fortuna logró escapar de la celada en el bosque.
Halfdan no suele olvidarse de sus enemigos y quiso dar buena cuenta de uno tan peligroso como
Hake. Lo persiguió y acorraló; en el ataque mató a los hermanos del berseker, Hysing y Helsing,
peroeldesgraciadologróescaparyabandonósureinojurandovengarse;fuecuandoHalfdantomó
comosuyalaregióndeVingulmark.
Sentíunescalofríorecorriendomiespinadorsal.
—Talvezsedirijahaciaallíparavengarse.
Hiramnegóconvehemencialacabeza;susojossevelaronconunainquietapreocupación.
—Noestannecio,noatacarádefrente,algotrama.DebemosavisaraHalfdandequehapasado
poraquí.Notenemostiempoqueperder.
—Se prendó de mi Valdis —repitió angustiado el hombre— y juró que se la llevaría; moriré
antesdepermitireso.
Lajovenseabrazóasupadreyhundióelrostroenelpechodelhombre.
—Yahassufridodemasiado,padre,novoyasepararmedeti.
Permanecimosensilencio,observandoelcariñofamiliarquenosregalaban.
Supequenopodíamosdejarlaallí,noamanosdeaquelserimplacable.Noobstante,elrecuerdo
de mi otrora compasión por Ada, que había decidido fatalmente mi destino, me planteó una seria
cuestión.Sicadadecisión,pornimiaquepareciera,eracapazdemarcarnuestrofuturo,¿quéseríalo
mássensato?:¿hacerlasaunlado,enmudeciendolaconciencia,oenfrentarlasyseguirsiendofiela
nuestrosmásnoblesprincipios?Amboscaminosconllevabanunriesgo;elprimero,lucharhastael
desgastecontratunaturalezaysobrellevarlosremordimientos,perderesaesenciaquetehacemás
humano. Y el segundo, arriesgarte a que paguen con traición una bondad. Por fortuna, para el
segundocaminohabíaunaprotección,ladesconfianza,yéseseríamiescudo.
—Lallevaremosconnosotros—anunciécondecisión.
Eyrameobservóconunextrañobrilloensusojos,quenosupeinterpretar.
—¿Estássegura?—selimitóapreguntar.
—No,peroquieroseguirsiendoyo.
Sonrióconorgulloyasintió.
Hiram me observó con admiración, completamente de acuerdo con mi decisión a pesar de su
malcomienzoconlatemperamentaljoven.
—Imaginoquehemosdecargartambiénconesebellaco,¿meequivoco?—pronunciósagazla
anciana.
—Estebellacotienenombre—replicóofendidoelaludido—.SoyJorund...
—Déjameadivinar—lointerrumpióEyra—,¿JorundelGruñón?
ValdisdejóescaparunaapagadarisitaymiróaEyraconapreciativoasombro.
—Nomeequivocaba,despuésdetodo—rezongóelhombre—:eresunavölva.
11
LafuriadeThor
Comenzóallover.
Arrebujados bajo nuestras capas, cabalgábamos despacio por el sobresfuerzo que tenía que
realizarelcaballodeHiram.Larebeldemuchachamontabaconél,abrazadaalacinturadelguerrero
y mirando una y otra vez la camilla donde su padre iba tumbado. El pobre animal resollaba cada
tanto,casilamentándosedesusuerte.
Llevábamos tres agotadoras jornadas de marcha, a un paso lamentablemente lento, debido a
nuestrosrepentinoscompañerosdeviaje.
Anuestroalrededor,lallanuradelampliopáramo,deunverdortanbrillantequehastaresultaba
cegador,comenzabaaacortarseafavordelacadenamontañosaquesealzabaantenosotros,retadora
ymajestuosa.
El cielo empezó a oscurecerse y un relámpago iluminó subrepticiamente las espesas nubes
agrisadas,comosihubieransidogolpeadasporMjolnir,elmartillodeThor.Actoseguido,pareció
quelacarrozadeldiosdeltruenotraquetearaporellas,enunaterradorsonidoensordecedor.
Lalluviaarrecióderepente,pasandodelaslánguidaslágrimasdeFreyr,diosdelalluvia,auna
furiosa cortina de agua, como si la furia de Thor descargara sobre nosotros el Hvergelmir, el
manantialdelquemanabanlosonceríosglacialesdeNilfheim,reinodelaoscuridadylastinieblas.
Y,sinduda,esetétricoreinoparecíaquererenvolvernos.
Un grito logró alzarse entre los lamentos del cielo y la furia de los dioses, el de Jorund el
Gruñón.
—¡¿Pretendéisquemeahogue,condenados;nomehabéishechoyasufrirsuficiente?!
Detuvimosloscaballos.
—¡No hallaremos cobijo en la llanura! —gritó Hiram, para hacerse oír entre la iracunda
tormenta—.Hemosdeapresurarnoshacialasmontañas,esprobablequeencontremosalgunacueva
enlaentradaalbarranco.
—Cesará la tormenta antes de que lleguemos al barranco —argumentó Sigurd—. Tu caballo
lleva excesiva carga, sólo encuentro dos soluciones: una, que el herido cabalgue conmigo, y otra,
ponerlobocabajoenlacamilla...—sonriósocarrón—...creoqueyahasaciadoconcrecessused.
—¡Sigoahogándome;porlosdioses,sacadmedeaquí!—bramóelaludido.
Hiramrespiróhondo,desmontóy,juntoaSigurd,liberaronaJorunddelacamillaylollevaron
haciaelcaballodelDuende.
En el corto trayecto, el herido soltó una serie ininterrumpida de imprecaciones, lamentos,
gemidos,bufidosymaldicionesqueconvirtieronlosgolpesdelMjolnirsobrenuestrascabezasenel
inofensivorepiqueteodeunpájarocarpintero.
—Si vuelves a despegar los labios, maldito gigante, te juro que te los sellaré a golpes —
amenazóelDuende,adoptandolafuriadelatormentaensuafiladorostro.
—Noséquiéncorrepeorsuerte,amigo—murmuróHiram,mirandoaValdis—,sitúoyo.
—Cambio mi suerte por la tuya cuando lo desees —se lamentó Sigurd. En un ágil salto, se
encaramó a su montura tras el herido, que se había abrazado al cuello del animal agotado por el
esfuerzo.
MiréelcorceldeHiram;elpobreanimaldistendíalosollaresmostrandosufatiga.
—SerámejorqueValdiscabalgueconmigo—propuse—.Hasdedarleunrespiroatucaballo.
Hiramasintióyalzóunamano,pidiendoaValdisquedesmontara.
No me pasó por alto la mirada contrariada de la joven; recordé otra situación similar vivida,
peroconunasalvedad:estavez,noeramihombreeldisputado.
—Vaya,parecequenoesmipeordíadespuésdetodo—secongratulóelguerreroaliviado.
Lajovenlofulminóconlamiradaypasóaltivajuntoaél,conlabarbillaerguidayloshombros
firmes,apesardelosbaldesdeaguaqueparecíanlanzarnoslasnubes.
Lebrindélamanoparaayudarlaamontar;meregalóunamiradaairada,perolaaceptóybrincó
coneleganciatrasdemí.
Mevolvíhaciaella.
—Nosoyunapuestoguerrerodorado,perotendrásqueconformarte.
—Prefierocabalgarcontigo—mintió—queconunpatánpresuntuoso.
Asentíconunasonrisacondescendienteyarreéamicaballo.
Eyra, sabiamente, decidió montar al perro en su corcel. Ayudada por Hiram, consiguieron
asegurarlo con una cuerda a su silla, a pesar de la reticencia de Fenrir, que gemía de un modo
lastimoso.
Conlacargarepartidadeformaequitativa,pudimosacelerarnuestrogalopehastaadentrarnos
enlapenumbradeunestrechosendero.
Lasinuosasendanosconducíaalfondodelbarranco,queatravesabalaescarpadacordilleraque
debíamostraspasarparallegaraHedemark.
Lacascadadeaguaquedescendíadelasladerasseacumulabaenelcaminoycrecíaaunritmo
preocupante.
—¡Estonomegusta,Hiram!—gritégirandolacabezahaciaél.
—Notepreocupes,Freya,másadelanteelcaminoasciende.
Azucéamimonturaychapoteóconbríolosprofundoscharcosqueempezabanadesbordarse.
Elsenderocomenzabaaconvertirseenelcaucedeunrío.
Valdis se pegó a mi espalda enlazando con fuerza sus brazos a mi cintura; el traqueteo del
caballonossacudíabruscamente.Apretélosdientesresistiendolasafiladasgotasdelluviacomosi
fueran agujas de pino que impactaban con violencia contra mi rostro, reduciéndome visibilidad y
lacerándomelapiel.Conelzarandeo,lacapuchahabíacaídoamiespaldaempapadaypesada,elfrío
comenzóamellarmeyeltemor,aoprimirme.
Ante mí, no eran montañas lo que se alzaba, más bien se me antojaba estar cruzando dos
colosalesmasasdeaguaqueapenasseabríanparadejarnospaso,comoMoisésatravesandoelmar
Rojo.Pordesgracia,parecíamosrepresentarmásbienelpapeldelosegipcioscuandolasaguasse
cerraronsobreellos.
Llegamos al primer recodo de aquel estrecho desfiladero y, como había predicho Hiram,
comenzabaelascenso.
—¡Noloconseguiremos!—gritóValdistrasdemí.
Hiram se puso a mi lado, detuvo su montura y observó con preocupación la fuerza torrencial
conquedescendíaelaguadelamontaña.
Supequeyanopodíamosdarlavuelta,nuestraúnicasalidaeracontinuarelcamino.
—¡Nolosabremossinolointentamos!—contestéavozengrito.
Hiram clavó en mí sus claros ojos y frunció el ceño; sus facciones adquirieron una feroz
determinaciónyasintióvehemente.
—¡Sigamos!
MiréaEyraantesdecontinuar,yhalléensusojoslaseguridadquebuscaba.Lafuerzaretenida
enmírecobrósuintensidad.Podíaconaquello,podíacontodocontaldellegarhastaél.
Enrollélasriendasenmismanos,afianzándolasfuertemente,peguélasrodillasalosflancosde
miyeguayespoleécondurezalamonturaaltiempoquegritabacontodasmisfuerzas,instigandoal
animal,queavanzósobresaltadoynossacudióconviolencia.
Inclinémicuerpohaciadelante,tensandocadamúsculo,mientrasagitabalasriendasunayotra
vezentregritosdefuriayaliento,luchandocontralanaturaleza,conunosojosverdososcomoúnico
estandarteondeandoenmimente.
Elcaballoluchabaconafánenlasubida,conladesesperacióndesalvarsuvida.Suspezuñasse
escurríancasicontinuamente,peroelanimalrecuperabaelequilibriorelinchandoyresoplando,todo
unejemplodetozudezyvalor.
Porfinllegamosalsiguienterecodo,allílapendienteerabastantemásllevadera;nosdetuvimos
pararecuperarelresuello.
—¡Thorestádescargandotodasufuriacontranosotros!—exclamóSigurd—.¡Pocasveceshe
vistounatormentaigual!
Jorund,abrazadoalcuellodelcaballo,girólacabezaparamirarme;teníaelrostrocrispadode
dolor.Lalluviaarrastrabaporsupiernalasangrequemanabadesuingle.Maldijeparamisadentros.
—¡Hemosdeencontrarprontounrefugio,apresurémonos!—sugeríconpreocupación.
Reanudamos penosamente la marcha, agotados y ateridos de frío, azotados por un clima
inclemente,zarandeadosporelgélidoalientodelamontaña,queparecíabuscarnuestroretornocon
suempuje.
Cada piedra, cada montículo, cada recodo parecían crecer en dificultad a medida que
avanzábamos, pero no porque el escarpado terreno empeorara, sino porque nuestras fuerzas
mermabanaunritmoconsiderable.
Más allá, pudimos divisar cómo la falda de la montaña mostraba una amplia oquedad, que,
aunquenollegabaaserunacueva,almenosnoscobijaríadelatempestad,pudiendodescansarenlas
entrañasdeaquellapiedracalizaqueparecíaquererretenernosparasiempre.
Hiramseadelantóconsumaltrechoalazán,querenqueabaexhausto,temblorosoycabizbajo,al
límitedesusfuerzas.
Llegamos a aquel entrante, que por fortuna fue lo suficientemente amplio como para que
pudiéramosresguardarnosenél.
Desmontamostrémulosycaladoshastaloshuesosynoscobijamosalfondodelentrante.
SigurdeHiramayudaronaJorundadesmontar;yohicelopropioconEyrayFenrir.
—Muchacha, desata mi fardo y mi hatillo —me ordenó aquélla con premura—. Creo que es
horadeponermeconlaboresdecostura.
UnaValdischorreantelamirócomosihubieraperdidoeljuicio,desconocedoradequeeltrapo
queusaríalaancianaseríasupropiopadre.
TumbaronalmaltrechoJorundsobreunacapadepelodenutria.Eyradesenrollóunrectángulo
depielcurtida,dondeguardabasusútilesyhierbassecasagrupadasenramilletesatados,ysedirigió
aloshombresconfirmeza.
—Debéis sujetarlo con toda la fuerza de la que seáis capaces —explicó Eyra—, como si
lucharaisconuntemibleosoquedesealiberarseparadevoraros.
Sigurdsonriódemedioladoyarqueóunacejayfruncióelcejoauntiempo.
—¿Comosi?Esexactamentealoquenosenfrentaremos.
Hiramsoltóunaabruptacarcajada.
—Puesnomepillasenelmejormomentoahoramismo,quizáacabadevorándonos—arguyó
entrerisas.
—Lo que está claro es que hoy los dioses no parecen favorecernos —musitó socarrón el
Duende.
Amboshombresrieronmientrassujetabanalhombretónquemedioinconscientenosobservaba
conmiradavacua.
—¡Mipadrenoesningúncobarde!—estallóValdis—,resistiráeldolorcomoelmásvaleroso
delosguerreros.
Los hombres no replicaron, pero de inmediato desviaron la mirada con sendas sonrisas
incrédulasbailandoensusrostros.
—Esoloveremosahora—respondióEyramientraspasabahilodealgodónporelojodeuna
agujadehueso,largaydelgada.
—¿Preparados?—preguntóbajándolelascalzasalherido.Leseparólaspiernas,inspeccionóla
heridaylepidióaValdisquesesentarasobrelapiernasana.Sigurdsujetólapiernaheridamientras
Hiramloaferrabadeloshombros.
—¿Pre... prepa... rados...? —musitó Jorund entrecortadamente, preso de la confusión y la
debilidad—.¿Pa...ra...qué?
Eyraapenasalzólavistaymusitó:
—Paragritar.
Y sin dilación, colocó otro torniquete en la ingle, apretando con fuerza cada giro entre los
incesantesalaridosdelhombrequeseconvulsionabaconfuerzainusitada.
La herida, en la parte interna del muslo, mostraba sus bordes desiguales; el desgarro en los
tejidos impedía que se pudiera coser con facilidad, así que la anciana tuvo que unir con fuerza los
bordesmáscercanosdelaatrozdentelladaycoserlosconsolturayrapidezenpuntadasprecisasy
hábilesqueibaentrecruzandoparaimpedirqueseescaparan.
TancentradaestabaenladestrezadeEyra,quetardéunratoendarmecuentadequelosgritos
habíancesado.
Miréalgrandullón,paradescubrirqueeldolorlohabíadejadoinconsciente.
Hirammesonreía;sehabíapuestoenpieysesacudíaelcabelloylasropas.
—Parecequeesteosononosdevoraráhoy—musitódivertido.
—Sí—convinoSigurd—,haestadomuyocupadoaullando;menosmalquesedesmayó,pensé
quemequedaríasordodeporvida.
Loshombresrieronsocarrones,antelafuriosaexpresióndeValdis.
—Ya quisierais el valor de mi padre —refunfuñó dolida—. Se enfrentó a ese manco horrible,
mientrasyoescapabaalascolinas.Apuntoestuvodematarlo.
HirammiróaSigurd,fruncióelceñoyserascómeditabundolanariz.
—Antes de que lo atacara Fenrir, parecía bastante entero; de hecho, ese mordisco es la única
heridaquetiene.
Losorificiosnasalesdelapelirrojasedistendieronenunmohíndefuriosaimpaciencia.
—Hedichoqueestuvoapunto,elbersekerloamenazó,ylogolpeó,ydijoquevolveríapormí.
—Estoy tentado de entregarte a Hake —espetó Hiram—; sería el final de tan poderoso
guerrero...Undíacontigo...estáresultandomortal.
Sigurdseesforzóporestrangularunasonrisaburlona,compartidaporHiram,pero,almirara
losojosdesuamigodemasiadotiempo,ambosprorrumpieronensonorascarcajadas.
Valdis resopló iracunda; sus mejillas pálidas enrojecieron visiblemente y sus rasgados ojos
azulesdestellaronletales.Miróenderredor,seagachóycogióunapiedradelsuelo.
—¡Valdis,no...!—grité.
Sinpensarlodosveces,lalanzócontralacabezadeHiram.
El sonido hueco contra el cráneo del guerrero reverberó entre las paredes de piedra. Hiram
abriólosojosespantado,sellevóunamanoallateraldelacabezadondehabíaimpactadoelguijarro
ysepalpóconcuidadoentrelamelena.
Meabalancésobreéljustocuandosusrodillasseflexionabanligeramente;logróconservarel
equilibrio.
—¿Hasperdidoeljuicio?—leincrepéindignada.
Lamuchachamostróensurostrounprofundoarrepentimiento.Semordióellabioinferiorcon
preocupaciónylogróarticularunadisculpa,perofueincapazdemiraraHiramalosojos.
—Otraquetieneelapodoacorde—rezongóEyra,queagotadasetumbósobresupieldeosoy
cerrólosojos.
PaséelbrazodeHiramsobremishombros,losujetéporlacinturayloayudéatumbarse.Me
recliné sobre él preocupada; su cabello dorado empezaba a teñirse de rojo. Le separé algunos
mechonesparapoderverlaherida.
—Nohurguesenlaherida—sequejófijandolosojosenmirostro.
—TalveznecesitesqueEyratedéalgunaspuntadas.
—Nomereferíaaesaherida.
Entoncesreparéenqueestabaprácticamentesobreél,conmibocademasiadocercadelasuya.
—Deberíasquitartelaropa—sugirióparamiasombro.
—¿Co...cómo?
Entoncessonrióabiertamenteantemiarrobo.
—Estás empapada —explicó—. Y, aun exhausto como estoy, furioso con esa arpía y con un
dolor de cabeza que será mi compañero esta noche, no puedo dejar de reparar en cada una de tus
turbadorascurvas.Ysoyunguerreroleal,Freya,peronodejodeserunhombre,ytúsiguessiendo
lamujermásarrebatadoraqueheconocidonunca.
Traguésaliva,aturdidaporsuardienteexposición,asentíazoradaymeseparédeél.
—Veoque...teencuentrasbien—murmuré.
—Noimaginascuánto.
Nofuicapazdesostenerlelamirada.Meincorporé,cogímipielyunamantaymeagazapéen
unrincón.
Tumbadadeespaldasalguerrero,sentísusojosenmí.
Sabía el hechizo que ejercía el deseo, era como una niebla densa que flotaba en el ambiente,
pesada y opresiva, tan poderosa que doblegaba voluntades. Y allí, en una oquedad en la roca, me
asaltarondulcesrecuerdosdepasióncompartidaenunentornosimilar,enlafamosaexplanadadelos
espíritus,dondeGunnaryyohabíamosgozadodenuestroscuerposhastaeldelirio.
Mipielfríadespertó;uncalorcomenzóahormiguearmeydeseécondesesperaciónsentirunos
brazosrodeándome,uncuerpoaprisionándome,unaávidabocadevorándome.Ymeencogísobremí
misma,contalabandonoydesolaciónquesentíganasdellorardefrustración.Minecesidaddeélera
tanacuciantequeseconvirtióenundolorcasifísico.
Esperéhastaquelasrespiracionesseregularon,hastaquelapenumbrayelsilencioreinaronen
aquelreductopedregoso;entoncesmelevantéysaquédemihatillounvestidoseco.
Comencéadesprendermeconlentituddemisropajesmojados.Mezafétodolosilenciosamente
quepudedelasobretúnicaydelacamisoladepaño;desnuda,escurrímislargoscabellos,eintenté
secarmetodoloquepude,antesdevestirme.Paraquemimelenanomojaraelnuevovestido,mela
recogíenlacoronilla,laretorcíenvariosgiros,forméunmoñoymeacostéenvueltaenlamanta.
Casialinstantemedormí;entrelaneblinademissueñossentíunoslabiossobrelosmíos.
Gunnar,Gunnar,Gunnar...amormío...Elsueñoterminódellevarme,peronoconél.
12
Conociendoaunrey
AntenosotrossurgieronlosdominiosdelreyHalfdanSvarteelNegro.
Tras la empalizada, Hedemark era una población de apiñadas cabañas de madera oscura, con
tejadospronunciados,soladosdepiedraypuertasdecoradas.Mesorprendiólaactividadquebullíaen
laaldeaylacantidaddemujeres,hombresyniñosquenoscontemplabancuriosos.
Miréenderredor,admiradadevertalcantidaddehuertosdenabos,repollos,judíasycebollas;
secaderos de pescado y carne; grandes tinas alargadas donde varias mujeres teñían ropas, armadas
con largas varas que removían azarosamente su colorido contenido; vacas, cerdos, gansos... eran
guiados por campesinos que marcaban el camino a seguir a golpe de bastón; carretas de las que
descargabansacosdegrano,fornidosgranjeros;mujeressentadasenunalargabanqueta,limpiando
pescado,yniñoscorreteandoasualrededor,inmersosensusjuegos.
Alfondo,sobrelasuavelomadeunacolina,seerguíaunimponenteskálidemaderaderoble;el
tejadoacababaenelsuelo,yenlaunióncentral,sobrelagranpuertadoble,sealzabaamenazadorala
cabezadeuntemibledragóntalladoenlamaderamostrandosusdientesalosreciénllegados.
—Aquí fuimos acogidos cuando destruyeron Skiringssal —explicó Hiram; su mirada se
oscureció ante los recuerdos—. Partí con Gunnar y sus guerreros hacia la aldea, cuando fuimos
avisados de que Ulf había aprovechado nuestra ausencia para atacarla; cabalgamos sin descanso,
azuzando a nuestras monturas sin piedad... volábamos, Freya. —Hizo una pausa para mirarme, su
azulada mirada se empañó—. Jamás vi tal terror en el semblante de Gunnar, su angustia era la
nuestra.Ycuandollegamosyvimoselfuego,lagentecorriendoygritando,losguerrerosenemigos
aniquilandoamujeresyaniños...sentítalfuria,talfrustración,quegritéypeleécomonuncalohabía
hecho... Gunnar también gritaba, pero tu nombre, con una agonía que erizaba la piel. Después de
aquello...nohavueltoaserelmismo.
Traguésalivaydesviélamirada;busquéentrelagenteconlaesperanzadeverloprendidaenla
mirada.
Mi necesidad de él era como una llama hambrienta agitada por el viento, rodeada de maleza
peligrosamente seca, urgiendo con desesperación un cubo de agua, un manantial, una ráfaga de
lluvia,algoqueaplacaralaslenguasdefuegoqueamenazabancondevorarme.
—Pronto lo verás, Freya —susurró Hiram, consciente de mi impaciencia—. Pido a los dioses
queobreselcambio,quelogrestraeralhombreyhagashuiralabestia.
Lomirécondesconciertoypreocupación.
—Soyloquelefalta,poresonoesél.
Hirammecontemplótaciturno,asintióyenfilósumonturahaciaelgranskáli.Loseguimos.
Llegamosalaexplanadaqueprecedíalaentrada,desmontamosyatamosprestoslasmonturasal
cercado.
Las grandes puertas estaban abiertas de par en par. Eran colosales, adornadas con tallas
exquisitas,dotadasdeunrealismoapabullante.Serpientesescamadasparecíanondearenlamaderade
roble, de listones y recuadros asomando sus singulares cabezas por debajo. Sus lenguas bífidas
parecían agitarse ante nosotros como señal de precaución. Los dinteles mostraban una trenza
geométrica de perfectas proporciones uniéndose en una especie de tejadillo que sobrevolaba los
portones.
—Eslaresidenciadeungranrey,ycomotalhadeparecerlo—expusoHiramconorgulloante
miasombradaadmiración.
—Loparece—admitíimpresionada—,perosólohayunacosadevalorahídentroparamí.
Eyramesonrió,compartiendoabsolutamentemiopinión.Ellatambiénsemostrabanerviosa.
Al menos no era la única que sentía un cosquilleo en el estómago, y la ansiedad recorriendo
cadarincóndemiser.Estabaapuntodeverlo,yeseconocimientoaleteabanerviosoenmipecho.
SigurdayudóaJorundadesmontar,todavíadébilyojeroso.EyrasilbóyFenriracudió,después
deolisquearcondemasiadointeréslosgansosquehuíandespavoridosdesuletalescrutinio.
Nos adentramos en aquella gran sala comunitaria; varias lucernas prendidas en las paredes
iluminabanelampliointerior,puesnohabíaventanas,laúnicaaberturadelaconstrucciónestabaen
eltejado:eracircular,destinadaaliberarelhumodelaabiertachimenea.
Enelcentro,crepitabaelfuegodelhogar,delimitadoporunalíneadepiedrasqueconformaban
ungranrectángulo,sobreelquesecolocabantrípodesdehierrodelquependíangrandesmarmitas
humeantes.Uncerdoensartadoenunabarradehierro,queunhombre,corpulentoysudoroso,hacía
girarmaniobrandounapesadamanivela,desprendíaunosapetitososefluviosqueinundabanlasala;
lagrasagoteabasobrelasbrasas,yelcalorhacíacrujirlapiel,dorándola.Miestómagoseagitó.
En los laterales se alineaban largos bancos de madera, que, por las noches, deslizadas las
gruesascortinasdepañorojo,seconvertiríanenminúsculasalcobas,conalgodeintimidad.
En las paredes, hermosos estandartes, en los que un cuervo negro sobre fondo rojo abría sus
alas y su pico, del que parecía escapar un graznido, decoraban el interior, junto con coloridos
escudosylanzascruzadas.
Al fondo, un trono, ostentosamente tallado, lustroso y de generosas proporciones, se alzaba
sobreunatarimaalargada,quetambiénsosteníadossillas,unaacadaladodelsitial,muchomenos
fastuosas.
Ningúnreyocupabaesetrono.
Hiramdetuvoaunamuchachaconsucautivadorasonrisa.
—¿Cómotellamas?
—Jora—respondió.
—¿Dóndeestáelrey,Jora?
La joven lo miró arrobada durante un instante, pareció buscar las palabras y, cuando las
encontró,fueuntartamudeonerviosoloqueconsiguióhilar.
—Ehhh...estáen...fuera...—Dejóescaparunarisita,seatusóelcabelloyagregó—:Quierode...
decir...queestá...
Valdis,congestotorvo,pusolosbrazosenjarrasyalzólamiradacondesdén.
—¡Porlosdioses!,¿nosabeshablar?—replicómolesta.
—Claroquesé—sedefendiólachica,sonrojadaytemblorosa—.Queríadecirqueelreyestá
fuera.—CometiódenuevoelerrordemiraraHiram,semordióellabioinferiorysonriócoqueta—.
Con...su...espada...Merefieroal...asuadiestramiento...matutino.
Lasubyugadayhermosajovenbajólacabezayestrujóeldelantalentrelasmanos.
—Estupendo,preciosa,tengonoticiasqueofrecerle.—Hiramleregalóunasonrisaagradecida.
Las mejillas ya encendidas de la muchacha acentuaron su rubor y clavó en el guerrero una
miradamásqueesclarecedora.
—¿YGunnar?—inquirí,comprobandocondesilusiónquetampocoestabaenelskáli.
—¿Quién?
Lajovenalzólascejasysusredondosojosseabrieronintrigados.
—Elulfhednar—aclaróHiram.
Lachicacasitembló,seabrazóasímismaynegóconlacabeza.
—Todavíanohavueltoy,pormí,comosinolohace;esehombre...es...
—Gracias, Jora. Deseo que atiendas a este hombre —interrumpió Hiram, señalando a Jorund
conlacabeza—.Estámalherido;suhijateayudará.—Meagarródelbrazoymearrastrófueradel
skáli.
—¿Porquélahasinterrumpido?
Lomiréenojada.
Hiramalzóunaceja,chasqueólalenguaeinclinóligeramentelacabeza.
—Creíquenoqueríassabernada,hastacomprobarloportimisma.
—Yamelohasadvertidotú,Hiram,ahoraesunabestia.Imaginoquesehaconvertidoenuna
sombradeloquefue,unserrudoyhosco,reservadoypocoamigable,perotodoesoquedaráatrás,
comotedije.
Eyraseacercóanosotros,consemblantecircunspectoymiradapreocupada.
—No,Freya,esalgomás;¿meequivoco,Hiram?
El guerrero negó con la cabeza, evitó su mirada y, en lugar de ofrecernos una aclaración, se
encaminóhaciaunsenderoquerodeabaelgranskáli.
CadamenciónalnuevoGunnareraunapiedranueva,afiladaypesada,queoprimíamipecho,
clavandosusaristasenmicorazóncompungido.Teníaqueencontrarlocuantoantes,debíasalvarlo
deaquelloqueloteníapreso.
A nosotros llegó el metálico tintineo de espadas cruzándose, gruñidos de esfuerzo y voces
masculinasalentandoelentrenamiento.
Cuandodoblamoselrecodo,pudimoscontemplarunampliocampodeinstrucciónjustodetrás
delacasacomunal.
Hombres y mujeres se adiestraban en el manejo de diversas armas: lanzas, pequeñas hachas,
espadas e incluso escudos, que eran maniobrados con tal maestría que se convertían en temibles
armas.
Másallá,otrogrupopracticabaconelarco.
Allí era indistinto el género: mujeres guerreras se enfrentaban a hombres en las mismas
condiciones.Aquellomeasombrógratamente,sobretodoalcomprobarlaferocidadyhabilidadde
aquellasgrandesmujeres,detrigueñascabellerastrenzadas,faldascortasybotasdepiel.Exuberantes
ylozanas,deconsiderablealturaypiernasvigorosas.Medeleitéenellas,admirandosufortaleza.
Unhombreimponentepeleabaenardecidoconsucontrincanteantelaadmiracióndelosdemás,
destacandosobreelresto.
Era alto, muy alto, fornido, de amplias espaldas y torso musculado. Tan sólo llevaba unas
ajustadascalzasdecuerocurtidomarrón.Sucabellonegro,sueltosobreloshombros,semecíaen
cada giro de su larga espada. Frenaba cada uno de los ataques de su rival con singular ímpetu.
Enarbolaba con gracilidad su espadón, alardeando de su fuerza, trazando círculos sobre su cabeza,
antesdedescargarlossobresuadversario,regocijándosedesupropiadestreza.Rezumabaunpodery
una confianza sin igual. Tras varias estocadas en las que marcó, sin llegar a tocar, a su oponente,
terminóderribándolodeunafuertepatadaenelpecho.
Sonriente,seretiróunlargoyoscuromechóndesufrenteysevolvióhacianosotros.
Clavósusoscurosojosenmíconvivazcuriosidad.
Era apuesto, de rasgos regios; una barba recortada cubría su marcado mentón, resaltando una
bocasuaveyplenaquesedistendióenunasonrisadebienvenida.Desprendíaunauradeacentuada
masculinidad, como un animal en celo que busca pareja para aparearse. Y así caminaba hacia
nosotros, con la cabeza ligeramente inclinada, con movimientos lánguidos y poderosos a la vez, y
miradadepredadora.
Se puso frente a nosotros y me contempló con demasiado interés. Me sentí incómoda, más le
sostuvelamiradaconaltivez.
PalmeólaespaldadeHiramcordialymusitó:
—Espero que sean buenas nuevas lo que me traigas, Hiram, pero antes... habrás de decirme
quiénessonestasextrañasmujeres.
Hiramsonrió,peroensusemblanteresplandecióundejededesasosiegoquemedesconcertó.
—SonlamadreylaesposadeGunnar,granrey.
AquéleraHalfdanSvarteelNegro,evidentementeporsucabello,delmismotonoqueelmío.
Por un brevísimo instante, capté apenas un brillo contrariado en el gesto del rey, que de
inmediatosustituyóporunaampliasonrisayunaleveinclinaciónrespetuosadecabeza.
—Creíquesuesposahabíamuerto.
—Tambiénéllocree—musité—;vengoademostrarlelocontrario.
Halfdansonrióladino,asintióaprobadorymetendiócortéslamano.Selaofrecí.
—Nohayquesermuyobservadorparaverquelasuertedemiulfhednaracabademejorarde
repente—murmurórecorriendomirostroconlosojos;sedetuvoenmislabios.
—¿Dóndeseencuentra?—preguntésincontemplaciones.
El rey se volvió hacia Hiram, le pasó el brazo sobre los hombros y, mirándome de soslayo,
contestó:
—Dejaquemelave,señora,antesdeatendertedebidamente.—Sonriómalicioso,subrayandosu
pícararespuesta.
Yseadelantó,juntoconHiram,rumboalskáli.
Eyrameaferróelantebrazo;lamiréinquisidora.
—Cuídatedeél,Freya.Nomegustacómotemira.
—Nomepreocupa,sécuidarme—argüíconfirmeza.
Eyranegóconlacabeza,suexpresiónadquiriógravedad.
—Nocometaselerrordesubestimarlo,esungranrey;enestastierras,esundios.Ymuchome
temo que acaba de clasificarte como una posible presa. No te fíes de él, es un hombre artero e
inteligente.Sécauta.
Asentí,intentandodisiparlaneblinadepreocupaciónquesecerrabaentornoamí.
—Puede que él sea un peligroso depredador, pero convendrás conmigo en que ya no soy una
presa.LonecesitoparaencontraraGunnary,sitengoquemostrarlemiscolmillos,loharé.
—Nosontuscolmillosloquemeinquietaquemuestres,sinotusotrasarmas,yésasseránlas
quehabrásdeutilizar,Freya,perocontiento,conmuchotiento.Deberáshallarelequilibrio,yusartu
astucia; hasta que encontremos a Gunnar, vas a tener que aprender a caminar en el borde de un
acantiladosincaerte.
—Caminaréhastaenelfilodelabismoalultramundo,hastaenlaentradadelmismoinfiernosi
hacefalta,ylosabes.
LamiradadeEyrasevelóconunadesazónqueoscureciósurostro.
—Lo sé, muchacha, y, mientras luchas por conservar el equilibrio, haré mis propias
averiguaciones,nosurgeencontrarlo.
Seguimosaloshombreshastalapartedelanteradelskáli.
Halfdanseacercóaunaespeciedeabrevaderoyhundiólacabezaenelagua;cuandolasacó,la
agitó como un perro y, ahuecando las manos, cogió agua y se lavó con fruición los sobacos, los
costados,elcuello,elrostro...y,frotandosuduroabdomenencírculos,dirigiólosojoshaciamícon
unaclaraintencionalidad:provocarme.
Agarróunbaldecercano,losumergióenelabrevaderoyselovolcósobrelacabezasindejar
deobservarmeconunasonrisataimada.
Ahí,completamenteempapado,sacudiendosulargacabellera,lasgotasresbalandoporsupiely
aquellosojososcuroscargadosdeanhelo,supequeaquelqueteníaenfrenteeraelprimerobstáculo
enmibúsqueda.
Cuandoapartélamiradadeaquelsoberbiohombre,meencontréconladeHiram,yhalléenla
bellezaazuldesumiradalamismapreocupaciónqueenladeEyra,peroladeélmatizada,además,
porunsutilbrilloceloso.
Respiréhondo,cerrélosojosyrecéparamisadentros,suplicandocondesesperaciónencontrar
porfinamileón.
Halfdan cogió un paño arrugado y se secó insinuante. Estaba usando sus armas de seducción,
sabedordesuatractivo,perodesconocedordeloinmunequeeraanteellas.Apesardeello,decidí
mantenermiinterés;todoslosreyesteníanelmismopuntodébil,eransusceptiblesaloshalagos.
Se colocó una túnica hasta la rodilla, que ató con un sencillo cinturón, y nos hizo el gesto de
seguirloalinteriordelskáli.
—¡Memuerodehambre,Isgerdur!—exclamóconvozatronadora.
Unamujerrobustaseafanópresurosajuntoalasollasyllamóaotrasdosmásjóvenesparaque
laayudaran.
Noscondujohaciaunalargamesaycongestosnosindicóquetomáramosasiento.
—Eresfamiliadelmejorguerrerodemihird,gozasdelderechodecompartirmimesa—alegó
sentándosealacabeza.Alzóunamanoyalcaboaparecierondoshombres:unoenjuto,nervudoyde
miradahuidiza,cabellosclarosysemblantecauto,yelotrograndeyrecio;merecordabaaThorffin,
aunquedecabelloscastaños.
»Éstos son mis consejeros —comenzó a decir Halfdan—. Éste es Thorleif Spake el Sabio —
señalóalmásenclenque,queasintióconligereza—yésteeselgranOrnOsoPardo.
Asentíamododesaludo,aligualqueEyra.
Distinguí en una esquina a Jorund, tumbado en un banco, que era atendido por su hija, y a
Sigurd,quebebíaensilenciodeunaenormejarra.AFenrirnololocalicé.
—Bueno, Hiram —musitó el rey, llevándose la jarra a los labios—, ¿aceptó la alianza el
condenadoreyHorik?
Lasmujeresnossirvieronhumeantesescudillasconunasopaespesayoscura.
—Mandaráunmensajeroconlarespuesta—contestóelguerrero—.Creoqueexigirápartede
nuestrastierrasporcombatiravuestrolado.
Halfdan torció el gesto y estrelló el puño contra la mesa; el líquido de los cuencos retembló,
bailandosobrelosbordes.
—Ese malnacido, condenado bellaco hijo de Loki, cagado por un troll deforme —profirió
Halfdanindignado—.Sisujarl,RagnarLodbrok,sealíaconHaraldelImplacableylosIldengum,él
yyonotendremosreinoquegobernar,yelmuynecioaúnquierediezmarmiregión.
—Ragnar marchó con todas sus naves hacia el imperio franco —adujo Hiram— después de
atacaryconquistarelreinodeSambiaydeloscuronios;suambiciónnohahechomásquecrecer.
Halfdanpermaneciómeditabundo,mientrasThorleifSpakeelSabiolesusurrabaalgoaloído.
—¿ConcuántoshombrespartióRagnar?—preguntóelrey,conunbrillopeculiarenlosojos.
—Creoquealrededordecincomil—contestóHiram.
Elreysonriócomplacido.
—Ésaesunanoticiaestupenda,Hiram.
Ésteagrandólosojosconasombro.
—El viejo Horik no tendrá más remedio que ser mi aliado... mientras me convenga, claro.
Mandarédeinmediatootromensajeroconunnuevoacuerdo.
—¿Puedosaberquévasaofrecerle?
Halfdan, que se mostraba eufórico, mordió con hambre una rebanada de pan de centeno y
respondió.
—Sureino.
Hiramsacudióconfundidolacabeza,yelreysoltóunacarcajadajactanciosa.
—¿Acasonoves,mibuenHiram,que,sinlossuficientesguerreros,Jutlandiaestádesprotegida?
Voy a amenazar a ese bastardo con arrebatarle el reino si no me ayuda, y, cuando lo haga y
aniquilemosalosjarlsrebeldes,leharéunavisitapersonal,aunquenoserémuycortés.
Soltóunacarcajadapretenciosayestampóeufóricoelpuñosobrelamesa.
LaastuciadeHalfdanelNegromesobrecogió;suambiciónresultabainconmensurable:pensaba
ganar con tretas viles un aliado para sus fines con una promesa que no iba a cumplir. Su ardid lo
libraríadelaamenazadelosinsurrectos,yademásganaríaunnuevoterritorio.
Como adivinando mis pensamiento, posó en mí su anhelante mirada. ¿Sería yo otra de las
conquistasquepensabacobrarse?Elescalofríoquerecorriótodomicuerpomediolarespuesta.
Comimos mientras los hombres perfilaban su estrategia, Eyra y yo en completo silencio,
sumidasambasennuestrospensamientos.Porsuparte,Hiramsedividíaenatenderasurey,lanzarme
subrepticias miradas y soportar las coquetas miradas de las muchachas que nos servían, entre ellas
Jora.
—Y,ahora,estiempodededicartemiatención,comoprometí—anuncióelrey,dirigiéndosea
mí.Selimpiólabocaconlamangadesutúnicaysepusoenpie.
»Dejadmeasolasconmiinvitada—ordenó,convozgraveyfirme.
—Mi señor —replicó Hiram con la inquietud desdibujando sus hermosas facciones—. No
olvidéis que es la esposa de Gunnar y sólo anhela encontrarlo; tal vez, si desvela su paradero, yo
puedaacompañarlahastaél,noesnecesarioqueperdáisvuestrotiempoconella.
HalfdanmirófuriosoaHiramyapretóloslabiosformandounalíneablanquecina.
—¿Cómo osas decirme lo que he de hacer? —bramó—. Yo no olvido nunca nada, más bien
parecequeerestúelqueolvidaquiénesella.Lacelascomosifuerassuesposo.Yahora,retírate,si
noquieresqueteazoteporinsolente.
Hiram,ofendidoyofuscado,selimitóabajarlacabezacongestosumiso,yantesderetirarse
meregalóunamiradaadmonitoria.
El rey cogió mi mano y me llevó al fondo de la estancia. Allí, tras unos espesos cortinajes,
aparecióunaalfombradelanaazulíndigoy,sobreella,multituddecojinesymantasenrolladas.
—Tomaasiento.
Obedecí,reprimiendoelimpulsodesalircorriendo.
Meacomodéentrealmohadonesenunaesquina,deseandoqueélocuparaelcentro,peronofui
afortunada;sepegóamí.
—Viéndote, casi comprendo por qué Gunnar enloqueció; debió de perder el juicio cuando te
encontróy,porsupuesto,cuandotecreyómuerta.Lokilollevóasumundoyahísigue.
—Paraesoestoyaquí,parahacerqueregresejuntoamí.
Halfdanmededicóunamediasonrisasardónica,sopesandomirespuesta.
—Metemoquetulaborserámásarduadeloqueimaginas.
—Esoesproblemamío.
—Sinduda—convino—,yunomuygrande;sinembargo,puedesgozardelfavordeunreyen
tuempresa,sitemuestrascomplaciente.
Halfdan se inclinó de forma peligrosa sobre mí; contuve las ganas de apartarme, no podía
dejarmeamedrentaroestaríaperdida.
—Por supuesto que seré una súbdita complaciente —hice una pausa, dedicándole una mirada
sugerente—,cuandoloencuentre.
Halfdanrioabiertamente;memiróadmirado.
—Vaya,compruebofascinadoquetusdonesnosonsólofísicos.Y,comoacabasdecomprobar,
megustanlostratos.
—Loqueacabodecomprobaresquelosincumples.
Halfdanriodenuevomásestentóreamente.
—Puedo asegurarte, deliciosa impertinente, que esta vez cumpliré mi trato, y... —pasó el dedo
índicepormimejilla—...measegurarédequetútambiénlohagas.
Aquellomeencogióelestómago;noobstante,meobliguéasonreírseductora.
—Yserámejorqueconcretemosnuestropacto,noquieromalentendidos—aseveródeslizando
el dorso de la mano por mi cuello; retiró mi melena a un lado, despejando mi piel, al tiempo que
acercabasuslabios,sinllegaraposarlos.Sualientomeprovocóescalofríos—.Mitareaserállevarte
anteél;latuya,complacermisdeseos.Sinembargo,mesientoenlaobligacióndeadvertirtealgo.
—¿Yes...?
—Puedequeloqueencuentresnosealoqueesperas.
Susoscurosojosseentrecerraronperspicaces,calibrandomiexpresión.
—Nadameimporta,sóloestarasulado.
Halfdanmeapresólanunca;novolvíelrostrohaciaél,mostrándomeimperturbable.Élacercó
la boca al lateral de mi cuello y pasó la lengua por la sensible piel, despacio, deleitándose en mi
sabor.
—Mmmmm... eres un bocado apetitoso, peligrosamente apetitoso, teniendo en cuenta a quién
perteneces;pero¿quégranvictorianoconllevariesgo?
Esa misma pregunta se fijó en mi mente. Cada paso, cada acción, conllevaba una
responsabilidad,yavecesesacargasevolvíatanpesadaquedesvirtuabaelfin,emponzoñandouna
buenaacción,convirtiéndolaenalgosucioeimperdonable.
Coloquélaspalmasdelasmanosensuenormeehinchadopechoyloapartéconsuavidad.
—¿Dóndeestá?—susurré,mirándoloconfijeza.
—Dicenqueelsolcalienta,peroaquí,enlosconfinesdelmundo,salepocoyestibio,apenas
comolacariciadeunamadre.Peroahoraséqueesverdad.Veoelsolentusojos,yardo.
Meatrapólasmuñecasyllevómismanosasuboca;besóunoaunomisnudillos.
—¿Dóndeestá?—repetíinalterable.
Halfdansuspiróymeobservólargamente.
—Lo mandé a traerme una reina, lo que no imaginé es que fuera la suya, y que vendría a la
puertademicasa.
Comenzabaaperderlapaciencia;zafémismanosdesupresaconbrusquedadymepuseenpie.
—Jugáisconmigo—loacusécontrariada—.Gunnarestáderegreso,yanoosnecesito,eltrato
estáanulado.
Halfdan rio jocoso, pero sus ojos despedían un brillo amenazante. Se puso en pie y se cernió
sobremí.
Consugranmanaza,aferrótodamimandíbulaymeobligóamirarlo.
—Claroquemenecesitas,másdeloquecrees.
Intentéretroceder,peroélnomesoltó;terminéacorraladaenunaesquina.
—¡Soltadme,bestiainmunda!
Me debatí, hasta que aprisionó mi cuerpo contra la pared. Tanteé la daga que llevaba en la
cinturaylaempuñé,prestaautilizarla.
—Creo,FreyalaLoba,queesmideberenseñarteacomportarteanteungranrey.No,notemas,
novoyaforzarte;sécómoteenfrentasteaesejarl,yadmiroalasmujeresconcoraje.—Acercóla
boca a la mía y, clavándome su pétrea mirada, agregó—: Además, me gusta tomar mujeres
complacientes.Aunasí,hedesometerteamiautoridad,paraqueaprendasarespetarme.
Lomirécontemor;elhombresonriójustoantesdecaersobremiboca.
Me atrapó con ferocidad, con hambre, con violencia. Su lengua buscó un resquicio y lo
encontró.Mebesobruscamente,conapremio;ladurezadesuslabioslastimabalosmíos.Cerrélos
puñosylogolpeé;denadasirvió.
A pesar de sus anteriores palabras, el deseo lo nubló lo suficiente como para acariciar mi
cuerpo; sus manos se cerraron en torno a mis nalgas, derramando en mi boca un ronco gemido.
Asustada, llevé con habilidad mi mano de nuevo a la daga, la desenfundé y la deslicé con rapidez
haciaelcuellodelrey,oprimiendoelfilocontrasugarganta.Deinmediatosedetuvo,seapartócon
lentitudy,paramiasombro,sonriómalicioso.
—¡Cómovoyadisfrutarcuandotetenga!
—Nohaytratoalguno—insistí.
Halfdanseseparódemíaregañadientes,conesaperpetuamediasonrisamaliciosa.
—¿Sabeslofácilqueseríaparamímandarunmensajeroyenviarloacualquierotrolugar,uno
muy remoto? ¿Tienes idea de lo condenadamente sencillo que sería ordenar que lo maten? Sí,
preciosa,dependesdemí.Eltratosigueenpieynoeslaúnicacosa.—Sellevólamanoaladureza
queresaltabaensuentrepierna,conmiradaturbiaygestoexcitado.
»Muy pronto disfrutaré de ti, presiento que será mi mejor encuentro. Ahora, y sólo ahora,
puedesretirarte.
Notuvoquerepetírmelo;salídespavorida,conelcorazónatronandoenmipechoylaslágrimas
quemandomisojos.Estabaensusmanos,peroencontraríalamaneradezafarmedeellas.
13
Aprendiendoyconteniendo
A la mañana siguiente, apoyada en la verja del campo de adiestramiento, quedé cautivada por una
guerrerasublime,capazinclusodederribarahombresdemayortamaño.
Eraaltayesbelta,notancorpulentacomolasdemás,perorápidacomounaserpienteeigualde
letal.Decabellostanclarosqueparecíanblancos,brillantesysedosos,largosylacios,apretadosen
unatrenza.Pálidaenextremo,comolacaradelaluna,ydeojosazulesclaros,comolascharcasque
elmarolvidabaentrelasrocasdelaplaya,cristalinosyvivaces;merecordabaaHelga.
AsleiflaBlanca,sellamaba,ysudestrezaresultabahipnótica;enverdadparecíaunavalquiria,
unsermístico,casietéreo,puessemovíaconlaligerezadelabrisa,aunqueatacabaconlaviolencia
deunvientohuracanado.Hastaensuformadecaminarparecíaflotarentrenubes.
Trasobservarsuentrenamiento,meacerquéaella.
—Mehasimpresionado—confeséjovial.
Memiródesoslayomientrasafilabasuespada.
—Sóloesprácticaydisciplina,cualquierapuedehacerlosiselopropone—masculló.
—¿Hastayo?
Estavezsímemiródefrente,paseósumiradaescrutadorapormicuerpoyasintió.
—Hastatú.
—¿Podríasenseñarme?
Apoyóunpieenlaverjademaderayseestirólaslargasbotasdepielconaireindiferente.Se
encogiódehombros,colocósulargatrenzaasuespaldaymeobservócuriosa.
—Notengomuchapaciencia—admitió.
—Aprendorápido—repliqué.
—Demuéstramelo.
Atónita,lavialejarsehaciaelcentrodelcampo;sacódosespadasdemaderadeunlargocofrey
regresóconsemblanteinescrutable.
—¡Vamos!—meapremiólanzándomelaespada.
—¿Ahora?—musitéturbada.
—¿Tienesalgoquehacer?
Neguéconlacabeza.
—Pues¿aquéesperas?
Meadentréenelcampodeentrenamiento;titubeante,aferréelmangodelaespadayloapunté
haciaella.Deunrápidomandoblemedesarmó.
—Primera lección, la espada has de empuñarla con fuerza, pero no la separes de tu cuerpo,
inclínalaypégalaatutroncotodoloquepuedas,asíevitarásquetedesarmen.Y,siemprequeataques,
devuélvela a su posición con presteza; separa las piernas y flexiona ligeramente las rodillas, no
vamosabailar.Estásmásrectaqueuntroncoderoble,sosiégateeintentadisfrutar.
Asleifpasabaelpesodeunpieaotro,casiconstantemente,enunvaivénpeculiar.
—Creíaquenoíbamosabailar.
Laguerrerasonrióyagitólacabezacondiversión.
—Estadanza,sí.
Girósobresímisma,trazandounamplioarco,y,apoyandolarodillaenelsuelo,marcóconla
puntadesuespadamiestómago.
—Estemovimientoesesencialcuandopeleasconmásdeuncontrincante.
Melimitéaasentir,yobservémaravilladasuparticulardanzadelamuerte.
—Cuandochoquestuaceroconalguiendemayortamañoyfuerza,habrásdesermásrápidaque
élonotendrásnadaquehacer.Evitaentrechocartuarmaconunadversarioasí,pues,enelduelode
fuerzas, te derrotará. Es mejor esquivar los lances; tantéalo, suelen repetir sus movimientos de
ataque. Cuando lo hayas memorizado, anticípate a uno de ellos y aséstale una estocada mortal. Es
mejoraprendermovimientosquesorprendanalenemigo.
Asleifreprodujocadamovimientoconlentitud,dándomelaoportunidaddeasimilarlos.Mepuse
asuladoeimitécadagiro,cadaestocada.Aprendíamaniobrarlaempuñaduraconsoltura.Mesentí
orgullosadelrápidodominioconlaespada.
—No olvides que estás alzando un trozo de madera, no es lo mismo levantar el acero —me
recordó.
Después de pasar casi toda la tarde entrenando con Asleif, escuchando sus consejos y
enfrentándomeaella,encontinuosataquesqueperdía,lasfuerzascomenzaronaabandonarme;me
habíaderribadotantasvecesquemispiernasretemblabanexhaustas.
—Erespertinaz,yesoesbueno;noteheoídoquejarteniunasolavez—halagólaguerrera.
—Nomehadadotiempo.
Lamujersonrió,acomodóunlargomechónplateadotrassuorejaymearrebatólaespada.
—Porhoyyaestábien;mañana,silograsdarunpaso,aquíteespero,perounúltimoconsejo:
ponteunascalzasdehombre,esasfaldasterestanmovilidad,anoser,claroestá,quedeseesenseñar
laspiernascomoyo.
Meguiñóunojo,sonrióalegreysealejó.
Miré a Fenrir, que descansaba en el prado, casi adormecido; había estado contemplado mi
adiestramientoentrebostezos,peronoeraelúnicoquemeobservaba.Halfdan,apoyadoenunárbol,
con los brazos cruzados, clavaba en mí su penetrante mirada zaína, como el águila que espera
confiadaypaciente,embelesadaconelvuelodesupresa.
No le sostuve la mirada; me dirigí al sendero que llevaba al pueblo, rumbo a la cabaña que
compartíaconEyra,ValdisyJorund.
Hirammeesperabaenlapuerta,parecíaalgoinquieto.
—TengonoticiasdeGunnar.
Elcorazónmediounvuelco.
Meabalancésobreélylomiréesperanzada.
—Porlosdioses,dimequeestáalllegar.
—FuearescataralahijadelfallecidoreySigurdHart,laprincesaRagnhild.HakeelBersekerla
habíaapresadojuntoasuhermanoGuthorm.Gunnar,conHarekGund,elhombredeconfianzade
Halfdan, y cien hombres de su séquito cruzaron toda la región de Hadeland para enfrentarse al
berseker,peronoloencontraron;aunasí,prendieronfuegoasusdominios.
—¿Suanterioresposanosellamabaasí?—inquiríconfusa.
—Sí—afirmóHiram—,tienenelmismonombre;buscaunareinaconesenombreenparticular.
Abrílosojosdemudadaportalabsurdocometido.
—Esporlasrunas—aclaróHiram—.Unavölvaledijoqueunadoncella,hijadereyes,llamada
Ragnhildledaríaunhijoqueseríaelreydetodaslasregionesunificadas.Además,éltuvounsueño.
Lomiréexpectante,abrumadaportodoaquello.
—Soñó que de su cabellera brotaban rizos de distintos tamaños y grosores, pero uno de ellos
era más largo y lustroso, y de un color distinto. La völva lo interpretó como que tendría un largo
linaje,peroque,detodosellos,sólounoseríamáscelebradoqueelresto.
—PoresomedijoqueGunnarhabíaidoporsureina.
Hirammeobservóconpreocupación.
—Notardaráenllegar,seencuentraapocasjornadasdedistancia.—Hizounapausa,ysemiró
nerviosolapuntadesusbotas—.Hasde...resistirelasediodelrey,séquetedesea.
Aparté incómoda la vista, aliviada por saber que pronto lo tendría entre mis brazos. Sin
embargo,esonomitigólatribulaciónquemeproducíaelmalditoacuerdo.
—Sureinavieneencamino;esperoque,cuandolatengaasulado,seolvidedemí...sino...
—Sino,¿qué?
—Tendremosquehuir,porquenopiensoentregarmeaél.
—¿NiporlavidadeGunnar?
—Ambossabemosquenoesunhombredepalabra.
—No—concedióHiram—,perotambiénséqueirátrasdeti.Turechazosehaconvertidoenun
retoparaél.Esunhombreacostumbradoadeslumbraralasmujeres,todassemetengustosasensu
camay...darconunaquedeseayqueleestávedada...sóloconsigueacicatearmássuempeño.
—¿Comoati?
Hiramdesviólamirada,enunintentodealiviarlatensiónquesehabíacreado.
—Yonosoyunrey,nosuelotenertodoloqueanhelo.
—¿Porqué,malditasea,porquéyo?—melamentéfuriosa.
—Creo que esa respuesta ya te la dio Gunnar en una ocasión: porque eres condenadamente
irresistible.
Entoncessímemiró,yloqueviensusbellosojosnofuedeseo,fuealgomáspreocupante.
—Déjamedecirtealgo,Hiram:noséquéserádemí,sóloséque,sinGunnar,estoymuerta,yni
unrey,niningúnotro,vaacambiareso.
Ymeadentréenlacabañaconunapiedraenelpechoy,alavez,conlaesperanzadehacerla
desaparecermuypronto.
Un día tras otro, sólo me concentraba en mis entrenamientos. El ejercicio físico mantenía mi
mentealejadadefunestospensamientos;además,laimpacienciapesabacomounalosa,irritándome
amargamente. El reencuentro con Gunnar estaba lleno de incertidumbre y me dividía en dos
emocionesextremasycontrapuestasalmismotiempo.Porunlado,ladichainflabamipechoy,por
otro,eltemoraloqueibaaencontrarmearrebatabaelsueñoymecerrabaelapetito.Laansiedad
comenzabaadesquiciarme.
Asleifsufriómiacritud,percibiendoconclaridadcómodesfogabaenelcombatemifrustración
ymispreocupaciones.
—Debesmantenerlamentefría,meditarcadagolpe,observaryaguardarelmomento.Lairano
ayuda,másbienalcontrario,mermaaptitudes,puesteofuscalamente.Sangrefría,pequeñabondi,
sangrefría,otupropiafuriatematará.
Asentí y reanudé el combate hasta que el agotamiento languideció mis brazos y debilitó mis
piernas;entonces,ysóloentonces,medetuve.
—Mejorasdíaadía,pero,parasobrellevaresteritmo,habrásdecomermás.Descansemospor
hoy;mañanatedaréunaespadadeverdad,y...otracosa,Freya.
Medetuveylamiréaguardandosurespuesta.
—Creoqueserámejorqueusesunafaldacortacomolasquellevamoslasguerreras.
Mirémiscalzasdepielcurtidaconelceñofruncido.Ellamismamehabíaaconsejadoutilizarlas.
—Losé,losé,peromiraatualrededor—ordenóconunasonrisaburlona.
Paseémicuriosamiradaenderredor,topándomeconlainquietanteatencióndevariosguerreros
apoyadosenlacerca,conlosojosfijosenAsleifyenmí.Entreellos,Hiram,Sigurdy,cómono,
Halfdan,quesolíaentrenarmuycercadenosotras.
—Estamoscreandounaexcesivaexpectación,¿noteparece?
—Imaginoquequerránvermisavances,otalvezseríandemitorpeza—murmuréhuraña.
—Niunacosanilaotra,hanvenidoavertelasnalgas.
Meenvaréderepente,avergonzadayofuscada.
—¿Có...cómodices?
—Loqueoyes;elotrodíayamefijéenquehabíademasiadopúblico,ynoentendíelporqué,
hasta que escuché los comentarios de algunos hombres. Esas calzas son demasiado ceñidas, se
amoldan a tu cuerpo acentuando tus curvas y, bueno, ese blusón se pega... a tus... encantos cuando
sudasdemasiado,ynollevascorpiñoquetesujetey...eresatrayentementedistintaanosotras.
—Peroyo...vosotrossoisgente...despreocupaday...
—Freya,notedisculpesporresultardeseabley,comotal,hasdedisfrutardetucuerpoyelegir
aquienmásteguste.
Abrídemudadalosojosyneguéraudaconlacabeza.
—Soyunamujercasada—repliqué.
Agrandólosojosconasombradoreproche.
—¿Yporqué,ennombredeOdín,nollevaslacabezacubiertaparamostrartucondición?
—Noesfácilmetertodoesto—respondíseñalandomisueltamelena—enunapequeñacofia.
Asleifrioamandíbulabatiente.
—¿Ypuedosaberdóndeestáelneciodetuesposo,quenotecelacomoesdebido?
—Estáapuntodellegar;pertenecealahirddelrey,sunombreesGunnar.
Asleifalzólascejasconasombro.
—¿Elulfhednar?
Asentí.
—Tepuedoasegurarquenadietemirarácuandoélregrese;porahorapuedesestartranquilasi
todossabenaquiénperteneces.
—Aunasí,usarélafaldacorta.
Cuandosalídelcercado,paséjuntoaHiram,quemesiguiósonriente.
—¿Tútambiénmirabasmisnalgas,rufián?
—Prometínotocarte,peroencuantoamirartesoytanlibrecomolosdemás.Aunqueteaseguro
queesmásunsufrimientoqueungoce.
Medetuveamirarloceñuda.
—Entiéndeme, es como morirte de hambre y ver a tu alrededor una deliciosa gacela que no
puedescazar;¿notepareceesountormento?
—Dudoquetemuerasdehambre,sobretodoconlacantidaddegacelasquesemuerenporque
lascaces.
Hiramriovanidoso.
—Notodaslasgacelassonigualdesabrosas.
—Sirepitesconunaenparticular—musitérefiriéndomeaJora—,esporquenoestarátanmal.
—Esunamuchachabonita—admitió—ymuydispuestaenellecho.
—Nonecesitodetalles,créeme.Además,aValdisnoleeresindiferente.
—No,enesotedoylarazón,porque,cadavezquemeve,meincrepa,yseindignaconmigoala
menoroportunidad.Tieneuncarácterespantoso,apenaslasoporto.
—Talvezporqueleenfurecetuindiferencia—manifestécaminandoabuenpasohacialaaldea.
—¿Deverascreesqueleintereso?
—Tengo esa sensación; he sorprendido algunas miradas bastante reveladoras; tal vez si
cambiarastuactitudhaciaella...
Hirammeditósobreaquello;cuandollegamosalacabaña,lesechóunadescaradaojeadaamis
posaderas.
—¡Hiram!—loamonestésobresaltada.
—¿Qué? Llevo toda la tarde admirando esa parte de tu cuerpo, entre otras, claro. Y puedo
asegurartequeessoberbia.
—Graciasporelcumplidoyahoralárgate.
—Siempre dando órdenes —se quejó y, mascullando por lo bajo, desapareció rumbo a su
cabaña.
Eyra aguardó paciente a que terminara mi entrenamiento matutino, junto a Fenrir, Valdis y un
Jorundyacasirestablecido.
Elcampodeadiestramientoestabamásconcurridoquedecostumbre.Unpocomásallá,Hiram
combatía con otro guerrero, el gran Orn, y, por lo poco que pude vislumbrar entre estocada y
estocadadeAsleif,Hiramestabateniendoproblemas.
Elrey,conelpieposadoenuntocón,ligeramenteinclinadohaciadelante,apoyabaelantebrazo
enlapiernaalzada,mientrasmordisqueabaunamanzanayseconcentrabaenestudiarasushombres,
yamí.
Asleifhabíadecididoemplearseafondo,yalsermásaltaymásfuertequeyo,utilicélastretas
aprendidas.Esquivabaraudalosmandobles,meagachabaysorteabaloslancesmientrasdanzabaasu
alrededor,intentandoconfundirlaymarearla.
Porlaexpresióncontrariadadelaguerrerasupequemitácticaestabadandoresultado.
—¡Maldita sea, eres rápida! —resopló—, pero, si no atacas pronto, tus brazos se cansarán de
empuñarelaceroantesquelosmíos!¡Nopuedesalargarestomuchomás!
Apretólosdientes,adelantóunpieylanzósuespadahaciamipecho;saltéhaciaatrás,evitando
en el último instante el contacto. Como bien me había enseñado Asleif, la mejor oportunidad para
atacareratrasunlancefallido.Asíquegirésobremímismaalzandolaespada,clavélarodillaen
tierraydirigíelfilodemiacerohaciasusrodillas.
Asleifsedetuvojadeante,entreorgullosayderrotada.
—Noseríaunheridamortal,tansólomehabríasderribado—replicólaguerrera.
—Éseeselprimerpasoparaderrocaraungigante,¿no?
Lamujer,queesamañanalucíaunacoladecaballoqueresplandecíabajoelsolconreflejosde
plata,sacudiódivertidalacabezayclavósuespadaenlatierra.
—Tu primera victoria, pequeña bondi. —Sonrió abiertamente—. He de reconocer que no
pensabaquelograrasavanzartanaprisa;tienescorazóndeguerrera.
Ledevolvílasonrisasatisfechayorgullosa.
Unhombreseacercóanosotras;portabauntremendoespadónensumanoderecha.
—Enhorabuena,lobaguerrera;¿teatrevesconmigo?
HalfdanelNegroladeólacabeza,esbozandosupeculiarmediasonrisasardónica.
—¿Porquéno?
Asleifarrugóelceñoapenasuninstante,inclinólacabezayseretiró.
Supeenelactoqueniensueñoslograríadesarmaraungigantecomoél,perotambiénsupeque
aprenderíasusmovimientos,ytodoloquepudieraasimilardelenemigoseríaventajosoparamí.
—Notodosaceptaríanundueloconmigo,aunqueseaentrenando;mesuelotomarestosjuegos
demasiadoenserio—advirtióentrecerrandolosojosycolocándoseenposición—.Seráinteresante
vercómounalobanegrasedefiendedeuncuervonegro;compartimoscolor,trenzay,muypronto,
otracosa.—Meguiñóladinounojo—.Puedequetambiéncompartamoslasansiasdeganarentodo.
Posicioné las piernas y flexioné las rodillas, alcé mi acero, pegándolo al cuerpo, y le sonreí
retadora.
—Puede—murmuréclavandomisojosenlossuyos.
Mecontemplóconunmarcadodejedeadmiración.
—Agarrabientuarma,pretendodisfrutarduranteunbuenrato—aconsejójactancioso.
Anuestroalrededor,lascontiendascesaronyunsilencioproverbialflotósobreelprado.Todos
nosobservabanexpectantes.
—Agarrada.
Susojosseentrecerraronenunamiradafelina.
—Notienesideadecuántomegustas—confesó,relamiéndoseloslabios.
—Dejaddeescudarosenlaspalabrasypelead,condenadocuervoparlanchín.
Halfdanabriódeformadesmesuradalosojos,permanecióuninstantehierático,asimilandocon
asombromispalabras,yactoseguidodejóescaparunaatronadoracarcajada.
—Comodesees,loba.¿Prefiereslaacción?,puestendrásacción...ydelamejor.
No bien hubo terminado de hablar, me regaló una mirada desafiante y avanzó hasta mí
enarbolando su espada con destreza, rasgando el aire en aterradores silbidos, descargándolos de
súbitosobremí.
Esquivé con ligereza sus aterradores mandobles, y lo rodeé sin cesar, obligándolo a cambiar
constantemente de posición. Halfdan descargaba su espada con una habilidad magistral. Traté de
centrarmeencadamovimiento,intentandonopensarenelatemorizantecuerpoenormeyvigoroso
queseabalanzabaferozsobremíoelpavormeanularía.
Constantemente me agachaba, saltaba, ladeaba mi cuerpo, y observaba paciente, memorizando
susataques.Cuandofrenabasuespadaconlamía,misbrazosretemblabanconelviolentoimpacto,
pero enseguida rompía el pulso, deslizando mi filo por el suyo, arrancando chispas al metal, pero
careciendodelafuerzanecesariaparadoblegarsuacero.
Halfdan jugaba conmigo. En una lucha real, no habría tenido la más mínima oportunidad. Sin
embargo,éldisfrutabademisestoques,misesquivesydelempeñoqueponíaenelcombate.
De pronto, un detalle llamó poderosamente mi atención: cada vez que relamía mis labios, en
gestonervioso,elhombreperdíamomentáneamentelaconcentración,yentoncesrecordéquetenía
unarmaqueélnoposeía.
Adopté sonrisas sugerentes cuando cruzaba mi acero con el suyo, pestañeaba insinuante tras
cadagiro,pasabalalenguapormislabiosmientrasaguardabaexpectantesupróximomovimiento,le
regalabaconstantesexpresionesseductoras,lograndodistraersuatención.Yanoestabatanpendiente
demislances,tansóloestabacautivadopormisarterasartimañassensuales.
Y, entonces, casi logré acercar la punta de mi espada a su garganta. Lamentablemente, en un
certeromovimientoimprevisibleyferoz,medesarmóconelfilodesuespada.Sonrióvanidosoyme
agarróconfuerzadelnacimientodemilargatrenza,pegándomeasucuerpo.Subrazoderechose
posicionó tras mi cintura y alineó el filo de su espada a todo lo largo de mi espalda, anulando la
posibilidaddedebatirme.
—Esta victoria es mía —susurró jadeante, acercando su rostro al mío—, pero me declaro
vencidoporti.
Y como un halcón hambriento, se cernió sobre mi boca, devorándome con voracidad y
precisión. Incapaz de moverme, soporté su pasión, aceptando un beso casi despiadado. Era inútil
luchar, así que me sometí. Tiró de mi trenza, obligándome a abrir la boca y, cuando lo hice,
incursionóconfrenesí,esclavizandomilenguabajoelardienteyugodelasuya.
Gruñó enardecido, hasta que el beso se suavizó. Entonces, se relajó ante mi sumisión. Tiró su
espada,soltómitrenzaymerodeólacintura,mientrasmeacariciabalanuca.
Arqueadosobremí,bajadaslasdefensas,vimioportunidad.
Doblélarodilla,encajándolaensuendurecidaentrepierna.Halfdanmesoltóenelacto,profirió
ungruñidocontenidoysedoblóendos.
—¡Perra!—mascullóentredientes.
—Enelcombate,todovale—adujejadeante.
Halfdancayóderodillas,conlasmanosahuecadasensudoloridamasculinidad.
Cuandoalzóelrostrohaciamí,entreeldolor,descubríademásunaveladaamenazabrillandoen
sumiradaazabache.
—Tambiénenellecho,noloolvides.
Yeraahídondepensabacobrarsesuvenganza.
14
Losdioseshablan
La nívea gelidez invernal había extendido su capa, cristalizando la región, haciendo que nuestros
pasos crujieran, nuestro aliento se distinguiera y nuestros cuerpos se encogieran bajo capas de
abrigo.
Esa noche se celebraba el Júl, una fiesta en la que se honraba el solsticio de invierno, pero
tambiénalafamilia,lafertilidad,yalosamigosausentes.Yeraprecisamentemiparticularausenteel
queagriabamihumor,desesperabamiánimoyquebrabamicorazón.
—Herecibidounmensajeparati—comenzóadecirEyramientrasrevolvíalasbrasasdelhogar
—. Es del Oráculo, y desea que te presentes ante él. Anoche realizó un utisetur y los espíritus le
enviaronunmensaje.
Emergídemisacongojadospensamientosylamiréceñuda.
—Pues si se ha pasado toda la noche sentado a la intemperie, charlando con los espíritus y
esperandounavisión,ynohamuertocongelado,debedeserimportanteloquetienequedecirme—
murmuréconsorna.
—Noteburles,muchacha—merecriminó—.DebesrespetaralOráculo;encasocontrario,nada
obtendrásdeél.
Resopléconhastío.
—Veantesdelafiesta—aconsejó—.Hasdepresenciarelsacrificioyhonraralosdiosescomo
elresto.Apresúrate.
Saquécondesganaunatúnicadelanaplisadaroja,lamásgruesaquehalléenelarcón,abierta
entrelospechos,puessolíaserutilizadaparaamamantar,ylamentédeinmediatomidecisión.
Yojamásledaríasemejanteusoya,yaquelconocimientocontrajomiestómagoenunapunzada
dedolorosaacritud.
Dosvecesmehabíanarrancadounhijo,dosvecesunavida,peroloquehabíaresurgidodetanta
fatalidad era una mujer fría, dura y decidida a pelear contra la Providencia, contra la adversidad y
contralosdiosessieranecesario.
Rodeé mi cintura con un ancho cordel plateado, que anudé displicente, y sobre la túnica me
coloquéunchalecodepelodecastor.Dispusemicapasobreloshombros,ymecubríconelamplio
capuchón.YasalíacuandoEyramedetuvo.
—Aguarda,Freya,recuerdaqueesunacelebración;hasdelucirtusjoyas.
—¿Quéjoyas?
Advertílamisteriosasonrisadelaancianaconcrecienteexpectación.
Eyra se me acercó, deslizó mi capucha, me sentó en una banqueta y se puso tras de mí
manipulandomimelena.
—Lasquesiempreparecesolvidar.
Recogióungruesomechóndemiladoderecho,loretorcióy,enseñándomeelprendedorcon
forma de mariposa, que me había regalado en mi despedida cuando partía para reencontrarme con
Rashid,loengarzótraselmechón.
—Perfecto—murmurócomplacida—;laplataresaltaenlanegruradetucabello.Yahora...
Ante mí descendió un grueso medallón que cayó pesado entre mis pechos. Contuve el aliento
cuandolocogíconlosdedos.
—Ahoraseguroquetesientesmuchomejor.
Losojossemellenarondelágrimas.
Estreché el gran medallón de oro contra mi pecho y cerré los ojos liberando las lágrimas
contenidas.
—LorescatédeSkiringssalcuandopartimos—confesóEyra—.Deseabaconservaralgosuyo.
EraelmedallónquellevabaGunnareldíadenuestraboda.Uncírculoy,ensuinterior,grabados
una luna y un sol. Y a mi mente acudió aquel día: lo vi ante mí, tan hermoso que resplandecía, tan
emocionadoqueenternecía,tanenamoradoquedesarmaba.
Ycontemplandoelemblemadelmedallón,unafraserasgómisrecuerdosymeazotóconuna
atrozmelancolía,tandespiadadacomoellatigazodeunverdugo:«Élfuemiluna,grandeymágica,
perotú,túeresmisol,cálido,inmensoyabsolutamentenecesarioparavivir;sinsuluzyanopodría
existir...».Esafrasedichapormí,esaexplicaciónenlaquelemostrabaelcalibredemissentimientos,
comparándolosconlosqueunavezhabíasentidoporRashid,ahorasólomerecordabaqueestaba
muerta, pues su luz ya no me iluminaba, su calor me había abandonado, y mi ansiedad amenazaba
rompermeendos.
—¿Ymimorgingjölf?,¿dóndeestámianillodeboda?
—Noloencontréporningúnsitio.
Emitíunlamentoestrangulado,ysacudílacabezaenunfútilintentodealejareldolor.
—Nollores,muchacha,prontoloverás.
—¿Cuándo?—Mevolvíllorosahaciaella—.¿Hastacuándovoyasufrir,dime,mibuenaEyra?
¿Hastacuándo?
Mederrumbéensusbrazosyrompíensollozos.
—Cada mañana... abro los ojos con la esperanza de verlo aparecer; cada noche los cierro
soñandoquelohace.Voyaenloquecer,Eyra,nopuedosoportarlomás.
—Claroquepuedes;veotufuerza,Freya,eresunaluchadora,lodemuestrasacadainstante.La
vida es una violenta bofetada que te gira la cara cuando menos te lo esperas, pero de nosotros
dependemirardenuevoalfrente,conlamejilladolorida,perolamentepreparada.Noimportalas
vecesquetegolpee,sinolasquelogreslevantarte.Lavidaesunpulso,ylatozudez,nuestrabaza.
Miréalamujer,ylagratitudyelamorhaciaellaseextendieronsobremí,comounungüento
curativo,sosegandomiánimo.Aellalaconservabay,consemejantebastión,misdiariascontiendas
siempreestaríanbienpertrechadas...pues,cuandodiezmabanlosánimos,nadaresultabamásefectivo
queelempujóndelaliento,deunbuenconsejo,elcalordeunasonrisaoelrefugiodeunabrazo.Era
misostén,ycomotalmeapoyéenella.
Eyra me acunó, acarició mi cabello y continuó susurrándome palabras tranquilizadoras, hasta
quelogrédejardesollozar.
El Oráculo era un anciano demacrado, enjuto, grotescamente inclinado por una enorme
protuberanciaqueemergíadesuespalda,deojosinquietantementetraslúcidosycabellocanolargo,
escasoymarchito.Ibacubiertoporunacaparaídadecolorpardusco,conelrostropenumbrosobajo
una gran capucha y labios fruncidos. Alzó el anguloso rostro hacia mí y asintió a modo de
bienvenida.
—¿Soisciego?
—Veo más que muchos hombres —contestó con una voz gutural y rasgada—, aunque no a
travésdemisojos.
Sentíunescalofríoyfrotémisbrazosconvigor.
—Eyramedijoque...
—Siéntateyofrécemelamano—interrumpiócomourgidoporelapremio.
—Heolvidadoelgyald—murmuréapesadumbrada.
Elancianosacudióimpacientelacabeza.
—Norequieroningunaofrenda,puesnoerestúquienvieneporvoluntad,tellaméparadarteun
mensaje.
Mesentéenlaestrechabanquetayletendílamanocontitubeo,mostrandociertaaprensión.
—Nosoyunavederapiña,muchacha,notedejarémanca—gruñóimpaciente.
Me cogió la mano, la extendió y posó mi palma en su rostro; sentí en la piel un aura fría y
espectral,comolabrumosaescarchaquerezumadeunlagohelado.Reprimíelimpulsoderetirarla.
—Anoche me visitaron los espíritus, con dos exigencias —comenzó a decir—. Te las
transmitiré,peronoresponderéningunapregunta.
Asentíasabiendasdequenoseapercibiríadeaquelgesto.
—El primer mensaje es una advertencia, mujer loba: un gran halcón se cierne sobre ti, te
sobrevuelaencírculosdispuestoahacertecaerendesgracia,perocontigoperecerátodounlinaje,la
estirpedeungranpueblo.
Supealinstantequiénera;aunquesuvestidurafueraladeuncuervo,supodersindudaeraelde
unhalcón.
—Yelsegundosóloesunavisión:renacerásenbuscadelafelicidadqueseteniega,pero,tras
deti,correránlavenganzaylaenvidiaadartecaza.Aléjatedelllantodeunniñoydelapiedadque
aúnmoraentucorazón,puessólorecibirásamarguracomopago.
Aguardé,massóloelsilencioreinóenlacabañadelOráculo.
—¿YGunnar?
—Yateheavisado,nadadepreguntas.
Elancianoliberómimanoeinclinólacabezahaciasupecho.
—Perolosespíritushandehaberlovisto,élesmifuturo—insistítenaz.
Elhombresuspirólargamente,alzódenuevoelrostroysedescubriólacabeza.
Susblanquecinasretinasseclavaronenmí.Suacuosamiradatitilóbajoelfulgordelcandilque
presidíalamesa.
—Talvez,peronotupresente.
Sentíunregustoamargoenlagarganta,meesforcéentragar.Alterada,mepusebruscamenteen
pie,derribandolabanqueta.
—Osequivocáis—repliquéconfirmeza—.Yosoyladueñademipropiodestino;loencontraré
yseremosfelicesdenuevo.
—Elhombrequebuscasyanoexiste.Desiste,mujerloba,losdiosesnotesonpropicios.
Apretélospuñosyfruncíelceño.Unafuriaincipientesurgióderepente,comolayescasoplada
porlabrisaqueprendeenlasramastiernas,prestaacreceryadevorarlotodo.
—Tampocoyoloseréparaellos.Yaquí,anteelportadordesusmensajes,clamomireto...sí,
porquelosreto,losmaldigoymeenfrentoaellos.
Medirigíalapuerta,peroantesdesalirmevolvíhaciaelanciano.
—Ésteesmimensajeparaellos.Ynoesniunaadvertencianiunavisiónfutura,esunhecho.
—Noesmuyjuiciosoprovocarlairadelosdioses,loba—murmuróelOráculoreprobador.
—¡Viven furiosos conmigo! —exclamé enojada—. No dejan de demostrármelo, me lo han
quitadocasitodo.
—Las más duras pruebas son para los corazones más valerosos —argumentó el anciano—.
Meditalosaugurios,yactúaconsabiduría;lairaeselcaminodelosnecios.
Sacudílacabezaconfrustración;laamarguraseanclóenmipechoconlainquinadelahiedra
trenzándoseenlacortezadeunroble.
—No,anciano,lairaeshijadelainjusticia,perotambiénmadredelarebeldía.Noosnecesito,
niavos,niavuestrosdioses.
—Noobstante,acudirásdenuevoamí.
Lomiréconextrañeza,peronadarepliqué.
Salíconvehemenciayofuscacióny,sumidaenmispensamientos,medirigíalskáli.
Loscánticosflotabanentornoaunagranhoguerajustofrentedelagrancasacomunal.Erauna
especiedegaldrar,uncánticoenfebrecidoqueseutilizabaparahechizosoparapedirelfavordelos
dioses.
Cercadelahoguera,sobreunamesa,varioshombressujetabanunenormejabalí,quegruñíay
arruabaenuntonoagudoqueerizabalapiel,sacudiendosupeludocuerpoconviolencia.
Unodeloshombreselevósucánticoconlosbrazosalzadosalcielo;enunamano,uncuchillo,
yenlaotra,uncuenco.
Pidió a los dioses venturas para el pueblo y, nombrando a Odín, a Freyr, a Njörd, a Thor y a
Balder,descendióelcuchillohacialagargantadelanimalylodegollóconprecisión.
Lagenteclamóexaltadaysaltaronybailaronentornoalahoguera,disfrutandodelsacrificio.
Unoaunofueronuntadosconlaespesaycálidasangredelanimal,luciendoensusfrentesla
marcadelosdiosescomplacidos.
Hiramsepusoamiladoycontemplópensativolainmensahoguera.
—Algovamal.
Loobservé.Suapuestoperfil,enelqueparpadeabaelrefulgirdelfuego,permanecíaimpasible.
Parecíaunahermosatalla,quealgúnescultorvirtuosohubiesemodeladoenunarranquedesublime
inspiración.
—Todovamal—completétaciturna.
Hiramsostuvomimirada,compartíamidesazón.
—Gunnardeberíahaberllegadoya,elemisarioquemandarondijoqueloshabíavistocercade
Agder,yesaaldeaestáaunpardejornadasdeaquí.
Observando el fuego, me perdí entre sus ondulantes lenguas rojizas, entre sus brillantes
crepitaciones, entre sus voraces crujidos devoradores... y me sentí su igual. Esa misma intensidad
crecíaenmí,vibrandoenmiinterior,quemandomisentrañas,aumentandosufulgor.Poderoso,se
ibaadueñandodemiser.
—Salgamosabuscarlo—propusesindejardedeleitarmeenelinflujoqueejercíalahoguera.
Los maderos que habían dispuesto formando un alto cono se desmoronaron quebrados y
calcinados,ysuscrujidosresonaronenlanoche,liberandounhumoblanquecinoquezigzagueabaen
volutasqueopacabanlalímpidaoscuridaddelcielo.Aspiréelpronunciadoaromaamaderaquemada
quemanabadelahoguera,ycerrélosojos.
Inesperadamente,algodespertódentrodemí.Eraunconocimiento;sonreí.
Esepoderquelatíaincipientedentrodemí,esairaqueahoraanidabaenmiinterioryquecrecía
a un ritmo vertiginoso, era el alimento del lobo que moraba en mí, y que lo convertiría en un ser
temible, siempre y cuando mi sagacidad y frialdad lograran manejarlo. Sí, habría de mostrar mi
astucia, mi frialdad. Atrás quedarían la piedad, la confianza, la ingenuidad, la súplica, y hasta el
honor.ComolehabíaseñaladoaHalfdandurantenuestrapelea,enlaguerratodovale.Y,ahoramás
quenunca,debíausarlasmássuciastretassiqueríaembaucarauntaimadohalcón.
—Esperemosdosdíasmás;sinohavuelto,partiremosensubusca—convinoHiram.
Seguimosalamultitudhaciaelinteriordelskáli;allílafiestacomenzaba.
Toda clase de manjares se disponían en las largas mesas que habían colocado alrededor del
hogar; la gente comía y bebía, alborotaba, y disfrutaba con frenesí. Me despojé de la capa, y tomé
asientoenunextremo,juntoaHiram,Valdis,JorundyEyra.
Contrariamente a otras ocasiones en las que el abatimiento había arruinado mi apetito, tenía
hambre.Pinchéconmipuñalunfaisánasadoycondimentadoconhierbasaromáticas,ylomordícon
saña.Masticabaymordíaescuchandolaalgarabía,perosinmirarnada,exceptomiplato.
—Tienes peores modales que Fenrir —murmuró Eyra reprobadora—. No olvides que estás
frenteaunrey.
Entonces,alcéelrostroyloencontréobservándome.
—En lo que a mí respecta, ni siquiera es un halcón —repuse indiferente, ante la expresión
confusadelresto—,tansólouncuervomolesto.
—Pues,porcómotemira,creoqueesecuervotienehambre,ynoesalimentoloqueprecisa—
repusoValdis.
Hiramsemostróenojadoyhuraño,yaquellaactituddespertólalenguadelajoven,queaquella
nochelucíasuhermosopelorojoenuntrenzadorecogidobastantefavorecedor.
—Claro —agregó—, tras probar el primer bocado, no desistirá hasta hacerse con la pieza
entera.
—¡Cállate,Valdis!—gruñóHiram.
—Escuestióndetiempo—continuódesafiante—.¿Oacasonotehasdadocuentadequetendrá
retenidoasuesposohastahacerseconella?
Porlaexpresióndelguerrero,supequeéltambiéntemíalomismo.
—Estás equivocada —refuté, despegando un muslo de la grasienta ave con un movimiento
brusco—.Esjustolocontrario,ardeendeseosdequeregrese.
Todosmemiraronconlascejasalzadasyexpresióndesconcertada.
NisiquieraEyrateníaconocimientodelpacto;nohabíaconsideradoimportantecontárselo,pues
nopensabacumplirlo.
—Seacomofuere—agrególamuchacha—,tumaridoesunestorboparaél.Yalosreyesnoles
gustanlosimpedimentos.
Alcéelrostrodelplatoylamirépensativa.
—Yosoyelimpedimento,Valdis,sóloyo,masmetemoquetendréqueaclarárselodebidamente.
—¡Freya!Actúaconprudencia,eseexcesodeconfianzapuedeobrarentuperjuicio—aseveró
Eyraindignada—.Tecomportasdeunmodoextraño.
—Actúocomomedejanquelohaga—aleguécongravedad—,conlafrustracióndeunanimal
acorralado...pero,descuida,sabréencubrirlo,dispongodelasmañasadecuadas.
Ynobienterminédehablar,clavélosojosenlosdelrey,quien,aciertadistanciayrodeadode
sushombresdeconfianza,meobservabaconlarapacidadprendadaenlamirada.
Lesonreíseductoramientrasbebíademicopa.
—Unacervezadeliciosaamiparecer,¿noescierto,Hiram?
Éste, que arrugaba el ceño y parecía tener dificultades en reprimir su malestar, se limitó a
asentir.
—Vaya, parece que tienes claro tus fines, Freya —adujo Valdis complacida—. Otros parecen
obcecadosenimposibles.
Hiram la fulminó con la mirada, y la chica sonrió triunfal, aunque detecté un leve velo
compungidoensusrasgadosojosazules.
—Hoyestásmuyhermosa,Valdis—laadulé—;seguroqueestanochealgúnguerrerobuscará
tusatenciones.
Hirampusolosojosenblancoyresopló.
—Captarálaatencióndealgúnincauto,siemprequenoabralaboca.
—Cierralatuya,patán,ydedicatuscortasentendederasaseduciresclavas,quesonlasúnicas
quepodránsoportartuvanidosanecedad.
—¡Valdis!—exclamóenojadoJorund—.Muestrarespetoaquienteproveyódeprotección.Nos
hanayudado,noseasingrata.
—Noheempezadoyo,padre,sólorespondoasusinsolencias.
Eyrayyonosmiramosysonreímossubrepticiamente.
—Enesodiceverdadlajoven—intervinoEyra—.Hiram,puestoqueyaconocessugenio,noes
muysensatoacicatearla.
—Micomportamientoconellasóloesculpadesuscontinuosataques—sedefendióelguerrero
—.Pareceestarsiempreenguerraconmigo.
—Talvezseahoradesellarlapaz—propuse—.Unbailepuedeserelprincipio.
Miréalcorrodebailarinesquesehabíaformado,yquejaleabanalosmásvivaces.Lamúsica
aderezabalacelebraciónderramadaporflautastraveseras,mandolinasytambores,yunamodulada
vozgravecantabalasgestasdelosdiosesenestrofaslargasyarmoniosas,quemásdeunorepetía,
animandolavelada.
Un muchacho de cabellos castaños y facciones agraciadas se acercó a donde estaba Valdis
esbozandounasonrisa,lacogióporelcodoylasacóabailar.Nomepasódesapercibidalamirada
escrutadoraquedirigióaHiram.
Alinstante,elguerrerosepusoenpieymecogiódelbrazo.
—Bailemos.
Accedítrasapurarmicopa.Acalorada,medesprendíindolentedelchalecodepelodecastory
meuníalamultitudquedanzaba.
Nosadentramosenelcorroquehabíanformadoygiramos,saltamosyreímosalsondealegres
melodías. Los hombres que aún permanecían sentados a sus mesas restallaban las palmas de las
manoscontraeltablero,siguiendoelritmodelostambores.
En parejas, se adelantaban bailando en el centro del amplio círculo de danzarines, entre
palmadas,risasysilbidos.
Hirammearrastróconély,delamano,giramosjuntos.Elguerrerosonreíacondiversión,y
entusiasmadomeguiabaenunbailefrenético.
Me dejé llevar por la euforia, abotargada de dolor, alcohol y resentimiento. Sentí ganas de
rebelarmecontraelmundo,contraloshombresycontralosdioses.
Mesentíamareada,embotadayardiente,pero,porencimadetodo,desesperadamentenecesitada.
Nosabíaquémeestabasucediendo,sóloeraapenasconscientedequemicuerpodespertaba,deque
elhambrecarnaltomabaeltestigodemivoluntad,dequemispezonesseendurecíansuplicantes,mi
bocaseentreabríaclamandounbesoymientrepiernagritabasusoledad.
Movidaporunimpulso,meabalancésobreHiramy,colgadaentresusbrazos,meembriaguéde
suobnubiladamiradaazul.
—Ardo,Hiram...
Y sin añadir más explicación, me lancé a su boca. Sobresaltado, permaneció inmóvil y
confundido, mientras yo lograba que mi lengua se filtrara solapada y buscase la suya. Envarado y
tenso, me aferró por los hombros con la intención de alejarme, pero yo gemí y froté mi cuerpo
contraelsuyo;aquellodebilitósudecisión.
Notardóenreaccionarsucumbiendoamipasión.Susmanosrecorrieronmiespalda,searqueó
sobremíymebesóconvoracidad,desatandosuhastaahoracontenidapresadeemociones.
—Freya—susurrócontramisdientes,ydenuevomebesócondelirio.
Lodeseaba,meurgíaposeerlo,yalmismotiempomiconcienciabatallabaporhacerseconel
control. Debía detenerlo, debía detenerme; sin embargo, logramos desplazarnos a un rincón sin
despegar los labios. Hiram me inmovilizó con su cuerpo, mientras sus manos se filtraban por la
aberturademiescoteyacariciabamispechos.Gemí,jadeé,mordíyarañé,enunestadoextrañamente
febril,enloqueciendoalhombrequeteníasobremí.
—¡Esapresaesmía,Hiram,aunqueagradezcoquelatemplesparamí!
Niélniyologramossepararnuestrasbocasanteaquellavozgraveyautoritaria.Eracomosi
estuviésemospresosdeunhechizoysuinflujonosencadenaraaunapasiónmutua.
—¡Hedichoquelasueltes!
UnamanograndesacudióelhombrodeHiram.
El guerrero se volvió ofuscado. Contrariado, descubrió que aquella inoportuna exigencia
proveníadesupropiorey.
SentílamiradahambrientadeHalfdansobremishinchadoslabios.
—Ellanoesvuestra,nobleseñor.
Halfdanesbozóunamediasonrisayarqueólacejaizquierdaconcínicoasombro.
—Tampocotuya,gusano,yahoraapártateantesdequemiimpacienciaseconviertaenrencor.
Eslasegundavezquemecontradices,nohabráunatercera—advirtióenojado.
Hiram me contempló con un amasijo de emociones crispando su bello rostro: furia, anhelo,
frustracióneimpotencia.Justocuandopensabaqueseretiraría,algopeligrosobrillóensumirada.
Poralgúnmotivointuíquepensabaenfrentarseasurey;tensóloshombrosysevolvióhaciaHalfdan
conelceñofruncido.
Meadelantéaél,colándomeentreaquellosdosgrandescuerpos,ymeencaréaHiram,dispuesta
asalvarlelavida.
—¡Obedeceaturey!
Apesardelaautoridadenmitono,violasúplicaenmimirada;neguésutilmenteconlacabeza,
rogándoleensilencioquedesistiera.
Dio la impresión de debatirse en lo que me pareció una eternidad, hasta que agachó la cabeza
vencidoysealejóempujandoconelhombroconsequedadaHalfdan,quetorcióelgestoconfuria.
—¿Quédeseáis,reycuervo?—inquiríconintencióndedesviarsufuria,centrándoloenmí.
Los oscuros ojos del hombre me gritaron la respuesta antes de que sus labios formaran las
palabras.
—Ati,mujer.
—Ymetendréis—aseguré—,cuandocumpláisnuestroacuerdo.
—Esoeraantesdedescubrirquesóloeresunaperralasciva.
Ya se abalanzaba sobre mí cuando lo detuve posando las palmas de las manos en su fornido
pecho. Era más grande que Hiram, más atemorizador, pero también sobrecogedoramente viril,
dotado de una masculinidad que azotaba los sentidos, prometiendo placeres casi salvajes. Sentí su
influjo, y esa fiebre traidora que me obnubilaba se alzó de nuevo como una espesa niebla,
languideciendomiconsciencia.
—No lo seré con vos —repuse sin mucha convicción. Me mareé y cerré por un momento los
ojos.
—Esoyaloveremos.
Sugranmanomeciñólacinturaymeaplastócontrasupecho;laotracogiómimandíbulayla
alzóconhosquedad.
Sólodistinguíunasonrisatriunfal,antesdeperdercontactoconlarealidad.
La boca del gran rey cayó sobre la mía, sin admitir réplica. Aquella lengua no era suave, ni
gentil, sino brusca e imperativa. El voraz dominio del beso acentuó la sensación de irrealidad,
sumiéndomeenunmundoonírico,peroalavezenunvívidomalestar.Enmimentecomenzóanacer
lanegación,larebeldía.Elloboseagitóinquietoenmiinterior.Lonotabacadavezmáshambriento,
husmeando su alimento: esa ira burdamente agazapada que recorría mi ser, cubierta apenas por un
livianovelodefrialdadycontrol.
—Voyahacertemía,Freya,yniGunnarnilosdiosesvanaimpedírmelo.
Apenasseseparódemíparaarrastrarmeportodalasalahastaelfondodelskáli.
Apesardelmareoylaconfusión,meapercibídequeamialrededorvariasparejassefundíanen
impúdicosabrazos,inmersosenbesosycariciascomosiaquellafiebrequemedominabasehubiera
extendidoenunaplagalujuriosacomún.
Trasatravesarysortearelfrenesídemujeresyhombres,riendo,bebiendoybesándose,Halfdan
me adentró en sus dominios privados, su lokrekkja, su alcoba, separando los gruesos cortinajes de
lanaazul.
Melanzóencimadelacama,ysecernióamenazadorsobremí.
—No imaginas cuánto te deseo —susurró quedo—. He sufrido, maldita loba. Regodeándote
delante de mí todo el tiempo, viéndote entrenar, sintiéndome golpeado por tu poder, por esa
sensualidadqueemanasacadapaso.Ningunamujersemehabíaresistidonunca;esalgonuevopara
mí,yesuntormentoquepiensoliberarahoramismo.
—Soltadme—exigíenunapagadobalbuceo.
Mesentíasinfuerzas,sinvoluntad,desgarradaentreunaapremiantenecesidadcarnalyeldeseo
dealejarloagolpes.Sinembargo,supequemicuerpo,poralgúnladinohechizo,mehabíadespojado
delaenergíanecesariaparalucharcontraaquelgigante.
¿Quémeestabapasando?¿Porquéeraincapazdepelear?
—Dejaquetemuestrelashabilidadesdeunrey,déjatellevarporelplacerqueestoydispuestoa
brindarte.Cuandoacabecontigo,noquerrássalirjamásdemilecho.
Clavóenmíunamiradadecididaenlaquebrillabasulascivia,serelamió,entrecerrólosojosy
tomódenuevomiboca.Notécómosusmanosabríanconvehemenciaelescotedemivestido.Apartó
la boca de mis labios para enterrarla en mis pechos, que, enhiestos y de pezones orgullosos, se
tensaronantelahúmedasuavidaddesulengua.
Cerré los ojos e intenté resistirme al placer, al oscuro deseo que me obnubilada. Apreté los
dientesymispuñossecerraronsobrelamantadepeloquecubríalacama,quenosofrecíaunlecho
cálido y confortable. Y estrangulé mis gemidos. La lengua del hombre jugueteaba, lamía,
mordisqueaba;susgrandesmanosabarcabanmispesadossenos,alzándolosmientrasrozabasubarba
ysurostrocontraellos.Memordíellabioinferiorynopudeevitargemirdeplacer.Noobstante,en
lugardedisfrutardeaquelgoce,meprocurabaunmalestaramargo.Teníaqueescapardeallí,pero
¿cómo?
De repente, mientras el hombre subía mi falda y acariciaba el interior de mis muslos,
provocándomeescalofríos,Gunnarllegóenmiayuda.
Fueronsusojos,tanverdescomolascolinas,tanlímpidoscomolosestanqueshoradadosenla
roca,tanbrillantescomoelreflejodelsolenelacero,losquereforzaronmidecisiónyaclararonmi
mente.MicuerposehallabapresoenlatórridanubedeplacerconqueHalfdanmecastigaba;incapaz
deusarlafuerzafísica,sólomequedóunaopción:dejarquemiloboencontrarasualimento,laira,
perovestidadeastuciayfrialdad.
—Os...ospropongootrotrato.
Elreytardóenalzarelrostrodemissensibilizadospechos.
—Loúnicoquemeinteresayadetiesloqueestoyapuntodeobtener.
Se coló entre mis piernas, arremolinando mi túnica en torno a mis caderas para tener mejor
accesoasupremio,ygruñóexcitado.
—Talvezsíosinteresesaberquelapasióndelaquevaisadisfrutarosvaacostarelreino.
Entoncessílogrécaptarsuatención.Fijólamiradaenmí,confusoeintrigado,peroaúnvelada
poreldeseoqueloconsumía.
—¡Calla,sóloteestápermitidoabrirlabocaparagemirrendidaantemí!
—¡Condenadobellaco!—proferícondesprecio—.Escucharéismipropuesta,queráisono.¿O
acasodeseáismalograrvuestrosplanesporunamujer,queademásnoes,niserá,vuestra?
—¡Malditaseas,noatenderétuslocurashastahabersatisfechomilujuria!
Medebatíbajoélfútilmente,maldijecarecerdefuerzas,maldijelainusitadalanguidezqueaún
meabotargaba.Denuevorecurríalingenio.
—Deacuerdo—musité—.Tomadmesiosplace,peroluegonooslamentéiscuandoHorikcaiga
sobrevos.
—¿Horik?¿ElreydeJutlandia?¿AcasoLokiconfundetujuicio?
—Sí,Horik,delqueesperáislealtadparaluegopagarlecontraición.
Halfdanpalideció,meestrujóloshombrosconsusfuertesmanosymesacudiósobreellecho.
—¿Quédiantrespasaconesebribón?
—Pasa que, si no os separáis de mí y juráis no volver a tocarme, pronto sabrá de vuestras
mañas.¿Yquécreéisquepasarácuandosepaque,trassuapoyo,pensáisconquistarsureino?
El semblante del rey se congestionó por la furia, me taladró con la mirada. Crispado y tenso,
descargóelpuñoenelcolchón.
—Quenosólonoosayudará—continué—,sinoquebuscaráalianzasparaenfrentarseavos...y,
sisujarlRagnarLodbrokacudeasullamamiento,seréisvosquienpierdaelreinoylacabeza.
Halfdanmecontemplóregalándometodosurencoryfrustración;surictus,rígidoycontenido,
apenasmostrabaloquedebíadesentirensuinterior.
—¿Haspensado,pequeñaarpía,quenadameimpidetomartecomodeseoymatartedespués?
—Claro que lo he pensado, por eso ya dispuse a alguien que partiera con mi mensaje si me
sucedíaalgo.
Sostuvimos la mirada desafiantes y retadores, nariz con nariz, respirando agitados. Halfdan
frotósuendurecidavirilidadcontramientrepiernaengestofrustrado,mascullóunamaldiciónyse
apartó.
—Eresunavíboraastutaycruel.Estavezganas,masteaviso:nosécómonicuándo,peroserás
mía,vasapagarcaratuosadía.Nadieintimidaaunreyysaleindemne.
Saliódelacamaymecontemplópensativo.
Me incorporé y me puse en pie dispuesta a alejarme a la carrera, ocultando mi alivio, pero
Halfdanseinterpusoenmicamino.
—Aguarda.
Lomiréconextrañezaytemor.
Sonriómaliciosoysedespojóantemídesucamisola.Suenormepecho,adornadodetemibles
músculos,duroymoldeado,conunalevepinceladadevellooscuroenelcentro,aguijoneómibajo
vientre.Porfortuna,logrémantenermeimpasibleantesuescrutinio.
—¡Dejadmesalir!
—Todavíano.
Asomólacabezaatravésdelacortinaehizoungestodeaviso.
—Nopuedotocarte,¿noesasí?
Neguéconlacabeza,expectanteyalerta.
Casi al instante aparecieron dos esclavas; eran esbeltas, de cabellos claros como el trigo en
veranoyojosazules,unamásbonitaquelaotra.Meobservaroncondemasiadointerés.Unadeellas
serelamiólasciva.
—Ellastampoco—puntualicénerviosa.
Halfdanriomientrascogíaalasmujeresylasconducíaallecho.
—Seríainteresante—admitió—,peronohallaríagoceenvercómotetocansabiéndotevetada
para mí. En cambio... —hizo una pausa para desasirse de sus calzas. Su miembro basculó pesado,
enhiestoyaltivo;traguésalivaydesviélamiradaraudahaciasurostroatiempodeverunasonrisa
engreída—...encambio...—repitiómientrassubíaallechoysearrodillabafrenteamíesperandoque
lasesclavassedesnudaran—...gozarédetideotramanera,unamuysingular.Ynovasamovertede
ahíhastaqueteloordene,amenosquequierasveraHiramazotadohastamorir.
Sentílagargantaresecayelpulsoalocadoenlasien,sólofuicapazdeasentir.
Lasmujeres,libresdesusvestiduras,sepusieronunaacadaladodelhombre;lostresestabande
rodillas sobre el lecho, frente a mí. Halfdan rodeó a ambas por la cintura y me dedicó esa media
sonrisasardónicaypendencieraquelocaracterizaba.Luego,besóaunadelasmujeresaltiempoque
meechabafugacesvistazos.Seinclinóycogióunodelospezonesdelaotramujerylolamiósin
dejar de mirarme. Su mano se escurrió entre las piernas de la esclava y acarició su dorada
femineidadarrancandoreiterativosgemidosdesugarganta.
Volvílacabezaescandalizada.
—¡Mírame,malditaloba!—exigióferoz—.Noteatrevasadespegartusojosdelosmíos.
Obedecíypresenciésusjuegossexuales,entreavergonzada,irritadayexcitada.
Halfdan era diestro en las artes amatorias, sabía cómo complacer a una mujer; en realidad
colmaba a dos con bastante fortuna. Aquel trío ya llevaba tiempo entrenándose en aquellas lides,
adiviné.
Una de las esclavas se inclinó hacia delante, apoyada en sus manos, ofreciéndose ardiente al
hombre, arqueándose y elevando las nalgas. Halfdan se puso tras ella, la tomó de las caderas, se
inclinóylamiólacurvadesuespalda,conlamiradaengarzadaenlamía.Azotójuguetónlanalga
izquierda de la mujer, y se irguió ante mí, con semblante grave y contenido. Retrocedió de forma
someraydeunsoloenviteseintrodujoenella,arrancandoellargoyplacenterogemidodelamujer
quesacudíafebrilsulargamelena.
Halfdan, con el rostro parcialmente cubierto por su negra y lacia cabellera, copulaba con
ferocidadfrenteamísindespegarsusojosdelosmíos.
Recogió en su puño la melena trigueña de la esclava con la que fornicaba y la obligó a
incorporarse,deslizandolamanohaciaelsexodelamujer,acariciándoloaltiempoquelapenetraba.
Los gemidos, jadeos, gruñidos, los golpes secos de la carne contra la carne, el aroma
almizclado que manaba del goce carnal, la tentadora imagen del placer desatado, todo embriagaba
misyadebilitadossentidos.
Fascinadaalveraquellaescena,micuerpotraidorsesacudióporunaagudapunzadadedeseo.
Pudesentirlahumedaddemientrepierna.Recépornomostrarmisemociones.
—Descubretuspechosyacaríciatelos—ordenóHalfdan.
Paralizada,locontempléconsofoco.
—¡Ahora,malditasea,omeimportaránunbledotusamenazas!
Retiré las dos bandas de lana plisada que cubrían mis pechos y se los mostré. Comencé a
acariciarlos,ynopudecontenerungemido.Halfdancerrólosojosconsemblanteatormentado,pero,
cuando de nuevo los abrió, vi tal deseo en ellos que temí un ataque. No obstante, se centró en la
cópula incrementando el ritmo de su embates. Tomó en sus manos los pechos de la esclava y los
amasóconfrenesísindejardeembebersedelosmíos.
Finalmente,ungritoquebradoylargoanunciósuliberación.
—Freyaaaa...
Eraamíaquientomabausandootrocuerpo.Abrumadaysobrecogidaporlasituación,porsu
brunayencendidamirada,sentíunaleteonerviosoenmivientre.Sólodeseabasalircorriendo,huir
deél,detodos,ycorrer,corrertrasmivida,esaqueparecíaescondersedemí,detrásdeunosojos
verdes.
—Algúndía...loba,algúndía...yentonces...nonecesitaréningunaotramujer.Puedesirte.
Ésafuelaúnicaordenqueacatéconpremura,impacienciayagrado.
15
Buscandoculpables
Recorríelpasillocentraldelgranskáliconlasmejillasencendidas.Muchasparejascopulabansobre
los bancos, en las mesas, en el suelo. Descubrí a Hiram poseyendo a una pelirroja que gritaba a
pulmón;parpadeéincrédula,eraValdis.Hiramsedetuvoymemiróconfuso,loignoréyacelerémis
pasos.
Aquelloeraunpandemóniumdepasióndesatada.Elúltimotrayectolohicecorriendo;salídela
cabañaseguidadegemidos,comosimepersiguieraunabandadadepájarosobscenosempecinados
enpicotearmivoluntad.
Lo primero que hice fue coger un cubo, llenarlo de agua del abrevadero y volcarlo sobre mi
cabeza.Sacudímicabelloycomprobéquenadiemeobservara.Intentéacompasarmirespiracióny
relajarmiánimo.
Mirélaluna;sufulgornacaradoperfilabadeplatalasnubesmáscercanas,diluyendolanegrura
a favor de un azul oscuro. Una miríada de minúsculos puntos de luz tachonaban la noche, como
lustrosasperlascosidasaunnegromantoaterciopelado.
Suspiréyliberétodalatensiónenunsollozolargoqueemergiódelcentromismodemialma.
Mepermitíaquellaflaqueza,perosinregodearmeenella,tansólocomoescapealapresiónque
atosigaba mi pecho, como un acto práctico y necesario. Recuperado el control, me limpié
burdamentelaslágrimasymedirigíalacabaña.
Eyrasehallabasentadaenunabanquetaenelexterior,cubiertaporvariasmantas.
—¿Quéhacesfuera?—leincrepé—.Haceunfríoinfernal.
—Pues tú pareces no notarlo: no llevas tu capa, ni tu chaleco, y además estás empapada —
replicósopesandomisemblante.
Yasíera,elfuegosentidotodavíacaldeabamicuerpo.
—Notesientasculpable,sealoqueseaquehayaocurrido.
Abrílosojose,incapazdesostenersumirada,lafijéenlapuerta.
—Nohapasadonada,aunqueestuvomuycerca—confeséenunhilodevoz.Amedidaquemi
mentesedespejaba,mivergüenzaaumentaba.
—Entalcaso,poseeslavoluntaddeundios.Elreyemponzoñólacerveza.
Abrílaboca,mudadeasombro.
—¿Quéacabasdedecir?
—Loqueacabasdeescuchar.Portucomportamiento...conHiram,yporeldelresto,intuíque
habíanaderezadolabebida.Aúnsiguentuspupilasdilatadas,Freya.—Mesentímareadaymeapoyé
eneldintel—.Después,unamujermeconfesóquedevezencuantoechanunbrebajeextrañoalos
barrilesdecerveza,unamezcladejengibreyunhongopeculiarquesecríabajolosgrandesrobles.
Meexplicóqueavivaeldeseocarnalypuedodarfedeello.
—¡Esepajarracoinmundo!—proferífuriosa.
—Creo,porlabacanalquesehaformadoenlacasacomunal,queHalfdansehaexcedidoenla
dosishabitual,pueslamujermedijoquenuncahabíapresenciadocelebraciónigual.
—Queríaembaucarmeycasiloconsigue.
—Vasacontármelotodo,ynosólomerefieroaloquehapasadoestanoche;durantelafiesta,
tuspalabrasalertaronmiinstintos.Asíque,cuantoantesempieces,antestedejarédescansar.
Ydejébrotartodoloacontecido,sinomitirningúndetalle,pormuchoqueelruborquemaramis
mejillas.Tambiénledesveléelpactoqueacababadedesbaratar.
Cuandoterminémirelatoyfuiplenamenteconscientedeloqueacababadeviviresanoche,la
rabia me sacudió. No podía permanecer ni un instante más en Hedemark; en cuanto amaneciera,
partiríaenbuscadeGunnar.
—Tuastuciameadmira,Freya,mesientotremendamenteorgullosadeti—repusomeditabunda
—.Masnosubestimeselempeñodeunrey,queademásesarteroytraicionero.Tedeseacomojamás
hadeseadonadaensuvida,yseguroqueesaintensidadtambiénsedebeatuconstanterechazo.Te
hasconvertidoensureto,yparaunhombrepoderosoyambiciososignificaqueharátodoloqueesté
ensumanoparaalcanzarlo.
—Losé,poresopartirémañana.
Laancianaasintió,suspiróhondoysepusoenpie.
—Hasomitidoalgoenturelato,yjustoloquemásmepreocupa.
Memirócongravedad,posólamanoenmihombroylooprimiósuavemente.
—ElOráculo—admití.
Asintióysuajadorostrosedulcificóenunasonrisacondescendiente.
Le detallé la conversación y, cuando terminé, los ojos de Eyra se habían cubierto por un velo
afligido.
—Es peor de lo que barruntaba —confesó—. Los dioses quieren que te alejes del rey, pues
podrías alterar su destino, y ese conocimiento me dice que no sólo te metiste en su cabeza, Freya,
sino también en su corazón. En cuanto a la visión, es la misma que la mía: sé que ambos os
encontraréis en otra vida, como mitades de una misma alma. En cambio, lo del llanto del niño me
confunde,estáclaroqueladesgraciaseempeñaráenperseguiros.Talvez...
—Talvez,¿qué?
Laancianasacudiólacabeza;creíversuspensamientospasandoaunritmovertiginosoporsu
rostro.
—Talvez,ahoraseteestádandolaoportunidaddeevitarquelafatalidadtepersigaatravésde
lostiempos.
—Amíloquemásmeangustianoesningunadeesasdoscosas;ahoramismoloqueatenazami
pechoesnoencontraraGunnar;dejóentenderqueyanoeramipresente.
—Losdesigniosdelosdiosesdebentomarsecomoadvertencias;sedebelucharporcambiarlos,
perosiesimposiblenoquedamásremedioqueasumirlos.
Unfraseacudióamimente,yconellalosrecuerdosdemipasadoalláenaquelToledoalque
jamásregresaría.
—Elpasadohahuido,loquenosesperaestáausente,peroelahoraesmío.
Aquélla fue mi declaración de intenciones. Lucharía hasta el final, a nada temía ya, tan sólo a
perdermivida,esaqueyanomorabaenmí,sinoenunguerrerotemiblequesecubríaconlapielde
unlobo.
Amanecíacuandounosgolpesimpacientesaporrearonlapuertadelacabaña.
Eyra y yo nos miramos alertas. Jorund continuaba en su camastro sumido en el sueño,
regalándonos sus bufidos y resoplidos. Valdis no estaba en su jergón. Sólo yo sabía dónde se
encontraba,enlosbrazosdeunhermosoguerrero.
Cuando abrí la puerta, fue ese hombre el que me miró con el ceño fruncido y una expresión
tensa.Mecubríderuborcuandodeslizólamiradahaciamislabios.
—Gunnarestáaquí.
Abrílosojosimpactada,miestómagocosquilleóyenmicorazónaletearonmilesdeinquietas
mariposas. Sentí ganas de llorar y reír a la vez; cuando ya me precipitaba al exterior, me mareé y
perdíelequilibrio.Hirammesujetóporlacintura.
—Cogetucapa,estáhelando—meaconsejófijándoseenmivestidorojo;máspuntualmente,mi
escote.
Porfortuna,nomehabíadesvestido,yaquepensabaescaparalalba.
—Laolvidéenelskáli.
Hiramarrugólacaraenunmohíndedisgusto,imaginándomeenlacamadeHalfdan.
—No me poseyó. —No acababa de pronunciarlo cuando me pregunté por qué tenía que
excusarmeanteél.
—Tevisalirdesualcoba.
—No me importa lo que creas; sólo te diré, para el descanso de tu conciencia, que Halfdan
envenenónuestravoluntad,liberandonuestrosmásprimariosinstintos:contaminaronlacervezacon
unbrebajelibidinoso.Ningunosomosresponsablesdeloquesucedióanoche.Nohasdesentirtemal
antetuhersir.
SalimossinesperaraEyra,quehizoseñasdequenosseguiría.
Caminamosconapremio,expulsandovolutasdealientoblanquecinoytemblandoantelahelada
quesepultabalaregiónbajosuimplacableyugo.
—Mesientomal,Freya,pordoscosas—aseveróHiramsinmirarme—.Laprimeraesporque
toméalamujerequivocadaentulugar,ylasegunda,porquenobebícerveza.
Nadarespondí,nisiquieralomiré;melimitéacaminar,deseandoliberarlapiedrademipecho,
desesperadaporqueunosbrazosmeenvolvieran,yporquedosgemasverdesiluminaranporfinmi
existencia.
Llegamosalaexplanadafrentealskáli,dondelahogueraennegrecidahabíasidocubiertapor
unafinaytraslúcidacapadehielo.
Numerosos caballos y jinetes estaban apostados frente a la cabaña, atando sus monturas al
cercado. Se me cortó la respiración cuando reconocí a Erik Cabello Hermoso, y a Ragnar Hacha
Sangrienta.Corríhaciaellos.
Se volvieron hacia mí justo antes de que los alcanzara, con el espanto pintado en el rostro.
Retrocedieronsobresaltadosytemerosos.
—Presenciounavisión,Erik—musitóimpávidoelguerrero.
Eriknisiquieraeracapazdehablar;teníalamandíbuladesencajadaylosojosparecíansalírsele
delasórbitas.
Nopudeevitarabalanzarmesobreellosycolgarmedesuscuellos.
Erik gritó embargado por el pánico, y Ragnar trastabilló mientras retrocedía cayendo sentado
sobresusposaderas.
—¡Atrás,espectro!
Medetuveacontemplarlosconlosbrazosenjarrasyunasonrisadivertidaenmirostro.
—Soyyo,majaderos.Estoymásvivaquenunca.
Ambosmecontemplaronpálidoseimpresionados.
—Erik,¿losespíritushablan?
—Cre...creo...queno.
Alargué el brazo y toqué con la punta del dedo el pecho de Erik; éste miró mi dedo como si
fueralapuntadeunadaga.
—No deberías gritar tanto, Erik —aduje con sorna—. Si muestras tu precaria dentadura, no
tendrásdóndeclavartuaguijón.
—Simefaltandientesesportuculpa,casimematanenaquelbarco.
Asentíycompuseunmohíndedisculpa.Porfinelguerrerosonrió.
—¿De...deveraserestú?—inquirióRagnarponiéndoseenpie.
Meestiréunmechóndepelo,ylesguiñéunojo.
—Esoparece.
—Pe...pero...siestabasmuerta,Eyra...teenterró—tartamudeó,acercándoseconfundido.
—Pero la desenterré... —explicó Eyra, que se acercaba a nosotros— ... cuando comprobé que
todavíarespiraba.
—Mesalvólavida—argüí—;todoestetiempoheestadorecuperándome.
Amboshombresdeslizaronlamiradaamiplanovientre.
Memordíellabioinferioryneguéconlacabeza.
—Gunnar...tecreemuerta...
Amboshombressemiraronalarmadosyturbados.
—¡Porlosdioses...Gunnar!Nosécómovaaafrontartenerteenfrente.
—Comoalguienquereencuentraaunseramado.
Los guerreros intercambiaron miradas nerviosas e inmediatamente las desviaron con lo que
pretendíaserdisimulo.Erikseconcentróenlapuntadesuspies,mientraslosfrotabacontralatierra.
Ragnarserascabalacalvainquietoydecidiósacudirsusropasevitandoencontrarseconmimirada
inquisidora.
—¡Maldición!¿Quéocurre?
MiréaHiram,queestabaamilado,perotampocoseanimabaaresponder.Empecéacrisparme.
Mirélaspuertasdelacasacomunal,intuyendoqueGunnarestaríadentro.Conelceñofruncido,me
adelantédispuestaaencontrarmeconmiesposo.
Hirammedetuvo.
—Serámejorqueloaguardesaquí.
Merevolvícontraél.
—Yaheesperadodemasiado—contravine.
—Hazcaso,Freya—meaconsejóEyra.
DetectéunamiradadereprochedeErikaHiram.Ragnar,conelceñofruncido,seenfrentóaeste
último.
—¿Nolahasavisado?
—Lointenté—sejustificó—,peronomedejódecírselo.
Meencaréconél;laangustiameoprimíaimpidiéndomerespirar.
—Ahoraquierosaberlo.
—Gunnar...—comenzóadecirtitubeando,apenassipodíasostenermipenetrantemirada—...no
eselqueera,está...perdido.
—¿Perdido?
—Haenloquecido,Lokilotieneatrapadoensumundo,ahora...esunhombredistinto.Creoque
teimpactaráverlo,hasdeestarpreparada,Freya.
—Volveráaserelqueera—musitémásparaanimarmeamímismaqueparaconvenceralresto.
Porlossemblantesquemerodeaban,pudecomprobarquenoalbergabanmuchasesperanzas.
Justo en ese instante, las puertas dobles se abrieron. Del interior salió un hombre de mediana
edad, corpulento y de expresión astuta, que me observó con suspicacia; el gran Orn. Tras él iban
ThorffinelGigante...yGunnar.
Semeparóelcorazón.
Thorffinsedetuvoamitaddelospeldaños,cuandoreparóenmí.Surostrosedemudóporel
asombro. Impresionado y pálido, tuvo que agarrarse a la baranda. En cambio, Gunnar, ferozmente
hermoso,descendióconseguridadysemblanteimperturbable.
Verlotancambiadomeconmocionó.Enverdadnoeraél.
Sobresuespaldacaíalapieldeunlobonegro,quesujetabaconcorreajesasucintura,ysobre
sucabeza,ladelanimal,desecadaygrotesca.Loscolmillosresplandecientesdelloboasomabanpor
encimadesufrente.
Suslargoscabelloscubríanunabuenapartedesuespalda,castañosclarosydespeinados,ydos
largastrenzascaíanalosladosdesurostro.Llevabaeltorsodescubierto,apesardelagelidezque
pesabaenelaire.
Admirélospoderososmúsculosdesupecho,susabultadoshombros,susimpresionantesbrazos
escarificados y teñidos con extraños símbolos rituales; una cinta ancha de tela roja circundaba el
derecho. Su vientre, duro como el acero, condujo mi mirada hacia abajo. En sus caderas pendía el
anchocinturónqueportabaunenormeespadónenfundadoensuvaina.Lucíaunasceñidascalzasde
pielcurtidamarrón,queacentuabaloslargosyelásticosmúsculosdesuspiernas.Caminabaconese
pasofelinoyamenazantequeatemorizabaaloshombresycautivabaalasmujeres.
Derepente,posósusimpresionantesojosverdesenmí.
Contuve el aliento y con el corazón desbocado aguardé su reconocimiento. Se detuvo apenas
parapasearlamiradapormicuerpo.Peroensurostronoasomóningunaemoción;permanecíafrío,
duroeimpasible,creídistinguirinclusounmatizdesdeñosoensufaz.
Meencogí,desgarradaentrelasganasdeabrazarloydegritarle.
Continuósucaminohaciasucaballoymontóenéldeunágilsalto.
—¡¡¡Gunnar!!!
Ycorríhacíaélconlágrimasenlosojosyelalmaquebradadedolor.
Apenasmemiró,sacudiólasriendasycaballoyjinetesalieronagalope,alejándosedemí.
Caíderodillas.Temblaba;bajélacabezaysollocérotaydesamparada.
Balbuceé su nombre, permitiendo que el dolor me sacudiera, compungida y desolada. Sin
embargo, cuando oí pasos acercarse, alcé el brazo hacia atrás deteniendo al que se me acercaba.
Neguéconlacabezaymesumíenunahondapena,todavíaincapazdecreerquenoseacordarade
mí.
—¡Bendigoalosdioses,pordevolvertealmundodelosvivos!
ReconocílavozdeThorffin.Logréreunirlasfuerzassuficientesparaponermeenpieymirarlo.
—Nofueronellos,sinoEyra—susurréintentadoreponermedeaqueldurogolpe.Refreguémis
ojosconelantebrazoeinhaléprofundamente,buscandoelcorajequenecesitaba—.Quieroqueme
cuentesquélehapasadoyadóndesedirigeahora.
Elgigantederizadopelorojo,rostroamableyemocionadoasintió.
—Volveráestanoche;esperoque,paraentonces,hayaslogradocomprenderloqueleocurrey
encontremosentretodosunasolución.Tambiénesperoquetemuestresindulgenteconél.
—¿Cómonomostrarmeindulgente,sisoylaúnicaculpabledesuestado?
Thorffinbajóelrostroafectadoynegóconlacabeza.
—No,Freya,noereslaúnicaculpable.
Sentíunasensaciónviscosayopresivaserpenteandopormivientre.Laamargura,quesehabía
extendidocomounaplagaporuncampodecultivo,oscureciómirostro.
—Seacomofuere,denadavalelamentarseya.
Llené mis pulmones de aquel aire invernal que pareció apaciguar mi sufrimiento, y me
encaminéhaciaelskáli,seguidadelosdemás.
16
EnlasgarrasdeLoki
Sentadafrentealhogar,alejandolafrialdaddemismiembros,masnodemicorazón,meaprestéa
escucharelrelatodeThorffin.Eyra,juntoamí,tancontritacomoyo,noapartabalavistadelfuego
sumidaenfunestospensamientos.
—Adelante.
Erik, Ragnar e Hiram nos acompañaban en la mesa; en este último advertí una mirada
compasiva,yunaexpresiónexpectante.
—CuandologramoscargarconGunnaryalejarnosdeSkiringssal—comenzóanarrarThorffin
—,creíquenosobreviviríaalafiebreyalosdelirios.Jamáshabíavistotaldecaimientoennadie.
Orasollozaba,oragritaba,oramaldecía,hastaquecaíadesfallecido.Enmásdeunaocasióntuvimos
queatarlo,paraquenosehiriera.Sufriendosemejantedolor,aumentéladosisqueEyraelaborópara
aletargarlo. De tal forma, la mayor parte del tiempo se lo pasaba dormitando, sumido... en...
pesadillas.Llegóunpuntoenelque,cuandodespertaba,nosmirabaconfusoyselimitabaacomery
a ejecutar sus tareas como si fuera una sombra. —Thorffin suspiró ante los recuerdos; su sufrida
miradamehablódelahondapreocupaciónporsuamigo—.Peroalmenoseraunamejoría,oasílo
consideréenunprincipio.Aexcepcióndequenohablabaysiempreteníalamiradaperdida,porel
díaobrabaconaparentenormalidad.Pero,porlanoche,eraotracosa.
El fuego crepitó en un destello luminoso y moribundo en el que flotaron pavesas
incandescentes;lasalacaldeadaporelhogarnologróquedejaradetemblar.
—Por la noche, las más viles criaturas del inframundo acudían a atormentarlo. Se escapaba
semidesnudogritandotunombre,persiguiendoalgoqueningunoéramoscapacesdever.Solíamos
encontrarloenellechodelbosque,magulladoeinconsciente.Otrasveces,trasunapesadilla,entraba
enunaespeciedetrance,yseconvulsionabasobresímismoaullandocomounlobo.Habíadejadode
serhumanoparaconvertirseenunanimalatormentado.
Cerrélosojos,enunvanointentoporcontenerdenuevolaslágrimas.Micorazónsangraba.
—Lokilocapturóenelmundodelengañoylaconfusión,jugandoconél,puesteveíaencada
mujer, en cada rincón; corría hacia ti, para descubrir que era un ardid de ese maléfico dios. Y,
entonces,montabaencólera,acumulandotalfierezaqueconsiguióhacersetemerenlabatalla.
»Buscabasumuerte,loveíatanclarocomoteveoati;noobstante,lairalomanteníaconvida,
pues peleaba con tal brutalidad, liberando la furia contenida, que se convirtió en un guerrero
invencible.Eldíaqueseenfrentóaunadocenadehombresylosaniquilósinayuda,supequeaquel
que tenía a mi lado ya no era mi amigo, sino una bestia inhumana. Asolamos aldeas enteras, por
orden de Halfdan, en busca de los malditos Ildengum y de Harald. —Hizo una pausa para tragar
saliva; sus ojos avellana se humedecieron—. Aquel día jamás se borrará de mi mente. No hicimos
prisioneros,nodiotiempo.
»Entonces, decidí dejar de administrarle el brebaje. Los primeros días tuvimos que atarlo de
nuevo, ya que se agitaba frenéticamente como un animal atrapado. Sus alaridos ponían la piel de
gallina, suplicaba que lo soltáramos, que lo ayudáramos, gemía y sollozaba, pero fui fuerte y no
sucumbíasusruegos.
Thorffindesvíolamirada;enellabrillóeltormentodeaquellosdifícilesmomentos.
—Trasunosdíasdurísimos,Gunnarserestableció.Lograbaenfocarlamirada,suexpresiónera
lúcida y su comportamiento, normal. Seguía sin conversar con nosotros, pero al menos nos
escuchabay,aunquelatristezapermanecíaensurostro,penséquelohabíamosrecuperado.Perono
fueasí.
»Todocambiócuandoelreynosllamóyacudimosasucorte,dejandoAgder,dondemoranlos
supervivientesdeSkiringssal,entreellosporfortunamiesposaysuhijo.
»Aquí,elhermetismodeGunnarloaislódelrestodeloshombres,hastaqueenunafiestavolvió
acambiar.
»Se mostró más irritable e impaciente, más violento de nuevo. Buscaba enfrentamientos
continuos,seliabaagolpesconquienseatrevieraamolestarlo,rugíaporlasnochesypenabaporel
día. Halfdan, a tenor de su comportamiento, aconsejó que el mejor lugar para él era el campo de
batalla.Recuerdosuspalabras,fueron:“Esundepredadory,comotal,hadeofrecérseleunabuena
presa”.YasínosenvíoaporHakeelBerseker.
Thorffindesviólamiradahaciadosjóvenesasustados,sentadosenunrincón.Unoeraapenasun
niño de rubios cabellos, y la otra, una muchacha muy bonita de dorada melena trenzada y grandes
ojosazulesqueabrazabaprotectoraalniñoymirabaconsemblantetemerosoasualrededor.
—Ragnhild y Guthorm —informó—, los hijos del rey de Ringerike, el valeroso Sigurd Hart.
Esecondenadoberseker,trasunaceladaenunbosque,matóalrey,yluegoviajóaStein;capturóa
loshijosdesuvíctima,conlaintencióndedesposaralaprincesaRagnhild,justocuandollegamos
nosotros. Gunnar se enfrentó a Hake en un combate a muerte, pero llegaron sus hermanos en su
defensay,mientrasGunnaracababaconellos,elmuyperrologróescaparjuntoaStarkadelViejo,el
másdespiadadoguerrerodeestoslares.Almenoslogramosarrebatardesusgarrasalosvástagos
delrey.
—Paraentregárselosaotroperro—murmuré.
—Peroaunperrorey—apostillóHiram.
Thorffinobservócompasivoalamuchacha.
—Creedmesiosdigoqueaquílograráserunabuenareina,ynounaesclavamaltratada,Halfdan
sabrádarleellugarquemerece;tansólodeseadeellasureinoyqueledéhijosvarones.
Me limpié las lágrimas y miré a Eyra, que permanecía en silencio, con el ceño fruncido. Mi
doloreraelsuyo.
Paséelbrazoporsushombrosyapoyélacabezaenella.
—Confía,mibuenaEyra,lograremostraerlodevuelta.
Eyrasevolvióhaciamíyasintió.
—Rezoalosdiosesporél—susurróacariciandomicabello—ypormí.
Alcé la vista hacia ella; la culpa congestionaba su rostro como una pesada losa aplastando la
mullidahierba.
—Mi brebaje contribuyó a enloquecerlo, Freya —musitó en un hilo de voz—. Creí ayudarlo,
soliviantandosupenaconmiremedio,ysólologréacentuarsusufrimiento;soyunanecia.
—No, no te permito reprocharte nada, a ti menos que a nadie. Fue un compendio de sucesos,
sóloeso,deningunamanerapremeditado,almenosportuparte.
Thorffinvolvióofendidoelrostrohaciamí.
—Nomereferíaati,buenThorffin,nadiehubieradeseadounamigomejor.
Todosmemiraronconcuriosoasombro.
—Pensad,¿aquiénleinteresaqueGunnarsehayaconvertidoenelmássanguinarioulfhednar?
—Aunreyambicioso—mascullóHiram,comprendiendoderepente.
—Yunreyacostumbradoamanejarvoluntadesconelconocimientodeciertoshongosyraíces.
—¿CreesqueemponzoñalamentedeGunnarconalgúnbrebaje?—preguntóErikdemudado.
—Estoy convencida. Thorffin acaba de relatarme que Gunnar recayó cuando vinieron aquí, y
másconcretamenteenunafiesta.Eyrahablóanocheconlamujerquemetiólapócimaenelbarrilde
cerveza.
—Isgerdur,sellama—apuntóEyra.
—¿Quépasóanoche?—inquirióThorffinintrigado.
Hirammemiróyenrojeciódeunmodovisible.
—CelebramoselJúl,y...bueno...lagentese...digamosque...seobnubilódepasión.
—¡Ah,eso!—profirióErikconunasonrisitatraviesa.
—Sí,eso,queparecesyaconocer—adujecáustica.
—Todosconocemosesas...celebraciones.
ImaginéaGunnarconalgunamujer,otalvezcondos,talycomolasdisfrutóHalfdan,yuna
punzadaatravesómipecho.
—Necesitamos averiguar quién hace el preparado —sugirió Eyra— y cambiarlo por otro
inocuo.
Recordé el día en que me metí bajo el solado de la cabaña de Amina, entonces la mujer de
Thorkel,yagreguéasusbarrilesdeaguamielsupropioveneno,ladañinaadelfa.
—Hadesersimilaralquetúlepreparaste,Eyra,puesprovocalasmismasreaccionesenél—
repusoThorffin.
—Puedeser;sinembargo,parecemenosaletargadodeloquedebiera.Puedoadivinarqueseha
usadobeleñoblancoyraízdemandrágora,peronobelladona;esotraplanta,deesoestoysegura.
En ese momento apareció Halfdan surgiendo tras los pesados cortinones de su alcoba, y se
acercóalostemblorososjóvenes,alfondodelasala.
Conversó amigablemente con ellos; desde donde estábamos no oíamos sus palabras, pero
surtieronefectoporlasonrisaagradecidaqueesbozólajovenprincesa.
Cuando reparó en nosotros, se disculpó cortés con los hermanos y se acercó, clavando sus
oscurosyavarientosojosenmí.
—Hola,Thorffin.¿DóndeestáGunnar?Comoveis,loaguardaansiosasugentilesposa.Porfin
podrédisfrutardeesegranreencuentro.
Sucínicasonrisameprovocónáuseas.
—Partió,regresaráestanoche—contestóescueto.
—Ooohhh...¿ynosellevóasuhermosahembraconél?
Elreybostezóysedesperezóindolente.
—Apenas he dormido —se disculpó—, anoche la fiesta se alargó demasiado —aclaró sin
apartarsusojosdelosmíos.
Ningunoosóhablar;mepuseenpiedispuestaamarcharme.
—Querida, llevas el mismo vestido de anoche, deberías cambiarte, se ve muy arrugado,
accesibleyrevelador—fijóconofensivaatenciónlavistaenmiescote—,peroigualdetentador.
Los hombres, excepto Hiram, que distendía los orificios de la nariz conteniendo su furia, me
contemplaronboquiabiertos.
—Agradezco vuestra apreciación, gran rey, como agradezco que os conformarais con dos
esclavasymedejaraishuirdevuestrasgarras.
Halfdanmefulminóconlamirada.
—Talvez,yviendolaindiferenciaquecausasentuesposo,prontotengadoshembrasdemás
nivelamialcance,unareina—dirigiólamiradahacialajovenRagnhild—yunalobaguerrera.
—Esperoquenolotoméiscomounagravio,puesnoloes.Perohedeconfesarque,aunqueno
estuvieracasada,nosoymujerdecompartir.
AHalfdanlebrillaronlosojoscondiversión.
—Esodependeríadesisatisfagodebidamentetus...necesidades.
—Niaunasí.
ElreyrioyalzólamanollamandoaJora,quedeinmediatodejódealimentarelfuego,cogió
unajarrayunacopaylasdepositóenlamesa.
—Y ahora, ve a entrenar como haces a diario, creo que tienes que liberar mucha frustración.
Anocheaprendíunavaliosísimalección:nohablardemisestrategiasdelantedeextraños.
Meguiñóunojoymedespidióconungestodelamano.
Eyrayyoabandonamoselskáli.
Rumiabamifuria,miimpotenciaymidolor;teníaganasdegolpearalgo.
—Ve a la cabaña, ponte algo más cómodo y sigue el último consejo del rey, lo necesitas. Yo
mientrasaveriguarécuantopuedadelbrebaje.
—Loodio—mascullécolérica.
—Élatino.
Ysealejóhacialosalmacenesdegrano,dejándomeembargadaporlaofuscación.
Mientrasentrenaba,mientrasesquivabaestoquesylanzabaataques,mimentedivagaba.
Sóloloveíaaél,supétreaexpresión,surigidez,lafrialdaddesumirada,ylaindiferenciaque
meregaló.
Me creía una aparición, una de sus continuas visiones, por eso me había ignorado. Debía
demostrarlequenoloera,nopodíasertandifícil.Memoríadeganasdetocarlo,debesarlo;sólo
pensar en su rechazo me desgarraba el corazón. Ambos estábamos vivos, todo lo demás no
importaba.
Asleif,enunvelozgiro,deslizóconprecisiónsufilopormicostado,simulandoherirme.
—Hoynoestáscentrada,Freya,pudehabertematadounadecenadeveces.
—Cierto,estoydemasiadofuriosa—admití.
—¿Contuesposo?
Asleifsesecóelsudordelafrenteconelantebrazo,congestohoscoenvainósuespadayme
conminóaseguirlafueradelcampodeentrenamiento.
—Sédóndeestá.
Abrílosojosesperanzada.
La guerrera, de rostro arrebolado, claros ojos y plateada melena, miró con desconfianza en
derredorysusurró:
—SuelerefugiarseenAgdercuandoalgoloatribulademasiado;esunaaldeacercana,entrelas
montañas.
—¿DondevivenlossupervivientedeSkiringssal?
—Sí,él...allí...Freya,hasdeentenderqueéltecreemuerta.
—¡Porlosdioses!¿Adóndequieresllegar?
Asleif bajó la vista, suspiró, pareció meditar un instante y finalmente logró sostenerme la
miradacondecisión.
—Suelevisitarasuhijo.
Derepente,elmundosedetuvo,elvientodejódesoplar,lospájarosdecantar,lahierbayano
susurraba, cesaron los murmullo de la gente, hasta la mujer que tenía frente a mí pareció
desdibujarse. Ni siquiera sentía frío, ni cansancio, ni el peso de mi propio cuerpo. Nada, sólo un
vacíotremendoamialrededor;meviflotandosobreunagujeronegro.
Asleifseabalanzósobremíymesujetó;mesentícomounmuñecodetrapozarandeadoyroto.
—No...nopuedeser...—balbuceé—.Apenashanpasado...sietelunasnuevasdesdeque...
—Suhijoesunbebé,Freya;nolohevisto,perolocomentólaesposadeuncomerciante.
—Es...esdeltodoimposible.
Asleifmeayudóasentarmeenuntocón,fueabuscarunbaldedeagua,empapóuntrapoymelo
pusoenlafrente.Estabahelado.
—¿Mejor?
Neguéconlacabeza,yneguéconelcorazón.Esonopodíasercierto,noteníasentido.Gunnar
sería incapaz de yacer con una mujer cuando me acababa de perder, por no mencionar lo poco
probable que era traer al mundo a un niño de tan temprana gestación. No, me dije, estaban en un
error.
—Seguroqueesunaconfusión—mascullémásparamímisma.
—Sólohayunamaneradecomprobarlo—opinóella.
MiréaAsleif;ensucelestemiradaviloquehabíadehacer.
Mepuseenpie,aúnalgomareada,ymedirigíalosestablosseguidaporlaguerrera.
—Nonecesitocompañía—repuseatravesandolosportalones.
Lamujersonriósarcástica,sacudiólacabezayenfilóhaciaunodeloscaballos.
—Claroquelanecesitas,notienesniideadedóndequedaAgder,pequeñabondi.
Resopléyasentíclaudicando.
Ambaspertrechamosconpremuralasmonturas,noscubrimoscongruesascapasymontamos
conligereza.
—Gracias—proferí.
—Tengodebilidadporlasdiscusionesdepareja—arguyóguiñándomeunojo.
Sonreíquedamenteyaticémimontura.
Partimosalgalope.
17
Unlobohuyendo
Elvientomeciónuestroscabellos;elmío,negro,comounvelomortuorio,comomiánimo,funesto
ylúgubre,yeldeAsleif,blancoybrillante,comolaesteladeunaestrella,comolasalasdelapaloma
delaAnunciación,comounmantodeplataondeantequeseguíadeformahipnótica.
Atravesábamos los páramos, como si en verdad fuéramos dos valquirias en caballos alados.
Íbamosequipadasconelbyrnie,lacotademalla,sobrenuestrascamisolascortas,elanchocinturón
tachonado,elcintodondependíanuestraespadaylasaltasbotasdepiel,atadasconcintascruzadas
quecubríannuestrasrodillas,nodejandolugaradudasacercadenuestroestatus:guerrerasdeunrey.
Los cascos de los caballos resonaban con fuerza en la helada tundra; mi cuerpo sofocaba las
bruscassacudidasdelanimal,cuandosaltabaunpeñascorocosoinvadidoporelmusgo,osorteaba
untroncocaído.Apretabalosdientes,aspirabaelfrescoaromaapino,levementeteñidodehumedad,
y de la podredumbre que emanaba de la madera en descomposición, e intentaba espirar parte de la
furiaydesasosiegoquemecarcomíapordentro.
Saberqueprontolotendríafrenteamímeconsumíadeimpaciencia,perotambiéndeinquietud.
Estaba convencida de que no pensaba desaprovechar la oportunidad de demostrarle que no era una
aparición;loqueocurrieradespués,sólolosdioseslosabrían.
El desvaído sol invernal comenzó a descender, dorando las cumbres y recortando contra la
lontananzalasaltasmontañas.
Másallá,vislumbréunnutridogrupodecabañas,juntoaunacascadaquebrotabadeunodelos
impresionantesmacizosysederramabaenunapequeñalagunahoradadaenlaroca.
Elpaisajeeraimpresionante.Unhalohúmedosobrevolabaelentorno.
Frenamosnuestrasmonturasynosmiramos.
—Agder—anuncióAsleifcircunspecta.
Avanzamosdenuevo,lentamente,hacialaaldea.
Varios convecinos nos miraron intrigados, algunos con temor. En diversos carros, graznaban
ocasygansosapresadosenjaulas;entornoaunafogata,algunasmujeresmolíangranoenunburdo
mortero de piedra, mientras otras cocían masas de pan circulares en una amplia cazuela plana de
hierrosobrelasbrasas.
Unadeellasmemiróconclaroestupor,sellevólamanoalabocaytrastabillóenunintentode
incorporarse.
—Hola,Helga.
LamujerdeThorffinretrocediótambaleante,negandoconlacabeza.
—Lokinublamivista.
Desmontéymeacerquéaella.
—No,tuvistaesperfecta,soyyo.
Parpadeó incrédula, se frotó los ojos con insistencia y su mano aleteó temblorosa hacia su
pecho.
—Freya,¿tambiénpiensastorturarnosanosotros?
Resopléysacudílacabeza.Meacerquéaotramujerymeplantéfrenteaella,meagachéycon
midagacortéunodeloshumeantespanes.Sonreíysoplémibocado.Locomígustosa,deleitándome
enelsaboramielyasuerodeleche.
—Delicioso.
Helgapermanecióconlabocaabierta,yexpresiónhorrorizada.
—¡Soy yo, maldición, soy Freya!, de carne y hueso, no morí, Eyra salvó mi vida, y todo este
tiempoheestadorecuperándome.
Helga cayó de rodillas, trémula; sus ojos se nublaron de lágrimas y compuso un mohín
desoladoquenopuderesistir.Endoszancadaslaalcancéylaabracéconfuerza.
—Ssshhhhh...soyyo.
Lossollozoslasacudieron,perotambiénelalivio;reíayllorabacasialunísono.
—¡Freya!¡Oh,mibuenBalder!¡Estásviva!
Lealcéelrostroylimpiésushúmedasmejillas.
—VinearecuperaraGunnar.
Parpadeórepetidasveces,hipóymirócontritahaciaatrás.
—Cuandotevea...
—Yamehavisto.
Abrióasombradalosojos,surostroseoscureció.
—Estápresodeunhechizo—musitóapesadumbrada.
—Alquepondréremediomientrasmequedeunalientodevida—asegurécondeterminación.
—Freya...hasdesaber...—comenzóadeciratribulada.
—No—lainterrumpí—,nopuedocreerquetengaunhijo,esimposible.
Helgaasintióconsemblantecompasivo.
—Maslotiene,ycreoqueesloúnicoqueloanclaaestemundo.
Neguéconsternada.Mepuseenpieymiréenderredor.Aquellaafirmacióneracomounaguijón
envenenado en mi pecho, que emitía alternativamente oleadas de furia y dolor, de igual intensidad.
Ese«imposible»comenzabaadiluirse.Gunnarhabíapodidotomaraotramujerpresode...larabia,
el dolor o simplemente enturbiado por los brebajes. Y ese solo pensamiento me hizo temblar de
cólera.
—¿Dóndeestá?
—Freya...
—¿Dóndeestá?—repetíentredientes.
—En la última cabaña —respondió—, la que está pegada a la montaña, pero Freya... deja al
menosqueloavise.
Hicecasoomisodesuspalabrasymeencaminéatravésdelaaldeaconpasoraudo.Asleifme
siguió.
Enmiavance,reconocírostrosqueasuvezmemirabandemudados.
Caminéagrandeszancadas,ceñuda,decidida,peroconunatroznudoenlagarganta,contemor
y ansiedad, pero, por encima de todo, con la abrumadora necesidad de tocarlo, de echarme en sus
brazossinimportarmenadamás.
Unamanofrenóbruscamentemiavance.
—Freya.
MiréfuriosaaAsleif,quemesujetabaconfuerzaelcodo,perocuandoseguíladireccióndesu
mirada,mislatidossedetuvieronderepente.
Sentadoenunabanqueta,conlaespaldaapoyadaenlagranparedderocaqueprotegíalaaldea,
Gunnaracunabaaunbebé.
Aqueltemibleulfhednar,eseindómitoybrutalguerreroinmisericorde,quesesgabaimplacable
lavidadesusenemigos,esequehabíaperdidolahumanidad,esequesehallabasumidoeneloscuro
mundo de Loki, observaba con enternecida mirada a aquel hermoso pequeño, prodigando en su
abrazoelamorqueleprofesaba.
Cerrélosojosysuspiré;laslágrimasacudieronnublandomivista,micorazóndiounvuelco,
miestómagoseagitó.
Temídesvanecerme;trastabillé,yAsleifmesujetó.
Contemplédenuevoaquellaconmovedoraescenaymicorazónsangró.
Aquélnoeramihijo,mihijoyacíaenunatumbafría,sinhabertenidosiquieralaoportunidad
deformarseporcompleto;aquéleraelfrutodelhombrequeamabaconotramujer,lapruebadeque,
apesardeldolor,deladesesperación,delapérdida,siemprehabíauncaminoalaesperanza.Como
elaguaqueintentaserretenida,peroquealfinalencuentralamaneradefiltrarseporalgúnresquicio
y continuar su recorrido. La vida seguía sin mí, y aquella certeza me destrozó, pues a mi dolor se
sumólabajezademispensamientos,miegoísmo.
Enunaocasión,Gunnarsehabíasacrificadopormí,pormifelicidad,porloquecreyóquesería
mejorparamivida.Yveraqueldiminutoserentreaquellospoderososbrazos,observarlasuavidady
elmimoconquelosostenía,elorgullodesurostro,yelamorensumirada,habíasembradouna
desgarradoradudaenmiinterior.Yojamáspodríadarlehijos,jamáspodríaregalarleesesemblante,
deigualmodoquejamáslocompartiríaconotramujer.Ysiregresabaasuvida,indefectiblemente,y
aunqueélvisitaraaesacriatura,learrebataríalaoportunidaddecriarlojuntoalamadredesuhijo,
dedisfrutaradiariodesuvida,desusenseñanzasydesuprotección.
Despuésdesabercuántohabíasufridopormicausa,¿gozabayodelderechoaarrebatarleuno
desussueños?¿Podríatodoelamorquesentíaporélcompensareso?
Me volví ahogando los sollozos, que, estrangulados, se deshacían en mi interior provocando
unassacudidastandolorosasquetemíquemereventaraelpechodeagonía.
—¡Vámonos!—logrémusitar.
Asleifabriódesmesuradamentelosojos.
—¿Hasperdidoeljuicio?Lotienesanteti,hasdeenfrentarteaél.
Mefaltabaelaire,lasensacióndeahogoseacentuabapormomentos.Mesentíamareadaytenía
náuseas.
—No...ahorano...Necesito...pensar.
—¡PorOdín,Freya,reacciona,éltenecesita!
—Yo...jamás...—yanopudereprimirmásmissollozos.Caíderodillasymecubríelrostrocon
lasmanos—...conmigo...nunca...
Asleifsearrodillóamiladoymeabrazó.
—Serámejorquenosvayamos,volveremoscuandoestéspreparadaparaenfrentarteaél.
Meayudóaponermeenpie,perosiguiósinsoltarme.
Helganosabordóconelmiedopintadoenelrostro.
—¡Porlosdioses!¿Quéhaocurrido?
Neguéconlacabeza,incapazyadereplicar.
—Volveremosenotraocasión—respondióAsleif.
Helga asintió compungida; intentó formar una sonrisa condescendiente pero su gesto se
congeló,mudandoalaestupefacción,cuandomirótrasmihombro.
Intrigada,mevolvíyloqueviterminódehundirmeenelmásprofundoyoscuroabismo.
UnmujersehallabaacuclilladafrenteaGunnar;parecíaconversarconél,mientrasacariciabaal
bebé. De espaldas a mí, sólo puede ver su esplendorosa melena lacia y dorada como el sol, y la
cercaníaquemostrabaconél.
Quisemorir,quisegritar,quisecorrerhacíaallíygolpearla,quiseaullaralcieloymaldecira
losdioses,quisequelaparedderocasedesplomarasobreellos,pero,detodoloquemeembargóen
esemomento,loúnicoqueconseguíhacerfuehuir.
Elviajedevueltahabíasidoelmásvelozdemivida.Obliguéamimonturaaunsobreesfuerzo
atroz,enunacabalgadaenloquecida.
Por mucho que me alejara de aquel lugar, desesperada por huir del dolor, éste aumentaba
lacerándome,afiladoycruel.
Al sufrimiento, se unió el abatimiento, la aparente indiferencia por todo, la ira contenida, la
frustración.Mesentíacomounanimalenjaulado,acorralado,divididoentredosimpulsosquetiraban
demíconstantemente.Avecesteníaganasderegresaryenfrentarmeaél,dehacerlomíoyalcuerno
contodolodemás,yotras,dealejarmetodoloposible,regalándolelafamiliaqueahoraloarropaba.
Apenas habían pasado dos días, en los que ni hablaba ni comía ni dormía, tan sólo miraba el
fuego,ylloraba.Unaincipientedeterminacióncomenzabaacocersealcalordeaquellahogueradela
queapenasmedespegaba.
Eyrarefunfuñóamilado,cuandoapartéporenésimavezelcuencohumeantedeguiso.
—Notengohambre.
—Me importa un bledo —arguyó la anciana—; no te salvé la vida para permitir que ahora
muerasdehambre.
—Notepedíquemesalvaras.
—Suenaareproche,muchachadesagradecida.
—Novoyacomer—insistí.
Eyra,poniendolosbrazosenjarras,mecontemplóconelceñofruncido,asintióconseveridady
saliódelacabañaenlaqueyomismamehabíarecluido.
LaimagendeGunnarconsunuevamujerysubebémeatormentabasincesar.Yotansóloera
unavisiónalaquesehabíaacostumbrado;talvezvivierasiempreensurecuerdoyensucorazón.De
cualquiermodo,lopeorlohabíasuperado,yeltiemposeguramenteharíaelresto.Sóloencontréun
caminoparamí,yeraelregresoamiqueridoToledo,alosbrazosdemimadre,demigente,amis
orígenes.SinGunnar,mividaallícarecíadesentido.
Lapuertaseabriódegolpe,yEyraentrójuntoconHiramySigurd.
—Sujetadla—pidióEyra.
Alinstante,amboshombresmeinmovilizaron,mientrasmeobligabanaabrirlaboca.Forcejeé
inútilmentemientrasEyrainclinabaelcuencodesopasobremislabios.Traguéytosícasialtiempo.
—Tú decides: o te alimento a la fuerza o por tu voluntad, pero te alimentarás, condenada
testaruda.
—¿Me obligarás a atarte y a engordarte como a un ganso? —inquirió Hiram mostrando su
enfado.
Neguéconlacabeza.
—Comeré—accedí—,perosoltadme.
—Deacuerdo,perononosmoveremosdeaquíhastaqueacabeshastalaúltimagota.
RegaléaHiramunamiradaairada,cogíelcuencoybebídeéltodoelcontenido.
—¿Satisfechos?
—Dejadnossolas—pidióEyra.
Hiramasintiómientrasmemirabaconhondapreocupación.
Cuandoloshombressalieron,Eyrasesentófrenteamí.
—Tieneunhijo,y¿qué?,malditasea—profiriócolérica—.¿Acasonoerescapazdeperdonar
unmomentodealivio,ymáscreyéndotemuerta?
Neguéconlacabezaysentíquemepesaba,casitantocomomepesabaelcorazón.
—Nosetratadeperdón,Eyra,todolocontrario.No,nopuedoreprocharlenada,pocoshombres
hansufridotantocomoél—aclaréconlamiradaperdida.
—Y,aunasí,¿pretendesalargarsuagoníaevitandoelencuentro?—meincrepóindignada.
—Nohabráningúnencuentro.
Eyraselevantódegolpeconofuscación.
—¡Sitengoquetraerloanteti,loharé,ycreoqueyahetenidodemasiadapaciencia,muchacha
estúpida!
—Seacomofuere,Eyra,éltieneunafamilia;conmigonuncalatendrá.
Eyraabriódemudadalosojos;alcabosepasólasmanosporelcabello,resoplóysesentóde
nuevo.
—¿De veras crees que tiene una familia? ¿No escuchaste lo que contó Thorffin? ¿No lo viste
salirdelskáli?¿Noentiendesqueyanoesunhombre?Esmihijo;lovicrecer,vivir,lucharysufrir,
yloquemeencontréelotrodíanoeraél,sinounavilsombra,queyoayudéacrear.Ytejuro,Freya,
quenopararéhastarecuperarlo,hastavolverauniros,¿ysabesporqué?
Laslágrimasrecorríannuevamentemismejillasyelnudodelagargantameatenazóconmás
fuerza;logrésostenerlelamirada,perofuiincapazdehablar.
—Porquesintiestámuerto.
Bajéderrotadalacabeza,gemíysollocé.
—Ningúnhijo,ningúnterreno,ningunamujer,ningunariqueza,conseguiráquesucorazónlata
comoantes.
—Eyra...yovicómomirabaaeseniño...yo...Oh,Dios,Eyra...losperdíaambos...
Laanciana,conlosojoshúmedos,seacercóhastamíymecobijóensuabrazo.
—No,aélno,aélnuncaloperderásporqueestáisunidosportodalaeternidad.
Cogiómirostroensusmanosymeclavóunamiradaconmovidaypenetrante.
—Ospertenecéis,¿looyes?Encontraréislamaneradequepuedaestarencontactoconelniño,
peroloprimerodetodoesconvencerlodequenoerespartedesussueños.Lucha,teloruego,lucha
porél.
Susúplicamedesgarróelalma.
RecordéunaocasiónenqueGunnarmeexplicócómo,delatragediadeunapersona,surgíala
felicidad de otra. Cómo la rueda del destino jugaba con nosotros, cómo sus avatares moldeaban
nuestras vidas. Sin mí, había nacido un niño y una mujer gozaba del favor del mejor hombre del
mundo; un rey había ganado al mejor guerrero, y una princesa y su hermano habían escapado del
infortunioamanosdelcruelHake,ydeesesuceso,Halfdantendríaellinajerealqueunificaríalos
reinos.¿Quéocurriríasiregresabaasuvida?¿Quéotrosacontecimientostrastocaríamidecisión?
Suspirécansada,desoladayangustiada.
—Ahora, Eyra, comprendo algo que antes no entendía: si el destino se empeña en separarnos,
¿por qué he de luchar contra él? Desde el principio todo lo tuvimos en contra, y luchamos
denodadamentepornuestroamor.Dime,¿dequénossirvió?Trastantastrabas,intrigasytraiciones,
ahora comprendo que mi sitio no es éste, que ambos estaremos mejor separados, porque nada
podemoscontralaProvidencia,nada,Eyra,ytejuroqueanadieledueleestaverdadmásqueamí.El
Oráculomeadvirtió;talvezseamifuturo,talvezenotravida...peronoenésta.
Eyrahundióloshombros,sufazseoscurecióysurictussetensóconundoloragudo.
—No puedes estar más equivocada —repuso con voz estrangulada—. Las trabas no son sino
pruebas,quehasdesalvar.Unamorcomoelvuestroesenvidiadohastaporlosdioses;sirenunciasa
lucharesquetuamorporélnoestanprofundocomocreía.
—Esjustoalainversa:renuncioaélporqueloamoyloamaréhastaelfindelostiempos.Ya
miladosólohallarásufrimiento.
Eyrapermanecióensilenciomientrasnegabaconlacabeza.Sudesolaciónmeapuñalaba.
—Entonceselerroresmío—adujoconhondatristeza—;creíqueerasunlobo,peroloslobos
nohuyen,loslobosnoabandonanasumanada.
18
Unfantasmaemergiendodelassombras
—¿Esciertoquetevas?
MiréaValdis,yensuexpectaciónvislumbréconpesarundejedealivio.
Asentí,mientrasremovíaelskir;lablancuradelalecheagrialamíaencírculoslasparedesdel
barrildondelopreparábamos.
—Sí,enunosdíaspartohaciaHaithabu,ytranquila,Hiramnomeacompañará.
Ni Hiram, ni Sigurd, ni Erik, ni Ragnar, ni Thorffin, ninguno de los hombres de Gunnar
aceptabamidecisión,mirándomeconclaradecepciónyprofundoresentimiento.
—NomeimportaloquehagaHiram—repusoValdis,ceñuda.
—Bien;entalcaso,lepediréquevengaconmigo,sécómoconvencerlo.
La muchacha me fulminó con la mirada; su rubicunda expresión se asemejó al cobre de sus
cabellos.
—Valdis,nosoyciega,dejadedisimular;estáslocaporél.
—Yélporti—murmuróresignada.
—No lo creo, tan sólo soy un capricho pasajero; admito que está... encandilado, pero no me
ama,porqueensufuerointernosabequejamáspodrécorresponderle.
—Eso no impide amar —replicó la joven en apenas un susurro—, pues yo tengo el mismo
convencimientoysoytanneciaquenopuedocontenermissentimientos.
Apoyéunamanoensuhombro,ylopresionéligeramente.
—Por eso sé que no me ama, acepta su derrota sin luchar. Es momento de que cambies de
actitud,Valdis;conquístalo,luchaporél.
—Nosécómo—confesóabatida.
—Tienestodaslasarmas,sólotefaltaelconvencimientodequelolograrás.
Losazulesybrillantesojosdelamuchachamemiraronesperanzados.
—¿Poresotevas?¿Porqueperdisteelconvencimientoderecuperaratuesposo?
Desviélamiradaylafijéenaquellíquidoespesoylechosoquegirabasincesar,comolohacía
eldestino.
—Me voy porque finalmente acepto que fuimos derrotados por el destino, y que éste nos
perseguiríaimplacablehastavolveradestrozarnos.Mevoyporqueviunatenueluzdeesperanza,y
de sosiego, en la vida de Gunnar, porque tengo el convencimiento de que conseguirá reanudar su
vidasinmí.Talvezunavidaincompleta,perotranquila.
EstavezfueValdislaqueposólamanoenmihombro.
—Noloentiendo,Freya:mepidesqueluche,cuandotúmismateniegasahacerlo.Parapoder
ganar una guerra, se han de vencer muchas batallas. Claro que serás derrotada en algunas, pero si
abandonas...lasanterioresvictoriascarecerándesentido.
Mevolvíhaciaellaconlágrimasenlosojos.
—Hemos pagado ya un precio muy alto, ¿qué será lo próximo que perdamos en la siguiente
derrota?
—Talvezseaunvictorialoqueosaguarde.Sólolosdiosespuedensaberlo.
Asentí,sólolosdiosesteníanaquellarespuesta.YentoncessupequeelOráculollevabarazón,
acudiríadenuevoaél.
Cuando entré en la cabaña del Oráculo, me asaltó un aroma extraño, a humedad, a rancio y
bosquedepinos,conundejeacremuyacentuado.
—Hemeaquídenuevo,anciano,talcomovaticinasteis.
—Siéntate,muchacha,tutristezateprecede.
Obedecí,crucélasmanossobremiregazoyloobservétaciturna.
—Veoqueporfintesometesalavoluntaddelosdioses.¿Dóndequedótualtanería?¿Quéfuede
tucoraje,mujerloba?
—Fueronvencidosporunniño.
Fijé la atención en la trémula llama de la vela que apenas lograba empujar las acechantes
sombrasquedominabanlaestancia.
Losacuososojoslechososdelhombreparecieronclavarseenlosmíos.Sentíunescalofrío.
—¿Québuscasenmí?
—Unarespuesta—contesté.
—Damelamano,mujer.
Selaofrecí,yunavezmáslaposósobresurostro.Aquellaauraheladameasaltódenuevo;era
elalientogélidodelanciano,unresuellodelfríoultramundo.
—Pregunta.
—¿Hagolocorrecto?
Trasuninstantedesilencio,deslizómimanoporsuajadoyhuesudorostroylacolocósobrela
mesaconlapalmahaciaarriba.
—Síyno.
—Esonomeaclaranada—rezonguécontrariada.
Elancianoseencogiódehombros.
—Hacesbienhuyendodelhalcón,ydelniño,peronodetudestino.
Resopléconfundidaynerviosa.
—¿Ycuálesmidestino,anciano?
—Aquelquetumismaforjes.
—DijisteisqueGunnaryanoexistíaenmipresente,quemealejara,quelosdiosesnomeeran
propicios.
Elhombrosuspiróyalzólabarbilla,suceñosefrunció.
—Yonohedichotalcosa—replicótajante.
—¿Osáis...?
—Fueron los dioses los que te enviaron ese mensaje, no yo. Mis palabras las recuerdo
perfectamente:tedijequemeditaras,quenotedejasesllevarporlaira,sinoporlaastucia.Tedije,
mujer lobo, que los dioses sólo ponen a prueba los corazones más valerosos... Por tu decisión,
comprueboquehasseguidoelconsejodelosdioses,nolosmíos.
Melevantéofuscada,mimenteerauncaos.
—Frenalaira,ypiensaenfrío—agregóconserenidad—.¿Setehaocurridopensarquequizá
lapruebaseaésta?Envolverteenunardid,enunatrampa,enunburdoengaño.
—Nohayengañoalgunoenloquevieronmisojos.
—¿Estássegura?Dime,¿quévistes?
Traguésaliva,laspalabrassemeatoraronenlagarganta,carraspeéyporfinlogrémusitar:
—Vi...viamiesposoconsuhijoenbrazos,y...vialamadredelniño...juntos,comounafamilia.
Elancianosonrióconcinismo,negóconlacabezaymeconminóasentarmenuevamente.
—Tucegueraesmayorquelamía.Enrealidadsólovisteaunamujer,aunniñoyatuesposo
acunándolo. Y es bien sabido que tu esposo es presa de los crueles juegos de Loki. Ambos estáis
atrapadosenlasirrealidadesqueforjanlasintrigas.Despierta,muchacha,ydespiértaloaél.Yrápido,
seacercaunasangrientaguerraporeltronoy,sinoestáisunidoscuandollegue,ningunosesalvará.
Sentíganasdellorar;laangustiayalmismotiempolaliberaciónquemabanmisentrañas.
—Silodiosesnomeayudan,¿porquélohacéisvos?
—Losdiosesteprueban,yoteempujo,peronideellosnidemídependetudestino,sinodeti
misma.
—Quedoendeudaconvos,anciano—musitéagradecida.
—Loqueacabodedecirtenoessinoloquegritatupropiocorazón,sóloleoenél.Noexiste
deudaalguna.
Inclinélacabezarespetuosaymealejéhacialapuerta.
—Tansólotepidoalgoacambio—murmuróconvozlúgubreycansada.
Aguardéjuntoalapuerta,elhombreseretirólacapuchaydirigiósuciegamiradahaciamí.
—Cuandolleguemifinal,noesperopiedad,massípremura.
Lomiréconfusaduranteunlargoinstante.
—Yahoramarcha,mujerloba;loúltimoqueveréyadetiserántuscolmillos.
—¡Queloscuervosdevorensusnauseabundasentrañas!
Alcé el rostro de mi cuenco, como casi todos los congregados en el skáli, para observar la
indignacióndelrey.
—¡Quelasmásvilesalimañasdesmiembrensucuerpomientrassucorazónaúnlata!¡PorOdín,
yomismopresenciarésemejantevisión!
Halfdanselevantóimpetuosoycaminóalteradodeunladoaotrodelfuego.
Susconsejeros,ThorleifSpakeelSabioyelgranOrnOsoPardosusurraronquedamentecon
semblantepreocupado.
Thorffin y Ragnar abandonaron su puesto en la larga mesa para compartir el desasosiego del
monarca, mientras Erik sonreía mostrando su maltrecha dentadura a una joven sirvienta al tiempo
que se rascaba la entrepierna con fruición. Asombrada, comprobé que aquel peculiar gesto de
seduccióndabasusfrutos,pueslamuchacha,arrebolada,ledevolvíalasonrisa.Alcélavistaaltecho
yresoplé.
—¿Ves,Freya?Nisindientespierdomiapostura—susurrósindejardeagasajaralajovencon
suhorrendasonrisa.
—Nosepuedeperderalgoquenuncasetuvo.
Hiram se atragantó con la cerveza y casi la escupe sobre Valdis, que frente a nosotros nos
mirabacuriosa.Ambossemiraronyestallaronencarcajadas.
Erikmemirómostrandosuindignación.
—Veo que olvidaste mis dotes de conquista, en cada fiesta me cobraba una pieza —replicó
ofendido.
—Loúnicoquerecuerdoesverperroscorrer.
Hiram se carcajeó doblado en dos, mientras golpeaba la mesa con el puño; Valdis reía
estentóreamente,contagiandolasrisasasualrededor.
Erikmefulminóconlamirada.
—Puescreoquelaquevaatenerquecorrerserástú,ynitendréquemolestarmeenperseguirte,
yahayquiendeseadarteunosazotes.
Seguísumirada,quealinstantebrillómaliciosa.
Elreysedirigíaceñudohaciamí.
Cuando llegó a mi altura, sentí su poderosa presencia detrás. Lo ignoré cogiendo de nuevo el
cuencoentremismanos.
—¿Osasburlartedemidesdicha?—bramó.
Mevolvílentamentehaciaél.
—Nomeburlabadevos,miseñor.
—Ponteenpieparahablarconturey.
Suspirélargamente,ymelevantédelbancoparaencararlo.
—Cuandoelreyllora,supueblollora;cuandoelreygrita,supueblogrita;cuandoelreyríe,su
puebloríe.¿Acasomehereído?
Neguéconlacabezasosteniendosuoscurayenfurecidamirada.
—Seráscastigada.
Abrílosojosconestupor.
—¿Quieredeciresoquevostambiénloseréis?Hecreídoentenderquepuebloyreyhabíande
sentirlomismo.
Apenas fui consciente de que su mano se alzaba, hasta que restalló contra mi mejilla, me
tambaleéymedesplomécontraelbanco.
—Lainsolenciasepagaconlatigazos,dateporsatisfechaconmiclemencia.
SentílatensióndeHiram;logréposarlamanoensumusloypresionéligeramenteparaquese
abstuvieradeintervenir.Elguerreroseenvaró;nofuicapazdemirarlo.
Lamejillamequemabaylairadesbordabamiánimo.
Mepusedenuevoenpieyloenfrentémirándolocondesprecio.
—Agradezco, pues, vuestra clemencia, y más cuando sirve para desfogar frustraciones. ¿Os
sentísyamejor?,¿onecesitáiscontinuargolpeandoamujeres?
Losafiladosojosnegrosdelreyresplandecieroncoléricos.Bufócomounbuey,mecogiópor
lamuñecaymearrastróconviolenciaalexteriordelacasacomunal.Nadieseatrevióaseguirnos.
Salimosalfríodelanoche,mellevóhastaelcampodeentrenamientoydesenfundósuespada.
—Ármate—ordenóiracundo—.Noeresunamujer,eresunaperrainsufrible,unalobasibilina.
Eresunguerreroquehabrédematarotomarparatranquilidaddemialma.
Miréamialrededoryluchépornoperderelcontrol;localicéunaespadajuntoalaempalizada
yfuiporellaseguidaporelcuervomásofuscadoquejamásexistió.
—Anochelatomé—silbóentredientes—,Ragnhildfuemía.
Empuñémiespadaymecoloquéenposición.
—Ynoloconsiguió,mifuturareinanolologró.
Fruncíelceñoyloobservétemerosaydesconcertada.
—¿Quéfueloquenologró?
—Hacerme sentir una mínima parte de lo que tú me provocas, tan sólo estando en la misma
estanciaqueyo.
Halfdanretiróunmechóndesulargamelenanegra,separólasrodillasycruzósuespadaenel
aire;elsonidomeerizólapiel.
—¿Quéarterohechizoelaboróesaviejavölvaparahacermeperdereljuiciodeestamanera?
Nosmiramosdesafiantesmientrasdeambulábamosencírculos.
—Existeunacura—musité—:dejadmemarcharyelhechizoseromperá.
LabocadeHalfdansearqueóenunasonrisainsolente.
—¿Hedichoquequieracurarme?
Negó con la cabeza, perpetuando esa sonrisa ladina. Su penetrante mirada me recorrió con
lascivia.
—Loqueenverdaddeseo—agregóestirandolaspalabras—escaerpresodetuhechizo,loba;
loqueenverdadmecorroepordentroeslanecesidaddehundirmiespadaenti...unauotra,laque
prefieras.
Sefrotólavisibleerecciónquellenabasuscalzasyselamióloslabios.
—Nilaunanilaotra,mientrasmequedeunalientodevida—sentenciéapretandolosdientes.
—Elegiréyo,entonces.
Ytrasesaspalabras,elcuervodesplegósusalas.
Halfdan,conlavelocidaddeunaverapaz,secernióconvehemenciasobremí.
Contuve con bastante fortuna las primeras estocadas. En cada choque, el impacto recorría mi
brazoenoleadasdolorosas.Notuvemásremedioqueesquivarcuantomefueposiblecadaenvite.En
mi continuo retroceso, cada vez más debilitada, más angustiada, me apercibí de que me estaba
acorralandocontraelextremodelcercado.
Cuandomiespaldatocólavalla,Halfdanfrenómiestocadaconsuespada,pególafrenteami
acero y lo hizo retroceder con la cabeza hasta acercarse a mi rostro. De un solo e impaciente
movimiento,medesarmóyapresómislabios.
Lomordíyélgruñó.
Peronodesistió:sulenguaincursionóenmibocaconlaviolenciadeunafuribundaolacontra
unacantilado.Jadeéyloempujé,logolpeéysóloconseguíanimarsupasión.
—Estanoche,loba,serásmía,olosdiosesbajarándelAsgarddejandosustronosaloshombres.
Me debatí impotente. Lo maldije, y giré la cabeza evitando su boca. Halfdan, desesperado, me
sujetóporlamelenaytiródeellahastaalzarmeelrostro.
—Noluchescontratudestino;Odíntetrajohastamí,ymireinaserás.
—Ni me llamo Ragnhild ni puedo daros hijos; romperías la profecía, atraerías la desgracia
sobrevuestropuebloylairadelosdioses.
Halfdanmemirólargamente,embebiéndosedemirostro.
—Ya tengo a quien va a dármelos. Ahora conseguiré lo que realmente quiero, una reina
guerreraquebatallaráconmigofueraydentrodellecho.
—¡Nosoyvuestrareina!—repliquéfuriosa.
—No,noloes.
Nosvolvimoshaciaesavozfría,graveysusurrante.
Gunnarnosobservabacabizbajo;sobresucabeza,ladeaquellobodesecado.Ensupoderosoy
desnudo pecho, cubierto por la plata de una luna llena, unos extraños símbolos destacaban en
complejostrazososcuros.
—Ella es mi draugr —susurró quedo—, el fantasma que me persigue, y mi nidstang, mi
maldición,lamuertequetantoanhelo,peroquemerehúye.
Contuvelarespiraciónysentíqueelcorazónsedeteníaenmipecho,quelasangreseagolpaba
enmismiembrosylacabezagirabasinparar.
—Ella, rey Halfdan —continuó amenazante—, es mía incluso muerta. No entiendo por qué
intentáisatraparunfantasma,niporquélaveiscontantaclaridadcomoyo,sóloséqueverlaenlos
brazosdeotrohombre,reyono,medesquicia,apesardesaberqueeselenvoltorioqueusaLoki
paratorturarme.
—Arrebátamela,entonces,ulfhednar.
HalfdanmeliberóyseencaróaGunnar.Ambosafianzaronsuspies,sopesaronsusacerosyse
desafiaronceñudosyconcentrados.
—Gunnar—proferíenunquebradohilodevozquelogréarrancardemicerradagarganta.
Ambosmeignoraron.Seobservabantanteandosusfuerzas,escudriñándoseconfiereza.
—¿Teenfrentasatureyporunfantasma?—recriminóHalfdan.
—Pelearíaporellahastaconvertidaenpiedra.
HalfdanfueelprimeroendescargarunmandoblequeGunnarcontuvoconmaestría.
Deseé gritar que no era un fantasma, deseé abalanzarme a sus brazos, deseé llorar de
impotencia, pero supe que cualquier movimiento rompería su concentración, haciendo peligrar su
vida. Me obligué a permanecer inmóvil con el corazón sangrante de agonía. Clavé las uñas en la
empuñaduradelaespadayobservécómoluchabanaquellosdosformidablesgigantes.
Gunnar mostraba una ferocidad que yo jamás había visto, pero, a la vez, una frialdad y un
controlsobrecogedores.
Sus largas trenzas se mecían en cada giro; la cabeza del lobo se reclinó como una capucha,
danzandodeunladoaotroencadamovimiento,confiriéndolelailusióndeestarvivo,comosise
debatiera tras su espalda presto para saltar sobre su enemigo. Aquella impactante imagen de verlo
luchar como un letal depredador, de ver su hermoso cuerpo, surcado por extraños símbolos, su
amplio y remarcado pecho atravesado por cintones de cuero, sus rasgados ojos entrecerrados
centradaenlapelea,ausentedetodoexceptodesuenemigo,encogiómiestómago.¿Eldolorpodía
cambiartantoaunhombre?
HalfdanseafanabaenresistirlosmandoblesquetancerteramentedescargabaGunnar;aunasí,
sevioobligadoaretrocederensuposición,abrumadoporlarapidezdesuadversario.
—Probé el sabor de tu draugr, y no fui el único que tomó su boca —musitó de forma
entrecortadaHalfdan,comoartimañadedistracción—.Esdeliciosaesaperralujuriosatuya—agregó
regalándomeunafugazmiradaanhelante.
Gunnarlofulminóconlamirada;lalunadestellóensusclarosojos.Apretóloslabios,frunció
elceñoyenconósuscontinuoslances.
—ProbasteisloslabiosdeLoki,miserable,nolosdeella—silbóentredientes.
—Permítemedemostrártelo.
Halfdanretrocediósinvolverse,alargóunamanoyapresómibrazoconfuerza,acercándomea
él.
Gunnarsedetuvoconlaespadaalzadaylamiradaindescifrable.
Halfdansonriómaliciosoy,sindejardeapuntarsuacerohaciaGunnar,mepegóasucostado,
rodeandomicinturaconlamanolibre.
Sumiradabrillóladina.
—Aunquenoloparezca,teestoyotorgandoungranfavor—mesusurró—,unoqueesperome
seadevueltoalgúndía.
—¡Soltadme,cuervorepulsivo!
Ytomómibocaconvehemencia.Loempujéfútilmenteypateésupantorrilla.
Oí un movimiento delante de nosotros y, antes de poder discernir lo que ocurría, Halfdan me
pusodeparapetofrenteaél,anteelataquedeGunnar.
Frenósuespadacuandocasiyarozabamipecho.
—¿Aquéesperas?Ellaessólounailusión,sediluiráantenosotrosynohabrámotivoquenos
enfrente—incitóelrey.
Gunnarsesumergióenmisojos;eldolorquehabíaenelloseraabrumador.
—Noquieroquedesaparezca,pormuchoquemeatormente.
—Soyyo,amormío,estoyviva,vineporti—gemídesesperada.
—¡Entonces,llévame,llévamedeunamalditavez!—suplicóconvozquebrada—.¿Eséste,pues,
mi final, mi Freya? ¿He de caer bajo el acero de mi rey? ¿Serás tú la valquiria que me guíe al
Valhalla?
Cayóderodillasantenosotroseinclinóderrotadolacabeza.
—Hedeseadotantoestemomento—musitóenunapagadohilodevoz.
IntentézafarmedeHalfdan,lasganasdeabrazarlomedesgarraban.Laslágrimasinundabanmis
ojosylaimpotenciadeshacíaenamargorlairaquemesacudía.
—Entusmanosestá,loba,túdecidessudestino.
Halfdan acercó la boca a mi oreja, aspiró mi aroma, su mano se abrió contra mi vientre,
ciñéndomecontrasucuerpo,enmisnalgasnotésudureza.Supeloqueesperabademí,comosupe
queledaríacuantomepidiese.
—Conocesmisdeseoscomoyolostuyos.
Larisaapagadadelreymesacudióconél.
—Bien.—MesoltófijandolamiradaenGunnar,quien,inclinado,esperabasufinal—.Disfrutad
mientrasyooslopermita;prontoserámiturnoynoadmitirétretas,niréplicas.
El rey se alejó a grandes zancadas; volutas de aliento envolvían su cabeza fundiéndose con la
noche.
19
Dibujandoconhumounarealidad
CaíderodillasfrenteaGunnar,cogísucabezaconlasmanosybusquésumirada.
—NoquieroquemedejessóloenelValhalla—gimiódesesperado—,noquieroquemedejes
nunca.Atatualmaalamíayllévamealaeternidadcontigo.
Sumiradasenubló;peguémifrentealasuyaahogandolossollozosenmigarganta.
—Alúnicositioadondetellevaréesamisbrazos.
Rodeésucuelloyloestrechéconfuerza.Cerrélosojosyliberéeltorrentedeemocionesque
mesacudían.
Deseéquemeabrazara,quesusfuertesbrazosalejarandemíelfríoylaangustiavivida.Pero
permanecíainerte,trémuloyconfuso.
—Abrázame,telosuplico—roguéentresollozos.
—Loheintentadotantasveces,masnuncaloconseguí.
—Inténtaloahora.
Gunnarmecontemplócondesconfianza;sinembargo,ensushermososojosbrillóelanhelo.
Alzólentamentelosbrazos;susemblanteesperanzadomerompióelalma.
Cuando me envolvió con ellos, dejó escapar un suspiro asombrado. Sus manos palparon mi
cuerpo, acariciaron mi espalda, se hundieron en mi melena al tiempo que sus ojos se agrandaban
desconcertados.
—¿Yaestoymuerto?¿Porfinestamosjuntos?
—No,miamor,ningunodenosotrosestámuerto.
—Séqueesotrodetusengaños,Loki,peronomeimporta.
Cerré los ojos, dejando que las lágrimas rodaran por mis mejillas, negué con la cabeza y,
cuandolosabrí,viunamiradaenamoradayhechizada,yentoncesnopudeaguantarmáslasganasde
besarlo.
Acerquémibocaalasuya,cogísurostroconlasmanosybesésuslabios,primerocondulzura,
despacio,saboreandoaquelmágicoinstante.Gunnarsedejabahacer,permitiendoquejuguetearaen
suboca,quelamierasuslabios,quebesarasubarbilla,sumentón,lapuntadesunariz,mirándolo
trascadapausa,antesdevolverasuboca.
Busquépacientesurespuesta,introdujelalenguaentresuslabiosylaenredéconlasuya.Froté
micuerpoconelsuyo,contoneándomelasciva.Mideseoemergióvoraz,ygemíencadaincursión;
enredélosdedosensunucaydevorésubocaconhambreacumulada.
Entonces,lapasividaddeGunnarsederrumbó.
Meestrechóconfuerzamientrassulenguaexplorabamibocacomosirespiraraatravésdeella,
con esa desesperación de quien degusta su último deseo concedido, de quien huye de la muerte y
disfruta de cada paso, de quien descubre un hálito de vida en su maltrecho cuerpo y se aferra con
todassusfuerzasaesadébilesperanza.
Gunnargruñíamientrassuspuñosagarrabangruesosmechonesdemimelenaysulenguame
llevabaaldelirio.Elbesoganóviolencia,lanecesidadnosposeyó,comosidenuestrasbocasmanara
ambrosíayestuviéramosapuntodemorirdehambre.
Jadeamos,gemimos,gruñimos.
—Freya... mi Freya... no quiero despertar, nunca... no quiero... si sólo puedo tenerte en sueños,
queasísea...
Apenasmeseparédeélparacontemplarconmocionadaaquelfierorostrodesgarradodedolor.
—Nosoyunsueño,amormío,yvoyademostrártelo.
Mialmagritaba,micorazóngemíatransidodeamor,micuerposerebelaba.Lonecesitabaen
miinteriorcomonuncaantes.Sóloentresusbrazosmesentíaviva,sóloallíelmundoteníasentido.
—Tómame,Gunnar,ynomesueltes,yonoloharé.
Sumirada,anegadaenlágrimas,intensayvoraz,recorriómicuerpo.
—JamástesoltéFreya,yjamásloharé.
Deslicé mi túnica por los hombros, lentamente, deleitándome en su expresión. Uno frente al
otro,derodillas,devorándonosconlamirada,elmundosedesdibujóanuestroalrededor.
Lalunaperdióbrillo,elprado,color,elfríoseevaporó,lasmontañassediluyeron...Estábamos
solos...
Arrastré mi túnica hasta las caderas, ansiosa por pegarme a su pecho, por sentirlo en mi piel;
mispechosdespertaron,mihambresedesatófuribunda.
Melancéasusbrazos,yélmeacogióenellosaltiempoquetomabamiboca.
Sentir sus manos recorriendo mi espalda, su lengua imponiéndose a la mía, su pasión
despertandofrenética,derritiómissentidos.
Metendióencimadelahúmedahierbaysecerniósobremíconunaexpresiónsoñadora,queme
hizopensarenlasvecesquehabríacreídoestardeesaforma.Ynoeraesoloqueyoquería.Loque
queríaerademostrarlequenoeraotradesusmuchasilusiones.
—¿Te hablaba las otras veces que me presentaba ante ti? —pregunté frenando su avance,
mientrasposabalaspalmasdelasmanosensupecho.
—No,sólomesonreíasymebesabas.
—¿Quétehacepensarelquelohagaahora?
Susemblantesecontrajopensativoyconfuso.
—Quéquizáporfinestémáscercadelamuertey,porlotanto,deti.
Deslicé la punta de los dedos por su firme mandíbula y paseé mis ojos por sus labios,
estrangulandolasganasdebesarlo.
—Esjustolocontrario—musitéperdidaensuboca—.Estásmáscercademíporquelamuerte
estálejosdenosotros.Gunnar,amormío,tócame,soyreal.
Lecogílamanoyconellacubríunodemisdesnudossenos.
Gunnarmirósupropiamanoyluegoamíconelceñofruncidoylamiradaturbia.
—Soyreal,nomorí,amormío.Eyramesalvó.Siénteme,mileón,volvíporti,yniLokinilos
diosesmeapartarándetulado.
Lerodeélanuca,atrapandoentrelosdedossucabello,yacerquésurostroalmío.Sumirada
esmeraldaseclavóenlamíaconunaintensidadquemesecólagarganta.
—¡Tenecesito,Gunnar!¡Dios,tenecesitotanto!
—Freya...
Seapoderódemiboca,comounconquistadorávidotomandoconsuejércitounreinoansiado.
Minecesidaddeéleratanacuciante,tandolorosa,quemeentreguésumidaenundelirioenardecido.
Nosbesamoscontalviolenciaquenuestrosdienteschocabanynuestraslenguasbatallaban,que
nuestras manos se hundían con hosquedad en la piel del otro, afanosas por encontrar un alivio a
nuestralocura,unacuraanuestrahambre.
Secolóconpremuraentremispiernas,manipulósuscalzasymeembistióconunarudezaque
meenvaró,arrancandodemíungritoquesesgólaquietuddelanoche,comoelaullidodeunlobo.
Meaferréasuspoderososhombros,ymovílascaderasalunísono,conlamismavehemencia
queél.Encadaembestidasentíaquemoríaunpoco,mivistaseenturbiabayelplacermesacudíacon
violenciainusitada.Seapartódemibocaymecontemplóconelrostroconstreñidodeplacerydicha.
—¡Bésame!—supliquécondesespero.
—No.
Gruñíaygemíaenardecidomientrasclavabasuardientemiradaenlamía.
—Quiero...ver...turostro...Noquiero...quevuelvasa...desaparecer—jadeó.
—Nunca,miamor—respondí.
Sus acometidas se intensificaron. El golpeteo seco de la carne contra la carne, el sentirme tan
llena de él, tan cobijada en su cuerpo y él en el mío, me recordaron la larga ausencia sufrida este
tiempoatrás,eldolorsoportadoyelhambrecontenida.Ydemíescapóunsollozo.
Arqueóelcuellohaciaatrás,alzóelrostroalalunaydejóescaparunalarido,mitadhumano
mitadanimal,quemeerizólapiel.Elsonidoreverberóenlanochecomoelmanifiestodeuncántico
espectral, como el hechizo de una völva, como el aliento de una criatura mágica que pende pesada
sobreelbosque,enmudeciéndolo.
Se derramó en mí, tensando todo su cuerpo, y no sólo era placer lo que manaba de él, era la
misma emoción que me estrangulaba a mí. Era el inmenso alivio por hallar cuanto necesitábamos.
Esa sensación de plenitud, de sentirnos completados, de dicha compartida, de liberar cuanto
aguijoneabanuestrosmaltrechoscorazones.Dereencontraralgoquecreímosperdidoparasiempre.
Hundióelrostroentremicuelloymihombroysollozóconviolencia.
Loabracécontodalafuerzadelaquefuicapaz,ylloréconél.
No sé cuánto tiempo transcurrió hasta que encontró las fuerzas para incorporarse sobre mí y
clavarsuenrojecidamiradaenlamía.
—Necesitoquemehagasunapromesa—consiguiómascullar.
Asentíconunasonrisaafectada.
—Prometequenodesaparecerásconeldía.
—Ytúprometenosoltarmenunca.
—Nuncalohiceynuncaloharé.
Meabracédenuevoaél,susurrandoensuoídocuántoloamaba.
—¡Estástemblando!—exclamóconasombro.
Seirguióapenasparaescrutarmeconagudaatención.
—Estáhelando—contestépragmática.
Arrugó el entrecejo, paseó la mirada por mi desnudo torso para terminar indagando en mi
rostro.Y,derepente,undestelloiluminósusojos,unallamadeconocimientotildósusfaccionesysu
bocaseabriódemudada.Recibióungolpederealidadtangrandequepalidecióyenrojeciócasial
unísono.Agrandolosojosypalpóconcrecientecuriosidadmimejilla,mirostro,miscabellos.
Gimiósobresaltadoantemiinnegableconsistencia.Actoseguido,seinclinónuevamentehacia
mipechoypególaorejaamicorazón.Yopodíaoírelsuyoatronaragitado.
—¡Porlosdioses,late!
Seincorporóconlaspalmasdelasmanoshundidasenlahierbaaambosladosdemicuerpo.
Jadeabaimpresionado.
—Noesposible...moristeenmisbrazos—exhalóturbado.
—CuandoEyraquisoofrecermecristianasepultura,sediocuentadequeestabaviva.Creoquele
debo a mi religión estarlo, pues, si me hubiera dispensado vuestro ritual pagano, nada habría
quedadodemí.
Sepusodeinmediatodepieyamíconél.Mecogióenbrazos,estrujándomecontrasupecho,y
caminóabuenpaso.
—¿Adóndemellevas?
—Vasademostrarmequenoestoysoñando.
Recorrióelsenderohastaelgranskáli;cuandomeapercibídequepretendíaentrarconmigoen
susbrazos,medebatíunpoco.
—Dejaalmenosquemecubra.
Aflojósuabrazoymaniobréarduamentepararecolocarlapartesuperiordemitúnica.Gunnar
clavó su llameante mirada en mis pechos antes de cubrirlos, con esa expresión desgarrada entre la
realidadylailusión,enlaquelaesperanzaaflorabaapasosagigantados.
—Lista.
Le sonreí y besé su mejilla. Se estremeció y me miró con semblante grave, aunque podía ver
cómolailusióncrecíaensumirada.
Ascendiólaescalinatahastalapuertaprincipalylaatravesócondecisión.
Variosparesdeojosnosmiraronimpresionados.
Porfortunaelreynoestabapresente.Enunamesa,Thorffin,Erik,RagnareHiram,quebebían
cervezajoviales,sepusieronenpieauntiempo,conlasorpresatildandosussemblantes.
Gunnarcaminóconmigoenbrazoshastaellos.Seplantóenfrenteylosmiróconfijación.
—¿Podéisverla?
Lopronuncióenuntonotanentrañablementedesesperadoquemeencogióelcorazón.
Sushombreslocontemplaronconunasonrisaemocionada.
—Sí,hermano—comenzóadecirThorffincondescendiente—.Lavemosigualquetevemosa
ti.TuFreyaregresódeentrelosmuertos,Eyralatrajoparati.Vive,yyaeshoradequetútambiénlo
hagas.
TodoscontuvimoselalientoantelapasividaddeGunnar.
De pronto, me soltó con suavidad y caminó hasta la hoguera, se detuvo frente a la crepitante
fogataylaobservóduranteunlargoinstante.
Al cabo, se volvió hacia nosotros y nos miró uno a uno. Por último, sostuvo largamente mi
mirada.
Thorffinapoyólamanoenmihombro,enungestodeapoyo.Hiramhizolomismoenmiotro
hombro;ErikyRagnarmecogierondelasmanos.
—Tomaatuesposayllévatelamuylejosdeaquí.
FueHiramquienhabló.
Gunnar caminó hasta mí con lentitud, sin dejar de atravesarme con aquellas impresionantes
gemasverdesqueopacabantodolodemás.Mipulsoseacelerócuandolotuvedelante.
Alargólamanohastamirostro,deslizandolayemadelosdedospormislabios.Cerrólosojos
comosimitactoloturbara.
—¡PorOdín,eresreal!
Unvelohúmedocubriósumirada.Surostrosecongestionóconmocionado.Atrapómirostro
entresusgrandesmanosymebesóconfruición.
Cuandomesoltó,fueparavolveracogermeenbrazosysacarmedeallíagrandeszancadas.
Yanonotéelfríodelanoche;mecobijédichosaensupechoycerrélosojossinimportarme
nadamás.
Meadentróenunacabaña,cerrólapuertaasuespaldadeunapatadaymedepositóenunamplio
lechojuntoalhogar.
—Quierosabermuchascosas—dijo,desajustandoloscintonesdecueroquebridabansupecho
—,peroahoratengodemasiadahambreacumuladaparacentrarmeenotracosaquenoseadevorarte.
Sezafódelapieldeloboyseliberódelasceñidascalzasqueperfilabansuimponentedeseo.El
dorado resplandor de la hoguera perfiló sus majestuosos músculos, poderosos y elásticos. Las
sombras danzaban sobre su hermoso cuerpo a medida que se movía. Su gruesa virilidad basculaba
pesadayaltivaacadapaso;traguésalivadeseosadesentirlaenmiinterior.
—Sicontinúasmirándomeasí,mederramaréinclusoantesdetocarte.
Me desprendí insinuante de mis ropas, mientras me relamía con lascivia. Gunnar me recorrió
conmiradaturbia.
—Haréalgomásquemirarte,bárbarodeldemonio.
Susojosrefulgieronsolazados,ysuslabiosseampliaronenunasonrisalujuriosa.
Cuandohincólarodillaenellechoyseabalanzósobremí,queloaguardabaderodillas,apresé
su erguida masculinidad en mi mano y lo besé mientras acariciaba su exaltado miembro. Gunnar
gruñóenmiboca.
—Miloba....—gimióaferrandoconfuerzamisnalgas.
Loempujéhaciaatrás,obligándoloasentarse,ymemontéahorcajadassobresuscaderas.Me
colgué en sus hombros y lo besé mientras acomodaba mi cuerpo al suyo facilitando la incursión.
Cuandodescendísobresupalpitantemástil,dejéescaparunlargogemidoqueGunnarsofocóconla
boca.Susmanosrecorríanmiespaldacomoserpientessinuosasqueerizabanmipielydespuntaban
mis sentidos. Mis erectos pezones rozaban su pecho en un vaivén que comenzaba a descontrolarse.
Me cimbreé sobre él, estirando mi placer, lánguida pero apasionada, alargando un clímax que se
respirabacercano.
Gunnargruñíamientrasmordisqueabamicuello.Susgrandesmanoselevabanmitraseropara
hacerlodescenderconbrusquedad,yenesemomentoseafirmabadentrodemí,inmovilizándomeun
largo instante, degustando la tirantez de aquella profunda penetración. Entonces me sujetaba la
mandíbulaconlamanolibreymeobligabaaenfocarlavistaenél.
—Vivaomuerta...meenloqueces.
Ytomómibocaconhoscaavidez.
Nuestras lenguas se enredaron, se frotaron, se exploraron, en un pulso candente que nubló
nuestrossentidos.Y,deimproviso,tansúbitoquenisiquierafuiconscientedesullegada,elplacer
estallóenmí,arqueándomeconviolencia.Gunnarmesujetóporlascaderasaprisionándomecontra
él,mientrasmesacudíaygemíadesaforada.
Elfocodecalorquefundíamientrepiernafuealiviadoconlahumedadquefluíaabruptamente
demí.Mederretíensusbrazos;laxayfloja,mederrumbéensupecho.
—Todavíanoheacabadocontigo—musitóconsemblantecontenido.
Me deslizó hacia atrás y se alzó sobre mí; su largo cabello castaño claro cosquilleó mis
hombros.
—Aúnintentoasimilarsieresreal—susurróquedo—.Aúntiemblocomounniñoperdidoenel
bosque,aúnparpadeoantelaluzquetratadeabrirlaoscuridadenlaquetodavíamehallo.Sólote
ruegounacosa:sieresreal,notedespeguesdemí,ysinoloeres...—hizounapausaenlaquesu
miradasevelódenuevoysusfaccionessecontrajerondeamargura—...sinoloeres,simañanaal
alba ya no estás a mi lado, yo mismo acabaré con mi tortura, liberando mi alma de las crueles
artimañasdeLoki.NomeimportasinoentroenelAsgard,puesséquetúnoestásallí.Nosédónde
estarás,perotejuro,portodocuantosoy,quedarécontigodenuevo.
Un mano helada estrujó mi corazón. Contuve el aliento y las lágrimas, y me forcé a sonreír
confiada.
—Mañana,alalba,renacerásamilado,comoyoloacabodehacerentretusbrazos.
Pudesentircómounescalofríolorecorría,cómolaesperanzalodevastaba,cómoelamorlo
constreñía.Ycuandoseinclinósobremiboca,cuandoatrapómislabiosybuscómilengua,algome
resquebrajópordentro,sacudiéndomeconviolencia.Fueunimpactoqueliberótodounincontenible
torrentedeemociones:dicha,miedo,súplica,anhelo,esperanza,plenitud.Yunamortaninmenso,tan
hambriento y salvaje, que todo mi cuerpo se abrió en canal para dejar salir al animal que anidaba
dentro,eseloboferozmovidoporlosmásprimariosinstintos.
Y, entonces, marqué mi territorio, clavando las uñas en su espalda, mordiendo sus labios y
gruñendoantesuviolentaembestida.
Rodamos sobre el lecho, desfogando en nuestros cuerpos toda el hambre contenida y todo el
dolorsufrido.
Gunnarenloqueció.Subrusquedadycontundencialiberólafuriaquealbergabacontraeldestino
sobre mi cuerpo; en cada embestida, en cada beso, en cada hosca caricia, escapaba cada lágrima
derramadapormimuerte,cadamomentodelocura,derencorydedesolación.
Cuando el paroxismo nos rindió a un clímax conjunto, cuando nuestros cuerpos gimieron
exhaustos y doloridos, cuando nuestras miradas se despejaron y nuestros animales se retiraron
satisfechosdelfestín,nosabrazamosrendidos,trémulosyemocionados.
Cobijada en su pecho, que se sacudía agitado, cerré los ojos con un solo pensamiento y una
ampliasonrisa.
Lohabíarecuperado,oesocreíentonces.
20
Unamujerolvidadaporlafelicidad
Abrílosojosyparpadeérepetidasvecesintentandoaclararmivista.Lapenumbravestíalacabaña,
aunqueelajetreoexteriorevidenciabaqueeldíasehallabayaentodosuesplendor.
Distinguíunasiluetasentadajuntoamíenelcamastro.Sonreíymedesperecécerrandolosojos.
Recibíunsuavebesoenloslabios,yunacariciaenmimejilla;misonrisaseamplió.Unosdedosse
pasearonporunmechóndemicabello,rozandomipecho.Meestremecí.
—Mmmm...nodespiertesdenuevoallobo,onopodremosdarunpaso—murmuréjuguetona.
—Esenloúnicoquepienso,endespertarloparamí.
Aquellavozmeenvaró,despejandomiaturdimientodeunplumazo.Abrísorpresivamentelos
ojosymiprimerareacciónfueintentarcubrirmeconlamantayretrocederhastalapared.
Miréasustadaamialrededorconsemblantedesencajado.
—¿Qué...quéhacesaquí?
Halfdandibujóunamediasonrisapretenciosa,alzólacejaizquierdaymeguiñóunojo.
—¿Sabes?Llevounbuenratoaquísentado,observándote,preguntándomeporquédemoniosno
tetomodeunamalditavezyacaboconmitormento.Yaúnnoheencontradorespuesta.
—¿DóndeestáGunnar,maldito?
Intenté imprimir a mi voz un tono amenazante, sin conseguirlo. El miedo comenzó a aflorar
inundandomipecho,comosigotitasdeescarchalocubrieran.
—Gunnarestádondetienequeestar,amiservicio.
Enunfieroimpulso,aferréconfuerzalamantadepeloymeencaréaélfulminándoloconla
mirada.
—¡Novasasepararlodemí!—siseéfuribunda—.¡Porquetejuroqueantestemato!
Elhombreseinclinóhaciamí,sosteniendocongravedadmimirada.
—Voyadarteunconsejo,perraendemoniada:noteacerquesamí,nometientes,porqueyosí
quetejuroquemitemplanzapendedeunhilo.Anoche,presenciécómotubárbaroteposeíasobrela
hierba,cómosehundíaentiycómoteretorcíasbajoél,yapuntoestuvedematarloallímismo.Pero
es demasiado valioso para mí. Así que esperé, a la intemperie, pegado a la puerta de esta cabaña,
escuchándotegemir.Ytejímiplan.
Sepusoenpie;sumiradalibidinosamerecorrióconanhelo.
—Regresé al skáli, descargué mi frustración en mi reina, rogando a los dioses un instante de
calma, de alivio, de conmiseración, pero no me escucharon. Ni siquiera pude tomarla porque sólo
ardoporti.Yséqueacabaréenloqueciendosinoteconsigo.
—Acabarás muerto si me consigues —escupí con desprecio—, porque, si osas tomarme a la
fuerza,lopagaráscontuvida.
Negóconlacabezaychasqueólalengua.
—Noesloquepretendoniloquemesatisfará.Loquerealmenteansíoesqueseastúquienme
busque,quiensupliqueyacerconmigo,quienserindaamispies.
—Esonoocurriránienelmejordetussueños—proferísardónica.
Sonrióconprepotencia;susoscurosojosseentornaronligeramente,brillandoconperfidia.
—Pobreloba,tetengoenmismanosyaúnnotehasdadocuenta.
Contuveelpavorquemeproducíanaquellaspalabras,pueslassabíatanciertascomoqueelsol
salíaporelesteyseponíaporeloeste.
—Escúchame—suavizósuvozyseacercódenuevoamí—:túquieresalgoqueyotengoyyo
quieroalgoquetienestú.Hagamosunintercambio.
El abatimiento comenzó a mellar mi ánimo; el dolor, a barrer mi interior, y el miedo, a
estrangularmipensamientoconvisionesaterradoras.
Asentíapenas;respirabaagitadamente.
—DimequeGunnarestábien,necesitoverlo.
—Gunnar está en Agder. Mis hombres lo llevaron allí con su verdadera mujer y su hijo. Es
dondedebeestarhastaqueacudaalabatallaalfrentedemiejército.
—Eso...esonopuedeser—gemídesolada.
—Novoyaengañarte—confesólacónico—.Llaméaestapuertaenmitaddelanoche.Gunnar
me abrió, lo hice salir y mis hombres lo golpearon por detrás. Ordené que lo llevaran junto a su
familia,yqueloobligaranabeberdobleracióndelbrebaje.
—¡Para enturbiar de nuevo su conciencia! —casi grité clavando las uñas en la manta—. ¡Para
hacerlecreerqueestanochefuefrutodesuimaginación,paraconvertirloenunesclavoservil,enun
almaenpena,enunmonstruofurioso,enlamástemiblearmaparatuejército!
Halfdanasintiómientrasobservabamirostroconsemblantepétreo.
—Soysurey,ymedebesuvidaycuantoposee.Ynololiberaréhastaquecumplasucometido...
yhastaquetúcumplaseltuyo.
Sentíunastremendasganasdellorar,queamordacéconlalazadadecóleradevastadoraqueme
asaltó.Nomesometería,perohabríadefingirquelohacía.
Retirélamantaymemostrédesnudaanteél.Unallamaviolentaprendiósusojos.
—¡Adelante,míserorey,aquímetienes!
Tras pasear con delirio la mirada por cada tramo de mi piel con una expresión duramente
contenida,apartólavistaysedirigióalapuerta.
—Asíno—musitóclavandolosojosenlosmíos.
—Así,¿cómo?
—Furiosaydolida.
Mediolaespaldaycaminóhacialapuerta.
Resopléconfuerza,frotémirostrocondesesperaciónyentoncessí,laangustiameoprimiócon
tantafuerzaqueunviolentosollozoescapódemí.
—Gunnaramenazóconmatarsesialalbayonoestabaconél.Ysimuere,ningunodenosotros
obtendráloquequiere.Yomoriréconél...ytúconmigo.Palabradeloba.
Halfdansevolvióymecontemplóunlargoinstante.
—Dudo que Gunnar recuerde lo que pasó anoche, y hasta es posible que no recuerde ni su
nombre. Quizá me excedí en la dosis, los celos son una emoción difícilmente gobernable. —Me
dedicóunasonrisamaléfica—.Encuantoati,voyadarteunconsejo:nolobusques,porque,silo
haces,ordenaréquelomaten.Ahoracálmate,reflexionay,cuandoestéspreparada,tranquila,sumisa
yardiente,búscame.Serásmiperralujuriosaycomplacientehastaquepartaalabatalla;entoncesy
sóloentonces,cuandosedecidamisuerteenella,liberaréatuGunnarypodréismarcharoslejosde
mí.Palabraderey.
Saliódelacabañaconpasofirme,dejandotrasdesílaponzoñadesupresencia,desumiraday
desuspalabras.
Sentíganasdechillar,dellorarydeluchar.Decorrertrasélyclavarlemidagaenlaespalda.
Acorralada, ésa era ahora mi condición. Estaba a su merced, a su capricho. Y supe que sólo
habíadoscaminosposibles:omeconvertíaensuamanteobuscabalamaneradeacabarconél.La
segundaposibilidadfuelaquemásmesedujo,aunquequizá,parallevarlaacabo,tendríaqueutilizar
laprimera.
TeníaquemataraHalfdanSvarteelNegro.
Pensar en Gunnar de nuevo inmerso en su burbuja de irrealidad, abotargado por el maldito
brebaje,ausenteytorturado,mesuperó.Y,derepente,elfugazlatigazodeunpensamientoalejómi
pesadumbre.
Salídellechoymevestíconpremura.
Aspiréunagranbocanadadeaireyapretélosdientes.Lafuriamesacudía,debíacontrolarme.
Aguardé inmóvil un tiempo, mirando los rescoldos de la hoguera, trazando el plan en mi mente,
regodeándomeantecadapasomarcado,disfrutandodemiinminentevenganza.
Ahora más que nunca necesitaba de mi astucia; nada de lágrimas, ni de compasión, nada de
lamentaciones ni súplicas. No, aquella Freya había muerto; aquella mujer que fue vapuleada por el
destino,quegimiósuamargurayaguantólosestoquesenemigos,habíadesaparecido.
Golpeporgolpe,lanceporlance.
Halfdan probaría su maldad. No era tan sagaz después de todo, pues, en lugar de esconder su
puntodébil,lomostrabaconimprudencia.Yoerasudebilidad,yantemísucumbiría.
Me descubrí sonriendo en una mueca extraña, y en ese momento supe que nada ni nadie me
detendría. Que la mujer que saldría de esa cabaña no era la misma que había entrado. Que iba a
demostrar a dioses y a hombres que yo, una mujer olvidada por la felicidad, lucharía hasta
desfallecerporconseguirlayquenoimportabanlasarmasquehabríadeesgrimir,sóloelfin.Erami
turno.
21
Forzandounpacto
Asleifmecontemplóconunmarcadoasombroensugesto.Jadeabaysudabaporelesfuerzo.Bajósu
espadayconelceñofruncidonegóconlacabeza.
—¡Mehasvencido!—exclamótodavíaincrédula.
—Mehasenseñadobien—repliquéadusta.
—Ningunamujerlohabíahecho—adujoadmirada.
Sonreísinqueaquelgestoalcanzaramisojos.
—Heenseñadoamuchas—agregóella,mientrasmeevaluabadesdeunanuevaperspectiva—,y
hedeconfesarqueningunaaprendiótanaprisa,niningunalogróganarmeuncombate.
Elocasosederramabalánguido,bruñendodecobrelascimasdelasnevadasmontañasquenos
rodeaban. En cuanto la noche cayera, la helada sepultaría el poblado recluyendo a los hombres al
resguardo de sus cabañas. El blanquecino resuello que escapaba de nuestras gargantas permanecía
espesamente visible entre nosotras. Cada bocanada quemaba mi pecho; sin embargo, habría
continuadopeleandosiAsleifnohubieraaceptadosuderrota.
—Estoyseguradequeningunatuvotantosmotivoscomoyoparaaprender.
Asleifmeescrutóceñuda,intentandoleermispensamientos.
—Noséquépretendes,Freya,perosealoqueseaespeligroso.
—Pretendoserunaskjaldmö,unadoncellaescudera,eiralabatalla.
Lamujerabriólosojosdesmesuradamenteynegóconlacabeza.
—Freya,creoquehayunrequisitoquenuncacumplirás.
Sabía que sólo doncellas virginales, mujeres que renunciaban a su femineidad y maternidad,
podíanformarpartedeesafacciónguerreraqueseintegrabaenlashuestesreales.
—Alamaternidadrenunciómicuerpo—expusecondureza—comopagoalasupervivencia;la
femineidadseráparamíunarma,comoloeslaespadaquevesenmimano.Heyacidovoluntariay
apasionadamente con dos hombres, me forzó un jarl y desea doblegarme un rey. Mi cuerpo no es
puro,peroloesmicorazón,pueshesidofielaéldesdesiempre,ydesdeelcorazóntedigoqueesta
quevesantetiesunaguerrera.
Asleifvioconclaridadmideterminación,yunamagodesonrisacurvósuboca.
—En tal caso, y puesto que ese mismo rey permite que te entrene, te unirás a las skjaldmö y
partirásconélalabatalla.
—¿Senecesitaalgúntipodeceremoniaparaelnombramiento?—pregunté.
—Tansólomipropuestaylaaprobacióndelrey.
—¿Yaquéesperamos?
La sonrisa de Asleif se ensanchó complacida y orgullosa. Sus ojos azul hielo chispearon
entusiasmados.
—Vamosentonces—aceptó—,memueroporsaberquédirámirey.
Caminamosconpasoregio,espaldaenvaradayunaplomotanapabullanteencadazancadaque
lagentequenoscruzábamossedeteníaamirarnosconagudacuriosidad.
Entramosenelskálijuntas,unaalladodelaotra,connuestrasropasdeentrenamiento,armadas,
sudorosas,desgreñadasyvehementes.Asleif,consufísicotanopuestoalmío...elladecabelloscasi
blancos,yocompletamentenegros;elladepielpálidaenextremo,yodoradacomoelsoldelatarde;
susojosdelcolordelosglaciares,losmíos,ámbarcomolaresinaseca...peroambaspoderosasy
seguras.
Halfdan se hallaba sentado en su trono y conversaba con sus generales. Los hombres
enmudecieronantenosotras,observándonosconcrecienteintrigayunatisbodedesagrado.
La zaína mirada del rey se clavó en mí; la alerta destelló en ella. Pude percibir cierto
envaramientoensuporte,yunaveladainquietudturbandosuregiosemblante.
Asleifinclinóceremoniosalacabeza,peroyonolaimité.Permanecíerguidaydesafiante.
—¿Quéquieres,mujer?—prorrumpióhoscoyceñudo.
—Mi señor, vengo a pedir vuestra aprobación para incorporar a una nueva skjaldmö en mis
filas.
—AsleiflaBlanca,¿dequiénsetrata?
—SetratadeFreyalaLoba—respondíyo,adelantándomeunpaso.
Halfdanmefulminóconlosojos.Conmiradaentrecerrada,meescrutópensativo.Sushombres
mecontemplabandesaprobadores.
—Noescomovosotras;enningúnsentido,además—objetóesbozandounasonrisaburda.
—Nadaquemeimpidapelearparadefendervuestrosdominiosoampliarlos—contestéincisiva.
ThorleifSpakeelSabio,elladinoconsejero,seinclinósobresurey.
—Pero,señor,incumpliríalasnormas,losdioses...
—Deja a los dioses tranquilos, Thorleif —interrumpió Halfdan poniéndose en pie—. Las
ofrendasestánparacontentarlos,ylasvictorias,paraagasajarlos.
Se acercó a mí con esa permanente sonrisa pretenciosa, y me rodeó, observándome desde su
altura,comounhalcónacechandoasupresa,sabedordequeprontoseabalanzaríasobreella.
—Ycualquierespadacapazdelucharpormicausa,puraoimpura,sehadetenerencuenta,y
mássilaempuñaunafieraloba.
Sedetuvofrenteamí;alcéelrostroparasostenersupenetrantemirada.
Cogiómibarbillainmovilizandomirostroyseacercómásamí.
—Dime,FreyalaLoba,¿estaríasdispuestaamorirpormí?
Losmurmullosenelsalónseapagaronderepente.
Latensiónqueserespirabasepodíacortarconunadaga.Algocrepitabaanuestroalrededor,y
esealgopreocupabasobremaneraalospresentes,porsuintensidad.Yosabíaperfectamentequélos
inquietaba,yeralaexcesivaatenciónquemeprodigabasurey.Elhechizoqueyoejercíasobreélno
pasabadesapercibidoasussúbditos.
—Estoydispuestaaviviryalucharporvos.
Ysonreíparamisadentros;acababadeponerlaprimerapiedraenmiladodelabalanza.
Halfdanmecontemplótriunfal,casiserelamía.
—Entalcaso,arrodíllateantemí.
Lentamente ejecuté su orden; hinqué una rodilla en el suelo e incliné la cabeza, mostrando mi
lealtad.
Unagranmanoseposóconlosdedosabiertossobremicabeza,ejerciendounaligerapresión,
ratificandosupodersobremí.
—A partir de ahora, Freya la Loba, como mi más fiel skjaldmö, me deberás obediencia,
sumisiónyrespeto.Lucharásbajomimando,entregandotuvidaycuantonecesitedeti.
Aquellaúltimaapreciaciónflotóamialrededor,conprecisasescenasdeloquerequeríademí.
Pude ver con claridad en sus ojos de obsidiana el deseo que manaba de sus pensamientos. Y sería
aqueldeseoelqueacabaríanosóloconsureino,sinotambiénconsuvida.
—Ponteenpie—ordenócomplacido.
Lohiceyenesemomentometopéconunaangustiadamiradaazul.
Ragnhild me observaba con marcada indignación; a su lado estaba su hermano Guthorm, un
niñoasustadizo,degrandesojoscelestes.Ellaapenaseraunamuchacha,defaccionesangelicalesy
belleza dulce y aniñada. Pero en aquella mirada no rezumaba la inocencia ni la ingenuidad
precisamente,sinounrencortanmanifiestoquecasipodíasentircómomegolpeaba;unrencorque
trajoamimemoriaotramirada,negrayladina,ladeAmina.
—Batallaremosjuntos,lobaguerrera—sentencióanteelagriodesagradodesushombres—.Ya
puedesirte,amenosquevengasconotraexigencia.
Yesaexigenciallegaría,perocuandoterminaradeultimarmiplan.
Incliné la cabeza en señal de asentimiento; con orgullo, me volvía para abandonar el skáli
cuandometopéconalgunosparesdeojosreprobadoramenteasombrados.
Hiram, Sigurd, Ragnar, Eric y Thorffin se pusieron en pie en el momento en que recorrí el
largopasilloysalierontrasdemí.
Asleifsedespidiódemíconunlevegestoycorrióasucabaña.Laheladayacubríadeescarcha
elsuelo,lostejadosylascercas.
Me estremecí. Mi falda corta, mi cota de malla, mi peto de cuero y mis botas altas eran
ineficacesparacombatirlagelidezquemeabrazabacontantoahínco.
Cuandoloshombresmealcanzaronymerodearoninquisidores,yomeabracéentretemblores.
Hiramsedesprendiódesucapadepeloymecubrióconella.
—Vayamos a tu cabaña —sugirió Thorffin—. Tienes muchas cosas que contarnos y, a juzgar
porloqueacabodever,esprobablequenosllevetodalanoche;noquieromorircongelado,aunque
temomorirdeangustiaporloqueintuyo.
Descendimoselserpenteantesenderoentrecabañasapiñadas,hastaalcanzarlaqueocupabacon
Eyra. Un buen fuego nos invitó a refugiarnos del helor que nos abotargaba. Eyra daba vueltas al
humeantecontenidodeunamarmitasuspendidadeunganchosobreelcrepitantehogar.
Noscontemplóceñudayobservódenuevolasopa,calculandomentalmentelasraciones.
—A menos que traigáis una hogaza de pan —rezongó—, os iréis más hambrientos de lo que
intuyoestáis.
—Nohemosvenidoacomer,Eyra,y,sifueraelcaso,dudoquemeentraraunbocado—farfulló
Hiram,mirándomeacusador.
Denuevorecibílaabiertadesaprobacióndeloshombres,estávezconmásacritud.
Eyrapercibiólatensapreocupacióndeaquéllos,soltóelcucharónynosinvitóasentarnosen
loslargosbancosquefranqueabanlaausteramesarectangular.
—¿Dóndeestámihijo?
Ensuvozasomóundejeansioso.
—CreoqueenAgder—respondítrassoltarelairecontenido.
—¿YquédemonioshaceenAgder?Locreíamoscontigo—replicóhurañoThorffin—.Cuando
te vi entrenar esta mañana, me extrañó no verlo a tu lado, pero imaginé que lo habría requerido
Halfdan. Pero ha llegado la noche y nada sabemos de él. Y para mi completo estupor, te ofreces
míseramenteaunhombrequetedesea.
—Halfdanloarrancóanochedemilado—expliqué—,lodejóinconscienteyloharecluidoen
Agder, obligándolo a beber ese maldito preparado que le hace olvidar, confundiéndolo y
enloqueciéndolo.Quiereapartarlodemíhastaquesedecidalabatalla.
—Ohastaquesecansedetiyteechedesulecho—intervinoHiramconamargura.
Eraevidentequetodospensabanlomismo.
—Sé cuidarme sola —sentencié con firmeza—. Y sé lo que tengo que hacer para salvar a
Gunnaryamímismadeesecuervocarroñero.
Eyrasuspiróapesadumbrada;ensuexpresiónseadivinabaelcansancioylapreocupación.
—¿Yporesoteconviertesenunaskjaldmödelrey?—apuntóThorffincontrariado.
—Noosatreváisajuzgarme—medefendífuribunda—;nadiesufremásqueyo,ynadiehaytan
apaleadoporeldestinocomonosotros.Combatiréconloquedisponga,sinimportarmenadamás.
Halfdanesunescolloenmicamino,ycomotaltendréqueapartarlo.
Eyraagrandólosojos,resoplóynegóabatidaconlacabeza.
—¿Yloharástúsola?—inquirió—.¿Ycómoloharás?¿Enelcampodebatallaoenellecho?
Déjamedecirtequesubestimasatuenemigo.
—Tambiénélamí.
—Escúchame bien, muchacha —comenzó a decir Eyra con calma—: todos juntos podremos
lograrlo.Todoslosaquíreunidostenemosunarmacontraelrey.Yomanejolaastuciaymidonpara
las plantas; ellos manejan información valiosa, y tú, las mañas para distraer convenientemente su
atención,mientrasnosotrosactuamos.Llegadoelmomento,cerraremoslatrampayélcaeráenella.
Thorffin miraba con franca admiración a Eyra; los hombres la escuchaban con la misma
complacencia.
—AhorasédedóndeheredóGunnarsusdotesdeestratega.
Eyrasonrióemocionada.
—Y mi fortaleza —añadió convencida—. Es fuerte; resistirá la ponzoña, hasta que logre
anularla.
—¿Anularla?—preguntóRagnararrugandoelentrecejo.
—Sí,aúntengoquedescubrirquiénpreparalapócimaycambiarlosingredientesqueusapor
unos inocuos. Pero cuando Gunnar salga del abotargamiento, tiene que haber alguien cerca de él,
parahacerlesaberloqueestápasando.
—Podemos decírselo a Sigrid; ella no se separará de su lado, y puede mandar llamarnos —
propusoErik.
¡Sigrid!
Aquelnombremeconmocionó.Micorazónseaceleróy,derepente,todocobrósentidoenmi
cabeza, pieza por pieza. En apenas un breve instante, pasé por todo un curioso compendio de
emocionesquemesecaronlagarganta,descomponiendomirostroenalgoparecidoaunamuecade
sorpresivaydesagradablecomprensión.
TrasfulminarconlamiradaaErik,lospresentesmeobservaronconteniendoelaliento.
¡Portodolosagrado,elhijodeGunnareraeldeSigrid!¡Ellaeralamujerdelacioscabellos
doradosquehablabaconGunnarmientrasélacunabaalbebé!
Escondíelrostroentrelasmanos,enunvanointentoporcontenereltorrentedeodiovisceral
quemeasaltó.
Cuandoporfinlogremirarlosalacara,todavíatemblaba.
—¡¿Habéis permitido que esté con esa víbora?! —estallé colérica—. Fue ella la que lo planeó
todoconAda.EllafuecómplicedeladevastacióndeSkiringssal,ella...—Nopudeseguirhablando,
larabiamesepultabaconunalosaquecasimeimpedíarespirar.
Ragnartragósalivaybajólamirada.
—Ella parió un hijo de Gunnar y fue ese niño el único que logró anclarlo a la vida —se
defendióThorffin.
—Dime,Thorffin,¿acasoeshijosuyoporqueellaasílodiga?
Mesostuvolamiradaconsemblanteindescifrable.
—Ambossabemosqueyacióconella.
—Perofueunasolavez,ysuamantehabitualeraotro.
Todosclavaronenmísusintrigadosojos.
—Ulf—añadíconconvencimiento.
—¡QueloscuervosdeOdínvacíenmisojos!—espetóErikimpávido—.¡Gunnarcriandoalhijo
desuenemigo!
Todosmeobservaronapesadumbrados,exceptoThorffinyEyra,quesesosteníanlamiradacon
lamismaexpresiónensusrostros.
—Freya, da igual de quién sea hijo —adujo la anciana ante mi sorpresa—. Ese niño le dio a
Gunnarunarazónparavivir,hemosdeestarleagradecidasaeseengaño.
—¡No! ¡Jamás! —negué con ofuscación. Golpeé violentamente el tablero de la mesa con las
palmasdelasmanosymepuseenpie—.¡Bastadeardides,bastadejugarconlasvoluntadesylas
realidades!Nopiensoconsentirlomás.Esamujeresunaserpiente,fuecausantedeunadesgraciaen
laquemuriódemasiadagente,esamujer...
Perdílavoz,sepultadaporlamarañadeemocionesquemeestrangulaban.
Trémulaeiracunda,lesdilaespaldaycontempléelfuegodelhogar,pensandoquelasllamas
quecrecíanenmiinteriorpodríandevoraresacabañayhastaeraposiblequetodalaregión.
Había ido tras las huellas de un lobo negro y era ese lobo el que me había encontrado a mí,
despertandolavenganza,elrencorylafuria,emocionesqueexigíanunsolopago:lasangredemis
enemigos.
Mihijohabíamuerto,yocasilohabíaseguidoyGunnarhabíasidoconvertidoenunapálidae
irreconociblesombradeloquefue.Yanohabíaperdónenmicorazón,nicompasiónenmialma,
ahoratansóloquedabaenmíunacosa:furia.
—Voyarecuperarlo—meoírezongarenunhilodevoz—.Voyaacabarconmisenemigos.Voy
ademostrarlesalosdiosesquetengodientesygarrasyquesécómousarlos.
—Freya —musitó Eyra con suavidad—, nosotros te ayudaremos, pero tienes que dejarnos.
Controlatuira,apaciguatuánimo,sécautayfría,ynoenfrentesalosdioses.Denadasirvelanzar
piedrasalcielo.
—Nosnecesitastantocomonosotrosatipararecuperarlo—señalóThorffin—.Ladesmedida
ambición de Halfdan le ha creado muchos enemigos. Y eso es bueno para nosotros, pues sólo
tenemosqueazuzarlosparaqueseciernansobreél.ElreyHoriknosefíayharechazadolaalianza
con Halfdan para combatir a los jarls rebeldes. Por eso anda de tan mal humor. Además, Horik ha
mandadollamaralsuyo,RagnarLodbrok,enbuscadeprotección.Nosólonosaguardaunabatalla
contra los sublevados, sino una cruenta disputa entre reyes. Pero, de todos sus enemigos, el más
acérrimoysanguinarioessindudaHakeelBerseker.
—¿Propones que nos aliemos con Hake? —inquirió Ragnar demudado. Se frotó su alopécica
cabezaynegórotundoconlacabeza.
—No,seríaunaauténticatemeridad—respondiómeditabundoThorffin—.Hakeesimprevisible,
cruel y traicionero. Pero podemos facilitarle una emboscada y abandonar a Halfdan en la lucha.
Somossuescolta,suhird,nopartiríasinnosotros.
—Partir,¿adónde?—pregunté.
Thorffinnoscontemplóconsemblantegrave,serascósufrondosaycrespabarbarojayrespiró
hondo.
—A emboscar a Horik, antes de que su jarl llegue en su ayuda. Halfdan trazó el plan esta
mañana:quiereconquistarJutlandia.
—¡Haperdidoeljuicio!—exclamóHiramalarmado.
Thorffinasintiócircunspecto,frunciendoelceñoaltiempo.
—No, sigue los pasos que él mismo se ha marcado. Ahora mismo, se abre ante él la única
posibilidad de conquistar ese reino. Ragnar Lodbrok dejó desprotegida la región en sus ansias de
conquistarnuevosterritorios.Ahoraonunca.YtodossabemosqueHalfdan,comouncuervoastuto,
nuncadesaprovechaunabuenaoportunidad.
—Suambiciónserásutumba—vaticinóEyra—.Esperoquenonosarrastreaella.
Uncrujidoprovenientedelhogar,seguidodeunintensochispazoluminiscente,nosenvaró.
—Parecequelosdiosesquierenhablar—barruntóHiramconpreocupación.
Eyraintercambióunamiradagraveconmigo,yapretóconfuerzasusdelgadoslabios.
—Pronto partiremos a la conquista —agregó de nuevo Thorffin; en su voz se reflejó una
inquietud turbadora—. Lejos de Hedemark, no resultará difícil urdir un engaño y alejarlo de sus
hombresdeconfianza,deThorleifSpakeelSabioyOrnOsoPardo.Estoysegurodequetú,Freya,
podrásembaucarloyentregárnosloenbandejadondeacordemos.
Asentí,plenamenteconscientedeloqueencerraríaese«embaucarlo».Paracegaraunpajarraco
comoaquél,debíaponerseensusojosunagruesavenda,yparahacerlohabíaqueestarmuycerca.
—Unpasoenfalso—advirtióEyracongravedad—ymoriremostodos.Estamoshablandode
traición.Halfdannomostrarápiedadconnadie;tampococontigo,Freya.
—¿Acasocreesquemeimportasupiedadsitodosemalogra?
Alargué el brazo sobre el tablero, cerrando la mano en un apretado puño, y deslicé la mirada
porcadaunodelospresentes.
—Sellemoselpacto—murmuréconfirmeza.
Uno a uno imitaron mi gesto, y nuestros puños se tocaron al tiempo que nuestras miradas. Se
respirabaunatensiónpesadayunadeterminaciónapabullante.
—Sóloosvoyahacerunruego—añadí—.MantenedaSigridalmargendeesto,oestaremos
perdidos.Elvenenodeunavíboranuncaseseca.
MiréintencionadamenteaErik,queserascaba,burdo,sudoradamelenadespeinada.
—Deacuerdo—concedióconunresoplido—,peroalguiendeberáestarcercadeGunnarpara
tenerloaltantodetodocuandorecupereeljuicio.
—CreoquelapersonaindicadaseríaHelga—propusedirigiéndomeaThorffin.
Elgiganterojoasintióyporfinsonrió,relajandoelambiente.
—Mi Helga podrá cambiarle el brebaje por el que le traigan, y observarlo hasta que mejore;
entonceslediráquenosbusque,ypartirátrasnosotros.Hastaentonces,habremosderezarparano
entrarenbatallaantesdetenerloentrenosotros.Sobretodoahoraquetúvasaparticiparenella.
—Asleifmeenseñóbien—argüíorgullosa.
Thorffinmeregalóunamiradadesdeñosayesbozóunasonrisaburlona.
—Freya,nadatienenquevertusentrenamientosconunabatallareal.Puedequehayasaprendido
algunos movimientos, pero, en un combate a muerte, la experiencia, el temple y la rapidez son las
mejores bazas. No serán escaramuzas aisladas, serán hombres corajudos y poderosos, curtidos y
experimentados,losqueseabalanzaránsobreti.Rezaparanotenerquevivirlo.
—Noesporloúnicoquerezaré.
Eyrasepusoenpie,descolgódeunganchounodredeaguamielyselotendióaThorffin.
—Tenemosunpacto,sellémoslo—alegóconfirmeza.
ElgiganterojobebióunlargotragodelíquidoambarinoytraspasóelodreaHiram.Unoauno
bebimosconceremonia;ennuestrasmiradasencontradas,laemociónquepredominófueunafiera
determinación.
22
Eldestinodeunareina
Medespertésudorosayjadeante.
La visión de Gunnar tomando a Sigrid era tan vívida que todo mi cuerpo reaccionó con un
malestartanagudoquesentínáuseas.
Decidida a ahuyentar los desasosegadores retazos de aquella pesadilla, me levanté con
vehemenciadeljergón,abrílapuertadelacabaña,cogíunbuenpuñadodenieveylafrotécontrami
adormecidorostro.
Maldije entre dientes en el acto, cerré dando un portazo y me senté frente al hogar. Eyra no
estabaensujergón.
Alimentéelfuegoconleñossecosyremovílasascuas,pensativa.Saberlacercadeél,utilizando
todassusmañasdeseducción,utilizandoasupropiohijoparatenerlocerca,merepugnaba.Ymás
cuandoellahabíasidounadelascausantesdequeyoperdieraalmío.
Me incorporé furiosa y caminé de un lado a otro. Mi mente bullía imaginando un sinfín de
situacionesentreellos:abrazos,mimos,caricias,gestosdulces,yaGunnarsumidoensubrumade
irrealidad,tomándolacomomehabíaposeídoamí.Loscelosmecorroyeron,yelrencorcontrael
hombre que me había arrebatado a mi esposo creció con tanta intensidad que tentada estuve de
buscarloyclavarlemidagaenelcorazón.
Mesorprendígruñendoeimprecando.Denuevo,mesentéeintentécalmarmisfogososánimos.
Justo en ese momento se abrió la puerta; un ladrido cortó mis pensamientos, y un cálido cuerpo
peludomesoliviantóconuncariñosolametazoenlamejilla.
—Muchacha, si te abocas más al fuego, acabarás dentro de él —me advirtió Eyra. Un viento
gélidoondulólasllamas,sometiéndolas,hastaquelapuertasecerródenuevo.
—Yaestoydentrodemipropiofuego—respondí—,yteaseguroquemeestádevorando.
—Pues apágalo antes de que te queme —rezongó, depositando un ganso desplumado sobre la
mesa—. Nadie sabe quién prepara el condenado brebaje —masculló contrariada—; he hablado con
lasmujeres,ningunatieneelsuficienteconocimientosobreplantas.
—Perodebedehaberunhechicero,unacurandera,alguienqueatiendalosmalesdelagente...un
reyrequerirácuraparasusdolencias—repliquéconfusa.
—DicenqueThorleifSpakeelSabioseocupadelasaluddelrey.Tendréquevigilarlodecerca,
enalgúnsitioguardarásushierbas.
GruñícomorespuestayacariciélacabezadeFenrir.
—Destripaeseganso,Freya,loasaremosenlalumbre—ordenóEyratajante—.Noquieroverte
ociosa,oacabaráscometiendoalgúndesatino.
—Losdesatinosdeotrossonlosqueestánacabandoconmigo,Eyra.
—Seacomofuere,túnoloscometas—sentencióconmiradaadmonitoria—.Y,ahora,voyen
buscadeThorleif;todospiensanquesoyunavölva,asíquenoseasombrarádequelepreguntepor
un hongo en cuestión. El tiempo nos acecha, Freya, no puedo permitir que partas a la batalla sin
asegurarmederestableceraGunnar.
—Si no consigues cambiar el filtro —murmuré sombría—, también podemos pedirle a Helga
queimpidaqueGunnarselotome.
Eyrafruncióelceñonegandoconlacabeza.
—Muchacha,esoespocoprobableestandoSigridcerca.Ellaeslaqueseloofrecepororden
delrey.
—¡Maldita!—masculléentredientes.
—AellatampocoleinteresaqueGunnaraclaresumente.
—No,claro,asípuedeseguirocupandounlugarquenolecorresponde—siseéfuriosa—,así
puedebuscardenuevounhijoquesíseadeél.
Aquel pensamiento, que surgió súbito como la chispa producida en un cruce de espadas, me
revolvióelestómago.
Eyramecontemplóconpreocupación,seacercóyapoyóunamanoenmihombro.
—Freya,guardalacalma,alejapensamientososcurosyconvéncetedequeprontoestaréisjuntos
denuevo.
Asentí,aunquemiinteriorhervíaconunamezclademiedo,furiayfrustración.
Cuando Eyra salió, saqué mi daga y abrí el ave con más fuerza de la necesaria. Extraje las
víscerasylaslancéalfuego,quechisporroteóalborozadoporsuinesperadoalimento;luegoensarté
elaveenunavaradehierro.Yameinclinabaparacolocarlavarajuntoalfuegocuandollamaronala
puertaconimpacienteinsistencia.
Melimpiétoscamentelasmanosyabrí.Detodaslaspersonasquenoesperabaencontrarfrentea
mí,aquellaquememirabacontantagravedadera,sinduda,lamenosimaginable.
—Tengoquehablarcontigo.
Yesquivándome,seadentróconpremuraenlacabaña.
Cerrélapuertaasimilandomiasombroydespertandotodosmisrecelos.
—Hola,Ragnhild—musitéconsequedad.
Los enormes ojos azules de la muchacha me repasaron lentamente, mostrando todo su
desagradoydesdén.
—Necesitounamerceddeti;acambioestoydispuestaaofrecerteotra.
Meacerquéaelladespacio,inspeccionándoladesconfiada.
—¿Yquépuedequererunareinadeunasierva?
Ragnhildsesentóenelbancofrentealfuego,sefrotólaspalmasdelasmanosenlosfaldones
de su hermosa túnica verde y desvió la mirada hacia el hogar. Su rostro se tensó, respiró hondo e
inclinóangustiadaelrostro;mechonesdoradosdesulargacabelleraocultaronsuperfil.
—Podría pedir a los dioses un cabello negro y unos ojos dorados, pero dudo que me lo
concedieran —comenzó a decir en un apagado hilo de voz—. Podría pedir a los hombres que te
arrancaranlavidayteenterraranmuylejos,perotambiéndudoqueesomeayudara.Y,trasmucho
meditar,sólohehalladounasoluciónamisproblemas.
Guardósilencio,imaginéqueparabuscarelcorajequenecesitaba.
—Necesitoquemeayudesacumplirmidestino—anunciófinalmente.
Cuando alzó el rostro hacia mí, vi en él tanta pesadumbre, tanto dolor y tanta súplica que no
pudemásquecompadecermedeella.
—Arduaempresa,jovenreina,pueseldestinolorigenlosdiosesyloluchanloshombres.Cada
unodenosotrossomoslosúnicosquepodemosforjarelpropio.
Labellareinanegóconlacabeza.Sumiradasenublóconlágrimascontenidas.
—Te odio, Freya —espetó y, a pesar de aquellas palabras, su tono fue tan desgarrado que me
conmovió—.Túteinterponesenmidestino,quenoesotroqueconcebirtodaunadescendenciareal,
tal y como predicen las runas. Si no lo consigo, mi rey y su pueblo acabarán desterrándome. —
Estrangulóunsollozoydenuevobajólamirada,escondiendoelrostrotraslaespesacortinadorada
de su melena—. Halfdan no consigue... despertar su deseo a mi lado... Y entonces, maldice, se
enfureceysaledellechopararumiarsupenaenjarrasdecerveza.
Cerrélosojosysuspirélargamente.Lapiedrademipecho,esaquesenegabaaabandonarme,
pesóeldoble.
—Nadapuedohacerporvos—repliquéconfrialdad—.Sécuántoloaguijoneamirechazoylo
que anhela de mí, pero sólo soy el capricho de un niño consentido y antojadizo. Confío en que el
tiempoyladistanciadiluyansuempecinamiento.
Clavóenmísucelestemirada,derramandoenellatodasuinquietud.
—Éseesprecisamenteelproblema,Freya,turechazo.
Lamiréconfusa,mefrotéelrostroymesentéenunabanquetafrenteaella.
—Necesitoqueloaceptes—anuncióconhondopesar—.Ynocreasqueestoquetepidoesfácil
para mí... pues, a pesar del poco tiempo que llevo junto a Halfdan, lo amo. Veo su sufrimiento, le
oigopronunciartunombreensueños,leveolucharbuscandoensuinteriorundeseoquenosiente
por mí, y rabiar de deseo por ti. —Hizo una pausa. Un hipido escapó de su garganta, como si las
palabrasquedeseabapronunciarseatoraranensuinterior—.Yo...guardolaesperanzadeque,una
vezquetetenga,unavezsatisfechosucapricho,logreolvidarte.Séqueesarriesgado,masnecesario.
Novoyanegarquetengomiedo,miedoaqueloquesientanoseasólodeseo.Séqueteadmirayque
ansíadoblegarte,perotodavíameagarrocondesesperaciónaqueesasemocionesnoescondanotra
cosa. Y te juro, Freya, que, incluso si descubro que te ama, me conformaré con ser su reina y la
madredesushijos.
—¿Loamáisyconsentísqueyazcaconotramujer?
Ragnhildsacudióenérgicalacabeza,laslágrimasescaparondesusojosyzigzaguearonporsus
mejillas;ensumiradabrilló,además,laimpotencia.
—Peoraún,queyazcaconunamujerqueparecetocarsucorazón.
Lajovensedeshizoenunagudosollozoysecubrióelrostroconlasmanos.
Observécómosushombrossesacudían,cómosupenalazarandeabaylarabiaquesentíahacia
Halfdansedesbordó,comounríocrecidoanteeldeshielodelasmontañas.
—Será mejor que busquéis otra solución, mi reina, pues no yaceré con vuestro esposo, tal y
comoélnomepermiteyacerconelmío.
Ragnhildselevantódelbancoycayóderodillasantemí,cogiendomismanosentrelassuyas.
—Teloruego—gimióllorosa—.Unareinasepostraatuspies,todounlinajedependedeti.
Me mantuve impasible; sin duda, ella era una víctima de aquel cuervo carroñero, pero yo era
otra.
Alzósuhermosoyaniñadorostrohúmedohaciamí.
—Teayudaréaliberaratuesposodelasgarrasdelmío—añadióexpectante.
Sostuve su mirada con gravedad. Tener a su reina de mi lado era una baza que no podía
desaprovechar.
—¿QuiénpreparaelbrebajequeemponzoñaeljuiciodeGunnar?
Nomepasóporaltolasombradeunasonrisaqueapenasiluminabasurostroconunatisbode
esperanza.
—Tedirécuantodeseessaber;juntasconseguiremosnuestrospropósitos—musitóirguiéndose
—.Estanocheacudealskáli,yodormiréenotrositio.
—No,noesnecesarioquebusquéisdóndedormir—murmuréasaltadadeprontoporunrayode
clarividencia.
Meobservócontrariada,sumiradaseoscureciódenuevo.
—Buscáisunhijo,¿noesasí?
Fruncióelceñoytragósalivaantesdeasentir.
—Yodespertaréeldeseodelrey,peroenvosrecaerásusimiente.
—Nologroentendertuintención—confesóintrigada.
Mepuseenpieylaenfrentéconunasonrisataimadaprendidaenmislabios.
—Estanocheloseduciré,ylotentaréajugar.Sécuántolegustanlosjuegosenellecho.Ambas
conseguiremosloquebuscamos,sinriesgosinnecesarios.
Suazulmiradameescrutóconextrañeza,peronadareplicómientrassedirigíahacialapuerta.
—No me importa compartirlo en el lecho —anunció con la puerta abierta—, pues sé que no
podéisengendrarhijos;encasocontrario,habríaordenadovuestramuerte.
Trasdeciresto,salióconportealtivoymiradatriunfal.
Un fulminante pensamiento me atravesó mientras cerraba la puerta... jamás debía subestimar a
unajovenreinadespechadaoestaríaperdida.
23
Entresueñosydolor
Gunnarcogiódelascaderasalamujerquedanzabasobreél.
ErasuFreya,puessucabellolargoynegroondeabaaltiempoquesucuerposearqueabapreso
delplacer.Yanosabíadistinguirlarealidaddelsueño,porqueamenudolossueñoserancasimás
palpablesquelarealidad,yélloprefería.
¡Cómonohacerlosienellosestabaella!
Sinembargo,sepreguntabaporquéyanovolvíaahablarledesdeaquellanoche,enqueincluso
soñó que la llevaba ante sus hombres. Aquel sueño, aunque desdibujado, persistía en su mente con
inolvidablesrecuerdosdeunanochedepasióndesatada.Casillegóacreerqueaquelloeraverdad.
Pero no, despertó en aquella conocida cabaña en Agder, junto a Sigrid y su pequeño Ottar. Y los
siguientes sueños ya no habían vuelto a ser iguales. En efecto, ella lo acariciaba y lo besaba, lo
excitabaylotomabacomosuyo,peroeradistinto.Élnosentíalomismo,apesardequesedejaba
haceryllorabamientraslesuplicabaquelehablaradenuevooquelollevaradeunamalditavezcon
ella al reino de los muertos. Pero, un día y otro, despertaba de nuevo en aquel mundo lóbrego y
marchito,unmundoenelqueellanoestaba.
Nada quedaba en él del hombre que fue; muerta la esperanza y la ilusión, no había nada en la
vidaqueloataraaella,exceptosupequeñoOttar.Llevabaelnombredesuhermano,aquelquehabía
fallecidohacíayatantotiempo.
Encuantoalacomplacienteydulcemujerqueloatendíatandiligente,esaqueodiaba,alaque
tratabacondesdeñosadesidiayalaquetolerabaporsuOttar,nosecansabaderecibirsudesprecio,
aguantandoestoicaundesplantetrasotro.Oalmenoslosqueconseguíarecordar.
Todoeratanconfusoensuvida...tansólolamuertelosubyugaba,lamuerteylosgorjeosdesu
hijo.Dormíademasiado,sesentíaapáticoymareado,nodiscerníalascruelesmañasdeLokidela
realidady,francamente,lasanhelaba.Losescasosmomentosdeconscienciaresultabantanhirientes
quehuíadeellosbebiendoelbrebajequeleofrecíaSigrid,casicondesesperación.
Yasítranscurríasulastimosavida,entresueñosydolor.
Cadanoche,Freyaaparecíaanteél,desnuda,yapesardenoverlaconnitidez,dequesusilueta
se difuminaba como el espectro que era, y de que su alborotado cabello oscuro cubría su rostro,
agradecíaqueseentregaraaélalejandoelfríomortalqueempapabasushuesos.
Sederramóenungruñidoy,apesardequeintentóretenerlaabrazándolacontrasupecho,ella
siempreconseguíazafarse,dejándolosumidoensollozosqueterminabanrindiéndoloalsueño.
Yestavezsussueñosfueronmáscruelesdelohabitual.Lavioaella,asuhermosaFreya,en
brazosdesurey;lovioaéldevorandosusdulceslabios,yunallamaestallóferozensupecho.
Sigridsequitólapelucaqueellamismahabíaconfeccionadoconlacrindeuncaballonegroy
setumbóensujergónplenamentesatisfecha.
Gunnar era suyo, como jamás imaginó que lo sería. Bien era cierto que tenía que recurrir al
engañoyaesabenditapócimaquediariamenteunmensajerolellevaba,peronoleimportaba.Ella
tenía un hombre, y no a uno común, sino al que había deseado desde pequeña, y su hijo tenía un
padre.Trastantossacrificiosdesangrealosdioses,trastantasintrigasypactos,sutesónhabíadado
susfrutos.HabíaperdidoasumadreenlamatanzadeSkiringssal,peroeraunprecioapagarporsu
triunfo.Sonrióanteelconvencimientodequesumadreestaríaorgullosadeella.Gunnarerasuyo.
Todoseguiríasiendoperfectoensuvida,sinofueraporquehabíadescubierto,debocadeInga
la Roja, que esa despreciable perra árabe seguía estando con vida. Habría de ser cauta e idear la
maneradeacabarconella.
Cerrólaspiernascruzandolostobillosyseacaricióelbajovientre.Estabaseguradequepronto
sucuerpoalbergaríaunnuevohijo,yestaveznohabríadudasobresuprogenitor.Yconeltiempo
abrigabalaesperanzadederribarlasbarrerasdeGunnar,ydeconseguiralmenosqueasumierasu
nuevavida,borrandodesumentesupasadoyaella.
HabíaenviadoaHedemarkaIngalaRojaparahaceraveriguacionessobreFreya.Noentendía
por qué había viajado hasta Agder para encontrarlo y se había marchado sin enfrentarlo, y no le
gustaba aquello. A buen seguro esa perra traicionera estaría tramando algo; resultaba de vital
importanciaaveriguarsusmovimientosparapoderanticiparseaellos.
Ya no contaba con los consejos de su madre, ni de sus fallecidas aliadas, Ada y Amina, pero
teníadesuparteaunreyyalosdioses,porquesindudahabíansidosusfavoreslosquelebrindaron
aGunnarenbandejadeplata.
24
Elinflujodeunaloba
Me adentré en el skáli avanzada la noche; caminé despacio, todo lo silenciosamente que pude,
cubierta por una gruesa capa de lana gris, la capucha sobre la cabeza ensombreciendo
intencionadamentemirostro,yarropadaportoses,ronquidosyrespiracionesacompasadas.Tansólo
iba armada con una fiera determinación y el pequeño ardid que había cosido a los bajos de mi
camisola.
Los espesos cortinajes corridos, de un marrón pardusco, ocultaban a la mayoría de los
durmientes,perootrosmuchoslohacíansobrelosbancosdelamesa,einclusosobrelalargamesa.
Distanciadas lucernas y un adormecido fuego del hogar apenas alumbraba los rincones, donde se
perfilabancuerposamontonados,cubiertosportupidasmantas.
Ojeé a izquierda y derecha mientras aceleraba el paso. Nadie debía advertir mi presencia allí.
Eraunriesgoqueteníaquecorrer,comoloqueestabaapuntodehacer.Noobstante,necesitabala
ayudadeRagnhildylanecesitabasinpérdidadetiempo.
Sentíaelpulsoaceleradoyunasterriblesganasdedarmelavueltayhuir.Meobliguéaavanzar
ymeprohibípensarcuandomeadentréenlaalcobareal.
Halfdan dormía boca arriba, con un brazo flexionado, y cubría sus ojos con el antebrazo. La
manta de pelo se arremolinaba en sus caderas, dejando su magnífico torso a la vista. El tenue
resplandordelhogarbañabasuspoderososmúsculosdeoro,remarcandosucuadradomentónyla
plenituddesuslabios.Eraunhombreimponente,fieramentemasculinoyapuestoy,aunasí,apesar
dequesuscualidadesfísicasresultabanatrayentes,supequetendríaqueimaginarquesusojoseran
verdes, y su cabello castaño claro. Incluso logrando tan ardua empresa, era probable que no
consiguierasolaparelagudorencorquemeprovocaba.
Asulado,unahermosayjovenreinaseincorporóabruptamentedelacama,mesaludóconuna
sonrisaaliviadaysaliódellechoconentusiastapremura.
—Ocupamilugar—pidió,cubriéndoseconunamanta—.Esperaréenlapartedeatrás,atentaa
tullamada.
Tan sólo asentí. Aguardé a que desapareciera por una pequeña puerta situada al fondo de la
estanciaymedirigíallecho.
Inmóvilfrenteaél,depie,medebatídenuevoconlosurgentesdeseosporescapardeallí.Me
mantuve ahí, observándolo, preparándome para lo que estaba dispuesta a hacer. Controlaba mis
latidos,mirespiraciónymismiedos,cuandoélabriódegolpelosojos.
Visorpresaensurostro,quemutócasideinmediatoenunagudorecelo.Semedioincorporóen
elactoysefrotólosojos.
—¿Eresunsueño?—inquirióconfuso.
Suvozgraveyroncallegóhastamíenapenasunsusurro.
—No—respondí—.Soytanrealcomoeldeseoqueveoentusojos.
Descubrímicabeza,ymedespojédelacapasindespegarmimiradadelasuya.
Mientrasaflojabaloscordonesdemitúnica,sentísusojosacariciándome.
—Veoqueporfinhasrecapacitado,loba.
Sonreíseductora;losojosdelreybrillaronanhelantes.
—Meapetecejugar,cuervo.
Halfdanalzóunacejasorprendido,sonriódemedioladoysusojosseprendarondelcordelque
deslizabaconintencionadalentitud.
—Juguemos,pues—aceptórelamiéndose.
Encogíloshombrosytirédelasmangashastaquelapesadatúnicarojacayóamispies.Una
livianacamisolaapenasdejabanadaalaimaginación;abríelescotelosuficienteparamostraruna
buenapartedemispechos.
Halfdanseacercóamíconmiradadepredadora.Porprimeravezmepreguntésiseríacapazde
manejarlaansiosafierezaquecontorsionabasuregiorostro.
—¡Porlosdioses,mujer,eldeseomequemalasentrañascomonuncaantes!
Se puso de rodillas en el lecho frente a mí, completamente desnudo y tan enhiesto como los
postesdelaentrada.Alargóelbrazo,atrapómicinturaymeciñóaélconimpacientehosquedad.
—Voyademostrartedeloqueescapazunrey.
Inmovilizó mi mentón y tomó mi boca con tanta urgencia, con tanta brusquedad, que me
sobrecogió.Sulenguaseimpusoalamía,rozándolaencírculos,succionándola,paladeándolacon
denodado delirio. Exploró cada rincón de mi boca, gruñendo en ella, conquistándola con tanto
ahínco,contantapasión,quesólofuicapazdedejarmehacer.
Cuandomeliberó,ambosjadeábamos.Suzaínamirada,nubladaporeldeseo,brillabaconuna
emociónquenosupenombrar.
—Cuando acabe contigo, loba —susurró con gravedad—, no querrás escapar de mi lecho, no
desearássalirdemisbrazosniansiarásmásairequeelqueteconcedanmisbesos.
Me tumbó en el lecho y se cernió sobre mí, acomodándose entre mis piernas. No sé si fue la
intensidad de su mirada, el atisbo de ardiente dulzura que traslucieron sus ojos o su hábil boca
depositandohúmedosbesosenmigarganta...unbeso,unamirada,yasídeformaalternativa,comosi
marcaracadapalmodemipielconsuesencia,comosiquisieraconquistaralgomásquemicuerpoy
mivoluntad.Nosébienquéfue,peromeestremecípresadeunhormigueoquemedesasosegó.
Sabíadespertareldeseodeunamujer,deesonomecabíaduda,puesmicuerpotraidoryaestaba
reaccionandoasuarteraseducción,yfueprecisamenteesaatracciónfísicalaqueentróenconflicto
contodoslosplanesquetraíaconmigo.Mehabíaprohibidopensar,yenesteprecisomomentoeralo
quemásnecesitabaparaenfriarmisánimosyobrarconjuicio.
Cuando el hombre atrapó uno de mis endurecidos pezones a través del delgado lino de la
camisola,ungemidoescapódemigarganta.Llevélasmanosasucabezayatrapéenellasoscuros
mechones de su abundante cabellera. Apreté los dientes negándome el placer que sentía. Halfdan
pasabadeunpechoaotro,mordisqueandoysuccionando,frotándolosrepetidamenteconsucálida
lengua, una lengua que estaba devastando todas mis barreras. Y, de repente, me apercibí de que
apretabasucabezacontramissenos,enlugardealejarla.Teníaquedeteneraquelloocaeríaenmi
propiatrampa.
Logré frenarlo tirando suavemente de su pelo. Halfdan me miró arrobado y abrió con
vehemenciaelescotedelacamisola,rasgandolasuavetela.
—Jamás sufrí en mis carnes la inmisericorde punzada del hambre, Freya, hasta que te conocí.
Sinembargo,ahoraquetetengoamialcance,estoyconvencidodequenomesaciarénuncadeti.
Posélaspalmasdemismanosensufornidopecho;percibíconclaridadcómoélseestremeció
anteelcontacto.
—Lanochequepresenciécómocomplacíasadosesclavasantemisojos,deseéparticipar,pero
elpudor,misrecelosymicondiciónmeloimpidieron—mentí—.Sinembargo,ahora...—Deslicé
los dedos por sus mullidos labios, dejando que apresara uno de ellos en su boca—. Ahora, deseo
compartirte.
A través del lujurioso fuego que irradiaban sus negros ojos, asomó un deje de asombro y un
atisbodeorgullosacomplacencia.
—Preferiríadedicarteestanochetodamiatención.Enotraocasiónsatisfarétusdeseos.
—No.—Sonreísensual,entornandolamiradaypasandointencionadamentelalenguapormis
labios—.Mehetomadolalibertaddeorganizaresteencuentro.—Girélacabezayexclaméentono
másalto—:¡Ragnhild!
Halfdan se envaró y, siguiendo mi dirección, descubrió a su gentil y joven esposa junto a la
estrechapuertaporlaquehabíasalidoinstantesantes.
—¿Quéarguciaesésta?—gruñóconfuso.
Abarquésurostroentremismanosylesonreímelosa.
—Es mi deseo —expliqué en un susurro sugerente—. Y sé que el tuyo, mi rey. Tenernos a
ambas,yambasconsentimosenello.
Alzó las cejas con asombro y dirigió una mirada a su esposa, que se acercaba a nosotros
desnudándoseacadapaso.
Eramenudaparaserunamujerdelnorte,perodeproporcionesexquisitas.Decremosaytersa
piel, pequeños pero lozanos pechos coronados por rosados y constreñidos pezones y piernas
bellamentetorneadas.Hermosaydotadadeesacandidezqueotorgabalajuventudylainexperiencia,
acentuadaporelrubordesusmejillas.
Cuandollegóhastanosotros,setumbóamiladoyacariciólamejilladesutodavíadubitativo
esposo.
PudevercómoHalfdansedebatíaentreeldeseoquelocorroíaylainesperadaintromisiónde
sureina.Intentabaasimilaresanuevasituación,asíquedecidíayudarlo.
Lo aferré de la nuca y atrapé su boca con ardorosa vehemencia. El hombre gruñó lascivo y
respondióconidénticofervor.Mecontoneébajosucuerpo,encendiendosudeseoy,cuandoliberé
suslabios,dirigísucabezahastaladeRagnhild.Éstasupoenelactoloqueseesperabadeella.Imitó
mibeso,removiéndoselujuriosayanhelante.
Cuando Halfdan se separó de ella, clavó la mirada en mí, devorándome con los ojos.
Acomodadoentrenosotrasdos,mientrasbesabaunodemispechos,acariciabaeldesuesposa.Era
unhombretanavezado,unamantetanexperimentado,quefuiincapazdenegarmeelplacerqueme
proporcionaba.
No pensé en nada, cerré mi mente a cualquier pensamiento perturbador, a cualquier juicio de
valor.Puesahora,aestasalturasdemivida,nadiemejorqueyosabíaqueloúnicoimportanteerael
fin,nolosmedios.Yanoeraunamujer,eraunalobasibilinaquedevolvíadentelladapordentellada,
queclavabasusgarrassinpiedadensusenemigos,queengatusaba,manipulabayutilizabasusarmas
sinremordimientosnidudas,sincompasión,nireparos.
MientrasbesabadenuevoaRagnhild,acercómicabezaaellos,obligándomecasiarozarcon
mislabioslamejilladelareina.Noesperabaquesesepararaparaempujarlabocadelamujercontra
lamía.Comotampocosupereaccionarcuandosentícómolalenguadelareinaentreabríamislabios
y,conexquisitadulzura,tanteabamilengua.
Me envaré incómoda, intenté revolverme, pero el muy rufián sujetaba nuestras cabezas
impidiendocualquierretroceso.Notélahúmedacalidezdelamujeracariciandomilengua,suavey
delicada,contanprolijadedicación,contanalmibaradotacto,quemesorprendió.Nosentípasión,ni
deseofísico,perotampocorepulsa.Aceptéelbesosinrespondercomodebiera,trémulayconfusa,
conunaamalgamadeemocionesdisparesycontrapuestas.
CuandonosseparóHalfdanylogréenfocarlamiradasobreél,nofueunhombreloquevi,sino
unanimaldesquiciadoydesgarradoporunapasiónqueloconsumía.
—He sido bendecido por los dioses —siseó en un susurro contenido—. Y ahora, loba, voy a
descargarentitodomipoder.
Yaseabalanzabasobremícuandolodetuveapoyandodenuevolasmanosensuférreoyagitado
pecho.
—Tómalaaellaprimero,mientrascontemplascómomepreparoparati—sugeríardiente.
Halfdanentrecerrósusbrunosojos,yfinalmenteesbozóunasonrisamaliciosa.
—Esta vez no escaparás de mí —advirtió artero—. Dejaré que veas el goce que voy a
procurarte;asíalimentarétusganas,ymerecibirásconelmismoanheloquemerompepordentro.
Apenas asentí, él se cernió sobre su esposa, que ya lo aguardaba con las piernas abiertas y
miradahambrienta.Ymedioincorporado,apoyadoenlasmanos,conlospoderososbrazostensosy
sus ojos devorándome, embistió a Ragnhild con tal brusquedad que la mujer emitió un grito
sofocado,enelqueflotóunlevematiztriunfal.
En cada embestida, su larga melena negra se agitaba ocultando parcialmente su rostro, pero,
entre las oscuras guedejas, sus ojos refulgían con una intensidad que me secaba la garganta.
Arremoliné mi camisola en torno a mis muslos, haciéndole creer que mi gesto era provocador y
ansioso. Pero, en verdad, sólo rebuscaba entre el bajo de la prenda la pequeña abertura por la que
habíaintroducidoeldiminutosaquitodesargaconaquellospolvosocres.
Raízdemandrágora,unpreparadoquesustrajedelospotesdeEyra.Recéparaquesurtierael
efecto inmediato que se le atribuía. Si no lograba arrebatarle la consciencia a Halfdan, él lograría
arrebatarmealgoquenoestabadispuestaaentregarleporvoluntadpropia.
Mearqueé,cerrélosojosygemí,hundiendounademismanosenmientrepierna,mientrascon
laotrasujetabafuertementeelsaquitoconelpreparado.Losturbiosojosdelhombremedevoraban
con una voracidad tan atroz que casi pude sentir sus manos en mi piel, su boca en la mía, y su
virilidadpenetrándome.
¿Era tan poderoso su deseo que lo percibía de modo tan tangible sobre mí? ¿Sería realmente
capaz de contener a aquel hombre que rezumaba tan abrumador anhelo? ¿Podría besar de nuevo a
Gunnarsinpensarenestemomento?Laúltimapreguntamesacudióconfuerzaylarepulsaqueno
sentíanteningunodemisrecientesactosmesepultódepronto.
EntrelosjadeosentrecortadosdeRagnhild,lossofocadosgruñidosdeHalfdanymisgemidos,
que ya casi eran lamentos incontrolados, supe de alguna manera que acababa de traspasar una
fronterademasiadopeligrosa,adentrándomeenunmundoinciertoyoscurodelquequizánosabría
escapar.
MisojosseencontraronconlosdeHalfdany,asaltadaporunimpulso,meerguíhaciaélylo
besé.Teníaqueasegurarmedequenosereservabaparamí.Enredémilenguaenlasuyaylafroté
con urgencia. Y, aferrada a su cuello, sacudida por sus embistes, sentí la inminente tensión del
hombre.
Clavélasuñasensuespalda,searqueóhaciaatrásygimiósuliberaciónenmiboca.Sedetuvo
todavía hundido en Ragnhild, pero sin dejar de besarme. Cuando logré separarme, el brillo de su
azabachemiradapusofinalmentenombreaaquelloquemenegabaacreer.
Sentídeseosdellorar,sentíelirrefrenableimpulsodesalircorriendodeaquelmalditolugar,de
gritaralanocheydemaldecireldía,peroencambiosonreí.
—Descansa,granrey—murmuréconfingidadulzura—.Aguardaréaquerecuperestuvigor.
Halfdan negó con la cabeza, dibujó una inclinada sonrisa ladina, se separó de su esposa y se
abalanzósobremí,obligándomeatendermedenuevoenelrevueltolecho.
—No,granloba,notendrásqueesperar,unosolodetusbesosresucitaríanaunmuerto.Estu
turnoy,porfin,elmío.
Alarmada y temerosa, manipulé torpemente entre los dedos el saquito, entreabriéndolo lo
suficienteparauntarlapuntademisdedosenelinterior.
—Tenemostodalanoche—susurréperfilandoconlaotramanosumarcadomentón—.Nonos
apresuremos,nosquedamuchoquejugar.
—Pero,estavez,seráunjuegosóloentretúyyo—musitórotundo.
Y haciendo un desdeñoso gesto con la mano, despidió a su joven reina, que me dedicó una
miradaindescifrableantesdeobedecer.
Loempujétraviesaparaganartiempoymovilidad,yconseguírodarsobreél,parainvertirlas
posiciones.Yahorcajadasencimadesuscaderas,metumbésobresupecho,mordisqueécoquetasus
labios,ymealcédenuevoparaobservarlo.Dejéqueseembebierademicuerpo;elescoterasgado
mostraba completamente mis senos, que capturaron toda su atención. Era justo lo que buscaba.
Cuandoalargólasmanoshastamispechosyloscobijóenellas,aprovechéparaacercarlasmíasasu
rostro.
—PorOdín,Freya,mesecaslagarganta.
Su tono fue acariciador, casi conmovedor. Mi nombre en sus labios, pronunciado de aquella
forma,comosipaladearacondeleitecadaletra,evaporócualquieratisbodedudarespectoaloque
albergaba su pecho. Era mío, sin yo pretenderlo, sin yo quererlo, sin ni siquiera soportarlo. Sin
embargo,lovaloré,ymucho;eramiherramientayyolamanoquelaempuñaría.
Noprestéatenciónasuprofundamirada,niasurespiraciónentrecortada,nialacontundencia
desuscaricias.Sólomecentréenpasarlayemadeldedountadaconelpolvoderaízdemandrágora
pordebajodesunariz.
—Dejaquebaileparati,mirey—susurréondulandolascaderasprovocadorasobreél.Intentaba
ganar tiempo, mientras escrutaba expectante su semblante. De nuevo, y con gesto casual, volví a
repasarsuslabios,depositandosutilmenteelvolátilpolvoamarillento.
Halfdan atrapó mis caderas y las afianzo contra las suyas. Advertí asombrada la palpitante
durezaquemostrabasudelirantedeseopormí.
—Temoacabaracostumbrándomedemasiadoatuscaprichos—gimióafectado—.Todocuanto
hacesmeatrapaentusdeliciosasredes.Sinembargohedeconfesarqueclaudiquéantetilaprimera
vezqueterobéunbeso.
—Permítemeentoncesquerobecuantodeseedeti.
—Me has robado ya tantas cosas que apenas queda nada de mí —afirmó con abrumadora
sinceridad—.Y,aunasí,quieroquesigashaciéndolo.Convertisteaunreyenunhombredesesperado,
yahora,despuésdeestanoche,esehombrepasaráasertuesclavo.Éseestupoder,loba,elinflujo
que te otorgaron los dioses para dominar a los hombres. Me rindo ante ti, a pesar de saber lo
dolorososquesontusmordiscos.
Ése era el poder del que me habló Rashid, hacía ya lo que parecía una eternidad. Entonces no
comprendí la magnitud de aquella revelación, pero ahora no sólo era terriblemente consciente de
ella,sinoqueactuabaenconsecuencia.
—Eresmío,HalfdanSvarteelNegro,delamismaformaqueyonuncaserétuya.
Sumiradaseoscureció,susdedosseclavaronenmiscaderasysugestosetorcióenunamueca
furiosa.
—No aspiro a poseer tu corazón, mujer —replicó con gravedad—, pero que desaparezca el
Valhallasihoynotomotucuerpohastaquedesfallezca.
Percibíunligeroenturbiamientoensumirada,sugestoserelajóyarrugóincómodolanariz.
Llevólamanoaellaylafrotóconinsistencia.
Lamandrágoracomenzabaaafectarlo.
—Tendrásmicuerpo,ynosotroslalibertad—lerecordé.
Los párpados empezaban a pesarle, los brazos cayeron laxos a sus costados y la respiración
comenzóasermáslentaypausada.Sinembargo,consiguióasentir.
—Acambio,perderélamía—susurrópesadamente.
Y,sinmás,sedesvaneció,sumidoenunletargosorprendente.
Salídelacama,recogímicapadelsueloymecubríconella.EntoncesllaméaRagnhild.
—Lavadle el rostro —le pedí cuando apareció de nuevo—, que no quede rastro del polvo
amarillo.Yhacedlecreerquefuisuya.
La mujer me observó demudada, con una pincelada cogitabunda titilando en su aniñado
semblante.
—Y,ahora,cumpliddeinmediatovuestrapartedeltrato,noquieropasaraquímástiempodel
necesario—exigí,componiendomisropajes—.¿Quiénpreparaelbrebajequebebemiesposo?
—ElOráculo—respondió.
Y, de repente, rememoré el intenso hedor que flotaba en la cabaña del Oráculo. Un aroma a
bosque, a humedad, ácido y pesado, y, tras esa capa almizclada, el inconfundible efluvio de las
hierbastratadas,deaceitososungüentosyderemediosmacerados.
Y,coneserecuerdo,megolpeólaúltimafrasedelanciano...—«Yahoramarcha,mujerloba;lo
últimoqueveréyadetiserántuscolmillos.»
Abandoné el skáli con un pregunta triunfal regocijándose en mi cabeza... ¿Desaparecería el
Valhallaesanoche?
25
Descendiendoalosinfiernos
Elfríoeratanintenso,tanafiladoeincisivo,comoelmordiscodeunanimalhambriento.Sufríasus
dentelladas ya no sólo en mi piel, sino hasta en mis huesos, como si los royera con inquina y
desesperación. Me calaba tan hondo, y tan pesadamente, como si me cubriera con una gruesa capa
empapadaque,ademásdeinmovilizarmeconsupeso,seclavarapocoapocoenmipiel.Eratalel
helorquemeembargabaquequemaba,conundolordifícildesoportar.
—Si sigues temblando así —comenzó a decir Asleif—, acabarás por morderte la lengua tan
fuertequecaerásobrelanievecomounpájaroherido.
—No...noesmilengua...loúnicoqueca...erá...sobrelanieve.
Asleifalzóunacejaymeobservóaconciencia.
—Vamos,estássudandoy,sitedetienes,tecongelarásdeltodo.
Alcé entre escalofríos la espada y me puse nuevamente en posición defensiva. Asleif dejó
escaparunarisitadivertida,negóconlacabeza,enfundósuespadayseacercócondescendientehacia
mí.
—No, Freya, hoy no entrenaremos más. —Miró hacia la brumosa cima de las montañas que
colindabanconelpobladoyfruncióelceño—.Estáhelando,yesprobablequeseacerqueotragran
nevada.Nosotrosestamoshabituadosaesteclima,pero,apesardellevartiempoaquí,turazaesotra,
ynosoportastanbiencomonosotrosestatemperatura.
—Megustaría...verteenToledoenplenoagosto—rezonguécuandomeechósucapasobrelos
hombros y me guio fuera del campo de entrenamiento—; hace tanto calor que hasta las chicharras
dejandefrotarlasalasparaabanicarse.
Asleifampliólasonrisa,aunquememiróconextrañeza.
—No sé qué es una chicharra, pero intuyo que se muere de calor. Aquí el único calor que
conozcoeselqueofreceunbuenfuego.—Hizounapausa,meguiñóunojoyagregó—:Yunbuen
revolcón.
Sonreíylamiréconrenovadointerés.
—Creíquelasskjaldmöeranpuras—repliquédevolviéndoleelguiño.
—Ylosomos,deahíelcalorpornopoderculminarunrevolcón.
Estavezsoltéunacarcajadaqueconsiguióalejarmomentáneamentelagelidezqueinvadíamis
miembros.
—¿Notepareceunanormaabsurda?—inquirí.
—Tantocomolavuestradellegarpurasalmatrimonio.
—Noeslomismo—contravineencogidabajolacapa.
—Síloes;aquíalmenoselegimosanuestrasparejas,ypodemosprobarlasantesdequedarnos
conellas.Ysinonosgustauna,elegimosotra.Vosotras,encambio,osentregáiscomomonedade
cambio, como mercancía con la que comercian vuestros padres, sin poder de elección, ni opinión.
Pasáis de ser objetos al uso de vuestras familias a objetos al servicio de un esposo. Yo elegí ser
skjaldmö,nadiemeloimpuso;ésaesladiferencia.
Antesuaplastanteexplicaciónnopudemásqueasentir.
En efecto, aquel confín del mundo, conocido por el resto como una civilización bárbara y
sanguinaria, poseía una de las sociedades más respetuosas con la figura femenina. Una figura
exactamenteigualaladelhombre,conlosmismosprivilegiosylosmismosmandatos.Unasociedad
libre, sin restricciones absurdas en cuanto a género, sin imposiciones éticas, ni sometida a la
constantevigilanciadeundiosintoleranteycensurador.Susdiosesapenasseentrometíanenlavida
de sus fieles, excepto para recibir sacrificios, todos dedicados a pedir algo de ellos. Sólo
manifestaban sus designios a través de las piedras rúnicas y de los vacuos ojos de los oráculos.
Diosesquenojuzgaban,nicastigaban;diosessinrepresentanteshumanos,sinley,nipalabra.Dioses
tanafablescomoiracundos,tandesmedidoscomosusgentesycontantasleyendasyaventurasqueno
había noche que no escuchara una nueva hazaña de Odín, de Thor, de Loki, de Balder, de Tyr, de
Freyr,deNiordydetantosotrosquehubierannecesitadovariasBibliasparaabarcarsusenrevesadas
gestas.
Cuando salimos a la explanada donde se alzaba el gran skáli, descubrimos varios alazanes de
guerra,nerviosos,piafandoimpacientes,atadosalpostejuntoalaescalera.
Asleiffijólosojosenelestandartequeondeabaclavadoenlatierra,yseenvaróalinstante.
—Sonmensajeros.
Ascendimos con premura la escurridiza escalinata y atravesamos ávidas de calor y de
conocimientolosgrandesportalones.
Enelinterior,serespirabamalestar,tensiónypreocupación.
Los hombres se apiñaban en torno al trono, en un círculo cerrado donde flotaban graves
susurros. Tres guerreros de aspecto fiero y expresión hierática permanecían de pie, cruzados de
brazos,aguardandoloqueparecíaunadecisión.
Enlosbancosdealrededor,lasmujerespreparabanlacomida,afanosas,peroexpectantes.
Asleif me condujo a unas banquetas cercanas al alargado hogar, donde humeaban calderos
colgantes,ymepasóunagranjarradecerveza.
—Entraencalor,Freya,estonopintabien.Rezaalosdiosespornotenerquepartirahora.
Mearrebujébajolasuavecapadepeloycontemplélasllamasdelhogar,sumidaenmispropias
inquietudes.
Eyrayasabíaquiénpreparabaelbrebaje,peroaquelancianoapenassalíadesucabaña.Nuestra
únicaposibilidadradicabaenlajovenmuchachaqueloayudabaconsusremedios.Ellaeralosojos
delanciano,yaelladebíamosembaucar.Ysóloconocíamosaalguiencapazdeprendaratodasla
muchachasdelpoblado.Hiram.
DeslicélamiradahaciaelapuestoguerreroqueconversabaconErik,claramenteofuscado.No
podíamospartiralabatallasinhaberliberadoaGunnardelasgarrasdelbrebaje,eraesencialaclarar
sumentecuantoantes.
Másalláenunadelasesquinasdelfondo,Ragnhildmaniobrabacondelicadadestrezaungran
telar; a su lado se encontraba su hermano Guthorm, el anodino chiquillo que apenas hablaba,
enfermizoysiempreausente,comosinodeambularaporelmundorealyqueestabaprestoapartir,
por deseo expreso de su hermana mayor, al día siguiente a su tierra, Stein, con el fin de que lo
instruyeranenelartedelasarmasyloenseñaranaserrey,comolecorrespondíaporderecho.
A través de la todavía escasa urdimbre, sentí su cerúlea mirada clavada en mí. Bajé la vista
incómodaybebíhoscamenteunlargotragoquesederramópormibarbilla.
—Noparecesunamujerdelnorte,perotieneslosmodalesdecualquieradenuestrosguerreros
—apuntóAsleifreprobadora.
—Ahoraesloquesoy.
—Ten cuidado, Freya; como sigas así, hasta es posible que se te hinche la entrepierna con un
buenpardepeludas...
Alcélamanoycasiescupíeltragoantelaocurrencia.Reprimíunacarcajadaantelainquietante
miradadeHalfdan,quesehabíapuestoenpieconexpresiónhuraña.Unhombrealtoydelgado,de
mediana edad, que había permanecido de espaldas a mí, giró el rostro hacia Halfdan lo suficiente
paraqueyoloreconociera.
Un sentimiento de repulsa feroz me asaltó, inmovilizándome. Un odio visceral comenzó a
quemarmisentrañas,haciéndolashervir.Unacóleradespiadadadesgarrómiinteriorcontalfuerza
quecasisentídesmoronarsecadafibrademicuerpo.
Trémula y pálida, me puse en pie, luchando contra el impulso de desenvainar mi acero y
alimentarloconlasangredelmásperrodeloshombres.
—Parecequeacabasdeverunespectro—murmuróAsleifconpreocupación.
—Peor,undemonio—siseéentredientes.
En ese preciso instante, el jarl Harald el Implacable, el miserable que me violó y golpeó, el
cobarde que casi mató a Gunnar a latigazos, el rufián que esquilmaba a sus hombres y devastaba
pobladosasupaso,siguiólamiradadeHalfdan,encontrándoseconmigo.
Mimanoaferrólaempuñadurademiespadaconfuerza.
La sonrisa pertinaz y complacida que me dirigió me provocó náuseas. Dedicó a Halfdan unas
palabrasaloído,yésteasintióquedo.
Thorffin, Erik, Ragnar, Hiram y Sigurd se dirigieron hacia mí, rodeándome a modo de
protección,perocuandoeljarlrecorrióellargopasilloyestuvoamialtura,mesalídelcírculoyme
plantéanteélconmiradaentornadayletal.Ignoréelrumoramiespaldayforcéunataimadasonrisa.
—Acaboderecordarquedejéunacenaamedias—pronunciéconacentuadodesprecio.
Lospequeñosojosazulesdelhombrereverberaronconunachispademaléficoregocijo.
—En cambio, yo terminé la mía —susurró acercando retador su rostro al mío. Esbozó una
sonrisatriunfalyserelamiócondetenimiento.
Deunmovimientovelozeimpulsivo,liberémiespadayapoyéelfiloenelcuellodelhombre.
—Adelante,malditaloba,queterminetuespadaloquetusdientesnoconsiguieron.
—¡Freya!
Halfdanavanzóagrandeszancadashacianosotros.Untensosilencioinundólaestancia.
—No,repugnanteperrocobarde,nosegarétuvidacontantamisericordia;elbesodemiespada
seríademasiadobenévoloparaloquemereces—escupíensusurros—.Cuandollegueelmomento,te
doblegarásdedolorymesuplicarásmorir.
Mesostuvolamiradaconferocidad,derramandosobremíunaletaníadesilenciosasamenazas
quesupeinterpretaralaperfección.
—¡Bajaesaespada,mujer!—bramóelrey—.¡Ofendesamialiado!
Clavémifebrilmiradaenelrey,asombradayfuribunda.
—Losdiosessoncaprichosos,loba,ahoralucharemosdelmismolado—mascullóHarald;su
tonoerizómipiel—.Aunasí,nobajeslaguardia,puedequedeseecenardenuevo.
Estirósusdelgadoslabiosenunasonrisacínicaydesagradable,enlaquerezumólapromesade
unpróximoencuentro,ymeesquivóprosiguiendosucaminohastalapuertadeentrada,seguidopor
sushombres.
Entonces,todavíatrémula,meencaréconHalfdan.
—¿Tualiado?—casigritéfuriosa.
Elreymefulminóconlamirada.Surostroseensombrecióconunpañoamenazante.
—¡Noteatrevasacuestionarlasdecisionesdeunrey,mujer.Noazucesmiiramásdeloqueya
lohaces!
—¿Tefíasdeeseperrotraidorymezquino?
—Eseperro,comolollamas,meofrecelacabezadeHakeelBerseker,yelfindelarevuelta.
Lafuriamesacudía.Mipechoseagitabaentrejadeossofocados,ymispuñossecerraroncon
frustracióneimpotencia.
—Eresunneciosipiensasquetedicelaverdad.
Depronto,Halfdanapresómibrazoymepegóasupecho.Lairatambiénbullíaenél.Sentísus
dedosclavándoseenmipielconbrusquedad.
Inclinó el rostro hacia el mío y, casi rozando su frente con la mía, me clavó sus oscuros y
rasgadosojosconacusadorencor.
—Sí, soy un necio —siseó en un estirado susurro—; ¿acaso puedes pensar otra cosa de mí,
despuésdelodeanoche?
Me soltó de un empujón que me hizo trastabillar hacia atrás. Tras una última mirada
admonitoria,mediolaespaldayseencaminóhaciasushombres.
Asleifcubriómishombrosconsulargobrazoymeatrajohaciaella.
—Estás cometiendo muchos desatinos, Freya, no tientes más tu suerte —me aconsejó en tono
apaciguador.
—¡Freya!
Unagranyorondamujer,decabellosdefuegoymiradaentusiasmada,casiseabalanzósobre
míymeestrujóconfuerzaentresuvoluptuosopecho.
—Hola,Inga.
Inga la Roja, con la mirada empañada y una sonrisa titilante de emoción, me cogió de los
hombrosymesacudiócomosifueraunfardo.
—¡Portodoslosdioses!Cuandomedijeronqueestabasviva,apenaspodíacreerlo.
—Lo está, de momento —musitó una voz reprobadora—; roguemos para que su necedad no
malogretodomiesfuerzo.
MevolvíparaenfrentarlaofuscadamiradadeEyra.
Conunrotundogestomeobligóaacompañarlahaciaunrincónapartado.Hiramhizoademánde
acompañarnos, pero Eyra negó furiosa con la cabeza. En ese momento advertí que el guerrero
esquivabahurañomimirada.
—¡Escúchame bien, muchacha estúpida! —imprecó entre dientes—. No hay mayor error en la
vidaqueabusardelaconfianzaenunomismo.Juegasconlossentimientosdeunreyfrustrado,yeso
nosóloestemerario,sinoquesevolveráentucontra.
—Estejuegonoloempecéyo—repliquéaltanera.
—Perohabrásdeacabarlo—advirtiócongravedad.
Buféfuriosa,ymefrotévehementeelrostroconlasmanos.
—Elrumorsehaextendidoportodalaaldea—murmuróEyra,lanzándomeunamiradacargada
dereproches.
—¿Dequérumorhablas?
—Anochetúmismatenombrastelanuevaamantedelrey.Ypeoraún...delareina.
Abrí los ojos con harto asombro; un incómodo calor prendió en mis mejillas, y un agudo
malestarmeinundócomounafríalloviznainesperada.
—Yo...no...
—Da igual lo que realmente pasara en esa alcoba —interrumpió Eyra tajante—. Lo único que
importaesloquetodoscreenenesteprecisoinstante,peronoesesoloquedebepreocuparte,no.Lo
quehadepreocuparteescómoreaccionaráGunnarcuandoseentere.Temosureacción,porque,de
todos los enemigos a los que se ha enfrentado, Halfdan es el más peligroso. Y tú pareces haberlo
olvidado.
—Todo —silbé entre dientes. El fuego reconcomía mis entrañas, estrujándolas con furiosa
impotencia—, todo cuanto he hecho, cada paso, cada palabra, cada mirada, ha sido para liberar a
Gunnar,paraacercarloamídenuevo.Y,óyemebien,estoydispuestaatodoporél.Nomeimportalo
profundoquetengaquedescenderalosinfiernoscontalderecuperarlo.
LamiradadeEyra,sabiayafectada,metaladróuninstante,enelcualmicorazónseasomóaun
abismoalquemeneguéamirar.
—Ya has descendido, Freya —susurró cogitabunda—, quizá demasiado. Espero que logres
ascender,peroloquerealmenteanheloesqueloqueencuentresenlasuperficiesealoquebuscas.
La anciana soltó el aire contenido casi con desidia. Hundió los hombros con profundo
abatimientoysealejóconpesadez,marcandoencadapasolapenaquelaacompañaba.
Punzantes lágrimas quemaban mis ojos, y cada fibra de mi cuerpo se crispó con una angustia
quemecerrólagarganta,agriandoelairequerespirabaencadatrabajosabocanada.
Oíunospasostrasdemí;supeaquiénpertenecían.
—¿Quiénhapropagadoelrumor?
MeencaréaHiram;ensumiradabrillóunahondadecepción.
—Ésanoeslapregunta—musitóélenunrasgadohilodevoz—.Lapreguntaessideverases
unrumor.
Algoimperioso,irascibleyenquistadoimpulsómimanohacialamejilladelguerrero.Maldije
aquelimpulsoinclusoantesdequemimanoterminaraelrecorridohaciasucara.LacabezadeHiram
giróenladireccióndemigolpe.Niyomismafuiconscientedeladurezaqueacababadeimprimir
contraél.
Loscelestesojosdelguerreroseoscurecieronenelacto,veladosporelasombro,unevidente
rencoryunaterriblecerteza.Fuelaúltimadesusemocioneslaquemáslamenté.
—Lo...siento...yo...
—Noesamíaquienhasdepedirdisculpas—sentenciócortante—,nisiquieraaGunnar.
Lomirésinentender;rebusquéenlaacusadoramiradadelhombreyencontrétantospuñalesen
ellaquehastayosentíaelferozrechazoqueleprovocaba.
—Esatimisma.
Aquellomesuperó.Sabíalacantidaddeojosqueenesemomentomecondenaban,elalcancede
cuanto susurraban, la maleficencia de sus juicios y la inquina de sus pensamientos, y, aun así, alcé
orgullosalacabezaylosfulminéconlamirada.
CuandovolvíadepositarlamiradaenHiram,unatrémulallamadeconvencimientoanimómi
semblante y reforzó mi determinación. No importaban los pasos, tan sólo el fin, y a aquello me
agarraba.
—En efecto, Hiram, sólo a mí conciernen mis actos, y puedo asegurarte que soy plenamente
conscientedeellos.Quizásusconsecuenciasnomefavorezcan,peroestoyseguradequeloquelos
haimpulsadoserálobastantegrandecomoparanotenerquejustificarlos,niantemí,niantenadie.
—Tearriesgasdemasiado—opinóconacritud.
—Cuandosehadecididoluchar,teexponesatodo.Yluchareslaúnicaelecciónquesemeha
brindado.
Una tibia sonrisa destensó sus facciones, a pesar de que la pesadumbre seguía empañando su
mirada.
—Esperoqueesaluchanoacabetambiéncontigo—murmuróantesdealejarse.
—Yotambiénloespero—pronunciéparamisadentros.
26
Unadecisiónentrehelechos
Aquella mañana, gélida y brumosa, acompañada por mi fiel Fenrir, practicaba con el arco con
denodadotesón.
Una y otra vez tensaba la cuerda de mi arco de madera de tejo. Apuntaba con extrema
concentración,ydejabaescaparlaflechahaciaelagujereadotroncodeunárbol.
Aquellarepetitivaprácticaafinabamipunteríayalejabafunestospensamientos.
Las espesas ramas de los arces se agitaban entre susurros, mecidas por un viento ruidoso y
caprichosoquemeobligabaareplantearlatrayectoriademislanzamientosunayotravez.Agotaba
lasflechasqueconteníamicarcaj,lasrecuperabayrepetíalaprácticasindescanso;nadainterrumpía
aquelproceder,nielhambre,nielfrío,nieldesánimo.
Eltiempourgía,eincongruentementeerajustoaquélloqueparecíaalargarsehastalalocura.
Elplanhabíaresultado.HiramhabíalogradoembaucaralajovenayudantedelOráculo,yEyra
pudo cambiar el pote que contenía las raíces y los hongos molidos por unos inocuos. Habíamos
decididoaguardarunasjornadasmás,antesdequeEyrasepresentaraenAgderfrenteaGunnarylo
pusieraensituación.
Misdeseosdevolveraverlo,deestarentresusbrazos,deamarlohastaconmiúltimoaliento,
erantandevastadoresquenecesitabamantenermeconstantementeocupadaparanoperdereljuicio.
Cuandotensabaconbrazofirmeygrácilmanejomiarco,unapresenciamedesconcentróyla
flechapartiósinrumbofijado,perdiéndoseentreagrisadasyhurañasnubes.Fenrirladróconfiereza
haciaunpuntoenconcreto.
Clavémimolestamiradaenunosinquietosojosazules,grandes,redondosyatentos.
—Sealoquesea,mireina,nocontéisconmigo.
Llevéelbrazoalcarcajcolgadoenmiespalda,extrajeotraflechayacopléelengarcedelastil
enlatensacuerda.
—Tetraigounanuevaquequizáteinterese.
Bajélentamenteelarco,respiréhondoylamirédenuevo.
Su larga y trigueña melena ondeaba tras ella; su hermoso rostro, de altos pómulos, barbilla
altiva,líneasregiasybocaexquisitamentetallada,semeantojóelretratodealgunavirgenquehabía
veneradoenminiñez.Noobstante,elmalicioso,aunqueefímero,brilloqueseintuyóensumirada
alejódesúbitoaquellaauracelestialqueacompañabasuporte.
Nosabíasiserconocedoradequeamenudolaperversanaturalezahumanapodíacobijarseenel
interior de criaturas en apariencia indefensas, lograría protegerme. Desconocía si haber sufrido en
carnepropialatraición,laintriga,laenvidiaylaobsesión,mealertaríaconlasuficienteantelación
decualquierataque.Loquesísabíaeraqueesgrimiríaladesconfianzacomoescudo,mecubriríacon
lacapadelaprudenciayenarbolaríalaastuciacomoespada.Y,armadacontancuidadaequipación,
medirigíhaciaella.
—Sielpagoporconseguirquesoltéisvuestralenguadirigemispasoshaciavuestroesposo,ya
osloadvierto:nomeinteresaenabsoluto—anotésecamente.
—Mi esposo me aparta cada noche de su lado, mi lugar lo ocupan dos esclavas. —Hizo una
pausa,tragósalivaycontinuóconvozestrangulada—.Estátanfuriosoporelengañocontigocomo
conmigo.Miardidnohaservidomásqueparaalejarlodemí.Dicequeahoranosoportatocarmesin
pensarenti.—Suvozseapagóenundébilsollozoquenoconmovióunápicemicorazón—.Yno
imaginas las cosas que llega a hacer por apartarte de sus pensamientos. Empiezo a pensar que ha
enloquecido.
—Miseñora,vuestraspalabraspasansobremícomoesteviento,conunasalvedad:nisiquiera
meacarician.
Ragnhild endureció el rictus y frunció levemente el ceño, molesta y ofendida por mi cruda
sinceridad.
—Noolvidesquesoytureina—recordócontirantez—y,aunquenocompartaellechodemi
esposo,sítengoaccesoaotrascosas.
—¿Comocuáles?
—Comoinformaciónsobretuqueridoulfhednar.
Enderecélaespaldaycontuveelaliento,intentandomostrarlamásfríaindiferencia.
—Osescucho.
Ragnhildnofuecapazdeocultarelsutilregocijoqueasomóasumirada.
—Dime,Freya,¿hastadóndeseráncapacesdellegartuspasosparasoltarmilengua?
Sostuvesuladinamirada,yenmifuerointernomecuestionéesapregunta.
Aquellamujererasagaz,despierta,ambiciosaytaimada;siconseguíagestaralhijodeHalfdan,
nomecabíadudaalgunasobrelaclasedereyqueambosforjarían.Eraindudablequegozaríadelas
virtudes necesarias para unificar todos aquellos belicosos reinos del norte, como vaticinaban las
profecías.
—Desconozco la magnitud de esa información para arriesgarme a dar algún paso —respondí
conaparenteseguridad.
—Puedo adelantarte que tu suerte comienza a mejorar. A mi parecer, eso se merece que seas
piadosaconmigo.
—Dependedealoqueosrefiráisporpiedad.
La reina dibujó una sonrisa relamida, se inclinó ligeramente y acarició con mimo la enorme
cabezapeludadeFenrir.Elanimalsemantuvoinmóvil,peroalerta.Algoenellanoleagradaba.
—Acompadecerteporhaberhechizadoelcorazóndeungranrey,ydeprivaraunareinadesu
vástago.
—Noosatreváisaculparmedevuestrasdificultades,señora.Sienvuestrovientrenogermina
semillaalguna,recordadqueunaseplantógraciasamí.Ysivuestroesposoaquejaunhechizo,yale
ofrecíelfiltroadecuadoparacurarse.
Meobservóinquisidora,sugestoseoscureció.
—Alejarmedeél—respondíasumudapregunta.
La reina negó suavemente con la cabeza; casi me sorprendió ver un atisbo de congoja y
sufrimientoensusemblante.
—Sitealejaras,élteseguiría.Y,créeme,aborrezcoconfesarteesto.
Cerrélosojos;unpesoinvisible,perotanopresivoqueencorvómiespaldaydejóescaparun
resuellodemigarganta,seinstalóenmí,comounacargamásatodaslasqueyaafrontabaadiario.
—Yyoaborrezcosabereso.
—Seacomofuere,mivientrerequieremássemillas,ytufuturo,másluz.Y,poralgúnextraño
designiodivino,nuestrosdestinossehancruzado.
—Novoyavolveravuestraalcoba—afirméconcontundencia.
—Ynoesloquetepido.
—Concretad,entonces—exigí,cadavezmásimpaciente.
—Tepidoquelotratescondulzura,conbenevolencia,quesuavicessucarácter,noquecedasa
supasión.
El viento silbó entre el frondoso ramaje, como un pájaro de mal agüero. De repente, un
escalofríomerecorrió,meabracéamímismaylacontempléconfrancoestupor.
—Nologroentendervuestrapetición—confeséconfusa.
Ragnhildllenóelpechodeaireconevidenteincomodidadyasintió;másparaconvencerseaella
misma,supuse.Entonces,advertíqueaquelloquemepedíalesuponíaunduroesfuerzo.
—Hazlecreerquecedesasuconquista,quesucumbesasusencantos.Esperará,seacercaráati,
no te forzará, lo sé. —Desvió la mirada; sus ojos brillaban afectados—. Y lo sé porque, aunque
anhelatucuerpo,anhelamuchomástucorazón.
El aire a nuestro alrededor crepitó ante la tensión que nos envolvió en su abrazo. Y en aquel
preciso instante, todavía envuelta en la capa de la prudencia, bajé el escudo de la desconfianza y
enfundélaastucia,dejandoasomarunnuevoelementoacuantoportaba,lacompasión.
—Deseáisqueloseduzcayquefinjadejarmeseducir...¿Yenquépuedeesofavoreceros?
—Mientrasteconquista,suánimoysuesperanzacrecerángraciasatu...buenadisposición...Él
acudiráamíenellecho,aunquemetomeimaginandoqueerestú.
Aquellapeticiónerasindudadesesperada.Apenasllegabaaconcebirmínimamenteloduroque
debíadeserparaella,dependertantodealguienaquienenvidiabayodiabaenigualmedida.
—Y,ahora,quierosaberenquémebeneficiaamí.
Ragnhildvolvióacentrarlaatenciónenelperro,antesdeenfrentarme.
—Mi más ardiente cometido es reunirte con tu esposo, pero, mientras tanto, y por muy
humillantequeseaparamíaceptarestasituación,tendréquemanejarmiposiciónsacandodeellael
mayor provecho posible. Si pasan más lunas sin que logre dar vida a la descendencia de Halfdan,
acabarádesterrándome,enelmejordeloscasos.Ayúdameyyoteayudaré,nohayartimañaalguna
enmiofrecimiento.
Guardé silencio, meditando sobre aquello. ¿Cuánto más habría de bajar a los infiernos para
recuperarlo?,mepreguntéangustiada.
—De acuerdo, daré algunos pasos hacia vuestro cometido, pero antes desvelad ya la luz que
tantonecesito.
—Esaluzesunadecisiónquepongoentumano.Hazloquemejorconsideresconella.
—Asíloharé—concedícadavezmásinquieta.
—El hijo de tu esposo ha caído gravemente enfermo. Tengo entendido que Gunnar está
desesperado.Sielniñomuere,serámásfácildesvincularloaéldelamadre.Sivive,teserádifícil
arrancarlodesuvida.Puedequeteamemucho,peroelamorqueunhombresienteporsuvástago,
esesentimientodeorgullo,desatisfacción,deplenitud,esdifícilmentesustituible.Ymásalladode
una mujer que nunca podrá proveerlo de descendencia. La sangre, Freya, es el más fuerte de los
vínculosterrenales.
Aquellaspalabrasreavivaronunadagaqueyateníaclavadapormipropiopuño.Unadagaque
sehundióenmipecho,cuandoloviacunandoaaquelbebé.
—EsposiblequenoseahijodeGunnar.
Yentreaqueldolorrancioeinsidiosoquedespertaba,lacompasión,estavezdirigidaamí,se
sumóalainmensatristezaqueyacampabaconindolentesolturaenmiinterior.
—Seaono,yaloesensucorazón.
Ladagasehundiómásenmí.
YrecordéaquellavezqueGunnarmenarróanécdotasdesumadre,lamujerquelocrio.No,no
importabatantolasangre,cuandoseestrechabaentrelosbrazosaquiensetomabaporhijo,puesel
amorhacíaelresto.Ynounamorcualquiera,sinounolosuficientementegrandeinclusocomopara
compensaresafaltadelazossanguíneos.
ParaGunnar,erasuhijo,yyo,apenaseracapazdeimaginarsusufrimientosielniñomoría.
Ladagagiróymeatravesóelcorazón.
—Túpuedessalvarlo.
Lamirétrémula,angustiada,conlamiradanubladayelpechoconstreñido.
—¿Có...cómo?
—Sé lo que le ocurre al niño; a la segunda esposa de mi padre le sucedió lo mismo con su
primerhijo.Toscontinua,altastemperaturas,manchitasrojasenlapiel.Unacuranderaquenosvisitó
poco después de enterrar al pequeño nos explicó que ella conocía un remedio, un hongo muy
delicadoque,trituradoymezcladoconunainfusióndemelisa,hubierasalvadolavidadelpequeño.
Sédóndecrecenesoshongos.
—Quieroalmenosintentarsalvarlo—declarédecidida.
—¿Apesardesaberaloqueteexpones?
—Yonoimportoahora;lavidadeeseniñoylafelicidaddeGunnarsonloúnicoqueimportan.
Creíverundejedeadmiraciónensumirada.Lagravedaddesusemblanteyunalevemuecade
conformidadmellevaronaseguirla.
Caminéunbuentrechotrasella,ensilencio.Acadapasodejababrotarmidolor,acadapasose
abríaunpocomásesapuertaquenuncallegóacerrarse.Esapuertaquenosofrecíalaposibilidadde
deambular en vidas separadas, en mundos distintos quizá, si yo decidía alejarme, dándole la
oportunidad de ser padre, de olvidar, de volver a empezar, de dejar atrás un doloroso pasado. Me
detuve; los sollozos estrangulados se acumulaban en mi garganta ante la imagen de Gunnar lejos,
muylejosdemí.¿Podríasoportaresavida,inclusoenmiqueridaToledo,arropadainclusopormi
madre,porlosmíos,siacasoseguíanestandoparamí?¿Podríavivirsincorazón?¿Podríarespirar
sintenerlocerca?¿Podríasoportarestarenunmundodelqueélnoformabaparte?
Sabíalarespuestay,poreso,todomicuerposeagitódedolor.
Cuandolajovenreinasedetuvoalpiedeungranabetoymemiró,yoyaestabaembargadaen
unsilenciosollanto.
—¿Tengotupalabra?
—Latenéis—respondí—,escuantomedejanconservar.
Seagachóy,apartandobrillantesyfrondososhelechos,memostróunrodaldehongospálidos,
cubiertosporunaespeciedevelloextrañoyblancuzco.
—Sólo hay que aplastarlos y extraerles el jugo —explicó mientras arrancaba uno y me lo
ofrecía.
Tansóloasentí,mientrasmecontemplabacondetenimiento.
—Permitequetepidadisculpas.
Sostuvesuperspicazmirada,impávidaycontenida.
—Poratrevermeacompararmisufrimientoconeltuyo—añadióconmovida—.Nadadeloque
yohayavivido,oquizádeloqueviva,creoquepuedasuperareldolorquedesgarraturostroeneste
instante.
—Entonces,señoramía—musité—,esporqueniamáisniamaréiscomoyolohago.
Ragnhild agrandó los ojos y me contempló un largo instante, quizá asombrada, quizá
decepcionada,otalvezagradecida.Nolosupe,tampocomeimportó.
Arranqué varios hongos, y le di la espalda alejándome de ella. Caminé erguida, aunque mi
interior se desmoronara ante cualquiera de las posibilidades que se me presentaban. Me permití
llorar, pero sin recrearme, sin abandonarme a los sollozos. Pues por algún motivo supe que, si
bajabaesabarrera,nopodríadetenerlos.
QuizáEyranuncamesalvara,pensé;quizáseguíamuerta.No,medijedeinmediato,lamuerte
nopodíadolertanto.
27
Enlasenamoradasgarrasdeldestino
Comíaensilencio;elambienteamialrededorresultabatanapáticocomomiánimo.Nosupesiquizá
fuemipresencialoqueoscurecíaelceñodeaquellosquecompartíanmimesa,olainminentebatalla
queseacercabaabriendosusnegrasalas,comolasdelcuervoquedesdesusitialmeobservabacon
tantaavidez.
Hiram conversaba soterradamente con Valdis. Me animaba saber que habían enterrado
animadversiones, y que los comenzaba a unir una incipiente amistad. Thorffin había marchado a
Agder,paraestarelmayortiempoposibleconsuesposaHelga.ErikyRagnardeseabanestarjuntoa
Gunnar.YEyranodudóenacompañarlosconmisindicacionessobreelpreparadoqueportabayque
podría salvar la vida a ese niño. Ardía en deseos de ofrecer a Gunnar todo el cariño que había
mantenidoescondidodentrodeelladesdequeloengendró.
Gunnar estaría en este momento rodeado de aquellos que lo amaban y, aunque esa certeza
soliviantabamicorazón,tambiénmesusurrabamaliciosaquenomenecesitaba.
Rogabadeformaincesanteporlavidadesuhijo,deseabaconfervorsurecuperacióny,silos
dioses me hubieran pedido alejarme para siempre con tal de salvarlo, lo habría hecho con total
convencimiento.Sinembargo,mimisióneraotra.
Mastiquédespacio;apenasreparéenlaconversaciónquemanteníanJorundelGruñónySigurd
elDuende,sobretécnicasdecombate,apesardequeseesforzabanporincluirmeenella.Traguéel
últimobocadoymepuseenpieparallenarlajarravacíadecerveza.
Rumbo a la gran tinaja, clavé los ojos en Halfdan, intencionadamente, y le sonreí comedida,
aunquecondulzura.
Aquelgestofuerecibidoconunaexpresióndeasombroyconfusiónbastanteburlesca.Cuando
logrórecomponersusorpresa,meregalóunsemblantedesconfiadoyhuraño.
La única manera de conseguir engañar a un hombre tan ladino como él era siendo sincera. Y,
parapoderserlo,tuvequebuscardentrodemídosemocionesqueapesardetodohabíansurgidopor
él.Lapiedadylacompasión.
Yomejorquenadieconocíalamarcaquedejabaeldespechoyeldesamorenelcorazóndeun
hombre. Era indudable que, para un rey, para alguien que lo había obtenido todo en la vida, que
rezumabapoderysabiduría,quenocreíaenimposibles,paraquienlaambiciónyelcontroleransu
estandarte,toparconalgoquenopodíamanejar,quenopodíaconquistar,quenisiquierapodíarozar,
lotendríasumidoenunasufridaimpotencia.
Eratanfácilversusufrimiento,tansencilloadivinarquehabíaentregadocontrasuvoluntaduna
parte de él... una parte, además, que ni siquiera creyó poseer, que incluso lograba conmoverme. El
hechodequenotomaraporlafuerza,aunquesílointentaraconargucias,aquelloquetantoansiaba,
me inspiraba también un leve deje de respeto por él. Desconocía si aquellos sentimientos recién
descubiertosmeayudaríanenmiempresa,loquesísabíaeraqueutilizarlosmedejabaenmuymal
lugar,definiendo,paramicompletomalestar,lamujerenlaquemeestabaconvirtiendo.
Llenémijarrayluegolaalcéfrenteaél;lascomisurasdemislabiosseelevaronquedamente,
enunguiñocasicómplice,yentoncesbebíasusalud.
Sus ojos se iluminaron, resurgiendo en ellos una esperanza moribunda. Sostuve su penetrante
miradaantesderegresaramimesa.PorlaexpresiónacusadoraquemedirigióHiram,supequeno
habíapasadoinadvertidomigesto.
—Brindemosporeldestino—propuse—,esequenosmanejaasucruelcapricho.
Diunbuentragoypermanecíensilencio,ausentedetodo...intentandocerraresamalditapuerta
por la que escapaba mi sosiego. Ignoré las pertinaces miradas de mis compañeros de mesa, y me
asentéenunadecisióncadavezmásabrumadoramentepunzante.
Gunnar,Gunnar,Gunnar...nopodíadejardepensarenél,encómosesentiríaeneseinstante,en
aquelpequeñoenfrentándosealamuerte,enloqueocurriríaapartirdeahora.Ylasganasdecorrer
asuladocomenzaronadevastarme.Sentíaquemefaltabaelaire,quemesofocabaymemareaba.
Teníaquesalirdeallí.
Cuandomepuseenpie,Hirammeimitó.Susemblantemostrabasuprofundapreocupaciónpor
mí.
—Temoquehebebidodemasiado,necesitodespejarme—argüíamododeexplicación.
—Teacompañaré—seofreciósolícito.
—No,noesnecesario,tambiénprecisoestarsola.
Todosmeobservaronconlamismaexpresiónensusrostros:inquietud.
—Notealejesmucho,elbosquedenocheestraicionero—recomendóSigurd.
—Fenrirmeacompañará,nonecesitomásguardiánqueél.
Mecubríconmiespesacapadepelodenutria,chasqueélosdedosyelgranperrolobosalió
trasmispasos,fueradeaquelgranskáli.
Salimosalagranexplanadacircular,quesebifurcabaendiversosramalesdelosquesurgían
callejuelassalpicadasdecabañascontechodeturbayparedesdepiedracaliza.
Laluna,radianteymajestuosa,pincelabadeplatacadarelieve,iluminandolanoche,dotandode
magiacadarincóndelpobladoyguiandomispasoshastaelbosque.
Desconozcoquémellevoaadentrarmeenél,sóloséquemellamabansusgrandesárboles,sus
susurranteshelechos,susaligustresapretados,suspuntiagudosmontículosrocosos,sussonidos,su
perfume y su misterio. Como sí allí, en lo profundo de su vasta extensión, fuera a encontrar las
respuestasquebuscaba.
Abrazadaamímisma,caminésinrumbo,contemplandocómomiresuelloseelevabaenvolutas,
cómolosbúhossaludabanmispasosycómounengañosoletargodespertababajomispies.
Y ante mí, en un claro despejado, una roca en la que refulgía la luna llamó mi atención. Me
dirigíhaciaellaymesentéensuplanasuperficie,suspiréyaguardécomosiaquelbañodelunaque
meacariciabafueralafuentedeconocimientosquetantoansiaba.Bajoaquelnacaradohalo,cerrélos
ojosyalcélacabezahaciaelcielo.
«Gunnar,Gunnar,Gunnar...¡Oh,Dios...cuántoteamo...quizádemasiadoparaseguirhaciéndote
sufrir...!»
Loimaginédetrásdemí,cerrandolosbrazosalrededordemicuerpo,apoyandoelmentónen
mi cabeza, estrechándome tan fuerte que incluso dejé escapar un suspiro de puro alivio y sentí el
impulso de reclinarme contra su pecho. Lo sentía tan cerca, tan presente, tan real, que no me
sobresaltécuandooípronunciarminombre.
—Freya.
Inspiréprofundamenteantesdeabrirlosojos.Reconocídeinmediatoesavoz,aunquesutono
eradistinto,nuevoparamí.
—Noparecesdeestemundo.
—Quizánolosea—respondíenunhilodevoz—,quizánuncalofui.
Halfdanemergiódeentrelassombrasyatravesóelrodal;lalunaloiluminócontantaclaridad
que pude interpretar a la perfección el brillo de sus ojos. En verdad me miraba como si fuera una
criaturamística.Sehallabaimpresionadoyabrumadopormipresencia.
—Talvezporesonologroarrancartedemispensamientos.
Clavélosojosenlossuyos,recibiendodeelloslamagnituddeloquesentía.
—Quizánolointentaslosuficiente.
—Otalvezlointentedelamaneraequivocada.
—Es posible —musité—; quizá intentando amar a tu esposa resulte más fácil de conseguir.
Quizáunhijocentretuspensamientosenelcaminocorrecto.
Suspiróruidosamenteysacudiólacabezacomodesechandounapropuestavacua.
—Todoesposible,loba.Peroavecesuncuervoseobcecaenelmásbrillanteanillodeplataque
hayavistojamás,ytodolodemáspierdeintensidad.Avecestambiénocurrequetomasunrumbo,el
que sabes adecuado, pero, cuando lo recorres, comprendes que ese sendero marcado no es el que
esperabas. —Dejó escapar el aire contenido con visible esfuerzo; su voz se apagaba—. En ese
momento,compruebasquetuspiessedetienentercamenteytucorazónteobligaadarlavuelta.¿Qué
hacerentonces?
Mesumergíensumirada,permitiendoquemicompasiónycomprensiónloarroparan.
—Imaginoquelomássensatoesdarlavuelta,guiarteporelcorazónycomprobarportimismo
que,pordesgracia,esesenderoqueanhelasnoconducealugaralguno.Sóloasípodrásreconducir
nuevamentetuspasoshaciadondedebenestar.
—¿Ysi,aunsabiéndolo,eresincapazdesalirdelcaminoquehaelegidotucorazón?
Sudesgarradoraexpresión,tensayesperanzada,meconmoviómásdeloquehubieradeseado.
—Lo correcto es dejarse guiar por el corazón, hasta que se convenza por sí solo de que está
equivocado.
—El corazón nunca se equivoca —afirmó afectado—; que ese camino no sea para mí, no
significaquenoseaeladecuado,elúnicoquemeharíafeliz.
Bajélamirada;cadarespiraciónquemabamipecho.
—Halfdan...—susurréconvozestrangulada.
—Nosoyunnecio,séquenopuedorobartucorazón—murmuróentonoenronquecido.Apresó
mibarbillaylaalzóbuscandomimirada—.Noobstante,quesepaquenopuedesamarmenoimpide
queyolohaga,yloquemásmesorprendedescubriresquesoycapazdeconformarmeconlopoco
quequierasdarme.
—¿Conquéteconformarías?
Deslizó la mirada por mi rostro, absorbiendo cada detalle, deteniéndose en cada proporción,
embebiéndosedeélcontalintensidadquemesecólagarganta.
—Conunasonrisa,conunamirada,conunaconversación,quizá.
Nopudeevitarsonreír,aunqueconacusadatristeza;elhombreimitómigesto.
—Peroahora,Freya,necesitounbesoomorirédesed.
Ycuandoseinclinabalentamentesobremí,descubríqueyotambiénlonecesitaba.
Los tibios y suaves labios del hombre rozaron los míos con extrema delicadeza, como si me
acariciaran las alas de una mariposa, como si me rozara una tímida brisa primaveral, como si los
cosquillearalalevedaddeunapluma.Meestremecí.
Volvióatanteardeformahuidizayesquivaelbeso,comosipidierapermiso,comosillamara
coninseguridad,contanemotivayexquisitaentregaquemesobrecogió.
Aquellainusitadadulzuramecalóporloinesperada.Resultabainconcebiblequeunhombrede
sucondiciónycarácterlograraimprimirtantaternura,tantorespetoytantadedicaciónenunsimple
beso.AquelqueposabaloslabiossobrelosmíosnoeraelHalfdanqueconocía,yesesimpledetalle,
unidoaminecesidaddecalor,decariño,abrieronmibocaparaél.
Seintrodujoenelcálidoyhúmedointeriordemiboca,tembloroso,afectadoyagradecido.Su
lenguabuscólamía,perosinurgencia,sinpasión,sinimposiciones,contanconmovedoraternura
quemedejéllevarporcadasensación.Y,derepente,susbrazosmeabarcaron,ciñéndomecontrasu
pecho,perocomounaprotectoraavearropandoasupolluelo.Aquelcalor,aquelrefugio,fundieron
misdefensas,misrecelos,mismiedosymifrío.
Enesebesoelhombrevolcócuantosentía,abriendolaspuertasdesucorazón,yeltorrenteque
fluyófuetanintenso,tanabrumador,quesentíganasdellorar.Buscabaenmíalgoaloqueanclarsu
esperanza,unasideroalqueagarrarseensucaídaalvacío,unhazdesvaídoqueabrieralaoscuridad
enlaquesehallabasucorazón.Yyosabíaquenadahallaría,puesmipechoestabadesierto;miser,
exiguo,ymidestino,muylejosdeél.
Sentílágrimasenmismejillas,ynopudedescifraraquiénpertenecían.Halfdanseestremecía
trémulosobremí,liberandosusemociones,aceptandosuderrota,ahogandosupenaenmiboca,y
yo...yosólollorabapornoestarenotrosbrazos,porsercausantedetantatragedia,yporlamaldita
decisiónquecrecíadeformapaulatinaenmiinterior.
Cuandologrósepararsedemí,nomeocultósusilenciosollanto,tampocoyoelmío.Alcépoco
a poco un brazo y acaricié con exquisito mimo su mejilla rasposa y oscurecida por una barba
incipiente.Anteaquelcontacto,elhombrecerrólosojosysuspirósufridamente.
—Freya...daríamividaymireinoporti—comenzóadecirenundesgarradohilodevoz—.
Sacrificaría mi descendencia y renegaría de mi destino. No logro imaginar qué hizo Gunnar para
robartucorazón.
Aspiréunagranbocanadadeaire,luchandocontralossollozosquepugnabanporsalir.
—Gunnar renunció a su propio corazón por mí. Me abrió su pecho desde el principio,
demostrándome,encadaacto,unamortanpuro,taninmenso,tangenerosoytansacrificadoquele
entregué el mío incluso antes de ser consciente de ello. Estamos unidos más allá de la muerte, del
destino,delossiglosydelosdioses.Nosé...siesmipresente,peroséqueesmifuturo.Quizáen
otrotiempo,enotravida,enotromundo,porquesoymássuyaquemíaysiempreseráasí.
Elnudoestranguladodemigargantasedeshizoporfinenunsollozograve,profundo,queme
desgarrópordentro.
Halfdanmecobijónuevamenteentresusbrazos,sofocandomissollozos,consolandomidolory
asimilandoelsuyo.
—Maldigoalosdioses—profiriórotundo—pornoserél.
Metomóenbrazos,meestrechóconfuerzaymellevóconél.Apenastuveconscienciadeque
salíamosdelbosque,dequelalunailuminabacómplicenuestrapena,ydelextrañovínculoquehabía
nacidoentrenosotros.
MecondujoensilencioalacabañaquecompartíaconEyra,ymedepositóenelsuelofrenteala
puerta.
—Saberquenopuedotenertemehaceamartemás—susurrógrave—,peronoporquenoestésa
mialcance,sinoporlaprofundidaddetuentrega,portulealtad,yportucorazón.
—¿Porqué?—inquirí,escrutandosucompungidorostro—.¿Porquémeabrestucorazón?¿Por
quéhasdecididoserfranco,dulceycomprensivo,sisabesquenohaymododeconquistarme?
Indagóenmimiradauninstante,ypareciómeditarsurespuestaantesdesuspirarderrotado.
—No diré que me he cansado de pelear, porque no es cierto. Tampoco reconoceré que tu
sagacidad supera en ocasiones la mía. —Hizo una pausa que aprovechó para esbozar una sonrisa
veladayotrosuspiro,éstemásfrustrado—.Laotranoche...cuandocasitetuve,cuandodespertécon
un terrible dolor de cabeza, cuando fui incapaz de rememorar nuestra culminación, supe que me
habíasenvenenadoconalgunahierba.Yentonces,apesardelacóleraquemedespertaste,comprendí
unacosa:nadaobtendríaniconlafuerzanicontretas.Puedotomartucuerpocuandomeplazca,y
esoamboslosabemos,ynoniegoquemesientatentadodemasiadoamenudodeforzarte.
Susojosfulguraronconunapasióntaninsatisfechaycontenidaquemeparalizaron.
—Aveces—continuócasienunsusurro—inclusopiensoquequizátenermedentrodetitehaga
verconclaridadtodoloquemehacessentir,pero¿dequéserviría?Quesepasesonoentrañaquetú
logres abrir tu corazón al mío... y, por el martillo de Thor, la flecha que atravesó el corazón de
BalderylaastuciadeLoki,tejuroqueescuantodeseo.
Cogiómismanosconlassuyasyclavósunegramiradaenlamíaconunaintensidadqueme
arrobabayestrujabaelcorazón.
—Curiosa situación —afirmé con pesadumbre—. Yo soy el obstáculo que se interpone en tus
deseos,ytúereselmío.
—Cuandohayaacabadoconlarevuelta,yhayaextendidomisterritorios,liberaréaGunnar—
prometióentonoresuelto.
—Veoconpesarquetussentimientos,onosonverdaderos,ocarecendelaintensidadquesele
presuponealamor.
Aquellolotensó,soltómismanosconofuscaciónymeapresóporloshombrosacercándomea
él.
—Noteatrevasadudardecuantoacabodeconfesarte—mascullóofendidoeiracundo.
—Pueslohago—rebatíconaplomo—;pues,sienverdadmeamas,sacrificaríastusinteresesen
favordelosmíos,algoquesiemprehizoGunnar.
Meatravesóconunamiradaduraysesgada,cargadadereproche.
—NosoyGunnar,algoqueamboslamentamos,porcierto.Noobstante,queteamecomojamás
creí posible no nubla mi juicio lo suficiente como para permitir que Gunnar recupere el suyo,
descubramisardidesconsuesposaymeatravieseconsuacero.
—¿Quéleimpediráhacerlocuandolodescubra,pormuchosreinosquehayasconquistado?
—Cuando lo descubra, yo reinaré sobre Jutlandia, seré más poderoso y, por lo tanto, más
inaccesibleparaél.Además,cuentoconqueloalejesdemisdominiosomeveréobligadoaordenar
su muerte. Por no mencionar que lo necesito entre mis filas: su fiereza y habilidad me son
imprescindiblesenestecrucialmomento;luego...serátuyo.
Posélaspalmasdelasmanosensupechoyloalejédemí.Apretéloslabios,tensélamandíbula
yclavéenélunamiradaretadora.
—¿Tienesideadecómomesientocuandometocas?—murmuróconmiradaturbiaysemblante
tirante—. ¿Puedes llegar a imaginar lo mucho que tengo que controlar mis instintos para no caer
sobreti?
Enelhombrecrepitabaeldeseoconlafuerzadeunateaardienteprendiendounbarrildebrea.
—¿Y tú puedes alcanzar a comprender que esta distancia que nos impones me empuja a otro
destino?¿Erescapazdealbergarentumenteeldañoquenoshaces?
—¿Quédestino?—inquirióalerta.
Susojosseabrieron,titilandoenellosunfugazatisboesperanzado.
—Unomuylejosdeti,deGunnarydetodos.
Meescrutóconextrañeza;laincomprensiónresplandecióensusemblante.
—¿Porquéhabríasdealejartedelhombrequeamas?
—Justamenteporeso,poramor.
Fruncióelceño,agitóconfusolacabezayresoplóabsolutamentedesconcertado.
—QueLokimeenredeensusjuegossilogroentenderte.
—Aléjate,Halfdan—aconsejéapática—;seacualseamidestino,túnoestásenél.
Entoncesmeciñóasupecho,rodeómicintura,abarcómimentónyacercósurostroalmío.
—Nomeimportanlosvaticiniosdelosdiosesnilostuyos,mujer,sinomisdeseos—siseócon
determinación—.Yunodeelloserestú.Asíque,pequeñalobanegra,tienesantetidoscaminosyuna
decisión.Eligeesto...
Apresó mi boca con inusitada dulzura, con extrema delicadeza, regalándome un beso tierno,
cargadodesentimientos,suaveygentil.
Sedespegódemislabiosparafijarsuhambrientamiradaenmí.
—Oesto...
Y se abalanzó nuevamente sobre mi boca. Esta vez imponiéndome un beso duro, exigente,
ardiente y salvajemente atroz, cercando mi lengua, dominándola y desplegando toda la lujuria que
bullíaenél.
Cuando se apartó de mí, los carbones encendidos que prendían su mirada me retaron con
apremio.
—Decidetúelmodo,porquetudestinoyalohedecididoyo.
Ysinmás,sediolavueltaysealejóagrandeszancadas,conlaespaldaenvaradaylospuños
apretados.
Trémulayangustiada,medispuseaentrarenlacabaña,conunaagudasensaciónacicateandomi
espalda.Alguienmeobservaba,alguienocultoenlanoche,tancierto...comolamiradapreocupada
quemerecibiójuntoalfuegodelhogar.
28
Enfrentandoelcorazón
Eyra,conlosbrazosenjarrasymiradagrave,meobservóacusadora,congestotorvoyrictusagrio.
—Nunca me gustó escuchar tras las puertas —comenzó a decir— y, aunque no ha hecho falta
que me acerque, esa condenada puerta me ha regalado más revelaciones de las que me hubiera
gustadoconocer.
Mi primer pensamiento a pesar de la tormenta que había en el rostro de la anciana fue para
Gunnar.
—¿Quéhapasado?¿Porquéestásaquí?
—No desvíes la conversación —advirtió severamente—. Te avisé, condenada imprudente, te
advertí de que te cuidaras de él y no haces más que darle alas. ¿Qué demonios pretendes? ¿Hasta
dóndehallegadotuimpulsivamajadería?
—¡Sólomedefiendousandomisarmas!—exclamémolesta.
Eyrasoltóunacarcajadaseca,desabrida,abruptayáspera;susojoschispearoncondenatorios.
—Resultaevidentequedesconocessumanejo,puesesaarmasehavueltocontrati.
—Todosehavueltocontramí—rezonguécontinteapesadumbrado—,mesientoacorralada.
Eyra resopló hastiada, sacudió una mano con deje frustrado y fijó en mí una mirada
decepcionada.
—Y,comotal,cometesunanecedadtrasotra.Escúchamebien:nosécómovasaarreglaresto,
peroloharás.HaspuestoaGunnarengravepeligrocontusactos,lohasenfrentadoaHalfdan.
—¡Yonohehechotalcosa!—neguéalterada.
—Hasentradoensujuegodeseducción,tehasconvertidoensuamante...—Abrílabocapara
replicar,perolaancianaelevólapalmadelamanoy,fulminándomeconlamirada,mesilencióenel
acto—.Daiguallosmotivos,yesindiferentesitehasentregadoaesehombreono,porquetodoslo
creen,hanllegadolosrumoresaoídosdeGunnary,sinofueraporquenosedespegadesuhijo,ya
sehabríaenfrentadoasurey...yati.
Tragué saliva; la piedra de mi pecho tiró con fuerza hacia abajo, hacia el abismo que llevaba
díasagrandándosebajomispies.
—¿Ha...harecuperadolalucidez?
Laancianaasintiócongravedad;suslabiosseafinaronenunrictustenso.
—Enapenasunosdías,sumenteseaclaró.Perofueronunosdíasmuyduros,enlosquetuvieron
que atarlo a un árbol mientras gruñía preso de dolorosos espasmos, bramaba como un buey y
maldecía como si un espíritu maligno le desgarrara las entrañas. Pero, al cuarto día, todo cesó.
Exhausto,perdidoyconfuso,comenzóaverconclaridadsualrededor.Sucuerpoysumente,libres
de la garra del brebaje, recuperaron el vigor con premura; si su hijo no hubiera enfermado tan
gravemente,lotendríasfrenteati.Temandóllamar,peronollegabas,poresoestoyaquí.
—Norecibíningúnrecado.
—Estosúltimosdíasnohedejadodepreocuparmeporti,sentíaquealgooscuroteapresaba,te
notabalejos,ytemí...—tragósalivayaspiróunaprofundabocanadadeaireantesdecontinuar—...
temíquetehubierasmarchado.
Aparté la mirada, temerosa de que viera esa intención en ella. Era una decisión que crecía
implacableenmimenteyqueintentabaignorarcadavezconmenosvoluntad.
—¿YelhijodeGunnar?
Eyraexhalólargamenteelaireaspiradoyconsemblantepreocupadosesentóenunabanqueta,
comosielpesodelmundosepultarasuespalda.
—Ledimoselpreparado,yaldíasiguienteelpequeñopareciómejorar,todofueronesperanzas.
Sinembargo,pocodespués,denuevoempeoró.EnelmomentoenqueSigridsupoqueerastúquien
habíaaconsejadoelremedio,senegórotundamenteaofrecérseloasuhijo,explicandoaquienquiso
escucharlaquenosefiabadetusintenciones.
—¿Y...Gunnar?
—Gunnardudó,peronodetuintención,sinodelaefectividaddelbrebaje;lanuevarecaídadel
pequeñonosdesorientó.Yasíestáél,confusoymuyangustiado,poresonoobjetónadaaladecisión
deSigrid.
—TengoquehablarconRagnhild...—divaguémientrasmispensamientosseatropellabanymi
desazónmeahogaba.
—Hayotracosaqueseaúnaatodasmispreocupaciones.
Meacerquéabatidaymesentéenelbancofrenteaella.
—Ahora,todosenAgdersabenqueGunnarempiezaaserelqueera,Halfdannotardaráenser
informado.TemolareaccióndeesehombretantocomoladeGunnar.
—Esprecisoquecomenteconlareinaelestadodelpequeño,quizánolequedemuchotiempo
—musitéimpacienteincorporándomeconademáninquieto.
—Veadormir,muchacha,mañanahallarásocasión.
—Peroesurgente,Eyra;cadainstantepuedesercrucialparaelpequeño.
Eyrametaladróconunamiradaadmonitoria,negósuavementeconlacabezayreplicóentono
seco:
—A no ser que quieras volver a participar de sus juegos amatorios, no la busques hasta que
despunteelalba.Porloquehepodidoescucharapenashaceunrato,adivinoloquelareinayelrey
compartenenestemomento.Él,undeseoinsatisfecho,yella,suansiaporprocrear.
Mispiesmeanclaronenelsuelo,ymigargantasellenódeunregustoamargo.Lasapienciade
laancianaacababadeliberarmedeotrasituaciónpeligrosa.
Asentí,ymedirigíamijergónconlaalmatransidayelcorazónconstreñido.
Alamañanasiguiente,sinhaberconseguidodormirentodalanoche,asaltadaporpensamientos
sobrecogedores,malosauguriosypunzantesinquietudes,salídelacabañaenmitaddeunacopiosa
nevada.
Envueltaenmicapadepelo,cubiertaporunaampliacapucha,caminabacondificultadsobrela
profundacapadenieveasentadaenelsenderodurantelanoche.Mispiernassehundíanhastacasila
rodilla en el todavía blando lecho níveo; mis altas botas de piel apenas lograban alejarme de la
gelidezqueimperabaenaquelincipienteyagrisadoamanecer.
Logré llegar al skáli jadeante y abotargada por un frío intenso, un frío que también había
alcanzadomicorazón.
Ascendílaescaleray,cobijadaenlatechumbrequesobrevolabalaentrada,sacudímicapaymis
piernas; luego entré en la amplia sala seguida de una ráfaga de aquella cruenta ventisca que se
arremolinabaentornoamíenunglacialabrazo.
Elambienterecargadoysofocantemegolpeóenmiavancemientrasrecorríaelpasillocentral.
Losronquidossealternabanconlosdesperezosyenesapeculiarmelodíamatinalseentremezclaban
sonidosmetálicosdemarmitasycucharones,susurrosveladosymurmullosderopas.
El alargado fuego del hogar era realimentado por maderos secos, por las siervas que ya
preparabanlasviandasparalosconvecinosquedespertaban.
Trasdedicarmeapenasunfugazydesinteresadovistazo,regresabanimpertérritasyhacendosas
asusquehaceres.
Dirigímispasoshacialaalcobareal,unaestanciasóloseparadadelrestoporgrandesypesados
cortinajesrojosqueretiréconfirmezaparaadentrarmeenella.Cuandomisojosseacostumbrarona
lasemipenumbrareinante,diviséaHalfdandormidobocaarribaconelpoderosopechodesnudoque
se alzaba en profundas respiraciones. Y, sobre él, abrazada a su pecho, la joven Ragnhild, con una
sonrisadesatisfacciónquebienpodríahaberiluminadotodalaalcoba.
Sin amilanarme lo más mínimo, me acerqué al borde de la cama y sacudí con ligereza el
hombrodelareina.Ellaseremovióinquieta,gruñóquedayparpadeómolesta.Volvíasacudirlay
finalmente abrió los ojos. Cuando enfocó la mirada y su mente se despejó, me contempló
consternada.
—Osaguardofuera,precisohablarosconurgencia—expliquéconsemblantehuraño.
Asintióycomenzóaescurrirsedeentrelosfornidosbrazosdesudurmienteesposo.Mevolvíy
salíprestadelaestancia.
Alcabo,asomóenvueltaenunagruesatúnicadelanaverdosa,todavíaconelcabellorevueltoy
miradaintrigada.
—Hadeserunasuntograveparaqueteatrevasairrumpirenmiintimidad—manifestócortante.
—Mi reina, vuestra intimidad os la procuro yo, no lo olvidéis, por no recordaros que ya la
compartí—repliquéimpacienteyhosca—,asíquedejaosderemilgosyatendedaloquetengoque
deciros.
Agrandó los ojos asombrada por mi vehemencia y me llevó incómoda hacia un rincón de la
ampliasala.
—Habla—exigiómolesta.
—El bebé mejoró en cuanto tomó el remedio, pero poco después empeoró de nuevo, ¿ese
decaimientoespartedelprocesocurativo?
Ragnhildsepeinóconlosdedosynegóconlacabeza,pensativa.
—¿Cuántasveceslotomó?
—Creoquesólouna—respondí.
—Por lo que yo escuché, son necesarias varias tomas para una completa mejoría; se precisan
variosdíasparaqueelremediohagaefectoyeliminelaponzoñaqueestáatrapadaenelcuerpodel
niño.
—¿Ysinolarecibe?
—Deserasí,puedesestarseguradequemoriráenpocosdías.
Asentí con mirada ausente y una decisión naciendo en mi mente, abriéndose camino como la
quilladeunaembarcaciónsurcandolaquietuddeunocéano.
—Aquífinalizanuestropacto,mireina.Ambashemosrecogidolassemillasdenuestrasiembra
común.Peroconvendréisconmigoenqueelterrenoabonadoesmássensatodejarlodescansar.
—Sinduda—convino—.Deseoquetuspróximascosechasseantanfértilescomolamía.
Llevólamanoasuvientreysonrióconregocijo.
—Dudo que sean como la vuestra —admití, cerrando la capa sobre mi túnica—, pues yo no
ansíorecogernada,sinosembraracompañada.
Mefulminóconlamirada;sushermososojoscelestescentellearonofendidos.Ledediquéuna
sonrisaarroganteymealejédeellaconpasofirmeyporteorgulloso.
Salídelskáliconunaúnicaintenciónenmimente:viajaraAgder,ysalvaralhijodeGunnar.
Lanievecontinuabacayendoengrandesypesadoscoposqueseposabanconlanguidezenmis
ropas.Puserumboalosestablos,avanzandotrabajosamente.Cuandoatravesélosgrandesportalones,
merecibieronalgunosrelinchoshambrientos.Loscaballosapiñadossedabancalor;elblanquecino
vaho que escapaba de sus ollares se elevaba sobre sus testas en una nube pálida, evidenciando las
bajas temperaturas que soportaban los animales. Elegí un gran ejemplar negro y robusto, de ancas
poderosasypechoaltivo,fornido,defirmelomoybrillantesojossagaces.
Rasqué con suavidad su esbelto y grácil cuello, escondiendo los dedos tras sus largas crines
negras.Erarealmentesoberbioenproporcionesyregiodeporte.Unanimalhermosoconciertotinte
salvaje y rebelde, del que emanaba un poder subyugante. Permití que me olisqueara, mientras
acariciaba su lomo. Vislumbré una silla de montar de cuero y una manta de sarga colgadas de un
gancho.Lasalcancéconpremuraylascoloquédiligentementeenlagrupadelcaballo,mientrasle
chistabatranquilizadoraylerascabaconsuavidadentrelosojos.
Coloquéelbocado,ajustélascinchas,palmeandosuvigorosocuartotrasero,ylocondujefuera
del recinto. Cerré las puertas, asegurando la cancela, y por fin me elevé sobre el estribo,
acomodándomeensugrupa.
Sobre aquel impresionante corcel me sentí poderosa y segura; sacudí las riendas y el animal
avanzódespacioatravésdelaespesacapadenievequecubríalaregión.
Fue una marcha tortuosamente lenta, a través de una enfurecida ventisca que parecía querer
obligarnosaretrocederconsuviolentoempuje.Elvientosilbabaconfuerza,yelcrujirdelasramas
porelpesodelanieveeracuantoseoía.
Durante el trayecto, mis pensamientos y mis anhelos se conjugaron en una sola persona. Sólo
era capaz de vislumbrar, entre el radiante blancor que me rodeaba, unos rasgados y felinos ojos
verdes que se convirtieron en mi guía y en mi fuerza. Las ganas de verlo de nuevo superaban con
creceseltemorasusreproches.Noobstante,eranestosúltimoslosquenecesitabaparallevaracabo
lametaimpuesta.
No era posible que el destino nos sepultara con tantas y tan dispares trabas y con tan amargo
sufrimiento si no era para gritarnos, a su modo, que debíamos estar separados; que, juntos, sólo
hallaríamosdolorypérdidas.
Sinembargo,nopodíapermitirqueaquelniñocayeraenlasgarrasdelacruelprovidenciaque
parecíaperseguirnos.Gunnarhabíaperdidoyaunhijo,elmío;yodos,y,mientrasquedaraunhálito
devidaenmicuerpo,lucharíaporesavidaquehabíailuminadotodoestetiempoladelhombreque
amaba. A mi lado, no conocería jamás una felicidad plena, incongruentemente tampoco sin mí; de
cualquiermodo,laúnicaluzquealimentaríasucorazóneraesepequeñoqueahoralanguidecíaen
susbrazos.Nopodíamarcharmesinsaberqueéltendríaalgoaloqueagarrarse.
Transcurriólamañana,tambiénlanevada,dandopasoauncielolímpido,porelqueasomóun
sol desvaído, pero lo suficientemente vigoroso como para arrancar destellos en la nieve, como
diminutas perlas engarzadas que refulgían por doquier, obligándome a entrecerrar los ojos. La
belleza de aquellos parajes resultaba sobrecogedora. La magnificencia de cuanto me rodeaba me
empequeñecía como una hormiga ante la inmensidad del océano. El albo manto perlado y mullido
cubríaelbosque,lasondulantecolinas,losfrondososabetos,lospuntiagudoseirregularespeñascos,
dando continuidad a aquella vasta y agreste extensión, confiriéndole una apariencia interminable,
comosideambularaatravésdeunsueñoinfinito.
Alzabaelrostroconelanhelodeseracariciadaporlatibiezadeaqueltímidosol,ycerrabalos
ojos,saboreandotanagradablesensación,deseandoconfervorqueaquellatemplanzaalcanzarami
álgidocorazón.
Tomécomopuntodereferenciaunacimadeaspectobastantepeculiar:trespicoscasideigual
altura, como la corona de un rey. Bajo aquella montaña, pegado a su loma, habría de aparecer el
pobladodeAgder.
Ytraselúltimorecodoboscoso,oteéenlalejaníaunnutridoyapiñadogrupodecabañasque
exhalabanporsustejadosunhumoagrisadoqueescapabaensinuosasespirales,resguardadasporla
paredrocosadelamontaña.
Enfilé mi montura hacia la aldea; ambas acusábamos la dureza del viaje, aguijoneadas por el
hambreyelfrío,ardiendoendeseosdecobijarnosalamparodeunbuenfuego.
Eranpocoslostemerarioshabitantesquehabíanosadosalirdelaproteccióndesuscabañasy,
sinduda,impelidospornecesidadesacuciantes.Desmonté,yapretélosdientescuandounapunzada
me recorrió las piernas. Era tal el helor que me atenazaba que mis dientes castañeteaban
peligrosamente y mi cuerpo, abotargado, despertaba en un cosquilleo doloroso que me arrancaba
violentosescalofríos.
Caminéguiandoamicorceldelasriendashastalacabañadelfondo,dondesealojabaGunnar.
Atémimonturaaunpostejuntoaunvacíocorraldegansosy,cogiendoaire,dirigímispasoshacia
allí.
Una mujer emergió de la cabaña; sostenía un cubo en una mano. Ladeó la pared lateral de
troncos,seleccionóunmontículodenievee,inclinandoconvenientementeelbalde,lollenóconella.
Cuando regresaba, reparó en mí, que inmóvil la observaba con el corazón latiéndome de forma
apresurada.
Sigridagrandóconasombrolamiradaparasesgarlasuspicazacontinuación.Suceñosearrugó
deunmodovisibleysuspuñossecerraronmostrandolatensiónquelaenvaraba.
29
Novuelvasnunca
Caminóagrandeszancadashaciamíymeenfrentóconmiradacolérica.Teníalosojosenrojecidose
hinchados, era fácil imaginar la causa. A pesar del acerbo odio que despertaba en mí, un deje
misericordiososuavizómivoz.
—Nadahasdetemerdemí—comencéadecir—.Hevenidosóloconunarecomendaciónparatu
pequeño.Esvitalquecontinúesdándoleelremedioparaquemejore.
—¿Unarecomendacióndelamujerquevieneaarrebatarmeloqueesmío?—escupiófuriosa.
—Alejatusrecelos,Sigrid,dudoqueseanmayoresquelosmíos.Hevenidoparaintentarsalvar
lavidadetuhijo,nadamás.
—HasvenidoporGunnar,aembaucarlodenuevoentusvilesredes—acusó.
—Sí—concedí—,hevenidoporél,yporelpequeño,peronoparaarrebatártelos,puessialgo
séesqueloúnicoqueenverdadseposeesonlossentimientos,laspersonasquelosdespiertanson
tanlibrescomoesteviento.
Entrecerró los ojos y tensó el rictus. Sus mejillas enrojecieron en el ardor de la furia que la
sacudía.
—¡Lárgatedeinmediato,malditaperra!—exclamófuribunda.
Avancéunpaso,mostrandolafirmedecisiónquemehabíallevadohastaahí.
—Novoyapermitirqueentres—afirmóconlainquinabrillandoensumirada.
—El rencor te ciega, cuando debería ser yo su portadora. Eres tú quien se interpone en mi
felicidad,túquienayudóasegarlavidaquelatíaenmivientre,túsobrequienrecaelamatanzade
todounpoblado.Yaunasí,tejuroporlosdiosesquenodescargarémivenganzaenunserinocente.
Si vengo hasta tu puerta es para ofrecerte la vida de tu hijo, pero no por ti, por ti ni siquiera
pestañearía,sinoporGunnar.Comprendoquenoentiendasdeloquehablo,puesuncorazónyermo,
oscuroysibilinocomoeltuyodesconocelasbuenasintenciones.Meirécuandomeaseguredequeel
niñorecibesuremediodurantevariosdías.
—Nadaseacercaráaloslabiosdemihijoqueprocedadeti—insistióconcrispación.
—Entalcaso,habrédedejarmirecomendaciónensupadre.
—Si osas acercarte a ellos, juro que terminaré lo que el destino dejó a medias —amenazó—.
¡Conozcodesobratusintenciones,perra:acabarconmihijoparaalejaraGunnardemilado!
Neguépacientementeconlacabeza,aunquelairainflamabamiánimoyhervíalasangredemis
venas.
—Sinduda,ésefuetuplancuandoAda,AminaytútejisteislamatanzadeSkiringssal.Peroyo
nosoycomovosotras;antesprefieromoriraguardarsemejanzaalguna.Yahora,apártate,tengoun
mensajequeentregar.
Avancéconfirmezayenunmovimientoraudoeinesperadolamujermelanzóelcuborepleto
denieve.Meinclinéaunladoparazafarelimpacto;sinembargo,lorecibíenelhombroizquierdo,
impeliéndome hacia atrás. El dolor me sacudió en oleadas que se extendieron por todo el brazo;
maldijeentredientes.Todavíatambaleante,oíunalaridoquemeestremecióy,actoseguido,comosi
de la maléfica diosa Ran se tratara, se abalanzó sobre mí con los brazos extendidos y una mirada
cegadaporunodiovisceral.
Caísobrelanieve,conellaencimaintentandoestrangularme.Medebatícondenuedo,sintiendo
cómo sus dedos se clavaban en mi piel y oprimían mi garganta. Rodamos forcejeando, logré
golpearla en un costado y ella se retorció; aquel movimiento liberó mi cuello y aproveché para
invertir las posiciones; a horcajadas sobre ella, le asesté dos fuertes bofetones en ambas mejillas,
llevélasmanosasugargantaylacerquéconrudafirmeza.
—Escúchamebien,maldita:novasaimpedirmellevaracabomicometido.Despuésmeiréyno
volverás a verme... —siseé jadeante. El dolor del hombro me flagelaba en un opresivo pulso
llameante—...pero,omedejasintentarsalvarlavidadetuhijo,osoycapazdeacabarconlatuya.
Sostuve su incendiada mirada, de la que brotaban letales lenguas de fuego, con aparente
imperturbabilidad.
—¡Suéltala!
La potente y grave voz que llegó hasta mí me paralizó. Giré lentamente la cabeza para
encontrarmeconelcontrariadoyfuriososemblantedeGunnar.
Micorazónsedetuvo,misojosseagrandaronhambrientosdesuimagen,ytodomicuerpose
tensótemerosodeloquebrillabaensuturbadamirada.
Meincorporésoltandomipresayloencaré,intentandosofocarlamiríadadeemocionesqueme
asaltaban.
—Ha sido ella quien me ha atacado —me defendí ante la acusación que manaba de su mirada
comounadagaafilada.
Aquellasituaciónevocóotrapeleaenlaorilladelmar,conAminadecontrincante;recordarlo
quehizoGunnarcuandomeseparódeellameestremeció,anhelandounaescenasimilar.
Sentí cómo me recorría con la mirada, pude ver la mezcolanza de sentimientos que se
desplegabanenella,muchosdeellosenfrentadosentresí.
—Mandéllamarte—comenzóadecircontirantez—,peropareceserqueestabasmuyocupada
paraacudirantemí.Comprueboahoralodesacertadodemidecisión.
—Gunnar —mi voz sonó tan necesitada, tan suplicante, que casi se extinguió llevada por el
viento—, he venido con un aviso sobre el remedio que os procuró Eyra. El niño ha de tomarlo
durantevariasjornadasconsecutivasparaquesurtaefecto.
Sumiradasenublóconalgosimilaraladecepción;escondiósupesartrasunamiradahierática
yfría.
—Porfavor,teruegoqueconfíesenmí—proferíconvozdesgarrada—;sinolohacéis,suvida
corregravepeligro.
—Entregastetumensaje—observóimpertérrito—.Nomequedamásremedioqueconfiarenel
criteriodetuinformante.Sinohasvenidoanadamás...yapuedesmarcharte.
Cerré los ojos en un fútil intento por detener el torrente de lágrimas que se acumulaban
desbordandoynublandomimirada.
Sigrid,quesehabíapuestoenpie,seacercóaGunnar,posicionándoseasulado,conunasonrisa
triunfalquecurvabasuslabios.
Verlosjuntos,comounafuerzaenmicontra,fuetandemoledorquecuantoquisedecirmurióen
migargantasofocadoporlossollozosqueluchabaporcontener.
—Yalohasoído,nadatienesyaquehaceraquí—resaltóSigrid,mientrasenredabasubrazoen
eldeGunnar.
Cada bocanada de aire inspirada me quemaba con un dolor tan grande que incluso temí
desvanecerme.Llorosaytrémula,clavélamiradaenladeGunnar,penetranteydura,reprimiendolas
ganasdegritarlecuántoloamaba.No,yahabíatomadounadecisión,yanohabíanadaqueaclarar,ni
justificar. De nada servía enarbolar la defensa ante los rumores que habían mancillado mi imagen
anteél.Nocuandolaseparacióneracuantonosuniríaya.
Abatidayhundida,asentíentrelágrimasylesdilaespaldaconelcorazónsangranteyundolor
punzante,estavezmasacrandoenprofundasestocadasmilastimadocorazón.
—¡Aguarda!
Me detuvo su voz, y quizá ese moribundo resquicio rebelde de esperanza que se negaba a
desaparecer.
Elllantodeunbebéllegóhastamí.Mevolvídenuevo.Sigridcorrióalinteriordelacabaña.Al
cabo,elllantocesó.
Gunnar avanzó hasta mí. En su rostro se entreveía el sufrimiento y los desvelos. Una espesa
barbacastañacubríasumentón,ysulargocabellocaíadesgreñadocubriendosushombrosypartede
suespalda.Oscurasojerascercabansusojos,yelcansancioylapreocupaciónabotargabansutenso
rostro.Contuveelimpulsodecorrerasusbrazos.
Cuandollegóamialturaysuverdosamiradamepenetró,distinguíconclaridadsupropialucha.
—Parecesarderendeseosderegresarjuntoaturey—reprochódolido.
—Esmásbieneldeseodealejarmedelacondenaqueveoentusojos—respondíconunhilode
voz.
—¿Ytienemicondenarazóndeser?
—Sitodavíaerescapazdemirardentrodemicorazónyvesloquehayenél,no.
Susojosdeambularonpormirostro;cuandosedetuvieronenlosmíos,brillaronafectados.
—Ahoramismo,Freya,estoypartidoporlamitad.Yanoséquéveo,yanoséquépienso,yano
séquéhacer,sóloséunacosayesloquesiento.Yesjustamenteesoloquemeestámatandoeneste
momento.
—Aquí —comencé a decir con voz entrecortada— hay algo que yo jamás podré darte. Ahora
comprendoquenuestrasvidasnoestándestinadasaestarjuntas...queelsufrimientoquenosregalael
destinonosprivadelapazyelsosiegonecesariosparaalcanzarlafelicidad.
Gunnarcogióconhosquedadmimuñecayposólapalmademimanoensupecho.Atravésdel
gruesotejidodesujubón,pudesentirsutibiezaylosamortiguadoslatidosdesucorazón.
—Nohaynadaquenopuedasdarme,porquecuantodeseoynecesitoerestú.
Sentíunpellizcoenelcorazón,unnudoenlagargantayunaleteoenmivientre.Dejéescaparun
desgarradosollozoybajélamirada.
—Gunnar...yo...
Élalzómibarbillaeindagóenmisojos,tanhúmedoscomolossuyos.
—Perosaberdetubocaquerenunciasamí,saberquehasseducidoaunrey,queentregastus
labiosytuardoraotros,porelmotivoquesea,merompepordentro.Hayenmítalfuria,taldolor,
talimpotencia...quetemoenloquecerdenuevo.
Suvozserasgó;elrictustensodesumandíbulaseacentuó,conteniendosuspropiasemociones.
—Elúnicomotivoquemuevetodosycadaunodemisactos,acertadosono,erestú—musité
convozestrangulada.
—¿Puedesllegaraadivinarcómomesiento,Freya?—pronuncióconvozrota—.Morirmede
ganasporbesartuslabios,sinpoderolvidarquenohacemucholosbesaronotros.Deseartecontanta
fuerzaquenomeimportaríatomartesobrelanievecomounloco,sipudieraborrardemimentelas
manosdeesemíseroreysobreti.Peronopuedo,porqueenmicabezasólosoycapazdeverteconél.
Teveoconél,talycomomecontaron,desnudaahorcajadassobresuscaderas,gimiendobajosus
caricias,yconsuesposapresente.¿Erescapazdeconcebirmínimamentecómomesiento?
Sofocóunsollozo,hundióloshombroseinclinóderrumbadolacabeza.
—Freya —continuó, desgarrado y trémulo—, te juro que me agarro a creer que todo cuanto
hicistefueparallegaramí,paraliberarmedelyugodeesasmágicashierbas.Perohayalgo...algo
quemeconsume,yespensarquenoereslamismaFreya,quelaqueharegresadodelamuertenoes
laqueyoconocí,laqueyoamé...Yeso...esoestáacabandoconmigo.
Elcorazónmesangraba,eldolormerompíaymissollozosapenaserancapacesdeliberartodo
elsufrimientoquenacíademiinterior.
Hice ademán de posar las manos en su pecho, pero él retrocedió un paso. Con la cabeza
inclinada, largos mechones cubriendo parcialmente su rostro y el infinito e implacable dolor que
asomabaasumirada,supequemidecisióneralaacertada.
Asentíentreamargaslágrimas,ymeapartédeél.
—Quizánoseayoporquenomedejanserlo,oquizásealanuevayo,nolosé.Loúnicoquesé
esquemicorazóneselmismoyque,apartirdeahora,hadejadodelatir.
Los ojos de Gunnar destellaron con una punzada agónica que empañó su mirada; apretó con
fuerza los labios como impidiendo que las palabras escaparan de su boca; su mentón se tensó,
sacudiólacabezaconresignaciónyasintióconsemblantedesgarrado.
Nonecesiténadamás.
Mevolvícompletamentedevastadayrota,buscandolavoluntadnecesariaparanoecharmeen
susbrazos,pornosuplicarlequemebesara,yhallélapujanzaquemehacíafaltaparacaminarhacia
micaballo,sintambalearme.
Justo cuando alcanzaba mi bruno corcel, y desataba las riendas, un rugido a mi espalda me
sobresaltó.
—¡No!
Aquel grito provenía del interior de la cabaña, y aquélla era la voz de Gunnar. Solté de
inmediatolasriendasycorríatravésdelanievehastaallí.
Cuandomeadentréenella,GunnarforcejeabaconSigridfrentealfuegodelhogar.Medetuve
enelumbral,confusa,ydirigílosojosalacunademaderadondellorabaelbebé.
Sentí el impulso de calmarlo y, sin pensarlo mucho más, seguí mi instinto. Cogí al rubicundo
niñoenbrazosyloacunéchistando;meapercibídelasobrecalenturaquelocongestionaba,mientras
observabacómoGunnarlearrebatabaaSigridunapequeñavasijadelasmanos.
Cuando Gunnar se volvió y se topó conmigo, algo en su semblante se quebró. Con un brazo
intentabasujetaralafuribundamujerquetratabadealcanzardenuevoaquelrecipiente.
InmovilizócomopudoaSigrid,quechillabaderabiayfrustración,ymealargóelfrascocon
miradaapremiante.
—Dáseloalniño,sumadreestabavaciandoelcontenidoenlahoguera.Habráqueprepararmás.
Toméelfrasco,asentí,ysinmásdilaciónloinclinéhacialabocadelpequeño,derramandoen
ellaunasgotasquetragóenelacto.Elrostrodelniñosecongestionó,imaginabaqueporelamargor
delbrebaje.Loincorporéy,posándoloenmipecho,palmeésuespalditaconternura.
Gunnarteníalamiradafijaenmí;encontréenellaunatisbodeternuraquemeabrumó.Podía
leertanabiertamentesuspensamientosquemefustigaroncomolatigazos.
Lamujerqueteníaensusbrazossedebatíacoléricacomounagorgonadespiadada.
Continué acunando con suavidad al bebé, acariciando su cabecita y besando su frente, pero el
pequeñoseconvulsionabaenextrañosespasmos.Elpavormeasaltó.
—¡Algolepasa!—exclaméaterrada.
—¡¡¡Mihijooo!!!
Depositéalniñoenlacunaymearrodillésobreél,sinsaberquéhacer.Loacariciéconunnudo
enlagarganta;sutemperaturacorporaleraalarmantementealta.Miintuiciónmellevóadespojarlo
delamantaquelocubríayazafarlodesupequeñacamisola.Temblorosa,cogíunpaño,losumergí
enunbaldedeaguacercanoalapuerta,loempapéenél,loescurríyselocoloquéalpequeñoenla
frenteyeneljadeantepecho.
Gunnar soltó a Sigrid, que corrió junto a su hijo, lo cogió en brazos y lo apartó de mí
sollozandoasustada.
Derepente,elniñodejódellorar.
Micorazóngalopabaenmipecho,ylaangustiaquemeatenazabacasimeimpedíarespirar.
El cuerpo del bebé quedó flojo en los brazos de su madre, que lo zarandeaba completamente
desquiciada.
—¡¡¡MiOttar,miniñoooo...!!!—gimiódesgarrada.
Gunnar se lo arrebató, lo fundió en su pecho y lo sacudió con suavidad, cada vez más
desesperado.Acercólaorejaalpechodelniño,ynegóconlacabeza.
—¡¡¡Noooooooooooo.....!!!—bramólamujer.
Sigridcayóderodillasysollozóconviolencia,hundidaydesolada.
GunnarcogiólamanodelpequeñoOttarylallevóasuslabios.Sollozabaensilencio;lapenay
eldolorcontorsionabansurostro,todavíaacunandoelexiguocuerposinvidadelbebé.
Creí morir. Presenciar su lacerante sufrimiento sin poder acercarme a él, verlo llorar tan
abiertamente,tanimpotenteytandesolado,mederrumbaron.
Derepente,Sigridclavósusenrojecidosojosenmí,ydeellosbrotótodosuenconoenforma
dealarmanteacusación.
—¡Túuu...!—escupiófuribunda,conelrostroarreboladoyconstreñidoporunacóleraletal—.
¡Túhasmatadoamipequeño,tú,malditazorrainmunda,yahoravoyamatarteyo!
Seabalanzósobremí,conlalocuratiñendosugesto.Gunnarsepusoenmedio,laabrazócon
fuerza contra su costado, aprisionándola, mientras sostenía a su hijo en el otro brazo, y clavó su
dolidamiradaenmí.
—¡Márchate,rápido!—aconsejó—.Ahoramásquenunca,necesitasdelaproteccióndeunrey.
—Gunnar...yo...no...—gemíentresollozos.
Negóconlacabeza,asusemblanteasomóunbrillopreocupado.
—¡Vete,Freya,temonosercapazdeevitarunlinchamientosiseenterandeloquehaocurrido!
¡Prontocorrerálavoz,huye!
—¡¡¡¡Malditaaaa!!!!
Sigrid berreaba, gritaba y pataleaba, presa de un llanto violento que la sacudía en quebrados
sollozos.
Loslamentos,elodio,elinmensodolordelamujermedesgarraronelalma.Mesobrecogíde
dolorytrastabilléhastalapuerta.Aturdida,meagarréalajambaintentandoanclarmeaalgo.
Un nuevo grito me envaró, dejando mi alma en carne viva. Me volví trémula y la imagen de
Sigridconlamiradaagrandadaporelhorrormegolpeó.Bajoella,seformabauncharcodesangre
cadavezmayor;cayóderodillaspálida,hipandoyestremeciéndoseviolentamente.Hiceademánde
socorrerla,peroGunnarmedetuvoalzandolamano.
—¡Porlosdioses,huye!—gimiósuplicante.
Elapremiodesurictusylaangustiadesumiradaaceleraronmispasos,ysalíaldeslumbrantey
gélido exterior envuelta en una nube sofocante de dolor. Conseguí llegar a mi montura, y me alcé
sobrelasillaentretemblores.Lagente,alertadaporlosalaridos,salíadesuscabañasasustada.
Ungritodemujermesiguió,consiguiendoquetodoslosojosseposaransorpresivosenmí.
—¡¡¡Detenedla,esunaasesina!!!
Azucéamicaballo,sacudílasriendasvehementey,justocuandomimonturainiciabalamarcha
en un trote ágil y apresurado, un hombre me arrebató las riendas, el caballo se detuvo en seco
abruptamenteyyofuiimpelidahaciadelante,cayendodeformaaparatosaporencimadelatestadel
animal hasta el suelo. La nieve amortiguó el impacto, lo que no impidió que me sintiera mareada,
aturdidaydolorida.Yameincorporabacuandoelhombrequehabíaprovocadolacaídameaferró
delpeloymealzóconhosquedad.
Gritéymerevolvícontraél,pataleandoydebatiéndomeconfiereza.Loúnicoqueconseguífue
recibirunviolentobofetónquegirómicabezacomosifueradetrapo.Sentíelsabordelasangreen
elinteriordemiboca,yundolorsordoenmioídoizquierdo.
Mezarandeóconbrusquedadymearrastró,llevándomeatrompiconeshacialacabañadenuevo.
Obligada a caminar inclinada para que no me arrancara el cuero cabelludo, sólo pude
vislumbrarunaspiernasquecorríanhaciamí.
Lafiguraqueseaproximabaalacarrerasecerniósobremiasaltanteylogolpeócondureza.Oí
ungemidosofocadoyelhombrequemesujetabacayóinertesobrelanieve.
Gunnar me cogió en brazos e intentó correr hasta mi montura. Tras él, gritos alarmados y
furiososclamabanvenganza.
Antesdesubirmealcaballo,memiróconsobrecogedoraintensidad.
—BuscalaproteccióndeHalfdan—murmuróentrecortadamente—.Sóloélpuedesalvarteesta
vez.
Medepositósobrelagrupaymiróalertahacialamasadeconvecinosqueacudíanentropel.
—Gunnar...tejuroque...
Negóconlacabeza,sumiradaseoscureciócomounpañomortuorio.
—Vete,Freya,ynoregresesnunca.
Palmeóvigorosamenteelancademicaballoynossacudimosenunagitadotrote.
Meinclinésobrelasillayjaleéamimontura,enfilándolafueradelpoblado.Conlágrimasen
los ojos, me atreví a mirar atrás. Gunnar enfrentaba con sus puños a todo aquel que pretendiera
seguirme.Agitédenuevolasriendasypresionélostalonesenelvientredelcaballoparaagilizarla
galopada.
No sé el tiempo que estuve abrazada al cuello del animal sollozando mientras él galopaba sin
rumbo fijo. Sólo supe que el caballo resollaba exhausto y asustado, que el ocaso comenzaba a
sombrearcadarincónyqueelbosqueporelquetransitábamoseracerradoylóbrego,plagadode
inquietantessonidos.
Nosabíadóndeestaba,perotampocomeimportaba,nadateníasentidoyaparamí.Latragedia
mehabíagolpeadosincesardesdequeeldestinometrajoaestasgélidastierras.
Eldolorarrasabamipechobarriendotodaesperanza;jamásborraríademimenteelrostrode
Sigridsosteniendoasuhijomuerto,nieltormentoestrangulandolamiradadeGunnar.Lagenteme
buscaría para ajusticiarme, y mientras cavilaba sobre el deseo de abandonar esta mísera vida,
mientras barajaba la idea de regresar y entregarme, un pensamiento pendió indeciso en mi mente,
suspendido en una telaraña de preguntas. ¿Había sido el remedio el que había matado al niño, o la
Providenciaeligióesemomentoenparticularparallevárselo?
Y a esa cuestión se sumaron otras. Rostros, conversaciones y miradas comenzaron a
desdibujarseantemí,enunaamalgamaconfusayturbiadelaquesurgíaninquietantesrevelaciones.
Unrostroenparticularresaltóentreelresto,defazaniñada,suavesyrojoslabios,depálidasmejillas
ydulcemiradaazul.
De pronto, mi ofuscada mente se enturbió y la nieve se volvió roja, y vi a Sigrid cubierta de
sangre...yesehijoqueyanonacería,yquesindudaeradeGunnar,yacíaenelsueloconvertidoen
undespojosanguinolento.
¡Oh,Dios!¿Quéhabíahecho?
Un lobo aulló a la luna, el caballo se encabritó, alzándose sobre sus cuartos traseros,
relinchandoagitado.Yunavezmás,micuerposehundióenlanieve,arrastrándomecompasivamente
aunaagradecidanegrura.
30
Morirdenuevo
Loprimeroquelamentéalabrirlosojosfueprecisamentepoderhacerlo.
Lo acontecido restalló ante mí, como un relámpago impactando en un páramo desolado,
iluminandodenuevotodalapenaqueanidabaenmipecho,comolalarvadeungusanohoradando
unajugosamanzana.
Miré en derredor. Varios rostros difusos se inclinaron sobre mí; distintos susurros velados
flotaron perezosos como una neblina pesada y brumosa, que pendía inquietante y tensa en el
sofocanteambiente.
Parpadeéconfusa,hastaquemivisiónseaclarólosuficientecomoparareconocerlaazabache
miradaquemeescrutabaconhondapreocupación.
Meescocíaelmofleteylaparteinternadellabio,melatíalaespaldaenunpulsodoloroso,yme
sangrabaelcorazón.
—¿Cómotesientes?
Halfdanapartóconmimounmechóndemifrenteydelineómirostroconsuavecuidado.
—Peorquecuandoestuvemuerta.
Subocasecurvóenunasonrisadulceynegóconlacabeza.Conextremagentileza,cogiómi
mano entre las suyas y se la llevó a sus labios, exhaló un cálido resuello y me las frotó con suma
delicadeza.
—Estástanheladacomosiloestuvieras.
—Lamentablemente,noloestoy.
Halfdan frunció el cejo, componiendo un gesto reprobador, negó con la cabeza y apartó a su
espaldaunlargoyoscuromechóndesumelena.
—Sinoloestás,esporquenoeselmomentodepartir.Sólolosdioseslodeciden,aunque,en
estemomento,tudestinodependedemí.
—Nomeimportaladecisióndelosdiosesnilatuya.
Sumiradarelampagueófuriosa,conundejeturbadoensutensorictus.
—Escúchamebien,Freya:loúnicoqueteseparademorir,soyyo.Ynoseríaunamuertedulce,
teloaseguro.Seteacusadesesgarlavidadeunbebé,lacondenaporesoeslanzarteaunfosocon
perrosrabiosos;hevistoaguerreroscurtidosdespedazadosporunajauríasuplicandopiedadcomo
indefensosinfantes.
Mesobrecogíasaltadaporunviolentoescalofríoqueerizómipielypellizcómivientre.
—Yo...nolomaté,almenossiendoconscientedeeseacto.
—Lamadrenoalbergadudasobretuintención—rebatióconfirmeza—.Cogisteasubebéylo
envenenasteantesusojos.Gunnarteayudóasemejanteatrocidad,porloqueseleaplicaráelmismo
castigoqueati.
Me envaré, tragué saliva y me incorporé con dificultad, débil y dolorida, entre amortiguados
quejidosyestranguladopavor.
—¡No!Gunnarmeofrecióelbrebajeyyoselodialniñoporqueambospensábamosqueerala
cura.Gunnaramabaasuhijo...élsolo...
—¿Quiénteproporcionóelfiltro?—interrumpióconhosquedad.
—Tureina—confesé—.Measeguróquelibraríaalniñodelaponzoñaqueapresabasucuerpo.
Los ojos del hombre se entrecerraron perspicaces; me escrutó con recelo y evidente
desconfianza.
—¿Porquédiantresquerríamireinaayudarte?
Sufazseoscurecióamenazante,suslabiossefruncieronconacritud.
—Deberíaspreguntárseloaella,mirey;temoqueguardamásrespuestassobreestatragediade
loqueambosimaginamos.
—Nomeatrevoaimaginarlastretasquejuntashabréisurdidoamiespalda—gruñóirascible.
Sufazseoscureció.Sepusoenpieymecontemplócondureza.
—Escuantonosune—masculléconrencor—:tretas,intrigas,confabulacionesyambición.
—A mí, por desgracia, me unen más cosas a ti. Pero nada que un perro rabioso no pueda
solucionar,loba.
Lamenté en el acto mi altanería. Encararlo, disgustarlo, no era lo más juicioso en la delicada
situación en la que me hallaba. Mi vida y la de Gunnar dependían de ese hombre. Y si ya había
esgrimido antes mis armas, unas que me habían ensuciado, de nada valía limpiar un honor
mancillado, de nada servía el orgullo, ni los remilgos, cuando la muerte esgrimía tan fieros
colmillos.
—Lo lamento, Halfdan —proferí arrepentida. Ante la mención de su nombre, se distendió
parcialmente complacido—, disculpa mi osadía. Me has salvado la vida, y te lo agradezco de
corazón.
Surictussesuavizó,aunquesumiradapermanecíadespechada.
—Salí en tu busca porque robaste mi caballo. Y te encontré tirada sobre la nieve, aterida y
acechadaporlobos.Micorceldebatalla,Tyr,coceabainquietoyrelinchabaparaapartaralasbestias
deti.Graciasaél,logramosencontrarte.Enunprincipio,tecreímuerta.
Meparecióverundejeapesadumbradoensumiradadeónice.
—Estoyentusmanos,soyconscientedeello,ypagarégustosaestadeuda,si,además,muestras
tuconmiseraciónhaciaGunnar.
La sombra de una incipiente sonrisa apenas sesgó sus labios. Su apuesto rostro volvió a
iluminarse.
—Conoces mis deseos, pero me siento en la obligación de precisarlos —comenzó a decir en
tonograve—:quieroqueseasmiamante,miskjaldmöyconsejera.Quieroqueseaslanodrizademis
hijos,ylasirvientademireina.Quierotupasión,tuternuraytulealtad.Y,porende,quetealejesde
Gunnar.Apartirdehoytucaminoestáamiladoy,sideseasqueelhombrequeamassigarespirando,
nadahadeunirteaél.
Aquelloconstatabaeldestinoqueapartirdeesemomentosentenciabalavidaquemeaguardaba.
Losdiosesganaban,lohabíasabidoenmifuerointernodesdequeviaGunnarconsuhijoen
brazos, y ahora que lo enterraba se confirmaba esa intuición. Él no era mi presente; desconocía si
seríamifuturo,pero,aunquemeiluminaraesacerteza,noaliviaríaunápiceelagónicodolorquese
expandíapormipecho,comosiunvenenolocorroyeralentamente,deshaciéndoloenuncharcode
insondabledesesperación.
—Túsalvasmividayyo,ladeGunnar—aceptéconunacusadoregustoamargoenlagarganta
yacerbaslágrimasenlosojos.
Asintióysesentódenuevoamilado.Entonces,reparédóndemehallaba,ensuregiolecho.Dos
parpadeanteslucernasdorabanlaestancia,otorgándoleunambienteacogedorycálido;noobstante,
no fueron capaces de disipar la opresiva gelidez instalada en mi pecho. El rey se acomodó y me
cogióconfirmezaporloshombros,clavandosutriunfalmiradaenlamía.
—Apesardemicondiciónderey,nopuedonegarmeasometerteajuicio,oelpueblosealzaría
—aclaróconsemblantesevero—.Loquesípuedoesprocurarlaspruebasnecesariasparalibrartede
esaacusación.Siconsigodemostrarqueobrasteispensandoqueelbrebajeeraenefectounremedio
sanador,todosehabráresuelto.
—¿Ysinosepuedeprobar?—inquiríangustiada.
Acercóelrostroalmío,sentísufuerza,perotambiénsucontención.Ensumiradaprendióun
deseooscuroyhambriento.
—Sepodrá,siyolodeseo—susurróconvozrasgadaytensa—.Ylodeseo,tantocomoprobar
tuslabiosahora.Enadelante,habrásdesertúlaquemeasaltecomoyolovoyahacerahora,para
complacermedebidamente.Aprendebiencómohasdehacerlo.
Y se cernió sobre mis labios con una voracidad salvaje. El asalto de su lengua, imperante y
exigente, encontró sumisión y derrota. Barrió el interior de mi boca, imponiendo su dominio,
exaltado por el triunfo, y, embargado por un deseo fervoroso, paladeó con delirio cada rincón,
derramandoenmigargantagemidosardorososygruñidosinsatisfechos.
Cuandoseapartó,ambosjadeábamos.Ensufaz,lacomplacencia;enlamía,laaceptación.
—Voyaconfesartemiúltimodeseoalosdioses,undeseoalqueofrecíunsacrificiodesangre,
un deseo casi desesperado. —Su penetrante mirada me erizó la piel—. Pedí a los dioses que me
saciaran de ti lo suficiente como para poder alejarte de mi lado. Nada me haría más feliz que
arrancartedemipecho.
Yentoncessealejó,atravesandolospesadoscortinajescarmesís,aparentementeabatido,como
si en lugar de una victoria asumiera una derrota, como si hubiera cargado sobre sus hombros un
pesodifícilmentesoportable.Aquelloerayoparaél,unacondenadelaquenopodíalibrarse,pero
sinlaquenopodríavivir.
Resoplé y me tumbé en el lecho; mi carga era mayor que la suya. Mi corazón se había
convertido en piedra y mi esperanza, en desánimo. Lo único que me anclaba a esta vida era la de
Gunnar,aunqueestuvieramuylejosyademí.
Alcabo,unsusurrodetrapoyunasligeraspisadasanunciaronunavisita.
Abrí los ojos, para encontrar el soliviantado rostro de Eyra. En su hundida, apagada y sabia
mirada,rezumóunatristezatanhondaqueterminódequebrarmialmayadesgastadayyerma.
—Aguardotusreproches—musitéconunhilodevoz.
La anciana negó con la cabeza; su abatimiento era tal que sus arrugas se me antojaron más
profundasysuañosaconsistencia,másendeble.
—Obrasteconelcorazón,noconlacabeza—repusosentándoseamilado—.Nohevenidocon
reproches,sinoaofrecerteelconsueloquenopudeofreceramipropiohijo.
Seinclinóhaciamíymeabriósusbrazos.Meincorporéymeentreguéasuabrazo,posandoel
rostro en su pecho, rompiéndome en un agudo sollozo, que abrió la compuerta nuevamente al
tormentoquemeconstreñíacomounagranserpienteenroscadaamicuerpo.
—Ssshhhh... pequeña, llora, libérate —susurró con dulzura, mientras acariciaba mi cabello y
sosteníamicuerpoconunaternuraqueacentuabamiextremadebilidad.
Sollocé, me lamenté y me derrumbé entre hipidos, gemidos y espasmos... maldiciendo al
destino,alosdiosesyamímisma,pornohabermemantenidoapartadadeél,pornohaberhuidoa
mi tierra cuando tuve la oportunidad, por aferrarme al pasado, por luchar por un amor que ahora
comprendía maldito. Y, tras un largo instante, cuando mi llanto se consumió, cuando mi cuerpo
languideció y mi ánimo se aligeró, supe que, tal como Gunnar había temido, yo no era la misma
Freya. No, una vez más, la mujer que fui moría de nuevo, para renacer, esta vez con el mismo
nombre, pero no con el mismo corazón, porque ése estaba tan muerto como mi esperanza de ser
feliz.Yentendíque,apesardelograrresurgirdecadatragedia,encadavarapaloquedabapartede
nosotrosmismos.Trascadavivenciadolorosa,yacíaunabuenapartedeilusión,deingenuidad,de
confianza, muriendo en nosotros esas virtudes en favor de las necesarias para continuar: recelo,
prudencia,amargura,frialdad,fortalezayrencor.Almenosyoteníaunarazónparacontinuar,para
mostrarlosdientesyseguirluchando,yporlosdiosesqueloharía.
Meenjuguélaslágrimasconademántoscoysemblantesobrio.MeseparédeEyra,conunrictus
decididoymiradafirme.
—Ahora,Eyra,quemesometoalaProvidencia,queaceptosuscruelesdesignios,tejuroque
devolveré golpe por golpe, que morderé con saña, y que no habrá piedad en mi corazón para mis
enemigos. Ahora, nada contiene al lobo que hay en mí, ahora sigo sus huellas... ahora, él me
gobierna.
Eyra, con la mirada arrasada en llanto, pero semblante impertérrito, asintió queda, cogió mi
manoylaestrechóconfuerza.
—Huboundíaenquelleguéapensarquenadiepodíasufrirmásdeloqueyolohabíahecho—
hizounapausaybajólacabeza,buscandolaspalabrasensuinterior—,peroestabaequivocada;sin
embargo,nosécuáldevosotrossufremás,siélotú.
—No hay diferencia entre él y yo —repliqué en tono estrangulado—. Somos uno, aunque nos
obliguenavivirseparados.
Eyraahondóenmimirada,escrutandoenella,vaticinandomispensamientos,midecisión,como
tantasotrasveces.Siemprepenséqueaquellaenjutamujer,sufridaytansabiacomolostiempos,en
realidadescondíaensuinterioraunapoderosavölva,unahechiceraqueleíalamenteyabríaelalma.
—PagascontuvidaladeGunnar—adivinóconhondopesar—.Y,aunquemicorazóndemadre
rezumeagradecimiento,lloradepenaaltiempo.
Resopló, exhalando un aliento largo y contrito, como si fuera su alma la que escapara de su
cuerpoenaquelprofundoyáridoresuello.
—Y aun así —agregó en un hálito de voz—, me agarro a la esperanza, aunque ni tú ni él lo
hagáis.Porqueunamorcomoelvuestrosiempreencontrarálamaneradeunirsusdestinos,porque,
aunqueseabralatierraysecaigaelcielo,aunquelosmaresseenfurezcanylosdiosesbramen,la
magia que os une jamás se disipará. El agua siempre halla un cauce, y más si corre de manera tan
torrencial.
Palmeóeldorsodemimano,forzandounasonrisaconfiadaquenollegóasusojos.Echóhacia
atrássulargatrenzaplateadaysepusoenpieconintencióndemarcharse.
—¿Cómo...cómoestáél?—inquirí,conociendolarespuesta.
—Tan convencido como tú de lo imposible de vuestro amor. Llorando dos pérdidas
irreparables,ladesuhijoyladelamujerqueama,otravez.Perotambiénhayunanimalenél,quelo
impeleráacontinuar.
—Unleón—murmurémásparamímisma.
Eyrafruncióelceñoconextrañeza,sacudióunpocolacabeza,mededicóungestoimprecisoy
salióconpasoderrotado.
Mederrumbéenellechopensandoqueeracompletamenteimposiblequedemisojosbrotaran
máslágrimas,perobrotaron.
MifielFenriremitióunlevequejidolastimero,revelandoaquellaextrañaconexiónquelounía
amí.
31
Juicioycondena
A veces, cuando creemos no poder dar un paso más, cuando pensamos que todo ha terminado,
cuandosentimosquelasfuerzasnosabandonanytodoanuestroalrededorlanguidecemoribundo,no
sospechamosque,antesdeloimaginado,nuestroserresurgirámáspoderoso,másbeligeranteymás
vehementequenunca,esgrimiendoelaplomoylafortalezanecesariosparaseguirrecibiendogolpes.
Descubrimos, no sin cierto asombro, que ya no duelen igual, que nuestra resistencia a ellos se ha
incrementado,yque,cobijadosenlapacienciayenlaastucia,serándevueltos.
Inmersa en mis cavilaciones, observaba al hombre del que pendía mi vida y la de Gunnar. Un
hombre al que había planeado matar, y al que ahora necesitaba más vivo que nunca, a tenor del
manifiestoenconoquemostrabanlosasistentesaljuicioenelquetodaslaspruebasmecondenaban.
Habíantranscurridoapenastresjornadasdesdeloocurrido.Ycadanoche,elfantasmadeaquel
bebéderramabainclementesobremísuculpa.Yolohabíamatado,yaquellacertidumbrecrecíacon
cadapensamiento.Enmimente,repasabacadainstantedeaqueltrágicosuceso,revelándomedetalles
que se me antojaban esclarecedores. No albergaba duda alguna sobre la autoría de tan aberrante
muerte, en la que había sido utilizada y engañada para ejercer de verdugo. Ahora entendía la
advertenciadelOráculo...«aléjatedelllantodeunniño»...Loquedesconocíaeraelmotivo.Perolo
hallaría,yestabaseguradequeesemotivoseríamiarmacontralamujerquemehabíaarrastradoal
oscuroabismoenelquemehallaba.
Clavé los ojos en ella y me prometí a mí misma arrastrarla conmigo. Nada temía ya, y era
precisamenteesacondiciónlaquemeliberaba,laqueconferíaamilobounanuevacualidad,lade
serletal.
Curvéloslabiosenunasonrisadurayfría,dirigidaaladulceRagnhild,atravesándolaconuna
miradaamenazadoraquelaremoviódesuasiento,evidenciandosuinquietud.
Paseélamiradaporlaatestadasalaprincipal.
Apesardeestarderodillas,conlasmanosatadasalaespaldayvistiendounatoscacamisolade
áspera sarga, adopté una posición altiva y confiada, envarando la espalda y alzando orgullosa la
cabeza, devolviendo cada mirada cargada de ira por una retadora. Ellos habían acudido para
ajusticiaraunavilasesina,aunacondenada,peronoeraesoloqueveíanenmí,pues,aunqueenmi
particularjuiciointernohabíaresultadoserculpable,porlosdiosessiasumíatambiénsuscargos.
QueGunnarnoestuvieraenlasalafacilitabalaarduatareademantenermeimperturbable.
Halfdanbramóexigiendosilencio.
Los abucheos, las amenazas y los improperios se atropellaban en el tenso ambiente del
abarrotadoskáli. La muchedumbre, acalorada e impetuosa, se tornaba una gran masa oscura de ira
quecomenzabaaalzarsedescontroladasobremí.
—MeasisteelecuánimeForseti,diosdelajusticiaylaverdad—comenzóadeciravivavoz—
y, como su representante en la tierra, desentrañaré este doloroso caso, prometiendo a la madre un
justocastigoparalosculpables,sisedemuestraqueloson.
—¡Muchas la vieron huir de la cabaña! —vociferó una voz masculina—. ¡La desconsolada
Sigridpresenciócómomatabanasupequeño!
—¡Alosperros!—gritóotraenfurecidavoz—.¡Sonunosasesinos!
—No obstante —interrumpió Halfdan con voz atronadora y regia, que reverberó en cada
madero, flotando hasta el fondo de la amplia estancia y silenciando a los congregados—, ambos
proclamansuinocencia.Convencidosdequeelfiltroeraunremediosanador,obraronconlaúnica
intención de salvar su vida, pero no llegaron a tiempo. El bebé agonizaba cuando ella, en su
desesperaciónporobrarlasanación,leadministróelbrebaje.—Hizounapausa,queaprovechópara
fulminar con la mirada a los más beligerantes. Con fingido ademán distraído, acarició la labrada
superficie de la empuñadura de su espada enfundada, en un claro recordatorio de su poder sobre
ellos,yañadió—:Yosaseguroqueeseremedioeraenverdadunacura,puesfuemireinaquienlo
recomendó.Pordesgracia,elpequeñonorecibiólacantidadnecesariay,cuandoquisieronenmendar
elerror,yafuedemasiadotarde.
Sagazmente,supoquenadiedelospresentesseatreveríaadudardelapalabradeunareina.Yasí
fue,antelasmiradasturbadas,malhumoradasyasombradasqueaquellasgentesintercambiabanentre
sí,buscandoquizáunvalerosopaladínquedefendieralacausa.Nadieosócontradecirasurey.Pero
la insidiosa semilla que había germinado en el corazón de los aldeanos continuaría creciendo de
formapeligrosa.Ensussombríossemblantestitilabaunclamorpopularapenascontenido,ansiosode
venganza.
Entonces, Ragnhild se incorporó de su trono y avanzó hasta su esposo con un doliente gesto
ensombreciendosurostro.
—Lamento profundamente lo acontecido —manifestó cogitabunda. Su voz, suave como el
terciopelo,sufazapesadumbrada,suportearrepentido,soliviantaronunpocolosarrobadosánimos.
Lareinaseaproximóalasufridamadre,quehervíadefuriayfrustración,ysearrodillóante
ella,apresándolelamanoentrelassuyas.
Unsilenciosepulcralinvadiólagransala.
—Mi gentil Sigrid —musitó apenada—, no me atrevo a imaginar el duelo por el que estarás
pasando.MiúnicaintenciónfuesanaratupequeñoOttar,sólolamentolafataldecisiónenlaelección
delaportadora.Desconocíatusreceloshaciaella,yquetenegaríasaaceptarnadaquevinieradesu
mano.Porello,tepidodisculpas.QueloscuervosdeOdín,HuginyMunin,devorenmisojossino
expliquécondetallelosingredientesautilizar.
Un demudado suspiro escapó de casi todos los presentes. Cerré brevemente los ojos, en un
intentoporcontenereltorrentedecóleraqueamenazabaconahogarme.Temblabairacunda,sentía
las mejillas arreboladas, la garganta seca y la mirada brillante. El fuego de mi interior crepitó de
formasalvaje.Aquellaarpía,aquellavenenosaserpienteadornadaconunacoronareal,acababade
sembrarunadudaenunatierrafértilenexceso.
Halfdan maldijo entre dientes, tenía la mandíbula desencajada y el rostro crispado. A grandes
zancadas, se acercó a su esposa y, sin muchos miramientos, la cogió del codo obligándola a
incorporarseysedirigióaSigrid,congestotenso.
—Todo ha sido fruto de la fatalidad —afirmó huraño—. El destino del niño estaba marcado.
Eresjovenytuhombre,vigoroso;tendréismáshijos.Mireinayaconfesóqueelúnicomotivodel
brebajefueayudar;porlotanto,nohaycondenaniculpable.
Sigrid,conlosojosinyectadosensangre,unamuecaferozdescomponiendosusfaccionesytan
lívidacomounaaparición,comenzóanegarconlacabezaconinusitadaviolencia.
—¡No! —exclamó furibunda—. Esa... esa perra lo mató ante mis ojos. —Su voz estirada se
quebró,ycerrólosojosconfuerzaenungestodeinfinitodolorquemesacudióelalma—.Yvoy...
voy a demostrar que lo hizo adrede; no dudo de la bondad de vuestra señora, más sí del odio y la
venganza que ella —alzó su dedo acusador hacia mí— ha descargado en un ser indefenso, en un
inocente bebé, malogrando además el hijo que ya gestaba de mi Gunnar. No existe venganza más
cruelqueésta,heperdidodoshijosalmismotiempo...
Yentonces,suvozserompióenunsollozodesgarrador.Cayóderodillasygimiódesaforada
clamandojusticia.Lamuchedumbreseavivó,comounincendiovirulentodevorandounpastosecoy
marchito.Lavozdelpueblosealzó,mostrandosuapoyoalajovenmadre.
Losánimosseexacerbarontantoquelosguerrerosquecomponíanlahirddelreydesenvainaron
casialunísonosusacerosyapuntaronalamultitud;elecometálicohambrientodesangremeerizó
lapiel.
—¡Justicia!—entonabancoléricosloshombresmientrasavanzabancondecisión.Lasmujeresy
los niños se dispersaron a los rincones, buscando protección de la revuelta que estaba a punto de
estallar.
—¡¡Calmaos!!—rugióHalfdan,alzandosupropiaespada—.¡¡OporlalanzadeOdínquehoy
rodaráncabezas!!
Mepuseenpieymeacerquéalaplebe,sosteniendosindoblegarmeelodioquedesprendíansus
miradas,tanafiladasyardientescomounaandanadadeflechasincendiarias.
—Jamás sesgaría la vida de un inocente —comencé a decir alzando potentemente la voz—.
Jamásutilizaríataninfamearmacontramisenemigosyjamáspasópormicabezavengarmedela
mujerquetantomearrebató.¿Ysabéisporqué?
La muchedumbre, arrebolada y tensa, se apiñó, más pendiente de los guerreros que los
apuntabanquedemí.
Conteniendo a la turba, vislumbré a Hiram, a Sigurd, a Thorffin, a Erik, a Ragnar, a Asleif, a
JorundyaValdis.
—Porqueséelinsoportabledolorqueconllevalapérdida,porqueséquelamuertenodevuelve
vida...yquecontralosdiosesnadasepuede.—HiceunapausayclavélamiradaenSigrid—.Yono
matéatuhijo,miúnicaintenciónfuesalvarsuvida.Lojuroporlosdioses.
De los claros ojos de la mujer, inflamados y enrojecidos, siguió manando toda la rancia
animadversiónquesentíapormí.
—¿Y por qué habrías de querer salvarlo, cuando era el único obstáculo que te separaba de
Gunnar?—increpóescupiendosudesprecio.
Respiréhondo,buscandoelsosiegoquenecesitabaparacontinuar.
—Porquehabíadecididoregresaramitierra—confesésincera—yqueríaqueéltuvieraalgoa
loqueasirse.Yporquetengocorazón.
Depronto,lossoterradosymalintencionadosmurmullosquehabíanestadoflotandoenlasala
sediluyeronenunsilenciocortante.
—¡Tambiényolotengo!
Aquellaexclamaciónmehelólasangre.Desviélamiradahaciaelportadordeaquellaguturaly
gravevozyelcorazónsedetuvoenmipecho.
Gunnaravanzabacondecisiónporelpasillodecuerposapretadosqueseapartabanasupaso.
Vestíaunatúnicanegra,calzasdepielcurtidayunacapadepieldeosopardo;sulargamelenaclara
desgreñadayalborotadacubríasusanchoshombros,yunabarbapobladauntonomásoscuroquesu
melenaresaltabasusmullidoslabios.Mostrabasemblantetorvoyrictusherido.Portabaunpequeño
sacoenlamanoderechaquesebalanceabaconcadazancada.
Seplantófrenteasurey,perosuspenetrantesojosverdes,delaintensidaddelmusgoacariciado
porelsol,seposaronenmíiluminadosporunaaciagadesilusión.
—Y mi corazón también exige saber la verdad de lo ocurrido —musitó con aspereza en tono
elevado—.Nimi...—frenósuspalabrasabruptamente,tragósalivacondificultadycontinuó—...ni
Freyaniyotememosalaverdad,pues,comobienhasdicho,mi...—hizootrapausaincómodaque
tensólasfaccionesdeHalfdan—...mirey,somostaninocentescomoelfríocadáverdeOttar.Ycomo
séquelaspalabrasnogozandelpoderdelasevidencias,aquíoslastraigo.
Cogióelsacoconlasmanosyextrajodeélunapequeñasetablancuzca.Estavezsedirigióa
Ragnhild.
—ÉsteeselhongoquerecomendasteisaFreya,¿verdad,mireina?
Gunnar,tanastutocomounzorro,habíaconferidoalapreguntauncarizafirmativo.
Poruninstante,lajovenpermanecióensilencio,sopesandosurespuesta.Halfdanlafulminócon
lamirada,impeliéndolaacontestar.
Apenasasintiólevemente,torciendoelgesto.Lainquietudbailabaensufaz,frunciendosuceño;
suaniñadorostroenrojeció.
Gunnar, complacido con esa tibia señal de aceptación, se volvió hacia sus convecinos y les
mostróelpeculiarhongomientrasloalzabasobresucabeza.
—Ésteeselhongodelqueseextrajoelfiltro,yelquehubierasalvadolavidademihijoconlas
debidasdosis,elquetansabiaybondadosamenterecomendólareina.Resultapuesevidentenuestra
inocencia...yladenuestrareina.
Al incluir de un modo tan sagaz a Ragnhild en su defensa, se aseguraba que nadie volviera a
cuestionarlaacusación.Yasífue;losánimossecalmaron,yhastaHalfdanrelajósuexpresiónysu
porte.Lasespadasseenvainaronylagentesedisgregóenreducidosgrupos,expresandodeforma
másíntimasusopiniones.
Ragnhilddesapareciódiscretamenteconmiradahuidiza.
—Aclarado este peliagudo asunto —manifestó Halfdan—, no toleraré que nadie caldee los
ánimosconacusacionesinjustasomicólerarecaerásobreellos.Yahora,quecorralacerveza,nada
limamejorlasasperezasquesuespuma.
Me echó un fugaz vistazo, dirigió a uno de sus guerreros un gesto urgente y el hombre se
apresuró a liberar mis muñecas cortando la cuerda que las apresaba. A continuación, Halfdan se
retiró a sus aposentos privados, dejándome ante un Gunnar que permanecía inmutable. Me
contemplabahierático,envaradoydistante.
Hiceademándeacercarmeaél,peroretrocedióunospasosyyomedetuve.
—Gunnar...
Negóconlacabeza,sumiradaseoscurecióysurictussecontrajoenunamuecadolorosaquese
esforzóporestrangular.Recompuesto,logrómantenerunamiradaduraeimpenetrable.
—Sólo...quería—mivozsonóquebradaydébil—agradecertu...
—No—musitóconfrialdad—.Notienesnadaqueagradecerme,comotampocoyoati.Apartir
deestemomento,ambossomoslibres;puedesregresaratutierracomoestudeseo,oservir...aun
rey,túeliges.
—No—meapresuréareplicarcuandoélyasedabalavuelta—.Noteequivoques,yonoelijo,
yano.Todoslohacenpormí.
Resopló y sacudió exhausto la cabeza, hundió los hombros y asintió; sus hombros temblaban,
todosucuerposetensó.
—Decidiste huir de mi lado —siseó entre dientes, con unos ojos entrecerrados llameantes de
furia—.Renunciasteamí,malditaseas,yconseguistederrotarme.Estoseacabó.Losdiosesganan;
comobiendices,todosganan...menosnosotros.Ereslibre,Freya,hazcontuvidaloqueteplazca.
Ysevolviódejándometemblorosa,llorosaeirascible.
—¡No,jamásserélibre—legritécontrita—,¿meoyes,malditobárbarodeldemonio?!Pormuy
lejosquemevaya,nuncaloseré,porquemeesclavizasteati;deberíaodiarte.
Memiródesoslayo,sinatreverseaenfrentarme.Porladesgarradoratensiónquecontorsionaba
susfacciones,supequeestabaapuntodederrumbarse.
—Ódiameentonces,pocomeimporta.
Ysalióagrandeszancadas,abatido,derrotadoyroto.
Liberé un hondo sollozo, y me volví para que nadie viera mi dolor, aunque mis hombros se
sacudíanyelpechomeardíadevoradoporlenguasdefuegoenelqueseentremezclabanunarabia
insana y venenosa, un sufrimiento atroz y el pleno convencimiento de que todo había acabado
definitivamente.
Unos brazos me cogieron, un pecho me cobijó, unas caricias me reconfortaron. Halfdan me
susurrópalabrasdulcesquenoaligeraronmiamargoryseesforzóenotorgarmeunsolazqueno
disipóunabriznadelapesadumbrequemeoprimía.Sinembargo,sucalorsíevaporómifrío.
32
Viviendosincorazón
Lasjornadaspasabanlentasytediosasyelcrudoinviernocomenzabaaapagarsey,conlaprimavera,
muchascosascambiarían.Brotaríaunaguerracomobrotaríanfloresenelvalle;elsolbañaríalos
campos,comoloharíalasangredelosenemigos;labrisaviajaríaperfumandolaspraderas,como
viajaríanlastraicionesylasintrigasemponzoñandoelaire,ylospájarossobrevolaríanlosdensos
bosques,comoyonavegaríaatravésdelanchomar.
ConlallegadadelaOstara,comollamabanellosalaprimavera,tambiénllegabalabendición
másbrillantedelaño,enlaquecelebrabanlavictoriadeThorsobrelosgigantes,delSolsobrelos
lobos que lo persiguen y del verano sobre el invierno. Harían sacrificios a los dioses para ser
bendecidosconcosechasfértiles,dandocomienzoalamejorépocadelaño.Unavezquelastierras
estuvieran cultivadas, y el ganado engordado, marcharían de nuevo a la conquista de nuevos
territorios,sembrandoelterrorenlascostasenemigas,sometiéndolasconsangrientasincursiones.
Y mientras Halfdan planeaba su conquista de Jutlandia para enfrentarse al rey Horik; los
guerrerosseentrenabancondenuedo;loscampesinosysiervosseentreteníanjugandoalHnefatalf,
un curioso juego de mesa; las mujeres hilaban en vastos telares, y los niños se sumergían en sus
correrías...yoperfilabaconcuidadomivenganza,antesdepartirhaciaelpuertodeHaithabu,donde
embarcaríarumboamiañoradoToledo.
Gunnar,porsuparte,habíaabandonadoAgderyaSigrid,yocupabaunacabañaenHedemark.
Verlodiariamenteeralamásdurapenitenciaquepodíaimponersealmáspecadordelosprelados.
Erantantaslasvecesquenuestrasmiradasseencontraban,tandurossurechazoysuindiferencia
ytangrandemianhelodeasaltarloybesarlohastadesfallecer,que,cuandoacababaeldía,desgastada
yabatida,solíadormirmellorando,rogandoyrezandoparaqueladistanciayelcalordelosmíos
lograraaligeraresacondenadapresiónquemeatenazabadeformatanimplacable.
Miinsoportablefrustraciónmellevabaalcampodeadiestramientodiariamente,dondepasabala
mayorpartedelamañana,acompañadademifielperroydemiqueridaadiestradora.
Asleif me enseñaba a manejar la lanza, un arma que jamás imaginé empuñar, y que bien
esgrimidaofrecíaunaampliagamadeposibilidadesenataqueydefensa.Eraligera,maniobrabley
manteníaaunamásqueprudencialdistanciaalosenemigos.Cadamovimientoeracomounadanza,
enlaquelahabilidad,lagraciaylarapidezeranlosvaloresperseguidos.Lacomplejidadyfloritura
de cada posición exigía un alto poder de concentración. Memorizaba enrevesados giros, cambios
posturalesytácticasdebloqueo.Enmiaprendizaje,perdíalalanzadecontinuo,megolpeabadeun
modoaccidentalconellaoeraembestidayderribadaporladeAsleif,cuyahabilidadconellarayaba
losobrenatural.Poseíaademanestanelegantesyletalesauntiempo,eratanendemoniadamenteveloz
ytansagazmenteavezadaenaquellapeculiardanza,quecortabaelaireymialiento,yredoblémis
esfuerzosymiconcentración,acicateadaporelempeñodeganaruncombate.
Chocábamos nuestras lanzas, cruzándolas, y, cuando sosteníamos un pulso por liberarlas, me
lanzóunafuertepatadaenelvientrequemederribódeespaldasalsuelo.
—Que tus manos estén ocupadas no impide que tus piernas hagan algo —apuntó jadeante y
sonriente.
Melevantédoloridayledevolvílasonrisa,cogídenuevomilanza,afiancémismanosunaa
cadaextremodelapartecentralymepuseenguardiadispuestaparaotrocombate.
—¿Notecansasnunca?—preguntóconundejedeadmiraciónenlamirada.
—Estoyexhausta—confesé—,peronolosuficientecomoparadetenerme.
—Hederecordartealgo,Freya:enlalucha,ymásenelcampodebatalla,nohayreglas.Cuando
tengas enfrente a tu oponente, sólo podrás valerte de las tácticas aprendidas, de tu frialdad, y de tu
astucia.Cualquierartimañaquelogreromperunpulsoconturivalquesepasperdido,úsala.Comoya
mencioné en tu entrenamiento con la espada, la mejor táctica para derrotar al contrincante es
sorprenderlo. Si haces algo que no espera, ese brevísimo instante de desconcierto puede darte la
victoria.
Aquella última frase se grabó en mi mente; de algún modo intuí que aquel sabio consejo me
seríadegranayuda.
Asentí, deslicé mi lanza en gráciles círculos, adelanté la pierna derecha, manteniendo la
izquierdaestiradahaciaatrás,paraconservarunnecesariopuntodeapoyoenmislances,yleguiñé
unojo,alaesperadesuataque.
—Te queda mucho por aprender —masculló mientras componía un movimiento ofensivo—,
perocompruebocomplacidaqueposeesunahabilidadnaturalparaladanza.Asípues,bailemos.
Ysecerniósobremígirandolalanzaysuelásticocuerpo.Esquivévariosgolpes,meagaché,
saltéychoquéelcuerpodemilanzaconelsuyo,enrepetidostoquesviolentosquereverberabanpor
misbrazoshastapunzarmishombros,comolasondasproducidasporunapiedralanzadasobrela
quietuddeunlago.
Asimilaba cada movimiento, mientras me esforzaba en cubrirme, gruñendo por el esfuerzo,
intentandoesquivarcadaataque.
Aquella maldita valquiria se asemejaba a un ciclón nevado, blanco y mortífero. Contener su
fiero avance, sus continuos lances, sus patadas, zancadillas, rodillazos y violentos empellones
amenazarondesgastarmehastalamáscompletaextenuación.Elquemesacaraunacabeza,yquesu
corpulenciaapesardesuesbeltezduplicaralamía,nosirviómásquepararedoblarmisesfuerzos,
buscandoenmiinteriorlamásínfimabriznaderesistenciaalaqueasirme.
—Bien,pequeñabondi,asímegusta,sacalafuriadetuinterior.
Enunfogonazodeinspiración,yaprovechandomimenorestatura,jadeante,sudorosaydébil,
fingíarremetercontrasusrodillas,inclinándomeligeramente,fijandolavistaenellas,y,cuandoella
hizoamagodeagacharseparaanteponerseamiataque,alcéelextremoromodemilanzayleasesté
unfuertegolpeenlamandíbulaquelaimpelióhaciaatrás,desestabilizándola.Enmitaddeltraspié,
asesté de nuevo otro golpe a su lanza y la desarmé. Cuando cayó despatarrada en el suelo y me
acerqué a ella para marcarla con la afilada punta de la mía, apresó mis tobillos en el cepo de los
suyos,giróycaídebruces.Rápidacomounrayo,seabalanzósobremiespalda,inmovilizandocon
elantebrazomicabeza,yapuntóellateraldemicuelloconunadaga.
—Buenintento,peronuncasubestimesaunenemigo,niestandoenelsuelo;fingirsevencidoes
otratretamuyusada—susurróenmioído.
Meliberó,seincorporóymeayudóaponermeenpie.
—Haestadocerca—murmuréorgullosa,mientrasmesacudíalasceñidascalzas.
—Esascalzasvuelvenahacerdelassuyas—comentóAsleifmirandohaciaelcercado.
Seguísumiradaparaencontrarmecondosesmeraldasrefulgentesquemesecaronlagarganta.
Afilabasuespadajuntoalavalla,conelpiesobreuntocónylacabezavueltahacianosotrasmientras
trabajaba.Sentísusojosacariciandomicuerpo,ytodomiserseestremeció.
—Siempreencuentralamanerademantenerseocupadocercadedondetúestés—afirmóAsleif,
recogiendolasarmasdelsuelo.
Nopudemovermehastaqueéldesviólamirada;sulargocabelloocultósurostro,ymicorazón
volvióalatirconnormalidad.
Llené mis pulmones en un suspiro largo y profundo, cargado de tristeza y anhelo, y seguí a
Asleifatravésdelasparejasdeguerrerosqueentrenabanconlamismavirulenciaquesiestuvieran
en el campo de batalla. Fenrir caminaba casi pegado a mi pierna, desplegando su fiero instinto
protector.Conformemeacercabaadondeestabaél,mipulsoseacelerabayteníaquerecordarmeque
yanoéramosnada,yquejamásloseríamosporelbiendeambos.
Antesdellegarasualtura,élenvainósurelucienteaceroysealejópresuroso.
SoltéelairecontenidoantelacompasivamiradadeAsleif.
Entramos en el gran skáli justo cuando servían el hadegi, la comida de mediodía. Asleif se
reunió con el resto de las skjaldmö y yo me dirigí a la mesa ocupada por Hiram, Sigurd, Valdis,
JorundyEyra.
—¿Unentrenamientoduro?—mascullóHirammasticandountrozodepanácimo,mientrasme
mirabadesoslayosobresuhumeanteescudilladesopa.
—Undíaduro,comocualquierotro—rezonguétomandoasiento.
—Seguroquelasnochessonmejores—barruntómordaz.
Learrebatéelcuencoybebítodosucontenido.Selodevolvívacío,ylofulminéconlamirada.
—Apuestoaquetusnochessonbastantemejoresquelasmías,elproblemaesquenoséaquién
detusmuchasamantespreguntar.
Hiramseenvaró,fruncióloslabiosyconunmohínmalhumoradomecontemplóceñudo.
—SóloestoyconValdis—aseguróconacritud—,puedespreguntarleaella.
SostuvelamiradaofendidadeValdis,lamentandomispalabras.
—Mealegroporlosdos—proferíamododedisculpa.
SentílamiradadeEyrasobremí,escrutándomereprobadora.Nuestrarelaciónsehabíaenfriado
considerablemente;yolaevitabayellapermanecíadistante,sólosedirigíaamícuandoalgunalabor
requería nuestra colaboración conjunta, reduciendo nuestras conversaciones a cosas triviales. Sin
embargo,leíaensumiradacontantaclaridadquehastaevitabasostenerla.Temíasusreproches,pero
temía más que me hiciera cambiar de opinión. Sólo ella sabía que pensaba escapar de este mundo
pararegresaralmío.
ErademasiadoarriesgadoqueHalfdansupieramisplanes,puesseguroquemecolocaríaunas
argollasymeanclaríaasucama.YaunquesupremisafuequememantuvieralejosdeGunnar,yen
esoseríamásqueobediente,nosepermitiríaperderme,aunqueenrealidadnometuviese.
A decir verdad, tenía algo de mí: un cuerpo sumiso que soportaba sus embistes y luego su
frustración.Teníamiapatía,miindiferenciaymirabia,y,aunquemecostarareconocerlo,también
poseíamicompasiónyenocasionesmisimpatía.Nosabíacuántotiempotardaríaencomprenderque
nunca me conquistaría, aunque acariciara mi piel y tomara mis labios, aunque yaciera conmigo e
intentara despertar una pasión que nunca llegaba. Como tampoco lograba adivinar su reacción
cuando aceptara su derrota. No obstante, poco a poco veía cómo se obraba un cambio en él. Su
orgullo, su altanería, se apagaban a favor de una amargura que lo roía por dentro, tornando en
irascible su ánimo, ensombreciendo su rostro y borrando de su faz aquella media sonrisa ladina y
pícaraquelocaracterizaba.Seestabaconvirtiendoenunhombreatormentadoempeñadoenatarsea
sutormento,comoelqueselanzaalmarabrazadoaunagranpiedra.Tenermeasícomenzabaaser
sumayorderrota;eracuestióndetiempoqueloasumierayentonces...entoncestodopodríapasar.
FijélamiradaenRagnhild,quecomplacidamirabaasuesposoarrobada,mientrasseacariciaba
elyaincipientevientreredondeado.Parecíanoimportarlenoposeersucorazón,ynocompartirya
sucama.Aquelniñoquegestabasuvientreeracuantoambicionaba,sólounacosafaltabaparaquesu
felicidadfueracompleta:quefueraunvarón.
Jora, la esclava, me ofreció una escudilla colmada de guiso de pescado, y llenó la jarra de
Hiram mientras lo miraba con invitadora lascivia. El guerrero cometió el tremendo desatino de
sonreírle,atrayendotodalafuriadeValdissobreél.
—Quizáquierasrecordarleaesta...esclavaloquelehasdichoaFreya—prorrumpióofuscada.
—Todoslosaben,Valdis,ycréemequetementuapodo,tantocomoyo.
—Pues me temo que Jora parece olvidarlo —replicó irguiéndose y encarándose con la
muchacha.
—Sólohellenadosucopa—sedefendióJora.
—Sí,mientrastelocomíasconlosojos—acusóconlasmanosenlacinturaymiradallameante.
—Si tu hombre es hermoso, habrás de aguantar que las demás lo admiremos; si no, haber
seducidoaSigurdelDuende—adujolachicamalhumorada.
Elaludidochasqueólalenguaysacudiólacabeza.
—¡Vayasuertelamía!—exclamóSigurd—.Laprimeravezquememencionanenunapeleade
gatasyesparaecharmeportierra.
Hirambajólacabezaparaesconderelrostro;sushombrossesacudíanenunfútilesfuerzopor
contenerunacarcajada.
—¡Tútecallas,mentecato!—ordenóValdis—.Nohablocontigo.
Sigurd se puso en pie y se limpió la boca con la manga de su túnica, dispuesto a enfrentar a
FuriaRoja.
—Escúchamebien,niña—comenzóadecirarrastrandolaspalabras,comosilehablaraauna
atolondrada—,conelpermisodetupadre,aquípresente...
—No,no,no...amínomemetasenesto—seapresuróareplicarJorund,sacudiendolamano—,
bastantetengoconaguantarsuhumordesdequenació.
—¡Padre!—exclamóValdisenfurruñada.
—¿Ves?—selamentódirigiéndoseaSigurd—.Yamehasmetidoenunbuenlío.
Los hombros de Hiram se agitaron esta vez más violentamente; las sofocadas risas que se
empeñaba en dominar escapaban en extraños ruidos velados que atrajeron la atención de toda la
mesa.
—¿Yo? —inquirió Sigurd agrandando los ojos disgustado—. Que la ira de Loki caiga sobre
vosotros,sólopretendíadecirque...
—¡He dicho que no vuelvas a mirarlo! —exclamó de repente Valdis, clavando su amenazante
miradaenJora—.Porque,sivuelvesahacerlo,tejuroporVarquetearrancarélosojos.
—¿Alguienmeescucha?—profirióSigurdfrustrado.
—Ah,¿sí?—respondióJora—.PuesyapuedesarrancárselosatodaslasmujeresdeHedemark,
deberíasescucharloquedicendeél.
Valdisapoyólaspalmasdelasmanosenelrugosotablerodelamesayseinclinócoléricahacia
Jora.
—¿Yquédicen?—alentóechandofuegoporlosojos.
—No, Sigurd —intervino Jorund con una sonrisa bailando en sus labios, una sonrisa que se
esforzaba por estrangular—. Nadie te escucha, creo que sólo yo y quizá... espera... Freya, ¿tú lo
escuchas?
Asentíconteniendolarisa;veraHiramfrenteamí,rojocomounabaya,intentandocubrirseel
rostroconlasmanosysacudidoporcarcajadasreprimidaseramáscontagiosoqueunaplaga.
—Dicen todas las cosas que estarían dispuestas a ofrecerle en el lecho —soltó Jora con una
sonrisaperversacurvandosuslabios—,dicenquemataríanportenerloentrelaspiernas,dicenque...
Noacabólafrase:Valdissaltóporencimadelamesaysearrojóliteralmentesobrelaesclava.
Lasmujeresseenfrascaronenunapeleamientrasrodabanporelentarimado.Varioshombres
lasjaleaban,alentándolas,yotrospocoscomenzaronahacerapuestas.
—¿Nadievaasepararlas?—mascullécogiendomiescudilla.
—Creoquetengoqueseryo—musitóHiram,aúnlagrimeando.
—Déjalasunratomás—arguyóJorund—.Unatienequeaprenderanosertandescarada,yla
otra,asuavizarsucarácter.Nadasosiegamáslosánimosqueunabuenapelea.Además,porloque
puedoverganamihija,asíquevoyaapostar.
Yselevantórebuscandoensusbolsillos.
—¿Qué...quéqueríasdecir...Sigurd?—preguntóHiram,entrecortado,aguantandolarisa.
—Puesibaadecirquepuedequenoseaguapo,peroquetengolatrancadeuncaballo.
EstavezHiramsísepermitiósoltarunasonoracarcajadaquelodoblóendos.Aporreólamesa,
tumbadosobreella,mientrasreíaamandíbulabatiente.
—Tal vez, si la enseñaras más a menudo, esas dos estarían peleando por ti —apuntó Eyra
sonriente.
Hiramaumentólascarcajadas,yyolascompartí.
—Te aseguro, Eyra —añadió Sigurd—, que si no la llevo fuera es porque sé que estos
malnacidosenvidiososmelacortarían.
Entrerisas,apuestasypeleas,metopéconlamiradadeHalfdanprendadaenmirisueñorostro.
Apartélavistadeinmediato,rogandoporqueestanochenomellamaraasulado.Parecíalibraruna
batallaconsigomismo,espaciandolasobligadasvisitasquemeimponía,quizáparalograraquello
queambicionabatantocomoconquistarJutlandia:arrancarmedesupecho.
—Mirad,ahívieneunoquenisucaranisuvergaprovocaríanunapeleademujeres—anunció
Sigurdsentándosedenuevo.
Me volví siguiendo su mirada y vi cómo Erik Cabello Hermoso avanzaba mostrando su
maltrecha dentadura a cuanta moza se encontraba a su paso, tan engreído y seductor que tuve la
certezadequeposeíaalgúnocultodonparalaconquista.
No se dirigió a nuestra mesa, sino a una situada en el lado opuesto, y supe el motivo cuando
comprobé que, tras él, marchaban Thorffin, Ragnar y, en último lugar, Gunnar. De forma
inconsciente,meenvaré;meesforcéenapartarmivistadeél,centrándolaenmiescudilla.Perounay
otravezoteabaensudirección,miserablementehambrientadesuatención.
Para mi desgracia, no se sentó de espaldas a mí, sino de frente, estratégicamente situado para
poder observarme desde su lugar sin tener que acechar entre los corpulentos cuerpos de sus
guerreros.
Cuandonuestrosojosseencontraron,meperdíenaquellaprofundalagunaverde,tanprofunda
comolascharcasformadasenlasoquedadesdeherbosasrocas.Meembebídesurostro,casioculto
porsuabundantecabelleradelcolordelbroncepulido,yesabarbaespesaqueyasehabíaconvertido
ensueternacompañera.Aunasí,mimiradaviajabainquietadesuslabiosasusojos,preñadadeuna
necesidadtanacuciantequedolía.Lasuya,encambio,eraserena,fríaeimperturbable;tansólome
contemplabaconacusadagravedad,sinexpresarningunaemociónenparticular.Esaindiferenciame
heríamásquemiesforzadacontención.Unaindiferenciaalaquedebíaagarrarmeparareforzarla
decisióndemarcharme,unaindiferenciaquenosmanteníasabiamenteasalvo,unaindiferenciaque
debíaagradecerperoqueodiabacontodamialmainmortal.
Noséquémeposeyó,peroleregaléunamiradaairada,frustradayrabiosa,quelodesconcertó.
Hirammeobservabaconsemblanteconfusoy,cuandosevolvió,adivinódeformasomerami
malestar;eso,yqueValdisarrastrabadelpeloaJora,comosisetrataradeunapiezadecaza.Cuando
la soltó triunfal, alzó los brazos victoriosa y todos la vitorearon. En ese momento, Jorund tomó
asientodenuevocongestodepadreorgulloso.
—Mipequeñayaesunamujer—mascullócasiconnostalgia.
Hirampusolosojosenblancoyresoplóhastiado.
Enesemomento,laaludidatambiéntomóasiento,sonriendojactanciosa.Teníamarcasdeuñas
enlasien;elrojocabello,anudadoyalborotado,ylamejilladerechaenrojecidayalgoinflamada,
mostrandolahuelladelapequeñamanoquesehabíaestampadoenella.
—De ahora en adelante, más de una se pensará acercarse a ti —aseveró intentando arreglarse
conlasmanoslosmechonesrevueltos,todavíatitilandoensuslabiosunasonrisavanidosa.
—Esoespero—opinóSigurd,fijandolamiradaenlarevueltamelenarojadeValdis—,porque,
aestepaso,acabaráspareciéndoteaRagnar.
—Ysitúcontinúasmetiéndotedondenoteincumbe,yameencargaréyodequeteparezcasa
Erik—contraatacólabelicosaValdis.
—¡Basta ya! —exclamó Hiram indignado—. Ya estoy harto de lidiar con tu condenado genio,
mujer.Estarásenmicamahastaqueyolopermita,pero,situintenciónesganarmicorazón,yate
adelantoqueelcaminonoesése.
Valdisenmudeció,agrandólosojosimpactadaybajólamiradaasimilandoelgolpequeacababa
desufriryquenorevelaríasuaparienciacomolosotros.
—Muchacho—medióJorund—,eselamorquesienteportiloquelaciega,habríasdesentirte
orgullosoymostrartemáscomprensivo.
—Eseamorasfixia—revelóHiramcongestoadusto—,esloquequieroqueentienda.Ysiyo
nopuedorespirar,tampocopuedosentir.Habrádeconfiarenmí,habrádepermitirqueotrasmujeres
sean libres de obrar como deseen, porque soy yo, entiéndelo bien, Valdis, soy yo quien elige con
quiénestar.
—Sí—intervineconunnudoenlagarganta—.Ynohaynadamejorquepoderelegiratupareja
yqueélteelija.—BusquélosojosdeGunnarmientrashablaba,nomesorprendiótenerlossobremí
—.Valdis,alejatusmiedosydisfrutadeestarconél,puesnuncasesabehastacuándopodráshacerlo.
Elamornoseexige,nosecela,noseapresaenunajaula,nosejustificaynosereprocha...elamor...
sólosesiente.
Yfueelamorloquebrotódemisojos,inundandolosdeGunnar,quemecontemplabaconharto
asombro.Surictusseendurecióenelacto.
Hubounsilenciotensoenelqueflotarontodaclasedepensamientosyemociones.Alsemblante
deValdisasomóelarrepentimientoylacomprensión;aldeHiram,algoparecidoalaenvidia,porno
poderconoceresesentimientoqueparecíaesquivarlo,yaldeEyra,unconvencimientotanplenoque
incluso perfiló en sus labios una sonrisa confiada, tiñendo su faz de tal complacencia que me
inquietó.
Laanciana,sentadajuntoamí,presenciaba,percibíaeinterpretabaconapabullanteclaridadel
penetranteintercambiodemiradasentrenosotros,ensanchandosusonrisasinningúndisimulo.
Un cuerpo se interpuso en mi campo de visión. Cuando alcé la vista, me enfrenté a la torva
expresióndeHalfdan,quemededicabaunamiradaturbiayfuribunda.
—Quieroquecomasenmimesa—exigióceñudo.
Porlatensiónensuporte,ylasesgadayamenazantemiradaquederramósobremí,comprendí
queaquellaordennopodíarefutarse.
Meincorporé,rodeélamesaymeacerquésumisaaél.Cogióconhosquedadmimuñecayme
llevótrasél,casiconlamismaactitudquehabíaenarboladoValdiscuandoarrastrabaasupresa.Y
esoerayo,subotín,unmeroobjetodesupropiedadquepretendíaingenuamentemoldearasugusto.
Peroyonoeraunasimplepiezadebarro,niélunalfarero,ysuinsistenciasóloconseguiríaromper
aunodelosdos,oquizáaambos.Recéparamisadentrosporlograrhuirantesdequeesoocurriera.
Mesentéalagranmesaprincipal,asulado,cabizbajayapática.Halfdanrespiróhondo,yamás
sosegadoantemidocilidad,yvaciósucopadeunsolotrago.Yasí,plenamentesatisfecho,entresu
esposaysuamante,alzólacopaysonrióasussúbditos.
Logré atisbar, a contraluz, cómo una silueta, grande y fornida, abría los portalones y
desaparecíadelasala.Supequiénera,alguienquesimulabaunaindiferenciaquenosentía.
33
¡Malditocorazón!
Gunnar salió atropelladamente de la sala, preso de un fuego tan inclemente que pensó que todo su
cuerpoarderíacolérico,devorandoelskáli,alosallípresentesydevastandoinclusolaregión.
Jamás había sentido tan demoledor acceso de ira. Esa cólera salvaje todavía incendiaba su
ánimo, impeliéndolo a entrar de nuevo en la sala, agarrar a Halfdan por el cuello y estrangularlo
hasta morir. Se detuvo, aferrado a la baranda de la escalera, tembloroso y ofuscado, y se obligó a
inhalarunagranbocanadadeairefresco.
Yaerasuficientetorturaimaginarlaenellechodesurey;suficientefrustraciónelperdercada
día la patética batalla de alejarse de ella; suficiente impotencia el reconocer que mendigaba sus
miradas,casidemanerapuerilylastimosa;suficienteangustiadespertarjadeanteeilusionadopara
descubrirquetenerlaentresusbrazoshabíasidosólounsueño.Unsueñoimposibleya.
Daba igual la cantidad de veces que se repitiera que ya no le pertenecía, que ella ya no era la
misma, que debía olvidarla y enterrarla en lo más profundo de su corazón, que pertenecía a otro
hombre,unoquelaprotegeríaporsucondiciónderey.Tododabaigual,porquesumalditocorazón
noentendíamásquedelaabrumadoraydolorosanecesidaddetenerlacerca.
Inclusoensumentesedibujaba,conpeligrosanitidez,laimagendeamboshuyendojuntos.La
posibilidad de secuestrarla de nuevo era tan acuciante que en más de una ocasión había avanzado
hacia ella, mientras entrenaba tan apasionadamente, frenándose en seco a tan sólo unos pasos, ante
tamaña necedad. Y, entonces, se daba la vuelta con los puños apretados y se alejaba rumiando su
estupidez.
Adorabacomprobarsusprogresosenelmanejodedistintasarmas,sedeleitabaensusgrácilesy
sensualesmovimientos,enelpoderquerezumaba,enesapasiónquederrochabaencuantohacía.
Yseenorgullecíadesurapidezenelaprendizaje,desuencomiabletesónydeeseendiablado
corajequehabíarobadosucorazónmuchotiempoatrás,elprimerdíaquereparóenella,enaquella
lejana Isbiliya, cuando la vio recorrer las calles con una espada curva en la mano y una expresión
decidida. Fue su porte, su actitud, lo que lo prendó. Caer rendido ante su belleza, y comprobar
maravilladoquesusojoserancomolosdellobodesussueños,eldestinoquevaticinabanlasrunas,
fueelaporteaalgoqueyahabíanacidoenél:ladesesperadanecesidaddehacerlasuya.
Como una vez le dijo, tenerla, amarla, no era un camino apacible y seguro, pero era el único
camino que deseaba recorrer. Y, ahora, ese camino estaba cercado, ese sendero lo transitaba otro
hombre,yélyanoqueríaemprenderunonuevo.
Intentabaodiarla;serepetíaincesantequelavoluntaddelosdioseserainamovibley,comotal,
habíadeasumirsusdesignios;seconvencíadequelaFreyaqueunavezamóyanoestaba,quese
había convertido en una mujer fría, manipuladora y sibilina. Sin embargo, todas sus conjeturas se
desplomabananteunacertezasobrecogedora:todocuantohabíahechoella,acertadoono,comole
confesó,habíasidoporél.
Yesacertezaseclavabaensucorazóncadamíseroinstantedesuvida,esacertezaserevelaba
cadavezquesosteníasusbellosojosdorados.Loamaba,lodeseabainclusoconmásintensidad,y
era eso lo que estaba acabando con su juicio. Y perdido en esas miradas, lograba aguantar su
existencia.
Y, aun así, estaba furioso con ella, reprochándole en su mente que podría haber obrado de
diferentemanera,alejándosedelalujuriadelrey,manejándolodeotraforma.Yalimentabaesafuria,
puesdeelladependíaparamantenerseapartado,aellaseagarrabaparanocogerlaentresusbrazosy
huirdetodoydetodos.Noobstante,reconocíaquenadahoradabamássupechoquesurenuncia.Ella
habíaintentadohuirdeél,regresarasutierra,sehabíacansadodeluchar,yeso...esoerasumayor
condena, el tormento que arrastraba, desangrándolo. Eligió amarlo en la distancia, y así sería para
ambos.
Todavíaardía,sintiendoelirrefrenableimpulsodeentrarenelskáliyasesinarasurey.Gruñó
frustradoyavanzóagrandeszancadashacialosestablos.
Montaríasucaballoycabalgaríasinrumbo,hastaquesuánimoseenfriaraysuspensamientos
seordenarannuevamente.Sedirigióasugranalazáncastañoypalmeósurobustocuello.Elanimal
cabeceóyrelinchócomplacido.Apoyólafrenteenladelcaballoycerrólosojosmientrasenterraba
losdedosenlaslargascrines.
Desoladoyroto,sepreguntóporquélocastigabanlosdioses.HabíaperdidoasupequeñoOttar,
asuhijo,aaquelserquehabíaacunado,sonreído,habladoycuidado,volcandoenélesapartedesu
corazónpura,tiernayprotectoraquehabíalogradorescatardelasgarrasdeLoki.Nosabíasierade
susangreono,tampocoleimportaba;aquelbebéhabíasidoelreceptáculodetodosuamor,suancla
aestemundo.Yahora...ahoranadaloasía.
Mientras ajustaba la silla a su montura, un leve quejido lo alertó. Se volvió y se topó con su
madre,quelomirabademaneratanpenetrantequesintióquedesnudabasualma.
—Noterindas—musitóconvozajada,perofirme.
Sacudiólacabezaylediolaespalda.
—Ellayalohizo.
Oyósuspasoscrujiendosobreelhenoesparcidoporelsuelo.
—Puesluchatúporlosdos.
Sintióunapequeñamanoensuhombro,oprimiéndolosuavemente.Sucorazónseencogió.
—No,madre,nuestrodestinoyasedecidió.
—¿Deveraslocrees?
Sevolvióhaciaella,encontrandoensumiradaelconsueloylaesperanzaquenecesitaba,pero
quesenegabaarecibir.
—Todoindicaquesí.
Eyraalzoelbrazoyapuntóasupecho,señalandosucorazón.
—¿Yestoquéindica?
Negóconlacabeza,incapazdehablar.
Su madre se acercó y lo cogió titubeante por los hombros; era la primera vez que lo tocaba.
Descubrióenlosojosdelamujerunconmovedortinteemocionado.
—Hijo —pronunció paladeando aquella palabra—, el destino lo marcan los dioses, pero
nosotros lo moldeamos, lo elegimos con cada acto y, si esos actos salen del corazón, son los
acertados.Yyosémejorquenadieloquesaledeél.—Hizounapausa,suspiróydibujóunacálida
sonrisaensusdelgadoslabios—.Eldolorloensombrecetodo,confundeydistorsiona,perodebes
disiparlo,aclarartumenteylucharporloquegritatucorazón.
Gunnarbajólacabeza;susojossehumedecieronaferrándoseasunegación,alconvencimiento
dequeyanadapodíahacerse;eldolorporelrechazopesabademasiado.
—No,madre,ellayaeligió,ydecidióalejarsedemí—insistióconvozrasgada—.Y,contraeso,
nopuedohacernada.
—¿Sabesporquétomóesadecisión?—inquirióella.
—Elmotivoyanoimporta,sólosusconsecuencias.
—Esprecisamenteelmotivoelquepuedederrumbarlasconsecuencias.
Gunnarsevolvió,ignorandolaspalabrasdesumadre.
—¡Malditasea,erestantestarudocomotupadre!
Aquelloloenvaró,peronofueronlaspalabrasensí,sinoeltonoutilizado,mostrandoeldolor
que rezumaban los recuerdos de su aciago pasado. Sintió un pellizco en el corazón. Se volvió de
nuevo,contemplóelrostrodesumadrey,enunarrebato,laestrechócontrasupecho.
Notócómoelfrágilypequeñocuerpodesumadretemblabaentresusbrazosy,asíabrazados,
descargarontodoeldoloracumulado,lahistoriacompartidayelinefablelazoquelosunía,yqueno
erasólodesangre,eradeamor.
—Siempre te quise, madre, incluso sin saber que lo eras, pero jamás te lo demostré. ¿Podrás
perdonarme?
Eyra alzó la vista, nublada por las lágrimas derramadas. Con el rostro constreñido por una
emociónintensa,sonrióconinfinitaternura.
—Esapreguntamecorrespondíaamí.
—¿Por darme la vida, velar por mí, sacrificarte, quererme y protegerme? No, madre, no hay
perdónqueotorgar,massíagradecimiento.
—Entalcaso,exijounpago.
Gunnar paseó la mirada por el ilusionado rostro de su madre, y esbozó una tibia sonrisa.
SacudiólacabezayacaricióconeldorsodelosdedoslamejilladeEyra.
—Creoadivinarloquevasapedirme—confesó,deleitándoseensuconmovidosemblanteante
aquellascaricias.
—Gunnar,lavidameregalóalgomaravillosoqueensombrecetodocuantopasé,cadalágrima,
cadapunzada,cadamomentodedesesperación.Micorazónsiempremecondujohaciaél,yasulado
permanecí.Y,ahora,esegranregalomemiracomosiempredeseéquememirara,meacariciacomo
siempreanheléquelohiciera.Ylomejordetodo:mehafundidoenelabrazoquesoñédesdequete
arrancarondemisbrazos.Ytodo,absolutamentetodo,havalidolapenaporvivirestemomento,y
losquevendrán.
Gunnar la estrechó de nuevo contra sí, sollozando en silencio, agradeciendo a los dioses que
aquella mujer enjuta, tan sabia como los tiempos, y con el corazón más grande de cuantos había
conocido,fuerasumadre.
Losdelgadosbrazosquenolograbanabarcarloloceñíanconfuerza.Lacubrióconsucuerpo,
con extremo mimo, pero con firmeza y con un sentimiento que no experimentaba desde niño. Y
aunque aparentemente parecía que cobijaba a un pájaro herido y frágil, era él el cobijado, él el
consolado,élelarropado.
Entresusbrazossequebródenuevo,ysesintiótanpequeñocomounahormiga,unaquehabían
pisado demasiadas veces. Tras un largo e inolvidable instante, ambos se dijeron con gestos y
arrumacoscuantosentían.
—Que hoy me hayas hecho la mujer más feliz sobre la faz de la tierra —comenzó a decir
secándose el reguero de lágrimas de su rostro con las manos— no significa que olvide tu deuda,
muchacho.
Gunnarsofocóunacarcajada,sucorazónsecaldeó.Cogiólasmanosdesumadreehincóuna
rodillaentierra,mirándolaconadoración.
Eyralocontemplóarrobada,conlasonrisamásluminosaquelehabíavistonunca.
—Eres tan condenadamente apuesto como tu padre —murmuró orgullosa, cogiendo su rostro
entresuspequeñasmanos—,quizámás,porqueentumiradabrillatucorazóncomounagemapulida.
Puedesintentarocultartetrasestahorriblebarba,trasestamelenaenmarañada,trastugestotorvoy
tusdurasmiradas,pero,muchacho,tucorazónescapaportusojoscuandolamiras.
Gunnarsuspiróapesadumbrado;suexpresiónsetensó.
—Escúchamebien,hijomío—continuóentonodulce,peroaplomado—:ellaesturegaloy,si
tienes que atravesar mil infiernos, lo harás, porque una cosa es recorrerlos y sufrir y luchar por
dejarlos atrás, y otra muy distinta es aceptar, derrotado, vivir en ellos. Mi único ruego, mi férrea
exigencia,esqueluchesporella.Haymuchaspiedrasentrevosotros,perosiemprelashubo,yquizá
siemprelashaya;sinembargo,ningunadeesaspiedrasesmásgrandedeloquesentíselunoporel
otro. Porque, si ella ha renunciado a ti, es porque neciamente creyó que sólo así serías feliz. Se
sacrificó por tu hijo, y, ahora, está atrapada en una letal tela de araña; liberándola, te liberarás a ti
mismo.Esoesloquequiero:tulibertadyladeella.
Eyra se inclinó con lentitud y beso su frente. Lo abrazó de nuevo, acunándolo en su pecho,
acariciósucabelloy,cuandoseseparódeél,lededicóunmohínimpacienteyalentador.
—Vamos,guerrero,ponteenpie;teesperaunaduralucha,peronoestássolo.
Leguiñóunojo,palmeóvigorosamentesubrazoconunatriunfalsonrisailuminandosurostro
ysealejóconpasofirme,erguidayllenadeunavitalidadquelosubyugó.
Necesitabareflexionar,precisabaalejarseytrazarunplan.Pero,sobretodo,necesitabaalejarel
dolor,elrencorylarabia;consemejantecargaencima,noconseguiríaavanzar.
Colocó el bocado, ajustó las cinchas y se encaramó sobre su montura. Galopar sin rumbo
siemprehabíaaclaradosumente.Paralucharporlalibertad,antesdebíasentirlacerca,saborearsu
efluvioydegustarsusabor.Ynadaotorgabamáslibertadquerecorrerlospáramoscomoeldiosdel
viento,alomosdeunacriaturacasialada.
Arreóvehementeasumontura,dejandoatráslaaldea.Yensugalopadaacudióunrecuerdoque
reventósupecho.SintióaFreyadelantedeél,conlosbrazosextendidosylacabezaalzadaalvientoy
apoyada contra su pecho, mientras la conducía a los grandes acantilados, aquel inolvidable día de
pesca.
Había rememorado tantas veces cada instante a su lado... Sin esos recuerdos, él no habría
logradosobrevivir.
Unpensamientoseasentóensumente,doloroso,opresivoyacuciante.
«¡Porlosdioses,cuántotenecesito!»
34
Amerceddeunaaraña
CuandoIngamemandóllamar,paraacudiralaentradadelfrondosoysombríobosquedegrandes
arces,noatinéapensarenloextrañodellugarparaunencuentro,apesardequeensuspalabrasse
adivinaba urgencia y temor por revelarme una posible amenaza. Pero, una vez allí, tan sólo
acompañada de Fenrir, cuestioné su inquieta conducta. Pues si le urgía avisarme de un peligro
inmediato,lehabríanbastadoeneseprecisoinstanteunasbrevespalabrassusurradas.
Noobstante,ibaarmada:llevabamiespadaalcinto,unadagaenlabota,losdientesdeFenriry
losmíos.
Recelosayalerta,oteémialrededor.
Brillantesytupidoshelechospoblabanellechodelbosque,acariciandolosañososeimponentes
troncos de tan majestuosos árboles. Rodales de nieve blanqueaban oquedades y hondonadas, y el
penetrantearomaahumedadyapinoperfumabalaquietudboscosaqueseabríaantemí.
Todoparecíaencalma,ymerelajéparcialmente.Cualquiercrujidoalertaríadepasosy,aunque
laamenazaacecharatraslaespesavegetacióndesdecualquierpunto,confiéenmissentidos.Decidí
apoyarmeenunrugosoygruesotroncoparacubrirmisespaldas.
Oblicuos haces solares se filtraban entre las apretadas copas de los arces, dorando
alternativamente el mullido, herboso y oscuro manto del bosque, creando charcos de luz que
atrapabanlamirada,enelquesesuspendíanmotitasbrillantescomosillovieraoromolido,ydelque
erafácilimaginaremergerdeellaslafiguradealgunaesbeltadiosa.
Envueltaenelhermosomisticismodeaquellugar,nomeapercibídelamásclaraseñaldeun
inminentepeligro:elsilencio.
No cantaban las cornejas, ni zumbaban los insectos y no se apreciaba el más leve rumor que
todobosquevivienteemitía.Elsilencioparecíacasisepulcral.Cuandoquisereaccionar,alertadapor
unaextrañacomezónenminucayunagudoescalofríorecorriendomiespalda,elgruñidodeFenrir
constatóaquelloquetemía...eraunatrampa.
Desenvainé mi espada y observé al animal, confiando en su agudo instinto. Sus orejas estaban
casialineadasconelcráneo;suslabios,alzadosyfruncidos,mostrandounaaterradoradentadura.Su
cuerpo se envaró, tenso y acechante, dispuesto para el ataque. Dirigí la mirada hacia donde Fenrir
clavabalasuya.Trasunpeñascoentrelosárbolesmeapercibídeunfugazdestello,justofrenteamí.
Miprimerimpulsofuetirarmealsuelo,peronofuilosuficientementerápida.
Trasuncortantesilbido,algopunzanteseclavóenmibrazoizquierdo.
Exhaléungemidosorpresivoyenelsueloacechéentreeltupidoaligustre.Agarréconfuerzala
empuñadura, presta para un ataque, pero nada se movió ante mí. Fenrir ladró furioso y saltó hacia
delante,persiguiendoamiinvisibleagresor.
Examiné mi hombro, del que brotaba un ardor extraño. Un afilado dardo leñoso se había
hundido en él. Intenté extraerlo, mas el mero ademán de moverlo dentro de mi carne provocó una
agudapunzadaquemedejójadeante.Apretélosdientesmaldiciendoparamisadentros.
Másallá,elladridodeFenrirseperdíaenelinteriordelbosque.
Intentéincorporarme,oteandoconextremaprecaución,eimpávidacomprobéeldesconcertante
entumecimientodelbrazoizquierdo;algosemejanteaunreguerodehormigascosquilleabamipiel,
anulandoporcompletosumovilidad.¡Veneno!Aquellapalabraabotargómimentedeunpavorque
helómisangre.
—¡¡¡Fenrir!!!
Distinguíenmivozunaccesodepánicoqueacelerómicorazón.
Meerguícontodalapremuradelaquefuicapaz,ycorríatrompiconeshacialaentradadela
aldea.Missentidosseembotaron,yundolorflameantecomenzóaextenderseportodomicuerpo.
Noteníamuchotiempo.
LosladridosdeFenrirganaronintensidadensuvelozcarreraderetorno.Cuandollegóhastaa
mí,eldolorosoletargoqueseadueñabademicuerpomehizotrastabillarhastacaerdesplomadaen
mitaddelsendero.
—Veporayuda,viejoamigo...nopuedo...levantarme.
Mivoztambiénseperdíaenelgradualyatenazantesoporquemeinvadía.
Elanimalmeolisqueó,meregalódoshúmedoslametones,seagitóalteradoyladródenuevo.
Palmeésurobustocuerpocondesesperadaimpaciencia.
—¡Rápido,buscaaEyra!
Yelperrosalióimpelidoyvelozhacialaaldea.Poralgúnmotivosupequenodebíaquedarme
quieta. Comencé a arrastrarme penosamente con los codos, gimiendo de dolor, maldiciendo mi
estupidezyjurandovenganza.Meaferréalarabiaparalograrseguiravanzando,peromisfuerzas
flaqueaban,eldolorobnubilabamijuicioyparalizabamismiembros.
Ungruñidoconvisosdegritoescapódemigargantaantesdequeunaopresivaextenuaciónme
detuviera.
Eldolormefustigabainclemente.Atrapabaentremispuñosmanojosdehierbaencadapunzante
acceso, arrancándola de cuajo, y entonces hundía los dedos en la tierra, crispados y agarrotados,
mientrasmeretorcíacomosimemarcaranconunhierrocandente.
Derepente,oíunospasosacercándoseamí.Noparecíanprecipitados,másbienrecelosos.Fuera
quienfuese,estabaasucompletamerced.
Sentícómoalguienseinclinabasobremí.Fuiincapazdemoverme,tansiquieradeemitirelmás
levesonido.Jamásentodamividamehabíasentidomásatrozmenteindefensa.
Enlalejanía,alboroto,pisadasaceleradasyunladridoimperante.
Lacercanapresenciaparecióreaccionar,alejándosealacarrera.Otrapunzadameapuñaló,más
agudaquelasanteriores;cerréconfuerzalosojosymedejéllevar.
Cuandodesperté,temblabaviolentamente.
—¡Aprisa,bebe!
Meirguieronlacabezaymeobligaronabeber.
Unlíquidoespesoynauseabundobajópormiresecagarganta,revolviéndomelastripas.Pero,si
aquelloresultabarepugnante,lafetidezquedesprendíalagrimeabamisojos.
Unaarcadamedoblóendos.
—¡Vamos,muchacha!—alentóagitadaEyra—.¡Expúlsalodetucuerpo!
Mearqueédeunmodobrusco,alguienacercóunhediondocuboamiboca,queolíaaestiércol
yapodredumbre,yvomitédeformaininterrumpidahastaquemicuerposederrengódesmadejado.
—¡Sujetadla!—Oílaordenconlosojoscerrados.EltonodeEyrarevelabalagravedaddemi
situación.
Meposicionarondelado,denuevomeacercaronelcubollenodeinmundicia.Meescocíanlos
ojos, y las arcadas regresaron. Nuevamente me doblé en dos, acometida por violentas náuseas. Me
sujetaronlafrentemientraslasarcadasmeconvulsionaban.
Lostembloresseacentuaron,temímordermelalengua.Eigualqueunainsignificantemuñeca
detrapo,fuizarandeadaporespasmostanfrenéticosquelograronarrancardemigargantaungrito
desgarrador.
—¡Maldición,hayqueamputar!
—¡No!—exclamóunafamiliarvozgraveprovenientedelhombrequemesujetaba.
—¡Elvenenocorreraudoporsusvenas;sinoloatajamos,estáperdida!—sentencióEyra.La
angustiaylapesadumbretildabansuvoz.
—¡Hedichoqueno!—insistiólaotravoz,conunmarcadodejedesesperado—.¡Intentaréotra
cosa,ytejuroporOdínquequemaréelValhallasiselalleva!
Otrorostrodesdibujadoseinclinósobremí.Acercóunavarademaderaamiboca,encajándola
enmidentadura.
—Ponelfilodemicuchilloalfuego—apremiólavozmasculina.
Veíatansólodifusasyoscurassiluetasmoviéndoseamialrededor,recortadasporelresplandor
del hogar. Era incapaz de enfocar la vista, el corazón galopaba violento en mi pecho y la piel me
ardíacomosiestuvieradentrodeunafragua.
Movimiento,manossobremí,gritosconfusos,yunrestallantelátigodedolorenmihombro.
Misdientesquebraronelpalodemadera,ydemibocaescapóunalaridoestremecedorquehirió
migarganta.
—¡Sujetadla,malditasea!—bramóaquellavozgrave.
—¡Porlosdioses,vaadesangrarse!—murmurólaacongojadavozdeotramujer.
—Sinoloconsigues—musitóEyra—,nohabrátiempodeatajarelmal.Subrazoestáazulado;
sinoeselveneno,eldolorlamatará.
—¡Nopiensodejarquemuera,nodenuevo!
Pocoapocolossonidosseapagaron,eldolorsemitigó,laluzseextinguióylapazmeinvadió.
Unalenguacálidapaseabapormirostro,unalientoinfernalmegolpeó.Abrílosojosysentíla
humedaddelhocicodeFenrirenmicuellosacudiéndomesuavemente.
—¡Aléjatedeella,bestiainmunda!—exclamóEyra.
Su meloso tono quitó brío a sus palabras. Acarició la cabeza del perro y lo apartó con mimo
parasentarsealbordedemicamastro.
—Puedesestaragradecida,losdiosestehanproveídodelmejordelosguardianes.Nodejaque
nadieseacerqueatulado.
—Tengo...hambre.
Miresecagargantaselaceróantemipenosoesfuerzoporhablar.
—Es lo más natural, llevas más de tres jornadas sin ingerir más que algunas gotas de caldo.
Aprovechabatusdeliriosparaalimentarte.Norecuerdasnada,¿verdad?
—Dolor...
Laancianaasintió,sumiradaseoscurecióysurictusseestiróenunamuecapreocupada.
—Sufriste fiebres muy altas, temimos un fatal desenlace, pero aquí estás de nuevo. Empiezo a
pensarquegozasdelainmortalidaddelosdioses.
Intentéincorporarme,perounapunzadaenmihombrocongelómigesto.
—Tienes una larga brecha en el brazo izquierdo. Gunnar te abrió la herida e intentó absorber
conlabocalasangreemponzoñadaqueluegoescupíaenunbalde.Consumomimo,telavólaherida
conunpreparadodeacederaytomillo.Élmismoseempeñóensuturarlaheridayluegotecolocó
unashojasdesalviaantesdevendarteelbrazo,paraevitarlasupuración.Sitodavíalollevaspegado
alcuerpoesporél.
—Quiero...agradecérselo...
Eyranegóconlacabeza,sumiradaseoscureció.
—Novendrá.
Aquellatajanterespuestamegolpeó.Permanecíensilencio,mirandoelfuego,pensandoentodo
lo sucedido, intentando centrar mis pensamientos en la identidad de mi agresor para alejarlos de
Gunnar.Sinembargo,lasemocionescomenzaronaaflorarenunmanantialincontenibledelágrimas
que resbalaban por un rostro extrañamente pétreo, como si fuera incapaz de gesticular. Quizá las
lágrimas eran cuanto quedaba vivo dentro de mí, quizá mi alma seca había paralizado mi cuerpo,
quizánisiquieraestabaviva,tampocomeimportaba.
—Freya, durante tus delirios... Gunnar oyó cómo nombrabas a Halfdan... y bueno... no eran
frasescoherentes...también...mencionasteaRashid...yllamasteatumadre.
Agrandélosojostodavíaaturdidaporloqueescuchaba.
—¿No...nolonombréaél?
—Sí,muchasveces,tantas,quedecidiódejarteamicuidado.
—No...lo...entiendo.
Eyrabajólamiradahaciaelvendajedemibrazoyseencogiódehombroscongestoconfuso.
—ElcorazóndeGunnarllevamuchotiemposangrando—pronuncióconpesar—,tantoqueestá
exiguo,débilymoribundo.Necesitaunachispa,lobastanteesperanzadoracomoparahacerlolatirde
nuevo.
—Micorazón...noestámuchomejor.
—Losé,pequeña.—Sepusoenérgicamenteenpietrasdirigirmeunaampliasonrisa,cogióuna
escudilladelamesaysedirigióalamarmitaquehumeabasobreelfuego—.Peroahoraestuvigory
tumovilidadloquemásmeinteresa,pues,siestásamerceddeunaaraña,hasderecuperarcuanto
antestusfuerzasparaenfrentarteaella,porquevolveráaintentarpicarte.
Colmólaescudilladesopaysesentódenuevoamilado.
—¿Una...araña?
Asintiórotunda;susemblanteadquirióunadesazonadoragravedad.
—El dardo venenoso que te lanzaron iba empapado en veneno de araña —explicó—. O no
queríanmatarte,onopusieronlacantidadsuficiente,porqueelvenenodeesaarañaesletal.
—Eso,olosdiosessediviertenconmisufrimiento.
Eyrasoltóunacarcajadamostrandoenellalaalegríadevermeresurgirdenuevo.
—Entalcaso,muchacha,yatengootracosaqueagradecerles.
Irguió con cuidado mi cabeza e inclinó el cuenco para que yo bebiera el contenido. Sentí el
cálidoydeliciosolíquidorevitalizarmicuerpo,cerrélosojosymedejéalimentar.Trascadasorbo,
Eyrameregalabaunaalmibaradamiradamaternal.Y,entonces,reparéenalgonuevoquebrillabaen
ella,comolohaceelreflejodelalunaenlaapaciblesuperficiedeunlago.Sesentíaplena,liberada,
fuerteyorgullosa;desprendíapoder,confianzayamor,perocontalfuerzaquemeasombró.
—¿Haocurridoalgomás?—inquirítraselúltimotrago.
Lasonrisaquemedirigiómecontestó,caldeandoaltiempomicorazón.
—Sí,queporfintengounhijo.Yahoravuelveadormir.
Sonreí;ennuestrasmiradasenlazadasseprodigótalamor,talcomplicidad,talternura,quesupe
eneseprecisomomentoquenonecesitabadenadamásparasanar,niparaluchar.
¿Cuántaspicadurasmáshabríadesufrir?,mepreguntécerrandolosojos.¿Cuántomástendría
quelucharparaganarmelafelicidad?Nolosabía,nisiquierasabíasiloconseguiría,perodeloque
estabaseguraeradequenocejaríaenmiempeño,puesmifelicidadnoeramásqueladelagenteque
amaba,yporellosmeenfrentaríaalamuertecuantasvecesfueranecesario.
35
Uncuervoatrapado
El frío languidecía en el exterior, rindiéndose ante el incipiente brío de la Ostara, mientras el que
morabaenmiinteriorseagudizaba.
Durante mi convalecencia, las conjeturas me habían enredado en acuciantes cavilaciones para
terminarmostrandoalmásindiscutibleculpable.Pero,poralgunarazón,algomedecíaquelaaraña
sabiamenteseescudabatraslosplateadoshilosdesusedosa,pegajosaytentadoratela,utilizandosus
artimañas,suspropiaspresasparacapturarme.
El odio y rencor que destilaba Sigrid hacia mí había sido la argucia utilizada por la taimada
araña.Ypormásquedesgranabasuidentidad,unsolorostrosecerníaenmispensamientos.Undulce
rostroangelical,quemostrabaunasonrisadulcedemullidoslabios,unosqueyohabíabesado.
Mi intuición me conducía a ella, a mi reina, a esa aparente doncella inocente y candorosa,
aniñada y engañosamente inofensiva. A mí ya me había mostrado su astucia, su gran poder de
manipulación,confabulándosehastaconeldiabloparaconseguirsusobjetivos.Yoyasabíaque,tras
laingenuaexpresióndesujovenyhermosorostro,seescondíaunaletalaraña.
Noobstante,habíapreguntasalasquenohallabarespuesta.¿Habíaqueridomatarmeotansólo
mostrarmesupoder?¿Cuálseríasupróximomovimiento?¿HabíamatadoalhijodeSigridsólopara
tejersuardid?¿Suúnicaintencióneraapartarmedesuesposo?¿Buscabavenganzaeneldolor,oera
tansólounjuegoquealargabahastaquemepremiaraconlamuerte?
Cuandoabrieronlapuertadelacabaña,elvientodanzóentrelasondulantesllamasdelhogar,
domándolasconsuímpetu.Cuandoesemismovientomeciómimelenayacariciómipálidorostro,
sentíelimpulsodesalirdemiopresivointernamientoycorrerjuntoaFenrirporlosverdesprados,
liberandotodamifrustración.Melimitéacerrarlosojosyadisfrutardeesebrevesoplodelibertad,
antesdequeEyracerraradenuevolapuerta.
—¿Cómotesientes,muchacha?
—Atrapada—murmurécontedio.
Eyra estiró los labios en una sonrisa comprensiva. Dejó sobre la mesa un cesto cargado con
verdurasyhuevosdeoca,sacudiólasmanosenelmandilycogióuncuchillo.
—Quizáprefierascambiardejaula.
Fijélosojosenella,frunciendoelceñoconasombro.
—Nosabíaquepodíaelegirmorada—rezonguécuriosa.
—Ynolaeliges,laeligenporti.Halfdantequieredevuelta.
Resopléhastiada,peroenmisojosfulgurólainquinayenmialma,lainquietud.
—Sihalogradopasartodoestetiemposinverme,nocreoqueleacuciemuchomiregreso.
—Acudió a visitarte —anunció la anciana lavando las verduras en un balde con agua—, pero
Gunnarnolepermitiópasar.Enrealidad,tuvieronalgomásquepalabras,cuandoleincrepóqueno
habíasabidoprotegerte.
Agrandélosojosymeincorporécondificultad,evitandomoverelbrazoencabestrillo.
—¿Cómohasdicho?—inquirísorprendida—.Gunnartampocomevisitó.
—Gunnar no se ha movido de esa puerta desde que te metimos en esta cama. Ni de día ni de
noche.
Unextrañocosquilleorecorriómivientre,ascendiendohastamipecho.
—¿Yporquénohapasado?
—Porqueledueleestarcercadetiynopodertocarte.Porqueluchacontrasímismoyporquela
distanciaessuescudo.
Suspiré profundamente; un pellizco constriñó mi corazón. Imaginarlo arrebujado en su capa,
durmiendo a la intemperie, a los pies de mi puerta, protegiendo mi vida y su propio corazón, me
conmocionó.
—Meodiaymeamaenigualmedida—susurréenapenasuncogitabundohilodevoz.
—No lo creo, muchacha; se aferra al rencor para poder sobrellevar su decisión —opinó
echándomeunescrutadorvistazoaltiempoquecortabadiligenteunlargotallodeapio.
—Y su decisión es alejarme de él —musité contrita. Sacudí la cabeza, alejando esa condenada
emoción.Midestinoyaestabamarcado,denadavalíalamentarse.
Eyradetuvoelcuchilloyclavósusagazmiradaenmí.
—Sudecisiónesrespetarlatuya.Quieresvolverconlostuyos,yalointentasteenunaocasión.
Sólotienesunatraba,yeslaobsesiónqueprovocasenelrey.—Entrecerrólosojosymefulminó
conellos—.¿Ohayalgunatrabamás?
Apartélamirada,aunqueesonomelibraríadequeellamiraraenmiinterior.Habíaunatraba,
sí,yeramicorazón;porfortunameimportabamáseldeGunnar.
—¿Tambiéntúrespetasmidecisión?—pregunté,alejandopenosamentelapenaquemeahogaba.
—Por supuesto, otra cosa es que la comparta —musitó centrando de nuevo la atención en las
verduras.Desbrozóunrepolloycortóunosrábanosantesdequemedecidieraapreguntardenuevo.
—¿Enestaocasiónnopiensasintentarconvencermedelocontrario?
—¿Sirviódealgolaúltimavez?—recriminó.
Asentí;losrecuerdosmesepultaronymipechosecontrajo.
—Tuspalabrasfuerongerminandoamedidaquemealejaba,micorazóndespertóporfin.
—Nofueronmispalabraslasquelodespertaron,Freya,fueelamordeGunnar—sentenciócon
gravedad—.Ysiconociendosuamorteplanteasdenuevoalejarte...notengopalabrasparacambiar
eso.
Aquello me sulfuró; resoplé, aparté vehemente la manta y salí del jergón para enfrentarme a
ella.
—Notengoporquédarexplicacionesanadie—comencéadeciragitada,alzandolavozmásde
lonecesario—,perocreoquequedabastanteclaroquejuntosjamásseremosfelices.Yo...yonunca
seréfeliz,peroélpuedetenermáshijos,puede...puedeempezardenuevo...puede...enamorarseotra
vez...y...
Lafrustradaimpotenciateñidadeindignaciónsedeshizoenunsuspirotanhondoyafligidoque
laspalabrasmurieronenmigarganta,atoradasconlaenormeboladeamarguraquehabíaemergido
deella.
—Cuidado,puedeshacertedaño—advirtióEyra,casiconhirienteindiferencia.
Le dediqué un mohín ceñudo, y me acaricié el brazo vendado. Ya no me dolía tanto, pero ese
pulsomolestonoterminabadedesaparecer.
—Nomereferíaatubrazo—apuntósibilina,reanudandosutarea—.Yahoraserámejorquete
vistasyregresesalskáliantesdequedecidavenirporti.
Necesité un largo instante para serenarme; cuando logré coger mis ropas e intenté vestirme,
Eyraseacercóamí.
—Noprecisoayuda—rezonguéceñuda.
—Nopensabaprestártela,tendrásqueapañártelassola—señalóconunaimpertinentesonrisa—.
Y no sólo con la ropa, también con la picadura de la araña. —Su mirada refulgió preocupada—.
CuandoregresesbajoelabrigodeHalfdan,niGunnarninadiepodránprotegerte.
—Estásseguradequevolveráaintentarlo,¿verdad?
Eyraasintióqueda,selimpiólasmanosenelmandilylaspusosobremishombros.
—Estoy tan segura de ello como de tu capacidad para evitar un nuevo ataque. Ahora te toca
morderati,Freya,eso,ohuircuantoantes.Sabesquenocejaráensuempeño,lasarañassuelenser
tenacesypacientes.
—Losé—concedítragandosaliva;sostuvesupenetrantemiradaconfirmezayañadíconplena
determinación—:Ynopiensomarcharmesinhacerleprobarsuveneno.
—Noactúasola,estásiendoaconsejada—desvelóparamiasombro—.Alguienmássabio,gran
conocedordelpoderdelasplantas,yambicioso,guíasuspasos.Comprobéelefectodeesehongo
blancoconunodemisgansos,murióalinstante.Esunasetamortífera.
Mesobrecogíenelacto.Unsiniestroescalofríomerecorriólaespinadorsal.Elcorazónseme
encogióanteeltangiblerecuerdodeteneraeseniñoentremisbrazos,obligándoloatomarunjugo
venenoso. Yo, indirectamente, lo había matado, y ese fantasma jamás dejaría de perseguirme. Y, al
dolor, se sumó una oleada de furia tan devastadora que tuve que reprimir el impulso de correr al
encuentrodeRagnhildyclavarleunadagaenelpecho.
—No te precipites en tus conclusiones —aconsejó pausada, adivinando someramente mis
pensamientos—.Nopuedessabersiaellatambiénlaengañaron.
—Seráfácilaveriguarlo—susurrépensativa.
Eyraasintiódenuevoyregresójuntoasusverduras.
Yamimenteacudióunaideaquemeentretuveenperfilarmientrasterminabadevestirme.
—¿Tienesaquíesehongo?
—En ese cesto, colgado de un gancho. No me fío de la voracidad de esa bestia —respondió
señalandoaFenrir—.¿Vasaprepararunguiso?
Meguiñóunojoyempuñódenuevoelcuchillo.
—Voyafingirquelopreparo.
Losojosdelaancianachispearonadmirados.
—Bien,Freya—murmuró—.Yasabes,enlacocina,comoentodo,elsecretoessercomediday
juiciosa.
Cogíelhongoyloguardéenmizurrón.
Salídelacabañaconexpresiónrapazymiradadepredadora.Lapresaseconvertíaencazador.
Resultó más que revelador captar, aunque sucintamente, la manifiesta expresión de orgullosa
complacenciaenelrostrodeRagnhild.Ungestoqueseapresuróaborrarcuandoclavémisesgada
miradaenella.
Acambio,ledirigíunasonrisainquietante,fríaycasiamenazante.Mialtivezyaplomoprovocó
enellaunmolestoasombroquetambiénsepreocupódeocultarcuandosuespososedirigióhacia
mí.
VerloaélfuesentirmuycercalafuriadeGunnar.
Aparentemente huraño, frunció el ceño y me escrutó sin hablar. Le dediqué impertérrita la
mismaconcienzudaatención.
Unasombraoscurarodeabasuojoderecho,uncorteprofundoatravesabaelpuentedesunarizy
uncercomoradoresaltabasobresupómuloizquierdo.
—Noesperabaencontrartepeorqueyo—musitéimpávida.
—Yonoesperabaencontrarte.
—Peroaquíestoy.
Alcéelrostroaltanera,conexpresióndurayexpectante,aguardandosuspróximaspalabras.
—Queesdondedebesestar—aseverótodavíaceñudo,apoyandolasmanosensuscaderas.Su
actituderaladeunrígidopadreamonestandoasuhija.
—Queesdondemeobliganaestar—puntualicéconunamiradacargadadeodio.
Pudesentirlafuriabullendoensusvenas;susojos,tannegroscomoelónix,relampaguearon
cuandocogióconsobrecogedoravehemenciamibrazosanoymearrastrótrasél.
Me llevó a trompicones hacia su cámara privada, ante la lívida indignación de Ragnhild.
Traspasamoslostupidoscortinonesymelanzósinmiramientossobresulecho.Lasacudidafuetan
brusca que mi brazo en cabestrillo se resintió en una punzada dolorosa. Apreté los dientes, y lo
fulminéconlamirada.
—No te atrevas a regalarme tu osadía y menos ante mis súbditos o te juro que... —bramó
colérico.
—¿Qué? —casi grité—. ¿Qué demonios me juras? ¿Vas a matarme tú mismo, o seguirás
dejandoquelointentetureina?
Secerniósobremí,secolocóahorcajadassobremiscaderasyaferrómigargantaconunade
susgrandesmanos.Acercóelrostroalmío,casipegandosunarizalamía.
—Todossabemosquiénatentócontratuvida—siseójadeante—...lamismaquepidiótucabeza,
yteprometoquepagaráconlasuya.Nadiebajomimandatopuedecontravenirmisdecisiones.Así
quejamásvuelvasamancillarelhonordetureinaconacusacionestangraveso...
—¿Oqué?
—Oteacusarándeperjurio,ynomoveréundedoparadefenderte.
—Nonecesitotuprotección—leescupímordiente—,haquedado...dolorosamenteclaroqueno
eseficaz.
Halfdan se abalanzó sobre mi boca, tomándola con fiero ímpetu. Más como un acto de
dominaciónquecomootracosa.Llevémimanolibreasuscabellos,cogíungruesomechónytiréde
él,mientrasesquivabasulenguaypugnabapordesasirmebajoél.
Peroelreynoteníaningunaintenciónderendirse.Lamanoqueceñíamicuelloincrementósu
presión, impidiéndome respirar. Desesperada y atrapada, solté su cabello para arañar su rostro.
Halfdangruñó,liberómibocaymeabofeteócontodassusfuerzas.Porunbreveinstante,mivisión
senublóymisfuerzassediluyeron.
—¡Maldita!—exclamómortificadoenunestiradoyagónicohilodevoz,liberandomigarganta
ydescargandoviolentamentesupuñojuntoamicabeza,mientraslohundíacontralasmantas.
Cuandologréenfocarlamiradayvicómoeltormentocontorsionabasurostroenunamueca
dolorosa,meimpresionótantoquepermanecíinmóvil,jadeanteyabrumada.
—¿Eres...erescapazdeimaginarmisufrimiento?—selamentóenunestranguladosollozo—.
No,claroqueno—agregócontrito—.Cuandosupequetehabíanatacado,yquetuvidacorríagrave
peligro, juro que mi corazón se detuvo. Corrí... a verte... y ahí... guardando tu puerta, estaba él. Le
ordenéqueseretirara,peronoseamilanó.Seatrevióaamenazarme,¡amí,asurey!Mereprochó
quenosupieradefendertey...nosenzarzamosagolpes.
Susojoschispearonfuriososanteelrecuerdo,surostrosecrispóysugestoseendureciómássi
cabía.
—Pude... haber ordenado que lo matarán allí mismo, pude haberlo desterrado para siempre,
pude haberlo condenado a la peor de las torturas... pero no lo hice... ¿Y sabes por qué, condenada
loba?Porti.
Enterró el rostro en mi hombro, sus hombros se sacudieron. Paralizada ante aquel arrebato
desconsolado,mesorprendíacariciandosucabeza,contagiadaporsuangustiaysutormento.Apesar
desaberquenecesitabaaGunnarvivoparasusinminentesplanesdeconquista,quelonecesitabapara
tenermeatadaaél,nomermóunápicelacompasiónquepordesgraciameprovocaba.Noobstante,
esaconmiseraciónnoempañóminecesidaddeserfrancaconél.
—Puedesengañartediciéndotequesoytuya,peroambossabemosqueesojamásserácierto—
susurréafectada—.Ytuobcecaciónseestáconvirtiendoenunadagaentupecho.Libérate—supliqué
condulzura—,libérame,arrancaesepuñaldetucorazónoacabarásdesangrándote.
Entonces,alzólacabezayclavócondurezalamiradaenmí.
—No me engaño —murmuró cogitabundo—, y en verdad poseer tu corazón ha de ser una
maldicióninfame,sólohayquevercómolatragediapersigueaGunnar.—Dejóescaparunafectado
suspiro y acarició mi mejilla con contenida suavidad—. Durante tu ausencia, me esforcé por
olvidarte;merepetíaincesantequeerasdañina,quetumerapresenciamerobabaelsolazyque,cada
vezquetehacíamía,yomoríaunpoco.Perohasidosuficientevertedenuevo,tenertefrenteamí,
paraquemimenteenloquezcaymicuerpodespierte.
Se incorporó, salió del lecho y se desnudó con ansiosa premura. Cerré los ojos, frenando el
torrente de lágrimas que asomaba, y comprendí pesarosa que habría de ser yo quien arrancara
aquellahirientedagadesupecho.
Se acomodó entre mis piernas, arremangó mi camisola y se situó entre mis muslos. No me
resistí.Conunbruscoempellón,sehundióenmí,liberandounlargoyhondogemido,quesonómás
a lamento. Tomó mi rostro entre sus rudas manos y me obligó a fijar la vista en él, mientras las
acometidassesucedíanconasperezayviolencia.Mesumergíensuturbiamirada,impasible,aunque
meardíaelbrazoconundolorpunzanteyelcorazónconunamargorlacerante.Y,ahí,supequeyo
eraladueñademidestino,yqueHalfdanacababadesentenciarelsuyo.
36
Sinescudos
Aveces,cuandomásnegroyprofundoeselabismoenelquecaemos,lamásínfimayparpadeante
hebra de luz es capaz de iluminar lo suficiente para que distingamos algún resquicio al que
agarrarnosypodamoscomenzaraascender.Yesefugazdestello,débilytímido,brotódelamirada
deGunnaraquellamañana.
Metopéconsusimpactantesojosverdesmientrasmeadiestrabaconlalanza.Sola,hilandomi
propiaymortíferadanza,ejecutandolosmovimientosqueAsleifmehabíaenseñado.
Medetuveexhausta,sinromperelhechizoqueenlazabanuestrosojos,sosteniendosubrillantey
reveladoramirada.
Incluso a esa distancia, pues él estaba apoyado indolente en el cercado, pude sentir la
escalofrianteintensidaddesussentimientos.Trémula,meencontréavanzandoensudirecciónconun
anhelotangrandeprendidoenmisemblantequeGunnarseenvaróyretrocedió.Sinembargo,nofue
capazdealejarsecomosolíahacer,ytampocolograbarompernuestrasmiradas.
Elamorquederramabamecaldeótangratamentequemedescubríestirandoloslabiosenuna
sonrisa emocionada. Aquel gesto fue absorbido por él, como al que le ofrecen un odre de agua y
arrastraunaacuciantesed.Aquelloencadenóotrasonrisayélparecióhechizadoytentado.Aquella
inusitada rendición me infundió el arrojo necesario para dar otro paso en su dirección. Gunnar
retrocediódenuevo;pudepercibirsulucha,susdudasysentílaimperiosanecesidaddecorrerasus
brazos. Quizá percibió mi desgarrador anhelo o quizá logró encontrar las fuerzas que parecían
esquivarlo,peroconsiguiódarselavueltayalejarseagrandeszancadas.
Permanecíuninstanteinmóvil,todavíatemblorosa,respirandoagitada,conelcorazónaleteando
enmipecho,comosiunamariposarevolotearajuguetonapormiinterior.Ymisonrisaseensanchó
conlasombradealgoquecomenzabaatomarformaenmimente.
Durantetodalamañana,fuiyolaqueejecutósustareascercadedondeélhacíalassuyas.No
importabaquéfuera,peromeencontrébuscandosusmiradas,absorbiendosupresencia,admirando
su cuerpo y embebiéndome de su rostro. A pesar de su barba rala y tupida, su apostura resultaba
subyugadora. Sus ropas de algodón se pegaban a su cuerpo, mientras cortaba leña, levantaba un
valladoocavabaunazanja,ondulandosusabultadosydefinidosmúsculosbajolatela.Ymideseo
prendió con la virulencia de una llama, incendiando cada palmo de mi piel. Con un ansia tan
dolorosa,quepermanecerinmóvilresultabacasiunesfuerzodignodeuntitán.
Cuandoseenjugabaconelantebrazolasudorosafrenteyposabasuspenetrantesojossobremí,
casi podía sentir sus dedos acariciando mi piel, y aquello desgastaba mi voluntad de un modo
peligroso.
El deseo, palpitante, lujurioso y sofocantemente hambriento, nos unía con una intensidad
estremecedora.Tanasoladorquelograbahacerretemblarsusargollasylasmías.
Un pensamiento comenzó a titilar en mi mente tomando consistencia con abrumadora rapidez
¡Mío!Erasólomío,yyotansuyaquenuestraseparacióneraunacondenaamuertelentayagónica.
En tal caso, ¿qué diantres temíamos, si cada instante separados moríamos un poco? Y así, entre
constantesmiradas,ygestoscontenidos,muriólaúltimacadenaquemeatabaaltemor.Ysintemor,
sincadenas...eraunlobofurioso,hambrientoyvengativo.
Trasdedicarleunaúltimamirada,firmeysegura,perocargadadevoracidad,condujemispasos
haciaelskáli;allíestabanmispresas.
LagranestructurademaderaalbergabaacasitodaslasalmasdeHedemark,expectantesantela
inminenteordalíadirimidaporsugranrey.
Setratabadeunjuiciodondelasgentesapelabanalajusticiadivina,yregia,sobretodotipode
casos: adulterio, desacuerdo en lindes de terrenos, injurias, robo de ganado... y casos de natural
triviales,peroconcuriosasresoluciones.
Doshombressedisputabanunacabra;ambosasegurabanqueeradesupropiedad,cosadifícil
de demostrar ante la ausencia de marcas que lo probaran. Ante casos así, el rey imponía que los
enfrentadossesometieranaljernbyrd,opruebadefuego:aambospleiteadoresselesentregabaun
hierrocandentequehabíandesostenerconfuerzaentrelasmanos,yelquemástardaraensoltarlose
hacía con la razón; el perdedor no sólo perdería la cabra, sino todos sus bienes materiales. Una
resolucióndesmedidadadoelgranriesgoalqueseexponían;noobstante,elhonorenlapalabrade
aquellasgenteseratanvaliosocomolaplata.
Laleyvikingaeraunaleyrígida,sangrientaeinapelable.Someterseaunjuicioera,amenudo,
enfrentarsealatorturaoalamuerte,pero,paraestasgentes,eldestierroyeldeshonoreranlapeor
condena.
Los litigantes asintieron quedos, con semblante inexpresivo y mirada dura, mientras dos
esclavoscolocabanenlasbrasasdosvarasdehierro.
Trasuntensoysilenciosoinstante,Halfdandirigióunprecisoyadustogestoalosesclavos,que
de inmediato sacaron las varas con unas largas tenazas de herrero y las condujeron hacia donde
aguardabanloshombres.Aunaseñaldelrey,ambosalzaronlasmanosyempuñaronloshierrosal
rojovivo.
Pudeoírcómocrepitabalacarnequemadaalcontactoconelacerocandente.Laexpresióndelos
hombres resultaba desgarradora. Dientes apretados, semblante distorsionado de contención y gesto
de insoportable dolor. Gruñían, sudaban y temblaban, hasta que el más alto soltó el hierro con un
alaridoescalofriante.Yahabíandispuestounosbaldesdeaguafría,yelperdedorseprecipitóameter
lasheridasmanosenél.Elganadorcayóderodillasentreespasmosdolorosos,hombroshundidosy
espalda encogida. Una mujer, que supuse la suya, emergió atropelladamente de entre los
congregados,cogióelbalde,searrodillofrenteasuesposoyleintrodujolastemblorosasmanosen
elagua;elsonidomeerizólapiel,ytambiénelperturbadorolorquesepropagóporlasala.
Cerrélosojosyrespiréhondo;cuandolosabrí,laparejaseabrazabadándosesolaz.
Me topé con una inquietante mirada de Halfdan sobre mí, que me desazonó sobremanera. Un
nuevogestohaciaelcentrodelasalahizoqueseabrieraunpasillodecuerpos,paradejaravanzara
unacabizbajamujerllevadapordosguerreros.
Sigridcaminabaabatidayasustada,conlasmanosatadasenlaespaldaysemblantecontrito.
Halfdansepusoenpieysedirigióalaacusada.ObservécómoRagnhildseacomodabainquieta
ensutrono.Meenvarétemiendoloqueseavecinaba.
—Hoy,Sigrid—comenzóadeclararsevero—,acudesantemíporatentarcontralavidadeuna
de mis skjaldmö. Es una acusación grave en extremo, y se agrava, además, por contravenir mis
designioscuandosejuzgótucaso.¿Tienesalgoquedecirantesdequeanunciemisentencia?
Losclarosojosdelamujer,agrandadosyllorosos,seclavaronensugobernanteconexpresión
suplicante.
—Juroporlosdiosesquenofuiyoquienatentócontravuestra...—mefulminóconunamirada
rebosante de inquina—... skjaldmö, aunque la he matado en mi mente muchas veces —confesó
audazmenteconvozestirada.
—Laamenazastedemuerte,ynadieaquítienemásmotivoquetúparaejecutartalcobardeacto.
El rostro de Sigrid se tensó con una furia contenida; tenía los ojos enrojecidos y los labios
apretadoenunamuecarabiosa.
—¡Nohesidoyo,yoloharíaalavistadetodos,ydisfrutaríadecómoseapagasupútridavida,
nomeesconderíatrasunárbol,nimeperderíatanesplendorosoespectáculo!
Halfdanresopló,sacudiólacabezaycongestoofuscadosedirigiónuevamenteasusitial.
—Tu odio te ha condenado —manifestó apático—. Serás atada a un poste y fustigada con una
varahastaquequedesinconsciente;luegoserássubidaalomosdeuncaballoqueteconducirálejos
demireino,rumboaunirrevocabledestierro.
Un malestar general se alzó en la sala, un pesado resuello pendió insidioso sobre los
congregados.Nadieaprobabatancruelcastigo,nisiquierayo.Movidaporuntemerarioimpulso,me
adelanté,enfrentándomeaHalfdan.Elreyclavódeformaadmonitorialosojosenmí,ysurostrose
crispótemiendomispalabras.
—Ellanoesmiatacante—pronunciéconfirmezaalzandoconsiderablementelavoz.
Elreycerróuninstantelosojosyrespiróhondo,deltodocontrariadoymolesto.
—No oses cuestionar la voluntad de los dioses, ni la decisión de un rey —masculló entre
dientes,oscuramenteamenazador.
—Dudoquelavoluntaddelosdiosessealadecondenaraunainocente—repliquéconosadía—,
ymenoscuandoesosmismosdiosesyalahangolpeadobastante.Quehayarecibidosusamenazasno
implicaquelascumpla,ymáscuandosoyconscientedequenoesmiúnicaenemigaaquí.
ClavélamiradademodointencionadoenRagnhild,queseagitóincómoda.
—Freya —musitó Halfdan paciente—, tu misericordia y bondad nublan ahora mismo tu
entendimiento. Por eso, y sólo por eso, voy a tolerar tu intromisión. Sal del skáli en este instante,
antesdequeseagotemiclemencia.
Su azabache mirada me gritó con furibunda rotundidad que desistiera. Me mantuve firme e
inmóvil,yensuexpresióncasisedibujóunatirantesúplica.
Era plenamente consciente de lo que suponía mi defensa, y de cómo habría de demostrarla.
Podíairme,ypermitirqueSigridpagaralainsidiosamaldaddesupérfidareina...pero,aunqueno
mereciera ni siquiera mi compasión, la tenía, pues yo había provocado la muerte de sus hijos. Sin
intencióndehacerlo,sí,peroeraunacargaquemeperseguiríaportodalaeternidad,unosfantasmas
másquemeacompañaríanhastaelfindemisdías;quizáporesolapugnantenecesidaddesalvarlaa
ellamesuperabaconlasuficientefuerzacomoparapelearporsudefensayvengaraquellainjusticia.
—Estoy más que dispuesta para defenderla —sentencié ante el sorpresivo murmullo
generalizado.
Halfdan, lívido y angustiado, negó con la cabeza; pude ver cómo su rostro se ensombrecía
preocupado.Enesemomento,Ragnhildsepusoenpieconunasonrisaladinaprendidaenloslabios
yseacercóamí.
—En tal caso, piadosa skjaldmö —comenzó a decir con voz dulce y tono calmo—, habrás de
librarunholmgang,unduelodearmas;siganaselcombate,Sigridselibrarádesucondena,pero,si
lopierdes,lacompartirás.—Sevolvióhaciasuesposoyagregósibilina—:¿Nodictaesolaley,mi
buenrey?
Halfdan asintió con esfuerzo. Sus labios se convirtieron en una fina línea blanquecina. Miró
haciasuexpectanteconcurrenciay,alzandolamano,llamóasupresenciaaAsleif.
Demudada,mimaestraasintiócasiimperceptiblementeyacudiópálidaapresenciadesurey.
—Mi fiel Asleif, es el momento de medir tus habilidades contra tu pupila. No será un duelo a
muerte—puntualizó—.Laprimeraquepongaunpiefueradelasuperficieacotada,serálavencida.
Ambasasentimostensas.EnlosojosdeAsleifpudeleersuturbación;nopodíadejarmeganar,
puesseríaunafaltadehonorquelaperseguiríacomounestigma,convirtiéndolaenunaniøingr,pero
tampocodeseabalanzarmeaunaciagodestino,unoalquemearriesgabamipropiaconciencia.
Aguardamosaqueclavaranenelsuelounagranpieldebueyescosida,queerasobrelaquenos
batiríamos,concuatropostesterminadosencalaveras,llamadostiösnur, que delimitaban el centro.
Lasuperficiedelacapaeracuadrada,encuyasuperficiesedibujabantrescuadradosmáspequeños
concéntricos,separadospocospiesunosdeotros.Finalmente,laafianzaronconotroscuatropostes,
llamadoshöslur,enlasesquinasexteriores.
Preparadoelterreno,nosentregaronaambasdosescudoscircularesdecoloresllamativos,ya
quenoseríaunduelomortal.
Toméelmío,Asleifelsuyoynosdispusimosenelcentrodelapieldebueysopesandonuestras
miradas.Meinclinéligeramente,abriéndomedepiernasparaapuntalarmiequilibrioyprepararme
paraelataque.DebíaexpulsaraAsleifdelmantoacomodieralugar.
Ledirigíunamiradatenazyfiera,ychoquédeformaestrepitosamiescudoconelsuyo.
Al eco hueco y seco que las maderas tachonadas producían en cada impacto se unió el de los
aldeanosjaleándonos.
FrenéunaatrozembestidadeAsleif;nuestrosrostrosestabantancercaquenovivenirsupuño
contra mi rostro. Mi cabeza giró con vehemencia y trastabillé hacia atrás por el impulso, pero, de
inmediato, frené el retroceso apuntalando hacia atrás una pierna. En los glaciales ojos de mi
adversaria pude leer con somera claridad sus recordatorios en cuanto a mi enseñanza. Aquel
puñetazoatraiciónpusoenmimentesussabiasadvertencias:usacuantotengasamano,sorprendea
tuenemigoylovencerás.Aquéllaerasuformadeayudarme,deigualarelcombate.
A pesar del dolor en mi mandíbula, la miré con agradecimiento; ella asintió con una velada
sonrisa.
Al instante, nos enzarzamos en un nuevo pulso, escudo contra escudo. Esquivé un nuevo
puñetazo, giré medio cuerpo, me agaché rauda y lancé con fuerza el canto de mi escudo contra su
costado derecho. Oí un gemido sordo y una imprecación mascullada entre dientes, pero su sonrisa
permanecía,estavezconunmatizorgulloso.
Giramos en círculos, escudos en guardia, miradas sesgadas, alertas, trazando el próximo
movimiento.
FueAsleifquiensagazmenteemulóunataquefrontal,paraconseguirqueadelantaramiescudo;
aquel amago provocó lo que ella buscaba, que me centrara en aquel engañoso movimiento. Veloz
comounrayo,selanzódecostadoalsuelo,atrapómistobillosconlossuyos,girósobresímismay
metiróconellasobrelapieldebuey.Enlacaídamiescudosaliórodandofueradelmanto.
Asleifmesoltóysepusoenpieenarbolandosuescudo.Mehabíadesarmado,conloquemis
movimientos se reducían a una mera defensa. Sin embargo, mi inferioridad de condiciones podía
convertirseenmiarma.Ellaseconfiaríayyopodríaaprovecharsusataquesytanteosparahacerme
conlavictoria.Enmimenteseperfilóaldetallecadapasoaseguir.
Esquivé sus ataques, rodeándola una y otra vez, agachándome y ladeándome ante cada carga.
Sabía que ella estudiaba con detenimiento mi rostro para anticiparse a cualquier ataque. Por ello,
procuré simular una expresión confusa y mantuve unos instantes mis huidizos movimientos,
limitándomeaevitarcadaarremetida.Quizáporeso,noesperabaquerepentinamentemeabrazaraa
suescudoyempujaracontodasmisfuerzas.Miempujelaobligóaempleartodasufuerza;seancló
estirando una pierna atrás, giró la cabeza para avistar lo cerca que estaba del borde y, cuando me
miródenuevo,alcéunpuñoygolpeéconeldorsosunariz.Aquellolaenfureció;sonreíparamis
adentros,caíaenmitrampa.
Redobló sus fuerzas con brioso ahínco y consiguió hacerme retroceder; aquel avance la
envalentonó.Sufuerzafísicaerasindudamayorquelamía,asíqueconunsimpleescudoseparando
nuestroscuerposcomenzóaarrastrarmehaciaelborde,conlosdientesapretados,gruñendoporel
esfuerzo,lanarizsangranteymiradaobcecada.
Opuse toda mi resistencia para conseguir que ella se empleara a fondo y, cuando atisbé de
soslayolacalaveraqueculminabaunodelospostesquedemarcabanlaesquinaexteriordelmanto,
apretélosdientesyempujécontodasmisfuerzas,retándolaconlamirada.Ellaagachólacabezay
casivolcótodosucuerposobreelescudoy,porende,sobremí,convencidadesuvictoria.Enese
preciso momento, solté su escudo y salté a un lado. Sin punto de apoyo, Asleif se impelió
abruptamentehaciadelante,cayendodeformaaparatosafueradelmanto.
La victoria era mía, y el silencio fue mi premio. Un silencio plagado de asombro, indeciso y
tenso.
Halfdan sonreía admirado, maravillado y claramente aliviado. Cuando se puso en pie, un
murmulloextendidorecorriódenuevolasala.
—Bien; según la ley —se dirigió taimado a Ragnhild, impávida, aunque el brillo de sus ojos
delatólamagnituddesuindignación—,Sigridselibradesucondena,yasombrosamentedemanos
inesperadas.GraciasaFreya,mujer—posósuadustamiradaenlacondenada—,tienesunavidaque
agradecer.
Laaludidaprefirióserastutaynopronunciarse,almenosconpalabras,pueslamiradaqueme
dirigiódejóbienclarasuposturarespectoamí:antesdejaríaqueloscuervosdevoraransusojosque
agradecermenada.
Uno de los guerreros cortó la soga que ataba sus muñecas, y ella se volvió con vehemencia,
ondeando su larga y lacia melena dorada. Con gesto brusco y ofendido, abandonó la sala con la
cabezaerguidayportealtivo.
La mirada de Halfdan se posó en un punto justo detrás de mí, oscureciéndose con nubes de
tormentayrayosfulminantes.
Me volví para encontrar la mirada de Gunnar, y su gesto torvo. Había tal amenaza en su
expresión,tanabiertaeinsidiosaadvertenciacontrasupropiorey,quefuecomosiunasogatensay
ásperaunieraaamboshombreshaciaunfunestodestino.Sesostuvieronlamiradaunlargoinstante,
enelquedejaronrezumarcuantosentían.Diferentesemocionesconunpuntoencomún...elodio.
37
Traslosplateadoshilos
A pesar de no necesitar pruebas sobre la autoría de mi atacante, me ofrecí a preparar el caldo que
acostumbrabaatomarRagnhildensudagverdr.Solíasermuyprecisaensusindicacionesacercade
su primera comida del día, y sabía lo escrupulosa que era con su preparación. Por eso, procuré
prepararlafueradesuvista,paranoalertarla.Laesclavaqueseocupabadetalmenesterseextrañóde
miinsistencia,masconseguíconvencerladiciéndolequepretendíaganarmesusfavores.
Sonreíamientrasgirabaelcucharónenlamarmita,revolviendosuavementesucontenido.Era
una sencilla receta de leche cuajada, excepto por un ingrediente en particular que le conferiría un
amargorintencionado,lostalloscomestiblesdealgunoscardos.
Cuando lo serví humeante en una escudilla de madera y se lo entregué a la esclava que solía
servírselo,misonrisaseamplió.
Mealejétrasunacolumnacercanaylaobservésentadaalamesatomandoelcuencoentrelas
manos y llevándoselo a la boca. Ante el primer sorbo, su ceño se arrugó con extrañeza. Bebió de
nuevo y su ceño se acentuó. Llamó furiosa a su esclava para que le rindiera cuentas, y entonces
emergídemiescondite,trasrebuscarenmizurrónelpequeñohongoblancoquehabíacogidodela
cabañadeEyra.
Lleguéjustocuandoregañabaavozengritoalaesclavaquelamirabaasustadaycogitabunda.
—¿Puedoayudarosenalgo?—preguntéentonoinocente.
Ragnhildclavósuscerúleosojosenmíconagudafrialdad.
—Estonoteincumbe—murmurómolesta.
Laesclavameobservósuplicante,aunquenoseatrevióareplicarsuinocencia.
—Metemoquesí,mireina.Fuiyoquienpreparóvuestrodagverdr.
LaexpresióndepavordeRagnhildfuetanevidentequetuvequeestrangularunasonrisadepuro
placer.
—Puedesregresaratusquehaceres—aconsejéalaesclava,quecontemplabaaturdidaasulívida
señora.
Obediente,sealejóabuenpaso.
Entonces,saquémimanodelzurrónmostrandolaseta,lamismaquehabíaprovocadolamuerte
albebé,yRagnhildabriólabocademudadayestupefacta.Elterrortiñósusfacciones,sepusoenpie
temblorosayconmiradavacuacontemplóelcuenco.
—¡Maldita!—bramó,dándomelapruebaquenonecesitaba.
Congestocrispado,trastabillanteydominadaporelpánico,semetiólosdedosenlagarganta,
profundamente, para provocar el vómito. Y allí, ante mí, y ante el asombro de sus súbditos, se
convulsionóentrearcadasexpulsandodesucuerpoeldensolíquidoingerido.
Tosió y se abalanzó sobre la jarra de agua, bebiendo con desespero, mientras gritaba entre
sorbosquehabíaintentadomatarla.Tanafectadayconcienciadaestabadequeelvenenorecorríasu
cuerpo,quesedoblóendos,dandoespeluznantesalaridos.
AcudieronThorleifSpakeelSabioyelgranOrnOsoPardo,espadasenmano,ymemiraron
confundidos,anteelbrazoacusadordesuseñoraseñalándome.
CuandoaparecióHalfdan,seaprestóhaciaellaylacogiódeloshombrosconsuavidad.
—¡PorLoki!,¿quétesucede?,¿eselniño?
Ragnhildtemblabaysollozabaaltiempo,sindejardeacariciarprotectorasuredondeadovientre
conunamanoyseñalarmeacusadoraconlaotra.
—Ha...haintentadomatarme.
Entoncesmeadelantéhaciaellaconsemblantegrave.
—¿Porquépensáistalbarbaridaddemí?
—¡Hasenvenenadomicomida,perra!—meacusófuribunda.
Halfdanlasujetóconfuerzacuandohizoademándeabalanzarsesobremí.
—Esonoescierto—medefendí—,pues,siasífuera,noseríatanilusadehaceresto.
Tomé la escudilla de su dagverdr y la bebí hasta vaciarla. Ragnhild me miró como si hubiera
perdidoeljuicio.
—Algoamargo,quizámeexcedíconelcardo—concedíconsorna—,peronocreoquematea
nadie.
MiréintencionadamenteaRagnhild,quemecontemplabaatónita.
—¡Porlosdioses!,¿tantoalborotoporuncaldoamargo?
Halfdan miró a su reina con disgustada reprobación, sacudió la cabeza resoplando paciente y
volvióasurincónseguidodesushombres.
Meacerquéalatrémulaypálidareinaconunasonrisamalévolaprendidaenloslabios.
—Esto sólo ha sido un aviso —le susurré amenazante—. A partir de ahora, no podréis comer
tranquila,nibeber,nipasear,nirespirar...mientrasyoandecerca.Nopararéhastaquetodossepanlo
quehicisteis.
—Nadietecreerá—espetósinmuchaconvicción.
Sonreífríamenteyneguéconlacabeza.
—Nomeimporta,porquenopararéhastaquepaguéisloquehicisteis.
Yactoseguido,mealejédeella,triunfalycomplacida.
Elloboiríatraslosplateadoshilosdesutelaraña,desgarrandohastalaúltimasedosaypegajosa
hebra,hastaconseguirquelaarañacayeraensusfauces.
—Estoyorgullosadeti,muchacha,casitantocomoloestáGunnar.
MirédesoslayoaEyra,mientrasgirabalapalancadelmolinodepiedraquemolíalosgranosde
cebada.Losmezclabaconsuerodelecheyfrutossecosendulzadosconmiel,paraconfeccionarel
panqueconsumiríamosenelnattverdr,laúltimacomidadelajornada.
—Creíquehabíasdesistidodeabrirmelosojos.
Eyratrabajabalablandaymoldeablemasadepanconlasmanos;nomemiró,perointuíuna
sonrisaaviesaemergiendodesuslabios.
—Ylohehecho—aseguróindiferente—;quelomencionenosignificaquehayamoshabladode
ti,perovisuexpresióncuandovencisteaAsleifenelholmgang.
—Ylonombraspara...
Esta vez sí sonrió abiertamente, se retiró con el antebrazo un mechón pegado a su mejilla y
chasqueólalengua.
—Esmihijo—respondiósardónica—,megustanombrarlo.
Estavezfuiyolaquemostróunaampliasonrisa.
—Tediréalgo,mibuenaEyra:lonombresono,siempreestápresenteenmispensamientos,y
dudoquesesientaorgullosodealguienaquienrecriminatantascosas.Peromeesforzaréparaquelo
esté.
Palmeódeformavigorosalatortademasaparaaplanarlaylalanzóaunaplanchacircularde
acerosobrelasbrasas.
Un delicioso efluvio dulzón aguijoneó mi vientre; estaba famélica, aunque sorprendentemente
plenadeenergía.
Depronto,sedetuvoymecontemplófascinada.
—¡Repiteeso!—rogócogiéndomeporloshombros.
—Voyaluchar,Eyra,porél,pormí.
Losagrandadosojosdelaancianasehumedecieron,susfaccionestitilaronemocionadasysus
labios se arquearon temblorosos. Me cogió por los hombros con la expresión más agradecida que
jamáslehabíavistoy,conmiradaafectada,murmuró:
—¡PorBalder,yapuedomorirenpaz!
Ymeestrechóentresusbrazos,conunacalidezsobrecogedora,conuncariñotandesmedidoy
sinceroquesentícómomisheridassesuavizabanymidolorseopacaba.
Unoloraquemadolaenvaróymesoltóenelacto.
—¡Maldición,elpan!
Seafanóporsacarlasennegrecidastortasdelaplancha,yselaslanzóaFenrir,quelascazóen
elaire.
—Eseperrosecomeríahastaunabotavieja.
—Creoquelohevistohacerlo.
Eyrasoltóunacarcajada,ydenuevopreparómasa.
—Hacíatiempoquemicorazónnolatíatanligero—admitióentusiasmada.
—Noclavestuestandarteantesdequeconquistemoselreino—advertígirandotrabajosamente
laruedadelmolino.
—Ese reino siempre fue tuyo, muchacha, y si Sigrid logró usurparlo fue sólo gracias a las
hierbasqueenturbiaronsujuicio.
LamuertedesuhijononacidoerapruebaevidentedequehabíayacidoconGunnaresetiempo
atrás.YquemipresenciahubieraacabadoconlosdoshijosdeGunnareraelclavomásardienteque
horadabamipecho,eimaginabaqueelsuyo.
—Puedoleertuspensamientos,Freya.YaligualquenosabemossielpobreOttarerahijode
Gunnar,conrespectoalquesemalogró,guardoelmismorecelo.
—Deigualmodo,erancriaturasinocentes,caídasantelamaldaddeunareina.
—Porloquepudepresenciarestamañana,nohaydudaalguna.Pero¿notepareceunmétodo
demasiadoenrevesadoparaacabarcontigo?
—Sospechosamenteenrevesado,sí—coincidípensativa—;intuyoquehayalgomás,ypercibo
queesealgoesloquenecesitoparaacabarconella.
—Difíciltareaacabarconunareina—recordóconmiradagrave.
—¿Acasohayalgofácilenmivida?
Negóconlacabezamientrasdisponíadenuevootratandadetortasdepan.
—Nienlamía—recordó—.Poresovaloramosmáscadalogro,porpequeñoquesea.
Nosmiramoscómplicesysonreímosensilencio,sumidasennuestrospensamientos.
Trasotrasdostandas,Eyrasedetuvoymecontemplóconsemblanteiluminado.
—Creoquesédealguienquepuededarnosrespuestas.
—¿Quién?
—TengoentendidoqueIngalaRojaestámuycercadeSigrid;nosésiserásuconfidente,pero
esposiblequelogremosobtenerinformaciónquenosseaútil.
Lamiréalgoconfusaymeencogídehombros.
—YanoimportasielhijoqueperdióSigridtambiéneradeGunnar—contravine.
—No se trata de eso —replicó Eyra—. Pienso que, si nuestra joven e infame reina ha
entrometidoensuplanaSigrid,esporalgo.TodomellevaapensarqueRagnhildquisoacabarcon
lasdos,nosólocontigo.
Aquellaconjeturamesobrecogió,abriendoantemíperturbadorasteorías.
—Pero¿porquéquerríaRagnhildacabarconSigrid?
—Es lo que tenemos que descubrir —respondió cavilosa—. Eso y quién la está ayudando. De
momento, has de cuidarte mucho: si antes era tu enemiga, ahora que la has acorralado resultará
temible.
—Losé—asentí—.Tengoqueactuarconpremura;laúnicamaneradedesarmarlaesromperla
telarañaquehacreadoamialrededor.
—No—opusoEyra—.Laúnicamaneradedesarmarlaesacabandoconella.Nosedetendrácon
telaosinella.
Amimenteacudióotraconversaciónsimilar,yunescalofríomerecorrió,erizándomelapiel.
Casipodíasentircómounasogaásperaypesadasecerníalentamenteentornoamicuello,una
sensaciónconocida,peronoporelloasimilada.
Por algún extraño y cruel designio providencial, el peligro era una constante en mi vida, y la
muerte,unacercana,tenazypacientecompañera.Yahabíamiradodefrentesurostro,susgarrasya
me habían estrechado y su viscoso y gélido aliento, acariciado; por lo tanto, me encontraba en
situacióndecompararlaconlosdolorososzarpazosquedabalavida.No,lamuertenoerapeorque
la más infame de las vidas, en muchos casos era un alivio, un escape, incluso el solaz de un alma
atribulada.Porfortuna,yoyanobuscabaalivio,niunescape,nitansiquierasolaz...yoambicionaba
mucho más. Ambicionaba la felicidad, la plenitud, la seguridad y la libertad, y lucharía con uñas y
dientes por conseguirlas. O todo o nada, ése siempre fue mi destino. No quería migajas, ni restos
descoloridos de felices recuerdos, ni ensoñaciones que, evocadas, pintaran nostálgicas sonrisas en
mis labios, ni suspirar mi frustración, ni contagiar mi tristeza. No, me merecía una vida completa,
unavidadeverdad,yesavida...estabaaquí.
El lobo de mi interior, moldeado por los dolientes avatares de la vida, cubierto de viejas y
rugosascicatricesyheridastiernasysangrantes,mostrabaloscolmillos.Rabiosoyreceloso,estaba
másquepreparadoparacobrarsepiezaapiezalavenganzaqueansiaba,retandoamisenemigos,a
losdiosesyaldestino.Ahora,sinmiedo...porfineralibre.
—TengoaalguienquevigilacadamovimientodeRagnhild—anunciólaanciana—.Notenemos
tiempoqueperder,Freya,sientoqueunagrantragediaseciernesobrenosotros.
Su mirada se oscureció y sus rasgos se tensaron con evocaciones tortuosas, sus hombros se
hundieronyunlargoypesadosuspiromanódesuboca,comosiaquellaexhalaciónpudieraaligerar
lacargaquellevabaconsigo.
—¿Hasleídolasrunas?—inquiríconvisiblepreocupación.
—No—respondióabatida—.Temomirarenellasdenuevo.
Ahondéensumirada,escrutandoenella.
—¿Entonces?
—Freya,hesoñadoconsangreydolor.Sonimágenesconfusas,tanvelocesqueapenaspuedo
dilucidarmásquehorrorybarbarie.Cuandoesopasa,medespiertoagitadaycasisinrespiración.Sé
quesonunaseñaldepeligro,unaadvertencia.Miintuiciónmegritaquehuyamosdeaquí.
—Quizádebamoshacerlo—musitéinquieta.
—Gunnarseconvertiríaenunproscrito,seríaperseguidoportodoslosconfinesdecualquier
reino.Sobrelacabezadetodotraidorpesaunarecompensa;seríacapturadoyajusticiadoenelacto.
Respectoati,dudoqueHalfdantedejemarchar,comoséquetebuscaríahastaquedarsaciadodeti,si
acasoesoesposible.No,Freya;parapoderhuir,ambostenéisquecortarvuestrascadenas.
Permanecí pensativa un instante. Sí, yo también lo sentía, cerca, escalofriantemente cerca, un
peligroqueibacreciendoalimentadoporlasintrigas,losodiosylasvenganzas.
—Escurioso—mascullémeditativa—,peronuestrascadenastienenelmismonombre.
—Un cuervo os apresa a ambos —concedió la anciana—. No obstante, sólo podéis aplastarlo
durante la confusión de una batalla. La conquista a Jutlandia, y la batalla que librará contra el rey
Horik,serávuestraúnicaoportunidad.Encuantoalaaraña,nosharemoscargodeellaantesdeque
vuelvaapicarnos.
Asentí,mientrasamontonabalastortasdepanenunagranbandejacircular.
—CreoqueeselmomentodereavivarmislazosdeamistadconlagranInga—repusecogiendo
labandejaconlasmanos.
—¿YcómopiensasderribarlasbarrerasdeGunnar?
Eyrameacompañóhacialaalargadamesafrentealhogar,dondeseapiñabandiversasfuentes
contodotipodealimentos.
—Tentándolo,mostrándolequeesinútilalejarse,quenadaimporta,nada,exceptonosotros.
Eyrasonriócomplacida,oprimiómihombroenseñaldeaprobaciónysealejóhastaunadelas
mesasdelrincón,laquesolíanocuparGunnarysusguerreros.
Yallíestabaél,regalándomeunamiradafríaydistante.Cogíunadelasobleasdepanylamordí
vorazsindejardesostenersumirada.Entrecerrélosojosyloobservéprovocadora,sonreíladina
mientrasrelamíamislabiossinocultarloqueenverdaddeseabadevorar.
Mi sonrisa se ensanchó seductora cuando me apercibí de cómo tragaba con dificultad y su
miradaseenturbiaba.
Mío,medijeorgullosa,yporlosdiosesquelotomaríacomotal.
DerramémimiradaportodoelskálibuscandoalagranIngalaRoja;nofuedifícilencontrarla.
Apilabatroncosenunrincón,derodillas,conformandounapilapiramidal.Meaproximéaellacon
airedistraído.
—¿Puedoayudarte,Inga?
Larubicundayorondamujermemiródesoslayoyresoplótrasasentir.
—Me duele la espalda como si el carro de Odín traqueteara por ella —manifestó ceñuda,
frotándoselapartebajadesuespinazo.
—Tengounpoteconunemplastequealiviaríatudolor.
Memirócongratitudmientrasseponíaenpieconsumocuidado.
—Te agradecería eternamente que me lo trajeras, Freya —replicó haciendo muescas
quejumbrosas—,estedolormeestámatando.
—Mejorvamosamicabaña—sugerí—,esunemplastoquerequieredeunlargomasaje.
Nomepasóinadvertidoelbrillorecelosoensumirada.Sonreícongestoinocenteyenlacémi
brazoconelsuyo.
—Vamos,Inga,dejaquemandeelcarrodeOdínadondedebeestar,alValhalla.
Unacarcajadalasacudióagitandotodasucorpulencia.Sumelenarojacomolasascuassemeció
enlagruesatrenzaquelasujetaba;variasguedejassueltassepegabanasusrollizasmejillas.
—Deacuerdo,tedejaréintentarlo.
Y,así,abandonamoselskáliynosdirigimosamicabaña.
Mientraslamujersedesvestíaysetumbabatrabajosamenteentregruñidosdolorososbocaabajo
sobrelamesa,rebusquéentrelasvasijasdondeEyraguardabasusremedios.Tomédeunpoteuna
buena porción de grasa de pato y resina de alcanfor, en el que Eyra había macerado manzanilla y
cortezamolidadesauceblanco,ylofrotécontramispalmasparaentibiarlo.
CuandopuselasmanosenlaespaldadeInga,lamujerseenvaró.
—Estásmuytensa,Inga;hasderelajarteydejartucuerpoblandoeinmóvilparaquelotrabaje.
Obtuveungruñidoyunasacudidadecabezacomorespuesta.
Comencé a pasar las manos por su pálida piel, estirándola en círculos, y trabajándola con los
pulgares;unagudoaromaaalcanfor,penetranteyacre,comenzóaaflorar,liberadoporelcalorde
mismanos.
—PorOdín,tienesmanosdediosa—mascullóaliviada.
Alentada, continué los movimientos. Las yemas de mis dedos tantearon una ligera elevación,
que,anteelenvaramientodelamujer,supequeeralaraízdelproblema.
—Tendré que incidir en este montículo para que penetre bien el preparado —advertí—. Te
dolerá,perotienesqueresistir.
Tomé su silencio como una aceptación, y me dispuse a presionar y a estirar la protuberancia;
aquelnudodemúsculosconstreñidoseranlafuentedelmalestar.
Pude sentir la contención de Inga ante el dolor que debían de provocarle la presión de mis
dedos,perocontinuémasajeandoconvigor;elcalorfavorecíalaabsorcióndelmejunje.
—AhoraeselcruelLokielquegobiernatusmanos—sequejóentredientes.
—Esnecesario,Inga,perosentiráslamejoríaalmomento.Podemosconversarparadistraerte
deldolor;pasaráenseguida,yaloverás.
—Eso espero, porque ahora es Thor el que me está golpeando con su martillo —gruñó
quejicosa.
Suspuñossecrisparonaferradosaltablerodelamesa.
—¿SabesquéhasidodeSigrid?Noimaginascómolamentotodoloquepasó.
—No, no lo imagino —afirmó la mujer—. Como tampoco imagino por qué te batiste por su
inocencia.Ellaestuenemiga.
Aquellaabruptasinceridaddetuvomismovimientos.
—¡PorOdín,unrespiro!—exclamóaliviada.
—Es mi enemiga porque ella lo decidió así —repliqué retomando el masaje—. Pero eso no
quitaquesientacompasiónporelladespuésdetantrágicaspérdidas.
Trasuntensosilencioenelquemisdedosamasabansucarnecomosilauntarademantecaun
cerdo,lamujerhablódenuevo.
—Los dioses castigaron su ambición, es todo. Intento ayudarla a sobrellevarlo, intento que su
odiosediluya,perodudoqueloconsiga.Simehubierahechocasoynohubieraacudidoapedirel
favordelrey...
—¿Quéfavor?
—QueleentregaraaGunnarasucuidado;acambio,ellacontinuaríadándoleelremedioque
nublabasujuicio.SolíaveniramenudoaHedemarkparaqueelreylaproveyeradelbrebaje.
—CreíaquemandabanaAgderaunhombreparatalfin.
—Comenzaron a enviarlo al poco de tu regreso, cuando Gunnar volvió con sus hombres,
entregándolealreyaRagnhildyasuhermano—aseveró—.Entoncesfuecuandoelreyleprohibióa
Sigridquevolvieraavisitarlo.
Aquellainformaciónsembróinquietantescuestionesenmimente.Perolaquemásmeperturbó
fueelnuevocarizquetomabaelpapeldeSigridhastaelmomento.Unasospechacomenzóasurgir
consobrecogedoraconsistencia,comoelresplandordifusodeuncandilenlamásnegraoscuridad,
abriendo en una bruma cerrada un reducido cerco luminiscente que se agrandaba con cada
pensamiento.
—¿YcómolesentóaSigridesaprohibición?
—Mal, se sintió relegada, creo. Ciertamente no terminé de entender su ofuscación, pues se
evitabatenerqueviajartanamenudo.
Deslicé las palmas de las manos en pequeños círculos, con suavidad; la piel había absorbido
todo el ungüento. Cogí un balde, vertí sobre él una buena cantidad de arcilla roja seca, que Eyra
almacenaba en pequeños sacos de sarga, y añadí con tiento un buen chorro de agua, mezclándolo
todoconlaotramano,buscandolaadecuadaconsistencia.
Conlaarcillahúmedayuntuosa,extendíunbuenpuñadoenlaafectadapartebajadelaespalda
deIngaycoloquésobreellauntrozodelinolimpio,presionandoligeramente.
—Habrásdequedarteunratotumbadaparaqueelemplastesurtaelefectodeseado—informé
mientrasmelavabalasmanosenunbaldedeagualimpia—.Notemuevas,¿deacuerdo?
—¿Adóndevas?
«Aconvertiraunaenemigaenunaaliada»,contestéparamisadentros.
—Acaboderecordarquehedejadounencargoamedias.Eyravendráytelimpiará.
38
Uninsectoatrapadoporelodio
Estaveznocorreríapeligrosinnecesarios.PedíaHiramyaSigurdquemeacompañaranaAgder.
Necesitaba enfrentarme a Sigrid para confirmar de alguna manera mis conjeturas, antes de
aventurarmeatrazarningúnplan.
Anochecía; los desvaídos haces de un sol adormecido y lánguido recortaban el horizonte,
poblándolodesiluetasoscurasconformasdeárboles,colinasypeñascos,ytiñendodepulidobronce
lalíneaqueseparabaelcielodelatierra.
Cabalgábamosalgalope,porterrenoagreste,cubiertospornuestrascapas,casitendidossobre
lacruzdenuestrasmonturasparasortearelramajebajoytraicioneroquenolográbamosdivisartan
alacarrera,yparaacelerarlamarchaconvehementesyabruptassacudidasderiendas.
Nadiedebíarepararenmiausencia,porloquehabríaderegresarcuandoacabasendetomarel
nattverdr.
Llegamos a la aldea justo cuando la noche nos estrechaba en su gélido abrazo. La oscuridad
pincelabadeunoscuroazulcadapalmodeterrenoyelresplandorlunaragrisabalascarasexpuestas
a aquel astro. La pátina nacarada perfilaba con nitidez las apiñadas cabañas, de las que emergían
ondeantesvolutasdehumo,comosifueraelresuellodepequeñosdragonesdurmientes.
AvanzarhacialacabañadeSigridprovocóenmítodaunaoleadadecruentosrecuerdosqueme
flagelaronimplacables.Casimeparecióoíreldesgarradollantodeunbebé,yvercómolasangre
formabauncharcoalrededordelamujer.Mesobrecogíymeabracéamímisma,cerrandomásla
capasobremipecho.
Desmontamosyatamosloscaballosalposte.
—Entrarésola—anunciéconfirmeza.
Hirammecontemplócongravedad,peroselimitóaasentir.
La puerta estaba enmarcada por un delgado hilo dorado, que refulgiría del hogar. Pensé en
golpearla,anunciandomillegada,perofinalmenteoptéporentrarsinmás.Abrídespacioyatisbéel
interior.
Unamujersentadaenelsuelofrentealalumbredelhogarsebalanceabaabrazadaasímisma,
tarareandounanana.
Cerrélosojosuninstanteyrespiréprofundamente.Aquellaimagenmeabrumó.
Entré y cerré la puerta a mi espalda. Alertada por los quejumbrosos goznes, Sigrid se volvió
haciamíconmiradaanonadada.
—Sólohevenidoparahablarcontigo,memarcharécuandolohagaynovolveréamolestarte
jamás.
Lamujerserefregóelrostrodeformaburdaconlaspalmasdelasmanos,sefrotólosojosy
memiródenuevo,comprobandoquenoeraunaaparición.
—¿Cómopuedestenerlaosadíadeentrarenestacasa,perra?
Comenzó a levantarse con gesto iracundo. Tenía los ojos inyectados en sangre, y el rostro
macilento.
—Escúchame,Sigrid—meapresuréareplicar—.Nofuiyoquienmatóatupequeño,tansólo
fuiunaherramienta,meengañaron.
—¡Saldemicabaña!—amenazósilbante.
—Loharécuandomedigasloquenecesitosaber.
Lamujercogiólavaradehierroconqueremovíalasbrasasylaalzóhaciamí.
—Sipiensasqueporquemehayassalvadodeldestierrovoyaperdonarte...
Desenvainémiaceroyloencaréhaciaellaparadefendermedeuninminenteataque.
—Nobuscotuperdón,Sigrid;entodocaso,habríasdesertúlaquebuscaseelmíosihubiera
algodebondadentucorazón.
—¿Encimahedeperdonarteporhabermearrebatadolosseresquemásamaba?
—Terepitoquefuivilmenteengañada,quemiúnicaintenciónfuesalvarlo.Vuelcastuodioenla
personaequivocada.
—¿TampocotieneslaculpadehaberarrancadoaGunnardemilado?—siseófuriosa.
—Tampoco,Gunnarnuncafuetuyo.
Estavez,lamujerdibujóunasonrisaperversamentesatisfechaquemehelólasangre.
—Oh,sí,Gunnarfuemío;lotomabacadanoche,noimaginaselplacerqueencontrabaentremis
piernas.
—¡Te aprovechaste de su mente envenenada! —le increpé apuntándola con mi espada—. Nada
más; no agotes mi paciencia, Sigrid. Y ahora atiende bien mis palabras. Creo que tu vida y la mía
correnseriopeligro.
Sigrid entrecerró suspicaz los ojos, pero bajó el brazo que sostenía la vara de hierro,
retrocediendoprudente.
—Fuisteamantedelrey,¿noesasí?
Agrandólosojosyentreabrióloslabiosconasombro;susemblantesetiñódetemor,yenaquel
gestoobtuvemirespuesta.
—¿Dedóndehassacadoesaburdapatraña?—inquirióentonotitubeante.
—Delmismorey—mentísinmutarmihieráticaexpresión.
Sumiradameescrutóconrecelo,perosuportetensoseabatiósinremedio,vacilanteentredos
emociones.Trasunlargoinstante,posósusafligidosojosenlalumbre;lasllamasbailaronenellos,
mientraslosrecuerdosyeldolorabotargabansurostro.
—Éltambiénmerelegódesulechocuandollegastetú—reconocióenapenasunquebradohilo
devoz.
—No—neguéapesardenotenerningunaconvicciónalrespecto—.Fuelallegadadesureina.
Yfueéstaquiendescubrióquetuhijoeraunposibleherederoalacorona.
Esta vez me miró con el rostro grotescamente desdibujado por una expresión horrorizada. El
amargoroscureciósumiradaylacólerafrunciósuspálidoslabios.
Mis conjeturas eran ciertas y aquella certeza reavivaba con más vigor el resplandor que
emanaba de tan cruenta verdad. Ragnhild despejaba a su propio hijo el camino de bastardos que
pudieranusurparsulugar.Sinembargo,algonoencajaba.ElacabarconlavidadelpequeñoOttarno
garantizaba que Sigrid perdiera al hijo que llevaba en su vientre, como así había ocurrido para
venturadelareina...
Entonces,unfogonazoiluminómimente,comoelviolentoimpactodeunrayoresquebrajando
eltroncodeunárbol.Mirostromudómientrasabsorbíaaquelconocimiento.
—¡Que Loki arranque el hijo que alberga su vientre! —siseó Sigrid entre dientes. El odio
desdibujósusfaccionesycasipudeoírcómocrepitabaenella—.Porque,sinolohaceLoki...loharé
yo.
—¿Tusdoshijos...erandeHalfdan?
Gruesaslágrimasresbalarondesusojoszigzagueandoporsuslívidasmejillas.Cayóderodillas
mientrassoltabalavaradehierroparacubrirseelrostroconambasmanosysollozarabiertamente.
Envainélaespadaymeacerquéaella.
—Sigrid.
La mujer negó con la cabeza; sus hombros se sacudían, al tiempo que derramaba su aflicción
frentealfuego.Mecompadecídeellalosuficientecomoparaatrevermeaarrodillarmeasuladoy
posarlamanoensuhombro.
—Mi...mimadremellevóalacorte,cuandoGunnarsucumbióatusencantos—susurróentre
sollozos—.Era...unamujermuyambiciosa,asíquelogróunaaudienciaymeentregócomoofrenda
paraconseguirsufavor,quenoeraotroqueadvertiralreycontraGunnar.Poreso,UlfyAmina,con
soldadosdelrey,masacraronSkiringssalpocotiempodespués.Enrealidad,tambiénpretendíaqueel
rey se encandilara de mí, pero se limitó a tomarme durante unos días hasta que partió hacia
Hedemark.Cuando...cuandodescubríqueesperabaunhijo,mimadredecidióutilizarloparaatrapara
Gunnar.
Intenté asimilar aquel torrente de información que quemaba mis entrañas como lava ardiente.
Asdis, la cruel y sibilina madre de Sigrid, siempre había manejado los hilos en mi desgracia y, a
pesardehaberperecidoensupropiatrampa,suruindadseguíapersiguiendoasusdescendientes.No
hizo falta que alentara a Sigrid para que continuara descargando su tormento. Entre sollozos e
hipidos,eldolordelamujerflotóenlaestanciacomolabrumaqueprecedealamanecer,densay
pesada.
—CuandoalossupervivientesnosllevaronaAgder,bajolatuteladelrey,mevidesamparaday
solaconunhijoreciénnacido.Entoncesacudíaélbuscandosuprotección,perosindesvelarqueera
el padre, pues temía su reacción. Fue cuando me contó su plan de convertir a Gunnar en su mejor
berseker,yloentregóamicargoparaquemihijotuvieraunpadre.Paguéesefavorconmicuerpo
hastaquesesaciódenuevoymeprohibióacercarmeaél...Pero,unavezmás,meabandonóconsu
semillaenmivientre.
Cerrélosojos.Cuánaltopagoconllevabalaambición,pensémientrasenmíseliberabayano
odio, sino compasión por tan pobres almas. Suspiré pesadamente y me obligué a arrancar toda la
verdad.
—DejastequepensaraquetuhijoeradeUlfcuandomeencarécontigo.
—Ulf no podía tener hijos —afirmó perdida en su memoria—. Lo castraron de muchacho.
Cuando fue esclavo de un clan rival, le arrancaron los testículos, pero podía yacer con una mujer,
tenía...susmañas.
Meestremecí.EnelmomentoenqueSigridlogróalzarlamirada,volvióafijarlaenelfuego.
Sumidaenaquellaépoca,losrecuerdosparecieronsepultarlacomosiunaopresivalosalaempujara
alasprofundidadesdesuparticularaverno.Creíverundejearrepentidoensusemblante.
—¿Aquiénleconfesastelapaternidaddetushijos?
Suspiró;susllorososojossecerraronuninstanteantesderesponder.
—Quise deshacerme del hijo que gestaba mi vientre —confesó con amargura—. Gunnar
recobraba el juicio día a día, podía ver cómo su mirada se aclaraba y su mente despertaba. No
entendíaporquéelbrebajehabíadejadodefuncionar,peroelhechoesqueGunnarnotardaríaen
abandonarme, a pesar de todos mis esfuerzos. —Dirigió la vista a un punto en particular. Seguí su
mirada y me topé con una extraña maraña de cabello negro pendiendo de un gancho. Aquello me
desconcertó—.Entonces,acudíalOráculoparaquearrancaraalbebédemisentrañas.
—¿ElOráculo?
—Conoceelpoderdelasplantas,tambiénessanador—aclaró.Seenjugólasnuevaslágrimas
quebrotabanysorbiósunariz—.No...nosécómolohizo,perologrósonsacarmelaverdad.Invocó
alasnornasy,atravésdeUrd,laquedesvelaelpasado,supomisecreto.
Las nornas eran las diosas del destino, las que lo tejen. Urd protegía la urdimbre de nuestro
pasado,paramostrarloaquienlainvocaba.Verdandientretejíaelpresentedeloshombres.YSkuld
ocultaba el telar del futuro; era la más huidiza y difícil de interpretar; solía mover sus hilos
cambiandoeldiseñosegúnnuestrasdecisionesdiarias.
—¿Sóloélsabetusecreto?¿NiInganinadie?
Cabizbaja, negó con vehemencia. Sus manos aferraban crispadas el paño de su túnica,
arrugándoloconfiereza.
—¿Qué...quéfueloqueteaconsejóelOráculo?
Inhalóprofundamenteyarrugóelceño,quizásoportandootroaccesodepunzantesrecuerdos.
—No quiso ayudarme —musitó tirante—. Dijo que, si tenía sangre real, los dioses lo
castigarían.
En ese instante, supe que el Oráculo era la herramienta de la ambiciosa Ragnhild. Resultaba
lamentablemente clamoroso que, ante el temor de los dioses, habían trazado el plan para que otro
incautoacarrearacontalcastigo,unoque,además,yaestorbabaensuvida:yo.Noobstante,podían
haberselibradodelcastigodivino,peronadalosprotegeríadelafuriadellobo.
MiréaSigrid;teníalamiradaperdida,yelrostrodesencajado.Nosabíasisujuiciosoportaría
elabominablepagoasumezquindad,peroyanadalaanclabaaestemundo,exceptoquizáelodioque
brotabadeellacomounavorazhiedra,emponzoñandounalmayamarchitaenunabrazoqueabuen
seguroacabaríaconella.
—No soy quién para dar consejos —susurré con tibieza—, pero eres joven; tu única
oportunidad es empezar de nuevo, moldeada por el dolor y forjada por los errores. Vete lejos, y
olvida.HazteamigadeVerdandi,yperfilalaurdimbredeSkuld;encuantoaUrd...aprendeavivir
conella.
No me respondió, ni siquiera me miró. Suspiré y me puse en pie... y, como atraída por una
fuerzainvisible,meacerquéalaenredadacabelleranegracolgadaenlapared.Cogíunmechóncon
losdedosylosdeslicépensativa.Parecíacrindecaballo,perolahabíancosidoamododepeluca.
Suspiré profundamente. Supe en el acto cómo Sigrid había logrado manipular la confusa mente de
Gunnarparalograryacerconél.
Traguésalivaylamirédenuevo;mipiedadcreció,masnomiperdón.
Salídelacabaña,conelalmapesadayunamargorhirienteenmigarganta.
Hiram avanzó preocupado hacia mí, alarmado por mi abatida expresión. Pero era tanta la
crueldadquemerodeaba,tantaslassuciastretasquecomodelgadoshilosdesedameenvolvían,tanta
la desmedida ambición y tanta la barbarie desplegada por mis enemigos, que me sentía perdida y
confusa,peroelsentimientoqueamenazabaconrompermefueunafuriademoledora.
—¿Estásbien,Freya?Hemosoídounllantoespeluznante.
Lomiréconfijeza,tensélamandíbulayasentíconsuavidad.
—Noerayo—respondíconfrialdad—.Estiempodeprovocarlágrimas,nodederramarlas.
Yentoncesllegóhastanosotrosunestiradoyagónicolamento,quequebrólanocheerizándonos
lapiel.ElperpetuosupliciodeSigridseríasucondena.
—Regresemos—musitémientrasencajabaelpieenelestriboymeencaramabaamimontura—.
Nadatenemosyaquehaceraquí.
LoshombresmeimitaronypartimosdenuevohaciaHedemark.
Lafríabrisanocturnanolograbaenfriarmisánimos;enmispensamientosdosrostrosregiosse
teñíandesangre.
Durantelacabalgada,mimenteperfilabaunavenganzaqueejecutaríademaneraimplacable.Ya
noencontraríanpiedadenmicorazón,estaveznoibaadefendermividaycuantoamaba,no;esta
vezibaaluchar.Estavezatacaríacontodasmisarmas,unabatallasincuartel,enlaquemividaera
lomenosvaliosoquepodíaperder;eranmialmaymicorazónlosqueestabanenjuegoy,sipara
salvaguardarlosteníaquearrancardelafazdelatierraamisenemigos,porlosdiosesqueloharía.
Antesdeentrarenelskáli,lepedíaHiramunúltimofavor.
Todavíaardíaenmílaira,necesitabaenfriarmelosuficientecomoparapoderactuarconcierta
normalidad, necesitaba que mis enemigos se confiaran para asestarles el mordisco final. Y para
lograrloteníaqueapagarhastalaúltimabrasacapazdeempujarmeacometercualquierdesatino.
—Necesitopelear—murmurédesenvainandomiacero.
Arrugóelentrecejoysopesómispalabrasconexpresióndesconcertada.
—¿Quieresbatirteconmigo?—inquirióconasombro.
—Eresunguerrero,¿no?
Sonrióentreconfundidoydivertido,seencogiódehombrosychasqueólalengua.
—Esoparece,sí—concedióconsorna.
—Vayamosalcampodeadiestramiento—sugerí.
—Noeselmejormomentodeldíaparaentrenar,peroyasabesquenopuedonegarlenadaauna
mujerbonita.
Meguiñósocarrónunojoydescubriósuacerocongestovanidoso.
—Alomejorhoydeberíashacerlo—intervinoSigurd—.Noséporqué,intuyoquevasasudar.
—Vamos—apremié—,nodispongodemuchotiempo.
Avanzamosagrandeszancadas,tansóloiluminadosporelnacaradorefulgirdeunagranluna
llena, que imponente rezumaba su poder alejando a la acechante oscuridad que parecía querer
envolverlaensuabrazo,sacrificandosunegruraenposdeacariciarla.
Rodeamoselgranskáliynosadentramosenelclaroqueconformabalaampliaextensióndonde
losguerrerosentrenabanylosjóvenesaprendicesadquiríanelmanejodelasarmas.Ahoradesierto,
eratansólounespacioabiertoysilencioso,unterrenoampliodondedescargartodamicólera.
Me volví hacia Hiram, afiancé con fuerza ambas manos en la empuñadura de mi espada,
posicionándolaenverticalamicuerpo,abríligeramentelaspiernasylomiréretadora.
—Quieroqueteentreguesenelcombate,Hiram,nadadejuegos.
Lo miré con gravedad. Palpitaba en mí tal furia, tal dolor, que sentía ganas de gritar y
derrumbarme.
—Freya,suelodarlotodoencuantohago—replicóaltivoalzandoeltonodevoz—.Peronome
pidas que pelee contigo en un duelo serio, porque no lo haré. Contendré tus estoques hasta que
desfallezcassiesnecesario,peronolucharécontrati.
—Peleadeunavez,maldito.
Ylancémiprimeraestocadacontodalafuerzaqueacumulabamifuria.Hiramlafrenóconsu
aceroysostuvoasombradomifieramirada.
Volvíalataqueconmásímpetu,desplegandovelocesmovimientosofensivosqueloobligarona
retrocedermientrasconteníamisembates.
Gruñía ofuscada ante la pasividad del guerrero, que me contemplaba con expresión
desconcertadaalvermidureza.
—¡Lucha,maldición!—exigífuriosa.
Negóconlacabezadandounpasoatrás.
—Nopiensoarriesgarmeahacertedaño—manifestófirme.
Resopléairadaygruñívolviendoalacarga,cuandoatisbédesoslayounasiluetaacercándosea
nosotros.
—¡Yolucharé!
Lasangresecongelóenmisvenasaloíraquellavozgrave.Nosdetuvimosjadeantesmientras
contemplábamoscómoGunnarseacercabahacianosotrosdesenvainandosudescomunalespadón.
Todomicuerporeaccionóantesupresencia,sacudidoporuntemblorquecasimehizosoltarla
espada.
Sostuvesupenetrantemirada;micorazóndiounvuelcocuandosepusofrenteamí,conmirada
felina,adoptandounaposturadecombatequeerizómipielyhormigueómivientre.
—¡Largaos!—musitócongestoimpacienteaHiramyaSigurd.
Susguerrerosinclinaronlevementelacabezaanteélysealejaronconpasoapresurado.
—Aquítienesaalguientanfuriosocomotú,loba,paradarcuentadetufrustración.
—Dudo que estés más furioso que yo, león —lo increpé frunciendo el ceño. Me cubrí con la
espadaylofulminéconlamirada.
—Despejaré ahora mismo esa duda —amenazó inclinando ligeramente la cabeza, como un
depredadoracechante.
Y comenzamos a movernos en círculo, atentos a los movimientos del otro y balanceando
lánguidamentenuestrosaceros,estudiándonosconatenciónyalertasaunataqueinminente.
—Vamos,temibleulfhednar—alentésusurrante—,muéstrametufuerza.
Susverdesojos,agrisadosporlaplatadelaluna,chispearonletales.Alolejos,elaullidodeun
loboquebrólanocheyagitómipecho,puesdeseéimitarlo.
Ante mí, el hombre que amaba, tan roto como yo; el dolor que brotaba de su mirada fue su
primera estocada... y mortal, por cierto, pues atravesó mi corazón con la pujanza de una daga
envenenada.
Y,así,Gunnaralzósuaceroylodescargósobremí.
39
Entreelcorazónylarazón
Ella frenó su mandoble con destreza, arrastrando su filo para librarse de un pulso que acabaría
doblegándola;laschispasquesaltarondeambosfilossefundieronenlanoche.Supoesquivarcon
denodadamaestríalasestocadaslateralesqueélasestaba.Acadaratogirabavelozparaasestarsus
ferocesataques,impelidaporunacóleraquelahacíatemblaryenrojecíasusojosysusmejillas.
También él estaba furioso, y mucho. La veía enfrentarse a él, tan fieramente hermosa, tan
inalcanzable ya, que su dolor se reavivaba. Sólo imaginarla entre los brazos del rey le roía las
entrañas, sólo recordar que ella había renunciado a él le arrancaba el alma. Pero asumir un papel
indiferente,controlarsusimpulsosyreforzarunayotravezsucontenciónloestabahaciendotrizas.
Quería beber su furia, y liberar algo la suya propia; podría haberla derrotado con el primer
espadazo,sinhacerleelmenordaño.Peroellanecesitabaluchar,desfogareldolorquepintabansus
facciones, y que suponía que era el reflejo del suyo propio. Gunnar reprimió la necesidad de
desarmarla,apresarlaentresusbrazosytomarsubocacomoaliviopasajeroasuoscurotormento.
Mientras cruzaban sus aceros, mientras sus ojos se enlazaban penetrando sus propias almas,
mientrassuscuerposresistíanlapunzantenecesidaddefundirseenunosoloytodassusemocionesse
derramabanencadaestocada,Gunnarseconvencíadeladecisióntomadadíasatrás.
Ella jamás estaría segura en aquellas tierras, ni siquiera bajo la protección de tan vil rey.
Tampocoélhabíapodidoprotegerla,nipodría,pueslatragedialosperseguíacomounavederapiña.
Ytristementecomprendíaque,juntosono,acabaríaporatraparlos.
Sólo había un camino posible, la única escapatoria, una que el amor que ella sintió por él le
había robado. Y era regresar a su tierra, tal y como ella lo planeó antes de que el infortunio la
apresaradenuevo.Aquelladecisiónquelohabíallenadodeamarguraeralamássensata,ahoralo
veíaconapabullanteclaridad.Ysiteníaquemeterlaalafuerzaenunbarco,porOdínqueloharía.
Ellajamáspertenecióasumundo,unmundorudo,hostil,bárbaroeinjusto.Éllahabíacondenadoa
aqueldestino,ylasalvaríadeél.Seríalaúltimapruebadeamorqueleregalaría,aunqueélmuriera
consuausencia,sinnadaquelatieraensupechoya.Ladevolveríaconlossuyos;después,yanada
importaría.
Conocíadememoriasusmovimientos,lahabíaobservadosubrepticiamentemuchasveces;sabía
qué ataques ella anticiparía para defenderse con premura y cuáles descargaría a continuación. Y
aunqueembelesadoensuágildanzaletal,encadaposeyensusimpetuosasexpresiones,luchabacon
ellaobligándolaaesforzarsemás...ayudándolaaarrancaresarabiaquelaconsumíayquehumedecía
susojosyacentuabasusgruñidos.Pero,pronto,elcansanciocomenzóaentorpecersusestoques,yla
rabiasetornófrustración,yéstasediluyóenunatristezaqueloconmovió.Aunquemantuvosucejo
fruncidoysuexpresiónconcentrada,luchandomáscontrasímismoquecontraella.
Jadeanteysofocada,trastabillóhaciaatráspeligrosamente.Sintióelimpulsodesujetarla,pero
loestranguló.Ellanonecesitabaayuda,necesitabaaligerarsucarga,caerysollozar.Yquelosdioses
loayudaranaélsilaveíaenaquelestado,puessabíaquesusbarrerasseharíanañicosalinstante.
Freyalogróestabilizarse;apartóraudaunlargoyoscuromechóndesurostroylofulminócon
lamirada,aunquelamuecadedoloryanheloensurostrorasgódeformatemerariasucoraza.
—¡¡¿Meodias,condenadogigante?!!—bramódescontroladayalbordedelllanto—.¡Puesaquí
metienes,acabaconmigodeunamalditavez!
Alzósuespadaylomiróretadora,aunquedesoladaauntiempo.
—Erestúquienmemataconcadamirada—confesórespirandoentrecortadamente—.Yanoeres
mía,Freya,eresdeHalfdan,perometientas,juegasconmigo.¿Quédiablosquieresdemí?
—Ati.
Aquellas palabras se clavaron en su pecho. Cerró los ojos un instante, falto de aliento y de
escudo.Rebuscóensuinteriorlafortalezaquenecesitaba;teníaquerepararlasfisurasquesurcaban
sucorazacomozigzagueantesgrietasenlacongeladasuperficiedeunlago.Perocuandoabriólos
ojos y vio lágrimas contenidas en aquellos ojos de oro bruñido, bajó su acero y le dio la espalda.
Teníaquealejarsedeelladeinmediato,perosuspiesseguíanancladosalsuelo.
—¡Noterindas,maldito!—loincrepó—.Aúnpuedovencerte.
Hundióloshombrosabatido;nofuecapazdevolverseymirarla.
—Ya me venciste, Freya, la primera vez que posaste tus ojos sobre mí —admitió en un
estranguladohilodevoz.
—Entonces,afrontatuderrota—musitóellaconvozrota—.¡Mírame!
Sintió cómo un puño estrujaba su corazón. Con el rostro constreñido en un rictus ácido y
doloroso, con los puños apretados y el cuerpo envarado, apretó los dientes y se obligó a caminar
alejándosedeella.
Perooyósuspasossiguiéndolo.Enunarrebato,ellacorrióparaalcanzarlo,yseinterpusoensu
camino.
—¡Apártatedemí!—exigiócortante.
Loencaróaltiva,acercándosetentadoramenteaél.
—¡No!
Cambió de dirección y ella de nuevo se plantó delante de él con los brazos en jarras, mirada
llorosaysemblantedecidido.
—Nomeobliguesaapartartedemicamino—amenazócasicondesesperación.
—Hazlo,unaymilvecessiteplace,porqueteperseguirémientrasquedeunalientodevidaen
micuerpo—replicóellaaltanera,tanbellamentedesgarradaquelasgrietasdesucorazacomenzaron
aensancharsesinremedio.Trémulo,sesumergióensusambarinosymágicosojos.
¡Porlosdioses,laamabatantoqueunavidanoerasuficienteparavenerarlaconella!
Soltóelairecontenido
—Freya,esinútillucharya,éstenoestulugar—musitócontritoycabizbajo.
Frunció su ceño con brusquedad, sofocando fútilmente el dolor que manaba de ella, como el
torrentedeunacascada.Eldeseodeestrecharlacontrasupecholoabrumó.
—Milugar—comenzóadecirconteniendoaduraspenasunprofundosollozo—esaquéldonde
túestés,amormío.
Otro pellizco a su maltrecho corazón, tan fuerte que se sintió desfallecer; cerró los ojos de
nuevo,agarrándosealaexiguahebradenegaciónquelequedaba.
Sevolvióotravez,dándolelaespaldaaella,comosinotenerlafrenteasílograracontenerlas
brechasquequebrabansucorazaapasosagigantados.Teníaquehuirdeallíya.
Apenasdiounpaso,ellaseleabrazóalaespalda,rodeandosucintura,ciñéndoseaél.Todosu
cuerposeenvaró;respiróhondamenteyaguantóestoicocómosusbrazosintentabanabarcarlo.
—¡Suéltame,Freya!—siseósuplicante,entredientes.
—No—sollozócompungida—.Estoymuertasinti.
No pudo aguantar más. Se volvió hacia ella, todavía entre sus brazos, y cogiéndola por los
hombroslaobligóamirarloalosojos.
—Tambiénconmigo—murmuróconpesadumbre.Eldolorloasaltó,cerrándolelagargantaun
instante—.Yo...voyallevarteconlostuyos,piensodejarteenbrazosdetumadredenuevo.Voya
enmendarmierror.
Entoncesellaloempujóairada;susojosseentrecerraroncoléricos.
—¡¿Error,dices?!No,novasaengañarme,creesodiarmey...
—No —gruñó dolido—; me odio a mí mismo por permitir que ese... que ese malnacido rey
pongasusmanossobreti...
Entrelágrimas,ellalofulminóconlosojosentornadosygestofurioso.
—Es eso, ¿verdad? —acusó ofendida—. ¡Me desprecias porque otro hombre puso sus manos
sobremí!¡Nolosoportas,sóloimaginarloteasquea!
—¡Sí,measquea!—bramóimpotenteyroto.
Y entonces a su torturada mente acudió una imagen que lo había fustigado todo este tiempo:
ellos yaciendo apasionados en el lecho real. Un rugido colérico escapó de sus labios, su rostro se
veló,oscurecidoporlafrustración,ylaempujórudamentelejosdeél.
Freya agrandó los ojos un instante, dejó escapar un colérico bufido y arremetió contra él,
palmeandosupechoconfuerza.
—¡¡¡Vetealinfierno,gigantedeldemonio!!!
Alzóunamanoyloabofeteóconsaña.Gunnarintentóagarrarlelasmuñecas,peroellaestaba
fueradesí.Y,entonces,estallópresadeunafuriaquelodesquició.
—¡¡¡Yaestoyenél!!!—rugiófuribundo.
Lacogióconfuerzaporlosbrazos,inmovilizándolos,ylapegóasupecho.
—Y ahora —hizo una pausa, penetrándola con la mirada—, voy a borrar cada beso y cada
cariciadecualquieraquenoseayo.
Ysecerniósobreellaconvoracidad,enloquecidoydesesperado,tomandosubocaconlaruda
ansiedaddeunsedientolanzándoseagónicosobreuncharcodeagua.
No fue hasta que su lengua saboreó el dulce almíbar de sus labios que percibió la implacable
intensidaddesuhambrecontenida.Quefueconscientedelanecesidadquehabíaestadoroyendosus
entrañastodoestetiemposinella,languideciendosuespíritucomoseapagauncuerposinalimento,
ounalmasinluz.Yahora,apesardequeellasedebatíaentresusbrazos,todavíacolérica,supoque
nopodríadetenersehastasaciarseporcompleto.
Cercósulengua,degustócondeliriosusaboryseperdióenél.
Lacubrióconelcuerpoylaciñóconlosbrazos,inmovilizándolayavasallandosubocaconuna
voracidad casi salvaje. Su resistencia comenzó a morir en una sumisión que despertó todos sus
instintos animales. Era suya, y por los dioses del Valhalla que la tomaría como tal o moriría en el
intento.
La cogió en brazos sin separar su boca de la de ella, besándola con denuedo, aliviado al
comprobarcómoellaseentregabaalbeso,cómoenredabalasmanosensunuca,cómoderramaba
ungemidotrasotroensugarganta,cómosefrotabaansiosacontrasupecho.
La pasión lo nublaba, como una niebla pesada y densa cubriendo un prado, cegándolo y
aturdiéndolo. Todo su cuerpo palpitaba ante el deseo que brotaba de él con la fuerza de una llama
descontrolada.
Suspasoslollevaronhaciaelprimerresguardoquelogróatisbar:elcobertizodondeguardaban
lasarmas.
Diounapatadaalapuerta,éstacrujióindignadaysesacudióconestrépito,rebotandoaltanera.
Gunnarseadentróenelpequeñoalmacén,conelímpetudeunvientohuracanado.Ladejóenelsuelo
y se separó lo justo para arrancarle la túnica con hosquedad. Freya lo contemplaba arrebolada,
subyugadayjadeante,peroconlamiradaprendidadeundeseotanacuciantecomoelsuyo.Apesar
dequelaurgenciaconstreñíasucuerpo,seembebióuninstantedeaquelcuerpoqueloenloquecía
comoningúnotro,aquelquetantasvecessoñabaydondeseperdíairremisiblemente,inclusocuando
sealiviabaenlasoledaddelasnoches,evocándolo.
—Mía,denadiemás—musitóenapenasunsusurro.
—Sólotuya,miamor,siempretuya.
Aquellos dorados ojos anegados de lágrimas, aquellos labios inflamados y enrojecidos,
entreabiertosytembloroso,rompieronsuinmovilidad.Sedesprendiódesucamisola,delcintoyde
suscalzascontorpepremurayseabalanzósobreella,quedejóescaparungemidoaliviadocuando
denuevolaapresóentresusbrazos.
—Gunnar...oh,Dios,Gunnar...
Aferróconahíncosusnalgasylaalzósobreél.Ellalorodeóconsusesbeltaspiernasdeseday
seanclóasucuello,buscandosuboca.Mordisqueósuslabios,loslamió,mientrasfrotabalaserectas
coronasdesustersossenoscontrasupecho,yél,consumidoporeldeseoylaemocióndetenerla
entresusbrazos,sesintiódesfallecer.
—Miloba,mihermosalobanegra...—gimióafectado.
Freya lo miró un breve instante a los ojos; de aquellos soles manó todo el calor de sus
sentimientos,yélsederritióenaquellaintensidad.
Lapegócontralaparedylapenetródeunaprofundayenérgicaembestida.Freyadejóescapar
unaexhalaciónsorpresiva,yacontinuaciónungemidosofocado,tansensual,quetemióderramarse
enelacto.Esperóaquesuinteriorseacomodara,aquesucarneseamoldaraalabruscaintrusión,
mientrassumergíalamiradaenladeella,mostrandolaintensidadquelodesbordaba.
—Noserégentil—advirtióentredientes.
—No quiero que lo seas —murmuró ella ansiosa, alentándolo con un sinuoso movimiento de
suscaderas.
Apretó los dientes y liberó un gruñido cuando la embistió de nuevo. El placer lo sacudió tan
vehemente que perdió el aliento y se le erizó la piel. Comenzó a moverse, impetuoso y urgente,
demorándoseensalirdeella,deleitándoseensuhúmedaytensaestrechez,enaquelardorjugosoque
rodeaba su miembro palpitante y lo ceñía con fruición. Y sintió que moría un poco, en cada
acometida,desgarradoporunsinfíndeemociones,porunamiríadadesensacionesyporunúnico
sentimiento.
Freyatomósubocaconvoracidad,atrapandomechonesdesumelenaentrelosdedos,jadeando
confrenesíycontorneándosefogosacontrasucuerpo...volviéndolocompletamenteloco,desatando
el animal salvaje que había en él, uno apaleado, herido y furioso, uno desesperado, hambriento y
desolado. Y, entonces, un placer intenso estalló dentro de él, rompiéndolo por dentro. Gruñó
desbocado en sus últimas arremetidas, sintiendo cómo su interior estallaba en pedazos, cómo la
tensiónloquebrabaycómosucuerposetensabaliberandosusemillaenella,conunroncogemido
desgarrado.
Se negó a salir de su cuerpo; continuó besándola delirante, todavía hambriento de ella.
Acariciaba cada palmo de piel expuesta, apretándola contra sí, como si pudiera fundirla en su
cuerpo...yprotegerladetodoydetodos,paratenerlasiemprecerca,alladodesucorazón,puesaél
pertenecía. Cuando logró dejar su dulce boca, aún no saciado de sus mieles, admiró la enamorada
expresióndelamujerqueamaba,yquedócautivadoensusubyugadosemblante.
—Ahora no sé cómo voy a lograr mantener las manos alejadas de ti —confesó con
preocupación—hastaqueorganicetuviajedevuelta.
—No vas a alejarme de ti, olvida esa locura —replicó Freya agitada—. Nos pertenecemos;
sellamosnuestrasalmas,asícomonuestroscorazones,¿todavíanoloentiendes?
—Sóloentiendoqueaquícorrespeligro,yquenodescansaréhastasaberteasalvo.
Gunnar salió de ella y la depositó con delicadeza en el suelo, se agachó y le acercó la túnica.
Ellafruncióelceñocondesaprobación.
—Yyonodescansaréhastaquecomprendasquenopiensoirmedetulado.Hastaquedescubras
quemividacorremáspeligrosinti,porqueestarémuerta,másinclusodeloqueloheestadotodo
estetiempo.
Cogiósusropasysevistióapresuradamente,maldiciendoparasusadentrostodassusflaquezas.
—No hace mucho, planeabas huir de mí —le recordó, evitando mirarla y masticando todo el
amargorquesentía.
—Sí—asumióella.
Algoensutonoloobligóamirarla.Enlapenumbradelreducidocubículo,bañadaporelnácar
quesefiltrabaentreelresquiciodelosmaderos,todavíadesnuda,tanhermosaquecortabaelaliento.
Tanmágicaeirreal,quecualquierdiosaenvidiaríaaquellaauraquelarodeaba,aquellaperfección
quelavestía,aquelpoderquerendíaaloshombresasuspies,atraídosporelmagnetismoqueella
desprendía,comoelefluviodeunafraganteflor.Cortabaelaliento.Dosperlasbrotarondesusojos,
dejando un sendero sinuoso de plata en sus mejillas. Y algo en su vientre se contrajo, su pecho
reventódeamoryelimpulsodecobijarlaentresusbrazoslorompió.
—Fui una ilusa —añadió en un compungido y exiguo hilo de voz—, pero pensé lo que tú
piensasahora,quelejosdemí,quizálosdiosesteotorgaransufavor;penséquetuhijoaliviaríami
ausencia,quelograríasvolcartuvidaenél,ygozaríasdeunavidaplácida,almenos,parcialmente
plena. Yo... yo jamás podré darte un hijo, Gunnar. Tu sangre morirá contigo, si estás a mi lado.
Cuando te vi... —hizo una pausa en la que cerró los ojos con fuerza, buscando en su interior la
fortaleza necesaria para seguir hablando; su rostro se contrajo como si una punzada de dolor
atravesara su pecho; bajó la cabeza y su oscuro cabello cubrió su rostro—... acunando al bebé, el
modoenquelomirabas,yo...mehundí.
Gunnarseacercóaella,cogiósurostroconlasmanosylaobligóamirarloalzandosucabeza.
—Ningúnvástago,nisiquieratuyo,podríaocuparellugarqueocupastú.Conmihijo,murióun
trozodemicorazón;sinti,estabamuertoporcompleto.
—Y,aunasí,pretendesapartarmedetulado.
—Escúchame:decidídejarestemundocuandoteperdí.Sinti,nadateníasentido.Contigoenél,
aunquelejos,quizámebasteparapoderseguirrespirando,puessabréquevives,quepiensasenmí,
queenalgúnlugarlejano,vives,sueñasyamas.Yconesomeessuficiente.—Respiróhondamente,
lacongojaloahogaba—.Aunquenoseayoelquedisfrutedetodoeso.Porque,sideformaegoístate
anclo a mi lado... y mueres por eso, entonces ni la muerte aliviará mi dolor, ni soliviantará el
desprecioqueyametengo.
Freyasepusodepuntillas,rodeósushombrosyatrapósubocaconextremadulzura,conmovida
ydelicada,derramandoenelbesotodoelamorquesentía.Elsaborsaladodesuslágrimassemezcló
con el almíbar de su boca. Él descargó en su boca su propia frustración y ansiedad, y al mismo
tiemposellócuantosentía,prometiéndosegrabarensumenteafuegoaquelinstanteparapoderbeber
deélcuandolasfuerzasloabandonaran.
Cuandoellaseseparóylomiró,vislumbróunadecisiónfirmeensuhúmedamirada.
—Tendrásquelucharcontramí—manifestóconserenidad—ynounavez,sinotantascomote
empeñesenllevaracabotuempresa.
—Freya, no me lo pongas más difícil —rogó—. Te tengo desnuda entre mis brazos, y ya me
cuestareprimirlasganasdetomartedenuevo.Nisiquierasécómovoyalogrardejartemarcharesta
noche,nicómodemoniosconseguirésoportarestarlejosdeti.Loquesítengoclaroenesteinstante
esquenovoyapermitirqueningúnhombrepongasusmanossobreti,mientrasyoestécerca.
—Nadie ha puesto ni pondrá las manos en mi corazón. Porque no me pertenece, y no pienso
alejarme de él. Me lo robaste hace tiempo, ahora paga las consecuencias. —Dibujó una sonrisa
temblorosaensusmullidoslabiosqueloprendó,comoseprendauncuervodeunabrillantemoneda
deplata—.Prefieromorirmañanaestandotodalanochecontigo,quevivirtodaunavidaprivadade
ti;nomecondenesatancrueltormento.
—Freya...—suspiróafectado,forzándosearesistir.
—No,nosupliques,malditobárbaro,yanohaypiedadenmicorazón,nisiquieraparati.Eres
mío,ylucharéconuñasydientesporti.Ambossabemosloquenossepara,ysí,esunreypoderoso,
ambiciosoytaimado,ysureinaunaarañamortífera,perosonmortales.Secierneunaguerraenla
queexpondrásureinoysupoderporconquistarnuevosterritorios.Estaveznoseránnecesarioslos
pactos,nilastraiciones,tansóloseráprecisoestarcercadeélenlacontiendayaprovecharlareyerta
paraacabarconsuvida.
—Esarriesgado,desconfíademí;serodearádetodasuhirdcomoescolta.Esastutoydispondrá
guerrerosquelecubranlasespaldasyquemevigilenespecialmente.
—Bajarálaguardiaconmigo.
Gunnarsintióunvuelcoenelvientreynegódeterminanteconlacabeza.
—Noteexpondrás—sentenciógrave—.Nopiensoconsentirlo.
—Nopuedesimpedírmelo,soyunadesusskjaldmö,partiréalabatallacomoloharástú.
—Piensometerteenunbarcoantesdequeesoocurra,maniatada,siespreciso.
—Sólomatándomeloconseguirás.
Sostuvosufirmemirada,yseperdióensuintensidad.
—Yatesecuestréunavez—recordóamenazante.
—Tambiényo—replicóaltiva.
Susonrisajactanciosacaldeósualma.Sí,aquellamujerlehabíaarrebatadoelalmainclusoantes
deconocerla.
—¿Acaso no es mejor una muerte rápida y sin dolor que una larga agonía? —inquirió ella
acariciándoloconlamirada,mientrasdelineabasuslabiosylosincendiabadenuevo.
Yentonces,claudicóanteaquellacerteza.Derepente,todassusbarrerascayeron,elescudose
fragmentó hecho trizas, sus reservas se desmoronaron y su decisión murió desangrada a sus pies.
Lucharíanhastaelfinal,porquesuamorlomerecía;silosdiosesloshabíanunido,nopermitirían
queloshombreslossepararan.Yahabíansufridodemasiado;él,enmanosdeLokiydelinfortunio,y
ella,enmanosdelacrueldad,laobsesiónylaenvidia.Sí,muchomejorunamuerterápida,aunque
lucharíahastalaextenuaciónporvencerla,ysiloconseguíaellaseríasurecompensa.Conlaagonía,
encambio,nopodríacombatirytansólorecibiríandolorymiseriascomopago.
Sumiradacambió,puesellapudosentirlatransformaciónqueseproducíaenél.Susemblante
brillótriunfal,aliviadayemocionada,yélpudosonreírporprimeravezenmuchotiempo.
—Lucharemos—decidió.
Ylaabrazócontantafuerzaquetemióquebrarsuscostillas.
Ella dejó escapar un sollozo liberador que deshizo el nudo de amargura que lo había estado
envenenandotodoesetiempo.
—Miloba,sientoquemerevientaelcorazónenelpecho.
—Loconseguiremos,amormío,estavezsí.
Gunnar apartó su temor, dejando escapar su confianza y la plenitud de volver a tener la
oportunidaddeluchardenuevoporella.
Cogiósubellorostrodenuevoypególafrentealadeella.
—Escúchamebien:voyatenderteenelsueloyatomartehastaquedesfallezca;séquenopodré
saciarmecomodebiera,esmás,creoqueunavidanodaráparacolmarmedeti.Ydespuéstellevaréa
tucabañaantesdequeamanezca.Novasaregresaralskáliypuedoasegurartequeélnoseatreveráa
buscarte,puesdormiréalospiesdetupuertacadanoche.
—¿Porquénoenmilecho?
—No me tientes, preciosa, porque saber que puedo hacerlo hará más difíciles mis noches.
Halfdan no puede sospechar que estamos juntos, pero si te velo, como hice cuando estabas
convaleciente,sabráqueteprotejoperonoqueteambiciono.Yenelfondolotoleraráporquesabe
que sigues en peligro; él mejor que nadie conoce a su reina. Por eso no querrá exponerte a su
veneno, ni querrá que te enfrentes a ella... después de todo, lleva a su heredero en su vientre. Es
primordial que nadie sepa nuestros planes, habrán de creer que seguimos distanciados. —Clavó la
mirada en la de ella y sonrió lascivo—. Controla tus miradas de loba seductora si no quieres
matarme,aunquemeproveíadeellasparaaligerarlalujuriaquealimentabasenmí.
Freyadeslizóunamanoasuentrepiernayaferróconapremiolarotundadurezaquepalpitaba
hambrientabajosuscalzas.Diounrespingoyexhalóungemidoplacentero.
—Intentaré controlarlas —prometió ella en un sensual susurro que derritió su control—, pero
ahora,temibleulfhednar,sacatuespadaynotengaspiedaddemí,porqueyonolatendré.
—Vasalamentartuspalabras,loba.
—Esloqueansío.
Yseaprestóadevorarsubocacondelirio,agozardesucuerpohastalaextenuaciónyaliberar
sucorazónhastadejarloexiguo.Ellaerasuya,ynilamuerteselaarrebataría.
40
Bajolasnegrasalasdeuncuervo
Noerafácil,no,noloera.
Noobstante,resultabacrucialestrangularcualquierevidenciadenuestrosplanes.Sinembargo,
misdesobedientesojosloseguíanallíadondefuera;miansiedadyesperanzaasomabantraidorasa
mi rostro como una luz que resplandecía incluso en la más oscura de las noches; mis labios
sofocaban sonrisas cómplices y mi cuerpo despertaba hambriento cuando pasaba por mi lado con
aireausente,fingiendounaindiferenciaqueyosabíaquenosentía.
Aun así, en ocasiones, y alentados por miradas flamígeras, Gunnar me abordaba en cualquier
rincón a salvo de miradas, para apresar mi cintura y tomar con apasionada brevedad mis labios.
Aquellonohacíamásquealimentarnuestrahambre,yengordarnuestrafrustración...peroresultaba
inevitable.
Tan inevitable como lanzarle una mirada insinuante, coger un saco de cebada y caminar con
lentitudhaciaunodelosalmacenesdegrano.Sabíaquemeseguiríayesecosquilleoqueburbujeaba
enmivientre,esealeteoenmipecho,sehabíanconvertidoenunanecesidadapremiante.
Meadentréenelgranero,dejandolapuertaentreabierta,ymeinclinédepositandoelsacoenun
rincón,apiñándolosobreotros.
Unas manos aferraron mis caderas por detrás, ciñéndome a una evidente y rotunda dureza
masculina que presionó hambrienta la hendidura entre mis nalgas. Me incorporé y suspiré, cuando
unasgrandesmanosamasaronávidasmispechos.
—Te prohibí mirarme —rezongó Gunnar entre dientes, en un estirado hilo tenso—. Nos
estamosarriesgandodemasiado.
Mecogióentresusbrazosyapresómibocalascivoyardiente.Dejéescaparungemidoyme
entreguéconpasiónalbeso;cuandologrósepararsedemiboca,sumiradaturbiameindicóqueesta
veznoseconformaríasóloconeso.
—Freya...—susurróconvozpreñadadedeseo—...voyamorircalcinado...
Atrapéconsuavidadsulabioinferiorconmisdientesyluegololamí.Subarbacosquilleómi
barbilla.Gunnargruñótortuosamente;sumiradaseencendió.
—Quieresmatarme,¿noescierto?
—Deamor—respondí,sumergidaensuverdosamirada.
—Puesloestásconsiguiendo;unasolamiradatuyameenciendecomounatea.Notienesniidea
deloquemehacessufrir.
—Quizáseamomentodevengarse—sugerísensual.
—Esparaloquehevenido,pequeña;voyaenseñarteanotentaraunhombreatormentado.Sólo
esperopoderapagarestefuegoquenosconsumeunatemporada.
—Noseráfácil—masculléretadora,sonriendolibidinosa.
Gunnarimitómisonrisayalzóunacejafingiéndoseofendido.
—No,noloserá,preciosa,peropondrétodomiempeño,teloaseguro.
Searqueósobremí,apresómisnalgas,redondeándolasconlasmanosentreardorosossuspiros.
Impetuosamente,mealzóunapiernaymanipulóconsuotramanoentresuscalzas,mientrasmeceñía
contralaparedmáscercana.
—Moriremosjuntos—gimiósufrido—,devoradosporlasllamas,sinolasliberamoscomoes
debido.¡PorOdín,eldeseoquemamisentrañas!
Ydeunansiosomovimiento,seenterróenmíporcompleto,robándomeelaliento.
Me colgué de sus hombros y envolví sus caderas con las piernas. Gunnar me sostuvo con sus
poderososbrazos,mientrasmeembestíarudamenteylamíamicuello.
Elplacermezarandeó,nublándomelavisión,exaltandomissentidos,hormigueandomipiely
desgastando mi juicio. Clavé las uñas en su espalda, recibiendo gozosa cada arremetida, gimiendo
sofocadaensuhombroysintiéndomemorirunpoco.
Derepentesedetuvo,todavíadentrodemí;alcéelrostroylomiréextrañada.
—Noquierosalirdeti—gruñóafectado,conundejecasiagónico—;moriríaasí,fundidoentu
interior,mirándotealosojosydiciéndotecuántoteamo.
Sus rasgados ojos refulgieron intensos, tildados de un brillo tan profundo, tan claros y
emocionados, que pude vislumbrar su alma a través de ellos. Sentí una opresión en el pecho,
desbordadoporcuántosentía.
—Miamor,siempreestuvistedentrodemí,ysiempreseráasí.
—Freya...cuandoestoydentrodeti,elmundosedesvanece,nadaimporta,sólosentirte.
—Amormío,sólosiénteme—susurréembargadaporloquereventabaenmipecho.
Lobesé,trémulayexaltadaporunplacerdesgarrador,incapazdenomovermeconlanguidez
para sentirlo más profundamente. Gunnar dejó escapar un contenido resuello, mientras su lengua
reclamaba la rendición de la mía, derramando en mi boca continuos gruñidos ávidos, temblando
contenido,tensoysufriente.
Aquellainmovilidad,ancladaalapared,sintiendopalpitarsugruesavirilidadenmiinterior,me
sometió,rindiéndomeaunclímaxviolentoquemearqueóhaciaatrásymesacudióinfamedurante
unlargoyliberadorinstante.
Flojaentresusbrazos,jadeanteyplena,aúncolmadaconsuvigorosamasculinidad,esbocéuna
complacidasonrisaquecautivósuincendiariamirada.
—Aúnnoheacabadocontigo—aseveróconsonrisamaliciosa.
—Eresunhombrevengativo—musitéconsorna.
Entreabriólaboca,perosedetuvocasirozandolamía.
—Eslaúnicamaneradequeentiendasaloqueteenfrentassimetientas.
—Quizáobreelefectocontrario—advertíprovocadora.
—Quizáesloquebusco.
Reí solazada y atrapé su boca con pasión. Aquello rompió su inmovilidad, alternando sus
movimientos entre la delicadeza que estiraba mis sentidos hasta el desgaste y la rudeza que los
golpeabacomolamazadeuntambor.
Supeenelactoquenohabíavenganzamásdulce.
Sialguienhubieraestadolosuficientementeatento,habríareparadoenlaluzqueiluminabami
rostro.Tampocoseríadifícildiscernirelmotivodelpeculiarbrilloquerezumabamimirada,nila
ligereza con la que caminaba. Y si acaso esas pistas no fueran evidentes, la radiante sonrisa que
apenas lograba estrangular fue lo que llamó la atención de la mujer con la que me topé rumbo al
skáli.
—Hasamanecidodebuentalante,porloquecompruebo—repusoIngalaRoja,frunciendoel
ceñosuspicaz—.Tebuscabaparadecirtequetusremediosfuncionaron.Meencuentromásaliviada.
—Mealegrasaberlo—melimitéamascullar.
—¿TereconciliasteconSigrid?
Agrandélosojosconasombro,yunaalarmasaltóenmipecho.
—¿Porquéhabríasdecreeralgoasí?
—Lanochequemeatendisteentucabaña,tevieronsalirdeHedemarkacaballo,acompañadade
HiramySigurd.
Compuseunamuecaserenayasentíconairedespreocupado.
—Fenrir se había escapado, y fuimos al bosque a buscarlo, temí que le hubiera pasado algo
malo.
Lamujermeescrutóconclaradesconfianza,todavíaconelcejoarrugadoymiradaaviesa.
—Eseperroesmássalvajequecualquierlobo,dicenqueporlanocheaúllacomoellos,nodeja
de...
—Tengomuchascosasquehacer,Inga—interrumpíapresurada—,estanochecharlaremos.
—Todavíaestásarrebolada,Freya,deberíastomarteunrespiro.
Negué con una sonrisa, ocultando mi incomodidad. Aquella entrometida mujer me
inspeccionabaconmásatencióndelahabitual.
—Noeselmomento;además,megustaestarocupada.
En ese instante, Gunnar pasó por mi lado a grandes zancadas, ignorándonos por completo,
rumboalskáli.
PercibícómoIngatambiénloobservabaconhondacuriosidad.Casipudeoírlosresortesdesu
cabeza,comointentandoresolverunacertijoquenoatinabaasolucionar.Tuvelacertezadequenos
habíanasignadounguardián.Maldijeparamisadentros;sinoshabíaestadosiguiendolospasos,sus
recelosresultabanmásquecomprensibles.
Tenía que avisar a Gunnar, sin pérdida de tiempo. Esta vez no cometería el mismo error.
Habíamostrazadocuidadosamenteunplan,yeravitalestarpendientedecualquierposibleamenaza,
pornimiaquefuera.
Eyraysushombresdeconfianzaestabanaltantodecuantosabíamosyplaneábamos.Gunnarno
sehabíasorprendidocuandosumadreleconfesólaverdaddeSigrid.No,puessiempreintuyóque
noerasusangrelaquecorríaporlasvenasdesuhijo;sentirlocomotaleraotracosa.
Nuestra insignia ahora era la astucia y nuestro estandarte, la venganza. Nuestro único fin, la
libertad.Yasíaguardábamosparapartiralabatalla.
Cuandomeadentréenelskáli,meencontréconunmensajeroquesusurrabasusnuevasaunrey
huraño y malhumorado. Un rey apático y frustrado por mi ausencia en su lecho, que posaba su
miradadecuervoenmí,lascivoyhambriento,permaneciendodistanteenapariencia,puespodíaleer
conpavorosaclaridadlaintensidaddesussentimientos.
En cuanto el heraldo concluyó su soterrado anuncio, Halfdan enrojeció furibundo, lanzó un
ahogadoexabruptoymandóllamardeinmediatoasusconsejeros.
El joven mensajero, todavía tembloroso y agitado, se alejó a un rincón, huyendo de la cólera
real.
Gunnar,desdeelotroladodelasala,fijólosojosenelasustadomuchacho,murmurandoquedo
unaspalabrasaThorffin,queasentíacongravedad.
Cogíunagenerosajarradecervezaymeacerquéallívidoemisario,quepretendíafundirseen
un rincón. No era para menos, algunos reyes ejecutaban directamente a los portadores de malas
nuevas.
—Bebe,abuensegurotendráselgaznatesecodetanlargoviaje.
El muchacho agrandó sus castaños ojos y cogió la jarra aún vacilante, sin dejar de prestar
atenciónaloqueacontecíaalrededordelsitialreal.Loalentéconunasonrisa,yalfinalbebiótodoel
contenidodeunlargotrago.
—¿Mejor?
Asintió, limpiándose los restos de espuma con la manga de su camisola; al cabo, esbozó una
tibiasonrisaagradecida.
—¿Tannefastoeraelmensaje?—inquirícongestoinocente,pinceladodepreocupación.
—AlguientraicionóalreyHalfdan—musitóconpesadumbre—poniendosobreavisoaHorik
deJutlandia,queyaestábuscandoapoyosparadefendersureinodelaconquistaqueplaneanuestro
rey,mientrasregresasujarlconlastropasquesellevó.
Aquellas nuevas eran un varapalo para Halfdan; privado de un ataque inesperado, sus
posibilidadessereducíanaunenfrentamientoencampoabierto.
—¿Sesabequiénlotraicionó?
Elmuchachonegóconlacabeza,tragósalivay,cabizbajo,perdiólamiradaenelfondodela
jarra,comosiquisierametersedentro.
Yamealejabacuandosentíunamiradaarterasobremí.Ragnhildmeobservabacontalencono
en su faz que sentí un escalofrío recorrer mi espalda, como si una serpiente reptara por ella. Esa
sensación pegajosa y fría que apresaba mis entrañas era un claro aviso, una alerta instintiva, que
corroborabatodosmistemores.Ragnhildlointentaríadenuevo.
CuandoHalfdandespachóasusconsejeros,derramósumiradaportodalaextensióndelskáli
conelrostrocontorsionadoporlafuria.Sepusoenpieehinchóelpechodispuestoabramar.
—¡Cerradlaspuertas!
Elsilencioflotóincómodoytensoportodalasala.Variosguerrerosseaprestaronacumplirsu
orden.
—Hesidovíctimadeunaviltraición—anunciócolérico—.Yporalguiendemiconfianza.Uno
de mis súbditos ha osado aliarse con el rey Horik, ¡con mi enemigo! Y puesto que nadie ha
abandonadoHedemark,estomellevaapensarqueeltraidorestáaquí,ypresumoquebebiendomi
cervezaycomiendomicomida.Yésteessupago,peronotardaráenrecibirelmío.
Diodospasos,alzódeformaimperceptiblelabarbillaysushombrescerraronlapuerta.Con
gestoduro,sedirigiónuevamenteasusvasallos.
—Exijoquesepresentenantemítodosaquellosquehayanabandonadolaaldeaestosdías.Sino
lohacenporvoluntadpropia,simeobliganaindagar,seránsusfamiliaslasquepaguensemejante
oprobio.Cualquieraquesepaalgotieneeldeberdedecirlo,aquíyahora—sentencióconhieloenla
voz.
Alinstante,varioshombresyalgunasmujeressepusieronenpie,ycaminarontemerosos.
Mi mirada voló buscando la de Hiram, que junto a Sigurd permanecían sentados a la mesa,
comosiempreacompañadosporValdis,JorundyEyra.
Traguésalivanerviosa.Hirammedirigióunaveladanegaciónconlacabezayapartóraudola
vista.
Sinembargo,unmalpresentimientoseinstalóenmipecho,imprimiendounagudodesasosiego
enmí.
Me retiré a un rincón y me senté en una banqueta. Respiré hondo e, indefectiblemente, busqué
con la mirada a Gunnar. Me observaba con semblante grave y preocupado. Sus facciones estaban
tensasysuexpresión,torva.
—Quiero que cada uno de vosotros me diga adónde marchó y que nombre a quien pueda
probarlo —anunció el rey—. Mis hombres buscarán pruebas que lo confirmen. Si mentís, o no las
hallan,seréisejecutados.
Unoauno,fueronjustificandosussalidas,nombrandoalapersonaquepudieraafirmardónde
estuvieron.
—¡Sidescubroconposterioridadquealguiendeestasalameocultainformación,serátorturado
hastamorir!—añadióavivavoz.
Unarobustafiguraavanzóentresoterradosmurmullos.Elcorazónmesaltóenelpechocuando
Ingaseacercóasureinaylesusurróalgoaloído.EnlapérfidasonrisadeRagnhilddescubríque
acababadedelatarme.
ContuveelalientocuandoRagnhildselevantódesutalladotronoyseacercóasuesposo,con
pasoregioyexpresiónvictoriosa,apoyandosudelicadamanoenelhombro.
—Mirey,teocultaninformación.
Halfdansevolvióhaciaellaconelceñofruncidoyademánarisco.
—Freya,HiramySigurdsalieronhacetreslunas,enplenanochecomoproscritos.Regresaron
antesdelamanecer,paraquenadieseapercibieradesuausencia.
—¿Quiénfuetestigodeeso?
—Yo—respondióInga—,yolosvimarcharseyregresar.
El pulso se me aceleró alocado cuando Halfdan depositó su fiera mirada en mí. Tragué
infructuosamente saliva y palidecí. «De nuevo en el centro de la tormenta», pensé angustiada;
¿estaríanestavezlosdiosesdemilado?
—¿Esesocierto?—inquiriódirigiéndoseamí.
Simentíaysedescubríalaverdad,daríaigualloquedijera,pagaríaesainjuriaconlavida.Así
queoptéporsersincera,pueseralaúnicamaneradedemostrarquenoéramostraidores.
Peroantesdeabrirlaboca,Gunnarsepusoenpieyavanzóhastaelsitialreal.
—Mirey,esimposibleviajarenunanocheaJutlandia,sonvariasjornadasdeviaje;creoque
esoanulalaacusacióndetraición.
Sesostuvieronlamiradacondureza,enunpulsotensoydesafiante.
—Esposible—concedióHalfdan—,perotambiénesposiblequehubieranquedadoenunpunto
cercano con algún mensajero que recibiera el encargo. Sea como fuere, lo que resulta
lamentablementeciertoesquenohanacudidoamí,ocultándomelaverdad.Ydime,ulfhednar, ¿qué
motiva semejante comportamiento?, ¿para qué esconder nada, cuando nada se teme? —Volvió a
clavar su penetrante mirada de ónice en mí y agregó—: ¡Freya, Hiram y Sigurd, venid ante mí y
contestadmispreguntas,puesdevuestrasrespuestasdependeránvuestrasvidas!
Respiré hondo y simulé calma, aunque mi interior era un amasijo de nervios anudados que
estrangulabanmialiento.
CuandolostresestuvimosfrenteaHalfdan,Gunnarsecolocóamilado,comounsospechoso
más,mostrandoensuademántodosuapoyo,yporendelaintencióndelucharpornosotros.
NobienHalfdanhuboabiertolabocadenuevo,cuandounmurmullosealzóentrelospresentes:
Thorffin, Ragnar, Erik, Jorund, Valdis y Eyra caminaron hacia nosotros, colocándose en la misma
fila, todos observando hieráticos al rey. El resto de los que pensaban confesar sus salidas
permanecíantrasnosotros,apiñadosyconfundidos.
—Resultaadmirablelalealtadquemuestranhaciatitushombres,ulfhednar,pero,asítengaque
aniquilaraunafacciónimportantedemiejército,teaseguroquenoperdonarétamañatraición.¿He
deentenderquetodoslosquecomparecenantemíacataránmidecisión?
Todosasintieroncasialunísono,menosGunnar,quesosteníaimperturbablelamiradadesurey.
—Dime,mibuenHiram—comenzóadecirHalfdan—:¿adóndeacompañasteaFreyalanoche
quetevieronconella?
—FuimosaAgder—murmuróescueto.
—¿Ypuedosaber,miporfiadaskjaldmö,québuscabasenAgder?
—NecesitabahablarconSigrid,yesofueloquehice.
Alzó la barbilla en dirección al gran Orn, su general. Aquella mole inmensa de rostro
atemorizante,plagadodecicatricesymiradaletal,seacercóaHalfdan.
—MandaddeinmediatounemisarioaAgder,quieroquetraigaantemíaSigrid.Enviadtambién
heraldosatodoslosrinconesdemireino,quieroalgruesodemisejércitosdispuestosparalabatalla
alamayorbrevedadposible.ApostadespíasenlacostadeJutlandia,paradarlaalarmaescasode
avistar la flota de Lodbrok. Estamos en guerra, y el tiempo es nuestro peor enemigo. —Hizo una
pausaqueaprovechóparaderramarsugravemiradaentresussúbditos—.Partiremosdeinmediato
hacia Hedeby; equipad todos los snekkes, embarcaremos en Tønsberg cuando se reúnan todas mis
tropas.
—Asísehará,mirey.
ElgranOrn,tanhurañoyrudocomosuapodo,avanzóerguidoconpasopoderoso,seguidode
unnumerosogrupodeguerreros.
—Yahora,mientrasnosvemosobligadosaaguardarlallegadadeSigrid,meveoobligadoa
castigarvuestrosilencio.
SedirigióaHiramcongestoadustoy,enfrentándoloconlamirada,añadió:
—Comomiembrodemihird,actuaramisespaldasagravaelcastigo.
—Os debo pleitesía —afirmó Hiram con voz firme—. Mas soy un hombre libre, y como tal
puedoiradondemeplazca,ymáscomoprotectordeunadevuestrasskjaldmö.
Halfdan frunció el cejo ante la arrogancia de Hiram, su rostro se oscureció y sus labios se
tensaronenunalíneablanquecina.
—Noeslaprimeravezquetemuestrasinsolente,bellaco,yaintentasteesquilmarmeunapresa
que había marcado como mía. Y puedo asegurarte que, si ella no hubiera intercedido, tu espalda
luciríaahoralamarcademiira.
Laalusiónaaquellanochedelujuriososapetitosdesatadosciñóelnudoquemeatenazaba.Pude
sentireltensomalestarquemanabadeGunnar,comounaneblinainquietante,pesadayoscura.
—Asumiré el castigo por desobediencia, hasta que se demuestre que no soy un traidor —
concedióHiram.
—Lorecibiríasasumidoono—replicótajanteHalfdan.
OtraseñaldecabezaydosguerrerosapresaronaHiram,obligándoloaponersederodillas.
Valdis soltó una alarmada exhalación e hizo ademán de abalanzarse hacia Hiram. Jorund la
sujetó,inmovilizándola,mientraslesusurrabaeneloídopalabrasapaciguadoras.
RasgaronconbrutalhosquedadlasropasdeHiramy,conlatúnicahechajirones,locogieron
delcabelloyloobligaronaquesufrentetocaraelsuelo,justoalospiesdesurey.
—Serás vareado hasta que mis ánimos se calmen o hasta que desfallezcas —anunció el rey,
tomandoasientoensutrono.
—No,noloserá—contravinoGunnardandounpasoalfrente.
Algofríoyviscosoreptópormivientre,mipulsoseaceleróyelmiedoatenazómigarganta,
cerrándolaconpuñodehierro.
—Hiramestáamicargo—añadióconfríagravedad—.Yorespondodesusactos.
Yantelaestupefaccióndelospresentes,sedesprendiódesucamisolaconaparentecalmayse
pusoderodillas.Fijélosojosensuabundantemelenaleonadacubriendounaimpresionanteycurtida
espalda, amplia y poderosa, que mostraba unas líneas más blanquecinas y rugosas de un castigo
anterior,tambiénporculpamía.Ysentídeseosdeabrazarmeaellayprotegerloconmicuerpo.
Halfdan lo observó contrariado; acto seguido, clavó su rapaz mirada en mí y una siniestra
sonrisasombreóapenassuslabios.
—Cómodesees,ulfhednar,queasísea.
Unademánimpacienteconlacabezaimpelióaunodesushombreshastasupresenciaportando
unalargayflexiblevaraenlamano.
ElguerrerosecolocójuntoaGunnaryésteseinclinó,apoyandolosantebrazosylafrenteenel
suelo.
Hiramseincorporó,lívidoydesconcertado;susurróunasveladaspalabrasqueprovocaronque
Gunnarnegararotundoconlacabeza.Ofuscado,sepusoenpieyregresóapesadumbradoalafila.
Me agité en mi lugar cuando el guerrero comenzó a balancear la vara, dejando escapar una
ahogada exclamación. En ese instante, Gunnar alzó la cabeza y la giró hacia mí, lanzándome una
miradaadmonitoria.
Séquedebíapermanecerimpasible,quenoteníaquereflejarlaangustiaqueoprimíamipecho.
Pero cuando Halfdan, movido por un abrupto impulso, le arrebató la vara a su hombre y tomó su
lugar,elpavormedominóyunviolentoestremecimientorecorriótodomicuerpo.
Sentíunamanopresionarlamía,ymevolvíparaabsorberlamiradadeEyra,quien,amilado,
aparentemente serena, me transmitía su muda fortaleza, y el mensaje velado de que permaneciera
inmóvilytranquila.
ElrestallidodelavarasobrelapieldeGunnarmesobresaltó,perofuelamiradaescrutadorade
Halfdanlaqueerizómipiel.Trascadaazote,susojosmeescudriñaban,buscandounaemociónque
paladear,unreceloqueconfirmar.
Unayotravez,lavaracruzabamordientelapieldesuespalda,abriéndolaenfinostajosdelos
que brotaba la sangre, que se escurría sinuosa y lánguida por los ondulados músculos que se
estremecíantrascadaimpacto.Lavarasearqueabaencadasacudida,lamiendoafiladasuscostados,y
provocandoqueelcuerpodeGunnarsecontrajerabruscamenteendolorososespasmos.
Elodioprendiómimirada,visceralyfulminante.Apenasfuiconscientedequecerrabacontanta
vehemencia mis puños, que clavaba mis uñas en las palmas de mis manos, y de que apretaba mis
labios en una tensa línea que perdió su color rosado natural. Un color que arreboló mis mejillas,
claromanifiestodelaardorosacóleraquecorroíamisentrañas.
VolquécuantosentíasobreHalfdan,quevareabaconsañaaGunnarsindespegarsusojosdelos
míos,volcandoencadalatigazosupropiafrustraciónyelrencorquesentíapormí,yquizáporsí
mismo.
Gunnargruñíaentredientes,yaquelestremecedorsonidosofocadosemezclabaconelvibrante
silbido de la vara cortando el espacio que la separaba de su presa, y el espeluznante chasquido
pegajosodelapielrasgada.Lasangreextendidaencadanuevovarazoteñíadeunrojobrillantecada
palmo de su magullada piel. En la sala reinaba un sepulcral silencio, indignado y afectado, que
flotaba insidioso en el ambiente, acompañado de un hondo estupor y un impresionado
sobrecogimiento.
Algosedesatódentrodemí,unafuriatanarrolladora,tanapremianteyferoz,quemeabalancé
haciaHalfdanaltiempoqueungritorasgabamigarganta.
—¡¡¡Basta!!!
Elbrazodelreysedetuvoamitaddelarcotrazado,paramirarmeconasombroeirritación.
Yloúnicoquesemeocurrióparafrenaraquellasangrantetorturafuecolarmeentrelosbrazos
deHalfdan,rodearsucuelloybesarloconcasilamismasañaqueélmostrabaensucastigo.
Mordísuslabios,cerquésulenguay,conhosquedadbrutalyrabialiberada,leprocurédolory
placer en igual medida. Él soltó la vara al instante y me encerró en un constreñido abrazo,
aprisionándomeconevidenteansia.Sufrióenaquelgestotantocomoyo,mostrandotodaelhambre
acumulada,todalafrustraciónqueguardaba,yunadesesperaciónnacidadesuconsabidofracaso.Yo
erasuprimeraderrota,ysialgojurabaalosdioseseraque,además,seríasuverdugo.
Pudesentirsuerecciónpalpitandocontramicuerpo,suangustiosoanheloysusatronadoresy
dolientessentimientos,liberadosenaquellasala,frenteasussúbditos,frenteasureina,inclusofrente
aélmismo.
Cuando me despegué de su boca y lo miré a los ojos, acuosos y afectados, nublados por la
lujuriayteñidosdeimpotencia,meneguécompasiónalgunaenelmomentoenqueacerquémiboca
tentándolodenuevo.Mirándololasciva,siseéentredientes:
—Esamíaquienquierescastigar;adelantecuervoinmundo,notetemo.
LamiradadeHalfdanrelampagueópeligrosamente.Contuveelalientocuandoalzólamanoyen
unmovimientoraudolaestampócontramimejillacontodassusfuerzas,impeliéndomehaciaatrás.
Frenómiretrocesoapresandoconrudezamibrazoyatrayéndomedenuevohaciasupecho.
—Deberías temerme —amenazó colérico—, porque ahora mismo pienso someterte como la
perraqueeres.
Mellevócasiarastrashastalamesa.Apresóminuca,tomandoensumanopartedemimelena,
y estampó mi cabeza contra el tablero de la mesa. Pude sentir la rugosidad de la madera en mi
mejilla.Medebatí,peroHalfdanapresómismuñecasenmiespaldayseciñóamisnalgaslibidinoso.
—Voyadomarteantemissúbditos,maldita.Voyaenseñartesumisiónyrespeto,voyahacerte
aullarcomojamáslohanhecho.
Gritéimpotenteymerevolvífuriosaaltiempoquerebuscabaelbajodemitúnica.
—No,mientrasyoviva—tronóunairacundavozgrave.
Gunnar se había puesto en pie, temblando visiblemente. Su rostro era un máscara de dolor
contenido;sumirada,unaflechaimpregnadaenodio,ysuporte,amenazanteyfiero.
Halfdanaferródenuevomicabelloymeincorporóconrudeza,mepusodelantedeély,enun
gestoveloz,sacóunadagadesucintoylapresionócontramigarganta.
—Si es el único inconveniente... —replicó Halfdan con una sonrisa pérfida y demencial—.
¡Apresadlo,seráejecutadomañanaalamanecer!
FueronnecesarioscincoguerrerosparareduciraGunnar,queluchabacomosilosnumerosos
cortesquesurcabansuespaldafueranmerosdibujosescarlata.Perohicieronfaltamuchosmáspara
conteneraloshombresdeGunnar,que,espadaenmano,seenzarzaronenunaimpetuosarevuelta,
quefuesofocadainstantesdespués,antelaenardecidaturbaque,confundida,vacilabaposicionarse,y
quealfinaleligiósabiamentelasumisión.
Lapuntadeladagapresionóenunpuntodeterminadoenunlateraldelcuello.Alcabo,sentíun
hilillodesangredescendercosquilleantepormicuello.Nadaqueverconelpuñalquemasacrabami
pecho,empuñadoporelmiedoyladesesperación.
41
Nubesdetormenta
Llovía.
Lo hacía como si oscuras y aglutinadas nubes castigaran la tierra, horadándola con afiladas
agujas de agua, penetrándola hasta las entrañas, mancillando con su fiero ímpetu cuanto había
brotado de ella. Quizá para recordarle su poder, para empaparla con su furia, o inundarla con su
crueldad.
Elvientoaullaba,sesgandoapenasaquellarotundayabrumadoracortinadeagua.Elamanecer,
oscuroylúgubre,sobrecogedoramenteiluminadoporviolentosrayosquerasgabanelcieloyrugían
coléricos,másseasemejabaaunatétricanochequealdespuntardeunnuevoyaciagodía.Elfuror
de los elementos resultaba espeluznante. Y, aun así, palidecían ante la tormenta que devastaba mi
interior.
Gunnarhabíapasadolanochealaintemperie,atadoaunaburdacruzdemadera,semidesnudoy
sangrante,aguardandosudestino,cabizbajoylaxo.
El resto habíamos sido hechos prisioneros, acusados de traición, excepto Eyra. Una extraña
dispensa que solicitó la reina y que le fue concedida. Aquel súbito interés de Ragnhild por Eyra
sumaba angustia a mi tormento; la araña tejía su tela de nuevo y justo en el momento de más
indefensión.
Maniatados en el cobertizo, con dos guardas apostados cerca de la puerta, sentados indolentes
sobre el heno y cabeceando en una duermevela inquieta, nos miramos con la ansiedad pintada en
nuestrosrostros.
—Tenemosqueliberarlo—siseóHiramapremiante.
—Paraesohemosdeliberarnosnosotros—replicóceñudoErik.
—Notenemosnadaafiladoamano—gruñóRagnarabatido.
—Tenemosdientes—susurréfijandolamiradaenlosadormiladosguardas—.Yaescapéenuna
ocasióngraciasaellos.Ahoraqueelcansanciolosharendido,eselmomento.
Losguerrerossemiraronentreellossopesandomisugerencia.Thorffinarrugóelgestoynegó
conlacabeza.
—Tenemosquesalirya—urgió—;haamanecido,perolatormentaretrasarálaejecución,esel
mejormomentoparaescapar,nopodemosperderniuninstante.
—Pero...¿cómo...?—planteéintrigada.
—Poneostodosenpie—interrumpióThorffin,altiempoqueserevolvíaparaincorporarse—.
Intentadnohacerdemasiadoruido.
Noslevantamosconlasmanosatadasenlaespaldayactitudexpectante.
—Nopodemoslucharsinusarlasmanos—murmuróJorunddesconcertado.
—¿Quiénlasnecesita?—respondióRagnarconunaaviesasonrisavelada,pareciendoadivinar
loquetramabaThorffin.
—Dispersaos—aconsejóéstemientrasavanzabaconsigilohacialosdurmientesguardianes—.
Sidespiertan,meatacarándefrente;entalcaso,rodeadlosyabalanzaossobreellos.Jorund,tienesel
restodelcuerpoparapelear.
Valdismemiróconaversiónytemor.Asentíconunmohínconfiadoparatranquilizarlay,como
losdemás,condujemispasoshacialoslateralesdelalmacén.
De repente, uno de los guardas se sobresaltó tras un sonoro bufido y abrió los ojos
sorprendiendo a Thorffin casi encima de él. Dejó escapar un gemido sorpresivo antes de que el
gigante rojo lo aplastara con su cuerpo, dejándolo inconsciente de un brusco cabezazo. El otro
hombre parpadeó confuso, fijó espantado toda su atención en Thorffin y, cuando ya empuñaba su
espadaapresurado,Erik,RagnareHiramrugieronalacarreraysaltaroncomochacalessobreél.
Notardaronencortarlasatadurasyenliberarnosatodos.
—Bueno, tenemos dos espadas, una tormenta y nuestra furia —apuntó Thorffin—, pero
necesitamoscaballos.FreyayyoliberaremosaGunnar,dudoquepuedacaminar.Cargaréconélylo
subiré a su caballo, tendremos que amarrarlo para que no caiga; Freya, tú llevarás las riendas.
HuiréiscomosiospersiguieraelmismoOdínensucarro.Iremosdetrás,nonosdetendremoshasta
quelasmonturasdesfallezcan.
Todosasentimos,intercambiandomiradasgravesydecididas.Thorffincogióunaespada,Hiram
laotra.
—¡Vamos!
Salimosbajoaquelinfiernodeagua,corriendoconelcorazónenvilo.Elgruposedesvióhacia
losestablos.Thorffinyyoenfilamosalacarrera,entreprofundoscharcosytierraenlodada,haciala
explanadafrentealgranskáli,dondeestabaGunnar.
Verlo allí, atado a una cruz, con el pecho al descubierto, cabizbajo, con su largo cabello
empapadocubriéndoleelrostro,conelcuerpoflojoylasespantosaslaceracionesquesurcabansus
costados, me partió el alma. Era la viva imagen del Cristo Redentor agonizando en la cruz, y en
verdadsetratabadeunmártir,sacrificandosuvidaunayotravezporsalvarlamía.Porfortunaeran
sogasynoestacasloqueloanclabaalosmaderos.
Elestruendodelatormentanosensordeció.Thorffinseenzarzóconlascuerdasqueafianzaban
elcuerpodeGunnaralospostes,mientrasyomeabrazabaasupechoeintentabaalzarsucabezapara
reanimarlo.
Dejóescaparundébilyamortiguadogruñido,quealiviómicongojayaligerómiangustia.
—Gunnar,miamor,prontoestaremosmuylejosdeaquí—susurrésacudiéndololigeramente.
Otro gemido apagado. Aparté el cabello de su rostro y lo acaricié con mimo. Libre ya de sus
ataduras,elpesodesucuerpomevenció.YatrastabillabahaciaatráscuandoThorffinseprecipitóen
miayuda,sosteniendoaGunnarycargándoloactoseguidosobresuespalda,comounpesadofardo
quearrastróconpasoraudoyesforzadohacialascaballerizas.
Sinembargo,cuandollegamosfrentealaampliaconstruccióndemadera,unafiguraoscurade
porte amenazante emergió de los grandes portalones abiertos, atravesando el sombrío umbral con
pasoseguro.Supequiénerainclusoantesdevislumbrarsusfacciones.Metenséyaferréelbrazode
Thorffinparadetenerlo.
Miréansiosaenderredor;nirastrodelosguerrerosdeGunnar.
—¡Soyhombrecauteloso!—exclamóHalfdanalzandolavozporencimadelatormenta—.¡No
envanoconservomireino!
Thorffin soltó a Gunnar, que cayó laxo sobre la tierra enlodada, y esgrimió la espada con
ademánferoz.
Avanzócondecisión,dispuestoparaelataque;encambio,Halfdannodesenfundósuacero,sólo
loobservóquedo,conunasibilinasonrisaygestoconfiado.
De pronto, el rey alzó una mano y del lateral de las caballerizas aparecieron sus soldados
apuntandoconsusacerosalosguerrerosdeGunnar,quecaminabanabatidosycabizbajos.
LaimplacablelluviaadheríaelbrunocabellodeHalfdanasurostro.Elaguaresbalabaporsus
angulosasfacciones,ysumiradarapazeintriganteseclavóenmí.
—¡Pero también soy un hombre magnánimo y juicioso! —agregó a voz en grito—. ¡Tengo
motivosmásquesuficientesparaejecutarosatodos,masnoloharé!
Caminóagrandeszancadashacianosotrosysedetuvofrenteamí.
—Os daré la oportunidad de luchar por vuestras vidas si lucháis a mi lado en la batalla. Si
logramoslavictoria,permitiréquemarchéisadondeosplazca,lejosdemí.
—¿Esunpacto?—inquirídesconfiada.
—No, es la única manera de obtener mi clemencia —apuntó con dureza—. Si derrotamos a
Horik,seréislibres.
—Esosisobrevivimosalabatalla—mascullévencida.
—Aquí os aseguro que no lo haréis —concluyó antes de marcar un gesto vehemente con la
barbilla.
Al cabo, un nutrido grupo de guerreros nos rodearon. Instintivamente me precipité sobre el
cuerpodeGunnar,quepermanecíainconscientetendidosobreelbarro;necesitabasentirsuslabios.
MeinclinésobreélylobeséfugazmenteantesdequeHalfdanapresaraburdamentemibrazoyme
despegaradeél.
Merevolvífuriosayloencaréaltanera.
—Lucharemosporti—concedíairada—,pero,sinoobtenemosloquenoshasprometido,juro
porlosdiosesquenocejaréhastaacabarcontuvidayladetuhijo.Yomismaexterminarétodotu
linaje,HalfdanSvarteelNegro,comoyalohizotureina.
—¿Qué locura pone Loki en tus labios? —profirió lívido, al tiempo que me zarandeaba
furibundo.
—¡Engendrastedosvástagos,granrey;ambosdescansanenelotromundo!
Bufóiracundosindejardesacudirmeconviolencia.Avanzóagrandeszancadas,arrastrándome
trasél.CaíaenuncharcotrasotrovilmenteempujadaconenconadoímpetuporlafuriadeHalfdan,
quetirabademibrazocomosiquisieraarrancármelodelcuerpo.
Embarrada, aterida y temblorosa, fui conducida al granero de nuevo, donde me lanzó con
hosquedadsobrelosfardosamontonados.
—Yahora,malditaperra,vasadarcuentadetusperniciososembustes.
—Nomiento—repliquéentrecortadamente.Mefaltabaelaliento,lafuriamesacudíayelmiedo
meatenazaba.Miréangustiadaamialrededor,buscandoconquédefenderme.Noobstante,sólotenía
a mano mi astucia; la verdad era mi baza y bien esgrimida podía convertirse en mi escudo—. Los
hijos que perdió Sigrid eran tuyos. La misma Sigrid me lo confesó, por eso acudí a Agder; fui
buscandolaverdad,ylahallé.
Halfdanentrecerrólosojosquetodavíachispeabanferoces;sinembargo,elreceloseinstalóen
susemblantecomounpañooscuroqueloinmovilizóporunmomento.
—Ragnhildlodescubrió.ElOráculoessuconsejeroyambostrazaronasuantojolosdesignios
aseguirparaacabarconcualquierbastardoquepudierareclamartureino,enperjuiciodelqueella
llevaensuvientre.Decidióconfrialdadeliminarposiblesrivalesdesupropiohijo.
Losojosdelreyseabrieronasombrados,brotandodeellosunadudaquecrecíaamedidaquesu
menteasimilabamispalabras.
—Pero necesitaban un culpable, una mano que ejecutara sus fechorías. Tejieron todo con
extremocuidado,ymeatraparonastutamenteensuelaboradatrampa.Nadiemásconocíalaverdad
queocultabaSigrid,sesentíanconfiados,pero,aunasí,tumaliciosareinanoquisocorrerriesgosy,
cuandomeindultaste,decidióacabarconmivida.—Hiceunapausaparacogeralientoyapartarel
vívidorecuerdodeaquelinocenteniñoenmisbrazos.Sentítaloleadadeangustiaydolorquejadeé
—. Yo... yo debería haber interpretado correctamente las señales. Cuando ella me pidió que te
sedujera, que consiguiera que la tomaras en mi lugar, debí darme cuenta de lo sibilina y
manipuladora que era, pero lo atribuí a su desesperación por concebir un heredero. El resto lo
consideréceloseinquina,peroerrédeltodo,esunavíboravenenosa,letalymaléfica.
Halfdanpermanecíahierático,sumidoensuscavilaciones.Sólosusojosmostrabanlatormenta
quecomenzabaagestarseensuinterior.
Decidíaguardarsureacción,alertaacualquierataqueypensandoenalgoqueañadirencasode
quesecernierasobremí.
Tras un largo y tenso instante, Halfdan respiró hondo; en su semblante rezumaba un amargor
profundoqueoscureciósutezyempañósumirada.
—Mis hijos —pronunció en tono débil y extraño, como si esas palabras llevaran tiempo
preparadasparasalir,yahoraquelohacíancayeranenunoscuroprecipicio,produciendounsonido
huecoyvacío.
Entonces, fue una cólera rugiente lo que incendió su rostro y refulgió en sus ojos, llameando
peligrosamente.
—Mi sueño, en verdad fue profético —siseó entre dientes—. Esa condenada völva supo
interpretarlo:dijoqueyotendríaunalargadescendencia,perosólounodemishijosseríarey.Yasí
es:miprimerhijomuriódefiebres,juntoamiesposa,yahoramuerendosporlaambicióndemi
nuevareina.Sindudallevaensuvientrealqueseráreydetodosmisterritorios,pero,cuandonazca,
nada la salvará de mi ira. La desterraré para siempre, condenándola a la ignominia, repudiada y
desprotegida.
—Unamujerasínosóloambicionaeltronoparasuhijo,esfáciladivinarquetambiénloquerrá
parasí.
Fuecomosileacabaradelanzaruncubodeaguahelada.Susemblantesedemudó,suceñose
frunciótemerosoysuspuñossecerraron,conteniendoeltorrentedeemocionesquelodesbordaban.
Saberse una posible víctima de alguien que, además, era intocable hasta que trajera a su hijo al
mundo, debía de provocar una emoción duramente encontrada y difícil de sobrellevar. Una honda
preocupacióntildósusfacciones.
—Latendrévigilada,seconvertiráenmiprisionera—adujoconpesadumbre—,perotúnote
acercarásaella.Porfinheencontradolamaneradequerertelejosdemí.
—Ésesiemprefuemiconsejo—recordé.
Halfdan asintió lánguidamente y paseó los ojos por mi cuerpo; el lodo ceñía la ropa a mis
formas,peroenellosnoasomóningúnmatizlibidinoso.Permaneciópensativoyalgoausentehasta
que, rompiendo su inmovilidad, retiró mechones mojados de su rostro con gesto brusco e
impaciente.
—Te deseo —comenzó a decir contrito—, pero también te odio por provocar eso en mí. Te
amo,peroconunrencortanagudo,conunafrustracióntanintensa,quemedesprecioamímismo
porello.Perotenclaraunacosa:sialgolepasaraamireinamientraslleveamihijoensusentrañas,
tejuroporcuantomoraenelValhallaquelloraráslágrimasdesangre.
Ya se volvía para marcharse cuando se detuvo para dedicarme una admonitoria mirada que
encogiómivientre.
—No olvides algo, Freya —agregó en tono amenazante—. Mi reina tiene a Eyra en su poder;
sólolaliberarédesusgarrascuandoderrotemosaHorikysushordasdeclanesrebeldes.Lahuida
noeselcamino,siqueréisqueellalocomparta.
Abandonóelalmacénconpasoregioyporteimperioso;sinembargo,yosabíaquesuinterior
eraunamasijodeemocionesponzoñosasqueyahabíancomenzadoaroerlopordentro.
Necesitabacalor,refugioyalimento,ysaberquéhabíanhechoconGunnarylosdemás.Pero
cuandomepuseenpie,lasrodillasmeflaquearonymedesplomédenuevosobrelosfardos.Sentí
unosinconteniblesdeseosdelloraryliberarelnudoqueoprimíamipecho,peromeneguésemejante
alivio.No,necesitaríatodalatensiónacumulada,todalarabiaytodoelodioparadefenderme,pues
paraatacarsóloprecisabafrialdadyobservancia.Estabaseguradeque,siaguardabalaoportunidad,
éstasepresentaría.Tardeotemprano,laarañacaeríaenmisredes.
Mepuseenpiedenuevoysalídelgranero,antesdeemprendermicaminohaciaelskáli. Dejé
quelalluvia,yamásapaciguada,limpiaraelbarroqueensuciabamipiel.Cadagotafueunacaricia,y
loquemeencontréansiandoeraquelimpiaranosólomicuerpo,tambiénmialma,pueslasentíatan
oscuracomolasnubesquecolmabanelcieloocultandoelsol.Mepreguntécuándoamanecería,no
sobremí,sinodentrodemí.
Abríloslabios,extendílosbrazoseinclinéelcuelloparaalzarelrostroalllorosocielo;cerré
losojosymedejépurificar...buscandoenmiinteriorunrincónacogedordonderesguardarmeun
instante, donde reponer la paz perdida, donde ordenar mis pensamientos y donde dejarme arropar
por un manto sereno y cálido para recuperar el vigor desgastado y las esperanzas transidas y
renqueantes.
Nomepermitímuchomás;abrílosojosymiréalfrentecongestoadustoymiradadecidida.
«Loconseguiremos»,medije,ycaminéhaciaelgranskálicomosicadapasofuesesobrebrasas,yal
finaldelcaminotuvieraqueatravesarunmatorraldeespinos.
Me castañeteaban los dientes y los escalofríos eran tan violentos que ni abrazándome a mí
mismapudereprimirlos.
Abríunodelosportalonesymeadentréenelrecinto.Elcalormegolpeó,otorgándomecierto
regocijo.Comprobé,comotemía,queGunnareraatendidoporlasesclavas,bajolaatentamiradade
Halfdan. Thorffin y los demás permanecían sentados en una larga banqueta, con semblantes
cogitabundosyderrotados.YameacercabaaGunnar,quecontinuabainconsciente,cuandoHalfdan
seinterpusoenmicamino.
—No,niélnitúpodréisacercaroselunoalotrohastadespuésdelabatalla.
—¿Erestancruelque,aexpensasdesaberquenosenfrentaremosalamuerte,nopermitesque
nostengamoseltiempoquenosquede?
—No —respondió cortante—. No lo permito, porque no soporto verte con él, ni con nadie.
Prefierosercruelaqueloseanconmigo;agradecequenoteateamicama,comoesmideseoahora
mismo.Peronotendrásquesufrirmidecisiónmuchomás;enpocosdíashabréreunidoamishuestes
y,entonces,partiremosrumboaViborg.
Dichoestosealejódenuevo,comosimipresencialoacicatearaconimpulsosqueseguramente
lecostabamuchocontener.
Enesemomento,descubríque,sinoestabaatadaasucama,comoélansiaba,eraporevitarun
enfrentamiento entre su reina y yo. Pretendía mantenernos alejadas. Ella era su flaqueza, era el
orificio en su escudo, por el que podría colar mi lanza. Ella era mi arma, al igual que Eyra era la
suya.
Miprimerabatallahabríadelibrarseensusdominios,reinacontraguerrera;tambiénseríavital
esavictoria.
42
Sueñosdemuerte
Hedemarkbullíadeactividad.
Centenares de soldados habían invadido el poblado, pertrechados para la batalla, solazados y
ansiosos por entregar sus vidas y sus almas a favor de su rey, sabiéndose próximos al Valhalla,
imaginándoserodeadosdehermosasvalquiriasyderebosantesjarrasdeambrosía.
En ese momento aprovechaban, con ruda intensidad, quizá sus últimos instantes de
esparcimiento terrenal... bebiendo, copulando como animales, carcajeándose estruendosos y
retándoseenpeculiaresapuestas,quesolíanacabarconlospuños.
Deambular entre aquella exaltada turba ebria, siendo mujer, resultaba riesgoso, y más cuando
acaparabas miradas curiosas, entre desconfiadas y libidinosas. Ir equipada con mi más aguerrida
vestimentadedoncellaescuderaconseguíamanteneraloshombresensusitio.Aunasí,simiyelmo,
mi peto de cuero con correajes, mis calzas de hombre, mis botas altas y la espada en mi cinto no
fueransuficientespararepelerladesatadalujuriadelossoldados,laimponentepresenciadeAsleifa
mi lado, la ferocidad de mi inseparable Fenrir y las fulminantes miradas de Gunnar sobre los
incautosqueseacercabandemasiadomemanteníanasalvo.
Gunnarestabaparcialmenterestablecido;susheridasseguíantiernas,perosuvigor,recuperado.
Eyralecambiabaelemplastecadamañana,yleaconsejabaqueentrenaraalaintemperieconeltorso
al descubierto, para que las brechas se secaran más deprisa. Y de esa guisa, paseaba por la aldea,
impresionandoalosguerrerosyalasmujeres,quelomirabanentreadmiradasyhorrorizadaspor
losprofundoscortesquesurcabansuespaldayporlaimpetuosabellezadetanmajestuosohombre.
Yo también lo observaba, con tal intensidad que incluso percibía su estremecimiento ante el
desesperanteanheloqueemergíadecadaunademismiradas.Delamismamanera,yoerareceptora
delassuyas,delfuegoquepalpitabacontenidoenél,desuhurañafrustración,perosobretododela
firmedecisiónquemovíacadaunodesuspasos.
Estabaaltantodetodo,naturalmente,ydequesumadreeralaprendaqueHalfdanretenía,como
garantía de nuestra lealtad obligada. Ahora era un león enjaulado que paseaba inquieto de un lado
paraotrodelapuertadesucelda,deseosodesaltarfueradeella,ydemorderhastaliberarse.
SigridhabíadadosutestimonioanteHalfdan,confesándoleenprivadolomismoquemehabía
contadoamí.Verladenuevomeimpresionósobremanera.Teníalamiradaperdidayvacua,estaba
pálidayojerosa,unrictusamargodescomponíasusfacciones,apagandosuotroraluz.Estabarota,
eraunalmasinvida,unasimpleenvolturaquecaminabaperdida,sinrumbo,niesperanza.Nadala
anclabayaaestemundo,oesocreíyoalmenos,porque,cuandoseacercóamí,súbitamentesuporte
seirguióysumiradadestellómostrandounaocultaintención.
—Aligualqueyopagomismaldades—desvelóconfrialdad—,nadiequedarásincastigo.
Permanecí rígida y alerta, hasta que seguí su mirada. Esta vez no era yo el objetivo de su
venganza. Esta vez, ambas compartíamos un fin común. Ragnhild también nos observaba,
evidenciandouninquietotemorylamismainquinadelaqueellaeraobjeto.
Sigrid me miró de nuevo, asintió de un modo imperceptible, encontrando en mí a una aliada
imprevista,ysealejóasurincón.
Eyranopodíasalirdelskáli;además,eralaencargadadeatenderlasnecesidadesdelareina.En
cuantoaalimentosybebidas,debíaprobarlasellaantes.YesosímepreocupabaestandoSigridcerca.
Suspiré con pesadumbre y preocupación y me dirigí al banco donde estaba sentado Hiram,
claramentenervioso.Forcéunasonrisatranquilizadoracuandoposósushermososojoscelestesen
mí.
EsanochesecelebraríalafestividaddeWalpurgis,enlaque,mediantecánticosyconjuros,se
invocaba y adoraba a los dioses de la fertilidad, donde agasajarían con danzas y fuego a Belenos,
para que purificara a los habitantes y a los pueblos, y para recibir con algarabía la época de luz y
buentiempoqueyaacariciabalaregión.
—¿Nerviosooindeciso?—inquirítomandoasientofrenteaHiram.
—Ambascosas,aunqueañadiríaaterrado.
Soltéunacarcajadaysacudílacabeza.Dirigílamiradahaciaelotroextremo,dondeValdisera
preparada por las esclavas, en un rincón de la sala, ocultas por mantos. Esa noche, además,
celebraríamosunaboda.
—¿Porquéaceptastesinoestásseguro?
Contrariamente al resto de las sociedades que yo conocía, allí las mujeres podían pedir en
matrimonioconlamismalibertadqueloshombres,delamismaformae,igualdesencillo,podían
separarsedesuparejasiasílodeseaban.
—Porunlado,deseoformarunafamilia,yValdisesfuerteyapasionada.Porotro,sucarácter
me desespera, sólo consigo calmarla de una manera... —adiviné en su sonrisa la manera en que
apaciguabaaValdis—,pero,inclusoasí,suposesividadmeahoga.
—¿Yquéhaydelossentimientos?
Compusounmohínindiferenteyseencogiódehombros.
—Ellameamaconlocurayyolaquiero.Ningunaotramujerdisponiblemeatraelosuficiente
comoparaatarmeaella.
Desvíeincómodalamiradaymerecoloquéelbrazaletedecueroqueceñíamimuñeca.
—Además—agregóconunanotaagriaensuvoz—,puedequeseaelmatrimoniomáscortode
lahistoria.
Neguérotundaconlacabeza,frunciendoelceñoreprobadora.
—Nopienseseso;volverásconellaytendrástantoshijoscomodisputas.
Hiramrioabiertamente,echandounfugazvistazohaciadondepreparabanalanovia.
—Entalcaso,seréelguerreromásfértildelaregión.
Sonreímos,aunqueundejeapenadoempañóaquelgestocompartido.
—Pocosamoreshaycomoelvuestro—manifestónostálgicoHiram.
Diunprofundosuspiroylomiréconciertoamargor.
—Cierto, pocos tan vapuleados como el nuestro. Los dioses se ceban con nosotros una y otra
vez, son nuestros enemigos, y a ellos nos enfrentamos. Sólo sé que, aunque en esta vida logren
vencernos,enlamuerteseguiremosbuscándonos.
—Yyoteprometo,anteesosmismosdioses—aseveróHiram,adoptandounasolemnegravedad
—,quesiempreteayudaréaencontrarlo,inclusoatravésdelaeternidadsiesnecesario.
Alarguélamanosobreeltablerodelamesa,eHiramlacogióentrelassuyas,consemblante
emocionadoymiradatierna.
—Estremendamenteinjusto,Freya,queambostengáisquesufrirtantosóloporamar.
—¿Te nombras guardián protector de nuestro amor? —proferí con un tinte jocoso y ligero,
aunquesuspalabrasmellegaronalalma.
—Esjustoloqueacabodehacer—afirmóconhondoconvencimiento—,asíqueconfíaenmí:
Gunnarytúospertenecéis,yalzarélavozparaproclamarloalviento,alasnornas,aOdínoaquien
seanecesario.
Sonreíemocionadayasentídenuevo,apretécómplicesumanoengestoagradecidoymepuse
enpie.
—Miguardián,necesitootrofavor,mientrasvoyavercómovalanovia.
—Decidme,protegida—respondióconunasonrisaburlona.
—Vigila a Sigrid; si se acerca a los calderos que humean sobre el fuego, o a las barricas de
cerveza,permanecealertaasusactos.Creoqueescapazdetodo.
—¿Temes que ahogue sus penas comiendo o bebiendo? —bromeó frunciendo el ceño en una
muecasocarrona.
—Temoquebusquevenganza.
LaazuladamiradadeHiramseoscurecióaltiempoqueasentía.
—Estaré atento, al menos hasta que comparezca en el ritual de mi boda; en ese momento, mi
únicapreocupaciónserárespirar.
SacudílacabezaconunasonrisaymealejéparaofrecerleaValdismisbuenosdeseos.
Toda mi intención quedó ahí, cuando Gunnar entró en el skáli. Mis ojos recorrieron
hambrientossumarcadoypoderosotorso.Paseélosojosporcadaunodelosonduladostrazosde
lospermanentesdibujosritualesqueadornabansupechoysusantebrazos,comoserpientesdetinta
enroscadasasucuerpo.Tansubyugantescomolapielsobrelaqueselucían.
Deseé pasar los dedos por cada línea, ansié delinearlas con la lengua y colorearlas con mi
aliento.Cuandoélposólosojossobremí,descubríqueestabaconteniendoelalientoyquejadeaba.
Respiré profundamente y me obligué a apartar la vista, luchando contra el desgarrador anhelo de
cobijarmeenaquelesplendorosopechoquetantasmiradasatraía.
Entonces,reparéenqueyanollevababarba;suvaronilrostrolibredevelloresultabahermoso,
virilycautivadordeunmododevastador.Meperdíporunbesoenaquelloslabiosmullidosysuaves,
porpuntearconlosmíoslarotundalíneadesumandíbulaymordisquearconsuavidadsucuello.Me
obliguéadarlelaespalda,temerosadenopodercontenermisimpulsos.
FuecuandometopéconlapenetranteyceñudamiradadeHalfdan,ylaintriganteexpresiónde
sureina.Enambaspudeleeroscurosmensajessoterradosdearguciasinminentes.Algoqueporotra
parteyaentreveía;ningunoibaaconcedernoslalibertad,nomientrastuvieranunhálitodevidaen
suscuerpos.Nuestraluchasólopodríaacabarconlamuertedeunbando;elleónylalobacontrael
cuervoylaaraña.
Medescubrísonriéndolesmaliciosa,inclusoamenazante.Yanolestemía,ahoralesmostrabade
formaabiertaaquiénseenfrentaban.Aquellolosdesconcertóy,trasabsorberaquelpequeñotriunfo
gestual, me dirigí hacía el cubierto rincón donde Valdis era ungida con afeites florales, vestida y
peinada.
Retiré las cortinas y me adentré en aquel pequeño receptáculo. Dejé escapar el aliento ante la
hermosa mujer que, sentada en una banqueta, permitía que adornaran su brillante cabello rojo con
guirnaldasdefloresblancas.
—Valdis,creoqueHiramsequedarásinrespiracióncomobienvaticinó—adujeadmirada.
Laaludidamemiróysonrióradiante.
—¿Meencontraráhermosa?—preguntóilusionada.
—Loeres,yhoyresplandeces.
Valdisestiróloslabiosenunaampliasonrisaplenadedicha.
—Porquevoyadesposarmeconelhombrequeamo—respondiótrasunhondoyemocionado
suspiro.
Meacerquéaellasonrienteydepositéunbesosuaveensufrente.
—Os deseo una larga vida en común, que los dioses os colmen de bendiciones y que vuestro
amoriluminecadainstantedevuestrasvidas.
Valdis alzó conmovida sus acuosos ojos verdes, su sonrisa tembló afectada y, con expresión
agradecida,cogiómimanoentrelassuyas.
—Ojalá,yqueesosdeseosteseandevueltos,nadielosmerecemásqueGunnarytú.
Estavezfuiyolaqueasintióconmiradahúmeda.
Recordéenaquelinstanteeldíademibodaconél,lomágicodeaquelinolvidablemomento.La
penetrante mirada de Gunnar sobre mí, la vinculación de nuestras almas y la unión inmortal de
nuestroscorazones.Elritohabíaconsagradonuestrojuramentoy,aunqueeldestinoseesforzabaen
romperlo,noloconseguiría,porqueelmayorpoderquecobijabaestemundonoeranlasreligiones,
niloshombres,nilosdioses...elmayorpodereraelamor,almenosloquedabasentidoatodo.
—Teaseguroquenovoyaquedarmeaesperarqueesosdeseossecumplan,losvamosaluchar.
Valdis oprimió mi mano en gesto cómplice. Compuso un mohín confiado y asintió con
vehementeconvencimiento.
—Lolograréis.
Sonreí, me incliné de nuevo hacia ella y besé su sien, al tiempo que acariciaba su lustroso
cabellodelcolordelfuego.
—Ahora,saboreacadamirada,cadasensación,ydisfrutadeloquetúmismahasconseguido.
Trasunaúltimamiradayunagransonrisacomplacida,queocultabamispropiostemores,salí
delcubículoformadopormantoscolgadosenlasvigasdeaquelrincónapartado.
Me detuve un instante para tomar una gran bocanada de aire y alejar los recuerdos. No era
momentodenostalgiasyflaquezas.
EscudriñélasalaenbuscadeSigrid;nolaencontré.SentíalivioymedirigíaEyra,queremovía
con un largo cucharón de madera uno de los grandes calderos, donde la oscura y densa sopa de
gansoondeabalamiendoelinteriordelamarmita.
—Recelo de Sigrid —murmuré soterrada cuando llegué a su altura—, planea algo; su mente
enturbiadaporelodioescapazdecualquiercosa.
Eyra no me contestó; sin embargo, dejó de remover el guiso y suspiró hondamente. La
expresión de su rostro me desazonó sobremanera. Había oscuridad en él, velado por una angustia
inusitadaenella.
—¿Qué te ocurre, Eyra? —pronuncié alarmada, cogiéndola por los hombros. Sentí cómo mi
pechoseagitabaporelmiedo.
La mujer tragó saliva; el brillo de sus ojos titiló con un conocimiento que me encogió el
corazón.Meagarródelbrazoymecondujohaciaunrincónsolitario.
—Anochetuveunsueño—comenzóadecirconmiradaperdida—.Meencontrabaenmitadde
un bosque sombrío, la luna iluminaba un sendero que acababa en una cabaña, era la del Oráculo.
Caminé hacia ella y, cuando llegué a la puerta, ésta se abrió para dejarme entrar. Allí estaba él,
sentadoensutocón;alzólacabezahaciamíyseretirólacapuchadesucapa.—Hizounapausaenla
quetragósalivadenuevo,supalidezseacentuó—.Entonces,alargóunamanoofreciéndomeunaflor
blanca; su ciega mirada lechosa se clavó en mí, aguardando que la cogiera. Lo hice, la llevé a mi
nariz y la olí. Su fragancia era nauseabunda; me empezaron a llorar los ojos, pero, cuando fui a
enjugármelos,descubríquenoeranlágrimasloquerecorríamismejillas,sinoreguerosdesangre.
Entonces,elancianohechicerodiounafuertecarcajdaymeseñaló.Cuandomirémisensangrentadas
manos,comenzaronadesdibujarse,todomicuerposediluíaantemiasombradamirada,Freya.Yno
podíamoverme,nitansiquieragritar.Mehedespertadobañadaensudoryconunaopresiónenel
pechoquecreceamedidaquetranscurreeldía.
Negué con la cabeza, un nudo atenazó mi garganta y un acusado pavor recorrió mi espalda,
erizándomelapiel.
—Esunaviso—conseguímusitar—;sólohabremosdeestarmásalertasquenunca.Nopienso
dejarteaquí,vendrásconmigoalabatalla,haréloqueseaporconseguirlo.
—No, Freya, no es un aviso, es mi destino —afirmó con hondo pesar—. Mis sueños son
premonitorios; hacía mucho tiempo que no me visitaban. Son visiones proféticas de un futuro
inmediato,micondenadodonclarividenteanunciamimuerte.
Negué de nuevo con la cabeza, con más rotundidad, con más desesperación; fijé la mirada en
ella,conelceñofruncidoyunadecisiónfirmeenelsemblante.
—No vas a morir —espeté furiosa—. Las runas se equivocaron anunciando mi muerte; ese
malditosueñonosecumplirá.
Ante mi asombro, la anciana sonrió tranquilizadora, aunque su mirada brilló con una tristeza
infinita.
—Escúchame,Freya:lasrunas,comotedije,noerraron,sóloquenoatinéainterpretarlas.Los
sueñosovisionessondiferentes,sonimágenesinequívocasdeunsucesoporllegar.Eseldestinoque
semuestraantemí;quizá,despuésdetodo,esunfavordelosdiosesparaquemepreparebienantes
departir.Meregalanelconocimientoparaqueempleesabiamenteeltiempoquemequeda.
—¡Porlosdioses,nolopermitiré!¡Maldición,notellevarán!—exclaméconaciagaslágrimas
bailandoenmisojos—.Eseconocimientoesloquenecesitamosparaevitartalfinal.Esafloresuna
señal,yasabemosaloqueatenernos.Gunnaringeniarálamaneradesacartedeaquíy...
—¡Freya, Gunnar no debe saber nada: parte a la batalla... y nada ha de distraer su mente! —
interrumpió en tono firme y tajante—. Esa flor blanca sólo evidencia que seré envenenada. Es
completamenteimposiblecontrolartodoloquebebaycoma,anoserquedejedehacerlo.Incluso
así,haymuchasformasdeenvenenar;recuerdaeldardoquetelanzaronati.
—Sólo yo te proveeré de comida y bebida —aseveré tajante—. No vas a separarte de mí. Ese
sueñonosecumplirá.EncuantoaGunnar...
Eyracogiómistemblorosasmanosconlassuyasysonriódulcementeantemiasombro.
—Noinsistas,Freya;Gunnartienequelucharporsupropiodestino,noporunoyapredichode
antemano.—Hizounapausaparatomaraliento;sumiradaseoscureciódenuevo—.Laflornonos
esdesconocida,eslaadelfa,ypuedenutilizarlademuchasmaneras,nopodemospreverelmodo.
Aspiréhondamenteyredoblémisesfuerzosporempujarconsalivalapiedraqueseatorabaen
migarganta.Elmiedoatenazabamipechoylafuriaacelerabamirespiración,yenaquelmomento
supeloqueteníaquehacer.
—Peropuedodetenerlamanoquetetiendelaflor—argüíanimadaporunrayodeesperanza.
Eyrasacudiólacabezayresoplóconpesadumbre.
Laaceptaciónquebrillabaensumiradarevolvióelmardebrasasqueahorameconsumía.
—ElOráculoeselojodelosdioses,laherramientadeldestino;éltambiénsabequeacabade
sentenciarelsuyo.
Eldesconcertanterecuerdodeunmensajemegolpeóenaquelprecisoinstanteporsegundavez:
las enigmáticas palabras del Oráculo cuando me despidió la última vez que fui a su encuentro, de
nuevo.Sóloqueahoraencajaban,peroenunhuecoaterrador.
Agrandélosojosydejéescaparunaangustiadaexhalación...
«Yahoramarchad,mujerloba;loúltimoqueveréyadevosseránvuestroscolmillos.»
Enefecto,éltambiénhabíaselladosudestino.
43
Unabodaentredespedidas
Un emisario entró abruptamente en la sala, con semblante enfurruñado y paso apremiante. La
impacienciadominabasusbruscosademanesyeltemor,sumirada.
Halfdan detuvo el cuenco a medio camino de su boca y se puso en pie en el acto, yendo al
encuentrodelangustiadoheraldo.
—¡Han avistado la flota de Lodbrok, mi señor; están a pocas jornadas de viaje rumbo a
Jutlandia!
Halfdan dejó escapar una brusca y estentórea imprecación y maldijo su fortuna a los cuatro
vientos. Sus negros y afilados ojos refulgieron coléricos. Paseó inquieto y contenido, mientras su
mente bullía buscando una solución. Ni siquiera sus consejeros se atrevieron a importunarlo con
sugerencias.Halfdaneraunherviderodefuria;supechosubíaybajabaysusfaccionesseestiraron
enunamuecaferoz.
—Enesteinstante—rugiómalhumorado—partiráunaavanzadillahaciaVestfold,yaestánallí
lossnekkesequipadosparaelcombate;loshombreselegidosembarcaránhaciaJutlandia,sinpérdida
de tiempo. Allí cercaréis Viborg hasta que llegue con el grueso de mi ejército. No permitiré que
Horikseescondahastaqueloamparesujarl.
Todoslosguerrerossepusieronenpie,aguardandolaseleccióndesureyparanutriraquella
avanzadilla.
—Avisad de inmediato al jarl Harald el Implacable —continuó impaciente—; quiero que me
traigaloquemeprometióyrecibirásurecompensa.—Unfugazvistazoenmidirecciónplantóuna
desazónturbadoraenmipechoyunaalertatanpunzantequesecómigarganta—.Quieroquetodami
hird,alcompleto,seprepareparapartirenelacto.Seréismivanguardia.
Hiramavanzóhacialamesarealconsemblantegraveymanifiestamentecontrariado,aunqueen
actitudservil,ysepostróantesurey.
—Con gusto ofreceré mi vida por vuestro reino, mi señor. No obstante, desearía partir ya
desposado,paraquemisescasasposesionespasenamanosdemimujer,encasodequenoregrese.
Halfdan frunció los labios con desagrado, se atusó la oscura y cuidada barba pensativo y
finalmenteasintióconciertaconmiseración.
—Teconcedoladispensaquemeruegas—accedióhuraño—,sinoretrasaslapartidamásdelo
necesario.
Eneseinstante,Valdisemergiódelcobijadorincón,caminandocomosiflotara,tanhermosay
solemnequeprovocósuspirosadmiradosentrelacongregación.
Hiram se volvió ante las elogiosas exclamaciones de sus vecinos. Y su semblante se demudó,
deslumbradoporloquesusojoscontemplaban.
Sonreí queda al ver la reacción del guerrero. Quizá incluso él no fuera consciente de la
intensidad de sus sentimientos, pero la amaba más de lo que imaginaba; aquella fascinada mirada
cerúleanodejabalugaradudas.
Mientraslanoviaavanzabaentrelosaldeanos,Hirampalidecióyenmudeciómaravillado.
Unos brillantes ojos verdes se posaron en mí, plenos de recuerdos. Y en ellos me sumergí
mientrasbraceabagustosaenaquelmardepuroamor,tanprofundoydenso...acariciadaporsuaves
olasdecompromisoeterno,ytambiénarrastradaporturbiasycálidasmareasdepasióndesmedida.
Ydeestaforma,conlasmiradasentrelazadas,desbordantesdesentimientosynecesidad,escuchamos
elritualdelaboda,comosiaquellaceremoniafueralanuestra,vibrandoconcadapalabra,concada
silencio,amboshambrientosyemocionados.Cadaunoenunrincónopuesto,éltodavíaconeltorso
descubierto,yunasceñidascalzasqueacicatearonmilujuria,yyo,trémulayreceptoradeltórrido
deseoquemanabadeGunnarconlaintensidaddeunhuracán.
Lo amaba con cada fibra de mi ser. Mi alma transida clamaba en cada exhalación el tormento
quesuponíanaquellospocospasosdeseparaciónentreambos.
Gunnar,graveyconstreñido,palpitabaembargadoporunsinfíndeemocionesquesacudíansu
interior,dejandosólolasecueladeaquelladevastaciónbrotandodesupenetrantemiradaafectaday
húmeda.
Concluida la ceremonia, Hiram y Valdis se fundieron en un emocionado abrazo con sabor a
despedida.Nohubocelebración,nialgarabía,nigritossoecessobrelaconsumación,nibrindis,ni
cánticos.Huboapremio,gravedadysilencio.
ContemplécómoGunnarsevestíaparaelcombate,enfundándosesujubóndepielcurtida,negra
comolososcurospreludiosqueinsistíanenacuchillarmiconfianza.Secolocósurefulgentecotade
malla, un byrnie de eslabones planos, más cómodo y ligero, y, sobre él, un parapeto de cuero
endurecido ajustado con correajes. Reajustó el cinto a sus caderas, y se encajó el yelmo con la
protección nasal, resaltando la luz esmeralda de sus ojos bajo la sombría cubierta del casco.
Finalmente, se cubrió con su capa roja como la sangre y me miró de nuevo. Su revuelta y larga
melenaleonadacubríasushombrosypartedesuespalda.Aguerridoytanhermosocomocualquiera
delosdiosesqueveneraba,dejabasinaliento.
A nuestro alrededor, los guerreros se despedían de forma efusiva de sus seres queridos. Una
afiladaenvidiayunatristezainfinitaacongojómicorazón,sabiendoquebajolasolapadamiradade
Halfdannopodríaacercarmeaél.
Sinembargo,todomicuerposetensóanteelinesperadoavancedeGunnarenmidirección.No
podíaser,pensé.Deunmodoinconsciente,retrocedítemerosadelareaccióndelrey,peroGunnar
caminabaconaplomoypasoseguro,desprendiendoaquellaauradepoderquesubyugabaaquienlo
mirase.
Se detuvo frente a mí; temblé ante su sola presencia. Cuando me cogió con firmeza por los
hombros,misrodillasflaquearon,pero,cuandomeestrechócontrasupecho,micorazónsederritió
ymicuerpoestallóenunaexultanteoleadadefelicidad.
Clavólosojosenlosmíos,sedesprendiódelyelmoyseinclinósobremí.Sentirsualientofue
todo una tentación, una que no tardó en colmarse, en el momento en que su boca tomó la mía con
denodadapasión.Enlacésulenguacondelirio,yélfrotólamíacondesesperoarrancándomeroncos
gemidosplacenteros.Nosbesamosconfruición,deleitándonoscontanapasionadaentrega,sellando
connuestrasbocasloquerasgabanuestroscorazones.
Todo a nuestro alrededor se desvaneció, hasta creí dejar de notar el suelo bajo mis pies; la
sensación de ingravidez se acentuó hasta que descubrí que no era una mera sensación, sino una
realidad. Gunnar me había elevado contra su pecho, como si quisiera fundirme en su interior.
Atrapadaentresusfuertesbrazos,devoradaporsuimplacableyansiosaboca,envueltaensucalor,
supe que me hallaba en el paraíso. Y fue una serpiente, larga y helada, afilada como el hielo y
puntiagudacomolamuerte,laquenosarrancódeél.
La punta de una espada se filtró entre nuestros cuerpos como una velada amenaza a entrar en
ellossinoatendíamossumensaje.
Gunnarseenvaróenelacto,yseapartódemibocasindejardemirarlaconsemblantegravey
gestoinsatisfecho.
Retrocedimosimpelidosporlatalladahojadeuntempladoaceroreal.Halfdanardíaencólera;
su tez cetrina había enrojecido y sus ojos llameaban, pero en la mueca tensa de su rostro atisbé la
contenciónqueacumulabaparanomatarnoseneseinstante.Nosnecesitaba.
Sinembargo,sumiradafuetanletalcomosinoshubieraatravesadoconsuespada.
—Sivuelvesaacercarteaella—rezongósiseanteelrey—,nodudaréenmatarte.
Gunnar le dedicó una sonrisa circunspecta, alzó una ceja altivo y lo encaró, imponiéndole su
alturayretándoloconsucorpulencia.
—Osdevuelvolaamenaza—susurróamenazante—,mirey.
Halfdan tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no lanzarse sobre Gunnar. Tenía los puños
cerrados,susnudillosbrillabantemblorosos;lafaz,crispadaconunamuecaferozquedesencajaba
susfacciones,yloslabios,blanquecinosytirantes.
—Partamoscuantoantes—interrumpióThorffin,contonoligeroeimpaciente,adelantándosey
apartandoaGunnardelrey—.Tenemosunabatallaqueganar,loscaballosyaestándispuestos,ylos
guerrerostienenganasdeserinvitadosalValhalla.
Gunnar posó de nuevo la mirada en mí, asintiendo con firmeza; me regaló una luminosa y
chispeante sonrisa, y yo se la devolví, conteniendo mis ganas de correr de nuevo a sus brazos. De
prontoavanzódenuevo;estavezllevósuspasoshastaEyra,laalzóenelaireylaestrechóconuna
inefableternuraquemeconmovió.Laancianasesuspendiódelcuellodesuhijo,ycobijósuajado
rostroenelhombrodelguerrero.Elamorqueseprofesaroncaldeómicorazónyhumedeciómis
ojos. Eyra le susurraba palabras al oído, mientras Gunnar, con los ojos cerrados y semblante
emocionado,asentíapresodeunatrémulasonrisa.
La imagen de tan fiero guerrero sucumbiendo a la emoción, mostrándose tierno y cariñoso,
profesandoabiertamenteelamoryladevociónhaciaaquellaquelohabíaengendrado,enmudecióa
cuantospresenciaronaquelentrañablegesto.
Eyracogióconlasmanoselrostrodesuhijoy,sonriendoentrelágrimas,musitóenvozalta:
—Heaquíamihijo,elquedasentidoamivida,elquehacelatirmicorazónyelquerevientami
orgullo.Noimportaadóndevayamos,puessiempreestaréatulado.Nosllevamosenelcorazón,de
ahínadienosarrancarájamás.
La emoción me constriñó, el llanto contenido fluyó y mi pecho se agitó zarandeado por la
incertidumbreylaagoníaquenosaguardaba.Gunnarsonrióafectadoyconmiradahúmedaabrazó
con fuerza a su madre. El pecho me ardía, pujado por sollozos contenidos que estallaban en mi
interior,comoimpactanlosrelámpagosenlatierra,virulentoseinesperados.
—Ningúnhombrepudotenermejormadre—murmuróGunnarconvozquebrada.
—Yningunamadre,mejorhijo.
Seestrecharontemblorosos,liberandocuantomorabaensuscorazones.Eraunadespedida,un
últimoadiós;esogritabamicorazóny,pormuchoqueintentaraacallarlo,noconseguíaenmudecer
esasensación,niaplacareldolorquemancillabamipecho.
CuandoGunnardepositóasumadreenelsuelo,descubríensusllorososojosunadichaplena,
unaligerezadesconocida,comosisehubierareconciliadoconunapartedesupasado,comosialgo
hubieradejadodeestrangularsuinterior,conungratoalivioteñidodecariñoinfinito.
Tras mirar larga y tiernamente a su madre, sus ojos me buscaron de nuevo. Apenas fue un
instante, pero suficiente para reafirmar la promesa de lucha y el amor que habíamos sellado con
nuestroslabios.ElleónpartíahacialabatallayalgomedecíaquenoalaqueHalfdancreía,sinoala
queélmismohabíaplanificadoparaliberarnos.Sugestointriganteyconfiadoasímelohizosaber.
Sevolvióconportealtivoysaliódelskáliseguidodesushombres.Suspasosfirmesatronaron
enlasala,comosiThorgolpearaelentarimadoconsumartillo.Cadarotundopasoqueloalejabade
míeraunadagaqueseclavabaenmicorazón.Respiréhondamenteytraguésalivaconaspereza,para
intentardisolverelamargorqueagriabamipaladar,ymedirigíhaciaEyra,rodeandosushombros
conelbrazoyciñéndolaamí.
—No volveré a verlo —afirmó en un hilo de voz—. Sin embargo, me llevo este abrazo en el
corazón;creoquenuncahesidotanfeliz.
—¡Volverásaverlo!—contradijemalhumorada—.¡Maldición,volverásaverlo!
Eyradejóescaparunaagotadaexhalaciónymeobservófrunciendoelceño.
—Aveces,muchacha,esmejorsaborearlosúltimosmomentosquelucharcontraeldestinoy
malgastarlos.
Meenfrentéaellaconsemblanteturbadoeindignado.
—Túereslaquesiempremehaimpelidoalucharcontraeldestino,yahoraerestúlaquedecide
someterseaél—acusécontrariadayfuriosa.
—Es mi final, Freya, y como tal he de aceptarlo; la rueda providencial se detuvo en la última
muesca, es inútil intentar frenarla para que no encaje en ella, mi recorrido se acabó. Y ahora,
escúchame, condenada testaruda. —Sus ojillos oscuros refulgieron fulminándome—: Gunnar ha
aprovechadoladespedidaparadarmeunmensaje.
Parpadeéparacontenerlasabrasanteslágrimasquependíantitubeantesenmisojos.Elamargor
seinstalódefinitivamenteenmí.
—Gunnaraprovecharáqueseadelantaparaprepararunnavío,ypartiráconélhacialacostade
Jutlandia.ApostaráelsnekkeenlariberadelríoGudenåenmáscercanaaViborg;enlaconfusiónde
labatalla,escaparéisenél.Cuantoharáenelcombateserábuscarteyhuircontigo.Suspalabraspara
tihansido:«Sólomantenteconvidahastaqueteencuentre».
Dejéescaparungemidoestranguladoehipéunasuertedesollozoagónicoquequemómipecho.
—Tambiénhadispuestoparamíunplan—continuó—.HuirconValdisyJorundhaciaHedeby,
antesdequepartanHalfdanysushuestes.Allínosrecogeréis.
—Puesdeberéisirmañanaporlanochesinfalta,ynopiensoadmitirniunaréplica—intervine
tenaz—.Si,comodices,tudestinoesqueesamalditafloracabecontuvida,lohará,aquíydondesea,
pero al menos no consientas en esperarla tendida en tu lecho. Cumple la voluntad de tu hijo, ya se
encargaráeldestinodeperseguirte.Túmismaacabasdedecirqueesmejoraprovecharlosúltimos
momentosquemalgastarlos;aprovéchalos,Eyra,saborealalibertad,pocaomucha,yanoimporta.
Lamujermecontemplómeditabunda,conmiradaenturbiadaygestovacilante.Bajólamirada
haciasusmanos,comosienellasestuvieraescritaladecisiónquehabíadetomar.
Porfinrespiróprofundamenteyalzóelrostrodenuevo.
—Cumplirélavoluntaddemihijoylatuya,queeldestinocumplalasuyacuandoleapetezca—
pronunciócondeterminación.
Sonreítriunfaly,apesardelmiedoylaangustia,saberquetodoslucharíamosimprimíaalgode
luzalastinieblasquesecerníansobretodosnosotros.
—Recuerda, no pruebes comida ni bebida, no salgas del skáli y mantente alerta en todo
momento —advertí—; cazaré para ti, beberás sólo de mi odre de agua y procura no acercarte a
Ragnhildenlamedidadeloposible;delOráculomeencargoyo.
Eyrasonrióconmovidaymeabrazóconfuerza.
—Tequierocomoaunahija,Freya.
—Noseteocurradespedirte,madre—repliquéconvozquebrada.
La mujer se separó de mí con lágrimas en los ojos y gesto trémulo. Asintió embargada por
intensasemocionesysealejóconpasocansadopararetomarsusquehaceres.
TraslapartidadelahirddelreycomandadaporGunnar,decidíorganizarlahuidaconJorundy
Valdis.Nohabíatiempoqueperder;lamuerteacechabaimplacable,yeldestinocerrabafilassobre
nosotros.
Losencontréenelcampodeentrenamiento.Asleifadiestraba,paramiasombro,aValdis.
—¿Otraskjaldmö?—inquiríavivavoz.
—Nodatiempo—farfullóAsleif,sinapartarsuvistadelcombate—,pero,almenos,quetenga
algunanocióndecómodefenderse.
Valdiscayódespatarradaalsuelo,anteelcerteroataquedelaatemorizantevalquiria,perdiendo
enlacaídalaespadademadera.
—¡Sí da tiempo! —contrapuso Valdis ceñuda—. Aprendo rápido y mi padre dice que tengo el
temperamentodeTyr.
—Eso puedo asegurarlo —bufó Asleif exasperada—; el dios de la guerra a su lado es un
inocenteinfante.
Jorund reprimió una carcajada que lo sacudió, emitiendo un extraño gorjeo que llamó
peligrosamentelaatencióndesuhija.
—¿Teburlas,padre?
Elhombreabriólosojossimulandoingenuidad.
—Nosemeocurriría,hija,letengomuchoapegoamivida.
Valdiscompusounamuecafuriosaygruñóofendida.
Meapoyésobrelaempalizada,juntoaJorund,queresoplabaaliviadocuandoValdisdesvióla
atencióndenuevoalcombate.
—¿Puedescreerquequiereseguirasuesposoinclusoalcampodebatalla?—mascullóJorund
con evidente incomprensión—. Y dime, Freya, ¿cómo conseguiré disfrutar matando enemigos si
tengoqueestarpendientedeestainsensataquetengoporhija?
Suquejaestirólascomisurasdemislabiosenunadébilsonrisaquenollegóamisojos.Negué
conlacabezaypuseunamanoenelhombrodelrudopelirrojoquecontinuabalamentándosedesu
suerte.
—No entraréis en combate —musité lentamente, sin apartar los ojos de las mujeres que
combatían—.Vamosahuir.
Jorunddejóescaparunaexclamaciónsorpresiva;meobservócomosihubieraperdidoeljuicio
yagrandósusalmendradosojosconmiradacasiespantada.
—¡Esoestraición!—profirióindignado.
—No,esjusticia,eslibertad,esvida—repliquéconénfasis—.SipermitesqueValdisentreen
batalla, morirá... y es una batalla pertrechada por la ambición desmedida de un rey injusto. El jarl
LodbrokacudiráasocorrerasureyHorik,ynuestroshombrescaeránbajosuespada.Gunnarvaa
prepararunsnekkecercadeViborg,parahuirenél.Quierequetú,ValdisyEyranosaguardéisen
Hedeby, para que nos acompañéis, quizá a un mundo nuevo. Pero, para estar a tiempo, tenéis que
partircuantoantes.
Jorund farfulló por lo bajo un instante, como debatiendo consigo mismo los pormenores de
aquelacto.Ensufazsemostraronconclaridadsentimientosencontrados.Peroenelmomentoenque
Asleif derribó con apabullante facilidad a Valdis de nuevo, el hombretón rezongó y se encogió de
hombros.
—Cuando murió su madre —comenzó a decir en tono meditabundo—, fue como caer en un
abismo,delquenoimaginésalir,peroesapendencieraqueves,tercacomounamulaymásvitalque
lasaguasdeunarroyo,metrajodevuelta.Silaperdiera,caeríadenuevoparanovolver.
Girólacabezahaciamíyasintiócasiimperceptiblemente.
—Creonecesarioadvertirque,sienesebarconovaHiram,mihijanosubiráaél.
—Ya contamos con esa posibilidad, Jorund, y aunque tengamos que capturarlo y maniatarlo
comoaunavirginaldoncella,iráenesebarco.
—Abuensegurohabráqueatarlo—manifestóelhombresoterrandounasonrisa—,pues¿qué
zafiopreferiríaelgeniodemihijaalasmelosasatencionesdecualquiervalquiriadelValhalla?
—Unzafioenamorado—adujesonriente.
LosojosdeJorundseiluminaronunmomento,llenosdeorgulloysatisfacción.
—MiValdissiempreterminaconsiguiendotodoloqueambiciona—murmurójactancioso.
—Preparalasprovisionesyloscaballos,Jorund.YoingeniarélamaneradequeEyrasalgadel
skáliconcualquierexcusa.
Jorundseatusósurojabarbamientrasmemirabapensativo.
—Cuandopartamos,lairadeHalfdancaerásobreti—vaticinópreocupado.
—Sabrémanejarla—argüí,escondiendoesamismainquietud.
Jorund me escrutó sin mucho convencimiento. Palmeé su espalda con ligereza y esbocé una
sonrisaconfiada.
—Freya,nosubestimesalrey;puedequehayascaladoensucorazón,peronoensucabeza.Su
reino es lo más importante para él, es en extremo sagaz y últimamente está perdiendo mucho los
estribos.Noabusesdetusmañas,sécautelosayparteconnosotros.
Neguéconlacabezaysuspiréqueda.
—No, Jorund. Gunnar me buscará en el batalla, no cejará hasta encontrarme, y nadie podrá
avisarlodequeloesperoenHedeby.Además,Halfdanmeperseguiría;avosotros,no.
Elhombrechasqueólalenguaconfrustraciónyasintiócompungido.
—De acuerdo pues, mañana por la noche huiremos los tres. Sólo pido a los dioses que te
protejanyquenosreúnaatodosenHedeby.
Asentí con firmeza y dejé libres mis pensamientos mientras observaba la dura instrucción de
ValdisamanosdelamagnánimaAsleif.
44
Bajolasgarrasdelmiedo
Me desperté con un sudor frío perlando mi frente, la boca biliosa y el corazón palpitante. Me
incorporé agitada y busqué con la mirada el inmóvil cuerpo de Eyra a mi lado, en el jergón que
habíamosdispuestoenunaesquinadelgranskáli.
Hallarla junto a mí no terminó de reconfortarme; la sensación de insidiosa alerta permanecía
latenteyviscosa,obligándomeaagitarlaligeramenteesperandoqueseremovierayespantarasímis
temores.Eyraemitióunmolestogruñidoysereacomodóensuladobajolamanta.Dejéescaparel
alientoymepuseenpierefregándomelosojos.
Amialrededortodosdormíanplácidosylaxos.Necesitabatomarairefresco;elambienteera
rancio y pesado, demasiada gente se hacinaba en el salón, enrareciendo el aire con sus bufidos y
ronquidos.
Meenvolvíenunapielymedirigíhacialosportalones,conpasosilencioso,apenassusurrante.
Sorteé incluso cuerpos en el suelo, arrebujados unos contra otros, acomodándose en posturas y
ángulosdiversosycuriosos,encajándosecomosifueranpiezassueltasformandountodo.
Elhechodequemuchoshabitantesprefirierancohabitarydormitarenlacasacomunalsedebía
aesanecesidadgrupaldeapoyo,aeseanhelodecompartiryalargarlosúltimosinstantesconsus
seresqueridos,vecinosyamigos,aesealientoquepretendíantransmitirlescomosideunescudose
tratara.Lalealtadysolidaridaddeaquellasgenteserancasisimilaresalosdeunamanadadelobos;
todoscuidabandetodosentiemposconvulsos.
Entreabrílapesadayquejicosapuertaymedejéacariciarporlafrescabrisacargadaderocío
quedespertómipielenelacto.Labruma,todavíapesada,algodonabalosrinconesydeshilachabalos
perfilesdeesquinasypromontoriossombreados,perlandocadasuperficieconcuentasrefulgentes,
dejando su húmeda huella en cuanto tocaba. El horizonte se aclaraba con indolente parsimonia,
perezosoylánguido,enundesperezarincipientedondelosañilesseentretejíanconhebrasdeoro,
dondelassombrascomenzabanatornarseencoloresaúndesvaídos,peroreconocibles.
Cerréuninstantelosojosyaspiréunagranbocanadadeaire.Teníaunlargodíapordelante,una
huida que pertrechar, y una vida que defender. Exhalé lentamente, como si en aquel gesto lograra
expulsaraltiempolainquietudquemeoprimía,lostemores,ylaansiedad.Debíatenerlamentaclara
yelánimofrío,peroalgomedecíaque,aligualqueyoalertabamissentidos,laoscuridadafilaba
susuñas.
Permanecí ahí de pie, absorbiendo cómo el día engullía todo vestigio nocturno, cómo tibios
haces solares doraban las lejanas y nevadas cumbres, derramándose ladera abajo, descendiendo
melosamente como si una cascada de luz fluyera del cielo y cubriera con su radiante abundancia
campos y cultivos, bosques y explanadas... otorgando un brillo místico e irreal a aquellos salvajes
parajes,tanhermososqueobnubilabanlavistayencogíanelalma.
Diunhondosuspiro,asumiendopesarosaquenadalograríasosegarmiánimoaqueldía,queya
semeantojabacruelmentelargo.NitansiquieraelrecuerdocasipalpabledeloslabiosdeGunnar
sobrelosmíos.Losacariciéunpoco,apenasrozándolos,ycasisentísualiento.Meestremecí.
Tras de mí, la aldea despertaba; no cerré el portalón. El skáli no tenía ventanas, tan sólo unas
estrechas aberturas casi en el techo, por las que escapaba el humo del hogar central. Durante el
inviernosolíancubrirseconvejigasdecerdotensadasamododecelosía.
Las esclavas comenzaron a avivar el fuego, atizándolo con vehemencia, enfureciendo los
rescoldos para convertirlos en fuego vivo, del que emergían volátiles pavesas candentes que
crepitaban rebeldes, diseminándose en torno al hogar. Los leños quemados destilaron su peculiar
fraganciaacarbón,ylalumbrechisporroteómolestaportanabruptotrato.
Eyra se alisaba la túnica con prolijo empeño cuando llegué hasta ella. Me miró inquisitiva y
esbozóunasonrisaafectuosaycálida.
—Muchacha,¿dedóndevienes?
—Hesalido,sólonecesitabaunpocodeairefresco.
Lamujerasintiómientrassepeinabaconlosdedossulargocabellocano.
—Siéntate,Eyra,dejaquetrencetuscabellos.
Tomóasientoenelcamastro,mearrodillétrasella,cogíelpeinedehuesoquesiempreportaba
ellaensuhatilloyordenésuscabellosconextremomimo.Mientraslospeinabayformabalatrenza,
mis pensamientos me llevaron al momento en que hacía lo mismo con mi propia madre, cuando
apenas era una niña. Aquel recuerdo humedeció mis ojos, mi garganta se cerró y la nostalgia me
sepultóinesperadamente.Atéaconcienciaelcordelsujetandoelcabelloy,movidaporunimpulso,
meabracéalaespaldadelaancianaconemotivaafectación.
Aquella que abrazaba era ahora mi madre, tanto como la que el destino me arrebató, pues me
habíadevueltolavida...ylacuidabaadiario.Aquellaenjutamujerqueserevolvíaparacobijarmeen
supechogobernababuenapartedemicorazóny,sóloimaginarperderla,lacerabamipecho.
—Ssshhhh...miniña,nomeperderás—susurródulce,adivinandomispensamientos—.Ninguno
meperderá,porque,paseloquepase,volveremosaencontrarnos.Lamuertenoesbarreracuandoel
amorestanfuerte.Y,sidealgotengoenabundancia,esamor.
Sacudí la cabeza, airosa, con la sombra que se empecinaba en atraparme en pensamientos
desazonadores.Noobstante,sentíalamuertetantangible,tanacechantealrededordeEyra,tanpesada
ycasimaterial,comosifueraunmantooscurosuspendidosobreella.Unmantoqueyaproyectabasu
lúgubresombrasobresuenclenquecuerpo.Elpavormeacicateóacuciante,instalandoenmiseruna
angustiaquecomenzabaarayarenamargadesesperación.
Fui plenamente consciente de que el peligro asomaría del rincón menos esperado, taimado y
sibilino,comounasiseanteserpientequereptaríacurvilíneaprestaparaatacar.Yeseconvencimiento
fueelquemellevóanoesperarsentadasumordisco.
—Notesepararásdemíentodoeldía—musitérecomponiendomiangustiadogesto,forzando
ensulugarunmohínfuriosoydecidido—.Yomismatellevaréestanochehacialosestablos,yte
verépartirconJorundyValdis.
—Sí—aceptó—,meveráspartir.
Me negué a desgreñar un significado más oscuro a su respuesta y suspiré pesadamente. De
repente, me encontré reprimiendo el apremiante impulso de acudir a la cabaña del Oráculo. No
obstante,apesardequealgopujabademíhaciaaquelhombre,revelándoseenmimentequeseríala
manera de atajar el mal de raíz, no podía dejar a Eyra sola, y a ella no se le permitía salir de las
dependenciascomunales.
Suspiréymeobliguéasonreír,imprimiendoconfianzaalgesto.
Eyrapaseólamiradasobreloscalderosqueyacomenzabanahumearsobreelfosoempedrado
debrasasexcitadasyaspirólosefluviosquerezumabanlasburbujeantesmarmitas.
—HabremosdeesperarqueJorundhayacazadoalgo,ledejéelencargo.Fenrirvaconél;tengo
másfeenelperroqueeneseviejogruñón—argüíprovocandolasonrisadeEyra.
—También yo —concedió con un deje de diversión titilando en sus ojos—. Me temo que
comeremosgansomordisqueadoybabeado;esecondenadoanimaltienepredilecciónpormisaves.
—TampocolehizoascosalapiernadeJorund—recordérememorandoaqueldía.
Eyrasonriódenuevo,yasintióseguidamentechasqueandolalengua.
—Eserefunfuñónestávivoporlagraciadelosdioses—murmurócondejeausente,llevadapor
los recuerdos—. Todavía resuenan en mi cabeza sus alaridos. —Una sonrisa divertida prendió en
ella,consiguiendoquelaimitara.
—No, está vivo porque le salvaste la vida —maticé mientras me colocaba los ropajes de
escuderasobrelalivianacamisola—;loquesíesfavordelosdiosesesnohabernosquedadosordas
esedía.
Ambas nos miramos y prorrumpimos en sofocadas carcajadas que aligeraron sucintamente
nuestrosánimos.
—Bueno,ahíseacercanuestrodagmál—adujoEyradesviandolamiradahacialaentrada.
Jorund, acompañado de Fenrir, se encaminó hacia nosotras con semblante grave pero porte
orgulloso, elevando ante nuestros ojos un par de gansos inertes. Casi al mismo tiempo, ambas
dirigimoslamiradahacialabocaentreabiertadelperro,quedejabaentreverfragmentosdeplumas
quebradasentrelosdientes.Nosmiramosdenuevoyestallamosenrisotadasqueconfundieronlafaz
delguerreroyfruncieronsuceño.
—Esosíeslevantarseconbuenánimo,sóloesperoquelamofanohayarecaídoenmipersona.
—Esperaryconcedernovanunidos—replicóEyraconchanza.
—¿Asímeagradecéislacomida?—profirióentonoofendido,aunqueescondiendosinmucha
fortunaunasonrisaaviesa.
—Noséporqué,creoqueelartíficedeestadispensacaminaacuatropatas—rezongóburlona
Eyra,seagachóysacóunamaltrechaplumadelasfaucesdelanimal.
Jorundcarraspeómolesto,acentuósuceñoy,conlosbrazosenjarras,nosregalóunamirada
airadaqueincrementónuestrasrisas.
—Fuiyoquienleabrióelcercado—rebatiódiscordante.
—¡Porlosdioses,Jorund!,¿aesolollamascazar?—Prorrumpíentrecarcajadas.
Elgranpelirrojobufóexasperadoysacudiólacabezacadavezmásairosamente.
—Vuestrasburlasoscondenaranalayuno,insensatas—amenazósocarrón.
Noslanzóelatadodegansossobreelregazocondesdényunodredeagua,ysevolviómientras
mascullaba por lo bajo, aunque en sus ojos bailaba la diversión. Fenrir se sentó a nuestro lado,
relamiéndoseocioso.
—Voy a arreglar este estropicio —adujo Eyra cogiendo las aves—. Tan sólo las asaré en el
fuegoensartadasenunespetónycomeremosenseguida,muchacha.
Observépensativacómoseafanabadesplumandolaspresasy,cuandoalcélavista,metopécon
lapenetrantemiradadeHalfdansobremí.
Parecíacansadoyabatido,comosieldesánimoopacarasuespírituysombrearasusfacciones
con un velo anodino y una mirada vacua. Aprecié bolsas oscuras bajo sus ojos, y un rictus duro
distendiendosugesto.
Sostuvesumiradasinamilanarmeyalgodestellóenlasuya.Nosupepercibirelqué,puesfue
fugazaunqueluminoso,maspusounregustoamargoenmigarganta.
Apartélavista,aunqueseguíasintiendofijaladeélsobremí,justoparatoparmeconelrotundo
cuerpo de Inga la Roja que ofrecía una torta de pan a Eyra. Me incorporé en el acto, me abalancé
haciaella,learrebatélatortaylalancéalfuego,antelaestupefactaexpresióndelarubicundamujer.
—Nopensabacomerla—meincrepóEyracontrariada;actoseguido,sedirigióaIngaforzando
una sonrisa—. No me encuentro muy bien, Inga —se disculpó—. Freya teme que puedan sentarme
mal.
Ingaarqueólascejasyarrugóelceñoconsuspicacia.
—Noeranecesariatantabrusquedad—alegóacusadora.
—Disculpa,Inga,últimamenteandoalgoalterada.
Laorondamujermeescrutómalhumoradayasintióqueda.Advertíunasolapadamiradahacia
un rincón, y descubrí a Sigrid observándonos con interés. Algo en mi interior comenzó a gestarse
inquieto.
Durantelamañana,esasensaciónseacentuódemodoconsiderable,hastatalpuntoquesentíel
impulsocasiirrefrenabledesacaraEyradelskáliyhuirdeallíconellaenlagrupademicaballo.
CuandoHalfdanseacercóamí,eratalmiansiedadquemesobresaltéyretrocedítrastabillando
unospasos.
—¿Metemes?—inquiriójactancioso.
Recuperéelequilibrioyloencaréaltiva,irguiéndomeanteél,congestoadusto.
—Quizácomorey,nocomohombre.
Lamenté en el acto mis palabras. El apuesto rostro de Halfdan se congestionó furioso y su
miradadeébanorefulgióamenazante.
—Meobligasamostrartecuántomehasdetemercomohombre.
Aferróburdamentemibrazoymearrastróaempellones,sinconmiseración,alprivadorincón
donde el día anterior Valdis se había preparado para sus esponsales. Y en aquel pequeño reducto
oculto a los ojos por mantos colgantes, me ciñó con su cuerpo a la pared y buscó mis labios con
enojo.
Medebatí,esquivandosuansiosabocaeintentandofútilmenteescapardelajauladesusbrazos.
Nogozabadelespaciosuficienteparazafarmedesupresa,asíquemedetuveypermitíquerobarasu
premio.
Antemipasividad,Halfdanserecreó,volcandoenmibocatodoeldeseoreprimido.Saboreésu
amargura, su frustración, su encono y, entre esa amalgama de emociones, un toque salado me
confundió.Dejéquesuimperiosalenguafrotaralamía,quesuslabiosdurosplasmaransurencoren
losmíos,quesubrusquedadmesometiera,porqueloqueenrealidadmeestabamostrandonoeran
susansiasdedominación,nisuorgulloherido,nitansiquierasufuria,erasuderrota.Eraunhombre
vencido,rendidoydolido.
Sus lágrimas humedecieron mis mejillas, filtrándose entre mis labios, y algo dentro de mí se
apiadó de él. Quizá fue la reminiscencia de otro hombre roto de mi pasado, o la flaqueza que
reverberaba en los estremecimientos de un hombre tan poderoso, lo que me conmovió. Fuera cual
fueselarazón,posélasmanosgentilmenteensushombrosymicuerposeaflojó.Aturdidopormi
docilidad,seapartóturbadoymecontemplóafectado.Llevélapuntademisdedoshastasumentóny
lorecorríconsuavidad.Elhombreinclinólacabezaparabesarlos.
—Freya...—suspirótrémulo—.Notenerteserámimayorcondena.
—Tenermecontramivoluntadloseríamás.Nomepertenezconiamí—susurréatravesadapor
suintensamiradadeobsidiana.
—RepítemeloquehizoGunnarparaganarte.
Respiré hondamente ante los recuerdos de Gunnar llevándome hacia los brazos de Rashid, en
aquelviajehaciaAalborg,apesardeamarmemásqueasuvida.
—Renunciaramí—respondíenunhilodevoz—,sacrificarseunaymilvecespormí,entregar
suvidaysucorazónenposdemifelicidadybienestar,esohizo.
Halfdanrepasóelcontornodemirostroconextremadulzura,inclusocreíadivinarunasombra
deunacogitabundasonrisaaligerarsusemblante.
—Esolehonra—reconocióceloso—;yo,encambio,nopuedorenunciaraloqueúnicamente
logré saquear sin miramientos, como un vulgar ratero. Y a pesar de mi bajeza, no me arrepiento,
pues,sinmispatéticosintentos,nielsabordetuslabiospodríallevarmecuandomuera.Yeso,Freya,
serálomásvaliosoquemeacompañealValhalla.
Sujetómibarbillaentrelosdedosymealzóelrostroparaembebersedeélyhundirseenmis
ojos.
—Llevo noches sin dormir, días sin comer; todos mis apetitos se han desvanecido como se
desvanece un resuello en el aire. Creo que estoy maldito, preso de tu hechizo y condenado a la
desgraciadeunavidavacía.Peroaquítedigoquecompartiréesacondenacontigo,pues,sinome
alimentasdesonrisas,meduermesconbesosyenciendesmipasióncontucuerpo,noconsentiréque
otorguestalesgraciasniaaquelqueselasganó.
Bajé la mirada con honda tristeza, asimilando que nada podría desligarnos de la tragedia que
prontosecerniríasobrenosotros.
—Estudecisión—musitécogitabunda—;noereselúnicoquelastoma,granrey.
Abriólamanoyapresómimandíbula,clavandolayemadesusdedoshoscamenteenmipiel.
—Sé que trazáis vuestros propios planes —siseó furioso—. No sé qué ardides urdís, pero ten
muypresentequeuncuervoosacecha.
Mesoltóenunademándesdeñoso,gruñóofuscadoymefulminóconunamiradaretadora.
—Yotambiénmeveoenlaobligacióndeadvertirtealgo:esecaminoqueteempecinasenseguir
noeseldelcorazón,noteengañes;esecaminoeseldelegoísmo.¡Nollamesamoralaposesión,ni
teatrevasamancillarunsentimientotanpuroennombredelaobsesión,puesyapaséporeso!No,no
sufresdedesamor,sufresdeorgulloyamorpropio,ytediréalgomás:tecompadezco,porqueel
gran hombre que creí que eras no es más que un niño caprichoso y testarudo que se aferra
neciamenteaunantojo.
—Dime, mujer sabia, ¿acaso te has atrevido a mirar en mi corazón para hablar con tanta
ligerezadeloquesiento?—recriminóindignado—.No,nolohashecho.Sóloyoséloquesiento,
¿me oyes, maldita? Y, para mí, para alguien acostumbrado a ganar con sangre cuanto posee, no es
fácil admitir una derrota como ésta, y no es posesión, ni obsesión, es tan sólo amar sin ser
correspondidoyserincapazdesoportarlo.Encambio,síadmitoseregoísta,porquetequieropara
mí,porquenoconcibotufelicidadsinovaunidaalamía.Sí,admitoesaacusación,masrechazolas
demás.
Asentípesarosaymedesasídeélconintencióndeescapardesuredes,peroalpasarporsulado
meatrapódenuevoentresusbrazos.
—Noolvides,granrey,quetuhonorestáenjuego—lerecordéfuriosa—.Prometisteliberarnos
siconseguíamosparatilavictoriaquetantoansías.Empeñastetupalabra,yhabrásdecumplirla;por
tanto,asimilalaposibilidaddenovolveravernos.
—Llegas incluso a que desee perder esa batalla, hasta ese punto me importas —confesó con
semblanteabrumado.
Merevolvícontraél,peronoconseguísepararmeunápice.
—Tampocoolvidesmiamenaza—resaltédesafiante—:sinocumplestupromesa,meterásuna
lobaentucasaqueseencargarádedevorarteatiyatodatuestirpe.
Estavezsímesoltó,comosimicontactoloquemase.Sonreíparamisadentros.Yamealejaba
retirandolostraposquedelimitabanaquelrincóncuandomevolvínuevamentehaciaél.
—Aceptarunaderrotaconhonorabilidadtienemayorvalíaquelamáscostosadelasvictorias;
noloolvides,granrey.
EnlaexpresióndeHalfdanrelucióunaemociónnueva,eltemor.
Medetuveuninstantepararecuperarelalientoyacompasarelpulsoymedirigíhaciaelhogar
enbuscadeEyra.
Juntoalasbrasasseasabanlosgansosdestripadosydesplumadosquelaancianahabíadispuesto
tan cuidadosamente en el espetón, pero no había rastro de ella. Miré en derredor, imaginando que
conversabaconalgunadelasmujeresodesempeñabaalgunadelasfaenasquesolíanocuparla,pero
nologréencontrarlaagolpedevista.Aquellomeinquietosobremanera,ymipulsosedesbocócomo
un potrillo alocado. A buen paso recorrí cada rincón del skáli presa de las garras del miedo y la
angustia.MedirigíaJoraylepreguntéporEyra.
—Ragnhildlamandóalahumadero,seleantojópescadodesecado;ensuestado,yasesabe...
Puso los ojos en blanco y resopló con hastío, reiniciando sus labores sin percatarse de mi
expresiónaterrada.
CorrífueradelskálicomosiLokimepersiguiera.Fenrirmesiguióentreladridos,ayudandoa
que la gente se apartara de mi camino. Enfilé sendero abajo, hacia la pequeña construcción de
madera,dondeseahumabapescado.Acadazancada,lasangrebombeabacontalfuerzamicorazón
quepenséquemereventaríaantesdellegar.
EnlacarreramedidebrucesconJorund,quecontrariadonoatinóapreguntarquésucedía,sólo
dejocaerlosleñosqueportabaymesiguióacelerandosuspasos.
Cuandolleguéalahumadero,abrílapuertaconvehemenciaymecatapultédentro.Elhumoera
tandensoyblanquecinoquecegaba.
—¡Eyra!
Me vi rodeada de pescados atados con cordeles que apartaba con ademanes bruscos e
impacientes.
—¡Eyra!¿Estásaquí?
Comencéatoser,elhumosecabamigarganta,yentoncesnotéalgodiferenteenél.Suaromano
eralamaderadecedroquesolíanquemarparaquelacarnedelpescadoadquirieraesapeculiaridady
resultaramássabroso.No,eseoloreradiferente,másácidoypicante,másagresivo.
Abrílabocaparallamarladenuevo,peromivozseextinguióenunaccesodetosviolenta.Los
ojos me lagrimeaban y escocían y sentí una alarmante quemazón en mi pecho al respirar y una
inesperadaarcadamearqueóabruptamente.
Entonces, en mi avance, tapándome los orificios de la nariz y la boca con la mano, mis pies
toparonconunbultoinerte.
Me agaché con el corazón en un puño y tanteé un cuerpo. Supe al punto de quién se trataba.
Arrastréelcuerpoconpremurahacialasalida,gruñendo,hastaqueaparecióJorundamiladoylo
alzósinesfuerzo.Salimosdelahumaderoentretosesyapremio.
CuandoJorunddepositóelcuerposinconscienciadeEyraenelsendero,otraarcadamedobló
endosyvomitéconviolencia,sintiendotodomiinteriorrevueltoyunagudomalestarmermándome.
Limpiémibocaconunademánhoscoymeabalancésobrelaanciana,sacudiéndolaconfrenesí.
JorundposósucallosamanoenelpechodeEyrayfijósunubladamiradaenlagargantadela
mujer,negódeformacasiimperceptibleyfijólosojosenelhilodesangrequemanabadeunadelas
comisurasdesuboca.Undelgadoysinuosorastrodesangrevisiblementeoscuraydensa,elmismo
querecorríasuslagrimales,ensangrentandosusmejillas.Susemblantecontritoseoscureció.Negué
conlacabezaycontinuéagitándolamientraslacogíaporloshombros.
—¡¡¡Eyra,Eyra,despiertadeunavez!!!
Jorundinclinólabarbillaasupecho;sucabellorojoentrecanocubrióparcialmentesurostro,
peroeltemblordesushombrosdelatólaemociónqueloconstreñíaeneseinstante.
¡No,medije,noladejaríamarchar!
Llevé mi boca a la suya y le insuflé lentamente todo el aire de mi pecho, mientras continuaba
sacudiéndola,yallevadaporunparoxismoenloquecedorqueoprimíamicorazónconlagarradel
miedo. Tenía los labios fríos y azulados, la piel pétrea y las facciones laxas. Ni una tibia señal
esperanzadora;aunasí,meafanéenmirescate,demaneracadavezmásfrenéticaydesgarradora.
—¡¡¡Eyra,lucha!!!,¿meoyes?¡¡¡Lucha,teloruego!!!
Mis ruegos se mezclaron con lamentos y sollozos rabiosos, mientras seguía inclinada sobre
ella, derramando en su boca entreabierta mi aliento. Lloraba francamente, suplicaba, imploraba, y
maldecíaenunaletaníainfernalquemerompíapordentro.
No podía detenerme, a pesar de que la locura parecía desatarse mordiente en mi interior,
desgarrandomipecho,lacerandomialmayapuñalandomiesperanza.Yesalocuraseacumulóen
unaterribleboladefuegoque,además,quemómisentrañasconunafuriaarrasadora.
—Detente,Freya;hapartido—susurróJorundconvozquebrada.
Elhombremesujetócontenacidadporloshombros,intentandosepararmedeella.Merevolví
contraélylogolpeéconsaña.
—¡Suéltame,maldito!—leescupírabiosa—.¡Estáviva,noteatrevasasugerirlocontrario!
Un apagado sollozo escapó del hombre, estremeciendo todo su cuerpo. Sacudió la cabeza,
apretólamandíbulaysecerniósobremí,arrastrándomeasupechoypegándomealafuerzaaél.Me
debatí,luchéygrité.Mialaridoatrajoahombresyamujeresqueseacercaronimpávidosyalterados.
—¡Ha muerto, Freya; Eyra ha muerto! —repetía Jorund sin cesar, apresándome con todas sus
fuerzas.
—¡Nooo...!—sollocéagónica—.¡Noooooooo...no...no...no...!
45
Loscolmillosdeunaloba
UncoroderostroscuriososyespantadosnosrodearonyseacercaronalflojocuerpodeEyra.
—¡Nolatoquéis!—bramérota.
Jorundaflojósuabrazoyyoescapédeél,arrojándomesobreEyra.
Lacogíenbrazos;sulivianoeinertecuerponoofrecióresistencia,rompiéndomeelalma.La
acuné contra mi pecho, mientras acariciaba su rostro y retiraba guedejas adheridas a sus mejillas.
Gruesasytortuosaslágrimasquemabanlasmías,resbalandodemirostroaldeella,comoelaguade
lluviabañalasuperficiedeunaroca,sabiendoquenocalaráenella,nilallenaráconsuvitalidad.
Una lacerante punzada me atravesó, doblándome en dos. Mi llanto se agudizó, los sollozos se
incrementaronymipechoreventóenunalaridoquellevómicabezahaciaatrásmientrasliberabaen
aquelcielonubladotodomidolor.
Noséeltiempoquepaséasí,peronodejéquenadieseacercara,quenadielaarrancarademis
brazos. Era mi madre, mi amiga, parte de mi corazón y de mi alma. Una parte que me habían
arrebatadodeformaimpuneysibilina.Y,entonces,esafuribundaboladefuegoestallófiltrándoseen
cadafibrademiser.
AlcéelrostrohaciaJorund,quederodillasjuntoamísufríasupropiodueloensilencio.
—Llévalaanuestracabaña—logrémusitar,mientrasmeobligabaaentregársela—.Vélalahasta
queyollegue,notardaré.
Me enjugué burdamente los regueros de lágrimas que no dejaban de brotar, incontenibles y
amargas,ymepuseenpieconsemblantetensoydeterminante,ymiradaletal.
—¿Adóndevas,Freya?
No lo miré; mi rostro se petrificó, mis facciones se endurecieron y mi voz fue similar a un
gruñidoferoz.
—Tengoqueliberaralaloba,tienehambre.
Jorund me miró confuso, respiró hondamente y se incorporó con el exiguo cuerpo de Eyra
colgandoentresusbrazos.
A grandes y ágiles zancadas, me dirigí a la cabaña del Oráculo. A cada paso, una oleada
llameantezarandeabatodomicuerpo,aguijoneandoconflameantespunzoneslademoledoracólera
quelamíamisvenas.
Cuando llegué a la puerta, la abrí de un vehemente empellón y me adentré en la penumbrosa
estancia, desenfundando mi espada. Y, al igual que las veces anteriores, una intensa y peculiar
fraganciamerecibió.Inhaléunagranbocanadaabosque,aalmizcleypino,apodredumbretildada
deunlevematizacreyponzoñoso,ytambiénarancio.
El anciano se encontraba donde siempre, sentado en su tocón, frente a una mesa circular,
apoyadoensunudosocayado,cubiertoporeloscurocapuchóndesuhoscacapa,einmóvil,como
aguardando paciente su final. Una titilante vela refulgía iluminando pobremente el lugar; su
zigzagueantehumoseelevabaenondeantesvolutas,añadiendosucaracterísticoperfumealosqueya
flotabanpesadosamialrededor.
—Eresbienvenidadenuevo,mujerloba.
Me aproximé a él, alargué la punta de mi espada hacia su cabeza y le retiré la capucha en un
gestorudoyamenazante.
—Novengoaconsultarosnada,anciano.Vengoaajustarcuentas;vosentregasteisunaflor,yyo
vengoaenseñarosmiscolmilloscomotanbienvaticinasteis.
Elhombreasintióimpasible,asumiendoconformesufinal.
—Y,comoentonces,terepitolomismo:noesperopiedad,mássípremura.
—Ylatendréisporvuestracondicióndeanciano;otranogozarádelamismamercedquetengo
abienconcederos,pormuchoquenolomerezcáis.
—Aceptémidestinocuandodecidíaliarmeconella—susurróelhombrequedo.
—¿Porqué?
Laslágrimasseguíanmanando,comosideunmanantialinagotablesetratara.Todasycadauna
deellasquemaronmipiel.
—Suvástagoseráelreyqueunirátodaslasregiones,seráelfuturoqueesperanloshombresdel
norteyquebendeciránlosdioses,yella,laúnicaherederadelreydeRingerike,elgranSigurdHart.
—Esonoescierto—argüí—;elherederoaltronoessuhermanoGuthorm,quefueenviadoa
Steinparasuformación.
El Oráculo negó pausadamente con la cabeza; sus huesudos y añosos dedos acariciaron la
estriadasuperficiedesubáculo.
—GuthormnollegónuncaaStein—anunciócalmo—;suhermanaseencargódequeasífuera:
mandóasesinarloamitaddeviaje.
Un escalofrío me asaltó erizando mi piel. Aquélla era la araña más letal de cuantas se habían
cruzadoenmicamino.
—¿PorquéEyra?
El anciano resopló con cierto hastío; sus largas, amarillentas y puntiagudas uñas rascaron la
maderadelbastón,emitiendounrocequeimprimióenmíunaagudarepulsa,agitandomiyarevuelto
vientre.
—Paracastigarteyparacastigarlaporhabertesalvadolavida.
Cerrélosojos.Latorturaquemeretorcíaimplacableestremecióelbrazoconqueempuñabala
espada.UnodiovorazllevóelfilodemiespadaallateraldelcuellodelOráculo.Todomicuerpo
temblaba.
—Adelante,mujerloba,noalarguesmásmifinal.
Apretélosdientesyafiancélaempuñaduraconlasdosmanos.
Duranteunlargoinstante,medebatíconelimpulsodesegarlelacabezaalanciano,diciéndome
queeratansólounaherramienta,quemivenganzahabríaderecaersobrelamanoquelamanejaba.
Y,aunasí,lafuriameimpelíaadescargarelgolpefatal.
Antemivacilación,elOráculoseanimóahablarconvozajadaeimpaciente.
—Fui yo quien ordenó introducir los arbustos de la adelfa entre los leños que iban a quemar
para el ahumado. La quema de esa planta tan venenosa emana un humo más letal que si se ingiere.
Cuando ella pasó al ahumadero, le cerraron la puerta. Puedo imaginarla aporreándola, mientras
aspirabaelveneno.Debiódesentircómosusentrañassederretíandentrodeella,ycómoselicuaba
su sangre hirviendo en sus venas, rompiendo las paredes y fluyendo fuera de su cuerpo; debió de
agonizarmuchoantesde...
Noterminólafrase:dibujéunprecisoarcoydescarguélaespadaenelcuellodelhombre.La
cabeza cayó hacia el lado contrario, pendiendo de forma grotesca en un ángulo imposible, todavía
unidaaltronco.
La sangré manó a borbotones, salpicándome, cálida y pegajosa, añadiendo su marcado matiz
metálicoalaromáticoambienteyprovocándomeconellounvómitorepentinoeimplacablequeme
dejó de rodillas en el suelo, sacudida por violentos sollozos y un dolor atroz que crecía
alarmantemente.
Elcuerpodelancianocayódesmadejadoalsuelo,yensufúnebrerostrounasonrisacongelada
mehelólasangre.
Rotaydesgarrada,mepuseenpie,dispuestaaterminardeejecutarmivenganza.
Salídelacabañatambaleante,conlaespadaenlamanoyrastrosdesangreperlandomirostroy
goteandodemiacero.Unrostroangelicalsealzóenmimente,yconélavancédecididahaciaelgran
skáli.
¡Ella!Sóloellacolmaríaelhambredelloboenqueahoramehabíaconvertido.¡Ellasaciaríami
seddesangre!
Loshabitantesmeobservabananonadadosyseapartabantemerososdemicamino,yanopormi
gestoamenazante,niporlaespadaqueblandía,ansiosademássangre,sinoporelodioquedestilaba
mimirada.
Entréenelgransalónyavancéensilencio,fijandolamiradaenmiobjetivo.Oíalgunosgritos
femeninosalarmadosyvocesdehombrescontrariados.Nodespeguélavistadeella,sentadaensu
sitial,frentealamesa,todavíadegustandosudagmál.
Cuandoreparóenmí,susonrosadorostroaniñadosepusolívidoenelactoysushermososojos
cerúleosseagrandaronpresosdelterror.
Seincorporóbruscamenteyretrocediógritando,buscandolaproteccióndelosguerreros.Llevó
lasmanosasuabultadovientre,yconsiguióqueenfocaralamiradaenél.Aquelgestodescompuso
mássushorrorizadasfacciones.
Aceleréelpaso,casialacarrera,ysaltélatarimamientrasenfilabamiespadahaciaella,cuando
doshombresmeapresaronelevándomeenvolandasyobligándomearetroceder.
Gritérabiosayforcejeéparadesasirme.
—¡Juroporlosdiosesqueacabarécontigo!—vociferéenloquecida—.¡Juroquetumuerteserá
lentaydolorosayquepagaráscondolorysufrimientoelquehasprovocadocontumaldad!
—¡PorOdín!¿Quésucedeahora?
Halfdanseaproximóceñudoydesconcertado,abriendoconasombrolosojostanprontocomo
reparóenmiaspectoymiestado.
—¡Freya!¿Quiéntehaatacado...?
Encuantollegóamialtura,ordenóconungestoasushombresquemesoltaran.Cuandomis
piestocaronelsuelofuecuandosentíquelasfuerzasmeabandonabanymisrodillasflaqueaban.
Halfdan me sostuvo por los hombros con un rictus preocupado; su voz se suavizó al
preguntarmedenuevo.
—Ella...—pronunciéestirandolapalabraconunodiodesbordante—.Ella...hamatadoaEyra...
Laaludidadesaparecióalacarreraescoltadaporsuguardiapersonal.
Seguidamentemevencióunhondosollozoqueterminóderomperme.Eyra...yanoestaba;yano
gozaría de su sapiencia, su infinito amor, su templada comprensión ni sus mimos. Ya no podría
peinarlanibesarsumejilla.Yanopodríaobservarlacocinarjuntoalfuego,niprepararsuspotes.Ya
nopodríasumergirmeenlacalmadesumirada,nienlacalidezdesuabrazo.Yanoestaba.
Unvacíofríocomenzóainvadirme.SólopensarenGunnarmeabrióelpechodeparteaparte,
hastapudenotarcómomialmasedesangrabaagonizante.
Caíderodillasymedejéconvulsionarporunllantotanamargoquenadieseatrevióaacercarse.
Mishombrossesacudieroncomosiyofueraunavulgarmarionetaenmanosdeundestinocruelque
manejabaimplacablemishilos.
Halfdansearrodillófrenteamíehizoamagodeestrecharmeentresusbrazos;loempujécon
desprecioylelancéunamiradacargadadeenconoyaversión.
—¡Voy a matarla! —amenacé hipando—. ¡Aunque sea lo último que haga sobre la faz de la
tierra!
Elsemblantedelreyseensombrecióysumiradasecargódecomprensiónyangustia.Asintió
conlacabezaconademánfatigadoydejóescaparelaliento,desazonadoyapesadumbrado.
—Loharéyo...—susurrócabizbajo—...cuandomihijosalgadesucuerpo,noantes.Nomatarás
aunserinocente,Freya,tuconciencianopodríacargarconsemejanteatrocidad.
—EsFreyalaquemuereencadagolpedeldestino,dejandoensulugarunloboimplacabley
letal.Yeseloboempiezaanotenerconcienciamásquedevengarcadazarpazoquerecibe.Tureina
esunaaraña...y,cuantomástiemporespire,másmuerteextenderáasupaso.Tengoquedetenerla.
Halfdan tragó saliva y se apresuró a cogerme por los hombros para regalarme una expresión
graveyunacomplicidadquenoesperabarecibir.
—Yloharemos,asudebidotiempo—propusocomprensivo—.Noduermotranquilodesdeque
recelodeella,nosoportotocarla,nimeatrevoacomerloquemeofrecen.Veocómomeobserva
ambiciosa,yhastapuedoleercómoplanificamimuerte;brillatanclaroensusojoscomoelaguade
unarroyo.Freya,confíaenmí,yosabrécontenerlahastaquemedeshagadeella.
Asentí, carente de fuerzas, y dejé que me ayudara a ponerme en pie. Tenía una despedida por
delante,undueloquellorardebidamenteyunaculpaquemitigar.LadehaberpermitidoqueHalfdan
mearrastraralejosdeella.
Deprontomipulsosedetuvoanteunasospechaquesumómástormentoalyasoportado.Qué
convenientelaintromisióndeHalfdanparaapartarmedeEyra.
Sostuve la oscura mirada del rey impasible, ocultando aquella revelación que comenzaba a
pugnar por hacerse un hueco en mi mente. Asentí conforme de nuevo, fingiendo mansedumbre, y
acumuléelescasovigorqueteníaparaabandonarelskáliconelalmarotayelcorazónsangrante.
Sóloalgocrecíapoderoso:miscolmillos.
46
Ocultandounabrechaconpiedras
Jorund y Valdis me sostuvieron por la cintura, mientras acercaba la antorcha a la pira funeraria
dondeEyradescansabaenelcentro,tendidaenunacamillaelevada,vestidaconunatúnicablancade
hilo,peinadaylavada.
Traselritual,enelquesepedíaalosdiosesquelarecibieranensuseno,despuésdeloscánticos
y las ofrendas, el fuego tomó el testigo de la ceremonia purificando y liberando su alma para que
volaralibredesuvestiduracarnalhaciamejoresparajesenlosqueyacer,esperarorenacer.
Mientras las llamas lamían hambrientas los ramajes y troncos apilados alrededor de Eyra, en
aquelclarodondelalunanoscercabadeplata,yelcrepitarchisporroteantedelasllamassusurrabaa
laquietuddelanoche,yoreparéenelvacíoqueahorasefiltrabapormialmaquebrada.
Arropada por amigos y sostenida por la fortaleza que Eyra siempre supo arrancar de mí,
comprendí que no debía dejarme vencer, aunque el dolor me lapidara y la furia me devorara. Que
nadalatraeríaderegresoya,queesapérdidaseríairreparable,yqueesevacíopesaríalargotiempo.
Porello,debíahonrarlasiendolamujerqueellasupoforjarconsuamorysabiduría.
Yanoquedabanlágrimasenmí,comotampococonfianzanienesediosúnicoconelquecrecí
nienlasdivinidadespaganasqueahoraregíanmidestinodemaneratancruel.Encambio,eldolor
permanecíacomounfieleincansablecompañerodelatragediaqueseempeñabaenperseguirme.
Elintensohedordelabrea,lalumbreylacarnequemadasepropagóporelaire,concentradoen
unagranvolutadehumoagrisadoqueondeabahacialanoche,diluyéndoseensussombras.
«Adiós,mibuenaEyra;notevas,puestellevoconmigo—medespedíparamisadentros,conla
miradaperdidaenlapirahumeante—.Llevograbadoenmicorazóncadagesto,cadapalabraycada
mirada. Sólo morirás realmente cuando perezca la gente que te ama. Incluso entonces, tu esencia
perdurará, pues un alma tan pura jamás podrá desaparecer del todo. Tuya es la eternidad, y sólo
esperovolveratenerelhonordecoincidircontigoenotravida.»
Permanecimosinmóviles,silenciososycontritos,mientraselfuegolamíamadera,piel,carney
huesos;mientraseldolorseinstalabayadeformadefinitivaenmipecho,yanocomounhabitante
más, sino como dueño y señor de un reino moribundo y yermo. Y mientras mi corazón lloraba el
dolordeGunnar,anteunaorfandadreiteradademaneratancruel.
Lavidaestaballenadepérdidasyencuentros—divagué,dejandoescaparunapagadoresuello
apenado—, de sufrimiento y dicha, de victorias y derrotas, todo era parte de ella, de su ciclo. Así
como la madre tierra tenía los suyos, como los elementos daban vida o la quitaban, como la
naturalezanacíaymoríacontinuamenteencadatemporada.
Era una rueda dentada que giraba una y otra vez deteniéndose en cada ocasión en una de esas
muescas.Peroporalgunarazónmiruedateníamáshendidurashoradadasenlosinfortuniosqueen
lasbondades.Meobliguéapensarquequizálasmuescasdelafelicidadsehallarantodasseguidas,
cuando las del tormento fueran superadas. Sin embargo, tras tantas amarguras, avatares y
resentimiento, ¿se podía alcanzar realmente la felicidad? ¿O la felicidad era tan sólo una utopía
filosóficaconlaquenostentabanlosdioses,amododecebo,paratenernosinsatisfechosmientrasla
buscábamos,ypoderasíjugardeunmodocaprichosoconnuestrasilusiones?
No, me dije, la dicha no era una meta, en todo caso era una actitud. Eran retazos efímeros de
momentosinolvidables,amenudoaparentementesuperficiales.Lafelicidadseescondíatraselmás
fútil gesto, quizá una sonrisa, una palabra o una mirada. Flotaba en la caricia del viento, en la
fraganciadelalluviayenlatibiezadelsol,enlasclarasnochesdeluna,yenlosatardeceresjuntoal
mar.Lafelicidaderalaausenciadedolor,deenfermedadydesoledad;secamuflabaenlarutinayse
amparaba en la estabilidad. Quizá por eso, por su condición de frívola sensación, no nos
percatábamosdeellacomodebiéramos.Estarsimplementesentadosjuntoaalguienqueamábamosal
calordeunbuenfuego,sinmáspretensiónqueladecompartirelsilencio,deberíasaborearsecon
absolutoregocijo,pornosabersesiseríaelúltimo.Puescuandoesealguiendesaparecíadenuestra
vida, ya no sólo ocupaba su lugar el dolor, también lo llenaba el arrepentimiento, por no haber
sabidopaladearcadainstantepasadojuntoalserperdido.
Fueentoncescuandosentíunahondanostalgiaporpalabrasnodichas,besosnodadosysonrisas
nocompartidas.Fuecuandomásimplacablementemeestrangulómitormentoanteloquenohabía
disfrutadocuandopude,yloquenodisfrutaríayajamás.
Suspiréconpesadezy,enesasimpleexhalación,sentíastillasacicateandomipechodenuevo.Y
anonadada,comprobéquelaslágrimasnoteníanfincomoenunprincipioimaginé;que,apesarde
tenerelalmaseca,esemanantialocultoalbergadoenelinterioreraenverdadinagotable.
Jorund tiró de mí con intención de llevarme a la cabaña; me volví hacia él y negué con la
cabeza,yaunquemismejillasestabansurcadasporunhúmedotorrenteincesantededolor,mirictus
permaneciórígidoeimpasible.
—Esto no cambia nada —aseguré con voz enronquecida—. Cuando todos duerman, vosotros
partiréissegúnloacordado.Novoyadejarlasolaestanoche.Permaneceréaquí,asulado.
Valdismecogiódelbrazo,estrangulóunsollozoynegóconlacabeza;supadremeregalóun
semblantedisconforme.
—Nopiensodejartesolaahora,Freya.Novamosaningúnsitio.
Meencarécontraelgrandullónyresopléfrustrada.
—Noarriesgaráslavidadetuhija,Jorund.Eyranorevivirá,yyoséloquetengoquehacer.Así
que no rechistes, y permite que el espíritu de Eyra viaje con vosotros esta noche, como estaba
planeado.
Elhombretónbufó,seencogiódehombrosymecontemplóconhondapreocupación.
—Comobiendices,Eyranorevivirá—comenzóadecirentonograveysentido—;nocometas
ninguna locura llevada por la venganza. Tu única prioridad, Freya, es encontrarte con Gunnar y
escapar de las manos del rey. Nuestro único fin es la libertad, dejemos a los dioses los ajustes de
cuentas.
Asentílevementeyapoyélamanoensuhombro,oprimiéndolounpoco.
—Prontonosreuniremos—murmuréconfirmeza.
Me volví hacia Valdis para despedirme, y la muchacha, movida por un afectuoso impulso, me
estrechóentresusbrazos.Suspiréemocionadaanteelsincerocariñoquederramóenaquelgestode
consuelo.
—Lo conseguiremos —afirmó convencida con sonrisa trémula y mirada llorosa—. Las penas
acabanaquí,mibuenaamiga.
Las comisuras de mis labios se expandieron vacilantes, en un esfuerzo por compartir esa
seguridad.
—Acabanlaspenas—coincidí—,empiezalaluchapordejarlasatrás.
MedirigíaJorunddenuevoycompuseungestoapremiante.
—Partid,yquelosdiosesiluminenvuestrocamino;sienélestáquevolvamosaencontrarnos,
así será —me despedí estirando mis labios en lo que quise llamar sonrisa, pero que, sin embargo,
quedóenunamuecaextrañaeindefinida.
Padreehijaabandonaronelclaro,cabizbajosycogitabundos.Yyomevolvíhacialamoribunda
pira, desgarrada por resonantes quiebros de troncos calcinados, el susurro de las llamas y el
chisporroteoluminosoqueelfuegoderramabaenlanoche,formandodoradosrodalesdeluzenla
negrura.
Quizáporaquellapeculiarmelodía,nooíunospasosacercarsey,seguramenteporlacortinade
lágrimas que nublaba mi vista, no me apercibí de la identidad de aquel que había decidido
acompañarmeenmiduelo.Noobstante,adivinédequiénsetrataba.
—Norequierocompañía,ymenosdeunrey—musitésinmutarmigestonigirarlacabeza.
—Noestoyatuladocomotal,sinocomosimplehombre.
Respiré largamente, en un vano intento por controlar un nuevo acceso de furia. Debía ser
cautelosa,medijomientendimiento,mostrarindiferenciayjugarconsabiduríamiscartas,pero,en
aquelinstanteenquetodomiserrezumabadolor,enquelasfuerzashabíanclaudicadoexhaustasy
losescudosyacíanrotos,mefuedeltodoimposiblecontenerlalenguayloqueéstadestilócontanta
animadversión.
—Talvez,perounhombrequetienelasmanosmanchadasdesangreinocente.Unhombreque
tiene la osadía y la insolencia de ofrecer su consuelo a la mujer que despojó de forma tan vil de
madreyamiga.
No necesité mirarlo para imaginar su estupor; pude percibir con toda claridad su rigidez e
incomodidad.
—Fuidespojadodemicondicióndereyydehombrejusto,enfavordeladepadredesesperado
—admitióentonoabatido.
—Concedes oscuros orígenes a aquel que será tu heredero —acusé con expresión pétrea—,
pues,porsusoloalumbramiento,tristementesehasembradoyatantamuerteeinquina.Quizállegue
ahombre,perosiempreseráperseguidoporlasombradelamaldadquefacilitósunacimiento.
—¿Creesacasoquenoesduroparamí?—increpóalzandolavoz—.¡Yo,unhombrepoderoso,
sometidoalcruelcaprichodeunajovenzuelaqueamenazaconarrancaramihijodesuvientresino
cumplosusdeseos!Mepidióqueteentretuviera,quetealejaradeEyra,perotejuroporcuantosoy
quedesconocíasusoscurospropósitos.
Ensutonorestallóundejeacentuadodeaflicciónyarrepentimientoquenoconmovióunápice
micorazón.
—Quizánoconocierassuverdaderaintención—repliquéconvoztiranteyfría,mirándoloalfin
—,peroseguroquesabríasqueanadabuenosedebíasupetición.
Halfdanmecogiódeloshombros,yoloempujéfuriosayrota.
—¡Eralavidademihijolaqueestabaenjuego,malditasea!¿Creesqueeshalagüeñovivircon
temor? Jamás estuve tan asustado, ni combatiendo con los más aguerridos enemigos. —Hizo una
pausaenlaquegruñófuriosoyapretólospuñosconagudaofuscación—.Ladespreciotantoomás
quetú,ynodudesdesufinalcuandonotenganadaconqueamenazarme.
—Ellayaimaginaráqueéseserásufinal,ynocreoqueloaguardedebrazoscruzados.
Pudevercómoesedesazonadorpensamientogerminabaensumenteyestavezarraigabacon
fuerza.Surictusseendurecióyelbrillodesumiradareverberótemerosoyangustiado.Simislabios
nohubieranolvidadocómosesonreía,lohabríanhechotriunfales.Aveceslavenganzanorequería
fuerza,nigrandesmañas,paracobrarsesupieza.
—EstoyaguardandolallegadademisaliadosparaatacaraHorik—anunciómeditabundo—.No
piensoarriesgarmeaquenossorprendanlastropasdeLodbrokeninferioridaddecondiciones.No
tardaremosenpartiralabatallay,mientrastanto,amboshemosdecuidarnosdeella.
—¿Ycuandoregresesdelaconquista?—pregunté—.¿Dormirásconlosojosabiertos?
—Novoyaregresarhastaquealumbreamihijo.Darélaordendequenosalgavivadelparto.
Asentí casi imperceptiblemente, y me volví hacia la humeante pira de nuevo, ignorándolo,
buscandoquesemarchara.
—Freya—susurróabatido—.Noséquénosdeparanlosdioses,peronecesitosaberalgo.
Tomó mi silencio como un asentimiento. Tragó saliva y me obligó a mirarlo, sujetando mi
barbillaentresusdedos.
—EnelcasodequeGunnarperecieraenlabatalla,ynosotrosno,¿medejaríascuidartecomo
mereces?
Cerré los ojos ante aquella espeluznante posibilidad. Me estremecí. En mi interior había una
brecha tan grande, un abismo tan desolador, que, aunque lo llenara de piedras, un frío viento se
colaríaporlosquiciosrecordándomeelhuecoqueocultaban.
—Si Gunnar muere —murmuré en apenas un hilo de voz ahogada—, yo moriré con él. Dudo
quedeseescuidardeuncadáver.
Sostuve su mirada, derramando en ella todo mi dolor, toda mi angustia y todo mi rencor. Él
también era partícipe y causante de mi tragedia, de mi soledad, y ahora de mi atormentada
incertidumbre.
—Loharía—respondióconinnegablerotundidad.
Mesoltóysealejóconpasocansadoyderrotado.
Nomedetuveapensarquealgunaspiedraspunzabandañinasconsusafiladasaristas,intentando
encajar en un hueco que no era el suyo. Y que esa pertinaz insistencia amenazaba con agrandar la
brecha o empujar piedras fuera de su lugar. Confié en que al final encontraría su lugar en otra
oquedad.
Ahorasólopodíapermitirmepensarenunacosa,yeraenluchar.Teníalaabsolutacertezade
queéstaeranuestraúltimaoportunidaddeimponernosalosdiosesydemostrarlesquemerecíamos
lafelicidadquedeformatandespóticanosnegaban.Yahabíamossufridodemasiado,yahabíamos
pagado con creces este amor tan puro, ya habíamos superado constantes infortunios y demostrado
que no nos rendiríamos. Muerte o vida, pero vida plena, la recompensa que nos habíamos ganado
sobradamente.
Y,derepente,sentíunalivianacariciaenlamejilla,comounbesofugaz,quenopudeachacara
labrisanocturna,pordejarmeunextrañoymanifiestocosquilleoenlapiel.Tibioyreconfortante,
como el aleteo de una mariposa que, durante un efímero instante, se posa gentil y sacude sus
hermosasalassobreelpétalodeunaflor.Yesamariposameotorgóalgoquecreíperdido:solaz.
Sonreíentrelágrimas...Eyratambiénsedespedíademí.
Y,comoparareafirmaresasensación,untroncoquebrócalcinado,liberandodesuinterioruna
miríadadepavesasincandescentesquerevolotearonentornoamí...suspendidasenelaire,comosi
conformaran a mi alrededor una peculiar aura dorada, que logró imprimirme un poder
desconcertante,unafortalezainauditayunaconfianzaapabullante.Eyrametransmitíasuesencia,su
aliento y su cariño. La sentía tan dentro, de manera tan rotunda, que mi sonrisa se acentuó y mi
corazónsecaldeó.
Poraquellabrechallenadepiedras,dejódefiltrarseesevientogélidoqueencogíamialma.Las
piedras dejaron de pujar rozándose unas con otras, lastimando las paredes del abismo. Y ese lobo
hambrientodesangrelogródejardeagitarseymostrarloscolmillosferoz.
Cerrélosojosypermitíqueesapazquemeembargabaseextendieraportodomiser.Fuecomo
un bálsamo curativo que saneó mis heridas y las untó de un ungüento reparador y protector,
endureciéndomeparaloqueestabaporvenir.
De nada servía regodearse en el dolor, lamentarse de los golpes recibidos y preguntarse el
motivodeellos.No,denadaservía.Encambio,eraimprescindiblesólounacosa:seguiradelantecon
más ímpetu si era preciso, con más vigor y firmeza, con más valor y arrojo, con más espíritu y
fervor,apesardetodo.Apesarinclusodenoverluzalfinaldelcamino.Peroyolaveía,yeralaluz
más hermosa de todas, reluciente y deslumbrante, mágica y cautivadora. Era la luz que salía de un
corazónigualdeespecial,eldeGunnar.
Y por esa luz, y por la que emergía de mi propio corazón con la intensidad de un haz solar
atravesandounatormenta,supequeloconseguiríamos.Nopodíaserdeotramanera.
47
Rumboalabatalla
Partíamosalabatalla.
LasúltimashuestesdeHalfdanllegaronaquellamañanaprocedentesdelsur.Mediantepactosy
alianzas, el rey había conseguido unificar las regiones más alejadas, prometiendo aunar todos los
reinosdelnorte,nombrandoanuevosjarlsyotorgandoterritoriosdecultivoyfértilespastosparael
ganado,acambiodelealtadysangre.
Las despedidas se apresuraban, los sacrificios a los dioses se ultimaban y los ánimos se
alborozaban.
CuandoHalfdanSvarteelNegroemergiódelskáliconsuequipamientodecombate,imponente
y regio, sus súbditos lo admiraron orgulloso. Hermoso, fiero e imponente, todo un dios con
carnadurahumana.
Sehabíaentrelazadosulargocabellooscuroenunatrenza,despejandounrostrodefacciones
durasyremarcadas,depómulosaltosyfrentedespejada.Yanolucíalabarba,mostrandounmentón
pronunciado,unamasculinabarbillahoradadaporunpícarohoyueloyunosperfiladoslabiosquese
antojaban suaves. Su zaína mirada de ojos rasgados resultaba atemorizante y decidida. Sobre la
refulgente cota de malla de minúsculos eslabones plateados, vestía un engalanado jubón de cuero
tachonado,ceñidoalacinturaporunanchocinturónnegroconmúltiplescorreajes.Desuscaderas
pendía indolente el cinto, donde portaba su enjoyada espada enfundada. No sólo su vestimenta era
acordeasucondición,sinotambiénasucomposturaytalante.Todounreyaguerridoyaltivoque
bajólosescalonesconcontundenteaplomo,rezumandopoderyseguridadacadapaso.
SedirigióasugrancaballodeguerraTyr,tannegrocomolanoche,desoberbiashechurasy
portearrogante,delustrosasancaseimponentecruz.Palmeósurobustoyaltivocuellomientrasse
dejabaaconsejarporsussegundos.
Yo,pormiparte,equipadaconmisropajesdeescuderaycamufladaentrelanutridafacciónde
lasskjaldmö,yasobrelagrupademialazáncastaño,juntoaAsleif,queseasemejabaaunacuriosa
mezclaentretemibleyfieravalquiriayninfadelanieve,aguardabaelavancedetanmultitudinario
ejército.
El tiempo se dilataba entre agrupar a las distintas facciones y repartir las órdenes pertinentes.
Además, se ultimaban provisiones y equipamiento, y se seleccionaba a la guardia que protegería
Hedemarky,enespecial,asureina.
Enesemomento,sualtivafigurafemeninasurgiódelskáliparadespedirasurey.
Avanzó con la espalda erguida y un mohín que fingió ser apenado hacia su esposo, que la
observabaconsemblanteindescifrable.Cuandollegóasualtura,sealzódepuntillas,rodeóconlos
brazoselcuellodeHalfdanydepositóuntibiobesoensuslabios.Inclusoaaquelladistancia,pude
percibirenlaposedelreysurigidezydesagrado.
Impertérritoyhierático,nomutósufazcuandoellalesusurróunaspalabrasaloído,nicuando
seabrazóasupechounlargoytensoinstante.
Encambio,cuandosealejódeél,resultóobviosualivio;sucuerposerelajóysusfaccionesse
suavizaron.
Al cabo, se encaramó ágilmente a su montura y sus hombres lo imitaron. Y como si en ese
momentoelcielohubieradecididosumarsudespedida,untruenoretumbóenelcieloy,casienel
acto, se desató una hilera de ellos que se crecieron en intensidad. Elevamos la vista a un cielo
plomizodeconstreñidasyoscurasnubes,queparecíanfrotarseentreellasconeldenodadoempeño
dehacerseunhueco,inflamándosedeimpacientecontrariedad,yacumulandounaruidosafrustración
encadaensordecedorempuje.
Noalbergamosdudaalgunasobrelaincipientetormentaquenosacompañaríaenelcamino.
—Los dioses nos muestran su complacencia —afirmó sonriente Asleif sin dejar de mirar al
cielo.
Fruncíelceñoenclarodesacuerdoconelmétodoelegido.
—Podríanmostrarlaluciendoelsol,¿nocrees?
Asleifmemiródivertidaalzandounacejacontraviesasuspicacia.
—¿Cuestionasalosdioses,pequeñabondi?
—Másbientumaneradeinterpretarsusdesignios—repliquéconsorna.
—Thoragitasumartilloparabendecirnos,nosalientaabatallar—explicósacudiendolacabeza
yponiendolosojosenblanco—.Deberíasconoceryasuscuriosasformasdemanifestarse.
—Curiosas son, no te lo discuto, y variables también, pues, haga sol o llueva, todo parece
indicarosquecorráisalabatalla.
Asleifdejóescaparunasonoracarcajadaqueinquietóasumontura.Elanimalsacudiólacabeza
y agrandó los ollares, frunció su labio prensil mostrando los dientes en un piafado desconcertado,
paraterminarrecibiendodesuamaunasconsoladoraspalmadasenelcuello.
—¿AcasohayincentivomejorparaentrarenelValhalla?—profiriólaskjaldmötodavíarisueña.
—¿Tantasganastienesdeperdermedevista?
Laguerrerameregalóunaradiantesonrisa,chasqueólalenguaynegóconlacabeza.
—PuedequeentremosjuntasenelValhalla,ytengaqueaguantartedurantetodalaeternidad—
bromeó,altiempoquesacudíalasriendas.
—Puede —convine. Y en ese momento tomé mucha más conciencia de la muerte y del riesgo
quecorríamos.
Asleifmeechóunfugazvistazo,antesdealzarsesobrelosestribosparaatisbaralfrenteentre
losjinetesqueteníamosdelanteconsemblanteansioso.
—Freya, lo conseguiréis —murmuró en tono tranquilizador—. Haré cuanto esté a mi alcance
paraayudaros.
Esbocéunaemocionadasonrisaagradecida,yneguéconlacabeza.
—Lo único que te pediría es que evitaras en lo posible atravesar las puertas del Valhalla. Y,
quizá,quereconsideraraselacompañarnos.
—Soyunaguerrera,Freya,noambicionomásvidaquelaqueposeo.Soylibre,vosotrosno.
—No,nosotrosno—concedícongravedad—.Ysólohallaremoslalibertadenlamuerteoenla
huida.
—Confía,Freya;tomasteladecisióndeserlibreylucharporello.Sealoqueseaquetedepare
eldestino,yaestáescrito.
En ese instante los caballos relincharon ante una resonante e imperiosa voz masculina que
anunciabalapartida.
La vanguardia, formada por el rey y sus capitanes, comenzó la marcha bajo un cielo
tormentoso,dondejuegosdelucesresplandecíanopacados,formandofugacescercosluminososen
elespesoyemplomadoamasijodenubesoscuras.Lasladerasparecieronmásverdes,yaveladaspor
la humedad que cargaba el aire, y una intensa fragancia herbal y terrosa se alzó sobre el amplio
páramo,claropreludiodelalluviaqueprontoderramaríaelcielo.Quizácomobendición,maldición
osimpleadvertenciadivina.
Las tropas se alinearon avanzando en un trote que aumentaba gradualmente a medida que
salíamosdelpoblado.
NadiehabíareparadoenlaausenciadeValdisyJorund.Porfortuna,debíandeestaryalejosde
allí,oesoanhelabacontodamialma.Nosabíasivolveríaaverlos,comotampocopodíavaticinarlo
queeldestinohabíaescritoenelpliegodemivida.Encambio,teníamuyclaroloqueyopensaba
escribirenél.
Lasfuribundasnubesnotardaronendescargarsobrenosotros.Mecubríconlacapuchademi
capa,sindejardearrearamimonturaconlaotramano.Laatronadoramelodíaformadaporcientos
decascosdemonturasgolpeandoelterrenoenungaloperegularfueenvueltaporelsonidodeuna
lluviavirulenta,yamenizadaporabruptostruenos,comosiThorliberarasuiracontranosotros.
Cerré mi mente a pensamientos apesadumbrados y preocupaciones angustiosas, y cabalgué en
sincroníaconelrestodelosjinetes,comosicadasacudidadelcaballoquemealzabadelasillaen
unaaplacadoradanzarítmicatuvieralapropiedaddeexpulsardemicabezalaansiosaincertidumbre
queinsistíaenabatirme.
Recorrimos los páramos en silencio, como si fuéramos una misma masa, una mancha oscura
atravesando un verde claro, como un estandarte móvil anunciando muerte y dolor, una sombra
tenebrosaavanzandotenazbajolatormenta,ávidadesangreyansiosadelucha.
Trascurrió la jornada sin incidentes, y agotados y ateridos montamos el campamento al
resguardodeunaalamedadelimitadaporunaaltaparedrocosa.
Comimos,bebimosydescansamosalamparodeburdastiendasque,bajolacopadelosárboles,
conteníanladébillloviznadeunatormentayaresacosaymoribunda.
Laoscuridadextendíasusdominios,yeladormecedorsonidodeunperezosogoteocerrabamis
pesadospárpadosydestensabacadamúsculodemiexhaustocuerpo.
Mislabiosdibujaronunasonrisaantelaapariciónenmimentedeunrostrofamiliarderasgados
ojosverdesquemeinvitabaadormirasulado.Mearrebujébajomimantoymedejéllevarporel
sueño;élestabajuntoamí.
No sé cuánto tiempo llevaba durmiendo cuando desperté alterada, sintiendo apremio a mi
alrededor. Algo pasaba; se oían murmullos soterrados y pasos acelerados. A mi lado, Asleif, que
compartía tienda conmigo, se refregó los ojos desorientada, y se detuvo un instante a escuchar los
sonidosquependíanenlanoche.
—Saldréaaveriguarquéestáocurriendo—mascullóconvozronca.
En ese instante una cabeza asomó entre los mantos, que sobre un precario armazón de palos
hacíadetienda,sobresaltándonosaambas.
—Halfdanterequiereasupresencia—musitóelguerrerodirigiéndoseamí.
SalígateandodelatiendaantelamiradaextrañadadeAsleif.
Me envolví en mi manto y dejé que el guerrero me escoltara hacia la tienda del rey. Nos
acercábamosalumbralcuandoemergieronvarioshombresdeella.Laluminosidaddeunalunaplena
y esplendorosa fue suficiente para reconocer con claridad el horrorizado y alarmado rostro de
Halfdan.
—Vienesconmigo—sentencióadusto,ajustándoseelcintoycaminandoconpremurahaciasu
caballo.
—¿Adónde?
Halfdan subió a lomos de Tyr de un grácil movimiento, se inclinó y me ofreció la mano. Su
gestonoadmitióreplica.
Aturdida,selaofrecí,lacogióydeunabruptoempellónmeizótrasél.Meacomodéenlasillay
rodeélacinturadelreyconlosbrazos.
—¿Quéocurre?—insistíconelpulsoacelerado.
—No hay tiempo para las palabras. —En su angustiado tono descubrí la gravedad del asunto;
aquelloacicateómicuriosidadyencogiómicorazón—.RegresamosaHedemark.
Partimosderegresojuntoaunaveintenadecurtidosguerreros,lamásfieraescoltadelrey.Un
malpresagioviajóconmigoenaquellanochedelunallena,aleteandoenmipecho.Tuvelacertezade
quemidestinofinalcomenzabaesanoche.
AntesdellegaraHedemark,nosdetuvimosenunrecododelcaminoeltiemposuficientepara
queHalfdandespacharaasushombresconórdenesconcretassobreelplantrazado.Desconcertaday
confusa, aguardé en silencio viendo cómo posicionaba a sus hombres para lo que parecía una
emboscada.
Todosasintieronconformesycabalgaronprestosacumplirelmandatodesurey.Unavezsolos,
Halfdansevolvióhaciamíenlamonturaymesujetólabarbillaparaacaparartodamiatención.Un
nudoseafianzóenmivientreanteeldurorictusdelhombre.
—Escúchame,Freya,eltraidoreseljarlHaraldelImplacable;debíhabertehechocaso,peromi
ambición sofocó los recelos que ese hombre despertaba en mí. Esta noche, un mensajero suyo ha
llegadoalcampamentotrayéndomeunmensaje.Aprovechandomiausencia,hantomadoHedemark,
y hecho prisionera a mi reina. Quiere tenderme una trampa —explicó suspicaz—: a través de su
emisarioexigemipresenciaylatuyaomataráaRagnhild.
—¿Lamía?—inquiríconfundida.
Asintiónerviosoylívido;lasoscurassombrasbajosusojosseacentuaron.
—Tampocoyoloentiendo.EsfáciladivinarquequieramatarmeyofrecermicabezaaHorik,
puesnoguardodudaalgunasobrequefueélquienavisódemiinvasiónaHorikyleaconsejóllamar
alaflotadeLodbrokparaqueprotegieraasurey.Peromedesconciertatulugarentodoesto.
Algonoencajaba,pensé;bieneraciertoqueHaraldmedetestabacomoyoaél,peroresultaba
más que llamativo que se molestara en atraerme a la emboscada que le tenía preparada a Halfdan.
Aquellonoteníasentidoparamí.
—¿YcreesquetushombresseránsuficientesparadeteneraHarald?Temataráencuantotevea
entrarenlaaldea.
Lamiradadelhombreseoscureció,lalíneadesuslabiosseendureció,unmúsculoseencogió
ensumentónysuspuñossecerraronconmásfuerzatodavía,sujetandolasriendas.
—Tengo que arriesgarme, la vida de mi heredero está en juego. Cuento con que quiera
divertirseantes,legustajugarconsuspresas.
Asentí; nadie mejor que yo sabía cómo le gustaban esos juegos. Era un hombre vil y cruel, y
bebíadelsufrimientoajeno.Someterseasusdespiadadoscaprichosporsalvarunherederoaltrono
noentrabaenmisplanesprecisamente.Gunnarmeesperaba,mientrasyoestabaatrapadaenlaredde
laambiciónylamaldad,asíquenolodudé.
Esperé que Halfdan me diera la espalda para guiar de nuevo su montura hacia la entrada al
pueblo; entonces llevé con disimulo mi mano al ancho cinturón que ceñía mi túnica y desenfundé
sigilosamenteunapequeñadaga,queescondíenlapalmademimano.
Fijélosojosenelcuellodelhombreydecidíque,sierarápida,podíarebanarsugargantadeun
solotajo,abandonarsucuerpoyhuiralomosdesucaballo.
Tomé aire lentamente reuniendo la templanza y la frialdad necesarias para acometer con
prestezamidecisión.Llevéunamanoasuhombroyapoyélabarbillaenelotro;aquellaposeenvaró
laespaldadelhombre.Deformainstintivadepositéunsuavebesoenellateraldesucuello,paraque
seconfiara.
—Freya—ronroneóafectado—.Simedejaras....
Llevéloslabiosasuoreja,apenasronzándola,ypronunciéconseductoracandencia:
—Tedejaré...mirey...parasiempre.
Ydeunprestomovimientoalarguéelbrazo,empuñéladagaylallevéasugarganta.
Nollegóaella.Unamanofirmeapresómiantebrazo,tiróconfuerzaymeempujóaunlado,
haciéndomecaerconviolenciadelcaballo.Elimpactofuedoloroso,ynisiquieratuvelaoportunidad
deintentarponermeenpie.Elreycayóahorcajadassobremí,ymeabofeteóconsaña.
—¡Perra!—escupiósiseante.Teníalamiradanubladaporlafuria,yundescompuestosemblante
crispado—.Imaginécuálseríatuintenciónencuantotelocontaray,aunasí,confiéenequivocarme.
Palpó mi cuerpo con hosquedad, despojándome de todas las armas que portaba. Luego se
incorporóyamíconél,mevolvióburdamente,apresómismuñecasylasatóconunacuerdaque
sacódelaalforja.
—Ahorasí,eresmipresa—gruñóafianzandolalazada—.Ycomotalteentregaré.Nopensaba
hacerlo cuando Harald me exigió que te entregara junto a un puñado de tierras como premio por
conseguirmelacabezadeHakeelBerseker.Pero,ahora,acabasdesentenciartudestino.
Mesubióalcaballodenuevocomosifueraunfardo,yseencaramódetrás.Arreólamontura
conapremioypartimosalgalope.Laaceleradagalopadasacudiócondolortodomicuerpo,comosi
fueraunavulgarmuñecadetrapo.Memareéylasnáuseasmehostigaronpeligrosamente.
Porfortuna,estábamosaunpasodelaaldea.Halfdandisminuyóeltrotecuandoseadentróenél.
—Sidesvelaslaposicióndemishombres,tejuroporlosdiosesquenosaldrásvivadeaquí—
siseómientrasdesmontaba.
Guioalcaballoporlabrida,caminandoasulado,mientrasyomearqueabaincómodaconel
vientresobrelasilla,yeltorsoylaspiernaspendiendoaambosflancosdelanimal,conlasmanos
atadasenlaespaldayelcabelloocultándomelavisión.
—Dejadeagitarteotecaerás—advirtióHalfdanconsequedad.
—Suéltame,ahoraestamoslosdosenapuros.
—No,túdecidistetulugar,atacándome,yesése.Ahoracierralaboca.
Entrelososcurosmechonesdemimelenaentreveíatansóloelterrenoporelquepasábamos,
algúncercadoylosespolonesdeTyr;maldijeparamisadentros.
Reconocíelclaroenelquenosadentrábamos;setratabalaexplanadafrentealgranskáli.Unos
pasosseacercaronanosotros.
—Mealegracomprobarqueatendistearazones.—Aquellavozrasgadaysecapertenecíaaljarl
Harald;unescalofríomerecorrió—.Yqueademásportasloqueseteexigió.
—¿Dóndeestámireina?EltratoeraFreyaporella,aquílatraigo.
Unaccesodefuriameagitóconviolenciasobrelasilla.
—¡Malditocuervo,metrajisteaunintercambio!—proferícolérica.
Unas manos me agarraron por la espalda y me arrastraron hasta derribarme nuevamente del
caballo.
Ahoguéungemidodoloridocuandomicuerpoimpactóenelsuelo.
—Si has intentado matarme sin saberlo, ¿crees que hubiera sido sensato decirte que eras mi
monedadecambio?
Mealzarondelsueloapresandomismaniatadasmuñecas;unamanograndeyrugosaaferrómi
mandíbulaconfuerzaymeencaróaunrostrohuesudo,defríamiradaazulhielo.
—Parecequenuestrosdestinossecruzandenuevo,loba—arguyóHaraldelImplacable,conuna
sonrisa amenazadora adornando una boca de labios finos y ajados—. Pero esta vez no has de
temermeamí,mujer.Conunacenatuvemásquesuficienteparasaciarmedeti,ymásrecordando
cuántomecostódigerirla.
—Creíque...—intervinoHalfdanconfusoyalerta.
Eljarllesonriótaimado,compusoungestoimperiosoyungrupodeguerrerosnosrodearon
apuntándonosconsusespadas.
—Resulta curioso que me haya esforzado tanto por destronar a los reyes del norte, para
terminarsupeditadoaunareina.
Contuveelalientoanteaquellarevelación.Halfdansofocóungemidosorpresivoymemirócon
denodadoestupor.
—Cuánagradableeslavueltadelesposo,sobretodoalahoradelnattverdr—anuncióunavoz
suaveymelosa.
Aquellavozmeerizólapielyrevolviómiestómagodenuevo.
Ragnhild caminaba lánguidamente hacia nosotros, sin prisa, regodeándose a cada paso,
paladeando nuestro pavor, deleitándose en la exquisita perfección de su tela, cimbreándose en su
trama,relamiéndoseantesusmásansiadaspresas.Lavoracidadrefulgióensumiradaylaperfidia
iluminóunasonrisatriunfal.
Laarañasefrotabalaspatasysalivabaanteelmanjarquecompondríaesanochesucena.
48
Unamoscadevorandoaunaaraña
Fuimos conducidos a empellones hacia el gran skáli ante la estupefacción de los aldeanos, que
prefirieronacomodarsedócilmentealanuevasituaciónqueatreverseaalzarseenarmasporsurey.
Nos condujeron hacia el entarimado donde se elevaban los dos sitiales y nos postraron de
rodillasfrenteaambostronos.
En el del rey tomó asiento de forma significativa Ragnhild, con expresión de arrobada
complacencia,yeneldeellaseacomodódeunmododistendidoeldespreciablejarl,queseatusaba
sucrespayníveabarbaconsemblantejactancioso.
—Bien,Harald,cumplistemisdeseos,dosplatosfuertesparaungrannattverdr,y,porlotanto,
seráselcondequemásregionesgobiernebajomimandatoymimanoderechaenestereino.
—Yyo,mihermosareina,osrindopleitesíahastaquelosdiosesmellamenasupresencia.
—¡Quieres mi cabeza! —exclamó Halfdan furibundo, con expresión desesperada—. Tómala,
perolibéralaaella,ennadaatentacontratureinado,sólodesearegresarasutierra.
Aquelarrebatoencendiólasmejillasdesuesposaconunruborcoléricoqueempañósucalma,y
lainstóaponerseenpie,rígidaytemblorosa.
—¿Liberarla, dices? —silabeó contrariada—. ¿Osas interceder por tu amante ante mí?
Realmenteerestemerario,esposomío;notefuesuficienteconhumillarmeanteella,despreciarmede
tulechoeignorarmipresenciaporesta...vulgarramera;no,todavíatieneslosarrestosdesuplicar
porsuvida.¿Tantolaamas,condenadobellacoinmundo?
—¿Tantolaodiastú?—replicóélsosteniendoretadorsumirada.
—¡Sí!—escupiócondesprecio—.¡Túlapusisteporencimademí,deunareina;sólounadiosa
gozadetalcondición!
—O tú te pusiste por debajo con tu comportamiento vil y despiadado —refutó el rey
temerariamente.
Ragnhildseacercóasuesposoyloabofeteócontodassusfuerzas;asuaniñadorostroasomó
unmalprimigenio,comounamáscaraespantosaquedeformósusfaccionesyenrojeciósumirada,
asemejándoseaunfierodemonioescapadodelultramundo.
—¡Voyahacertepagartodasycadaunadelashumillacionessufridas,bastardo!—amenazócon
vozgruesaydesconocida—.Yenesteinstantevoyamostrartequiénsoyenrealidad.
Dirigiólavistahaciaunodesushombresysacudiólabarbillaparallamarloasupresencia.
—Traedmeunastenazas—exigióconexpresiónávida.
Seacercóamíconunasonrisamaléficaquemeprovocóescalofríosy,cogiéndomedelcabello,
tiróconfuerzaparaalzarmirostrohaciaeldeella.
—Megustótusabor,zorra—siseópasandolalenguapormimejilla—ytuspezones.
Un guerrero, con semblante turbado y gesto vacilante, le entregó unas tenazas de herrero, y
retrocediótemeroso.
—¡Rasgalapecheradesutúnica!—ordenóimpaciente.
Halfdansesacudiófrenéticoyfijóenmíunaacuciantemiradapavorida.
—¡Noteatrevasatocarla!—rugióenrojecidoyfueradesí,sindejardeagitarse.
Ragnhildensanchósusiniestrasonrisaypasóávidalapuntadelalenguaporsuslabios.
—Ahora todo me pertenece —le recordó mientras contemplaba incluso con lascivia cómo el
guerrero rasgaba la parte frontal de mi túnica, exponiendo a la vista mis pechos—, soy la dueña y
señora de estas tierras y de todo lo que mora en ellas; yo decido cuándo y cómo moriréis, pero
puedoadelantartequenoveréisamanecerunnuevodía.
Le arrebató las tenazas al hombre y las abrió ante mí lentamente, regocijándose en mi más
acervadoterror.
—¡Sujétala!
Meinmovilizaronporlaespalda;ungruesoantebrazorodeómicuello,obligándomeaarquear
la espalda ligeramente hacia atrás. Fue inútil resistirme. Un aprensivo pavor aceleró mi pulso,
convulsionandotodomiinteriorenunagranvoráginedesatadadeangustiaquemeparalizó.
—Voy a arrancarte los pezones, y obligaré a Halfdan a que los lama, como tanto le gustaba
hacer,hastaquedecidacortarlelalengua.Necesitoespacioparameterlelavergaenlaboca,cuando
locastre.
Acercó la punta de las tenazas de hierro entreabiertas a mis senos; sentí su frío contacto
rozándolosycontuveunaarcada.Mispezonesseendurecieronenelacto,constreñidosydolorosos.
—¡Hasperdidoeljuicio,maldita!—increpóHalfdansindejardedebatirsefrenético.
—Silohubieraperdido,nogozaríadeloqueestoyapuntodehacer...ypiensodisfrutarlo—
adujolareina,retirandoambosmechonesdoradostrassusorejasydespejandounhermosorostrode
ángel, oscurecido por la liberada maldad que siempre había anidado en su alma, y que ahora se
mostrabaentodosuponzoñosoesplendor.Yapesardeserconocedoradeella,nosóloatravésde
los enemigos que se habían cruzado en mi camino, sino de ese odio tan infame del que yo misma
habíasidovíctimayverdugo,deesosanhelosdevenganza,deeserencorquemehabíareconcomido
pordentrohastahacermeolvidarquenoimportabaelcaminoelegido,siempreycuandoteprocurara
loqueanhelabas,fueentoncescuandocomprendíaquelirreparableerror.Lamaldadnosecombate
con maldad, pues, si necesitas el odio como arma, ya has sucumbido a ella, ya has traicionado tus
valores,tucorazón,yatehavencido.
Yahí,enlaantesaladelatortura,amerceddeundemonioyalaspuertasdelamuerte,descubrí
que ese lobo que había dirigido mis pasos cuando volví a renacer, ese lobo rencoroso y feroz,
vengativoeimplacable,gobernadoporlarabia,eraelquemehabíapuestodondeahoramehallaba.
Queesafrasetantasvecesrepetidapormí,amododevendaenlosojosdemiconciencia,dondeno
importaban los medios sino el fin, donde todo se justificaba en pos del objetivo perseguido, se
convertíaahoraenmimáshumillantederrota.
Todoimportaba,cadapaso,cadadecisión,cadapensamientoycadapalabra,yaque,sieranlos
correctos,losafinesatupropioser,losfielesatucorazón,seríanlosquedeterminaranelfinal.Pues
¿de qué servía alcanzar un logro si en el trayecto nos perdíamos a nosotros mismos?, ¿si
terminábamossiendootrapersona?O,peoraún,convertidosenunsertanabyectocomoalquenos
enfrentaba el destino. Y entonces caí en la cuenta de que llevaba mucho tiempo sin ver mi propio
reflejo;abuenseguro,simehubieradetenidoacontemplarmisojos,habríavistoenellosaaquéllos
alosquemeenfrenté.LeonoratuvoqueconvertirseenShahlaa,yéstaenFreya,peroeselobeznoque
maduróypasóaserunloboaguerridosehabíadejadodevorarporélmismo.Yahora,¿quiénerayo
enrealidad?
Miréelodioenlosojosdelareina,comounamanchaoscuraychisporroteantedepuramaldad,
yporalgunarazónesarevelacióndesabermeliberadademipropiainquinaotorgoalgodepazami
ser. Yo no era como ella, porque decidía no serlo. Incluso si tenía la oportunidad de sobrevivir al
horror que me aguardaba, no me vengaría, sólo huiría buscando no únicamente la libertad, sino a
aquellaquefui.
Depronto,mispensamientossediluyeronenunatandadevirulentasbofetadasquegiraronmi
cabezadeformaabrupta,nublándomelavisión.Sentídeinmediatofuegoascendiendopormirostro,
cómo me latían las mejillas, y un hilillo de sangre manando por el orificio de mi nariz;
paradójicamente,nosentínadamás.
No sé qué pudo ver Ragnhild en mi rostro para que el suyo se sulfurara. Pero continuó
abofeteándomecadavezconmásímpetu.
Cuando,jadeante,sofocadaydesmadejada,logrósepararsedemílosuficientecomoparapoder
dirigirymanipularaquellasespantosastenazascondestrezayhabilidad,descubrí,además,quesólo
meprovocabacompasión,yanisiquieradesprecio.Ellobooscuroretrocedía,puesyanoencontraba
sualimento;sonreí.
—Vasaretorcertededolor—adelantócadavezmásdesquiciada.Estavezsuinsidiosamiradase
tiñó con un deje confuso del que comenzaría a germinar una incipiente frustración. Buscaba mi
pavor,misúplica,miagonía;nadadeesoencontróenmiexpresión.Sudesconciertocomenzabaa
serevidente.
—Puede—concedíconcalma—,almenoshastaquemividaseapague,perodespuéshallaréla
paz.Encambio,tú,nienlamuertelaencontrarás.
Cerré los ojos ante el comienzo de mi tortura, invocando una mirada verde musgo,
despidiéndome de la verdadera razón de mi existencia. Completamente agradecida a la vida por
haberme permitido conocer el amor más puro e irrompible que jamás haya existido, por haberme
entregado el corazón del mejor de los hombres. Y aunque ese favor divino lo estaba pagando con
sangre, bien merecía todo lo sufrido, por un sólo instante entre sus brazos. Me despedí con el
convencimientodequevolveríaaencontrarlo.
Pronuncié su nombre en apenas un susurro y, no bien terminé de modularlo en mis labios,
cuandosedesatóelinfierno.
Una batahola de gritos y cruces de espadas atravesaron las grandes puertas del skáli, silbantes
flechas se hundieron en los cuerpos de guerreros que había en torno a mí, consiguiendo que los
hombrescorrieranaenfrentarsealosasaltantesylasmujereshuyerandespavoridasahuecadassobre
susretoños,mientraslosprotegíandelareyerta.
Ragnhild no fue una de ellas; me agarró de la melena y me llevó tras ella cual ave carroñera
arrastrandoconterritorialavidezsupartedelfestín.
Noobstante,surecorridoapenaslogróavanzarunospasos;otraave,éstarapaz,secerniósobre
ella,derribándolayaplastándolacontraelsuelo.
—¡Huye,Freya!—alentóHalfdan.
Necesitabadesatarmismuñecassiqueríateneralgunaoportunidad,ylaayudalarecibídequien
menosloesperaba.
Sigridapareciódelanada;mirandodehitoenhito,desenfundóunpequeñopuñalycortómis
ataduras.
—Acabaconella—medijoentregándomeelarma,conunexcitadobrilloensumirada.
Lo primero que decidí hacer fue liberar también las muñecas de Halfdan, que permanecía
debatiéndoseconsuesposa,lacualserevolvíacomounaserpientebajounabota.
Cuandomeacerquéalaespaldadelrey,ymeentretuvecortandosuscuerdas,Halfdaninclinó
violentamente la cabeza hacia atrás, brotando de él un alarido ensordecedor. Al cabo, vi cómo una
hileradesangrerecorríasucuello.
Libre, se incorporó para lanzar un feroz puñetazo sobre el rostro de su esposa, que tras un
gemidodoloridoparecióperderlaconsciencia.Porelsecocrujidoqueoí,supusequelehabíaroto
lanariz.
Halfdansellevólamanoasuorejaizquierda,delaquemanabagrancantidaddesangre.
—¡Mehaarrancadomediaorejadeunmordisco!
Nobienmeincorporaba,Halfdan,quesehabíavueltohaciamí,agrandóespantadolosojosyse
abalanzóapremiante,empujándomeburdamentehaciaunlado,justocuandounaespadaseclavabaen
suhombro.
JadeéenelsueloymerevolvíalertaempuñandoladagadeSigrid,ymeencontréaljarlalzando
suacerodenuevoparadescargarloenHalfdan,queheridoseencogiórugienteyarremetióconla
cabezacontrasuoponente,contalvehemenciayrapidezquederribóasucontrincante,forcejeando
paraarrebatarlelaespada.
Tras un brutal cabezazo, que devastó la boca del jarl, convirtiéndola en un amasijo
sanguinolento de dientes rotos y colgantes y labios cortados, se enredaron en una pelea mortal.
Halfdan recibió un rodillazo en una ingle que lo dobló en dos. Rodaron por el entarimado
esparciendolasangredesusheridasyelodioquerezumaban.
EljarlHarald,astutoysolapado,comenzóagolpearconenconolaheridaenelhombrodelrey,
quesangrabaprofusamente,consiguiendoreducirloyponersesobreél.Castigósinpiedadlabrecha
porlaquehabíaentradosuespada,arrancandodeHalfdansofocadosgemidosdolorosos.
Fijé los ojos en la espalda del jarl, inmerso en los golpes que propinaba, y supe que, si no
intervenía,Halfdanmoriríaamanosdeesemalnacido.
No lo pensé; me aproximé de forma subrepticia y con celeridad y precisión clavé hasta la
empuñaduralahojadeladagaquetodavíasostenía.
Hundíelaceroensunuca,enunmortaldescabello.Elcuerpodeljarlseenvaró,llevólacabeza
tanatrásquefijósusglacialesojosenmíuninstanteantesdeapagarselaluzdesumirada.Y,porfin,
cayólaxosobreelpechodeHalfdan,quejadeabaconlosdientesapretadosacometidoporoleadasde
dolor. Sin miramientos y con premura, empujé el inerte cuerpo del jarl hacía un lado y me cerní
sobre Halfdan para intentar ayudarlo a ponerse en pie. Logré cobijar mi hombro en su sobaco y
acomodésufuertebrazoderechosobremicuelloparaacomodarelpesoamicuerpo,peroeracomo
levantarunarocaancladaalsuelo.
—Vamos, maldito cuervo, todavía tienes un reino que defender y otro que ganar —alenté,
frunciendoelceñoyresoplandoporelesfuerzo.
Susojosestabanempañadosysurostrocrispado,peroasintióymeayudóalevantarlo.
—¡Losusurpadoreshansidovencidos!—comencéadeciravozengrito,animadaalcomprobar
queloshombresdeHalfdanempezabanaimponersealoshombresdeljarl—.¡Rendíosysalvaréisla
vida!
Algunos guerreros miraron en mi dirección confusos y vacilantes. Otros, al contemplar el
cadáverdesulíderyalareinaconelrostrobañadoensangreeinconscienteenelsuelo,tiraronlejos
la espada y se sometieron cayendo de rodillas e inclinando la cabeza. Aquel gesto comenzó a
expandirseentrelastropasdeljarl,silenciandoelskáli.
Miréenderredor;cuerposmutilados,sangre,ymuertealfombrabanelsuelo.Todoprovocado
porunasolamujer,aquellaquecomenzabaadespertaraturdidaydolorida.
Ayudadaporotroguerrero,sentamosaHalfdanensutrono.Estabalívidoytrémulo.Sepalpó
conlaotramanosusangrantehombroyapretólosdientesenunamuecasufriente.
—¡Rápido,uncuencoconaguaytirasdelino,agujaehilo!
Halfdanhundiósusnegrosojosenlosmíos,ysentísobremíunatersamiradaacariciadora.
Un grito tortuoso y furioso nos paralizó. Ragnhild cubría su quebrada nariz con las palmas
ahuecadas,mientrasnosfulminabaconunamiradaabominable.
—¡Maniatadla!—ordenóelrey,entonotajante—.¡Esmiprisionera!Hastaquedéaluz,nadiele
haráningúndaño.Cuandoalumbreamihijo,yomismoserésuverdugo.
Sus hombres acudieron prestos a cumplir su mandato. Ragnhild fue maniatada, entre llantos y
quejidos lastimeros. No obstante, no me pasó por alto la mirada artera que me regaló. Mientras
viviera,noestabavencida;podíaadivinarconsomeraclaridadquelascuatrolunasquelequedaban
paraalumbraralherederoseríanbienaprovechadasparaintentarescaparovoltearlasituaciónasu
favor.
Meesmeréencuraralrey.Lavécondelicadezalaheridaymedispuseaenhebrarlaagujade
huesoconconcienzudaatención.
—Deberíasusaresaagujaentutúnicaycerrarla,aunquesemejantedistracciónesmáseficiente
paraaturdirmequeunabuenajarradecerveza.
Alcé una ceja y fruncí el ceño reprobadora; el tajo de mi túnica dejaba expuestos mis pechos,
sobrelosqueHalfdanteníafijoslosojos.
—Mientrastengaslasmanosquietas,nocomprobaremossiesmásefectivamimanoquemisola
visión.
Elhombresonriódivertidoyasintióapartandolosojosdemíhacialahendiduradesuhombro.
—Sizurcestanbiencomoamenazas,meharásunestupendobordado.
Estavezfuiyolaqueesbozóunacomedidasonrisa.
—Esopretendo,mirey.
—Notesometas,mujer,omeharáscreerquetengoalgúndominiosobreti.
Ensanchélasonrisayneguéconlacabeza.
—Sóloyolotengo—afirméconconvicción.
Enlainsondablemiradadelhombrerelucióunmatizadmirado.
—Ingobernable,astuta,valerosayhermosa;losdiosesjugaronconmisilusiones.Nosésiseré
capazdeperdonarlessucrueldad.
ClavélaagujaalprincipiodelcorteydeslicéelhilosinqueHalfdanemitieraunsolosonido.
Puntadaapuntadafuicerrandolaherida,concentradaenmilabor;nofuiplenamenteconscientedela
atenciónquemededicabaelhombresobreelquemeinclinaba.
—Creoquesobrevivirás—sentenciéburlescaafianzandoelnudofinal.
—Puedequemicuerposí—musitóabatido.
Meapartéparacogerellienzoymeesmeréenaplicarleunvendajeprolijoycompresor,para
evitarelsangrado.
—¿Hacesalgomal?—preguntójocoso.
—Ahoramismo,perdereltiempoconalguienquemeutilizó.
—¿Terefieresaunpobreinfelizalqueestuvisteapuntoderebanarelpescuezo?—contrapuso
ceñudo.
—Aesemismo,justoalqueacabodesalvarlelavida.
—Cierto—admitió—ypiensopagarmideuda.
Sostuvesumiradaconsemblanteimperturbable.
—Voy a reunirte con él, lo sacaré de la batalla, yo mismo lo traeré hasta ti y permitiré que
huyáistanlejoscomodeseéis.Yahoracúbrete;¿nocreesqueyahesufridosuficiente?
Estranguléunasonrisaansiosayesperanzadaymealejéenbuscadeunatúnicanueva.Medirigí
alLokrekkjareal,abríelarcóndelareinayextrajeunahermosatúnicaroja.Justosalíadelaalcoba
cuandounalaridoescalofriantemesobrecogió,helándomelasangre.
Traselgritodemujer,rasgadoyespeluznante,unrugidomasculinoretumbóenelaire,flotando
portodalasalayparalizandoacuantosmorabanenella.
Boquiabierta y horrorizada presencié cómo Sigrid extraía un puñal del cuerpo de Ragnhild,
quien,atadaaunacolumna,permanecíaindefensa,mientrasunayotravezacuchillabansuabultado
vientreanteelparalizadoestupordelospresentes.
—Estamosenpaz,malditarata,tuhijoporlosmíos.
LadesquiciadasonrisadeSigriddiopasoaunacarcajadaquemeerizólapiel.Ragnhildsólo
eracapazdemirarseelvientre,pordonderezumabaunasangredensayviscosadelosnumerososy
profundoscortesporlosqueescapabalavidadesuhijoylasuyapropia.
Halfdan,horrorizado,lívidoydesesperado,seabalanzóhaciasuesposay,cayendoderodillas,
intentótaponarlasbrechassangrantes,comosienaquelinfructuosogestofueracapazdeimpedirlo
inevitable.
Suherederoperecíaapuñaladoenelvientrematerno,mientrasél,agónico,sollozabaabrazado
alvientredesureina,queconmiradaperdida,pálidayvidriosa,contemplabalaoscuracabezadesu
esposoentreabriendoloslabiosenunrictusentreatónitoyaterrado.
UnoscurocharcodesangrecomenzóaextendersealospiesdeRagnhild,quienenunúltimo
hálitodeconscienciaabriólabocaparadejarescaparunalaridoagonizanteyrabioso,quecontuvoel
alientodelospresentes.Sigrid,apresadapordosguerreros,sonreíaplenamentesatisfecha,pláciday
orgullosa;peronofueenellaenquienrecayólarencorosamiradadelamoribundareina,sinoen
mí.
Un escalofrío me recorrió la espalda; mi corazón se detuvo un instante ante aquella turbia
miradaamenazadora.
—Esto...todavíanoha...acabado—agonizóconvozrasgadayopacadirigiéndoseamí.
Tosió y de sus labios brotó una bocanada de sangre negra que tiñó su barbilla. Un estertor la
sacudió, su piel de alabastro perdió brillo, su celeste mirada se enturbió y sus facciones
languidecieron, hasta aflojarse completamente. Su cabeza se desplomó laxa, tocando la barbilla su
pecho.Unadoradacortinadecabellocubriósurostro,poniendofinasuvida.
Un sobrecogido silencio se cernió en el skáli; sólo los sofocados sollozos de un hombre lo
rompían.
Ragnhildhabíasucumbidoasupropiamaldad,condenandounaestirpeconellaysentenciandoa
unreyalmásaciagodelosdestinos.
Deslicé la mirada sobre Sigrid. Ya no reía; su mirada vacua se empañó y su expresión se
oscureció.Volvíaasumundo,eldelassombrasperpetuas.
Sorprendentemente,habíasidounamoscalaquehabíaterminadodevorandoaunaaraña.
49
Buscandodosgemasverdes
CabalgabaenlagrupadeTyr,abrazadaalaespaldadeunhombreroto,evitandopensarentodala
muertequedejábamosatrásyenlaquenosaguardabadelante.
Llevábamosvariasagotadorasjornadasdeviaje,yelcansanciocomenzabaahacermellaenmí.
Me había negado en rotundo a partir sin Fenrir, que nos seguía con infatigable vigor y
encomiable lealtad. Aquel perro era sin duda mi más fiel guardián; dormía a mi costado y corría
juntoamimontura;noobstante,loquemássolazmeofrecíaeralacapacidadparatransmitirmesu
cariñoy,atravésdeél,dealgunamanera,sentíaaEyraamilado.
Nos habíamos reunido con las tropas acampadas ese mismo día y, a pesar de que yo deseaba
regresar a mi puesto en la facción de las skjaldmö, junto a Asleif, Halfdan no permitió que me
separaradeél.
HabíamosembarcadoenTønsberg;nofuefáciltranquilizaralasinquietasmonturasduranteel
trayectoporlasturbulentasaguasdelestrecho.Yapesardequeloslangskiperanlasembarcaciones
másgrandes,juntoconlosherskip,buquesdeguerra,snekkesyskeids,latravesía,aunquebreve,no
fuecómoda,pueslatormentaparecíaquererperseguirnos,comosielcielolloraraconantelaciónlas
almasqueprontocobijaríaensuseno.
EstábamosaproximándonosaViborg,laciudaddondeseatrincherabaelreyHorikalaespera
delallegadadesujarlLodbrok.VariosespíasjutosapostadosenellugarhabíanadvertidoaHalfdan
dequelaciudadamuralladahabíasidofortificadaysusdefensas,redobladas,convirtiéndolaenun
bastión inexpugnable; lo que más me angustiaba era que las tropas de Horik habían atacado a la
avanzadillacompuestaporlahirddelrey,lideradaporGunnar.
Corríaunasuavebrisaprimaveralqueperfumabalapraderayondeabaloslanceadosextremos
de la alta hierba, de manera regular y rítmica, como una lánguida marea en un océano verde y
brillante.Incipientessemillasrojizasrompíanelcolordearbustosymatas.Ylosárboles,pletóricos
devida,lucíansuscoloridosfrutos,floresybrotesnuevosconorgullo,comojactanciosospadresde
hermosos retoños. Los arroyos descendían briosos de las colinas, colmando la sed de un paraje
hibernadoquereventabaalavidadenuevo,insufladoporlamagiaqueexhalabaBeltane.
Habríapodidoimaginarqueestabaeneledén,sihubierapodidoolvidarqueesaspraderaseran
la antesala del infierno; que poco más allá nos enfrentaríamos a las tropas de Horik, y que
desconocíasiGunnarestabasanoysalvo.
YamedidaquenosacercábamosaViborg,esaincertidumbrefueconvirtiéndoseenaprensióny
malestar. Algo dentro de mí parpadeaba inquieto, como un aleteo incómodo en mi pecho; un mal
augurio,hubieradichoEyra.Yaquelnombreestrujómicorazón,robándomeelalientoyoprimiendo
ese dolor que me esforzaba por aletargar para poder mantener la entereza que ahora necesitaba.
Sacudí la cabeza, alejando la quemazón de ardorosas lágrimas incipientes, y tomé aire
profundamente,recobrandoelánimoyelaplomo.
Halfdanredujolamarchayseirguióenlasillaoteandoelhorizonte.Aflojélosbrazosentorno
asucinturaymeseparédesuespalda,ladeándomeunpocoparaatisbaralfrente.
Se vislumbraba un nutrido grupo de guerreros apiñados bajo un gran nogal, pero a aquella
distanciaresultabadeltodoimposiblediscernirsisetratabadelahirddelrey.
Elahuecadoysecosonidodeuncuernoanunciónuestrapresenciaaloshombresapostadosbajo
el gran árbol, que al cabo repitieron el mismo sonido y agitaron con particular frenesí varios
estandartesrojos.Aaquelladistancianosedistinguíalasiluetadeuncuervonegroenelcentro,pero,
sinduda,lohabía.Eranlosguerrerosdelahird.Mipulsoseaceleró,ymisdeseosdeveraGunnar
mesepultaronenunaluddeansiedad.
HalfdanarreóconfuerzaaTyryelcaballoseimpelióaunavelozcabalgadaqueapuntoestuvo
dehacermecaerdelasilla.
El atronador retumbar de cientos de cascos sacudieron la tierra con violencia, acallando el
sonido de la naturaleza y acompasando el corazón de los jinetes como si tambores de guerra los
animaranparalabatallaqueprontolibrarían.
Podía distinguir la alta empalizada de Viborg, y cómo en las atalayas se encendían hogueras,
alertandodenuestrapresencia.
Jadeé ansiosa; el viento ondeó mis negros cabellos y mi cuerpo se ciñó al de Halfdan en el
movimientoacompasadodelgalope,alzándonosligeramentedelasillaparaposarnossobreella,en
unbalanceoregularquenosfusionócomounsolojinete.
A raíz de los acontecimientos recientemente sufridos y la inevitable proximidad a la que nos
había forzado el viaje, mi opinión sobre él había mejorado de forma ostensible. Contemplar tanto
dolor en sus ojos, tan manifiesta desolación pintando su faz y tan acerba amargura dominando su
rictus, y a pesar de ello, mantener la templanza en sus actos, liderar su ejército con rectitud y
sensatez, y mostrarse respetuoso conmigo, no pudo más que ganar mi admiración. No obstante,
resultaba contradictorio que se apartara de mí cuando acampábamos, dedicándome una cortés
indiferencia,yqueseempecinaraenquecabalgaraensumontura.Noacertabaainterpretaraquella
extrañaconducta,nipensabaquedesdeñarlacambiaríalascosas.Enocasiones,cuandolodescubría
sentadosolofrenteaunadelasfogatas,meditabundoyausente,libredelamáscaraqueusabadurante
eldíaparacontenersusemociones,loobservabasubrepticiamentedescubriendoenéluntormento
que me conmovía. No lloraba, no gesticulaba, ninguna mueca alteraba su semblante, pero el dolor
que emergía de su mirada era tan atroz que encogía mi pecho, tanto que me costaba reprimir el
impulsodeabrazarlo.Habíaperdidoadosmujeresyacuatrohijos,latragediaparecíaperseguirlo
comounestigma;podíavercómoseapagabapocoapoco,reduciéndoseaunasobriasombradelo
quefue.Hubierasidomásfácilodiarlo,habermantenidoelrencorquesiempremehabíasuscitado;
la compasión era una emoción engañosa y peliaguda que debía controlar para no crear
malentendidos.
Alcé la cabeza para atisbar sobre su hombro, y él repitió el mismo gesto; esta vez su mejilla
rozó mi frente, el contacto le arrancó un profundo suspiro y, en ese preciso instante, supe por qué
necesitabacabalgarjuntoamí.Micontactoerasuconsuelo,eraunamaneradequeloabrazarasin
connotaciones confusas, sin complicaciones que nos incomodaran a ambos, sin albergar vanas
esperanzas o cobijarse en sueños imposibles. Y esa necesidad por ayudarlo a superar su pena se
desvaneció;sinembargo,miconmiseraciónporélcreció.
Nosdetuvimosfrentealahileradeguerrerosdelahird,quenosaguardabansonrientes.Hiram,
Sigurd, Erik y una veintena de hombres inclinaron sumisos la cabeza ante su rey. Busqué con la
mirada dos gemas verdes, que no encontré. Presa de la desazón, hice ademán de bajarme, pero
Halfdanmedetuvocongestoadusto.
—¿Dóndeestáelrestodemishombres?—preguntóentonograve.
—Guardanlapuertasurdelaciudad—respondióHiram—paraevitarqueHorikescape,como
ordenasteis,mirey.Gunnarnosdividiócuandofuimosatacados;hemosrepelidoyavariasofensivas
desdelaempalizada,peronadiehasalidodeViborg,almenosvivo.
Dirigimoslamiradahacialadelimitadafortalezaquesealzabasobrelapradera;eramásgrande
deloquehabíaimaginado.Porlasflechasquehabíaclavadasenelterreno,supusequeaquelárbol
eraelpuntoexactodondenoteníanalcance,lostentativosdisparosdelosarquerosapostadosenla
empalizada.
—Nohaytiempoqueperder—anuncióHalfdanconapremio—.Tenemosqueatacarlaciudad
antesdequelleguenrefuerzos.RodearemosViborgyprenderemosfuegoasusmurallas;esaratade
Horiksaldrádesuescondrijo.Avisaalrestodemihird.
Hiramasintióquedo,clavósushermososyprofundosojoscelestesenmíypronuncióenvoz
altayclara:
—Tranquila,lotraerédevueltaati—prometiósolemne.
Arreóasucaballoypartióprestoconsushombresalapuertasur,dondevigilabaGunnar.
Halfdan se volvió en la silla para encararse conmigo. Su penetrante y hosca mirada me
sobrecogió.
—No le cuentes lo de Eyra —advirtió con firmeza—. No hasta que estéis muy lejos de aquí.
Hastaaquíllegamipromesa,Freya,conestopagomideuda.Tehetraídohastaél,apartirdeahora
soisdueñosdevuestrodestino.Luchadamiladoohuid,ladecisiónesvuestra.Yahora,desmonta,
nuestrahistoriaacabaaquí,loba.Porfin,ycomotantohasansiado,elcuervovuelalejosdetulado.
Yeneseadiós,yapesardequesusemblantepermanecíatensoygrave,susojosrefulgieroncon
la llama de una despedida largamente meditada que rasgaba su alma, arrasada por el fuego de la
derrotayelpesodelarendición.Supealpuntoqueaquellabatallaseríalaúltima,quelachispadela
vidasehabíaapagadoenélyquelucharíanoporlaambicióndeadheriraquellaregiónasureino,
sinoporentrarenelValhallabuscandounapazqueaquíyanoencontraría.
Sentíunnudoatorandomigarganta,yelcalordelaslágrimasenmisojos.Alfinal,esaparte
noble que siempre había albergado en su corazón ganaba su particular batalla. Y, sin poder
contenerme,meabracéaél,derramandoenaquelgestotodoelcariñoquefuicapazdemostrar.Ensu
apagadoresuellopercibítodalaemociónqueloconstreñía.Apenasunpequeñotemblorlosacudió,
quizá conteniendo todo el llanto que se había empeñado en retener, quizá permitiéndose aquel casi
imperceptiblegestodedebilidad.
Lo estreché con fuerza y, aunque sus brazos no me rodeaban, supe que lo hacía su corazón.
Cuandomeseparédeél,ambosconmiradahúmedaysemblanteafectado,asentimoscasialunísono.
—Sóloesperoquealgúndíapuedasperdonarme—mascullóenunquebradohilodevoz.
Traguésalivaybajélamirada;verlasruinasquehabíatrassusojosmepartíaelcorazón.
—Yalohice,yomejorquenadiesélosdesatinosquesecometencuandoelcorazónsenubla.
Pero,apesardeello,necesitounacompensación.
Fruncióelceñoconextrañezayasintióconagudoabatimiento.
—Lucha,mirey—murmuréconteniendolaemoción—.Noporcumplirunaprofecía,sinopor
ti,porhallarlafelicidadylapaz,porconseguirtusdeseosypordefenderatupueblo.Lucha,telo
ruego.
—Yanohaynadaporloqueluchar—afirmóderrotado—.Mividasefueconmishijos.Todos
ellosmeesperan;yanoheredaránunreino,niliderarángrandesejércitos,noseránaclamadosporsu
pueblo,nisejactarándesusvictorias,nogozarándebellasmujeres,nibeberánhastadesvanecerse,
no sentirán el peso de una espada en las manos, ni harán sacrificios a los dioses... pero, al menos,
tendránasupadreconellos.
Cerrélosojosllenadeamargurayasentí.Habíadecididosudestino,nadaloharíacambiarde
opinión.
Ycomosiaceptarlamuertecomoúnicasalidaalaagoníalahubieraapresuradoasulado,ésta
asomó al borde de la colina, arropada por centenares de jinetes, estandartes ondeantes, gritos de
guerraycascosdecaballos.
LasaguerridastropasdeLodbrokrecorríanlapraderacomounmantooscuroaproximándosea
nosotros,comolaponzoñacarcomiendounaverdemanzana,comounnegronubarrónocultandoel
sol, como las alas de un dragón sombreando el páramo. Contuve el aliento; nos habían estado
aguardando.
—HoyveréelrostrodeltodopoderosoOdín—auguróHalfdan—,beberéambrosíademanosde
hermosasvalquirias,mereuniréconloseinherjer,losespíritusdelosguerrerosmuertosenbatalla,
yseréagasajadoconungranfestín.Hoy,Freya,seráungrandía.
La sonrisa que dibujaron sus labios se me antojó impaciente y, aunque la mueca apenada que
tildabasurostronollegóadesvanecerse,unanuevaluzpincelódecomplacenciasumirada.
Meayudóadesmontarysinapartarsusojosdelosmíosdesenfundósuespadaconrenovado
entusiasmo.
—¡Rápido,buscaaGunnaryhuyelejosdeaquí!
Y, de repente, un agudo chirrido nos alertó, dirigiendo nuestra atención hacia los grandes
portalones de la ciudad amurallada. Comenzaban a abrirse, vomitando de su interior una belicosa
masa de guerreros, a caballo y a pie, que jaleaban exacerbados, alzando sus armas, sedientos de
sangreyexultantesportenernosasumerced.Cerrabansucerco,atrapándonosdentro.
Comopecesconfusosenredadosenunagranred,loshombresdeHalfdanobservabanvacilantes
losdosfrentesquesecerníanfuribundoscontraellos.
—Ese viejo es astuto como un zorro —alabó Halfdan a su enemigo con un deje de sincera
admiración—,quizábrindemosjuntosenelValhalla.
Y giró su montura hacia la batahola de guerreros que surgían a borbotones de la ciudad. Tyr
relinchó,alzándosesobresuscuartostraseros,tanansiosocomosuamoporentrarenbatalla.
—¡Divide las tropas en dos facciones! —ordenó a su general, Orn—. ¡Yo lideraré el ataque a
Viborg!¡NodescansaréhastaclavarlacabezadeHorikenmipica!¡Habrásdeconteneralashordas
deLodbrok;siosrodean,formaduncírculoconescudosylancerosyresistidhastaquelogremos
salirdelaciudad!
Sus hombres asintieron y comenzaron a vociferar las órdenes al tiempo que la masa de
guerreroscomenzabaaposicionarseconansiosoapremio.
—¡Veconlasskjaldmö,Freya,tendrásquelucharhastaqueGunnarteencuentre!¡Aprisa,subea
tumonturaynoteseparesdeAsleif!
—¡Halfdan...!
Los oscuros y refulgentes ojos del rey recorriendo mi rostro con abrumadora intensidad,
bebiendo mi expresión, absorbiendo el detalle, quizá para recordarme allá adonde fuera; asintió
quedoconsingularaprobación.
—SidealgomejactarécuandobrindeenelgranbanquetedelValhallaserádehaberconocidoa
unahermosalobaquemeenseñólahumildaddeladerrota,perotambiénladulcevictoriadesaber,
justoantesdepartir,que,aunquenodelamaneraqueanhelaba,memetíensucorazón.
MislabiosseestiraronenunafrágilsonrisaqueHalfdancompartió.
SacudióbriosolasriendasdeTyr,mostrósuespada,comosifueraunaextensióndesubrazo,e
hizo el gesto de avanzar con la fiera altivez de todo un rey guerrero. Tras un grito feroz, partió a
galopetendido,seguidodelamitaddesuejército.
El fragor de la batalla se desató en la brillante pradera, rompiendo en un estruendo
ensordecedorquemeaceleróelpulso.Desenvainémiespadaycorríenbuscadelasskjaldmö. Por
fortuna no habían entrado en combate aún. Asleif, a lomos de su yegua blanca, atisbaba inquieta el
fococentraldelosprimerosenfrentamientos,cuandomedivisó.Teníamimonturaatadaalasuyay
meapresuróconaspavientoshastaella.
Meencaraméalcaballo,queresoplóagrandandolosollaresyagitandoinquietolacabeza;me
inclinésobresuvigorosocuelloyrasquéconsuavidadsunuca,chitándoledulcementeenlaoreja.
—No te separes de mí, Freya —aconsejó Asleif con el cejo fruncido y expresión aguerrida.
Llevabaelplateadocabellorecogidoenpequeñastrenzaspegadasasuraízqueseuníanaunagruesa
centraltrassuespalda.Sehabíapintadolasmejillascondostrazosazulesverticalesyensusclaros
ojosalmendradosresplandecíaunafierezaquemesobrecogió.Notuvedudadequeellaseríaunade
lasvalquiriasquellevaríananteOdínadecenasdeguerreros—.Sonmásnumerososdeloquehabía
imaginado —admitió preocupada—. Y encima nos han obligado a dividirnos. Gunnar tiene que
sacartedeaquícuantoantes.
Un ladrido llegó hasta mí. Fenrir corría hacia mí, con las orejas gachas y expresión
depredadora. Flanqueada por mis dos particulares guardianes, advertí que la batalla comenzaba a
rodearnos.Asleifmepasóuncoloridoescudoyenarbolóelsuyo.
—Recuerda todo lo que te enseñé —musitó precipitada con gravedad—. Mantente templada,
observa y aprovecha cualquier resquicio para atacar. Alza tu escudo tras cada lance, y no dejes de
moverte;utilizalafuerzadetucontrincanteensucontra,ymanejaconastuciaturapidez.
Asentí, presa de una arcada que logré sofocar. A mi alrededor el sonido chirriante del metal
rozándose,losgruñidossordos,losgolpessecosylosalaridosderabiaydolormeerizaronlapiel,
acelerandomipulso,comosidentrodemíuntamborresonaraensordeciéndome.
Apenasfuiconscientedealzarlaespadaanteelprimeroponentequeintentóatacarme;frenómi
filoconsuescudoytodomicuerposesacudiótemblorosoporelimpacto.Intentóarrebatarmelas
riendas y le propiné una violenta patada que lo hizo retroceder; el hombre gruñó ofuscado y se
abalanzódenuevohaciamí,quehiceretrocederamialazányloencabrité,consiguiendoloqueme
proponía,quelococeara.Miatacantecayódebruces,ylaspezuñasdemicaballosehundieronensu
pecho;unnegroborbotóndesangrefueregurgitadodesuboca,manchandosuesperabarbaclara.A
pesardelestruendodelcombate,pudepercibirelcrujidodelascostillasdelhombrecediendoanteel
pesodeanimalyjinete.
Comenzaron a surgir atacantes de todos los flancos. A mi derecha, Asleif descargaba su
mandobleconrotundahabilidad,sembrandocadáveresalospiesdesuyegua,quepiafabaagitaday
sacudíaconbríosusblancascrines,mientrasresollabaasustada.
Derramémimiradasobreelextensoyconvulsomantodeguerreroscombativosaltiempoque
buscabadosgemasverdes,perosóloencontrécuerposluchandoconarremetidaferocidad.Notuve
tiempodenadamás:otroasaltantesecerniósobremí;estavezeraunjinetequeblandióunaenorme
hacha y la impelió en un arco letal hacia mi cabeza. Me incliné lateralmente aferrándome a las
riendas,contalvehemenciaquecaídelcaballo.Micorceltambiénsedesplomó,casisepultándome
debajo. El filo del hacha había cercenado buena parte de su cuello y la sangre manó a borbotones,
roja,densaybrillante,enungrotescomanantialquesalpicómirostroymipecho.Contuveelaliento
antelaagoníadelanimal,queresollabaenunsonidovibranteyescalofriantequemesobrecogió.Me
arrastré sobre la hierba, refregando mi rostro para limpiarlo de sangre. Alcancé mi espada justo a
tiempo.
Mioponentedesmontó,empuñódenuevosuhachacondosmanosysedirigióhaciamíconuna
sonrisa hambrienta que congeló mi sangre. Fingí horror y permanecí inmóvil, con la espada en la
mano,aguardandoquedescargarasugolpe.Adivinéensuposturaelinstanteprecisodesuataque,y
fueenesemomentocuandogirésobremímisma.Elhachasehundióenlablandaynegratierra,y
forzóaqueelguerreroseinclinara.Fuesuficienteparamí:dibujéunarcoconmiespada,hundiendo
mi filo en su nuca. Arrastré mi acero para recuperarlo, mientras la sangre y la muerte teñían la
asombradamiradadelhombre.
Jadeéymepuseenpieconpremura.Ellobogobernabamisactos,ysupequeaquéllaseríasu
últimaaparición.Lonecesitabamásquenunca,suscolmillosdeterminaríanmidestino;ésteseríasu
últimocombate,yenéldesplegaríatodosupoder.Sentísufuerzaenmiinterioryaquellomeotorgó
laseguridadquenecesitaba.
Empuñélaespada,separélaspiernasflexionandolasrodillasymiréenderredor.Meescocían
los ojos por la sangre restregada de mi rostro; su sabor metálico y ácido se aglutinaba en las
comisuras de mis labios, y su hedor impregnaba mi túnica. Y a pesar de eso, las náuseas
desaparecieron.
Descargué mi mandoble hundiéndolo en los atacantes que encontraba al paso. No portaba
escudo,peromisesquiveseranraudosyacertados.Mesentípoderosa,hastaqueungigantetaponó
mivisióndelcampodebatalla.
Blandió su enorme espadón trazando arcos en el aire, rasgándolo en un sonido sibilante,
mostrando en aquel ademán una habilidad innata, y una fuerza abrumadora. Mi garganta se secó,
traguésalivaymecentréencadaunodesusmovimientos.Acadapasoquedabahaciamí,elpoder
que rezumaba comenzó a menguarme. Aquel oponente sobrepasaba claramente mis capacidades.
Miré de soslayo, barajando la posibilidad de escapar de aquel monstruo de grandes y fornidas
hechurasylargosyenmarañadoscabelloscastaños.Entornoamí,parejasdecombatientessebatían
con violento arrojo, desmembrando con feroces tajos, hundiendo sus aceros con brutal fervor,
sembrandolamuerteenaquellapraderaqueyacomenzabaatornarseescarlata.
De pronto, sentí una presencia a mi lado. Una hermosa valquiria blanca y luminosa, equipada
conunescudoazulyquebalanceabaconsinuosagracilidadsuespada.Apenasmedirigióunfugaz
vistazocómpliceatravésdesuceñofruncido,apretóloslabiosmientrasendurecíasurictusyfijósu
celestemiradaenelgigantequenossonreíaaltivo.
—Atacaremosaltiempo—susurróentredientes.
Yalinstante,Asleifgritófuribundayseabalanzósobreelgigante.Yachocabasuaceroconél
cuando me precipité hacia su costado, obligándolo a defenderse de un doble ataque. Frenaba mis
embistes con su escudo, forzándome a retroceder con su empuje, mientras contenía los lances de
Asleifconsuespada.Eragrande,unamoledemúsculoquenosconteníaconaparentefacilidadyque
costaríaagotar,hastapodertenerlamásmínimaoportunidad.Asíqueoptéporaprovecharsuventaja
enmibeneficio,sutamaño.Meapartélosuficienteparaponermeasuespalda,clavélarodillaenel
suelo,justocuandoélrepelíaaAsleifdeunmandoblazoqueapuntoestuvodedejarlasinbrazo,y
sesguésuscorvasdeunsolotajo.Trasundesgarradorgrito,cayóderodillas;Asleifhundiósuacero
enelpechodelgiganteconungruñidotriunfalycasiplacentero.
Mesonrióorgullosaymededicóunaleveinclinacióndecabeza.
—Teenseñébien,pequeñabondi—manifestójactanciosayeufórica.
De pronto, su rictus pletórico y triunfal se congeló en su rostro, se abalanzó sobre mí y me
apartódeunabruptoempellón.Unaflechaleatravesóelcostadoizquierdo,apenasprofirióundébil
resuelloantesdecernirsesobreelarqueroparahundirsuaceroenél.
Trastabilló retrocediendo, observando ceñuda la cola emplumada del astil que perforaba el
lateraldesucintura.Meacerquéaellaylasostuveconcuidado.Aferróelextremoquesobresalíade
sucuerpoconfirmezaymemiróapremiante.
—Quiebra el otro extremo —pidió con asombrosa templanza— para que yo pueda deslizarla
fuerademicuerpo.
Asentí y cogí con una mano la parte que emergía por detrás. Rodeé con fuerza la parte más
cercanaqueasomabadesucuerpoparasofocarcuantopudieralasacudida,ylaotramanolacerréen
torno a la base de la ensangrentada punta de metal. Apreté con fuerza los dientes y, con toda la
entereza y fuerza que fui capaz de reunir, partí en dos el astil; sin embargo, no logré contener
suficientemente el impacto del quiebro, que se propagó reverberante en el cuerpo de Asleif,
removiendo la herida y arrancando de su garganta un grito de dolor, que más sonó a gruñido
rabioso.
Aunquelívidaytrémula,novacilóenarrancardesucuerpoelalargadotroncoleñosoconuna
muecadoloridaquecrispósusemblante.
Lalanzólejosyjadeanteseobservóelsangranteorificiodesucostadoconelcejofruncido.
—Tengoquevendarte—musitépreocupada,derramandoangustiadamimiradaenderredor.
Loscombatientesseagolpabanentornoanosotrasenpequeñosyapiñadosgrupos,febrilmente
inmersosenlalucha.
—Nohaytiempo—objetóAsleif.Seagachóycogióunpuñadodenegratierrahúmeda,nosupe
siderocíoodesangre,laapretóensupalmaylamodelóconlosdedosformandounemplaste,que
se aplicó sin pérdida de tiempo, taponando la herida. Me ofreció la mitad e hice lo mismo con el
orificiotrasero.
—Asleif...mehassalvadolavida.
—Como lo habrías hecho tú —profirió con absoluto convencimiento—; somos hermanas de
luchaydecorazón.
Cerró la mano en mi antebrazo, oprimiéndolo con firmeza, sellando de esa manera nuestro
vínculofraternal,yyolacerréentornoalsuyo.Mirándonosfijamente,liberamosnuestrosafectos.
—Y ahora, a buscar a tu gigante —musitó esbozando una incisiva sonrisa—. A morder, loba,
tienesporloqueluchar.
Nopudecontestarle,fuimosempujadasdeformaviolentaporlabrutalpeleadedosguerreros
quesebatíanconlospuñosenunaluchaletal.Empuñémiespadaconambasmanosjustoantesdeser
atacadaporotrooponente.Crucéhábilmentemiaceroconélmientrasconelrabillodelojoestaba
pendientedeAsleif,quehabíaencontradounalanzaylamanejabaconsublimedestreza.
MedeshicedelguerreroyacudíaayudaraAsleif;mientrasellafrenabaconlapicalosembistes
desuadversario,aprovechéparaensartarloporlaespalda.
—¡¡¡Detrás!!! —avisé gritando desaforada. Aquel sonido rasgó dominado por la urgencia y el
miedomiinterior,parándomeelcorazón.
LapuntaensangrentadadeunaespadaemergiódelpechodeAsleif,comounlúgubreestandarte
clavadoenunreinoconquistado,reclamandoparalamuerteaquellavida,queinmóvillaaguardaba.
Miaguerridavalquiriablancaagrandóconfusalosojosclavandounamiradaestupefactaensupecho.
—¡Noooooooooo...!—aullédesgarrada.
Yconhorrorizadalentitud,elacerocomenzóaabandonaraquelreinousurpado,marcadocon
sangrebrillantequemanabaprofusamente,entregandosuconquistaaldiosdelaguerraylamuerte.
De Asleif partió un débil resuello por el que escapaba su último hálito de vida. Cayó de rodillas,
enfocando en mí una mirada tan intensa, tan cálida y afectuosa, que rompí en un sollozo mientras
gritabaimpotenteyrabiosa.
Me abalancé sobre el hombre que la había ensartado y lo rendí a mi espada y a mi furia en
apenasunoscoléricosmandobles.MecernísobreelcuerpodeAsleif,queagonizabaderodillas,con
elsemblantetanplácidoylamiradatantiernaquemesobrecogió.
—Luuu... chaa... Freya... —Un escalofriante estertor la detuvo un instante antes de poder
continuar—.Me...esperan....enelAsgard.
La abracé contra mi pecho, sintiendo en él mil puñaladas de fuego entrando y saliendo
implacables. Las lágrimas no aliviaban el dolor, ni los sollozos la pena. Ninguna de esas dos
emocionesdiezmaronmiarrojoymideterminación.
—Lucharé, lo juro por los dioses —afirmé poniéndome en pie—. Y diles de mi parte que se
llevanalamejorvalquiriayalamejoramigaquesepuedeencontrar.Puedequeellostellevenasu
reino,perountrozodetiquedarásiempreconmigo.
Me llevé la mano al corazón con afectada intensidad. Asleif asintió esbozando una sonrisa
emocionadaantesdecerrardefinitivamentelosojos.
Inspiréunaprofundabocanadadeairequeprodujounsonidochirriante,comosirozaraenmi
gargantaconlasaristasdeesapiedratormentosaquependíaenella.
Notuvetiempodemás.Surgíanatacantespordoquier,yellobomedominóporcompleto.Dejé,
porúltimavez,aunladomihumanidad,convirtiéndomeenunavorazdepredadora,letalyfría,con
unúnicoobjetivoenlamente:devorarcuantoserseinterpusieraenmicaminohastatoparmeconlas
únicasdosgemasverdescapacesdedevolvermealavida.
Nofueronverdeslosojosqueacudieronenmiauxiliocuandomerodearontresatacantes,sino
tanazulescomoelcieloquepresenciaba,indiferente,aquellamasacre.
Hiramsurgiódelanada,tanhermosocomoferoz,blandiendosuespadasibilanteyhambrienta
anteloshombresquemecercaban.Ladescargócontantasañaquepartióendoselescudodeunode
losguerrerosmáscercanosaél,parahundirsuaceroenelpechodelhombreacontinuación,contan
abrumadorafacilidadcomosielmismoThorsehubierapersonadoanteellos.Impresionados,mis
adversariosretrocedieroncalibrandocadamovimientodeHiram.Ésteapenasmedirigióunamirada
admonitoria,instándomeanoparticipar.
Nohizofalta,misdosatacantesmeignoraron,centrandotodasuletalatenciónenél.
Hiram aguardó astuto el ataque, anticipándose en cada ofensiva, defendiéndose con absoluto
dominio de un doble ataque... embistiendo y esquivando, girando y dibujando un arco tras otro,
buscando la ocasión de alimentar el ansia de su acero, que reverberaba bajo la luz matinal, con
destellos de plata, confiriéndole una apariencia divina, y atemorizando a sus oponentes. Y tras dos
mandoblesseguidos,girólateralmenterebanandoelcostadodeunodesusadversariosparahincarla
rodillaenlatierrayatravesarelabdomendelotro.
Sepusoenpieysedirigióraudohaciamí,cogiéndomedelamano.
—Noteseparesdemí—ordenótajante—,Gunnarvieneporti.
Agarróunapicadelsuelo,sequitósuyelmoylocolocóenlapunta.Actoseguidoloalzótodo
loquepudoylobalanceóenelaireencírculos,amododeaviso,señalizandonuestraposición.
Repitióaquelmovimientocuantopudo,hastaquefuimosrodeadosdenuevo;estavezeranmás.
Utilizólapicalanzándolaconferocidadhacialosprimerosasaltantesconunamano,mientras
conlaotrasofocabaunnuevoataqueporladerecha.Elyelmosalióimpelidoporlosaires,asícomo
mipavorcuandounodeaquelloshombresseaprestócontramíymedesarmó.
Hiramseinterpusoentremioponenteyyo,sindejardeconteneralresto.Aprovechésuparapeto
parabuscarenelsuelomiespada,agitadayansiosa,conlagargantasecayelcorazóndesbocado.
Cogíunaquehalléjuntoauncadáver;pesabamásquelamía,perolaenarboléconambasmanos,
destilandoelsuficientecorajeparamanejarlacontraelenemigomáscercano.
Supequemiresistencianosoportaríaesgrimirmáslances,nisofocarunpulso,pueslafortaleza
demienemigoeraclaramentesuperior,asíquemearriesguéenundesesperadoardid.Alcélaespada
parasimulardescargarlasobresucabezay,haciendoacopiodetodasmisfuerzas,ladescendícuando
elguerreroelevósuespadaesperandomilance,ypudeclavarlaensuvientre.Sinembargo,nofuilo
bastanterápidaalextraerlay,apesardeinclinarmeaunlado,nologréescapardelfilodesuespada,
quelamiómibrazo,ocasionándomeuntajoconsiderable.
Jadeéapartándome;elbrazomelatíaconunpulsoabrasador;aunquesangrabaabundantemente,
notuveocasióndeoprimirlaheridanivendarlacomprimiendoelsangrado.Hiramestabaenapuros.
Un ladrido llegó en nuestro auxilio. Fenrir saltó sobre uno de los atacantes, derribándolo y
atrapando en sus fauces el cuello del hombre. La sangre manó a borbotones entre alaridos y
gruñidos. Hiram había matado a sus tres oponentes, pero llegaron más que los suplieron. Por la
cantidaddeenemigosquenosrodeaban,labatallaclaramenteseestabainclinandoafavordeHorik.
MiansiedadporembebermeenlamiradadeGunnareratalquemedolíamásquelaherida.Me
desesperabasucumbirsinhabermesumergidoensusojosporúltimavez,sinhabermedespedido,sin
haber probado sus labios para llevarme su esencia conmigo. Sin poder decirle por enésima vez
cuántoloamaba.
Y aquel miedo se acrecentó cuando los hombres que nos rodeaban eran demasiados para
plantarlesbatalla.
Hiramapretólosdientesfiero,peroenlamiradaquemedirigiópercibísuamargurayangustia,
sufrustraciónyrabia.Mepuseasulado,ylomiréagradecidayorgullosa.Hiramesbozóunasonrisa
temblorosayemocionada,quecaldeómipecho.
«¡Gunnar,amormío!¿Dóndeestás?»Ésefuemiúltimopensamientoantesdeentregarmeami
últimocombate.
Yeneseprecisoinstante,amitaddetrazarunletalarcoconmiespada,unosimpresionantesy
rasgadosojosverdesrefulgieronconfuerzaentreaquellamasaoscuradeguerreros.
Él.
50
Enelfragordeunencuentro
Gunnar avanzaba desesperado, sembrando muerte y sangre a su paso, sorteando enemigos o
enfrentándosealosquedecidíanatacarlo.Suangustiaeratalqueagilizabacuantopodíasusataques
parazafarsedelosguerrerosquelesalíanalpaso.Repartíamandoblescomoquiendespejalamaleza
deunbosquecerradoenbuscadeunsenderoporelquetransitarycorrerasudestino.Sudestinoera
encontrarlaantesquelamuerteyliberarladesusgarras.
Gruñíairacundocuandoalgúnenemigoseinterponíaensucamino,evitandoalargarlalucha,
embistiendo como una fiera descontrolada y letal, pero sobre todo impaciente. La urgencia y el
miedoloatenazaban.Hiramsehabíaadelantado,cuandoélfueretenidoycercadoenaquellamaldita
muralla,alemergerdeellaunahordadeguerrerosporaquellosportalones,comosifueraunaplaga
deratasinquietasymordientes.Sushombreslohabíanayudadoadeshacersedetodaunaavanzadilla
dedecenasdeadversarios.Habíaresultadoimposibleconseguiruncaballoparalograravanzarentre
aquellacaóticamasadeguerrerosenardecidosypoderencontrarlaenmitaddelabatalla.Ysaberla
ahí,enmediodeaquelcombateferoz,lequemabaelpechocomosilomarcaranenunafraguacon
unhierrocandente.
Yentoncesviounyelmoondeandoenelextremodeunapica,laseñaldeHiram.Ycorrióhacia
esepuntoconelcorazónenlabocayesquivandoataquessinpresentarbatalla,saltandoporencima
decuerposmutilados,inertesomuertos,pisandocharcosdesangreyaspirandoelferrosoaromade
lamuerteydesupropiadesazón.
Jadeabaentregruñidos,forzandosucarreraimpelidoporelapremioyunpavordescontrolado
pornollegaratiempo.
Encadazancadasuslatidosatronabancomolosdeuntambor;nopodíallegartarde,nopodía
verlamorirdenuevo.Porque,siesoocurría,partiríaconella,yestaveznadieseloimpediría.No
habíavidaposiblesincorazón,yellanosóloerasucorazón,erasualma,susentido,surazón,su
principioysufin.Estabaencadaaliento,encadaparpadeo,encadalatido,encadapensamiento,y
estaríasiempre,puesnoimportabaelmundo,nieltiempo,estabanunidosmásalládelarazón.Se
batiría hasta con la misma valquiria que quisiera arrastrarlo al Valhalla tras su muerte, porque no
deseabaestarentredioses,nientrehombres;no,viajaríatrasellahastaencontrarlayencadenarlaaél
eternamente.
Cuando horrorizado vio cómo el yelmo volaba por el aire, la angustia lo estranguló. En su
carreraimpactabaconbrutalidadcontratodocuerpoqueseinterponíaensucamino,derribándolosa
golpe de escudo o de espada, con la ansiedad desdibujando sus facciones y el miedo pintando su
mirada.
Cuandosetopóconella,elmiedosetornóesperanzaylaansiedad,furia.
Hiramyellaestabanrodeadosycasivencidosporunossieteenemigosqueibanacorralándolos
lentamente.Descubrirqueellaestabaheridayque,aunasí,luchabacontalarrojoqueimpresionaba,
contalcorajequedeslumbrabaycontalhabilidadqueadmiraba,lollenódeorgulloydeunamortan
grande que lo impelió con la fuerza y la determinación de una tempestad en alta mar hacia los
atacantes.
Descargó su espada con implacable saña contra los hombres que de espaldas a él cerraban el
círculoyenarbolandosuescudoarremetióferoz,derribandoaloshombresqueencontrabaalpaso.
Cuandosusojosseencontraron,ylosdeellarefulgieronesperanzados,sintióunpellizcoenel
corazón.Unmensajesilenciosoflotóentreellos,unmensajeconlasmismasletraseidénticosentir.
Hirampareciócrecerseantesupresencia,redoblandosusataquesconmásímpetu;lasombrade
una sonrisa tildó su boca y el alivio suavizó sus facciones, dirigiéndole una mirada cómplice y
decidida.
Gunnar asintió apenas mientras luchaba con denuedo, a pesar de seguir llegando enemigos en
una masa inagotable. Comenzó a interponerse constantemente entre los que atacaban a Freya,
librándoladelucharenlamedidaquepodía,usandosuescudoparafrenarataquesylidiandoincluso
con tres espadas cruzadas entre sí y lanzadas a veces casi al tiempo. Inclinaba su cuerpo en ágiles
esquives, exprimiendo sus habilidades al máximo, lanzando ataques certeros y derribando con
extremabrutalidadasuscontendientes.
Derepente,sediocuentadequenoerantres:Fenriratacabacomounloborabioso,reduciendo
eficazmentealenemigo,protegiendoaFreyadeataquesporlaespaldayabalanzándoseconcrudeza
sobreaquellosqueintentaranacercársele.
De repente, un sonido atronador lo sobrecogió. Entonces se percató de que el cielo había
cambiado. Se había oscurecido precipitadamente; el olor de la lluvia sofocó el de la sangre y el
sudor. Se estaba formando una gran tormenta que pronto descargaría su furor contra ellos. Luchar
entreelbarrodificultaríalascosas.Teníaquesacarladeallícuantoantes.
Sesgó una cabeza que cayó rodando por el suelo y hundió su espada en otro cuerpo, sin
detenerseuninstante,hastaquecomprobóqueohabíanhuidolosquequedabanohabíancaídobajo
suacero,peroseencontrabanlostressolosyjadeantesenunrodaldecuerpossangrantes.Másallála
luchacontinuabayadivididaenpequeñosreductos.
Sin mediar palabra y con una vital determinación, se acercó a Freya, quien, aunque exigua y
dolorida, lo miraba arrobada. Aferró con rudeza su nuca con una mano, rodeó su cintura con el
brazo para ceñirla a él y la besó con tal desesperación que notó cómo ella se derritió entre sus
brazos.
Tomó su lengua con una exigencia tan abrumadora, con un hambre tan voraz, con tal agudo
anhelo,quetemiónopodersepararsedeellaantesdeadvertirunnuevopeligro.Liberósumiedoen
aquelbesohosco,plasmandoenéltodoelamorqueloroíapordentro.
Lamiócadarincóndeesabocaqueloenloquecía,saboreandosuesenciaydepositandolasuya.
Sintióelhambreenella,encómoseabrazabaaél,encómolodevorabaconlamismaansiaquelo
consumía a él. Se vio envuelto en todo el amor que rezumaba de ella como un cálido manto y se
permitióarrebujarseenél,ahuyentandotodoslostemores.
Cuando logró separarse de su boca y se sumergió en aquellas lagunas doradas por las que
asomabasucorazón,supoquemoriríaabrazadoaella,porquenadielograríasepararlojamásdesu
lado.
—Creí...quenovolveríaaverte—susurróellaenunemocionadohilodevoz.
Laslágrimastrazaronsurcosperladosentrelasuciedadylasangrequecubríansurostro,como
laondulanteriberadeunríoatravesandounoscurovalleyaclarandoconsucauceaquelhermosoy
afectadoparaje.
—Yyotemínollegaratiempo—confesóconvozquebrada.
Limpió con delicado mimo su rostro, secándolo con besos cortos y precisos, mientras ella
sofocabasollozosaliviados.
Gunnarbesólapuntadesunarizylesonrió.Seseparóapenaspararasgarlosfaldonesdesu
túnica, arrancó una tira de tela y le vendó el brazo con exquisita delicadeza, aunque ejerciendo la
suficientepresiónparadetenerelsangrado.Porelvistazoqueleechó,necesitabasutura,peroahora
loimportanteerabuscarmonturasyhuirdeallí.
Echó una ojeada hacia las murallas de Viborg; por el estruendo y el humo que ascendía en
llamativasespirales,supoquelabatallaenelinteriorestabasiendoencarnizada.Tambiénsupopor
quélabatallaenlapraderahabíaperdidointensidad:lastropasdeLodbrokhabíandecididoacudiren
auxiliodesureyHorik.Halfdanerasindudaungranguerrero.
Cuando afianzó el vendaje, ella volvió a estrecharse contra su pecho. La rodeó con fuerza,
sintiendodenuevoesaacusadanecesidaddefundirlaensupecho,parasalvaguardarladetodoyde
todos.Deseóteneralasparacubrirlaconellas,parallevarlalejosdeallí,paraperderseconellaenla
eternidad.
—Amboshemosestadomuertos,amormío—susurrócontrasupelo—,perohemosvueltoala
viday,porsegundavez,meentregoati,esposamía,encuerpoyalma.Soytuyodesdeeldíaenque
posasteesoshermososojossobremí,yloseréhastaelfindelostiempos.
SofocóelllantodeFreya,intentandoenvanocontenerelsuyopropio.Elpechoserompíaen
milsentimientosqueconvergíanaltiempoenunosolo,perotangrandequenocabríaenelcielo.
Cuandoellaalzóelrostrobuscandosumirada,sucorazónseencogiófelizporloquevioen
ellos.
—Yyo,nacítuya.
—Merevientaselpecho,Freya.
Tomódenuevosuboca,estavezcondulzura,paladeandolamagnificenciadeaquelamorque
losconsumía.
Uncarraspeolossacódelanubededichaenlaquesehallabaninmersos.
—Noesporincordiar,perolleganjinetes—informóHiramconpreocupación.
GunnarsiguiólamiradadeHiram,ysurictusseparalizóenunamuecadeaprensivoasombro.
—Necesitamos monturas —dijo tenso— y ahora mismo creo que no hay nadie a quien me
apetezcamásquitarleelcaballo.
EntrecerrólosojosyobservócómoelclandelosIldengumcabalgabahaciaellos,noeranmás
deunadocena.Alfrente,HakeelBerseker,elacérrimoenemigodeHalfdan.
Un tropel de recuerdos lo sacudieron. Ellos habían ajusticiado a toda su familia, aquellos
malnacidosIldengumlohabíandejadohuérfanosiendoapenasunmuchachoy,aunquelavenganza
yanosoliviantabacontantoardorsuánimo,supoquefinalmentesuúltimocombateseríaconellos.
Como si el destino hubiera modelado desde un principio las piezas de su vida, de la primera a la
última,ylasfueraencajandoenellugarcorrespondienteparaquetodotuvierasentidoalfinal.
—¡LosIldengum!—exclamóHiramatónito.Tragósaliva,surostroseoscureció.
—Tienes que llevártela al snekke que dejamos dispuesto en la ensenada del río Gudenåen en
cuantologredesmontaralprimerodeellos—advirtiócondeterminación.
Freyaloempujófuriosaconsubrazosano,regalándoleunmohínrebeldeyobcecado.
—¡Nopiensoiraningúnsitiosinti,condenadogigante!
Reprimió una sonrisa complacida, aunque estaba decidido a seguir insistiendo, o él mismo la
ataríaalcaballo.
—Freya...
—Hedichoqueno.Hiram,vetú,allíteestaránesperandoValdisyJorund.
LaomisiónaEyraloalarmó.Clavólosojosenellaeintentóleerensurostro.
—¿Ymimadre?
—Nosesperaenotrolugar—respondióellacongravedad.
Algoensuinteriorseagitó,provocándoleunmalestaropresivoquelodesazonó.
—¿Otrolugar?
—Nohaytiempoparamásexplicaciones,Gunnar,yallegan.
Freya apartó la vista, y aquel gesto lo angustió más. No obstante, no tuvo tiempo más que de
pensarlamaneradeenfrentarseaunadocenadejinetes;supoqueseríaimposiblecontenerlos,dando
la oportunidad a Freya y a Hiram de escapar, así que barajó otra salida. La espada sería el último
recurso,debíaembaucarlosdealgúnmodoparaganartiempo,tejerunardidparaatraparlosenél.
HakeelBersekerodiabaenardecidamenteaHalfdan,desdequeensuúltimoenfrentamientoéste
lo dejara manco y sin hermanos, y quizá aquélla pudiera ser su baza. El problema serían los
Ildengum.
Alargó el brazo, espada en mano, y los saludó como si en realidad fueran del mismo bando.
Aquel gesto desconcertó al grupo de jinetes, que trastocaron su combativo rictus en un mudo
asombroyunaafinadadesconfianza.
Hiram se puso a su lado y Freya al otro. Armados pero en actitud distendida y fingida
tranquilidadlosrecibieron.Gunnarseadelantóunospasos,clavandolaatenciónenHake.
Eraunhombretónrudoyhosco,grandeyfornido,decastañoscabellosenmarañadosyrostro
lleno de cicatrices, de aspecto zafio, pero de sagacidad tan afilada como su espada. Manejaba las
riendas con su única mano y, aunque aquel detalle pudiera hacerle parecer en clara desventaja,
Gunnarsabíamuybienquenoloestaba.
—¿AquéesperáisparaofreceraHoriklacabezadeHalfdanenunapica?Hemosaniquiladoa
partedesustropas,elrestocorredevuestracuenta.
Hakealzóconrecelounacejayloescrutócondetenimiento.
—Creí que eras leal a vuestro rey; me arrebataste a los herederos de Sigurd Hart para
entregárselosyprendistefuegoamireino.
Gunnarasintióconsequedad,frunciendoelceñocomosiaquellolocontrariara.
—Sí,fuilealaeseperro,hastaquequisoapropiarsedemiesposa.Meenfrentéaélymeazotó;
desdeentoncesjurévenganzay,aprovechandoquefuienviadoaquíenunaavanzadilla,mealiécon
Horikparaderrocarlo.
EllíderdelosIldengum,Einarr,adelantósucaballohastaGunnarylocontemplócondesdeñoso
desprecio.
—Esuntraidor,talcomolofuesupadre.
—Noolvides,Einarr,quetambiénsoyIldengumporpartedemadre.
El hombre contrajo disgustado su semblante, fulminándolo con la mirada y crispando los
nudillos,mientrasapretabalospuños.
—¿Acasocrees,ulfhednar,quepuedocreertesinpruebaalgunaqueconfirmetuspalabras?—
DesviólaatenciónsobreFreya,yGunnarseenvaróinquieto—.Apesardequetuesposaseadignade
apropiar.
—Sí,tengopruebas,lasllevoenlaespalda—confirmómientrassezafabadelanchocinturón
queajustabasucotademalla.Sedeshizodelacotayacontinuacióndelatúnicaparamostrarlesla
espalda.
Lasaúntiernasmarcasdejadasporlavara,rosadaseinflamadasaunquecerradas,confirmaron
almenossucastigo.
—Sí, ese cuervo de Halfdan se porfía de cuanta cosa bella ve —aceptó Hake—. Pero entrarás
connosotrosenViborg,yquizátedéelgustodequetúmismolecorteslacabezayselaofrezcas
comoofrendaaHorik,sitodavíaeseviejopendencierosiguevivo.
—Para eso necesitamos caballos —replicó él, aprovechando la ocasión—; no pretenderás que
entremosenesapesadillasinellos.
Hakeasintió;unasonrisasibilinaseformóensuslabios.
—Nometomespornecio,Gunnar;tedarécaballos,perotumujeriráenelmío...noquerrásque
mearriesgueaunanuevatraición,parecessermuydadoaellas.
Gunnarreprimiósumalestaryasintióquedo.Tendríanqueentrarenlaciudad.Quizáenelcaos
delcombatefueramásfácilescapardeallí.
Hake ordenó a dos de sus hombres desmontar y entregó un caballo a cada uno. Llamando a
Freyaasupresencia,Gunnartuvoproblemasparaestrangularelimpulsodealejarladeaquelrufián;
afortunadamentelogrócontrolarse.
—Subealagrupa,mujer—rezongó—.Creoqueentenderásquenopuedaecharteunamano.
Dejó escapar una risotada burda que sus hombres compartieron. Gunnar reparó en la mirada
hambrientaysolapadaqueclavóenella,ysuaprensiónseagudizó.Tuvolaabsolutacertezadeque
Haketrazabasuspropiosplanes,yquedebíanadelantarseaellosoestaríanperdidos.
Montóconligerezasobreelcastañoalazán;noseentretuvoencubrirsutorsodenuevo;sitodo
ibacomoesperaba,noentraríaenbatalla.Suúnicoplanconsistíaensalircorriendodeallícomouna
centellaconlamujerqueamabaensuregazo,ysuamigotrasellos.
Hakesacudiólasriendasyespoleóasucaballo,partiendoalgalopeconFreyatrasél.Gunnar
fijólamiradaenlaalborotadaylargamelenabrunadelamujerysóloquisoenterrarlosdedosen
ella, enredarse en su suavidad y aspirar su aroma, juguetear enrollando mechones de aquel negro
océanoentresusdedos,susurrarenellosyatraparlosensuspuñosmientraslabesabahastaeldelirio.
Nopudoevitarrecorrerconlamiradasuestrechacintura,ladeliciosacurvadesuscaderasyla
exquisitaperfeccióndesusdelineadasnalgas,remarcadasporaquellasceñidascalzasdepielcurtida
que no dejaban nada a la imaginación. Y a pesar de la gravedad del momento, su verga se tensó
palpitante, ante la remembranza de escenas intensamente vividas. Escenas que pensaba repetir hasta
desfallecer.Saberquenoeraelúnicoquelaadmirabalosoliviantabasobremanera.Nadadespertaba
más los bajos instintos de un hombre que un combate donde indefectiblemente se perdía la
humanidad,liberandoelladomássalvajedecadauno.Tenercercaaunamujercomoaquéllaera,sin
duda,todaunatentaciónquenodesaprovecharían.
AcompasósumonturaaladeHiramparadescubrirqueéltambiénlamirabacondeseo;maldijo
parasusadentros.Saberquesuhombredeconfianzaeratanreceptivoalosencantosdesuesposaera
algo que había intentado asumir sin conseguirlo. Averiguar que en una condenada fiesta aderezada
porunlujuriosobrebajeellossehabíanbesado,noayudabamuchoacontenerlasganasderetarlo
con los puños de nuevo. En cuanto a Halfdan, su odio era más exacerbado, más ácido; él había
intentado arrebatársela con malas mañas y, por cómo la miraba, había sido fácil descubrir que
poseerlanoeraunmerocapricho.Estaveznotendríaquepelearporsucorazón,perotendríaque
hacerloporsulibertad.
AúnlequemabanlasentrañasantelavisióndeFreyabesandoaaquelmalditoreyparadetener
su castigo. Una imagen más con que torturarse se sumaba a las que ya acuchillaban su mente. Se
afanabaendisiparaquellasescenasqueloasaltabanenmitaddelanoche,ylodespertabanfuribundo.
VeíaaFreyayaHalfdanenredadosenellecho,gozandodeunapasióncompartida,yaquellaimagen
seclavabaensupechoconlainquinadeunpuñalenvenenado.Enélbullíaeldeseodeacabarconla
vidadeHalfdan,peronoacostadeponerenriesgolahuida.
Atravesaron la gran arcada principal, adentrándose en Viborg, y se toparon con un vibrante
incendiodevorandolaciudad.
Un humo negro, denso y sofocante pendía sobre ellos, dificultándoles la visión. Lograron
atisbar cabañas calcinadas, cadáveres desmembrados y maltrechos salpicando el camino, niños
llorosos buscando a sus padres, mujeres semidesnudas deambulando tambaleantes con mirada
pérdida,heridosclamandoayudaylamuerteextendiendosuhediondomantosobreaquellasgentes,
propagandosuespeluznanteefluvioacarnequemada,asangrefrescayadolor.
Cabalgaron hasta las inmediaciones del gran skáli real, situado en la suave elevación de una
loma, con un único acceso a él, en forma de fastuosa escalinata, con balaustrada tallada y curvada
simulandoelcuerpodeunaserpiente.Tambiénestabacinceladalaornamentadaentradaprincipal,a
base de definidas escamas, dando la impresión de entrar en la boca de aquel reptil; incluso habían
labradoenlamaderadosgrandescolmillosafiladosamododecolumnasqueflanqueabanlasdobles
puertas.Eneltejadillovolado,losatemorizantesojosdeeseanimalparecíanvigilaralosincautos
quedecidieranatravesarsusfauces.
PeroloquemáslehizoagrandarlosojosfueveraHalfdanatadoaunposte;lohabíangolpeado
duramenteyparecíanprepararalgunaespeciedetortura,porlascuerdasylosmaderosqueestaban
colocando.
Enelcentrodelaexplanada,Horikysusgeneralesconversabananimados.Másallá,derodillas
ymaniatados,Erik,ThorffinySigurd,juntoaloshombresdeHalfdan,parecíanesperarsuturno.No
vioaRagnareimaginó,apenado,quehabríacaídoluchando.
Su engaño estaba a punto de ser descubierto. Desesperado, comprendió que sólo tenía a mano
unasolución.
51
Engullidosporunaserpiente
Un relámpago sesgó zigzagueante la oscuridad del cielo, seguido por una serie de truenos
encadenadosqueretumbaronensordecedores.
Meestremecí.
Serespirabaunalluviainminente,unafiladovientosoplabaoblicuoyenfurruñado.Latormenta
segestabavirulenta,comosegestabaenmiinteriorunpavorescalofrianteanteloqueestabaapunto
deacontecer.
Noshabíamosmetidoenlasfaucesdeaquellaserpientedemaderaquenosmirabaimpertérrita
y,antenosotros,teníamoslamanifiestavictoriadeHoriksobresueternorival.VeraHalfdanhecho
prisionero,vencidoyapaleado,sinbrilloensumiradanigestoensusemblante,mesobrecogió.
Me volví para observar a Gunnar, quien, encima de aquel caballo blanco, a pecho descubierto
con tan sólo las calzas negras y el cinto donde pendía su espada, con su leonada melena sobre los
hombros, mirada fría y rictus duro, impresionaba. Se veía tan peligroso, tan virilmente hermoso y
tan feroz que cortaba el aliento. Apenas unos instantes antes, cuando había aparecido de la nada
esgrimiendoensusemblanteunmiedoatrozyunafuriademoledora,elpoderquehabíadesplegado
contantamajestuosidadenlaluchadejabaclaroquehabíasidotocadoconelfavordelosdioses.Su
destrezanoteníaigualy,sinembargo,noseríasuficienteparareduciraunnúmerotanelevadode
oponentes.
HorikseacercóconsonrisajactanciosahaciaHakeylosIldengum.Eraunhombrecorpulento,
nomuyalto,demedianaedad,rostrodehuesosanchosyfrentedespejada,ojosseparadosyvivos,
miradaaviesaybarbaentrecana.
—Veo que tú también me traes presas —adujo complacido—. Han aniquilado mi ciudad, pero
pagaráncondolorcadamuerte.
HakehizoaGunnarelgestoparaqueseacercase.
—No me cabe la menor duda; si piensas ejecutarlo con el poste de sangre, la muerte será un
premioparaél—aseveróaquélconcordante.
—Heideadounavariante,mibuenHake,porqueelúltimohombreconelquelointentéapenas
pudodarunavueltaenteraalposte,dejándonossindiversión.
—Caminarconelvientreabiertoylastripasclavadasaunmadero,paraenrollartusentrañasal
poste sin desfallecer, debe de ser toda una hazaña para cualquiera que no sea inmortal —resaltó el
bersekerconuntintesardónicoensutono.
—Cierto—convinoHorik—;poreso,estavezheingeniadolamaneradealargarlaagoníay
evitarqueelcondenadosemueva.Serámiparticularofrendaalosdiosesporregalarmelavictoria.
Gunnarllegóanuestraalturayclavóunasignificativamiradaenmí,yotraenelpuñalqueHake
portaba embutido en su cinturón. Me apercibí de cómo Hiram avanzaba hacia mi otro flanco. Me
tenséaguardandounaseñal.
—¿Poresotantopreparativo?Hasdespertadomicuriosidad,Horik.
—Verás —comenzó a decir entusiasmado el viejo rey—: he ordenado clavar esos pequeños
postesenlatierratrazandounsenderoconcuerdasquevacambiandodedireccióncadapocospasos,
comountelardondeirentremetiendoelhilo.Sóloqueelhiloseránlastripasdemienemigoyla
manoquemanejeeltelar,milealperro.
Hakeseencogiódehombrosmanifestandosuincomprensiónenaquelgesto.
—Es sencillo —aclaró tras un carraspeo impaciente—: abriré el vientre de ese cuervo artero,
extrayendoelsanguinolentocordóndesusentrañas,queataréalcuellodemiperro.Yluego,conuna
vara y un buen trozo de venado atado a ella, lo haré recorrer el sendero que hemos construido,
despojandoalcuervodesustripashastaqueeldolorolamuerteselolleven.NoiráalValhalla,sino
al más profundo abismo del Hel, quizá al Náströnd, donde su alma será ligada al inframundo sin
poderascenderalamoradadelosdioses,sufriendoeltormentoeterno.
—Detodaslastorturasquehepresenciado—arguyóHakeadmirado—,teaseguroqueéstaesla
máscruel;tefelicitoportaningeniosacreación.
Horik enarboló una amplia sonrisa orgullosa y fijó los ojos en Gunnar, entrecerrándolos
suspicaz.
—¿Noesésteeltemibleulfhednarquehaestadosembrandoelterrorenmireino?
—Estemismo—respondióHake,rotundo—.Suertequeestádenuestrolado.Yapropósito...
—Desprecio a Halfdan tanto o más que cualquiera de vosotros —interrumpió oportunamente
Gunnar.
Horikalzólascejasconciertadiversiónyunatisborecelosoensufaz.
—¿Losuficienteparaabrirleelvientre?—inquirióastutoHake.
—Losuficiente,sí—respondióGunnarsintitubear.
—Veo que tenemos verdugo —sentenció Horik—. No hagamos esperar más al cuervo.
Desmonta,viejoamigo,bebamosmientrasdisfrutamoslaofrenda.
Hakesevolvióhaciamí,señalándomequedesmontara.Lohiceymecoloquéjuntoalcaballode
Gunnar.Actoseguido,elbersekerbajódesucorcelypalmeóconeuforialaespaldadeHorik.
—Tengo la garganta más seca que la cima de tus montañas —afirmó sonriente—. Un buen
cuernodecerveza,unabuenahembrayunabuenatortura,ydormirécomounbebé.
Horikestallóenunacarcajadasecaqueleprovocóunaccesodetosviolenta.
—¿Notevaleésta?—preguntóelrey,fijandolamiradaenmí.
Hakemeescrutóconlibidinosointerés,perfilandoensuslabiosunasonrisataimada.
—Éstaeselmotivoporelcualelcuervosehapuestoencontraalulfhednar.Encambio,yono
tengonadaqueperder,puesyalotengoencontra.Asíqueestanochesuhembracobijarámiverga
tantasvecescomolaborracheramelopermita.
No sé si fue la clara percepción de un movimiento raudo, o que mentalmente Gunnar y yo
estábamos conectados, pero, casi al tiempo que él saltaba del caballo y se abalanzaba sobre Horik,
amenazandosugargantadesdeatrásconsudaga,yolearrebatéelpuñalaHakeeimitésuacto.
—Suciaserpiente—siseóGunnarletal—.Siquieresseguirrespirando,ordenaquesueltenamis
hombresdeinmediatoypartirépermitiendoquecontemplesunnuevodía.Intentaotracosaytejuro
porOdínqueserántustripaslasquepaseetuperro.
Hincó con firmeza la punta de su cuchillo hasta rasgar la piel, de la que brotó un delgado y
sinuosohilillodesangre.Horik,aterradoylívido,sofocóunatostemerosodeprovocarsupropio
degüello.
GunnarsacudióligeramentelamandíbulaenviandounaordenvisualaHiram.Éstedesenfundó
laespada,desmontóehizoademándetomarmilugar.Meapartóunpocoy,sindilación,atravesó
consuacerolaespaldadelberseker,mientraslosujetabaporelcuello.
—EstaalmasíiráalHel,dedondenuncadebiósalir—murmuróGunnar—.Yahora,obedece
malditooirástrasél.
—¡Rápido,soltadalosprisioneros!—exclamóelrey.
SushombresseaprestaronendesataraErik,aThorffin,aSigurdyalrestodesupervivientesde
lahird.NadiefueaocuparsedeHalfdan.Hiceademándeacercarmealiberarlocuandounavozme
detuvo.
—¡No!¡NotemuevasdelladodeHiram!—bramóGunnarceñudo.
—Pero...—repliquécontrariada.
—Hedichoqueno—repitióGunnarfurioso.
—Nopodemosdejarloamerceddeestesanguinario—contravineofuscada.
La mirada de Gunnar se oscureció como las nubes que comenzaban a descargar una ligera
lloviznasesgadaporelviento.
—Poco me importa lo que sea de él, es tan miserable como ellos —repuso Gunnar con
desprecio.
—No,noloes;yahasufridodemasiado,élmismometrajohastati,ymedefendiódesureina.
Si no fuera por él, no habríamos podido reencontrarnos —defendí con firmeza, ante la angustiada
miradadeGunnar,queparecióencogersealoírmiapasionadoarrebato.
—¡Malditasea,Freya,obedéceme!—rugióiracundoalvermeavanzardecididahaciaHalfdan.
Ignorando su ruego, llegué hasta el poste donde Halfdan me observaba medio derrengado,
también con el torso desnudo y negras guedejas surcando su pecho. Estaba magullado y
ensangrentado,conunojotaninflamadoqueapenaspodíaabrirlo,ellabiopartidoymoretonespor
doquier. Rasgué las ataduras y, previendo que pudiera desplomarse, me apresuré a sostenerlo,
colocándome bajo su brazo derecho y abarcando su cintura. Trastabillé pero, logré avanzar con él
hastaquelosacontecimientosseprecipitaronfatídicamente.
Apenas oí un grito alertador, sentí cómo me aferraban por detrás y me ceñían a un cuerpo
grandeyduro.Halfdan,sinapoyo,cayódesplomadosobreelbarro.Elfilodeunaespadaacaricióla
suavepieldemigarganta,mientrasotramanomedesarmaba.
—¡SueltaaHorikyyoharélomismocontumujer!—exclamóunavozgravetrasdemí.
Observé,temblorosa,laflamígerayasustadamiradadeGunnarsobremí.
—¡Deacuerdo,Einarr,losoltaré!—aceptóGunnardeinmediato—,¡loharemosaltiempo!
La lluvia comenzó a arreciar y los relámpagos a sucederse con más continuidad. El cielo
bramabaconlamismacóleraquebrillabaenlosojosdeGunnar.
—¡Escuchabien!—continuóavozengrito—.¡Nosiremosacercandoelunoalotroy,cuando
nostengamosenfrente,ambossoltaremosanuestrosrehenesalavez!
Micaptorparecióasentiryasíavanzamoslentamentehaciaelcentrodelaexplanada.
Acadapasoquedabaelpulsomelatíaenlasien,tanatronadorcomolostruenosquerestallaban
anuestroalrededorconlaasperezadeunlátigoempuñadoporelmismoOdín.
SentílapenetrantemiradadeGunnarsobremí,rebosantedeinquietudytodavíatildadaporun
matizfuriosoyabrumador.Horikpaseabasuhuidizamiradadeunladoaotrohastaquelaenfocó
conagudaeintrigantedeterminaciónenelhombrequemeapresabaconfuerza.Atemorizada,tuvela
impresión de que confabulaban en silencio; aquella percepción aleteó incómoda en mi vientre,
alertandotodosmissentidos.
IntentéplasmarenmisojosunaclaraadvertenciacuandomirédenuevoaGunnar.Nosupesien
suacentuadoceñopalpitabaelmismodesasosiegoquemeatenazabaamí.
Ya frente a frente, a tan sólo unos pasos, nos detuvimos. La lluvia comenzó a arreciar y el
aullido del viento danzó ondulante entre nosotros, tan cortante como el filo que se apoyaba en mi
garganta.
—¡Suéltala!—exclamóGunnarferoz—.¡Ya!
Bajó la daga con que amenazaba al rey, pero seguía aferrándolo por el cuello. Einarr hizo lo
mismoconmigo.
—Abrelosbrazospararecibiratureyyparaliberaramimujer—advirtióGunnarempujando
aHorikconímpetu.
Elhombretrastabillóhaciadelante;tambiényofuiempujada,perojustosobreelrey,queantes
decaeralsuelo,meenvolvióensusbrazos,catapultándomeconél.
Caímossobreelbarroenunforcejeofrenético.Oíuncrucedeespadasygruñidos,mientrasyo
intentaba desasirme de las manos de Horik en torno a mi cuello. Se cernió sobre mí tratando de
asfixiarme; me revolví como una culebra, logrando impedir que cerrara las manos sobre mi
garganta. La herida de mi brazo restó fortaleza a mi defensa. Me debatí furiosa golpeándolo con
todas mis fuerzas, pero el peso del hombre me ancló al charco, y sus recios dedos consiguieron
apresarmeyoprimirconcrecienteencono.
Logolpeéconlospuños,pataleéymeagitéconvulsionada;presadeladesesperación,arañélas
manosquemeceñían.Abrílabocaemitiendounsilbidorasgadoenbuscadeaire,alcélascaderas
con intención de ladearme para lograr arrancarlo de mi cuerpo sin éxito. Horik sofocaba mi
resistenciaconlafuerzadeunbuey.Sentílayemadesusdedosclavándoseenmipiel,constriñendo
mi garganta, cerrándola a la vida, y comencé a marearme. Pude notar cómo la sangre empezaba a
agolparse en mi cabeza, cómo mi pecho se encogía con un ardor pulsante y cómo la negrura, en
formadenebulosadifusayespesa,searremolinabaentornoamí.
Mis movimientos languidecían, mi resistencia se retorcía moribunda y la agonía se extendía
poco a poco por cada rincón de mi ser, envuelta en una liviana capa de rebeldía que me impelía a
seguirluchando.
Aterrorizada, enturbiada por el letargo y sepultada por aquel ser abyecto que me hundía en el
frío barro, con el determinante deseo de enterrar mi cuerpo en aquel lodazal, refulgiendo en sus
entrecerradosojos,decidífingirmevencida,paraqueseconfiara.
Cerrélosojosydolorosamenteestranguléelimpulsoderesistenciaquenacíainherentedemi
interior,parasimularestarmuerta.Cuandosentícómoaflojabasupresa,ylapresióndesusdedos
desaparecía, no lo dudé. Alcé en un último impulso vital la cabeza con todas las fuerzas que logré
reunir e impacté mi frente contra su nariz. Se oyó un crujido y acto seguido un alarido que la
tormentanologróvelar.Mientrasboqueabacomounpezenbuscadeaireymedebatíabajoél,recibí
untremendopuñetazoqueimpulsómirostrohaciaunlado,salpicandoelaguafangosadelcharco
sobre él. No bien giré la cabeza escupiendo barro, cuando otro golpe brutal prendió un ascua
dolorosaenmiotramejilla,arrebatándomeelescasoalientoquehubierapodidoaspirar.Pugnépor
salir de la oscura niebla que apareció de nuevo obcecada en atraparme en su manto, y parpadeé
repetidasveces,asiéndomealaajadaconsciencia,quesedeshilachabatemblorosa.
De repente, el peso que me sepultaba desapareció milagrosamente, y una cortina de lluvia
terminódeevaporaresadensanieblaquemeabotargaba.Abrílosojos,exhaléunrasgadoresuello,
casiunjadeoagónico,yllenécompletamentemipechodeeseairevedado;tosíyboqueédenuevo,
tomando otra profunda respiración que quemó mi garganta. Lo primero de lo que fui consciente
fueronlaspeleasqueselibrabanamialrededor.Doshombresdetorsosdesnudos,unodecabellos
clarosyotrooscuros,luchandoconfebrilfervor,cadaunoconsuadversario,yambosdirigiéndome
miradasdesoslayo,preocupadasyaliviadasauntiempo.
Meincorporéjadeante;meardíaelrostroyelaturdimientopesabaenmícomounfardosobre
mishombros.Sacudílacabezaylaalcéalalluvia,nopermitímuchomás.Mepuseenpieybusqué
unarmaconquedefenderme,peronoencontrénada.Másallá,lossupervivientesdelahird también
sebatíancontraguerrerosjutos.
DescubríqueHalfdanhabíasidoelquehabíaarrancadoaHorikdemicuerpoypeleabanenun
cuerpoacuerpoletal.GunnarluchabaaespadacontraEinarr;medicuentahorrorizadadequeestaba
herido.Unabrechasangrabaconprofusiónenuncostadodesuvientre;elterrormeinvadió.
Intentédarunpaso,perometambaleépeligrosamentehaciaatrás.Lasrodillasmeflaquearony
pisoteé chapoteando el barro mientras luchaba por conservar el equilibrio. Gunnar me echó un
vistazoalarmadoy,eneseinstante,elacerodesuenemigosehundióenlapartealtadesupecho.
—Noooooooooo.....
Caí de rodillas, con un dolor tan desgarrador atravesándome el pecho que sentí la espada
clavadaenmí.
El Ildengum extrajo su arma con una sonrisa perversamente triunfal en su faz, dejando a un
Gunnaraturdidoytambaleante.
Intentéponermeenpie,presadeunarabiademoledora.Gritécomoloharíaunanimalsalvajey
herido,yavancéhaciaGunnar.
—Guuunnaarrrrr...—sollocéenunsonidorasgadoquemequebrópordentro.
Observé cómo Einarr paladeaba su victoria, degustando nuestro sufrimiento. Gunnar le dio la
espaldayseacercóderrotadoamí,todavíaconlaespadaenlamanoyarrastrandolospiesporel
barro. La lluvia pegaba su larga melena a su cráneo, remarcando sus pronunciadas facciones, y
acentuando el rictus de amargor que las desfiguraba. No fue dolor lo que emergió de él, sino una
sensacióndeimpotenciayfrustraciónquemedevastaron.
Cayó de rodillas frente a mí, con los hombros hundidos y la cabeza gacha, derrotado y
malherido; ya me abalanzaba sobre él, cuando su mano me hizo el gesto de detenerme. Supe que
tramaba algo y, con el corazón en un puño, observé cómo Einarr avanzaba hacia él con paso
confiado,lentamenteyregodeándosedesuinminentevictoria.
Los latidos se descompasaron en mi pecho, como el traqueteo de una carreta por un sendero
pedregoso; sentí náuseas, y al dolor se sumó el miedo, y una angustia que me robó el aliento de
nuevo.
Entonces Gunnar alzó la mirada, como buscando una señal en la mía. Supe entonces lo que
planeaba.AguardéaqueEinarrestuvieralosuficientementecerca.CadapasodelIldengumrevolvía
mivientreydesatabaunpavorquemeateríacontembloresquenologrésofocar.Justocuandollegó
alaespaldadeGunnar,yapretólosdedossobresuempuñadura,asentícasideformaimperceptible.
Fuemásrápidodeloqueesperaba.Gunnar,alavelocidaddelrayo,cogiósuespada,girólamuñeca
hábilmente hacia atrás y elevó su acero ensartando a Einarr en él, en el preciso instante en que el
Ildengumseinclinabasobresuespaldapararematarlo.
Me abalancé sobre Gunnar, que me cobijó en su pecho, confortándome con susurros
tranquilizadores.
—Tengoquecurarte—gemíllorosa,separándomeparahundirmeensusojos.
—Tienesqueirte—contrapusoélgrave.
Neguévehemente;lacalidezdemislágrimassemezclabaconlafrialdaddelasgotasdelluvia,
asícomolasbrasasdeldolorseaunabanconlagelidezdelamáscompletadesolación.
—Nopiensodejarte—repliquéfuriosa.
Cogísubarbillaparaclavarenélunamiradadeterminante,perounimpulsomayormeincitóa
tomarsubocaconhambrientadesesperación.Fuemibesoelqueleimpusomidecisión,elqueledijo
queestaríamosjuntoshastaelfinal,yelquelecorroboróquenoseiríasolo.
Cuando nos separamos, Gunnar, estrangulado por la emoción, cobijó mi cabeza entre sus
grandesmanosysesumergióenmisojos.
—Nunca me dejarás, como yo tampoco lo haré jamás —musitó contrito—. Porque ambos
somosuno.Perotienesquesalvarte,ylotienesquehacerpormí.
Neguédenuevoymeabracéconfuerzaasucuello;lossollozosmesacudían.
Unospasosllegaronhastanosotros.
—Horikhaescapado.
MiramosaHalfdan,depie,magulladoysangrante,conlamiradaturbiayunamuecadolorida
ensusemblante.
—¡Llévatela!—rogóGunnarconvozquebrada.
—¡No!—insistíaferrándomeasupecho.
Halfdanparecióvacilaruninstante,perofinalmentesecerniósobremí.
Me arrancó de los brazos de Gunnar, que permaneció impasible, mientras me revolvía contra
Halfdan.
—Va a odiarme hasta el fin de los tiempos —murmuró cogitabundo—, pero te debo esta
dispensa,Gunnar.
—¡Cuídala...pormí!—pidióenunhilodevozmoribundo.
Comenzóaarrastrarmealejándomedeél,quemeobservabaconelrostrotransfiguradoenuna
muecaagónica,atrapadoenunacontenciónqueloestabamatandomásrápidamentequelasheridas
queatravesabansucuerpo.
—¡¡¡Nooooooo...nomehagasesto!!!!—sollocépataleando,arañando,luchandoporzafarmede
su presa. Mis súplicas caían inocuas y resbalaban como la lluvia que los dioses derramaban sobre
nosotros.Misgritosrasgabanmigargantacomolostruenoselsilencioymidolorrefulgíaconla
intensidad de los relámpagos flameando recortados en la espesa oscuridad de aquel día aciago y
maldito.
LafigurainmóvildeGunnar,derodillas,moribundoysoloenmitaddeaquellodazal,rodeado
porguerrerosqueseguíancombatiendo,sangrandobajolalluvia,aguardandosupartida,merompió
porlamitad.
Liberéunalaridoquenaciódemimismocentro,deesapartequesedesmoronabasinremisión,
cuandolavidapierdesurazóndeser.Sentítrozosdemicorazóncayendoenfragmentosaunabismo
dedolordelquesupequenopodríasalirjamás.Ysumidaenaquelladevastaciónquemeasolaba,no
hallémássalidaqueladenegarmelavida,comoélrenegódelasuyacuandocreyóperderme.
Fui arrastrada hasta el caballo más cercano. Halfdan abarcó con un brazo mi cintura,
inmovilizándomecontraél,mientrasconlaotramanorebuscabaenlasalforjasdelamontura,consu
rostrocasipegadoalmío,aunquetemerosodemirarme.Encontróunpuñalqueentremetióentresu
cinturónyunrollodesogaquecomenzóadesliarparamaniatarme.
—Cogeré ese puñal, o cualquier otro —comencé a decir clavando los ojos en los suyos— y
acabaréconmividaalamenoroportunidad,yloúnicoquelamentaréesnopodermorirabrazadaa
él.
Halfdanmecontemplóunlargoinstanteenquenossostuvimoslamiradaindagandoennuestro
interior,contantaprofundidadquelogróvermifirmedeterminación.
Respiróhondamente,hundióloshombrosconabatimientoyacontinuaciónresoplóconaguda
resignación.
—Estábien—mascullómásparasímismo—.Vamos.LoshombresdeLodbroknotardaránen
reagruparse,tenemosquesalirdeaquí.
Apresómimuñecaytiródemí,desandandoeltrayectoyacercándonosaGunnar.
Medesasídeél,noopusoresistencia,ymeadelantéalacarrera.Elagotamientonologróvencer
laansiedadporestarensusbrazosdenuevo.
Permanecíaderodillas,conlacabezainclinadasobreelpecho.Lalluviasedeslizabaenrojas
hilerasondulantesporsupecho,largosmechonesempapadosgoteabansobresusmuslos.Estabatan
inertequetemínollegaratiempo.Ladesesperaciónmeapuñaló.
Me dejé caer de rodillas ante él y cogí su cabeza con las manos, trémula y rota. Todavía
respiraba;soltéelalientocontenidoysonreíentreamargaslágrimas.
—Amormío,nadievaaseparartedemí,nisiquieratú.
Entreabriólosojos,parpadeandoconfuso;undestelloverdeiluminómicorazón.
—¡Abrá...za...me...!
Micorazónseencogióanteaquelruegoidénticoalmío.Abarquésutorsoentremisbrazosyme
arrebujéensupecho.Sentirsuslatidosmeinundódealivio,apesardesertortuosamentelentos.
Halfdan llegó apresurado hasta nosotros, llevando al caballo de las riendas. Se detuvo y se
inclinósobreGunnar,cogiéndolodeunabrazada,conintencióndeponerloenpie.
—¡Ayúdame!Puedequesesalvesilogramossacarlodeaquí.
Aquellaspalabrasimprimieronunafuerzainusitadaenmí.Loaferréporelcostadocontrarioy,
entre los dos, logramos levantarlo. Halfdan usó todas su pujanza para lograr elevarlo sobre la
montura.Gunnarsederrengósobreelcuellodelanimal,exiguo.
—Habráqueatarloparaevitarquesecaigay,aunasí,esposiblequesuceda;noposeeslafuerza
suficiente para sostenerlo si se vence —meditó ceñudo—. Yo me haré cargo. Busca otro caballo y
larguémonosdeaquí.
Miréenderredor,mientrasHalfdanasegurabaelcuerpodeGunnaralomosdelalazán.Enese
momento reparé que, entre los reducidos grupos que todavía luchaban en la explanada, se
encontrabanHiram,SigurdyThorffin,conteniendoaloshombresdeHorik,queaccedíanporunade
las entradas de la muralla, como si fuera una hilera inagotable de hormigas emergiendo de un
agujero en la tierra. Más allá, un grupo de caballos sin jinete relinchaban inquietos; corrí
trastabillantehaciaellos.
Yaalcanzabaalmáscercanocuandounamanoagarrómimelena,tirandodeellaparahacerme
retroceder.
52
Unaluzparpadeandoenlaoscuridad
Erancuatro;sonrieronporfiadosymerodearonrelamiéndose.Lalujuriabrillabaensusojos.
—Si quieres ese caballo, habrás de ofrecernos algo por él —rezongó el más grande y
atemorizantedeellos.
Descubríagolpedevistaqueelquesedirigíaamílucíaensucintolarepujadaempuñadurade
nácardeunpuñal.Meencaréaltivaaél,mientrasmerozabacontrasupechoprovocadora.Enarbolé
unasonrisapretenciosaytambiénmerelamí.
—¿Yquépedísacambio?—susurrétentadora.
El hombretón ensanchó complacido la sonrisa, llevó las manos a mis nalgas y las aferró
ciñéndome a sus caderas. Percibí con claridad la dureza de su deseo, y me acometió una feroz
repulsa.
Deslicéunamanoporsucaderayelguerrerogimióymelanzósuhediondoaliento;apartéel
rostroasqueada.
—Quecobijesnuestrasarmasylascalientes,perra.
—Calentaréunaparaempezar...—repliquéartera,arrebatándoleelpuñaldelcintoyclavándolo
ensuespaldaconsaña.Elguerreroagrandólosojoshorrorizado—...contusangre,perro.
Me aparté rauda, empujé el cuerpo del líder sobre sus hombres, y aproveché el desconcierto
paracorrerhaciaHalfdan.
Me seguían, oía sus agitadas respiraciones tras de mí y las pisadas en los charcos, pesadas,
rápidasyalarmantementepróximas.Elpavoracelerómispiernas;hiceacopiodelasúltimasreservas
de vigor que precisaba para alimentarme con él, fortaleciendo mi cuerpo para la última lucha de
supervivenciaalaquemesometíaeldestino.
Nofuesuficiente.
Unamanomeempujóconviolenciaycaíhaciadelante.Dejéescaparunresuellocuandofrenéel
impacto con las manos. Una mano me alzó con abrumadora facilidad, manipulándome hábilmente
paracargarmesobresuhombro.
—Primero te apuñalaremos con carne y luego con acero —amenazó el que me portaba. No
llegómuylejos.
Oí un ladrido amenazante, un gruñido rabioso y acto seguido un empellón que me sacudió,
tambaleándome. Un grito de dolor resonó con fuerza, y nos precipitamos hacia el suelo. El barro
blandoamortiguólacaída.
Rodélibreymearrastréjadeantehaciaatrás,paradescubrircómoFenrirmordíaconferocidad
el cuello del guerrero que me había capturado. La sangre cubrió su afilado morro, tiñendo de
escarlatasuagrisadopelaje.Otrohombreseabalanzósobreelperroyloensartóensuespada.Un
gemidoquejicosoconvulsionóelcuerpodelanimal.Jadeécasisinaliento,exhaustaydolorida.
Otrodemisguardianesperecíaporprotegerme.Otroaccesodefuriamepusoenpie,otralucha
meaguardaba,otroloboemergiódemí.Elmásresistentedetodos.
Apreté los dientes y me puse en pie, mientras esquivaba al tercer guerrero, que intentaba
atraparme.Alargóelbrazodesplegandohaciamísuacero,meladeéraudaevitandounmandobley
sentí un pinchazo fulminante en el costado; no me detuve a examinarme. De soslayo advertí que el
hombrequehabíamatadoaFenririntentabaaproximarsepormiespalda.Sorteéotrolanceymezafé
a la carrera, topándome de bruces con un pecho duro, desnudo y frío, que me hizo a un lado sin
mediarpalabra.
Halfdanempuñósuespadaylabalanceóaguardandoamiscaptores.
Descargóelprimerespadazocondestrezasobreelprimeroponente.Losacerosentrechocaron,
vibrantesysedientos.Loshombresmantuvieronunfieropulso,clavándoselamiradaconlamisma
inquina que imprimían a sus lances. Halfdan retrocedió liberando su mandoble, giró con elegante
destreza, trazando un arco lateral y arremetiendo contra el segundo, que se había posicionado
astutamente tras él. Alternaba con maestría las acometidas, al tiempo que sostenía con apabullante
habilidad un ataque doble. No obstante, estaba muy débil, y no tardarían en vencer su resistencia.
Teníaqueayudarlo,ysólosemeocurriósaltarsobrelaespaldadeunodeellos.Yameimpulsaba
cuando me detuve en seco; de la espalda que había elegido emergió la punta de una espada, y me
aparté con brusquedad. El hombre trastabilló hacia delante, acercándose de forma intencionada a
Halfdan, a pesar de que con aquel avance hundía más profundamente la espada en su vientre, para
abrazarseaélyretenerloenunúltimohálitodevida.
Aferradoenunabrazomortalysinposibilidaddeextraerlaespadadelcuerpodondesehallaba
clavada,fuepresafácilparaelsegundoadversario,queloembistiópordetrás.Contuveelalientocon
elcorazónenunpuño.Halfdanenfocósumiradadeobsidianaenmí,empujócontodassusfuerzasal
hombrequeloinmovilizaba,yamoribundoylaxo.Apretósufridolosdientescuandolaespadaque
lo atravesaba salió de su cuerpo y, en lugar de desplomarse, se volvió enarbolando la suya y la
hundióenelcuellodesuenemigo,casisesgándolelacabeza.
Después,cayóderodillas;delaprofundahendiduraqueseabríajustoenelcentrodesupecho
manabasangreaborbotones.Caífrenteaél,cubriendolaheridaconlapalmadesumano,comosi
aquelsimpleactofueracapazdehacerdesapareceraquellabrechaodetenerelsangrado.
Dejéescaparunsollozosentido,ycuandologrémirarlodescubríunadulzurainesperadaensu
semblante,unaquenuncahabíacontempladoensufaz.
—Nopude...desearmejorfinal...paramí...
Acaricié su mentón con extrema delicadeza, deslizando el dorso de los dedos por su mejilla.
Halfdansuspiróyseembebióenmimirada.
—Eresungranrey—musitéafectada—,peroaúneresmejorhombre.
—¿Yanosoy...uncuervo?
—Niyounaloba.
Sonrióconmovido,alzólamanohaciamirostroypaseólayemadelosdedospormislabios.
—No,ereslavalquiriaquemellevaráalValhallaconunbeso.
Asentíentrelágrimas.Lapalidezseextendióimplacableporsurostro,apagándolo.Lamuertese
cerníarápidasobreél.
Meacerqué,temblaba.Cogísurostroconlasmanosylesonreíantesdeposarloslabiosenlos
suyos. Lo besé con extrema dulzura, con todo el cariño y la gratitud que sentía por él, con una
profundaadmiraciónyarrobadoorgulloporelhombreenquehabíadecididoconvertirse.
Lafrialdadempañósupiel,lanotéensuboca,asícomolaausenciadealiento.Sucuerpopesado
sedesplomólentamente;acompañésucaídaconlasmanosyacomodésucabezaenelbarro,contoda
ladelicadezaquefuicapaz.
Reprimí una hilera de sollozos que se encadenaban sin cesar, convirtiendo mi pecho en un
tormentosonudodedolor,quemeesforcéensofocar.Retirélasoscurasguedejasempapadasdesu
rostro,besésufrenteymepuseenpie.
Enesemomento,advertíquehabíacesadolalluvia,quemepalpitabadolorosamentelaherida
delcostadoyquetreshombresavanzabanhaciamíagrandeszancadas,portandoelcaballodondeel
inertecuerpodeGunnarestabaatadoalamontura.
Exhaléunresuelloaliviadoycaminéhaciaellos,fijandolamiradaenelmásadelantado.
—Todavíarespira—anuncióHiramentonotranquilizador,contestandomimudapregunta.
SigurdasintióyThorffinsonrió.Lostresestabanheridos,peroenteros.
—¿YErikyRagnar?—preguntéapesardeintuirlarespuesta.
Hiramnegóapesadumbradoconlacabeza.Enesemomento,misrodillasfallaron,hincándose
abatidasenelbarro.Elguerreroseabalanzóalarmadohaciamí,cogiéndomeensusbrazos.
—¡Está herida! —informó; en su tono relució un agudo temor—. Ha debido de perder mucha
sangre.
—Yo llevaré a Gunnar —adujo Thorffin—. Hiram, monta con Freya, está herida y exhausta.
Sigurd,traeloscaballos.Noperdamostiempo.Horikhalogradohuir,yesaserpienteestansibilina
quepuedeaparecerencualquiermomento.
Todosasintieron,exiguosyallímitedesusfuerzas.
PartimosdeViborgensilencio,cabalgandoveloces.
En mi pecho llevaba la oscuridad del miedo a perder a Gunnar, el dolor de tantas muertes, el
agotamiento por tanta lucha y la incertidumbre de un futuro todavía incierto, pero portaba la
esperanzacomoescudo,oaellaquiseagarrarme.
Perdílaconscienciaduranteelviajeenrepetidasocasiones.Measaltaronpesadillasinfamesy
grotescas.Ardíenfiebredurantedías,ydelirémientrasmeconvulsionaba,comosidemíescaparan
demonios abriéndose paso a dentelladas. Pero también soñé con una luz que parpadeaba en la
oscuridad trazando un sendero, que decidí seguir. Y a mitad de ese camino, me apercibí de que no
estabasola.Unamanograndeycálidaabarcabalamía,cobijándolaensupalma,comosifueraun
pajarillo que hubiese encontrado por fin su nido. Me sentí reconfortada como nunca antes. Sonreí
interiormente dispuesta a avanzar, pero la mano me lo impidió. No sólo me retuvo, sino que me
impelióaretroceder,adesandarloandadoy,aunquequiseresistirme,aquellapresenciameotorgaba
tantapaz,tantoamor,quemedejéllevarporella.Todoestababien,medije.Yasí,mesumergíde
nuevoenlaoscuridad.Atráslaluzqueparpadeabaseapagóporcompleto,peronosentímiedo.No
estabasola.
—Freya...
Aquellavoz...
53
Regresoacasa
Parpadeéconfusa;laluzmecegó,entrecerrélosojosacostumbrándolosalaluminosidadmatinaly,
cuandoporfinlogréabrirlos,miréamialrededorcompletamentedesorientada.
Oíelrumordelmar,yunrítmicogolpeteodemaderos.Unacentuadoaromasalobremepicóen
la garganta, empapando mis fosas nasales y despertando todos mis sentidos. Quise incorporarme,
perounasmanosenmishombrosmeloimpidieron.Fijélavistaenelcielo,azulylímpido,yme
embriaguédesubelleza.
—Hasregresado,miamor...
Enfoquélamiradaenelrostroquesecerníaemocionadosobremí.
Mis labios se estiraron en una débil pero luminosa sonrisa. Unos hermosos y rasgados ojos
verdeschisporrotearonalborozados.
Amimenteacudióelsangrientorecuerdodelabatalla,delaamargura,elmiedo,eldoloryla
muerte.Cadaescenaemergióparpadeanteynítida,evocandocadaemociónvivida.
—Metrajistedelamano—susurré.
Gunnar cogió mi mano entre las suyas y la llevó a sus labios. Su tacto suave y cálido me
estremeció.
—Notelahesoltadodesdequelogrésalirdemicamastro.
Entoncesrecordésusheridasyfijélavistaconpreocupaciónensutorso.Llevabaunacamisola
ajadaconunaaberturaenuvequedejabaveruntoscovendaje.
—La espada no alcanzó el corazón —aclaró— por muy poco; esta vez los dioses fueron
magnánimos.
—¿Cuánto...tiempo...?
Sentíalabocaresecaylagargantaáspera.Traguésalivacondificultad.
—Casidoscicloslunares—respondiófrunciendoelceño,mientrasescudriñabaatentamentemi
faz.
Gunnarsereclinósobremí,desplególamanoabarcandomimejillayestiróloslabiosenuna
muecaemotivaquemetraspasó.
—Dos malditos ciclos lunares, que han sido mi más dura tortura, que me han sumido en un
negruradesesperante—murmuróahondandoconafectadafijezaenmisojos—.Hasabiertolosojos,
miamor,esoshermosossolesqueacabandellenardeluzmialma.Hoy,porfin,haamanecidopara
mí;hoy,yotambiénregresoalavida.
Sonreí,alcélamanoycubrísupoderosomentón.
—Yyoporfin,despuésdeseguirdurantetantotiempolashuellasdellobo,hereencontradomi
corazón.Ylate.
La mirada de Gunnar se empañó, acercó los labios a los míos, rozándolos apenas, y sonrió
constreñidoporunaprofundaemoción.
—Sí —afirmó en un acariciador hilo de voz, en el que reverberó una profunda emoción—, y
lateenmipecho,comoelmíolateeneltuyo,alunísono.
Nossostuvimoslamiradaunlargoinstante,llenandoelsilenciodepalabras,liberandotodoel
amorquealbergábamosyenlazandonuestrasalmas,unavezmás.
Subocaseentreabrióatrapandoenellamislabios,primerouno,luegootro,tirandodeelloscon
suavidad, recorriéndolos con la lengua, lánguidamente, casi de manera indolente, acicateando mi
agudoyapremianteanhelo,despertandomihambreycosquilleandomissentidos.Exhaléunalargado
yroncogemidoqueélbebióconardorosofervor,mientrasderramabacasialtiempoenmibocaun
gruñidoinsatisfecho.
La pasión prendió como prende la broza seca bajo un sol arrasador, como un arbusto seco
alcanzado por un rayo o como una antorcha besando una tina de brea. Y esa llama comenzó a
descontrolarseazuzadaporelhúmedoyardienterocedenuestraslenguas,inquietasyhambrientas,
poresedeseoqueempezóaquemarnoslasentrañas,poresanecesidadcasivitaldefusionarcuerpoy
alma,sintiéndonosuno.
—Por los dioses —gimió Gunnar, con un acusado tinte de remordimiento en su voz—. Estás
muydébil,acabasdeemergerdetuletargo...yyo...
Seseparóavergonzado,peroconlamiradaturbiaporlapasión.
—Tengo hambre y sed —revelé con suavidad—, pero no de alimento. Y después de muchas
jornadassumidaenelsueño,nopuedequedarcansancioenmicuerpo.Porlotanto,fieroguerrero,
nomesubestimes,piensoplantarbatalla.
Gunnarenarcódivertidounaceja,meregalóunamediasonrisaoblicuaycongestopícarose
cerniónuevamentesobremí.
—Entonces,mibellaescudera,¿desenvaino?
Asentíconunasonrisaprovocadora,chispeandoenmisojosuntórridoydensodeseo.
—Créemequeloharíasinotuviéramostantosojossobrenosotros.Habrásdeaguardarhastala
noche,aunquemiespadayaardeendeseosdeenvainarseensufunda.
Giréenesemomentolavista,yaturdidadescubríquenavegábamosenunsnekke, que surcaba
grácilelocéano,yquelossonrientesrostrosdeHiram,Valdis,Jorund,Sigurd,Thorffin,Helgaysu
pequeño,juntocondoshombresmásquedesconocía,nosregalabansumáscompletaatención.
Les sonreí, hasta que reparé en una gran ausencia, una que ya había descubierto Gunnar.
Sobresaltada, con un velo de preocupación y angustia revivida, contuve el aliento escrutando sus
ojos.
Yenaquelprofundoverdor,relucióunfulgorcontrito,arraigadoytodavíatierno,lacerantey
hondo,quesupepermaneceríamuchotiempoensumirada,comoloestabaenlamía.Meabracéaél
confuerzayeneseprecisoinstantelasentíjuntoanosotros,abarcándonosconlosbrazos,sonriendo
orgullosayplena.
—Nosehaidoynuncaloharámientrasvivaennuestroscorazones—susurréensuoído.
Meseparédeél;sumiradabrillaba,perosugestoeraplácido.
—Eyra me trajo a la vida, la recorrió conmigo y estará en ella hasta que volvamos a
encontrarnos.
Elnudoquesehabíaancladoamipechodesdequesefuesedesatóliberandolaangustiayel
tormento.Eyraformabapartedenosotros,ysuespírituflotabaanuestroalrededor,derramandosu
magia, creciendo en nuestros corazones. No sólo sería recordada cada día, sería venerada por
siempre.
Unacuestiónsefiltróenmimente,llenándoladecuriosidad.
—¿Adóndenosdirigimos?
La expresión de Gunnar se suavizó, y sus ojos se entrecerraron empujados por una amplia y
entusiasmadasonrisaquemeintrigó.
—Tellevoacasa.
Alcélascejasinquisitiva,componiendounmohínconfuso,queacentuóelbrilloenelsemblante
deGunnar.
—NosdirigimosaIsbiliyay,deahí,aToledo,aesaciudadporlaquetantohassuspirado,aesa
ciudadqueeshermosaporqueenellaestánlaspersonasquemásamas—recordópronunciandomis
propiaspalabras.
Mi corazón dio un vuelco y mi respiración se detuvo. Un agitado aleteo acarició mi vientre,
desplegandoenélunsinfíndesensaciones.
—Entalcaso,estebarcotambiéneshermoso—adujemirándoloarrobada.
—Tanto,comoeseloboquenosunió.
Se acercó a mi boca, volcando en ella un beso apasionado, trémulo y afectado... tan lleno de
amorquecalócadafibrademiser,queevaporóeldolorsufrido,queextinguióelarrepentimiento,
que apartó el pasado para dejar paso al presente y para recibir con los brazos abiertos a un futuro
alentador.
Pensé en mi madre, Elvira de Casto y Villarejo, una mujer menuda, de sobria y regia belleza
castellana, de dulce sonrisa, cariñosas maneras y fortaleza encomiable. Y de mi pecho rezumó un
cálido bálsamo reparador que cicatrizó heridas, rescató dulces recuerdos y agudizó el anhelo de
estrecharla de nuevo entre mis brazos. También recordé con almibarada sonrisa a dos medio
hermanos,hijosdemipadre,Khaled,quequedaronalcuidadodemimadre.Unafamilia,esotenía,y
esoeracuantoimportaba,estarrodeadadelaspersonasamadasyrecordarlesacadainstantequelo
eran.Nadamásteníasentido.
Larazóndemiexistenciasuspiró,embebiéndosedemigestoilusionado.
—Tevoyahacertanfeliz,miFreya,tanto,queolvidaráscuándofuelaúltimavezquesufriste.
Neguéconlacabeza,repasandoconlosdedoselcontornodesuboca.
—No quiero olvidar nada —repliqué dulcemente—, porque todo ese dolor que nos impuso el
destinoharámásdichosocadainstantedepaz.Esrecordandoelamargorcuandomejorseapreciala
dulzura...cuandomássevaloralafelicidad,ymásunacomolaquetantonoshacostadoconseguir.
Sinembargo,recordarésinrevivirnada,sintormentosniagonías,sincontriciones,abatimientoni
pena, porque estaré muy ocupada amando y repitiéndome lo afortunada que soy, sólo recordaré
comoleccióndevida.
—Los dioses nos pusieron una dura prueba, y salimos victoriosos —convino Gunnar—. Las
nornashanhiladonuestrodestinoalospiesdelárbolYggdrasil.Urdtejiócondureza;Verdandi,con
esperanza. No podemos descubrir la urdimbre que teje Skuld, pero, aquí y ahora, alma mía, te
prometounacosa:nohabráfuerzasobrelafazdelatierra,nisobreeldominiodivino,quepueda
separarnos.
Ensusdiáfanamiradacomprobécómoaquellapromesasegrababaafuegoensualma.
Unadichaplena,tanvibranteyluminosacomoelsolqueacariciabanuestrapiel,seextendiópor
todo mi interior, despertando a la vida rincones oscuros y gélidos, uniendo fragmentos rotos y
revitalizando partes marchitas. No sólo mi cuerpo había vuelto a la vida, por segunda vez; ahora
habíarescatado,conél,unalmaqueporfinrelucíayuncorazónquelatíaconelvigordelvientoque
henchíalascuadradasvelasrojasdelsnekke,yunafortalezatangrandecomoelcieloquenoscubría.
—Ya que no puedo colmar tu hambre, de momento —se lamentó Gunnar—, será mejor que
comasalgo.
Dejéescaparunacarcajadatanrefrescanteyprístinacomolasaguasdeunarroyo,queflotóen
elvientoysearremolinósobrelospresentes,agrandandosussonrisas.
—¡Quéremedio!—respondíjubilosa.
—Ésa es la melodía que exigiré de ti cada mañana —murmuró Gunnar con gravedad—; tus
gemidoscompondránlaquearrancarédeticadanoche.
—¿Esunapromesa?
—Esunjuramentosagrado—aclaróquedo.
—Queteobligaréacumplircondiligencia—repuserisueñapaseandolosdedosporsurostro
—.Y,aquíyahora,yotambiénteofrezcounjuramento.
Gunnarsonriópendenciero,seacercóseductorrozandolapuntadesunarizconlamíaybesó
suavementemislabios,apareciendodeinmediatounaexpresiónanhelante.
—Cuidadoconloquejuras,preciosa—bromeóconvozroncayhambrienta.
—Juroporlosdioses,loshombresyloselementos,vivirmilvidasatulado,morirmilvecesen
tusbrazosyrenacercontigohastaquelostiemposseextingan,laeternidadperezcaoelmundose
apague.
—Sellemosnuestrosjuramentos—propusoGunnar,conmiradapenetranteyrictusafectado.
Mebesódenuevo,ciñéndomeasupecho,trémuloyconmovido,vertiendocuantosentía.Fueun
besodetotalyabsolutaentrega,desentimientostempladosenlafraguadeldestino,decompromiso
eternoydeunamortanpuroyprofundocomolainmensidaddelmarquesurcábamosrumboauna
nuevavida.
—Tuyo.
—Tuya.
Y así, envueltos en un amor infinito, acompañados por la familia que nosotros mismos nos
habíamosforjado,impelidosporunvientovigoroso,acunadosporunmaramableycubiertospor
una gruesa y cálida capa de esperanza, atravesábamos el océano de regreso a casa. Ésa de la que
habíasidoarrancadaporeldestinohacíatantotiempo.Yamimenteregresaronaquelloslamentos
pormisuerte,paracomprobarahoraqueaquelloquelamentabanofuesinounaventuraqueseme
concedió, el comienzo de un descubrimiento, el de mi verdadera razón de ser: encontrar mi otra
mitad.Esaqueahorameabrazabaconextremadulzura,quemeacariciabacontansuavedelicadezay
mesusurrabacontanentrañableintensidadsussentimientos.
Hubountiempoenquemeconforméconlaluna;ahora,nopodríavivirsinelsol.
Elcómounatragediaseconvertíaenunabendiciónformabayapartedeaquelladuralecciónde
vida aprendida a golpes, pero recompensada con creces, con el mejor premio que la vida podía
ofrecerme:elcorazóndelmejordeloshombres.
54
Regresoalpresente,demoniosdelpasado
Atravésdemiscerradospárpadospercibíunaintensaluzblanquecina,molestaydesconcertante.
Meatraía,peroelrecelomeimpidióavanzarhaciaella.Noeralaprimeravezquelaveía.Atrás,
lanegrura,perotancálidayconocidaqueinvitabaaestarenella.Vacilante,miréaambosextremos,
luzyoscuridad;supequemehallabaenmitaddeunacrucialdecisión.Sentísupesoylaindecisión
me atenazó. La luz no parpadeaba; al contrario, crecía en intensidad, deslumbrándome,
cautivándome...aunasí,permanecíinmóvil.
Derepente,sentíelrocedeunamanoenlamía,enlazándoseconfirmezaytirandodemí,esta
vezhacialaluz.Medejéarrastrarporella.
Entreabrílosojoslentamenteparadescubrirqueaquellaluzproveníadeunahúmedayverdosa
miradaangustiada,que,comoaquelentonces,cobijabamimanoentrelassuyas,posandoloslabios
en ella. Descubrir que despertaba inundó de alivio aquel hermoso rostro que tanto amaba; sin
embargo,eldolorcontinuóvelandosusemblante.
—Gu...nnar...—balbuceé,descubriendoquemehallabaenlaanodinahabitacióndeunhospital
—.¿Dóndeestá...?
—Siguedesaparecido.
Unsollozorotoescapódeél.Sereclinósobremí,descansandolacabezaenmipecho,seabrazó
a mi cuerpo y lo sentí estremecerse, liberando parte de su agonía. Me di cuenta de que podía
movermeylorodeéconlosmíos.
Y en aquel abrazo, se ordenaron con asombrosa precisión ambas vivencias. Descubrir que no
había muerto a manos de Rashid, que mis desventuras habían continuado, que mi lucha había sido
feroz, pero que en esta ocasión habíamos conseguido embarcar hacia una nueva vida, solazó mi
corazónycongratulómialmaconaquellapartedemipasado,apesardeignorarquéfuedenosotros
enmitierra.
Yeneseinstante,supeelmotivo.
En aquellos recuerdos descubrí al culpable de la desaparición de Khaled. Aquella que no
encontró paz en la muerte, aquella que se aferró al odio y a la venganza, aquella que prometió,
mientras se apagaba su vida, que esto... todavía no había acabado. Me estremecí; Ragnhild había
renacidoconnosotros,peronoeralaúnica,no.
Bebídeesafortalezaquetancorajudamentehabíadesplegadoenotrosiglo,apartandoeldolory
la desesperación para dejar espacio a la esperanza. Recuperaría a mi pequeño, me convencí
contundente.
—Vamosaencontrarlo—susurrécondecisión.
Gunnaralzósucontritamiradayasintióconlamismarotundidadquerezumaronmispalabras.
Llevabaunavendaquecircundabasufrente,yelrostromagullado.
—¿Cuántotiempollevoinconsciente,quéocurrió?
—Dos días —aclaró, limpiando las lágrimas de su rostro burdamente con el antebrazo, sin
arrancar con ese gesto la furia que tan peligrosamente palpitaba en él—. Me despeñé, caí rodando
ladera abajo hasta un saliente; por fortuna pude aferrarme a él antes de precipitarme al vacío, el
mismodondecaístetúaplomo.Oírtualaridoyelimpactodetucuerpocontralaroca...—Sedetuvo,
cerrólosojoscondolor,tragósalivayseobligóacontinuar—.Aquelsalienteeralaentradaauna
cueva.Unacuevanaturalhoradadaenlapareddelacantilado;enellaencontraronuncestodemimbre
conunagruesaylargasogaatadaasusasas.Estabavacía,peroenellasehallabanlosmuñecoscon
queduermeKhaled.Enlacueva,tambiénhabíaprovisionesparapasarunosdías,biberones,pañales,
ropademujer,dineroyartículosbásicos.Peronirastrodenuestrobebé.Lapolicíaharequisadolas
pruebasyencontradohuellasdelculpable.Lohandetenido.
Aunquelaangustiallamómásinsistentemente,luchépornoabrirlelapuerta.Contuveelaliento
yreprimíelmiedo.
—¿Quién....?—preguntéapretandolamandíbula.
—Hildur.
Neguévehementeconlacabeza,aquellonopodíaestarpasando.
—No,nopuedeserella.
—Encontraron sus huellas por toda la cueva; ella preparó el secuestro —aseguró Gunnar tan
confusocomoyo—.Peroaseguraquenosabedóndeestáelniño,nocolaboraenlosinterrogatorios.
SóloacusaaIngrid;afirmaqueellatieneaKhaled,exigequepongantodoslosefectivostrasella.
—¿Ylohanhecho?
—Sí;hancerradocarreterasyaeropuertos,hayfotosdeellaportodaspartes,sehanhechoeco
losmediosdelanoticiayestáenbuscaycaptura.Peronoaparece.
Meincorporéyclavémidecididamiradaenél.
—TengoquehablarconHildur—espetéhaciendoademándesalirdelacama.
Unasensaciónbamboleantemesacudió,mimentesenublómomentáneamenteymiestómagose
agitó.
Gunnar,cogiéndomedeloshombros,mepegóasupecho.
—Loharemos,peroantestienequeexaminarteLars;voyabuscarlo,noseteocurrasalirdela
cama.
Meobligóatumbarme,depositóundulcebesoenmislabiosysaliódelahabitaciónagrandes
zancadas.
Aguardábamos en la sala de espera de la comisaría central de Tønsberg —sentados en dos
incómodassillasfijasenlapared,cogidosdelamanoytantensoscomolascuerdasdeunviolín—a
que el funcionario de rigor cumplimentara los trámites pertinentes para poder tener acceso a la
detenida.
DeunodelospasillosemergióelinspectorBerg,consuhabitualporterígidoeindescifrable
expresión. Pese a su impasibilidad, creí adivinar un fugaz y desconcertante brillo cómplice en sus
ojoscuandoseencontraronconlosmíos.Lomirésinescondermireconocimiento,apartólamirada
conundejedeasombroylaclavóenGunnar.
—Sólopuedeentraruno—informóhierático.
Gunnarasintióyoprimiómimanoenseñaldeapoyoyconformidad.
MelevantéyseguíalenigmáticoHansBergporlossobriospasillosdelacomisaría,hastauna
puertametalizada.Antesdeabrirla,sevolvióhaciamíconceloprofesionalymiradaadmonitoria.
—Estaréalotroladodelaestancia,enuncuartodevigilancia,observandoatravésdelespejo
que verás en la habitación. Voy a desactivar la cámara para que vuestra conversación no se grabe,
sóloyoserétestigodeloquehabléis.SospechoqueHildurescondeunsecretoquepuedeinteresarte.
Yaseibacuandolodetuveposandolamanoensuantebrazo.Bergmemiróexpectante.
—Gracias,miguardián.
La sombra de una sonrisa complacida iluminó su rostro; de sus ojos, tan azules como los de
antaño, brotó ese tinte pícaro y travieso que siempre lo había caracterizado, ratificando en aquel
personalgestosuidentidadpasada.
Asintiósinmediarpalabra,paradesaparecerenunrecodo.
Abrílapuertaymeadentréenunasalacuadrada,pequeñayparcaendetalles.Tansólohabíauna
mesacondossillasacadalado,ungranespejojuntoaotrapuerta,unplafóndeluzblancaeneltecho
yunacámaraenunaesquina,queevidenciabalaausenciadelpilotorojodegrabación,yqueademás
enfocabahaciaelsuelo.
Hildur estaba sentada a la mesa, con las manos sobre el tablero, las muñecas esposadas, unas
oscuras bolsas bajo los ojos y una mueca de culpabilidad y pesadumbre tan acentuada que
ensombrecíasurostrocomounamáscaramortuoria.Toméasientofrenteaella.
Fijósusclarosojosgrisesenmíy,anteesafijeza,esaconexiónquesiemprehabíasentidopor
ella resplandeció con más intensidad. Creí adivinar otros ojos en ella, y esa sospecha me tensó,
encogiendomicorazónantelainquietudquecrecíaapasosagigantados.
—Nolleguéatiempo—confesóenunmurmulloabatido.
—¿Atiempo?
—Permanecí junto a ella media vida justo para impedir esto y he fracasado —se lamentó
cabizbaja.
Mechones del color del bronce, lacios y largos, cubrieron parcialmente su demacrado rostro,
sinpoderocultarlosremordimientosylafrustraciónquependíasobreellacomounalúgubrenube
gris.
—Sabíaloqueibagerminandoenellaconlosaños—prosiguió—,enquiénserevelaba...yel
objetivo que había venido a buscar. Lo soñé cada noche, lo veía en sus ojos. Y cuando Gunnar te
recuperó,comprobéqueellasóloaguardabasumomento.EsperólallegadadeKhaledyperfilócon
detenimientoyfrialdadsuplan,comolaarañaquefue...yquees.
Mi pulso se detuvo, mis sospechas se confirmaban, mi garganta se cerró. Y esa angustia que
llamabasincesarreventódeunempellónmipuerta,asolandocuantoencontróasupaso.
Suspirócontritaymemiródenuevo,estavezconunagravedad,unacomprensiónyuncariño
conocidos.Sinocultarquiénfue,ycuálerasumisiónenestavida.Sentísualmaentodasuextensión,
llenándomeporcompleto,empapándomeconsuesencia.Losrecelosquesiemprehabíanpalpitado
en mi interior, esa sensación fraternal tan profunda, ese vínculo que me unía a ella, por fin tenían
explicación.
—Eyra...
Las lágrimas rodaron gruesas y ardientes por mis mejillas, y exhalé un gemido quebrado que
me sacudió. Alargué trémula las manos, estrechando las suyas en una comunión que transgredía
credos,tiemposyrazones,ydejébrotartambiéndemícuantosentía.
DeHildurescapóunsollozosofocado,sushombrossesacudieronysuexpresiónsedulcificó.
—Volvemosaencontrarnos,Freya,talycomopedistecuandomefui,talycomodeseécuando
supequepartía.
El llanto desfiguró mi rostro en una mueca afligida de la que rebosaron dolorosos recuerdos
recientementedesenterrados.
—Me...escuchaste...
Asintióafectada;sulabioinferiorretemblabaysuslágrimasdesembocabanenlacomisurade
suslabios,cayendopesadassobrelamesa.
—Mialmasobrevolóelfuego,revoloteóatualrededorybesótumejillaantesdepartir.Sí,te
escuché.
—Ragnhild regresó sólo para vengarse —aduje amargamente—. Intentó seducir a Gunnar y
ahoramearrebataamihijo,talcomojuróantesdemorir.Eslamismaarañadespiadadaquefue,y
esosignificaque...lomatarásinolohahechoya.
Eldolormeasolóaplastandomipecho,perdíelresuelloymislatidossedetuvieron.«¡No—me
dije—,no!»
—No,esosignificaqueintentaráquedárseloparasí.Ellaperdióunhijo,yquiereeltuyo.
Un escalofrío me recorrió la espina dorsal. Un pavor desgarrador se instaló en mi alma,
liberandoatodosmisdemoniosdelpasado.
—¿Dóndepuedeestar?
Hildursacudiólacabezadescorazonadamente.
—Sólointuyoquenohasalidodelapropiedad;tienequeestarmuycerca,viéndotesufrir.
—¿Ytushuellasenlacueva?
—Latardedelaniversario,laseguí—comenzóaexplicarpausada—.Enunpeñascoalbordedel
acantilado había escondido una cuerda, un cesto y unas zapatillas; todavía no sabía qué tramaba.
Durante la fiesta desapareció; imagino que subió al cuarto del niño, cogió sus juguetes y lo que
consideróútily,antesdequeanochecieracompletamente,seescabulló,sequitóelvestidoquellevaba
y,enropainterioryzapatillas,descendióhastalacuevaydejóloquellevaba,preparándolotodo,eso
esloquemeencajaahora.Ellasabíaqueyolavigilaba,poresomeengañódiciéndomequeteníaque
hacerunallamada;perocuandotedesvanecisteyfuiabuscarla,fueellalaquemellamódesdecasa,
diciéndomequeestabayaenlacama,yquehabíatenidoquemarcharseporquenoseencontrababien.
Así que me fui hacia allí; sin embargo, cuando llegué no había nadie, tan sólo un mensaje en mi
teléfono,advirtiendoquehabíadecididoiralmédicodeurgencias,porquelacabezaleibaaestallar.
Enaquelmomentosentíunadesazónextraña,ynoconseguídormirentodalanoche.Ellanoregresó.
CuandomellamóRonaavisándomedeladesaparicióndeKhaled,laspiezasencajaron.Esasupuesta
llamada desde casa que había hecho Ingrid jamás se había efectuado, había usado su móvil para
desviarlallamadayhacermecreerqueestabaallí,cuandoseguramentesehabíaescondidoenalgún
rincóndetucasa.
»Conduje como alma que lleva el diablo y lo primero que hice cuando llegué fue dirigirme
haciaelpeñasco.Observéentoncesque,trasél,habíaunestrechoyescondidosenderohendidoenla
pared rocosa, y que descendía por ella. Lo recorrí y me condujo a aquella cueva. Rebusqué
desesperada,peroniellaniKhaledseencontrabanallí.Decidíbuscarpormicuentaeinspeccionélos
alrededores,sinresultadoalguno.Entonces,cogíelcocheyvisitéloslugaresenlosquepenséque
pudieraesconderse.Perofuecomosiselahubieratragadolatierra.Ahoracreoqueteníapensado
permanecerunosdíasenesacuevajustobajotucabañay,sospechandoqueyolahabíaseguidohasta
el peñasco, cambió de ubicación... pero me atrevería a jurar que su escondrijo está en vuestra
propiedad.Nadielahavisto,nadie.Ynoesunamujerquesuelapasardesapercibidaprecisamente.
Pormimentepasaronavelocidaddecruceroloslugaresdondealguienpodíaescondersecon
unniño,sinpodervisualizarningunolosuficientementeocultoydeshabitado.Gunnareraelúnico
queconocíaaldedillosupropiedad,sóloélpodíaadivinarellugar,silohabía.
Mepuseenpieconurgencia.
—Enlacé mi alma a la de la araña —arguyó Hildur derrotada— para evitar que cumpliera su
venganza.Fueenvano.
—No,nolofue,regresasteconnosotros.Ladetendremosytesacaremosdeaquí.
Yamedirigíaalapuertacuandomedetuveenseco,medirigíhaciaellaylaabracé,besandosu
mejilla.
—Fuistenuestramadreenotraépoca;enésta,tendrásquesernuestrahermanamayor.
Dibujóunamagodesonrisayasintióconlágrimasenlosojos.
Salíraudadelaestancia,paratoparmeconunduropechoyunamiradapenetrante.
—Yaregistramoslapropiedad—manifestóBergadusto—ynoencontramosnada.
—QuizáGunnarconozcaalgúnrecovecoqueavosotrosseosescapó—repuseesperanzada—.
Esmáslógicopensarquehahuido,enlugardeesconderse.Yenesteúltimocaso,cabesuponerque
haelegidounlugarrecóndito.
—Deacuerdo—concedió—,peinaremoscadapalmodeterreno.
Asentí agradecida, y ya me iba cuando esta vez fue él quien me detuvo, acercando su rostro
demasiadoalmío.
—Me nombré guardián protector de vuestro amor, Freya, y, a pesar de eso, cuando me topé
contigoenlaEstaciónCentraldeOsloymeofrecíaenseñarteelidioma,mipromesasetambaleó.
¡Aquelhombrequemeabordóenlaestacióndetreneraél,poresomeresultabafamiliar!
Nos sostuvimos la mirada unos instantes con fijeza, y en la profundidad de sus celestes ojos
encontréaHiram.Nopudeevitaralargarlamano,acariciarconextremadulzurasumentónysonreír
agradecida.
—Ahoradescubroyocuánpoderososeranlosdiosesdeantaño—murmuré—ycuánpoderosas
sonlaspromesasquesehacenennombredelamor.Gracias,miguardián,nopuedoofrecertemás
quemiamistad.
—¿Puedohacerteunapregunta?
Asentíexpectante,siendoreceptoradetodasuintensidad.
—¿Tieneshermanas?
Dibujéunasonrisaymiréhacialapuerta.
—Acabodeencontraruna.
Esbozóunasonrisaoblicuaymeguiñóunojoacomodandounmechóndoradoentresumelena
peinadadeformaprolija.
—Yencontrarásmáscosas,nolodudo—animó,conduciéndomehacialasaladeespera.
Resultaba curioso cómo las almas renacían una y otra vez dentro del mismo círculo; algunas
cambiabansurol,perotodasycadaunadeellaselegíansipurificarseocondenarse.Ahoraconocía
la elección de tres de esas almas que asombrosamente se habían reencarnado con nosotros; faltaba
por descubrir la elección de la cuarta. Porque, sin duda, Rashid había regresado por un motivo
específico.
Gunnarsepusoenpiealverme,conlaesperanzapintadaensusfacciones.
—Cree que está escondida en nuestra propiedad —informé—; van a peinar la zona, de nuevo.
Perotúlaconocesmejorquenadie;¿seteocurrealgúnsitiodondepuedecobijarse?
Frunció el ceño pensativo, recorriendo mentalmente la finca. Sus ojos se movieron inquietos,
abstraídosyconcentradosy,derepente,undestelloloshizoagrandarse.
—Hay un viejo cobertizo destartalado donde mi padre guardaba los útiles de pesca; está a la
entradadelbosque,alnortedelafinca.
Bergnegóconlacabeza,sacósublocdenotasdelbolsillotraserodesupantalóndetraje,lo
abrióyrevisóunasanotaciones.
—Fuerevisada;además,estámedioderruida.
—Sí, pero tiene un acceso a un túnel que lleva a un antiguo yacimiento de cobre —recordó
agitado.
Bergalzólascejasconasombro,entreabriólabocayseguardóapresuradolalibreta.
—¿Aquéesperamos?Vayamosenmicoche,avisaréporradioamásefectivos.
Salimosdelacomisaríaynosintrodujimosensucoche,unNissanLeafeléctricoencolorrojo.
Berg encendió el motor y salió del aparcamiento con celeridad. Gunnar iba a su lado; giró la
cabezaymeregalóunamiradatranquilizadora.
—¿Porquédemoniosnosaleeseyacimientoenlosmapasdelapropiedad?—inquiriógirando
elvolanteconsoltura.
—Porquenoestáenusodesdehacemásdeunsiglo—respondióGunnar.
—¿Yquiénconocelaexistenciadeeseyacimiento,apartedeti?
—CreoqueselocomentéaSvenenunaocasión.
Berg resopló y asintió con la cabeza, tomando un desvío a la nacional. Pisó abruptamente el
aceleradorparaincorporarnosalavía;meimpelícontraelrespaldodelasientotrasero.
—¿CómosellevabanIngridySven?
—Pues,nosé,creoquebien.Ingridtonteabacontodoaquelquellevarapantalones.¿Alguienme
puededecirquéestápasando?
—Freya,aprovechaelviajeparaponerloaldía...—memiróatravésdelretrovisor,cómplice,y
agregó—...detodo.
Gunnarlomiróturbado,sucejosearrugómolestoysurictusseoscureció.
—¿Freya?—observóreceloso.
55
Enlasprofundidadesdelatierra
—¡Joder!, ¿Hiram? —exclamó Gunnar con el rostro desencajado de asombro—. Hildur, ¿Eyra?,
Ingrid,¿Ragnhild?,yYusuf,¿Rashid?Nopuedesercierto.
—Silovuestroloes,¿porquélonuestro,no?
GunnarfulminóaHiramconlamirada.Entrábamosenlafincaporuncaminocolindanteque
bordeabalapropiedadhastalapartenorte.
ElNissantraqueteabasobreelagrariosendero,mientrasGunnardigeríacondificultadtodala
informacióndequedisponía.
—Y,¡porDiossanto!,¡¿SvenconIngrid?!
—¿SeteocurreotramaneradequeIngridsepadeeseyacimiento?—respondióBerg,aferrando
confuerzaelvolantemientrassorteabalosbaches.
Gunnarseguíamirándolocompletamenteaturdido.
—¡Joder!,¿Hiram?—repitióincrédulo.
—Sí,temibleulfhednar,fuiHiram,sóloque,estavez,elmaestrosoyyo;nodeespadas,perosí
de pistolas. Abre la guantera y saca mi revólver reglamentario y una linterna. Acabo de mandar la
ubicaciónporGPS,esperoquenotardenmucholosrefuerzos.
—Desvíatealaizquierda—indicóGunnarapremiante—ydejaelcochejuntoalaempalizada.
Elcobertizoestáunpocomásallá.
Salíamos del vehículo cuando mi teléfono móvil comenzó a vibrar. Lo saqué del bolsillo del
pantalón.EraElena.Descolgué.
—Llaméalhospitalymedijeronqueyanoestabasallí;¿dóndediablosestás?
—No puedo contarte mucho más, pero creemos que Ingrid se llevó a mi hijo, y que lo tiene
escondidoenalgúnlugardelafinca.Enestemomentovamosaexplorarelcobertizodepesca,yate
llamaréencuantosepamosalgo.
—Vamoshaciaallí...
—No...nohacefalta...
Y colgó. Cerré el móvil y seguí a Gunnar y a Berg, que avanzaban a grandes zancadas, pero
cautos,haciaelcobertizo.
—Yoentraréprimero—advirtióelinspector,quitandoelseguroasuarma.
Oímoselmurmullodeunriachuelo;lahojascrujíanbajonuestrospiesylasuavebrisamecía
lasramas,frotándolasentreellasenunapaciblesusurro.Elcobertizoaparecióanexoalafaldade
una montaña, destartalado y ruinoso. La puerta de entrada colgaba de sus bisagras en un ángulo
torcido,dejandoentreversupenumbrosointerior.
Berg empujó la puerta, que, a pesar de su cuidado, gruñó quejicosa. Era apenas un habitáculo
rectangular, sin mobiliario; había maderos desclavados en los laterales, por los que se colaba la
naturalezaeimaginabahabitabanmásseresdelbosque.MiramosinterrogantesaGunnar.
Avanzó hacia el fondo y retiró con la punta del pie un amalgamado manto de hojarasca,
descubriendounrecortadoportalóndemaderaenelsuelo.Seinclinó,agarrólaargollaoxidadaque
habíaenelcentrodelrecuadroytiróconfuerza.Chirriómolesta,peroseentreabriósindificultad.
Lo primero que se me vino a la cabeza fue la falta de oxígeno, el ambiente opresivo y la
oscuridad.Sóloimaginaramipequeñoenunlugarcomoaquélmeapuñalóelcorazón;meneguéa
pensarenotrasposibilidades.
Tras la compuerta, un agujero negro como el infierno. Berg encendió su linterna y enfocó la
oquedad.
Habíaunaescaleradehierroancladaalaparedquedescendíaunosmetros,nomuchos.
—BajaremosGunnaryyo—decidióBerg—;esperaaquíalosrefuerzos.
—Nihablar—repliquéobstinada—.Voyabajar.
Gunnarasintiócongravedad.Bergnosmiróalternativamenteyseencogiódehombros.
—Adelante,entonces.
Elinspectorcomenzóeldescenso;trasél,Gunnaryyo.Mientrasbajabapeldañoapeldaño,me
sentíextraña,comosienverdadentraraenotromundo,comosibajaraalosinfiernosparatraerde
vueltaamihijo.Ycuantomásdescendía,másvibrabamipecho.Losentíacerca,ysupeenelactoque
miKhaledestabaenaquelhorriblelugarconunamujertodavíamáshorrible,yelterrorseaunóala
angustiamásacuciante,tensandotodomicuerpo.
Llegamosauntúnelenunasoladirección.
PosétrémulalamanoenelbrazodeGunnar.
—Estáaquí—susurrénerviosa.
SentíelenvaramientodeGunnar;mecogióconfuerzadelamanoylaoprimiótransmitiéndome
seguridad; aunque el foco de la linterna proyectaba un abierto cono de luz frente a nosotros, la
oscuridaderatanasfixianteypesadaquenosenvolvíaamenazante,comounmalaugurioaleteando
sobrenosotros.
Elambienteerarancio,húmedo,conuntoquemetálicoyacredeaireemponzoñado,quepicaba
en la garganta y escocía los ojos. Sólo se oían nuestros pasos y un goteo incesante y rítmico de
tuberíasrotas.
Berg desplazaba la linterna hacia ambos laterales, inspeccionando las paredes de roca, que
llorabanunahumedadoscuraformandocharcosenlabase.
Caminábamosensilencio,despacioyencompletatensión.
El haz de luz se detuvo en un punto concreto de una de las paredes, revelando una puerta
metálicacorroídaporelóxido.Contuveelaliento.
Bergseacercóaella,cogióelpomoconlamanoysacólapistolacargadadelacinturilladesu
pantalón,liberandoelseguro.
Supequeseríadeltodoimposibleabrirlasinquechirriara,alertandodenuestraintromisión.La
gargantasemecerróyelpulsoatronóalocadoenmiinterior.
Tras un quejido en el que se estiró lentamente toda la angustia que me atenazaba, la puerta se
abrió.
Todoestabaoscuro.Elhazdeluzbarrióunaestanciaqueenotrotiempohabíasidounaespecie
de despacho. Sólo había una mesa desconchada, un archivador decrépito, un par de sillas, un
perchero y una vitrina vacía y empolvada. Además, un hacha anclada a la pared; un cuadro que
mostrabaunafotografíaenblancoynegrodeunnutridogrupodeminerosdelsiglopasado,tiznados
ysonrientes,yunalámparadesobremesacubiertaporelblancomantodeltiempo.
Motitas de polvo flotaban suspendidas en la luz, como si en verdad hubiéramos atravesado un
portaltemporal.
Elfondodelcuartopermanecíanegro.
Undetallellamópoderosamentemiatención:unalámparalinternaparacámping,quereconocí
comonuestra,sehallabaenunodelosrincones.
No fui la única que reparó en ella. Gunnar intercambió una mirada admonitoria con Berg;
ambosasintieron.Gunnarcomenzóadesplazarsehaciaelotroextremodelahabitación.Continuaban
unidos por la camaradería compartida en otros tiempos, interpretando con inusitada claridad un
simplegesto.
Yentonces,ungorjeosofocadomeaceleróelpulso.Bergdirigiólalinternahaciaelrincónde
dondehabíaprovenidoelsonido,detrásdeungruesopuntalalfondodeldespacho.
—¡Entrégate, Ingrid, no tienes escapatoria! —exclamó Berg, apuntando su pistola hacia aquel
rincón.
—¡Sílatengo!—respondióunavozfemenina.
Ingridsaliódesuescondrijoconmihijoenbrazos,envueltoenunmantosucioyarrugado,yun
cuchilloenunadesusmanos—.¡Vaisadejarmesalirdeaquí...porque,siosacercáisamí,mataréal
niño!
Susalmendradosojosclarosseclavaronenmí.Enaquellamiradarezumantedeodioasomaron
todas las ansias de venganza que palpitaban en ella, un encono visceral que reveló con aterradora
claridadalamujerqueseescondíatrasesecuerpo.
—Me robaste el amor de mi hombre, y a mi hijo —siseó con perfidia—; al menos pude
cobrarmeunapieza.
—No—murmuré—.Tumaldadtelosarrebató.
De soslayo, atisbé cómo Gunnar avanzaba solapadamente para cernirse sobre ella. Debía
entretenerla.
—Tú—continué—ereslaúnicaculpabledetudesdicha.
Ingrid,conelrictuscrispadoporlairaymiradaenajenada,avanzócargandoamihijo,quese
removíabajoaquelmanto,arrancándomelágrimasdealivio.
—Estaveznomeirésola—aseguróamenazante.
—Entregaalniñoyteprometoquetedejaremossalirdeaquí—intervinoelinspector—.Puedes
coger mi coche y largarte a donde quieras, no iremos tras de ti, tienes mi palabra, pero tienes que
decidirteantesdequelleguenmásefectivos;notardarán.
Ingrid fijó la mirada en la placa que había prendida en la hebilla de su pantalón y formó una
muecadesdeñosaensufaz,negandoconlacabeza.
—Lapalabradeunpoli...—mascullócondesprecio—.Voyasalirdeaquí—insistióavanzando
—conelniño,esoesloquevoyahacer.
Eneseinstante,Gunnarseabalanzósobreella.Ingridsintióelmovimientoyretrocedióastuta,al
tiempo que alargaba la mano, lanzando un ataque con el cuchillo que rasgó la camisa blanca de
Gunnar,tiñéndoladesangre.Contuveelaliento.
—Unpasomásymatoatuhijo—amenazó,apoyandolapuntadelcuchilloenelmantoquese
agitabayaenvueltoenunirritadosollozo,quemepartióelalma.
Todosretrocedimosmientrasellaavanzabaconcautela,mirándonosconrecelo.
Llegóalapuertay,trasdirigirnosunasonrisaaviesa,laatravesóalacarrera.
Nos impelimos hacia el túnel con intención de seguirla. El llanto de Khaled perdía intensidad,
aunquereverberabaenaquellasparedesdepiedra,clavándoseenmicorazón.
—¡Laescalera!—adujoGunnar;eltajoensubrazonoparabadesangrar—.Podemosdetenerla
enmitaddelascenso,lecostarásubirlasosteniendoelcuchillo.Esnuestraoportunidad.
Berg asintió y los tres corrimos por el túnel seguidos del eco de nuestros pasos y el peso de
nuestraansiedad.
Gunnarseadelantóconladesesperaciónpintadaenelrostro;seprecipitóalaescaleracomoun
ferozdepredadordandocazaasupresa.Ingridgruñíafuriosaacelerandosuascenso;roguéparamis
adentrosquenocayera.Trasél,Bergyyo.
Oí un golpe sordo y un quejido sofocado; Berg se detuvo. Atisbé hacia arriba pero no pude
averiguarloqueestabapasando.Porfin,comenzóaascenderdenuevo.Laagoníameahogaba,yla
salivaseagriabaenmibocaextendiendosuamargoramigarganta.
Cuandoporfinlleguéalcobertizo,ysalítrasBergalexterior,meencontréconlamismaescena
queenlasprofundidadesdelatierra.IngridamenazandoaKhaledfrenteaGunnar.Desviólaatención
sobreelinspector,fijandolamiradaenlapistolaqueempuñaba.
—Avanzadiezpasosydejalapistolaenelsuelo—ordenóella.
Bergasintióyobedeciósindejardeclavarlosojosenella.
Ingridseadelantóylacogióconunamuecatriunfaldibujadaensurostro.
—Y ahora, maldito gigante —se volvió hacia Gunnar, apuntándolo con el arma; mi pecho se
encogió—, no me quisiste en tu cama, y yo no te quiero en el mundo. Sin embargo —entonces se
dirigióamí,enfilandosuarmaenmidirección—,menoslaquieroaella.
Elsonidodeldisparoviajóenelaire,mezclándoseconlosatronadoreslatidosdemipecho,que
reverberabanenmicabezaenunpulsolentoypavoroso.
—Noooooooooo—bramóGunnar.
De repente, un violento empellón me lanzó al suelo, ocupando otro cuerpo mi lugar y
recibiendolabalaensupecho.
Apartirdeeseinstantelosacontecimientosseprecipitaronabruptamente.
Berg, aprovechando el desconcierto, corrió hacia ella y la derribó; Khaled, envuelto en su
manto,cayósobreellechodelbosque.Aturdida,logrélevantarmeyabalanzarmesobreelcuerpode
mihijo,cogiéndoloenmisbrazosypegándoloamipecho.Teníalacaritarojaycongestionadade
llorar,olíaapañalsucioyalecheagria,peroparecíaestarbien.
Me puse en pie y corrí hacia donde Gunnar atendía a Yusuf. La herida en su pecho extendía
rápidamenteuncercodesangrequeempapabasucamisetadealgodón.
Algo intenso removió mi pecho. Rashid había tomado su elección: salvar la vida que en otra
vidapretendióquitar.Yasíquedarsualmaenpaz,purificarse,yredimirse.Dejéescaparunhondo
sollozocuandomearrodilléanteél.Gunnarnosmiróaambos,mequitóalniñoyseseparóunos
pasosconsemblanteconsternadoyafligido.
Yusufclavólamiradaenmíconemotivagravedad.Puselamanoensuheridayunamuecade
dolordesfigurómirostro;elsuyo,encambio,eradetotalplacidez.
—Desde... nuestro encuentro... en el acantilado —comenzó a decir estremeciéndose—... supe
que... te debía algo, que ...algo transcendental me unía a ti. Y era... —tosió una bocanada de sangre,
pareciódesvanecerseperologróabrirlosojosdenuevo—...devolvertelavida...queunaveztequité.
Elamor...menubló,Freya;¿meperdonas?
Mesumergíensusojosymeinclinésobreél;laslágrimasrecorríanmirostro,abundantesy
amargas.Besésuslabios.
—Yalohabíahecho—murmuré—,buenRashid,yalohabíahecho.
Yusuf sonrió afectado, y extendió el brazo ofreciéndome la mano. La cogí con las mías y la
llevéamimejilla.
—Peroahora...porfin...estoyenpaz.
Cerrólosojosymicorazónsangróporél.
Ungritotrasdemímehizoapartarme.ElenaseprecipitósobreYusufsollozandodesesperada,
se abrazó al cuerpo del hombre que amaba y gritó su pena al viento, a los árboles que nos
contemplaban,alcieloquenoscubríayalmundoenteroporarrebatárselotanimpunemente.
Gunnar se acercó a mí, portando a nuestro hijo en un brazo, y me estrechó contra su pecho,
donde lloré desconsolada el resultado de un destino que impartía justicia a través incluso de los
tiempos,dejandoquefueranlaspropiasalmaslasquedecidieransucamino.
Unactoborrabaotro,eraasídesencillo.Concadaaccióncometidaenunavida,senosofrecía
laposibilidaddeenmendarlaonoenlasiguiente,cadacualelegíasegúnlapurezadesualma.Todos
y cada uno de nosotros gozábamos de segundas oportunidades, aunque se necesitaran varias vidas
paradarnoscuentadelsentidodecadaacción,delaimportanciadenuestrasdecisiones,ydelhechoa
enmendar.Segundasoportunidadesparaalcanzarlafelicidadvedada,pararecuperaralmasafineso
simplementeparaencontrarlapaz.Perocadavidateníaunsentido;tansólodebíamosestaratentosa
él...y,paraello,nadahabíamejorqueescucharalcorazón.
Una sirena de policía llegó hasta nosotros; varios vehículos, entre ellos una ambulancia,
accedieronporelcaminodeentrada.YentoncesmiréaBerg,quehabíaapresadoaIngridylatenía
contraunárbol,conlasmanosretorcidasenlaespalda,laspiernasseparadasycabizbaja.
ElenallorabarotacuandodosenfermerosdeemergenciascolocaronelinertecuerpodeYusuf
enunacamillaparatrasladarloalaunidadmóvil.
—Veconella—sugirióGunnar—,yomeharécargodeKhaled;pareceestarbien.
Alcélamiradahaciaélyasentí.Melimpiólaslágrimasconelpulgardelamanoysesumergió
enmisojos.
—Teamo,yahoraséquehoyesalunahabrilladotantocomoelsol.
EsareferenciaamicomparaciónentreelamordeRashidyelsuyoquehicesiglosatrásevocó
en mí imágenes de mi vida con Rashid. Recordé su dulzura, su nobleza y entrega, su gentileza y
compromiso. Ese amor tan apasionado que me regaló y que el despecho mancilló, enajenando su
mente.Unamorqueseoscurecióconvirtiéndoseenposesión,unalunaqueseopacóydesapareció
dejandotrasellaunanocheoscurasinrecuerdos.Peroélhabíaconseguido,consusacrificio,volver
a brillar con fuerza, limpiando sus errores y recuperando el lugar que una vez había tenido en mi
pasado,eldelprimeramor.
Elverdaderomemirabacontaninfinitadulzuraquemepusedepuntillasparabesarsuslabiosy
sonreírleentrelágrimas.
—Yyoséqueesesolnuncadejarádebrillar.
—Nunca,amormío,jamás,porqueseapagaríamialma.
Mebesóderramandoenmislabiosunamortangrandequemicorazónsedistendióymialma
sesolazó.
FuijuntoaElena,laabracéymeintrodujeasuladoenlaambulancia.
Partimosentresirenas,lágrimasyapremio.
56
Recompensas
Khaledcumplíasuprimeraño.
CaminabavacilantepersiguiendoaThor y, cuando caía sentado y nuestro perro lo olisqueaba,
estallaba en carcajadas que arrancaban de los que mirábamos la escena una amplia sonrisa y un
pellizcoalborozadoenelcorazón.
Eraunbebéhermoso;supeloonduladoydoradocaptabalosreflejosdelsol,reluciendosobre
su cabeza como si fuera un aura. Y sus ojos ámbar, rasgados y chispeantes, tan peculiares que lo
hacíanúnico,lohacíanparecerunacriaturamágica.Untrocitodesol,unavaliosapiezadeoro,un
entrañabletesororefulgentequeiluminabanuestrosdíasyhenchíadedichanuestroscorazones.
Suspiréagradecidaporcadadíaquedisfrutabajuntoaaquellosqueamaba,porcadadíaqueme
alejabadeaquellosdurosmomentospasados.
Ingrid había perdido el juicio si acaso lo tuvo, y pasaría el resto de sus días recluida en una
penitenciaría psiquiátrica. En su mente se habían mezclado pasado y presente en un paroxismo
emocionalycaótico,quelahabíaapartadoindefinidamentedelarealidad.
Atrásquedabaeldolor,elpasado,laangustia,lavenganza,lalucha.Aquelúltimodíaenqueel
destinoencajabasuúltimapiezaperdíasuconsistenciadíaadía.
Yaúnmemaravillabacómohabíaotorgadopiadosounaúltimaoportunidadaunalmaredimida.
Nuncaolvidaríahaberpresenciadoaquelmilagrodentrodeaquellaambulancia.Comotampoco
olvidaríaeldolorenelrostrodeElenacuandoelmonitorquemedíalafrecuenciacardíacadeYusuf
emitió un alarmante pitido, anunciando una desoladora línea verde horizontal. De igual forma,
resultaríaimposibleolvidarcómoelpersonalmédicoseapresurabaareanimarlo,descubriendosu
pechoyadhiriendoasupiellosparchesconelectrodosdeldesfibrilador,ycómoencadadescargael
torso de Yusuf se convulsionaba sin que esa maldita línea mostrara la más mínima y alentadora
alteración.
El médico a cargo repitió el proceso sin éxito alguno; sin rendirse, optó por la reanimación
manual,insuflandoaireensuspulmonesyacompasandoconlasmanoslapresiónrítmicaadecuada.
A pesar de todos sus esfuerzos, el monitor continuaba emitiendo aquel desesperanzador pitido
crispante. Por último, negó con la cabeza mientras Elena se rasgaba en un alarido desesperado,
abrazándosealcuerpodeYusuf,sollozandosuagonía.No,jamáspodríaolvidarsutormentodurante
aquellosagonizantesmomentos...que,porfortuna,fueronbreves.
Elmomentoenqueelpitidotrocódecontinuadoaintermitenteyaquellainmóvilyplanalínea
luminosa verde comenzó a elevarse en picos cada vez más intensos y regulares fue tan
desgarradoramente emotivo, tan asombrosamente dichoso y tan mágico que todos los que lo
presenciamos permanecimos del todo sobrecogidos unos instantes por aquel prodigio del destino,
segúnyo,ydelanaturalezahumana,segúnlosasistentesmédicos.
Y ahí, junto a mí, Elena, apoyada sobre el pecho de Yusuf, reía vibrante cada carcajada de mi
pequeño.Yusuf,recostadosobreelrugosotroncodeungranfresno,sonreíamientraspellizcabacon
eltenedorlatartadefrutosrojosquenoshabíapreparadoRonaparaaquelpicnicalairelibre.
Gunnar, de rodillas sobre el césped, alentaba a Khaled a que lo alcanzara, retrocediendo cada
vezquedabaunpasohaciaél.Elsolacariciabasucabellocastañoclaroychispeabaensusrasgados
ojos, acentuando en aquellos profundos lagos verdes la ligereza que otorgaba la más saboreada
plenitud.
Llevaba una camiseta blanca de algodón, de manga corta, que remarcaba cada subyugante
ondulacióndesuspoderososmúsculos,yunostejanosdesteñidosyrotosdelineabansusesbeltasy
fornidaspiernas.Sumelenaindomablesedesparramabasobresushombros,salvajeytentadora.Yen
susemblante,arrobadoytierno,rezumabaunamortanprofundoporaquelquecaminabainseguro
perorisueñohaciaélquemeencogióelcorazón.
Partíotrotrozodetarta,ladispuseenunplatodecartónyselaofrecíaYusuf.
—Dejadepellizcarlatartaypideotraporción—increpésonriente.
—Sí,mami—seburlósacándomelalengua.
—Elena,todavíaestásatiempodeenseñarlemodales—bromeéforzandounmohínreprobador.
—Tirélatoalla—respondióconsorna,poniendolosojosenblanco—;almenosheconseguido
llevarloalaltar.
—Quémenos,despuésdetodoloquemecuidó.
Elenaloempujógruñéndole,Yusufsoltóunacarcajadasolazada,laestrechóconfuerzaybesó
sucabeza.
—Noteatrevasainsinuarquepagasteunadeuda,porquesinotejuroque...
Yusuflamirósonrientealosojos,cogiósumandíbulayacercóloslabiosalosdeella.
—Loúnicoquemeatrevoahacercuandomemirasasíessuspirar.
Elenaaleteólaspestañascoquetaysonriórelamida.
—Esoestámejor—aprobócomplacida,arrugandograciosamentelanariz.
—Estaría mucho mejor si estuviéramos solos —repuso él contra su boca—. Quizá esta noche
puedarepetirtelomuchoqueteamosinhablar.
—Quizá,peroteharépagaresecomentario—amenazóellasugerente.
—Yatiemblo.
Mepuseenpiesonriente,respetandosuintimidad,ypaseéhaciaGunnaryKhaled,quejugaban
conThorsobrelahierba.
Medetuve,aspiréaquellaembriagadorabrisaestivalyalcéelrostrohaciaelsol,cerrandolos
ojos.Saboreésusuavetibiezaysonreífeliz.
Sorprendentemente,quienhabíasidoYusufenotrotiemponocondicionólaamistadqueahora
nosunía,niafectólaqueteníaconElena,otragraciaqueagradecer.Ambossehabíanquedadoavivir
en Tønsberg, como tanto temió Gunnar en un principio, pero a quien ahora hacía tan feliz que
compartierannuestravida.Ynoeranlosúnicos.
Másallá,paseandodelamano,HilduryBergconversabancómplicesconmiradasreveladorasy
gestosarrebolados.LasrisasdeHildurllegabanhastanosotros,inflamándonoselcorazóndejúbilo.
Quizáesepaseoacabaraenunanunciodeboda,oelanilloqueBergllevabaescondidonuncasaldría
desuestuche.Porloquepudecomprobar,nocabíaposibilidadderechazo.EnlaexpresióndeHildur
rebosabalaadoraciónquesentíaporelcomedidoinspector.
Alcabo,unosbrazosrodearonmicintura,unamanoretirómimelenaaunladoyunoslabios
besaron la curva de mi cuello. Me apoyé contra un pecho duro y cálido; mi sonrisa se amplió
acompañadadeundeliciosoestremecimiento.
—Nocierreslosojos,nomedejessinluz—susurróenmioído.
Los abrí y me volví en sus brazos. Sus manos recorrieron mi espalda, descendiendo hasta el
nacimientodemisnalgas;lasdetuvoahítamborileandoconlosdedos.
—¿Dejarsinluzalsol?Nopodría.
—Lohacescadavezquetepierdodevista—ronroneócontramiboca.
—Esoseclipsestambiénmeafectan.
—¿Acasonocumplomijuramento?
—Cadadíaycadanoche.
Y aquellas palabras me llevaron de nuevo a aquel snekke en alta mar, donde sellamos nuestro
juramento.Confundidayasombrada,sostuveindagadorasumirada.
—¿Hastadóndellegantusrecuerdos?
Gunnarsuspiróprofundamenteymeobservóconpreocupación.
—Lorecuerdotodo—confesóconundejeculpable.
Abrílosojosycompuseunamuecademudadayaturdida.
—¿PorquémedejastecreerqueamboshabíamosmuertoenSkiringssal?
—Porque no tiene ningún sentido que recuerdes tanto dolor. El pasado nos unió, pero es el
presenteloúnicoqueimportaynopiensoconsentirquederramesmáslágrimasymenosporcosas
que no podemos cambiar. Estamos juntos, amor mío, y es lo único que importa. Hemos vencido a
todoyatodos,yestavidaycuantoposeemosesnuestrarecompensa.
Cogiómicabezaconlasmanosypaseólospulgarespormismejillasmientrasahondabaenmi
mirada.
—Nuestr