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"No está aquí... Ha resucitado". Son las palabras con las que los

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"No está aquí... Ha resucitado". Son las palabras con las que los
"No está aquí... Ha resucitado". Son las palabras con las que los ángeles en esta mañana anuncian a
las mujeres la Resurrección. "No está aquí... Ha resucitado". ¿Qué habrán podido comprender las
mujeres con esta frase? ¿Cómo podrá permitirles pasar del dolor a la esperanza? ¿Cómo podrá esta
frase de los ángeles "No está aquí... Ha resucitado" devolverles la esperanza en la vida, después de
la prueba inmensa que acaban de atravesar?
Efectivamente el dolor de las mujeres era inmenso y así, abatidas por el dolor, llegan al sepulcro en
la madrugada de ese día que será de Pascua. Están abatidas, en efecto, porque ellas han visto y han
seguido a Jesús, Maestro y Señor, y lo han oído hablar de la bondad del Padre, sobre todo a los más
pequeños. Lo han visto enaltecer a estos pequeños y después hablar a los sabios y poderosos
diciéndoles que se equivocaban al creer que, por pensar que conocían a Dios, podían dominar a los
pequeños y decirles lo que era necesario comprender de Dios e imponerles de alguna manera un
modo de vivir. Estos sabios y poderosos habían creído que podían disponer de Dios y así
despojaban a los pequeños de Dios. Y los poderosos y sabios, cuando han oído al Hijo del hombre
que hablaba del Padre y ponía en duda sus palabras, entonces lo han arrestado y lo han hecho callar.
Y después lo han matado.
Las mujeres han visto lo sucedido y con este dolor llegan silenciosas y abatidas al sepulcro. Quieren
rendir un último homenaje al cuerpo de aquel a quien seguido y a quien han amado. Y en medio de
este silencio, de repente, la voz de los ángeles: "No está aquí... Ha resucitado, recordad... Él os lo
había dicho, os lo había prometido". De pronto el silencio no es más el silencio de la ausencia, el
silencio angustioso, ese silencio del que piensa que está solo consigo mismo sin poder escapar. De
repente, el silencio es el lugar de una Palabra. Esa Palabra que se pretendía hacer callar ahora
resuena nuevamente. Y esta Palabra es promesa de vida más allá de todo y para todos, comenzando
por los pequeños, aquellos a quienes se quiere hacer callar, aquellos a quienes se deja de lado. A
ellos les es dada la Palabra. El silencio es ahora el lugar donde escuchan la Palabra de Dios.
Las mujeres miran el sepulcro y el sepulcro está vacío. ¡Qué signo curioso este sepulcro vacío para
manifestar la Resurrección! Porque el vacío a menudo no nos agrada, nos da miedo, no hay
horizontes. Nos hace creer a veces que la nada, la muerte, la angustia pueden retener al hombre para
siempre. No queremos el vacío. Las mujeres miran y el sepulcro está vacío..."No está aquí"... Las
mujeres, sin embargo, comprenden que este vacío no es para constatar una ausencia sino que, al
contrario, indica que Aquel que estaba abatido por la muerte ha partido. Una nueva presencia surge
del sepulcro vacío. Las mujeres comprenden entonces que, contrariamente al vacío de la nada y de
la muerte, hay ahora una ausencia que las atrae a la vida, una presencia que camina con ellas y les
da vida. El silencio está habitado por la Palabra. El vacío está como sostenido por una densa
presencia de aquel a quien ellas amaban y que ahora pueden seguir amando.
Junto al sepulcro, oscuro como todos los sepulcros, las mujeres ven los vestidos de los ángeles y el
Evangelio nos dice que "estos vestidos eran resplandecientes de luz". He aquí la Resurrección. A
menudo creemos que la muerte, las tinieblas, las dificultades, van a acabar con nuestros proyectos,
con nuestras expectativas, con nuestra misma esperanza. A menudo pensamos que aquello que
oscurece el horizonte oscurece todo el mundo... y que no podremos escapar. A menudo pensamos
que nuestro destino es la oscuridad y no la luz. Pero los vestidos de los ángeles que están allí nos
dicen, como en una novela de Yasmina Cadre, "lo que el día debe a la noche". La noche es el
sometimiento de Jesús a la muerte, un sometimiento del que es rescatado. Y el día es la luz de este
rescate.
Las vestiduras de los ángeles significan que le ha sido necesario atravesar la muerte para poder
someterla y entonces vivir. Ha resucitado. Algunas veces, cuando pensamos en nuestra resurrección,
pensamos que es para el mañana, para después. Parece una promesa para el futuro, y lo es en
verdad. Pero hoy, con las mujeres junto al sepulcro, es necesario creer con más fuerza todavía y de
otra manera aun más verdadera. La resurrección no es para más tarde. La resurrección, ante todo, es
la de Cristo y nuestra vida comienza con la resurrección de Cristo.
Este es el mensaje del sepulcro vacío. Nuestra vida comienza con la Resurrección de Cristo. Los
silencios que nos impiden contar nuestra historia y creer en nosotros mismos, los silencios que nos
encierran en nosotros mismos, estos silencios están habitados ahora por la vida de Cristo, que ha
resucitado de entre los muertos. Los vacíos, las angustias, las pérdidas de esperanza que jalonan
nuestra vida - porque es duro vivir- estos vacíos, de repente, son sostenidos por una presencia, la
presencia de alguien que vive y que es nuestra vida. Las oscuridades, eso que algunas veces nos
hace gemir y vacilar, las muertes, las pruebas atravesadas, lo que nos hace creer que la muerte es el
fin de todo, todo esto, en esta mañana de Pascua, es iluminado por la luz de Cristo. Sí, ha
resucitado, no está aquí, ha resucitado. ¿Dónde está? En nuestras vidas, en la vida de cada uno. En
medio de nuestros silencios y de nuestras palabras, en medio de nuestras palabras y de nuestras
oscuridades , en medio de nuestras relaciones y de nuestras soledades. El es la vida.
Para mi, decía san Pablo, la vida es Cristo. Para nosotros, en esta mañana de Pascua, la vida, es la
vida de Cristo resucitado.
¡Muy feliz fiesta de Pascua!
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