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EL FUTURO ESTÁ EN EL AYER: La Habana Vieja

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EL FUTURO ESTÁ EN EL AYER: La Habana Vieja
EL FUTURO ESTÁ EN EL AYER:
La
Habana Vieja una plataforma de
innovación1.
Fernando Carrión M2.
1
Trabajo publicado en el libro: Una experiencia Singular: valoraciones sobre el modelo de gestión
integral de La Habana Vieja, Patrimonio de la Humanidad, Ed. UNESCO-Oficina del Historiador, Ed.
Boloña, Madrid, España.
2
Coordinador del Programa de Estudios de la Ciudad de FLACSO-Ecuador, Editorialista Diario
HOY.
1. Introducción.
2. De la crisis a la oportunidad: lo histórico de los Centros históricos
Los Centros Históricos tienen historia
La crisis como oportunidad
El Proceso histórico de La Habana
• Configuración del área.• Distinción entre ciudad y centralidad urbana
• Diferenciación centralidad urbana e histórica
• La renovación ante la crisis
• Algunas conclusiones del recorrido histórico
3. Correspondencia del Proyecto de Centro Histórico con el Proyecto
Nacional.
La proyección del pasado en el tiempo y el espacio.
Lo nuevo de La Habana está en lo viejo.
Lo moderno de la reforma económica está en lo antiguo.
4. Modelo de gestión o el gobierno del CH
Formación del marco institucional
Estructura
Turismo vs Política social
El carácter del modelo
5. Conclusiones y recomendaciones
6. Bibliografía
EL FUTURO ESTÁ EN EL AYER: La Habana Vieja
una plataforma de innovación.
“Todo árbol grande y frondoso vive de lo que tiene debajo”
Eusebio Leal.
1. Introducción.
En La Habana Vieja hay una tradición de intervención superior a los 50 años. Un
largo proceso de acción que deja en el camino importantes enseñanzas con
resultados en calidad y cantidad que deben ser sistematizadas, para convertirse en
experiencias paradigmáticas a ser destacadas3. Esto supone un proceso nacido en
la realidad y marcado por el optimismo de una política pública exitosa que debe
ser compartida4.
Con este trabajo se busca valorar las políticas aplicadas en La Habana Vieja
principalmente desde 1982, en que se la declara Patrimonio de la Humanidad por
parte de la UNESCO5. Para el efecto el eje central de la argumentación parte de la
renovación de la relación espacio y sociedad en La Habana Vieja, surgida del
sujeto patrimonial central del proceso: la reconstitución de su gobierno. En otras
palabras, se considera el elemento más destacado del proceso de renovación del
Centro Histórico de La Habana Vieja la renovación de lo público en su doble
3
“Se puede afirmar que La Habana es un laboratorio donde se ensaya una nueva visión del
manejo de áreas antiguas”. (Mimeo: Evaluación del Modelo de gestión integral de recuperación
de La Habana Vieja)
4
Se ha entrado en una fase optimista marcada por la existencia de un marco institucional más
abarcativo (nuevos actores), mayores recursos económicos y una óptica comprensiva de
intervención.
5
Desde aquél momento se encuentra en el puesto número 27 a nivel mundial, gracias a la
persistencia de sus valores históricos y culturales que han sido incrementados hasta la fecha.
dimensión: del centro histórico como espacio público y del gobierno o gestión
como parte de la esfera pública.
De ésta consideración inicial se desprenden dos afirmaciones centrales que se
desarrollarán transversalmente a lo largo del trabajo: por un lado, que la noción de
antigüedad de La Habana Vieja se ha convertido, gracias a la política de
renovación aplicada, en una plataforma significativa para el futuro de la ciudad y
del país. En otras palabras, que La Habana Vieja mientras más antigua es más
proyección tiene en el tiempo (futuro) y en el espacio (La Habana), al extremo de
que hoy es más progresista que las zonas más modernas de la ciudad de la Habana,
sirve de referente para otros centros históricos y apoya al proceso de reforma
económica del Estado cubano.
Y, por otro y en relación a lo anterior, el proyecto de renovación de La Habana
Vieja es uno de los pocos de América Latina que está en correspondencia con el
proyecto de desarrollo nacional. Ello es posible gracias al modelo de acción
asumido y al tipo de políticas diseñadas, que están inscritas en un marco
institucional que tiene competencias y políticas concurrentes. Por eso los sujetos
patrimoniales se han diversificado y pluralizado, encarnando el carácter integral de
su accionar.
El presente trabajo tiene una lógica expositiva que se estructura a partir de cuatro
hipótesis principales:
• Lo histórico.- La primera hipótesis tiene que ver con la génesis y esencia de
los centros históricos. Los centros históricos nacen históricamente en el
momento en que empiezan su deterioro, producto de la pérdida de las
funciones de centralidad urbana. Pero también su desarrollo se asocia con
las crisis, y es precisamente ésta la que define su oportunidad: la
renovación, que es la que impulsa una nueva lógica de desarrollo urbano
(por eso estamos contra la conservación) que debe sumar valor al pasado y
añadir tiempo a lo antiguo.
• La integralidad.- La segunda hipótesis se asocia al hecho de que la
centralidad se define a partir de las múltiples determinaciones que
estructuran la integralidad y la sustentabilidad, gracias a las interconexiones
con la ciudad (la centralidad urbana), la economía (el desarrollo), la política
(lo institucional) y la cultura (las múltiples y simultáneas identidades). De
allí que un buen proyecto de renovación de un centro histórico deba
configurarse a partir de la necesaria correspondencia e interrelación entre
proyecto local y proyecto nacional.
• El monumentalismo.- La tercera hipótesis está vinculada al carácter social
de los centros históricos, en tanto son y comprenden a un ámbito específico
de relaciones sociales que le dan sustento. De allí surge este tipo particular
de espacialidad -como forma de organización territorial- y no a la inversa,
como
lo
sostiene
contrariamente
a
nuestro
pensamiento
el
monumentalismo.
• Lo público.- La cuarta hipótesis se relaciona con el hecho de que el proceso
de deterioro de los centros históricos ha ido de la mano del deterioro de la
gestión pública de los mismos y de la indefinición del sujeto patrimonial
central del proceso. Cuando la ciudad desbordó los límites de la hoy
llamada La Habana Vieja su gobierno tuvo que dedicarse a otros lugares de
la nueva ciudad; y cuando el estado nacional se consolidó construyó una
maraña institucional sumamente diversificada y compleja que condujo a la
pérdida de referencia institucional (transparencia, legitimidad) y de la
unidad
de
actuación
(eficiencia,
discurso),
lo
cual
contribuyó
significativamente al deterioro del centro histórico.
Para desarrollar estas hipótesis se tendrá como telón de fondo el caso
paradigmático del Centro Histórico de La Habana Vieja. Por estas consideraciones
y otras más, el centro histórico de La Habana merece ser expuesto ante el mundo
para beneplácito de todos.
2. De la crisis a la oportunidad: lo histórico de los Centros históricos
2.1.
Los Centros Históricos tienen historia
Los centros históricos no existen desde siempre porque son históricos y por que
tienen su propia historia; esto es son un producto histórico que tienen un
nacimiento y desarrollo (¿tendrán un fin?). De allí que sea importante plantearse,
como punto de partida, las siguientes preguntas: ¿Cuándo nacen los centros
históricos? ¿Cuándo se constituyen y convierten en objeto particular de estudio e
intervención dentro de la estructura urbana de la ciudad? Y, en el caso concreto
que nos convoca, de La Habana Vieja, ¿cuando nace y cómo evoluciona?
Las respuestas a las interrogantes deben provenir de la definición de centro
histórico como concepto histórico. Por eso hay la necesidad de remitirse a la
historia para encontrar su lógica y devenir. Si el centro histórico es un objeto
cambiante e histórico, que se expresa y resulta de su relación dialéctica con la
ciudad, es factible en ese contexto encontrar su origen conceptual y su génesis
histórico particular.
Históricamente los centros históricos nacen en el momento en que empiezan a
perder las funciones urbanas centrales; esto es, cuando hay una disputa de la
centralidad urbana con otros lugares donde se desarrollan. El origen de la
centralidad histórica se produce cuando entra en decadencia debido al
desdoblamiento de la centralidad en dos ámbitos espaciales: la urbana y la
histórica6. Serán, entonces, la pérdida de las funciones de centralidad y la
subsecuente distinción de los dos tipos de centralidad las que dan nacimiento a
esta particularidad urbana.
Históricamente este hecho se produce con la aceleración del proceso de
urbanización, en un contexto de modernización de la sociedad, impulsado por el
proceso de industrialización. Este proceso de cambio acelerado genera una
reacción de las elites locales que se preocupan por lo que se pierde, reivindicando
la creación de un marco institucional de defensa de este imaginario cultural
nacional. Esta defensa provendrá de una perspectiva nostálgica, a la usanza de que
“todo tiempo pasado fue mejor”, e inscrita en posiciones nacionalistas.
Lo paradójico de la situación radica en que el nacimiento de la centralidad
histórica se produce en el momento en que entra en decadencia. Esto es, que ve la
luz con el estigma de la crisis y que, por tanto, una de las características esenciales
de los centros históricos es que nacen con su muerte a cuestas. Crisis que nace por
la disfuncionalidad urbana, por el deterioro de la centralidad, por la reducción de
los tiempos, por la concentración de la pobreza y/o por los problemas ambientales,
entre otros.
6
Mientras la primera concentra las actividades urbanas que le confieren la cualidad urbana de
centralidad, la segunda concentra una multiplicidad de tiempos sobre el mismo espacio,
asignándole su condición histórica.
2.2.
La crisis como oportunidad
Los centros históricos nacen con la muerte a cuestas y la llevan, para bien o para
mal, a lo largo de su vida. Pero también desde su nacimiento –por tanto, desde su
crisis7– llevan el signo de la oportunidad, no sólo para esta parte importante de la
ciudad, sino para la ciudad toda8. Por eso la renovación es la oportunidad que
encara un sentido del futuro deseado, por que el regreso a los orígenes es
imposible, dado que se trata de un proceso con sujeto consciente; es decir, de la
búsqueda por salir de una situación de degradación a través de una propuesta de
política que conduce a un nuevo orden que lo mantiene vivo mediante la suma de
valor para, de esta manera, añadir más historia; o, lo que es lo mismo, para
incrementar más presente al pasado.
La crisis de los centros históricos, que se produce simultáneamente a su nacimiento,
intenta superarse a través de la renovación urbana. Esto supone construir un nuevo
orden desde las bases sociales y materiales pre-existentes y desde posiciones diversas
provenientes de actores específicos, cada uno de los cuales tiene su propia lógica. En
otras palabras, La crisis de los centros históricos aparece como una oportunidad y esa
oportunidad se expresa a través de la renovación que, a diferencia del renacimiento,
no es un nuevo comenzar, porque la novedad no es absoluta. Lo nuevo se nutre de lo
antiguo como fuente, pero no la niega, porque lo antiguo debe ser reconocido en lo
nuevo9.
7
Según el Diccionario de la Lengua Española, la crisis se define a través de la siguiente acepción:
"mutación considerable que acaece en una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse
el enfermo".
8
La definición de crisis como oportunidad proviene de las culturas orientales y se aplica para el
caso presente a través del concepto de renovación.
9
Es decir, según Cabrera (1997) ‘se establece como núcleo central la forma antigua, cuya
modificación no debe disolverla, sino mantenerla’.
La renovación implica la creación de un “nuevo orden” que surge de la necesidad de
construir una voluntad colectiva que respete los “múltiples órdenes” que tiene y no la
hegemonía de uno de ellos. Es una propuesta que tiene que ver con la relación
antiguo-moderno10, y con las vinculaciones que establecen los portadores de cada
uno de estos órdenes: los sujetos patrimoniales. Las políticas de renovación de los
centros históricos provienen de la acción específica de los sujetos patrimoniales y de
la correlación de fuerzas que ostenten en cada momento en particular.
Hay que entender que la intervención en los centros históricos comienza algún
momento, pero no concluye nunca. Se trata de una política sin fin de agregación
de valor; porque caso contrario el proceso se interrumpe y la degradación se
impone. De allí que se trate de crear una cultura permanente de renovación y no de
conservación.
La crisis que lleva a una oportunidad puede percibirse claramente a partir de dos
casos emblemáticos en la región, que nacen de situaciones extremas donde la
crisis se exacerba:
• El primero, que tiene causas naturales, es el caso del centro histórico de
Quito, cuando en marzo de 1987 se produce un terremoto de proporciones
que deteriora aceleradamente el centro histórico con el derrumbe de
edificaciones, la re-estructuración de la propiedad y la pérdida de la base
económica. A partir de ese momento Quito y el Ecuador toman conciencia
de la importancia que tiene el centro histórico para la ciudad y el Ecuador
10
“Lo antiguo y lo moderno no tienen que ser conceptos excluyentes y, mucho menos,
contradictorios. Lo antiguo es generador de lo moderno y lo moderno es una forma de conferirle
existencia a lo antiguo. Así como no se trata de dos momentos distintos y diferenciados de la
existencia, tampoco los debemos entender bajo una secuencia lineal evolutiva”. (Carrión F,
2000).
impulsando la creación del Fondo de Salvamento (FONSAL), diseñando el
Plan Maestro y formulando una nueva institucionalidad.
• La segunda, que proviene de perspectivas antrópicas, es el caso de La
Habana Vieja, cuando en 1991 entra en crisis el campo socialista con la
caída del muro de Berlín, lo cual lleva a la redefinición de la inserción de
Cuba en el concierto internacional. Desde esta coyuntura La Habana Vieja
redefine sustancialmente su base financiera, establece un nuevo modelo de
gestión y diseña una política de renovación exitosa del centro histórico.
Los dos casos muestran que las crisis extremas –la una natural y la otra socialconducen a su antítesis: la oportunidad. Pero también los dos casos son
interesantes porque las crisis extremas les encontraron a los dos centros históricos
relativamente conservados gracias a que el Ecuador es un país de menor desarrollo
relativo y a que La Habana fue pospuesta por las urgencias de la revolución11.
Estas dos situaciones permitieron mantenerlos al margen de los problemas que
introdujeron la especulación inmobiliaria, el peso del automóvil privado y las
nuevas corrientes de la arquitectura y el urbanismo modernos, justo en una
coyuntura urbana a nivel de América Latina en que otros centros históricos
sufrieron el embate de este conjunto de fenómenos produciendo resultados poco
satisfactorios y altamente degradantes.
11
“La ciudad sobrevivió al desastre de la especulación y el protagonismo del automóvil,
fenómenos que en otras ciudades latinoamericanas borraron de un plumazo barrios tradicionales
completos, extendiendo el gris color del anonimato. Nunca la asfixió una periferia marginal, no
hubo tiempo para ello. Justamente en la década tenebrosa donde se desarrollan las megalópolis
regionales, en el país ocurren cambios radicales a partir del triunfo revolucionario de enero de
1959.A nuestros días ha llegado una ciudad que conserva, tras los telones de un descuido que
paradójicamente la salvó de males mayores, el esplendor que un día la distinguió” (Rodríguez P.
2000)
Estos casos evidencian no solo que las crisis son oportunidades, sino que el
cambio (la renovación para ser más exactos) se lo puede hacer –incluso- en
contextos de alta adversidad. Para que ello ocurra se requiere de la llamada
voluntad política, que se exige a las autoridades. Pero ella no cae del cielo sino
que social y políticamente hay que construirla, porque su existencia proviene de la
correlación de fuerzas que pone dentro de la agenda pública las políticas de
renovación de los centros históricos.
Los casos de Quito y La Habana confirman esta tesis. En el caso de La Habana
Vieja esta voluntad política nació de los esfuerzos de la Oficina del Historiador
que utilizó los medios de comunicación para generar consensos amplios12, la
cooperación internacional para legitimar la propuesta13, las exigencias de la
coyuntura internacional para evidenciar su importancia económica y la
construcción del liderazgo fuerte y personalizado en la figura de Eusebio Leal.
Esta voluntad política construida se institucionalizó en los ámbitos principales de
decisión política (Consejo de Gobierno) y a través de un modelo de gestión
pública que ha sido capaz de sostenerla e incrementarla.
2.3.
El Proceso histórico de La Habana
El proceso histórico de la Habana Vieja puede visualizarse a través de un conjunto
de cuatro etapas claramente identificadas: la configuración del área principal; la
diferenciación entre ciudad y centro urbano; la distinción entre centro histórico y
centro urbano; y el centro histórico en la actualidad.
12
Se debe resaltar la existencia de programas de televisión, emisoras de radio (Habana Radio) y
medios de difusión impresos (trípticos, hojas informativas, revista Opus Habana, libros).
13
La oficina del Historiador tiene un área especializada destinada a la cooperación internacional
con la finalidad de captar recursos económicos y obtener asistencia técnica. Entre 1999 y 2003 se
desarrollaron 90 proyectos cofinanciados por la cooperación internacional.
Configuración del área.-
Este período de la historia tiene su nacimiento con la coyuntura de la fundación de
la ciudad (1514-1519) y culmina a mediados del siglo XIX cuando la ciudad vive
un proceso de expansión urbana sin precedentes. En este período se logra
configurar lo que es hoy se considera como el centro histórico de La Habana o, la
hoy llamada popularmente, La Habana Vieja.
La Habana fue fundada, al menos tres veces, siempre en una ribera fluvial o
marítima. Los varios asentamientos temporales de la ciudad culminaron junto a un
lugar geoestratégico: la bahía, en el espacio que entonces se llamó Puerto de
Carenas. Su condición estratégica estaba vinculada a las nuevas rutas marítimas
entre las tierras continentales y el Nuevo Mundo y a la condición defensiva que
proveía la bahía14. De allí en más la ciudad se desarrolló vinculada al puerto, al
extremo de que se puede afirmar que su historia es la de una ciudad portuaria
eslabonada mundialmente. Así como del contacto con el mar vino el progreso,
también desde allí surgieron los ataques devastadores de los piratas.
La ciudad se fue desarrollando sobre la base de tres ejes urbanos: la bahía y el
puerto que le daban la vocación productiva e inserción mundial; las fortalezas que
le proveían el sentido defensivo para la sustentabilidad y la sobrevivencia; y las
plazas y vías que le otorgaban el orden y la estructura urbana a la ciudad. En otras
palabras, sobre la base de la bahía, las fortalezas15 y las plazas16 tomó consistencia
14
“Crucero de las rutas de conquista, escala en los caminos de la colonización, cuna de todos los
sueños, La Habana atrajo el interés general de los marinos” (Suárez, 12, 1998)
15
Inicialmente se conformó un triángulo marítimo defensivo de la ciudad compuesto por de las
fortalezas La Real Fuerza, Tres Reyes de El Morro y San Salvador de la Punta y, posteriormente,
reforzada con nuevas intervenciones.
16
La Plaza de Armas fue la que albergó las funciones políticas, militares, religiosas y civiles; la
Plaza de San Francisco por su vinculación marina estuvo vinculada al comercio; La Plaza de la
Catedral como símbolo religioso y de prestigio social; y la Plaza Vieja destina al comercio
la configuración del área hoy considerada centro histórico y, a su vez, definió a los
sujetos centrales de su devenir: comerciantes, religiosos y militares.
La estructura espacial de la ciudad se basó en la cuadrícula -adaptada a la
topografía del lugar- de la cual brotaron la infraestructura portuaria, las plazas17,
los fuertes, las murallas defensivas y la localización de las personas y funciones
urbanas18. Es decir que la ciudad se consolidó de manera compacta teniendo a las
plazas como los elementos vertebradores y a las vías como los ejes articuladores, a
partir de los cuales las funciones urbanas se desarrollaron y la población se fue
paulatinamente ubicando19.
De este primer período se puede concluir, por lo pronto, en dos aspectos que
servirán para entender el presente: por un lado, que su configuración urbana nació
del espacio público, la cual le otorgó orden y calidad. Y, por otro, que lo que hoy
es La Habana Vieja se configuró en este largo período colonial y cuando lo
consiguió se produjo una correspondencia con la ciudad toda. Esto significa, entre
otras cosas, que los centros históricos no son homogéneos.
interno fueron los ejes que operaron –como espacios públicos- para darle forma a la estructura de
la ciudad. Las plazas y plazuelas están relacionadas con la Iglesia, a excepción de la Plaza Vieja.
17
Este es el origen de la vieja tradición policentrista que tiene la ciudad de La Habana.
18
“Para esta época La Habana se distingue entre las ciudades coloniales latinoamericanas por dos
rasgos fundamentales: un sistema de plazas y plazuelas que junto a un tejido urbano irregular
conforman una singular trama, y el más espléndido y completo sistema de fortificaciones” (Plan
Maestro, 20, 2001)
19
La lógica de la actual propuesta de renovación del centro histórico de La Habana Vieja sigue el
mismo patrón con el que se conformó la ciudad: las plazas, los ejes viales y las defensas, con la
única salvedad: la Bahía.
Distinción entre ciudad y centralidad urbana
El segundo período de la historia de La Habana Vieja tiene que ver con el proceso
de diferenciación que se produce entre la ciudad y la centralidad urbana, que se
inicia desde el siglo XVIII y se consolida a mediados del siglo XIX.
En el siglo XVIII la Corona española tiene interés en dotarle a la ciudad de La
Habana el sentido e imaginario de centro de la administración colonial en Cuba,
para lo cual impulsa la realización de un conjunto de obras fuera de los muros y
desarrolla acciones tendientes a jerarquizar ciertas zonas de la ciudad, sobre la
base de las funciones más representativas de la época: las religiosas, políticas y
militares.
Así tenemos, por un lado, la construcción de paseos (Alameda de Paula, El Prado),
de teatros (Coliseo o Teatro Principal), de edificaciones Militares (cuartes de
Milicias), de gobierno (Correos), de parques, mercados (Cristina) y de
infraestructura (ferrocarril y acueducto de Fernando VII) que van trazando las
líneas del crecimiento y desarrollo de la ciudad para, finalmente dar lugar a una
nueva forma de segregación residencial donde los pobres se localizan hacia el área
sur occidental (Barrios Antares y Jesús María), los sectores medios vinculados a la
artesanía y al comercio hacia el centro y el noroeste, y los grupos sociales más
acomodadas en la barriada del Cerro.
Y, por otro lado, el fortalecimiento de los gérmenes de una centralidad urbana
alrededor de la Plaza de Armas, convertida en el lugar estratégico que permitiría
construir el imaginario de la representación del poder colonial: Casa de Correos
(Intendencia, Contaduría y Tesorería General del Ejército)20 y el Palacio de
Gobierno (Cabildo y cárcel)21; así como, posteriormente y en la ciudad de
extramuros, con dos ejes de centralidad lineal compuesto por el Paseo del Prado y
por la Calzada Luís Gonzaga, inscritos en el llamado reparto de las murallas22.
De esta manera se produce un movimiento de expansión urbana correlativo a otro
complementario de renovación de la ciudad, que desemboca en la formación de
nuevos gérmenes de centralidad urbana: uno alrededor de la Plaza de Armas de
forma concéntrica y otro longitudinal en las afueras. Con ello empieza la
diferenciación del espacio inicial de la urbe –hoy conocido como centro histórico
y en ese momento la ciudad toda– con la centralidad, debido a que comienza a
asumir funciones y relaciones que consolidan su condición de centralidad.
El proceso arranca con el crecimiento expansivo de la ciudad, que lleva a
considerar la existencia de una cierta homogeneidad de la zona matriz en
comparación con la heterogeneidad que introduce la modernidad en la nueva
ciudad23. El caso mas evidente proviene de la diferenciación que se produce en su
interior entre la centralidad urbana y ciudad, producto de la distinción social,
económica y política.
20
“En el siglo XX, con el advenimiento de la República, se efectuaron modificaciones en su
interior para convertirla en la sede del senado. Posteriormente, al construirse el Capitolio, se
convirtió en el tribunal Supremo” (Capablanca, 36, 1998).
21
Después cumplió funciones de Palacio Presidencial y de Ayuntamiento de La Habana.
22
“Nombre con el que se conoce la venta y parcelación, por parte del gobierno colonial, del área
que ocupaban las murallas del siglo XVII y la zona de protección junto a las mismas. Se trató de
un gran negocio concebido conjuntamente por el poder colonial y los comerciantes de origen
español” (Capablanca, 50, 1998).
23
Este hecho conduce a pensar que los centros históricos se caracterizan por la homogeneidad,
cuando los factores de heterogeneidad propios de una sociedad desigual nunca pueden producir
una estructura territorial homogénea. Mucho menos, una sociedad colonial, que es la expresión
más acabada de la heterogeneidad.
De este período se pueden extraer dos conclusiones que tienen vigencia hasta el
día de hoy: la primera tiene que ver con el hecho de que las políticas públicas le
imprimen un derrotero singular al desarrollo urbano y que si estas se amparan en
intervenciones emblemáticas y estratégicas pueden generar centralidad y
expansión urbanas. Y la segunda, que la construcción de imaginarios culturales y
sentidos de identidad conducen a la construcción de la centralidad, uno de cuyos
elementos principales tienen que ver con los símbolos identitarios del poder.
Si se ve en negativo estas conclusiones, se puede plantear que las políticas
públicas le dan el sentido del futuro deseado (sujeto con voluntad consciente) y
que al vaciar de los símbolos de la representación política a los centros históricos
se pierde mucho de su historia y de su sentido socialmente integrador.
Diferenciación entre ciudad vieja y ciudad moderna: origen del centro histórico
En este período nace el centro histórico como consecuencia de dos fenómenos
simultáneos: la diferenciación entre la nueva y la vieja ciudad, que conduce a la
distinción respectiva entre el centro urbano y el centro histórico; que acontece
desde fines del siglo XIX.
A fines del siglo XIX la ciudad se expande considerablemente superando los
límites de sus murallas y dando lugar a la existencia de dos Habanas: la vieja y la
moderna. El calificativo de vieja aparece como una manera despectiva de describir
el deterioro que empieza a mostrar gracias al abandono de los sectores sociales
más acomodados y a la pérdida de las funciones de centralidad, así como al
contraste que produce la emergencia de barrios nuevos, de prestigio y modernos,
como son la consolidación de El Cerro y el desarrollo de El Vedado24. Además
24
“La decadencia del centro histórico como lugar residencial por excelencia comienza a
mediados del siglo XIX con el crecimiento de la ciudad del oeste y la aparición de barrios
hay un proceso de tugurización de La Habana Vieja que se sustenta en la formula
económica de que “muchos pocos hacen un mucho”, y del traslado de la población
y de algunas de las funciones centrales hacia la zona del Vedado25.
En otras palabras, La Habana Vieja –como centro histórico- nace justamente
cuando se produce el deterioro de su base material y social, y se inicia la pérdida
de sus funciones centrales. Así tenemos que se percibe un vaciamiento de las
funciones representativas del estado, el deterioro se hace presente debido a la
pérdida de las funciones de centralidad urbana, la erosión del tejido social es
evidente (pérdida del capital social) y al deterioro de las bases materiales
(tugurización) sin que se diseñen políticas explícitas para detener este proceso.
Pero también debe entenderse en su relación con la ciudad toda. Es en el contexto
de la articulación de la ciudad nueva con la vieja o de la ciudad moderna con la
antigua la que explica el nacimiento de La Habana Vieja como centro histórico26.
La toponimia usada es una reacción que va de la mano con el deterioro propio y
con la comparación con el otro (alteridad). El calificativo despectivo de la vejez no
es otra cosa que el imaginario urbano construido que se expresa en las políticas,
actitudes y sentimientos de darle la espalda al centro histórico y a la Bahía, y de
evidenciar la pujanza que empieza a cobrar el nuevo orden urbano con sentido de
selectos como el Cerro o el Vedado. Así que muchos de los antiguos palacios unifamiliares son
vendidos y devienen casas de inquilinato o ciudadelas. La Habana Vieja deja de ser “La ciudad”
(Plan Maestro, 20, 2001).
25
“Con la instauración de la República a principios del siglo XX, y bajo influencia
norteamericana, se desarrolla en la zona que fuera intramuros la función bancaria y financiera.
Ello incorpora un elemento de centralidad, expresado en el llamado pequeño Wall Street, con una
tipología de altos edificios que acentúan su verticalidad ante la angostura de las calles” (Plan
Maestro, 20, 2001).
26
“La Habana Vieja conserva, no obstante, las principales actividades comerciales de la ciudad
en las calles Muralla, Obispo y O`Reilly, las funciones de la administración y el gobierno, las más
representativas actividades religiosas y, sobre todo, el prestigio de un área urbana que ha ido
acumulando modos y costumbres a lo largo de los siglos, para ofrecer ya una manera de ser
perfectamente identificable (Capablanca, 51, 1998).
modernidad y progreso27. De allí que también se construyan nuevas barreras,
propias de la emergencia de las modalidades de la segregación urbana, así como
también de las construcciones mentales que se hacen nuestras ciudades.
Esta dicotomía entre lo viejo y lo nuevo muestra la ruptura de un tipo particular de
urbanización (la cuadrícula sustentada en el espacio público) con el nacimiento de
otra que tiene que ver con un urbanismo expansivo vinculado a la gran manzana de
bordes curvos propios de la ciudad jardín. Pero también evidencia que estos dos tipos
de urbanización tienen nuevas formas de expresión de la centralidad al interior de la
ciudad28: la una histórica y la otra urbana.
La distinción entre centro histórico y centro urbano, que se produce gracias a la
pérdida de las funciones de centralidad del área matriz en beneficio del nacimiento
de una nueva, conduce a dos posibilidades: a) a una centralidad compartida, donde
la zona histórica mantiene algunas funciones que le dan vida y otras que se
desplazan para conformar una nueva; y b) a la pérdida total de las funciones de
centralidad que puede conducir a su disolución o, en el mejor de los casos, a su
conversión en un barrio histórico que carece de centralidad urbana29.
27
Es interesante esta afirmación porque en la actualidad el movimiento es inverso: lo moderno
nace de lo antiguo, con lo cual las bases materiales de lo nuevo están ancladas en la historia, en la
tradición y es, por esta razón, una forma de darle continuidad histórica al proceso y de conferirle
existencia al pasado renovado.
28
Por centralidad urbana se entiende al proceso concurrente de: por un lado, la 'concentración' de
ciertas funciones urbanas fundamentales como el comercio, la banca, la administración pública y
privada, localizadas en ciertos lugares de la ciudad; y, por otro, una determinación de
'centralización' que se constituye a partir de la confluencia de las relaciones que se establecen
entre el centro y la periferia inmediata.
29
Se pueden citar los casos ilustrativos de Olinda, en Brasil, San Telmo, en Buenos Aires o La
Candelaria, en Bogotá, que terminan por convertirse en barrios históricos, luego de perder las
funciones de centralidad. Este ejemplo histórico debe ser tomado en cuenta, porque la centralidad
histórica puede perder sus cualidades si no se introducen políticas de preservación de los atributos
de centralidad.
El proceso de la desconcentración de las actividades urbanas de los centros
históricos se inicia bajo la forma de re-localización del comercio, de la administración pública y privada y de la banca30. Esta desconcentración de las funciones
urbanas principales, modifica las relaciones entre el centro y la periferia,
conduciendo al aparecimiento de una nueva centralidad que se diferencia del
centro histórico. Desde este momento se evidencia el desdoblamiento de los dos
tipos de centralidades en ámbitos territoriales distintos: la urbana y la histórica,
que dan lugar al nacimiento del centro histórico como tal31.
La nueva función que cumple esta parte de la ciudad (de centro urbano) y su
diferenciación con respecto al todo (la ciudad), se produce gracias a dos procesos
que se desarrollan simultáneamente: por un lado, se llega al límite de la
densificación y consolidación del área matriz y, por otro, y como consecuencia de
lo anterior, arranca una importante expansión urbana modernizante que introducirá
los factores de diferenciación al interior de la ciudad con una de sus partes (la
centralidad) y, por tanto, de los cambios en la funcionalidad de ella (de ciudad a
‘solo’ un centro de ella32).
Este salto cualitativo lleva a considerar un hecho significativo: si la centralidad se
diferencia del todo urbano –la ciudad – por las funciones particulares que cumple
en relación a ella, se debe concluir que la política urbana debe considerar a la
30
La relocalización del capital se obtiene: primero, mediante la creación de nuevas empresas;
segundo, por el traslado de las matrices o sucursales; y, en tercer lugar, por la concentración de la
demanda bajo nuevas lógicas de mercado. Sin duda, que esta movilidad del capital encierra el
cambio de funcionalidad que la ciudad vive y de la renovación urbana que implica.
31
Mientras la primera concentra las actividades urbanas que le confieren la cualidad urbana de
centralidad, la segunda concentra una multiplicidad de tiempos sobre el mismo espacio.
32
“Toda el área que había ocupado La Habana hasta el siglo XIX se convierte en el centro
tradicional de la ciudad, que aumenta incesantemente su densidad poblacional con la presencia de
la pequeña burguesía comercial y, sobre todo, con el crecimiento del proletariado en la zona. El
área correspondiente a La Habana Vieja comparte las mismas tendencias poblacionales y el
mismo carácter de gran área comercial y administrativa de toda la ciudad.” (Capablanca, 69,
1998).
centralidad histórica en el marco de la ciudad. Por ello, las grandes enseñanzas que
quedan de este período tienen que ver con el hecho de que los centros históricos
no deben perder las funciones de centralidad urbana porque se periferizan y que
los centros históricos deben inscribirse en una política global de la ciudad. Pero
hay una enseñanza adicional sumamente importante: los centros históricos tienen
un peso identitario y de construcción de imaginarios tan grande, que la ciudad se
define como tal frente a ellos. El sentimiento de modernidad y progreso de una
ciudad está en relación, sea de oposición o de acuerdo, a lo que ocurra en los
centros históricos.
La renovación urbana como oportunidad ante la crisis
Este período nace a principios de la década de los años sesenta cuando la
Revolución se hace presente en la vida de la ciudad, correspondiéndole hacer
frente al deterioro heredado que vive el centro histórico. Dos son los momentos
claves de este período: uno primero desde el triunfo de la Revolución (1959) hasta
la caída del campo socialista a principios de la década del noventa (1991), que
puede caracterizase como el de la definición de las bases de la renovación y uno
segundo, a partir de esta coyuntura, cuando empieza a operar un nuevo modelo de
gestión que entra de manera decidida en este proceso sin fin de la puesta al día de
La Habana Vieja.
A partir de la década del cincuenta se desata una onda especulativa del suelo
urbano en toda la ciudad y se abre la posibilidad del crecimiento hacia el este, una
vez que se supera el obstáculo físico de la bahía, con lo cual La Habana Vieja
recobra su ubicación geográfica central, poniéndose en la mira de las
transformaciones. Pero en ese momento hace su entrada el proceso revolucionario
y deteniéndose esta posibilidad, con lo cual La Habana Vieja se diferencia de la
mayoría de los centros históricos de América Latina que vivieron cambios
traumáticos33.
Este proceso de deterioro de los centros históricos no fue homogéneo ni en el
espacio ni en el tiempo en América Latina. Hubo centros históricos que como
consecuencia de los tardíos procesos de modernización capitalista que vivieron, la
crisis de la centralidad histórica se desató posteriormente (Quito, La Habana) a lo
que ocurrió en las ciudades metropolitanas de rápida urbanización (Buenos Aires,
Río de Janeiro). Y este hecho fue, en cierto sentido, una ventaja porque permitió
mantenerlos con vida y en condiciones relativamente buenas. Si se revisan los
procesos que sufrieron algunos de los centros históricos de las ciudades de
América Latina – Santiago, Montevideo, entre otras – es evidente que su declinación provino de la velocidad del proceso de urbanización, del proceso de industrialización por sustitución de importaciones, del desarrollo del comercio y la banca y
de la fuerte oleada migratoria del campo a la ciudad.
En 1963 la Comisión Nacional de Monumentos busca modificar la imagen de
decadencia de La Habana Vieja al definirla como una zona de prestigio cultural e
histórica, y en 1976 con el diseño de un proyecto general de restauración
propuesto por la Dirección de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura, en
que se incorpora –por primera vez- la dimensión socio-económica de la
problemática. Con la consolidación de las nuevas estructuras estatales se
33
“Los cambios sociales profundos de la Isla en 1959 detuvieron en infortunado proceso que
vivieron una tras otra todas las capitales de Latinoamérica: la pérdida de extensas zonas centrales
tradicionales y, en muchos casos, de sus centros históricos. En Cuba no se vivió el atroz proceso
especulativo que arrasó valores insustituibles. En particular La Habana tuvo muy pocas
intervenciones; fueron priorizadas otras ciudades del país, lo cual evitó éxodos masivos y
crecimientos anómalos experimentados por ciudades hermanas de la región, cuyas terribles
periferias las asfixian. No se alteró la trama por el feroz desarrollo del automóvil, y la
consiguiente aparición de grandes autopistas y áreas de aparcamiento. Tampoco hubo suficientes
recursos para garantizar un mantenimiento sistemático. Hoy tenemos una ciudad intacta.
Deteriorada, pero sustancialmente integra, vital y activa.” (Plan Maestro, 23, 2001).
emprende el Plan Director del Centro Histórico de La Habana, declarado en 1979
Monumento Nacional y el 14 de Diciembre Patrimonio de la Humanidad por la
UNESCO.
En 1980 el Gobierno Nacional destina un presupuesto anual y en 1982 se crea el
Consejo Nacional de Conservación, Restauración y Museología y a nivel de
ciudad se forma el equipo técnico de la Oficina del Historiador de la ciudad y la
Empresa Provincial de Restauración de Monumentos. Se comienza una
intervención importante que tiene tres componentes centrales: el diseño de un
marco institucional todavía en formación pero de base nacional, una propuesta de
política encarnada por el Plan Director y un financiamiento parcial para la
ejecución de un plan de obras que tiene los siguientes ejes: espacio público
(plazas), rehabilitación de vivienda, adecuación de oficinas y mejora del comercio.
Será a partir de los inicios de la década del noventa que se desarrolla una
propuesta con alto contenido innovador, que se apoya en la calidad del centro
histórico de La Habana Vieja, cuando el marco institucional empieza a
prefigurarse y las experiencias de renovación a desarrollarse (Plan y recursos). En
otras palabras, La Habana Vieja que representaba una gran riqueza acumulada de
historia y que era la base a partir de la cual se podía modelar un futuro promisorio
se encontraba en excelentes condiciones para iniciar un proceso de renovación
importante de su estructurar interna y de la ciudad toda. En esas condiciones solo
faltaban dos ingredientes: la oportunidad (la crisis) y la voluntad política (la
correlación de fuerzas) que vinieron de la mano, una tras otra.
Este período nos deja la enseñanza de lo que significa “un sujeto social con
voluntad consciente”. Esto es, que en los centros históricos el diseño de políticas
públicas holísticas (de país y ciudad) que se asientan en actores sociales e
institucionales que las respaldan (legitimidad) y en propuestas donde lo antiguo
cobra vida a partir de lo moderno (renovación y no conservación)
• Algunas conclusiones de este recorrido histórico
Si lo que hoy es centro histórico fue en un inicio la ciudad toda y, posteriormente,
fue el centro de la ciudad, podremos coincidir que el cambio ha sido una
característica central de su proceso histórico. El signo de los centros históricos es
el cambio. La funcionalidad, contenido y forma de La Habana Vieja ha variado a
lo largo de la historia, lo cual nos permite afirmar que ha sido el lugar de la ciudad
que mas ha cambiado; por eso, hoy en día, su transformación es la que ha
permitido convertirse en una plataforma de innovación del proyecto colectivo de
ciudad y ha aportado al proyecto nacional. Con ello se demuestra que la
conservación ha sido superada.
La historia de La Habana Vieja muestra que los centros históricos son
heterogéneos, porque vienen de ella –al haber sido en su momento la ciudad toda –
y porque sin ella se mueren. La heterogeneidad es su condición de existencia; de
allí que si se plantean propuestas homogénizadoras destinadas a una actividad o
función -como solo el turismo- o convertido en hábitat de la pobreza terminará en
la periferia.
La noción de palimpsesto34 es la que mejor se ajusta a la comprensión de la
sustentabilidad y continuidad de los centros históricos, porque es la suma de valor
y de tiempo la que asigna la posibilidad de identificar varias lecturas superpuestas,
34
"Manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente."
Diccionario Academia de la Lengua.
cada una de las cuales corresponde a una fase del proceso35.
La gran propuesta de los centros históricos debe ir en la recuperación de su valor
de uso para que –por encima de la escenografía y el 'fachadismo' que no resuelven
nada – puedan los sujetos patrimoniales potenciarse y el propio centro vincularse a
la globalización. Esta propuesta va en el sentido de la democratización del
patrimonio.
Los centros históricos deben internacionalizarse para rehabilitarse, para lo cual
tienen que construir su competitividad (ventajas en el mercado) y su
posicionamiento (ubicación dentro del sistema urbano de nodos). Ello supone
impulsar las infraestructuras y servicios de punta, encontrar nichos dentro del
mercado internacional, articularse en red con otros centros históricos y urbanos y
mejorar las condiciones de accesibilidad (conexión), entre otras.
El deterioro de los centros históricos es un obstáculo para el desarrollo urbano. De
allí que una política de reactivación patrimonial debe aportar y provenir de una
política urbana global sobre la ciudad.
3. Correspondencia del Proyecto de Centro Histórico con el Proyecto
Nacional.
La noción de centro histórico es menos un conjunto de atributos que provienen del
carácter físico-monumental y mas una relación social particular. El centro o la
centralidad son conceptos relativos (siempre se es centro de algo) que se definen
en las relaciones que la configuran dentro del todo, que para el caso que nos atañe
es la ciudad y su historia (integralidad); es decir el tiempo y el espacio.
35
“Como las muñecas rusas, un centro histórico contiene otro comercial, que alberga a otro
turístico, que incluye otro financiero, etcétera” (García Pleyán, C. 48, 2004)
Según el diccionario de la RAL, el centro es un: “Punto en el interior del círculo
del cual equidistan todos los de la circunferencia”. Esto significa que el punto
central es uno particular del conjunto de puntos que hacen el círculo (la ciudad, el
país) y que se caracteriza por la equidistancia con la circunferencia (perímetro); es
decir, que se trata de una relación (equidistancia) que hace parte del todo (punto
del círculo) o, en otras palabras, que el centro histórico (un punto particular) solo
se lo puede entender desde una perspectiva holística (círculo y perímetro
incluido)36. En el campo de los centros históricos, la condición de centro se define
en un doble ámbito: lo urbano (territorio) y lo histórico (tiempo), por lo que una
política sobre los centros históricos debe contemplar al círculo y a la
circunferencia para ser integral (Carrión, 2000).
La proyección del pasado en el tiempo y el espacio.
De esta consideración de carácter metodológico se desprenden dos tipos de
relaciones que generalmente permanecen ausentes y que siempre se las invoca en
los discursos: la pluri disciplinaridad y la integralidad. En el primer caso, La
Habana Vieja ha sido capaz de diseñar una propuesta y enfrentar la problemática
desde los distintos campos del saber: social, cultural, económico, urbano,
arquitectónico y político, entre otros. Y, en el segundo, que es el objeto de análisis
de esta sección, ha sido concebido como parte integrante de la urbe y en relación a
la ciudad y el país.
Para empezar se debe resaltar que el concepto centro histórico solo es aplicable en
el contexto de la ciudad, porque es un concepto urbano; de allí que sea en la
36
La centralidad, según Borges en su Aleph, la define como uno de los puntos del espacio que
contiene todos los puntos.
relación histórica con la ciudad que nace y se desarrolla, tal como lo hemos visto
en la sección histórica del presente trabajo. En otras palabras, es en el tiempo (la
historia) y en el espacio (la ciudad) donde construye su existencia y devenir, y lo
hace sobre la base de la suma de valor histórico y de su relación con un territorio
más amplio. La posibilidad de mantener vivo un centro histórico depende de la
suma de valor que se haga, porque de esa manera se añade más presente al pasado,
bajo la forma del incremento del “valor histórico” que señala Choay (126,1996).
Con esto lo que se quiere afirmar es que los centros históricos deben sumar tiempo
al pasado, trascender en el tiempo del proceso general (lo moderno debe anclarse
en lo antiguo para que perviva) y evidenciar su carácter multi-temporal. Y lo
mismo ocurre con relación al espacio: no existe un solo espacio (palimpsesto)
porque éste termina desplegándose por capas sucesivas hasta que van desde el
nivel interno hacia el urbano, nacional e internacional (patrimonio cultural de la
humanidad). Por eso se puede afirmar, sin temor a equivocación, que los centros
históricos trascienden el tiempo y el espacio: el aquí-ahora y el allá-mañana.
Lo nuevo de La Habana está en lo viejo.
El centro histórico de La Habana se ha convertido en un polo de desarrollo y
modernidad desde el cual se irradian los cambios hacia la ciudad y la isla. En ese
sentido, se diferencia de lo que ocurrió cuando se lo consideró un lastre para el
desarrollo urbano habanero, al extremo de que se le dio la espalda, se transformó
en un sector marginal y se lo tildó de vieja37.
37
“Esta zona se fue transformando en un sector marginal desde hace siglo y medio, caracterizado
ya desde hace décadas por el gran deterioro de sus estructuras, la sustitución de usos adecuados
por otros nocivos y las malas condiciones del hábitat en general.” (Rodríguez, P.1, 2004).
El proceso de renovación del centro histórico de La Habana se ha convertido en
una plataforma de innovación de la ciudad desde su propio corazón. Primero desde
la perspectiva de los imaginarios urbanos, La Habana Vieja es vista como el lugar
donde se están haciendo la mayor cantidad de inversiones urbanas y como símbolo
de lo nuevo, en contraparte a lo que ocurre en el resto de la ciudad. Daría la
impresión que se invirtieron los papeles y que hoy la modernidad entra desde el
lugar con mayor antiguedad de la ciudad. La construcción y la rehabilitación están
asentadas en una pluralidad de referentes históricos sólidos, que viene de
momentos y sujetos patrimoniales distintos y que se prolongan en el tiempo y el
espacio.
Es necesario partir señalando que el ámbito institucional de gestión del centro
histórico permite una vinculación plural a distintos niveles y ámbitos que merecen
ser destacados. El marco institucional se construye sobre la base de una relación
concurrente de competencias entre la Oficina del Historiador, el Municipio, la
Provincia y el Gobierno Nacional, en la cual la Oficina del Historiador cumple la
condición de núcleo funcional. La existencia de este conjunto variado de
instituciones nos lleva a considerar la existencia de un complejo institucional de
gestión, que adopta la forma articulada, porque una de estas instituciones hace de
nodo visible de la hegemonía. En la Habana Vieja las relaciones interinstitucionales se estructuran alrededor de la OH -como eje vertebrador y hegemónicoasumiendo, de esta manera, la condición de unidad articuladora de la gestión local.
Siguiendo a Pírez (1991), se puede decir que en este caso la OH asume la
condición de núcleo funcional del complejo institucional (Carrion f, 2004).
Entre la OH y la municipalidad de La Habana Vieja hay una relación de
complementariedad, en términos de que el Municipio se encarga principalmente
de las infraestructuras, y la OH de las obras de rehabilitación inscritas en las
estrategias del Plan Maestro. En relación a la OH y el gobierno de la Provincia lo
que existe es el Plan de la ciudad que señala las directrices y estrategias generales
para esta parte importante de la urbe. Y, desde el nivel nacional, el Consejo de
Estado declara al Centro Histórico como Zona Priorizada para la Conservación, en
la que define las facultades de la OH.
Una primera aproximación a la relación centro histórico/ciudad proviene del hecho
que lo nuevo está en lo antiguo. Lo nuevo del desarrollo urbano de la Ciudad de
La Habana está en La Habana Vieja, porque el lugar que más cambia en la ciudad
es su centro histórico. La Habana Vieja se ha convertido en un referente y en una
plataforma de proyección hacia el futuro que establece directrices para el
desarrollo urbano del conjunto de la ciudad. Pero esta condición no la asume en
contraposición sino de manera articulada, en tanto opera como mecanismo o
plataforma de innovación del conjunto urbano. Por ello los conceptos o propuestas
de enclaves de modernidad o de antigüedad no tienen cabida en la ciudad de La
Habana.
Esta articulación tiene un origen en los planes quinquenales de planificación de la
ciudad, donde la renovación de La Habana Vieja está contemplada.
La proyección urbana de La Habana Vieja se expresa a través de formas diversas,
entre las que se debe mencionar: la primera, a través de un efecto dispersión que
conduce al desborde de la experiencia por fuera de los límites del Centro Histórico
hacia, por ejemplo, el Barrio Chino o el Malecón. Es decir, hacia las
inmediaciones bajo un impacto en el espacio continuo. En segundo lugar está el
efecto replicabilidad que se produce en lugares distantes y discontinuos mediante
las normas y códigos de urbanismo y arquitectura, de la inversión pública y del
modelo de gestión que se reproduce en otros centros históricos de la Isla. Y en
tercer lugar, está la transmisión generacional que se produce al momento en que se
tiene proyectos de apropiación social del centro histórico por parte de los jóvenes
y los niños, lo cual le da el sentido de perdurabilidad, pertenencia e identidad.
El habanero se siento hoy en día identificado con el pasado contenido en el centro
histórico, y además tiene un sentido de pertenencia del cual es orgulloso. En otras
palabras, en el imaginario del habanero el centro histórico tiene un lugar destacado
para la integración social, la memoria histórica y la identidad cultural que
terminan por trascender y desbordar los límites de La Habana Vieja, de la ciudad
e, incluso, de las fronteras patrias.
En términos económicos hay que señalar que La Habana Vieja aporta
económicamente al resto de la ciudad, tanto de manera directa con recursos que la
Oficina del Historiador capta por la vía de sus rendimientos financieros, así como
indirectamente a través de liberar de la necesidad de inversión que la ciudad
debería hacer en el centro histórico. En el año 2003 la OH destinó el 20% de su
presupuesto a contingencias y otras necesidades de la ciudad y la nación (Labor
OH, 2004). En esa perspectiva hay un proceso redistribuidor de los beneficios
económicos que genera hacia el conjunto de La Habana.
La Habana Vieja está produciendo una diversificación de la base económica de la
ciudad en su conjunto, sustentada en la producción y dinamización del turismo que
genera varios eslabonamientos productivos hacia la industria de la construcción38,
infraestructura39, los servicios de salud, la producción artística y el desarrollo
artesanal40, entre otros. Y este impacto se siente en territorios específicos como el
propio centro histórico y sus áreas de influencia inmediata, así como en el campo
38
Se desarrollaron más de 650 obras en estos últimos diez años; lo cual significa un promedio
anual de 65.
39
Allí se ubican las inversiones en las redes de servicios cloacales, agua, energía eléctrica,
transporte, etc.
40
Se debe resaltar el impulso a los talleres de pintura y artesanía, así como el estímulo al
desarrollo de la música y la comida.
social con la creación de nuevos empleos: “Han sido generados 10.520 empleos
directos y 2.000 indirectos; el 60% de estos trabajadores son vecinos de La
Habana Vieja” (Labor de la OH, 2004). Esto significa que el 40% de los nuevos
empleos provienen de fuera del centro histórico, con lo cual se confirma la tesis de
la mutua interrelación. Por otro lado, el 12.6% del total de trabajadores, el 16% de
la producción mercantil y el 26.4% de la actividad comercial de la ciudad de La
Habana se localizan en el Municipio de la Habana Vieja
La gran enseñanza que deja la Habana Vieja proviene de que lo nuevo está
asociado a lo viejo y que lo antiguo debe pervivir en el futuro. O, en otras
palabras, que lo viejo y lo antiguo logran tener presencia solo a través de lo
moderno y que lo moderno puede existir solo en la medida en que se ancla en el
pasado y en la tradición; porque si no hay una ruptura histórica entre el pasado que
es la base y el futuro que es la pretensión.
Lo moderno de la reforma económica está en lo antiguo.
El centro histórico se ha convertido en una plataforma para el progreso y la
modernización de la ciudad de La Habana pero también del sistema económico
cubano.
En primer lugar, hay que reafirmar que ningún otro centro histórico en América
Latina tiene la correspondencia -como existe en el caso de La Habana Vieja- entre
un proyecto de Centro Histórico con un proyecto nacional. Si bien esta
correspondencia se planteó desde los primeros planes quinquenales, es a partir de
la crisis de los países socialistas que esta interdependencia se profundiza.
Con el bloqueo permanente que los Estados Unidos le plantean a Cuba y con el
cierre de los mercados y la cooperación del bloque socialista, el Gobierno debe
idear fórmulas creativas para captar divisas del exterior.
Esta vinculación se la puede encontrar, al menos, a partir de los siguientes ejes:
por un lado, a partir del sector turístico que es una actividad económica que
permite captar
divisas del exterior en un momento en que el país requiere de
estos recursos externos. Y por otro lado, como un elemento importante en la
apertura económica que vive Cuba, a través de la captación de recursos
económicos vía impuestos a la propiedad inmobiliaria, y a la ganancia, así como
de la presencia de la inversión externa.
Como resultado de esta política, se tiene que si en 1981 el gobierno cubano le
entrega a la OH la suma de $11.300.000 MN para acometer inversiones inscritas
en las políticas quinquenales de renovación de La Habana Vieja, para el año de
1993 se invierten los papeles y es la OH la que le entrega a la nación recursos
económicos. Este proceso de transición se inicia cuando la OH, en la búsqueda de
recursos frescos para sus operaciones de rehabilitación, solicita recursos de crédito
al Banco Nacional por 65 millones de dólares, que debían –como efectivamente
ocurrió- ser pagados en tres años.
Este es un hecho sin precedentes en la historia de los centros históricos de
América Latina, por que en los casos en que se ha tenido que recurrir a préstamos,
estos han sido internacionales y con el aval de los gobiernos nacionales, que han
sido finalmente los que han corrido no solo con los recursos de contraparte sino
también con la cancelación del crédito. Con ello se ha querido demostrar que los
centros históricos no son buenos sujetos de crédito y que son –finalmente- los
gobiernos nacionales los que asumen las deudas41. El caso de La Habana es
totalmente distinto.
Pero no solo que ha solicitado recursos al gobierno nacional y los ha cancelado
puntualmente, sino que también ha aportado al erario nacional. Así tenemos que
“De los recursos financieros obtenidos por la Oficina, el 35% se destina a
proyectos y obras sociales, un 20% a contingencias y otras necesidades de la
ciudad y la nación, y el 45% restante al mantenimiento y crecimiento económico”
(Labor de la OH, 2004).
Si este es un camino directo de beneficio nacional, también el centro histórico
comienza a impactar positivamente en la economía del país a través de los
recursos que se distribuyen vía el consumo del turista, de los eslabonamientos y
cadenas que se establecen con otros sectores de la economía y de las nuevas
formas de inserción al mercado internacional que se definen. En otras palabras, las
inversiones directas en el centro histórico han generado una buena capacidad de
empleo, han dinamizado la industria de la construcción, han producido un notable
empuje de los servicios y, por otro lado, el turismo cultural ha promovido ciertos
sectores económicos que se encontraban deprimidos, entre los que se debe señalar:
la artesanía, la culinaria, la música, entre otros.
Pero quizás el ámbito de la relación entre proyecto del centro histórico de La
Habana y el proyecto nacional en que se siente mayor peso tenga que ver con la
relación de lo público con lo privado. Hay una apertura hacia la presencia del
capital externo que se expresa en algunas reformas económicas que van en la
línea:
41
En 1992 el Municipio de Quito obtuvo un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo
(BID) para la rehabilitación del Centro Histórico por un monto de US 41 millones de dólares,
más un aporte local de US 10.300.000 dólares. Este préstamo fue de menor cantidad, se lo ejecutó
en mayor tiempo y hasta ahora se lo está pagando.
• Auspicio a la cooperación público-privada, con la formación de economías
mixtas en las que el Estado Cubano se convierte en accionista de las
inversiones privadas, principalmente, en el campo de la infraestructura
turística.
• Se abre la capacidad de cobro de impuestos al producto de la rehabilitación
de la actividad económica desarrollada en el área, bajo la modalidad predial
y de renta.
• Se produce un traspaso del patrimonio inmobiliario, en usufructo, hacia la
OH y la posibilidad de obtener utilidades y lucro.
• Empieza a desarrollarse una economía local con bases económicas propias
que se asienta en actividades vinculadas al turismo, la construcción, la
cultura y los servicios42.
En el ámbito de la cultura, por el lugar y el tipo de intervención, los grados de
influencia supra local no dejan de ser altamente importantes. La Habana Vieja se
ha convertido en uno de los símbolos identitarios más importantes de la cubanidad
y, a su vez, ha permitido el desarrollo de la música y de los músicos con los que se
conoce a Cuba en el exterior. De allí que el impacto económico que produce el
centro histórico provenga principalmente del la política concebida como de
turismo cultural.
42
“Habiéndose ya experimentado en etapas anteriores un florecimiento de la actividad cultural en
la zona, se introducen como alternativas para el desenvolvimiento de una economía local
emergente, el desarrollo del turismo y posteriormente del sector inmobiliario, que han provocado
un incremento de las ganancias de forma exponencial: lo generado es reinvertido inmediatamente
en la propia obra de rehabilitadota, balanceando los destinos de los proyectos entre proyectos que
amplían la “planta productiva” y los que tienen objeto social.”
La Habana Vieja nos muestra también la estrecha relación que existe entre el
adentro (aquí) y el afuera (allá): entre lo privado y lo público. Las calles de La
Habana Vieja muestran claramente la integración o el continuo que existe entre los
espacios interiores de la casa con la calle; con lo cual queda la impresión que no
existe distinción entre lo doméstico y lo público porque hay un continuo.
Esto nos lleva a plantear dilemas interesantes, por ejemplo, respecto de las
fachadas. ¿La fachada es parte del espacio público o es parte del espacio privado?
Si es fachada del espacio público se convierte en el límite para ingresar al espacio
privado y si es fachada del espacio privado se convierte en el límite para ingresar
al espacio público. Esta distinción es importante por que establece directrices para
que la reglamentación urbana de la ciudad le asigne prioridad a la distinción entre
lo privado o lo público. Pero en el caso de La Habana Vieja da la impresión que
ese límite se diluye porque hay, mas bien, una continuidad entre lo público y lo
privado que enriquece el adentro y el afuera, que puede proyectarse desde el
Centro Histórico (adentro) hacia la ciudad y el país (afuera).
4. Modelo de gestión o el gobierno del Centro Histórico
A raíz de la Declaratoria de La Habana Vieja como Patrimonio Cultural de la
Humanidad se desarrolla un proceso innovador de renovación urbana que tiene
antecedentes importantes en la década de los años treinta y que logra potenciarse
de manera considerable a partir de los primeros años de la década del 90. Este
proceso ha ido de la mano de la construcción de un marco institucional de
gobierno del centro histórico, el cual le ha dado viabilidad y sosteniblidad a la
propuesta.
Los éxitos alcanzados en La Habana Vieja no pueden explicarse si no se analiza el
modelo de gestión asumido, que no es otra cosa que la rehabilitación de lo público,
la cooperación público-privada, la descentralización y la participación al interior
de la formación de la autoridad única de gobierno: la Oficina del Historia de La
Habana.
Si partimos del supuesto de que el deterioro de los centros históricos en América
Latina se produjo de manera simultánea a la pérdida de la capacidad pública para
administrarlos, este avance de La Habana Vieja por restituir el carácter público de
la gestión y de dotarle de unicidad a su gobierno nos muestra, por los resultados,
que es el camino correcto que se debe seguir. Esto supone superar la maraña
institucional altamente diversificada y compleja que hace perder la referencia
institucional (transparencia, legitimidad) y la unidad de actuación (eficiencia,
discurso).
a. Formación del marco institucional
Pero la restitución del carácter público de la gestión y de la unidad de gobierno no
nace de un día para otro. Es un proceso largo donde se pueden encontrar los
antecedentes más distantes en el origen de La Habana Vieja como centro histórico;
esto es, cuando empieza su proceso de deterioro y, en ese contexto, se reinvindica
la urgencia de su mantenimiento a través del nombramiento, en 1925, del primer
Historiador de la Ciudad de La Habana, en la persona de Emilio Roig de
Leuchsenring y, en 1938, con la institucionalización de su función a través de la
llamada Oficina del Historiado de La Habana, como institución pública y
organismo autónomo municipal.
El Historiador de La Habana estaba destinada a rescatar y divulgar la historia de la
nación, promover la valoración y protección del patrimonio material y espiritual
cubano, especialmente de su ciudad capital, justo en un momento en que se
produce un deterioro de la estructura urbana por efectos de la pérdida de
centralidad, correlativo al deterioro del marco institucional público de gestión de
la ciudad intramuros.
Con la fundación de la Oficina del Historiador de la Habana se abre un modelo
inédito de gestión de los centros históricos en América Latina. Primero por haber
sido una de las primeras formas institucionales en crearse y segundo, por que las
vías “normales” de nacimiento de la institucionalidad fueron las comisiones
nacionales o los municipios, y no a través de un mecanismo ad hoc.
Adopta, inicialmente en 1925 la modalidad institucional de “historiador” o
“cronista” bajo el formato clásico venido con las Leyes de Indias43, luego se lo
institucionaliza como oficina (1938), hasta que en 1967, con el fallecimiento de
Roig y el reemplazo por Eusebio Leal, se produce un cambio singular que se
expresa en tres hechos: a) pasa de una concepción personal de la institución hacia
la constitución de una Oficina autónoma; b) pasa de su ámbito de actuación de la
ciudad toda hacia La Habana Vieja; y c) pasa del registro de los hechos históricos
a ser una instancia de gestión pública.
Este recorrido de la formación del marco institucional que termina por conformar
esta nueva modalidad de gestión de este importante espacio público de la ciudad,
ha transitado por tres momentos:
ƒ En un primer momento la sociedad civil, representada por ciertas elites
cultas locales (los notables), reivindica ante el Estado nacional la necesidad
43
“Porque la memoria de los hechos memorables y señalados, que ha habido y hubiere en
nuestras indias se conserve, el Cronista mayor de ellas, que ha de asistir a nuestra Corte, vaya
siempre escribiendo la historia general de todas sus provincias, o la particular de las principales
de ellas, con la mayor precisión y verdad que se pueda, averiguando las costumbres, ritos,
antigüedad, hechos acontecimientos…para que lo pasado se pueda tomar como ejemplo en lo
futuro.” (Plan Maestro, 40, 2004).
de preservar los valores histórico-culturales de la ciudad de La Habana44.
Alina Ochoa (1999) lo afirma muy claramente cuando dice: “Resulta
interesante –en nuestro contexto- que hombres cultos, en medio de los
primeros pasos de la República y aun de la propia definición de cuáles eran
los elementos conformadores de nuestra identidad cultural, pensasen en la
necesidad de proteger los monumentos coloniales”. La propuesta proviene
principalmente desde la arquitectura que se pierde y el enfoque utilizado se
centra en lo cultural, entendido desde una perspectiva artística. Esto es, de
la arquitectura como un hecho cultural y de ésta como un arte monumental.
ƒ En un segundo momento el Estado nacional construye un marco
institucional a través de un órgano especializado: la Dirección de
Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura y la Comisión Nacional de
Monumentos (creada en1963) que define las políticas públicas inscritas en
el fortalecimiento de la llamada identidad nacional. En este momento el
concepto de Centro Histórico logra urbanizarse bajo la concepción de
conjunto monumental, tal como se especifica en 1978 con la declaratoria
del Centro Histórico como Monumento Nacional y en 1981 con una
política nacional que tiene, por un lado, la transferencia de recursos
contemplados en el presupuesto nacional y, por otro, la Oficina del
Historiado se convierte en la entidad responsable de coordinar los Planes
quinquenales de restauración en La Habana Vieja.
ƒ Y en un tercer momento, el marco institucional de gestión del centro
histórico de La Habana Vieja se encamina hacia la formación de la
autoridad única de gobierno. El marco institucional, las modalidades de
44
“En varias ocasiones, este incremento edilicio amenaza la permanencia de los valores
tradicionales y hasta importantes monumentos arquitectónicos en la ciudad. Sectores de
intelectuales, básicamente artistas, historiadores y arquitectos, actúan a favor del rescate y
permanencia de los valores del pasado.” (Capablanca, 61, 1998)
gestión y el carácter de la intervención en el centro histórico se especifican
alrededor de la concepción patrimonial y, principalmente, de la Reforma
del Estado, a partir del doble movimiento interrelacionado: un tránsito del
nivel de gobierno nacional al local (desconcentración) y de la constitución
de la autoridad única de gobierno de La Habana Vieja45.
Esto quiere significar que Cuba no siguió la línea municipalista que muchos
países optaron en la región, sino más bien se fue a la búsqueda de una
institucionalidad con tradición en el pasado, como es el caso de la Oficina
del Historiador. Se produjo una readecuación del nivel nacional hacia el
local, a través de la transferencia de competencias, para que la
administración del centro histórico sea desarrollada por una institución
propia que tenga jurisdicción en La Habana Vieja, en detrimento de las
esferas municipal, provincial y nacional. Con este cambio del marco
institucional se inicia un refrescamiento significativo en la concepción de
las políticas urbanas en la zona histórica, porque se incorporan nuevas
dimensiones -por ejemplo: económicas y sociales- que van más allá de las
clásicas miradas hacia lo espacial.
Este proceso histórico nos muestra que La Habana Vieja nació de un tipo de
administración inscrita en un complejo institucional disperso, proveniente de un
conjunto de sujetos patrimoniales que tienen competencias para intervenir en él.
La ventaja de este modelo proviene de la posibilidad de que los distintos actores
construyan órdenes diferentes y de que se expresen en la realidad de lo diverso,
que es precisamente un centro histórico. Pero el problema principal radica en la
posibilidad de que cada uno de ellos termine por negar al otro, neutralizándose
45
En América Latina coincide con el paso de la gestión de instancias nacionales, tales como los
institutos nacionales de cultura (Brasil), antropología e historia (México), institutos de patrimonio
cultural (Ecuador), hacia el manejo de la competencia por parte de los gobiernos municipales o,
incluso, hacia fundaciones o empresas privadas (Corporación de Desarrollo de Santiago).
mutuamente, con lo cual la renovación puede devenir en degradación. La
inexistencia de espacios de coordinación, consenso y concertación de hegemonías
puede ser más perjudicial que beneficiosa, como ocurre en los casos los casos de
los centros históricos de Quito y de México, que son los más grandes y complejos
de la región.
Por eso da la impresión que la vía seguida en La Habana Vieja de tener una
administración concentrada puede ser la más interesante. En este caso hay un
poder local constituido, que cuenta con suficiente autoridad como para someter
bajo sus políticas al resto de los sujetos patrimoniales. El caso de La Habana, con
la Oficina del Historiador, es ilustrativo, así como también lo es la comuna de
Santiago de Chile. Sin embargo hay una diferencia: en el primer caso la máxima
autoridad es delegada de un poder nacional y en el segundo es electa por la
población de la comuna, debido a la correspondencia que existe entre centro
histórico -como unidad territorial (comuna)- con la forma de administración
(municipio).
Si bien la Oficina del Historiador de La Habana Vieja se constituye en el núcleo
funcional del complejo institucional, el origen delegado de su autoridad máxima le
permite construir una política transterritorial de renovación urbana, que va desde
lo local a lo nacional y viceversa, garantizando la existencia de múltiples y
simultáneas identidades que expresan el derecho al centro histórico. En otras
palabras, esta condición de supra especialidad impide la monopolización en la
propuesta de renovación, que sería contraria a la realidad heterogénea de los
centros históricos permitiendo, de esta manera, el pluralismo sin perder
gobernabilidad.
Por esta vía se abre en América Latina, por primera vez, la posibilidad de pensar
en el gobierno de los centros históricos- y no únicamente de la administración o
gestión-, lo cual le puede otorgar una dimensión política muy interesante, que
permita vincular participación, representación, legitimidad e identidad. En esa
línea se encuentran los casos de Santiago, como Comuna; el de Río de Janeiro, con
una Subprefectura, el de Quito, con una Administración Zonal y el de La Habana
Vieja con la Oficina del Historiador, que podrían ser los antecedentes para esta
mutación, en la medida en que transiten hacia una autoridad política elegida. Esto
significa que hay una tendencia a que el órgano actual sea más de gobierno que de
gestión, lo cual le asigna un carácter más político que técnico, que debe llevar a
buscar una autoridad legítima en su origen, eficiencia en su acción y transparencia
en la rendición de cuentas.
En suma, en La Habana Vieja hay una restauración de la gestión pública que va de
la mano de la restauración del centro histórico, lo cual lleva a afirmar que la
recuperación de los centros históricos -como espacio público- requiere, de manera
ineludible, la recuperación de su gestión pública. La única posibilidad de
rehabilitar los centros históricos depende de la recomposición de su gestión a
través de un marco institucional compuesto por leyes, políticas y órganos
diseñados para el efecto y, sobre todo, de una ciudadanía capaz de potenciar el
orden público ciudadano.
El recorrido de la OH es interesante por que primero la entidad nace dependiendo
de la municipalidad de La Habana, después compite con varias instancias
provinciales y nacionales y, finalmente, regresa a una perspectiva local con un
enfoque semi-autónomo de totalidad. Este último momento se constituye desde
una perspectiva desconcentrada porque la institucionalidad se consolida
subordinada, desde 1993, al Consejo de Estado.
b. Estructura de lógica de gobierno.
La estructura del marco institucional de gobierno de La Habana Vieja se perfila
desde el año 1925 en que se intitula al Dr. Emilio Roig como Historiador de La
Habana, sigue en el año de 1938 cuando se crea la Oficina del Historiador de La
Habana adscrita al municipio de la ciudad. Desde 1959, con el advenimiento de la
Revolución, la Oficina y las responsabilidades sobre La Habana Vieja salen del
ámbito municipal para adquirir un estatus de ámbito nacional. En 1967 el Dr.
Eusebio Leal asume la dirección de la OH dotándole de un fuerte liderazgo
personalizado que conduce en 1982 a la declaratoria de Patrimonio de la
Humanidad y en 1993 a definir la novedosa estructura actual de la institución.
Para el año de 1981 la Oficina del Historiador logra que La Habana Vieja sea
reconocida como Monumento Nacional, que el Estado le asigne un presupuesto
para la rehabilitación y que su accionar sea inscrito dentro de los Planes
Quinquenales del país y de la ciudad. Esta tríada de hechos importantes se
consigue gracias al fortalecimiento de la institucionalidad pública y a la
proyección internacional que le otorga la UNESCO -en 1982- cuando lo Declara
Patrimonio Cultural de la Humanidad con el registro número 2746. De esta manera
la OH logra una legitimidad nacional (se lo declara Monumento Nacional) e
internacional (Patrimonio Cultural de La humanidad) que evidencia la
transespacialidad de las responsabilidades de los sujetos patrimoniales: locales,
provinciales, nacionales e internacionales. Con ello quedan las bases
institucionales para que el proceso se haga irreversible.
Será a partir de la década de los años 90, bajo el escenario de la mayor crisis
económica de Cuba, debido a la caída del bloque socialista, que se logra
46
“En 1982 culmina esta etapa que trasciende los límites nacionales para alcanzar una proyección
internacional: La Habana Vieja es declarada por la UNESCO “Patrimonio Cultural de la
Humanidad” y con ello se establece una rigurosa coordinación entre todos los organismos
estatales que intervienen en las transformaciones globales de este sector de la ciudad mediante el
Plan de acción para la conservación y restauración del centro histórico de La Habana Vieja y sus
sistema de fortificaciones” (Segre, R. 288, 1999).
consolidar el marco institucional alrededor de la Oficina del Historiador y bajo un
modelo de gobierno altamente innovador. El Estado cubano toma una decisión
fundamental: traspasar a la OH recursos económicos, patrimonio e instrumentos
jurídicos para garantizar una intervención económicamente sustentable y
socialmente equitativa. Será el Decreto Ley 143 del 30 de octubre de 1993 dictado
por el Consejo de Estado de la República de Cuba, el que le otorga a la Oficina del
Historiador de La Habana autonomía económica y administrativa.
Desde este momento se produce un significativo cambio institucional que puede
sistematizarse en los siguientes componentes:
• Construcción de un gobierno local con anclaje político nacional, que
permite contar con un aval importante al más alto nivel del Estado
(Consejo de Estado), pero con competencias concurrentes que le permiten
convertirse en el núcleo funcional o en la entidad líder para coordinar toda
la gestión del centro histórico, así como construir identidades
transterritoriales que van desde el espacio local a lo nacional, pasando por
el provincial (supra-espacialidad identitaria). Esta condición nace de la
cooperación público-público en que la OH tiene un liderazgo y, además,
una propuesta definida en un plan donde se especifican las acciones y las
competencias.
• Diseñar una institucionalidad única y sustentable de gobierno del Centro
Histórico que se sustenta en la autonomía económica (recursos propios) y
administrativa (competencias suficientes), que le permite, según Carlos
García (2003, 51), en lograr “concebir, construir y gestionar un mecanismo
que va más allá del simple reclamo de los recursos que deben acompañar a
las atribuciones conferidas. Lo que se ha conquistado no son recursos, sino
algo mejor: la capacidad propia de generarlos y, con ello, de resolver
problemas. Esa es la clave del desarrollo y una señal importante para el
futuro de nuestro país.” En otras palabras, se sientan las bases para pasar
de una actividad que demandaba recursos al Estado a ser autofinanciada e,
incluso, a contribuir económicamente a la ciudad de La Habana y al Estado
cubano.
• Se le otorga la capacidad para manejar con criterio empresarial la gestión
pública, que se expresa, por un lado, en la posibilidad de aplicar una
política fiscal particular (tributos prediales, a la renta y a las utilidades) y,
por otro, en la posibilidad de obtener utilidades y ganancias de sus
inversiones47. Esto significa que se le dotó de los instrumentos jurídicos
que le permiten generar rentabilidad económica, pero bajo una
recuperación con alto contenido socio cultural. Se trata de una institución
que establece mecanismos de cooperación público-privado, bajo distintas
formas: economía mixta, lógica empresarial y regulación de la acción
privada, entre otras
• La estructura institucional está diseñada con el criterio de unicidad en la
gestión y la lógica que se va prefigurando es más de gobierno que de
gestión; lo cual significa construir legitimidad en el origen de la autoridad
y en el devenir de su acción, ser una entidad representativa, eficiente y
eficaz que rinde cuentas socialmente.
• Se establecen mecanismos de participación social enmarcados dentro del
sentido de la cooperación público-comunidad, que le da sustento a la
condición de gobierno en ciernes.
47
Se produce un traspaso de la propiedad inmobiliaria hacia la OH, en usufructo, lo cual le
permite establecer una política de inversión con capitales privados en condiciones interesantes.
• Define el ámbito territorial de intervención bajo la denominación de Zona
Priorizada para la Restauración que, en principio, coincide con el área
demarcada en la Declaración de Patrimonio de la Humanidad de la
UNESCO; pero tiene la mutua determinación de y hacia la ciudad de La
Habana (Mapa del CH en la ciudad).
Este proceso de construcción institucional alrededor de la OH se ha dirigido hacia
la recuperación del sentido público del gobierno del centro histórico bajo la
hegemonía de un solo órgano – la Oficina del Historiador de La Habana-, que se
caracteriza por ser descentralizado (autonomía financiera y administrativa), contar
con un criterio de gestión empresarial (Habaguanex, San Cristóbal, Áurea y Fénix)
y se guía de acuerdo a un plan integral general (Plan Maestro).
Para ello se ha montado una estructura institucional de gobierno del centro
histórico de La Habana Vieja que tiene un sentido de totalidad, debido al carácter
integral de la concepción de la renovación que se plantea. La modalidad de gestión
sigue al ciclo completo de las políticas públicas: esto es, diseño, ejecución,
monitoreo y regulación, y cada una de ellas, cuenta con unidades administrativas
internas encargadas de cumplir las respectivas funciones.
Dirección
La estructura parte de la alta Dirección, ejercida por Eusebio Leal, a través de un
liderazgo fuerte y personalizado, que se construye al más alto nivel del Estado
cubano; porque de allí deviene. Esta condición le imprime un rasgo significativo:
La Habana Vieja es parte de la agenda pública del Estado cubano.
Planificación
En la actualidad el diseño de las políticas y las propuestas de planificación para La
Habana Vieja cuenta con la Oficina del Plan Maestro, que siguió un proceso de
institucionalización importante. Su concepción evoluciona desde la intervención
en monumentos aislados (desde 1938), al tratamiento como conjunto monumental
(desde 1978) y a su consideración como parte de la urbe (desde 1981), cuando se
inscribe en el Plan Quinquenal de la ciudad de La Habana. En 1985 la Dirección
Provincial de Planificación Física y Arquitectura elabora los lineamientos
Generales para la Recuperación del Centro Histórico y en 1991 la Dirección de
Arquitectura y Urbanismo del Municipio de La Habana Vieja elabora el Plan
Director Municipal48.
Pero aún faltaban dos elementos -que se generan de manera simultánea- para que
el Plan Maestro adquiera la condición actual: la institucionalización mediante la
creación de la oficina del Plan Maestro y la directa vinculación de la planificación
a la gestión, lo cual le otorga la cualidad de un proceso institucional y no de los
clásicos planes libros. Este salto se produce cuando la OH empieza a tomar rasgos
de Gobierno Local, gracias a que la planificación se convierte en su instrumento
privilegiado de la gestión. Se funden los tiempos de la planificación con los de la
gestión, aquiere un enfoque integral, se lo entiende menos como producto (el plan
Libro) y más como un proceso y se convierte en un mecanismo de la concertación
público-público, público-privado y público-social
La intervención
Para llevar adelante la intervención pública se crean un conjunto de empresas
vinculadas a los sectores de turismo, inmobiliario, servicios, cultura y comercio
que operan bajo un criterio empresarial. La mas importante, por las actividades
que desarrolla (turística y comercial) y las utilidades que genera es Habaguanex
S.A.. Durante el tiempo que viene operando ha generado utilidades superiores a
48
En este momento se percibe el salto de lo monumental hacia lo urbano, bajo una triple
dimensión: tiene una perspectiva multidisciplinaria (arquitectura, urbanismo, sociología,
economía), tiene una relación estrecha con las políticas públicas (educación, salud, vivienda,
empleo) y se inscribe de forma directa al conjunto de la ciudad y del país.
los 130 millones de US dólares, y fue concebida para sostener económicamente el
proyecto de renovación urbana en consonancia con el contenido urbanístico, social
y humano contenido en el Plan Maestro de 1994. San Cristóbal es una agencia
receptora y de promoción del turismo. Aurea (capital mixto), Fénix y Mercurio
son empresas inmobiliarias.
A parte de la intervención empresarial, la OH tiene acciones institucionales de
manera directa en el campo de la atención al Adulto Mayor (salud, recreación,
calidad de vida), a ciertos grupos de riesgo (Asuntos Humanitarios), en la
prevención de desastres naturales, entre otros campos.
Lo internacional
Dentro de la concepción de la renovación de La Habana Vieja la
internacionalización tiene un peso central y se circunscribe al siguiente triple
anclaje: turismo, cooperación internacional e inversión. El turismo permite la
presencia de mercados importantes de recursos; la inversión extranjera ha logrado
generar recursos frescos y la cooperación internacional ha estado presente bajo
distintas formas: donaciones, intercambio tecnológico, capacitación, etc. En el año
2002 se establece el Departamento de Cooperación Internacional con lo cual se
institucionaliza una política que tiende a divulgar los valores culturales e
históricos del centro histórico y a captar recursos de los mercados internacionales
de la cooperación.
Difusión
La necesidad de difundir los valores históricos y culturales de La Habana Vieja, de
las actividades en desarrollo y de lograr inclusión social, se tiene varios medios de
comunicación institucionales. Entre ellos sobre sale la Emisora Habana Radio,
fundada en 1999 para establecer un diálogo cultural que trasciende el espacio
socio-cultural del centro histórico. Para un público mas especializado se tiene la
Revista OPUS, de carácter trimestral, y un conjunto de libros donde se hace
análisis en profundidad de los problemas por os que atravieza.
c. Política económica (Turismo) vs Política social
Uno de los éxitos del marco institucional y de sus políticas de renovación está en
haber construido la base económica de sustentación de la propuesta, que le permite
ser sustentable en el tiempo, dinamizadora de la economía local y promotora de la
calidad de vida de la población. Esta base económica propia se sostiene a partir de
la posibilidad que tiene la Oficina del Historiador de captar recursos económicos
de tres fuentes básicas: los ingresos tributarios (predial, renta y utilidades), los
rendimientos financieros y productivos propios y la captación de apoyos
económicos provenientes de la cooperación internacional.
Para logar esta base económica se requiere producir resultados sociales y
culturales importantes, de tal manera que la Oficina del Historiador y sus políticas
de renovación adquieran legitimidad. En otras palabras, las inversiones
productivas tienen que generar réditos sociales, culturales y económicos, a partir
de la inversión social y rentabilidad económica.
La política económica está altamente vinculada a las políticas sociales y culturales,
porque tal como sostiene Borja (1998)49, ni el patrimonio económico y cultural
heredado serán suficientes si no se genera un movimiento social de los sujetos
patrimoniales que lo asuman como propio. Es más, se requiere de proyectos, como
49
"Ni el patrimonio económico y cultural heredado del pasado, ni la importancia política y los
medios financieros que el Estado atribuya a sus ciudades serán suficientes si no se produce la
movilización de sus propias fuerzas. Para lo cual se requiere que las ciudades dispongan de una
fuerte identidad socio-cultural y de un liderazgo político autónomo y representativo y, sobre esta
base, generen proyectos colectivos que proporcionen a la sociedad urbana la ilusión movilizadora
de todos sus recursos potenciales." (Borja, 1988).
este del centro histórico de La Habana, que se constituyan en una ilusión
movilizadota, para que el conjunto de la sociedad habanera y cubana se sume..
Para lograr este éxito económico se trabaja en uno de los polos de punta de la
economía cubana como es el turismo50, lo cual permite combinar cinco elementos
centrales: la internacionalización del centro histórico, la captación rápida e
importante de divisas, el desarrollo de enlaces productivos con otros sectores de la
economía, la generación de una buena política social y el movimiento de
afirmación de la identidad nacional51. Para ello se impulsa el concepto de turismo
cultural, entendido como fuente sustentable de recursos para la renovación y la
afirmación nacional.
Sin embargo, el turismo tiene algunos peligros que deben alertarse. Para empezar
ya no es la denominada “industria sin chimeneas”, porque produce, por un lado,
una importante contaminación al incidir en el fortalecimiento de una economía
paralela, en la provisión de servicios para un mercado medio internacional y en la
fuerte tendencia hacia la homogenización del centro histórico52, y, por otro lado,
una dependencia financiera poco diversificada de ingresos, por que se convierte en
la fuente principal de sostenimiento de la economía del centro histórico.
El tema turismo es clave justo en un momento en que el intercambio comercial se
vuelve dinámico internacionalmente y Cuba requiere de divisas debido a la caída
del bloque socialista europeo. El turismo tiene un enfoque sectorial culturalista y
económico (puesta en valor), debido a los importantes recursos económicos que
50
Para 1995 el Consejo de Ministros, mediante Acuerdo 2951 le declara al área del centro
histórico como Zona de Alta Significación para el Turismo, con lo cual se da carta de nacimiento
a una propuesta importante sobre turismo en la zona.
51
.Desde el turismo se ha logrado impulsar más de 34 museos, historia: memoria, identidadpertenencia y pluriculturalidad).
52
Es interesante revisar las experiencias del Plan COPESCU olas propuestas de Cartagena en
Colombia
deja, principalmente por el consumo de bienes y servicios que realizan los grupos
sociales externos a la zona.
La política de turismo frente al centro histórico se expresa a través de la
construcción de infraestructura hotelera, museos, centros culturales53 y calles
peatonales; del desarrollo de una imagen basada en la escenografía urbana y de
una propuesta social que requiere de la erradicación del tugurio. Se construye un
diálogo entre el monumento (CH) y el espectador (Turista), que se expresa en la
producción de un ‘valor de imagen’ que se corresponde al valor de uso54.
Sin embargo, no se debe dejar de lado las discusiones internacionales sobre el
tema, porque hay tres implicaciones que deben ser analizadas. Primero, el turismo
internacional produce una rehabilitación para una población foránea media que no
genera adscripciones sociales frente a cada centro histórico, por que es una
población en tránsito que no tiene compromiso con el sitio. Segundo, es un sector
que permite recuperar inversiones y captar recursos económicos con mayor
agilidad, lo cual genera un peso diferente frente a otros sectores y, por tanto, a un
desarrollo asimétrico entre ellos que puede conducir a la pérdida de gestión de la
totalidad de la ciudad. Tercero, existe un espacio para el diseño de una política
alternativa de turismo, que produce un afianzamiento de la conciencia de sus
habitantes y un fortalecimiento de las identidades múltiples de la población
residente. El turismo es una forma de irrupción de lo global en la esfera de lo
local, y lo puede hacer como forma de potenciar la cultura local55 o de
erosionarla56.
53
Al menos 30 instalaciones museísticas atesoran testimonios de la historia de la nación y la
ciudad.
54
Con este cambio de intencionalidad, se produce también una modificación respecto del
significado que tiene el derecho a la ciudad y de los pesos y contrapesos que tienen los sujetos
patrimoniales en cada momento.
55
El caso de La Habana es interesante en un doble sentido: por un lado, por la correspondencia
del proyecto de rehabilitación del centro histórico con el proyecto nacional que requiere de divisas
El caso de La Habana Vieja es interesante en un doble sentido: por un lado, por la
correspondencia del proyecto de rehabilitación del centro histórico con el proyecto
nacional que requiere de divisas externas y, por otro, por la búsqueda del
fortalecimiento de la cultura y de las redes sociales locales a fin de aminorar los
impactos que una economía externa puede producir dentro de la cubana. Por eso el
enfoque estratégico del turismo se dirige hacia la definición de turismo cultural
que busca fortalecer la memoria (historia), la identidad (cultura) y la
pluriculturalidad (diversidad57).
Pero también tiene el enfoque retroalimenta a lo social, quizás en uno de los
problemas más complejos del centro histórico: la vivienda, porque se trata del
pequeño patrimonio donde habitan cerca de 70.000 personas en condiciones
precarias. Sin embargo, se ha logrado acometer con mucho éxito en este campo,
por cuanto “Se han rehabilitado 3.300 viviendas y edificado 437, con lo cual se
han beneficiado 13.200 personas”. (Labor de la OH, 2004). Esto es significa que
han logrado beneficiar a más de un quinto de la población residente, lo cual es
altamente meritorio.
El campo de la educación formal de los colegios y e informal del civismo
(campañas, andares) no han sido descuidados. Este campo es particularmente
interesante porque permite vincular a las futuras generaciones con el pasado
remoto, más aún cuando en otros centros históricos de América Latina, los jóvenes
externas y, por otro, por la búsqueda del fortalecimiento de la cultura y de las redes sociales
locales con el fin de aminorar los impactos que una economía externa puede producir dentro de la
cubana.
56
El caso del Proyecto Cuna de América, realizado en Santo Domingo con apoyo de la OEA,
contemplaba la erradicación --por reubicación-- de los pobres, lo cual va contra los postulados de
la Carta de Quito.
57
Había el centro Gallego, Asturiano y el Casino español que testimonian el cruce de razas y
nacionalidades que le dan un carácter singular al país y le permite enlazar al centro histórico
internacionalmente. Allí también las casas de Guayasamín y de Bolívar, entre otras.
y niños tienen otros íconos urbanos de identificación. El joven poco se identifica
con lo antiguo y lo que se está haciendo en La Habana Vieja es trazar los puentes
que permitan la transmisión generacional del patrimonio o, lo que es lo mismo,
dotarle de futuro al centro histórico.
5. Conclusiones y recomendaciones
La renovaci
}ón de La Habana Vieja no es ni de un caso exitoso ni un modelo que pueda ser
replicable en otras ciudades. Se trata de una política exitosa que muestra como en
una situación de alta diversidad es factible encontrar soluciones propias a los
propios problemas. Entre ellos se pueden destacar algunos de los siguientes:
El proceso histórico de La Habana Vieja nos muestra la necesidad de reinvindicar
el pasado a través de la suma de valor al presente. Se trata de dotarle de valor
histórico y los ejemplos de la institucionalización de la Oficina del Historiador, así
como del propio centro histórico lo atestigua.
El elemento más destacado del proceso de renovación del Centro Histórico de La
Habana Vieja tiene que ver con la recuperación de lo público en su doble
dimensión: del centro histórico como espacio público y del gobierno como parte
de la esfera pública. Se caracteriza por ser un Gobierno local sustentado en una
economía, sociedad y culturas fuertemente arraigadas, que tiene una intervención
holística. Es un Gobierno Local con autonomía económica y administrativa, que
tiene unicidad en la gestión y liderazgo en las distintas formas de cooperación
(público-público, público-privado y público-comunitario).
Por el monto de la inversión que ejecuta le convierte, probablemente, en un de los
más altos de todos los Centros históricos de América Latina. Es un lugar donde el
crédito y la inversión llegan gracias a una política coherente, continua e integral. Y
por otro lado, es una inversión que no genera expulsión de la población residente –
como está ocurriendo en el resto de la Región- sino un ascenso social.
Hoy La Habana Vieja tiene menos de Vieja y más de nueva y se ha convertido en
una plataforma de innovación para la Ciudad de La Habana y el Estado cubano, lo
cual confirma dos hipótesis: por un lado, lo nuevo está en lo antiguo y lo moderno
no debe diluir lo viejo sino dotarle de existencia y, por otro lado, que todo
proyecto de renovación de un centro histórico debe aportar y ser parte de un
proyecto nacional.
Pero no solo que tiene que tener un enlace en el tiempo: pasado, presente y futuro,
sino que también tiene que lograr una proyección en el espacio: local, provincial,
nacional e internacional. Y si eso no es lo único, también debe establecer los
puentes hacia la integralidad desde los sectores del turismo, la sociedad, la cultura
y la economía.
.
Sin embargo, se hace necesario recuperar la relación directa de la riqueza
contenida en la Bahía, debido a que desde la Bahía surgió su condición de ciudad
portuaria que la vincula al mundo y le da sentido al desarrollo económico de la
región (azúcar, banano y carbón); es la que le permite definir la estrategia de
defensa de la urbe frente a los piratas y frente a las inclemencias de la naturaleza
(barreras como el Morro y la Punta Betín que la delimitan); y es, finalmente,
fuente para el deporte, la recreación y el turismo (la playa el sol y el mar)58.
58
Por estas condiciones históricas, urbanas y naturales, la Bahía debería ser considerada como
parte constitutiva del centro histórico, tanto porque es así y mucho mas para recuperarla como
parte de la ciudad y no, como ha sido hasta ahora, como un límite (la ciudad le dio la espalda) o
como lugar de contemplación. Una delimitación de este tipo permite incorporar al puerto a la
Punta Betín, al Morro, al malecón, etc., con políticas de preservación y desarrollo y, sobre todo,
construir la gran plaza pública de la ciudad que puede convertirse la Bahía. Se puede
promocionar una chiva acuática, concursos y carreras de varios tipos, recorridos turísticos, fuegos
En segundo lugar, se hace necesario restituir algunas de las funciones de la
centralidad urbana, principalmente en el campo de los símbolos identitarios del
nuevo Gobierno Local en construcción y de los íconos políticos de la
representación del poder nacional.
Hay que jerarquizar la carga simbólica de la OH dentro de la trama urbana de La
Habana Vieja, así como de su municipalidad y establecer un eje de desarrollo y de
integración político-económico entre el Puerto (rehabilitado) y el Capitolio por las
calles que los unen y las plazas que las contienen. La recuperación de su condición
portuaria le permitirá dar la cara a la economía nacional y recuperar su origen: la
Bahía. Esto supone incorporar la Bahía dentro de la delimitación del Centro
Histórico e incorporarla dentro de las propuestas del Plan Maestro, modernizar los
puertos e integrar la representación política, como elemento fundamental de la
identidad.
Finalmente, se hace necesario diversificar las fuentes de financiamiento
institucional (no solo Habaguanex) y de las actividades económicas fundamentales
(turismo y otras).
artificiales, centro de convenciones en la Punta Betín, recuperación del Morro, etc. y sobre todo,
recuperar la infraestructura portuaria.
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