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LO QUE QUEREMOS PENSAMOS, SOMOS y
LO QUE PENSAMOS,
SOMOS y QUEREMOS
Los fundamentos teóricos
de la nueva propuesta del ARU
Jesús Alejandro Ortiz Cotte
LO QUE PENSAMOS, SOMOS Y QUEREMOS
Los fundamentos teóricos de la nueva propuesta del ARU
Jesús Alejandro Ortiz Cotte
universidad iberoamericana puebla
dirección general del medio universitario
centro intercultural de reflexión y acción social
área de reflexión universitaria
2012
[1]
David Fernández Dávalos SJ
Rector
Noé Agustín Castillo Alarcón
Dirección General del Medio Universitario
Patricia Balderas Romero
Centro Intercultural de Reflexión y Acción Social
Teresa Sevilla Zapata
Área de Reflexión Universitaria
Responsable de publicación
Ricardo Escárcega Méndez
Edición y diseño de interiores y forros
Juan Jorge Ayala
Primera edición, 2012
DR© Universidad Iberoamericana Puebla
Blvd. Niño Poblano 2901. U.T. Atlixcáyotl
Puebla, Pue.
Tiro: 200 ejemplares. Impresión: Siena editores, julio 2012
Impreso en México
[2]
P R E S E N TA C I ÓN
Este texto pretende mostrar los fundamentos teóricos que justifican y dan cuerpo a la nueva propuesta curricular del Área
de Reflexión Universitaria (ARU) de la Universidad Iberoamericana Puebla. Nos encontramos en un proceso de transición en
toda la universidad y estamos pasando de la Nueva Estructura
Curricular (NEC) a los Planes SUJ 2012; es un momento afortunado que nos permitirá mejorar y superar nuestras propias
ideas e intuiciones, de manera que respondamos mejor a los
desafíos educativos. Realizar esta renovación implicará un
largo camino que se irá construyendo paso a paso. Una primera acción del ARU es poner por escrito las ideas fundantes
que sustentaron su proyecto. Ideas discutidas, dialogadas y
consensuadas en nuestro claustro, así como con otros actores
de la universidad. Compartimos a continuación los marcos
teóricos que utilizamos para diseñar nuestra iniciativa y que
componen, a la vez, el contenido de este texto:
1. El primer marco teórico trabajado fue la realidad mundial actual. Comprenderla nos permitió ubicar los principales
problemas mundiales, sus mecanismos de control social, los
actores que las fomentan y crean, y los sujetos que las padecen. Esto nos aclaró los retos a los que nos enfrentamos como
humanidad y nos señaló las grandes líneas de pensamiento
que debemos generar en nuestra área académica. Marcamos,
entonces, desde dónde vemos la realidad y hacia dónde queremos dirigirnos para transformarla.
2. El segundo marco teórico que nos ayud����������������
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a ubicar nuestra propuesta, son las orientaciones que ha dado la propia
Compañía de Jesús en torno al tipo de respuesta que se pide
dar, desde las universidades, a la realidad mundial. Con el
paso del tiempo se han ido creando importantes documentos
[3]
para saber qué se debe entender por una universidad jesuita;
orientaciones que reflejan gran sabiduría y riqueza en torno al
estilo de cómo crear una comunidad universitaria ignaciana y
cómo trabajar en ella desde nuestra área específica, generando en nuestros estudiantes una auténtica y sólida “reflexión
universitaria”.
3. El tercer marco es un segundo análisis de los mecanismos
culturales que impone la “razón” dominante, para mantener y
justificar la realidad mundial que hemos diagnosticado como
inhumana y deshumanizadora, como veremos más adelante.
Esta cultura dominante regala a través de sus medios electrónicos e ideológicos una visión del mundo imposible y falsa,
y a la vez construye un ser humano acrítico y apático ante el
dolor de su prójimo. Ante un mundo saturado de imágenes y
superficialidad proponemos una respuesta epistemológica que
tenga a la sabiduría como centro y a la compasión como fuerza.
4. En este cuarto marco teórico sostenemos que si bien la
respuesta a la transformación social del mundo es una tarea de
todos, las universidades tienen un papel predominante para
este cambio social, sobre todo al ubicarnos en las llamadas
sociedades de conocimiento. Dentro de la diversidad de acciones que debe operar una universidad jesuita, al ARU le toca
proponer una manera de pensar distinta a la dominante. No
buscamos solamente una racionalidad que integre conceptos
sólidos y firmes, ni una epistemología coherente en su proceso
de elaboración, sino una manera sabia de vivir el presente.
Con esto queremos proponer con nuestras asignaturas que
el alumno no sólo aprenda nuevas teorías y conceptos, sino
también a vivir de manera diferente de como propone el sistema dominante. Que vea a su profesión no como una manera
egoísta de solucionar su vida, y sí como un espacio para solidarizarse con los demás y construir realidades sociales más justas
y plenas. De ahí que propongamos siete pilares teóricos para
construir esta epistemología: complejidad, intersubjetividad,
historicidad, ética, praxis, estética y trascendencia. De todo
esto hablaremos en los siguientes apartados.
[4]
PENSAMOS
que pese a todo éste es un mundo maravilloso. Se ha tomado
más de cuatro mil millones de años para generar la vida, defenderla, reproducirla y evolucionarla, creando miles de seres
vivos diferentes y únicos; desde el unicelular y microscópico
hasta la más compleja unidad biológica como el humano; todos
excepcionales, todos necesarios. Que gracias a un interminable
número de conexiones, interdependencias y relaciones ha podido mantener todo junto, todo unido, en perfecta “comunión
cósmica” –como dirían los místicos–, en cadenas alimenticias,
en ciclos naturales, en hábitat interrelacionados, formando una
sola casa, un único hogar o como dice Edgar Morin (1993):
una sola Patria.
Desgraciadamente, este bello y asombroso mundo ha sido
conquistado, dominado y explotado por pequeños grupos
transnacionales. Y lo han hecho bajo dos dinámicas globales:
la financiera y la del crimen organizado. Dos líneas que muchas veces se confunden entre sí, dificultando distinguirlas,
pero que juntas han creado esta realidad llamada de muchas
formas: “desorden mundial” (Todorov: 2008), “economía criminal” (Fazio: 2010), “economía canalla” (Napoleoni: 2008),
o simplemente “anarquía global” (Wallerstein: 2003); expresiones que reflejan bien la situación que vive la mayoría del
planeta. Ya que una realidad es criminal, canalla, absurda o
simplemente inhumana cuando permite que a estas alturas de
nuestra historia, “18 millones de personas mueran anualmente
y de forma prematura por razones vinculadas a la pobreza. Son
nada menos que la tercera parte de todas las muertes anuales: 50,000 muertes gratuitas por día, entre ellas 30,000 niños
menores de cinco años de edad”(1). Contradicciones vitales,
realidades injustas, daños colaterales, absurdos cotidianos; no
importa c��������������������������������������������������
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mo las llamemos, siguen existiendo, siguen matando gente, siguen siendo realidades que suceden día a día, nos
siguen deshumanizando.
Un ejemplo más del mundo absurdo en que vivimos: con
respecto al agua consumible, el Programa de las Naciones
[5]
Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el año 2006 informaba:
“un ser humano necesita un mínimo de 20 litros diarios para
sus necesidades básicas. Los europeos gastan 200 litros diarios,
los estadounidenses 400. Mil cien millones (de personas) sólo
tienen 5 litros y están contaminados; 4,300 personas mueren
diariamente por ello”(2). Diferencias que expresan lo que Ignacio Ramonet (2011) denomina “la violencia de las desigualdades”. Como también resulta violento saber que 10% de los
adultos más ricos del mundo posee 85% del capital mundial,
mientras que 50% de la población adulta mundial sólo tiene
1%(3). Y aunque algunos ven esta realidad como una “falla”(4)
dentro del sistema del “capitalismo real”, la verdad estriba
en que el mundo está organizado para crear y mantener, con
un alto grado de violencia(5) y crueldad(6), estas diferencias
abismales en contra de las mayorías y a favor de unos pocos.
Estos dinamismos transnacionales han contaminado el
planeta, violentado sus ciclos naturales y explotando indiscriminadamente sus recursos. Le ha quitado a las generaciones
venideras su derecho de tener y utilizar los recursos energéticos del planeta. Y a las generaciones presentes les ha regalado un “cambio climático” donde se han vuelto comunes los
tsunami, ciclones, tormentas tropicales, huracanes, terremotos,
inundaciones o, en palabras de la ONU, infinidad de “desastres
climáticos”. Nadie está a salvo. Aunque, injustamente, los que
ocasionan menos daño a la Tierra son los más vulnerables y
perjudicados(7). En cada temporada de lluvia millones de
pobres en el mundo se quedarán sin casa, sin campo, sin
animales, sin trabajo, sin escuela, serán más pobres; tendrán
más hambre y se les morirán más familiares; ya no son los “sin
futuro” sino los “sin presente”(8). Damnificados permanentes,
alguien los llamó.
Son tantas las víctimas de esta realidad global, que Luis de
Sebastián (2009) ha hecho ya una tipología(9) de ellas; Galeano
(1997) simplemente los llama de manera poética y trágica a
la vez: los “nadies”, esos “que no son aunque sean”; Bauman
(2005) eufemísticamente los designa “vidas desperdiciadas”.
Sin embargo, no importa cómo se les clasifique sino el rumbo
[6]
que tomarán esas personas socialmente hablando; muchos de
estos sobrevivientes se convertirán en migrantes nacionales y
muchos más en transnacionales; otros más “tendrán la fortuna”
de encontrar un trabajo mal pagado, y otros entrarán en la estadística de los desempleados; otras serán engañadas y vivirán
en condiciones de esclavitud laboral y sexual; otros entrarán en
las dinámicas criminales y desde muy jóvenes se convertirán
en sicarios, narcotraficantes, miembros de maras, pandillas,
bandas; o simplemente como narra duramente Miguel Badillo
(2009): muchos morirán lenta, cruel e inhumanamente en la
más absoluta miseria.
Los empobrecidos son más de la mitad de los habitantes
del mundo; ¿y los demás sufren como ellos?, ¿qué hacen para
cambiar esta situación? Un tercio mundial, un poco más afortunado, vivirá de otra manera. Nos referimos a los que han
estudiado, los del trabajo fijo, los de la tarjeta de crédito, los
que saben qué son las vacaciones, el aguinaldo y el mínimo
ahorro. Éstos que podrían cambiar la realidad –por los diversos
recursos que tienen en su formación: educativos, culturales,
tecnológicos, de salud, etc.–, tienen otro tipo de metas: harán
todo lo posible por no caer en la pobreza, por mantener su
estilo de vida, por seguir consumiendo al mismo ritmo en las
fiestas dictadas por el calendario del centro comercial. Urbanos en crecimiento, con casas cada vez más pequeñas, con
menos hijos pero con más coches y televisiones, con un estilo
de vivir intenso, rápido, superficial, desechable. Contrario a
los niños empobrecidos que se convierten muy temprano en
adultos, aquí los adultos nunca dejan de ser niños, siempre
serán “Friends”, como la serie televisiva; Bruckner (1999) los
llama los inmaduros perpetuos en una cultura infantilista; en
los terrenos de la psicología se les identifica con el “Síndrome
de Peter Pan” y en la mercadotecnia como kidults(10). Son
gente buena, como dice Federico Reyes Heroles (2010), pero
viven alterados, sin pausa, siempre de prisa, nunca en paz, con
neurosis altas, estrés cotidiano y depresión “normal”. Apéndices del sistema. Adictos al celular. Amigos del reloj. Seres
que se despiden rápido del humano real para conectarse con
[7]
el mundo virtual. Hijos de la libertad, dirá Ulrich Beck (2002);
educados en una ética individualista e indolora, según Lipovetsky (1998), con proyectos efímeros y vidas vacías. Soledades
en red, alguien sentenció.
En este mundo, donde las mayorías sobreviven y las capas
medias se enajenan, se siguen construyendo resistencias y
alternativas, que si bien debilitan en algo al sistema, lo mejor
que hacen es exhibir su caducidad como paradigma civilizatorio; además de que por sí solo el sistema dominante muestra
señales de agotamiento y de crisis profunda. Beinstein (2010),
Boff (2011) y Stiglitz (2009) lo diagnostican en “fase terminal
o final”. De ahí que los “dueños del mundo” construyan
alternativas para mantenerlo vivo. Los gobiernos rescatan a
sus empresarios y encubren sus corruptelas. Resucitan con
millones de dólares a los especuladores de Wall Street aunque implique crucificar al pueblo que los eligió. Las élites del
poder económico mundial se reorganizan continuamente, dan
pequeños alivios a tensiones mundiales, hasta dejan hacer
pequeñas resistencias a los grupos altermundistas, para seguir
manteniendo el control de las mayorías. Ha sido, sobre todo,
desde 1945 cuando estos grupos han ejecutado tres estrategias
a escala mundial que les ha permitido mantener su poder y el
control sobre todos nosotros.
La primera es la creación de instituciones globales (FMI,
BID) y locales (gobiernos, partidos políticos) con sus respectivos lacayos, para extender su dominio, acrecentar su dinero
y sobreponer sus derechos privados a los sociales; haciendo
que sus intereses se vistan de legales y que cualquier acción
en contra de ellos se llame delito. Han utilizado la tecnología
para convertir la economía productiva real (esa que producía
empleos y distribuía la riqueza) en flujos financieros virtuales,
con reglas del juego a su favor y con todo un sistema sagrado
que ha hecho de la economía una verdadera religión, con sus
respectivos templos religiosos (casas de bolsas), con sacerdotes consagrados (corredores de bolsa), con oráculos divinos
(índices a la baja o alta), que rigen la vida de sociedades enteras
desde la mirada injusta del �������������������������������
dios mercado. Además, han crea-
[8]
do sistemas políticos de simulación que sólo privilegian sus
intereses individuales y de partido, enriqueciéndose y dando
millonarias ganancias a los medios de comunicación, pero debilitando la esperanza de un cambio social entre la población,
que sabe que los políticos y sus gabinetes son el brazo democrático de la delincuencia. Esto ha generado un crecimiento
en la corrupción y en la deshonestidad a escala mundial y un
enorme desprestigio en el ámbito político(11), como bien dice
el proyecto educativo común de la Conferencia de Provinciales
Jesuitas de América Latina (CPAL, 2005).
Han cooptado el sistema educativo y muchos grupos
neoconservadores religiosos están de su lado perdonando sus
pecados, bautizando a sus hijos, pero condenando las luchas
de los pobres. Todo les favorece, porque creen que todo es de
ellos. Los “indignados” del mundo creen otra cosa.
La segunda estrategia es fomentar e invertir en una cultura dominante que enajena al ser humano, lo aliena de su
espíritu humano y lo proyecta en pseudotrascendencias(12).
Estos grupos comprendieron que si se controla y se da una
pésima educación, si se distorsiona la historia para que nadie
la conozca y por tanto nadie la defienda, si se vive la mentira
como si fuera la verdad, si se fomenta el olvido y se compra la
memoria, si se alimenta el racismo y la intolerancia, de manera
que tengamos justificaciones para matar a los diferentes, si se
enloda la democracia y se absuelve los fraudes, y si se regala
a manos llenas partidos de la selección de fútbol y muchos
programas televisivos, se logrará, en poco tiempo, un pueblo
poco combativo, anestesiado, débil en el coraje y flaco en la
indignación, enfermo de consumo y paralítico de utopías; pero
eso sí, muy preocupado por no meterse en problemas, por no
participar socialmente, por anular su voto o, en casos graves,
por venderlo al mejor postor. Sociedades cobardes, dirán otros.
Por la dudas, y en casos difíciles, se aplica la tercera estrategia que Naomi Klein (2007) ha denominado la “doctrina
del shock”. Que consiste en aprovechar momentos de tragedia
colectivos: naturales —como las catástrofes climáticas— o
creados —como los golpes de estado o guerras(13)— para
[9]
imponer, desde el miedo y la parálisis colectivos, el “horror
económico”(14) en vigencia, aprovech����������������������
ándose����������������
del estado anímico —atemorizado y violentado— de poblaciones enteras
para imponer como políticas públicas sus propios intereses
sin la más mínima resistencia.
Con la primera estrategia ejercida por las élites, la poca
gente consciente que quiere el cambio se topa con legalidades
y hasta es castigada por la ley por transgredir el orden: quiere
pero no puede. Con la segunda, la gente podría hacer cambios
significativos, pero no quiere transformar su “estilo de vida”:
puede pero no quiere. Y con la tercera estrategia la gente no sólo
no puede ni quiere el cambio, sino lo único que busca es sobrevivir a la tragedia que le toca vivir.
Con el análisis anterior, esperamos dejar claro que para el
ARU la realidad actual es una construcción histórica, compleja
y perversa impulsada por pequeños grupos en el poder, que
a través de varias estrategias, dominan —o como dicen algunos pensadores latinoamericanos: neocolonializan— la vida
y sueños de millones de personas del planeta. Esta dinámica
es una construcción en la historia, que implica, desde la esperanza real, la posibilidad de combatirla y enfrentarla con otra
propuesta y con otra lógica más justa y humana. No deseamos
mantener esta realidad enferma e injusta para las mayorías, ni
queremos que nuestros alumnos la fomenten y la fortalezcan;
buscamos, al contrario, que la transformen. Sabemos que ya
existen alternativas, opciones diferentes en el caminar social
que ya van construyendo “otro mundo posible”. En esta batalla hay muchas trincheras y una gran diversidad de actores
sociales. Uno de ellos, que se está volviendo muy importante
en la llamada “sociedad del conocimiento”, son las universidades. Ellas, desde la trinchera “de las ideas y de la razón”,
tendrán que dar su propio aporte a la construcción de “ese”
otro mundo que todos y todas soñamos. En esta dinámica
queremos integrar nuestra propuesta.
Sin embargo, con esta claridad en el SER, la universidad
lucha contra un contexto epistemológico favorable al sistema.
Desde del primer apartado hemos dicho que una forma de
[10]
mantener esta realidad injusta e inhumana, ha sido fomentar
una cultura dominante en las sociedades. Dentro de ellas se ha
impulsado, de modo significativo, determinadas maneras de
pensar, de comprender, de conocer la realidad; maneras que
podemos catalogar como epistemologías del sistema. Es claro
que desde los tiempos de la guerra fría, pero sobre todo cuando
cayeron los socialismos históricos, el Occidente decretó que
sólo existía una forma de pensar, un solo modo de comprender
la realidad; Ignacio Ramonet (1995) lo llamó “pensamiento
único” y lo definió como “la expresión ideológica del intento de
universalizar lo que no es sino el interés de un grupo de fuerzas económicas, especialmente el de los dueños mayoritarios
del capital internacional”(15). Es decir, el único pensamiento
válido y correcto era la ideología economicista capitalista que
pretendía regular y administrar la vida cotidiana desde los
criterios propios del mercado. Ésta era (y en muchos lugares
sigue siendo) la epistemología dominante. Desde la lógica del
“capitalismo vencedor”, hoy ya no se estudia lo que se quiere
sino lo que puede generar más ingresos, ya no se compra ropa
cómoda y útil sino sólo la de moda, la que no viste sino la que
enseña la marca; los edificios de las grandes ciudades dejaron
de ser espacios para vivir y se convirtieron en bases gigantes
para colocar publicidad; la economía neoliberal pasó a ser la
verdadera ciencia, la verdad absoluta, lo válido, lo común, lo
“normal”. De ahí que el pensamiento único propagaba que no
había más historia(16); todo estaba escrito, sólo era cuestión
de creer en los dogmas neoliberales, insertarse desde abajo en
la jerarquía laboral con la gran promesa de una vida exitosa,
éste era el mantra de los presidentes en turno.
En el Área de Reflexión Universitaria (ARU) queremos enfrentar esta realidad impulsando el discernimiento. Queremos
que el alumno pueda decidir si este “sentido de vida” es el que
quiere y si es el que necesita. Queremos que cuando se enfrente
a “decisiones” de trabajo como profesional, tenga un método
de discernimiento que le permita tomar la mejor decisión, no
sólo para su vida privada sino “para los demás”. Enseñar a
convertir “problemáticas de su profesión” en “dilemas éticos”
[11]
bajo contextos neoliberales e individualistas no es tarea fácil
ni sencilla, pero es vital hacerla. No puede decirlo mejor el P.
Adolfo Nicolás (2011): “Otro gran servicio que podemos prestar a los jóvenes es ayudarles a hacer un buen discernimiento.
Para los jóvenes resulta difícil tomar decisiones bien fundadas.
En esta etapa de su vida han de decidir qué pueden hacer con
el resto de su vida: en qué relaciones se quieren comprometer,
en qué profesión se quieren embarcar, qué valores deciden hacer suyos. Un servicio verdaderamente ignaciano a los jóvenes
implica siempre ayudarles a discernir”.
Pero, ¿cómo ayudar en esta crucial tarea cuando, en la
mayoría de las veces, encontramos que nuestros alumnos
tienen graves inconsistencias formativas: traen consigo una
formación ligera, superflua, con ideas equivocadas; no se
acuerdan de mucho, se comenta entre círculos de profesores
que los jóvenes no saben escribir y parece que tampoco leer?
En palabras de Saramago: “estamos en un tiempo al que llamamos de pensamiento único, aunque parece que se acerca
muy peligrosamente a un pensamiento cero”(17). Donde “cada
día hay una minoría que sabe más y una mayoría que sabe menos. La ignorancia se está expandiendo de forma aterradora…
No hacemos más que repetir, mutatis mutandis, el modelo de
la Edad Media en que el saber existente estaba concentrado
en una gruta de teólogos y unos pocos más, mientras el resto
era una masa ignorante”(18). ¿Edad Media?(19) ¿Exagera
Saramago? Parece que no. Según el director del departamento
de letras de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México,
Arnulfo Herrera (2008), los universitarios mexicanos utilizan
a diario sólo 200 palabras. En tanto que el presidente de la
Academia Argentina de Letras, Pedro Barcia (2008), menciona
la misma cantidad de palabras utilizadas y agrega que no
sólo se habla pobre sino vulgarmente. En tanto que Marcos
Mato, presidente de la Academia Peruana de la Lengua, es
más exacto: los hablantes promedio utilizamos 300 palabras
para comunicarnos de 283,000 posibles, en tanto los jóvenes
apenas llegan a las 240. Con pueblos (jóvenes y adultos) con
un léxico tan pobre, es obvio que se tengan problemas serios
[12]
de comunicación y pocos problemas para ser dominados; para
Saramago: “este sistema nos adormece, y ahora, simplemente
se ríe de nosotros”(20). Se ríe porque ha triunfado.
Coincidimos con el análisis de Juan Domingo Argüelles
(2011) cuando afirma que: “los universitarios son hijos de la escolarización previa… durante la cual la lectura les fue impuesta
como un rito de pasaje, para cumplir con un plan de estudios
y llevar a término un programa académico [...] las experiencias
de lectura y escritura con las que llegan los estudiantes a la
universidad son, en general, precarias y amargas [...]. No leen
por placer, sino sólo por utilidad”. Más adelante sentencia:
”el sistema educativo prepara a los alumnos (incluidos los
universitarios) para el examen, pero no para el pensamiento…
La educación científica, ética y humanista favorece la autonomía; la simple escolarización la inhibe cuando no la prohíbe.
El desarrollo del pensamiento pasa por el camino de la duda,
más que por el de la aplicación”. Cristina Rosas (2011) aporta
en este tema: “Guillermo Sheridan afirma que hay 8.8 millones de mexicanos que han realizado estudios superiores o de
posgrado, pero 18% de ellos (1.6 millones) nunca ha puesto
pie en una librería”.
Con esta cultura, ¿qué humanidad construimos?, ¿qué
servicio profesional proporcionamos? Podemos resumir, hasta
el momento, que en un país donde la desigualdad social y
económica es tan grande e injusta, parece adecuado para el
sistema dominante seguir propiciando sistemas educativos
donde no se aprenda o se aprenda mal. Combinación resultante
de estudiantes mal formados con profesores improvisados.
El sistema genera “masas” poco o muy mal formadas. Los
estudiantes quieren aprender sin leer, y si lo tienen que hacer
piden “lecturas pequeñas y fáciles”. Como dicen algunos, ya
no se lee para comprender sino para realizar tareas —como si
la literatura fuera un manual de instalación—, pero sin saber
ni comprender su significado e importancia. Y si agregamos
la dinámica de las superespecializaciones académicas que
promueven las universidades más prestigiosas con planes
rápidos, ejecutivos, para “terminar” su carrera profesional
[13]
en poco tiempo, estamos “produciendo” a escala nacional
profesionistas teóricos hiperespecializados en un tema, pero
ignorantes en todo lo demás.
En los procesos de socialización también vamos mal. Según
la encuesta dirigida por Miguel Székely (2008), subsecretario
de educación media superior de la SEP, a 54% de los estudiantes
mexicanos de escuelas públicas de ese nivel no le gustaría tener
como compañero en la escuela a un enfermo de SIDA; a 47.7%
no le gustaría tener al lado suyo a un indígena; más de 80%
alguna vez ha ignorado e insultado a sus compañeros, y cerca
de 30% ha golpeado a uno de ellos; de ahí es fácil deducir que
cerca de 80% de las niñas se hayan sentido tristes y 61% en el
caso de varones; 75% ha tenido ganas de llorar y más de 60%
se ha sentido solo; cerca de 80% alguna vez tuvo la sensación
de que no vale la pena vivir y 20% se ha hecho daño con el fin
de quitarse la vida. Con estas realidades se vuelve imperioso
considerar las palabras del P. Adolfo Nicolás (2011a): “una educación puramente científico-técnica y racional no basta: si no
desarrollamos algún tipo de revolución espiritual que pueda
mantenernos al mismo nivel que nuestro genio tecnológico, es
muy improbable que consigamos un auténtico progreso humano. Es claro que muchas de nuestras dificultades encubren
una crisis espiritual más profunda.” Sí, nuestro problema no
es sólo educativo sino antropológico. No estamos sólo con una
crisis de formación sino de humanización. Instancias como
el ARU no sólo son “externalidades formativas” sino que se
vuelven, hoy más que nunca, en los centros de sentido de la
vida universitaria.
¿Quién educa entonces? Parece que la respuesta es la
televisión(21)������������������������������������������������
. Los datos no mienten. Según datos del Instituto Mexicano de la Juventud y del INEGI, 98% de los hogares
en México tiene televisión. Según algunos medios se ve un
promedio de 3.2 horas diarias en México: “Los adolescentes
de 13 a 18 años ven más televisión con un promedio de 3.6
horas diarias, mientras que los jóvenes de 19 a 24 lo hacen 3.5
horas, los mexicanos de 25 a 44 años están frente al televisor al
menos 3.4 horas y los adultos de 45 a 65 años 3.3”(22). Según
[14]
la OCDE(23), un mexicano ocupa 48% de su tiempo en ver la
televisión y oír la radio, y ve en promedio más de 47,000 comerciales al año o 130 anuncios por día(24). Esto no es nuevo,
llevamos mucho tiempo así. La UNESCO en un viejo estudio
decía que: “los niños del mundo pasan en promedio tres horas
por día frente a la pantalla chica, lo cual representa al menos
50% más del tiempo dedicado a ese medio que a cualquier
otra actividad paraescolar, incluidas las tareas para el hogar,
pasar el tiempo en familia, con amigos o leyendo”(25). Y en
otro estudio canadiense se dice que: “el niño ‘medio’ a los 11
años habrá visto alrededor de 100,000 actos de violencia en
la televisión y habrá asistido a unos 12,000 asesinatos”(26).
Con esto es fácil deducir que desde esas fechas hasta el hoy
la situación ha empeorado. Martín-Barbero (2008) piensa que:
“la televisión introduce un profundo des-orden cultural en la
familia y la escuela [...]. La pequeña pantalla los expone a los
temas y comportamientos que los adultos se esforzaron por
ocultarles por siglos”, develando la realidad “cruda” de las
familias. Cambia nuestra educación, cambia nuestra humanidad. Podemos pensar como Dany-Robert Dufour (2009) que
hemos —como humanidad— (in)evolucionado hacia el homo
“zappiens”, ese hombre que su máxima utopía es demostrar
su poder tomando el control remoto de su televisor y olvidar
su mísera realidad.
Un último paso tenemos que dar en torno al impacto de
las “pantallas”(27) en la vida cotidiana del ser humano, y las
implicaciones en su manera de conocer y comprender la realidad. Según la revista Time en su número 175 del año 2010,
el consumo promedio de medios electrónicos de un niño norteamericano es de 270 minutos diarios frente a la televisión,
151 minutos oyendo música, 33 minutos promedio hablando a
través de sus teléfonos celulares, 73 minutos jugando videojuegos, 90 minutos escribiendo mensajes de textos y 89 minutos
usando la computadora para cosas no concernientes a la escuela, haciendo un promedio de 7.5 horas diarias utilizadas en
estos medios. Realidad que se asemeja en mucho a los niños
y jóvenes de nuestras clases medias y altas de nuestro país.
[15]
Sabemos que estamos en un mundo digitalizado donde el
crecimiento en la utilización de las tecnologías de información
es explosivo cada segundo: “Poniendo ejemplos tangibles podríamos decir que la cantidad de información digital que se
generó en 2006 equivale a doce pilas de libros, cubriendo cada
una de ellas la distancia entre la Tierra y el Sol o el equivalente
a tres millones de veces la información contenida en todos los
libros escritos”(28). Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) dependiente de la ONU(29), en cada segundo
a nivel mundial se envían 200,000 mensajes de texto, es decir
que en cada minuto se escriben a nivel mundial 12 millones de
textos que navegan de un celular a otro. En el mismo reporte
se afirma que “la telefonía móvil se ha generalizado en todo
el mundo y hoy más de 90% de la población mundial tiene
acceso a las redes móviles”. Según los datos de la UIT, entre
los 5,300 millones de abonados a la telefonía móvil estimados
para finales de 2010, 3,800 millones corresponderán al mundo
en desarrollo. El número de personas que tienen acceso a Internet en el hogar también ha aumentado, “pasando de 1,400
millones en 2009 a casi 1,600 millones en 2010”(30).
En el caso de las redes sociales, la BBC de Londres publicó
que en “2007 se lanzaban al ciberespacio unos 5,000 twits al día,
en 2008 la cifra se multiplicó por sesenta: fueron 200,000 al día.
En el 2009 fueron 2 millones y medio de mensajes breves cada
24 horas. Y este año (2010) unos 50 millones de frases de no más
de 140 caracteres se publican diariamente en Twitter”(31). En el
caso de México, “en el 2005 había 17.2 millones de usuarios de
Internet y en el 2010 hay 34.9 millones. Donde si bien sólo 29% de
los hogares mexicanos cuentan con computadora y sólo 21% con
Internet, 65% tiene celular y con ello el vehículo para entrar en la
era digital, siendo la población comprendida entre 12 y 17 años la
que usa más la Internet. Durante el 2010 el tiempo promedio de
conexión del internauta mexicano fue de 3 horas con 32 minutos.
Siendo el enviar/recibir emails, enviar recibir mensajes instantáneos, ver/bajar fotos o video y acceder a las redes sociales las cuatro
actividades más utilizadas por los internautas mexicanos. Para 8
de cada 10 mexicanos estar en redes sociales es el entretenimiento
principal online”(32).
[16]
Con los datos anteriores es fácil entender porqué nuestros
alumnos no saben historia o no saben trabajar en equipo, pero
son expertos en chatear con más de diez “ventanas”. Esta realidad digital está cambiando las formas de existir y de convivir
en las nuevas generaciones. Forman nuevas adicciones tanto
al celular como al uso de Internet; ellos mismos declaran que
no puedan dejar de mandar mensajes o apagar su computadora. Esta nueva realidad “digital” crea el tecno-estrés(33) y
otras formas de dependencia que los aquejan. Nadie duda que
estamos en plena mutación social por el uso, cada vez más
masivo, de las mediaciones digitales. Nadie duda tampoco
de los beneficios de poder acceder a tanta información en tan
pocos y en tan sencillos pasos. El problema, ante esta avalancha
de información, es que la mayoría de ella es spam, basura, no
sirve. Muchos documentos son plagios, copias burdas, más de
lo mismo, reproducciones del mismo texto en miles de lugares
cibernéticos. El P. Adolfo Nicolás reitera: “Por vez primera
tenemos más información que capacidad para digerirla y procesarla. Lo que se vende no es sabiduría sino superficialidad:
soluciones inmediatas, explicaciones prefabricadas, cultura de
usar y tirar, gracia barata”(34).
Esto nos coloca frente a la evidencia de una de las contradicciones más características de nuestra era: tenemos montañas
de información, pero vivimos “sin ninguna exageración, un
desierto de ideas”(35); no hay ideas, no hay pensamiento, no
hay criticidad, mucho menos hay sabiduría.
Pensar como índice de la experiencia vital (cogito ergo sum)
ha cedido su lugar al simple ver (video ergo sum); la abstracción ha cedido a la visión rápida y a la pereza mental. Con
códigos nuevos para comunicarnos se renuncia a la belleza
gramatical, se recortan no sólo las palabras con el texting
sino un universo lingüístico creado desde hace miles de años.
Para Nicholas Carr, estamos perdiendo nuestra capacidad
de “lectura profunda”(36) y nos hemos dejado envolver por
la superficialidad. Le decimos adiós a la concentración, a la
contemplación y a la reflexión. Para Saramago: “No hay cosa
más sin sentido que eso de la realidad virtual. Si es real, no es
[17]
virtual. Los conceptos los estamos manipulando y vaciando
de contenido. Y si llegamos a esto, a quitarle el sentido a las
palabras, las palabras dejarán de tener importancia. Las palabras se están volviendo huecas”(37). Y en otra parte comenta
que deliberadamente estamos dejando de pensar por “leer”
imágenes que aunque “siempre se dice que una imagen vale
más que mil palabras, eso no es cierto, una imagen tiene límites,
el encuadre desprecia lo que está fuera de él. Lo que no vemos
en una fotografía puede ayudar a entender lo que está en la
imagen”(38). Viendo imágenes nos estamos quedando ciegos.
Nuestra postura no es el rechazo aterrorizado y conservador de las mediaciones digitales, sino la propuesta de conocer
tanto sus promesas como sus riesgos para saber cómo educar,
cómo formar, cómo utilizarlas, cómo generar conocimiento en
esta era digital que motiva el ver y tocar —la interacción— pero
sin sentido ni profundidad. Tal vez vayamos a lo que J. I. Pozo
(2001) llama la agnosia, es decir, esa incapacidad de relacionar
humanamente el mundo, la conciencia y su propia corporalidad, esto es: de generar conocimiento que nos humanice.
Coincidimos con José Antonio Marina (2008), cuando dice
que nuestras sociedades, al no saber comprender la realidad
que la rodea ni resolver sus principales obstáculos, se han
vuelto estúpidas, ya que: “son inteligentes las sociedades justas. Y estúpidas las injustas. Puesto que la inteligencia tiene
como meta la felicidad —privada o pública—, todo fracaso
de la inteligencia entraña desdicha. La desdicha privada es
el dolor. La desdicha pública es el mal, es decir, la injusticia”.
La tarea educativa de la universidad es enorme, a todos
les corresponde confrontar los tres modelos de civilización que
les tocó vivir a nuestros alumnos: el moderno, el economicista
y el digital. Modelos en crisis pero siempre en moda. Modelos
pensados no para su desarrollo humano sino para el crecimiento económico de otros. Es por esto que toda formación y
educación debe tomarlos en cuenta y debe confrontarlos con
una propuesta sólidamente académica, y al mismo tiempo
profundamente humanista. Una formación que vuelva al
principio tanto en lo educativo (por ejemplo, la lectura) como
[18]
en lo humano (relaciones humanas). La integralidad dejó de
ser una opción y se volvió una necesidad formativa. Aunque
sabemos que ésta es una tarea de toda la universidad, en el
ARU la hacemos primordial en nuestro quehacer.
SOMOS
una universidad que se pregunta constantemente sobre su
práctica y sentido de existencia. Parafraseando a Joan-Carles
Mélich (2000), la universidad debe preguntarse ¿cómo educar
“en medio” del holocausto? ¿Qué tipo de universidad quiere
ser? ¿A quiénes quiere servir? ¿Qué valores quiere inculcar?
¿Qué perfil de estudiantes buscar formar? De ahí la importancia del proyecto educativo común (PEC) realizado por la CPAL,
comisión latinoamericana de la Compañía de Jesús en América
Latina. Ahí, en pocas palabras, pero llenas de profundidad y
con un diagnóstico semejante al del primer apartado de este
documento, nos comenta que “este panorama pone en crisis
a la educación. Por un lado se espera que ésta ayude a construir otro mundo deseable y posible; por el otro, se la critica
por su desfase y lentitud de respuesta a tantos desafíos”. Y
continúa: “En las instituciones educativas de la Compañía
de Jesús, ciertas estructuras rígidas inhiben las posibilidades
de cambio; muchos currículos están más centrados en contenidos que en valores y competencias; existe un exagerado
aprecio por lo intelectual sobre otras dimensiones y áreas que
incorporen lo estético, lo lúdico, lo artístico, lo productivo y el
espíritu de emprendimiento, lo contemplativo y una educación
para la sensibilidad que forme personas ‘sensibles a todo lo
que es humano’, ‘hombres y mujeres para los demás’ y ‘con
los demás’”. Por lo que, continúa el documento, debemos
buscar un “cambio de visión, de mentalidad, de actitudes y
comportamiento para integrarnos en el escenario global latinoamericano, organizándonos y comunicándonos en red, para
compartir recursos, comunicar experiencias y asumir como un
solo cuerpo apostólico la corresponsabilidad interprovincial e
[19]
internacional” (CPAL, 2000). Esta claridad nos permite ubicar
perfectamente nuestra tarea universitaria y nos permite identificar plenamente el estilo de nuestro quehacer. Consideramos,
por tanto, que el humanismo en la universidad no es tarea sólo
de un área, sino que es el “espíritu” que permea cualquier
acción que se realiza en ella.
Es obligatorio, además, reflexionar sobre los desafíos propios de la vida universitaria y tener una posición clara frente a
ellos. Las discusiones se centran en tres campos primordiales
que podemos definir como:
—Universidad y neoliberalismo
—Universidad y sociedad del conocimiento
—Universidad y transformación social
En una sola frase: “universidad y status quo”.
En torno a la primera relación: universidad y neoliberalismo, sabemos que una de las tendencias globales con más
fuerza en el ámbito de la educación superior es la privatización
de la universidad y su reorientación empresarial. Dos frases claves
para entender a las universidades hoy. Sobre la privatización
de la universidad, J. C. Grande afirma: “Nadie lo puede negar. La privatización de la educación superior forma parte
de la agenda neoliberal a escala mundial desde hace más de
25 años, impulsada por los organismos financieros multilaterales”(39). Y sobre la reorientación empresarial o proceso de
mercantilización, como lo llama Ordorika, éste comenta: “[aquí
se] busca que la universidad defina sus acciones en función
de las relaciones del mercado, es decir, de la compraventa de
productos universitarios”(40). Esto implica que la universidad
se ha hecho sierva del capitalismo, y viva atenta a los principios y necesidades del mercado y del dinero. Esta es la gran
tendencia en la actualidad; la universidad ha renunciado a
ser un espacio para la búsqueda de la verdad y el bien, como
era en la tradición original, y se ha convertido en centro de
formación de obreros especializados, que han dejado el overol
por el cuello blanco y han adquirido la ética correspondiente
del “ganar más”. Este es el modelo universitario dominante,
pero incompatible con nuestra espiritualidad.
[20]
Con respecto a la segunda relación: universidad y sociedad del conocimiento(41), muchos teóricos han profetizado
sociedades donde el conocimiento será su valor más importante y el eje central para su desarrollo. Tal vez el primero en
señalarlo fue Daniel Bell (1991) cuando habló de una sociedad
post-industrial que “subraya el carácter central del conocimiento teórico como eje, alrededor del cual, se organizarán la
nueva tecnología, el crecimiento económico y la estratificación
de la sociedad”. Después vendrían Castells (1999) y Toffler
(1990), hasta llegar a Sakaiya (1995), para completar la idea de
una sociedad del conocimiento. Este último concluye su libro
diciendo: “debo aclarar que no creo que la llegada de la sociedad del conocimiento vaya a ocurrir en un futuro remoto [...].
Concedo que tal vez pase mucho tiempo antes de que todos
los rasgos de la sociedad del conocimiento que he comentado
cristalicen en una sociedad determinada.” Queda pendiente
un análisis más completo sobre esta llamada sociedad de
conocimiento(42). Debemos conocer mejor las realidades que
produce esta dinámica digital en sociedad donde todavía no
se cubren las necesidades básicas de las mayorías. Debemos
analizar mejor las formas de vivir, de relacionarse, de emocionarse, de sentir y dar afecto en los jóvenes llamados “nativos
digitales” en contextos pauperizados, excluyentes y también
en contextos universitarios y elitistas. Son nuevos retos del
naciente paradigma civilizatorio digital.
Con respecto al tercer debate, varios autores se preguntan
si las universidades han ayudado para la transformación y o
cambio social. Si no queremos una universidad al servicio de
las empresas, y vemos que tampoco son para la pura adquisición de conocimientos, entonces ¿para qué existen las universidades?, ¿tienen una función social? Ya Delors (1997) en su
famoso Informe a la UNESCO, nos dice de otra manera que la
educación (en todos sus niveles) ha servido tradicionalmente
para saber y hacer, pero que ahora debe buscar el ser y el
convivir como centro de su existencia. Según Spies (2003), las
búsquedas que tradicionalmente las universidades han promovido son: la búsqueda por el bienestar, por la verdad, por
[21]
el orden, por el bien y por la belleza. Búsquedas que si bien no
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van transformándose al entrar en nuevas épocas y contextos sociales. Al contrario, Aníbal Ponce, hablando
de la educación en contextos capitalistas, dice: “la educación es
el procedimiento mediante el cual las clases dominantes preparan en la mentalidad y la conducta de los niños las condiciones
fundamentales de su propia existencia”(43). De ahí el debate:
¿es posible otra educación?, ¿en verdad la educación puede
ser la pieza clave para el cambio social? Para Ignacio Ellacuría
(1982), no había duda cuando escribía que la universidad “debe
desembarazarse ella misma de las trabas de la injusticia y del
falso ideal del consumismo, y debe dedicarse toda entera a
conocer y transformar la realidad nacional a beneficio de las
mayorías populares, privadas de sus derechos fundamentales.
Esto no sólo en razón de obligaciones éticas, sino también por
exigencias de una mayor envergadura teórica”.
Nuestra universidad ha entrado en este diálogo y debate,
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desde la perspectiva propia de su espiritualidad, enfrentando los retos citados. Ya con el P. Arrupe y su “ser
para los demás”, y ahora en palabras del P. Adolfo Nicolás con
su frase “no ser los mejores del mundo sino para el mundo”, la
universidad tiene claro el perfil humanista que desea para sus
egresados. Desde esta misma lógica, nuestro rector el P. David
Fernández (2009) ha expresado que “la universidad jesuita se
desmarca de las concepciones que el mercado universitario
ha puesto en boga en relación con la calidad académica y con
la función social de la universidad [...]. En nuestro país, esa
realidad la hemos experimentado como injusta e irracional, y
la exigencia ética la vivimos como el impulso a trabajar a favor
de aquellos cambios que propicien una realidad más justa, libre, solidaria y racional.” Y continúa: “Esto lo queremos hacer
universitariamente y con espíritu cristiano. La universidad
jesuita pretende cambiar la sociedad y es el cambio social el
que configura su modo de ser universidad.” Con estas palabras
e intenciones es claro y coherente ver que la Misión de nuestra
institución es “formar hombres y mujeres profesionales, competentes, libres y comprometidos para y con los demás”, de
[22]
modo que tengan las capacidades necesarias para “enfrentar
las diversas formas de desigualdad y exclusión social con el fin
de promover el desarrollo sostenible, teniendo como horizonte
la construcción de una sociedad más justa y humanamente
solidaria.” Para esto somos, para esto existimos. Y estos serán
los criterios de evaluación de nuestra labor universitaria, con
estos parámetros la historia nos pedirá cuentas.
Es claro, entonces, que: “El objetivo de la Ibero es la formación de hombres y mujeres íntegros, cualidad que implica
tener una excelencia profesional, aprender a pensar por sí
mismos y ser capaces de encontrar causas por las que vale la pena
dedicar la vida y tomar decisiones”, como bien dicta la Filosofía
Educativa de nuestra universidad, y como bien queremos
impulsar en el ARU.
Rafael Velasco SJ preguntaba: “la universidad ¿produce
pensamiento para transformar la realidad o repite pensamiento
fosilizado para mantener el orden establecido?” Respondiendo
más adelante: “la universidad debe ser un signo de contradicción, una institución que de algún modo incomode y rompa
con los esquemas de pensamientos fosilizados de los grupos
de pensamiento consolidados. Grupos que muchas veces se
comportan corporativamente y en nombre de la verdad niegan
la verdad.” Para resumir con precisión: “El desafío de la universidad reside en afrontar su responsabilidad social ante los
que no pueden acceder a sus claustros y siguen esperando una
palabra con fundamento que les ayude a encontrar la solución
de sus problemas de desempleo, precariedad laboral, indigencia educativa, injusta distribución de las riquezas, marginación
e irrespeto de los derechos humanos. Una universidad que se
haga cargo de los excluidos del contexto”(44).
Ellacuría (1982) dice contundentemente: “habría que jerarquizar todas las actividades universitarias según el criterio
de qué es lo que más favorece en orden a que las mayorías
populares logren, en la satisfacción de sus necesidades y en
la determinación de los procesos políticos y económicos, el
lugar que les corresponde. Este principio permite jerarquizar
qué se debe investigar prioritariamente, qué se debe intentar
[23]
enseñar y cómo, qué dimensión debe tener la universidad y
cuántos alumnos deben de ser aceptados, qué carreras deben
tener prioridad y cómo deben ser estudiadas, qué valores y qué
formación profesional deben ser impartidos, qué estructura
debe tener la propia universidad, pues no siempre la participación al interior de ella es la exigida por la participación
que deberían tener en ese y en otros campos las mayorías
populares.” Nuestro rector, el P. David Fernández (2009),
comenta que “en una sociedad como la nuestra, en la que las
necesidades sociales son enormes, en la que la realidad social
se presenta como un desorden establecido (factor teórico) y
como injusticia institucional (factor ético), la obligación teórica
y ética de responder con pertinencia a lo social se convierte en
obligación teórica y ética de incidir en lo político, por supuesto,
de manera universitaria”.
QUEREMOS
reafirmar que nuestra universidad tiene claro el tipo de reflexión que desea para sus alumnos: crítica, diferente, pertinente.
Buscamos un saber con pertinencia social, un saber transformador, liberador, un verdadero saber.
También queremos un saber práctico, es decir, un conocimiento que nos permita “saber decidir, saber cómo obrar, saber
vivir y por tanto saber actuar”, como dice bien Octavi Fullat.
Buscamos en nuestras clases transmitir “epistemes”, pero
también y sobre todo “phronesis”; un saber bien reflexionado,
bien razonado, que nos permita tomar la mejor decisión, no
sólo para mí sino para los demás, en vías de construir otros
mundos, otros sueños, otras realidades.
Queremos educar de modo diferente; preparar a los
alumnos a no ser piezas del ajedrez económico neoliberal
sino sujetos de cambio, sujetos profesionistas que promuevan
desde su ser y conocer nuevos horizontes y nuevas utopías,
que desde sus especialidades mejoren la vida cotidiana de
[24]
sus semejantes, que piensen, reflexionen y comprendan de
manera crítica y profunda ese mundo que les dicta —con los
mejores colores de la mercadotecnia— una deshumanización
fría, insensible. Queremos ofrecer una educación que, desde
la convivencia con otras realidades y con otros rostros, nos
permita comprender mejor el misterio de lo humano y con
ello aproximarse al Gran Misterio Sagrado.
Debemos educar de manera diferente a esos jóvenes de
familias fragmentadas, con soledades largas y pesadas, buscadores de cualquier afecto y de una palabra sincera, que tratan
de reafirmar su identidad básica en el facebook, que no viven
sin su celular, que buscan lo fácil, expertos en el copy-paste
pero también llenos de esperanza y alegría, con soluciones
inimaginables para nosotros, con respuestas audaces pero
sinceras, queriendo propuestas reales y desechando teorías
inútiles. Tenemos, como dice la Congregación General 35 de
jesuitas, “que caminar con la juventud, aprendiendo de su generosidad y de su compasión, y ayudándoles a crecer desde la
fragilidad y la fragmentación hacia una integración gozosa de
sus vidas en Dios y con los demás(45)”. El P. Adolfo Nicolás
SJ lo comentó últimamente, como “el servicio de la juventud
y el crecimiento de su alegría”(46).
De esta manera, en el ARU queremos promover un conocimiento pertinente socialmente pero también sabio, como bien
escribe José Antonio Marina (2008): “inteligente, que capta
los valores, aprende de la experiencia y pone en práctica lo
que considera mejor. Sabio no es quien sabe muchas cosas,
sino quien actúa sabiamente. Es un modo elegido de ser, un
trabajado proyecto de personalidad, el talento para hacer
las preguntas adecuadas y buscar las buenas respuestas. Es
la poética del vivir [...]. Es la inteligencia habilitada para la
felicidad privada y para la felicidad política, es decir, para
la justicia.” En palabras del P. Adolfo Nicolás (2011a): “¿Qué
queremos decir entonces con el término sapientia de nuestro
lema? Podríamos traducirlo como ‘un conocimiento superior,
abarcante, profundo y transformador’. No sólo, por tanto, un
conocimiento científico: un saber sobre algo, sino un conoci-
[25]
miento que lleva a la persona a situarse en actitud de búsqueda
permanente ante los grandes interrogantes y, más aún, que
lleva a la persona a la empatía, a la compasión ante cualquier
ser humano y a una actitud de respeto a la naturaleza como
don y, más todavía, al principio ignaciano: Buscar y hallar a
Dios en todas las cosas”.
De aquí que pretendamos enseñar a un alumno a comprender y conocer la realidad, sabiendo que en sí misma es una
construcción compleja que necesita de distintos pensamientos
y perspectivas para entenderla y transformarla. Que necesita
de conocimientos “cruzados”, “vinculados”, “interseccionados” (lo intergeneracional, intercultural, interreligioso) para
analizarla mejor. Que no existen “recetas” para el cambio sino
posibles soluciones determinadas por el tiempo y por el espacio
(de ahí que toda respuesta es histórica y por tanto relativa), y
que se presentan estos problemas, siempre en última instancia,
como un dilema ético, donde discernir para elegir lo mejor
para la mayoría se ha vuelto una necesidad del ser humano.
Enseñamos a fundamentar una visión del ser humano
como una construcción compleja, agradecido de la otredad
y de la diferencia (intersubjetividad), situado en la historia y
comprometido a transformarla (praxis), buscando un encuentro con lo Trascendente, con lo Mayor, con el Otro. Un ser humano que se sabe deudor de la mirada del otro, y transmisor
de la palabra afectiva necesaria, que sabe que es en la historia
donde se concreta el ser. Todo ser implica un estar. Y para ser
más específicos un “estar situados”, promotores de nuevas
relaciones, más justas, más fraternas, más equitativas.
Enseñamos que la transformación social no es algo opcional y que dependa de las voluntades sino algo coherente,
necesario y vital para la sobrevivencia digna de la humanidad,
sobre todo de aquellos y aquellas que han sido excluidos/as de
la dinámica social. Por eso la praxis, la acción fundante y bien
fundada es algo serio, complejo y trascendente. Se expresa con
teoría, pero también con poesía. Y es desde estas experiencias
vitales y fundantes donde encontramos la gramática de lo
trascendente y el rostro del gran Otro.
[26]
Por eso proponemos algunos conceptos (y autores) que
consideramos clave en la tarea de formular una epistemología
humanista que, consecuentemente, están presentes de manera
preeminente en la reformulación del Área de Reflexión Universitaria(47):
COMPLEJIDAD. En la línea de Edgar Morin (1990) donde “la
complejidad no es un fundamento, es el principio regulador
que no pierde nunca de vista la realidad del tejido fenoménico
en la cual estamos y que constituye nuestro mundo”.
INTERSUBJETIVIDAD. Que en palabras de Emmanuel Levinas (1987) es cuando: “El otro no nos afecta como aquel que
es necesario sobrepasar, englobar, dominar, sino en tanto que
otro, independiente de nosotros: detrás de toda relación que
pudiéramos mantener con él, que surge nuevamente absoluto”
HISTORICIDAD. En palabras de Ignacio Ellacuría (2009): “En
este orden del sentido fundamental, del sentido metafísico de
la historia, puede y debe verse la historia como la actualidad
última de la apertura y de la realización transcendentales de
la realidad. Dicho de otro modo, la historia es el modo último
y total de realización de la realidad”.
ESTÉTICA. Como dice Plazaola (2007), considerándola
como toda una vivencia: “la actividad estética es considerada
generalmente como una de las que más influyen en la conformación integral del hombre, es porque pone en juego todas
sus potencias, aun las más secretas y profundas, vinculándolas
estrechamente entre sí”.
ÉTICA. Dentro de la infinidad de autores en este campo,
Adela Cortina es más que un referente: “La ética sería la filosofía moral [...]. La filosofía de la moral, o ética, tendría a mí
juicio tres tareas fundamentales [...], en primer lugar, aclarar
en qué consiste el fenómeno de lo moral [...]. En segundo lugar,
tratar de fundamentar la moral; es decir, tratar de dar razón
de la moral, decir por qué hay y por qué debe haberla, o si no,
por qué no existe ninguna razón. Y, en tercer lugar, tratar de
aplicar lo que se ha ganado en el proceso de fundamentación,
a la vida cotidiana”.
PRAXIS. Siguiendo la línea de Zubíri y de Ellacuría, Antonio
[27]
González (2011) dice: “la praxis, en su inmediatez intelectiva
para sí misma, constituye la verdad simple sobre la que se
funda toda verdad”.
TRASCENDENCIA. Leonardo Boff (2007) nos comparte:
“Creo que la trascendencia es tal vez el desafío más secreto
y escondido del ser humano, que se niega a aceptar la realidad en la que está sumido, porque se siente mayor que todo
cuanto le rodea. Con su pensamiento habita las estrellas y
rompe todos los espacios. Esta capacidad es lo que llamamos
‘trascendencia’, porque trasciende, rompe, va más allá de lo
que es dado. En una palabra, yo diría que el ser humano es
un proyecto infinito”.
Lo que pretendemos es que estas “palabras clave” nos
sustenten y orienten en la construcción educativa que proponemos.
Con estas palabras queremos construir una manera de
pensar lo real y lo virtual. Condicionados pero no determinados por un contexto violento, excluyente y deshumanizador
en su generalidad; queremos —como dice Ellacuría— no
sólo hacernos cargo de la realidad, sino también cargarla y
encargarnos de ella para transformarla. Lo real por ser real
es necesariamente complejo e histórico. Es una construcción
humana en un tiempo y en un espacio, bajo ciertas dinámicas
y flujos, y ahora estas condiciones temporales y espaciales
se van modificando en las sociedades digitales. Convivencia
de muchos mundos en uno solo. Visiones encontradas y en
conflicto. De ahí que lo Humano se encuentre en tensión y
en conflicto permanente. Pero también el ser humano y sus
relaciones y acciones construyen nuevos mundos, nuevas perspectivas, y nuevos paradigmas que nos dan sentido, utopías,
esperanzas. Construir estos mundos desde la ética, la estética
y la trascendencia, pueden asegurar un mundo habitable.
Queremos caminar juntos como humanos contemplando la
belleza, discerniendo lo mejor para los demás, practicando
la justicia y viviendo a Dios como nuestra fuerza y sentido.
Esta propuesta se concreta en el siguiente cuadro de
asignaturas y ejes de reflexión. El alumno tomará primero la
[28]
asignatura de Ser persona. En el siguiente semestre elegirá
una asignatura del eje I: Culturas y construcción de sentidos.
Posteriormente elegirá una asignatura del eje II: Apertura a la
trascendencia. Después volverá a elegir una asignatura del eje
III: Dilemas éticos para la convivencia humana, para terminar
con la asignatura Ética de la profesión.
Esta es nuestra propuesta, esta es nuestra esperanza y
utopía.
ASIGNATURAS PARA LOS NUEVOS PLANES DE ESTUDIO
EJE
ASIGNATURA
Ser Persona (homologada con el SUJ)
Canon Estético y Consumo en Occidente
I. CULTURAS Y CONSTRUCCIÓN DE SENTIDO
Construcción de Identidades
Discursos y Prácticas del Cuerpo
Sentido de Vida en la Era Digital
Diálogo Interreligioso
II. APERTURA A LA
TRASCENDENCIA
Dios en la Posmodernidad
Fe en América Latina
La Novedad del Cristianismo
III. DILEMAS ÉTICOS
DE LA CONVIVENCIA
HUMANA
Cartografía de la Exclusión
Derechos Humanos (homologada con el SUJ)
Dilemas de la Bioética y la Biotecnología
Dilemas Éticos del Desarrollo
Educar para la Paz y la Justicia
Familia, Relaciones y Subjetividades
Ética de la Profesión
[29]
NOTAS
1. Tomado de Kliksberg, Bernardo (2007: 315).
2. Tomado de Kliksberg, Bernardo (2007: 316).
3. Tomado de Kliksberg, Bernardo (2007: 304).
4. Cfr. la tesis de Luis de Sebastián (2009: 29).
5. Hace diez años, la Organización Mundial de la Salud (2002: 17-18)
publicó que “cada año más de 1.6 millones de personas en todo el mundo
perdían la vida violentamente. Concluía que la violencia era (es) una de las
principales causas de muerte en la población de edad comprendida entre
los 15 y los 44 años y la responsable de 14% de las defunciones en la población masculina y de 7% en la femenina. La violencia interpersonal causó
520,000 muertes: una por minuto.” No dudamos que las cifras han crecido
en estos diez años.
6. El PEC de la Comisión de Pastoral para América latina (2005: 13)
comenta acertadamente que no sólo se aumenta la violencia sino también
la crueldad.
7. Como dice Queiroz (2011): se calcula que mueren 10 millones de
personas por año, por lo cual se considera que la crisis climática es la mayor
tragedia en la historia de la humanidad.
8. El PNUD (2007: 100) informa que por el cambio climático 344 millones de personas están expuestas a ciclones tropicales, 521 millones están
expuestas a inundaciones, 130 millones a sequías y 2.3 millones a deslizamientos de tierras.
9. 1. Víctimas de la crisis, 2. Víctimas de la innovación tecnológica, 3. Víctimas institucionales y 4. Víctimas de la malicia humana.
10. Kidults es la combinación de dos palabras en inglés kids y adults. Y
son un sector consolidado de venta de productos infantiles para adultos.
11. México es un buen ejemplo de esto. Según el Organismo de Transparencia Internacional, México ocupa el lugar 98 de 178 países registrados
a nivel de corrupción con una calificación de 3.1, donde Dinamarca ocupa
el primer lugar con una calificación de 9.3 y Somalia el último lugar con
calificación de 1.1. Cfr. Transparencia Internacional (2010).
12. Cfr. el capítulo de la “religión profana” de Mardones (1994).
13. Podemos explicar la realidad mexicana actual desde esta perspectiva. No se puede ser ciudadanos en un país que tiene una guerra interna
que ha costado en cinco años 47,515 muertos, ya que de diciembre de 2006
al 30 de septiembre de 2011 han muerto 27 personas cada día, 819 cada
mes, 9,830 cada año. Tomado de: http://internacional.elpais.com/internacional/2012/01/11/actualidad/1326317916_963041.html el 12 de enero del 2012.
14. Cfr. Forrester (1997).
15. “Qu’est-ce que la pensée unique? La traduction en termes idéologiques
à prétention universelle des intérêts d’un ensemble de forces économiques, celles,
en particulier, du capital international”. Cfr. Ramonet Ignacio (1995).
[30]
16. Como lo decía Fukuyama, Francis (1990).
17. Citado en Gómez Aguilera, Fernando (edición y selección) (2010:
509). Subrayado mío.
18. Ibíd (:514-516.).
19. Umberto Eco y Furio Colombo comparten esta opinión. El primero
habla de una “civilización medieval” y el segundo de una sociedad neofeudal. Cfr. Eco, U., Colombo, F., Alberioni, F. y Saccio, G. (1974). Edgar Morin
a su manera expresaba lo siguiente: “el desarrollo disciplinar, la superespecialización, la compartimentación y la fragmentación del saber, la esoterización del saber científico y la preeminencia de los expertos, la disyunción
entre las ciencias de la naturaleza y las humanas, no son inconvenientes
o subproductos menores. Manifiestan un neooscurantismo consistente en la
renuncia a reflexionar sobre el mundo, la vida, la sociedad”. Subrayados míos.
En Morin, Edgar (2008: 4-9).
20. Tomado de Gómez Aguilera, Fernando (ed. y selección)(2010: 529).
21. Ya Sartori (1998) lo había dicho. Cfr. el buen artículo de Gómez,
Bernardo (2005).
22. Tomado de: http://www.eluniversal.com.mx/notas/486676.html el
5 de julio del 2011.
23. Tomado de su página: http://www.oecd.org/document/38/0,3746,
es_36288966_36287974_44417702_1_1_1_1,00.html consultado el 5 de julio
del 2011.
24. “Un mexicano común ve en promedio 3.2 horas de televisión al día,
lo que significa que recibe 40 comerciales cada 60 minutos”. Consultado el
5 de julio del 2011 en: http://www.eluniversal.com.mx/notas/486676.html
25. Citado por Dufour, Dany-R. (2009: 137).
26. Ibíd (:138).
27. Cuando hablamos de pantallas hablamos del nuevo contexto que
interactúa con el individuo desde pantallas digitales ya sean ipod, tablets,
computadoras, celulares, televisores, etcétera.
28. Tomado del informe del IDC (2007: 1-2).
29. Tomado de http://www.neomundo.com.ar/sitio/noticia/-Cadasegundo-mundo-envian-mensajes-texto el 27 de octubre del 2010.
30. Ibíd.
31. Tomado de: http://www.bbc.co.uk/mundo/ciencia_tecnologia/2010/02/100223_twitter_cifras_rg.shtml el 24 de febrero del 2010.
32. Tomado el junio del 2011 del informe de la Asociación Mexicana de
Internet. Se puede consultar en: http://www.slideshare.net/venturis/amipcihbitos-de-los-usuarios-de-internet-en-mxico-2011
33. Consiste en sufrir ansiedad social por parte de adultos entre 25 a 55 años
al usar nuevos dispositivos; sus síntomas son inquietud, cambios repentinos
de carácter, irritabilidad, etc., en: http://universomedico.mx/noticias-medicas/
provoca-la-tecnologia-nuevo-transtorno-denominado-tecno-estres/ el día 8 de
octubre del 2008.
[31]
34. Nicolás, Adolfo (2011a: 2).
35. Como lo dijo Saramago. Tomado de Gómez Aguilera, Fernando.
(2010: 522).
36. Carr, Nicholas (2011).
37. Tomado de Gómez Aguilera, Fernando (2010: 515).
38. Ibíd. (: 524).
39. Citado en López Salgado (2010: 5).
40. Ibíd. (: 6)
41. Sigo literalmente el esquema de Cervantes (2007).
42. Como bien comenta el director general del Medio Universitario de
la Universidad Iberoamericana Puebla, Noé Castillo: “Tenemos que definir
lo que esas sociedades parecen entender por conocimiento; una noción que
concede el estatuto de conocimiento a todo aquello que puede ser convertido
y rentabilizado como información, como dato, como cifra, como imagen y
finalmente como emoción instantánea; una noción que no concede lugar
para la gratuidad ni para procesos más profundos y duraderos ni para un
compromiso con la realidad. ‘Toda obra de creación gratuita, no subordinada
a la utilización pragmática, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura
que propicia la Web’, ha dicho recientemente Vargas Llosa” (2011).
43. Citado por Cervantes (2007: 34).
44. Velasco, Rafael SJ. “Universidad y contexto”: http://www.ucc.edu.ar/
portalucc/archivos/File/Institucional/Notas%20de%20opinion%20Rafael%20
Velasco/la_mision_social_de_la_universidad.pdf el 24 de febrero del 2010.
45. CG35 (2008). Tomado del Decreto 3. Artículo 23.
46. Nicolás, Adolfo (2011). Subrayado mío.
47. Para una bibliografía básica de estos conceptos véase la sección de
bibliografía por temas.
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