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Erotismo, Placer y Sociedad Un paseo por la historia: Ayer y hoy

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Erotismo, Placer y Sociedad Un paseo por la historia: Ayer y hoy
Erotismo, Placer y Sociedad
Un paseo por la historia: Ayer y hoy
Por María Raguz
Erotismo, placer, sensualidad, deseo sexual, excitación, términos que nos
remiten a sensaciones, fantasías, culpas, temores, recuerdos, valores,
conocimientos, experiencia, mitos. Términos confusos y poco delineados, como
las sensaciones a las que remiten. Aunque viene de Eros, el dios del Amor, el
erotismo no necesariamente implica amor, pero si placer. Incluso es posible el
deseo sin el placer; el orgasmo sin goce; el goce sin orgasmo, situaciones
humanas que las personas sufren en silencio o desconocen y que los sexólogos
tratan de remediar. No es difícil de entender el por qué de esta confusión.
La sexualidad humana es histórica, contextuada. Las culturas sexuales
hegemónicas se han basado en autoridades filosóficas, religiosas y médicas y
han ido construyendo nuestras nociones y políticas en torno a la sexualidad y
variándola, aunque en algunos temas los siglos parecieran no haber pasado. La
organización social –a través del parentesco y la familia- y, también, la
organización social económica han incidido fuertemente en lo más privado del
ser humano: su sexualidad, regulando el sexo, el placer y la reproducción,
incluso, las formas de expresión del amor. En esta entrega revisaremos cómo se
ha abordado el erotismo, el placer y la sexualidad desde los albores de la
humanidad hasta la conquista del Nuevo Mundo.
Las expresiones de las culturas de la sexualidad a través de los tiempos son
múltiples, desde la Prehistoria, con las Venus auriñaciences de la prehistoria y los
graffiti paleolíticos de las cuevas de Abri Castanet, representando vulvas hace
más de diez mil años. Pareciera que cuando las sociedades eran cazadorasrecolectoras; los ciclos de la luna, identificados con la mujer, eran de suma
importancia, pero cuando se volvieron agricultores, lo importante pasó a ser el
culto al sol y los dioses, masculinos, empezando a desvalorizarse lo femenino,
como revelan estudios de los monolitos celtas de Hedgestone. Siguen ejemplos
ya de la historia, como los manuales sexuales chinos de hace cinco mil años, o la
destrucción de la momia de Nefertiti, de toda huella de su reinado y del culto a los
dioses que en el S XIV A.C ella y su esposo el Faraón impusieron, defenestrando
a los antiguos sacerdotes que rendían culto masculino al sol.
Con el sedentarismo la propiedad marcó las relaciones sociales y de género y
con el descubrimiento del Bronce, entre mil y dos mil años antes de Cristo, se
inventaron las armas, se dieron las guerras y se dio un dominio masculino. Hacia
el 1300 AC se difundió el Decálogo de Moisés, con los mandamientos como no
fornicarás, o no desearás a la mujer de tu prójimo, aunque el Rey Salomón, siglos
después, tuviera 700 parejas estables además de innumerables amantes.
El manual Taoísta del S II que afirmaba que después de 1,200 relaciones
sexuales el emperador se volvía inmortal. Entre los griegos antiguos, el criterio
de tres coitos seguidos marcaba haber llegado a la juventud. El hedonismo
grecorromano aceptaba, parcialmente, la homosexualidad, la bisexualidad y el
aborto; la etimología de fornicación, derivaba del acto de las trabajadoras
sexuales romanas bajo los arcos de puentes (forno) y acueductos. En la antigua
India, los templos tenían ganancias generadas por las sacerdotisas al hacer el
amor. La poligamia se prohibió en la Roma antes de Cristo.
Otros ejemplos de cultura, religión y sexualidad aparecen en el Antiguo
Testamento que partía de la tradición hebrea, con el sexo enmarcado en el
matrimonio pero considerado tanto una obligación como una alegría; los 52
textos antiguos del Siglo I en Nag Hammardi, Egipto, que evidencian las
diferentes creencias y prácticas de los diferentes grupos cristianos,
considerados heréticos en el S III, escondidos en parte por los monjes
benedictinos y quemados en el S V para dar lugar a la unión del Antiguo y
Nuevo Testamento en la Biblia e institucionalizar una sola verdad, una
ortodoxia que unió a los Cristianos frente a las persecuciones pero determinó
una sola moral sexual y la intolerancia a versiones discrepantes.
Esta moral sexual se vio fuertemente determinada por las creencias del S IV
mantenidas por San Agustín, el denominado padre de la Iglesia Católica, quien
afirmaba que nada hacía descender la mente viril de las alturas a tal grado,
como las caricias de una mujer, y se sentía culpable de su experiencia sexual
pasada. Para él la sexualidad y la procreación eran inseparables y sostenía que
"el deseo sexual es una tendencia animal pero podría ser justificada y orientada
hacia el bien, siempre y cuando el acto sexual tuviera como finalidad la
procreación". Con la Biblia, se exhortaba a crecer y multiplicarse, siendo el sexo
reproductivo una obligación y el sexo sin hijos, una ofensa o una maldición. Se
condenaba así la prostitución, la homosexualidad y la masturbación.
La mujer fue idealizada y admirada, pero circunscrita al rol mujer-madre,
santificando sus atributos maternales, nurturantes, de cuidado y expresividad de
sentimientos positivos. La Biblia secreta de Santo Tomás dice que "María debe
ser excluida por ser mujer, no merecedora de la Vida". Para historiadores de las
religiones, Eva era una diosa de la fertilidad reverenciada, que luego fue maldita
al acusársele de causar la muerte y el mal. Los grupos de poder político y
religioso quedaron limitados a hombres y con la instauración del patriarcado
reinó la dominación de la mujer bajo el pretexto de la protección de la familia.
Aún hoy los Judíos Ortodoxos agradecen a su dios no haber nacido mujeres y
en la Muralla de las Lamentaciones se segrega a mujeres de hombres.
En la polarización hedonismo-ascetismo el Cristianismo encontró tierra fértil para
desarrollarse y se creó la ética sexual cristiana. San Pablo postuló a la soltería y
la abstinencia como ideales y, para la mayoría que no puede lograrlos, propuso
el matrimonio como forma de legitimar la pasión y la lujuria. La figura bíblica de
Eva se asociaba con el pecado original, pagando con los dolores de parto.
El matrimonio dejó de ser una cuestión civil cuando la Iglesia asumió su
jurisdicción y estableció reglas para la conducta sexual, en base a la concepción
del sexo como pecado. Con la fusión de culturas las ideas orientales sobre el
espíritu y la vida después de la muerte produjeron ansiedad sobre el
comportamiento en la tierra y el ascetismo cobró fuerza.
La religión Canaanita pre-judaica que había prevalecido venerando a dioses de
ambos sexos, con diosas de la fertilidad y sacerdotisas, tuvo que cambiar para
dar lugar a religiones monoteístas como el dios judío Jahvé, masculino. En
Turquía, Egipto, Africa, Roma, las Islas del Pacífico o las llanuras de
Norteamérica, los dioses dejaban de ser masculinos y femeninos o bisexuales y
se daba paso a un dios masculino de las religiones nacidas en el Cercano
Oriente: el Judaísmo, el Islamismo o el Cristianismo (excepto los Cristianos
Gnósticos, cuyo dios es tanto hombre como mujer). La dominación del hombre
tenía que reflejarse también en la religión.
La dominación masculina puede también rastrearse a la invasión de los Rusos
en Asia, Europa, de India a Irlanda. Los Indoeuropeos modelaron los roles
masculino y femenino. Se trataba de ganaderos peleadores, guerreros, con una
economía basada en la fuerza, la dominación, la violencia, el machismo. Las
mujeres eran casi esclavas, marginadas de la educación y las esferas de
decisión y hasta sujetas a ritos de violación sexual. En esas épocas, el Papa
León VII murió fornicando con una mujer adúltera en el 939; el Papa Clemente II
en 1046 cobraba impuestos a las prostitutas aún muertas, que consistían en
ceder la mitad de su herencia a la Iglesia; y el Papa Juan XII fue asesinado en
1334 a manos de un marido celoso que lo encontró con su mujer. El primer
cinturón de castidad europeo data de ese S XII y protegía la castidad de la mujer.
El amor romántico vino a reemplazar los acuerdos matrimoniales entre familias.
Un tratado medieval recomendaba, para combatir la lujuria, meter un dedo en
agua hirviendo o caminar desnudo por un campo de ortigas. En la Edad Media se
descubrió que los exploradores en sus barcos no caían al vacío acabándose el
mar en un mundo de monstruos sino que podían extender los imperios surcando
los mares. El descubrimiento de la imprenta permitió la difusión de la Biblia en el
S XV. Bajo los Reyes Católicos, España descubrió América y la sífilis comenzó
en Europa en 1493, a la vuelta de Colón.
Con la conquista Europea de Latinoamérica en el S XV la colonización instauró
un sistema de dominación social y sexual, de clases, razas y géneros. La
colonización difundió el modelo del machismo, el uso y abuso de las mujeres sin
ninguna responsabilidad por la prole. Con la colonización del Nuevo Mundo se
normó una adherencia estricta al sexo matrimonial; el sexo no era un resultado
de la naturaleza malvada del hombre, sino un mandamiento divino. Con los
conquistadores vino la evangelización; los españoles vinieron con la Biblia en la
mano a enfrentarse a un mundo cultural distinto, que no entendían ni
respetaban, considerar a los indígenas como seres humanos sin alma, aunque
algo más valorados que los negros a los cuales ni se trataba de adoctrinar. La
Inquisición y las Cruzadas fueron herramientas de conversión.
En el Perú Colonial la educación en sexualidad se volcaba hacia lo religioso y
no era explícita y la vergüenza relacionada con el tema sigue presente,
especialmente en el mundo adulto. El choque de religiones que se produjo en
el Perú a raíz de la Conquista Española impactó en la mitología andina y
selvática. La evangelización trajo consigo la idea de pecado. Los
"confesionarios" eran libros que los sacerdotes debían emplear con los
indígenas, conteniendo una rígida moral sexual, y que se siguieron usando
hasta en la etapa de la República.
La sexualidad andina se expresa aún hoy en rituales y en la permisividad de
sus fiestas calendarias. En carnavales y asociado con la bebida, las conductas
de sexualidad fuera del matrimonio son aceptadas socialmente y se encuentran
ritualizadas; los diablillos alientan el desenfreno y triunfan, momentáneamente,
las fuerzas subterráneas. Sin embargo, la aventura no es aceptable con
personas extrañas a la comunidad, ya que se asocian con infertilidad, atentando
contra el ideal de la endogamia que sólo se supera cuando una alianza
matrimonial exógama enriquece a la comunidad. Tampoco se acepta el incesto.
Para reforzar los temores frente a la exogamia se tienen creencias y relatos de
las nefastas consecuencias de que un joven o una joven se unan a monstruos,
bestias y demonios con apariencia de extranjeros. En la cosmovisión andina los
términos de "runa" y "warmi", que definen a hombre y mujer, sólo se aplican a
personas del mismo medio social, ya que los de fuera no tienen actividad
sexual socialmente reconocida. Se llama "yana" a la pareja, hombre o mujer,
que es lo oscuro que complementa al yo, lo claro, ambas partes sometidas una
al otro inequitativamente, definiéndose una al otro en un tenso equilibrio. El
pensamiento andino sexualiza al mundo y todo lo ve en términos de
complementación de los sexos: los dioses, la naturaleza. Hasta la Virgen es
vista como esposa de Jesucristo y los santos tienen pareja. En esta visión tan
abiertamente sexualizada de la realidad, llama la atención que se diferencie
entre sexualidad desmedida y moderada: los humanos tendrían sexualidad
moderada; los seres de mundos inferiores, diablos y diablesas, tendrían
sexualidad desmedida.
Mitos recogidos por misioneros cristianos ilustran la conceptualización del
mundo en poblaciones nativas amazónicas. Por ejemplo, los mitos amazónicos
Cashinaguas explican cómo el origen del sexo asociando el sexo femenino con
una llaga que un hombre joven descubrió cómo curar: teniendo relaciones
sexuales como los monos, aunque muriera con el pene partido luego de hacer
una demostración pública con todas las mujeres de la comunidad. Otros mitos
explican el olor rancio del sexo femenino por una pareja en la que la mujer era
casada, que quiso que no descubrieran que habían tenido relaciones y
quisieron disimular el olor frutal y floral de la vagina con una papaya rancia; de
ahí que se perciba un olor característico luego de tener sexo. Otro mito más
explica que la vergüenza, la violencia y todos los males tienen su origen en que
en vez de tener relaciones sexuales sin vergüenza y públicamente, como
hacían los antepasados y los animales, el pudor apareció cuando una mujer,
como Eva, tentó a un hombre con la fruta de la shapaja que nadie comía, pero
luego se avergonzó y tuvieron sexo a escondidas, generando un
empeoramiento del clima, guerras y toda suerte de enfermedades y males.
Otra leyenda selvática relata que unos Aguarunas que se creían perdidos y que
iban a morir, se animaban unos a otros a hablar de "cosas vergonzosas", y
hablaban de cómo era "la abertura amplia y el clítoris bien grande" de sus
mujeres, lo que los hacía felices. Todos "contaron sin vergüenza" sobre sus
mujeres, pero luego encontraron el regreso a casa y como todos sabían cómo
eran las mujeres de los demás, se engañaban mutuamente. Así, engañándose,
no podían convivir y esa es la razón por la cual los aguarunas de separaron y
viven diseminados por la Selva. Otro mito Aguaruna explica las relaciones
rápidas y ocultas de los humanos porque los hombres se habrían cambiado los
penes con los perros para evitar ser muerto por ser encontrado copulando con
una mujer casada. Antes “el pene se les pegaba, como los perros”, teniendo
relaciones de larga duración y a la vista de todos; ahora ya podían esconderse.
Otro ejemplo muestra las creencias sobre la fecundidad en el Amazonas. Según
un mito Aruaco de los Machiguengas, la Luna era masculino y vivía en la Tierra,
casada con una bella joven. Al igual que en el mito persa del ángel que echa
tierra al ovario de la mujer para fecundarla, en este mito la Luna echó tierra al
vientre de su esposa que se bañaba en el río, con la misma finalidad, pero ella
se molestó y le tiró barro, por lo que la Luna la mató aunque revivió al hijo en su
vientre, se comió la mitad de la mujer muerta, en vez de todo el cuerpo, como
era el ritual, y las manchas de la luna son esos restos que no comió y el hijo, al
crecer, se volvió el Sol. Otro mito Aguaruna relata cómo la esposa glotona del
dios Luna quiso seguirlo al cielo por un hilo y debido a su embarazo y la carga de
todas las cosas pesadas del hogar, lo hacía lentamente, por lo que el marido la
descubrió y cortó el hilo, haciéndola caer a la tierra, reventando la barriga con
toda la comida que tenía adentro que el dios convirtió en barro y, desde esta
maldición, la mujer hace ollas de barro y cocina.
Otros mitos amazónicos, Huambisas, Jíbaros y Aguarunas, narran que los
principales dioses del sol y la luna son ambos masculinos, nacidos como huevos
del vientre de una mujer vieja que un antropófago mató, y estos dioses tenían el
poder sobre sus mujeres. Por celos entre estos dioses masculinos se habría
terminado la poliandria y se prohibió estar con la esposa de otro (no el esposo de
otra), pudiendo los maridos celosos matar a su mujer de solo asaltarles la duda,
siendo siempre la mujer asociada con el diablo por infiel. Aún hoy la violencia
contra la mujer en la Selva rural se asocia, básicamente, a temas de infidelidad
por ambas partes.
Tanto en las narraciones andinas como en las selváticas prevalece una analogía
del falo con la serpiente, culebra o gusano, a los que se les atribuye un poder
fertilizante, viril y vivificador, y se les teme porque pueden violar y agredir.
Siempre es una mujer joven y hermosa que se encuentra con una culebra
disfrazada y un joven extranjero le propone ser amantes y ella accede,
escondiéndolo en un hueco bajo el moledor de maíz, alimentándolo de día y
siendo amantes en la noche, a escondidas, hasta que sale embarazada y los
padres matan a la culebra, abortando ella culebritas o sapitos (símbolo del sexo
desordenado y prohibido) y casándose luego con alguien del pueblo. En
versiones más modernas más que una serpiente es un amante en forma de falo.
Un mito Aguaruna habla de gusanos que se introducían en el cuerpo de la mujer
y la embarazaban, hasta que la madre tapó "el numpijí" de la mujer, para que
ésta tenga relaciones sexuales sólo con hombres. Otra versión, Capanahua,
alude a que la madre descubre que su hija casada se sentaba sobre un moledor,
debajo del cual escondía un gusano, y movía las caderas y decía "una hormiga
me está picando"; la madre mató al gusano pero la hija tuvo un hijo de éste. La
joven que muele maíz, símbolo de fertilidad, lo disfruta, porque lo hace sentada
directamente sobre el piso, con el sexo rozándolo, “como no debe hacerse”. Del
hueco sale una lombriz y la penetra, lo que le ocasiona placer; el placer es
secreto y ella alimenta al gusano hasta que se embaraza y da a luz un animal o
un bebé-gusano. En unas versiones los padres matan al gusano, en otras, no lo
encuentran. En otras versiones no se embaraza, sólo que los padres la
descubren disfrutando el placer de moler maíz. En narraciones más
prevalecientes en la Selva que en el Ande, el marido descuida a la mujer,
simbolizado en que no es buen cazador, y la mujer sola es seducida por un felino
que le promete abundante caza. Se va con el puma, jaguar o tigre, quien la
satisface oralmente, hasta que se harta de convivir con él y comer carne cruda y
vuelve a la comunidad que la ayuda a matar al tigre y comérselo. Si han tenido
hijos, se comen a los hijos.
En la versión andina se trata de un hombre sodomizado por un puma, gozando
de la relación bestial. Este relato puede remontarse a un huaco pre hispánico
Mochica. Hay otro huaco de esa cultura con una mujer en coito con un puma, en
una postura de cuatro patas que no es usual de las representaciones en los
ceramios de conductas sexuales humanas. Igualmente, hay otro huaco de la
misma procedencia de un hombre cuyos genitales están siendo devorados por
una serpiente. En estos amores con animales, cuando se trata de una mujer el
animal procura amores bestiales, la mujer se bestializa; cuando es hombre, lo
devora parcial o totalmente, perdiendo su identidad; otra constante es que la
mujer quiere algo sagrado o mágico; el hombre, algo profano.
Otros relatos andinos y amazónicos muestran la creencia de que existen
espíritus y monstruos codiciosos del sexo humano, que violarán a la mujer o
seducirán hasta enfermar y disolver al hombre (chupándole la energía vital,
disolviéndole los huesos que se supone se forman del semen). Así, el enano de
la cascada viola a las jóvenes; la laguna con forma de doncella seduce al joven
tragándoselo en su vagina.
En la pareja andina las primeras relaciones con el otro sexo se darían de manera
espontánea, furtiva, apasionada; se recurre a la analogía con las llamas, que los
indígenas creen están en perpetuo celo. Si bien esta pasión "salvaje" tiene visos
de prohibida, la sociedad sólo se opone formalmente, ya que hay una aceptación
de fondo a los amores juveniles fugaces. Para la pareja institucionalizada, por el
contrario, se espera una sexualidad domesticada, mesurada. Este no sería el
caso de las personas de la Selva, quienes no esperan que la pasión se
apacigüe, pero los ritos selváticos también muestran un rechazo a la pasión
enceguecedora y la presión social para preservar un orden a través de los ritos
ceremoniales de los raptos y las guerras ocasionadas por los amores furtivos.
En un mito, un cazador se enamora de su presa y la prefiere a las mujeres,
llegando a transformarse en un animal, y, dependiendo de la versión, puede
volver a ser humano y reintegrarse a la sociedad o no. En cuanto a los mitos del
incesto, que incluye a primos, ahijados y compadres, depende del grado del
incesto que haya mayor o menor tolerancia, pero las reacciones no pasan de
murmullos y aislamiento social, pero la comunidad piensa que se ha perturbado
el orden cósmico y asociará el evento con cualquier desgracia natural o
accidente. La cabeza voladora es la forma que se le asigna al monstruo del
incesto, es la cabeza de la persona incestuosa que, descabezada pero viva,
duerme en brazos de su amante. También puede convertirse en llama de dos
cabezas o en mula que escupe fuego (la Runamula de los selváticos es la pareja
infiel). El infiel que muere es un "condenado" que no puede terminar de morir
porque amó a quien no debía (o era avaro, muy apegado a las cosas) y vaga por
la tierra asustando a los humanos. Lo sexualmente prohibido es asociado con
suciedad: la cabeza voladora invita a comer deyecciones o escupe saliva
inmunda. El incesto es visto como sucio, como algo que bestializa, que
desintegra, que mata en vida, así como algo que afecta el orden social y natural.
Un mito de Huarochirí, que fuera importante provincia andina en cuyas tierras
bajas los españoles fundaran Lima, se refiere al nacimiento de Pariacaca, dios
Montaña que reemplaza al Sol, se vincula al adulterio de la mujer de un gran
adivino y dios. Este mito habla del adulterio de la mujer, que dio de comer a un
hombre un grano de maíz tostando que saltó a su vagina y cayó dentro de su
sexo, y de serpientes y un sapo que viven bajo un moledor de maíz y destruyen
el orden de la casa y enferman al esposo.
En sociedades tradicionales el mundo es dominado por hombres, sea el Inca, el
español o el presidente, sea el chamán, el médico tradicional o el cura, sean los
dioses del Incario o el Dios del Catolicismo. El chamán o curandero amazónico,
por ejemplo, media entre el mundo de los dioses y espíritus y el de los hombres
y, como el mítico Inca o el curandero andino, tiene una luz interior y una
aureola que derivan del poder creador, seminal, del dios Sol. Al chamán se le
percibe como un falo que penetra el mundo sobrenatural, el mundo de los
espíritus que es visto como un útero, por lo que el chamán tiene poder
fertilizante, de dador de vida o de muerte. Puede transformarse en jaguar y
atacar a las mujeres y devorar hombres. Sus instrumentos, como su vara
sonajera y un cilindro de cuarzo llamado "pene del Sol" y relleno del
psicotrópico rapé que, se cree fue la eyaculación del dios Sol cuando su hija,
prendada incestuosamente de él, le acarició los rayos masturbatoriamente, son
vistos como fálicos y le son dados por el mensajero del Sol, el trueno, bajo la
forma de un jaguar. El chamán usa el rapé y la ayahuasca para nutrir su poder.
La ayahuasca otro psicotrópico, se cree tuvo su origen en el embarazo de la
primera mujer que habitó la tierra, embarazada por la mirada del Padre Sol,
dueño de la ayahuasca y del poder sexual. Cuando nació el hijo todos se
disputaban la paternidad y despedazaron al niño; de cada pedazo nació una
variedad de la ayahuasca.
Otro mito nuevamente releva los símbolos fálicos, el del Sol viajando por el río e
introduciendo su vara sonajera en sitios propicios, de donde nacen los grupos
humanos, relacionado con el mito de Manco Capac y Mama Occllo, su hermana,
hijos del Sol que fundaron Cuzco, capital del Imperio Incaico donde se hundió su
vara, tienen los mismos componentes de incesto y poder fálico. El Inca, hijo del
Sol y portador de un cetro de oro cubierto de figuras de maíces, símbolo de
fertilidad seminal, intermediaba entre los mundos, era permitido el incesto, tenía
una vinculación con el dios Jaguar. Curiosamente, la tradición egipcia antigua
también atribuía la creación a la masturbación del dios Sol, Aton-Ra, cuyo pene
divino creó los ríos que acunaron a las civilizaciones. Hay distintas culturas
paganas que consideraban el semen un ofrecimiento a los dioses.
A modo de conclusión
La mitología aquí revisada revela el sincretismo cultural en la construcción de la
sexualidad. Vemos que las creencias occidentales llegaron a este Continente y
fueron re-interpretadas enriqueciendo los imaginarios.
Lo que es más sorprendente aún, encontramos que el ayer está vivo hoy, quizás
de otras maneras, pero las tensiones de la expresión de la sexualidad y el
control social siguen vigentes. La infidelidad, la masturbación, la
homosexualidad, el placer, siguen tiñéndose de mitos, temores, culpas,
vergüenza y secretismo; seguimos, como los Aguarunas, escondiendo nuestra
intimidad pero, a la vez, este erotismo lúdico está tan vivo como antes y
alimenta nuestras fantasías y vínculos.
Seguimos las mujeres temiendo que el hilo de plata se rompa al tratar de subir al
cielo, pero como Nefertiti, estamos en el proceso de lograr sentarnos al lado del
Sol y volver a los dioses masculinos y femeninos o, mejor aún, andrógenos.
La historia continúa con el cisma de la Iglesia Católica y Romana, el
descubrimiento de los planetas y la cirugía moderna, y el enfrentamiento de
ciencia y religión, y todo lo que siguió. Pero ésa es otra historia y otra
interpretación de la sexualidad, en el entretejido de las sociedades y culturas a lo
largo de la historia humana.
_____________
Sobre la autora
María Ragúz; es Doctora en Psicología Social, Especialidad de Género (Holanda). Maestría en
EEUU en Psicología Educacional. Profesora principal de la Pontificia Universidad Católica del
Perú. Integra varios rosters internacionales de consultores y expertos en género, derechos y
salud sexual y reproductiva, en particular, adolescente y juvenil. Dirige la ONG REDESSJóvenes.
e-mail: [email protected]
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